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viernes, 23 de septiembre de 2011

Las fases de la esperanza. Por Rafael Torres

Como se sabe, la esperanza se desarrolla en diversas fases hasta que se consume, instante en el que sobreviene lo que se ha dado en llamar la muerte de la esperanza. Entonces, desaparecida toda ansiedad, pues ya nada se espera, sobreviene la serenidad absoluta. Con Esperanza Aguirre y sus fases lo que pasa, por el contrario, es que nos mata, y que, en vez de quedarnos serenos, se nos siguen llevando los demonios con sus ocurrencias. Que no son simples ocurrencias, sino designios, planes, proyectos, como se verá cuando sus pares del PP controlen todos los espacios y los resortes políticos, y se jaleen los unos a los otros en la destrucción de lo público, de las conquistas sociales y de los restos del Estado del bienestar, si es que el PSOE ha dejado algo de todo eso por destruir.

Esperanza Aguirre, que no puede, ni sabe, ni quiere disimular el yuyu que le dan los pobres, pues pertenece a un mundo cuya divisa es el "tanto tienes, tanto vales", carece, por eso mismo, de toda capacidad para regir y administrar una sociedad democrática e interclasista. Su sectarismo es total, no percibe su cargo ni como de servicio (lo de servicio le debe de sonar a chacha), ni mucho menos como de servicio a todos los ciudadanos, incluidos esos indignados, sindicalistas y "de la ceja" que tanto desprecia. Y por ello, más que por ahorrar en maestros lo que nunca ahorraría en enchufados, opta por esa siega de la hierba bajo los pies que representa la miserabilización del sistema educativo público, hasta convertirlo en algo como de beneficencia para marginales. Para ella, los marginales son, resulta innecesario aclararlo, los que no tienen dinero para montarse (en salud, en educación...) un Estado para ellos solos.

Hay fases de la educación, afirma Esperanza, que lo mismo no debieran ser ni obligatorias ni mucho menos gratuitas. Tales son las fases de esta Esperanza. Las masas (pues la mujer tiene también ese poco de cosa marxista y antigua de considerar a la gente como masa), a currar y a apencar con lo que se les eche, bien que a los niños superdotados que contenga se les puede instruir aparte, gratis, para ponerles en su día al servicio de los intereses que ella tan unívocamente defiende y representa.


Periodista Digital – Opinión

sábado, 9 de julio de 2011

Duros, euros y demás carencias. Por Ignacio Camacho

El sustrato del lenguaje nos revela inmigrantes en el euro, nativos de divisas viejas: «No hay un puto duro»

La moneda mental y sentimental de las generaciones del siglo XX es el duro. Nativos de la peseta, en el euro somos inmigrantes más o menos adaptados, como en el universo digital. Con la divisa vigente pagamos (cobrar no está de moda), pero para tener una idea real de sus magnitudes necesitamos, sobre todo ante las grandes cifras, convertirlas al cambio antiguo. Y el lenguaje, que es donde se sedimentan las categorías intelectuales —la sintaxis es una cualidad del alma, decía Valèry—, sigue apegado al viejo sistema monetario autóctono; aún llamamos pesetero al que se mueve por intereses pecuniarios y al ver telarañas en la caja fuerte se nos escapa el lamento castizo de Esperanza Aguirre: «No hay un puto duro».

A la presidenta madrileña la han vestido de limpio por su desenfado adjetival, ese desahogo coloquial y cheli que quienes le conocen saben que caracteriza su lenguaje cercano, pero de ese lapsus de micro abierto lo más interesante en el sustantivo. La memoria histórica del duro. El euro es todavía una dimensión para tecnócratas, un problema para economistas y un objetivo para especuladores. Euros son lo que (no) tenemos en el banco, lo que asfixia la hipoteca, lo que estrecha la nómina a quienes aún disponen de ella. El euro se nos antoja una proporción de ricos, financieros y gobernantes, que lo manejan en unidades de millón (meuros les dicen los eurócratas de Bruselas) con la familiaridad displicente de la plutocracia. Por eso ha descendido el número de millonarios; los que tienen dinero son los mismos de siempre, pero la divisa eleva el listón conceptual y un tipo que gana seiscientos mil pavos tiende a considerarse a sí mismo miembro de la clase media. Todavía hay chiringuitos de inversión donde por menos de esa cifra no se te ponen al teléfono.

Para toda esa gente, la crisis es un problema de circulante y de estabilidad monetaria; para los demás se trata de una cuestión de supervivencia. Las hormigas humanas que Orson Welles veía desde la noria del Prater mantienen con el euro una relación de ansiedad porque no lo ven en cantidad suficiente para permitirse no pensar en él. Si las administraciones no tienen «un puto duro» —hasta Obama está a punto de suspender pagos… en dólares—, el resto anda sin un maldito real, sin una miserable pelaque alivie las cuitas de las facturas domiciliadas a primeros de mes. Secos, tiesos, caninos; el idioma es muy fértil en metáforas de la ruina porque la pobreza es una realidad histórica y estadísticamente más constante y más amplia. Se lo dijo Hemingway a Scott Fitzgerald en casa de Gertrude Stein, cuando el exquisito autor de «Suave es la noche» filosofaba sobre la simpleza intelectual de los magnates que había conocido: «Sí, Scott, los ricos y los pobres son en el fondo exactamente iguales; la única diferencia está en que los ricos tienen mucho más dinero».


ABC - Opinión

miércoles, 15 de junio de 2011

Aguirre: libertad para hacer posible lo deseable

Aguirre ha vuelto a dejar de manifiesto en su discurso de investidura que tanto su ideario como sus propuestas para hacer que las cosas mejoren pasan por dotar a los ciudadanos de mayores cotas de libertad individual.

Algunos tratadistas de la ciencia política han distinguido entre dos clases de políticos: los de demanda y los de oferta. Los primeros se limitarían a gestionar el statu quo haciendo lo que piensan que demandan los votantes y dejando que las cosas permanezcan más o menos como están. Los "políticos de oferta", sin embargo, serían aquellos que anuncian lo que hay que hacer para que las cosas mejoren, se esfuerzan en explicar su ideario a los ciudadanos y plantean las etapas para llegar al objetivo y las desarrollan contra viento y marea. Los "políticos de oferta" articulan su programa de gobierno en torno a unas ideas y unas propuestas que, si bien pueden desafiar aspectos básicos del statu quo político, cultural, social y económico vigente en un momento determinado, terminan siendo aceptadas por la mayor parte de la población y de esta forma dan lugar al nacimiento de un nuevo consenso o paradigma, que condiciona durante un largo período de tiempo los contenidos de las ofertas programáticas, de las fuerzas políticas, con vocación de convertirse en gobierno.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha vuelto a dejar de manifiesto en su discurso de investidura que es y aspira a ser, todavía en mayor medida, un ejemplo de esta última categoría de políticos. Tanto su ideario como sus propuestas para hacer que las cosas mejoren pasan por dotar a los ciudadanos de mayores cotas de libertad individual. Ese es el transfondo y el denominador común de muchas de sus propuestas, tales como la de desbloquear las listas electorales para que los ciudadanos tachen a los candidatos que no consideren aptos, la austeridad en el gasto público, el equilibrio presupuestario, las reducciones de impuestos o la libre elección de colegio. Aguirre ha vuelto a mostrase fiel a sus ideas y principios liberales, convencida de que son perfectamente compatibles con su compromiso de "gobernar para todos" y con su oferta de "diálogo" a la oposición para abordar la difícil situación económica.

No le ha faltado al discurso de Aguirre una valiente crítica al ministro del Interior y a los desmanes del movimiento del 15-M por la "coacción" sufrida en la constitución de los ayuntamientos celebrada el pasado sábado. Si Aguirre ha reprochado a Rubalcaba que olvidara "el juramento que hizo de cumplir y hacer cumplir las leyes" al no actuar contra quienes acudieron a las casas consistoriales con "ánimo" de torpedearlas, a estos les ha dicho que "quienes primero deslegitiman la democracia" y después "toman la calle" no son otros más que "los precursores de los sistemas totalitarios".

Y es que, frente a una falaz apelación a una "democracia real" y a una "indignación" que, al traducirse en violencia y en violación de elementales normas de convivencia, nada tiene de democrática, Aguirre ha vuelto a mostrar que la libertad es el medio para hacer posible lo deseable, incluido el de tener una democracia digna de su nombre y libre de falsos apellidos.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 7 de mayo de 2011

Tomás Gómez "le presta" un buen lema de campaña a Esperanza

«Me gustaría para Madrid lo que Zapatero ha hecho en España».

jueves, 5 de mayo de 2011

Cita del día: “la libre elección de centro educativo quita derechos y es ilegal”. Por Jorge Valín

Pues nada, viva la Unión Soviética. La cita del título la han expresado los sindicatos, partidos políticos y lobbies en respuesta a lo que quire hacer Esperanza Aguirre eliminando la zonficación de los colegios. Según El Mundo:
“El anuncio de Esperanza Aguirre de suprimir la ‘zonificación’ educativa ha despertado críticas de la oposición y los sindicatos. El secretario general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid, Francisco García, ha señalado este miércoles que es“impracticable” la propuesta de Esperanza Aguirre y ha asegurado que sólo generará “inseguridad” a las familias”.

“Por su parte, la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) Giner de los Ríos considera que la eliminación de las zonas educativas supondrá “la desregulación absoluta” y el “destrozo” del sistema educativo madrileño”.

“Entretanto, la ‘número dos ‘ de la lista del Partido Socialista de Madrid (PSM) a la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce, ha afirmado que la libre elección ya existe desde hace 30 años y ha considerado que con esta ‘quitar un derecho a los padres’”.
Hace una semana publicaba una nota de Don Boudreaux —¿Qué ocurriría si las tiendas de comestibles fuesen como las escuelas públicas?— donde el autor predecía los argumentos-tópicos de los estatistas: declarar la decisión de libertad como delirante, afirmar que va contra los derechos de la gente cuando solo perjudica al lobby interno al perder sus privilegios, que la libertad de elección solo creará injusticias…

Para sindicalistas y otros lobbies, está claro: la libertad de elección es un mal intrínseco del hombre porque le permite coger lo bueno de lo malo. Al no poseer los burócratas el monopolio de tu persona, pierden maniobra de acción, por eso la libertad es un valor a eliminar. Todos borregos, eso sí que es un derecho. Especialmente muy conveniente al PODER.


Jorge Valín Weblog

martes, 3 de mayo de 2011

Declaraciones de Esperanza Aguirre

Bin Laden, nunca ha reconocido el atentado del 11-M



Videos tu.tv

miércoles, 13 de abril de 2011

Aguirre, contra la mediocridad de la izquierda

Sabedora del poder decisivo de las ideas, Aguirre ha reivindicado los valores y principios del liberalismo frente a los dogmas que propaga el socialismo como indiscutibles, especialmente en el ámbito educativo.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha vuelto a poner de manifiesto, ante un abarrotado foro de ABC, que, lejos de resignarse ante los dogmas que el socialismo trata de imponer como pensamiento único a los ciudadanos, lo que hay que hacer es "desterrar la falsa superioridad moral de la izquierda".

Conocedora de la importancia decisiva que las ideas tienen, para bien y para mal, en el devenir de la sociedad, Aguirre ha reivindicado los valores y principios del liberalismo frente a los dogmas que el socialismo propaga como indiscutibles. Aguirre sabe que si aceptamos como principios y valores de partida falsedades como las de que un mayor gasto público es equivalente a un mayor bienestar social; que la igualdad ante la ley significa la igualación por ley; que la justicia se alcanza, no dando a cada uno lo suyo, sino dando a todos lo mismo; o que la ley debe ser, no la salvaguarda de la libertad del individuo, sino el cincel con el que el gobernante moldea a su gusto la sociedad, estamos abocados a un injusto y coactivo empobrecimiento colectivo. Aguirre sabe que frente a él poco o nada podrán supuestas "alternativas de gestión", mientras no se atrevan a cuestionar de raíz ese falso paradigma dominante en el que buscan acomodo.


En lugar de acomplejarse ante ese falso y fracasado modelo "progresista", Aguirre ha puesto en valor principios como el de la austeridad pública, como el del equilibrio presupuestario o como el de la libertad empresarial y la soberanía del consumidor. Conocedora de la superioridad moral y práctica de lo que Herbert Spencer llamó el orden del contrato frente al del mandato, Aguirre ha apelado a la libertad de elegir y a la libre iniciativa empresarial frente a quienes propagan que es más "justo" el coactivo e ineficaz servicio público a cargo de funcionarios.

Pero quizá haya sido en el terreno educativo, y en su reivindicación del mérito y de la excelencia, donde el espléndido discurso de Aguirre ha sido más incisivo contra esa rémora igualitarista que la izquierda propaga en detrimento de la libertad, de la auténtica igualdad ante la ley y, en este caso, de la calidad de la enseñanza.

Su propuesta de abrir un "aula de excelencia" para los estudiantes más aventajados en los institutos de enseñanza secundaria la próxima legislatura (iniciativa que se suma al "bachillerato de excelencia" al que accederán los alumnos que lo deseen entre los que mejores notas hayan sacado durante la escolarización obligativa) no será una alternativa radical al deteriorado sistema estatalizado de enseñanza; pero sí tiene la enorme virtud de introducir, aunque sea dentro de un deficiente sistema, el valor del esfuerzo, de la distinción, del mérito y de la búsqueda de la excelencia, que son valores esenciales para mejorar la calidad de la educación.

Esta carrera abierta al talento y al esfuerzo, al que están convocados todos los alumnos con independencia de cual sea su origen social y económico, causará la airada oposición de una izquierda que calibra la calidad de la educación en la igualdad de resultados. Pero, salvo que queramos igualar a todos por abajo, haríamos bien en desterrar de raíz esa falsa ética social, y recordar, con palabras de Edwin G. West, que "cuando existe desigualdad de habilidad potencial, inevitablemente habrá desigualdad en los resultados. Si insistimos en la igualdad de resultados, se desprende que debemos penalizar la habilidad".


Libertad Digital - Editorial

martes, 15 de marzo de 2011

El valor de un líder

Esperanza Aguirre ha pasado por un complicado trance de salud estas semanas, pero su fuerza vital parece tan poderosa como sus principios y convicciones. Lo demostró de nuevo ayer en una importante comparecencia en el foro de debate de nuestro periódico «LA RAZÓN de...», al que asistieron numerosas personalidades de la política, la empresa y la cultura. Entre las muchas cualidades de la presidenta de la Comunidad de Madrid está que siempre habla alto y claro. Sus palabras fueron de preocupación por la situación económica, pero también de esperanza y fe en las posibilidades de España para salir de una crisis que interpretó como una oportunidad de «coger impulso y cambiar» todo lo que se ha descubierto «obsoleto o inútil». Aprender de los errores, en suma, y corregirlos «haciendo bien las cosas». Las reflexiones de Aguirre tienen el valor añadido de provenir de la máxima responsable de una Comunidad que es hoy el motor económico de España y que ha soportado la recesión mejor que ninguna otra región o autonomía. En 2010, la Comunidad madrileña lideró el crecimiento económico de España (0,7%), mientras el Estado caía por segundo año consecutivo (-0,1%). Con 15 meses de resultado positivo, Madrid aporta uno de cada cinco euros de la actividad financiera española. Las políticas de Esperanza Aguirre fueron capaces de crear empleo el pasado año mientras éste se destruía en el conjunto del país. Además, Madrid encabeza la mayoría de indicadores, como la compraventa de viviendas, la constitución de créditos hipotecarios, la creación de empresas o el incremento de turistas. Estamos, sin duda, ante un balance espectacular al que habría que sumar programas como el de los nuevos hospitales, colegios bilingües o infraestructuras. Durante su intervención en La Razón, Esperanza Aguirre repasó la hoja de ruta para salir de «esta pavorosa crisis». Como ya ha demostrado en estos casi ocho años al frente de la Comunidad, «las mejores soluciones son las liberales y las que ponen la libertad de los individuos por delante de los prejuicios ideológicos de nadie». Como resaltó ayer, cree con toda razón que el catálogo de reformas profundas que el próximo Gobierno de España tendrá que emprender supone «una tarea formidable» que afectará a múltiples campos. Así, defendió un cambio profundo en la Educación, un nuevo modelo energético, sin prejuicios contra la energía nuclear, y otro modelo laboral, que repare los obstáculos derivados de «los convenios colectivos, las dificultades para contratar de una manera flexible o la intrincada selva de una legislación laboral complicadísima». Y habló de actuaciones en el sistema impositivo, de pensiones o «del extraordinario modelo sanitario, amenazado por unos gastos descomunales», así como «de restaurar los consensos institucionales y constitucionales que Zapatero rompió». Es, en suma, el ambicioso guión de un pilar político fundamental en el proyecto nacional y de cambio de Mariano Rajoy. Convencida liberal y excelente gestora, Esperanza Aguirre es mucho más. Vence y convence incluso a la enfermedad. Un ejemplo magnífico y un motivo de esperanza.

La Razón - Editorial

sábado, 26 de febrero de 2011

Aguirre. La vida te lleva por caminos raros. Por Maite Nolla

Lo mejor que ha podido hacer Esperanza Aguirre es ir con la verdad por delante; para lo bueno y para lo malo, porque al fin y al cabo confesar públicamente su enfermedad tiene también un riesgo político.

Si algo se debe aprender cuando te dedicas, ni que sea a tiempo parcial, a la opinión política es que ya puedes currarte un tema que, al final, cada uno acaba teniendo la suya propia y contra eso nada se puede hacer. Por ejemplo, cuando Esperanza Aguirre sobrevivió al tiroteo en Bombay, el que no la criticó por lo de los calcetines, se creyó la mentira del pobre Guardans –que actualmente habita en el limbo político, por chaquetero– de que Esperanza Aguirre había huido dejando al resto de españoles, o españoles de ocho a tres, abandonados a su suerte. Y no faltan los que la critican ya por haberse operado en un hospital público y te lo mezclan con las listas de espera, aunque no tengan ni idea de cómo funciona el asunto. Y si se hubiera operado en un hospital privado la hubieran criticado por pija y elitista. Y otros están con el teclado afilado para cuando empiece la campaña electoral en la que no tardarán en atizarla y le atribuirán el intentar sacar partido de su enfermedad, como si para derrotar a Tomás Gómez fuera necesario demasiado esfuerzo.

Lo mejor que ha podido hacer Esperanza Aguirre es ir con la verdad por delante; para lo bueno y para lo malo, porque al fin y al cabo confesar públicamente su enfermedad tiene también un riesgo político: no sabemos hasta qué punto eso influye en el voto. Es más, viendo el proceder en casos precedentes en los que se han ocultado enfermedades de políticos de primera fila, lo que se podría pensar es que si lo ocultan es, precisamente, porque el efecto no es o debe ser muy positivo en el votante. Por ejemplo, en el caso de Pasqual Maragall todo el mundo se llegó a creer que Zapatero le había traicionado con Mas y que Montilla era parte de esa traición, hasta que Toni Bolaño reconoció en el 59 segundosde Cataluña que si Maragall no había sido candidato en 2006 era única y exclusivamente porque ya estaba enfermo. Pero cuando se tienen principios –tres o cuatro, no hacen falta más– es mucho más sencillo actuar. Vamos, que no hace falta ver el episodio de El Ala Oeste de la Casa Blanca llamado Las dos catedrales, con Brothers in Arms de fondo.

Incluso los buenos políticos acaban limitados por la realidad, por las circunstancias o por unos compañeros de partido ingratos. Y, oigan, hasta aquellos a los que Esperanza Aguirre no les cae nada bien, estarán de acuerdo conmigo que ha demostrado que en las situaciones difíciles siempre tiene claro lo que debe hacer. Aunque sea para equivocarse, a veces.


Libertad Digital - Opinión

martes, 22 de febrero de 2011

Aguirre, una estrella. Por M. Martín Ferrand

La salud es el tema fundamental y a ella debe consagrar la presidenta toda su dedicación y su fuerza.

HACE ya muchos años, cuando era concejala del Ayuntamiento de Madrid y parecía inalcanzable para el PP cualquiera de los sitiales entonces ocupados por el felipismo, me decía Esperanza Aguirre: «Los ocuparemos todos y, quizás, al mismo tiempo». Así fue. En política todo es posible si se dispone de la firme voluntad para conseguirlo, el respaldo de un sector de la sociedad, un equipo conveniente y el tiempo suficiente para ello. Ahora, las noticias que hablan de la salud de la presidenta de la Autonomía de Madrid son inquietantes. Lo son, sobre todo, en el orden personal. La salud, de la que solemos olvidarnos cuando nos sobra, es el tema fundamental y a ella debe consagrar la presidenta toda su dedicación y su fuerza hasta que, muy pronto, la recupere multiplicada por cien.

La enfermedad de Aguirre y la pausa en su actividad política que comporta es un problema para el PP, en el supuesto de que Mariano Rajoy sea capaz de metabolizar que el partido que él lidera tiene algún problema más que el que encarna José Luis Rodríguez Zapatero. No abundan en la política española, en ninguna de sus formaciones, los grandes nombres, los líderes a los que la ciudadanía identifica como tales y, desde la admiración, los sigue con mayor confianza de la que suelen merecer las siglas. Esperanza Aguirre es uno de esos pocos nombres y, aunque es previsible como corto el tiempo de su alejamiento, coincide éste con unas elecciones municipales y autonómicas cruciales, más en el resto de España que en Madrid, para el PSOE y, por ello mismo, fortalecedoras de la imagen del PP con vistas a las legislativas del año que viene. Aguirre es la candidata proclamada por la calle Génova para Madrid y, previsiblemente, confirmará en ellas su presidencia actual; pero su prestigio y su carisma solo pueden ser comparados en Madrid con los de Alberto Ruiz-Gallardón que, además de luchar con su propio morlaco municipal, tendrá que reforzar en lo posible, y al margen de viejas rencillas, la ausencia de quien, en su día, soñó con ser la sucesora de José María Álvarez del Manzano en la Plaza de la Villa.

Las peripecias de la política, siempre cambiantes, son un estímulo para quienes nos dedicamos a observarlas y tenemos vocación de espectadores; pero, cuando afecta a la salud de sus protagonistas, sobrecogen. Ya sabemos que, sin tardar mucho, Aguirre volverá a desplegar su casticismo señorial en el escenario central de la política española y, también, que no hay graves asuntos pendientes en la Comunidad que aporten inquietud; pero, como en el cine, parte fundamental del encantamiento lo generan sus estrellas.


ABC - Opinión

Esperanza Aguirre, una mujer valiente que no deja indiferente a nadie. Por Federico Quevedo

Esperanza Aguirre se va a alejar durante unos días de la política para ser intervenida quirúrgicamente de un cáncer de mama. Según me explicaron ayer, el tumor se ha descubierto en una revisión ginecológica y lo bastante a tiempo como para que en principio baste con la operación y es probable que después no sea necesaria la quimioterapia, aunque en el caso de que así fuera la oncología ya trabaja con tratamientos mucho menos invasivos que los de antaño. Eso significa que es muy probable que Esperanza Aguirre esté recuperada para la campaña electoral aunque seguramente no pueda participar en ella con la misma intensidad que lo haría en circunstancias normales. Pero ayer, sin duda, fue un día importante, para ella, para las demás mujeres, para todos los enfermos de cáncer, y para los enfermos de politiquitis, un mal que por desgracia se ha hecho bastante común en nuestros días y se ha extendido por amplias capas de nuestra sociedad y para el que solo hay una cura: una dosis intravenosa de serenidad, sentido común y tolerancia.

Déjenme que empiece por el final, porque me ha resultado de lo más llamativo. Ayer, en uno de los comentarios a la noticia en el foro de este mismo periódico, un lector empezaba así: “Aunque la odio políticamente…”. No era el único comentario en ese sentido, ni en este ni en otros foros donde se le deseaba “una pronta recuperación, aunque no la soporto”. Debo reconocer, sin embargo, que la tónica general, incluso en los medios de izquierdas, ha sido de absoluto respeto por la persona y por el momento que está pasando, pero no es malo que hagamos una reflexión sobre lo que nos lleva a los ciudadanos a manifestar algo tan drástico, tan terrible, como el “odio” a otra persona sencillamente por discrepar de sus ideas políticas. Si de algo puede presumir Esperanza Aguirre es de tolerancia, aunque la tolerancia no está reñida con la convicción y con la defensa de los principios que tenga cada uno. Pero algo no funciona bien en una sociedad cuando la convivencia se enturbia hasta el punto de manifestar un rechazo tan violento del contrario, y deberíamos empezar a replantearnos cómo hemos llegado a semejante situación.
«Debemos reflexionar sobre lo que nos lleva a los ciudadanos a manifestar algo tan drástico como el “odio” a otra persona sencillamente por discrepar de sus ideas políticas. Si de algo puede presumir Aguirre es de tolerancia, aunque la tolerancia no está reñida con la convicción y con la defensa de los principios que tenga cada uno.»
Dicho eso, la manera en que Esperanza Aguirre dio a conocer ayer la noticia tiene mucho de lección y de esperanza para los enfermos de cáncer. Debe ser extraño encontrar a alguien a nuestro alrededor que, a su vez, no haya tenido cerca una experiencia con el cáncer. Yo la he tenido -no personalmente, pero sí en personas a las que quiero o he querido porque ya han fallecido víctimas de esta enfermedad-, y si algo he aprendido en todos los casos es que el cáncer es una enfermedad más, con unos índices de mortalidad altísimos, pero bajo ninguna circunstancia puede ser la razón de que un enfermo se sienta marginado socialmente. No es una enfermedad contagiosa, y no se adquiere de modo extraño o que pueda resultar socialmente indigno o repudiable… No, aparece sin más la mayoría de las veces, y por eso nunca he entendido ese empeño en ocultarla… “Ha fallecido tras una larga enfermedad”, suele ser el encabezado para ocultar que alguien murió de un cáncer. No debe haber vergüenza por el cáncer, y reconocer que se padece es la primera medida para evitar que a los enfermos de cáncer se les mire de un modo raro… Son enfermos, como cualquier otro enfermo, y muchos de ellos consiguen recuperarse y volver a hacer una vida normal.

Y tiene mucho de lección para las mujeres, ya que por desgracia su nivel de exposición al cáncer de mama es alto: sabemos de hecho que una de cada ocho mujeres lo va a sufrir a lo largo de su vida. Pero también sabemos que el 80% se curan, y que gracias a un diagnóstico precoz se ha conseguido reducir en un 13% la incidencia de este mal, luego si algo debemos agradecer a Esperanza Aguirre es que con su gesto de ayer, reconociendo la enfermedad y siendo muy transparente en la difusión del diagnóstico que le han hecho, va a ayudar a que muchísimas mujeres tomen conciencia de la necesidad de hacerse chequeos ginecológicos, al menos una vez al año, para evitar sustos posteriores. Lo más probable es que la mayoría de ellas nunca se vean en la tesitura de tener que pasar por un quirófano, pero la precaución es poca. Dicho lo cual, si hay alguien para quien ayer fue un día muy trascendental, esa es la propia Esperanza Aguirre, que no podía ocultar su emoción en el momento de dar a conocer la noticia.

Supongo, y ella podrá decirlo, que en el momento en el que a alguien le dicen que tiene un cáncer, aunque se añada que la curación en casi segura al cien por cien, en la cabeza se deben agolpar toda clase de pensamientos, y en el corazón todo tipo de sentimientos. Aguirre es una mujer fuerte, lo ha demostrado muchas veces, que como ayer recordaba un forero ha superado un accidente en helicóptero, un tiroteo en el hall de un hotel, y una auténtica campaña orquestada de acoso y derribo por parte de la izquierda que ha incluido una verdadera enciclopedia de insultos, descalificaciones e infamias. Per no solo de fuera han venido sus disgustos, también dentro, en las filas de su propio partido, ha encontrado incomprensión. Bien es verdad que ella misma se ha puesto a tiro muchas veces, pero alguien dijo una vez que los adversarios están fuera y los enemigos dentro, y eso lo sabe bien Esperanza Aguirre y por experiencia propia. Ayer, sin embargo, no había enemigo alguno y por primera vez en mucho tiempo la presidenta del PP madrileño y de la Comunidad sintió el calor de los suyos. Un calor merecido porque, al final, todos comparten -creo- la misma ambición por hacer de éste un país mejor. Ojalá se recupere pronto y la veamos dedicarse, de nuevo, a lo que más le gusta: pico y pala.


El Confidencial - Opinión

Esperanza Aguirre. Por Alfonso Ussía

Eso es. Esperanza Aguirre Gil de Biedma Borrell y Vega de Seoane. Señora de Ramírez de Haro. Condesa de Murillo y Grande de España. Todo esto por raíz propia y matrimonio. Es de esperar que nadie se sienta ofendido. Concejal y teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid. Ministra de Cultura. Presidenta del Senado. Presidenta de la Comunidad de Madrid. Todo esto por esfuerzo personal, inteligencia y eficacia en el servicio público. Es de esperar que nadie se sienta ofendido. Honesta a carta cabal. Directa en la palabra y el proceder. En sus ratos libres, que son pocos, buena jugadora de golf y muy mala jugadora de tenis. Respecto a lo último, espero que no se ofenda con tan clamorosa verdad. Me hizo perder algunos campeonatos en nuestra juventud. Buena cintura pero algo lenta en la puesta en marcha del muslamen. Habla el inglés y el francés como el español, es decir, perfectamente. Buena nadadora, y si es a contracorriente, mejor. A contracorriente o a contramarea, que suena más a norte. Madrileña y vasca. Antes castiza que de Ondarreta. Muy torpe en los saltos de trampolín. En este apartado del ejercicio físico es en lo único que siempre la he aventajado, y con holgura. Admiraba mis lanzamientos desde la palanca olímpica de las piscinas con mi traje de baño color mandarina. Española hasta la médula, por no escribir que hasta el páncreas. Siempre triunfadora en las urnas, es decir, lo contrario que Trinidad Jiménez. Inteligente y culta, es decir, lo contrario que Leire Pajín. Liberal y demócrata. Su popularidad creciente y las consecuencias de su actividad pública han creado en ella las mayores expectativas. En el PSOE no la tragan por motivos comprensibles. Contra Esperanza Aguirre no tienen nada que hacer.

De golpe nos ha anunciado que tiene un cáncer de mama. Las cosas por su nombre. Por fortuna, descubierto a tiempo y de futuro vencedor. En pocos días estará de nuevo en su despacho para seguir trabajando por Madrid y preparando su campaña electoral. Enamorada de los toros y lo que significa la Fiesta en la cultura española y universal. Canta muy bien las zambas, vidalas y chacareras de los Chalchaleros y los Fronterizos. Ya es abuela. Se ha ganado a pulso todo lo que tiene. La política, para ella, es una vocación, no una necesidad o un medio de supervivencia. Espero que nadie se ofenda con esta apreciación. Detrás de su educación y su sonrisa hay un muro de honestidad y firmeza invencible. Iba a escribir que detrás de su parecer suave hay unos nervios de acero, pero recuerdo a Valle Inclán boicoteando un estreno de Echagaray y me da la risa. Que así decía un personaje de Echegaray: «Parece de seda, pero sus nervios son de acero». Y Valle se incorporó de su butaca y gritó: «¡Eso no es una mujer, es un paraguas!».

Esperanza Aguirre pertenece a la familia liberal del Partido Popular. Nadie le ha subvencionado jamás. Salió de un helicóptero estrellado con la serenidad de los grandes. Mantuvo el tipo en un terrible ataque terrorista en la India. Esta mujer no está preparada para ser vencida por un tumorcillo. Va a ser intervenida en un hospital público. Y en Madrid. Y en España. No en Los Ángeles. Que nadie se ofenda. Te queremos mucho y somos muchos los que te queremos. Ganar una vez más no es complicado. Ánimo, Esperanza.


La Razón - Opinión

A pecho descubierto. Por Ignacio Camacho

Contra el cáncer resulta esencial la voluntad, pero si hay una cualidad que nadie discute a Aguirre es el coraje.

EL cáncer es una lotería siniestra que toca sin comprar boleto, pero por fortuna el de mama está entre los de mejor cura si llega con un diagnóstico temprano. La metáfora recurrente del tratamiento es la de la lucha porque se trata de un combate cuerpo a cuerpo —una agonía en el sentido etimológico que le gustaba a Unamuno— en el que la ciencia y la enfermedad disputan célula por célula para quedarse con la vida de un ser humano. En esa porfía resulta esencial la resistencia del enfermo expresada mediante un acto de voluntad que refuerce la acción terapéutica con la determinación de arrancarle el triunfo a la muerte; un ejercicio de energía mental que puede ganar cada día un palmo de supervivencia.

Esperanza Aguirre no es la primera dirigente política obligada a apartarse del primer plano por el ataque tumoral, ni desgraciadamente será la última, pero casi todas han vuelto y sus ejemplos han dado confianza a tantas mujeres estacadas por la maldita revelación de una prueba rutinaria. Si hay una cualidad que nadie le discute a la presidenta de Madrid es la fortaleza, el coraje, el espíritu de pelea. El plus de notoriedad de los personajes públicos representa una ayuda impagable para el inmenso esfuerzo anónimo de la medicina, que encuentra en el liderazgo oportunos referentes didácticos; ahí está el modélico proceso de Pasqual Maragall, capaz de convertirse a sí mismo en el sujeto pedagógico de la rebeldía contra el Alzheimer que está borrando poco a poco el disco duro de su memoria.


Al honorable le diagnosticaron el mal recién retirado de la dirigencia pero otros tuvieron que afrontar en activo contratiempos más o menos inhabilitadores; Duran Lleida, Iñaki Azkuna y María San Gil se sometieron a intervenciones delicadas antes de regresar en tiempo record al estresante escenario de sus pasiones, y Anguita sufrió en plena campaña un infarto que aceleró su jubileo. El aspecto más amargo de esta clase de adversidad es que la política se ha deshumanizado hasta un punto de insolidaridad feroz que no da tregua a desgracias personales.

Pero en ese sentido Aguirre corre poco peligro porque su viña está bien guardada. La hegemonía electoral le garantiza un retorno sin dificultades cuando los médicos levanten el pulgar de sus atenciones, y no sería aventurado que su intensa vis política le lleve a adelantar los plazos. Peleará contra el cáncer a pecho descubierto, con la misma entereza con que sobrevivió al helicóptero de Móstoles y con el mismo denuedo con que se ha enfrentado a adversarios y hasta a compañeros de partido; puede que incluso incremente su popularidad por la manera desdramatizada y natural, sin heroísmos sobreactuados, con que ha abordado una indiscutible mala noticia. Y para ganarle a Tomás Gómez y a su socialismo fracturado no va a necesitar ni levantarse de la cama.


ABC - Opinión

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Chorradas. Por Alfonso Ussía

Si algo molesta de Esperanza Aguirre a sus adversarios políticos, aparte de su demostrada capacidad, es su lenguaje directo, llano y alejado de lo políticamente correcto. Nadie mejor que ella ha resumido lo que le conviene a Cataluña. «Cataluña necesita un Gobierno que se deje de chorradas». El ex Presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, lo reconocía meses atrás: «Me parece que hemos perdido demasiado el tiempo en asuntos menores».

Cuando se inauguró la Torre Agbar, ese portentoso balón de rugby de luz cambiante alzado en Barcelona, un alto dirigente de Aguas de Barcelona oyó el siguiente diálogo entre uno de los arquitectos y el, por entonces, Presidente de la Generalidad, Pascual Maragall. El arquitecto se refería a la gran profesionalidad de los trabajadores. Y Maragall, muy complacido, le preguntó: «¿Hablaban con ellos en catalán o en español?». Una chorrada.


Como el apoyo de los cejeros disidentes. Un total de cincuenta y cinco personas, o lo que es igual, una inabarcable muchedumbre del presumible «ámbito cultural» le ha puesto los cuernos a Zapatero y Montilla con Joan Herrera, del que se dice que es el candidato de ICV, Iniciativa-Los Verdes, a la presidencia de la Generalidad. Demasiado disfraz. Es el candidato comunista, y punto. El manifiesto resulta surrealista y poco pragmático. Su lema es divertido: «Si yo viviera en Cataluña votaría a Joan Herrera». Lo firman, entre otros, Pedro Almodóvar, Joaquín Sabina, Ismael Serrano, Pilar Bardem, Antonio Banderas, la inevitable Almudena Grandes y el redactor, antes zapateril, Manuel Rivas. A Joan Herrera, según sus palabras, le ha emocionado sobremanera el detalle. He sabido que en julio del 2011 se celebran elecciones municipales en Islandia. Y he reunido a más de cincuenta y cinco firmantes, otra multitud, de un manifiesto de apoyo a la candidata del Partido Liberal Vigdis Fribogadottir. El lema no puede ser otro que «Si yo viviera en Reijkiavyk votaría a Vigdis Fribogadottir».

Un viejo amigo, muy «progre» en la apariencia y poco coherente en su vida personal, simpático, bravo y altanero, me lo decía con pasión unas semanas antes de celebrarse las elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos: «Apoyo sin fisuras a Obama». Es nacido en Albacete y vecino de Pozuelo de Alarcón. Se lo dije: «pues apresúrate a hacerlo público porque a Obama le va a hacer mucha ilusión tu apoyo sin fisuras». No lo hizo, pero se demostró posteriormente que su apoyo fue fundamental para que Obama llegara hasta donde ha llegado, que no está al alcance de cualquiera. El comunista «sandía» ha declarado que es un motivo de orgullo y satisfacción el apoyo de estos personajes que le votarían si vivieran en Cataluña. El problema es que casi todos ellos viven en Madrid, y mi asesor electoral me asegura, que si bien todo se andará, todavía no nos dejan votar a los ciudadanos madrileños en Cataluña, pues en tal caso la presidenta de la Generalidad sería Esperanza Aguirre.

La profesión de apoyador sin apoyo es como la de agradador de señoritos que tanto se daba en la Andalucía de mediados del pasado siglo. Una profesión, como poco, extravagante.

Puede ser motivo de satisfacción y orgullo, pero no sirve para nada. Ese ámbito cultural al que pertenecen los firmantes que no pueden votar es original, pero poco práctico. Una chorrada más, nube que se deshace, hoja que cae, redacción a la papelera y aerofagia de colibrí. En resumen, nada de nada.


La Razón - Opinión

domingo, 24 de octubre de 2010

Madrid, motor de España

La Comunidad de Madrid y Esperanza Aguirre son las mejores cartas de presentación a los ciudadanos sobre la capacidad del PP en tareas de gobierno. Ése fue el principal mensaje de la Convención que el PP de Madrid ha celebrado este fin de semana y que ha supuesto un cierre de filas de los grandes líderes del partido en torno a la figura de la presidenta madrileña y una demostración de cohesión y unidad en torno al proyecto y al liderazgo nacionales que encarna Mariano Rajoy. El tono y las caras de los populares han reflejado la imagen de un partido en un buen momento, respaldado por las encuestas, que sabe a dónde va y dispone de un programa solvente para reconducir España en uno de sus peores momentos de los últimos años. Como acertadamente se ha puesto de manifiesto en la reunión, Esperanza Aguirre representa los valores de ese proyecto. Hoy ya nadie cuestiona, estadísticas en la mano, que la Comunidad de Madrid es la gran locomotora económica y social de España, y que cuenta con un eficaz equipo de trabajo representado por el vicepresidente Ignacio González. Madrid ha soportado mejor que ninguna otra región una crisis dura. Pero la región crece el doble de la media nacional y es ya la que ostenta el mayor Producto Interior Bruto (PIB) por habitante. La tasa de paro es un 3,7% inferior a la media española. También es la comunidad más competitiva del Estado, según Eurostat, y es indiscutible que su creciente proyección internacional la ha convertido en uno de los territorios más dinámicos del continente. Hasta el punto de que ha conseguido acaparar el 65% de la inversión extranjera que llega al conjunto del país. Estos datos, y algunos más, hablan de un trabajo muy positivo, con un importante componente social. Negar el gran salto adelante de Madrid en Sanidad, Educación o Dependencia es negar la realidad. Otro dato más: Familia y Asuntos Sociales ha duplicado su presupuesto en las dos últimas legislaturas.

¿La receta? Es la opuesta a la que han desarrollado las administraciones socialistas, en general, y el Gobierno de Zapatero, en particular. La dirección de Esperanza Aguirre está sustentada en cinco pilares: austeridad pública –el Presupuesto de 2011 ha sufrido un recorte del 10%–, liberalización económica, bajada de impuestos, seguridad jurídica y estabilidad institucional. Todo ello ha impulsado un marco de confianza favorable a la actividad económica y a la inversión, tanto nacional como extranjera. Con toda justicia, Rajoy elogió ayer la gestión de Aguirre e hizo hincapié en otro aspecto que sirve para valorar todavía más los resultados del Gobierno madrileño: la oposición de Zapatero y las trabas del Ejecutivo central al progreso de Madrid. La realidad demuestra que se ha querido asfixiar a Madrid, como prueba que la inversión del Estado en las comunidades creció un 40,38% en seis años, mientras que en Madrid bajó un 27,8%. A pesar de ello, el progreso de la región es la prueba de que las políticas de Aguirre no son castillos en el aire, sino que funcionan y son las mismas que también se están aplicando con éxito en Europa. Todo ello bajo la batuta de una presidenta capaz y rigurosa.


La Razón - Editorial

martes, 5 de octubre de 2010

Zapatero ha 'muerto', ¿debe estar preocupada Esperanza Aguirre?. Por Federico Quevedo

La primera lectura del resultado de las primarias del pasado domingo en el PSM ya la ha hecho todo el mundo, de izquierdas, de derechas y medio pensionistas: ha perdido Rodríguez. De eso ya no le cabe la menor duda a nadie, y menos que a nadie al propio Rodríguez, que a estas alturas ya sabe que su proyecto político está finiquitado, y que la puntilla se la ha dado no Tomás Gómez, sino la propia militancia del PSOE madrileño, es decir, los suyos. Porque, no se equivoquen, aquí lo importante no es si Tomás Gómez le ha ganado a Trini, sino el hecho de que en Gómez la propia militancia socialista ha personificado el rechazo a Rodríguez, a su vez personificado en Trinidad Jiménez. Los barones socialistas deben estar poniendo sus barbas a remojar, porque si eso es lo que le ha ocurrido a la candidata de Rodríguez en unas primarias internas, qué no les va a ocurrir a ellos en unas elecciones abiertas cuando sea el electorado el que simbolice en los señores Barreda, Griñán, Areces, Vara y compañía el rechazo a Zapatero. Un rechazo que ya es algo más que eso: la gente tiene unas ganas de aquí a Lima de darle una patada en salva sea la parte y darle al país la oportunidad de resurgir de las cenizas del incendio que ha provocado este pirómano de la política.

En cierta ocasión ya dije que Rodríguez estaba muerto -políticamente hablando, se entiende- y que hiede. Si quedaba alguna duda, el domingo su defunción se hizo más evidente que nunca, y ahora lo que ocurre es que en el socialismo se ha abierto la veda para quedarse con los restos de su propio naufragio y, con ellos, intentar construir lo que ya todo el mundo llama el ‘post-zapaterismo’. La manera en que esto se lleve a cabo, la iremos descubriendo en los próximos meses. De entrada, las elecciones catalanas van a ser un elemento más en la derrota definitiva del zapaterismo y servirán para enterrar un poco más hondo tanto a su líder político como la herencia que deja a sus sucesores. A partir de ahí, puede pasar de todo, incluso que a Rodríguez le convoquen los suyos unas elecciones generales anticipadas a finales del mes de febrero, con el único fin de dar por perdido el poder central pero intentar salvar los muebles en clave de poder autonómico y municipal. No hacerlo así supondrá el riesgo añadido de la pérdida de poder en los tres niveles, ya que el electorado castigará al PSOE en mayo, pero volverá a hacerlo en las generales y eso puede llevar a los socialistas a una situación francamente desesperada en términos de poder y de pérdida de cargos públicos, con lo que eso significa de gente que se quedaría en la calle con una mano delante y otra detrás.

«Desde el domingo, Gómez es alguien, y alguien que además se ha enfrentado a Rodríguez y le ha ganado, y eso puede tener una traducción en términos de votos.»

Pero esto es a lo que ha conducido Rodríguez a su partido, y allá ellos y lo que quieran hacer para evitarlo, aunque no les vendría nada mal a muchos pasar por lo mismo que están pasando millones de españoles gracias a la incompetencia y la malicia de Rodríguez: el paro. La segunda lectura cabe hacerla en clave de lo que pueda pasar en las próximas elecciones autonómicas, y debe servir de aviso serio para el PP. Hasta el domingo, o mejor dicho, hasta que este verano pasado Gómez le plantó cara a Rodríguez, el líder de los socialistas madrileños no era nadie. Incluso era menos que nadie, y, sinceramente, era muy difícil que pudiera preocupar lo más mínimo a Esperanza Aguirre. Pero desde el domingo, Gómez es alguien, y alguien que además se ha enfrentado a Rodríguez y le ha ganado, y eso puede tener una traducción en términos de votos. No creo que llegue hasta el punto de evitar la victoria del PP en Madrid, pero ahora Esperanza Aguirre no puede permitirse ningún lujo. Es verdad que quedan todavía nueve meses, y que es más que probable que en ese tiempo el ‘factor Gómez’ se desinfle, y que también acabe por pasarle factura ese desastre llamado Rodríguez como al resto de barones socialistas, pero si el PP quiere evitar contratiempos, más le valdría contribuir desde hoy mismo a desinflar ese globo hinchado artificialmente y que, al igual que el propio Rodríguez, no está lleno más que de aire, el aire de la demagogia recubierto de la goma de la radicalidad.

El Confidencial - Opinión

domingo, 3 de octubre de 2010

Rajoy y Aguirre, dos formas de gestionar el efecto 29-S. Por Antonio Casado

Era el día después y Mariano Rajoy todavía no había abierto la boca sobre la huelga general. Así que antes de saber que Soraya Sáenz de Santamaría reconoce a Belén Esteban el derecho de sufragio -elegir y ser elegida-, tuve ocasión de conocer de primera mano la valoración del líder del PP sobre el 29-S. “Ha sido un fracaso del Gobierno y de los sindicatos que acabarán pagando todos los españoles”, dijo.

Gobierno, por un lado, y sindicatos, por otro, cargan con sus respectivos fracasos, pero no vale endosarles la misma derrota en el pulso que acaban de librar. En una confrontación entre dos, uno gana y otro pierde. Al guardarse su opinión sobre el que ganó y el que perdió en el choque, Rajoy hace trampas. Incumple sus deberes como alternativa de poder institucional al no pronunciarse sobre el fondo de la cuestión.

La pregunta del día después, desoída por quien personaliza la opción de un recambio en el Palacio de la Moncloa, se encierra en estas dos interrogantes: ¿Debe Zapatero rectificar en la reforma laboral y en su plan de ajustes, como le piden los sindicatos después de autoproclamarse ganadores de la huelga general? ¿O debe ratificarse en la reforma laboral y en su plan de ajustes, como le piden los acreedores internacionales después de haber puesto a la economía nacional al borde del abismo?


Nos quedamos sin saberlo. Rajoy recurre al trazo grueso y a favor del viento. Eso le excusa de entrar en detalles. Es más fácil y menos comprometido sostener que el problema no se arregla con una huelga general sino con elecciones generales porque Zapatero está acabado y le sobra el año de prórroga que le regalan vascos del PNV y canarios de CC. Ese es exactamente el discurso oficial del PP, veinticuatro horas después del pulso librado en la calle entre Gobierno y sindicatos.

Aprovecharse del enfrentamiento

Puede ser un pleito de familia, pero con asuntos de interés general en disputa. Por tanto, el líder de la oposición parlamentaria debería pronunciarse y no lo hace. Al menos podía haber hurgado en la herida que siempre dejan las guerras fraticidas. Y de paso, evitar que otros hurguemos en las guerras fraticidas del PP. Por ejemplo: recordando el inequívoco pronunciamiento de Esperanza Aguirre contra los sindicatos y la constatación de su fracaso. Esa lección, la de aprovecharse del enfrentamiento entre afines, se la sabía mejor la presidenta de la Comunidad de Madrid, que creó las condiciones para lograr que las organizaciones sindicales dieran su peor cara. Algo que en buena parte ha conseguido, al potenciar la imagen de unos sindicatos cuya capacidad de arrastre es tan pequeña que tienen que recurrir a la coacción de los piquetes.

Con la inestimable colaboración de los propios sindicatos, por supuesto, que han hecho todo lo posible por darle la razón a Esperanza Aguirre. No hace falta militar en la derecha política y mediática más desinhibida para compartir el estupor. Parece increíble que en una democracia de derechos consolidados como el de reunión, manifestación o huelga, los ciudadanos hayan tenido tantas dificultades de hecho para ejercer un derecho individual tan básico como el de acudir al puesto de trabajo en una jornada de huelga.


El Confidencial - Opinión

jueves, 16 de septiembre de 2010

Liberales y liberados. Por Ignacio Camacho

Aguirre ha irrumpido con espontáneo ardor thatcheriano en el pleito fratricida de la izquierda.

POR los amplios márgenes de ambigüedad del discurso contemplativo de Rajoy ha irrumpido Esperanza Aguirre con el ardor thatcheriano y liberal de su propuesta contra los liberados sindicales, tan objetivamente razonable como acaso estratégicamente inoportuna. En las vísperas de la huelga general, que es un conflicto al fin y al cabo fratricida entre los sindicatos y el Gobierno —aunque más bien parece una pelea de guante blanco—, la presidenta madrileña se ha metido por medio de las trincheras abiertas en la izquierda ofreciendo a las partes en discordia un blanco perfecto para su fuego concentrado. Con las pocas ganas que tienen de discutir entre ellos, lo que les hacía falta era un pretexto para olvidarse de su pleito sociolaboral en torno a un enemigo común que Aguirre les ha proporcionado de forma espontánea. Los tímidos gritos de «Zapatero dimisión» que empezaban a brotar de las filas sindicales se han vuelto de repente contra el rival que más les gusta, una derecha a la que no sabían cómo implicar hasta que se ha enredado ella sola. Esperanza les ha tocado de verdad la fibra sensible, la de las cosas de comer, y si no fuese porque ya han convocado la huelga contra la política de ajuste gubernamental se la acabarían haciendo a su fetiche favorito. Raro será que no la saquen en el próximo vídeo del Chikilicuatre.

En términos objetivos, la iniciativa aguirrista es impecable y conecta con un clamor creciente contra el abuso de las prerrogativas sindicales, especialmente irritantes en tiempos de precariedad laboral y crisis económica. Si acaso tiene un punto débil es que ese abuso se ha producido —sobre todo en la Administración— con la anuencia de todos los partidos, incluido el PP, que han preferido ponerse a bien con los sindicatos haciendo la vista gorda ante el sobredimensionamiento evidente de la bolsa de liberados. A Aguirre le duele de forma especial porque la muy sindicalizada función pública se ha convertido en el ariete socialista contra su propia gobernanza. Su intención de poner pie en pared está cargada de razón aunque quizá ha elegido mal el momento, entregando al adversario una impagable baza de distracción de opinión pública.

El gran problema de los convocantes de la huelga es su escasa convicción, su escrúpulo ideológico y político por tenerle que organizar una «putada» al Gobierno hermano, y esta irrupción inesperada les permite olvidarse de sus diferencias para converger en el victimismo frente a la derecha. El zapaterismo suspira aliviado —literalmente liberado— ante la posibilidad de compartir el desgaste. Y Rajoy se da cabezazos contra la pared: para una vez que había en este país un jaleo del que nadie le echaba la culpa lo han metido desde sus propias filas en una batalla que pensaba ganar sin involucrarse.


ABC - Opinión

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Demasiados liberados

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunció ayer en su discurso sobre el estado de la Región que realizará un ajuste de los liberados sindicales al mínimo que marca la Ley, como una más de las medidas de austeridad que se ha propuesto aplicar para reducir los gastos en un 10% adicional. De este modo, la plantilla sindical liberada en la Administración madrileña se recortaría en dos mil miembros, lo que supondrá un ahorro anual superior a los 70 millones de euros. A falta de una información más detallada por parte de la presidenta regional, la iniciativa es perfectamente plausible, parece ajustada a la Ley y, en consecuencia, de ningún modo cabe acusarla de cercenar los derechos de los trabajadores. Más aún, deberían ser los propios sindicatos los que se adelantaran al Gobierno madrileño con una propuesta de austeridad y de ahorro en este terreno. El prestigio de los sindicatos no atraviesa precisamente por sus mejores momentos, sobre todo en la capital española, que aún no se ha recuperado de las huelgas salvajes del Metro perpetradas en julio pasado. La ciudadanía tiene la impresión de que las centrales UGT y CC OO, que han devenido en maquinarias burocráticas engrasadas por subsidios, subvenciones y otras sinecuras pagados con dinero público, se han dedicado a defender sus propios intereses corporativos, y mientras casi todos los sectores laborales han sufrido fuertes ajustes salariales, ellas no han tenido a bien reducir sus ingentes presupuestos. Si los que se erigen como representantes de los trabajadores no dan ejemplo de austeridad y no se ajustan el cinturón, es comprensible que su credibilidad esté en mínimos históricos. Ese esfuerzo ahorrador es especialmente necesario en las Administraciones y Empresas Públicas. No se entiende que los funcionarios estén soportando una rigurosa reducción de sus salarios impuesta por el Gobierno de la nación y los dirigentes sindicales no hayan arrimado el hombro recortando razonablemente los efectivos y las horas dedicados a las labores representativas. El número de liberados y delegados, así como los horarios que se han reservado, son a todas luces excesivos, hipertrofiados y reiterativos. El coste de todo ello es desmesurado, pues si sólo en la región madrileña sobran dos mil liberados y se pueden ahorrar más de 70 millones de euros, ¿qué no sucederá en comunidades autónomas donde gobierna la izquierda desde hace décadas, como Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura? Lo mismo vale, por supuesto, para el resto de las regiones, gobierne quien gobierne. No sería descabellado afirmar que el ahorro total superaría los mil millones de euros anuales. En todo caso, hay que reconocerle a Esperanza Aguirre el coraje y la determinación que ha demostrado al abordar una reforma que solivianta a los «intocables» sindicatos y que será aprovechada por el PSOE para atacarla y congraciarse con los dirigentes sindicales. Ni que decir tiene que otros gobiernos autonómicos están pendientes de la evolución de la inciativa madrileña, pero mientras tanto deberían realizar sus propios cálculos domésticos y comprobar si, como sucede en Madrid, el número de liberados sindicales es el doble del que exigen las leyes y si el ahorro merece la pena de enfrentarse a una casta de privilegiados e insolidarios.

La Razón - Editorial

Aguirre planta cara a los caraduras

Que existan tres veces más liberados que los que marca una legislación ya de por si laxa no sólo es una rémora para la creación de puestos de trabajo productivos y para el desarrollo económico del país, sino que constituye una auténtica injusticia social.

Esperanza Aguirre no se ha dejado amedrentar por los improperios que le han dirigido los sindicatos y los partidos de izquierda desde que se supiera su intención de reducir drásticamente el escandaloso número de liberados sindicales que, con la excusa de representar y defender a los trabajadores, se dedican, en realidad, a vivir de ellos.

Si desde UGT Cándido Méndez ha comparado la pretensión de Aguirre nada menos que con la del pastor Terry Jones de quemar el Corán, desde el Gobierno socialista la vicepresidenta Fernández de la Vega la ha considerado como "un ataque directo a los trabajadores". El líder del PSM, Tomás Gómez, ha aludido incluso al origen familiar de la presidenta madrileña al afirmar que "si fuese hija de dos trabajadores de Bosch o de Peugeot, seguro que entendería que los sindicatos son importantes".


Lo cierto es que la pretensión de Aguirre no es más que un ataque a supuestos "trabajadores" que, en realidad, no trabajan, y que cobran no por hacer aquello para lo que fueron contratados, sino para vivir como representantes sindicales sin que sean los propios sindicatos los que les paguen su salario. Ya sabemos que para este Gobierno hay que considerar trabajadores en activo tanto a los parados que están llevando a cabo cursos de formación como a esta privilegiada aristocracia sindical que sólo parece movilizarse para llamar a los trabajadores a la huelga. Sin embargo, por mucha que sea la desfachatez de este Gobierno, y por mucho que los sindicatos consideren los privilegios de sus liberados algo tan sagrado como el Corán para los musulmanes, lo cierto es que constituyen una rémora y un insulto a lo que de plausible y legítimo pudo tener y podría seguir teniendo el movimiento sindical.

Por otra parte, y al tratar, no de suprimir, sino de reducir en alrededor de 2.000 los 3.200 liberados con los que cuenta la Administración de la Comunidad de Madrid, Aguirre no se propone más que aplicar de manera estricta los mínimos que fija la ley y controlar de manera más eficiente las "horas sindicales" de las que disponen los miembros de los casi trescientos comités de empresa con los que cuenta la administración autonómica madrileña. De este modo, cuando todos ellos se reincorporen en sus puestos la Administración ahorrará más de 70 millones de euros dado que ya no tendría que contratar interinos para cubrir los turnos de estos liberados.

Que existan tres veces más liberados que los que marca una legislación ya de por si laxa en este terreno no sólo es una rémora para la creación de puestos de trabajo productivos y para el desarrollo económico del país, sino que constituye una auténtica injusticia social, especialmente en unos tiempos de crisis en los que todos, incluidos naturalmente, los sindicatos, deberían apretarse el cinturón. Pero está visto que no faltan caraduras que confunden la legítima defensa de los derechos del trabajador con el abuso que puede suponer vivir del cuento sindical y a costa del que paga el salario que, en este caso, no es otro que el contribuyente.


Libertad Digital - Editorial