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lunes, 28 de junio de 2010

Del fracaso escolar al coche oficial. Por Ignacio Camacho

El procedimiento más eficaz para hacer carrera política en España consiste en no apartarse de la senda partidista.

GRAN parte de la nomenclatura dirigente de la nación carece de experiencia fuera de la política y no sabe lo que es cotizar por su cuenta a la Seguridad Social. El mismo presidente del Gobierno es un político profesional que apenas ha pasado un brevísimo tiempo como ayudante universitario. Más de la mitad de los miembros del Congreso son funcionarios en excedencia, y los que tienen un despacho, una consulta o una empresa están mal vistos bajo sospecha de conflicto de intereses. Cada vez hay más concejales, diputados provinciales o consejeros autonómicos que han transcurrido toda su vida laboral en un cargo público; en algún caso han pasado directamente del fracaso académico al coche oficial. No iba tan descaminado Boyer cuando apuntaba a la progresiva descapitalización intelectual de nuestra dirigencia; le sobró soberbia al hablar de «analfabetos» pero su diagnóstico es certero en lo que se refiere a la creciente mediocridad de una casta sumida en un preocupante proceso de endogamia.

La dictadura de los aparatos de partido ha propiciado un biotipo de político que empieza muy joven en la militancia orgánica y encuentra en ella un modo de subsistencia desclasada. La gente que gobierna y hace las leyes no sólo tiene pocos estudios, sino que ha vivido experiencias profesionales muy limitadas. No es tanto una cuestión de que se gane poco en los puestos de responsabilidad, como apuntaba el arrogante ex ministro gonzalista, sino de que la selección de cargos excluye méritos objetivos y se basa en el principio de obediencia. El procedimiento más eficaz para hacer carrera política en España consiste en no apartarse de la senda partidista; empiezas pegando carteles y si te muestras leal y disponible ante el «aparatchik» de turno pronto estarás en una lista municipal o te nombrarán asesor en nómina. Los candidatos no responden ante los electores sino ante el secretario general, y no necesitan más currículum que el de la disciplina interna. Así puede suceder que de los 350 parlamentarios que discuten la reforma laboral sólo haya ¡dos! trabajadores por cuenta ajena, a los que el escaño salva de la amenaza de un despido barato. Ese patente divorcio con la realidad explica la creciente desafección de los ciudadanos respecto a la función política, convertida en una vía para huir de los riesgos de la competitividad y el esfuerzo.

En los mejores tiempos de Roma, los senadores dejaban el arado para ponerse la toga y volvían a empuñarlo tras abandonar la magistratura; ese trayecto de ida y vuelta reforzaba los vínculos de servicio a la república. En la actualidad no hay modo de que encontrarle sentido a una representatividad ejercida por tipos incapaces de identificarse con un cuerpo social del que se han excluido para meterse en una burbuja.


ABC - Opinión

jueves, 5 de noviembre de 2009

Simpleza y enemigo. Por Alejandro Pérez

Jean-Marie Domenach resumió en su libro "La propagande politique" las reglas que Göebbels y el aparato de propaganda Nazi emplearon de forma sistemática para alcanzar y mantenerse en el poder. Basta con detenerse un poco a analizar los medios de comunicación tradicionales, para reconocerlas en el uso cotidiano.



La primera regla es la de simplificación y del enemigo único. Simplificación. Cualquiera que esté familiarizado con el mundo publicitario sabrá que este concepto es fundamental. Los mensajes deben de ser sencillos, breves. Se debe evitar por todos los medios transmitir una idea compleja, algo que invite a la reflexión, pues se podría arruinar el efecto que se pretende conseguir: si el receptor tiene tiempo y/o la necesidad de pensar sobre el mensaje, puede percibir las contradicciones, lo negativo, lo que le produzca rechazo. Un mantra se repite sin cesar, se transmite sin pensar, y se retiene fácilmente en la memoria. Es el slogan o, en último término, el símbolo, ya sea una cruz gamada, una rosa o una gaviota. El slogan apela directamente a las pasiones y a los sentimientos. Está cuidadosamente estudiado para conseguir unos fines estéticos, y que se quede grabado en nuestra cabeza como esas insidiosas y molestas melodías que a veces asaltan nuestro cerebro.

Y la máxima simplificación debe de darse en el enemigo a batir. Las ideas del partido o grupo contrario, sus propuestas, sus defectos, todo debe de concentrarse en algo concreto, preferiblemente un individuo. Se debe identificar el odio o las esperanzas, la doctrina adversaria, en una sola persona, para reducir así la lucha política a un enfrentamiento personal, a una rivalidad entre individuos. Es más fácil enfrentar personas visibles que ideas. Y es más fácil manipular a la masa si se le hace creer que su adversario es una minoría, un pequeño grupo de disidentes, no un sector amplio de la población. Después, basta con desacreditar al individuo y no hará falta rebatir sus ideas. Se elimina así la necesidad de razonar sobre las propuestas ajenas y argumentar a favor o en contra: la validez del individuo es lo que dará validez a sus planteamientos. El efecto final se consigue cuando se hace recaer sobre ese adversario la culpabilidad por los errores propios: es el triste espectáculo diario que nos ofrecen los líderes del Estado de partidos.


República Constitucional

domingo, 17 de agosto de 2008

Apliquemonos el cuento

Vargas Llosa: "Los pueblos tienen los gobiernos que merecen tener, aunque luego se arrepientan"

El peruano Mario Vargas Llosa ha reiterado sus críticas al Gobierno de Hugo Chávez, al que volvió a acusar de ser un autoritario, y de conducir una política económica "insensata". En sus duras declaraciones, se declara espantado por el "populismo y autoritarismo" en América Latina, una "ceguera" que revela que "a veces los pueblos se equivocan", y "lo pagan caro". "Los pueblos tienen los gobiernos que merecen tener, aunque luego se arrepientan", asegura.

Vargas Llosa alabó en Caracas el sistema democrático y alertó que "sólo se valora cuando se ha perdido", y reivindicó los gobiernos socialistas de Chile, Brasil e Uruguay frente a la política económica "insensata" de la "izquierda anacrónica" de Bolivia, Cuba y Venezuela.

El escritor peruano llegó este sábado a Venezuela con motivo de la presentación en Caracas de su reciente obra de teatro "Al pie del Tamésis", que se estrenó la semana pasada en el centro cultural Trasnocho de la capital venezolana y se exhibirá durante este mes.

"A mí me espanta que en América Latina, a pesar de los flagrantes ejemplos de populismo y autoritarismo, haya sectores que todavía piensan que ése (socialismo autoritario) puede ser el camino", señaló Vargas Llosa en rueda de prensa.

"Es una ceguera que hay que combatir de manera clara, recordando lo que significa para un pueblo equivocarse, en términos de corrupción, en violencia, en restricción de las libertades, en frustración", argumentó el autor de novelas como "Conversación en la Catedral" o "Pantaleón y las visitadoras".

Para el escritor peruano "los pueblos a veces se equivocan, y a menudo la pagan caro. Por regla general, los pueblos tienen los gobiernos que merecen tener, aunque luego se arrepientan". "Ya sabemos a dónde conducen los recortes de la libertad de expresión: a una dictadura", añadió en referencia al cese de trasmisiones de la cadena privada Radio Caracas Televisión (RCTV) el 28 de mayo de 2007, cuando venció su licencia, que el Gobierno no le renovó por el carácter "golpista" de la emisora.

El escritor peruano, de 72 años, también comentó las próximas elecciones en Estados Unidos, donde estuvo recientemente, y expresó su simpatía por el candidato del Partido Demócrata, Barack Obama. "Es un magnífico orador, un hombre de ideas, de argumentación razonada. Su victoria sería buena para Latinoamérica y para el mundo", agregó el escritor, que en 1990 perdió las elecciones presidenciales de Perú frente a Alberto Fujimori.

Vargas Llosa, residente desde hace años en España, se mostró "optimista" acerca del futuro de América Latina y afirmó que los "mitos de la izquierda de los años 60 y 70, afortunadamente, se han ido cayendo".

Preguntado acerca de sus próximos proyectos, el autor de "La fiesta del chivo" anunció que está embarcado en la escritura de una novela sobre el irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo del escritor Joseph Conrad.

Mario Vargas Llosa regresará Venezuela el próximo 8 de diciembre para ser investido doctor Honoris Causa por parte de la Universidad Simón Bolívar.

Libertad Digital

martes, 8 de enero de 2008

Las elecciones primarias de Iowa y la Alianza Atlántica . Por Stephen Holmes

¿Qué significan las victorias de dos marginales relativamente inexpertos Barak Obama y Mike Huckabee en las primarias de Iowa para la política exterior americana en general y la Alianza Atlántica en particular? Es demasiado pronto para predecir, a partir de una pluralidad de votos emitidos por una pequeña franja de votantes autorizados en un Estado pequeño, quién acabará prevaleciendo en el proceso de selección, pero no para preguntarse si la actitud inexplicablemente ligera y gratuitamente distante del gobierno de Bush para con los aliados europeos de los Estados Unidos cambiará en gran medida el 20 de enero de 2008.

Los comentaristas parecen convenir en que los votantes que eligieron a Obama y a Huckabee tenían la sensación de rechazar el status quo. Para dejar atrás los patinazos del pasado, votaron, al parecer, por los candidatos a los que menos conocían, pero, ¿qué status quo exactamente se imaginaban rechazar? Tras un examen detallado, la "política habitual" que aparentemente pretendían rechazar, resulta nebulosa. Obama ha vinculado repetidas veces a Hillary Clinton, cuyo equipo político está comprometido personal e ideológicamente con la disputa del poder a quienes actualmente lo ocupan, con el pensamiento dominante en Washington de 2001 a 2007. Más extraño aún resulta que el amable y desigual Huckabee diga que el ex gobernador mormón de Massachusetts, Mitt Romney, representa el poder establecido.

Para centrar el debate, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿incluía el status quo rechazado por Obama y Huckabee el deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos y Europa habidas durante la Presidencia de George W. Bush? Al fin y al cabo, la actual denigración por el gobierno actual de la "vieja Europa" no fue un simple aparte retórico, sino el núcleo de su temeraria actitud para con los asuntos exteriores. Ésa es la razón por la que una ruptura en serio con el desastroso legado de Bush debe comenzar con una nueva concepción y reconstrucción de la Alianza Atlántica. Sin embargo, resulta extraordinariamente dudoso que un nuevo atlantismo sea una prioridad para Obama ni ara Huckabee.

En las docenas de debates presidenciales celebrados en los seis últimos meses no ha habido apenas mención de las relaciones entre los Estados Unidos y Europa. No es extraño. Los candidatos no tienen un incentivo para centrar la atención en un asunto, como el de la tirante Alianza Atlántica, que raras veces, por no decir nunca, pasa por la conciencia del votante medio. Que Obama no haya convocado una sola reunión normativa de la subcomisión del Senado para Europa que preside (encargada de supervisar, entre otras cosas, las relaciones de los EE.UU, con la OTAN y la UE) no ha tenido la menor resonancia entre el electorado en general. Cuando sale a relucir ese asunto, los candidatos republicanos, por su parte, parecen menos tibiamente indiferentes que abiertamente hostiles a Europa. Su animosidad antieuropea, pese a su tosca carencia de información, refleja, entre otros factores, el desprecio del laicismo típico de los evangélicos blancos sureños y la perversa idea, propagada por algunos distinguidos intelectuales republicanos especializados en asuntos relativos a la defensa, de que en la actualidad poco o nada puede contribuir Europa a la seguridad americana.

¿Por qué importa Europa a los Estados Unidos? Destacan cinco razones.

En primer lugar, Europa es una región fronteriza en la guerra contra el terror en la misma medida en que lo fue durante la Guerra Fría. Como reveló el abortado ataque del año pasado a diez aviones de pasajeros con destino a los EE.UU. y procedentes de Londres, un ataque terrorista a ciudadanos americanos desde un país europeo sigue siendo muy probable. Los Estados Unidos pueden no necesitar al ejército francés, pero necesitan sin lugar a dudas a los servicios de inteligencia franceses.

En segundo lugar, las aptitudes lingüísticas y los conocimientos culturales de los europeos bastan para considerar que pueden hacer contribuciones indispensables a la seguridad de los EE.UU. La propagación del inglés como lengua del mundo ha tenido un efecto paradójico en la seguridad nacional americana, al volver a los Estados Unidos transparentes para las gentes de todo el mundo, al tiempo que volvía el resto del mundo cada vez más opaco para los americanos. Los europeos pueden suplir ese defecto.

En tercer lugar, dejando aparte el narcisismo de las pequeñas diferencias y la guerra de Bush, los americanos y los europeos comparten una forma de vida común y un compromiso cultural con el individualismo tolerante que no se encuentra con la misma intensidad, concentración y predominio indiscutido en la mayor parte del resto del mundo. Europeos y americanos afrontan también muchas de las mismas amenazas en materia de política exterior: no sólo el terrorismo, sino también presiones inmigratorias políticamente desestabilizadoras y causadas por la diferencia de riqueza entre el Norte y el Sur, el aumento de la mano de obra barata en China que destruye puestos de trabajo, la imprevisible petropolítica de Putin, la proliferación nuclear en la que participan países políticamente inestables, las enfermedades contagiosas, el calentamiento planetario, etcétera. Sería culturalmente suicida para "Occidente" no cooperar para idear formas de afrontar esos problemas inmensamente difíciles.

En cuarto lugar, la OTAN no sólo puede aportar importantes capacidades militares y, por tanto, reducir la merma de fuerzas americanas en un mundo turbulento, sino que, además, ofrece un cauce mucho más sólido que la UE o las Naciones Unidas para un multilateralismo serio en la política exterior.

En quinto lugar -y tal vez se trate del más importante-, la psicología humana elemental enseña que las personas que rehuyen el contacto con las demás tienen una percepción deficiente de la realidad. A las personas que nunca son criticadas por compañeros en los que confíen y con los que compartan una orientación en materia de valores básicos les resulta difícil permanecer mentalmente equilibradas. Lo mismo es aplicable a las naciones. Lo que hace a los aliados indispensables para una política de seguridad nacional eficaz es la capacidad de las naciones con una mentalidad semejante para brindar las comprobaciones de la realidad sin las cuales una superpotencia no puede, como, lamentablemente, hemos visto, mantener su equilibrio en un terreno internacional rápidamente cambiante y traicionero.

Como el 60 por ciento de los votos recibidos por Huckabee en Iowa procedían de evangélicos, sigue siendo probable que el candidato republicano acabe siendo Mitt Romney, John McCain o Rudi Giuliani. Todos ellos son firmes partidarios de la belicosa política exterior de Bush y todos ellos harán campaña basándose en la premisa de que el "miedo" tiene un mayor dominio emocional del electorado americano que la "esperanza". Muy bien pueden estar en lo cierto.

Obama es, evidentemente, un político muy dotado que, si resultara elegido Presidente, rompería o intentaría romper con algunas políticas americanas frustrantemente inflexibles, en particular en relación con Israel, pero otros candidatos -en particular, Hillary Clinton- se inclinarían más por una política exterior intensamente atlantista y harían hincapié en la reconstrucción de la alianza de los Estados Unidos con esos países extraordinariamente prósperos y que se encuentran en las mejores condiciones para ayudar a los EE.UU. a afrontar las ingentes amenazas a la estabilidad mundial que nos reserva el futuro.

El autor es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York y su libro más reciente es "The Matador"s Cape: America"s Reckless Response to Terror" ("La capa del matador. La imprudente reacción de los Estados Unidos ante el terror").

Los Tiempos.com

jueves, 6 de diciembre de 2007

Debates en Libertad: La Reforma Constitucional.


Un día antes de la conmemoración del Día de la Constitución, Debates en Libertad se ocupará de la oportunidad de reformar la Constitución de 1978.
Con este objetivo, Javier Somalo, conductor de este espacio y redactor jefe del periódico on line Libertad Digital analizará la propuesta de reforma de la Ley de Leyes elaborada por la plataforma por la Concordia Nacional y la Reforma Constitucional y contará para ello con los cuatro presidentes de los foros que han sacado adelante esta iniciativa: Alejo Vidal-Quadras, presidente Fundación Concordia y vicepresidente del Parlamento Europeo; Iñaki Ezquerra, presidente del Foro de Ermua y escritor; Francisco Caja, Presidente de Convivencia Cívica de Cataluña y profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona; y Santiago Abascal, presidente de DENAES y parlamentario vasco.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Jugar con fuego

Jugar con fuego no sería peligroso si no fuera porque, con frecuencia, el divertimento suele acabar mal. Ahora menudean los que piensan que los españoles estamos empezando a jugar con fuego. Tal vez se equivoquen, pero da que pensar que a estas alturas de la historia haya gente deseosa de rebobinar las guerras del abuelo, repitiendo sus frases, consignas y bravatas. Ahí hay un rescoldo de odio y de muerte que había dejado de ser una amenaza, pero que algunos parecen empeñados en avivar. Lo malo del fuego es que puede acabar extendiéndose, independientemente de la voluntad de quien quiere controlarlo, de manera que pueden bastar unos pocos dándole a la antorcha para que el panorama se torne incandescente.

La sombra de la discordia civil vuelve a hacerse presente cada vez que los políticos deciden no ahorrarnos un exabrupto, cada vez que renuncian a la contención, cada vez que consideran que su oficio es la persecución, el acoso y derribo del adversario sin importar medios ni principios. Si los ciudadanos respondiesen a esa machacona y torpe política con el desdén, no habría problema alguno, por más que la belicosidad de los líderes busque acentuar la agresividad de los hooligans con menos cerebro. Cuando la lucha sin cuartel se adueña del panorama, la democracia acaba pareciendo una cosa degenerada y estéril. Es paradójico que sigan alabando retóricamente a la democracia quienes pretenden, en el fondo, una lucha más integral y sin reglas, una vía para aniquilar al adversario.

Nuestras dos grandes fuerzas políticas deberían ser muy exigentes y alejarse de los esquemas maniqueos, pero, desgraciadamente, el sentido bélico con el que se afrontan las campañas ayudará poco en los próximos meses. Se impone Goebbels, la propaganda a todo trapo, la demonización del adversario, su sacrificio en el altar del triunfo de los ideales que le son ajenos. Goebbels decía que la propaganda era buena siempre que resultase efectiva, sin importar para nada que fuese inteligente o necia. La idea, muy coherente tratándose de un nazi, debería hacer saltar todas las alarmas cuando quien la sostiene supuestamente pertenece a un defensor de la democracia liberal.

Habría que preguntarse por las razones de este nuevo prestigio de la violencia y el radicalismo entre nosotros. Estamos, sin duda, ante un asunto complejo, pero me parece que hay una que tiene la importancia suficiente como para ser destacada. Frente a los conflictos, la joven democracia española ha tendido, en general, a apostar de una manera tan decidida como ingenua por el apaciguamiento, en lugar de centrarse, por encima de todo, en la defensa de nuestros intereses y principios. La enseñanza que de ello se puede extraer es bien simple: la violencia es rentable, el Estado no se atreve al empleo de la fuerza legítima, el Estado es débil y cobarde. Cualquiera que eche la vista atrás verá cómo, desde la vergonzosa salida del Sahara hasta nuestra marcial retirada de Irak, hemos cedido siempre (con una mínima excepción) ante la amenaza exterior.

La misma estrategia, en el fondo, se ha aplicado en el caso de terrorismo, de modo que serán pocos los que se atrevan a afirmar que el terrorismo no ha obtenido ya las rentabilidades políticas, indirectas, pero obvias, que buscaba. Con unos u otros motivos, hemos superado ampliamente los límites razonables de la rehabilitación personal de quienes han protagonizado crímenes en el pasado, convirtiéndoles en respetables pacifistas e incluso en héroes, cosa que ahora está empezando a suceder en Cataluña y en el País Vasco, donde a notorios criminales se les ha dedicado una calle.

Decía Maquiavelo que “un hombre que quiera en todo hacer profesión de bueno fracasará necesariamente entre tantos que no lo son”. La democracia española ha escogido con frecuencia el curioso sistema consistente en lanzar bravatas para proceder inmediatamente a entregar el botín al adversario, una lección que muchos se han aprendido de memoria. El viejo Theodore Roosevelt recomendaba, por el contrario, hablar con suavidad y empuñar un buen garrote, si de lo que se trata es de llegar lejos. Nosotros, sencillamente, hemos decretado que el garrote es antiestético y que los nuestros sirven para curar heridos y salvar focas (a pesar de lo cual seguimos comprando tanques, supongo que más que nada por tradición), cuando según nuestros más prestigiosos pensadores del momento deberíamos gastar ese dinero en ambulancias y otros gadgets para ayudar a ese tercer mundo que tanto nos ama y respeta. Dicho lo cual, sería realmente pintoresco que los enemigos de fuera (aunque gente hay empeñada en no verlos) no nos hubiesen perdido completamente el respeto.

De fronteras para adentro el panorama es idéntico. Los que gritan no tienen por qué tener razón, pero suelen acabar llevándose el gato al agua, de manera que no habría que extrañarse si apareciesen émulos de ETA y de sus fámulos (obviamente antifascistas) en más de una ciudad.

Algunos pueden pensar que es mejor exorcizar la violencia a base de lenguajes belicistas y maneras efectivamente conejiles, una receta sin duda excelente para pacifistas integrales, consecuentes y kantianos, pero escasamente práctica ante personas menos integras. El lenguaje maniqueo acaba pervirtiendo las maneras civiles y la carencia de cualquier forma de respeto por nuestra propia nación, por nuestras instituciones y derechos, nos convierten en terreno abonado para cualquier clase de gentes sin escrúpulos, dispuestos a proclamarse parte de la famélica legión. Estamos, efectivamente, jugando con fuego y habría que saber poner límites tanto a la belicosidad verbal como a la cobardía de hecho. De no rectificar pronto, lo lamentaremos.


>Jose Luis González Quirós
El Confidencial - Reggio

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Locos y malvados

Los Estados Unidos son el país del mundo con mayor cantidad de asesinos en serie, aun en proporción a su número de habitantes. Asesinos particulares. Tipos que un día descubren que han nacido para matar y, si no son lo bastante fuertes ni lo bastante coherentes como para soportar una instrucción en la infantería de marina, se lanzan por cuenta propia. Estoy convencido de que eso ocurre porque en esa nación no hay organizaciones revolucionarias.

Allí nadie puede ingresar en las FARC, ni en ETA, ni en ninguna banda por el estilo, porque o son insignificantes o los servicios de inteligencia las desmontan en un periquete. De ahí que las bandas armadas verdaderamente peligrosas de los Estados Unidos tengan base en el exterior: o el delirante nacido para matar se hace musulmán y se coopta a Al Qaeda (cosa harto difícil, vistos los criterios de selección del grupo de Ben Laden y la abundancia de mano de obra mártir con que cuenta en el mundo árabe), o ingresa en un grupo de matones de barrio o de skin heads, o va por libre.

Hace poco, en una comida, en Buenos Aires, con uno de los pocos amigos que me quedan vivos de mi época de trotskista armado, hablamos de los que habían sido nuestros compañeros hace cuarenta años, y de las razones por las cuales nosotros habíamos desertado a tiempo para recorrer el largo camino que nos había llevado de la izquierda al conservadurismo liberal. Hubo, claro está, razones de orden político racional, muchos años de análisis y de lecturas, de desprogramación, aunque no conociéramos entonces el término, para romper lazos con la secta. Llevó años, sí, comprender el carácter totalitario de nuestros mal llamados sueños de juventud. Pero ése, el propiamente ideológico, el estrictamente político, era sólo uno de los aspectos a tener en cuenta en ese proceso: otro, tal vez el más significativo, tenía que ver con la salud mental.

Aquellos compañeros de hace cuarenta años, en su mayor parte, están muertos. Los demás, con una sola excepción, han hecho una carrera al margen de la ley, convirtiendo en oficio el atraco, el secuestro o el asesinato que habían cometido por primera vez en nombre de la utopía. Psicópatas, sociópatas.

Los muertos fueron a la muerte por elección propia, buscando el fin por la vía del enfrentamiento con otros psicópatas o sociópatas, militares y civiles, reclutados por la dictadura para ese terrible acting out que se llevó a cabo en la Argentina de los 70.

Lo escribo aquí porque el presidente Zapatero acaba de acompañar a Kirchner en la inauguración de uno de los tantos espacios que el Gobierno argentino ha destinado a perpetuar la memoria guerrillera, de forma muy parecida a como pretende perpetuarla el Gobierno español: mal, a trozos, y subrayando el heroísmo de las víctimas. No es de extrañar: Kirchner, que no pasó de ser un colaborador de superficie de los montoneros, ha llenado su equipo de montoneros reales, con autoridad en el movimiento y pasado clandestino.

Psicópatas y sociópatas tienen para elegir entre las FARC y los paramilitares en Colombia, pueden incorporarse a los grupos de choque del chavismo en Venezuela, gozan de la vida en la Seguridad del Estado cubano, medran en el régimen argentino, se guevarizan en la Bolivia que devoró al Che, pueden sumarse a la causa de ETA en el País Vasco –aunque se llamen Troitiño o Fernández–. Siempre sin diagnóstico y bajo el amparo de la ideología, y un vago y reparador sentimiento de justicia, que siempre acompaña al resentimiento.

¿Hay locos oficiales, integrados en el Estado desde el principio? Claro que sí. Videla y Westmoreland deberían bastar como botones de muestra. A veces sucede que el sociópata/psicópata del que en origen es un movimiento marginal ocupa el Estado y convierte su enfermedad en régimen: ahí están Hitler y Stalin, en sus inicios colaboradores de la policía que, como el hombre que fue Jueves de Chesterton, se hallan de pronto en la punta de la ola y no bajan hasta dejar unos cuantos millones de muertos en el agua.

La locura se hace evidente de muchas maneras, aunque no siempre los demás lo noten. ¿Cuántos notaban la locura de Hitler cuando ladraba ante millones de alemanes prometiéndoles la conquista del mundo? Es fácil de ver en Iñaki Bilbao cuando le dice al juez que le va a meter siete tiros y arrancar la piel a tiras, no sé bien en qué orden. En ambos, ahora que vemos y oímos a Hitler como lo que era, un orate (Churchill lo sabía entonces), hay otro aspecto del alma que se revela: la maldad, ocasionalmente expuesta como resentimiento armado.

Es cuando menos curioso que a lo largo de los tiempos se haya pretendido conciliar la política con la moral, desconociendo que, de los que se dedican a la política, sólo unos pocos lo hacen con interés en el bien general. Incluso hay quien cree que determinados políticos, cuando hacen las cosas mal, las hacen así por error. Habrá casos, no lo niego, pero en general el mal es un proyecto. Que se realiza de forma activa y de forma pasiva.

Voy a poner un ejemplo. En el libro de diálogos entre César Alonso de los Ríos y Jaime Mayor Oreja Esta gran nación, cuya lectura recomiendo, se cuenta, nada más empezar, que, allá por el año 1996, Javier Arzalluz le dijo a Mayor Oreja: "Nunca será España una gran nación como Francia o como Alemania". Unas líneas más adelante, Alonso de los Ríos comenta que Arzalluz "quería recordar [a Mayor Oreja] que los nacionalistas vascos nunca dejarían de reclamar la soberanía de los territorios vascos, que nunca serían solidarios con la idea histórica de España".

Habrá quien crea que la declaración era ideológica. Y lo es, en los términos en que PNV y ETA y ERC y BNG y CiU entienden la ideología, como un asunto emocional. Pero hay más: lo emocional puede ser afín, aledaño a lo patológico, al proyecto sociófobo del "no te voy a dejar vivir tranquilo"; o, más aún: "No te voy a dejar crecer, impediré que te desarrolles, que el proyecto común de muchos millones de hombres y mujeres prospere". En esas afirmaciones está la enfermedad, que a veces atajan los psiquiatras, a veces acaba en carnicerías incontenibles y a veces en la cárcel. Pero también está el mal.

Cuando alguien me asegura que España nunca será una gran nación porque ya se está ocupando él de que no lo sea, se trate de Iñaki Bilbao o de Javier Arzalluz, me desea el mal, la muerte, la atrofia, el castigo de Sísifo de tener que luchar eternamente contra él, dilapidando en ello las fuerzas que necesito para construir. Son propuestas mutiladoras que, en el mejor de los casos, me dejan la posibilidad de construir, pero con un miembro menos, o dos, o tres. Cuatro, de ser por Blas Infante.

Es posible hacer política preservando la moral, pero la historia carece de moral. En ella dominan con demasiada frecuencia la locura y el mal. Ojalá la locura y el mal se limitaran a los asesinos en serie o a las bandas de barrio: lo cierto es que en muchos países, y España es uno de ellos, hay quien la organiza con fines políticos.

Horacio Vázquez-Rial
Libertad Digital (Suplementos), 14-11-2007

lunes, 22 de octubre de 2007

De ser republicano

De ser republicano, yo estaría hoy henchido de satisfacción. Ahí es nada, verse convertido en excusa, ya que no motivo, para el descrédito de la institución monárquica. Pero, como la mayoría de los españoles, no soy republicano incondicional, porque las dos repúblicas no han sido precisamente remansos de paz, prosperidad y libertad para la nación. Tampoco la Monarquía es garantía infalible, porque si a la dinastía reinante la han despojado de sus poderes o de su legitimidad hasta cinco veces, desde Cánovas a Franco pasando por Miguel Maura, Sanjurjo, Azaña, Prieto, Besteiro y Largo Caballero, accidentalistas todos hasta que dejaron de serlo, la Corona no es un seguro de casi nada.

Pero tan poco republicano soy que hace dos años largos, cuando se vio con absoluta claridad el proyecto de liquidar el régimen constitucional del 78 por parte de Zapatero y sus aliados separatistas, yo dije en una entrevista a EL MUNDO que si el Rey no se sentía con fuerzas para hacer frente a un reto tan grave, quizás lo más conveniente para la supervivencia de la institución es que dejara paso al Príncipe.

Reconozco que fue un error, pero por tener demasiado respeto a una Institución que no siempre sabe estar por encima de quienes la representan. Hace dos años, antes de la negociación con ETA y la aprobación del Estatuto de Cataluña, la abdicación podría haber tenido sentido. Hoy ya no lo tiene. Pero yo cumplí cuando debía hacerlo con mi responsabilidad cívica e intelectual.

Lo grotesco es que cuando la ETA se ha rearmado gracias a la negociación con Zapatero; cuando el Estatuto de Cataluña ha dinamitado la Constitución del 78; cuando Ibarretxe ha puesto fecha al referéndum para la secesión vasca; cuando libertades cívicas elementales como el derecho a recibir la enseñanza en lengua española y la utilización del idioma común en la vida pública es negado y perseguido en buena parte del territorio nacional; cuando el Tribunal Constitucional es abroncado en público y hecho rehén del Gobierno para proteger el Estatuto catalán; cuando el Gobierno perpetra una Ley de Memoria Histórica que reabre la Guerra Civil, desprecia a las víctimas de un bando, dice que el régimen debería entroncar con la II República y quiere declarar sin efecto todas las leyes de Franco, incluida, supongo, la que declaraba heredero al Rey, cuando todo esto y más está pasando ante nuestros ojos, cuando la nación y la libertad viven el peligro más grave de nuestra historia, me asombra que el Rey no tenga mejor cosa que decir ni el Gobierno que filtrar a la prensa que su pesar porque los obispos no echan a un periodista de la Cope.

De ser republicano, decía, me sentiría agraviado por quienes deben defender mi libertad y la atacan, pero muy honrado. Así, sólo asqueado.

Federico Jiménez Losantos
El Mundo, 22-10-2007

miércoles, 17 de octubre de 2007

Boadella: "Catalunya va camino de la secesión, pero no la liderará ERC"

Madrid. (EFE).- El dramaturgo Albert Boadella, director de la compañía "Els Joglars", cree que Cataluña "va camino de la secesión, como lo va también el País Vasco", aunque, en su opinión, "no será Esquerra Republicana quien liderará ese proceso" en la comunidad catalana. "Hay una secesión por delante, y yo la veo irreversible", ha asegurado hoy Boadella en una entrevista con Efe, en la que ha hablado de su nuevo libro, 'Adiós Cataluña. Crónica de amor y de guerra', una obra que mereció el Premio Espasa de Ensayo y en la que ataca con crudeza a los políticos catalanes, sean nacionalistas o no, y, en líneas generales, no deja títere con cabeza.

Sonriente y relajado, a pesar de que le esperan por delante días de entrevistas y presentaciones, Boadella afirma que en Catalunya "está muy instalada la idea del revanchismo frente a España" y hay "una paranoia importante" en ese sentido, que afecta a varias generaciones.

"Hay una juventud catalana que ya ha vivido bajo ese clima, y es muy difícil recomponer lo que sería el sentido familiar español", asevera Boadella, que utiliza el término "epidemia" para describir lo que sucede en Cataluña, porque "los pueblos enferman igual que las personas". "Lo que le pasa a un individuo le ocurre a un colectivo. Si no, no nos podríamos explicar el nacionalsocialismo alemán en un territorio tan culto y extraordinario como era Alemania", subraya este dramaturgo, quien, "con toda tranquilidad", asegura que "Catalunya está enferma", y por eso él entona su particular adiós a su tierra y no quiere tener "ningún contacto" con sus conciudadanos.

Boadella (Barcelona, 1943) mantiene un duro enfrentamiento con los nacionalistas desde hace años, y son bien conocidas sus críticas hacia Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat y "máximo responsable de todo lo que ha pasado en Catalunya". "En el fondo siempre ha sentido un enorme resentimiento hacia España", asegura el dramaturgo, que no soporta oír decir que "Pujol es un hombre de estado". Pero el escritor cree que, en "esa epidemia", "la ciudadanía tiene una enorme responsabilidad. Unos pocos por acción y los más por omisión, por silencio".

Cuando alguien no comparte "los principios fundamentales de la tribu, automáticamente está marginado", como le ha sucedido a él, que poco a poco ha visto cómo el pueblo catalán le ha ido dando "la espalda" a Els Joglars. Boadella había decidido que Cataluña fuera para él "como Birmania", pero su "espíritu guerrero" lo llevó a impulsar el partido Ciutadans de Catalunya, con la intención de "estimular" a esos ciudadanos catalanes" que no forman parte de la "tribu nacionalista y que están un poco al margen del sistema". Este partido "logró meter tres diputados en el Parlamento catalán", aunque Boadella se ha desvinculado de él y ya no se hace "responsable ni de los aciertos ni de los errores".

La "era Pujol" fue "muy negativa" para Catalunya, pero el dramaturgo tampoco está de acuerdo con lo que hicieron después los socialistas, ni bajo el mandato de Pasqual Maragall, "un hombre de mente poco precisa", ni bajo el del actual presidente, José Montilla, que, en su opinión, "ha actuado con la ferocidad del converso", porque ha nacido fuera de Cataluña y "debería tener un sentido de lo español mucho más arraigado".

Boadella cree que los incidentes protagonizados por grupos de jóvenes en Catalunya, que quemaron retratos del rey Juan Carlos, "son propios de la juventud, y cuando uno es joven puede quemar lo que sea, porque está dentro de la insensatez propia de la edad". Pero el dramaturgo catalán está en desacuerdo con que ese tipo de actuaciones se aproveche "para volver de nuevo a poner en tela de juicio al Estado", y recuerda que Catalunya, "en todo caso, no es especialmente monárquica. La República es como una especie de utopía para los catalanes.



La Vanguardia

lunes, 15 de octubre de 2007

NECROFILIA. Jon Juaristi

BUENO, sea: quitamos a Muñoz Seca del callejero. A cambio, también a García Lorca. No consta que fuera un agente de Stalin, pero tuvo la mala pata de que lo fusilaran los fachas, y como el demérito de Muñoz Seca se reduce a que lo pasaron por las armas los rojos, pues lo uno por lo otro. Sigamos. Pemán, claro que sí. Y un bolchevique del Puerto para compensar, Alberti. Lo de Dionisio Ridruejo es más peliagudo, porque tuvo tiempo de oscilar lo suyo. Yo diría que por la Pasionaria y Arias Navarro, a menos que sólo se pueda uno, en cuyo caso propongo a Tierno Galván. A ver, más madera.

¿Maeztu? Súper. Pon que por Zugazagoitia. Y el Valle de los Caídos, ese horror, por el Guernica, ese bodrio. Y la placa de la iglesia de los Teatinos por el manolito a los tres del FRAP en el parque del barrio, y el monumento a Carrero en Santoña por el Prieto de Pablo Serrano, y el arco de Moncloa por Largo Caballero. En menos de un año habremos dejado el espacio público libre de recuerdos desagradables, o sea, de memoria, porque la memoria es siempre puñetera, y lo que a ti te agrada a mí me enfada, y viceversa, y el bisabuelo tuyo que quieres desenterrar, asesinado por mi tío abuelo, asesinó, a su vez, a mi tía monja. Mejor que lo borremos todo de golpe.
Pregunta: ¿no lo habíamos hecho ya? ¿No habíamos sido capaces de asumir la Historia sin sustituirla, como hacía el franquismo, por una memoria rencorosa y cotidianamente activa? La memoria es imaginación incontrastable; la Historia se ciñe al documento. Y aunque el documento desencadena la imaginación, habíamos aprendido a que ésta no interfiriera con el conocimiento histórico.
Porque la memoria sólo se conoce a sí misma. No necesita, como la Historia, asideros objetivos, y por eso es ilusorio creer que la demolición de los pedruscos franquistas pondría fin a un revanchismo indecente que se agarraría, si hiciera falta, al color de tu corbata (o al hecho de que lleves corbata). No es cuestión de justicia, como se proclama. La justicia no tiene nada que ver en esta zarabanda de la memoria histérica. Aquí no hay más que resentimiento, oportunismo y cuquería. No me refiero a los ancianos que desean muy legítimamente rescatar de la cuneta los restos de sus ancestros y darles sepultura cristiana o civil. Pueden ser un pretexto marginal, pero no parte del problema. No: la clave del mismo está en una izquierda discontinua, nacida del desdoblamiento del régimen franquista, que pretende imponer a la Historia una interpretación sectaria. La clave está en la impaciencia castrista de quienes, sabiendo que la Historia no los absolverá, se despepitan por arrancarle al menos un veredicto inapelable que condene para siempre al ostracismo a la derecha democrática. O sea, la utopía del franquismo en versión invertida (o no tan invertida). Y, finalmente, la clave está, no faltaba más, en una legión de buscadores de renta disfrazados de buscadores de huesos, nueva modalidad de explotación económica de la necrofilia.
En realidad, ni en esto de la memoria son originales. Como de costumbre, se limitan a copiar las modas de la izquierda ultrapirenaica. Alain Finkielkraut, en Le Nouvel Observateur de la pasada semana, describe sin complejos el panorama francés: «Cuando una institución hace un penoso esfuerzo de memoria, como, por ejemplo, la Iglesia, me conmueve. Pero no siento la menor ternura por unas generaciones que lo tienen todo en blanco, en especial la revolución del 68, y que se constituyen en jueces del pasado y de su gran iniquidad. Los franceses de hoy que someten a proceso a Vichy, la esclavitud y la colonización, no se arrepienten: se relamen de gusto y se aplauden a sí mismos por su victoria imaginaria sobre la bestia inmunda». Como se puede comprobar, esto es lo mismo, con las inevitables deformaciones esperpénticas y las tintas carroñeras que aporta al caso la izquierda más zote y siniestra de Europa occidental (tampoco vamos a exagerar la nota).

ABC 14-10-2007

El RUFIANISMO EN EL PODER . Hermann Tertsch

Debo confesar cierta predisposición en el juicio. Por eso -y por los precedentes que conozco en el siglo pasado que tanto me ha ocupado- no estoy sorprendido ni por la miseria moral que se despliega desde el Gobierno de España, ni por el sistema multiplicador de la mentira que se ha organizado en torno al mismo, ni por la complacencia, la sumisión y la cobardía que revelan tantos silencio o comprensiones obsequiosas. Soy de los españoles que están más indignados por el insulto a la inteligencia y a la dignidad que supone la mera sugerencia de que acatemos los designios diseñados por los gobernantes que por algunos de los hechos que implican en sí. Sin alarma porque tengo esperanza. Mis nietos se reirán con Muñoz Seca y se emocionarán con García Lorca, sabrán que Goethe no era un facha ni Bulgakov un reaccionario. Entonces nazis y chequistas serán, espero, historia. Y Zapatero, De la Vega o Blanco anécdotas con el juicio que merecen.

Mi querido Jon Juaristi dibujaba ayer un manto de sarcasmo para protegerse de su indignación ante la vileza de las iniciativas sobre «memoria histórica» con que el sectarismo gobernante nos insulta. Sabe muy bien -nos debatimos entre la estupefacción y la náusea- que nada escrito o argumentado con buena fe y honestidad intelectual puede hacer mella en lo que Thomas Mann y Sebastián Haffner -y otros testigos de la generación de odio- calificaron como «la venganza del rufián».
Los errores y la ceguera, la ambición total, la debilidad culpable o la confusión moral son elementos que vuelven y volverán siempre a escena allá donde los humanos compitan entre sí por poder, razón, favor y supremacía. Pero igual que no existe antídoto contra la locura de poder «shakesperiana», ni contra la maldad ni el placer de la demencia, no existe vacuna contra quienes viven en la categoría política del rufianismo, basado en la mentira y la mala fe, porque sólo el resentimiento, la envidia y la venganza los hace ambiciosos e implacables. En su imprescindible «Jekyll y Hyde», Haffner hizo una magnifica disertación cuasi antropológica de motivaciones, ambiciones e instintos de los caracteres que engrosaban los «camisas pardas».
Dos décadas después, Milovan Djilas, en la «Nueva clase» y sus memorias, describe a subproducto de la «selección negativa» que usurpa los intereses del Estado mediante la mentira sobre los hechos presentes y pasados. Michael Voslenski en su «Nomenklatura» hablaba de los mismos elementos. Anna Ajmátova o Joseph Brodsky -y tantos más- son igual de explícitos. Con el «rufianismo» que utiliza la mentira contumaz servida a diario.
Confieso mi predisposición hostil a quienes en tres años y medio han dinamitado las instituciones con una efectividad destructiva jamás habida en una democracia europea en tiempos de paz. Responsables son el ahora autodenominado Gobierno de España y su equipo que secuestró la dignidad del PSOE y hoy busca el odio barato y antiguo como recurso para defender su impunidad, su ineptitud, su amoralidad, su temeridad y su ignorancia.
Siento esas náuseas de Marcel Reich-Ranicki ante los rufianes del nazismo y del comunismo. Y la de sus obsequiosos lacayos. Siento la náusea de Karl Krauss, cuando hablaba de la grosera mentira de la pieza mísera del poder, aterrado de perder su triste papel. Más allá del asco, lamento no ver la ira de Krauss convertirse en dignidad ciudadana. Porque si dicha selección negativa que lleva a la peor catadura a triunfar no tiene respuesta digna quizás estemos ante lo que ni los más miserables pretenden ni los demás merecemos.

ABC 15-10-2007

sábado, 15 de septiembre de 2007

Asturias. La gozosa decadencia (I)

Asturias está de moda y las sobredosis de autoestima se pueden medir, como suele ocurrir con estas cosas, por la manipulación y la ocultación de la verdad; eso que no es exactamente la mentira aunque sí la antesala de ella. Nos enteramos de que el Dr. Luis Andrenio, de Gijón, ha sido sancionado por obcecarse en tratar a sus enfermos más allá de los cinco minutos que marcan las normas de la medicina pública asturiana. Pero el pequeño detalle es que nos enteramos de eso porque el galeno, en un gesto tan caro -no de querido, sino de costoso- como inaudito, puso un anuncio de pago en un diario local.

(Sospecho que este pequeño detalle debe estar estudiándose en más de un departamento publicitario de los grandes periódicos, porque imagínense que fuente de ingresos monumental el que los ciudadanos agraviados o jodidos tras un suceso, pusieran su recuadrito de dos módulos, o mejor de tres, con un ligero descuento, y luego lanzáramos a los audaces reporteros a seguir el tema; una noticia, doble rentabilidad). Por supuesto que el asunto sigue su curso; es decir, un puñado de gente se solidarizó con el médico represaliado, pero ni autoridad alguna, ni político en ejercicio, ni asociación mafiosoprofesional de postín, ha exigido una rectificación. El poder en Asturias es impune e implacable con la disidencia.

Da lo mismo que sea presidente de la Comunidad que alcalde de pueblo; el poder en Asturias es inaccesible a los mortales de a pie. O para ser más exactos, la arbitrariedad del presidente de la Comunidad se traslada, como muestra de ejercicio del poder, a todo alcalde de pueblo que se precie. Por ejemplo, los nombramientos se hacen en función de asegurar que los amigos del presidente no se queden fuera de la pomada y así se acaba constituyendo una red clientelar, de fidelidad lacayuna; yo te aseguro el condumio -y como es sabido en Asturias el condumio es abundante- y tú me eres fiel. ¿Cómo se aplica esto a los alcaldes? Pues a su escala y nivel; la industria del ladrillo se ha convertido en fuente nutricia de muchos ayuntamientos asturianos, lo que consiente que se enriquezca el primer edil y reparta suertes entre los suyos y sus familias. Se podría hacer un listado de nombres y lugares, pero no tendría mucho sentido aquí. Lo que sí creo que lo tiene son las formas que adquiere la impunidad. Un médico sancionado por exceso de celo hacia sus pacientes debe poner un anuncio en los diarios, pero un as del volante como Fernando Alonso puede obtener de los diarios asturianos hasta ¡un editorial! El periódico más leído e influyente de Asturias dedicó un indignado editorial -"Alonso, víctima de una cacicada"- para denunciar no sé qué decisión de los organizadores internacionales de las carreras de coches que perjudicaba al piloto ovetense. ¡Un editorial para denunciar la conspiración del mundo mundial contra el joven corredor! No creo que haya otro precedente de este ejercicio de orgullo patriótico y de autoestima patética que aquel otro, atribuido a un diario extremeño hacia 1945, cuando el editorialista, indignado por la escasa atención que le prestaba el lejano Japón imperial en guerra con los Estados Unidos, empezó así su alegato. "Si el Almirante Tojo hubiera leído nuestro editorial de ayer...".

Tiene que haberse deteriorado mucho el ejercicio de la profesión periodística y el papel generador de opinión pública de la prensa para que un diario local, el más influyente con mucho de toda Asturias, incluya cinco fotos, cinco, y en cinco diferentes páginas, con obvia presencia en la primera y a varias columnas, del señor presidente de la Comunidad, Tini Areces, viejo conocido mío por lo demás, y que nunca me hizo mal ni bien (esto es obligado ponerlo en Catalunya, porque en cierta ocasión y en este mismo diario donde escribo, un tan conocido como mediocre político catalán, Felip Puig, llamó a un directivo para preguntarle qué me había hecho él a mí, como si lo de escribir de un zafio incompetente fuera tarea de amigos y enemigos, como en los juegos de niños). No estoy hablando de período electoral, ni de folleto publicitario a insertar, sino del diario La Nueva España del pasado miércoles, 12 de septiembre. Cinco fotos, cinco, portada incluida. ¡Así cualquiera!

Y si cito a un diario en concreto, donde por cierto tengo -o tenía hasta ahora- un buen puñado de amigos, es porque no hay otra forma donde pueda expresarse la opinión pública. ¿Dónde podrían hacerlo? En ninguna parte fuera de pagarse un anuncio publicitario. Lo primero que hace un presidente autonómico impune para garantizarse una cierta eternidad en el cargo es inventarse una televisión autonómica. Asturias acaba de inaugurarla, para vanidad de su presidente y despilfarro de la comunidad. ¿Y qué hace la oposición? Si hay algo ajeno a la opinión pública ciudadana son los partidos políticos asturianos, los que conozco, desde el PSOE, auténtica troupe siciliana encabezada por los Fernández Villa y familia, seguida de los Areces y familia, los Trevín y familia, y los Fernández a secas, formándose como familia... Pasando por Izquierda Unida, que es lo más parecido a la sección de Coros y Danzas locales, defensores de todos las tradiciones, desde el traje astur con montera picona a himnos y banderas, hasta el punto que cabría decir que los comunistas asturianos -los que no salieron corriendo hacia el PSOE, como hizo la mayoría- son la primera organización conservadora del Principado; parecen personajes salidos de una novela de Palacio Valdés.

Los conflictos de familia en el PSOE asturiano podrán llegar hasta el escándalo, pero pase lo que pase, jamás de los jamases cabe en cabeza de asturiano alguno que pueda ser vencido por el Partido Popular, a menos que traigan a alguien que supere el panfilismo de los populares locales. Es curioso cómo el Partido Popular en Asturias, desterrado Álvarez Cascos por exceso de celo y desinterés en la cosa, es lo más parecido a la página no escrita por Darwin a propósito de las especies torpes que ocupan huecos biológicos, donde se enquistan, como los pingüinos. Asturias está dominada por el clientelismo del PSOE, con una reserva para indios de lujo con pedigrí derechista, de toda la vida, Oviedo, donde confío detenerme con mayor hondura en el segundo capítulo de esta breve serie.

Asturias está abocada a convertirse en un gran parque temático, pero ocurre que la autoestima crea algunas asintonías de difícil solución. La primera y fundamental es la conversión del orgulloso espécimen astur -vacilante heredero, convicto y confeso, de Don Pelayo y sus bárbaras mesnadas; no olvidemos que a la sazón la cultura era musulmana, ¡una putada del maligno!-. Difícil tarea convertir ese tipo, al que alguien engañó hace ya muchos años -y él feliz de que le engañaran y que además le dieran tortos de maíz- diciéndole que debía medirse con el mundo. La verdad es que el mundo llegaba a Pimiango por Oriente y a Los Oscos por Occidente, pero resulta duro decirle que debe adaptarse a ser camarero. Camarero indolente, y hasta farruco, faltón si se quiere, pero camarero. Esta es la gran verdad que el mundo astur, sus líderes, sus padres putativos y patrióticos, su autoestima kilométrica, no pueden aceptar. ¿Nosotros, camareros? De eso nada, los traeremos de Latinoamérica o de Rumanía o de donde cojones sea, pero nosotros camareros nunca. Todo lo más, jefes de camareros, pero camarero de tropa, jamás. Y así estamos, adviniendo lentamente a la condición de camareros jefes. Liquidaron la extracción minera, la producción lechera, y están en trance de hacer lo mismo con el vacuno, la ganadería en general y por supuesto la agricultura. Cuando escucho la emoción de los catalanes y catalanas haciéndose mieles de la hermosura del paisaje astur me da un vahído. Los prados abandonados a la espera del constructor que los pague bien para construir adosados, los paisanos discutiendo sobre si el lobo hay que marginarlo, incorporarlo a la vida rural o ponerle heladerías por la montaña para que no se aburra. Aseguran que la cadena de supermercados "Alimerka" tiene más empleados que cualquier otra empresa. Un parque temático precioso, donde si al final se animan los de Izquierda Unida, los paisanos asumirán con orgullo y autoestima patriótica -¡puxa Asturies, borracha y dinamitera!- que deberían recibir a los turistas vestidos de porruanos o de vaqueiros de alzada, y las mujeres con los trajes de moza y la enagua bien planchada, que dice la tonada. ¡Qué bien se muere Asturias! La gente se va y vuelve en el verano, porque el gran publicitario de la España sin complejos, un leonés, Zapatero, ha afirmado este verano cuando llegó a Los Oscos, en helicóptero, porque de haberlo hecho por carretera aún estaría llegando, "a Asturias siempre se vuelve". Genial. Ser asturiano está de moda y sus políticos aseguran que son la sal de la tierra. Tienen una princesa, un piloto de excepción, un paisaje para gozar, una comida de primera calidad, unos premios tan cosmopolitas que incorpora a Bob Dylan -nadie ha osado recordar que el promotor fue el miembro del jurado don Rodrigo Uría, recientemente fallecido y con bufete en New York-, unos políticos que se desviven de asturianía y unos ciudadanos atigrados a los que alimentan con mentiras, como a los animales esclavos.

Lo primero que hay que hacer a una sociedad complicada y en pleno y absoluto proceso de decadencia es caparla. Cortarle todas las vías de solución broncas -reconstruir su fuerza de antaño, por ejemplo- y domesticarla asegurándole que son la sal de la tierra y que todos en España les tienen mucho miedo. ¡Uf, la Asturias del 34 y la del 36! Y no digamos la valiente del 62 y del 64, antes de que de aparecieran los Fernández Villa y los Alfonsos Guerras para crear la Sagrada Familia del Sindicalismo sin obreros. ¡Qué miedo nos tienen! La verdad es que ninguno, y eso ha permitido que Asturias pasara de ser un lugar histórico y hasta legendario de la izquierda transformadora a un parque temático donde te cobran la entrada por ver a los tigres de antaño convertidos en contadores de historias y aparcacoches en Covadonga. Nadie es dueño de sí mismo si le subvencionan.

Gregorio Moran
La Vanguardia 15-09-2007

domingo, 19 de agosto de 2007

Gustavo Bueno: el discurso progresista “es de los políticos que no saben lo que dicen”

El filósofo, Gustavo Bueno, ha asegurado que el discurso progresista en el marco de la política nacional “es de los políticos que no saben lo que dicen”. En su opinión, “ generalmente la izquierda” ha echado mano del término ‘progreso’ en su discurso político, “olvidando que el progreso real lo hizo la derecha, la burguesía capitalista”, que era quien disponía de los medios para construir, por ejemplo, “el ferrocarril”.

De este concepto de ‘progreso’, así como del de ‘evolución’, ha hablado Bueno en el curso ‘España como concepto progresista’, que esta semana se viene desarrollando en Laredo dentro de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC). Este filósofo -padre del materialismo filosófico y que desde 1998 desarrolla su labor desde la ‘Fundación Gustavo Bueno’, ubicada en Oviedo- ha recordado que el concepto de ‘progreso’ en España comenzó a desarrollarse en el siglo XVIII, con autores como Jovellanos, que en sus textos ya recurre a este término; un recurso que ha ido amoldándose a las diferentes etapas de la historia de España, y que –hasta estos momentos- no se ha visto resentido en lo que a su uso se refiere.

Sin embargo, según Gustavo Bueno, en la época actual o no se utiliza de forma correcta –“desde Felipe González, que tiene la ‘Fundación para el progreso global’, hasta el propio Fraga, que dice que es conservador progresista”- o se tiende a pensar en términos de regresión. “La gente empieza a no creerse el progreso”, ha subrayado Bueno, que ha señalado que “hoy día hay un estado minoritario, pero bastantes biólogos son degeneracionistas”, por lo que no consideran la evolución en términos de progreso, sino incluso de regreso.

Para el filósofo, “hay que aplicar a España como Nación la idea de ‘progreso’ de manera que no sea puramente teórica”, para lo que se hace necesario “distinguir cuál es el sujeto del progreso”, porque hay materias “en las que no tiene sentido el progreso”, como la pintura o la música. “¿Qué pasa, que Velázquez estaba menos progresado que Goya?”, se ha preguntado Bueno, para quien es imprescindible que “para que haya progreso hace falta una magnitud que se desarrolle en grados susceptibles de medir, que pueda ser positiva o negativa”.

Como ejemplos ha apuntado hacia “la demografía o la expansión territorial”, que son factores que pueden contabilizarse y de los que se puede obtener una curva evolutiva.

Tema Relacionado: España
España no es un mito, de Gustavo Bueno, por Agapito Mestre


Santanderciudadviva

jueves, 16 de agosto de 2007

Un soñador para el pueblo: José Luis Rodríguez Zapatero

Un viejo catedrático, ya muy de vuelta de casi todo lo que engatusa en la vida, solía hacer la siguiente recomendación a sus conocidos más jóvenes cuando se encontraban a las puertas del matrimonio: “Dinero y buenas maneras”. No se trata de un consejo demasiado romántico, cierto, pero son muchos los que podrían testimoniar que seguir la máxima proporciona buenos rendimientos.

No me consta que Rodríguez Zapatero haya recibido personalmente el consejo, pero su conducta política se atiene sabiamente a esa vieja y astuta sabiduría, y del mismo modo que el recién casado podía considerar que cumpliendo esos deberes primordiales estaba autorizado, eso sí, de vez en cuando, a echar alguna cana al aire, nuestro angelical presidente entiende que él está legitimado para deshacerse de cualquier aire austero y dejar que su imaginación se lance a la conquista del incierto horizonte de mañana con la alegría del soñador más desinhibido.

Nuestro Presidente se transforma cuando sale a la luz, cuando abandona la covachuela, seguro de que la intendencia no le va a fallar y convencido de su carisma. Cada vez que sale a escena se convierte en una especie de Quijote cuya soltura y valentía -eso sí, verbal- nunca cansa a los infinitos Sanchos de la anchurosa España.

Estando la economía en buena forma y siendo el líder de más suaves modales que ha conocido esta híspida España, casi nadie experimenta una sensación de vértigo cuando el Presidente anuncia alguna de sus grandes empresas: desde la Alianza de Civilizaciones hasta la conversión de ETA al republicanismo, pasando por los 2.500 euros para los recién nacidos, nuestro líder no ha dejado de sorprendernos con un inusitado retablo de las maravillas.

Probablemente, un marciano no sabría qué admirar más en la liviandad sonora de ZP: si su potente inventiva para enriquecer el calendario político con hallazgos inverosímiles hasta que cobran vida en su verbo o su habilidad para desdecirse, una especialidad que implicaría ciertos riesgos de no ser Sancho, como es, un acreditado especialista de la desmemoria.

Tenemos a un soñador al frente del negocio, y esto funciona bien en un país que, no hace tanto, acogió como líder moral de, al menos, la mitad de España a alguien capaz de pensar que a los pueblos los guían los poetas (aunque esos y otros españoles acabaron al mando de un general poco dado a los sonetos).

Quiero decir con ello que cualquiera que crea que enfrentándose a Zapatero está librando una batalla meramente argumental, está perdiendo el tiempo. No se puede luchar contra un fantasma del mismo modo que se lucha contra un litigante pejiguero. Mariano Rajoy debería saberse la lección a estas alturas: cuanto más contundente sea su argumentario, más sutiles y exquisitas serán las salidas del artista. Cinco neo-ministros, alguno enterado poco menos que por los periódicos, son el más reciente ejemplo de la creatividad de Zapatero. Si la oposición aprieta, el Presidente no tiene por qué sentirse aludido porque, de alguna manera, su reino no es de este mundo.

Y bien, ¿cómo se puede luchar contra tales encantos? Don Quijote, que sabía lo suyo de maleficios, ya dijo que no hay encantos que puedan con la verdadera valentía (“Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible”). Ánimo y esfuerzo más que buenas razones, porque éstas se dan por hechas.

El problema de Rajoy consiste en convencer a los Sanchos de que él es el verdadero Quijote, mientras que Zapatero no pasa de ser un malandrín con cierta labia. El remedio no figura entre los de la retórica ordinaria porque, para el común de los mortales, nada hay más fácil que confundir a un sandío con una eminencia.

El mercado de los votos debiera ser un mercado de razones, que es lo que, en último término, lo justifica desde un punto de vista moral, pero es también un mercado de ilusiones que, si bien no prestan a la democracia una justificación tan sólida como las razones, le dan en cambio un colorido y una fuerza sin las cuales la democracia tampoco sería lo que es.

Quien quiera triunfar en ese mercado tiene que preguntarse no lo que creen los electores que es verdad, sino lo que desean que sea verdad. Tiene que acertar a mover el corazón de los españoles, a ganar sus sentimientos, a vender ilusiones. Esto, que podría sonar inmoral, es parte esencial de la política, esa parte que suelen olvidar los doctrinarios y que casi nunca detectan los arúspices.

Rajoy tiene que saber qué están deseando oír unos españoles que tal vez se encuentran un poco hartos de que se les hable de ETA, y que ya saben que con el PP lo de ETA iría de otra manera, del mismo modo que saben que en El Corte Inglés les devuelven el dinero si no quedan satisfechos con la compra, pese a lo cual esos grandes almacenes se gastan un dinero en anunciar con la mejor imaginación que encuentran sus zapatillas, sus neveras o sus pulligans.

La derecha española tiene una acreditada y equívoca tradición de enfrentarse a las elecciones como si de ganar unas oposiciones al notariado se tratara. Y no es cuestión de que haya programa, sino de que el programa no sea un tocho indigerible en el que figuran los tipos de exención previstos para las viudas ciegas, junto a magníficas afirmaciones del siguiente tenor: “Se incrementarán las medidas destinadas a favorecer la x en la y con el fin de mejorar la z”, lo que indefectiblemente produce una especie de orgasmo intelectual en el encargado del departamento z, las políticas y, o los problemas x.

Rajoy está seguro de administrar una herencia electoral sólida y muy amplia, pero tiene el deber de intentar conquistar nuevos apoyos para batir a ese rival tan gaseoso que ya le ganó una vez, aunque un poco de carambola. De modo que tendrá que meditar sobre sus propuestas, pero mejor haría si hiciese algo de psicoanálisis respecto a la disonancia entre las verdades que proclama y el desdén con que las recibe cierto sector amplio del público.


José Luis González Quirós, filósofo y analista político

El Confidencial

miércoles, 13 de junio de 2007

"Ouverture"

"Aparte, el éxito de Sarkozy responde al convencimiento entre la gente alfabetizada de que la derecha no persigue el triunfo del mal, y a la percepción de que los problemas necesitan soluciones correctas más que soluciones genuinas. Lo que dicho en otras palabras supone el fin de la superioridad moral de la izquierda. En Francia, bien sûr."

Existe la posibilidad de que el acuerdo entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición sea sincero y tienda a durar. Incluso es posible que vaya más allá del miserable objeto que los reúne. No es que mi condición natural tienda al pacato entendimiento entre los hombres. Yo gozo fisiológicamente con la discusión; y donde haya una buena, larga e inteligente discusión que se quiten los torpes placeres medianos. Pero el ruido en España ha llegado a tal nivel que ya no es posible discutir o dedicarse a cualquier actividad que no sea la huida o la adhesión al beocio griterío.
Así pues, admito que sólo haya deseo en esta posibilidad. Sin embargo, también es probable que los ejemplos de Alemania, y sobre todo de Francia, acaben teniendo alguna influencia en España. A mi juicio la política de ouverture puesta en marcha por Sarkozy va a marcar profundamente el inmediato futuro político de Francia y de Europa. El desconcierto de todos aquéllos que hace semanas lo caracterizaban como un mero guardián de la porra es patente. Pero Sarkozy no tiene más importancia que la de haber interpretado con corrección tendencias ciudadanas evidentes.

La primera es que la homogeneización social en el primer mundo debe tener una correspondencia política. Y que los intentos de consolidar mercados ideológicos rígidos, poco porosos, ofrecen un punto de artificialidad sentimental o deportiva que casa mal con la resolución de los problemas importantes: las sociedades sometidas a la gerontofilia nacionalista, como Cataluña, lo aprecian muy bien cuando comparan el estado de su impune televisión con el de sus vías férreas.

Aparte, el éxito de Sarkozy responde al convencimiento entre la gente alfabetizada de que la derecha no persigue el triunfo del mal, y a la percepción de que los problemas necesitan soluciones correctas más que soluciones genuinas. Lo que dicho en otras palabras supone el fin de la superioridad moral de la izquierda. En Francia, bien sûr.

Las cosas son diferentes en España. En primer lugar, por la artificialidad nacionalista. Saltarán al cuello en cuanto vean consolidarse una aproximación entre los dos grandes partidos. Les va el negocio. Por otro lado está la industria cultural. La industria cultural (comprendida la mediática) está basada en la guerra civil, y entiéndase tanto en sentido recto como metafórico. La reconversión sólo podría ser lenta y difícil: más compleja que la siderúrgica. A pesar de todo, daría un mechón de mi cabello por comprobar el efecto que tendría en la sociedad española que cualquiera de los dos partidos mayoritarios tejiese un discurso electoral expresamente conciliador con su adversario y trufado incluso con hombres e ideas del otro lado. Porque no sería del todo inverosímil que la mayoría absoluta se alojara en este cauce relativo.

(Coda: «España es una gran nación». Mariano Rajoy Brey).

Arcadi Espada
El Mundo, 13-06-2007

martes, 22 de mayo de 2007

La Sombra de Dios es contrahecha

Revolviendo en los libreros de viejo encontré hace poco una pieza estimable: The God that failed, volumen editado por Richard Crossman en 1950 que contiene seis historias: las de seis conversos al comunismo que acabaron abominando del mismo. ¡Pero vaya conversos! Arthur Koestler, Stephen Spender, Louis Fischer, Richard Wright, André Gide e Ignazio Silone cuentan cómo entraron en el Partido y por qué lo abandonaron. El año de edición, en los comienzos de la guerra fría, lo determinó como "panfleto de la CIA" entre los progres, de modo que solo ahora he podido leerlo sin gafas negras. Es fascinante.

Puede parecer literatura arcaica y en cierto modo lo es, aunque en algunos países se mantenga vivo el comunismo más vetusto, como en Cuba o Corea del Norte. Sin embargo, es una lectura instructiva porque muestra la permanencia de un sistema manipulador y represivo, adaptado al medio actual en partidos como Batasuna y similares. Hay, ade- más, una herencia de totalitarismo inconsciente que permanece intacta en España y Latinoamérica.

LAS SEIShistorias son apasionantes. El húngaro apátrida, el señorito anglosajón, el periodista americano, el negro del Misisipí, la máxima celebridad literaria europea (entonces) y uno de los fundadores del Partido Comunista italiano no pueden ser más distintos y, sin embargo, la melodía de su canción es la misma. Aquello que les llevó al Partido fue un acto de generosidad y entrega, el dolor de una injusticia intolerable, el abuso depredador de los poderosos, la hipocresía y el egoísmo de los magnates, la inadmisible miseria de los desvalidos, el cinismo de los políticos, el ascenso del totalitarismo.

Asombrosamen- te, esos fueron también los motivos que les llevaron a abandonar el Partido y en algunos casos a luchar denodadamente contra su influencia: el cinismo de los estalinistas, la criminalidad del sistema, el totalitarismo soviético, la corrupción de los cuadros, la inmoralidad de los camaradas. Y otro elemento que a veces se olvida: la beocia absoluta del ideario y la ineficacia colosal de su aplicación.

De todos, el mejor armado para explicar la historia es Arthur Koestler, no solo por su calidad literaria (¡qué cursi queda el pobre Gide al lado del perfectamente actual Koestler!), sino sobre todo por la agudeza de su pensamiento. Koestler ha relatado luego sus años comunistas en los volúmenes autobiográficos, pero en este breve relato de apenas 50 páginas hay una frescura, una espontaneidad, admirables. Todavía estaba vivo el dolor de la ruptura, el abatimiento de la decepción. Aún vivían algunos amigos cuyo nombre no podía mencionarse porque seguían en la URSS. Todos ellos acabaron siendo asesinados.

AUNQUE ESimposible dar cuenta de toda la información que ofrece Koestler, hay puntos relevantes para la política actual. El principal es que, como intuyó Dostoievski, no hay fuerza que induzca mayor unidad gregaria que el crimen compartido. Era precisamente el conocimiento de las monstruosidades de Stalin lo que mantenía la cohesión del grupo de cómplices. De no haber habido millones de víctimas, quizá en algún momento se habría podido proceder a la sustitución del tirano, pero los cuadros del Partido sabían que la desaparición de Stalin arrojaba una montaña de cadáveres sobre sus cabezas.

El segundo punto es la fe como estupefaciente del alma atribulada. El sentimiento religioso de los comunistas es asunto conocido. Koestler cree que el comunismo hizo estragos mayores en los países de tradición católica, habituados a la sumisión, que en los de tradición protestante, donde hay más recursos contra la arbitrariedad. No estoy seguro. En la Alemania del norte cundió el comunismo prebélico, aunque es cierto que estaba potenciado por el ascenso de los nazis. El beneficio principal de la fe es que el atribulado puede dormir en paz: hay un Ser Supremo que sabe con toda exactitud lo que debe hacerse. Y solo hay un pensamiento posible: el nuestro.

Koestler habla con ironía de la distinción entre "pensamiento mecánico y pensamiento dialéctico" que usaban los jefes de célula para adormecer a los acólitos. Todo lo que proponía el Partido era dialéctico, y cualquier argumento que se apartara un milímetro era mecánico. Sobre todo cuando lo que planteaba el Partido era idéntico a lo que proponían los nazis. El pensamiento de un nazi era mecánico, pero el mismo pensamiento se convertía en dialéctico si lo decía un comunista. Lo único que aterra a quien vive sumido en una fe, dice Koestler, es perderla.

EL TERCERO es la convicción de haber sido iluminado por una verdad oculta que convierte a quienes la ignoran en socialfascistas, pequeño burgueses sin seso, lacayos del imperialismo o cualquier otro calificativo que se le dé al hereje. La bunkerización ideológica, tan feroz entre los etarras, expulsa del grupo a cuantos tengan la pretensión de pensar por sí mismos. Es el filtro que garantiza que todos los camaradas son almas muertas sin cerebro ni voluntad.

Justificar la mentira, la deshonestidad o el crimen, compartir una fe gregaria y estar en posesión de la única verdad me parecen elementos totalitarios que no han variado ni un milímetro desde 1950. Incluso entre tanta gente que se cree demócrata.


Félix de Azúa EL PERIODICO

C#: Efectivamente compañero, exactamente, CIUDADANO

jueves, 19 de abril de 2007

La rebelión de los ciudadanos frente a políticos y medios

Los ciudadanos se están transformando en resistentes y se rebelan. La antigua confianza en los políticos y en los medios de comunicación se hunde. Están votando lo contrario de lo que esperan los políticos y les recomiendan los expertos en los medios de prensa. Ocurrió de manera ostentosa en Europa cuando los orgullosos discípulos de José María Aznar fueron derrotados en España y cuando los votantes franceses y holandeses rechazaron la nueva Constitución Europea, pero más tarde volvió a ocurrir lo mismo en Ucrania, Italia, Alemania y Polonia

En América Latina se abre camino el populismo autoctono e indigenista, cuyas raices crecen en la rebeldía frente al viejo poder dominante. Pronto ocurrirá en todos los continentes, en múltiples comicios, en los que se incrementarán la abstención, el voto en blanco y los resultados más inesperados. Es la rebelión (por ahora pacífica) de unos ciudadanos que se sienten traicionados por los políticos y por los medios de comunicación, en los que ya no confian y a los que aprenden a despreciar.

Detras de esa rebeldía ciudadana late un mensaje claro: el rechazo a una política actual ineficiente y corrupta, que ha sido transformada en un monopolio de los políticos profesionales, aliados con los grandes poderes mediáticos.

Los ciudadanos creen que "otra política es posible" y empiezan a exigirla. La gente está cansada de que los grandes problemas del mundo nunca sean resueltos por la política, ven que la democracia necesita regenerarse y exigen cambios drásticos en el liderazgo, por ahora de manera pacífica y civilizada.

Lo grave de la situación es que los políticos, alienados por el poder y ajenos a la realidad, no perciben el peligro. Lo mismo ocurre con los intelectuales y periodistas, en su mayoría "comprados" por el poder y adscritos al pensamiento dominante, lo que les impide analizar correctamente la realidad y percibir los signos de la rebeldía.

Está ocurriendo lo mismo que cuando cayó el muro de Berlín: el comunismo se hundió por sorpresa, sin que ningún político, intelectual o periodista, occidental u oriental, hubiera sabido anticipar la debacle, a pesar de que, desde años atrás, había miles de signos que anunicaban la ruína del sistema creado por Lenin.

Ahora, la democracia está en ruínas, dervirtuada por unos políticos que la han acaparado como si fuera un patrimonio propio, pero nadie se da cuenta de que el sistema está en profunda crisis, desacreditado ante los ciudadanos, que han sido expulsados del sistema a pesar de que son los protagonistas auténticos de la democracia, los únicos que pueden otorgar o quitar legitimidad a los gobiernos.

Cualquier día, esta democracia, tan admirada y querida hace apenas una década, entrará en abierta crisis y se volatilizará. Entonces habrá llantos y manifestaciones de sorpresa, a pesar de que existieron signos y avisos que nadie supo interpretar a tiempo: desprestigio de la política, desconfianza ante el liderazgo, descrédito de los políticos, divorcio entre ciudadanos y gobierno, insaciable voracidad de poder por parte de los partidos políticos, crecimiento constante de la abstención electoral, añoranza del antiguo comunismo en amplios sectores de la Europa del Este, surgmiento de partidos políticos nuevos y aparentemente inexplicables, como el de los neocomunistas, en Alemania, o "Ciudadanos", en España, la derrota de la Constitución Europea en Francia y Holanda, el auge del terrorismo desesperado, la inexplicable transformación de ciudadanos pacíficos en radicales, la transformación de los líderes políticos en los "nuevos amos" del mundo, el hundimiento de la participación ciudadana en la política, el deleznable espectáculo de la ostentación del poder político, la acumulación de privilegios por parte del liderazgo político, la persistente fetidez de la corrupción política, la esperanza que nace y se quema velozmente por culpa de la corrupción, como ha ocurrido en Brasil y en Ucrania, etc., etc.

Voto en Blanco (19/04/07)

sábado, 3 de febrero de 2007

Nosotros los ciudadanos

El resultado de las últimas elecciones celebradas en la Comunidad Autónoma de Cataluña ha supuesto la irrupción con letras mayúsculas de los ciudadanos, pues, una candidatura electoral (Ciudadanos por Cataluña), que se autodefine por partido de la ciudadanía, surgida al margen de los partidos políticos tradicionales de dicha región, ha conseguido entrar en el Parlamento de Cataluña, además de la importante abstención y del voto en blanco. Tan sorpresiva ha sido dicha novedad parlamentaria que en las encuestas previas ni siquiera se preguntaba sobre esta opción electoral.

De hecho, en las próximas elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo se están montando plataformas electorales ciudadanas en diferentes puntos de la geografía nacional, con una creciente desconfianza ciudadana respecto a los partidos políticos tradicionales y sus endémicos problemas de democracia interna y culto irracional a lo/as dirigentes de los mismos, y aceptación de la realidad existente justificándolo como "lo políticamente posible o correcto". Los ciudadanos necesitamos nuevas y más profundas estructuras de representación y acción política.

Sobre el perfil político y jurídico de la ciudadanía, el profesor Peces-Barba ha publicado que “el ciudadano es la persona que vive en una sociedad abierta y democrática, pues, en las sociedades cerradas y autoritarias viven súbditos”. Proseguía el insigne maestro de juristas manteniendo que “la condición de ciudadano se fortalece con la educación, siendo ésta una responsabilidad central de Estado y de la sociedad”. Desde mi punto de vista, este objetivo y la propia dimensión de concepto de ciudadanía está en evolución y adaptación a los cambios económicos, sociales, medioambientales y culturales de las últimas décadas en el mundo occidental.

En los Estados democráticos actuales la configuración jurídica de los derechos y deberes de los ciudadanos se consagran y definen en las propias Constituciones. En nuestro texto constitucional actual, es en el artículo 9 en el que aparece la primera referencia al concepto que estamos analizando al expresar que “los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”, definiendo entre el artículo 14 y el 38 tanto los derechos y libertades, como los deberes de los ciudadanos españoles. La norma constitucional supone la superación del concepto de súbdito existente en el régimen autoritario anterior. Los ciudadanos son, pues, sujetos de obligaciones y por tanto, responsables, para lo que es imprescindible la educación y la formación.

En el ámbito de la Unión Europea, organización internacional de integración a la que los españoles hemos vinculado nuestro futuro, el inicial derecho de libre circulación de las personas no aparecía ligada a ningún concepto de ciudadanía sino que estaba estrechamente vinculada al desempeño de una actividad económica. La noción de una Ciudadanía Europea, como un elemento esencial de la construcción europea, se introdujo en el derecho comunitario por el Tratado de Maastricht y se ratifica con el Tratado de Ámsterdam. El Proyecto de Constitución para Europa (2004), ahora en crisis institucional y jurídica, en su artículo I-10 establece que “toda persona que tenga nacionalidad de un Estado miembro posee la ciudadanía de la Unión, que se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla”, desglosándose en la segunda parte del precepto el contenido en derechos de esa ciudadanía europea.

En octubre de 2006, la Unión Europea ha aprobado el nuevo programa comunitario “Ciudadano”, que tiene por objeto mejorar la comprensión mutua entre ciudadanos europeos y reforzar el sentimiento de pertenencia a Europa, así como forjar una identidad europea, fomentando la participación y la cooperación ciudadana. Entre las acciones que se llevarán a cabo figura el acercamiento entre los ciudadanos de la UE y la cohesión entre los europeos. También figura entre los objetivos de este nuevo programa fomentar la tolerancia mediante una mejora del conocimiento y la comprensión mutua entre los ciudadanos europeos contribuyendo al diálogo intercultural, en especial mediante la lucha contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia.

Desde mi punto de vista, todas estas iniciativas deben potenciar el papel y el poder de la ciudadanía europea, para construir unas democracias más avanzadas, más tolerantes interna y externamente, con más calidad en el ejercicio de derechos y en el cumplimiento de las obligaciones colectivas.

En definitiva, para que surjan ciudadano/as más activos y comprometidos con la democracia, con las nuevas obligaciones colectivas como sin duda es la defensa del medio ambiente global y con la lucha contra los desequilibrios sociales, económicos y culturales que socavan directamente al sistema democrático. Ahora más que nunca los ciudadanos tenemos la palabra, la responsabilidad y el poder democrático. Ejerzámoslo.
(*) Ángel B. Gómez Puerto es Doctorado en Derecho Público por la Universidad de Córdoba.

Ángel B. Gómez Puerto (
LaRepública.es) (02/02/07)

lunes, 29 de enero de 2007

Brutal ataque del PSOE contra Gustavo Bueno


España y Libertad se solidarizó con el filósofo y en un comunicado afirmó que "España y Libertad entiende que los únicos “insultos” que aquí existen son los que unos políticos ávidos de poder realizan contra la verdadera historia de Andalucía y a la unidad de España".

El secretario de Organización del PSOE-A, Luis Pizarro, urgió ayer al filósofo y profesor emérito de la Universidad de Oviedo, Gustavo Bueno, a "rectificar los insultos a Andalucía, a sus instituciones, a los ciudadanos andaluces y a la democracia" que, en su opinión, ha realizado durante la presentación en Oviedo de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes) al referirse a la reforma del Estatuto que se somete a referéndum el próximo 18 de febrero.

Bueno valoró el Estatuto andaluz como un "episodio más" del "ataque existente" hacia la unidad de España y afirmarse que "si Andalucía ha sido algo a nivel nacional lo ha sido a través de España",

"NO SOPORTA QUE ANDALUCÍA HAYA SALIDO DEL SUBDESARROLLO"

"Se nota que no soporta que Andalucía haya salido del subdesarrollo al que nos sometió la derecha centralista", señaló Luis Pizarro, que puso de manifiesto que "cuando a Andalucía le ha ido bien ha sido con la España de las Autonomías, y no con la España rancia, centralista y sectaria".

"El discurso de Gustavo Bueno nos reafirma que vamos por el buen camino", subrayó Luis Pizarro, que exigió al filósofo y profesor una "rectificación urgente de sus insultos a Andalucía, a sus instituciones, a los ciudadanos andaluces y a la democracia".

SOLIDARIDAD

La Plataforma España y Libertad ha hecho público un escrito de solidaridad con el prestigioso filósofo español que por su interés reproducimos a continuación:

Ante los ataques que esta sufriendo Gustavo Bueno por parte del PSOE, tras sus críticas a la reforma del estatuto andaluz durante la presentación en Oviedo de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), España y Libertad quiere mostrar su solidaridad con el ilustre filósofo español.

España y Libertad entiende que las declaraciones del secretario de Organización del PSOE-A, Luis Pizarro, acusando a Gustavo Bueno de “insultar a Andalucía, a sus instituciones, a los ciudadanos andaluces y a la democracia" y descalificando al filósofo, tildándolo de “rancio” y “patético”, constituyen un ataque contra la libertad de expresión, un desprecio al mundo de la cultura y una muestra más de la intolerancia contra el que piensa diferente de un PSOE, que no rechista ante las manifestaciones antiespañolas de los partidos nacionalistas - como ERC – pero no duda en reprender a quienes defienden la unidad de España.

España y Libertad entiende que los únicos “insultos” que aquí existen son los que unos políticos ávidos de poder realizan contra la verdadera historia de Andalucía y a la unidad de España. Los únicos que insultan a la democracia son aquellos que pretenden hacer callar a quienes denuncian la sinrazón de unas reformas estatutarias que la ciudadanía no ha pedido, ni necesita. Los únicos que insultan al pueblo español son quienes se inventan abracadabrantes “naciones” que atentan contra la unidad y convivencia nacional.


Ciudadanos en la Red se solidariza con el Profesor Gustavo Bueno, y condena los actos de quienes, como el señor Luis Pizarro del PSOE de Andalucía, tratan de impedir en este país la Libertad de Expresión, faltaría más.

Minuto Digital (26/01/07)

domingo, 28 de enero de 2007

"Paz" y "Pero"

Correspondencia de Ana Nuño, publicada por Arcadi Espada en su blog:

Querido:

Tremendo asunto el que hemos presenciado esta semana. Me refiero a De Juana Chaos y el programado y calculado caos orquestado por unos y otros a su propósito (que, en este caso, no es lo mismo que decir a propósito suyo).

Por cierto: he recorrido toda la prensa, digital y otherwise, y perdido mucho tiempo escrutando tertulias televisivas y radiofónicas, y resulta que nadie ha comentado algo que a cualquier quiddam le parecerá obvio. En el llamado proceso de paz, desde que lo lanzó públicamente el ejecutivo español obteniendo carta blanca en las Cortes para oficializarlo (es decir, desde marzo del año pasado), el episodio De Juana es el primero –repito: el primero– que intencionadamente ha buscado construirse una escenografía, que ha querido dejar rastro bajo la luz y en presencia de taquígrafos. Hasta antes del atentado en Barajas, todo eran innuendos y sobreentendidos. No había negociación, sino (re)petición a ETA de que con violencia no habría “paz”; esto, ad nauseam, es lo que nos han servido de entrante, plato principal, postres, coñac y puros desde La Moncloa, y desde Rubalcaba hasta López Garrido, pasando por Mª Teresa y Pepiño.

De repente, 15 días después del bombazo y los dos muertos “accidentales” (doblemente accidentales. por ecuatorianos y porque sólo a los pobres –Diccionario de Autoridades actualizado: emigrantes recién llegados y con poco dinero– se les ocurre “echar una cabezadita” en el coche), el Fiscal general (es decir, el Presidente del Gobierno) y los opinadores duchos en irse por las ramas y ramonedas nos invitan a una cena desde un palco escénico. A un espectáculo del viejo Folies Bergère o el Lido de París.

Qué raro, ¿no? ¿Acaso no será que “la izquierda abertzale” le ha dicho a Zapatero, oye, que te toca retratarte? Como los buenos jugadores de póker: ya nos hemos divertido un rato bluffeando, ahora quiero verte el juego que tienes.

El caso es que no caeré en lo fácil con lo de esta semana: la metáfora. Por ejemplo, en evocar a Prometeo encadenado, pendiente del destino de su hígado expuesto a fecha prefijada a dolorosa hecatombe y penosa reconstitución. Para aplicársela, por ejemplo, al Estado de Derecho (así, con las mayúsculas mayestáticas a las que tan afecta es la Derecha). No me pagan por soltar tropos en las tertulias radiofónicas, y aunque me pagaran. Un tropo es un tropo es un tropo. Y el Estado de Derecho es la madre de los tropos, al menos en este país.

Voy a permitirme, eso sí, una breve reflexión sobre la condena a perder la libertad (la Condena, pues). Y sus corolarios retórico-poéticos: la muerte-en-vida, la vida-en-la-muerte, sobre los que ya narrativizó todo lo que pudo el opiómano genial que fue Coleridge (vid., The Ballad of the Ancient Mariner). Vaya por delante que no pretendo compadecerme de De Juana. Que aquí hay que decir siempre lo obvio: un dedito, dos deditos… así, hasta diez. Eso, con suerte, en caso de que te dejen llegar hasta el final del conteo.

Brevemente, pues, el caso de Robert Redeker. Un profesor de filosofía de instituto en Francia, redactor a sus horas en Les Temps Modernes, a cuya cabecita los guardianes de la “alianza de las civilizaciones” le han puesto precio. ¿El “atentado terrorista” cometido por este sujeto?: haber publicado el 19 de septiembre pasado, en Le Figaro, un comentario crítico sobre el Corán con el título: “Face aux intimidations islamistes, que doit faire le monde libre?”. Bastó con eso. La vida de este profesor de instituto se convirtió de repente en una pesadilla. Una fatua condenándolo a morir comenzó a circular no sólo en los sitios web de la galaxia islamista, sino que fue transmitida en las más importantes e influyentes mezquitas de Francia (en Lyon y en Estrasburgo): Robert Redeker ha infamado la palabra del Profeta y ha de ser ajusticiado.

Desde ese momento, Redeker se ha convertido en una sombra. Los servicios secretos del Estado francés (la DST, Direction de Surveillance du Territoire, el FBI francés) han decidido que conviene protegerlo (Salman Rushdie vivió algo parecido en su día). Ha tenido que cambiar de residencia, inscribir a sus hijos en otro colegio, y ahora dicta sus clases en otro instituto. Uno de sus hijos fue objeto de una agresión y también ha recibido amenazas de muerte. Así que no sólo Redeker ha pasado de ser profe en un instituto de provincias y colaborador en Les Temps Modernes a esconderse donde pueda, sino que su familia también está amenazada de violencias y muerte.

Lo que me interesa señalar ahora –y con esto concluyo este ya prolijo comentario– es que Redeker se ha atrevido a reincidir: acaba de publicar en Editions du Seuil un libro, Il faut tenter de vivre. Como todo lo que ha escrito Redeker, vale la pena leerlo. Sobre todo, porque en este libro detalla y comenta la “recepción” que su condena a muerte y la de su familia ha suscitado en Francia. Sí, cuenta Redeker, toda la intelectualidad está escandalizada; pero, al mismo tiempo, la intelectualidad agrega siempre, en sus comentarios, un “pero”. Ciertamente es inaceptable que se amenace a nadie (intelectual o no, ecuatoriano o no) por lo que piense, o sencillamente por encontrarse en el lugar inadecuado a la hora inadecuada. “Pero”… hay que comprender las razones del “otro”. Del asesino, del que amenaza con matarte porque pienses de una determinada manera (caso, diría yo, civilizado; caso francés) o sencillamente porque sea posible identificarte con el ADN proscrito (caso pre-civilizado, caso español –si estamos de acuerdo en que no hay nada más “España Negra” que las diversas supervivencias del matonismo español que hoy representan, ya en exclusiva, los diversos nacionalismos locales en este país–).

Aquí, mientras, degustamos el azucarillo del C(h)aos. A ver si nos vamos enterando: lo único que está vivo y da muestras de gran vitalidad es el viejo, sempiterno, muy europeo (es decir, altamente civilizado) espíritu de Munich. El que es capaz de rellenar folio tras folio y regalarnos con horas de digresiones, basándose sólo en dos palabras: “paz” y “pero”.

Ay, si Prometeo lo hubiera sabido, cuanta crisis hepática se habría ahorrado.

Un abrazo.

Ana Nuño , 28-01-2007