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domingo, 9 de octubre de 2011

EEUU. Candidato ABO. Por Alberto Acereda

La útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama.

Aunque lo de ABO responde por sus siglas a varias organizaciones en EEUU, desde oftalmólogos a centros de estudio de biomasa de algas, o desde otorrinos a asociaciones de constructores y propietarios neoyorquinos, pasando también por determinados grupos sanguíneos, la útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama. Tan mal anda el presidente que de su "Sí se puede" y "Cambio y esperanza" del 2008 ha pasado en apenas tres años al clamor general de "ABO".

Una de las voces más importantes del pensamiento conservador norteamericano, William F. Buckley, Jr., confesaba hace algunos años con su habitual ironía que preferiría vivir en una sociedad gobernada por los primeros dos mil nombres de una lista telefónica de Boston, que en una sociedad dirigida por los dos mil profesores y catedráticos de Harvard University. Aparte de la astuta y reveladora broma de Buckley apaleando al pseudo-progresismo de los intelectuales, y más allá de la anécdota puntual de que Obama fuera por un tiempo asistente del profesorado de Harvard, la realidad es que ABO es a día de hoy el candidato con más posibilidades de ganar.


EEUU ha vivido presidencias con siglas familiares y referidas a sus líderes en la Casa Blanca, desde Lincoln (ABE), Roosevelt (TR), el otro Roosevelt (FDR), Eisenhower (IKE), Kennedy (JFK), Johnson (LBJ) a W (Bush hijo). Cerca ya del inicio de las primarias republicanas, los votantes andan intentando dilucidar quién será ese nuevo nombre y apellido que encarne al candidato ABO y que se enfrente al manchuriano de Illinois dentro de poco más de un año.

La campaña republicana está más abierta que nunca y pocos analistas predecían esta actual situación. Chris Christie y Sarah Palin han confirmado ya que no se presentarán, por lo que no debería haber más entradas de aspirantes sino más bien bajas de quienes se vayan retirando, como ya hizo Tim Pawlenty. A la espera del nuevo debate este próximo martes, Mitt Romney sigue liderando las encuestas pero cada vez con menos diferencias respecto a los seguidores. Rick Perry tuvo un último debate desastroso y ha bajado muchos puntos, además de la mala publicidad que los medios le están dando al hilo de un infundado cuento de tintes racistas. Michelle Bachmann está en caída libre y sus votos parecen haberse ido para Herman Cain, aunque falta ver por cuánto tiempo mantendrá Cain ese apoyo.

Newt Gingrich, a quien algunos dieron por acabado a inicios de verano, acaba de lanzar su nuevo "Contrato con América para el siglo XXI" y ha recibido muchos apoyos en estos últimos días, al haber preparado un documento orgánico que muestra una visión para todos los norteamericanos. Ron Paul no acaba de despegar porque, pese a sus grandes ideas en materia de libre mercado, está lejos del pulso de los votantes en cuanto a política exterior y seguridad interior. Jon Huntsman y Rick Santorum es posible que duren poco tiempo más en campaña, lo que deja, a mi juicio, un horizonte real con tres o cuatro candidatos que se disputarán el triunfo final: Romney, Cain, Gingrich... y acaso todavía Perry.

Quienquiera que sea el candidato que se enfrente a Obama tendrá que medir bien su estrategia porque ahora mismo se presenta un calendario de primarias bastante volátil donde algunos estados como Florida quieren adelantar sus elecciones, moviendo calendarios y usos de elecciones anteriores que pueden alterar la percepción de los votantes. Está claro que esa búsqueda del candidato ABO tomará fuerza durante las vacaciones navideñas en un calendario demasiado condensado que ayuda poco a esas campañas más cortas de dinero. Es ahí donde Romney juega con ventaja, pero todo está aún por decidir.


Alberto Acereda es catedrático universitario en Estados Unidos y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española.

Libertad Digital – Opinión

domingo, 18 de septiembre de 2011

EEUU. Candidatos republicanos. Por Alberto Acereda

Hay varios casos en la historia electoral norteamericana que prueban cómo políticos casi ignorados, o desbancados de uno u otro partido por los medios a estas mismas alturas de la campaña, acabaron ganando la nominación.

Vale la pena seguir los debates políticos para las elecciones presidenciales de noviembre de 2012. En este ciclo electoral no parece que vayamos a tener pugna en el lado del Partido Demócrata. Barack Obama será el candidato de su partido y todo apunta a que cambiará de vicepresidente: Hillary Clinton sustituirá a Joe Biden. Sin mejora económica en el horizonte, no creo que esto le sirva de mucho a Obama.

A día de hoy, de haber elecciones presidenciales no tengo duda de que cualquiera de los aspirantes punteros del GOP derrotaría fácilmente a Obama. Pero falta todavía más de un año y, según vaya la economía, los votantes tomarán sus decisiones. Los debates suelen ser buenos indicadores de dónde estamos. El debate de la semana pasada (MSNBC-Politico) en la Biblioteca Presidencial Reagan sirvió de telón para abrir oficialmente la temporada en el GOP. Esta semana, en el importante estado de Florida, vimos de nuevo a los ocho candidatos republicanos debatir ante las cámaras de la CNN. Otra vez, los dos protagonistas fueron Mitt Romney y Rick Perry, adelantados en el apoyo de los votantes, a decir de las encuestas. Pero éstas no son más que fotografías instantáneas y reducidas de un momento y que no siempre reflejan ni el pensar ni la naturaleza de todo el electorado.


Faltan casi cuatro meses para iniciar las elecciones primarias, desde Iowa y New Hampshire a Carolina del Sur y de ahí a otros estados durante la primera mitad del año 2012. Además de los favoritos y la lucha personal entre Perry y Romney, ahí están candidatos como Michele Bachmann, que ha perdido algo de fuelle pero atrae a un sector del Tea Party. Está Ron Paul, con buenas ideas en materia económica pero abucheado –y con razón– este lunes noche por sus posiciones sobre política exterior y, particularmente, sobre el 11-S. Está Herman Cain, con gran gestión como empresario. Está Jon Huntsman, cuyo último debate no le ayudó mucho entre los votantes liberal-conservadores. Está Rick Santorum, un católico de principios. Y está Newt Gingrich, que a mi juicio es el mejor candidato, lo que no significa que vaya a ganar.

Desde mis años en Georgia, estado al que Gingrich representó como congresista en Washington, he seguido con interés su carrera política. Aunque los medios lo descartan como el candidato final del GOP, si uno mira con detalle los debates se observa que tiene ideas muy claras y la experiencia necesaria para derrotar a Obama y buscar encauzar el país. Gingrich ganó, a juicio de algunos analistas, los dos debates en estas dos últimas semanas, además de otro foro presidencial en Carolina del Sur. Si por aplausos fuera, Gingrich iría el primero en las encuestas. Está ya tercero y no deberían darle por muerto porque la carrera es larga.

Hay varios casos en la historia electoral norteamericana que prueban cómo políticos casi ignorados, o desbancados de uno u otro partido por los medios a estas mismas alturas de la campaña, acabaron ganando la nominación. En 1972 nadie daba un duro por George McGovern y éste acabó obteniendo la candidatura por el Partido Demócrata. Lo mismo pasó en 1976 con Jimmy Carter, que terminó siendo el candidato demócrata y ganó la presidencia. Igual ocurrió con Bill Clinton en 1992 y también con John Kerry en 2004, aunque luego perdiera las presidenciales. En el bando republicano, hace cuatro años John McCain no era considerado el favorito dentro del GOP pero acabó ganando la nominación. A falta de varias semanas para empezar a aclarar todo esto, lo mejor es seguir atentos a cada candidato. Cualquier de ellos, quede claro, será siempre mejor que lo que ahora hay en la Casa Blanca.


Libertad Digital – Opinión

viernes, 9 de octubre de 2009

Gore Vidal avisa un golpe de Estado y el magnicidio de Obama. Por Alfredo Jalife-Rahme


Obama paga los platos rotos del nihilismo bushiano en todos los ámbitos de la actividad humana, por lo que se puede convertir en el chivo expiatorio propicio para ser inmolado en el altar de la decadencia de Estados Unidos por el complejo-militar-industrial –lastimosamente vapuleado desde Irak hasta Afganistán– y/o por los inexpugnables intereses de las aseguradoras afectadas por la reforma salubre.



No son los mejores momentos de Estados Unidos que, con o sin Obama, sufre su decadencia acelerada y las consecuencias del legado nefario del unilateralismo bushiano repudiado por el mundo cuando se presta la oportunidad pública –como sucedió con la humillante derrota de la sede de Chicago ante la de Río de Janeiro para celebrar los juegos olímpicos de 2016–, como metáfora fulgurante del incipiente nuevo orden multipolar.

The Times (3/10/09), portavoz del bushismo bélico y propiedad de Rupert Murdoch Greenberg –dueño de la mendaz televisora tóxica Fox News, y muy cercano al primer ministro fundamentalista israelí Bibi Netanyahu–, aprovecha el descalabro olímpico que califica de “asombrosa humillación”, para colocar en tela de juicio el “cuestionado estilo personal de gobernar” de Obama, cuya “grandilocuencia no obtiene resultados en nada (sic)”.

Si McCain fuera el presidente en lugar de Obama, ¿a poco Estados Unidos no habría perdido la votación olímpica? Por supuesto que sí. Tampoco hay que exagerar y pedirle milagros a Obama en resucitar a un muerto.

Obama paga los platos rotos del nihilismo bushiano en todos los ámbitos de la actividad humana, por lo que se puede convertir en el chivo expiatorio propicio para ser inmolado en el altar de la decadencia de Estados Unidos por el complejo-militar-industrial –lastimosamente vapuleado desde Irak hasta Afganistán– y/o por los inexpugnables intereses de las aseguradoras afectadas por la reforma salubre.

Más allá de la permanente superchería global de sus multimedia –que ya no engañan a nadie, salvo a los cándidos, neófitos, masoquistas y a quienes les conviene–, Estados Unidos no anda nada bien en ningún rubro digno de ser medido objetivamente. Que conste que no lo decimos por schadenfreude –término alemán que expresa el placer sádico de la desgracia del prójimo–, sino por un análisis riguroso metamediático, que habíamos anticipado desde hace mucho, que no puede ocultar la descomposición de la armonía social de Estados Unidos.

A unos días de que Obama asumió la presidencia, Zbigniew Brzezinski, su íntimo asesor oficioso en seguridad nacional, había alertado sobre la alta probabilidad de una guerra civil en Estados Unidos, durante un programa de televisión el 17 de febrero (citado por Immanuel Wallerstein, comentario número 253, 15/3/09).

En este contexto destaca la incendiaria entrevista de Tim Teeman a Gore Vidal, uno de los máximos iconos literarios estadounidenses, precisamente a The Times (30/9/09), donde fustiga que “Estados Unidos se está pudriendo” y “no hay que esperar que Obama pueda salvarlo”, cuando amenaza “una dictadura inminente””, instalada mediante un golpe de Estado.

Vidal, pacifista empedernido a sus 83 años, proviene de una familia de alcurnia de la política de Estados Unidos por varias generaciones y fue íntimo confidente del presidente John Kennedy, a quien presentó a Jacqueline. De allí que sus augurios cobren dimensión singular.

Una de las características de Vidal es burlarse sarcásticamente de la incultura de sus presidentes (v. gr., no se cansa en relatar que Reagan confundía a los Medici con la marca Gucci) y le exaspera la ignorancia ilimitada del grueso de la población de Estados Unidos (y eso que no conoció a los presidentes mexicanos de los recientes 27 años) que la hace exageradamente manipulable.

Lamenta el pésimo desempeño de Obama,“una de las personas más inteligentes en el puesto presidencial desde hace muchos años”, pero “carente de experiencia” y con “una inhabilidad total (sic) en los asuntos militares” al haber colocado a Afganistán como “talismán mágico que resolvería el terrorismo””.

A su juicio, la ” “guerra contra el terror es una fabricación (¡supersic!)””, una coartada de ” “relaciones públicas””, por lo que Estados Unidos ” “debe abandonar Afganistán”” cuando ” “fracasó en conquistar Medio Oriente”.

Un poco más de seis meses a los atentados del 11/9, Vidal se había atrevido temerariamente a inculpar a la administración Bush de haberlos ocasionado: los miles de muertos “fueron víctimas tanto de los terroristas como de la política exterior que ha impuesto Estados Unidos en el mundo, que ha generado enemistad y odio”, lo cual “se deriva de las necesidades del gobierno de Bush por el petróleo” (Bajo la Lupa, 27/4/02).

Ahora, siete años más tarde, fulmina que “Estados Unidos está repleto de mentirosos” y su optimismo sobre Obama consiste en que “no miente”” como “el loco de Arizona (nota: John McCain) que es un mentiroso”, de quien todavía se desconoce cómo se estrelló con su avión en 1967 cerca de Hanoi, donde fue capturado.

Considera que “la inteligencia de Obama es impresionante”, pero su grave problema es que “le cree a sus generales” y “piensa que el Republicano es un partido” cuando constituye un grupo fanático de “fascistas” fincado en “el odio religioso y racial”. Agrega irónicamente que hasta “Bush sabía que para ganar a un general bastaba con decorarlo con otra estrella”.

Refiere que Obama, después de haberse tropezado con su reforma sanitaria, puede ser eliminado por “un misterioso asesino solitario (sic) acechando en las sombras de la capital”. A propósito, Facebook se ha saturado de cientos de amenazas de muerte a Obama, lo cual obligó a la intervención del FBI.

El consagrado ensayista cree ahora que Hillary Clinton hubiese sido mejor presidente: “Conoce mejor al mundo y qué hacer con los generales”. Vaticina que “el Partido Republicano ganará las próximas elecciones”, aunque exista poca diferencia con el Demócrata.

Exhuma “el golpe de Estado de 2000, cuando la Suprema Corte arregló (sic) la selección (¡super-sic!), no la elección, del hombre más estúpido del país, el señor Bush””.

Aduce que “hoy la manía religiosa ha infectado el cuerpo político, y Estados Unidos se ha convertido en corrosivamente aislacionista”.

Fustiga que “Estados Unidos no tiene una clase intelectual” y “se pudre a ritmo funerario. Muy pronto (¡supersic!) tendremos una dictadura militar, en base a que nadie puede mantener la cohesión”.

Obama, cuyo problema es “ser sobreducado””, debió enfocarse en “educar al pueblo estadounidense. No se percata lo poco juiciosa e ignorante que es su audiencia”. La “caída del sistema llegó con “la corrupción de la gente”” durante la gestión bushiana.

La visión de Vidal es sumamente fatalista sobre Estados Unidos y se defiende de “buscar héroes que no existen” y que en caso que los hubiere “serían asesinados inmediatamente”.

No faltarán críticos demoledores (vinculados al establishment militar) que castiguen a Vidal (con quien se han metido sin piedad en su controvertida vida privada) de necrófilo magnicida y golpista.

Lo peor es que el “México neoliberal” haya fincado su suerte en el liderazgo unilateral de un país putrefacto en sus entrañas, aunque todavía luzca relativamente saludable en su exterior como los cadáveres momificados.
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Nota:

Esta entrada fue publicada el a las Miércoles 7 de Octubre de 2009 y está archivada bajo las categorías New World Order.

La Jornada

jueves, 6 de noviembre de 2008

Michelle Obama en la Convención Demócrata de Denver



¡Las comparaciones (con nuestras políticas) son odiosas!

miércoles, 5 de noviembre de 2008

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Discurso íntegro de Barack Obama.


Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.

Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.

Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable.

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.

A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.

Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.

Esta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.

Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.

Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.

En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.

Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.

Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.

Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar.

Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.

En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos.

Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.

Sí podemos

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.

Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".

Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.

Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

Pepiño: "Debo agradeceros el apoyo que me habéis dado desde que hice público mi apoyo a Obama"

La novia en la boda, el muerto en el entierro. Pepiño Blanco ya dejó escrito en su blog que no había querido decantarse por Hillary Clinton o por Barack Obama en la pugna demócrata para no interferir. Desató todo tipo de chuflas. Ahora, después de saberse que Obama presidirá los EEUU, dice Pepiño: "Debo agradeceros el apoyo que me habéis dado desde que hice público mi apoyo a Obama."

Pepiño Blanco vuela ya para Cuba. El vicesecretario general del PSOE ha servido de cronista de excepción de lo que se ha vivido en EEUU en las últimas horas:
No os podéis imaginar cómo están los alrededores de la Casa Blanca. Venía en coche desde el cuartel general de los Demócratas hasta el centro de comunicaciones donde ahora están mirando todas las televisiones del mundo. Tuvimos que completar el último tramo a pie. Todo colapsado por la alegría de riadas de jóvenes que se están acercando a la residencia presidencial más famosa del mundo. Las antes tranquilas calles que rodean el complejo de gobierno, se han llenado de bullicio; de coches emitiendo todo tipo de sonidos; gritos de alegría; canciones …

Todo para celebrar la victoria de Barack Obama, el próximo Presidente de los EEUU que acaba de comparecer en televisión. No he podido estar en Chicago como hubiera sido mi deseo. Problemas de enlace y agenda me lo han impedido. Pero ha sido emocionante vivir esta noche histórica en Washington.
Y cuenta en en su blog la agenda de personalidades saludadas:
Hace unas horas tenía oportunidad de felicitar personalmente a Nancy Pelosi, la Presidenta del Congreso y al jefe de la campaña del Senado. En ese momento nadie se atrevía a dar por segura la que ha terminado siendo una rotunda victoria de Obama. Pero se intuía. Ya os decía en mi anterior comentario que la emoción estaba contenida. Que las ganas de cambio eran tantas que nada ni nadie lo iba a impedir. Es más, al contrario. Todos han contribuido al cambio.
Antes de despedirse de sus lectores y avisar que ya viaja para La Habana, Pepiño quiere ser agradecido:
Debo agradeceros el apoyo que me habéis dado desde que hice público mi apoyo a Obama.

Periodista Digital

¿Cuánto les va a durar a los progres españoles la "obamitis"?

¡Qué envidia! Nada más conseguir el sillón del hombre más poderoso del mundo, el demócrata Barack Obama ha retomado un mensaje con el que comenzó su campaña y que, una vez conseguir entrar en la Casa Blanca, suena maravilloso: "El mensaje que hemos lanzado hoy al mundo es que no somos una serie de estados azules o rojos, de demócratas o republicanos, sino que somos los Estados Unidos de América". Zapatero, en cambio, se proclama para gloria de titiriteros y demás patulea progre como "rojo". ¿No es para tener envidia?

Lo que ha quedado claro esta noche electoral es que Estados Unidos no es España. Y menos la de ZP. Pero nada que ver. Zapatero, nada más ponerse el traje de Presidente del Gobierno, cogió su fusil y se dedicó a hacer política para una parte de la población. Y no sólo no se avergonzaba de sus malas artes en la gobernanza de un país moderno y avanzado sino que se vanagloriaba declarándose como rojo -con todo lo que el adjetivo denota y connota- en los medios de comunicación. Los progres de salón le aplaudían con las orejas. Por convicción y, de paso, a ver qué caía.

No, así, Barack Obama. Al contrario que el presidente socialista de España, el de Estados Unidos ha lanzado a sus compatriotas esta frase, que suena a otra cosa:

"El mensaje que hemos lanzado hoy al mundo es que no somos una serie de estados azules o rojos, de demócratas o republicanos, sino que somos los Estados Unidos de América."

Lo dijo Gustavo de Arístegui antes de saberse los resultados: "Obama no es Zapatero".

FIESTA EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES

El listado sería infinito. No sólo grupos mediáticos inmensos, medianos y pequeños se han decantado por el caballo ganador, sino intelectuales, artistas y apegados han manifestado su deferencia por el candidato demócrata. Con entusiasmo. Algunos, como Miguel Ríos, lanzó la "chulada" de que si Obama no conseguía llegar a la Casa Blanca él retiraría su nuevo disco del mercado en señal de protesta, tal y como le explicó a Carlos Herrera en Onda Cero.

Pero la euforia llegó. Fue una fiesta de adoración. En lugar, no es de extrañar, el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Dice así la crónica de El País:

"Gran cola de entrada. Y a las 0.30, cientos de personas abarrotaban el hall y la cafetería del centro cultural madrileño. Una mujer cantaba el himno estadounidense desde un escenario y daba paso a la música en medio de un ambiente de fiesta y una perfecta imitadora de Sarah Palin que hacía de maestra de ceremonias. Había banderas, globos azules, rojos y blancos, estrellas... La panoplia de objetos del candidato demócrata también llegó a Madrid. Una pantalla gigante y otras de plasma conectadas a CNN, y hasta una orquesta rodeada de los carteles del Yes we can (Sí podemos), se convertían en los centros de la reunión. El Círculo se tiñó de azul Obama. Los ciudadanos estadounidenses de la capital dieron el resto frente a una pantalla convertida casi en oráculo".

Es seguro que los intelectuales y artistas del círculo de Zapatero han brindado hasta la madrugada con champán. Aunque, cuando les haya llegado a sus oídos que Obama ha dicho "el mensaje que hemos lanzado hoy al mundo es que no somos una serie de estados azules o rojos, de demócratas o republicanos, sino que somos los Estados Unidos de América" se les habrá helado el cuerpo. ¿Cuánto tardarán en tomarse el tratamiento contra la "obamitis" aguada que padecen? Quedan días, horas, para saber si lo suyo era contra Bush o contra los Estados Unidos. En unas horas...

Periodista Digital

Barack Obama, virtual presidente de los Estados Unidos


A falta de confirmación oficial, el demócrata Barack Obama ha ganado las elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos de América. Será el cuadragésimo cuarto presidente. Y el primer presidente mulato.

sábado, 2 de febrero de 2008

Es la política, estúpidos

TODA oposición tiene la mayoría que se merece. El viejo Popper tenía razón hace ya más de sesenta años (La sociedad abierta y sus enemigos) y la tendría hoy en estas vísperas electorales españolas en las que su aforismo se convierte en diagnóstico del presente y, al mismo tiempo, en pronóstico de futuro. Porque, a medida que se cacarean propuestas y contraórdagos para rebañar sufragios al precio del olvido de los principios y de la ausencia de escrúpulos, o se lanzan videos y blogs en la red con el sólo propósito de ridiculizar o demonizar al contrario, con el resultado de que los propios autores son quienes incurren muchas veces en el esperpento, los perfiles se difuminan para quienes, sin camiseta de hoolingan que ponerse, querrían fiar su elección a los méritos propios de los candidatos.

Para estos electores desvalidos el resultado ya casi da lo mismo, porque comienzan a sospechar que, pase lo que pase el 9 de marzo, nada va a cambiar sustancialmente respecto del infierno (o del desierto) del que venimos. Y se resignarán a elegir, no una opción que colme sus preferencias aunque sea sólo en parte, sino el menor de los males: triste consuelo; o, simplemente, se quedarán en sus casas. Para estos ciudadanos, cualquiera que venga ser mayoría u oposición, unos se habrán merecido sobradamente a los otros. Y el pueblo español, piensan, a ninguno de ellos.

Las comparaciones son siempre arriesgadas (nunca odiosas), pero resulta casi inevitable echar una mirada a lo que está ocurriendo al otro lado del Atlántico para no sucumbir, en este orilla, al descreimiento en la política. Allí también brillan las navajas y menudean las puyas envenenadas contra los oponentes, pero hay demasiada gente que no se regocija con la sangre ni ríe según qué gracias. En Carolina del Sur, los Clinton probaron la medicina que muchos electores americanos suelen reservar a quienes, por un puñado de votos, no dudan en ensanchar las fracturas raciales o en menospreciar las cualidades del contrario. El resultado es que, en la ascensión hacia el supermartes del próximo día 5, Hillary y Bill cargan ahora a cuestas con el sambenito de la «vieja política» (los sondeos siguen apostando en su favor, pero los estudios de opinión, lo sabemos desde Iowa, los carga el diablo), mientras que la familia que compendia algunos de los ángulos más rancios de la democracia americana, los Kennedy, se cree en el derecho de traspasar al candidato Obama la «antorcha del cambio» que enarboló JFK hace medio siglo.

Los candidatos americanos esconden en sus cuerpos costurones de todas las medidas, adquiridos en las mil batallas que han debido librar desde los escalones más bajos (condados, alcaldías, legislaturas de los Estados, Cámaras del Congreso) hasta convertirse, después de innumerables esfuerzos, en una opción a la presidencia del país. Están forjados en el tesón y el espíritu de lucha, y ven en el contrario, salvo excepciones, un reflejo de su propia imagen de fajador admirable. Como dos púgiles veteranos, los candidatos americanos se respetan y se temen, y cualquier descuido en ese aspecto puede costarles el combate.

En España, muchos de nuestros candidatos han incubado sus ambiciones en las mesas de despacho de una sede partidaria, o en una concejalía o escaño autonómico recibido graciosamente por un mandamás del partido, del que se convierten en clientes (en el sentido romano del término). Allí, agazapados y sumisos, esperan una oportunidad para dar el próximo salto. Y los partidos, para evitar tentaciones, ofrecen a sus electores un menú cerrado del que no se puede cambiar ni el café. La fragilidad del sistema representativo español quedó al descubierto cuando el partido (PSOE) que intentó un remedo de lo que en Estados Unidos es moneda común (el sistema de primarias) casi revienta por las costuras. No puede decirse que, en España, la indeferencia o el tedio sean vicios de ciudadanos perezosos. No elegimos candidatos; nos los eligen. En Estados Unidos, los aspirantes se curten en la política; aquí, en la obediencia. Y, a pesar de todo, los ciudadanos siguen acudiendo a las urnas. Merecerían más consideración.


Eduardo San Martín
ABC

lunes, 7 de enero de 2008

Discurso de Barack Obama tras su triunfo en Iowa

"Gracias, Iowa. Dijeron que este día no llegaría nunca. Dijeron que nuestras expectativas eran demasiado elevadas. Dijeron que este país estaba demasiado dividido, demasiado desilusionado para unirse en torno a un propósito común.

"Sin embargo, en esta noche de enero - en este momento definitorio de la historia-, habéis hecho lo que los cínicos decían que no podríamos hacer. Lo que el estado de Nueva Hampshire puede hacer dentro de cinco días. Lo que Estados Unidos puede hacer en este Año Nuevo del 2008.

"En colas que se han extendido en torno a escuelas e iglesias, en pequeñas y grandes ciudades, habéis venido como demócratas, republicanos e independientes para alzaros y decir que somos un único país, que somos un pueblo y que ha llegado nuestro momento de cambio.

"Habéis dicho que ha llegado la hora de superar la amargura, la mezquindad y la rabia que ha consumido Washington; de acabar con la estrategia política basada en la división y de optar por otra basada en la adición; de construir una coalición por el cambio que se extienda por los estados republicanos y demócratas. Porque así venceremos en noviembre, y así nos enfrentaremos por fin a los desafíos que tenemos como país.

"Elegimos la esperanza en lugar del miedo. Elegimos la unidad en lugar de la división, y también elegimos enviar un poderoso mensaje de que el cambio está llegando a Estados Unidos.

"Habéis dicho que ha llegado el momento de comunicar a los lobbistas, que creen que su dinero y su influencia hablan más alto que nuestras voces, que no son ellos los dueños de nuestro gobierno, que somos nosotros; y que estamos aquí para hacernos de nuevo con él.

"Ha llegado el momento de un presidente que sea honrado con las opciones y los desafíos a los que nos enfrentamos; que os oiga y aprenda de vosotros incluso cuando estamos en desacuerdo; que no sólo os diga lo que queréis oír, sino lo que tenéis que saber. Y, en Nueva Hampshire, si me dais la misma oportunidad que en Iowa esta noche, yo seré ese presidente para Estados Unidos.

"Gracias.

"Seré un presidente que hará por fin asequible y disponible la asistencia sanitaria para todos los estadounidenses, del mismo modo que amplié la asistencia sanitaria en Illinois, uniendo a demócratas y republicanos para que hacer el trabajo.

"Seré un presidente que podrá fin a las amnistías fiscales para las compañías que trasladan nuestros puestos de trabajo al extranjero y crearé una reducción fiscal dirigida a la clase media y que vaya a parar a los bolsillos de los trabajadores estadounidenses, que la merecen.

"Seré un presidente que aprovechará el ingenio de agricultores, científicos y empresarios para liberar a este país de la tiranía del petróleo de una vez por todas.

"Y seré un presidente que pondrá fin a la guerra de Iraq y traerá los soldados a casa; que restaurará nuestra posición moral; que sabrá que el 11-S no es una forma de obtener votos a través del miedo, sino un desafío que debería unir a Estados Unidos y al mundo contra las amenazas comunes del siglo XXI: las amenazas comunes del terrorismo y las armas nucleares, el cambio climático y la pobreza, el genocidio y la enfermedad.

"Esta noche nos encontramos un paso más cerca de esa visión de Estados Unidos gracias a lo que habéis hecho aquí, en Iowa. Y por eso quiero agradecer de modo especial a los organizadores y los jefes de distrito, a los voluntarios y al personal que ha hecho todo esto posible.

"Y ya que estoy en el apartado de los agradecimientos, para mí tiene mucho sentido dar las gracias al amor de mi vida, la roca de la familia Obama, la colaboradora más cercana a lo largo de la campaña, un aplauso para Michelle Obama.

"Sé que no lo habéis hecho por mí. Lo habéis hecho porque creéis profundamente en la más estadounidense de las ideas: que, ante lo imposible, las personas que aman a este país pueden cambiarlo.

"Esto lo sé. Lo sé porque, aunque estoy aquí esta noche, nunca olvidaré que mi viaje empezó en las calles de Chicago haciendo lo que muchos de vosotros habéis hecho para esta campaña y para todas las campañas aquí en Iowa: organizar, trabajar y luchar para que las vidas de las personas sean un poco mejor.

"Sé lo duro que es. Y que el sueño es escaso, la paga pequeña y el sacrificio grande. Hay días de desilusión, pero a veces, sólo a veces, hay noches como ésta, una noche que, dentro de unos años, cuando hayamos hecho los cambios en los que creemos, cuando más familias puedan permitirse acudir a un médico, cuando nuestros hijos (cuando Malia, Sasha y vuestros hijos) hereden un planeta un poco más limpio y seguro, cuando el mundo perciba a Estados Unidos de modo diferente y Estados Unidos se vea a sí mismo como un país menos dividido y más unido, entonces seréis capaces de volver con orgullo la vista atrás y decir que fue en este momento cuando empezó todo.

"Éste fue el momento en que lo improbable golpeó lo que Washington siempre había considerado inevitable.

"Éste fue el momento en que rompisteis las barreras que nos habían separado durante demasiado tiempo, cuando unimos a personas de todos los partidos y de todas las edades en una causa común; cuando dimos por fin a los estadounidenses que nunca habían participado en política una razón para ponerse en pie y hacerlo.

"Éste fue el momento en que por fin hicimos retroceder la política del del miedo, la duda y el cinismo; la política en que nos derribamos los unos a los otros en lugar de levantar juntos este país. Éste fue el momento.

"Dentro de unos años, volveréis la vista atrás y diréis que éste fue el momento, que éste fue el lugar, en que Estados Unidos recordó lo que significa tener esperanza.

"Durante meses hemos sido objeto de risas, incluso de burlas, por hablar de esperanza. Pero siempre hemos sabido que la esperanza no es el optimismo ciego.

"No es hacer caso omiso de la tarea que tenemos delante ni de los obstáculos que se encuentran en nuestro camino. No es sentarse en la cuneta ni rehuir una pelea. La esperanza es algo dentro de nosotros que insiste en que, a pesar de todas las pruebas que señalan lo contrario, nos espera algo mejor si tenemos el valor ir a por ello, de trabajar por ello y de luchar por ello.

"La esperanza es lo que vi en los ojos de una joven de Cedar Rapids que trabaja en el turno de noche tras todo un día en la universidad y que a pesar de ello no puede permitirse pagar la asistencia sanitaria para una hermana que está enferma; una joven que sigue creyendo que este país le dará la oportunidad de realizar sus sueños.

"La esperanza es lo que escuché en la voz de una mujer de Nueva Hampshire que me dijo que no había sido capaz de respirar desde que su sobrino se había ido a Iraq; que sigue rezando todas las noches para que vuelva sano y salvo.

"La esperanza es lo que llevó a una banda de colonos a levantarse contra un gran imperio; lo que condujo a la mayor de las generaciones a liberar un continente y sanar a una nación; lo que condujo a hombres y mujeres jóvenes a sentarse en comedores de los que estaban excluidos por su color, enfrentarse a las mangueras y desfilar por Selma y Montgomery en favor de la causa de la libertad.

"La esperanza, la esperanza es lo que me ha conducido hasta aquí, con un padre de Kenia y una madre de Kansas y una historia que sólo podría ocurrir en los Estados Unidos de América. La esperanza es el cimiento de este país, la creencia de que nuestro destino no será escrito para nosotros, sino por nosotros; por todos los hombres y mujeres que no se conforman con el mundo tal como es, sino que tienen el valor de rehacerlo tal como debería ser.

"Esto es lo que hemos empezado aquí, en Iowa, y éste es el mensaje que ahora podemos llevar a Nueva Hampshire y más allá.

"El mismo mensaje que teníamos en los buenos y los malos momentos, el mensaje que puede cambiar este país ladrillo a ladrillo, calle a calle, con manos encallecidas: que juntos, las personas corrientes podemos hacer cosas extraordinarias; porque no somos una colección de estados demócratas y estados republicanos, somos los Estados Unidos de América; y en este momento, en estas elecciones, estamos otra vez dispuestos a creer.

"Gracias, Iowa."


The Democratic Party/Barack Obama

La Vanguardia

domingo, 9 de diciembre de 2007

El Obama Show

"Junto a los jóvenes, el otro sector que más favorece a Obama es el de los actores de Hollywood, acompañados en este caso por la estrella de la televisión Oprah Winfrey, una de las personas más ricas del showbusiness americano."

Por primera vez en 80 años, EE.UU. vivirá, a partir del próximo mes de enero, unas elecciones primarias presidenciales sin candidato oficialista. Ni George W. Bush puede presentarse de nuevo ni Dick Cheney, el vicepresidente, ha lanzado su candidatura a la presidencia. Esta anomalía, unida a la fractura que las políticas intervencionistas del presidente Bush han causado en la derecha americana, descritas con maestría en el libro La nueva revolución americana del colaborador de Libertad Digital José María Marco, han creado un escenario político especialmente interesante.

En primer lugar, ningún presidenciable ha sido capaz de atraerse a una porción mayoritaria de su electorado. Rudy Guliani, ex alcalde de Nueva York y considerado un candidato continuista, aparece destacado en todas las encuestas, aunque ninguna le otorga más de un tercio de apoyo entre los votantes. Tras él se sitúan el senador John McCain, cuyas críticas a la política de Bush no le ha granjeado la simpatía esperada, el ex senador y actor Fred Thompson, colaborador de la Casa Blanca y eterno candidato a la vicepresidencia del país, y Mitt Romney, quien fuera gobernador Massachussets, uno de los estados más progresistas del país. Ninguno consigue superar el 20 por ciento en las numerosas encuestas realizadas hasta la fecha. Muy lejos de ellos está Ron Paul, miembro de la Cámara de Representantes por una comarca de Texas. Su discurso aislacionista en política exterior y libertario en lo económico no ha concitado el apoyo suficiente, a pesar de que su mensaje podría ser el más cercano al espíritu que vio nacer a la nación americana.

Las cosas parecen estar más claras en el bando demócrata, donde la senadora Hillary Clinton lidera todas las encuestas con valores que oscilan entre el 37 y el 45 por ciento de las preferencias entre los candidatos de su partido. Es más, todos los estudios sitúan a Clinton por encima de cualquier candidato republicano si las elecciones presidenciales se celebrasen ahora, aunque a once meses de los comicios sería apresurado considerarla favorita a la Casa Blanca.

Más difícil lo tiene el también senador Barack Hussein Obama, quien pese a su juventud política –llegó al Senado en 2004- y biológica –46 años- ha conseguido un sorprendente éxito popular, con alrededor del 25% de apoyo como candidato de su partido a la presidencia del país, y por encima de todos los candidatos republicanos salvo Guliani. Obama se ha granjeado la simpatía de los votantes más jóvenes de su partido, a quienes cautiva con un discurso pacifista, populista y socializante a pesar de las acusaciones de vacuidad y demagogia lanzadas por buena parte de la prensa de su país. Entre otras cosas, es partidario de decretar una renta básica y de crear un sistema sanitario estatal y centralizado.

Junto a los jóvenes, el otro sector que más favorece a Obama es el de los actores de Hollywood, acompañados en este caso por la estrella de la televisión Oprah Winfrey, una de las personas más ricas del showbusiness americano. El compromiso político de la presentadora le ha llevado a organizar eventos de apoyo al senador, y en los próximos días aparecerá junto a él en algunos mítines. El efecto inmediato de la entrada en campaña de la diva de la pequeña pantalla ha sido una avalancha de público en las apariciones del candidato, que ha tenido que buscar locales más amplios para la celebración de sus actos electorales.

No es ésta la primera vez que en los EE.UU. rostros conocidos ponen su fama y parte de su fortuna a disposición de un aspirante a la presidencia del país, aunque nunca hasta ahora una estrella de tal calibre, dueña además de varios medios de comunicación y una de las personalidades más populares y respetadas de la nación, se había embarcado con tanta intensidad y entusiasmo en una nave política. Un fenómeno digno de atención que ilustra el giro populista que se observa en muchas democracias de todo el planeta. Tras la tercera ola democratizadora, el siglo XXI ha traído una nueva fase política global de la que, parafraseando al ex presidente Clinton, podríamos decir, “no es la economía, estúpido, sino la fama –o el look”.

La “glamurización”, que también dirían los más modernos, de la campaña del senador de Illinois, podría tener un efecto positivo, esto es, el aumento del interés de algunos norteamericanos por la política. Sin embargo, no conviene olvidar que la sustitución de la política por la estética, como ocurrió en la Europa de entreguerras y sucede ahora en buena parte de Iberoamérica, no suele augurar nada bueno. Veremos hasta dónde es capaz de llegar Obama.

Editorial de Libertad Digital
9-12-2007