miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sueño de una noche de verano. Por Jesús Cacho

Dicen quienes le han visto esta semana que Rodríguez Zapatero está de nuevo eufórico. La criatura es como un niño: en cuanto le baja unas décimas la fiebre, canta y baila con la alegría del inconsciente, la espontaneidad del justo sin falta que reprocharse. El político que hace unas semanas estuvo en un tris de acabar de forma abrupta con la Unión Europea a causa de la crisis de deuda española que se hubiera llevado por delante el sistema financiero del continente, cree hoy que la tormenta ha pasado, que lo peor de la crisis está superado, que la prima de riesgo va a seguir bajando y que a finales de año vamos a estar creciendo ya de forma imparable. Casi como la República Popular China. Una fiesta. “Estamos mucho mejor de lo que parece y lo vais a vivir”. El estudiante incapaz de aprobar en junio, tres años repitiendo curso, ha descubierto alborozado los mecanismos por los que se rige la prima de riesgo de un país, y cual aprendiz de brujo se dedica ahora a hacer pronósticos a trote y moche, porque “la prima va a seguir cayendo, lo vais a ver”.

Por suerte, la presión de los mercados sobre España se ha relajado notablemente, en buena parte como consecuencia de los resultados de las pruebas de esfuerzo a que han sido sometidos bancos y cajas, y que han demostrado, con todas las incógnitas intactas en cuanto a la metodología empleada, que la mitad del sistema está fundamentalmente sana, y que la otra mitad está básicamente podrida pero como no cotiza en Bolsa pues no pasa nada o eso parece. Los resultados de esas pruebas, con todo, están permitiendo ya a la banca y al propio Tesoro financiarse más barato. La presión sobre España se ha relajado abriendo una ventana de oportunidad que, bien aprovechada, debería permitir a nuestro país pasar página de las angustias pasadas y poder enfrentarse sin sobresaltos a la tarea inaplazable de ajustar, reformar, liberalizar y, en definitiva, sentar las bases de un crecimiento capaz de crear empleo. Todo depende de que nuestro aprendiz de brujo sepa aprovechar aquella ventana para hacer el homework que tiene planteado y hacerlo sin demoras, sin tapujos y sin esas vueltas atrás a que nos tiene acostumbrados. Porque si el mago se confía, si, como está diciendo estos días a quienes le visitan, cree de verdad que todo ha pasado ya y baja los brazos, volveremos a la andadas y en septiembre el relajo actual bien podría parecernos el sueño de una noche de verano.


Prolongar en el tiempo el paréntesis que se acaba de abrir significa cerrar adecuadamente la reforma laboral. Las sospechas de que Cándido Méndez andaba de nuevo husmeando por los fogones de la ley parecen haberse disipado este jueves. Con todo, las lecturas favorables al texto aprobado por el PSOE, con la abstención de CiU y PNV, que se han prodigado este fin de semana parecen un tanto precipitadas. Es cierto que las empresas podrán despedir con solo justificar “la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo”, pero sigue dejando al albur de la interpretación de los jueces la valoración final de las pruebas que presenten las empresas. Es decir, que, en la mejor tradición franquista, seguiremos teniendo a la Magistratura en el centro del guiso laboral español. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no estoy por eso de acuerdo con mi admirado Carlos Sánchez, que, en este mismo diario (“El PSOE se quita los complejos y da barra libre a los despidos”) hacía una interpretación demasiado optimista del texto aprobado.

El Gobierno sigue dando gato por liebre con las reformas

Con la crisis más terrible ocurrida en nuestra historia reciente, plasmada, de momento, en esos más de 4,64 millones de parados, es decir, en las circunstancias más favorables para meter de verdad la navaja en una legislación laboral heredera directa del franquismo, el socialismo español recula, amaga pero no da, con gran aspaviento -realzado por el sedicente enfado de los sindicatos mayoritarios- parece que va a entrar a fondo en el problema, pero se queda a mitad de camino, no hace su trabajo, no cumple con su deber, seguramente porque se lo impide “la ideología” que decía ZP. Gato por liebre. Y si esto ocurre con la reforma laboral, otro tanto podría suceder con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2011, el segundo gran test al que después de verano deberá someterse el Gobierno para ganarse la credibilidad de los mercados. De que el Ejecutivo sea capaz de presentar unos PGE creíbles dependerá en buena medida la velocidad de salida de la crisis y la capacidad para empezar a crecer de forma perceptible. Ser creíbles implica meterle un recorte sustancial al gasto corriente. El sector privado ha hecho ya su ajuste, o lo está haciendo, por la vía dolorosa de los despidos. También las familias se han apretado el cinturón, como demuestra el comportamiento de la tasa de ahorro. Quien no ha hecho los deberes es el sector público (40% del PIB). En este contexto, el error de un Gobierno aferrado al dogma de “lo social” podría consistir en meterle mano al gasto productivo, lo que solo serviría para deprimir más la actividad, un riesgo acrecentado por la eventual subida de impuestos. Las señales que envía Moncloa no pueden ser peores: seis meses más para los 428 euros a los parados. Seguimos en la demagogia de las limosnas. ¡Viva lo social!

Además de mercado de trabajo y PGE, el Ejecutivo tendrá que llevar a cabo la anunciada reforma de las pensiones, algo que inevitablemente supondrá una considerable pérdida de derechos adquiridos en tanto en cuanto implicará prolongar la edad de jubilación. Presupuestos, reforma laboral y pensiones, tres pilares capaces de colocar a España a resguardo de tormentas como la que se abatió sobre ella aquella dramática primera semana de mayo en que el default (la noche del domingo 9 al lunes 10 en la que, según declaración propia, ZP no pudo dormir del susto, porque una agobiada Salgado le llamaba cada media hora de Bruselas para presentarle las nuevas exigencias de los ministros de Finanzas, particularmente de la delegación alemana “que dicen que quieren más, José Luis, que eso no es suficiente”) parecía inevitable. Con la prima de riesgo por debajo de los 200 puntos básicos parece claro que no habrá lugar a la intervención, es decir, no será necesario recurrir al mecanismo de rescate de los 750.000 millones acordado aquella tenebrosa noche. Zapatero ha ganado un tiempo precioso, pero el inmediato futuro depende de que no se confíe y crea que ya está todo hecho; que no baje la guardia y se tumbe a la bartola, porque, como intente engañar a los mercados tal que en ocasiones anteriores, en septiembre volverán las presiones sobre la deuda española.

España ha bajado los brazos y ha dejado de luchar

De momento, la presencia de las vacaciones cubre el paisaje con el manto de un conformismo que por todos los medios intenta olvidar los problemas por un tiempo, o al menos aplazarlos hasta septiembre. La pura verdad es que no se oye una sola opinión optimista en el mundo empresarial o financiero para la vuelta de la playa. Es posible que el derrotismo apabullante de meses atrás haya pasado a mejor vida, tal vez porque los éxitos deportivos del país han extendido un barniz de felicidad al por menor y en cómodos plazos, y porque el relajo del verano invita al sesteo, pero aquel fatalismo ha sido apenas sustituido por una resignación rayana en el conformismo. Dice Chaves Nogales en la celebrada reedición de “La agonía de Francia” (Libros del Asteroide) que “Francia no quiso hacer la guerra [a Hitler] porque se consideraba íntimamente perdida. Toda la tragedia de Francia radica en eso. No tenía fe en sí misma, ni en su régimen, ni en sus hombres”. Da la impresión de que España ha bajado los brazos y ha dejado también de luchar: en la economía como en la política. Curiosa paradoja a la Argentina: compiten sus deportistas, y con enorme éxito, mientras la sociedad civil, si es que existe, navega cual barca a la deriva, limitándose a echar pestes de su clase política.

Aun confiando en que no regresen en septiembre las presiones sobre la deuda española si, como se ha dicho antes, el Gobierno hace su trabajo, el panorama desde el punto de vista de la actividad económica sigue siendo lúgubre, con varios trimestres por delante de crecimiento negativo del PIB, más paro y ausencia de crédito para consumidores y empresas, porque la pequeña farsa de las pruebas de esfuerzo está muy bien para tranquilizar incautos, pero mientras banca y cajas no saneen de verdad sus balances (y eso cuesta, según opiniones autorizadas, entre 180.000 y 200.000 millones) no empezará de verdad a fluir el crédito. Y si esto es así en lo económico, no son mejores las perspectivas en lo que a la política concierne. La prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha resultado ser bastante más que una decisión administrativa en contra del maltrato animal, para convertirse en una nueva muesca en la herida de esos desencuentros que parecen haberse apoderado de un país entregado de nuevo a la orgía del ¡Viva Cartagena! Los españoles de bien asisten impotentes al espectáculo obsceno de unas elites políticas decididas a blindar cada día un poco más su particular corralito de poder. También aquí parecen haber bajado los brazos, entregados al conformista “que sea lo que Dios quiera”. Quiera la diosa Fortuna que todos volvamos en septiembre imbuidos de nueva esperanza tras las vacaciones.


El Confidencial - Opinión

Patxi López, humillado. Por Edurne Uriarte

La evidencia —ahora también entre los propios socialistas— es que no tiene escrúpulos políticos ni morales cuando el objetivo es salvarse a sí mismo.

La humillación de Patxi López es la primera consecuencia del pacto de Zapatero con el PNV para salvar los Presupuestos. La segunda, el mensaje de deslegitimación del pacto PSOE-PP en el País Vasco lanzado desde el Gobierno de la nación. Hay una tercera consecuencia aún más importante, que es el deterioro del liderazgo del propio Zapatero, quien salvará momentáneamente su cabeza este otoño pero llegará en condiciones penosas a las elecciones autonómicas y locales de la próxima primavera.

Una cosa es engañar a la oposición y a los nacionalistas catalanes, o pactar cada semana con un grupo distinto para sobrevivir en el Parlamento; y otra, ningunear a un barón socialista para hacer un pacto cuyo objetivo central es, en las intenciones del PNV, el debilitamiento de López, el ridículo del Gobierno vasco y el bloqueo de los posibles pactos PSE-PP tras las elecciones municipales y forales. Lo que no ven con buenos ojos ni los propios socialistas, que no van a montarle una rebelión a Zapatero pero sí le van a hacer un agujero aún mayor en su autoridad moral y política.


Lo que Zapatero calcula como mal menor —sacrificar a López para evitar las elecciones anticipadas y ganar unos meses para recuperar su imagen y liderazgo— puede ser su mal mayor. La evidencia —ahora también entre los propios socialistas— es que no tiene escrúpulos políticos ni morales cuando el objetivo es salvarse a sí mismo. Ni tampoco principios ideológicos, los que llevan a un auténtico líder al establecimento de unas líneas rojas que no se pueden traspasar, aun a costa de su propio sacrificio político.

O el mal mayor de llegar a las elecciones de primavera con su credibilidad deteriorada también en su propio partido. Con una salvación momentánea que hará más profunda su caída.


ABC - Opinión

Primarias en el PSM. ¿Un éxito para el PSOE?. Por Carmelo Jordá

La torpeza de Zapatero y Blanco (o la inesperada gallardía de Gómez) les ha colocado en un callejón sin salida del que sus rivales, dentro y fuera del PSOE, seguramente podrán aprovecharse.

Probablemente habrá quien piense que las primarias que se van a celebrar en Madrid para elegir candidato socialista a la Comunidad pueden ser la plataforma de lanzamiento de un inesperado, al menos hasta ahora, éxito del PSOE. La dinámica positiva que suelen generar estos procesos (el ejemplo más claro es Obama) y la presencia mediática que están consiguiendo ambos candidatos a candidatos podrían apuntar en ese sentido.

Sin embargo, si analizamos el proceso un poco más detalladamente quizá descubramos que no es exactamente así y que no sólo se trata de un proceso sumamente peligroso para el actual "stablishment" de Ferraz, sino que incluso podría dejarle la campaña prácticamente hecha a una Esperanza Aguirre que, dada su agudeza política, seguramente verá en esta batalla lo que realmente es: una excelente oportunidad.


Les expongo mi teoría al respecto: si la representante de Ferraz resulta la vencedora final, el PP (y otros partidos como IU o UPyD) se encontrarán frente a una auténtica bicoca electoral, ya que por un lado Trinidad Jiménez es una candidata con un perfil más bien mediocre que sólo ha tenido responsabilidades similares en una única ocasión, en la que logró un éxito tan perfectamente descriptible que sólo cabe calificarlo de rotundo fracaso.

Pero lo más importante en este supuesto es que todos los demás partidos podrán echar en cara a Jiménez ser lo que es: la auténtica y genuina representante de un Zapatero que, en Madrid más que en ningún otro lado, atraviesa un momento de absoluto desprestigio que de aquí a mayo lo más probable es que no haga sino seguir profundizándose (ni la situación económica ni los previsibles pactos con el PNV ayudarán a mejorar la imagen del presidente, eso si no hay antes un cataclismo que lo hunda definitivamente).

Así, Aguirre, el candidato comunista de turno y UPyD pueden hacer una campaña contra Zapatero que seguramente calará en un votante que a estas alturas está francamente cabreado y que en la Comunidad de Madrid suele votar en una clave muy nacional.

¿Y si gana Tomás Gómez? En este caso, aunque él también fue en su día tan elegido por Zapatero como lo ha sido ahora Jiménez, la campaña de sus rivales no podría centrarse del mismo modo en un castigo al presidente, pero probablemente podrán descansar con tranquilidad a la espera de que sean los verdaderos enemigos del secretario general del PSM los que les hagan el trabajo sucio. ¿Que quienes son esos enemigos? Obvio: sus propios compañeros de Ferraz.

Y es que la victoria de Gómez podría tener un efecto letal sobre Zapatero y su control del partido, que es lo que realmente se está jugando en estas primarias y la onda expansiva de esa bomba sólo podría mitigarse con un resultado realmente desastroso en las elecciones de mayo. Eso permitiría a Ferraz controlar futuras rebeliones, justificar su más que discutible estrategia y, finalmente, recuperar el control del importante aparato madrileño.

Así las cosas, ¿alguien tiene dudas del entusiasmo con el que Blanco, Rubalcaba y otros esbirros varios de Ferraz colaborarán con entusiasmo en la campaña de Tomás Gómez... colocándole palos en las ruedas?

En definitiva, la torpeza de Zapatero y Blanco (o la inesperada gallardía de Gómez) les ha colocado en un callejón sin salida del que sus rivales, dentro y fuera del PSOE, seguramente podrán aprovecharse pero que de uno u otro modo beneficia a todos los que concurran a las elecciones en la Comunidad de Madrid y, muy especialmente, a Esperanza Aguirre.


Libertad Digital - Opinión

Presupuestos primados. Por José María Carrascal

Ojo a los próximos presupuestos, que pueden salirnos por un ojo de la cara. O por los dos.

¿CUÁNTO van a costarnos los próximos presupuestos generales del Estado? Pues los presupuestos españoles añaden a los gastos de la Administración en un ejercicio la tasa a pagar por los votos nacionalistas que faltan al Gobierno de turno para poder aprobarlos. Y no se crean ustedes que se trata de calderilla. Esos votos se pagan a precio de oro. El año pasado, el Gobierno tuvo que soltar 240 millones de euros a PNV y CC por los suyos. Así funciona nuestro Estado de las Autonomías, convertido en Autonomías del Estado.

A Zapatero le faltan siete votos para sacar los próximos presupuestos. Los nacionalistas catalanes, todavía con el berrinche del Estatut, ya le han dicho que nones. Le quedan los vascos, dispuestos a «negociar», pero advirtiendo que su precio ha subido a 480 millones, en transferencias de políticas de empleo, inspecciones laborales, formación profesional, fondos europeos, Seguridad Social, Instituto Social de la Marina, más selecciones nacionales vascas en todos los deportes y referendos en los enclaves de Treviño, Burgos, y Valle de Villaverde, Cantabria, que los vascos reivindican.


Pero si eso es ya exorbitante, las demandas políticas resultan insólitas. Piden el «reconocimiento del carácter e identidad del Pueblo Vasco», así como «de las decisiones que adopte sobre su futuro» y «su incorporación al ordenamiento jurídico». En otras palabras, el derecho a la autodeterminación, que sería refrendado por «una consulta en el País Vasco para definir un nuevo marco jurídico-político en Euskal Herria». La música de fondo es aún más siniestra: el PNV está diciendo con ello a los vascos que él puede sacar al Gobierno central más que socialistas y populares juntos, para que se chinche Patxi López.

Pero eso no es lo peor. Sabemos de sobra que los nacionalistas piden la separación de España al mismo tiempo que le sacan todo lo que pueden. Lo han hecho siempre y lo seguirán haciendo mientras les dejemos. Lo peor es la respuesta de Zapatero. Desde Shanghái, donde ha ido a ver si los chinos nos sacan de la crisis —hace falta tener fantasía o estar desesperado para imaginar tal cosa—, el presidente anuncia estar dispuesto a negociar con el PNV. Nada que objetar siempre que se limite a temas económicos dentro del marco constitucional. Pero conociéndole como ya le conocemos, las alternativas son dos: o se dispone a engañar a los vascos como engañó a los catalanes o a quien va a engañar es al lehendakari socialista que gobierna del brazo del PP. Lo que no debe extrañar a nadie pues este hombre traiciona incluso a los suyos. Así que ojo a los próximos presupuestos, que pueden salirnos por un ojo de la cara. O por los dos.


ABC - >Opinión

Dos hombres y un destino: el año crucial de Rajoy y ZP. Por Federico Quevedo

Los nacionalistas vascos y catalanes han decidido amargarle el inicio del nuevo curso político al presidente del Gobierno. Tanto CiU como el PNV anuncian dura oposición y muchas probabilidades de no aprobar los Presupuestos Generales del Estado. El diario El País, tabloide oficial de la progresía y portavoz autorizado de Moncloa -o sea, algo así como el Izvestia soviético-, publicaba ayer que el Gobierno da por hecho que si no hay Presupuestos, toca elecciones al inicio del nuevo año, entre enero y marzo, porque luego vienen las autonómicas y municipales de mayo. Yo, que quieren que les diga, no termino de creerme lo del PNV -un poco más lo de CiU- y sospecho que al final acabarán prestándole esos votos a Rodríguez para que aguante un poco más, entre otras cosas porque en su necesidad de estrujar a quien habite La Moncloa es más cómodo hacerlo con un inquilino débil que con otro fuerte. Pero nunca se sabe. En cualquier caso, tanto si hay elecciones anticipadas como si no las hay, este curso de 2010-2011 va a ser crucial para los dos líderes políticos llamados a dirigir o seguir dirigiendo nuestros destinos, Rodríguez y Rajoy, y en el no solo se van a jugar su futuro sino lo que aún es más importante: el nuestro.

Rodríguez, una vez cruzado el ecuador de su segunda legislatura, se muestra como un político acabado, sin fuelle, incapaz… Pero conserva un cierto instinto animal que le hace levantarse incluso en los momentos más difíciles, y empujado por una sobredosis de autoestima y un impenitente narcisismo, sigue creyéndose en posesión de la verdad y de la argucia necesaria para superar sus momentos más bajos. Solo necesita, según cree él, que el país supere la crisis a tiempo de poder vender a la opinión pública esa superación como éxito personal antes de las elecciones generales. Es difícil, sin embargo, que eso ocurra. Más bien al contrario, los analistas y expertos son de la opinión de que este otoño van a volver a reproducirse algunas de las tensiones que se vivieron en la pasada primavera, incluso con más virulencia si se descubre, como parece que está ocurriendo, que el Gobierno ha echado mano del fondo de reserva de las pensiones para comprar deuda pública y bajar la prima de riesgo. Sea o no así, lo cierto es que la crisis no ha terminado de pasar, nos esperan todavía meses de crecimiento negativo y paro, sin que el Gobierno ofrezca solución alguna según se está pudiendo comprobar en el Parlamento.


Al atosigamiento económico hay que añadir una exasperante situación política, con un Gobierno que prácticamente ha desaparecido y que este mismo mes de agosto ha demostrado su debilidad de un modo clamoroso, volviendo a ponernos en una situación de vergüenza ante nuestros socios y aliados, primero con el pago del rescate de nuestros dos cooperantes secuestrados en el Magreb, y después con una crisis diplomática con Marruecos que se reproduce cada vez que Rabat observa síntomas de debilidad en la diplomacia española. Hemos hecho el primo, dicho de otro modo. Nos han tomado por el pito del sereno y encima estamos contribuyendo a poner la cosas muy difíciles en ese entorno ayudando a fortalecer la infraestructura de Al Qaeda en la región. Eso fuera, porque dentro de nuestras fronteras el Gobierno de Rodríguez muestra esa misma debilidad en su relación con sus supuestos socios y amigos, y se muestra capaz de vulnerar la ley y retorcer el Estado de Derecho con tal de satisfacer las demandas de Montilla.

«Todo apunta a una debacle socialista en el feudo catalán, que le dio a Rodríguez la victoria en 2004 y, sobre todo, en 2008».

Un Gobierno débil, por tanto, y un presidente en sus horas más bajas que va a poder calibrar el alcance de su deterioro en las elecciones catalanas de finales de octubre. Ese será, para todos, el primer termómetro de la situación y si los sondeos no se equivocan, todo apunta a una debacle socialista en aquel feudo que fue el que le dio a Rodríguez la victoria en 2004 y, sobre todo, en 2008. El resultado de Cataluña servirá, por tanto, para adivinar lo que pueda pasar en las elecciones generales si se adelantan. En caso contrario, Rodríguez tendrá unos meses escasos para intentar remontar en algo las encuestas de cara a las municipales de mayo de 2011. Para eso necesita reconducir la crisis y ofrecer una imagen de Gobierno fuerte y sólido que, francamente, hoy por hoy parece imposible.

Las municipales de 2011 pueden plantearse, de hecho, como un plebiscito a su gestión y el PSOE podría perder ciudades y Comunidades Autónomas en las que gobierna y en las que, en otra situación, seguiría contando con el respaldo ciudadano. Si esa anunciada debacle se produce, será muy difícil que el PSOE pueda recuperar terreno e, incluso, es cuando cabría plantearse si Rodríguez serviría como candidato o su cartel electoral se ha convertido en una rémora.

¿Y en el PP? Lejos de sentarse a ver pasar el cadáver de su enemigo, o dejar que este te cueza en su propio caldo, Rajoy debería aprovechar el inicio de este curso político para sentar las bases de una seria alternativa de Gobierno. La distancia que le separa del PSOE debe de afianzarse, y eso hay que hacerlo con gestos hacia el electorado. La oferta de Plan Global contra la crisis hecha este verano es un avance, pero la crisis de este país requiere de un mayor compromiso que se extienda a otras facetas. El daño que ha hecho el Gobierno socialista de Rodríguez es mucho y volver a recomponer todo lo que se ha roto va a llevar tiempo y esfuerzo, y sería bueno que los ciudadanos lo supieran y fueran conscientes de que, como ya ocurriera en la Transición, va a ser necesario un nuevo capítulo de consensos y generosidades, si es que ambos partidos están dispuestos a marchar por ese camino. Me consta que el PP sí, pero tengo mis dudas respecto del PSOE, al menos de este PSOE. Pero no basta con eso: Rajoy tiene que hacer gestos. Gestos que clarifiquen su postura respecto de ciertos comportamientos que la sociedad no aprueba, y aunque las encuestas sean las que son, es necesario que el líder del PP despeje de una vez la duda de la candidatura de Valencia en el único sentido posible: su partido necesita otro candidato que debe elegirse de inmediato después de agradecer a Camps los servicios prestados, que han sido muchos y muy generosos, y garantizarle un futuro prometedor cuando acabe su calvario judicial y siempre que lo haga de modo absolutorio.

Rajoy y Rodríguez se enfrentan, por tanto, a un año crucial. Lejos de darle la razón al Financial Times, no creo que las elecciones las vaya a ganar el partido que cambie de candidato. Ni creo que el PSOE gane si Rodríguez no se presenta, ni creo que el PP pierda por llevar a Rajoy de cabeza de cartel. Más bien al contrario, estoy absolutamente seguro de que ganará, y de que además lo hará por una mayoría suficiente para gobernar y llevar a delante ese proyecto reformista que el país necesita. Como creo que, además, es Rajoy el modelo de político que en este momento requiere la situación en que nos encontramos: un político dialogante y abierto al consenso. Pero también es verdad que en política nada es como parece, y que el PP ni puede ni debe dormirse en los laureles porque nunca se sabe hasta donde llega la capacidad de recuperación del adversario. Y si hay algo que en este momento no le conviene nada a este país sería un tercer mandato de Rodríguez. Para echarse a temblar.


El Confidencial - Opinión

Miguelín y otros muñecos. Por M. Martín Ferrand

Artur Mas, en su condición de macho alfa del nacionalismo catalán, ya está en plena berrea electoral.

ZAPATERO, el presidente que pronostica el pasado, dice ahora que «el futuro de España es del tamaño de Miguelín». Cabía temerlo. Miguelín es un niño sin alma, de seis metros y medio de altura que, diseñado por Isabel Coixet y fabricado por el mismo taller hollywoodense que construyó Alien, sirve de muñeco de feria, de atracción, en el Pabellón español de la Expo de Shangai. Una vez más, José Luis Rodríguez Zapatero confunde peso con volumen y olvida la sustancia, la fuerza y la inteligencia. Para entendernos: Miguelín es idéntico en formas y proporciones al muñeco gigante y forzudo de Toy Story III y carece de la fuerza protagónica del vaquero Woody, de la capacidad tecnológica del astronauta Buzz Lightyear y de la elasticidad del perro Slinky.

¿No podríamos hacer algo para que el futuro de España, más que grande, fuera bueno, grato para los españoles, repleto de progreso real, no de progresismo impostor, e inmerso en una democracia en la que no cupiera el calificativo de «provisional» que tiene la que ahora nos asiste?


Artur Mas, en su condición de macho alfa del nacionalismo catalán, ya está en plena berrea electoral, a la espera de una fecha para los comicios. Obligado por ello, lanza voces de confusa interpretación. Dice el líder de CiU que Cataluña será «interdependiente» de España. Eso concuerda con la inteligencia y la responsabilidad que se le suponen a Miguelín. Cataluña es España. Tanto como Castilla y León o Andalucía. Podría, en un extravagante desarrollo estatutario y constitucional, dejar de serlo, independizarse. En ese perverso supuesto, ¿quién es Mas para suponer la voluntad del resto de España de mantenerse «interdependiente» con Cataluña? Quiere Mas, en alarde de fervor electorero y calentura independentista, que el día en que Cataluña disponga de un Estado propio, pueda «seguir teniendo un grado de entendimiento y convivencia con el Estado español». Mal está que quien puede ser, antes de fin de año, el nuevo president se manifieste con tal deslealtad constitucional y estatuaria contra el pedestal sobre el que puede levantar su ambición política; pero peor está, todavía, que nos suponga a los demás contentos y participativos ante su desprecio.

No es por contradecir al presidente del Gobierno; pero, si Mas se nos presenta como un trasunto de Chucky, el muñeco diabólico, lo mejor que debiera hacer el Ejecutivo es guardar a Miguelín en una caja y dejarse de fantasías elefantiásicas para tratar de recomponer, con diligencia y rigor constitucional, las condiciones de unidad y solvencia que cabe exigir a un Estado miembro de la UE.


ABC - Editorial

Sindicatos y nacionalistas: la soga aprieta pero no ahoga. Por Antonio Casado

Huelga general, elecciones catalanas y Presupuestos Generales del Estado para 2011. Por ese orden. Material informativo de recurso para reeditar la vuelta al cole en la misma clave de siempre: nos espera un otoño caliente. Un clásico del síndrome post-vacacional. Y luego nunca pasa nada.

Volvemos a estar en las mismas, un año más. La agobiante pauta de una situación económica que no acaba de remontar y amenaza de muerte súbita -política, se entiende- a Zapatero si los sindicatos hurgan en la herida del gobernante reñido con sus electores y los nacionalistas se niegan a ser sus costaleros parlamentarios.

Pero nada de eso ocurrirá. Ocurriría si los líderes de las dos grandes centrales sindicales, Fernández Toxo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT), hubieran descubierto de repente la vocación social del PP como el único partido que defiende realmente a los trabajadores, los pensionistas y los españolitos apaleados en el Sahara por la policía marroquí. Pero no es el caso.


El supuesto estado terminal de Zapatero tampoco acaba de dar el peso en los análisis políticos y mediáticos. Al menos en los términos propuestos a la vuelta de las vacaciones. Me refiero a la capacidad del PNV para provocar un adelanto de las elecciones generales si en el debate de totalidad del 20 de octubre no prestan al Gobierno sus votos (seis) para sacar adelante los Presupuestos del Estado.

Fumata blanca

Procede el mismo razonamiento que para el caso de la huelga general convocada por los sindicatos como reprobación a la política del Gobierno. Desgaste para Zapatero, claro. Pero nada de muerte súbita. O sea, nada de elecciones anticipadas. Eso no va a pasar. Pasaría si los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, hubieran decidido apostar por Mariano Rajoy como gozosa alternativa de poder en la gobernación del Estado.

Porque ese, el previsible triunfo de Rajoy en las urnas, sería el desenlace lógico ante una situación de bloqueo presupuestario (la prórroga de los Presupuestos de 2010 está descartada hasta por el propio Gobierno). Háganse ustedes la pregunta del millón pero me parece que el sueño de los nacionalistas no consiste precisamente en alfombrar el camino a la Moncloa de quienes, un día sí y otro también, les acusan de romper España y condenar al ostracismo a la lengua castellana.

Asunto distinto es el precio a pagar por el Gobierno como garantía de supervivencia política en al menos un año más. En eso están los ministros Blanco y Rubalcaba con los dirigentes parlamentario y político del PNV, Erkoreka y Urkullu respectivamente.

Apuesten ustedes por la fumata blanca. Sin pensar solamente en lo que se juega Zapatero en estas negociaciones. También la otra parte tiene sus flancos débiles y mucho que perder. Por ejemplo, el poder de las tres Diputaciones Forales, que podría resentirse muy seriamente si los socialistas de Patxi López y los populares de Basagoiti se concertasen como ya se han concertado en el proceso de desintoxicación nacionalista apadrinado por el actual Gobierno del País Vasco.


El Confidencial - Opinión

Las vidas de Zapatero. Por Ignacio Camacho

Nadie sabe cuántas vidas políticas tiene Zapatero, pero de momento ya ha resucitado de dos presuntas defunciones.

DESPUÉS de su enésima ejecución política a manos de sus correligionarios, el socialista sevillano José Caballos —veterano recurrente de todas las batallas internas del partido desde los años ochenta, que siempre pasaban de un modo u otro por su apartamiento y/o su vuelta— se retiró a la fuerza del primer plano con una amenazadora definición de sí mismo: «Me voy, pero como los gatos tengo siete vidas y según mis cuentas aún me quedan cuatro». Lo habían defenestrado tres veces, en efecto, y en ninguna de las tres habían logrado rematarlo.

Zapatero no corre por ahora peligro de sufrir un ajuste de cuentas en sus propias filas —todo llegará cuando pierda el poder, y llegado el caso los ejecutores no van a ser piadosos— pero afronta el nuevo curso bajo la sensación general de estar políticamente liquidado. El mandato zozobra sacudido por la crisis, el Gabinete agoniza en estado cataléptico, la legislatura pende del hilo presupuestario y respira gracias al racionado oxígeno de los nacionalistas, y el propio presidente ofrece en las encuestas un encefalograma de moribundo. Rajoy ya se atreve a sugerir que está jugando a formar equipos de gobierno en el tablero invisible de su enigmática cabeza: pese a su prudencia gallega se ve con el capitoné de mudanzas en la puerta de La Moncloa. Sin embargo, es prematuro dar por deshauciado a un hombre que si algo ha demostrado en su errático manejo del poder es una asombrosa capacidad para desdoblarse a sí mismo.


Nadie sabe cuántas vidas políticas tiene Zapatero, pero de momento ya ha resucitado de dos presuntas defunciones. La primera fue tras el fracaso de la negociación con ETA, momento en que todo el mundo dio por finiquitado su mandato bajo los escombros de la terminal de Barajas, y la segunda cuando en el último mayo los célebres «mercados» de la deuda bombardearon como en Pearl Harbour su contumaz optimismo socialdemócrata. Ahora la Presidencia sufre un cuadro crítico agravado: la huelga general, los recortes sociales, el paro en estancamiento casi estructural, la inminente caída del tripartito catalán y el desencanto de un electorado que no parece dispuesto a creer en más piruetas ni más trucos. Pero la legislatura aguantará si el Gobierno logra —que logrará— el respaldo mercenario del PNV a los presupuestos, y luego aún pueden pasar muchas cosas, desde el presentido final de ETA a una posible aunque difícil recuperación económica. El presidente es un desastre en la estrategia, pero ganaría del tirón un Premio Nobel de la resistencia y de la táctica. Y aunque se vaya dejando vidas en cada huida hacia adelante, todavía es imposible adivinar cuántas reinvenciones le quedan a su elástico avatar de camaleón político. Al fin y al cabo tampoco Rajoy, dos veces perdedor, tiene su capital de oportunidades intacto.

ABC - Opinión

Tostones y Sahara. Por Alfonso Ussía

José Luis Martín Prieto, el gran gordo emboinado, les dice «buenudos». Son los turistas solidarios, los pelmazos de las caravanas asistenciales que se bastan y sobran con asistirse a ellos mismos. No falta la buena voluntad en algunos de sus componentes, y sobra la vanidad y soberbia de los que quieren demostrar que son buenísimos y arrojados. En el fondo, como tantas actitudes sujetas al ridículo, son piedrecillas sueltas del derribado muro de Berlín. Piedrecillas, ripios, cascotes que se pintaron de ecologistas «sandía», de feministas fundamentalistas y de «buenudos» solidarios. Otros están en el cine y en los grandes negocios «de izquierdas».

La trifulca del Aaiún. Cuando aún el Sahara español era colonia, y posteriormente provincia, mi corazón estaba con los saharauis. Pero con reservas. El Frente Polisario, apoyado por la URSS y armado por Argelia, no colaboró con España para fortalecer su libertad de elección en la descolonización. Murieron soldados españoles en el desierto. Marruecos reclamaba los territorios del Sahara y España optó por el abandono. La ONU, como era de esperar, se mostró incapaz, y todavía sigue pomposa y solemne proclamando su incompetencia. Hay saharauis partidarios de Marruecos y otros de la independencia. Pero no hay malos y buenos.


Eso habrían de saberlo los «buenudos», los solidarios calentados en las ardientes arenas del Aaiún. Los saharauis independentistas del Polisario hicieron lo que estaba en sus manos para imposibilitar una transición normal. Incluso la celebración de un referendo en los meses posteriores a la deserción española. No era de recibo el apoyo de España a quien nos trataba a tiros con proyectiles soviéticos. Y el mundo occidental, es decir, los Estados Unidos de América, que no España, respaldaron al Reino de Marruecos en su afán de expansión. Aquella Marcha Verde, tan bien organizada por los americanos con Franco en plena agonía, le hizo ver a España que su voluntad era un asunto de importancia cuestionable. El Polisario ya se había equivocado. Se movían sus representantes en Madrid a las órdenes de Sergio Bogomolov, embajador de la URSS, y de Khaled Kheladi, embajador de Argelia. Tomaron posición en el tablero de ajedrez y perdieron la partida.

Si el Frente Polisario, con el que no estaba de acuerdo una buena parte del pueblo saharaui, no hubiese centrado su agresividad revolucionaria contra esa España que ya se iba, podrían haber cambiado algunas posiciones en el mundo occidental. Pero se alineó erróneamente con quienes principiaban su desmoronamiento. Y perdieron. No es así porque así parezca, juego de Pirandello; así es porque así sucedió, y una buena parte de la culpa la tienen los que hicieron ver a los polisarios que su enemistad con la libertad de Occidente les llevaría a conquistar la suya. El Sahara español es actualmente Marruecos porque los saharauis no supieron encontrar su sitio. Y cuando se pierde el sitio, recuperarlo es complicado.

El Frente Polisario, enemigo irreconciliable de Marruecos, actuó como el mejor aliado del Rey Hassán. Y éste, inteligente y sin escrúpulos, se merendó el Sahara y sus riquezas en menos tiempo de lo que dura una puesta de sol en el Atlántico. Ahora, los «buenudos» se apasionan por lo que no defendieron en su día, los «buenudos» son hijos desperdigados, piedrecillas sueltas del Muro que la libertad derrumbó. Y cuando se han apercibido de ello, ya es tarde. El Sahara que España pudo dejarles es ya territorio marroquí. Y ni Aminatu ni vainas. En el Aaiún lo han comprobado.


La Razón - Opinión

Doble rasero. Lecciones para activistas. Por Cristina Losada

El Gobierno socialista se ha distinguido por hacer causa común con activistas que se han dedicado a provocar incidentes y recibieron lo previsible. Nada le ha importado, hasta ahora, que la tal acción fuera ilegal.

El maltrato a unos españoles que fueron a manifestarse contra Marruecos en El Aaiún nos lleva, de nuevo, a las aguas del activismo sin fronteras. Del antiguo peregrino político hemos pasado, circunstancias obligan, al nuevo activista global. El primero, tal como documenta Paul Hollander en su clásico Peregrinos políticos, iba a confirmar y celebrar la existencia del Paraíso; el socialista, naturalmente. El activista viajero de hoy va a demostrar la existencia del Infierno. Le resulta muy fácil. Se expone, por no decir que se dirige, a que le expulsen, le detengan y, en algunos casos, le zurren. Una vez que le han arrestado o pegado ya tiene el trabajo hecho. Es víctima y la víctima siempre tiene razón. Siempre que esté, huelga decir, del lado políticamente correcto. Sin embargo, ese lado tiene sus zonas oscuras y en una de ellas han caído los prosaharauis en cuestión. Así, se ha dado la paradoja de que un grupo en la órbita de la extrema izquierda haya contado con el entusiasta apoyo de la derecha, y no con el de su Gobierno.

Mi simpatía por este turismo político en boga es, desde luego, muy limitada. Y entiendo que, si uno va a montar bronca, no ha de quejarse de los resultados: son exactamente los que se buscaban. Pero mi tolerancia con la doble vara de medir es todavía más reducida. El Gobierno socialista se ha distinguido por hacer causa común con activistas que se han dedicado a provocar incidentes y recibieron lo previsible. Nada le ha importado, hasta ahora, que la tal acción fuera ilegal. Cuando un directivo de Greenpeace España fue detenido en Copenhague por irrumpir en un banquete oficial, el PSOE mantuvo que los hechos no eran "estrictamente delictivos"; Moratinos presionó cuanto pudo para torcer la decisión de la Justicia danesa; y el Gobierno estaba indignado porque el ecologista hubiera de codearse con los "presos comunes", ¡uf!, como si López de Uralde fuera un preso ¿político?

Claro que Dinamarca no es Marruecos. No comparemos. Como tampoco lo es Israel. De ahí que, en el caso de los agredidos en el Sahara, no tengamos enérgicas condenas, exigencia de responsabilidades y convocatorias al embajador, tal como ocurrió tras la operación israelí contra la flotilla –de activistas– que quiso romper el embargo de Gaza. Tomen nota, pues, los interesados. El Gobierno les respaldará incondicionalmente siempre y cuando hostiguen a un Estado de Derecho y en él se salten la ley.


Libertad Digital - Opinión

La despedida de Irak

Obama hizo bien evitando todo triunfalismo, porque a pesar de todo, el objetivo de contagiar con ingredientes democráticos a las sociedades de Oriente Próximo está lejos de haberse alcanzado.

LAS tropas de combate cuya salida de Irak ha celebrado Barack Obama desde su Despacho Oval merecen el reconocimiento por su sacrificio en el cumplimiento del deber. Su misión no fue nunca proporcionar réditos políticos domésticos —ni al presidente que las envió ni al que decide retirarlas como cumplimiento de una promesa electoral— sino contribuir a proteger a los países libres frente a una tendencia totalitaria y oscurantista que lleva décadas intentando apoderarse del mundo árabe y musulmán para embestir contra Occidente. Obama hizo bien evitando todo triunfalismo, porque a pesar de todo, el objetivo de contagiar con ingredientes democráticos a las sociedades de Oriente Próximo está lejos de haberse alcanzado. Puede parecer utópico, pero no existe otra alternativa razonable para preservar los valores de la sociedades libres en un mundo globalizado que hacer todo lo posible por extenderlos hacia aquellas en las que todavía no han arraigado.

En este sentido, las referencias de Obama hacia su objetivo de retirarse también cuanto antes de Afganistán confirman la tendencia del presidente norteamericano a encaminarse por el rumbo que conduce a Estados Unidos al aislamiento de los asuntos internacionales, lo que representa un mensaje poco tranquilizador para los que confían en que Norteamérica mantendrá su papel en la defensa de la democracia en el mundo. Hasta su afán de lograr algún avance en las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes parece un apresurado último intento de hacer algo antes de cerrar las puertas de una pretendida muralla de aislamiento, que sería la señal que esperan las fuerzas que amenazan los intereses de Occidente para redoblar su ofensiva, empezando por Irak.

ABC - Editorial

ZP, Patxi y Urkullu

El triángulo de intereses impulsa a la vez que complica el acuerdo sobre los Presupuestos

Zapatero expresó el lunes, desde Shanghai, su disposición a negociar con el PNV traspasos de competencias estatutarias pendientes, y más concretamente aquellas que incidan en temas económicos y de empleo, a cambio del apoyo del partido de Urkullu a los Presupuestos para 2011. Con ello, el presidente entraba en resonancia con la actitud de los nacionalistas que por una parte plantean sus contrapartidas en el terreno político del autogobierno pero, por otra, lo justifican en nombre de los intereses concretos de los ciudadanos en la actual coyuntura de crisis.

Con un proyecto de Presupuestos que recorta el gasto de los ministerios un 15%, la posibilidad de prorrogar los de 2010 está excluida; por tanto, o Zapatero se agencia los apoyos que le faltan, o tiene que convocar elecciones anticipadas, que perdería. En China reiteró lo que ya había dicho aquí: el PNV es el aliado preferente. Pero no descartó contar con otros apoyos: CiU, CC, UPN. Incluso citó al PP: "Ojalá que estuviera dispuesto", dijo. Suena marciano, pero no hace tanto Rajoy le ofreció su apoyo si era la forma de librarse del abrazo nacionalista. Solo que ahora el discurso de Rajoy es que la solución a la crisis consiste en que gobierne él, para lo que no deja de hacer señas a los nacionalistas.


La opción es por tanto el PNV, que en un primer momento condicionó su apoyo a la aceptación de las 15 propuestas de resolución presentadas tras el debate del estado de la nación, la primera de las cuales era asumir el plan Ibarretxe. Posteriormente, puso el límite en la transferencia de las competencias estatutarias pendientes, a las que Urkullu definió como "herramientas" para el bienestar de los vascos.

Por lo que se sabe, el eje del acuerdo será el traspaso de las políticas de empleo, asunto sobre el que había un preacuerdo negociado con Patxi López cuya aprobación definitiva fue vetada por el PNV como parte de la negociación de su apoyo presupuestario de hace un año. Estaba claro que el objetivo era evitar la imagen de que el socialista López lograba lo que el PNV no había alcanzado en 30 años. Pero el pretexto fue que la cuantificación de la competencia estaba infravalorada. Intenta ahora superar lo ofrecido a López para cargarse de razón respecto a su resistencia a aceptar en su momento la competencia (que ya tienen las demás comunidades) en las condiciones que le ofrecía Madrid.

El triángulo de intereses complica el acuerdo, pero juega a favor que el PNV no quiere un adelanto electoral que pudiera hacer coincidir las generales con las locales y forales, con el riesgo de una polarización entre PP y PSOE; y que también el PNV necesita a los socialistas para aprobar los presupuestos de las diputaciones que gobierna. Zapatero evitó referirse a la otra condición avanzada por el PNV: compromiso de respetar la lista más votada. Si la aceptase ataría las manos de Patxi López, que gobierna con el apoyo del PP y que tiene, en la posibilidad de extender esa alianza a otras instituciones, una baza para contener los ímpetus del PNV.


El País - Editorial

Catalán obligatorio también en la universidad

El nacionalismo catalán ha optado por la autarquía del idioma, el aislamiento de la aldea. El problema es que no es una opción voluntaria, sino impuesta a quienes no comulgan con sus ideas y ansían respirar un poco de libertad.

El notorio independentista Xavier Sala i Martín ha criticado el anuncio por parte del Gobierno de Montilla de obligar a los profesores universitarios a tener aprobado el examen del nivel C de catalán. Para el economista "autoimponer una barrera lingüística es de locos" y rebajaría notablemente el nivel de la universidad catalana. Por su parte, asegura que él jamás hará el examen y si intentan obligarlo dejará de enseñar en la Pompeu Fabra para limitarse a seguir haciéndolo en Estados Unidos.

No cabe duda de que la posición del economista demuestra una notable incoherencia. Sus excelentes argumentos son igualmente aplicables a muchos otros ámbitos. La universidad perderá profesores excelentes si impone esa obligación, sin duda, del mismo modo que la sanidad perderá buenos médicos, la economía buenos empresarios, etc. Pero nunca le han preocupado las imposiciones en otros ámbitos. Sólo cuando le afecta personalmente parece haberse dado cuenta de las perniciosas consecuencias de la falta de libertad lingüística.


Este último decreto del tripartito no es sino una vuelta de tuerca más en el proyecto totalitario en marcha desde los años 80 en Cataluña. El manifiesto de los 2.300 cumplirá 30 años en unos pocos meses, y desde entonces todo ha ido a peor. Con la patética excusa de la "pluralidad", los gobernantes catalanes no han hecho sino procurar construir una nación monolítica a base de leyes, denuncias anónimas y la marginación de la lengua más hablada en la región. Todo ello con el beneplácito, cuando no con la complacencia, de los diversos gobiernos que ha tenido España en este tiempo, más interesados en sus necesidades a corto plazo que en el futuro del país al que decían servir.

El estatuto nunca fue un punto de llegada sino una estación más del camino. Con o sin él, un tripartito necesitado de un último triunfo en el difícil juego del "yo soy más nacionalista que tú" ha decidido atacar la universidad. Lo ha hecho con la torpeza propia de un Ejecutivo que, además de todo, es profunda y completamente inútil. Así, aún no sabemos a qué profesores afectará, si un Premio Nobel podrá hacer carrera en la universidad catalana sin hablar la lengua impuesta por el nacionalismo o si se le impedirá. Sala i Martín ha recordado que en un cuarto de siglo enseñando en Estados Unidos nadie le ha exigido que se examine en inglés. Tampoco existe obligación de pasar ninguna prueba de castellano para enseñar en España. Es la diferencia entre países que son o quieren ser cosmopolitas y regiones que han preferido optar por el aldeanismo, la cerrazón y, por tanto, la incultura.

El nacionalismo catalán, con el aplauso o indiferencia de sus gobernados, ha optado por la autarquía del idioma, el aislamiento de la aldea. El problema es que no es una opción voluntaria, sino impuesta a quienes no comulgan con sus ideas y ansían respirar un poco de libertad. Ni la Constitución ni las leyes lo han impedido, y el TC ha consagrado casi en su totalidad ese camino, confirmando que la desigualdad de los españoles ante la ley es un principio rector del régimen. La obligación de hacer pasar un examen de catalán a los profesores universitarios es un paso más, que casi se diría insignificante. Aunque a estos, que callaron cuando no aplaudieron otros atropellos similares, les parezca el colmo de la insensatez.


Libertad Digital - Editorial

A golpe de impuesto

Las cuentas del Estado estarán saneadas cuando se financien a costa de una economía dinámica y productiva, y no de un aumento de impuestos que luego repercute en el consumo.

LA economía española recibió ayer dos noticias sólo aparentemente antagónicas. Mientras Eurostat situaba de nuevo a España en el liderazgo europeo de paro con una tasa del 20,3 por ciento —frente al 10 por ciento de media en la Unión Europea—, el Gobierno daba a conocer que el déficit público se reducía a la mitad hasta el mes de julio, por el incremento de la recaudación fiscal. Estas evoluciones del paro y del déficit público comparten las raíces de una economía que sigue estancada, porque las cuentas del Estado se han visto beneficiadas fundamentalmente por el incremento de los impuestos y no por una reactivación de la actividad productiva. Por tanto, no tiene gran mérito el recorte de los números rojos porque se ha logrado por la vía fácil de cobrar más impuestos a los españoles. Sólo una parte del aumento de recaudación del IVA ha podido deberse a un incremento acelerado del consumo cuyo objetivo era evitar la subida de tipos que entró en vigor el 1 de julio. La parte principal del aumento por IVA se ha debido a factores tales como la reducción de devoluciones, los ingresos aplazados del pasado año y el repunte de la inflación de los últimos meses. Análisis similar merece el incremento de ingresos por IRPF, debido a la supresión de la ayuda de 400 euros y al aumento de retenciones de los ingresos del capital. Sin embargo, siguió bajando la recaudación por el Impuesto de Sociedades. Este dato del déficit, que es bueno sobre todo de cara a los mercados internacionales, se debe a causas que no mueven tanto a la satisfacción, porque las cuentas del Estado estarán saneadas cuando se financien a costa de una economía dinámica y productiva, y no de un aumento de impuestos que luego repercute en el consumo y provoca falta de inversión. Además, esta mejora del déficit no se ha apoyado en una reforma de las estructuras administrativas del Estado, en todos sus niveles, lo que puede llevar a sus responsables a pensar que mientras los ciudadanos paguen el déficit de su bolsillo, no harán falta reducir el desproporcionado volumen de las administraciones públicas.

El agujero negro del paro sigue ahí, con un tasa del 20,3 por ciento que, vista la situación de nuestros vecinos, puede calificarse como antieuropea. Mientras no se creen puestos de trabajo, la subvención del desempleo hará muy difícil una rebaja definitiva del déficit. A Zapatero sólo le queda seguir desdiciéndose de sus políticas sociales y quitar a trabajadores, desempleados y pensionistas buena parte de aquellos derechos que se comprometió personalmente a no tocar.


ABC - Editorial

martes, 31 de agosto de 2010

De putas y santas. Por Hermann Tertsch

Si para los ayatolás son putas Bruni y Ashtiani, todas las mujeres y los hombres del mundo libre nos deberíamos declarar tales.

DICE el régimen islamista iraní que la primera dama de Francia, Carla Bruni, es una puta. Como también lo son, según los ayatolás, otras mujeres que se han unido a la mujer del presidente Sarkozy en la campaña de solidaridad con Sakineh Mohammadi Ashtiani. Esa mujer iraní de 43 años fue condenada a la lapidación y lleva ya cinco años pudriéndose en la prisión de Tabriz, al oeste de Irán, a la espera de que se ejecute la sentencia. Ashtiani está acusada de mantener una relación extramatrimonial y de haber conspirado para dar muerte a su marido. Ella siempre ha negado estos cargos hasta que hace unas semanas y después de tres días de torturas continuadas y amenazas de muerte contra su familia, asumió la culpabilidad en una farsa de entrevista televisada. Esta confesión pública, a la que ha sido forzada con los métodos más bárbaros, ha espoleado aún más si cabe la indignación de todos los que se han movilizado para salvar la vida a esta mujer iraní.

Carla Bruni se ha puesto, con el filósofo Bernard Henry Levy, a la cabeza del movimiento internacional de solidaridad con esta mujer iraní. Y ahora los medios iraníes, la voz de su amo, la llaman puta. Aquí la vamos a defender ahora, no sin antes dejar claro que nada tenemos contra la prostitución. Y que Carla Bruni nos resulta muchas veces antipática, especialmente cuando insiste en cantar, grabar y difundir esas insufribles canciones que perpetra. Y cuando nos vence con su tramposa pretensión de candidez y posa con elegancia sobrenatural, moviendo con diabólico embrujo esos pies inalcanzables vestidos con bailarinas. Sabemos que la niña angelical es un bichito. Pero bichitos —y bicharracos— hay muchos y pocos tan seductores y deliciosos. Si encarna muchas de las frivolidades y defectos de Occidente es porque ha utilizado para ello la libertad a manos llenas, en la única sociedad que lo hace posible. Bruni tiene la inmensa suerte de ser dueña de su vida. En todos los sentidos. La pobre Ashtiani nunca ha sido dueña de nada en su triste vida y solo por aspirar a algo se le quiere dar muerte, por puta.

Si para los ayatolás son putas Bruni y Ashtiani, todas las mujeres y los hombres del mundo libre nos deberíamos declarar tales. Benditas todas las putas que sientan compasión y la expresan, que quieren libertad y dignidad y luchan por ellas. Benditas todas las mujeres que sean tachadas de putas por esa jauría de fanáticos que son los ayatolás, el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad y todo el movimiento islamista que intenta que cuaje en nuestras sociedades libres ese oscuro credo de odio e imposición, pesadilla para tantos pueblos sometidos. Pero no se aflijan. Donde somos tantas las putas debe haber santas. Y santas deben ser para los ayatolás de Teherán todas las ministras socialistas españolas, tan feministas ellas, que aún no han abierto la boca ni para darse por enteradas de que el drama humano de Ashtiani existe. Santas todas ellas para los torturadores y para ellas mismas, tristes santas que no sienten ni vergüenza.


ABC - Opinión

Cuba. En torno al viaje del PSOE a La Habana. Por Elías Amor

Sería muy conveniente por el bien del futuro de la democracia en Cuba que PSOE y PP, como principales partidos de España, adoptaran una política consensuada hacia la dictadura comunista.

Lo siento. No me queda más remedio que insistir una vez más. En el PSOE se equivocan con el régimen castrista. La visita anunciada para la semana que viene de una delegación de este partido a La Habana no va a conseguir los objetivos planteados. Si es que existe algún objetivo.

Primero, se equivocan al pensar que el Gobierno español está detrás de la actual estrategia emprendida por el régimen comunista para excarcelar presos políticos. Lo que está sucediendo en Cuba, a tenor de lo que me informan algunos de los ex presos que ahora viven pacíficamente en Valencia, es que el gobierno castrista está acorralado por una grave crisis económica que puede suponer su derrumbe definitivo y una sociedad civil cada vez más crítica con sus actuaciones y, sobre todo, desde la muerte en prisión de Orlando Zapata Tamayo el pasado 23 de febrero. Una sociedad civil que lucha por las libertades y que empieza a ocupar espacios en las calles, de forma pacífica y ordenada, como un ejemplo cívico de que el cambio es posible desde dentro: el gran temor de los Castro.

Segundo, se equivocan al pensar que no deben entrevistarse con las organizaciones opositoras y disidentes, que además se han dirigido a ellos en demanda de reuniones. Es un error no reconocer a los defensores de la libertad y los derechos humanos en Cuba, y mantener contactos políticos tan sólo con los opresores y los carceleros de gente que lo único que quiere es libertad, como nosotros en España. Con esta decisión, la delegación del PSOE que viajará a Cuba –que, no conviene olvidar, es una delegación de partido, y no de gobierno– para reforzar lo que denominan como "diálogo exigente", va a perder una gran oportunidad de hacer valer ese diálogo, fundamental para el futuro de Cuba, en el que no deben ser excluidos de forma sistemática los grupos de la oposición y disidencia interna.


Tercero, se equivocan al querer confundir a la opinión pública española, por enésima vez, tanto sobre lo que ellos califican como "política de confrontación" –practicada por los gobiernos de José María Aznar, y que sustenta las bases de la Posición Común de la Unión Europea hacia la dictadura comunista de Cuba– como sobre la "política de Zapatero", convencida en que hay que mantener el "diálogo exigente" con los opresores para que se obtengan resultados. Lo siento, pero creer que la libertad de los presos políticos responde al efecto combinado de las gestiones de la política emprendida por el Gobierno español y la jerarquía de la Iglesia es jugar con una miopía política sin precedentes contra un enemigo que se las sabe todas. Ahí están sus 51 años en el poder.

A mí no me cabe la menor duda que los socialistas españoles se alegran de las liberaciones de presos políticos en Cuba, y que muchos, en su corazón, comparten los principios de libertad y derechos humanos que el castrismo roba a los cubanos. Pienso, además, que en este momento la figura de Fidel Castro y de su hermano apenas aportan capital o rentabilidad electoral en la izquierda más radical, un espacio hacia el que el PSOE muestra poco interés, a tenor de las elecciones de años anteriores, sobre todo porque es un espacio prácticamente liquidado en el mapa político español.

Por eso, me gustaría que la delegación socialista, encabezada por Elena Valenciano, se entrevistara con las Damas de Blanco, que formase parte de sus marchas pacíficas en Miramar el domingo, que visiten a los principales disidentes de los grupos de la oposición y que se interesaran por las condiciones en que sufren los presos políticos que no han cometido delito alguno. Sería bueno que mantuvieran reuniones con las organizaciones sindicales independientes, con las asociaciones de pequeños agricultores, con la prensa independiente, con las organizaciones que solicitan que solo haya una moneda, con todos los colectivos que se mantienen alejados del poder omnímodo del castrismo.

Y un último ruego. Sería muy conveniente por el bien del futuro de la democracia en Cuba que PSOE y PP, como principales partidos de España, adoptaran una política consensuada hacia la dictadura comunista. No debería ser difícil alcanzar este objetivo si se establecen bases adecuadas de diálogo entre los dos partidos. La Posición Común podría verse muy reforzada de una estrategia estable y ordenada frente a la dictadura castrista que dejase muy claro que España no desea un régimen dictatorial en Cuba, que apuesta por la democracia y la libertad, así como el pleno respeto a los derechos humanos, y que no deben existir presos políticos ni represión por el ejercicio de las libertades democráticas.

¿Es tan difícil ponerse de acuerdo en estos postulados? Muy bien haría la delegación socialista de comunicar estos principios al régimen castrista y hacerle ver que con España no se juega ni se utiliza el chantaje para conseguir objetivos de muy corto plazo. Ese sería el verdadero sentido y papel a desempeñar por España en el futuro de Cuba, y todos estaríamos de acuerdo. Todos, excepto los castristas.


Libertad Digital - Opinión

Agresiones. Por Eduardo San Martín

Un cambio en la posición del Gobierno sobre el Sahara le enajenaría aún más el favor de la izquierda militante en favor del Polisario.

Vaya por delante que los activistas españoles detenidos y maltratados este fin de semana en El Aaiún por la policía marroquí sabían que se metían en la boca del lobo. Podían suponer lo que les esperaba y asumieron el riesgo. Es incluso probable que ese fuera precisamente su objetivo. No podía entrar en sus planes, sin embargo, el grado de brutalidad con que fueron tratados.

Dicho esto, las agresiones vuelven a poner a prueba las relaciones entre ambos países porque afecta a una cuestión, el Sahara, que Marruecos considera intocable.


Ninguna protesta de amistad con España va a atemperar una conducta que viola las resoluciones de la ONU y algunos derechos fundamentales. Para observadores expertos, es la cuestión del Sahara la que se esconde detrás de los últimos incidentes de Melilla. Nadie cree que, en la capital marroquí, Rubalcaba hablara sólo de comisarías conjuntas y cooperación antiterrorista. El último informe de la ONU sobre el Sahara es muy negativo para Marruecos. El asunto se encuentra en punto muerto y Rabat, que cuenta ya con el apoyo de Estados Unidos y Francia, quiere sumar a España para modificar la doctrina oficial de la ONU sobre el asunto: referéndum de autodeterminación. Los próximos meses podrían ser decisivos.

Además, el asunto plantea un doble dilema al Gobierno español. De un lado le obliga a elegir entre la defensa de sus nacionales o no incomodar a un régimen al que trata como aliado preferente, pero que no pierde la oportunidad de apretarnos donde más nos duele cuando le conviene. A lo que se ve, el Gobierno se inclina por lo último. De otro, un posible cambio en su posición sobre el Sahara, al que cada día es más propenso, le enajenaría aún más el favor de una izquierda que milita activamente en favor del Polisario. No será el último incidente.


ABC - Opinión

Crisis. El orgullo de ZP. Por Emilio J. González

La única salida a esta más que difícil situación que Zapatero ha creado él solito es ir a las urnas. Lo malo es que el presidente está cegado por su orgullo, el cual le impide ver que está encerrado en un callejón sin salida.

Suele decirse que el orgullo precede a la caída. Para Zapatero, va a ser su perdición. Error tras error, el presidente del Gobierno ha conseguido prácticamente quedarse aislado en términos políticos y ahora se encuentra desesperado por ver cómo salva lo que queda de legislatura ya que, en última instancia, el poder le gusta más que a un niño un caramelo y va a luchar a la desesperada para tratar de conservarlo. De hecho, este apego al poder llevó a ZP a tratar de destruir al Partido Popular y ahora se encuentra con que, después de haber quemado casi todos los puentes y las vías de comunicación con el PP, no puede acudir a él para sacar adelante los presupuestos para 2011 y, de esta forma, prolongar su ya agónica estancia en La Moncloa. Porque los del PP, después de cómo los ha tratado, ya no se muestran dispuestos a colaborar y piden elecciones anticipadas. Lo mismo que una CiU que no se olvida de cómo los socialistas catalanes traicionaron el pacto alcanzado entre Mas y ZP para la gobernabilidad de Cataluña. El presidente, por tanto, no tiene apoyos y, más que pedirlos, los mendiga, estando dispuesto a entregar todo lo que pida quien le brinde los votos necesarios para seguir en el poder, aunque para ello tenga que vender a España si hace falta. El PNV conoce de sobra la apremiante necesidad de apoyos parlamentarios que sufren los socialistas y ya ha dejado bien claro que está dispuesto a cobrar por ellos un precio muy elevado, como también lo ha dejado claro Urkullu recientemente al hablar de elecciones anticipadas; con lo cual han puesto a ZP entre la espada y la pared y si este no pasa por el aro peneuvista, no habrá presupuesto.

En estas circunstancias, un político sensato trataría de restaurar unas mínimas relaciones con el PP. A Zapatero, sin embargo, su orgullo se lo impide. Su orgullo y su estrategia, porque después de negar la crisis por activa y por pasiva, después de rechazar de plano las medidas de ajuste que proponían los de Rajoy, más sensatas que las ideas descabelladas que han salido de Moncloa, ahora no puede sentarse a hablar con los populares de pacto porque éstos pondrían sus condiciones, contrarias a la política de los socialistas, y se acabarían llevando el mérito de las soluciones contra la crisis, algo que el presidente no está dispuesto a concederles ni de broma. Y eso suponiendo que, a estas alturas, los del PP quisieran pactar, lo cual, por lo visto en el momento de convalidar el decreto de recorte del sueldo de los funcionarios y de congelación de las pensiones, hoy por hoy no parece posible. Con semejantes coordenadas, cualquier político con un mínimo de sensatez y de sentido del Estado entendería que la legislatura se ha acabado, que hay que ir a elecciones anticipadas. Pero en Zapatero, cualquier cosa parecida a ese sentido de Estado es pura coincidencia. Su orgullo le impide darse cuenta de que está políticamente acabado; dado que quiere seguir adelante al precio que sea, porque lo único que le importa es él mismo, está dispuesto a dar lo que sea con tal de satisfacer sus deseos.

En el PNV lo saben y por eso tensan y tensan la cuerda con sus demandas a cambio de sus votos. Saben perfectamente que cuanta más presión le metan a Zapatero, más concesiones le van a conseguir arrancar. Concesiones que tienen dos objetivos: la perpetuación del PNV en el poder en el País Vasco y la marcha inexorable hacia el autogobierno como preludio de la independencia. Y ZP, a quien España le importa un bledo, está dispuesto a conceder y conceder. Lo malo es que al presidente del Gobierno le puede volver a ocurrir como en Cataluña: que los socialistas vascos rechacen los acuerdos a que pueda llegar con el PNV porque saben que si desperdician la oportunidad de cambio en el País Vasco que se ha abierto con la llegada de Patxi López a la lehendakaritzia no les vuelve a votar ni el tato. Y el PSE no está por suicidarse políticamente, y menos aún por que su supuesta autoinmolación sirva para apuntalar en el poder a un líder tan crecientemente contestado en las filas socialistas de toda España como Zapatero, con lo cual es dudoso que llegue a respaldar lo que puedan acordar Moncloa y el PNV.

¿Qué pasaría entonces? Pues que ZP se habría quedado completamente solo, sin apoyos con los que sacar adelante una sola medida económica, con la oposición pidiendo elecciones anticipadas con más y más insistencia y con los mercados tomando buena nota de la ingobernabilidad de la economía española y actuando en consecuencia para hundirnos profundamente en una crisis que todavía no hemos empezado a superar. La única salida a esta más que difícil situación que Zapatero ha creado él solito es ir a las urnas. Lo malo es que el presidente del Gobierno está cegado por su orgullo, el cual le impide ver que está encerrado en un callejón sin otra salida que ésta.


Libertad Digital - Opinión

Turismo de alboroto. Por M. Martín Ferrand

Nada más útil en un Estado totalitario, con democracia aparente, que multiplicar los sucesos de sensible repercusión.

¿QUÉ pasaría si, esta misma tarde, un grupito de catorce ciudadanos extranjeros se manifestara en la calle principal de cualquier ciudad española de doscientos mil habitantes con pancartas y voces reivindicativas de la independencia de Ceuta, Melilla o Gibraltar? Entra dentro de lo probable que, ofendidos, los lugareños lleguen a increpar a tan extravagantes y escasos manifestantes y, aunque escapa a lo deseable, llegasen a producirse agresiones físicas. La presencia de la Policía en el lugar de los hechos, ante una manifestación ilegal, sin los trámites previos que exige cualquier Estado de Derecho, tendrá que ser necesariamente disuasoria y tampoco constituiría rareza que los manifestantes fueran trasladados a una comisaría y, en evitación de mayores altercados callejeros, se limitasen sus movimientos.

Marruecos, nuestro vecino del Sur, es un Estado soberano que, independientemente del entusiasmo o rechazo que puedan producirnos sus notas diferenciales, incluidos su condición teocrática y sus limitaciones al ejercicio ciudadano a los derechos humanos, merece el respeto de todos nosotros. No es de recibo, por mucho que ahora les broten voces de adhesión, que catorce vecinos de Gran Canaria se trasladen a El Aaiún y, sin más, desplieguen una pancarta y griten por la independencia del Sahara Occidental. Algo contrario a la doctrina oficial marroquí y, también, a la posición española expresada en nuestras relaciones bilaterales y en los foros internacionales.


Tan absurda y chocante es la conducta de los activistas canarios que este fin de semana montaron su numerito en El Aaiún que, en uso de mi libertad de sospechar, sospecho que, de un modo espontáneo o inducido, sirven, más que a los intereses del pueblo saharaui, a los del Reino de Marruecos. Las muchas y crecientes tensiones sociales, aceleradas por la crisis económica, que, enmascaradas por una fuerte represión policial, viven nuestros vecinos, empuja a su Gobierno a utilizar como válvula de descompresión, como mecanismo de distracción de la opinión pública marroquí, tensiones e incidentes como los que acabamos de vivir en Melilla. Nada más útil en un Estado totalitario, con democracia aparente y gruesas restricciones en el uso de la libertad, que multiplicar —ahora en el Sahara Occidental— los sucesos de fácil y sensible repercusión mediática como los producidos por estos extraños turistas de la algarabía política que se fotografían tumefactos a la vuelta de un incidente que ellos mismo provocaron. Si ellos pueden, en el extranjero, desplegar sus pancartas, yo podré, en casa, airear mis sospechas. Supongo.

ABC - Opinión

La factura de los Presupuestos

Rodríguez Zapatero tendrá que pasar el Rubicón de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado 2011 en situación de debilidada. Del desenlace final de las Cuentas depende en buena medida el futuro del Gobierno. El escenario no es nuevo en cuanto a la aritmética parlamentaria ni a las posibles alianzas, aunque la realidad social, económica y política se encuentre más deteriorada. El año pasado, el PSOE contó con el PNV y Coalición Canaria para derrotar en el Congreso las enmiendas de totalidad que el PP, CiU, UPyD, ERC-IU-ICV y el BNG habían presentado contra el proyecto de Presupuestos para 2010. A día de hoy los indicios apuntan a que el escenario podría repetirse.

Se avecina una intensa negociación con los nacionalistas vascos y canarios, puesto que el resto de grupos ya ha anunciado de una forma u otra sus profundas discrepancias con la política económica del Gobierno. La posición de los partidos catalanes está además comprometida y condicionada por los comicios en aquella comunidad y las estrategias electorales de unos y otros. Por tanto, la situación aboca de nuevo a la repetición del pacto entre socialistas, nacionalistas vascos y los canarios. Esa triple alianza sería suficiente para sacar las Cuentas, porque sumaría 177 votos, por encima de los 175 de la mayoría.


El problema para el presidente es que hasta alcanzar ese compromiso queda un trecho complejo y espinoso. Ya en el mercadeo del pasado año el Gobierno cedió en un asunto tan controvertido como el blindaje del Concierto vasco, por el que las normas tributarias forales sólo pueden ser recurridas ante el Tribunal Constitucional.

En ese tira y afloja, los prolegómenos no son tranquilizadores para quienes pensamos que este Gobierno no es precisamente un guardián inflexible del bien común. La secuencia de los acontecimientos fue que el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, amagó el sábado con unas elecciones anticipadas si los Presupuestos no contaban con los apoyos suficientes, o sea, los del PNV, y que Rodríguez Zapatero respondió ayer mismo desde Shanghai con toda una declaración de intenciones a favor de avanzar en las transferencias y el autogobierno del País Vasco. Obviamente, el presidente es muy libre de elegir sus apoyos entre el arco parlamentario y de establecer conversaciones preferentes con quien estime oportuno. Otra cosa muy distinta es que esa alianza nos parezca preocupante y que sea moralmente tolerable arañar los votos necesarios para sacar el proyecto de turno al precio que sea.

Todo hace indicar que Rodríguez Zapatero superará la reválida de los Presupuestos, porque los precedentes demuestran que el presidente sabe ganarse los votos necesarios. Pero más allá de la suerte parlamentaria de una votación, el factor de mayor calado en todo este proceso es que se perpetuará una política fracasada en una situación marcada por las dificultades y las urgencias. Lloverá sobre mojado para un país abocado a la crónica adversidad.


La Razón - Editorial

Una ley del silencio para el Sahara Occidental

Tras la "espontánea" agresión el mensaje parece claro: no queremos a nadie que nos recuerde nuestras obligaciones internacionales. Lo que buscan de España es complicidad a la hora de imponer la mordaza y lo peor es que de momento la están consiguiendo.

Supuestamente, la función esencial de todo Estado es la de defender a sus ciudadanos, pues para ello se le ha dotado del monopolio de la violencia. Cabría esperar, por tanto, que el Gobierno español mostrara un poco más de preocupación por la suerte que corren sus ciudadanos más allá de sus fronteras. Cuando en un país que no se caracteriza precisamente por su defensa de los derechos humanos, unos españoles son agredidos por defender asuntos incómodos para el Estado marroquí y además lo son supuestamente por policías vestidos de paisano, todas las alarmas deberían encenderse.

No cabe duda de que el Sahara Occidental es un tema sensible para Marruecos, que pretende consolidar de iure una situación de hecho sin permitir que el pueblo saharaui se pronuncie sobre la ocupación ilegal en referéndum. Cualquier reivindicación política que recuerde el auténtico statu quo del Sahara le resulta terriblemente desagradable. Pero que sepamos cuáles son las razones de las hostilidades de la monarquía no significa que el Reino de España deba vender ni a sus ciudadanos ni tampoco a los saharauis, que al menos hasta hace 35 años eran formalmente ciudadanos españoles.


Sin embargo, el Gobierno de Zapatero lleva seis años de cesión permanente ante las bravuconerías del autócrata marroquí. La última, hace unas semanas con el conflicto de Melilla, el cual obligó a Rubalcaba a improvisar un viaje a Rabat –ni a Ceuta ni a Melilla– para rendir pleitesía al sultán y firmar un documento de colaboración policial idéntico al que habían suscrito dos años atrás. Todo fue puro teatro destinado a convencernos de que existe un clima cordial de cooperación donde sólo hay amenazas por una parte y genuflexiones por la otra.

Y es que los socialistas llegaron al poder con la excusa de restaurar las buenas relaciones con Marruecos y lo único que han conseguido es que éste se envalentone cada vez más y que vaya tensando la cuerda con tal de duplicar sus exigencias hacia el Gobierno español. Ahora, tras la "espontánea" agresión a los ciudadanos españoles, el mensaje parece claro: no queremos a nadie que nos recuerde nuestras obligaciones internacionales. Lo que buscan de España es complicidad a la hora de imponer la mordaza a propios y extraños y lo peor es que de momento la están consiguiendo.

De nada sirven en este caso las excusas aducidas por Zapatero, pues una cosa es que haya que plantear una estrategia diplomática inteligente, guardando las formas en público y presionando en privado, y otra que "inteligencia" equivalga a darle a la monarquía absoluta alauí todo lo que pide. Tal como están las cosas, lo peor que podría hacer este Gobierno, y el partido que le da sustento, es dejar en la estacada a los ciudadanos españoles que han sido agredidos de un modo similar al que, en su día, se dejó en la estacada a los saharauis.

No sólo por nuestras responsabilidades históricas con este pueblo, sino porque deberíamos ser conscientes de que el apetito del sultán es insaciable y de que si la colonización del Sahara Occidental tiene un éxito total, más adelante exportará el modelo de la Marcha Verde a Ceuta, Melilla y Canarias. Diplomacia es saber prevenir los conflictos antes de que estallen y para ello nada mejor que dejar las cosas claras desde el comienzo. Llevamos seis años de retraso y cuando prenda la mecha de nada servirán unas fraternales relaciones "tío-sobrino" que tan inútiles se han mostrado ya en todos y cada uno de los encontronazos previos.


Libertad Digital - Opinión

Montilla caduca

Resulta evidente la sensación de fracaso del tripartito, por el balance de su gestión y por la idea misma del frente de izquierdas social-nacionalista.

EL presidente catalán, José Montilla, no ha decidido aún la fecha en la que se celebrarán las elecciones autonómicas, aunque los condicionamientos que tiene su calendario político —con la visita del Papa Benedicto XVI a Cataluña— no le dejan mucho margen de elección. Descartado el 24 de octubre, probablemente los catalanes tendrán que esperar a mediados o finales de noviembre. Pero mientras Montilla sigue deshojando la margarita de las elecciones, el diagnóstico sobre esta legislatura que acaba en Cataluña es cada día más notorio. Acumula síntomas de cambio de ciclo, que, en realidad, sería un retorno de ciclo si las urnas confirman los resultados de las encuestas y dan la victoria a CiU.

Lo que resulta evidente es la sensación de fracaso del tripartito, no sólo por el balance de su gestión, sino también de la idea misma del frente de izquierdas social-nacionalista, montado sobre la mutación del PSC, que ha pasado de ser un partido socialista no nacionalista a unas siglas de ideología amorfa con pulsiones soberanistas. Esta desfiguración del socialismo catalán está en la base del desmoronamiento del PSC en los sondeos, y en la percepción ciudadana de que ya no es capaz de representar un proyecto definido, sea de autogobierno avanzado, casi federal; o de un pro-soberanismo ajeno a su identidad histórico política. La aventura temeraria del Estatuto ha quebrado la política catalana, que se meterá en un callejón sin salida si CiU o el PSC perseveran en el desafío al orden constitucional. Este es el legado de Zapatero a Cataluña, un ciclo de inestabilidad institucional que no ha tenido más motivos que su repelencia ideológica a los pactos de Estado con el PP, a las reglas de concordia de la Transición y a los principios del Estado autonómico.


ABC - Editorial

La legislatura, en manos de PNV

El PNV ya se lo ha advertido al Gobierno: recurrirá al chantaje político si es preciso y sacará tajada de la debilidad del Zapatero más expuesto desde que llegara a La Moncloa.

LA tensión en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado entre el Gobierno y el PNV no ha esperado siquiera a septiembre para hacerse visible, y el intercambio mutuo de mensajes revela el estado de necesidad en que se halla José Luis Rodríguez Zapatero y la posición de fuerza que han adoptado los nacionalistas vascos. Las incipientes tomas de contacto en las negociaciones pronto serán un auténtico proceso opaco plagado de cesiones inconfesables porque en nada favorece a Zapatero su cultivada imagen de dadivoso oportunista, y menos aún cuando lo que está en juego es su supervivencia en la legislatura. En cualquier caso, los guiños entre ambos son un síntoma de que no todo está perdido para Zapatero, a quien una hipotética prórroga de los Presupuestos obligaría a convocar elecciones. Ahora, Zapatero no se recata en buscar al PNV como «socio preferente», y los nacionalistas se saben «los únicos socios posibles», por lo que ya han advertido de que no van a «dejar pasar la ocasión». Representando su papel de oposición en el País Vasco para pasar al cobro las facturas pendientes, el PNV recurrirá en Madrid al chantaje político si es preciso y sacará tajada de la debilidad del Zapatero más expuesto desde que llegara a La Moncloa.

«Más autogobierno» exige el PNV y «más autogobierno» está dispuesto a conceder Zapatero. La garantía del control presupuestario de las Diputaciones vascas se da por descontada. Cuestión distinta es qué garantías podrá dar Zapatero desde su inestable posición para afrontar una hipotética reforma del Estatuto de autonomía vasca, y con qué grado de credibilidad podrá acoger el PNV sus promesas. Los compromisos adquiridos en su día por el jefe del Ejecutivo con el líder de CiU a cuenta del Estatuto catalán se saldaron hace ya meses con la lapidaria afirmación de Artur Mas de que «Zapatero no es de fiar». Y precisamente el PNV nunca ha portado la ingenuidad por bandera. Por ello, la principal incógnita de esta negociación no es saber qué nuevas competencias está dispuesto Zapatero a transferir al País Vasco, sino qué garantías de «poder político» es capaz de ofrecer al PNV a medio plazo. No es descabellada la hipótesis de que ese «poder político» sólo puede pasar por la desactivación de la alianza entre socialistas y populares en el País Vasco en primer término, y por el desalojo de Patxi López de Ajuria Enea en última instancia. No son casuales, pues, ni los recientes dardos de López a Zapatero a cuenta de la debilidad del PSOE, ni la advertencia lanzada por Josu Erkoreka para que el Gobierno vasco «no interfiera» en su negociación con Zapatero. El jefe del Ejecutivo equiparó ayer en China el tamaño de «Miguelín», el enorme muñeco que se exhibe en el pabellón español de la Expo de Shanghái, con el tamaño que adquirirá la economía española. Pero eso ya no dependerá de Zapatero, sino del PNV.

ABC - Editorial