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lunes, 3 de octubre de 2011

Bildu-Eta. Refundación del terrorismo. Por Agapito Maestre

En estas elecciones nos jugamos la posibilidad de que un gobierno con fuerza sea capaz de plantarle cara a quienes quieren sacrificar definitivamente a España como Estado nacional.

La coyuntura es trágica. No se ve por ningún sitio de dónde pueden salir las fuerzas que lleven a este país a reinventarse. Todas las grandes naciones han aprovechado los conflictos, las tensiones y las derrotas para salir reforzadas. La inteligencia de sus dirigentes siempre fue utilizada para aprovechar la ocasión de las peripecias más desagradables de su historia para reinventarse. Refundarse. La derrota siempre fue un estímulo de las grandes sociedades. Roma, como nos enseñara Polibio, sacó de sus múltiples derrotas las energías suficientes para refundarse; otro tanto, después de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse de Alemania y Japón; pero los dirigentes de todos esos países, por muchas diferencias interiores que existieran entre ellos, tenían la creencia en la propia Roma, por decirlo con el ejemplo de Polibio, como la única condición para emerger de los peores fracasos.

¿Quién cree hoy en España como nación? Respondan sin autoengaños. Al margen de las apelaciones retóricas a España, para los españoles de hoy la situación, por decirlo con contundencia, es mucho más difícil que la de los romanos de la época de Polibio y Cicerón. Los romanos de todos los partidos tenían un sustrato común: Roma. Ésa es, exactamente, la gran carencia de los españoles: la base nacional parece haber desaparecido. He ahí lo que nos jugamos en estas elecciones del 20-N: la desaparición definitiva de ese lugar común, del Estado-nacional. Estas elecciones van más allá del mantenimiento más o menos precario del llamado Estado del bienestar. Nos jugamos la posibilidad de que un gobierno con fuerza sea capaz de plantarle cara a quienes quieren sacrificar definitivamente a España como Estado nacional.


El día 20-N se juega la última oportunidad de lo poco que queda de democracia española. Los resultados pueden ser dramáticos para la reconstrucción de España; dos asuntos serán decisivos: por un lado, si el PP no obtiene mayoría absoluta, olvídese de cualquier oportunidad para reconstruir el Estado nacional desde la derrota y fracaso del actual modelo territorial de España; un gobierno sin mayoría absoluta se vería sometido a los mismos chantajes, o quizá peores, que hasta ahora han utilizado los nacionalistas contra el gran imaginario colectivo de la democracia: que todos los ciudadanos seamos libres e iguales antes la ley. Por otro lado, si el partido Bildu-Eta obtiene representación parlamentaria, y así lo prevén todas las encuestas que algunos analistas políticos celebran con "alegría estúpida", entonces los asesinos de ETA habrían logrado lo que nunca tuvo un grupo criminal en el mundo: representación parlamentaria en la "nación" que matan.

De la actitud del PP en esta campaña electoral dependerá, a pesar de lo que digan los promotores del perfil bajo del candidato Rajoy, el éxito o el fracaso de este partido para ganar por mayoría absoluta. Naturalmente, esta hipótesis es discutible; pero, en mi opinión, lo que parece obvio es que nadie como Rodríguez Zapatero, en los casi ocho últimos años, ha contribuido de modo decisivo a refundar políticamente ETA. Lejos de acabar con ETA, los enjuagues de los diferentes gobiernos de Rodríguez Zapatero han conseguido algo inédito en el mundo civilizado, a saber, que un grupo terrorista gobierne instituciones locales y autonómicas. Es deber del PP construir con precisión este relato sobre cómo el gobierno del PSOE ha promocionado, o mejor, creado la oportunidad para que ETA, un grupo criminal, se refunde políticamente sin abandonar sus fines terroristas.

Si el PP no consiguiese hacer pedagogía política durante esta campaña electoral, sobre cómo ETA ha sido promocionada por Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba, incluso hasta el punto de que podría obtener una representación importante en el Parlamento de España, correría un peligro aún más grave que no alcanzar la mayoría absoluta.


Libertad Digital –Opinión

El balbuceo del candidato. Por José María Marco

Las comparecencias públicas de Rubalcaba, como las de estos días bajo la rúbrica infantil de «Ideas de verdad», se han convertido en un recital de balbuceos, de palabras que empiezan y se estiran con la repetición inacabable de las primeras sílabas. En otras ocasiones, Rubalcaba no parece tener ningún problema en mostrarse tajante, como cuando estableció que los periodistas han de tratarle de «Señor», «señor Rubalcaba». Se deduce que el balbuceo es un recurso de estilo por el que aspira a alcanzar determinados objetivos.

Antes de sumergirnos en veneros tan hondos, hay que decir que este balbuceo recuerda los tics que ciertos actores ya mayores, que en su tiempo disfrutaron de algún día de gloria, adoptan como marca de la casa. A veces ni siquiera se dan cuenta de la crueldad con la que ese recurso en el que tanto se complacen revela su decadencia. De grandes divos han pasado a actores de reparto, con un único personaje en la cartera, el suyo… Relacionado con esto, está lo que el recurso al balbuceo indica acerca de la psicología del personaje (del personaje público, claro, no de la persona). Cuando Rubalcaba finge que busca la palabra adecuada, queda claro que se está esforzando por ponerse a nuestro nivel, pobres mortales que no entendemos la complejidad de los conceptos, ni el arcano significado que esos conceptos tienen en la gran estrategia del Príncipe, aquel que domina las incertidumbres y sabe hacer virtud de la fortuna.


No estamos a su altura, en resumidas cuentas, y así lo cuentan los autores de «Los mil secretos de Rubalcaba», una investigación periodística muy entretenida que ha publicado la editorial Ciudadela. Aun así, el recurso tiene también, como ya se ha dicho, intención política. Está claro: Rubalcaba no puede presentarse simplemente como el sucesor del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Hay demasiados borrones en esta historia como para no tomar distancias. Ahora bien, el ex vicepresidente primero tampoco puede dejar de asumir algunos de sus supuestos logros, como la negociación con la ETA, de los que Rubalcaba se siente orgulloso. Así que el trastabilleo no nos indica un imposible intento de rehacerse una inocencia después de tantos años en la cocina del Gobierno. Lo que revela es la dificultad del candidato para encontrar una posición propia.

Rubalcaba está insinuando que no intenta engañarnos. Al contrario, sabe que somos capaces de comprender la tortura a la que se somete por el bien del Partido, por el bien del Socialismo, por el bien de todos. Ofrece la versión tartamuda del político que nos señala como sin querer, para no ofendernos, el martirio al que se ofrece voluntariamente por la Cosa Pública. Ante la dificultad para elaborar un programa creíble, su humildad, su sentido del sacrificio, su pudor desgarrado a la vista de la ciudadanía deben movernos a compasión. En vez de ponerse en nuestro lugar, como recomienda la moderna política de la empatía, nos invita a ponernos en el suyo. Gracias, es la palabra justa, aquella que ha de mover nuestro sufragio.


La Razón –Opinión

Elecciones. El ratoncito de Pérez. Por José García Domínguez

Por primera vez desde la Transición, todas las catas demoscópicas indican un cambio cualitativo en la sangría electoral del PSOE: la deserción de antiguos votantes se estaría produciendo por el flanco derecho, el que linda con los pastos del PP.

Nada con sifón. En el parto de los montes de la Conferencia Política del PSOE han alumbrado un ratón minimalista. Apenas unas gotitas de Chanel Número 5 en los consejos de administración de las grandes empresas y otra gabela calvinista contra tabaco y alcohol. Las ministras del Vogue, como El Cid, ganando batallas –y dietas– después de muertas. Y la izquierda nominal, impartiendo magisterio de moralina puritana al mismísimo Ejército de Salvación. Punto. Ahí empieza y acaba cuanto tiene que decir nuestra socialdemocracia doméstica a propósito del mayor colapso sistémico del capitalismo desde el crack del 29. Amén, claro, del rutinario "tal vez" de Alfredo frente al exasperante "depende" de Rajoy.

Por abdicar, diríase que hasta de la demagogia a granel han querido desprenderse en el programa electoral. Un proceder contra natura tratándose del partido socialista. Y más aún desde la impunidad del gratis total que les habría garantizado la derrota cierta. Inaudito, desconcertante, insólito rapto de virtud que, excluida una súbita conversión de Rubalcaba, solo puede obedecer a la atenta lectura de las encuestas. Y es que, por primera vez desde la Transición, todas las catas demoscópicas indican un cambio cualitativo en la sangría electoral del PSOE. A saber, la deserción de antiguos votantes se estaría produciendo, sobre todo, por el flanco derecho, el que linda con los pastos del PP, no por el izquierdo, mucho más fiel a la marca.

Razón última de que el candidato no nos comparezca disfrazado de Che Guevara en los telediarios, estampa siempre tan cara a Ferraz durante los periodos de celo electoral. A esos efectos, el 15-M acaba de revelarse como lo que en verdad es: puro humo de pajas –periodísticas– ; un soufflé cocinado a base de ruido mediático tras el que nada hay. Así las cosas, lo que se dio en llamar la izquierda volátil, el electorado que únicamente accedía a votar al PSOE luego de taparse la nariz con unas pinzas, dejará de erigirse en árbitro eterno de los resultados. Un movimiento de placas tectónicas bajo las urnas que, por cierto, se llevará por delante el supremo mantra de los sociólogos de guardia de la derecha. Esto es, la máxima de nunca hacer ruido. Don Tancredo ha muero. ¡Viva Don Tancredo!


Libertad Digital –Opinión

domingo, 2 de octubre de 2011

El PSOE se pone las pilas. Por José Luis Gómez

Suena la sintonía de las elecciones en el PSOE y todos los sectores del partido cierran filas para darle la vuelta a unas expectativas muy desfavorables. Mientras, el PP da por hecha su victoria, promete una deducción de 3.000 euros a los autónomos por su primer trabajador y solo duda si la diferencia que le conceden todas las encuestas se traducirá o no en mayoría absoluta. Es lo que hay, pero aun así el PSOE se pone las pilas para motivar al menos a los suyos, empezando por sus militantes, y para plantar cara al PP en lo que denominan el combate de las ideas en defensa del Estado de bienestar.

El ex presidente Felipe González es quien está llamando más a la movilización, quizá porque él, que fue un ganador nato entre 1982 y 1993, también sabe mejor que nadie que es posible perder con dignidad, como ya hizo en el 96, el año en que Aznar llegó al poder. "En 1996 estaban a 14 puntos y nos faltó un telediario", recordó Felipe para darle ánimos a Rubalcaba, ante el que se puso a su servicio de cara a una movilización inmediata. Zapatero, el casi ex presidente, intenta justificarse y viene a decir que sus decisiones impopulares serán tan importantes como las positivas que pudo adoptar en otros momentos, lo cual procede acoger con cautela, a la espera de que los historiadores dicten sentencia dentro de unos años.


Rubalcaba es presentado por sus compañeros como un gobernante y como su gran activo político, por encima incluso de la marca PSOE. Y como gobernante ha querido mostrarse, anunciando medidas como subir el precio del alcohol y el tabaco un 10% para salvar la sanidad pública y evitar el copago y la privatización del sistema. Puede estar bien la medida de Rubalcaba pero con ello no aborda el verdadero problema fiscal de España. Situémonos: solo en el impuesto de sociedades -el principal agujero- cayó la recaudación 25.000 millones entre 2006 y 2010, y el candidato socialista propone recaudar 2.000 millones más.

Habrá que aguardar, pues, a que un día nos hable de cómo recuperar sociedades o, en su defecto, del IVA y del IRPF, que es donde está la clave de los ingresos en un país que debería recaudar desde la Agencia Tributaria sobre 200.000 millones para vivir tranquilo. Patrimonio e impuestos especiales claro que aportan ingresos al Estado, pero no son los impuestos clave. No perdamos la perspectiva de las cuentas.


Periodista Digital – Opinión

sábado, 1 de octubre de 2011

Comienza la cuenta atrás. Por Gloria Lomana

Con la convocatoria de elecciones ha comenzado la precampaña y en los cuarteles generales de los partidos andan de los nervios. En Ferraz, incluso le han cambiado el paso a Rubalcaba. El candidato debe seguir defendiendo ideas rojas pero su color en cartelería y televisión ya no es emocionalmente caliente, como lo fue en su presentación, sino el sereno azul del PP.

El rojo es el color de la sangre y el fuego, y con esa apuesta por la energía, la determinación y la pasión fue como irrumpió Rubalcaba en la carrera electoral. Rojo de izquierdas y rojo de obrero. De lucha, recomendado para invitar a la gente a tomar decisiones rápidas, porque no en vano el rojo es el color con el que se envuelven los avisos importantes.

Pero, mientras Rubalcaba se nos presentaba aupándose a un empinado Everest, Rajoy aparecia envuelto en el color azul que en heráldica significa sinceridad, inteligencia, estabilidad, confianza y sabiduría. Y en escenografía ayuda a dar profundidad, justo la imagen presidenciable que Rajoy pretende transmitir.


Y este es el punto en el que Rubalcaba se ha vuelto a reinventar, abrazándose al color azul para hablar a Rajoy de presidente a presidente. Azules de campaña en la forma, con contenidos versionados diametralmente opuestos. Si Rajoy pretende que estos cincuenta días pasen sin pena ni gloria, como si no hubiera campaña, Rubalcaba se plantea estruendo, con «jornadas de lucha» incluidas, para provocar al adversario, intentar encerrarle en callejones de reformas y ajustes y sorprenderle en alguna contradicción o apuro.

Así ha comenzado la precampaña, con el riesgo de que el candidato socialista se pase de frenada. Todas las encuestas arrojan al PSOE un resultado electoral inferior al batacazo de Almunia, pronóstico que no mejora con el paso de los días. Zapatero se ha cargado su campaña electoral firmando el gran pacto de la reforma de la Constitución con Rajoy. Y difícil será que los socialistas levanten cabeza.

Tal es el nerviosismo que cunde entre las filas socialistas que su objetivo es protagonizar cada día un titular, para llevar la iniciativa de la campaña. Y para eso –han pensado– nada mejor que volver a pasear al dóberman del PP, para que los populares tengan que defenderse. Estrategia imposible para un candidato que ha sido la sombra de Zapatero, el mayor podador del Estado del bienestar de la democracia. Responder con «Alfredo manostijeras» es de manual.

El candidato socialista está repitiendo el mismo error que ya cometió en el pasado, cuando en el año 2000 impulsó el acuerdo Almunia-Frutos, es decir PSOE-Izquierda Unida. Ahora, en su afán por conquistar la izquierda, ha vuelto a abandonar el centro, que es donde se pescan los votos, para que lo ocupe cómodamente Rajoy. Aunque, increíble y contradictoriamente, se envuelva con el color azul.


La Razón – Opinión

viernes, 30 de septiembre de 2011

Campaña electoral. Confianza democrática o desconfianza reaccionaria. Por Agapito Maestre

En esta campaña electoral, sí, elegimos entre un demócrata que busca confianza, Rajoy, y un viejo ministro del Interior, Rubalcaba, que llena de desconfianza todo el ámbito público.

La desfachatez del PSOE tiene un carácter reaccionario que, más allá de poner en peligro la mayoría absoluta del PP, deja a la democracia sin su principal fuerza: la capacidad del sistema democrático de generar confianza en una alternativa política. En efecto, llegados al convencimiento de que alguien como Rubalcaba, que ha sido el máximo colaborador de Zapatero para situarnos en la mayor crisis de nuestra historia reciente, sería incapaz de generar confianza, los dirigentes socialistas tratan de presentar a su candidato como el principal organizador de la desconfianza contra el PP.

No caigan en esta trampa los del PP; presten sí mucha atención a todo el juego sucio de Rubalcaba; pero, sobre todo, enfréntenlo permanentemente a todas sus contradicciones y las de sus seguidores en la calle. El PP tendrá que sacar los dientes y hacer pedagogía política. Muestren a los ciudadanos que el PSOE quiere hacer de su debilidad la absoluta erosión de su legitimidad y confianza, una virtud y para ello se presenta, con todo el descaro del mundo, como el principal eje para minar el derecho que tienen los ciudadanos a elegir una opción política que no sea la socialista.


He ahí el telón de fondo de la campaña electoral, que resultará larga, tediosa y llena de peligros para el PP. El PSOE, de acuerdo con su largo historial de movilización, agitación de masas y mentiras programadas, ya ha comenzado con todos los medios a su alcance, que hoy por hoy van desde el control del Gobierno hasta la dirección de los aparatos represivos del Estado, pasando por la administración casi absoluta de todos los órganos ideológicos del Estado, a labrar su primer y único objetivo en estas elecciones, a saber, erosionar la confianza que millones de ciudadanos tienen depositadas en el PP.

La novedad de este proceso electoral, diagnosticado hace meses por cientos de encuestas y otros tantos análisis políticos, es que el PSOE no compite por ganar sino por perder por la mínima, o peor, su lucha no es por crear confianza en un proyecto político, sino por destrozar cualquier alternativa política, incluso al precio de la violencia, a través de un proceso calculado de erosión de la fiabilidad de los electores en el PP. Precisamente, por eso, les ha molestado tanto que Rajoy elija, a pesar de lo que digan los economicistas y listillos de salón, la palabra confianza como motor de su campaña. Sin duda alguna, independientemente del carisma del líder del PP, crear confianza, en la era de la desconfianza, es todo un reto político, democrático; por el contrario, intentar organizar la desconfianza, desde el poder de las instituciones, es un síntoma de la mentalidad totalitaria del antiguo ministro del Interior.

En esta campaña electoral, sí, elegimos entre un demócrata que busca confianza, Rajoy, y un viejo ministro del Interior, Zapatero, que llena de desconfianza todo el ámbito público. Eso es lo que nos jugamos en esta campaña.


Libertad Digital – Opinión

Regreso al pasado. Por Agustín de Grado

Un reciente estudio de alguien tan poco sospechoso de jugar a favor del PP como la socialdemócrata Fundación Alternativas nos deja el siguiente titular: seis millones de españoles «sin ideología» abandonan al Gobierno por su agenda radical. Se trata de la cuarta parte del electorado. El mismo que desde 1979 a 2008 siempre ha votado al partido en el poder, con independencia de su color político o de la coyuntura económica. Votantes que lo han apoyado incluso en momentos en que su derrota se daba por segura. El 20-N será la primera vez que ya no sea así. Los votantes neutrales, según los autores del estudio, han dado la espalda al PSOE por transmitir un marcado perfil ideológico de izquierdas con leyes como las del matrimonio homosexual y la memoria histórica. También por su negociación con ETA o las cesiones ante el nacionalismo catalán. En todos estos temas, los seis millones de votantes desideologizados estaban más próximos a los postulados del centro-derecha que a los de esa izquierda a la que Zapatero, con la complicidad activa de Rubalcaba, pretendía seducir.

Ajeno a la idea de que toda crisis es oportunidad de cambiar cosas que dejaron de funcionar, enmendar políticas erradas y actualizar discursos desfasados, Rubalcaba pretende movilizar a los suyos con «un proyecto político en el que si un socialista de hace 100 años levantara la cabeza se reconociera inmediatamente y exclamara: ¡Éstos son los míos!». Este fin de semana lanza su programa de regreso al pasado. Dispuesto a tropezar en la misma piedra: a más izquierda, menos moderación y, por tanto, menos votos.


La Razón – Opinión

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ni Alfredo, ni Pepunto, ni Rubalcaba. Señor Rubalcaba, por favor. Por Magdalena del Amo

Hace unos días un lector me remarcó lo abandonado que tenía a Rubalcaba, tras adoptarle como personaje central de unos cuantos artículos y haberle nombrado serpiente oficial del reino. No sé, quitando lo que ya sabemos, su perfil de las últimas dos semanas es demasiado inane y plano para un candidato a la presidencia del Gobierno. ¡Y eso que es el mejor, y el único capaz de poner nervioso al PP! Arremeter contra los ricos y amenazar con impuestos a los bancos, o prometer blindajes a las resoluciones parlamentarias de las autonomías –léase la catalana—como guiño a la separatista y rubianesca Chacón, aspirante a presidenta del Gobierno de España en ese futuro que tiene por delante, según dicen los afines –qué dislate—, y al incalificable Montilla que dejó las arcas de la Generalitat como un colador, no me inspiraba salvo para un comentario de dos líneas. Debo reconocer que Rubalcaba sin el Gal, sus muchas truculencias y el Faisán, se queda muy menguado y no vamos a hablar de eso a diario ¿Qué íbamos a decir de él?

Ahora es otra cosa porque tenemos al Faisán de nuevo en la palestra. Eso sí, para nuestra desgracia, porque una vez más constatamos con sonrojo la actuación de la justicia al servicio de la política. “Colaboración con banda armada” o “revelación de secreto”. Pero, un secreto de este tenor gritado a los cuatro vientos desde un teléfono del Ministerio del Interior, ¿no es colaborar con la banda asesina? ¿O se trató de un simple cotilleo entre mandos políticos y policías? El hombre que veía amanecer ya nos tiene acostumbrados a sus garzonadas y temblamos cuando instruye. Bermúdez, apodado Superber durante el juicio del 11 M por las maneras que apuntaba amenazando con trazar para algunos el “caminito de Jerez”, coincide con Garzón en el ejercicio de la praxis jurídica. Este magistrado, que tantos problemas arrostró en el pasado cuando fue recurrido hasta tres veces su nombramiento como presidente de la Sala de lo Penal por considerarle un ultraderecha y un hombre del PP, nos decepcionó, confundió, desencantó, defraudó… con la sentencia del 11 M a quienes conocíamos las muchas irregularidades desde el minuto uno, y la pésima instrucción de Del Olmo; y ahora con el Faisán. Yo tenía de Bermúdez la misma idea que tengo ahora del juez Ruz, recordando sobre todo las palabras de su abuela cuando le entregó la placa y la medalla de su abuelo para legarla a los sucesores. ¿Podrá entregarla con la cabeza alta? No lo sé; esta última actuación no convence a nadie; ni siquiera su acérrima defensora, Victoria Prego que lo defendió con uñas y dientes contra todo y contra todos, cuyos juicios de valor causaron muchos resquemores entre los togados, entiende su proceder.


Afortunadamente quedan jueces como Ruz para mantener viva la fe en la justicia. Hace falta valentía de héroe para bregar con estos asuntos, pues las presiones son muchas. Hay quien dice que el caso Faisán está enterrado. Otros tienen esperanzas de que en los próximos años se sepa la verdad. Los optimistas preconizan que un gobierno del PP arrojará luz sobre este tenebroso caso. Yo no tengo ni fe ni esperanza. Ocurrirá como con el Gal y los papeles del CESID. Si Aznar dio carpetazo al pasado y cometió la torpeza de dejar a los enemigos dentro, es decir, en los lugares clave de las fuerzas de seguridad del Estado, creyendo que así enterraba para siempre los sentimientos guerracivilistas, mucho me temo que Rajoy caerá en la tentación de la pluralidad; y, claro, a la mínima, le montarán otra como la anterior. De libro. Así que, de Faisán, mucho nos tememos que nada. Nos quedaremos con las ganas de saber oficialmente quién es la Y. Pero Rubalcaba, por si acaso, afora a Camacho colocándolo en la candidatura de Zamora. Menuda la tienen liada en Benavente.

Como argumento de campaña, al PP ni le pone ni le quita. Pero el PSOE intentará sacar algo de tajada, cosa normal, tras este regalo. Le faltó tiempo a la iletrada señora Valenciano para arremeter contra los populares mientras el candidato se deshacía de gusto explicando su honradez y bien hacer, mientras sus afines ponen pies en polvorosa y huyen en desbandada hacia las embajadas o al desierto a tomar aire. ¡Cómo verán el panorama!

Más allá del Faisán, tenemos otro chascarrillo rubalcabiano. Uno de los grandes culpables de que la educación en España esté a la cola de los países de la OCDE, o sea, el candidato socialista, reprendió a un periodista por dirigirse a él como Rubalcaba a secas. “Señor Rubalcaba”, le corrigió el político. Pero, ¿en qué quedamos? Usted impulsó un tipo de educación que iguala a profesores y alumnos; que usted, don o señor, son tratamientos carcas y de derechas. Ay, señor Rubalcaba, hoy tomó usted de su propia medicina. Usted ha eliminado de los manuales de buenas maneras estos tratamientos. ¿Qué pretende ahora? Usted que se inventó aquello de “llamadme Alfredo”, tiene que ser coherente. ¿O es que el colegueo no es extensible a los periodistas?

Por cierto, las encuestas dicen que usted agoniza y le auguran una larga y amarga noche del 20 de noviembre. Su muerte y la de Franco tendrán el mismo aniversario. Su muerte política, claro.


Periodista Digital – Opinión

domingo, 25 de septiembre de 2011

"El Estado y el buitre de Unamuno". Por Miguel Higueras

El gobierno ha violado su neutralidad electoral al restablecer el impuesto sobre el patrimonio, como uno de los candidatos exigía.

Mal está que el responsable de garantizar igualdad de oportunidades en las elecciones acceda a la demanda de uno, con la que discrepa su oponente, aunque mitigue el desbarajuste económico que el inspirador de la medida ayudó a provocar cuando gobernaba.

Lo peor es que, con éste nuevo impuesto, el gobierno cebará todavía más a la burocracia estatal y agravará la anemia de la sociedad a la que está parasitando.

Coincide la insaciable voracidad tributaria con la insistente advertencia sobre el peligro de quiebra del estado.

Evocan esas voces de alarma la sombría mirada del buitre voraz de ceño torvo del soneto de Unamuno, cuando el grajo-estado traga el último despojo de la sociedad para saciar el hambre atroz que nunca se le apaga.


La glotonería es la enfermedad terminal de éste estado, refundación del que se consumió con la desaparición del que su fundador se había hecho a medida en el fragor de una guerra civil, que acabó con el que había nacido cuando, inopinadamente, unas elecciones municipales acabaron con siglos de monarquía.

La que viene no será la primera refundación del Estado en España y, afortunadamente, nada hace temer que haya que reedificarlo sobre las ruinas de un conflicto armado, como cuando la guerra de sucesión, la de la independencia, la de Cuba, las carlistas o la civil.

El que viene debería ser, en contraste con el actual, un Estado que devuelva la iniciativa a la población, renuncie a dirigirla y cambiarla y recaude impuestos de los ciudadanos para garantizarles su seguridad personal y frente a agresiones exteriores.

La mejor receta es reducir a esos dos fines la recaudación de impuestos.
La indolencia individual ha dado como resultado la renuncia colectiva de los españoles a asumir sus obligaciones y derechos como personas.

A pesar de esa dejación, los padres saben mejor que el Estado la educación que quieren para sus hijos y a los hijos les importa más que al Estado el bienestar de sus padres en la vejez.


Periodista Digital – Opinión

domingo, 11 de septiembre de 2011

Preséntese, por favor. Por Alfonso Ussía

El dibujo es del gran Antonio de Lara «Tono», y se publicó en «La Codorniz» de los años cincuenta. Un médico asiste a un enfermo mientras le dice: «Es una pena que no tenga usted nada en el pecho, porque es de lo único que entiendo un poquito». «Tono» se adelantó con esta viñeta sesenta años a la tragedia que nos puede sobrevenir a los españoles si Gaspar Llamazares renuncia a presentarse a las elecciones generales y decide dedicarse a la medicina. Desde aquí, y con el mayor respeto, le ruego que permanezca en la política, que lo hace muy bien. Tan bien que ha estado a punto de convertir en un partido marginal al PCE e Izquierda Unida, contribuyendo así a la salud del sistema democrático.

Don Gaspar se licenció en Medicina en España y se hizo con una especie muy rara de semidoctorado en La Habana. Ha reconocido que de volver a vestir la bata blanca precisaría de un reciclaje. Ignoro su especialidad, y prefiero mantenerme en la inopia para no ponerme nervioso. Con Llamazares en un hospital público hay que adoptar toda suerte de precauciones. Para mí, que podría abrir una consulta compartida con el doctor Montes.

Por mucho que se recicle, me temo que no va a conseguir ponerse al día. La práctica de la medicina exige el estudio diario, por aquello de que los avances de la ciencia no se detienen, afortunadamente. Llamazares debe de andar todavía en los tiempos del «Optalidón», que ahora me entero de que lo han prohibido, con lo bien que me sentaba. Y claro, lo del doctorado o máster de La Habana no procura una excesiva confianza científica. No obstante, si mantiene su idea de retornar a los espacios hipocráticos, me ofrezco a intentar que lo admitan en la academia de reciclaje del doctor Gorroño, que algún favor me debe.


Pero lo mejor para él, para la medicina y para España es que opte de nuevo a un escaño parlamentario en el noviembre que nos aguarda. Con su ausencia, perderíamos motivos para la alegría literaria. Esa seriedad, ese gesto de permanente mensaje trascendente a punto de ser emitido, esa modernidad ideológica, ese saber adaptarse sin dificultad alguna al tercer decenio del pasado siglo, es ya parte del patrimonio inmaterial de los españoles.

Y no parte menguada, sino parte importante. A pesar de la quiebra económica, la medicina pública española ocupa un lugar de privilegio entre las restantes europeas. El nivel de nuestros profesionales es envidiable y para alcanzar ese nivel hay que estudiar, practicar y trabajar mucho y bien. No dudo que el camarada es muy capaz de alcanzar la excelencia científica si se lo propone. Me limito a recomendarle que no se enfrente a semejante esfuerzo, entre otras razones, porque ya no tiene edad. Él me recomendaría lo mismo si se enterara de que yo me propongo ingresar en la Academia General Militar de Zaragoza a mis años con la esperanza de llegar a teniente general.

Estoy seguro de que emprendería toda clase de acciones para hacerme ver que el generalato y mi persona carecen de toda posibilidad de encuentro. Y le agradecería de corazón sus consejos, por sabios, sinceros y ponderados. Sin ánimo de herir su sensibilidad, creo que su lugar en nuestra sociedad está en el Congreso de los Diputados, no en una consulta médica y menos aún, en un hospital. De presentarse por Asturias, puede obtener el apetecible escaño y tirarse otros cuatro años reivindicando sandeces. Se lo agradeceríamos profundamente.

Todo, menos verlo con la bata blanca. Preséntese, por favor, anda, no sea malo.


La Razón - Opinión

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alvarez Cascos en Madrid. Por Magdalena del Amo

Esperanza Aguirre siempre manifestó públicamente que Francisco Álvarez Cascos era el mejor candidato del PP por Asturias, y el resultado electoral le ha dado la razón. Lo que no le gusta tanto es que pretenda arrebatarle votos en Madrid donde Foro Asturias concurrirá a las generales si consigue las firmas necesarias que impone la nueva legislación electoral.

Aguirre, siempre tan aguda y sin pelos en la lengua, propone que Rajoy cierre un acuerdo con Cascos y “cuanto antes, mejor […] todos tienen que dar pasos”. No es para tomar a broma el partido fundado por el Presidente del Principado, aunque algunos hablen de “partidillo”. Es cierto que son coyunturas distintas. El PP astur era un partido agonizante que se había acostumbrado al dolce far niente, amparando, de alguna manera, la corrupción de los socialistas. El conocido como “Caso Riopedre”, con varias personas del Gobierno socialista en la cárcel, entre ellos el consejero de Educación, es de vergüenza nacional; el apestoso asunto de Villa Magdalena y el aparcamiento de la calle Uría en pleno centro de Oviedo; el tema Vipasa por los minipisos de la Laboral que incluso salpicó a algunos populares; chanchullos varios en ayuntamientos, o el plan general de ordenación gijonés, ahí están, por si hay dudas.


Mientras todo esto ocurría, el PP hacía la vista gorda y seguía durmiendo en los laureles. Ítem más, antes de las elecciones del 22 de mayo se celebró una famosa reunión, que pasó a los anales como “el pacto de la Zoreda”, donde PSOE y PP se confabularon para pactar contra el enemigo Cascos. Y se pactó después de los comicios que dieron la victoria al de Luarca, y a Foro Asturias le arrebataron la presidencia de la Junta General del Principado al votar los socialistas al candidato popular Fernando Goñi, a cambio claro está de algunas prebendas. Total, que los socialistas, ahí siguen, aliados con el PP, resolviendo sus negocios.

Madrid, no obstante, es otra cosa. Esperanza Aguirre es una de las personas más valiosas y capaces del PP y lo demuestra en las urnas. Pero bien estaría llegar a un acuerdo aunque a la secretaria Cospedal no le guste nada. La actual Presidenta de Castilla-La Manche tuvo mucho que ver en la eliminación de Cascos y en el nombramiento de Pérez Espinosa. Cosas del feeling, y algo más, pues otro conflicto de intereses un tanto sombrío relacionado con las cajas bullía en ese momento. Ahora se teme que la concurrencia de Álvarez Cascos en Madrid pueda favorecer a Rubalcaba. Quizá mucho menos de lo que se piensa, por muchos asturianos nostálgicos que haya en la capital y muchos madrileños veraneantes en el país de las xanas.

Según el presidente del PP de Asturias, Ovidio Fernández, Cascos sólo pretende dividir el voto de centro-derecha y evitar que el PP tenga mayoría absoluta. No creo que sea esa la intención, y sí que Foro tenga representación en las Cortes Generales, cosa que conseguirá con los votos del Principado, más abundantes si cabe que el 22 de mayo, a juzgar por los cabreos tras el pacto PSOE-PP. En cualquier caso –aviso a la cúpula popular, Aguirre tiene razón—no estaría de más aparcar berrinches y cuestiones personales pasadas. Y no lo digo por el asturiano, que nunca le llamó cuarentona a Pérez Espinosa. Ya saben a qué me refiero.


Periodista Digital – Opinión

martes, 9 de agosto de 2011

Rubalcaba se viste de Zapatero


Si ya ni siquiera comparece como presidente ante una crisis como ésta, delegando en el candidato de su partido la búsqueda de soluciones, ¿por qué esperar al 20 de noviembre?

Al contemplar la rueda de prensa que ha ofrecido Alfredo Pérez Rubalcaba en la mañana de este lunes, resultaba inevitable pensar que la máquina del tiempo nos había trasladado un mes atrás, cuando el entonces vicepresidente ejercía de portavoz del Gobierno. Con su tono institucional con el que esquivaba las preguntas difíciles los viernes tras el Consejo de Ministros, el candidato del PSOE exigió que representantes de empresas y trabajadores se reunieran para alcanzar un gran pacto.

El contenido de la comparecencia es casi lo de menos. Una vuelta más de tuerca a las malas costumbres que hemos alimentado durante los últimos treinta años y que nos han llevado a donde estamos: pactos de chichinabo entre las fuerzas sociales que hace mucho que dejaron de representar a nadie, cambios cosméticos y palabras, muchas palabras. España necesita darle la vuelta como un calcetín a su modelo productivo, liberalizando una economía encorsetada, en buena medida, por soluciones como las que busca Rubalcaba, que pretende dirigirla desde arriba abajo en lugar de facilitar el proceso contrario.


Lo realmente notable es el descaro con el que el exvicepresidente actúa como si Zapatero no estuviera al mando y fuera él quien gobernara el país. Asegura haber hablado ya con miembros del Gobierno y aprovechar sus reuniones como candidato con los representantes de empresarios y sindicatos para avanzar. Cierto es que quienes "tienen que estar al frente tampoco se pueden ir de vacaciones", en crítica nada velada a Zapatero, pero eso no conlleva su sustitución de facto por alguien que no ha sido elegido ni por las urnas ni por el Congreso.

Pero si esta comparecencia deja en mal lugar a Rubalcaba, a quien no debería dejar indiferente es al propio Zapatero. Si ya ni siquiera comparece como presidente ante una crisis como ésta, delegando en el candidato de su partido la búsqueda de soluciones, ¿por qué esperar al 20 de noviembre? Parece claro que se ha tomado muy a pecho su papel de líder amortizado que nada puede ni debe hacer hasta su marcha. Pero en tal caso, y dada la dramática situación económica en que nos encontramos, no tienen ningún sentido seguir alargando la agonía. Que convoque ya, sin perder más un tiempo que para España es precioso.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 6 de agosto de 2011

Duran i Lleida. En la UCI. Por Maite Nolla

Si todo resulta como dicen las encuestas, tendremos en breve un Gobierno con mayoría absoluta, pese a que, por si acaso, el PP ha abonado gratis total las buenas relaciones con CiU..

La sensatez ha vuelto a tomar forma humana. Duran ha hablado: España está en la UCI por culpa del "egoísmo electoralista" del PP y del PSOE. Además, –y esto es muy grave– CiU se está planteando pedir que las elecciones puedan incluso celebrarse antes del 20 de noviembre si el Gobierno no acomete alguna de las reformas urgentes que el nacionalismo moderado lleva pidiendo desde hace mucho tiempo. El sentido común socialcristiano le tira de las orejas a los socialistas, pendientes únicamente de su propia conveniencia electoral, y a los populares, que ya andan repartiéndose los ministerios. Y como a las declaraciones de Duran nunca se acompaña un historial de sus mejores actuaciones ni un listado de lo que proponen de cara al futuro y de sus posibles consecuencias, sigue siendo el político español mejor valorado.

Y eso está provocado por dos factores: el primero, por una parte de la prensa, especialmente la de derechas, que sigue engañando a la gente. Porque no decir que si Zapatero ha llegado a completar prácticamente la legislatura es en gran parte culpa del sensato Duran, es engañar. Y el otro factor es que en contra del esfuerzo continuo de varios corresponsales del periodismo nacionalista moderado en Madrid por hacer creer que en la capital se levantan pensando en cómo odiar a Cataluña hasta la hora de la siesta, en Madrid no interesa nada lo que pasa en Cataluña. Y al que alguna vez le interesó algo, ahora le aburre y no quiere saber nada. Así, si junto a las declaraciones de Duran se adjunta un análisis pormenorizado de los presupuestos recién aprobados por su partido en Cataluña, no se lo lee nadie. Unos presupuestos que no pasan el corte, pese a lo que se ha dicho en varios artículos por encargo –con aroma de vuelta y vuelta por el Txistu– necesarios para justificar determinados apoyos.

Si todo resulta como dicen las encuestas, tendremos en breve un Gobierno con mayoría absoluta, pese a que, por si acaso, el PP ha abonado gratis total las buenas relaciones con CiU. Eso a nivel catalán no significa que Rajoy vaya a poner firmes a los nacionalistas, tampoco hay que ser tan merluzo como para pensar otra cosa. Pero a nivel nacional, al menos, de lo que haga el PP, sólo o en compañía, será responsable el PP. Todo ello no nos librará de Duran, de su absurda valoración, de los artículos elogiosos y de la continua mentira; pero pintará menos, lo cual es un alivio.


Libertad Digital - Opinión

martes, 2 de agosto de 2011

20N: han perdido la cabeza, o están desesperados... O las dos cosas Por Federico Quevedo

La verdad es que cuando el pasado viernes el presidente del Gobierno, Alfre..., perdón, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció que en septiembre disolvería las Cortes para celebrar elecciones generales el 20 de noviembre, o sea, el 20N, en un primer momento me pareció tan burda la maniobra de querer vincular esa fecha con el voto al Partido Popular que, francamente, no creí que hubiera otra intencionalidad en la elección que no fuera la mera coincidencia en el calendario de factores ajenos a la misma. Pero lo cierto es que movimientos posteriores de distintos dirigentes del Partido Socialista me han hecho recapacitar y, la verdad, empiezo a pensar que verdaderamente en Ferraz han perdido la cabeza. O están desesperados. O las dos cosas.

A estas alturas de la película, la sociedad española tiene una suficiente madurez democrática como para no vincular a la derecha liberal y centro-reformista con el franquismo, y no creo que esa jugada le salga bien al Partido Socialista. Es más, puede salirle bastante mal, porque es tan evidente que puede tener un efecto boomerang y volvérsele en contra.


«Los españoles no se merecen una campaña de crispación, de insultos, de desprecio al adversario, porque la situación del país es lo suficientemente grave como para que los dos partido se tomen en serio lo que verdaderamente piden los españoles: una campaña en la que se contrasten programas, se aporten soluciones...»
Hubo un tiempo en el que a la izquierda le iba bien la estrategia del miedo, pero creo que ese tiempo ha pasado ya, aunque todavía haya en nuestra sociedad gente, cada vez menos, que siga teniendo muy presente en su memoria lo que significó la dictadura... Pero de esa gente hay ya en todas las formaciones políticas, incluido el Partido Popular. Con todo, tal y como están las cosas en el PSOE y tal y como se
le presentan en el futuro, es hasta cierto punto comprensible que se agarren a la estrategia del miedo a la derecha como último recurso.

Rubalcaba ha dicho que él va a hacer una campaña tranquila y moderada, pero eso no hay quien se lo crea... Otra cosa es que no sea él directamente quien busque aquella famosa "tensión" de la que ya habló otra vez Rodríguez Zapatero, y sean otros en su lugar los que la provoquen con sus declaraciones y con una campaña dura con la que el PSOE va a intentar salvar los muebles de una derrota sin precedentes. Pero en democracia no vale todo, aunque casi todo sea legítimo...

Nadie debería recurrir ya al miedo para condicionar el voto de los españoles, porque los españoles ya pasaron miedo en otros tiempos, y no solo en los tiempos de la dictadura, sino antes incluso. Izquierda y derecha se han repartido las épocas más oscuras de nuestra Historia reciente, y por eso en la Transición se pasó página y se buscó el consenso y la concordia, y se vio que era posible convivir sin necesidad de
estarse permanentemente tirando los trastos a la cabeza, media España contra la otra media.

Volver a las andadas implica eso, que los socialistas han perdido la cabeza, o están desesperados, o las dos cosas a la vez, pero los españoles no se merecen una campaña de crispación, de insultos, de desprecio al adversario, porque la situación del país es lo suficientemente grave como para que los dos partido se tomen en serio lo que verdaderamente piden los españoles: una campaña en la que se contrasten programas, se aporten soluciones, se den respuestas a los problemas desde el sentido común y la cordura.


El Confidencial - Opinión

lunes, 1 de agosto de 2011

Elecciones. Una decisión que llega tarde. Por Jaime de Piniés

La clave política parece ir por derroteros distintos a los económicos, porque todo tipo de estrategia política-electoral puede verse desbordada por un tsunami financiero y éste acecha en el horizonte.

Llevamos varias columnas y muchos meses insistiendo en la necesidad de que el Gobierno de Rodríguez Zapatero convocara elecciones anticipadas ante la manifiesta incapacidad de su Gobierno de introducir las reformas que precisa España. Por fin, nuestro Presidente ha entrado en razón y las ha convocado para el día 20 de noviembre. En mi opinión hemos perdido muchísimo tiempo para llegar a este punto y es difícil razonar por qué no se apuran las fechas y se emplazan las elecciones para un mes antes, en octubre.

La razón de clamar por esta premura radica en la presión que ya se ejerce y que se seguirá ejecutado de forma brutal sobre España. La decisión de Moody’s de bajar la calificación de seis comunidades autónomas y de poner al Reino en perspectiva negativa es una invitación a los mercados financieros para seguir castigando a España. El diferencial con el bono alemán está en cifras escandalosas por encima de los 350 puntos básicos tras el anuncio de Rodríguez Zapatero.


Moody’s tiene razón cuando se preocupa por las finanzas de nuestro sistema autonómico. El espectáculo de la pasada semana con las comunidades autónomas resistiéndose a devolver cantidades que nunca debieron recibir, cantidades que suman unos 20.000 millones de euros, cifra, por cierto, igual a la que desde UPyD se viene insistiendo representa el gasto superfluo e ineficiente anual generado por las duplicidades entre el Estado y las comunidades autónoma, y que tienen que compensarse para alcanzar los objetivos de déficit público para el país. A tal desmán solo le ha superado la nefasta intervención de la CAM. Cómo no va a tener razón Moody’s.

Hay quienes ven en la fecha del 20 de noviembre el plazo necesario para que la maquinaria electoralista del PSOE sitúe y capitalice al nuevo candidato mientras irrumpen en escena importantes anuncios de la banda terrorista para la cita electoral. La clave política parece ir por derroteros distintos a los económicos, porque todo tipo de estrategia política-electoral puede verse desbordada por un tsunami financiero y éste acecha en el horizonte. A ver qué medidas de choque se toman el próximo 19 de agosto para contener la inundación. Si bien el futuro es impredecible, de algo si podemos estar seguros: cómo funcionan los mercados.


Libertad Digital - Opinión

Campaña «low cost». Por Iñaki Ezkerra

Rubalcaba se ha tomado en serio lo de ahorrar dinero en la campaña electoral. Él quería que su lema lo hiciera el equipo publicitario que le dio el éxito a Obama, pero, como no le llegaba la pasta, los americanos le han dicho que puede usar el mismo si quiere y así se lo dejan a mitad de precio.
Es lo que ha hecho el hombre: darle al famoso «yes, we can» una manita de pintura, o sea dejarlo en «we can do it» y ¡hala, a correr! El presupuesto de Rubalcaba debía de ser tan corto que no le llegaba ni para traducírselo al castellano. Al parecer, el que cobró bien fue el de la idea del «pizarrín» y no me extraña. Realmente, a cualquiera no se le ocurre una cosa así: una pizarra roja (fíjese el lector en la sutil cuña ideológico-subliminal del color encarnado) con tres palabras que son la pera limonera: «escuchar, hacer, explicar…». Yo comprendo que el votante español medio ve un anzuelo semejante y no tiene más remedio que picar. Yo mismo, si voy por la calle y me topo con el pizarrín de Rubalcaba, con esas tres palabritas mágicas, sucumbo a la primera. ¡Y es que uno no es de piedra!

La verdad es que la idea del lema usado es muy buena. Yo creo que Rajoy debería seguir el ejemplo rubalcábico de la segunda mano y comprarles a los socialistas el que usó Zapatero en su día: «Queremos un Gobierno que no mienta». No hay peligro de que éstos lo usen ahora porque sería tirar piedras contra su propio tejado. La verdad es que al PSOE se le han quedado inservibles todos los antiguos eslóganes. Sacar ahora los «Cien años de honradez» o el «No a la guerra» sería un poco temerario.


La Razón - Opinión

Rajoy. El gran problema del PP. Por Agapito Maestre

Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación.

El PP lo tiene todo a su favor para alcanzar la mayoría absoluta. Su principal factor para ganar, como todo el mundo sabe, no es su forma de hacer oposición ni de presentar propuestas ni, mucho menos, explicar con amor y pedagogía política un programa para ilusionar a los españoles. No, no, por desgracia su principal baza es que está ante el Gobierno más incompetente que ha dado España desde 1975. Es difícil hacer las cosas peor que Zapatero, que ha llegado a avergonzar a los suyos con unas políticas alejadas, cuando no en las antípodas, de la mejor socialdemocracia. Millones de sensatos votantes socialistas sienten vergüenza ajena tanto del personaje que se marcha como del candidato que deja. Millones de socialistas dejarán de votar al PSOE. Punto.

Nadie, pues, se engañe sacando pecho con liderazgos fingidos de última hora. El desastre de Zapatero es el mejor aval para que triunfe el PP de Rajoy. Al final, aquí como en otras democracias más avanzadas del mundo, no se vota a favor de un partido sino contra los líderes de un Gobierno. Las elecciones abren, no obstante, un proceso de indeterminación que sólo las leyes de la aritmética resuelven periódicamente. El PP tendrá que enfrentarse, en cualquier caso, a determinados asuntos si no quieren que se conviertan en problemas peligrosos para alcanzar la mayoría absoluta.


Aparte del excesivo triunfalismo que puede observarse en los dirigentes políticos del PP, por otro lado, muy propio de gente que apenas sabe nada de la dureza de la vida política y, a veces, de la propia vida, al margen de las instituciones, hay un problema que, desde aquí hasta las elecciones, pueden jugarle una mala pasada a las mesnadas del PP, incluso podría hacer peligrar su mayoría absoluta. Presentarse y actuar ante el respetable público español, cuya composición es mitad populacho y mitad ciudadanía desarrollada, con tanta delicadeza "centrista" que de no querer molestar a nadie podría pasar a enfadar a muchos. Pasar de puntillas, sin hacer ruido y dando la impresión de que aquí no pasa nada, y que todo se resolverá cuando venga el PP, es mala política, porque la ciudadanía, es decir, los votantes preocupados por la calidad de la democracia, necesitan palabras, discursos y propuestas concretas para salir del estado de postración moral y política en que los ha dejado Zapatero.

La desilusión, el desencanto y, en fin, la desmoralización de este final de ciclo socialista no sólo se extiende por los ámbitos del electorado socialista, sino también por todo el país. Es algo que afecta, por lo tanto, no sólo al candidato socialista, que no podrá superar la desmovilización y el derrotismo de los suyos, sino a toda la nación. El esperpento de la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera ha puesto en evidencia que es, en efecto, la quiebra del Estado-nación el principal problema para salir de la crisis económica, social y, sobre todo, moral y política de este país. Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación. O lo hace o tendremos que pensar que también él, como su principal impulsor Zapatero, está de acuerdo en que se marchen, de una vez, Cataluña y País Vasco.


Libertad Digital - Opinión

Alternancia. Aznar en La Moncloa. Por Emilio Campmany

¿Y si todo se debiera a la existencia de un pacto de alternancia cuya existencia y garantías de cumplimiento ha de conocer necesariamente Aznar, pero que es posible que Rajoy ignore?

Nos ha revelado Pedro Jota en su sábana semanal una noticia sorprendente. Aznar ha visitado a Zapatero en la residencia oficial de nuestro presidente del Gobierno. La noticia es tan inverosímil que no puede habérsela inventado, no digo el periodista, de quien no puede creerse tal cosa, sino su fuente.

Demos pues por cierto el hecho. Zapatero se ha entrevistado mano a mano con Aznar en La Moncloa. A pesar de que al riojano no le gusta ahorrar papel ni palabras, no nos cuenta de quién partió la iniciativa, quizá porque ni su fuente ni él lo sepan. Pero, aunque es inimaginable a un Zapatero pidiendo a Aznar que le visite, más imposible parece que fuera el ex presidente quien solicitara ser recibido. De forma que habrá que concluir que Zapatero ha sentido, por las razones que fueran, la necesidad de hablar con el presidente honorario del PP. La cuestión es ¿por qué? O mejor dicho, ¿para qué?


La pieza sólo cuenta que hablaron de Europa, de la Unión Europea y del modo en que España puede aprovechar su integración en ella para resolver sus problemas económicos. No niego que parte de la conversación versara sobre este asunto, pero es difícil creer que fuera éste el principal motivo de la entrevista. Es verdad que también dice que hablaron del País Vasco, pero sólo para constatar sus profundas discrepancias. No tiene sentido que Zapatero llame a Aznar para que éste le explique cuánto desaprueba la política de Zapatero en relación a la ETA, Bildu, el independentismo vasco y todo lo demás. ¿Entonces?

Lo más probable es que el encuentro estuviera motivado por la evidentemente próxima transmisión de poderes que Zapatero tendrá que hacer a Rajoy en diciembre. Claro que, para eso, con quien tendría que haberse visto es con el gallego, no con Aznar.

¿Y si todo se debiera a la existencia de un pacto de alternancia cuya existencia y garantías de cumplimiento ha de conocer necesariamente Aznar, pero que es posible que Rajoy ignore? ¿Y si Zapatero quisiera asegurarse que el PP respeta las cláusulas de ese pacto, sean las que sean? No extrañaría que éstas incluyeran una especie de borrón y cuenta nueva. Eso es lo que hizo Aznar en 1996 cuando, entre otras cosas, negó la desclasificación de los papeles del Cesid, que podía haber llevado a la cárcel a Felipe González. Si se tratara de hacer llegar a Rajoy la idea de que el pacto existe y está vigente, la persona más indicada para transmitírsela es Aznar.

Vaya usted a saber. Lo que es obvio es que hay entendidos, cuando no acuerdos, que no nos cuentan. Los hechos son que ocho años estuvo Aznar y casi otros ocho ha estado Zapatero y, si no los ha completado, es porque a su partido no le ha convenido. ¿Estará también ocho años Rajoy y luego llegará nuevamente el turno del PSOE? Bonita democracia, la nuestra.


Libertad Digital - Opinión

Una campaña más austera

En política tan importante es el fondo como las formas. En este escenario de crisis económica, una de las prioridades de los partidos políticos ante la cita electoral del próximo 20 de noviembre es dar una imagen de austeridad al ciudadano y evitar el despilfarro de anteriores campañas electorales, en las que los partidos manejaban unos presupuestos más que generosos sin que el ciudadano entendiese muy bien su trascendencia en la cita electoral. Sólo un dato: en las anteriores generales, que se celebraron en 2008 –con la crisis ya gestándose–, los partidos políticos se gastaron en los quince días que duró la campaña más de 50 millones de euros en partidas como publicidad exterior (vallas o banderolas), inserción de anuncios en los medios de comunicación, «mailing» electoral y los distintos actos públicos que celebraron. En esta cita, esta cifra debe mermar considerablemente. En ese sentido, en la reforma de la Ley Electoral que se publicó en el Boletín Oficial del Estado del pasado mes de enero, en relación a las campañas electorales se buscaba que la contratación de la publicidad en los distintos soportes publicitarios sólo podría realizarse en los quince días estrictos de campaña. También se redujo el límite máximo que pueden asumir las candidaturas y se congelaron las subvenciones por voto/escaño y el «mailing» a lo largo de este año.

El Partido Popular no ha sido ajeno a esta medida de ajuste y fuentes de la formación ya han anunciado recortes en varias partidas, como las campañas de marketing y comunicación, así como buscar locales más económicos para celebrar sus actos electorales. Estas medidas serán recibidas con satisfacción por los votantes, que en ningún caso serían cómplices de unos dispendios que ahora mismo la sociedad española no se puede permitir. Es de desear que el resto de los partidos políticos anuncien también medidas concretas con el fin de que sus presupuestos para la campaña electoral sean lo más ajustados posibles a los objetivos a conseguir.

En esa línea de austeridad, los partidos políticos deberían ser más imaginativos. Las fórmulas tradicionales siguen funcionando pero cada vez tienen menos alcance. Frente a la pugna por llenar los grandes escenarios como se ha visto en otras citas electorales, los candidatos y sus equipos deberían ser muy responsables para rentabilizar al máximo los recursos con los que cuentan. Si son un valor importante las siglas, aún lo es más el candidato y que éste tenga un discurso claro, con mensajes directos y que transmita cercanía y empatía por la situación que están viviendo los votantes.

Lo único cierto es que la ciudadanía va a estar muy pendiente de que esta campaña electoral no sea muy gravosa para el bolsillo de todos los españoles. Debe significar un antes y un después, un cambio de modelo de campaña electoral que actualmente es muy costoso y a veces ineficaz. También tiene que ser algo más que un indicio de que los partidos políticos están mentalizados en aplicar unas medidas económicas más rigurosas, en las que la filosofía principal sea la austeridad.


La Razón - Editorial

domingo, 31 de julio de 2011

Elecciones. Con tres años y medio de retraso. Por Juan Ramón Rallo

Bueno, pues ya está. En tres meses se habrá acabado lo que nunca debió empezar. Ahora sólo falta que Rajoy no desee zapatear y que Rubalcaba no apueste por convertir la calle española en el tumulto griego.

Siendo rigurosos, no es cierto que Zapatero haya adelantado las elecciones cuatro meses. Al contrario, las ha retrasado tres años y medio. Porque sí, un candidato que ganó los comicios de 2008 con un programa dirigido no a combatir la mayor crisis de nuestra historia, sino a seguir gestionando, a imagen y semejanza de la anterior legislatura, los envenenados frutos de la burbuja inmobiliaria, debería haber cesado de inmediato, elaborado otro programa más despegado de los Mundos de Yupi y convocado de nuevo a los españoles a las urnas.

Pero no, está visto que lo mismo da que un partido prometa el pleno empleo cuando su misión debería haber consistido en evitar el pleno desempleo o que augure que superaremos en renta per cápita a Alemania cuando su cometido iba a ser el de convertirse en los palanganeros de nuestros acreedores teutones.


El resultado de esta legislatura agónica, de esta continua batalla contra lo evidente, de este pegarse de tortas contra el sentido común, de esta apoteosis del común sinsentido de la izquierda, es de sobras conocido. Con cinco millones de parados y unas finanzas públicas y privadas al borde de la suspensión de pagos, huelga explicarle a nadie cómo está el país. Si acaso, ahora mismo, toca repetir qué necesitamos para minimizar los destrozos. Lo mismo que muchos pedíamos ya en 2007 y seguimos reclamando cuatro años después: menos gasto público, menos impuestos y menos regulaciones.

Todo lo opuesto, por cierto, de lo que nos ha ofrecido ZP. Porque, en contra de la indignada retórica populista, los mercados no han doblegado a Zapatero; más bien, de la mano de Merkel y Trichet, han continuado prestándole respiración asistida. Señores, en esta legislatura los mercados le han prestado al cesante más de 350.000 millones de euros para que continuara haciendo de las suyas: es decir, para que continuara despilfarrando nuestro dinero, para que siguiera sin cargarse la negociación colectiva, para que no interrumpiera las amplísimas subvenciones a las muy ineficientes renovables o para que no dejara de torpedear la iniciativa empresarial con toda suerte de absurdos obstáculos burocráticos. ¿Les parece eso una ofensiva en toda regla de los mercados? ¿O más bien una completa bajada de pantalones a la espera de que escampe el temporal?

Bueno, pues ya está. En tres meses se habrá acabado lo que nunca debió empezar. Ahora sólo falta que Rajoy no desee zapatear y que Rubalcaba, de la mano de unos dormitados indignados que en breve despertarán, no apueste por convertir la calle española en el tumulto griego. Quizá demasiada represión de sus instintos primarios, de los suyos y de los nuestros. Al cabo, Zapatero sólo era la exteriorización, ahora estratégicamente repudiada, de una parte muy significativa de la sociedad española. Y, por desgracia, no parece que esa parte haya aprendido la lección. Más bien, todo lo contrario.


Libertad Digital - Opinión