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sábado, 26 de febrero de 2011

Sólo una medida efectista

Las fuertes turbulencias que agitan el mercado del petróleo a causa de las revueltas populares en varios países árabes que son productores han obligado al Gobierno español a diseñar un plan de ahorro energético para contrarrestar los vaivenes al alza en la cotización del crudo. Aunque el suministro esté razonablemente garantizado, las maniobras especulativas provocan un incremento del precio que de no cejar pondrán contra las cuerdas la recuperación económica mundial y, con más motivo, la española. Hace bien el Gobierno, por tanto, en tomarse en serio la amenaza y en buscar los remedios necesarios para conjurarla y contrarrestar sus efectos perniciosos. Nada puede ser tan letal para la débil recuperación de nuestra economía como un fuerte encarecimiento de la factura energética, pues no se debe olvidar que España depende, hasta en un 80%, del exterior. Otra cosa, sin embargo, es que la vicepesidenta Salgado acierte con las medidas anunciadas ayer, entre las cuales destaca por encima de todas las demás la de reducir en 10 kilómetros por hora la velocidad máxima en las autovías, que pasará de 120 a 110 km/h. Es verdad que no es la primera vez que un Gobierno decide rebajar los límites de la velocidad para ahorrar combustible, pues ya lo hizo el régimen de Franco en la crisis de 1973, pero también es verdad que ni las infraestructuras ni la tecnología del automóvil de hoy son equiparables a las de entonces. De hecho, es de muy difícil demostración que reducir la velocidad suponga automáticamente un ahorro apreciable, pues el par óptimo de la mayoría de los automóviles, es decir, la velocidad más eficiente, está más cerca de los 120 que de los 110km/h. No sin razón, resulta sintomático que el vicepresidente Rubalcaba fuera incapaz ayer de precisar cuánto nos ahorraremos y se limitara a aventurar un «15% del deposito», sin más datos que le avalara. También en este asunto resulta inevitable percibir ese aroma a improvisación y efectismo que distingue a muchas de las actuaciones económicas del Gobierno socialista. Se diría, más bien, que ha aprovechado que el Pisuerga de la crisis energética pasaba por aquí para satisfacer un viejo anhelo de la Dirección General de Tráfico de rebajar la velocidad en las autovías, fórmula infalible para disparar la recaudación por multas. Ya anunció días atrás la reducción de 50 a 30 km/h la velocidad máxima en las vías urbanas, así que con esta nueva decisión cierra un círculo cuyos beneficios más notorios irán a las arcas públicas a costa del conductor. Por lo demás, el resto de las medidas avanzadas apenas si merecen mayor consideración que la de engordar un paquete bastante endeble y voluntarista, como bajar hasta un 5% las tarifas de los trenes de cercanías y media distancia o incrementar el consumo de biocombustibles. Son simples y diminutos parches que no logran ocultar las graves deficiencias del sistema energético, pendiente de un pacto de Estado para hacerlo menos dependiente del exterior, más eficiente y más barato para el consumidor. Todo esto no se alcanza obligando a los automovilistas a conducir a paso de tortuga y breándolos a multas. Otra vuelta de tuerca de un Gobierno obsesionado con prohibir, regular y controlar todos los ámbitos.

La Razón - Editorial

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una retirada anunciada. Por José María Carrascal

Tenemos ante nosotros quince meses malos para España y peores para el PSOE.

NO sé qué opinarán ustedes del anuncio del presidente de que ya ha decidido si se presenta o no a la reelección, con sólo su mujer y un compañero de partido conocedores del secreto. Para mí, la cosa está clara, bueno, todo lo claras que pueden estar con José Luis Rodríguez Zapatero: no se presentará. Y no por lo que dicen las encuestas, a las que sólo hace caso cuando le favorecen, ni por las presiones de los barones socialistas, a los que hace aún menos caso. La razón de que no se presente se le escapó a él mismo: porque «el próximo año será malo», dijo. Era su última esperanza. Que la recuperación llegase en 2011. La había anunciado un montón de veces. Pero no va a llegar. Puede incluso que 2011 sea peor que 2010. Así que ha decidido no presentarse, y hasta imagino como lo anunciará: «para dedicar todo mi tiempo y esfuerzos a superar la crisis». O sea, que se sacrifica por nosotros y tenemos que agradecérselo. Con ello espera matar dos pájaros de un tiro: desviar hacia su posible o posibles sucesores todos los palos que iban a caer sobre él y buscarse la salida lo más digna posible dadas las circunstancias. Ahora bien, si ocurriese un milagro —una luz al fondo del túnel económico, la rendición de ETA—, no descarten verle de nuevo en la palestra, exhibiendo esos méritos. Pero esas posibilidades son tan remotas que incluso un optimista antropológico como él parece haberlas descartado.

Lyndon Johnson hizo algo parecido en 1968, cuando anunció que no se presentaría a la reelección para dedicarse a acabar la guerra en Vietnam, dejando como sucesor al vicepresidente Humphrey. No consiguió ni lo uno ni lo otro. Humphrey fue derrotado y Nixon acabó la guerra. Aunque hay enormes diferencias entre Estados Unidos y España, en este caso no crea que las haya. Quien sea el sucesor de Zapatero tendrá que cargar con su herencia, a la que se añade una crisis que en España toma aspectos dramáticos. Si elige a alguien de su equipo, se le acusará de haber contribuido al desastre. Si elige a alguien fuera de él, lo primero que tendrá que hacer es renegar de la herencia recibida. Aparte de la dificultad de encontrar a alguien dispuesto a ello, aunque hay políticos que se apuntan hasta a un bombardeo. Y si lo deja decidir al partido, la lucha dentro de él por la sucesión lo dejará herido de muerte, como ocurrió tras la era González.

Tenemos ante nosotros quince meses malos para España y peores para el PSOE. Si Zapatero cree que podrá aliviarlo anunciando su retirada a plazo, se equivoca. En realidad, está reconociendo su impotencia y su poder se irá desvaneciendo. La única forma de hacer un favor al país y al partido hubiese sido haber anunciado su retirada al darse cuenta de sus errores, pero la desperdició, posiblemente al no considerarlos errores. Incluso hoy.


ABC - Opinión

jueves, 18 de noviembre de 2010

Demasiado para Rubalcaba. Por Ignacio Camacho

Los tumbos de la economía y la crisis del Sahara han agotado el impulso efervescente del nuevo Gabinete.

RUBALCABA es un propagandista eficiente, un competente gestor de equipos, un político responsable y un trabajador estajanovista e hiperactivo, pero ni está a su alcance la dirección económica ni sus capacidades dan abasto para taponar las vías de agua que tiene abiertas este Gobierno. El impulso efervescente del nuevo Gabinete se ha empezado a disipar entre un turbión de problemas que escapan de las habilidades comunicativas y las intuiciones tácticas del co-presidente, al que algunos que le tratan con frecuencia han oído murmurar que las cosas están mucho peor de lo que imaginaba. Sobre todo hay un asunto sobre el que no tiene ascendiente, que es la desconfianza internacional en la solvencia financiera española. Con la economía dando tumbos no hay forma de enderezar una política coherente. Rubalcaba puede organizar ciertos efectos internos para recomponer un poco la descalabrada perspectiva electoral del Partido Socialista, pero los mercados exteriores no aflojan la presión y exigen medidas de cirugía reformista que no pueden esperar hasta las elecciones de mayo. España no encuentra crédito, ni literal ni metafórico, y las circunstancias se han vuelto dramáticas.

En estas condiciones de emergencia, al flamante valido le han empezado a fallar incluso sus más consumadas destrezas, que son las relativas a la comunicación de mensajes. En cuando dejó solo durante 48 horas en Seúl al presidente, éste permitió una foto lamentable que echó por tierra sus blasones de liderazgo, corriendo al borde de la asfixia detrás de un Cameron que parecía comerse el mundo a zancadas tras haber decretado un ajuste de caballo. Hay simbolismos devastadores. Como lo es también la imagen del propio Rubalcaba reunido en su propio despacho con el responsable de la represión en el Sáhara, ante la mirada vigilante de un gorila de la seguridad marroquí y en medio de un desbarajuste diplomático. Por si las desgracias económicas no bastasen para triturar al Gobierno, la crisis saharaui está arruinando las bases de su política exterior; si Aznar palmó en Irak por empeñarse en secundar el aventurerismo bélico americano, Zapatero se ha empantanado en las arenas del desierto al bajar la cabeza ante el agresivo expansionismo de Marruecos. Todo su discurso de legalidad internacional y de exaltación de los derechos humanos se está viniendo abajo con ese humillante seguidismo de un atropello clamoroso y sangriento que lo desacredita ante la izquierda social, de indiscutible simpatía polisaria.

El Gabinete no encuentra respiro. A la espera del revés catalán, lo único que puede hacer es tratar de contener a los mercados de deuda para que no le impongan otro ajuste forzoso que desbarataría los Presupuestos antes incluso de llegar a aprobarlos. Agotada la magia del Zapatero triunfal, Rubalcaba no se basta a sí mismo para hacer de ilusionista y de bombero.


ABC - Opinión

martes, 26 de octubre de 2010

Nuevo Gobierno. Una pregunta para ZP. Por Emilio J. González

Lo único que ha hecho Zapatero, al menos por ahora, es esconder sus dos ministerios y sus dos políticas más controvertidas en sendas secretarías de Estado para luego poder seguir haciendo lo mismo pero sin llamar tanto la atención.

¿Para qué ha servido, en términos presupuestarios, la remodelación del Gobierno que acaba de realizar Zapatero? Desde que se anunció la nueva composición del Ejecutivo, desde las filas socialistas no han parado de lanzar mensajes en el sentido de que, con este nuevo equipo, se da un paso hacia adelante en la solución de la crisis. Algunos de los nuevos nombres que se sentarán en el Consejo de Ministros, como el sustituto de Corbacho en Trabajo, Valeriano Gómez, incluso nos anuncian parabienes por todas partes, con creación de empleo incluida. Posiblemente, este escenario tan optimista que algunos perciben es fruto del subidón de adrenalina que les ha producido su nombramiento como ministros, porque lo cierto es que aquí, mientras algunos vuelven a imaginarse el nacimiento de los tan traídos y llevados brotes verdes, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ya está preparando un Plan B, con subidas de impuestos especiales incluidas, porque las cuentas públicas no cuadran ni por asomo con los objetivos de déficit que dice tener el presupuesto para 2011.

En este sentido, desde las filas socialistas se nos quiere vender que la desaparición de los tan controvertidos como inútiles ministerios de Vivienda e Igualdad forma parte de esa nueva vuelta de tuerca que Zapatero y los suyos quieren dar al ajuste presupuestario. A mí, sin embargo, las cuentas no me salen. Resulta que ambos departamentos se han integrado en los ministerios de Fomento, el primero, y de Sanidad, el segundo, con rango de secretarías de Estado. Resulta también que las titulares de los ministerios desaparecidos, Beatriz Corredor y Bibiana Aído, van a permanecer al frente de dichas competencias pero con un rango un escalón por debajo del que ocupaban y ahora son secretarias de Estado. ¿Qué hemos ganado con ello? Si acaso, algún que otro asesor menos, porque Corredor y Aído siguen en el Gobierno y los funcionarios adscritos a sus respectivos departamentos ahora pasan a incorporarse a Fomento y Sanidad. Por este lado, por tanto, el ahorro de dineros públicos brilla por su ausencia.

Aún así, todavía queda donde meter la tijera. Según el proyecto de cuentas públicas para 2011 que el Gobierno ha presentando en las Cortes, se preveía que el Ministerio de Vivienda tuviera una dotación presupuestaria algo superior a los 1.200 millones de euros, mientras que al de Igualdad se le asignaban algo más de cien millones. Pues bien, si ambos ministerios han desaparecido, lo lógico sería anunciar un recorte en esas partidas, ya que, aunque a los funcionarios adscritos a los mismos hay que seguir pagándolos igualmente, casi todas las políticas en marcha o previstas de ambos departamentos deberían pasar también a mejor vida. ¿Cuánto se va a ahorrar, entonces, con la retirada del Consejo de Ministros de las sillas correspondientes a Vivienda e Igualdad? Esta es la pregunta para la que no encuentro respuesta, porque todavía no he oído decir a nadie en el Gobierno, ni en las filas socialistas, que desaparecidos los ministerios, desaparecidas sus políticas. Por el contrario, lo que me llama la atención es su transformación en secretarías de Estado, porque eso quiere decir que Corredor y Aído podrán seguir haciendo lo que venían haciendo, si bien ahora bajo las órdenes y supervisión de José Blanco la primera y Leire Pajín la segunda. Vamos, que ZP pretende volver a jugárnosla, a nosotros, a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional y a los mercados, haciéndonos creer que está firmemente comprometido con el ajuste de las cuentas públicas, y que está dispuesto a renunciar a dos de los pilares básicos de su estrategia política por el bien del presupuesto y de la economía española, cuando lo único que ha hecho, al menos por ahora, es esconder sus dos ministerios y sus dos políticas más controvertidas en sendas secretarías de Estado para luego poder seguir haciendo lo mismo pero sin llamar tanto la atención.

En resumen, aquí, de gastar menos dineros públicos nada de nada. Es más, al renacido Ministerio de Presidencia habrá que dotarle de recursos económicos, por pocos que puedan ser éstos. Por tanto, ¿dónde está el ahorro presupuestario de la última remodelación del Gobierno?


Libertad Digital - Opinión

lunes, 25 de octubre de 2010

El PSOE y su Judas Tadeo. Por Jesús Cacho

La Historia se repite. Catorce años después de aquella “lluvia de piedras” que, según la periodista M. A. Iglesias (La Memoria Recuperada. Editorial Aguilar, 2003), le impidió predicar entre los infieles el mensaje del profeta González (“De modo que agarró con fuerza el paraguas y se dispuso a cruzar la calle: había al otro lado unas gentes a las que deseaba contar lo que iban a hacer los socialistas; a él se lo había contado Felipe, lo de la “renovación” y todo lo que se iba a poner en marcha…”), Alfredo Pérez Rubalcaba (APR), 59, vuelve a surgir, cual ave fénix, entre el lodo de la gran tormenta dejada por los 7 años de otro Gobierno socialista, para hacerse con el timón de un barco que navega sin rumbo (zapatero: “Dícese del que maniobra o ha maniobrado mal, o no entiende la maniobra”, Diccionario General del Mar), mientras en derredor llueven piedras, el granizo de casi cinco millones de parados y subiendo. Con el PSOE a 14 puntos en las encuestas, las elecciones catalanas encima y las municipales y autonómicas en el horizonte de mayo, en el Partido Socialista tocaron a rebato. Si a unas encuestas que parecían presagiar muchos años en el desierto de la oposición, se unen los problemas familiares de un hombre cuya estabilidad emocional parece en entredicho, a nadie puede extrañar que en el seno del propio Gobierno fraguara la gran alianza entre José Blanco y APR destinada a hacerse cargo de la nave en caso de renuncia súbita o desastre electoral. El dead line de ZP tenía fecha fija: las urnas de mayo. Y hubieran sido entonces los pesos pesados del partido, los amos del PSOE de siempre, los que le hubiera mandado a paseo.

El episodio de las primarias de Madrid no es sino la manifestación más evidente de la tormenta que se estaba gestando en el seno del partido contra su líder. “A Tomás le dicen que acepte la entrevista con José Luis en Moncloa, que le aguante el pulso y que salga de allí con la promesa de primarias, porque te vamos a ayudar a ganarlas. Sin ese respaldo, jamás el de Parla se hubiera atrevido a desafiar al Presidente. Y le apoya gente importante, empezando por Felipe. Es la rebelión a bordo contra un personaje que amenaza con descojonar el partido”, asegura una fuente socialista. El impacto de esa derrota fue demoledor para el inquilino de Moncloa. Por si no se había enterado, a la palestra saltó también José María Barreda, aparición con todos los visos de estar igualmente teledirigida. De modo que lo ocurrido el miércoles no es sino un golpe de mano, golpe de Estado si se quiere, urdido dentro del PSOE contra Zapatero.

El de León ha rendido armas y enseñas ante los barones, ante el PSOE de siempre, el que todavía encarna APR. El domingo 17 por la mañana, ZP repetía convencido que la crisis se limitaría a la sustitución de Corbacho. Por la tarde, los teléfonos se ponían en marcha rumbo a un cambio radical de Gobierno. ¿Qué ocurrió a mediodía? ¿Quién almorzó con Zapatero? ¿Con qué argumentos torcieron su pulso? Parece obvio que APR ha impuesto sus condiciones. Fuera estorbos. Lejos María Teresas y Pajines. Prietas las filas. Se explica el contento del propio González (“Cuando las cosas van mal, militancia pura y dura”) tras lo que muy bien podría ser calificado como “Decreto de Unificación” entre felipismo y zapaterismo (si es que alguna vez hubo algo parecido con tipo tan liviano como ZP). Por primera vez en la historia de los Ejecutivos socialistas, no hay un solo ministro catalán en el Gobierno. Y se acabaron las bromas: Rubalcaba, Blanco, Jáuregui, Iglesias, Serrano… Es la delantera del Gobierno y del PSOE de aquí al final de la Legislatura. ¡Mujeres fuera; esto es un asunto de hombres!

Todo el poder para APR. Zapatero pasa a convertirse en presidente no ejecutivo. El consejero delegado de España S.A., el poder ejecutivo, el chief executive officer (CEO) es Pérez Rubalcaba. En su contrato figura negro sobre blanco la promesa de un suculento bonus: convertirse en cabeza de lista para las generales de 2012 si su gestión consigue cambiar el sentido de las encuestas y alumbra alguna posibilidad de triunfo para el PSOE. En caso de que la situación empeore o se mantenga tal cual, será el propio Zapatero quien se coma el marrón de volver a medirse con Mariano Rajoy, esta vez para perder. Justo al revés de cómo se está diciendo estos días. Pocos políticos, desde la muerte de Franco, han acumulado tanto poder como el que va a disponer este titulado en Químicas, hombre de una mala salud de hierro, afable de trato, aparentemente familiar, cercano, pero puño de hierro en guante de seda, cuyo solo apellido es capaz de despertar hoy todo tipo de pulsiones de amor-odio entre los españoles. Manuel Fraga fue vicepresidente y ministro de la Gobernación (Interior) entre diciembre del 75 y julio del 76, en el Gobierno predemocrático de Arias Navarro. Tal vez no sea una casualidad que el fenómeno se reproduzca ahora, a punto el 30 aniversario de la muerte del dictador, como ominoso recordatorio de la pobre calidad de una democracia sin demócratas como la nuestra.

Todo el poder para Rubalcaba

Que en una dizque democracia el hombre con más poder político sea el Ministro de la Policía suena, más que raro, inquietante. En efecto, como Vicepresidente 1º APR es ya el máximo responsable de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia (CDGAI), con control directo sobre el servicio secreto (CNI). Como Ministro de Interior, del que depende el sistema de escuchas Sitel, controla los servicios de información de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía. Y naturalmente las relaciones con TVE. Y desde luego la secretaría de Estado de Comunicación. Y obviamente buena parte de unos medios de comunicación prácticamente quebrados, empezando por ese Grupo Prisa que cobra de pronto nueva vida, eufórica existencia, con un Cebrián resucitado de entre los muertos vivientes. Para resucitados, nadie como el propio APR. Dice Stefan Zweig en el prefacio de su Fouché, retrato de un hombre político que «en la esfera de poder de la política, raras veces deciden las figuras superiores, los hombres de ideas puras, sino un género mucho menos valioso, pero más hábil: los que ocupan un segundo plano». Reconocido como uno de los tres grandes diplomáticos de la Revolución -con Talleyrand y Sieyés-, Joseph Fouché (1759-1820) fue capaz de pasar como un rayo de sol a través del cristal de Revolución, Directorio, Consulado, Imperio y Monarquía. Parapetado tras una autodisciplina férrea y una espartana renuncia a todo lujo o boato, cruel con los enemigos y servil con los poderosos, sin sentimientos, sin escrúpulos, desplegó siempre una enorme capacidad para desaparecer en las tormentas y volver a reaparecer al lado del vencedor. Como APR, que en 1998 apostó por Almunia contra José Borrell y perdió. En 2000 apostó por José Bono contra Zapatero y perdió. Ahora acaba de apostar por “la señorita Trini” contra Tomás Gómez y también ha perdido.

Pero, como el duque de Otranto, APR tiene la habilidad de volver siempre a la superficie, fresco como un corcho flotando tras el paso del turbión. Fue así como resurgió con Zapatero como el único gran superviviente del felipismo. Con más fuerza, si cabe, en razón del papel capital jugado en la victoria de marzo de 2004. Nuestro curita de Nantes fue, en realidad, el verdadero triunfador del 14-M (él encauzó la revuelta del sábado de reflexión con aquel antológico “los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”), un tipo capaz de reinventarse con las mismas viejas virtudes de los tahúres de la política, “esos artistas de manos ágiles, palabras vacías y nervios de acero”. Un maestro de esa fatalité moderne que, según Napoleón, es la política. Tipo más listo que inteligente, en las antípodas del hombre de Estado, su gestión en el último Gobierno González se caracterizó por el sectarismo, pecado que ha vuelto a cometer con largueza –uso de Policía y Judicatura contra la oposición- al frente de Interior con el Gobierno Zapatero. Está en su ADN. Es cierto que todo el mundo tiene derecho a cambiar, pero el primer síntoma de la nueva etapa no ha podido ser peor. Me refiero a la campañita montada a toda prisa -con la ayuda de Prisa, que todo vuelve do solía- contra el PP a cuenta de la frase pronunciada por el cabestro alcalde de Valladolid.


El Confidencial - Opinión

domingo, 24 de octubre de 2010

Rubalcaba. Por Germán Yanke

Con Rubalcaba, el presidente Rodríguez Zapatero tiene, por primera vez, un escudo.

El hecho de que todo el mundo hable de Pérez Rubalcaba, y casi de nada más, revela el éxito, al menos por el momento, de uno de los principales propósitos de la remodelación del Gobierno: el presidente Rodríguez Zapatero tiene, por primera vez, un escudo. Si fracasa la economía, si hay que rectificar hasta lo accidental y simbólico del proyecto iniciado en 2004, si se extiende el desconcierto y el desánimo en el partido, hacía falta, para empezar, una pantalla. Y ya la tiene. Hasta ahora, cualquier acierto de un socialista en cualquier confín de España, era respondido por la Oposición con alguna referencia a que el problema, de todos modos, era el presidente. Veremos lo que dura pero estos días da la impresión de que hasta los errores de Rodríguez son contestados con un sonoro: «miren a Rubalcaba».

Otra cosa es que el escudo parlante (o los quince portavoces) sirvan para resolver los problemas. Los políticos, demasiado a menudo, piensan que el mundo se reduce a su patio particular, como si un dirigente regional apaciguado y un líder de la oposición con cara de sorpresa supusiesen también el entusiasmo del ciudadano que está en la cola del paro. Dicen en Francia que Nicolas Sarkozy promueve cambios de gobierno para que, al menos de vez en cuando, los ministros puedan hablar de lo que van a hacer en vez de dar explicaciones sobre lo que un porcentaje cada vez mayor piensa que han hecho mal. En esta paradójica remodelación del Gobierno de Rodríguez Zapatero, los nuevos se comprometen a explicar lo que ya se ha hecho, como si, en vez de ministros de un nuevo proyecto adecuado a las circunstancias, fueran abogados que, mejor dotados para la retórica, apartan a sus defendidos (y al principal de ellos) de los focos y las cámaras.

Rubalcaba, para la defensa acompañada del ataque -y hay quien piensa que es la mejor- ha demostrado sus dotes. El viernes le dio por la vagancia del PP y, en pleno entusiasmo, habló de la genética del adversario para criticar el «sexismo», algo parecido a acabar con el fuego en la cocina incendiando toda la casa y que desmerece de sus sobradas habilidades. O pone por delante de una política razonable el trazo grueso con el que se consuelan los fanáticos. Pertenece todo ello a la bajeza de nuestro debate político pero el mayor riesgo, sin duda, es que ese papel lo tenga que hacer, precisamente, el ministro del Interior.


ABC - Opinión

El co-presidente. Por Ignacio Camacho

Encomendado al último eslabón del tardofelipismo, el presidente ha entonado la palinodia final de un enorme fracaso.

NI siquiera el tándem histórico de Felipe González y Alfonso Guerra admite comparación con la bicefalia que acaban de constituir Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. Felipe nunca delegó el liderazgo, nunca renunció al número uno, y de hecho acabó liquidando a su valido tras haber prometido hacer causa común con él. Zapatero ha puesto su presente y su futuro en manos de un verdadero co-presidente cuya acumulación de poder —la policía, los servicios secretos, la coordinación ministerial y la portavocía del Gobierno— le va a permitir incluso filtrar la información de que disponga su teórico jefe. Se trata de lo más parecido a una abdicación que ha ocurrido en la política contemporánea española: un gobernante agotado, abrasado por sus errores, que entrega las llaves de su proyecto a un profesional del poder a costa de inmolarse a sí mismo como líder.

El miércoles comenzó el postzapaterismo. La copresidencia no tendría sentido si Zapatero vuelve a ser candidato porque su valor electoral está destruido. Rubalcaba queda investido de la función de decidir si será él mismo el cabeza de cartel o dará paso a una tercera persona. La misión de organizar el fin de ETA responde a la necesidad de cerrar el mandato del presidente con un legado distinto al de los cuatro millones de parados, y eventualmente proyectar sus propias aspiraciones de liderazgo. El resto de su trabajo consiste en construirle al PP un relato negativo que aminore o neutralice la ventaja que ha cobrado en los sondeos de opinión pública, y en administrar a favor de su causa el miedo que inspira su control de las cañerías secretas del Estado. Al situarlo en la verdadera cúpula del poder, Zapatero le ha otorgado la facultad de decidir sobre su propio destino. Ambos tienen seis meses, diez a lo sumo, para evaluar el éxito de esta operación terminal que medirá sus resultados en las municipales y autonómicas de mayo. Al comienzo del próximo curso como muy tarde, la socialdemocracia habrá de proponer a la sociedad española una candidatura para las generales, que son la ultima ratio de este experimento bicéfalo.

El zapaterismo ha muerto. Sólo Leire Pajín, y en cierta medida Trinidad Jiménez, permanecen como testimonio residual del liquidado pensamiento Alicia, el juvenilismo feminista de las alegres políticas ingrávidas que cayeron escombradas en el terremoto financiero de mayo. Encomendado al último eslabón del tardofelipismo, el presidente ha entonado la palinodia final de un enorme fracaso, que subraya el generalizado alivio del partido ante su maniobra de rescate a la desesperada. Pero lo que Rubalcaba va a tratar de rescatar no es el proyecto de Zapatero, ni mucho menos el rumbo de un país en quiebra social, sino la supervivencia del PSOE más allá de una experiencia fallida.


ABC - Opinión

sábado, 23 de octubre de 2010

Las caras de la Moncloa. Por M. Martín Ferrand

Las caras de La Moncloa, como en su día las de Bélmez, entran en la jurisdicción de lo paranormal.

LOS estrategas del felipismo, todavía de buen ver, le han robado a los romanos los planos del dios Jano y han construido uno que, según el reglamento, tiene dos caras. En una, luce el semblante cansino de quien quiso ser el señor del talante y en la otra brilla la mirada inquietante de Alfredo Pérez Rubalcaba. Es un diseño incómodo para quienes se sirven de él y perverso para el adversario. ¿Cómo podrá saber Mariano Rajoy si ese dúo presidencial va o viene, avanza o retrocede, gira hacia la izquierda o hacia la derecha? Lo único que parece claro es que los socialistas, que no saben ver llegar las crisis, pero que detectan la más leve hipótesis de pérdida de poder, andan encerrados en un cálculo decisivo: ¿Cuándo lleguen las legislativas de 2012, ocurra lo que ocurriese en los comicios previos, cuántos diputados se necesitan en La Carrera de San Jerónimo para no tener que devolver las llaves de La Moncloa?

Para el PP, en donde parecen pensar que la iniciativa es pecado, tiene una gran ventaja ese Jano con el que el PSOE trata de salvar los muebles. Darle una colleja a uno de los dos nombres máximos del Ejecutivo conlleva, por necesidad de diseño, darle en los morros al otro rostro triunfante y equívoco; pero esos son gozos para estilistas, para vocacionales de la acción política que engorda con la adrenalina del riesgo. En su actual configuración, la calle Génova es como uno de esos acreditados casinos de pueblo en los que conviene ser socio para tener derecho de asistencia; pero a los que, de verdad, no acude nadie. Por eso, la crisis de un perdedor abrumado por los acontecimientos, como la que acaba de superar el líder de León, se convierte en una derrota para las filas de la gaviota en las que, cuando alguien dice algo —pocas veces— es para poner en evidencia su mala condición, tal que el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, o para perjudicar a un conmilitón con ganas y posibilidades como le ocurre en Asturias a Francisco Álvarez Cascos.

Las caras de La Moncloa, como en su día las de Bélmez, entran en la jurisdicción de lo paranormal. Podrían ser un fraude; pero, también, un ingenioso procedimiento para acentuar el pasmo de los populares y quietarles la merienda. En los laboratorios felipistas especializados en las acciones de poder han sabido, ante la imposibilidad de cambiar el jinete en mitad de la carrera, modificar su caballo hasta hacerlo pasar por una moto. En los salones en los que sestea el PP continúan con el debate sobre el modelo de silla que mejor le cuadra al penco en el que correrá Rajoy: ¿española, de doma, de salto, portuguesa, texana, inglesa...?


ABC - Opinión

Trastorno bipolar. Por Gloria Lomana

El hombre que iba a ser la estrella de la semana, el nuevo ministro de Trabajo Valeriano Gómez, por ser el único nombramiento previsible, se ha quedado literalmente arrollado por la catarsis del Gobierno. Zapatero ha creído que éste es el momento de lanzar una «fuerte ofensiva política» ante la perspectiva de perderlo todo en una lenta agonía y ha tirado del único mago posible, de Rubalcaba, para dar la vuelta a las encuestas. Pero, más le vale al nuevo ministro de Trabajo haber quedado tapado por la avalancha. De haber sido el único cambio, Valeriano Gómez estaría a estas horas abrasado políticamente. No tendría manera de explicar su comportamiento bipolar, primero redactando la reforma laboral –según Zapatero fue quien más papeles le pasó– luego acudiendo a manifestarse contra su propia reforma, y ahora prometiendo defenderla desde el Ministerio de Trabajo. El hombre asegura que sin trastorno alguno. Pero no se fíen. El comportamiento bipolar refleja estados de manía que pueden oscilar entre la alegría y la tristeza de forma repentina y patológica. O sea que el bipolar Valeriano en los estados de euforia redactaba pensionazos y recortes a los trabajadores, contra los que se manifestaba en los momentos de depresión. Trajín inconmensurable. Paradigma del sindicalismo de nuestros días. Y, por lo que se ve, prototipo de los que nos gobiernan. D. Valeriano ha prometido, a partir de ahora, padecer momentos de eufórica alegría más que de tristeza, para así aplicar los tijeretazos sin compasión alguna. Aunque no descarten que en momentos de zozobra se agarre del brazo de Cándido Méndez para manifestarse contra sí mismo.

Así las cosas, Valeriano ha superado a Zerolo en la escuela de Zapatero del zigzagueo. Hasta ahora el titular de manifestarse a favor de causas abandonadas por el PSOE (léase conflicto saharaui) era el secretario de Movimientos Sociales del PSOE. Pero Zerolo ha perdido fuelle. No estuvo en la manifestación de los sindicatos contra Zapatero y su reforma laboral, y sin embargo sí estuvo Valeriano con lo que, automáticamente, se ha alzado con el maillot amarillo del trastorno bipolar. El mejor modelo Zapatero. Lo dicho, una escuela: hago la reforma laboral y me manifiesto contra ella; apoyo los derechos sociales y los recorto; soy liberal y socialista a la vez; soy rojo y rejoneo a los trabajadores; presumo de Gobierno paritario pero el Gobierno tiene más hombres; no voy a hacer crisis, pero la hago...

A partir de ahora nos espera mejor comunicación, ha dicho Zapatero. O sea, semejantes trastornos bipolares, pero con más fotos. Así es que no descarten que Zapatero se agarre del brazo de Rubalcaba, Salgado y Valeriano, y se lance a la calle a protestar contra sí mismo. La calle siempre fue su mejor tarjeta de presentación y en tiempos de apuros todo es posible. Al fin y al cabo, el tándem Zapatero-Rubalcaba ganó las elecciones gracias a la algarabía del 13-M, y a los «nunca mais» y el «no a la guerra» que le precedieron. Y ahora toca ganar las siguientes. Comportamiento bipolar sin trastorno aparente. Pero no se fíen: o hay trastorno o nos mienten.


La Razón - Opinión

El pánico a Rubalcaba. Por Edurne Uriarte

El miedo a Rubalcaba tiene que ver con su gestión en las sombras del poder.

La prensa progubernamental se ha divertido enormemente en las últimas horas con lo que José María Izquierdo ha llamado en El País «El pánico a Rubalcaba». O Javier Vizcaíno en Público «Tembleque de piernas y castañeteo de dientes en Carpetovetonia». Entusiasmados los columnistas de la izquierda con el profundo rechazo e inquietud que la concentración de tanto poder en Rubalcaba ha suscitado en toda la derecha política y mediática. Y poco conscientes, al parecer, de lo inquietante de que en una democracia un cargo político produzca miedo a la oposición, tanto a los periodistas como a los políticos. Incluidos los políticos de su propio partido, que se lo pregunten a Tomás Gómez.

Porque lo cierto es que estos admiradores de Rubalcaba tienen toda la razón. Este político produce un acusado temor entre los políticos y periodistas de la oposición. Y no precisamente por su inteligencia y sus dotes comunicativas. Eso causa respeto, que es otra cosa. El miedo a Rubalcaba tiene que ver con su gestión en las sombras del poder. Con la extendida percepción de que, con él al frente de Interior, no es lo mismo ser un corrupto del PP que del PSOE. Y, mucho peor, no es lo mismo ser un simple y honrado político del PP que del PSOE. O con el temor entre la clase periodística de que las críticas a Rubalcaba son más arriesgadas que a otros políticos. No se han percatado los fans de Rubalcaba, los seguidores del cuento del republicanismo cívico de Zapatero, del pequeño detalle de que el pánico al poderoso es propio de las dictaduras. Que la oposición también tiene pánico a Fidel y Raúl Castro. O a Hugo Chávez. Cuando pasa lo mismo en una democracia y al inspirador del miedo le otorgan, además, un inmenso poder, hay que hacérselo mirar. Porque algo falla en esa democracia. Quizá que el republicanismo cívico de Zapatero se haya convertido en republicanismo coactivo.


ABC - Opinión

Un debate ensuciado. Por Ignacio Camacho

La estúpida grosería de un alcalde ha embarrado el debate sobre la nula cualificación de la ministra de Sanidad.

DESCONOZCO si el alcalde de Valladolid es un patán a tiempo completo o parcial, pero cuando ejerza de palurdo debería limitar sus zafias chocarrerías a su círculo de amigotes. Sus insinuaciones soeces sobre Leire Pajín revelan un rancio estilo de burdel anclado en el celtiberismo más chabacano, el de los monterillas de pueblo que rezongan al paso de las mozas rascándose las encías con un mondadientes. Puede que los socialistas hayan sobreactuado con su alborotado victimismo tratando de convertir una ordinariez tabernaria en un atentado machista; pero el tipo se ha retratado a sí mismo como uno de esos casposos verderones que blasonan de su desgraciado ingenio pedestre sin provocar más que el sonrojo ajeno.

La estúpida grosería del edil vallisoletano ha embarrado además un debate público que merecía la pena, y que es el de la (falta de) idoneidad de una dirigente sin currículum para hacerse cargo de un Ministerio especializado. El PSOE ha aprovechado el desliz para montar un desmedido escándalo mediático que desvía el asunto hacia el terreno del feminismo y la igualdad, en el que la izquierda se siente fuerte frente a una derecha a la que aún le asoma cierto pelo de la dehesa. Al exigir disculpas por la burda majadería de León de la Riva, los socialistas evitan dar explicaciones sobre la elección más que dudosa del presidente Zapatero, que ha causado estupor en el muy sensible sector sanitario. Un sector a cuyos profesionales se les exige una muy alta cualificación que no rige a la hora de seleccionar a quien ha de gestionar sus comprometidos problemas.


Para ser ministro/a de Sanidad no resulta en absoluto necesario haber estudiado medicina, enfermería o farmacia, pero una sociedad desarrollada requiere en su dirigencia pública ciertos méritos de capacitación específica que hasta ahora Leire Pajín no ha mostrado poseer. Carece de formación económica y de experiencia de gestión administrativa, y en el aparato del PSOE ha penado por falta de aptitudes de organización y liderazgo. Aunque la mayoría de los recursos sanitarios estén transferidos a las autonomías, entregarle una cartera tan compleja (epidemiología, prevención, consumo, protocolos clínicos y tecnológicos, etcétera) a una persona de bagaje tan escaso constituye para mucha gente cuando menos una ligereza, si no una temeridad, y hasta se puede entender como una falta de respeto al bien preparado colectivo asistencial. Al menos convendría debatir si la idea de que en política cualquiera sirve para cualquier cosa representa una concepción perniciosa y despectiva del servicio público, o si choca contra la noción de perfeccionamiento, estudio y competencia que se le supone a la alta dirección del Estado. Ésa debería ser la discusión en una sociedad moderna y civilmente fuerte, y no los morros de la ministra ni las fantasías calenturientas de un alcalde casinario.

ABC - Opinión

Propaganda y arenga

La oferta de Zapatero a la izquierda para que recupere el ánimo se ha quedado en arenga militante, porque, de reformas, nada.

RODRÍGUEZ Zapatero estrenó ayer el nuevo Gobierno «de la comunicación» con la primera rueda de prensa de Alfredo Pérez Rubalcaba como portavoz del Ejecutivo. No hubo sorpresas en cuanto a las formas, porque el vicepresidente primero ya tenía acreditadas sus credenciales como buen comunicador, que se hicieron aún más patentes por el contraste inevitable con su predecesora. Pero tampoco hubo novedades en cuanto a los contenidos de la nueva comunicación del Gobierno, lo que confirma las primeras impresiones de que Zapatero ha configurado un equipo de leales para frenar su caída, remontar las encuestas y neutralizar el designio de una derrota por ahora inevitable. Sin embargo, a esto no se le llama renovación, sino propaganda, pura propaganda, que la hubo y abundante en la declaración de principios que expuso Rubalcaba al inicio de la rueda de prensa. Lo que quedó claro es que Zapatero tenía asumido que el Gobierno que coordinaba De la Vega no funcionaba, lo que es tanto como reconocer su propio fracaso en la dirección política del Ejecutivo. No hay otra interpretación posible a la insistencia con que Rubalcaba anunciaba el amanecer de unos ministros reconvertidos de la noche a la mañana a la estrategia de la comunicación, para vender la superación de la crisis económica.

La oferta de Zapatero a la izquierda para que recupere el ánimo se ha quedado en arenga militante, porque, de reformas para consolidar al nuevo Gobierno, nada. Habría sido de manual que, tras una remodelación tan amplia, el nuevo equipo se presentara con una acción renovada. Puede que la haya más adelante, pero llegará a deshora. El estreno del Gobierno de la comunicación ha sido plano. Quizá, por esperar demasiado, Zapatero se enfrente a esa situación irreversible de un Ejecutivo que ya no tiene nada que decir, por más que se empeñe en que va a expresarse mejor. Desde que estalló la crisis, el Gobierno no ha tenido problemas de comunicación política. Se le entendía perfectamente cuando negaba la existencia de la crisis, cuando acusaba de antipatriotas a los que decían la verdad o cuando anunciaba falazmente una y otra vez el inicio de la recuperación. Por eso, Zapatero ha buscado en Rubalcaba el paliativo agónico para las miserias políticas del Gobierno y el revulsivo de una izquierda deprimida, a la que, a falta de creación de empleo y mejora de la economía, no se le ofrecerá más que el señuelo del fin de ETA y, sobre todo, la confrontación con el PP.

ABC - Editorial

viernes, 22 de octubre de 2010

La última bala. Por José María Carrascal

En mayo, cambió de economía. Ahora cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra.

ESTE no es el gobierno que gusta a Zapatero. Es el gobierno que le han impuesto el partido, el país y las circunstancias, como los presupuestos no son los que le gustan, sino los que le han impuesto Merkel, Obama y los mercados. En mayo, cambió de economía. Ahora, cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra. Él sólo cambia para poder seguir siendo él mismo.

Su gobierno era el de María Teresa y el de Bibiana, el progre, el posmoderno, el de Vogue. Mientras éste es un gobierno premoderno, de hombres muy maduros y muy barbados. Deja a Trini y a Leire como floreros y mete a Rosa Aguilar para defender el flanco más vulnerable, el izquierdo, a que se desangre por él. Como deja a Elena Salgado, encargada de los recortes, que ya ha advertido que pueden ampliarse. Por ese lado no hay alivio: nada de alegrías, de buenismos ni de concesiones, porque al menor descuido nos vuelven a meter con Grecia.


¿Qué salida le queda? Sólo una: la pacificación del País Vasco. La era Zapatero acaba así donde empezó. Empezó tratando de negociar con ETA la paz en Euskadi, y acaba intentando alcanzarla derrotando a ETA. Con el mismo hombre al frente, Rubalcaba, flanqueado por el PNV, con el que ya ha firmado acuerdos importantes, y por Ramón Jáuregui, que ya fue vice lehendakaricon ellos. Toda la atención del nuevo gabinete va a tener ese objetivo: Zapatero, el pacificador. ¿Y Patxi López? preguntará alguién. ¿Quién es Patxi López?, le responderán desde Moncloa.

Esas son las cuentas que allí se hacen. ¿Saldrán? Todo es posible en política, pero no probable. Por lo pronto, con ETA no se acaba en 18 meses. Se necesitarán, por desgracia, bastantes más. Luego, el PNV puede apoyar, contra pago, naturalmente, unos presupuestos, pero es difícil que apoye la derrota de ETA, al fin y a cabo sus hijos descarriados. Y lo más importante: ese plan no afecta para nada lo que más interesa a los españoles. El comando Rubalcaba puede detener muchos etarras, pero no crear empleos. Y aunque solucionar el conflicto vasco nos alegraría a todos, el paro no descenderá, aunque lo haya anunciado el nuevo ministro de Trabajo, por cierto, como lo anunció su antecesor. Ya empezamos.

Pero es la única salida que le queda a Zapatero, su última bala. Si por casualidad da en el blanco —nada que ver con don José—, se presentará a la reelección. Si no, dejará el marrón a Rubalcaba, y allá te las arregles. Pues pensar que este hombre se suicide es soñar despierto. Él prefiere suicidar a los demás, empezando por sus colaboradores, siguiendo por su partido y, si es preciso, por el país, como viene haciendo desde hace años, avalado por nuestros votos, todo sea dicho.


ABC - Opinión

Rajoy. La perpetuidad de un ministro. Por Agapito Maestre

El concepto creado por Zapatero para seguir en el poder es sencillo de comprender: "Yo soy un desastre, pero mi ministro de la Oposición es aún peor. ¡Elijan entre lo malo y lo peor!".

Este cambio de Gobierno tiene, como diría un kantiano, un carácter trascendental. Zapatero ha creado las condiciones de posibilidad para mantenerse en el poder, como mínimo, otra legislatura. El PSOE se fortalece de tal modo que comparado con la oposición en general, y el PP en particular, parece una fortaleza inexpugnable. El PSOE a través del Gobierno de Zapatero tiende a ocuparlo todo. No hay espacio público político, en España, que no sea susceptible de ser transformado en una fuerza a favor del PSOE. El nuevo Gobierno tiene capacidad para mantener un discurso viable y, además, tiene aptitud para contarlo con eficacia. Es el Gobierno más ideológico y, terriblemente, propagandístico de todos los nombrados por Zapatero; puede conseguir, con apenas esfuerzos, hacer ver que lo blanco es negro y viceversa.

El cambio de Gobierno llevado a cabo por Zapatero es tan importante que, en mi opinión, ha conseguido poner a su disposición a la pieza más peligrosa que pudiera arrebatarle el poder. No me refiero a Rubalcaba menos todavía a Blanco; por el contrario, es, precisamente, la vinculación de Zapatero a estos dos hombres, formando una terrible troica política, la jugada maestra para mantenerse en el poder. El plan de Zapatero, aparte de la vieja y estrechísima vinculación entre Rubalcaba y Blanco, cuenta con un factor determinante, a saber, mantener vivo a quien le viene acompañando, desde 2004, en todos sus triunfos.


¿Quién puede ser esa persona que, hoy por hoy, es la condición necesaria para que Zapatero revalide su mayoría en las próximas elecciones? Pues que de su primer Gobierno, formado en un lejano 2004, sólo permanecen dos personas; sí, digo bien, sólo aguantan dos personas y no una como se empeñan en repetir los medios de comunicación sin imaginación ni criterio político. Una de ellas, como todo el mundo sabe, es la señora Salgado, que ha cumplido con estricta pulcritud y escrupulosidad todas las órdenes de quien la nombró en sus diferentes cargos en el Consejo de Gobierno. Y la otra, qué duda cabe ya, es un ministro más real que metafórico, si comparamos su forma, la mayoría de las veces casi imperceptible, de hacer política con la que se hace en las democracias desarrolladas.

En verdad, creo que hay alguien inamovible en este Gabinete. Zapatero es consciente de esta realidad. El único ministro que no cambia, en efecto, es el señor ministro de la Oposición: Rajoy; incluso su reacción ante los nuevos nombramientos ha sido propia de un político dispuesto a cargar sobre sí esa responsabilidad. He ahí la mayor genialidad o, según otros, la peor maldad de Zapatero. El nuevo Gabinete tendrá su primer trabajo, en realidad, su primera autolimitación, en darle aire al jefe de la Oposición. Es vital para Zapatero mantener a Rajoy como el encargado perpetuo del Ministerio de la Oposición. Sin su colaboración este gran entramado populista y policial montado por la nueva la troica socialista, a plena luz del día y sin cortarse un pelo, corre serios peligros de fracasar.

El concepto creado por Zapatero para seguir en el poder es sencillo de comprender: "Yo soy un desastre, pero mi ministro de la Oposición es aún peor. ¡Elijan entre lo malo y lo peor!". Naturalmente, frente a este concepto vacío, un votante del PP puede seguir manteniendo la intuición: "Rajoy es mejor", pero tendrá también que reconocerme que tal intuición, a tenor de lo hecho por el jefe del PP en la oposición, es ciega. Pues eso, entre conceptos vacíos e intuiciones ciegas, los españoles se precipitan al abismo.


Libertad Digital - Opinión

Recuperación de imagen. Por Fernando Fernández

No es un Ejecutivo con ideas, sino con mejores técnicas de marketing.

LO ha dicho el propio presidente: es un gobierno para la recuperación. Pero no de la economía, sino de la imagen pública de un Partido Socialista secuestrado por el zapaterismo y que ahora quiere recuperar sus señas de identidad. Vuelve la vieja guardia y con ella un cierto jacobinismo. Se acabaron la España plural y la nación evanescente, las ocurrencias económicas que tantos parados nos han costado, las cuotas simbólicas que tan mal servicio han hecho a la causa de la igualdad, los delirios tercermundistas en política exterior. Vuelve el socialismo eficiente y comunicador, pero sigue sin haber política económica.

No es un ejecutivo con ideas para sacar a España de la crisis, sino con mejores técnicas de marketing. No hay un programa de competitividad, ni una agenda de crecimiento económico, ni siquiera un plan racional de ajuste y consolidación fiscal. Solo hay voluntad de controlar la opinión, de agitar la propaganda. Se trata, nuevamente, de aislar al Partido Popular, pero esta vez con gente algo más competente, no todos, porque alguna patada por elevación empaña esa presunta coherencia. Pero seguirán los cuatro millones y medio de parados, la destrucción del tejido productivo, el veto sindical a cualquier proyecto de liberalización y modernización económica. La única preocupación es salvar al Partido, y a ello se supedita toda la acción política. La gestión económica es secundaria. Se entiende resignadamente que está irremisiblemente hipotecada a Bruselas y sin margen alguno de maniobra, por lo que la clave de la crisis de gobierno está en conseguir desplazar la agenda mediática de los temas económicos. La operación política parte del reconocimiento de un doble fracaso; la crisis económica ha hecho explotar el modelo Zapatero de derechos sin responsabilidad y la ceguera ideológica ha impedido entender que en una Unión Monetaria no hay más política económica que la búsqueda de la competitividad mediante la reforma estructural permanente. Eso exige cuestionar derechos adquiridos, como acaba de hacer el gobierno de coalición liberal conservador de Cameron en el Reino Unido rompiendo radicalmente con la inercia. No machaca el Estado de Bienestar, como sentencia la progresía dominante, sino que, precisamente para protegerlo en una economía globalizada, corta de raíz los excesos y privilegios de una función pública que ha crecido sin más justificación que su propia capacidad para reproducirse y se atreve a poner orden y prioridades en el gasto público. Permítanme un símil empresarial para explicarlo. En algunas fusiones de Cajas en España, la nueva dirección ha encargado una auditoría de organización y recursos humanos que obliga a justificar cada puesto de trabajo, cada departamento, división o comité. En algunos casos se ha llegado a que todos los empleados han tenido que solicitar su propio puesto de trabajo. Algo parecido es lo que están tramando los ingleses. Como hicieron los conservadores suecos tras décadas de dominación socialista. Como tendrá que hacer el Partido Popular cuando llegue al poder, y más vale que lo esté preparando ya.

Zapatero no ha mirado al Reino Unido; se lo impiden sus prejuicios ideológicos. El socialismo español siempre se ha sentido más cómodo con Francia. Y ha visto a un Sarkozy acosado en las barricadas por una peculiar alianza de trabajadores de empresas públicas, funcionarios protegidos y jóvenes aburridos. Le preocupa mucho más el contagio de la calle que el económico. A fin de cuentas, de este último ya se ocupa Bruselas. Por eso, como Lampedusa, cambia el gobierno para que nada cambie.


ABC - Opinión

Rubalcaba. El cordón sanitario contraataca. Por Guillermo Dupuy

Los medios que Rubalcaba tiene son tantos como escasos son sus escrúpulos a la hora de utilizarlos en esta nueva guerra sucia que se avecina contra el principal partido de la oposición.

Si el PP, en general, y Rajoy en particular, piensan que pueden sestear en una oposición de perfil bajo mientras la crisis económica les hace el trabajo de desbancar a Zapatero de la Moncloa, que se vayan preparando. Naturalmente, no lo digo porque la amplia remodelación del Gobierno –con el inmenso poder que ya no oculta Rubalcaba–, vaya a servir para revertir la ruina institucional y económica que estamos padeciendo, sino porque delata la voluntad de Zapatero de machacar a la oposición del PP con todos los medios a su alcance. Y los medios que Rubalcaba tiene son tantos, como escasos son sus escrúpulos a la hora de utilizarlos en esta nueva guerra sucia que se avecina contra el principal partido de la oposición.

Rubalcaba ya tiene en su currículum títulos tales como encubridor de los GAL y de Filesa, el incitador del acoso a las sedes del PP en 2004, el ministro de SITEL, el del chivatazo a ETA o el que obstruye la acción de la justicia que impulsan las víctimas del 11-M. No son los únicos. También es el máximo coordinador de la cacería Gürtel contra el principal partido de la oposición, teniendo a sus órdenes al comisario general de Policía Judicial, al que ha dado ordenes expresas de controlar todas las investigaciones que afecten a "cargos públicos y persona de relevancia".


Al margen de los nuevos capítulos de esta cacería política, que no se harán mucho de esperar, hay que añadir que Rubalcaba no sólo es, junto a Zapatero, el máximo responsable político del chivatazo a ETA; también lo es, junto al presidente del Gobierno y su servil fiscal general del Estado, de que los informes policiales que acreditaban la conexión con ETA de ANV y PCTV no fueran presentados a tiempo a instancias judiciales para proceder a su ilegalización. Para deseperación no ocultada ni por el Supremo ni por los sindicatos policiales, la ilegalización sólo se instó después de las últimas elecciones municipales; y después de eso, el Gobierno ha seguido y sigue negándose a disolver los ayuntamientos en manos de los proetarras, como podía hacer aplicando la Ley de Régimen Local

Con la última y reciente reforma de la Ley de Partidos, Rubalcaba ha conseguido además dejar intacta la rendija por la que el gobierno coló a los proetarras, que nunca fue otra que el desgraciado monopolio que dicha ley concedía y sigue concediendo a la servil Fiscalía General del Estado a la hora de instar al Supremo la ilegalización. Y este genio del mal lo ha conseguido, además, con el estúpido consenso del principal partido de la oposición y haciendo creer que lo hacía con el objetivo de hacer perder a los proetarras toda esperanza, cosa que se creyeron hasta los que empiezan a reconocer que "el Gobierno puede estar tentado a legalizar a la izquierda abertzale".

Por otra parte, cabe destacar que esta es la hora en la que Rubalcaba no ha cesado a la autoridad penitenciaria responsable de que El País entrevistara a Otegui en la cárcel, contraviniendo la supuesta prohibición de Interior al respecto. Naturalmente no me creo que existiese tal desautorización por parte de quien no ha hecho nada contra quienes han permitido que no fuera efectiva. De hecho, esa entrevista, donde Otegui apenas maquilla algo su repugnante postura de siempre, ha sido utilizada por el presidente del Gobierno para valorar como "determinante" la supuesta evolución del entorno de ETA y recalcar que "sus mensajes no van a ser en balde".

Finalmente, no podemos dejarnos en el tintero el nuevo régimen abierto de otro etarra que impulsa Rubalcaba, nada menos que la del ex número uno de la banda "Txeli" condenado por varios asesinatos a 59 años de prisión. Por mucho que en virtud del antiguo código penal se posibilite este repugnante trato de favor, no es menos cierto que nada lo obliga.

El PP, mientras tanto, no ha hecho la menor crítica ni ha pedido una sola comparecencia de quien ahora se ha convertido en el ministro más poderoso que haya visto nunca nuestra democracia. Para tranquilizarnos, Rajoy nos dice que, lejos de sestear, está "vigilante". Mala vigilancia, en cualquier caso, la del quien no quiere ver cómo el Gobierno, con un oculto "proceso de paz" con ETA y con Rubalcaba a la cabeza, trata de reeditar el cordón sanitario contra el principal partido de la supuesta oposición.


Libertad Digital - Opinión

Agua mineral con gas. Por M. Martín Ferrand

De lo que se trata es de esperar a ver qué ocurre en las autonómicas catalanas y obrar en consecuencia.

YA sabemos que será difícil remontar las circunstancias que nos arruinan en lo económico y nos asfixian en lo moral; pero lo que estaba por ver, la gran aportación de José Luis Rodríguez Zapatero a la estética política española, es que el nuevo Gobierno hiciera su presentación en el escenario con una bien ensayada expresión de mutis, de retirada. Todo es mohína cuando escasea la harina; pero, entre gente adulta (?) y responsable (!), el cuidado de las formas no es un asunto menor. Un político de raza, como enseñaba Francisco Silvela, ha de aprender a tragarse un sapo en cada desayuno. Entre los de medio pelo, ¿no sería exigible un sapo por cada cuatro o cinco? Históricamente, quienes llegan a un Gobierno, ven su nombre escrito en el único diario verdaderamente influyente, el BOE, y juran o prometen cargo, servicio y discreción, tienden a entender el infinito como una medida de cercanías; pero, a la primera adversidad, ya aprenden que un milímetro es una distancia considerable.

Al nuevo Gobierno, en el que no escasean ni los pícaros ni los conversos, no se le advierte el entusiasmo por su nueva responsabilidad. Es como si la tarea que tienen por delante fuera cosa de menor cuantía. Aunque no estemos ante un equipo de debutantes, los recién llegados siempre merecen una tregua de cortesía. Por el momento, gracias al ruido generado por su propia llegada al escenario, se han ahorrado el sonrojo de la almoneda presupuestaria con la que, según la costumbre del líder planetario, se elabora una Ley, la más importante del año, que nadie parece dispuesto a cumplir. Ahora de lo que se trata es de, siempre con el trágala socialdemócrata por delante, esperar a ver qué ocurre en las autonómicas catalanas y, según sea el crecimiento de CiU, la decadencia del PSC y la levedad del PP, obrar en consecuencia.

En los mentideros capitalinos, dismunido por la excesiva presencia que en ellos impone lo público y el enflaquecimiento de la sociedad, pasan el rato en la consideración malévola de si a la circunstancia le cuadra más la fábula del alacrán y la rana o la de la zorra y las uvas; pero, dado el nivel educativo, son pocos quienes advierten la maledicencia. Incluso tengo visto que ya son muchos quienes ignoran lo que es una fábula y sospechan que La Fontaine es un agua mineral con gas y Samaniego, un vino de Rioja. En ese territorio no cabe el error de pronóstico. Aunque Zapatero y Rubalcaba, de la manita como Tip y Coll, consigan el milagro de la resurrección económica y de la revitalización del espíritu nacional, lo de la Educación seguirá siendo una causa perdida. Se llevan los ignorantes.


ABC - Opinión

Rubalcaba. A la desesperada. Por Florentino Portero

Rubalcaba acumula poder y, sobre todo, sabe que Zapatero no estará en condiciones de cesarle en caso de diferencias de criterio. Hundido política y psicológicamente el presidente trata de salvar los muebles.

El 7 de mayo de 2010 mercados y organismos internacionales pusieron en duda la solvencia financiera de España. Fue el fin del proyecto político de José Luis Rodríguez Zapatero, un político mediocre y sin escrúpulos que no tuvo ningún reparo en negar la existencia de la crisis económica y que lanzó a España a una política de gasto absurdo en la injustificada idea de que los malos tiempos serían pasajeros y que las grandes potencias europeas actuarían como locomotoras de la recuperación sacando a España adelante.

Es verdad que en un país como España alguien como Rodríguez Zapatero puede llegar a la Moncloa. Si se está dispuesto a manipular un atentado terrorista como el del 11-M, si se dice a la gente lo que quiere oír, si se promete lo que no se puede cumplir... se puede lograr la confianza de una sociedad que no valora la excelencia, a la que no le importa que le mientan y que no se preocupa por que le roben si todo se desarrolla dentro de unas coordenadas y un cierto orden. Naturalmente la oposición cuenta. Tener como contrincante a Mariano Rajoy y como alternativa al Partido Popular ayuda y de qué manera.


El presidente se quedó sin guión y el tiempo transcurrido ha venido a demostrar que no ha sido capaz de pergeñar otro alternativo. El Partido Socialista no tiene en estos momentos un programa con el que ilusionar a la sociedad española para afrontar con optimismo las próximas décadas. Sólo cuenta con su voluntad para aferrarse al poder e impedir que la oposición se acerque a él. La formación de un nuevo Gobierno ha dejado bien a las claras cuál es el estado de ánimo del presidente y cuáles son sus objetivos.

El ascenso de Pérez Rubalcaba a la vicepresidencia primera sólo es comparable al cargo de valido en los días de los Austrias menores. Con su ascenso el presidente pierde el pulso de la gestión gubernamental. Rubalcaba lo controlará todo. El área económica está dirigido por una mujer que lleva décadas a su lado y con quien comparte años de amistad personal y política. Elena Salgado le debe mucho y sabe que sólo en él puede confiar, ante la manifiesta incompetencia del presidente. Retiene el Ministerio del Interior, lo que le permitirá controlar el proceso negociador con ETA, una baza electoral clave, y la persecución, por medios policiales y judiciales, de dirigentes de la oposición. Coloca a Ramón Jáuregui en Presidencia, un hombre que no ha ocultado sus críticas a la gestión política de Zapatero, para apoyar la negociación con ETA y coordinarse con el grupo parlamentario. Rubalcaba acumula poder y, sobre todo, sabe que Zapatero no estará en condiciones de cesarle en caso de diferencias de criterio. Hundido política y psicológicamente el presidente trata de salvar los muebles y hoy Rubalcaba es quien reúne mejores condiciones para calmar las aguas en el Partido y lograr los mejores resultados posibles.

En el PSOE no hay tensiones ideológicas significativas. El programa que ha seguido Zapatero goza de un apoyo generalizado entre cuadros y dirigentes, de ahí que, en tiempos de vacas gordas, se sintieran tan identificados con él. Las críticas llegan por la forma frívola e incoherente de hacer política, no por la política aplicada. El ascenso de Rubalcaba es el resultado de una negociación, posiblemente virtual, entre Rodríguez Zapatero y los notables del Partido, que se inquietan según se acercan al precipicio de las elecciones autonómicas y locales. Los sondeos son tan malos que seguro que se pueden reducir diferencias. En cuanto a las generales del 2012 no es lo mismo llegar tras un desastre que tras una derrota el 22 de mayo de 2011. Si se evita lo primero queda todavía mucho juego. El Partido Popular, en un formidable ejemplo de ignorancia política, ha desperdiciado el tiempo para ilusionar a los ciudadanos, para convencerles de que hay otra forma de hacer política, de que el problema no está en este o ese dirigente socialista sino en su ideología y programa. Limitarse a esperar la descomposición del Gobierno puede requerir no dos sino tres legislaturas. Por otra parte, una victoria por la mínima podría resultar un infierno para los populares.


Libertad Digital - Opinión

El dúo ZP/Rubalcaba. Por César Alonso de los Ríos

El objetivo fundamental de ZP ha sido el de recuperar prestigio gracias al previsible final de ETA.

El objetivo fundamental de ZP, al llevar a cabo el último cambio de gobierno, ha sido el de recuperar prestigio gracias al previsible final de ETA. Así que, después de haber tratado de resolver mediante el Estatut la permanente «rebelión de los catalanes», va a intentarlo con la que Donoso Cortés llamaba «guerra del Norte» y nosotros terrorismo. Ahora bien, la consecución de ambos objetivos supone el colosal fraude de reducir el ser de España y la condición democrática del sistema: liquidar el castellano como lengua común, eliminar tradiciones seculares como los toros, romper la unidad de jurisdicciones y establecer la desigualdad de ciudadanos y regiones… Este ha sido el sentido del cambio de Gobierno del miércoles y del que ha sido acabada expresión el nombramiento de Pérez Rubalcaba.

¿Y la creación de empleo gracias a un nuevo modelo económico que aparece en las encuestas como la principal preocupaciones de los ciudadanos? Para Zapatero la política económica es fundamentalmente misión de la UE, a la que pertenecemos y del concierto «occidental» que nos determina. La «crisis» tuvo su origen en el capitalismo de Wall Street y en la naturaleza del ser humano basada en la competitividad como bien ha demostrado Oliver Stone en su estupenda película.

Frente a estos objetivos del Gobierno de Zapatero ¿ cómo responde la Oposición que dirige Rajoy? Sánchez Camacho y Basagoiti como líderes en cada una de las dos regiones son recuelos de unos procesos en los que fueron sacrificados Mayor, San Gil y Vidal-Quadras… Porque Patxi López supo siempre que, como maketo, representaba un papel coyuntural mientras Rubalcaba mantenía conversaciones con Urkullu y Otegi, esto es, con el PNV y la parte política de ETA. Del mismo modo que el charnego Montilla era consciente de que terminaría dando paso a Artur Más, líder natural de Cataluña.


ABC - Opinión

ZP, al rescate del votante socialista con la ayuda del PP. Por Antonio Casado

La ceremonia de ayer en Zarzuela y el primer Consejo de Ministros del nuevo equipo en Moncloa cierran por ahora la operación rescate de los tres millones y medio de votantes socialistas perdidos desde las elecciones generales de 2008. Ya con la aritmética parlamentaria a su favor, gracias al pacto de supervivencia con el PNV y CC, Zapatero acorta distancias con sus electores y descoloca al adversario.

Son los primeros efectos de la formación de un Gobierno “mejor que el anterior”, según la propia secretaria general del PP, Dolores de Cospedal. Y “con mejor imagen pública”, según el vicesecretario general y líder del PP andaluz, Javier Arenas. Un diagnóstico que no comparten sus terminales mediáticas, visiblemente alteradas por la escasa inclinación de Zapatero al suicidio político, la irresistible ascensión de Rubalcaba y el miedo a que en la izquierda suene el despertador.


¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que Rubalcaba vuelva a ser el portavoz del Gal, el enredador del 11-M o el encubridor del Faisán?”, se preguntaba ayer un servidor de ustedes en este mismo rincón. Cuestión de horas. Ya le han nombrado “virtuoso del trabajo sucio” y “Maquiavelo del Gal y el Faisán”. Señales inequívocas de una excelente operación. Ese tipo de comentarios siempre funcionan como agitadores del votante socialista con tendencia al desistimiento. Favor que le hacen a Zapatero. Eso es justamente lo que pretende. Movilizar a su gente. Por ahí va su intento su intento de recuperar la iniciativa y romper el cerco que le ahogaba antes de fichar al PNV y CC como costaleros parlamentarios hasta el final de la Legislatura.

«Está por ver cuál será el peso real de sus ideas en una hoja de ruta escorada a la derecha ante la presión de los acreedores internacionales.»

Todo eso lo sabe Mariano Rajoy. Véase lo poco que ha tardado la dirección del PP en llamar al orden al alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, cuyo repugnante comentario sobre la ministra Leire Pajín ha debido sonrojar a su propia gente. El PSOE ha pedido su dimisión. Y él ha respondido que si quieren que se vaya “tendrán que ganarme en las urnas”. ¿Pensará este señor que también el jefe debería aplicarse el cuento cuando pide la dimisión de Zapatero?

Reforma laboral

El impagable apoyo de sus adversarios en la tarea de rescatar de la resignación al electorado socialista se complementa con gestos tan elocuentes como el nombramiento del sindicalista Valeriano Gómez en Trabajo y la ex diputada de IU, Rosa Aguilar, en Medio Ambiente. Aunque está por ver cuál será el peso real de sus ideas en una hoja de ruta escorada a la derecha ante la presión de los acreedores internacionales.

Lo de Aguilar no creo que desborde los límites de una pura cuestión de imagen. Otra cosa es lo de Gómez, cuyo punto de partida es una insondable contradicción. Cómo gestionar una reforma laboral que acaba de reprobar personalmente con su presencia en la manifestación masiva del 29-S. Ya ha empezado a dar marcha atrás: No estoy ni estuve nunca en contra de esa reforma. Sostiene ahora que sólo quiso solidarizarse con los sindicatos en plena ofensiva de la derecha contra ellos ¿Se solidarizarán los sindicatos con él cuando les pida que acepten unas reformas, laboral y de pensiones, contra las que no hace ni cinco minutos que convocaron una huelga general?


El Confidencial - Opinión