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domingo, 12 de diciembre de 2010

El fraude climático se niega a morir en Cancún

China, EEUU, Rusia y Japón han aprovechado la cumbre de Cancún simplemente para insistir en que no van a sacrificar su crecimiento, hoy tan necesario, por un albur que sólo asume como válido una minoría interesada.

El llamado cambio climático de origen antropogénico es una construcción sociológica fruto de la agenda de la izquierda que, afortunadamente, ya sólo defienden sus beneficiarios directos en los terrenos político, académico y, sobre todo, el económico, pues no en vano el timo del cambio climático se ha convertido en un negocio fabuloso para avispados cercanos al poder y grandes corporaciones.

El objetivo de la cumbre de Cancún, finalizada ayer, era seguir sosteniendo el mito tras el fracaso estrepitoso de la anterior cita celebrada en Copenhague, en que no fue posible llegar a un acuerdo ante la sensata oposición de las principales economías del planeta. En Cancún tampoco se ha llegado a un pacto concreto sobre la forma en que los países van supuestamente a luchar contra un problema que no sabemos si existe ni, en caso de que sea real, el efecto que todas las medidas coactivas puestas en marcha pueden tener para frenarlo.


Sin embargo los más entusiastas, entre los que, para nuestra desgracia, se encuentra el Gobierno de Zapatero, se felicitarán de un texto consensuado que insiste de forma genérica en la necesidad de prorrogar el nefasto protocolo de Kioto, si bien a discreción de cada país, y del establecimiento de un fondo verde mundial en 2020 con 100.000 millones de dólares en la más acreditada tradición de los defensores de la economía sostenible, para satisfacción de las multinacionales del sector energético y los políticos encargados de gestionar una suma tan enorme.

En resumen, la cumbre anterior celebrada en Copenhague fue un fracaso estrepitoso ante la ausencia de compromisos concretos para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En Cancún no se ha alcanzado ningún acuerdo práctico pero, al menos, el proyecto de que las economías nacionales puedan ser reguladas por una cúpula de ungidos convencida de que va a salvar al planeta sigue vivo, a falta de que se pueda concretar definitivamente en alguna cumbre posterior, la primera de las cuales tendrá lugar en Durban.

En una situación de crisis económica global como la que padecemos es incomprensible que los gobiernos dediquen ingentes cantidades de dinero y energías a combatir un supuesto problema sobre el que no hay evidencias científicas claras de su existencia o magnitud, sino más bien todo lo contrario. Desde luego, no están incluidos en esa minoría fanatizada los veinticinco mil participantes en las reuniones de Cancún, bella ciudad mejicana a la que, naturalmente, llegaron en aviones cuyos motores lanzan a la atmósfera las toneladas de gases invernadero que después exigen reducir a los ciudadanos normales bajo pena de multa. Cuando utilicen para sus jaranas la muy "eco-friendly" videoconferencia comenzaremos a prestarles atención.


Libertad Digital - Editorial

miércoles, 7 de abril de 2010

Un "ecolojeta" de derechas. Por Lorenzo Ramírez

Como buen político, Costa defiende una cosa y la contraria, haciendo luego con el dinero de los ciudadanos lo que le venga en gana.

La nueva religión mundial ya no es el cristianismo, ni el islam ni por supuesto la fe judía. Todo está preparado para que los ciudadanos reciban con los brazos abiertos a su nuevo dios: el ecologismo de salón. Sus profetas trabajan a destajo en la teoría del cambio climático generado por el hombre y para ello están dispuestos a falsificar los datos que hagan falta, amenazar a los disidentes y utilizar la política para que en todos los rincones del planeta los ciudadanos se sientan culpables y, para resarcirse, llenen las arcas públicas de dinero fresco.

Hasta ahora, la mayoría de estos profetas provenían de las filas de partidos políticos de corte socialdemócrata, pero ahora le toca el turno a personajes que, bajo la careta liberal, hacen buena la dedicatoria del libro de F. A Hayek, Camino de Servidumbre, ya saben: "A los socialistas de todos los partidos".


El último en subirse al carro "ecolojeta" ha sido el ex ministro español Juan Costa que, tras su paso por el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha descubierto que el crecimiento económico es malo y la causa de la pobreza mundial, además del origen de la destrucción del planeta. Por supuesto se trata de una gran falacia, pero tristemente la mayoría de la población se la traga.

Cuarenta minutos le bastaron al gran César Vidal para desarmar el discurso cansino y apocalíptico de Costa. El periodista cuestionó la base científica de las afirmaciones que hace este político en su nuevo libro titulado La revolución imparable: un planeta, una economía, un Gobierno. La tesis de Costa no es suya, sino que la ha tomado de sus profetas predecesores, ya saben, el fin del mundo tal como lo conocemos llegará en una década debido a la quema de combustibles fósiles. El Apocalipsis climático ha llegado. Un poco pretencioso, ¿no creen?

Para empezar, el denominado "consenso científico" sobre la influencia del ser humano en el cambio climático (antes denominado como "calentamiento global") no existe. Los únicos que lo defienden son un grupo de personas que han elaborado una serie de informes para Naciones Unidas y que fueron recogidas en el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles), así como los políticos que se aprovechan de ello. De hecho, muchos de los científicos que participaron en los estudios se negaron a firmar el documento de conclusiones y fueron desterrados al campo de la pseudociencia, arrojados fuera del pensamiento único que impera en nuestros días. Todo aquel que cuestione el informe es un reaccionario que desea el fin de la vida en la Tierra, muy moderado y riguroso, sí señor.

Pero lo más grave del asunto no se encuentra en este lavado de cerebro masivo. A los políticos y a los oligopolios no les interesa nada más que nuestro dinero y poner coto a lo que queda de nuestra libertad. Por ello, los profetas de esta nueva religión quieren que paguemos por el uso de nuestra "huella ecológica" y que nos sintamos bien por ello. Este enfoque, que comparte Costa al 100%, se traduciría en una Hacienda global que se encargaría de recaudar los fondos que los ciudadanos ganan con el sudor de sus frentes. El que consuma energía de forma "excesiva" o "no sostenible" será penalizado, siempre según los criterios de la casta política.

La fiscalidad verde es la etapa final del proceso, acompañada por la pérdida de poder de las naciones y el dirigismo empresarial por parte de los gobiernos, es decir, la nueva cara del capitalismo de Estado. Según Costa, si se acompaña los nuevos impuestos "verdes" con la renuncia al crecimiento económico acabaremos con la pobreza en el mundo. No tiene ni pies ni cabeza, lo sé, pero el caso es que cuela en muchos círculos de intelectuales, especialmente en los "progres". Costa riza el rizo cuando asegura que el libre mercado es la mejor forma de asignar recursos. Como buen político, defiende una cosa y la contraria, haciendo luego con el dinero de los ciudadanos lo que le venga en gana.

Si se quiere acabar con la pobreza mundial y facilitar al Tercer Mundo la salida del pozo económico y político, la solución es mucho más sencilla. Que se eliminen las ayudas a la exportación, que se acabe con los aranceles y con todo tipo de subvenciones, dejando competir a los países menos desarrollados en igualdad de condiciones. Claro que esto provocaría un aumento de los parados agrícolas en Estados Unidos y Europa, haría perder votos a los políticos, generando cambios profundos en casi todos los sectores económicos. Es decir, señor Costa, que se produciría una "revolución" como la que usted reclama, sólo que en esta a lo mejor no se aprovecha de ello.


Libertad Digital - Opinión

lunes, 29 de marzo de 2010

Bouvard González Pons. Por José García Domínguez

"Oh, sí, aquel asunto del apocalipsis hidrocarburado resultó ser una descomunal falacia, otra más. Qué le vamos a hacer, el chusco malthusianismo de toda esa literatura de cordel se ha revelado una radical impostura. ¿Pero a quién le importa la verdad?".

Como es fama, en el célebre Diccionario de lugares comunes, aquel exhaustivo catálogo que confeccionara Flaubert con las tonterías que siempre procede repetir en público a fin de pasar por un dilecto ciudadano de bien, se establece que el idiota canónico habrá de pontificar que los cipreses sólo crecen en los cementerios; que Maquiavelo fue un varón muy malo; que todos los juguetes infantiles debieran aportar algún elemento pedagógico; y que la bolsa de valores representa el mejor termómetro de la opinión pública, entre otras sandeces ad hoc. Lástima que la muy prematura muerte del de Rouen interrumpiese aquella magna empresa literaria llamada a catalogar el inagotable caudal de la humana necedad.

De ahí, pues, que ya nunca pudiera escribir el diálogo en el que un Bouvard González Pons al platónico modo apelara tal que así a su alter ego Pécuchet: "Mi querido Pécuchet, ¿ha reparado usted en que por mucho que se hayan demostrado falaces todos aquellos absurdos augurios apocalípticos del Club de Roma, nuestros votantes y su lerdo afán por el crecimiento económico constituyen la peor plaga que haya conocido la Tierra?". A lo que su igual replicaría: "Por supuesto, caro amigo, por supuesto. Al punto de que esa infecta plaga de ignorantes consumistas ni siquiera ha acusado recibo de que, tal como demostraron en su día las ilustres parteras del desarrollo sostenible, el petróleo tendría que haber desaparecido de la faz del planeta en 1990".


Inapelable aserto científico al que Bouvard González apostillaría: "Oh, sí, claro, aquel asunto del apocalipsis hidrocarburado resultó ser un descomunal enredo, otro más. Qué le vamos a hacer, el chusco malthusianismo de toda esa literatura de cordel se ha revelado una radical impostura. ¿Pero a quién le importa la verdad, dilecto Pécuchet? A fin de cuentas, lo único verdadero para nosotros ha de ser aquello que crea a pies juntillas la mayoría. Que además el asunto resulte cierto o no, debiera sernos por completo indiferente". "Bien, ¿mas qué hacer entonces con la funesta plaga?", susurraría Pecuchet. "Sensibilizarla. Sobre todo, sensibilizarla", terciaría al punto Bouvard. "¿Pero de qué?", interrumpiría algo inquieto el otro. "De que suya es la Culpa. Y sólo de nuestra mano arribará la redención", concluiría, solemne, Bouvard. Pues eso.

Libertad Digital - Opinión

sábado, 27 de marzo de 2010

Un apagón contra el calentón (global). Por Pablo Molina

Adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto.

Este sábado, la humanidad entera está convocada a realizar un gesto simbólico para salvar al planeta de la voracidad capitalista. A instancias del equipo calentólogo habitual, todos estamos invitados a apagar durante una hora las luces de nuestras casas, en una especie de ritual destinado a aplacar la ira de la Pachamama que, según los ecologistas y los alcaldes del PP, no deja de calentarse.

Los datos dicen lo contrario, que la Tierra no ha dejado de enfriarse en la última década como hemos podido comprobar especialmente durante este invierno con sólo asomarnos a la calle, pero ¿qué es la realidad para unas ONG que han hecho del chantaje ideológico su principal fuente de financiación?


El patriarca del calentamiento, con permiso de Su Goricidad, ha dimitido después de demostrarse que había mentido como un salvaje en los supuestos estudios que avalaban la teoría del calentón. Ha nevado en lugares donde no se recordaba la presencia de este fenómeno desde hace décadas, los termómetros han pulverizado a la baja sus registros en más de medio mundo, se congelan mares y ríos por primera vez en muchísimos años, se ha demostrado, en fin, que el calentamiento global es un fraude, y la única reacción de sus promotores ha sido dejar a un lado lo del calentón y volver a hablar genéricamente del "cambio climático", porque un cambio puede producirse en ambas direcciones y así quedan cubiertas todas las eventualidades.

Además de insultar a la inteligencia de los ciudadanos, los políticos están sangrando nuestros depauperados bolsillos con medidas restrictivas de todo tipo que no sirven más que para llenar el de los que se han erigido en justicieros climáticos en representación de todo el planeta. En la izquierda esta actitud es consecuente con su trayectoria, pero se suponía que los representantes de la derecha liberal y conservadora iban a tener una disposición más respetuosa con sus votantes y una relación menos conflictiva con la realidad. Bueno, pues no. No hay alcalde del PP que no se haya sumado con todo entusiasmo a hacer el chorra este sábado apagando las luces del consistorio, no sea que los progres del municipio lo acusen de asesino de bebés foca. Pero es peor aún, porque de sus declaraciones se extrae la evidencia de que estos tíos realmente creen que la tierra se está calentando a pasos agigantados y que hay que luchar en la misma trinchera de los que hacen todo lo posible para expulsarlos del poder, y no durante una hora, sino todos y cada uno de los días del año.

Pues bien, ante semejante rendición neuronal, adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto. La Tierra se está enfriando y no quiero que los ancianos del Pirineo se congelen en uno de estos arrebatos antiecológicos de la Pachamama, empeñada en no hacer caso a los dictados de sus defensores de cuota. Eso sí es solidaridad. Están todos ustedes invitados.


Libertad Digital - Opinión

viernes, 19 de febrero de 2010

Gore. Por Alfonso Ussía

No albergo intención alguna de iniciar una polémica con Al Gore. Polemizar con quien desconoce la existencia del contrincante es absurdo. No obstante, y por si las moscas, se lo digo: «Al, eres un caradura». Acaba de publicar un nuevo libro, con título sugerente: «Nuestra elección: Un plan para resolver la crisis climática». Al Gore tiene narices. Ha ganado el Nobel de la Paz, el Príncipe de Asturias y un Oscar. Le funciona el aparato perfectamente. Me refiero, claro está, al aparato propagandístico, que del funcionamiento del otro prefiero seguir en la ignorancia más absoluta. El título del nuevo libro de Al Gore es cómodo para adquirirlo en cualquier librería. –Buenos días–; –buenos días–; –¿Tienen ustedes el libro «Nuestra elección: Un plan para resolver la crisis climática», del profesor Al Gore?–; –lo tenemos. Como usted sabe, los derechos de autor son para las ardillas de Montana, los pingüinos de la Antártida y los buitres leonados de Herzegovina–; –Pues me llevo diez, por solidaridad–.

Al Gore critica a los «lobbies» energéticos, pero no al suyo. Afirma que la petrolera Exxon Mobil «pagaba 10.000 dólares por artículo que cuestionara el cambio climático». He escrito varios artículos cuestionando el cambio climático, y Exxon Mobil no ha tenido el detalle de enviarme ni un centavo. Cuando Gore publicó su primer libro, con título más apacible, «Una verdad incómoda», se supo que en su casa se consumía veinte veces más energía que la media, y que cobraba 200.000 euros por conferencia. Me molesta el último dato. Envidia, cochina envidia española. Mis conferencias salen abrumadoramente más baratas, y séame permitido el desahogo de decir que son mucho más interesantes y divertidas que las de Al Gore. Otra cosa que me preocupa de Al Gore es que cada día que pasa se parece más físicamente a Federico Mayor Zaragoza. En el aspecto, están entre Pili y Mili y los Hermanos Calatrava.

En su libro que no ha escrito, Al Gore arremete contra los que niegan el cambio climático y el calentamiento global. Pocos libros se van a vender –me ciño a España–, en la mayor parte de las provincias españolas, que este invierno han protagonizado un calentamiento global de tres mil pares de «eggs». Pero no se trata de reducir la controversia a las experiencias locales. Sucede que alguno de los gurús de Al Gore ha reconocido que ha falseado datos y publicado trampas perfectamente urdidas. Y que lo que tiene Al Gore no es una pasión por la energía blanca y todas esas vainas, sino un negocio formidable que le va viento en popa a toda vela. Y el que escribe textualmente «la sociedad tendrá que cambiar algo más que las bombillas» consume en su casa veinte veces más que en otra casa cualquiera, lo que da a entender la dimensión vertical y horizontal de la carota de Al Gore.

El libro de Al Gore es una cadena de tópicos y lugares comunes del ecologismo «sandía». El equilibrio se encuentra en el respeto hacia la hermana ardilla, el hermano cachalote y el hermano glaciar Perito Moreno, siempre que se acepte como principio incuestionable el mismo respeto hacia el hermano ser humano. Para Al Gore, que ha sido vicepresidente de los Estados Unidos, es más lamentable el desprendimiento de un bloque de hielo que los muertos por una guerra. Pero vende el tío. Un fenómeno. Corran y adquieran su último libro, si es que tienen cabeza para memorizar su título. Y es igualito a Mayor Zaragoza.


La Razón - Opinión

lunes, 15 de febrero de 2010

Adiós al consenso calentólogo. Por Gabriel Calzada

El "consenso" ha servido a las organizaciones del ecologismo radical para negarse una y otra vez a discutir cuestiones tan básicas como puedan ser los puntos más oscuros de la teoría catastrofista, o las propias mediciones de temperatura.El supuesto consenso científico sobre un cambio climático catastrófico provocado por la actividad humana ha sido la matraquilla con la que el ecologismo radical y todo el movimiento calentólogo ha defendido desde hace años el intervencionismo energético y el racionamiento de CO2, entre otras medidas que nos alejan del libre mercado y la prosperidad. El "consenso" también ha servido a las organizaciones del ecologismo radical para negarse una y otra vez a discutir cuestiones tan básicas como puedan ser los puntos más oscuros de la teoría catastrofista, o las propias mediciones de temperatura. Desde el director de Greenpeace hasta el último becario de WWF, la posición típica en los últimos años ha sido negarse a debatir sobre las causas y el alcance del cambio climático porque, según ellos, el consenso ya había dictado sentencia sobre estos asuntos. Catastrofistas como López Uralde no paraban de repetir que lo único que se podía discutir era cuánto teníamos que racionar las emisiones de CO2 para detener la catástrofe planetaria.

Pues ahora resulta que el principal científico involucrado en el Climategate y uno de los gurús del "consenso" calentólogo, Phil Jones, reconoce que no existe tal consenso, que la inmensa mayoría de los científicos no consideran que el debate haya concluido y que, desde luego, esa no es su visión. Según el científico británico apartado temporalmente de sus funciones como director de la conocida Unidad de Investigación sobre el Clima (CRU), aún existen muchas incertidumbres, no sólo en lo que respecta al futuro, sino también en lo que se refiere a las mediciones de las temperaturas y especialmente el de las temperaturas pasadas.

Con estas declaraciones a la BBC que recoge Libertad Digital, el ecologismo radical se ha quedado con el culo al aire. La idea del consenso ha sido el corazón de la estrategia calentóloga y le estaba sirviendo para todo al movimiento ecologista. En la web de Greenpeace podemos encontrar frases afirmaciones del tipo: "Existe un amplísimo consenso científico internacional acerca de que el cambio climático avanza a una velocidad mucho mayor de lo que se esperaba hace pocos años". Sin embargo, el propio Jones reconoce en la entrevista que entre 1995 y 2009 hay una tendencia negativa de -0,12 grados centígrados por década (si bien matiza que no es estadísticamente significativa).

Los catastrofistas parecen estar perdiendo apoyos a marchas forzadas. Otra de sus cantinelas se refería al hecho de que jamás habíamos vivido un calentamiento similar. Pues bien, una vez más su hasta ahora adorado Jones desmiente este mito y reconoce que ha habido al menos tres periodos anteriores, uno de ellos en el siglo XIX, en los que el calentamiento ha sido similar al de las últimas décadas. Es más, incluso admite lo abierto que está el debate científico en torno al famoso Palo de Hockey, popularizado por Al Gore en su conveniente y oscarizada secuencia de mentiras y exageraciones. El climatólogo llega a reconocer que el periodo cálido medieval podría haber sido más caluroso que el periodo actual.

El Climategate parece haber traído algo de sensatez al debate en torno al cambio climático. Esto no es sólo importante de cara a la búsqueda de la verdad científica en este terreno, sino que también lo es, y mucho, para que la adopción de estrategias públicas y privadas se realice con un mínimo de cordura, respetando las libertades individuales y pensando en los distintos costes y beneficios que pueda haber en juego.


Libertad Digital - Opinión

sábado, 9 de enero de 2010

Climategate en la TV finlandesa

Tres vídeos de un reportaje emitido por la televisión finesa y subtitulados en español por el grupo del blog Plaza Moyúa

La noche del Jueves, 19 de noviembre, aparecieron en un servidor de Internet en Rusia archivos de datos internos y copias de los correos electrónicos del centro de investigación climática británico C.R.U. La filtración puso en evidencia el funcionamiento interno de CRU, un bastión de científicos del IPCC, defensores del Global Warming, así como el cúmulo de errores, engaños y presiones efectuados por ellos sobre los científicos que no coincidían con ellos.





lunes, 21 de diciembre de 2009

Instrucciones para hacer el indio. Por José García Domínguez

El ecologismo ha sabido buscar alojo en esa región del cerebro donde el miedo y el sentimiento de culpa incuban un microclima moral apto para la más pura irracionalidad.

Tras la soberbia escena cómica de Zapatero en Copenhague, cuando dio en hacer el indio parafraseando la famosa carta ful del piel roja Seattle al presidente de los rostros pálidos, hay algo más que simple indigencia cultural. De hecho, bajo la estomagante cursilería de la frasecita yace, incólume, el mito que alimentó el discurso prometéico de la izquierda a lo largo de las dos últimas centurias: la fantasía del buen salvaje. Esa leyenda urbana que ansía recrear la memoria atávica de un hombre "natural", magnánimo, generoso, libre y gozosamente feliz; idílica criatura cuya inocencia primigenia habría de ser corrompida por la vida en sociedad y sus funestos corolarios: el Estado, la división en clases y la propiedad privada.


Desde que aquel trilero de las ideas que respondía por Rousseau ingeniara ese tocomocho antropológico, legiones de traficantes de sentimientos no han cesado de hacer negocio con la misma estafa. En el siglo XX, la utopía, nombre artístico por el que también es conocida, llenó de cadáveres las cunetas de la Historia gracias a los dos hermanos gemelos que entonces la encarnaban: el comunismo y el nazismo. Ahora, el ecologismo, ideología que mantiene una relación con la ecología pareja a la de la velocidad con el tocino, se ha convertido en la nueva expresión política de una fábula siempre igual a sí misma. Y como todas las creencias que se sustentan en emociones, ha sabido buscar alojo en esa región del cerebro donde el miedo y el sentimiento de culpa incuban un microclima moral apto para la más pura irracionalidad.

Es ese milenarismo apocalíptico lo que late detrás de la gansada zapateril, algo en las antípodas doctrinales del muy prosaico principio de que quien contamina, paga. Lejos de eso, se trata de una actualización de la vieja retórica mesiánica de la "explotación del hombre por el hombre", con la nimia salvedad argumental de que al capital opresor le ha dado por extraer la plusvalía directamente de la Naturaleza. No obstante, amigos, "cuando el último piel roja se desvanezca de la tierra y su memoria sea solamente una sombra de una nube atravesando la pradera, estas riberas y praderas estarán aun retenidas por los espíritus de nuestra gente", que diría el ectoplasma de Seattle. O Zapatero, que tanto monta.


Libertad Digital - Opinión

Que descontaminen otros. Por José María Carrascal

IMAGINEN un viejo edificio donde unos vecinos, tras haber acondicionado su piso con todo confort, dicen al resto que no pueden hacer lo mismo, porque a la larga el inmueble se desplomaría. Es lo que ha ocurrido en Copenhague entre los países desarrollados y los emergentes. Después de haber talado los bosques propios, es muy fácil decir a Brasil que no tale los suyos porque los necesitamos como pulmón del planeta. Con dos coches por familia, es muy fácil decir a los chinos que sigan con la bicicleta por la contaminación. Pero nadie renuncia al coche, ni a la calefacción, ni al aire acondicionado, si puede permitírselo, ni ningún Gobierno renuncia a industrializarse, si representa puestos de trabajo. Creer otra cosa es desconocer la naturaleza humana o pedir a los demás lo que no nos pedimos a nosotros mismos.

La contaminación es producto del desarrollo, y si los ya desarrollados pueden permitirse el lujo de refrenar el suyo, el resto tiene que hacerlo a lo bestia, como lo han hecho todos, sin que nadie pueda impedírselo. Esa es la realidad y eso es lo que se ha impuesto en Copenhague. No ha habido cuotas de emisiones de CO2, ni mecanismos de supervisión, ni castigo para los más contaminantes. Cada país se fijará sus normas, con el objetivo común de que la temperatura de la atmósfera no suba arriba de dos grados. Un acuerdo de mínimos. Lo máximo que podía alcanzarse con tan diferentes perspectivas sobre un mismo problema. Mejor algo que nada se han dicho todos, menos los cinco bronquistas de Chávez.

Que Obama decidiera hacer causa común con los países emergentes en vez de con sus aliados naturales, los desarrollados, indica dos cosas: que Estados Unidos ya no es la única gran potencia mundial y que su nuevo presidente tiene más sentido de la realidad que los líderes europeos. Porque la demanda de energía va a seguir creciendo, nos guste o no, como advierte la última noticia «contaminante»: en 2025, India sobrepasará a China en población. Imagínense a todos pidiendo lo que nosotros tenemos.

Que puedan tenerlo o no dependerá de si seguimos utilizando las viejas fuentes de energía -el carbón, el petróleo- o si usamos otras nuevas. No me refiero a la eólica o la solar, que aparte de contaminar también, son carísimas, sino a las aún desconocidas. Pero para eso hay que descubrirlas. Quiero decir que el problema del medio ambiente no se resuelve con frenar el desarrollo, como piden los autodenominados ecologistas, sino con más desarrollo, con tecnología más limpia, más barata, más eficiente que la actual. Que seguro la hay. Es lo que ha venido haciendo el hombre a lo largo de la historia, pero últimamente parece haber olvidado.

Puede que necesitemos empezar a tener dificultades respiratorias para que nos decidamos a ello. Antes, difícilmente.


ABC - Opinión

El fiasco danés del catastrofismo climático

Lejos de Copenhague ha quedado la pretensión ecologista de elevar las restricciones de gases de efecto invernadero para así poder influir directamente sobre la economía asignando cuotas de emisión a los distintos sectores empresariales.

La Cumbre de Copenhague se ha saldado con un rotundo fracaso para sus promotores y para todos aquellos que pretendían aprovechar las conclusiones más radicales y alarmistas sobre una controversia científica para sacar adelante su agenda política; una agenda liberticida que muy poco tenía que ver con salvar a la humanidad de sí misma y sí mucho, en cambio, con ponerle los grilletes que no pudieron acabar de colocarle durante todo el s. XX.


Apenas un compromiso muy genérico de que las temperaturas no aumenten más de dos grados con respecto al nivel de 1900 y, eso sí, un reguero de miles de millones para los países pobres con los que supuestamente mitigar los efectos de su adaptación a menores emisiones de CO2.

Lejos, por consiguiente, ha quedado la pretensión ecologista radical de elevar los objetivos de restricciones de gases de efecto invernadero para así poder influir directamente sobre la estructura productiva de una economía asignando cuotas de emisión a los distintos sectores empresariales. Los políticos no podrán racionar la creación de riqueza más de lo que ya lo están haciendo con Kioto. Al menos, hay que celebrar que no habrá en principio mayores recortes a la libertad.

Claro que tampoco conviene echar demasiado pronto las campanas al vuelo. Desde luego, los ecologistas están muy decepcionados porque no existirá ningún instrumento jurídico internacional que obligue a todos los países a reducir sus emisiones. Sin embargo, eso no significa que cada país, en su propósito de contribuir a que la temperatura global no aumente en dos grados, no vaya a adoptar unilateralmente cualquier paquete de medidas intervencionistas que les permita a sus políticos controlar porciones mayores de la economía.

En España no podemos sentirnos precisamente reconfortados. Además de estar insertos en la Unión Europea, una comunidad política que en los últimos lustros ha adoptado un perfil claramente antiliberal y calentófilo en la mayoría de sus decisiones, nuestra clase política parece entusiasmada con cualquier iniciativa legislativa, por absurda y suicida que sea, que apele al cambio climático.

Así, nuestro jefe de Gobierno proclama expropia en un delirante discurso la expropiación de todas las propiedades del planeta para entregárselas al viento; una abstracción que equivale a decir que los bienes materiales no son de nadie y que, por tanto, deben ser gestionados irrestrictamente por nuestros representantes colectivos: él mismo.

Y en competencia directa con nuestro socialista presidente, la secretaria general del principal partido de la oposición, María Dólares de Cospedal, se queja de que en Copenhague se hayan adoptado "pocos acuerdos" al tiempo que pide más "concienciación" sobre el cambio climático. Por lo visto, en Elche también se invitó a abandonar el PP al primo de Rajoy.

Puede, por tanto, que el acuerdo de mínimos de Copenhague le sirva de poco a España, asfixiada por una partitocracia intervencionista que se pelea por ser los pioneros en Europa a la hora de restringir libertades. Pero sin duda les será de gran ayuda a muchos otros países con unos políticos más prudentes.

Al final, pues, parece que de la capital danesa sólo ha salido una declaración de buenas intenciones que costará a los países occidentales alrededor de 100.000 millones de dólares en ayudas a los países del Tercer Mundo. Es decir, en volver a demostrar aquella máxima de Lord Bauer que calificaba las ayudas públicas para el desarrollo como la manera de redistribuir el dinero desde los pobres de los países ricos a los ricos de los países pobres. Elevada factura que sin embargo palidece ante otros posibles resultados de la cumbre como habrían sido un control aún mayor de las economías occidentales o la creación de un Gobierno mundial.


Libertad Digital - Editorial

domingo, 20 de diciembre de 2009

La cumbre parió un ratón

El acuerdo de mínimos de Copenhague ni siquiera fija objetivos de reducción de emisiones.

La cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático terminó ayer con un resultado decepcionante, sobre todo a la vista de las expectativas abiertas por el principio de acuerdo previo entre Estados Unidos y China sobre las emisiones de gases de efecto invernadero que incluía una reducción efectiva -aunque insuficiente- por parte del primero, y una reducción ligada al crecimiento del PIB de la potencia asiática.

Pero ni siquiera se ha llegado a esto. El acuerdo final, cocinado por los líderes de unos pocos países y aceptado por el resto, con la oposición de cinco de ellos, sólo reconoce la necesidad de contener el aumento de la temperatura media del planeta en dos grados, un umbral por encima del cual los efectos podrían ser irreversibles, y que en algún momento se ha de llegar a un máximo en la cantidad global de gases emitidos. Un acuerdo con un grado de concreción menor que el del Protocolo de Kioto, a pesar de que la situación es ahora mucho más preocupante que hace una década.


Los líderes mundiales eran conscientes de que no bastaba con un compromiso concreto de reducción de las emisiones si no iba acompañado de una definición sobre los procedimientos para alcanzarlo, que implican necesariamente cambios profundos en nuestros hábitos de consumo energético y afectan a la vida ciudadana, a los usos domésticos, a la movilidad y la actividad industrial. Pero en Copenhague ni siquiera se ha logrado lo primero. El nivel total de emisiones no ha dejado de aumentar desde que se celebró la Cumbre de la Tierra de Río, en 1992, donde se sentaron las bases de los acuerdos que vendrían después. Y no parece, a la vista de la escasa voluntad mostrada por los países que más emiten, que esa tendencia vaya a cambiar en los próximos años. Malas noticias sin paliativos, para el planeta y para el conjunto de sus habitantes.

Todos tienen una parte de responsabilidad en este fracaso, pero no hay duda de que la mayor debe asignarse a Estados Unidos, que es, con diferencia, el primer país en emisiones per cápita, y a la par que China, con más de cuatro veces su población en emisiones globales, que no aceptó compartir esfuerzos con los demás países desarrollados en el Protocolo de Kioto, y que ha seguido incrementando sus emisiones poniendo su interés económico a corto plazo por delante de cualquier otra consideración.

Por supuesto que otros países también pueden entorpecer el progreso en este campo, pero una actitud decidida de los estadounidenses cambiaría radicalmente el panorama. Ahora seguimos esperando que el Senado y el Congreso de dicho país tengan a bien debatir y aprobar una ley sobre emisiones de CO2 para poder concretar una política global que mitigue los efectos de la dinámica de cambio climático en la que estamos envueltos. Esperemos que esto ocurra pronto y los líderes mundiales puedan volver a reunirse el año que viene y rubricar el acuerdo firme y eficaz que el planeta necesita.


El País - Editorial

Un acuerdo decepcionante, una concienciación esperanzadora

La cumbre de Copenhague se cierra con una declaración de intenciones y las expectativas puestas en México 2010

LAS DOS semanas de cumbre contra el cambio climático que se clausuraron ayer en Copenhague se han cerrado, en la práctica, sin ningún contenido. El «no hay tiempo para hablar, hay que actuar» que proclamó Obama en su discurso, no se ha cumplido. De entrada, cada país es libre de adoptar o no el acuerdo para la protección del clima.


Además, los objetivos fijados son inconcretos y poco ambiciosos: se aplaza a febrero de 2010 cuánto deben reducir los países ricos sus emisiones de gases de efecto invernadero; EEUU sólo admite rebajarlos un 4% respecto a lo que contaminaba en 1990; y se expresa el vago deseo de limitar la subida de las temperaturas en dos grados con respecto a las registradas en 1900, sin tener en cuenta que con los compromisos apalabrados se calcula que la temperatura rebasará en tres grados a la de hace un siglo. Por si todo esto fuera poco, China, el primer productor de gases contaminantes del planeta, ha conseguido que sus emisiones no las supervisen organismos internacionales, lo que impide una valoración objetiva. Por eso se entiende la indignación de los ecologistas, que hablan de «vergüenza climática», y el escepticismo de la propia ONU, que se limita a calificar la resolución final como «mera declaración de intenciones».

No sólo el contenido del acuerdo ha sido decepcionante, también la forma de lograrlo. Cinco países se han negado a firmarlo. Dado que las bases de este tipo de encuentros obligan a que lo pactado se suscriba de forma unánime, la organización se ha visto forzada a inventar una fórmula para sacar adelante el documento final, que consiste en constatar que todos tienen «conocimiento» de lo que en él se dice.

El revés de la cumbre es especialmente doloroso para Europa. Primero, porque la UE era la que llegaba a Copenhague con un planteamiento más ambicioso. Pero, sobre todo, porque el acuerdo final se cocinó en una reunión personal entre el presidente estadounidense y el jefe del Gobierno chino, lo cual pone de manifiesto el papel secundario al que ha quedado relegado nuestro continente tras el despegue de China.

Aunque para muchos el resultado de la conferencia ha supuesto una desilusión, ello no debe empañar los avances. El más importante, capital para el futuro, es la concienciación social y política mundial del problema del clima, que se comprueba sólo con comparar la repercusión que tuvo hace una década la cumbre de Kioto con ésta de Copenhague. Allí la autoridad más destacada fue el vicepresidente Al Gore; en la capital danesa ha participado más de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, incluidos los de las primeras potencias y los de los países más contaminantes. Lo mismo cabe decir en cuanto a la resonancia pública: el impacto mediático ha sido extraordinario. Se ha dado así un salto cualitativo fundamental que permite augurar que lo que no se ha firmado en Copenhague quizás pueda rubricarse en la cumbre de México de 2010.

Si hace dos semanas había 37 países comprometidos con el problema del calentamiento global, desde ayer son ya 187. Por eso no anda tan desencaminado el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, cuando apunta que aunque el resultado «no es lo que esperábamos», se trata de un «buen comienzo».


El Mundo - Editorial

martes, 24 de noviembre de 2009

La mentira climática al descubierto

Mientras unos se inventan la coartada falseando lo que haga falta, otros recogen carretadas de dinero público malgastado en un problema inexistente, al tiempo que ponen a sus pies a los legisladores de medio mundo.

La rápida difusión por la red de una serie de documentos privados y de correos electrónicos pertenecientes a varios miembros de la Unidad de Investigación del Clima (UIC) de la Universidad de East Anglia, ha hecho estallar un escándalo mayúsculo dentro y fuera de la comunidad científica. Y no es para menos. El alcance de lo descubierto pone contra las cuerdas a la institución y siembra serias dudas sobre su trabajo científico y, especialmente, sobre sus fatalistas predicciones climáticas.

La UIC ha sido una de las instituciones que más se han significado a favor del calentamiento global de origen antropogénico. Para ello, según se desprende de la documentación "incautada" en la red de redes, sus especialistas han utilizado la mentira y la manipulación, han destruido valiosos datos que no congeniaban con sus modelos y han sometido a un férreo marcaje a los científicos escépticos persiguiéndoles y haciendo lo imposible por evitar que éstos publicasen en revistas del ramo. Los científicos de la UIC, cuyos vínculos con el medioambientalismo radical han quedado más que demostrados, llevan una década cocinando datos y previsiones, engañando a la opinión pública y cercenando el debate científico en torno a este tema.

El escándalo ha sido de tal calibre que toda la prensa mundial, –excepción hecha, naturalmente, de la servil prensa española que, presa de un inexplicable complejo de culpa, vive agachando la cerviz ante el ecologismo más retrógrado– se ha hecho eco del mismo. Los dogmas ecologistas sobre el presunto calentamiento global enfrentan así un nuevo tour de force del que van a salir seriamente dañados dado el prestigio que, hasta la fecha, poseía la Unidad de Investigación del Clima. El propio IPCC, el panel de Naciones Unidas creado para servir de altavoz a los catastrofistas, se sirve de sus estudios, no en vano algunos miembros de la UIC son, a un tiempo, privilegiados asesores del IPCC.

Una merienda de negros que deja al descubierto la inmensa estafa intelectual de nuestra época. Mientras unos se inventan la coartada falseando lo que haga falta, otros recogen carretadas de dinero público malgastado en un problema inexistente, al tiempo que ponen a sus pies a los legisladores de medio mundo. Al final, todo este tinglado, vestido de ciencia y buenos sentimientos hacia la humanidad, consiste en arrimar dinero y poder al ascua de una cuadrilla de iluminados, apóstoles del fin del mundo obsesionados con transformarlo a la medida de sus prejuicios.

Los que no están dispuestos a pasar por el estrecho ojal de la doctrina oficial –y única– son arrojados a las tinieblas exteriores y privados con saña de voz, de voto y hasta de presencia física. El fanatismo de unos, los intereses de otros y la complicidad de casi todos ha creado un monstruo que lucha por perpetuarse a cualquier precio, incluido, claro está, el de la verdad. Sería, pues, esta una ocasión dorada para reabrir el debate y desenmascarar a los que se han adueñado del discurso, intoxicándolo con verdades que hay que creer a puño cerrado o sufrir las consecuencias por negarlas. Sería, en definitiva, un momento perfecto para devolver un asunto científico al ámbito propio de la ciencia, arrancándoselo a los que han hecho del clima el mejor y más efectivo argumento ideológico de nuestro tiempo.

Libertad Digital - Editorial

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Se ha inventado el CSIC el desprendimiento de hielo en la Antártida?

¿Cómo puede ser que varios científicos que disponen de satélites no puedan medir una placa de hielo desprendida de la Antártida o ponerse de acuerdo en si la placa existe o no? ¡Peculiaridades de la ciencia!

El desprendimiento de un bloque de hielo equivalente a dos Euskadis, una provincia de Sevilla o el archipiélago de Hawai en la Antártida que anunció el CSIC el día 17 y apareció en todas las telelvisiones, radios, periódicos de papel y digitales ES MENTIRA según varios científicos alemanes y chilenos.


Tal como cuentan la prensa iberoamericana y algunas páginas en inglés, varios científicos alemanes y chilenos han comprobado que no se produjo ese desprendimiento achacado -¡cómo no!- al calentamiento global.

Aquí hay varias informaciones al respecto: La Jornada, de México, El Comercio, de Perú, Venezolana de Televisión...

Reproduzco la información del periódico chileno La Tercera, publicada el miércoles 18:
Varios investigadores alemanes aseguraron hoy que los satélites colocados en la Antártida no han detectado pruebas del desprendimiento de un bloque de hielo de 14.000 kilómetros cuadrados de la plataforma Wilkins, como aseguró el martes el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC).Ni en las imágenes del satélite alemán Terrasar, ni en las del europeo Envisat pueden verse ningún desprendimiento en la plataforma Wilkins, en la Antártida, subrayó la experta Angelika Humbert, de la Universidad alemana de Münster.

"No puede saberse todavía cuando se romperá", agregó por otra parte. Según sus estimaciones, cuando se produzca la descomposición, el bloque de hielo desprendido podría ser de entre 500 y 3.800 kilómetros cuadrados.

Tampoco el profesor Heinrich Miller, del Instituto Alfred-Wegener de Bremerhaven, en el norte del país, cree que se haya producido el desprendimiento del que alertan los expertos del CSIC.

"Según mi valoración de las imágenes de los satélites, desde hace un año, unos 2.500 metros cuadrados se encuentran en proceso de deshielo", dijo.

Tampoco la organización ecologista Greenpeace ha detectado un empeoramiento dramático en la plataforma Wilkins.
Una página web en inglés describe así el hallazgo español:
Even the alarmist group Greenpeace said today [día 18] there was no information on the alleged massive event reported by the Spanish in the South Pole. What was larger than Hawaii, in fact, became an embarrassing ice cube.
¡Ni Greenpeace acepta el descubrimiento de los científicos españoles Jordi Dachs y Carlos Duarte.

El CSIC no ha respondido a estas protestas. En su página web sólo está colgada la nota de prensa que desencadenó la sorpresa masiva. Las tres notas de prensa posteriores sólo hablan de la mineralización de los huesos, de un gen que intervienne en la floración de una planta y de una explosión de rayos gamma. Lo único que ha hecho es matizar que en vez de las dos Euskadis fue una provincia de Álava, la séptima parte.

Ayer hablé con el departamento de prensa del CSIC. Me dijeron que ellos transmitían lo que les decian los científicos: "No entramos al trapo de disputas morales y científicas. Estamos al servicio de los investigadores y difundimos lo que nos cuentan". Los profesionales de comunicación insisten en que Jordi Dachs y Carlos Duarte les han dicho que el 25% de la plataforma de Wilkins se ha resquebrajado del resto mientras que el 75% restante muestra grietas.

Los científicos partidarios del calentamiento global y de la teoría de la evolución afirman que ellos se basan en pruebas y en datos irrefutables. ¿Cómo puede ser entonces que el descubrimiento del Hespérides sea discutido de esta manera, en que llega a negarse ¿Alguien miente? ¿Quién y por qué?

Ya sabemos que cuando aparecen datos o informaciones que refutan la creencia en el cambio climático, se ocultan. ¿Es esto lo que está pasando aquí?

CODA: El cambio climático como refugio de los tontos y los sinvergüenzas:
(...) cuando terminó la primera reunión en Moncloa entre el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y los principales banqueros del país. Por aquello de coordinar medidas ante la crisis, ZP se despidió de sus invitados con una frase para el futuro: la crisis -vino a decir-, no es para tanto, "lo verdaderamente importante es el cambio climático, porque no afecta a todos".

Periodista Digital

lunes, 16 de febrero de 2009

Al Gore denunciado por mas de 30 000 Cientificos por fraude (VOSE)

John Coleman, fundador del Weather Channel, y mas de 30.000 cientificos han decidido que, dada la reticencia de Al Gore y su tropa de burocratas del IPCC de la ONU, no podran rechazar el debate que se dara en el juzgado al ser acusado por fraude. Hay cada vez mas cientificos que respaldan las predicciones de Fred Hoyle y Wickramasinghe, y tantos otros, expuestos en el libro CALOR GLACIAL del valiente contraperiodista Luis Carlos Campos, escrito contracorriente.

Desde verano de 2007 que nos enfriamos, y el informe cientifico que prometia la ONU-IPCC para Noviembre 2007, luego para Febrero 2008 no ha aparecido ni aparecera. Numerosos ex-cargos del IPCC que dimitieron habiendo visto la corrupcion y mendacidad de esta institucion han hablado.

No se pierdan el final del video. Los ciclos solares son inexorables, y la justicia tambien.


jueves, 5 de febrero de 2009

Temporal y nieve en 14 comunidades de España

Libertad Digital: La nieve podría volver a cubrir Madrid en las próximas horas
El Ayuntamiento de Madrid mantendrá "operativos y coordinados" todos sus dispositivos de emergencias ante las previsiones meteorológicas que pronostican lluvia y nieve en la capital en las próximas horas.

El Mundo: Temporal en toda España y nieve para la hora punta de Madrid
La nieve, la lluvia y el viento regresan este jueves por todo el país, según la predicción de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que anuncia nevadas en el centro y noroeste y lluvias fuertes en el estrecho y la costa mediterránea andaluza. Habrá mucho viento en el Cantábrico, la costa andaluza y las zonas altas.

El País: El temporal mantiene a casi toda España en alerta
La nieve, la lluvia y el viento vuelven a instalarse hoy por todo el país. Todas las comunidades, a excepción de Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, se encuentran en alerta naranja o amarilla por nieve, viento o lluvias, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que alerta de nevadas para cotas de 900 metros en puntos del interior peninsular y de 600 en el cuadrante noroeste. Además, se producirán fuertes lluvias en puntos del litoral mediterráneo andaluz y en el área del estrecho e importantes vientos en el Cantábrico y en puntos de las costas andaluzas y del mediterráneo.

La Razón: Protección Civil alerta a 14 comunidades ante el riesgo de nevadas y fuertes vientos
La Dirección General de Protección Civil y Emergencias del ministerio del Interior ha alertado a la delegación y subdelegación del Gobierno y a la Comunidad de Madrid ante el riesgo de que puedanevar a partir de esta noche y a lo largo de mañana jueves. Además, también ha alertado a otras 14 comunidades autónomas y en particular a Galicia y a Canarias, por vientos costeros.

ABC: La nieve vuelve a poner en alerta a la Comunidad de Madrid: se recomienda no sacar el coche
La Comunidad de Madrid activó ayer el nivel 1 del Plan de Inclemencias Invernales ante la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de que nieve durante la mañana de hoy y se acumulen hasta 10 centímetros de nieve en la sierra y 3 centímetros en Madrid capital, el Corredor del Henares, zona sur y Las Vegas.

lunes, 2 de febrero de 2009

martes, 27 de enero de 2009

Dos barcos con centenares de personas atrapados en el hielo en Canadá

La Vanguardia: Dos barcos con centenares de personas atrapados por el hielo al este de Canadá

Desde el fin de semana, una superficie helada de cinco kilómetros cuadrados bloquea el acceso al puerto de Matane

Dos barcos con centenares de personas a bordo están atrapadas en el hielo al este de Canadá, y un rompehielo no ha logrado hasta el momento liberar la vía, informaron medios locales.

A bordo del "CTMA Vacancier" hay unas 300 personas. También el "Georges-Alexandre-Lebel" de la sociedad COGÉMA está atrapado en el hielo frente a Matane.

El director general del COGÉMA, André Landry, señaló al diario francoparlante "Le Soleil" que desde hace mucho no había un hielo tan grueso tan tempranamente en el año, lo cual sucede habitualmente recién en febrero y marzo. El rompehielos "Terry Fox" intentó ayudar al barco, pero hasta ahora no tuvo éxito, agregó.

Desde el fin de semana, una superficie de hielo de cinco kilómetros cuadrados bloquea el acceso al puerto de Matane, indicó "Le Soleil".



La Razón: Un rompehielos intenta rescatar en Canadá un crucero con 300 personas

El rompehielos del Servicio de Guardacostas canadiense "Terry Fox" intentará liberar hoy un crucero con unas 300 personas a bordo que está atrapado en una gruesa capa de hielo que cubre el río San Lorenzo, en la provincia de Québec.

El crucero "CTMA-Vacancier" había sido fletado para llevar a un grupo de esquiadores a las montañas Chic-Chocs, en la península Gaspé, en Québec, para pasar una semana practicando la modalidad de esquí nórdico.

Pero el crucero se vio detenido en la noche del lunes por el espesor del hielo a la altura de la localidad quebequesa de Matane, unos 350 kilómetros al nordeste de la ciudad de Québec y a pocos kilómetros de la desembocadura del río San Lorenzo.

Uno de los pasajeros del "CTMA-Vacancier", el director de documentales canadiense James Gray, declaró hoy a la televisión canadiense CTV que la situación es de total normalidad en el barco.

"Tenemos una fiesta de 24 horas", afirmó Gray por teléfono.

Indicó que las temperaturas en la zona han descendido a los 40 grados bajo cero y que el rompehielos "Terry Fox" también está atrapado por el grosor del hielo.

"Están intentando abrir el paso, pero también están atascados", explicó el pasajero.

Además del "CTMA-Vacancier" y el "Terry Fox", el hielo mantiene inmovilizado a un barco carguero, el "George Alexandre Lebel". El lunes, un transbordador con más de 100 personas fue liberado por el rompehielos y pudo alcanzar el puerto de Matane.

lunes, 26 de enero de 2009

NASA: la madre de todas las web sobre Cambio Climático (antes llamado Calentamiento Global)

Gracias a Manin (sí, ese comentarista de esta casa que desea que todos los negacionistas -especialmente este que les escribe- nos encerremos en una habitación llena de CO2, a ver si dejamos de dar la lata) descubro la madre de todas las páginas web dedicadas a la difusión indiscriminada y falsaria de la doctrina apocalíptica Algoriana. La web en cuestión está acogida, cómo no, en un portal de la NASA y es ésta.

Muy brevemente les cuento dos o tres cositas, ya que Jose-Antonio (quien también tiene blog) ha puesto los puntos sobre las íes en el c0mentario que deja a Manin (alias Joe esta vez).

1. El nivel de los océanos sube y la masa helada del planeta baja. Y nos dejan gráfico al respecto. Apuntan que la causa es el dehielo provocado por el calentamiento global.
  • No nos dicen que ninguna de las previsiones del IPCC sobre elevación del nivel marino se ha cumplido, no nos dicen que el nivel de los océanos sube desde hace 10.000 años, y no nos dicen qué ha causado ese aumento del nivel oceánico en los 9.950 años en los que el CO2 antropogénico no tuvo nada que ver en el asunto. Una verdad a medias es, como mínimo, una media mentira. Y no nos dicen que las últimas mediciones de la Universidad de Colorado muestran una clara estabilización en los niveles de subida del nivel de los océanos, incluso un descenso desde hace unos años:
  • No nos dicen que la masa total de hielo del planeta se ha mantenido prácticamente invariable desde que se mide la extensión helada por satélite. No nos dicen si la imagen de “deshielo” en Groenlandia es del verano, del otoño o del invierno. Y no nos dicen que nos encontramos en un período interglaciar, en el la disminución de la masa total helada en el planeta debería de ser, de haberla, un fenómeno absolutamente natural.

2. Nos dicen que los niveles de CO2 atmosférico y la temperatura global del planeta suben inexorablemente. Y para dar soporte visual a tales afirmaciones, nos muestrsan sendas gráficas, a cual más torticera.
  • Observemos la gráfica de concentración de CO2 en la atmósfera. Ellos, listos como son, nos muestran una gráfica con datos de los últimos 400.000 años! Una barbaridad, verdad? Pues no, si realmente quieren saber qué ocurre con el CO2 en nuestro planeta, deben tomarse la molestia de manejar todos los proxies posibles y situarlos en un contexto adecuado … el resultado es este otro (pulsar sobre la imagen para aumentar el tamaño):

  • No nos dicen que a lo largo de la historia del planeta, y sin intervención humana alguna, los niveles de CO2 atmosféricos han sido superiores a los actuales. No nos dicen que no está demostrada la correlación “a más CO2, más temperatura”.

  • Y, por supuesto, no nos dicen que, a pesar de que los niveles de CO2 atmosférico han continuado su ascensión, las temperaturas del planeta no han seguido ese “trend” ni remotamente siquiera:


Cada vez es más difícil citar las webs “divulgativas” de la NASA como fuentes serias de información científica. Y es una pena, créanme.


Desde el Exilio

domingo, 25 de enero de 2009

Nieve en los desérticos Emiratos Arabes Unidos

Unos 20 cm de nieve cubrían este fin de semana una montaña de los Emiratos Árabes Unidos, un fenómeno muy poco habitual en este desértico país del Golfo, informó el domingo la prensa local.

La montaña de Al Jees, con una altitud de 1. 737 metros, situada 25 kilómetros al noreste de la ciudad de Ras al Jamiah (norte), amaneció cubierta con una capa de 20 centímetros de nieve, informó la agencia de noticias oficial WAM.

Según la población, este fenónemo es tan poco habitual que en el dialecto local no existe una palabra para designar la nieve, señalaba el diario en inglés The National.
"Hace unos años hubo otra pequeña nevada en la montaña, sin embargo es la primera vez que aparece toda cubierta de nieve", afirmó WAM.


ABC