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martes, 11 de octubre de 2011

Duran i Lleida pagará en las urnas su insensata soflama. Por Antonio Casado

El representante en Madrid del nacionalismo catalán que llaman moderado, Josep Antoni Duran i Lleida, no se desdice de su soflama. El eterno número dos de CiU endosó a los andaluces el vicio de gastarse en los bares el dinero solidario de los catalanes (parte alícuota de Cataluña en las subvenciones del PER a jornaleros andaluces y extremeños).

Ayer balbuceó algunas aclaraciones suplementarias y lo puso peor. Exculpa a los andaluces y desvia la pedrada hacia quienes subvencionan sus horas muertas en las barras de los bares. Es decir, al Estado. “No voy contra los andaluces sino contra un Gobierno que no encuentra salida para quienes no tiene trabajo”, dijo el portavoz de CiU en el Congreso.

La lógica exculpatoria de Duran choca con la lógica de la realidad. Nadie ha superado en contundencia al PP a la hora de arremeter contra un Gobierno socialista incapaz de generar puestos de trabajo. Sin embargo, no puede ser más significativa su coincidencia con el PSOE -y con IU, cuyo líder andaluz, Diego Valderas, ha llegado a hablar de “xenofobia”-, a escala nacional y a escala andaluza. Todos entienden que las palabras de Duran son injustas y vejatorias.


Muy evidente debe ser la causa que pone del mismo lado al PP y al PSOE en plena campaña electoral. Es la causa de la dignidad herida del pueblo andaluz. Pero, al mismo tiempo, sólo el hecho de estar en campaña, con intereses encontrados en los dos aspirantes a la Moncloa, Rubalcaba y Rajoy, genera un desigual aprovechamiento de este feo episodio.
«Muy evidente debe ser la causa que pone del mismo lado al PP y al PSOE en plena campaña electoral. Es la causa de la dignidad herida del pueblo andaluz.»
Ha sido innumerable el desfile de señaladas voces socialistas que han competido en la lapidación verbal de Duran i Lleida. Como el ex vicepresidente del Gobierno y número uno del PSOE por Sevilla en las elecciones del 20-N, Alfonso Guerra, con su inefable apelación a los “descamisados” frente a los que viven a cuerpo de rey en el Palace. O la calculada identificación de los nacionalistas de CiU con los nacionales del PP que, según la ministra de Defensa y cabeza de lista por Barcelona, Carme Chacón, “son como dos gotas de agua”.

Más parcos han estado los dirigentes del PP. Dentro de nada podrían necesitar como costaleros parlamentarios a los diputados pastoreados por Duran i Lleida. Y no conviene ir más allá de lo que ha ido el líder del PP andaluz, Javier Arenas, que se limita a calificar de “profundamente desafortunadas” las declaraciones de Duran y le pide una rectificación. Se supone que votará a favor de la reprobación presentada ayer por los socialistas en el Parlamento de Andalucía.

Mala cara debe haberle visto Duran a los sondeos si necesita apelar a la parte más mezquina del votante nacionalista. Pero los nervios le han jugado una mala pasada porque lo que haya podido arañar fijando votos nacionalistas es mucho menos que lo que ha regalado en votos a los partidos de ámbito nacional -“eso que ustedes llaman nacional", diría Duran- con sus irresponsables declaraciones.


El Confidencial – Opinión

Crisis.Madrid, una lección para Cataluña. Por Emilio J. González

Quien siembra vientos recoge tempestades, que es a lo que se ha dedicado Cataluña en los últimos años. Y si quieren prosperar, que tomen ejemplo de lo que se hace en Madrid, por muy duro que les pueda resultar a su orgullo.

Los políticos y los medios de comunicación catalanes se han lanzado a una nueva campaña de victimismo a tenor de la catastrófica situación financiera de la Generalitat, que la lleva a desatender servicios básicos como la sanidad mientras sigue dilapidando los recursos públicos en promover el nacionalismo a toda costa. Lejos de realizar el necesario ejercicio de autocrítica, estos personajes se dedican a criticar al resto de España mientras el Ejecutivo autonómico se las tiene que ver con unas cuentas públicas que no cuadran ni a martillazos, sin tener en cuenta que en otras autonomías, como Castilla-La Mancha, Baleares o la Comunidad Valenciana sus líderes están tomando decisiones drásticas ante la calamidad de su situación financiera. Pero, claro, si se fijaran en lo que se hace en otras regiones no podrían levantar la bandera del victimismo para que vengan otros a arreglarles los problemas que se han creado ellos solitos. Quizá deberíamos enviarles un ejemplar del informe Situación Económica y Social de la Comunidad de Madrid 2010, que el Consejo Económico y Social madrileño ha presentado este lunes, porque dicho documento contiene las claves de por qué Madrid va bien y Cataluña no, por mucho que las comparaciones les resulten odiosas a los catalanes.

Los datos del informe, sin embargo, no admiten lugar a discusión. Por ejemplo, Madrid, con un millón menos de habitantes que Cataluña, aporta al PIB nacional casi lo mismo que los catalanes. De ello se deriva que el PIB per cápita de los madrileños (21.834,8 euros) es claramente superior al de Cataluña (19.541,8). Por supuesto, desde Cataluña siempre se dirá que esto se debe a que la Comunidad de Madrid disfruta de una renta de capitalidad que ellos no tienen, y el mismo argumento emplearan para explicar por qué el 75% de la inversión extranjera en 2010 se concentró en Madrid, o por qué el 24% del total de empresas que se crearon en España fue en esta región. Pretender agarrarse a esa excusa, sin embargo, es un ejercicio de negación de la realidad. Si Madrid está económicamente mejor es porque aquí se aplican políticas liberalizadoras, como en materia de comercio, mientras en Cataluña predomina el proteccionismo. Si Madrid prospera es porque es una comunidad abierta que no expulsa a las empresas con sus políticas de inmersión lingüística ni con sus manifestaciones secesionistas. Si, por todo ello, la economía madrileña crece más y genera más empleo, también contará con más recursos para financiar su gasto público. Si, por último, el Ejecutivo de Esperanza Aguirre se dedicó a recortar el gasto público desde que empezó la crisis en 2007 mientras que otros han seguido tirando alegremente de chequera, porque para eso ya estaba Zapatero dispuesto a darles todos los dineros que quisieran, y ahora se encuentran con que no hay recursos porque las arcas del Estado están vacías, es problema suyo. Quien siembra vientos recoge tempestades, que es a lo que se ha dedicado Cataluña en los últimos años. Por tanto, que se dejen de criticar a los demás y apechuguen con las consecuencias del problema que ellos solitos se han creado. Y si quieren prosperar, que tomen ejemplo de lo que se hace en Madrid, por muy duro que les pueda resultar a su orgullo.

Libertad Digital – Opinión

Duran, un “ministro” contra los andaluces

Con el gobierno de CiU enfrascado en manejar la herencia del tripartito a base de recortes en servicios sociales, la posibilidad de que el electorado castigue duramente a los nacionalistas ha provocado un arrebato anti-españolista del templado Duran.

El representante de Convergència i Unió en Madrid, Josep Duran Lleida, se jacta siempre que tiene ocasión de ser uno de los políticos mejor valorados en las encuestas. El tradicional papel de bisagra que ejerce su formación en Madrid le otorga una magnífica valoración por parte de los electores socialistas, mientras que sus movimientos mediáticos le garantizan un apoyo que en no pocos casos consiste en atribuirle un papel moderador en el nacionalismo catalán y las dosis de realismo que relativizan la grandilocuencia primero de Pujol y ahora de Artur Mas. Sin embargo, el discurso de Duran ha experimentado pocas variaciones desde su irrupción en política, hace más de dos décadas, y ha encajado siempre en la más pura ortodoxia nacionalista.

Ahora, con el gobierno de CiU enfrascado en manejar la herencia del tripartito a base de recortes en servicios sociales, la posibilidad de que el electorado castigue duramente a los nacionalistas ha provocado un arrebato anti-españolista del templado Duran que ha llevado a los socialistas a reprobarle en el parlamento andaluz. Sus ataques a los andaluces a cuenta de subsidios como el del PER, reiterados en los últimos días y aliñados al final con genéricas quejas sobre la cultura del subsidio, pretenden agrupar el voto de Esquerra Republicana, de los nacionalistas más radicales y de todos aquellos que creen, tras enormes campañas en los medios de comunicación que controla la Generalidad, que los catalanes pagan impuestos para que se los gasten los andaluces. Con esa insidia y otras de parecida naturaleza, CiU pretende forzar un pacto fiscal con el Estado y presentarse ante los electores catalanes como una fuerza decisiva para acabar con un supuesto expolio a Cataluña. Esta estrategia es tan vieja como peligrosa, puesto que lo primero que consigue es enfrentar artificialmente a una parte de los catalanes con el resto de España y no es precisamente ese papel de agitador del que presume Duran, cuyas declaraciones se parecen más a las que acostumbra a hacer el ultraderechista Josep Anglada contra los inmigrantes que a las de un político que no ha ocultado sus ganas de ser ministro del Gobierno del Reino de España, a poder ser de Exteriores.

La deriva radical de Duran puede contribuir a que el desplome de Convergència no sea tan agudo como hacen prever algunas encuestas y el descontento generalizado con su política de mantener las embajadas y dejar de pagar a las residencias de ancianos. Tal vez le sirva también para desviar la atención sobre las quejas de pacientes que ven peligrar sus tratamientos mientras la Generalidad mantiene intacta la plantilla de TV3 con un recorte pactado de sueldos del cinco por ciento, entre otras muchas partidas superfluas incluso antes de la crisis. Sin embargo, su credibilidad moderantista ha quedado hecha trizas al tiempo que ha destapado el pensamiento real de CiU sobre el resto de España. Quien quiera seguir contemplado a los nacionalistas catalanes como una formación constructiva deberá buscar nuevas argumentaciones para sostener una realidad que no existe, pese al despliegue de medios.


Libertad Digital – Editorial

viernes, 7 de octubre de 2011

Recorte y despilfarro. Por José Antonio Vera

Desde el nacionalismo catalán se interpreta cualquier crítica a la gestión de la Generalitat como un ataque directo a Cataluña. Trampa que se repite desde los tiempos gloriosos de Pujol, con calcada similitud con Maragall o Montilla, y ahora con Artur Mas. Por eso hay que insistir en que criticar al PSC o a CIU nada tiene que ver con la admiración que merece una comunidad que, como Cataluña, ha sido ejemplo para España en tantas cosas durante décadas.

Dicho lo cual tengo que señalar que constituye un auténtico despropósito la forma en que el Gobierno nacionalista está abordando el tema de las famosas «retallades» (recortes) en el ámbito sanitario. La Sanidad pública catalana es excelente y está, con Madrid, a la cabeza de España. No es casualidad que el Rey elija siempre Cataluña para sus revisiones u operaciones, y que otras muchas personas de relieve social actúen de forma parecida. La Sanidad catalana es muy buena, aunque no es perfecta. Como en el resto de España, se cometen excesos en materia de gasto, planificación hospitalaria, medicamentos y otros muchos ámbitos. Por eso se puede y se debe recortar, igual que en los demás sectores de la actividad económica. Pero lo que no es en absoluto justificable es que el grueso de los recortes de la Administración nacionalista se concentre en la Sanidad, olvidando por completo otros ámbitos menos necesarios y más prescindibles desde el punto de vista social. A la hora de suprimir, lo normal sería empezar por aquello que no causa perturbación en la vida diaria de los ciudadanos. Hecho eso, se puede abordar lo demás, incluida la Sanidad o la Educación, pero no al contrario, que es lo que han estado haciendo Mas, Boi Ruiz y compañía.

A última hora, para transmitir la idea de solidaridad, el Govern ha decidido retirar la paga extra de Navidad a todo su Gabinete y al resto de altos cargos. Bien hecho. Por ahí podían haber comenzado. Se empieza por uno mismo y luego se exige a los demás. Pero aunque los recortes salariales de los políticos están bien, no son suficientes. Porque no es presentable que se cierren centros de salud, se aumente la lista de espera, se deje de pagar a las farmacias o se supriman quirófanos cuando el Gobierno Mas sigue derrochando en política «identitarias», subvenciones para la edición en catalán, para el doblaje en catalán, para grupos independentistas como Omnium Cultural, atenciones representativas de la Generalitat, asociaciones pro Paissos Catalans, subvenciones a Spanair, partidas para intérpretes y traductores de castellano, premios a organizaciones secesionistas, medios públicos de comunicación deficitarios, embajadas en el exterior, selecciones deportivas, organismos prescindibles como el CAC y un total de 450 entes y empresas públicas que pierden dinero. Antes de emprenderla a «retallades» con la Sanidad, Mas tenía que haber abordado lo anterior, y por supuesto los gastos de representación del propio presidente de la Generalitat, que son más altos que los del jefe del Gobierno de España. Hecho eso, tendría fuerza moral para justificar lo que está haciendo en la Sanidad. Antes no.


La Razón – Opinión

miércoles, 5 de octubre de 2011

Endeudamiento. Cataluña y el cuento de la lechera. Por Emilio J. González

Si queremos que la corresponsabilidad fiscal sea una realidad en nuestro país, no hay más remedio que quitar a las autonomías cualquier competencia que puedan tener en materia de deuda.

La nueva emisión de bonos patrióticos catalanes, por importe de 4.000 millones de euros, debería servir para abrir un proceso de reflexión profundo acerca de las finanzas de las comunidades autónomas y de su capacidad de endeudamiento. La Generalitat realiza esta nueva emisión porque carece de recursos para devolver el dinero que tomó prestado con la anterior emisión que el Gobierno de CiU llevó a cabo en abril. Es lógico porque como el Ejecutivo regional no ha hecho esfuerzo alguno para reducir el gasto público catalán, ahora no cuenta con capacidad financiera alguna para amortizar esos bonos y tiene que emitir otros nuevos, y a tipos de interés mayores, con lo que compromete todavía más el maltrecho presupuesto de Cataluña. De esta forma empieza a cumplirse aquello que dijo en su momento el premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, de la consolidación de la deuda pública, porque estos bonos a corto plazo, a base de renovaciones y más renovaciones, acaban por convertirse en deuda a largo plazo dado que los políticos se niegan a llevar a cabo los ajustes necesarios para obtener los ingresos con que cancelarlos. Ellos prefieren gastar y gastar y que el que venga detrás arregle los desaguisados ocasionados.

Aquí, sin embargo, CiU se ha equivocado de estrategia. Los ‘convergentes’ contaban con que sus votos en el Congreso de los Diputados pudieran ser decisivos para que el PP llegara al poder o el PSOE lo conservara y, a cambio de ese apoyo parlamentario, que el Gobierno central les arreglara las finanzas de la Generalitat. Por ello, el Gobierno de Artur Mas ha seguido a lo suyo, manteniendo abiertas las embajadas catalanas mientras la Generalitat no tiene ni para financiar la sanidad ni para amortizar los bonos patrióticos, pensando que tendría en sus manos al próximo inquilino de La Moncloa y que a éste no le quedaría más remedio que darle a Mas todo el dinero que necesitara si quería llegar allí y mantenerse en el puesto de presidente del Gobierno. Pero, como a la lechera del cuento, a Mas puede que no le salgan las cuentas, a tenor de lo que dicen las últimas encuestas de intención de voto.

¿Qué lección debemos extraer de ello? Que para evitar que la deuda a corto se consolide en deuda a largo plazo lo único que se puede hacer es prohibir a las comunidades autónomas que la emitan. Si tienen dificultades para cuadrar sus cuentas, entonces no hay más remedio que obligarlas a que recorten sus gastos o a que suban los impuestos y luego rindan cuenta por ello a los electores. Esto es lo que se denomina corresponsabilidad fiscal, y si queremos que ésta sea una realidad en nuestro país, no hay más remedio que quitar a las autonomías cualquier competencia que puedan tener en materia de deuda. Con ello, y teniendo en cuenta que ya no pueden vampirizar a las cajas de ahorros para que les financien, se conseguirá que equilibren sus presupuestos, les guste o no. Es el único camino cuando los dirigentes autonómicos actúan con las enormes dosis de irracionalidad que caracterizan a la Generalitat.


Libertad Digital – Opinión

domingo, 2 de octubre de 2011

Mas. Colmenero. Por Maite Nolla

Vale que lo de Mas sobre los niños andaluces fue un chiste. Un chiste como los de Colmenero, el personaje de 'Aída', con eso de que “los negros huelen fuerte, los chinos son raros y los rumanos roban”. La misma gracia, vamos.

Oyendo a Mas, supongo que ahora entienden ustedes por qué Plataforma per Catalunya tiene éxito en Cataluña y sólo en Cataluña. El partido de Anglada toma sus bases del nacionalismo catalán y por eso sus palabras resultan tan familiares y tienen tan favorable acogida. Además, obtiene sus mejores resultados en los feudos más feudales del nacionalismo, donde el PP no ha conseguido rascar un voto en treinta años de democracia. Véase Vic y otras plazas fuertes. Recuerden también que el concejal de este partido que tuvo que dimitir porque su pareja era un señor y de color, no provenía del PP o de Ciudadanos: venía de militar en las CUP, en ERC y en las juventudes de Convergencia, que eso sí es nacionalismo fetén de amplio espectro. Luego es verdad que cada uno toma distintas estrategias electorales, aunque el fondo sea el mismo. Por ejemplo, el sábado pasado a las puertas de la Monumental se repartía un mensaje un tanto disidente con la doctrina, aunque de gran calado intelectual: "Nos quitan los toros, para traer a los moros; No a la mezquita en la Monumental". Es un matiz, lo reconozco, pero entiendan ustedes que no podían dejar pasar la oportunidad de repartir propaganda entre más de veinte mil personas congregadas para el sepelio. Además, CiU no está en contra de los espectáculos taurinos; está sólo en contra de su versión española.

También es verdad que en Cataluña, menos con Ciudadanos, encontraríamos un espacio común y compartido por toda la clase política; y si no, vuelvan a Vic y comprueben que los que pretendían impedir –en contra de la Ley- que los ilegales no pudieran ser empadronados fueron los de Unió, los socialistas y los independentistas. Pero, en definitiva y como dicen ahora los horteras, la "hoja de ruta" de Plataforma per Catalunya es, sin mucho aderezo, el programa sobre inmigración de CiU. De CiU y del obispado, porque el beato Sistach bendijo el inicio de las fiestas de la Mercè con un llamamiento a defender "nuestra identidad" frente a la "abundante inmigración". Vaya, y lo dice justo ahora que los rumanos y los polacos están repoblando las iglesias catalanas que se han vaciado por culpa del nacionalismo. Aunque traigan a sus propios curas –por la cosa del idioma–, el cardenal arzobispo demuestra poca visión de negocio.

Vale que lo de Mas sobre los niños andaluces fue un chiste que merece que le recuerden que a alguno de los miembros de su gobierno –alcalde incluido– tampoco se le entiende demasiado cuando habla en catalán; pero no fue más que un chiste. Un chiste como los de Colmenero, el personaje de Aída, con eso de que "los negros huelen fuerte, los chinos son raros y los rumanos roban". La misma gracia, vamos. Tirí, tirí.


Libertad Digital – Opinión

A Mas se le entiende todo

Lo acontecido esta semana revela de nuevo la necesidad de que el gobierno central recupere las competencias cedidas a la comunidad catalana en materia de educación al objeto de preservar los derechos y libertades recogidos en la carta magna.

Las recientes declaraciones del presidente de la Generalidad pretendiendo ofender a los niños de otras regiones de España a cuenta del idioma, sólo pueden causar sorpresa a aquellos que ignoren la trayectoria eminentemente racista del nacionalismo catalán.

Artur Mas, criatura de Pujol al fin y al cabo, ha tratado de colocarse a la altura de su mentor con sus pretendidos insultos hacia los que utilizamos el idioma común en otras regiones de España. Mucho tendrá que esforzarse para llegar a las cotas de abyección xenófoba alcanzadas por el autor de "La inmigración, problema y esperanza en Cataluña", pero tras sus dicterios en el parlamento regional, es de justicia reconocer que al actual presidente de la Generalidad, voluntad no le falta.

Es improbable que Mas, como afirma, tenga dificultades para comprender a un niño andaluz hablando en español, pues con su antecesor en el cargo, personaje con graves dificultades para expresarse en cualquier lengua, mantuvo decenas de reuniones sin necesidad de recurrir a la traducción simultánea. Se trata más bien de un ejercicio de hipocresía, como acertadamente le afeó el líder de Ciudadanos, para preservar a sus hijos de la pobreza lingüística a que la Generalidad somete al resto de familias catalanas a despecho de la constitución española y las sentencias de los tribunales.

Lo acontecido esta semana revela de nuevo la necesidad de que el gobierno central recupere las competencias cedidas a la comunidad catalana en materia de educación al objeto de preservar los derechos y libertades recogidos en la carta magna, decisión constitucional debería haberse adoptado mucho tiempo atrás. Una vez garantizado el derecho de los niños catalanes castellanoparlantes a educarse en su lengua materna, no habrá problema para que Mas siga ejerciendo de bufón xenófobo por tiempo indefinido. En el parlamento de Cataluña, con las obligadas excepciones, siempre contará con un auditorio de lo más adecuado.


Libertad Digital – Editorial

sábado, 1 de octubre de 2011

Andaluces. Por Alfonso Ussía

A Mas no le gusta cómo hablan el español –él dice «castellano»– los niños andaluces. El castellano, como decía el gran don Camilo Cela no es otra cosa que el bellísimo español que se habla en Castilla. En el mundo, nuestro idioma es el «spanish» no el «castiglian». Pero en fin, se trata de una cursilería nacionalista que se ha convertido en lugar común. No obstante, creo que Mas yerra o no ha dedicado muchas horas a hablar con andaluces, niños o adultos. O ha leído poco a los autores andaluces, que tratan el idioma con una luz y maestría difícil de superar. Los giros populares que hoy se mantienen en Andalucía, las ráfagas imprevistas, la palabra culta del Siglo de Oro que ha sobrevivido en los campesinos de Andalucía la Baja, son tesoros al aire libre de la cultura que sólo en Andalucía se encuentran. En Andalucía todo es poesía. Se dice Cornellá, Sant Feliú de Guixols, Mollerusa y Olot, y está muy bien. Se han encadenado cuatro interesantes topónimos catalanes. Pero si alguien pronuncia sin pausa, Alcalá de los Gazules, Zahara de los Atunes, Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda y Castilblanco de los Arroyos, está recitando un poema. Y claro que se entiende a los niños andaluces cuando hablan. Se los entiende si el que oye también escucha.

Con el respeto y la admiración que me produce la Literatura y Poesía catalana –respeto y admiración aquí reconocidos pocos días atrás–, me permito escribir sin merecer por ello la tortura nacionalista, que Andalucía y Castilla conforman las dos cumbres grandiosas de nuestra palabra, incluyendo en nuestra palabra a la catalana, la vasca y la gallega. Una de las características principales del andaluz es lo bien que habla. Con su acento, como el catalán, que también lo tiene, y no alcanza a dominar la belleza de los conceptos como esos niños que han heredado –lo repito–, las voces emocionantes del campo y los giros de nuestros maestros clásicos.

Entre otros, tienen a Séneca en sus ancestros. Bajo con frecuencia a Andalucía y allí he pasado muchos meses en mis años jóvenes. Soy cuarterón de Castilla, Andalucía, el País Vasco y Cataluña. Y no recuerdo haberme quedado en blanco ante la palabra de un andaluz. En la Bahía de Cádiz, en el Puerto, en Sanlúcar, en la muerte grandiosa del Guadalquivir con el Coto de Doñana por testigo, las olas llegan y rompen en las costas de Andalucía con la sabiduría en sus espumas. Si Artur o Arturo Mas no entiende a los niños andaluces, o gallegos, tampoco entenderá a los niños catalanes, que hay mucho mestizaje por sus predios. No entenderá la poesía de Alberti, o de Lorca, la palabra de Pemán, la voz impresa de Villalón, de Manuel Halcón, de los hermanos De las Cuevas, de Adriano del Valle… todos contemporáneos. Y no entenderá las columnas de Ignacio Camacho, Antonio Burgos, Francisco Reyero, y tantos orfebres barrocos de nuestro idioma principal y común.

Lo que ha querido decir Mas es que los andaluces son de fuera, como los gallegos, como los castellanos, y que los catalanes puros y duros como él no están dispuestos a gastar ni un segundo en el intento de entenderlos. La cultura nacionalista. ¡Ozú!


La Razón – Opinión

viernes, 30 de septiembre de 2011

El laboratorio. Por Victoria Lafora

Mientras los candidatos del PSOE y el PP se tiran los pasados y futuros recortes a la cabeza, en estos prolegómenos de la campaña electoral, hay que estar muy atentos a lo que sucede en el día a día en Cataluña.

El ejecutivo de Artur Mas se ha convertido en un laboratorio donde se están experimentando los recortes más severos en áreas sociales de especial importancia para la ciudadanía y que pueden servir de nítido ejemplo de lo que nos espera al resto del país a partir de diciembre.

Hay, además, un argumento que les acerca mucho al Partido Popular, virtual ganador de las elecciones generales según todos los sondeos. La reiterada recriminación, con la que parecen dar por justificado cualquier tijeretazo, sobre la herencia recibida. Como si fueran incapaces de administrar con rigor en tiempos de escasez y de crisis; de racionalizar el gasto, recortando donde menos duela. Optan, sin embargo, por culpar a sus predecesores. ¿Y para eso querían llegar al poder? ¿No habían vendido que cuando su partido recuperara el Gobierno se iban a acabar los problemas?


Hay, no obstante, un punto en concreto que les separa de los populares; el nacionalismo y la defensa acérrima del catalán que hace anteponer el interés de subvencionar el doblaje de películas a la sanidad pública. No es una broma. La Generalitat se ha gastado doce millones de euros en doblajes, subtitulaciones y promoción de festivales de cine en lengua catalana que, por cierto, cada vez pierde más espectadores.

De igual manera, aporta de las arcas públicas cuatrocientos setenta y tres millones de euros a la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuales, que cuenta con ocho canales repartidos en siete frecuencias. O se niega a suprimir las múltiples "embajadas" que el tripartito abrió en diferentes países; la última en Perpiñan inaugurada por el propio Artur Mas.

En cambio, no les tiembla la mano a la hora de bajar el sueldo a los médicos y personal sanitario, cerrar quirófanos, urgencias y cargarse el prestigio de una institución como la sanidad pública catalana que era puntera en investigación y buena praxis.

Todo esto demuestra que, a la hora de apretarse el cinturón por la crisis, la ideología de los que tienen que tomar las decisiones es muy importante porque siempre cortarán en función de sus intereses, no del bien público. Así que atentos a los laboratorios.


Periodista Digital – Opinión

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Recortes dolorosos

El Gobierno de Artur Mas insiste en deteriorar la atención sanitaria con reducciones del gasto.

Es seguro que los recortes que impone esta larga crisis económica tengan que afectar a la práctica totalidad de las partidas presupuestarias públicas, pero hay servicios esenciales -como la atención sanitaria y la educación- que debieran si no quedar al margen, al menos ser abordados con una visión diferente. La Generalitat de Cataluña, que cerró este verano el 25% de las camas hospitalarias y 40 ambulatorios, planea reducir a la mitad la paga de Navidad a los 40.000 médicos, enfermeros y demás personal sanitario del Instituto Catalán de Salud (ICS) y quiere demorar la remuneración de las guardias y horas extraordinarias. El argumento es que hay que cumplir el presupuesto de 2011 y que para ello debe ahorrar 46 millones de euros de aquí a final de año evitando así el despido de interinos.

En un contexto de desempleo masivo y rigor presupuestario generalizado, el recorte que sufra el personal sanitario catalán debería poder ser asumible, pero esta nueva medida se yuxtapone a otras que están deteriorando la calidad del sistema de manera alarmante. Es difícil de aceptar que 10 meses después de tomar posesión, el Gobierno de Artur Mas siga esgrimiendo el derroche del tripartito para justificar una política de austeridad mal enfocada y errática, en la que primero elimina el impuesto de sucesiones y luego anuncia que Cataluña no pondría trabas a una tasa para grandes fortunas, en caso de que obtuviese luz verde del Congreso de los Diputados, sin más precisiones, pero evitando así el precio político de introducir un nuevo impuesto para elevar los ingresos. La coda final de que un concierto económico como el vasco sortearía las dificultades financieras de Cataluña, además de ser un argumento irreal, denota su aspiración a no asumir sus responsabilidades y meramente a alimentar su argumentario.


Con el recorte de la paga extra de diciembre, el presupuesto sanitario catalán se ahorrará apenas un 0,5%, un porcentaje nimio que soliviantará a los trabajadores sobre los que recae la atención sanitaria, ya suficientemente tensionada con el cierre de servicios. Seguro que hay en Cataluña otras partidas de gasto que pueden reducirse sin erosionar una piedra angular del Estado de bienestar y la cohesión social. La principal consecuencia del deterioro de la protección social es la exclusión de los más vulnerables.

A nadie le resulta fácil cuadrar presupuestos en este difícil contexto económico, pero es inadmisible que un Gobierno autónomo sucumba a la fácil tentación de contener el déficit reduciendo prestaciones sociales en vez de analizar otras opciones de ahorro, como la de aumentar la eficiencia del sistema. Que los hospitales públicos sigan infrautilizando sus costosas instalaciones por las tardes sí que es inasumible, pero para introducir medidas de racionalidad como esta los políticos tienen que trabajar un poco más y los poderosos sindicatos que controlan el sector ser más flexibles.


El País – Editorial

De dónde recorta el nacionalismo

Para ancianos y discapacitados no hay "liquidez", pero sí la hay para sostener ruinosas televisiones autonómicas, doblar películas al catalán o sostener "embajadas" de Cataluña en el extranjero.

Pocos medios de comunicación han insistido tanto y desde hace tanto tiempo como Libertad Digital en la necesidad que tienen las comunidades autónomas de acometer una drástica reducción del gasto público para contribuir a la recuperación económica. El caso de la Generalidad de Cataluña es especialmente significativo, por cuanto el déficit y el endeudamiento público de esta comunidad es, tanto en términos absolutos como relativos, uno de los más altos de España.

Ahora bien, no todos los recortes, aunque tengan la misma cuantía, nos merecen una misma valoración. Los ajustes que está llevando a cabo el gobierno de Artur Mas no son sólo clamorosamente insuficientes sino que se caracterizan por ir dirigidos contra el bienestar ciudadano al tiempo que dejan intacto el despilfarro destinado a meras cuestiones identitarias.

Buen ejemplo de ello lo constituye el anuncio de que la Consejería de Bienestar y Familia dejará de enviar su aportación mensual correspondiente a septiembre y octubre a las residencias de ancianos y centros de discapacitados concertados. El anuncio ha coincidido con la noticia según la cual la Generalidad ha destinado más de un millón de euros para doblar 25 películas en catalán. Para ancianos y discapacitados no hay "liquidez", pero sí la hay para combatir esa "anomalía" que, para el nacionalismo, constituye el hecho de que los catalanes prefieran ver el cine doblado en castellano en lugar de hacerlo en catalán.


Otro tanto podríamos decir del derroche –cifrado en miles de millones- que también, y muy especialmente en Cataluña, constituye la existencia de las televisiones autonómicas, cuyos déficit y endeudamiento constituyen una autentica vergüenza y un saqueo al contribuyente.

Podríamos seguir con el despilfarro que suponen otras áreas de la liberticida política lingüística que padecen los catalanes, como el derroche que constituyen las "embajadas" de Cataluña en el extranjero, que sólo sirven para satisfacer los delirios identitarios del nacionalismo y como medio de colocación de parientes y amigos.

Capítulo aparte merecerían las empresas públicas dependientes de la Generalidad, cuya deuda ronda los 10.000 millones de euros, prácticamente la mitad de la deuda total de las empresas pertenecientes a las otras 17 comunidades autónomas.

En realidad, necesitaríamos muchos editoriales para mostrar los muchos gastos superfluos de donde se puede recortar mucho antes de quitar un solo céntimo a la ayuda de ancianos y discapacitados. Sirvan estos ejemplos, pues, como mero botón de muestra de hasta qué punto el bienestar real y tangible de los ciudadanos importa poco al nacionalismo comparado con la satisfacción de sus delirios identitarios. Para estos últimos nunca falta liquidez.


Libertad Digital – Editorial

martes, 27 de septiembre de 2011

Sólo es libertad. Por Ignacio Villa

No hay que ser aficionado a los toros, no hay que conocer el arte del toreo, ni siquiera es necesario ser habitual en los cosos taurinos para saber que la prohibición de las corridas de toros en Cataluña se ha convertido ya en uno de los gestos más antidemocráticos de estos últimos treinta años en España. Una decisión sobre la que es difícil encontrar un precedente.

Hoy no es necesario hablar de verónicas, de bravuras, de trajes de luces y de puertas grandes. Hoy simplemente hay que hablar de libertad. Cuando un Gobierno, sea del color que sea, tiene que prohibir una fiesta popular por motivos políticos, los cimientos más básicos de la convivencia están fallando en lo esencial. Es evidente, así se ha demostrado a lo largo de la historia, que en Cataluña hay una gran afición a los toros, como también existe en gran parte de España o en el sur de Francia. ¿Es eso, una falta contra la identidad de algo o de alguien? ¿Significa atentar contra las normas o las reglas de la democracia? ¿Alguien puede ver en las corridas de toros una ofensa contra alguna sensibilidad especial?


La supresión de las corridas de toros en Cataluña es un atentado directo contra la libertad de los ciudadanos. ¿Alguien puede afirmar o demostrar que un catalán de nacimiento y ejerciente de todos sus derechos es menos catalán por ser aficionado a los toros? Sencillamente: ¡no! A estas alturas, ya nadie oculta que esta prohibición en Cataluña es una simple y burda estrategia política para azuzar un enfrentamiento irreal e inexistente entre el nacionalismo catalán y el mal llamado nacionalismo español. ¿O es que no se dan cuenta los políticos catalanes el ridículo que supone que ahora miles de ciudadanos tengan que viajar a Zaragoza, a Valencia o a Nimes, por ejemplo, para poder disfrutar de una afición que desde luego tiene el sello español pero que es universal? No hay más que cruzar el Atlántico para darse cuenta que en plazas de toros como las de México DF, Lima o Quito se vive la misma afición, sin más etiquetas nacionalistas que no llevan a ninguna parte.

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña, nos sitúa de nuevo ante la evidencia de lo que significa el nacionalismo llevado al extremo. Una evidencia que se traduce en exclusión, en complejos y en prohibiciones. Una realidad que se traduce en uniformidad, y que tiene en el verbo prohibir el peor de los ejemplos.

Una democracia bien asentada ¡nunca prohíbe! Una democracia asienta las bases de una convivencia ordenada, sin imposiciones histriónicas, ni obligaciones trasnochadas. Cuando un Gobierno tiene que prohibir una costumbre popular con una gran afición, con una afición de siglos es que está consiguiendo que falle algo tan básico como es la libertad. Hoy en Cataluña por desgracia no hay que hablar de la afición de toros, hay que hablar de un recorte de libertad. De las libertades de los catalanes.


La Razón – Opinión

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ritos de purificación. Por José María Marco

Resulta sorprendente que el final de los toros en Cataluña haya coincidido con la agonía del Gobierno de Rodríguez Zapatero y, tal vez, con el final de una manera de hacer política y de concebir la propia sociedad. En Cataluña se han venido haciendo, desde la Transición, cosas mucho más graves que ésta de los toros. La más evidente es tratar al castellano como una lengua extranjera, en particular en la enseñanza, con consecuencias que todo el mundo conoce aunque haya quien no quiera verlas, como es crear una gigantesca subclase (el término lo utilizó el ministro de Educación británico este verano) incapaz de expresarse satisfactoriamente ni en castellano ni en catalán. Son las Jessicas y las Vanessas de las que hablaba Jordi Pujol desde lo más hondo de la actitud nacionalista, ese resto inasimilable que en muchos lugares de Cataluña constituye la mayoría de la población.

La prohibición de los toros presenta un dramatismo peculiar por razones evidentes. No es, como en el caso de la exclusión del castellano o del español, un proceso largo, amparado en justificaciones de tipo histórico. La prohibición de los toros en Cataluña es una decisión política de consecuencias inmediatas, visibles en una sola tarde. Muestra sin lugar a dudas el tratamiento al que se está sometiendo a la sociedad catalana: un rito de purificación en el que se distingue, se separa, se disecciona y se aparta aquello que los nacionalistas no consideran catalán.


Los toros, ha decidido el nacionalismo, son una tradición española y, en consecuencia, no forman parte de la cultura catalana y pueden –y deben– ser prohibidos en Cataluña. De aplicarse el mismo razonamiento en la política moderna, nos encontraríamos metidos en una pesadilla en la que la gobernación de las naciones consistiría en una aspiración a la pureza que iría excluyendo, en virtud de las mayorías políticas momentáneas, aquello que esas mismas mayorías considerarían que les es ajeno. Las sociedades abiertas dejarían de existir y la tolerancia sería un concepto tabú. Da vértigo pensar en lo que esa política, aplicada en cualquier país en la era de la globalización, llegaría a producir. El siglo XX fue muy aficionado a estos experimentos de ingeniería social y cultural, como bien sabemos. Al parecer, el siglo XX ha durado hasta ahora.

Por otra parte, lo que se prohíbe en Cataluña atañe, de forma muy especial, a todo lo que el nacionalismo considera español. Sin embargo, la sociedad, la economía, la cultura, la vida catalanas han estado siempre mezcladas con la vida española. Son indiscernibles, de hecho, y aunque haya rasgos específicamente catalanes, esos rasgos forman parte del conjunto español. Además de la crueldad propia de los ritos de purificación, lo que está en cuestión aquí es la naturaleza del resultado, su calidad, por así decirlo. Barcelona –se ha dicho muchas veces– podría haber sido algo parecido a un Milán español. ¿Será más atractiva, más rica, más poderosa cuando se haya convertido en la representante perfecta del catalanismo limpio de cualquier impureza?


La Razón – Opinión

Rejón de muerte a... Cataluña

"El catalanismo ha castrado a Cataluña", dijo el padre Orlandis el siglo pasado. Hoy, desde la Monumental, y entre gritos de "¡Libertad! ¡Libertad!" de tantos catalanes humillados y ofendidos, podemos asegurar que el nacionalismo la está matando.

Si el Tribunal Constitucional o el próximo Gobierno –declaración de Bien de Interés Cultural mediante– no lo remedian, la corrida que se ha celebrado esta tarde en la Monumental de Barcelona habrá sido la última fiesta de la Fiesta Nacional en Cataluña, para regocijo de los odiadores de España, que al aprobar la prohibición sin vergüenza esgrimieron el bienestar del toro: meses después blindarían los correbous, en que al mismo animal se le puede prender fuego, tironear con sogas o arrojar al mar... Porque de lo que se trataba era de España, de darle el enésimo puyazo en el terreno simbólico.

Este domingo, en la Monumental han tocado a difuntos por una tradición catalana que se remonta, cuando menos, seis siglos –hay documentado un correbous en Cardona en el año 1409–; es decir, que en el Principado iban a los toros trescientos años antes de que Rafael Casanova vivara a España en aquel 11 de septiembre (1714) que el establishment catalán conmemora como si de una insurrección independentista se hubiera tratado, y medio milenio antes de que la plaga nacionalista empezara a asolar aquellas tierras.


Con la proscripción de la Fiesta –que no sería la misma sin toreros como Mario Cabré o Joaquín Bernadó, condecorado en 1988 con la Medalla de Oro de Barcelona, ahora oficialmente Ciudad Antitaurina; y sin las pañoladas con las que el respetable pide las orejas, la primera de las cuales tuvo lugar en el coso barcelonés de Las Arenas–, el nacionalismo ha vuelto a demostrar que lo suyo no es el fomento de lo catalán, la preservación de lo tradicional, el amor a Cataluña. Nada más lejos de la realidad: su permanente manipulación de la historia, su fobia al español –lengua materna de más de la mitad de los catalanes–, su obsesión por separar a los catalanes del resto de sus compatriotas revelan que Cataluña no les gusta, que Cataluña les irrita, que Cataluña necesita mordazas, decretos y golpes de hoz –como pide su manipulado himno oficial– para ser como debiera.

"El catalanismo ha castrado a Cataluña", dijo el padre Orlandis el siglo pasado. Hoy, desde la Monumental de Barcelona, y entre gritos de "¡Libertad! ¡Libertad!" de tantos catalanes humillados y ofendidos por sus representantes, podemos asegurar que el nacionalismo la está matando.


Libertad Digital – Editorial

domingo, 25 de septiembre de 2011

Antipáticos. Por Alfonso Ussía

Me altero cuando leo u oigo a un nacionalista catalán haciendo uso magistral del victimismo. Que si el anticatalanismo, que si el españolismo, que si patatín, que si patatán. Nada de eso. Los nacionalistas catalanes, socialistas incluídos, llevan muchos años cerrados a la libertad de expresión y abiertos a la antipatía con el resto de los españoles. Todo lo que dicen resulta antipático, distante y pegado a la aldea. Lo de los toros, mayúscula equivocación y atentado cultural contra centenares de miles de catalanes, no supera la simpleza del cinismo más tosco. Lo del idioma va mucho más allá. En España se prohibe hablar en español. En España se multa por rotular en español, y en España se le llama fascista a quien solicita que sus hijos estudien en español. Así de sencillo. La lengua catalana, rechazada durante siglos por las altas clases de Cataluña, es una lengua viva y moderna que no transcurre por peligro alguno. Su literatura es formidable y no ha sido necesario reiventarlo, como han hecho los nacionalistas vascos con el «batúa» para que se puedan hablar y entender de valle en valle. Los vascos redujeron la fuerza de sus siete dialectos en el siglo XII, arrinconándolo en los espacios rurales y las nostalgias pastoriles. En el siglo XII no había nacido todavía Franco, al que culpan de su limitada expansión. En Cataluña, con Franco o sin Franco, siempre se ha hablado el catalán, escrito en catalán y comerciado en catalán. Su gran pujanza se ha debido al uso natural del bilingüismo, ese tesoro que los nacionalistas catalanes, socialistas incluídos, desean enterrar.

En veinte años, Barcelona ha pasado de ser la ciudad más avanzada y acogedora de España a una inmensa y bellísima aldea que recela de todos los que del resto de España acuden a visitarla. Y Barcelona es la primera y fundamental tarjeta de visita y prestigio de Cataluña. Vargas Llosa lo explicó muy bien hace años y le cayeron barretinas del cielo. Todo ello, nace de una nueva y reciente antipatía imprescindible para defender lo catalán de la infectada influencia de lo español. Parece que ningún nacionalista catalán, socialistas incluídos, ha leído a Maragall, a Espriú o al gran Josep Pla, el payés brillante, irónico y escéptico. Otro, y más profundo, es el problema de los vascos. Los autores que se pueden leer los han escondido, con Unamuno y Baroja a la cabeza. La Literatura catalana de los siglos XVIII y XIX es moderna y palpitante, mientras que la vasca se reduce a una serie de poetas infantiles que no sabían de la existencia de la metáfora.

En España no hay anticatalanismo. Hay hartazgo de la antipatía de los nacionalistas hacia lo que también es suyo. Por defender unas peculiaridades muy respetables, como también lo hacen los vascos, están renunciando a una maravilla cultural e histórica compartida durante mil años. Y lo están haciendo mediante gestos y posturas manifiestamente antipáticas, vejatorias e inimaginables años atrás, cuando Cataluña representaba la avanzadilla cultural de España. Eso es lo que se me pasa por la cabeza y así lo escribo, a vuela pluma, herido porque quieren hacerme extranjero de una parte de España que amo con locura. Como en Vasconia. ¿Por qué tan antipáticos?


La Razón – Opinión

sábado, 24 de septiembre de 2011

PPC. De moratoria y oro. Por Maite Nolla

Por más que los nacionalistas hayan prohibido las corridas de toros pensando que son un símbolo español, los toros son un espectáculo y un negocio, y ya hubiéramos querido que a otros asuntos más importantes se les hubiera dedicado la mitad del tiempo..

Habrán oído ustedes que el PP va a pedir una moratoria para la inminente entrada en vigor de la ley que prohibirá las corridas de toros en Cataluña. En algunos medios han llegado a decir que poco menos que el PP iba a condicionar sus apoyos a CiU por este asunto. Realmente, lo que han dicho los dirigentes del PP es que van a pedir que se negocie demorar el cierre tres años más. Y yo no digo que sea mentira que lo vayan a pedir, pero que sepan ustedes que es la segunda vez que nos lo anuncian, con el resultado que es de ver. Antes del verano la presidenta del PP de Cataluña filtró a algunos medios que había conseguido condicionar el apoyo a los presupuestos de la Generalitat a que CiU retrasara la efectividad de la norma. Eso, traducido, simplemente quería decir que el PP había presentado en el Parlament una iniciativa para alargar el tercio hasta 2015. Pese a presumir de ser socios preferentes y confirmando las teorías que se decantan por afirmar que el apoyo del PP a CiU es gratis total o casi, los convergentes tiraron de sus primos de Esquerra y devolvieron la iniciativa al corral. En concreto, el 6 de julio de 2011; hace nada. Vamos, que si Sánchez-Camacho pinchó hace menos de dos meses, cuando PP y CiU estaban negociando la aprobación de los presupuestos y el reparto de alcaldías, no se me ocurre qué puede ofrecer el PP ahora. De hecho, el torero Serafín Marín, que el año pasado se tragó el anzuelo y hasta le brindó un toro a Alicia Sánchez-Camacho, ya ha dicho que el PP ha tirado la toalla y que a él no le venden la misma moto vieja dos veces. Pongo en su conocimiento esta información de servicio público porque a lo mejor alguno de los asistentes a la Monumental el domingo tiene la tentación de aplaudir a alguna política pensando que ha hecho algo por evitar que la Monumental se convierta en un macro Zara, en un Corte Inglés o en una sede de Unió.

De todas formas, por más que los nacionalistas hayan prohibido las corridas de toros pensando que son un símbolo español, los toros son un espectáculo y un negocio, y ya hubiéramos querido que a otros asuntos más importantes se les hubiera dedicado la mitad del tiempo y un tercio del apoyo. Simbologías aparte, hay prioridades más prioritarias. Y aunque el PP sea socio de CiU, no tiene ni poder ni diputados suficientes para apretar excesivamente las tuercas, pese a que ustedes puedan haber oído otra cosa. Ya sé que es de suponer –como pasa con el asunto de la lengua– que en el PP no están por prohibir los toros; otra cosa es que, como dice Serafín Marín, no hagan nada por evitarlo. Eso, al menos, les coloca en mejor posición que los socialistas, que se lavan las manos con el asunto de los toros, y están por ser más nacionalistas que nadie en la cuestión de la lengua. Y aunque la buena voluntad del PP se presuma, sólo Ciudadanos ha pedido en el Parlament la derogación de la ley. Y como todo eso es así, sólo se les pide que no nos engañen. Hoy por hoy, ni pueden, ni quieren, ni van a hacer nada.


Libertad Digital – Opinión

Los toros y la libertad

La Monumental pondrá mañana fin a cien años de toreo en virtud de la ley aprobada por el Parlamento de Cataluña que prohíbe las corridas de toros a partir del 1 de enero de 2012. La terna elegida por la empresa es un cartel de lujo, con José Tomás a la cabeza, con una respuesta del aficionado abrumadora y un lleno absoluto en las 20.000 localidades. Lo que ocurrirá después de este domingo supone uno de los mayores ataques contra la libertad de los ciudadanos, cimentado no en la defensa y la preocupación por la vida de los animales, sino en la animadversión a lo español y en los complejos atávicos del nacionalismo. La respuesta de estos grupos políticos por el supuesto maltrato a las reses bravas se limita a un símbolo de la españolidad de Cataluña como es la Fiesta Nacional, pero no alcanza, por ejemplo, a los tradicionales «correbous», los festejos típicos de los municipios del sur de Tarragona, que fueron blindados por el mismo Parlamento sólo dos meses después de censurar la tauromaquia. La diferencia entre ambos fenómenos es considerable, pues los toros se rigen por un reglamento, normas y controles que amparan al ganado, mientras los «correbous» son entretenimientos callejeros proclives a los excesos. La hipocresía de estos grupos nacionalistas sólo es comparable a la displicencia y la falta de respeto que han demostrado con esa parte de la sociedad catalana que disfruta y respalda con una representación cultural inigualable y con esa inmensa mayoría de ciudadanos que defiende la libertad. Que políticos nacionalistas, como el alcalde de Barcelona y otros, hayan ninguneado a los aficionados es una actitud que no se corresponde con la responsabilidad de quienes representan a todos los ciudadanos de Cataluña. En cualquier caso, entendemos que esa última tarde en la Monumental no puede ser el punto final, sino que debe ser un punto y seguido. La grandeza y la historia de este singular y magnífico producto cultural que es el toreo merece emprender todos los esfuerzos posibles para reparar una injusticia e impedir que Cataluña sea un poco menos libre que el resto de la nación. Hay un buen número de alternativas antes que resignarse a ejercer de víctima pasiva ante un atropello. Primero, el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el PP en octubre de 2010 contra la prohibición por ser contraria a la libertad de manifestación y creación artística, al acceso de los españoles a manifestaciones culturales y a la libertad de empresa, amparados todos estos derechos por la Carta Magna. Segundo, la Iniciativa Legislativa Popular, impulsada por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, para que el Congreso declare los toros Bien de Interés Cultural en todo el territorio. Y, tercero, que el Gobierno del cambio, que surja de las elecciones del 20-N, blinde la Fiesta Nacional como una disciplina artística arraigada en las raíces culturales de España. Hay, por tanto, respuestas para corregir el desatino y la única alternativa rechazable es la de cruzarse de brazos mientras se transgrede el derecho de la gente a elegir o no su asistencia a un acontecimiento inigualable y admirable con millones de aficionados.

La Razón – Editorial

martes, 20 de septiembre de 2011

Carma sin Karma. Por Martin Prieto

Sus jefes de Prensa aburrían a las redacciones exigiendo que escribiéramos Carma. Casi lo logró y, además, cada uno se llama como quiere. En el velorio de Gabriel Cisneros, áquel chico de la derecha que llegó a padre de la Constitución, vagaba por el Congreso sorbiendo mocos como una María de Magdala y más que una socialista en la cucaña parecía un ser humano normal. En Vivienda no pudo hacer nada y sólo se publicitó presentando un plan de irás y no volverás en la puerta de La Moncloa y con ZP haciendo de palmero de su ahijada. En Defensa no ha roto nada porque el elefante no se deja, pero tiene todas las carpetas abiertas por falta de ideas o dinero. Redactó un código de conducta muy celebrado para que los soldados españoles no asesinen a civiles. Se quedó en My Lay. Pero ese toque femenino de Cyrano de Bergerac, esas ojeras desvalidas, la llevaron a verse con posibilidades de gobernar España. Es bueno que su currículo tenga estudios en Quebec, suponiendo que comprobó que la cultura francesa no quiere independizarse de Canadá. Debió ir con una beca «Orgasmus», de ésas para folgar, y no entendió la vacuidad del grito de De Gaulle. La damita, cuyo logro en la legislatura fue casarse con Miguel Barroso, monje negro de Zapatero, se ha puesto a gritar en Cataluña de la mano de su verdugo Rubalcaba, ofendiendo a togas y políticos, recurriendo a los socorridos anticatalanes, embromando con mal gusto a Cospedal y su dieta o ignorando tonante la quiebra en Toledo. La muchachita revestida de grosera, de furia, de petrolera en la Comuna, de verdulera airada. De aquella vocecita a arengar la Legión. Necesita la India inmersión en sánscrito y regenerar karma. ¡¿Y ésta era nuestra yegua blanca!?

La Razón – Opinión

lunes, 19 de septiembre de 2011

Chacón. Los politiquillos. Por José García Domínguez

A Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra.

Tengo observado que con el catalanismo tan fervoroso de la señora Chacón Piqueras viene a ocurrir lo mismo que con el del pobre José Montilla: por mucho que la mujer se esfuerce en sus rendidas soflamas identitarias, la cosa siempre suena igual que un japonés soltándose por bulerías. Así, al modo de lo que sucede con esos exóticos cuadros flamencos de Tokio o de Osaka que, de tarde en tarde, se dejan caer por aquí, la puesta en escena de Chacón resulta impecable. Como fiel a los cánones nacionalistas su interpretación, reproducción fidelísima del original convergente. No obstante, y a pesar del meritorio voluntarismo de la imitadora, algo indefinible, acaso la propia extravagancia del empeño, llama a la ternura del espectador, cuando no a un vago sentimiento de vergüenza ajena. Y es que ya lo dijo el clásico: "Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible".

Gozosamente ajena a esa estridencia digamos plástica, a Chacón le ha faltado tiempo ahora para alardear de que su desprecio hacia nuestras leyes y tribunales no es menor que el de Mas o el de la Esquerra. Una repugnancia por el Estado de derecho que la ministra de Defensa ha querido hacer extensiva a "los politiquillos" que propiciaron la poda del Estatut en el Constitucional. Purga, por cierto, que jamás se hubiera producido de no ser por la genial clarividencia de los grandes estadistas del PSC, empezando por la de la propia Chacón. Y es que, considerando aún insuficiente la cantinela de la "lengua propia", se empecinaron en prescribir el "uso preferente del catalán" dentro del articulado del nuevo texto.

Oportunísima necedad que forzaría a los magistrados a entrar en el fondo del asunto. De ahí, demoledor, el veredicto final. Ése que reza inapelable: "las Administraciones públicas [...] no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas". Pues ello rompería el "equilibrio inexcusable entre dos lenguas igualmente oficiales y que, en ningún caso, deben tener un trato privilegiado [...] Solo los particulares pueden preferir una u otra de ambas. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones, lo que excluye que quienes prefieran el castellano hayan de pedirlo expresamente". Ah, los politiquillos de campanario de aldea y su torpeza providencial. ¿Qué haríamos sin ellos?


Libertad Digital – Opinión

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cataluña. Fraude, cobardía y nacionalistas. Por Agapito Maestre

Si España es un país lleno de cobardes, cosa que está a la vista, me parece que en Cataluña se llevan la palma. A pesar de que quedan héroes-ciudadanos, la ciudadanía en esa zona de España desapareció hace tiempo.

En Cataluña dominan los amos y los súbditos. Los ciudadanos están perseguidos. Los amos de Cataluña son los nacionalistas y los socialistas, que una vez más le han retorcido el brazo a los ropones del TSJC. Normal. La justicia en Cataluña está al servicio del mesogobierno de CiU. No hay ni poca ni mucha justicia, sencillamente, no existe, porque no son independientes. Los jueces en Cataluña están a las órdenes de los nacionalistas y socialistas. El resto son bobadas.

Nunca me hice ilusiones por la sentencia del TSJC sobre la situación del español en Cataluña. Nunca se ejecutará... ¿Cómo van a permitir los amos que se ejecute una sentencia que cuestiona el centro de su poder?, ¿cómo van a permitir que los niños de Cataluña estudien en la lengua oficial de España? Hoy, los jueces del TSJC, sin duda alguna, al servicio directo del gobierno regional de Cataluña, dicen que de momento no se ejecutará la sentencia; la añagaza argumental es, sencillamente, un fraude procesal. Pero, ese fraude, por desgracia, será un juego cuando mañana, es decir, dentro de un año o más, monten otro aquelarre "político-procesal", si es que no cambian antes la sentencia, para que los niños catalanes no estudien jamás en el idioma oficial de España.


Los nacionalistas y los separatistas de Cataluña tienen un poder absoluto sobre sus súbditos. Nadie se engañe. Vivan la realidad y no de ilusiones. No preveo rebelión alguna en Cataluña contra esta panda de amos sin escrúpulos. Si España es un país lleno de cobardes, cosa que está a la vista, me parece que en Cataluña se llevan la palma. A pesar de que quedan héroes-ciudadanos, la ciudadanía en esa zona de España desapareció hace tiempo; aunque es menester reconocer que, en los últimos siete años, Rodríguez Zapatero le dio un golpe casi definitivo al ciudadano español. El TSJC no se salva de ese diagnóstico, pero, con un agravante, a los jueces les va más la marcha del vasallaje. Estos siervos quieren seguir siendo siervos. No hablamos de esclavitud sino de servidumbre voluntaria; es el fundamento de las sociedades cerradas y totalitarias.

A los jueces del TSJC, dicho llanamente, les gusta vivir arrastrándose ante los nuevos amos. ¿Por qué iba a ser esta gente menos que Rodríguez Zapatero? Los nacionalistas y los socialistas catalanes actúan, desde hace tiempo, como si Cataluña fuera un estado independiente, y para ello han contado con la colaboración imprescindible de Rodríguez Zapatero, ¿por qué no justificar que el TSJC promociona no sólo el desacato de la Generalidad sino la independencia de Cataluña? El TSJC, en fin, con esta suspensión de ejecución de sentencia se pone al servicio de los nacionalistas e impide que se satisfaga la demanda de los ciudadanos de escolarizar a sus hijos en castellano o español.


Libertad Digital – Opinión