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miércoles, 27 de octubre de 2010

EpC. Un PSOE consecuente, un PP cobarde. Por Pablo Molina

En las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Los manuales de esa supuesta materia de estudio llamada sarcásticamente "Educación para la Ciudadanía" responden plenamente al objetivo para el que fue diseñada. No cabe por tanto acusar a las editoriales de haberse excedido en sus contenidos, pues con su defensa de la última brizna de basura marxista demuestran que han captado perfectamente los objetivos pedagógicos de la asignatura.

El que los izquierdistas pretendan adoctrinar a los hijos de los demás en su detritus ideológico y además con carácter obligatorio entra dentro de lo esperable en esa ideología. La supervivencia del modelo social que mantiene a estos resentidos sociales necesita a las nuevas generaciones convencidas de que trabajar para los demás no es esclavitud sino solidaridad, que los ideólogos del progresismo y sus grupos de presión no viven aprovechándose del esfuerzo ajeno sino creando cultura y bienestar social, que el aborto es un derecho "humano" o, en el colmo del delirio, que los sindicatos hacen mucho bien a los trabajadores.


Lo que ya no es tan comprensible es que el partido que le disputa a la izquierda el poder no haya planteado hasta sus últimas consecuencias la batalla contra este envenenamiento masivo, al menos allí donde ejerce labores de gobierno. Lo digo porque en las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Lo único que ha hecho el PP es publicar en el boletín oficial de la región de que se trate un documento en el que se eliminan de la asignatura los contenidos más polémicos. Ahora bien, ¿de verdad alguien medianamente inteligente piensa que con ese simple gesto nuestros hijos van a estar a salvo de que sus profesores les impartan la materia con todas sus consecuencias? ¿Acaso van a estar los consejeros de Educación populares sentados junto al profesor de EpC para evitar que utilice el manual elegido por el centro educativo en toda su extensión? Por supuesto que no. Se trata únicamente de hacer cómo que se está en contra pero sin implicarse de verdad, no sea que la izquierda vernácula llame facha al político responsable del PP o le organice una manifestación a las puertas de la consejería y acabe saliendo en la primera página del chafardero local.

Con que acudieran a la concentración diez perroflautas, el cese del alto cargo popular estaría garantizado. Igual que el PSOE, vaya.


Libertad Digital - Opinión

martes, 12 de octubre de 2010

PP. Crisis económica, crisis institucional. Por Guillermo Dupuy

Con este acomplejado giro, Bauzá no hace sino alinearse con esa estrategia de perfil bajo de un Rajoy que aspira a ser el heredero de la catástrofe de Zapatero con la misma pasividad con la que quiso ser en su día heredero de la buena gestión de Aznar.

Mucho prometer que la inmersión lingüística en las Baleares llegaría a su fin el 22 de mayo de 2011 si el Partido Popular lograba la mayoría absoluta; mucho garantizar que "los padres podrán elegir con absoluta libertad la lengua vehicular para la educación de sus hijos", pero han bastado tres días, algunos gritos de los nacionalistas y no sabemos si alguna advertencia de Arriola, para que el presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, se haya mostrado como avergonzado del encomiable compromiso que hiciera el viernes en una entrevista en Libertad Digital. Ahora nos sale con que es "poco responsable" continuar abundando en el debate lingüístico en un momento en el que los ciudadanos sólo están "preocupados" por "las cifras del paro que aumentan diariamente".

No es que Bauzá haya entonado un claro "donde dije digo Diego", pero donde habló de "libertad absoluta" de elegir, ahora habla, con mucha menor claridad, de "facilitar" el uso de las lenguas oficiales de las islas "con equilibrio e igualdad de oportunidades". Y lo que trató como algo tan importante como "llevar la normalidad" a la escuela y a la administración, ahora es por él desdeñado como lo que "menos les importa a nuestros vecinos".


A mí lo que me parece muy "poco responsable" es que un dirigente político no considere una cuestión de primera magnitud que un ciudadano en España no pueda escolarizar a sus hijos en español, tal y como sucede en Baleares. Lo que me parece absolutamente irresponsable es que un dirigente político no denuncie esa coactiva inmersión lingüística que, además de empobrecedora, constituye una auténtica violación de elementales derechos civiles. Más aun cuando ese dirigente viene de reivindicar, escasamente hace tres días, la "absoluta libertad" de elección de los padres en este terreno. Lo más grave de todo es que con este acomplejado giro, Bauzá no hace sino alinearse con esa estrategia de perfil bajo de un Rajoy que aspira a ser el heredero de la catástrofe de Zapatero con la misma pasividad con la que quiso ser en su día ser el heredero de la buena gestión del anterior presidente de Gobierno.

Ya puede Aznar advertir que para salir de la crisis económica hay que hacer frente también a la crisis institucional, que Rajoy está empeñado en no hacer oposición más que en el terreno económico. Y eso cuando la hace.

Lo que me parece claro es que dejando que sea la crisis la que devore a Zapatero, el PP podrá avanzar en las encuestas, pero eso no se traducirá ni en una mayor ilusión ni en una mayor esperanza entre sus votantes. De tener una oposición sólida y desacomplejada, no tendríamos que esperar a que Zapatero nos lleve a una ruina absoluta para conseguir un cambio que corre un clarísimo riesgo de convertirse en mera alternancia.

Y es que de una oposición que pone sordina a cuál es su alternativa en el terreno económico, y que cuando apela a la crisis económica lo hace para disimular su nula oposición en otros campos, no cabe esperar un cambio radical como el que requiere una nación que aparece arruinada no sólo económicamente. La crisis que padece España como nación y como Estado de Derecho, tal vez quede en un segundo plano a los ojos de muchos, comparada con la crisis económica que estamos viviendo. Pero, ¿cómo van a visualizarla los ciudadanos, si quien debe denunciarla considera que hacerlo es "poco responsable"?


Libertad Digital - Opinión

domingo, 27 de junio de 2010

Su adversario es el viento

El afirmar, como hacen Arenas y Gallardón, que el problema de España es la crisis, supone tanto como decir que si no padeciéramos la actual recesión económica no habría razón alguna para cambiar de Gobierno.

Las últimas declaraciones de altos representantes del Partido Popular asegurando que su enemigo es la crisis y no el PSOE, tienen por fuerza que sumir en la perplejidad a sus simpatizantes, la inmensa mayoría de los cuales es partidaria de derrotar al PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero como paso previo para solucionar la crisis no sólo económica, sino constitucional, social y ética a que las dos legislaturas del leonés nos han abocado.

El afirmar, como hacen Arenas y Gallardón, que el problema de España es la crisis, supone tanto como decir que si no padeciéramos la actual recesión económica no habría razón para cambiar de Gobierno, y eso es algo que difícilmente pueden compartir los diez millones de votantes del partido al que representan.

Parece que en las altas esferas del PP se está empezando a padecer de vértigo electoral ante la posibilidad, cada vez más cierta, de que en breve plazo pueda volver al Gobierno de la nación derrotando previamente al PSOE en algunos de los principales feudos socialistas como Andalucía. Es la única razón que explicaría que, en lugar de presentarse como alternativa en contraposición a la gestión nefasta del socialismo denunciando sus múltiples tropelías, el partido de Mariano Rajoy prefiera ofrecerse al electorado como un simple equipo de tecnócratas capaz de gestionar mejor los asuntos económicos que el actual consejo de ministros.


El Partido Popular sigue sin aprender la lección del Prestige, la guerra de Irak y, sobre todo, del 11-M. Con un país que estaba a punto de alcanzar el pleno empleo, unas finanzas saneadas, la Seguridad Social con superávit después de haberla rescatado de la hecatombe felipista y con un papel cada vez más relevante en la escena internacional, los socialistas consiguieron derrotar al partido apelando a la demagogia política y al radicalismo social.

Rajoy, en cambio, prefiere seguir el dictado ideológico del PSOE sin hacer demasiado ruido como demuestran las declaraciones de Arenas y Gallardón. Cualquier cosa antes de que tachen a su partido de “crispador”. Pero así, la derecha española sólo podrá aspirar al usufructo de un poder cuyo titular, por renuncia expresa de los dirigentes del PP, siempre pertenecerá por derecho propio al principal partido de izquierdas.

La derecha sociológica, más que colocar a los políticos que la dirigen en los centros de poder, quiere que el partido al que vota defienda los principios y valores que siempre la han caracterizado, más para eso, lo primero es identificar correctamente al adversario. Y es que, hasta donde sabemos, las crisis no se presentan a las elecciones.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 19 de junio de 2010

Nerea Alzola. A ver cómo explican esto. Por Maite Nolla

Es inevitable recordar que el partido sí ha pagado el abogado de algún tesorero millonario que está acusado de aprovecharse del partido para hacerse, eso, millonario, y que a Nerea Alzola la zurraron por pegar carteles del PP.

Recordarán que en 2007 Nerea Alzola y otra militante del PP fueron agredidas mientras pegaban carteles del PP en el País Vasco. Pese a lo que se haya podido publicar, lo cierto es que la abogada de Nerea Alzola renunció a defenderla y por parte del juzgado le dieron plazo para que designara a otro abogado. Es decir, ni ella renunció, ni llegó a un acuerdo ni nada de eso. Hasta la fecha era el partido el que les pagaba los gastos judiciales, pero, sin previo aviso, respecto a Nerea Alzola lo han dejado de hacer. Y para justificarlo, desde el PP no han dudado en mentir, dándose ellos mismos versiones contradictorias. Al final, dicen que la renuncia de la abogada –que previamente se había desmentido– es por desavenencias respecto a la estrategia procesal, que no deja de ser un bonito eufemismo.

Aceptando incluso esta última versión, lo que no se entiende es que el PP no ofrezca a Nerea la posibilidad de que designe a otro abogado, lo cual nos lleva a pensar que las cosas son como parecen y que lo único que ha querido el PP es culminar un proceso que empezó hace cosa de un año. La identificación de Nerea Alzola como perteneciente a ese grupo peligroso de políticos que algunos han calificado de forma despectiva como el "sangilismo", la llevó a no poderse presentar como candidata a presidir el partido en su provincia, luego fue expedientada y ahora se queda sin abogado. Y no sólo eso, sino que tiene que aguantar que mientan y que la dejen sola. Es inevitable recordar que el partido sí ha pagado el abogado de algún tesorero millonario que está acusado de aprovecharse del partido para hacerse, eso, millonario, y que a Nerea Alzola la zurraron por pegar carteles del PP.

Todo ello, en las mismas fechas en las que Regina Otaola anuncia que se retira de la política y se va del País Vasco para poder trabajar, porque a ninguna de las dos les crecen jaguars en el garaje, ni tienen casas en Baqueira.

Como decía Federico esta semana, el PP del País Vasco ha pasado de ser un motivo suficiente para votar al PP, a ser uno de los motivos para no hacerlo. También es verdad que tal y como está España, cuando hasta Toxo pide un cambio de gobierno, cada día que pasa es más necesario que se vaya Zapatero y que le sustituya cualquiera que pase por ahí, aunque éste sea Mariano Rajoy y su partido. Eso no les quitará la mancha de ser los responsables de que María San Gil, Nerea Alzola y Regina Otaola se hayan ido –o las hayan echado– y de la vergüenza que eso supone. Y es que no creo que ninguna de las tres entrara en política y se presentara para ser concejal, arriesgando su vida, preocupada por la deuda española o por la reforma laboral. A ver cómo explican esto en la blogosfera pepera.


Libertad Digital - Opinión

lunes, 14 de junio de 2010

La soledad de Regina Otaola. Por Gabriel Albiac

El exilio es aquello a lo cual se ve forzado un hombre cuando sus compañeros de armas lo abandonan

A GAIN to sea!, «¡a la mar de nuevo!», clama el Childe Harold de Byron. Again to sea!, replica el joven Chateaubriand que huye de la ya imparable deriva que llevará del París festivo de la revolución de 1789 al sombrío tiempo sellado por el Gran Terror del año 1794. Y Chateaubriand, que había visto en aquel verano del 89 a la Asamblea Constituyente como «la más ilustre congregación popular jamás surgida en nación alguna», sabe ahora que no queda más que huir, vacío de esperanza y de futuro. «No llevaba conmigo más que mi juventud y mis ilusiones», en ese crepúsculo de Saint-Malo que ve zarpar hacia América al bergantín de cuya tripulación es parte el que llegará a ser el más grande prosista de la lengua francesa. «Desertaba de un mundo cuyo polvo había pisado y cuyas estrellas contado, a cambio de un mundo cuyo tierra y cielo me eran desconocidos». A eso se llama exilio: pérdida de todo cuanto talló la poca cosa que somos.

Me viene, de inmediato, a la memoria el pasaje desolador de las Memorias de ultratumba, al leer, esta mañana, que Regina Otaola ha optado por abandonar el País Vasco. No hay sorpresa. Para mí, al menos. No sé, a decir verdad, cómo ha podido aguantar tanto. Porque, al fin, resistir al enemigo, aun cuando sea a un enemigo abrumadoramente más poderoso, está en la lógica del guerrero y no merece siquiera un calificativo de elogio. Aquel que combate, apuesta su propia vida en compañía de los suyos. A la sublime manera de aquellos espartanos, de cuya sobria perseverancia en la batalla contra el Persa nos dio Herodoto constancia en la conmovedora, por lo austera, leyenda de su estela fúnebre: «Viajero, ve y di a los lacedemonios que aquí yacemos por respeto a sus leyes». Heroísmo y retórica se excluyen. Y el exilio no lo fuerza jamás la abrumadora superioridad del adversario al cual se combate. El exilio es aquello a lo cual se ve forzado un hombre cuando sus compañeros de armas lo abandonan. O vuelven contra él sus filos. Exilio es la más alta forma de la soledad. También, por eso, del ser libre. Aunque una soledad así y una libertad a tan alto precio pagada, pocos puedan soportarlas. Si es que alguno. «Me aniquilaba —anota Chateubriand en esa huida —la desesperación sin causa que llevaba en el fondo de mi alma».

Dieter Brandau me pidió, hace un año, seleccionar un poema con el cual ilustrar su reportaje sobre la diaria batalla en solitario de la alcaldesa de Lizarza. Elegí uno de Robert Desnos, quizás el más grande poeta amatorio francés del siglo veinte, aniquilado en un campo de exterminio nazi: Este corazón que odiaba la guerra. Retomo de su anaquel la bella edición en Gallimard de las Obrasde aquel judío resistente y derrotado, que alzaba su poema «como el sonido de una campana que llama a la rebelión y al combate», en un tiempo en el cual «una sola palabra, Libertad, bastó para despertar las viejas cóleras». Perdió su envite Desnos. Lo pierde ahora Otaola, lamentablemente abandonada por los suyos. Y uno sabe que hay veces —casi todas, en cuanto concierne a la terrible especie humana— en que es mil veces preferible la derrota. Saber eso no está al alcance del alma de un político. Pero, ¿acaso «alma» y «político» no se excluyen?


ABC - Opinión

lunes, 8 de febrero de 2010

Bilingüismo integrador o la deriva nacionalista del PP. Por Jorge Campos

El PP de Rajoy se ha quitado la careta de una vez y ha demostrado lo que es: un partido que no le hace ascos a los pactos con los nacionalistas excluyentes. Porque en el fondo, al menos en las regiones con dos lenguas oficiales, eso es lo que son.

Comprobado lo que sucede en Galicia con el PP de Feijóo y las declaraciones del Sr. Rajoy sobre cual debe ser el modelo a seguir en las comunidades autónomas con dos lenguas oficiales, parece que el PP de mi región, Baleares, ha creado "escuela". Les voy avisando de lo que puede suceder si esto sigue así.

El Partido Popular en Baleares políticamente no es gran cosa, ni sus dirigentes tampoco, para qué nos vamos a engañar, pero a nivel lingüístico es de lo más innovador.

Deberían darles al menos una sillita en la Real Academia de la Lengua, con la "e" de "eufemismo". Porque es increíble la colección de los mismos que han usado en estos más de veinte años para no llamar a las cosas por su nombre. Han inventado "sinónimos falsarios", "antonimias vacilantes", "semántica creativa", "elegir entre nada", "primarias infantiles", "mínimos máximos", "trilingüismo monolingüe", y ahora la última creación: "bilingüismo integrador".


Empezaron hace tiempo, en 1983, con el Estatuto de Autonomía de Baleares, definiendo como "catalán" a lo que ancestralmente venía siendo mallorquín, menorquín, e ibicenco. La lengua balear. Por supuesto, sin consultar al pueblo. Completando la fechoría con la designación de "lengua propia". Esto, de hecho, ha dado supremacía a una lengua sobre la otra, pasando la castellana, la española, a una especie de "lengua impropia" excluida de la enseñanza y de la administración.

Siguiendo con la creatividad lingüística "popular", en 1997, el Gobierno de Jaime Matas aprobó el llamado decreto de "mínimos", que fue de máximos. Éste establecía en su artículo 17 que en la Educación Primaria el uso de la lengua catalana: "Será como mínimo igual al de la lengua castellana".

Esta norma venía a establecer, en otras palabras, que los centros debían impartir por lo menos la mitad de las asignaturas en catalán. Dado que no se interesaba por el español, éste se podía relegar únicamente a la asignatura de Lengua Española (perdón, castellana), y tal ley, tal malabar lingüístico, produjo que las clases se dieran íntegramente en catalán, pues la ley sólo señalaba un mínimo y no un máximo de lengua catalana, mientras que a la lengua castellana no le señalaba mínimo alguno.

En la Ley de Normalización Lingüística de las Islas Baleares de 1986, se dieron dos novedades en la semiótica patrocinada por el PP balear, la primera fue la "sinonimia conveniente" entre educación primaria y primera enseñanza:
Artículo 18

1. Los alumnos tienen derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua, sea la catalana o la castellana.


2. A tal efecto, el Govern ha de arbitrar las medidas pertinentes para hacer efectivo este derecho. En todo caso, los padres o los tutores pueden ejercer, en nombre de sus hijos, este derecho, instando a las autoridades competentes para que sea aplicado adecuadamente.
Según el PP balear, con "primera enseñanza" se refería a la educación infantil, nada más. Con lo que no se llevó a cabo medida alguna para enseñar también en español en la educación primaria. Y, por supuesto, jamás se articuló medida alguna para que los padres pudieran elegir otra cosa que no fuera el catalán, porque el PP balear también cambió el sentido de "elegir" por el de "asumir".

Más tarde, también inventó en esta ley la "antonimia vacilante". Así, se recogían dos conceptos contradictorios en su articulado, ya que mientras un artículo contenía la libertad de elegir la lengua, el anterior expresaba justo lo contrario:
Artículo 17

El catalán, como lengua propia de las Islas Baleares, es oficial en todos los niveles educativos.
Aquí el PP balear, en la última legislatura de Matas, además de los lingüísticos, introdujo también términos teológicos, reavivando aquella discusión de si Dios es trino o uno en el terreno de la lengua: inventó un "trilingüismo" que haría de los alumnos de Baleares algo así como guías turísticos juveniles, ¡aprendiendo en tres lenguas a la vez!

El famoso trilingüismo se convirtió en nada, pues ni se aplicó masivamente, ni era obligatorio, ni podía contravenir el monolingüismo en catalán. Eso sí, quedó muy bonito en los programas electorales, y tranquilizó las conciencias de sus votantes. Ay, Feijóo, Feijóo...

El bilingüismo integrador es la última creación de los laboratorios lingüísticos del PP balear y nacional. Tras el planteamiento de una parte del partido, abanderada por Carlos Delgado, que exigía que se cumpliera la ley y se pudiera elegir lengua "vehicular" de la enseñanza, el "aparato político-lingüístico" se opone al alcalde de Calvià y sus tesis y propone el "bilingüismo integrador". Es decir, que los mismos que tras veinte años en el poder no han sido capaces, no han tenido la voluntad, no han querido dar la oportunidad de elegir, los mismos que han consentido una enseñanza monolingüe y obligatoria en catalán, ahora proponen una enseñanza "bilingüe" e "integradora".

No queremos ni saber en qué consiste, ni pensar qué supondrá tal nueva medida si se llega a aplicar, visto lo visto en el nuevo borrador del decreto gallego.

Tras el Congreso Nacional en Valencia, el PP liderado por Rajoy se ha quitado la careta de una vez y ha demostrado lo que es, imitando a los "neologistas" del PP balear: un partido que no le hace ascos a los pactos con los nacionalistas excluyentes. Porque en el fondo, al menos en las regiones con dos lenguas oficiales, eso es lo que son.

El PP balear ha sido catalanista siempre, a pesar de los muchos ropajes verbales, semánticos y lingüísticos que han utilizado para engañar al electorado. El PP balear ha hecho una apuesta clara por el catalanismo político y educativo, y se ha divorciado de su electorado.

Y lo escribo en pasado porque la historia puede cambiar. Se puede recuperar el sentido común, la libertad, el reencuentro con la mayoría social de Baleares tras los resultados del próximo Congreso Regional del 6 de marzo. Puede crear un precedente al ser abierto a los afiliados, y puede cambiar la política acomplejada. De lo contrario, de no haber cambio alguno, ya se le puede aplicar aquello que dijo García Márquez sobre la letra "hache". Que eran "heraldos de la nada".


Libertad Digital - Opinión

martes, 26 de enero de 2010

El sobrino de don Manuel. Por Cristina Losada

Mientras don Manuel reprocha a Rajoy que no defienda con mayor firmeza la unidad de España, su sobrino, por él encumbrado, disculpa y justifica a los que viven de atizar el odio contra ella. Esperpento.

La tropa del nacionalismo gallego se manifestó en Compostela contra el decreto de Feijóo. Nada nuevo bajo el sol o la lluvia. La algarada callejera, junto a la coacción, el boicot y la amenaza al discrepante, son sus instrumentos básicos. Añádase, para completar el cuadro, la agitación previa en los centros de enseñanza y el carretaxe de profes y alumnos en autobuses. Pura repetición de fenómenos meteorológicos. Ni es novedad tampoco que el Partido Socialista de Galicia se uniera al cortejo del fanatismo lingüístico. Para encontrar sorpresas, hemos de mirar hacia las filas del PP de Galicia.


Resulta que en medio de la manifa unos encapuchados procedieron a la quema de una bandera española. Fueron, como es natural, aplaudidos in situ. El odio a España es el sentimiento que los une y hace felices. Doblemente felices en este caso, pues en quien hallaron más comprensión fue en el diputado y dirigente del PP, Pedro Puy Fraga. Así como los convocantes se desmarcaron de la quema y alguno llegó a tildar a los autores de imbéciles, el sobrino de don Manuel se apresuró a invocar la libertad. "Comparto la opinión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de que quemar banderas es una forma de ejercer la libertad de expresión", afirmó Puy, de quien esperamos una pronta iniciativa para modificar el Código Penal en el sentido que ya propusiera Esquerra. Banderas, dijo, en plural. ¿También las de las comunidades autónomas? Aclárelo el sobrinísimo.

Hay algo que sí dejó claro el portavoz económico del PP y muñidor de una nueva ley de Cajas más intervencionista, si cabe, que la anterior. Su simpatía por quienes se manifestaron contra su Gobierno. Como si fuera también su portavoz, rogó que no se descalificara a aquellas buenas gentes por el episodio de prenderle fuego a la enseña. A fin de cuentas, la bandera de Puy Fraga es el galleguismo de conveniencia, ese pabellón de la derecha vergonzante al que muchos se acogieron para enterrar un pasado franquista. Mientras don Manuel reprocha a Rajoy que no defienda con mayor firmeza la unidad de España, su sobrino, por él encumbrado, disculpa y justifica a los que viven de atizar el odio contra ella. Esperpento.


Libertad Digital - Opinión

«Cojáimela». Por Alfonso Ussía

Santiago Amón–como Jaime Capmany con su «Diccionario de Tontos»– inició un «Diccionario de Cojos» que nunca vio la luz. Santiago era renco y tuvo a bien intentar clasificar a los suyos. Desde el «engañabaldosas» y el «cojo bicicleta» pasaba por todos los claudicantes posibles y probables. Entre ellos destacaba el «cojáimela», una especie de cojo del que decía que simulaba con pericia la dirección de su paseo, de tal modo, que al mover la pierna afectada ocultaba su intención de ir o venir. El «cojáimela» es, por lo tanto, un cojo confuso que extiende la confusión a los demás.

Antonio Mingote, que termina de cumplir sus primeros noventa y un años de vida, dibujaba plácidamente en su luminoso hogar cuando sonó el timbre de la puerta. Isabel, su mujer, ingresó en su despacho con la buena noticia. «El Gobierno, por tu brillantez y genialidad te acaba de conceder la Gran Cruz del Mérito Civil». Antonio continuó dibujando a pesar de la Gran Cruz, cuando el timbre de su dulce hogar se hizo notar de nuevo. Isabel ingresó en su despacho con la preocupante noticia. «El Ministro de Trabajo se ha querellado contigo porque has menospreciado al honesto gremio de los panaderos. Tienes que personarte ante el juez de inmediato o vendrá la Policía a buscarte». En el mismo día, el Gobierno condecoraba y amenazaba a Mingote con mandarle a los guardias simultáneamente. Un hecho confuso que extendió la confusión a los demás, principalmente a Isabel y Antonio.


El Partido Popular, hasta lo que he podido deducir a lo largo de las últimas décadas, es partidario de la energía nuclear. Los ingenieros y científicos aseguran que es la energía más limpia y segura. Los «verdes sandía» y una buena parte del retroprogresismo se muestran indocumentadamente contrarios. Apoyar la energía nuclear conlleva admitir los llamados cementerios y almacenes nucleares. El Ayuntamiento de la localidad alcarreña de Yebra, de acuerdo con su representación popular y democráticamente, ha considerado oportuno albergar un almacén de residuos nucleares en su soterra. Cinco votos de los representantes del Partido Popular contra dos de los socialistas. Existen almacenes y cementerios nucleares seguros en Francia y Alemania. Hasta ahí mandamos nuestros residuos. No es cuestión de pormenorizar ventajas e inconvenientes, sino de evitar confusiones. María Dolores de Cospedal se ha mostrado indignada con la actitud de los «populares» de Yebra, que han sido coherentes. Y Javier Arenas los ha defendido. María Dolores los quiere expedientar –¿de verdad o como a Cobo?– y ha desautorizado a Javier Arenas. En este asunto, creo que la coherencia y el sentido común están instalados con mucha más holgura en la nívea cabeza del dirigente andaluz que en la creciente belleza de la portavoz castellano-manchega. Si a estas alturas de la cosa resulta que el PP se ha posicionado en contra de la energía nuclear me barrunto que sus intereses son más electorales y demagógicos que respetuosos con su trayectoria y sus electores, que la verdad sea dicha, están siendo tratados como hielos en una coctelera. Espero con interés las noticias y el desenlace. ¡Qué derechita! ¡Cojáimelas!

La Razón - Opinión

domingo, 17 de enero de 2010

El miedo del PP a sus bases

La estrategia de Génova puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

A tenor de la escenografía y las declaraciones de sus principales protagonistas, la XV Reunión Interparlamentaria del Partido Popular que se está desarrollando en Palma de Mallorca está siendo utilizada por el aparato de Génova para apuntalar sin ningún pudor a un candidato del PP balear que nadie ha elegido. La situación sería menos grave en términos democráticos si no hubiera un serio candidato alternativo que cuenta con gran apoyo de las bases como Carlos Delgado, alcalde de Calviá, al que se está despreciando de forma pública por los dirigentes nacionales en beneficio de la apuesta personal de Rajoy para gestionar el partido en las Islas Baleares.


Es oportuno recordar que José Ramón Bauzá llegó a la presidencia del PP Balear sólo tras la dimisión de Rosa Estarás, que adujo ciertos problemas de salud para abandonar el cargo, lo que constituye precisamente una razón añadida para que el actual dirigente validara su nombramiento a través de un proceso democrático interno. El mismo Bauzá aseguró en los micrófonos de esRadio, tras llegar a la presidencia de forma tan accidental, su intención de convocar un congreso extraordinario para dar la posibilidad a los militantes del partido de decidir qué candidato y, sobre todo, qué línea política deberían seguir los populares en las islas para enfrentarse a sus rivales en las elecciones de 2011. "Nadie cuestiona este planteamiento" (el de convocar un congreso), llegó a afirmar el ya candidato oficial de Rajoy en su entrevista con Federico Jiménez Losantos. Bien, eso podría ser cierto en aquel momento, pero a la luz de las declaraciones y gestos de los dirigentes nacionales del PP, todo parece indicar que la decisión de Génova es llegar a las próximas elecciones con un candidato del que no se podrá conocer su apoyo real, en caso de que se consumen los deseos de Rajoy de evitar cualquier confrontación de personajes e ideas con carácter previo a la próxima contienda autonómica, que, especialmente en las Baleares, promete ser muy reñida.

El portavoz del PP nacional, González Pons, ha llegado a asegurar que un congreso en Baleares "en absoluto es necesario". Si en un partido sometido a una tensión política sin precedentes a causa de las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre algunos de sus anteriores dirigentes, con un presidente accidental al que nadie ha elegido y un candidato alternativo de importante arraigo entre las bases no resulta necesario convocar un congreso, ardemos en deseos de conocer qué tiene que pasar en una delegación territorial del Partido Popular para que, a juicio del señor González Pons, resulte oportuno otorgar a los militantes la potestad de elegir a sus dirigentes.

Poco importa, en términos democráticos, la aparente seguridad de Rajoy de que el PP balear presentará una candidatura excelente y "a la altura de las circunstancias". Ese es su criterio, muy respetable, pero por encima está, o debería estar, el derecho de todos los militantes a elegir libremente a quien les debe llevar a la victoria, ciertamente factible dado el estado de descomposición política en el que está sumida la insólita coalición actualmente en el poder autonómico.

Rajoy pretende que sus protegidos ni siquiera tengan que someterse al bochorno al que él mismo se vio sometido en el congreso de Valencia, en el que el aparato del partido movió los hilos para que la contestación interna desapareciera del escenario. Sin embargo, la insistencia justificada del alcalde de Calviá de que se cumplan las previsiones estatutarias para que los distintos candidatos se sometan al refrendo de los militantes, puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

La decisión de Rajoy de imponer a su candidato no sólo es inadmisible en un partido político que, por mandato constitucional, debe someterse en su régimen interno a criterios democráticos. Es también una afrenta a los militantes que ven como unos dirigentes nacionales les hurtan su derecho a elegir libremente qué quieren hacer con el partido en su circunscripción.


Libertad Digital - Editorial

jueves, 31 de diciembre de 2009

Algunos hombres buenos. Por Luis del Pino


En el juicio contra los oficiales del ejército que intentaron asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944, el juez que presidía el tribunal dominó todo el proceso de principio a fin. El fue el único en realizar preguntas, en responderlas y en juzgar cada aspecto del caso. Fue requiriendo a los acusados, uno por uno, que confirmaran las acusaciones, porque, como el propio juez explicó, el juicio no se celebraba para determinar la culpabilidad de nadie ("Eso ya lo sabemos"), sino para que el crimen quedara patente delante de la opinión pública.


(The Holocaust's ghost: writings on art, politics, law, and education
F.C. DeCoste y Bernard Schwartz)


En 1948 se celebró en Nuremberg el juicio contra diversos miembros de la administración de Justicia alemana durante la época nazi. Si los nacional-socialistas ocuparon todos los resortes de poder en Alemania fue, en parte, con la activa complicidad de los jueces, cuyo comportamiento entre 1933 y 1945 fue, en general, execrable. Muchos jueces alemanes abrazaron con entusiasmo, bien por afinidad ideológica, bien por interés, la causa de Adolf Hitler. Otros, se unieron al partido nazi con resignación, por miedo a que sus carreras quedaran truncadas. Casi todos los restantes, se limitaron a aplicar leyes inicuas sin hacerse demasiadas preguntas y sin cuestionar demasiado su propia responsabilidad moral.

En aquel juicio de Nuremberg sólo se sentó en el banquillo un pequeño número de jueces alemanes. Tan sólo se procesó a algunos de los que más activamente habían colaborado con el régimen nazi, por ideología o por interés, en asesinatos revestidos de una falsa apariencia de legalidad.

Un ejemplo paradigmático de aquéllos que participaron de forma activa y entusiasta en la persecución contra polacos o judíos es el de Oswald Rothaug, presidente de la Corte de Distrito de Nuremberg. En una sentencia particularmente siniestra (una entre muchas), Rothaug condenó a muerte a Leo Katzemberger, jefe de la comunidad judía de Nuremberg, en aplicación de las leyes raciales que prohibían las relaciones sexuales entre judíos y arios. Como prueba de que Katzemberger había violado esas leyes, se aportó el testimonio de una persona que dijo haber visto a una chica alemana de 19 años... ¡sentada en las rodillas del judío! Aún así, la condena que correspondía por violar ese precepto concreto de las leyes raciales era la cadena perpetua, pero el juez Rothaug argumentó que Katzemberger y su amante alemana aprovechaban para sus encuentros amorosos los apagones que se llevaban a cabo durante los ataques aéreos, y condenó a muerte a Katzemberger aplicando un agravante que preveía la muerte para aquéllos que "sacaran partido de los esfuerzos de guerra".

Un ejemplo del segundo tipo de jueces, los que abrazaron la causa nazi por interés y no por identificación ideológica plena, es el de Franz Schlegelberger, que llegó a desempeñar diversos cargos en el Ministerio de Justicia alemán entre 1931 y 1942. Schlegelberger fue un extraordinario jurista y era un hombre enormemente respetado dentro de su profesión. Alegó en su defensa, durante el juicio de Nuremberg, que estaba obligado, como juez, a aplicar las leyes emanadas de los órganos correspondientes; que sólo se afilió al Partido Nacional Socialista en 1938 porque le obligaron a ello y que intentó mitigar en la medida de lo posible los efectos de las leyes nazis. Y para explicar por qué no renunció antes a sus cargos, adujo que, si lo hubiera hecho, otro peor habría ocupado su lugar (cosa que efectivamente sucedió cuando finalmente renunció a su cargo en 1942).

Pero el tribunal le condenó a cadena perpetua (posteriormente sería liberado en 1951) argumentando que nadie puede aplicar leyes que son manifiestamente injustas. El tribunal consideró que el hecho de que Schlegelberger aceptara ocupar un alto cargo en el Ministerio de Justicia alemán contribuyó a legitimar a un régimen sanguinario. Y, si bien reconoció que el acusado hizo intentos por suavizar la aplicación de las leyes nazis, le condenó porque no tuvo reparo en estampar su firma en sentencias aberrantes cuando el gobierno nazi le presionó para que lo hiciera; por ejemplo, en la sentencia donde se condenaba a muerte a un judío por "acaparar huevos" o en la sentencia en la que se absolvía a un policía de agredir a un judío "porque la condena hubiera sido perjudicial para la moral de la Policía".

Pero al lado de los Rothaug y de los Schlegelberger, y a pesar de la sumisión casi total de la judicatura al régimen nacional-socialista, también hubo jueces (muy pocos, es verdad) que abandonaron su profesión para no ser cómplices de los crímenes nazis. E incluso hubo algunos (poquísimos) que se atrevieron a continuar actuando como verdaderos jueces y a seguir los dictados de su conciencia. Mientras les dejaron.

Uno de esos héroes poco conocidos es Lothar Kreyssig, que ocupaba el cargo de juez en la ciudad de Brandemburgo. Profundamente cristiano, Kreyssig se atrevió a desafiar en público al régimen nazi en diversas ocasiones, abandonando por ejemplo una ceremonia judicial en la que se iba a descubrir un busto de Hitler; o protestando por las sanciones contra tres magistrados que no aplicaban con suficiente contundencia las leyes raciales, o criticando en voz alta esas mismas leyes aberrantes.

Al enterarse de que los enfermos del hospital mental de la ciudad estaban siendo sacados en secreto de la institución para ser eliminados, o para ser enviados a campos de concentración, Kreyssig dictó un auto ordenando la inmediata interrupción de aquellas prácticas y abrió una investigación. Las autoridades nazis le presionaron para que cerrara aquel sumario, pero Kreyssig se negó. Presentó contra los nazis una acusación formal de asesinato de personas mental o físicamente discapacitadas, ordenó que se paralizaran los programas de aplicación de las leyes de eutanasia nacional-socialistas y amenazó con abrir proceso al propio Heinrich Himmler, impulsor de esas medidas.

La consecuencia, evidentemente, fue que el Ministro de Justicia (que por aquel entonces era Franz Gurtner) apartó a Kreyssig de la carrera judicial, jubilándole anticipadamente. Sin embargo, los nazis no se atrevieron a adoptar contra Kreyssig medidas más contundentes, para no provocar una reacción en el estamento judicial que, aunque mayoritariamente pronazi, seguía siendo enormemente corporativista.

Los ejemplos de Rothaug, Schlegelberger y Krayssig ilustran que en todas las épocas hay gente de todo tipo. Hay gente abiertamente perversa. Hay mucha gente que es simplemente ruin o egoísta. Hay muchísima gente que simplemente es acomodaticia o se deja vencer por el miedo. Pero siempre hay también, incluso en las más difíciles de las circunstancias, algunos hombres buenos, capaces de jugárselo todo por defender lo que es justo.

P.D.: Feliz Año 2010 para todos los lectores.


Libertad Digital

martes, 23 de diciembre de 2008

El Partido Popular de Cataluña felicita las fiestas.

POR SUPUESTO SOLO EN CATALAN

No vaya a ser que les llamen fachas

sábado, 6 de septiembre de 2008

Sánchez-Camacho ruega al PSC que le dejen formar parte del "frente catalán"

La presidenta del PP catalán impuesta por Génova en el congreso del pasado mes de julio, Alicia Sánchez-Camacho, ha pedido al portavoz del PSC, Miquel Iceta, que cuente con el PPC para la "unidad catalana por la financiación", conocido como "frente catalán" porque su partido no quiere quedarse al margen de la propuesta que hagan los partidos catalanes. Sánchez-Camacho no cree que apoyar el Estatuto sea un requisito para ser admitida en el club nacionalista.

Tras una entrevista entre ambos en la sede del PPC que ha durado más de dos horas, Sánchez-Camacho ha explicado que ha trasladado al representante socialista su queja por cómo están llevando esta discusión CiU y el Gobierno catalán.

Sánchez-Camacho ha opinado que la difusión de datos sobre los objetivos de Cataluña en la negociación es un "espectáculo absolutamente lamentable" y ha pedido a Iceta "lealtad" con el PPC. De hecho, la presidenta de los populares catalanes ha avanzado que hoy se pondrá en contacto con el consejero de Economía, Antoni Castells, para reiterarle la voluntad del PPC de formar parte de la "unidad catalana" y para reclamarle una entrevista y que el Gobierno catalán apueste por la participación del PPC en este frente catalán.

Aunque hace unos días el PPC puso como condición para suscribir una propuesta catalana de financiación el que se hiciera "al margen del Estatuto", Sánchez-Camacho no considera que este requisito aboque al PPC a quedarse fuera de la unidad catalana. En este sentido, ha dicho que los acuerdos de financiación anteriores se hicieron "siempre al margen de cualquier Estatuto", y ha puesto ello como prueba de que ahora también sería posible.

La entrevista respondía a una primera toma de contacto formal de la nueva presidenta del PPC con el PSC, pero también ha servido para tratar la crisis económica, según ha asegurado Sánchez-Camacho en una rueda de prensa tras la entrevista. La dirigente del PPC ha trasladado a Iceta su "preocupación" por la falta de actuación del Gobierno y la Generalitat ante una situación económica "extraordinariamente grave". Ha asegurado que actualmente hay casi tantos parados en Cataluña como en 1993 ó 1994, por lo que el Gobierno catalán lleva a Cataluña a sus peores momentos en cifras de desempleo, ha opinado.

Libertad Digital