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martes, 19 de julio de 2011

Tamaño baño. Por Alfonso Ussía

Me lo escribió mi amiga venezolana Teresa Machado Uzcáztegui desde Caracas, en nuestros tiempos veinteañeros: «Caracas, comparado con Madrid, es un rollazo tamaño baño». Alta expresividad en una mujer prodigiosa. Tamaño baño, lo más grande. ¿No será una mentira tamaño baño la presumible revolución bolivariana? A nadie le deseo males físicos y enfermedades sin esperanza. Tengo entendido que Hugo Chávez padece de un cáncer de colon. El colon, ahí donde se registran las emociones y los primeros golpes de los sentidos. Escribió José María Pemán que eso de los sentimientos anidados en el corazón es un invento de los poetas. El gran motor de la vida, el corazón, no tiene corazón. Y decía el grande y olvidado escritor gaditano. «Pero no queda bien decirle a una mujer: te quiero con todo mi colon».

No considero un acierto revolucionario bolivariano que el llamado jefe de la Revolución, la luz del futuro, el amanecer de Venezuela, el resplandor del Orinoco y rosicler sobre los tepuís que emergen de los Llanos, viaje al exterior para tratarse su enfermedad. Es, como poco, un feo gesto contra la medicina bolivariana, los médicos bolivarianos y las quimioterapias bolivarianas. Hay que dar ejemplo. Instalarse en Cuba y Brasil para recibir el tratamiento no entra en los ámbitos del patriotismo ni de la cortesía. Al hacerlo, está reconociendo que el nivel de la Sanidad pública venezolana no responde a los esplendores sociales de su Revolución. «Ustedes se quedan aquí mientras yo me voy allá a que me sanen». Y para colmo, manteniendo el mando absoluto desde allá para que a aquel que mueva un dedo por aquí se lo corten.


Nada gusta más a la retroprogresía oficial española –muy callada en espera de lo que suceda en la SGAE, que va a ser mayúsculo– que hablar de las excelencias de la Sanidad cubana. Un mito. Ha sido un cirujano español el que ha intervenido a Fidel Castro. Le ha pasado a Fidel en La Habana lo que a Chávez en Caracas. Que no encontró un médico de confianza. Sucede que a Fidel no le han faltado medicamentos como al resto de los enfermos cubanos. Y Chávez en Cuba es tratado como si fuera Fidel. Pero del mismo modo sería considerado en Caracas, si Chávez tuviera fe en los adelantos sociales y científicos de su llamada Revolución. Y se habla de una corta estancia en Cuba para volar seguidamente a Brasil para cumplir íntegramente el ciclo de la quimioterapia. Sólo falta que si le sale un uñero se lo trate en Chile; si un forúnculo anal, en Argentina, y si un orzuelo, en Colombia. Todo menos Venezuela, su Patria, su horizonte bolivariano.

Si después de este espectáculo grotesco queda todavía un médico en Venezuela partidario de Chávez, habrá que levantarle por suscripción pública un monumento a la tonta lealtad. Puede tratarse de un ginecólogo despistado, pero no un cirujano, y menos aún, un oncólogo. El corte de mangas, la butifarra que ha dedicado Chávez a la medicina venezolana, es tamaño baño. Los dictadores huyen de sus países cuando sienten el aliento indignado del pueblo sometido en su nuca. Pero no para tratarse un tumor.

A partir de ahora, la revolución bolivariana dejará de tener sentido si no se centra en la Sanidad. Menos matones y más médicos. De lo contrario, a Chávez no le van a obedecer. Un dictador que se larga de su dictadura para ser sanado demuestra no creer en su proyecto. Demuestra también, y sobre todo, que es un farsante tamaño baño.


La Razón - Opinión

viernes, 1 de julio de 2011

Los del chándal. Por Alfonso Ussía

Hay visiones terroríficas, estremecedoras. Cuando el Real Madrid de Ramón Mendoza contrató al yugoslavo Prosinecky, se decía que lo más feo que podía verse en Madrid era un «Twingo» morado conducido por Prosinecky y con Rossy de Palma de copilota. Pero nada es superable en horror estético a la imagen de los tiranos en chándal. Ese chándal de Fidel Castro con los colores de la bandera de Cuba mordiéndose con el de Hugo Chávez luciendo la grímpola de Venezuela conforman una visión no apta para menores de dieciocho años. El chándal, que es prenda delictiva en el uso cotidiano, se puso de moda en las urbanizaciones de nuevos ricos de Madrid y alrededores. Las mujeres hacían la compra con chándal, abrigo de pieles y largos tacones. Se hicieron bromas al respecto. «Los señores de Tal, tienen el placer de invitar a los señores de Cual, a una cena… Señoras: chándal de noche. Señores: Chándal de gala con condecoraciones». De ahí se pasó al «jogging» con doberman o rotweiller de compañía. Esa zancada menguante, ese tono de preinfarto, ese chándal carmesí, ese desentendimiento entre el perro mordedor y el amo agonizante, dieron vida y color a las calles de las urbas. Y un día, el chándal, inesperadamente, fue adoptado por la Revolución cubana en la persona de Fidel Castro. Enfermó y cambió su uniforme de comandante en jefe por el de Juantorena en trance hospitalario. Previamente, Jesús Gil atemorizó a la humanidad acudiendo a su despacho de alcalde de Marbella con un chándal del Atlético de Madrid con la cremallera abierta hasta el ombligo. Pero lo de Castro fue peor. Y como el régimen comunista de los Castro es el inspirador de la llamada revolución bolivariana de Chávez, éste último le copió la idea, y ahí tenemos a los dos en La Habana, chandaleando mientras se reponen y haciéndonos añorar los televisores en blanco y negro.

Fidel anda malito y no es cosa de desear el dolor a nadie, incluido a quien tanto daño ha hecho. Y Chávez oculta su mal. A los dictadores les molesta sobremanera hacer públicas sus enfermedades. Dicen que ha sido operado en La Habana de un «absceso pélvico». Muy mal tiene que ir la revolución bolivariana cuando Chávez no ha encontrado en toda Venezuela a un cirujano capaz de extraerle con garantías un absceso pélvico. Ha preferido encomendarle su pelvis a otros. Está en su derecho, porque como las madres, pelvis sólo hay una. En lo que no tiene derecho es en enseñarnos su chándal con los colores de Venezuela enfrentado al de Fidel con los tonos cubanos. Los estadistas, sean demócratas o tiranos, asumen el deber de la estética. Los asesinos soviéticos eran elegantes y los asesinos nazis cuidaban hasta el máximo su vestimenta. Jamás Stalin, Lenin, Beria, Hitler, Himmler o Goebbels se habrían prestado a posar en chándal. Ellos procedían a cumplir con sus proyectos genocidas escrupulosamente vestidos o uniformados. El chándal impide el reconocimiento público. Un líder sorprendido en chándal está obligado, por respeto a la ciudadanía, a dimitir por impudor. Los gobernantes japoneses no se ponen chándal porque saben que de ser vistos de tal guisa, su obligación no descarta el suicidio público.

Esta pareja de tiranos petimetres no puede mantenerse en su empeño de torturarnos a quienes, distraídamente, abrimos las páginas de los periódicos o echamos un vistazo a los informativos de las cadenas de televisión. Sean tiranos en sus países, pero dejen en paz al resto del mundo. Tiranos y horteras. Lo peor.


La Razón - Opinión

martes, 8 de marzo de 2011

Un aliado proetarra

El caso de Arturo Cubillas y todo lo relacionado con el santuario de ETA en Venezuela ha sido un asunto muy incómodo para el Gobierno. Desde las primeras informaciones en los medios y las posteriores investigaciones judiciales, el Ejecutivo se ha resistido a dar al escándalo el trato que merecía. El Ejecutivo fue siempre a contracorriente y nunca demostró voluntad de ponerse al frente. Como suele suceder cuando se toma la decisión de ir a remolque y ponerse de perfil, los acontecimientos te acaban atropellando y dejándote en evidencia. Es lo que le ocurrió ayer al Ejecutivo después de conocerse que el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco procesó al ex cabecilla de ETA Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe, «Ata»; al ex responsable del aparato político Francisco Javier López Peña, «Thierry», y, sobre todo, al enlace en Venezuela, Arturo Cubillas Fontán, por un delito de integración en organización terrorista en calidad de dirigente por haber colaborado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El juez considera acreditado en su auto que Cubillas ha mantenido al menos entre los años 2004 y 2008 «contacto constante, permanente, securizado y directo con la cabeza de la organización terrorista y los distintos dirigentes de los grupos activos de ésta, con quienes ha coordinado y ejecutado tareas directivas de formación e instrucción, mejora y armamento de técnicas terroristas».

Este jefe etarra es un alto funcionario del régimen de Hugo Chávez y ocupa la jefatura de Seguridad del Instituto Nacional de Tierras. La instrucción judicial ha evidenciado que Cubillas cuenta con la máxima protección del caudillo, y que, en consecuencia, ETA dispone de un refugio más o menos seguro en la Venezuela chavista.

Aunque es cierto que el Gobierno no ha tenido más remedio que solicitar la extradición de Cubillas pedida por dos magistrados de la Audiencia Nacional, en la gestión del Ejecutivo ha pesado más el cuidado de no importunar a un aliado de la Administración socialista como Chávez que actuar con la contundencia diplomática debida, lo que resulta inadmisible. Los paños calientes del Gobierno con un régimen que cobija terroristas es censurable y sus responsables tendrán que responder de ello. No cabe imaginar que el caudillo venezolano habría actuado con la displicencia y el desprecio con que lo ha hecho si España hubiera respondido como debía.

La complicidad con Chávez es uno de los peores legados de la política exterior de este Gobierno de una lista casi interminable de fiascos en la desastrosa gestión diplomática de los socialistas. El caso de Arturo Cubillas y el resto de etarras acogidos al abrigo de Chávez debería haber sido motivo más que suficiente para que el ministro responsable hubiera dimitido o le hubieran destituido. No hablamos de un delincuente más, sino de un dirigente terrorista que, por ejemplo, se burló recientemente de las víctimas, y de una banda responsable de cientos de asesinatos. Quien protege a ETA es un enemigo de España y de los españoles y hay que tratarle en consecuencia. Venezuela es un santuario de etarras y acabar con él es un deber y una obligación del Gobierno.


La Razón - Editorial

jueves, 6 de enero de 2011

Chávez por decreto, otra vez

Hoy por hoy Venezuela no es una democracia, y no lo será mientras perviva el espantoso y liberticida régimen socialista que Hugo Chávez ha implantado en el país.

Tal y como temíamos desde esta misma tribuna hace poco más de tres meses, Venezuela va a seguir siendo incondicionalmente chavista aún con los apoyos en la Asamblea Nacional visiblemente mermados. Las elecciones del pasado mes de septiembre, en las que la opositora Mesa para la Unidad consiguió arrebatar 65 escaños al Partido Socialista de Venezuela, órgano político que sirve de correa de transmisión en la cámara para los desmanes antidemocráticos de Hugo Chávez, no han servido al final para nada.

Han bastado solo tres meses de maniobras arteras y democráticamente inadmisibles por parte de la asamblea saliente para que el poder legislativo reconquistado por la Venezuela, que se resiste a caer presa del socialismo a la cubana que Chávez trata de meter con calzador, se haya quedado en agua de borrajas. Un ramillete de leyes, aprobadas con prisa durante el último trimestre, han dejado la Asamblea Nacional convertida en un florero inservible que en poco o nada incomodarán al autócrata durante, como mínimo, el próximo año y medio.


Así, la llamada "Ley Habilitante" otorga al presidente poderes cuasi absolutos para legislar de espaldas a la cámara. Permite, por ejemplo, que Chávez haga y deshaga a placer en temas vitales como ordenación territorial, uso de la tierra, sistema socioeconómico o los capítulos relativos a las finanzas públicas y el fisco. Esta ley le da más poder del que ha tenido nunca y convierte a Venezuela en una dictadura de facto. Para evitar las críticas por parte de los medios de comunicación independientes que aún subsisten, los diputados salientes –todos adictos al Palacio de Miraflores– han creado sendas leyes-mordaza que regulan el uso de internet y ponen a cadenas disidentes como Globovisión contra las cuerdas.

Chávez podrá, por lo tanto, gobernar tranquilo hasta el verano de 2012. Tiempo suficiente para profundizar en su programa de cubanización y preparar la campaña electoral de las presidenciales, que tendrán lugar en noviembre de ese año. Todo perfectamente calculado para que el chavismo perdure y lo haga, además, con una pátina de democracia que al coronel le gusta exhibir en el extranjero como vitola de legitimidad de su régimen.

Y es aquí donde está la clave de la cuestión venezolana. La democracia no consiste en ir a votar cada cuatro años y otorgar con el voto un poder sin cortapisas al vencedor. Nada de eso. La base de la democracia no son las elecciones, sino las instituciones, el imperio de la Ley y el respeto a la minoría disidente. La Venezuela bolivariana aprueba en lo primero. En el país se celebran elecciones regularmente aun desde que el ex golpista llegó al poder, y hasta se convocó un referéndum revocatorio hace siete años del que Chávez salió bien librado. Suspende, sin embargo, en todo lo demás. En Venezuela las instituciones son juguetes al capricho del poder, no impera más ley que las delirantes e incendiarias soflamas del presidente y al que disiente se le persigue con saña.

Hoy por hoy Venezuela no es una democracia, y no lo será mientras perviva el espantoso y liberticida régimen socialista que Hugo Chávez ha implantado en el país. El panorama es cuando menos desesperanzador. La oposición se encuentra maniatada dentro de la caja de cristal sellada al vacío en la que el chavismo la ha convertido, y el poder del presidente es mayor que nunca. A los venezolanos recuperar la libertad perdida les va a costar algo más que sangre, sudor y lágrimas, pero no deben cejar en el intento ni darse por vencidos. Se juegan su país, que no es poco.


Libertad Digital - Editorial

viernes, 15 de octubre de 2010

¿Quién es el que no desea la extradición de Cubillas?

Mienta Chávez, mienta Zapatero, lo que está claro es que el Ejecutivo ha subordinado, otra vez, la seguridad de los españoles a sus intereses partidistas, ideológicos y electorales.

Pese a tratarse de una consolidada autocracia y de un presunto Estado de Derecho, es difícil averiguar quién miente más, si Venezuela o España, en el caso de las estrechas relaciones que los etarras mantienen con el caudillo bolivariano. Porque aunque en una democracia sería deseable que los ciudadanos pudiéramos confiar en la honradez y en la buena voluntad de los políticos, en especial cuando de combatir al terrorismo se trata, el Ejecutivo de Zapatero ha acreditado durante estas dos legislaturas un grado tal de opacidad y complicidad con el entorno etarra que no nos queda más remedio que sospechar y temernos lo peor.

Al fin y al cabo, no se trata sólo de que alguien de tan acreditada solvencia como Jaime Mayor Oreja nos advirtiera hace meses que el Ejecutivo seguía empeñado en rendirse ante ETA o de que la propia banda declarara hace unas semanas otra tregua trampa con la que ir preparando el terreno para su regreso a las instituciones, sino de que, a día de hoy, ANV continúa aposentada en los ayuntamientos vascos y la autorización parlamentaria a negociar con los asesinos sigue sin derogarse.


Por consiguiente, cuando Moratinos guarda silencio ante las calumnias del embajador venezolano contra nuestros cuerpos de seguridad o cuando Caamaño pide no molestar a un Chávez que se mofa de todos los españoles cuando se niega a extraditar al etarra Cubillas, debemos plantearnos si el motivo de tamaña ignominia es el simple vasallaje hacia un régimen de extrema izquierda o, en realidad, una forma de evitar enturbiar el "proceso de negociación" con ETA.

La humillación ante Venezuela bien podría ser una manera de camuflar la decidida voluntad del Gobierno de no perseguir a ETA mientras ésta le lee el pliego de exigencias. Falta, pues, por averiguar si es Chávez, Zapatero o ambos, quienes no desean que Cubillas, el adiestrador de etarras en Venezuela, sea extraditado a España. Porque si algo demuestra este celo protector del déspota bolivariano hacia el etarra Cubillas es que, como sospecha el juez Eloy Velasco desde marzo y como muchos otros veníamos temiéndonos desde hace años, el país sudamericano se ha convertido en un paraíso para el terrorismo de extrema izquierda y, por tanto, en una amenaza directa a la seguridad de todos los españoles que ningún Ejecutivo debería tolerar ni un instante más.

El Gobierno socialista, sin embargo, sí parece estar dispuesto a aceptarlo, no sabemos si por pura pusilanimidad ante un régimen afín en lo ideológico o, habida cuenta del contexto de acercamiento a ETA y del historial de mentiras del que hace gala, para no enfadar a su interlocutor. Es decir, no sabemos si, como arguye Venezuela, el Gobierno español ni siquiera les ha pedido la extradición del terrorista Cubillas o si, habiéndola pedido, se contentan sumisos con la bravuconería chavista.

Sea como fuere, mienta Chávez, mienta Zapatero, lo que está claro es que el Ejecutivo ha subordinado, otra vez, la seguridad de los españoles a sus intereses partidistas, ideológicos y electorales. Otro motivo más, de los muchos que ya existen, para que sus miembros cesen de inmediato de sus cargos, pues un Estado que se niega a proteger a sus ciudadanos pierde la razón que legitima su existencia. Qué no pasará por tanto cuando un Gobierno, por acción u omisión, se dedica a no incordiar a un grupo criminal.


Libertad Digital - Editorial

miércoles, 13 de octubre de 2010

Abanderado indispuesto. Por Ramón Péres-Maura

Chávez desaira al Rey de España y a todos los españoles retirando la bandera de Venezuela del desfile.

Existen en el lenguaje diplomático múltiples maneras de manifestar el descontento de un país. Y, lo que es peor, hay muchas más de hacer el ridículo. El caso que nos ocupa es ya de conocimiento general. En el desfile de la Fiesta Nacional de ayer se conmemoraba también la independencia de las naciones que en 1810 quisieron romper con la Corona española y seguir su propio rumbo. Bajo la presidencia del Rey, España entera quería rendir tributo a unas independencias que costaron la vida de muchos españoles que lucharon en América en defensa de nuestros intereses. En el gran desfile nacional, la memoria de quienes dieron su vida por España allende los mares es jaleada ensalzando las independencias frente a las que los nuestros perdieron sus vidas. Es un gesto de reconciliación.

Lo malo viene cuando se tiende la mano de la reconciliación a quien nunca ha dejado de arremeter contra la herencia hispánica que ha configurado su país. Contra quien hasta hoy no pide cuentas a los miembros de su Administración que han acogido y entrenado a terroristas etarras para que puedan volver a España y asesinar a quien les plazca.

Chávez tiene muchos defectos, pero nadie debe dudar de que políticamente es un zorro. Mientras el actual Gobierno español se cubre de indignidad no ayudando a que la Justicia ejerza sus funciones en la persecución de quienes entrenan a asesinos de españoles al otro lado del Atlántico, Chávez desaira al Rey de España y a todos los españoles retirando la bandera de Venezuela del desfile por estar el abanderado indispuesto. Tampoco el embajador de Venezuela acudió, seguro que por estar pendiente de la salud de su abanderado. Y en el salón del Palacio Real en el que se ofreció el cóctel posterior al desfile, tampoco fue visto Moratinos. Estaría interesándose por la salud del abanderado.


ABC - Opinión

lunes, 11 de octubre de 2010

El negocio de ETA en Venezuela

Sólo una postura firme puede poner en su sitio al dictador que utiliza viejos clichés antiimperialistas para perpetuarse en el poder.

MIENTRAS el Ejecutivo que preside Rodríguez Zapatero mira para otro lado, cada día aparecen nuevos datos que reflejan la actividad de los etarras en Venezuela. El «socialismo del siglo XXI» que proclama Hugo Chávez ofrece algo más que tolerancia a los pistoleros de ETA. Existe, en efecto, un apoyo activo a base de subvenciones y facilidades para el funcionamiento de determinadas asociaciones que apenas ocultan su origen y sus fines bajo el manto de la «ayuda» al pueblo vasco. Como es evidente, los vascos no necesitan ningún apoyo político puesto que —como los demás españoles— viven en una democracia constitucional que garantiza plenamente los derechos de todos los ciudadanos. Los únicos que actúan contra la vida y la libertad son los terroristas que cometen sus crímenes en nombre de una ideología totalitaria. Hoy informa ABC sobre el refugio que el régimen de Caracas otorga al menos a treinta criminales que se adscriben al sector más «duro» de la banda, partidario de mantener la «lucha armada» al margen de cualquier hipotética negociación de naturaleza pseudopolítica. ETA sigue adelante con su negocio sanguinario, que Chávez no tiene ningún problema para integrar en su retórica falsamente revolucionaria al servicio de una imaginaria «liberación» que siempre termina en nuevos recortes a las libertades públicas.

Los esfuerzos de la Audiencia Nacional para desarrollar una investigación eficaz sobre la conexión venezolana de ETA chocan una y otra vez con la negativa de las autoridades chavistas y con la indiferencia del Ejecutivo español, que esconde su debilidad política bajo la excusa de los intereses económicos. Entre unos y otros, los etarras viven allí en su «paraíso» particular, campan a sus anchas por el territorio venezolano y, lo que es peor, reciben subvenciones oficiales para seguir adelante con sus proyectos siniestros. El triunfo del Estado de Derecho sobre la barbarie no admite actitudes débiles. Es hora de actuar con energía, como exige la oposición en el Congreso de los Diputados y como reclama la opinión pública, harta de una postura meliflua que acepta con mansedumbre hechos intolerables y explicaciones incongruentes. Sólo una postura firme puede poner en su sitio al dictador que utiliza viejos clichés antiimperialistas en su deseo de perpetuarse en el poder.

ABC - Editorial

sábado, 9 de octubre de 2010

Guaridas terroristas. Por Hermann Tertsch

No hay dudas de que por los países del bloque parasoviético de América Latina hay que buscar a ETA.

En los años ochenta, el terrorismo nacional en Europa no era un monopolio de España como ahora. Terroristas de ultraizquierda mataban aun con asiduidad. En Alemania, la Baader-Meinhof, ya sin líderes, reaparecía con terrible efectividad. En Italia actuaban las Brigadas Rojas en una estrategia difícil de entender. Y en puntos muy diferentes de Europa aparecían grupos fantasmales en actuaciones puntuales, a veces vagamente relacionadas con el terrorista Carlos. En 1979, un terrorista turco, Ali Agca, había intentado matar al Papa Juan Pablo II. La pista dirigía al Este. Ya por entonces, expertos advertían que el terrorismo europeo ya no era espontáneo. Que estaba controlado por el KGB y otros servicios secretos orientales. Quienes defendían esta tesis fueron descalificados como adalides de la guerra fría o fascistas por la prensa del bloque soviético, pero también por la izquierdista occidental. Acudí con frecuencia en aquellos años a Sofía a escuchar la letanía oficial de que Bulgaria no tenía nada que ver con el atentado contra el Papa. Tuvo que caer el Muro para que los archivos de los regímenes del Este revelaran que era cierto. Budapest, Sofía, Berlín Este, Bucarest y Moscú habían sido guarida y puesto de mando del terrorismo en Europa. Carlos tenía su refugio en Budapest y los terroristas alemanes en la RDA. Una vez más los anticomunistas tenían razón.

Ahora tenemos en Latinoamérica un intento de crear un bloque parasoviético bajo el lema del «socialismo siglo XXI». Lo dirigen Cuba y Venezuela, y pertenecen al mismo Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Nadie debiera albergar dudas de que por allí hay que buscar al terrorismo europeo existente, ETA. Chávez lo niega. Llama fascistas a quien no le cree. Como hacía Bulgaria. Lo preocupante es que aquí un Gobierno niegue la evidencia. Y no sepamos los motivos.


ABC - Opinión

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Qué sabe, qué tiene Hugo Chávez?. Por Hermann Tertsch

Que el Gobierno crea que así salva algo la cara revela hasta qué punto se ha convertido ya en un club de muertos vivientes.

ME perdonarán algunos esta pregunta maliciosa. Pero ando angustiado buscando una explicación a la conducta de nuestro Gobierno en cuestiones venezolanas y ya no se me ocurre otra cosa. No me creo ya que todo sea mera desidia o falta de dignidad. O temor a represalias contra intereses españoles. El principal interés de España es la vida de los españoles. Por encima de todos los demás. Y son vidas de españoles las que están en juego cuando grupos de etarras reciben adiestramiento para matar. ¿Qué no está probado porque Hugo Chávez lo niega o porque no nos han invitado a grabar un documental sobre la confraternización entre terroristas colombianos y españoles y quizás asesores venezolanos y cubanos? Cierto. ¿Qué eso explica la absoluta inactividad durante años de los ministerios de Interior y Exteriores? Bueno, pues esperamos a que Chávez reconozca ésta y todas las villanías que perpetra en Venezuela y fuera de allí. O esperamos a que la Guardia Civil detenga al jefe del Estado mayor del ejército venezolano entrando encapuchado en un bar en Hernani. Lo dicho, no hay explicación a la actitud del Gobierno español salvo el miedo a que de un conflicto diplomático —que en buena lógica debía ser inevitable—, surjan informaciones que puedan hacer mucho daño aquí. Más daño que la indignación que la actitud del Gobierno genera entre los españoles.

Resulta que tenemos ya la certeza de que al menos dos etarras se entrenaron hace tan sólo dos años en Venezuela. Recibieron adiestramiento militar para volver a España o Francia preparados para matar más y mejor. Presumiblemente a españoles. Sabemos que su contacto en Venezuela fue Arturo Cubillo, un etarra al que Hugo Chávez dio la nacionalidad venezolana para evitar su extradición. Cubillo trabaja en el Ministerio de Agricultura, dedicado a hostigar a los españoles propietarios de tierras. Vive allí con su mujer Goizeder Odriozola, portavoz del Ministerio, colaboradora del diario Gara y ex jefa del gabinete del propio Chávez. Los etarras han dado cifras, datos, nombres, fechas y horas. Jueces y policía están de acuerdo en que dicen la verdad. El Ministerio del Interior tenía datos desde hace años. También había recibido pruebas a través de Colombia de reuniones de las FARC con ETA para colaborar en atentados contra dos presidentes colombianos, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, contra el actual vicepresidente, Pacho Santos que vivía en Madrid y contra la entonces embajadora Noemí Sanin. Miembros de las FARC ha declarado haber entrenado con etarras.

En fin, no les voy a aburrir más. Todos los datos son abrumadores y eran motivo suficiente para una iniciativa global de denuncia contra el régimen chavista por parte del Gobierno español. Sin escatimar recursos como intervenciones ante las Naciones Unidas y alianzas con otros países latinoamericanos para ejercer presión sobre Venezuela. Nada se ha hecho. Aparte de lloriquearle al caudillo que se porte bien dándonos la información que quiera. Que el Gobierno crea que así salva algo la cara revela hasta qué punto se ha convertido ya en un club de muertos vivientes. Ya está dicho todo. Quedan en el aire las preguntas. ¿Qué poder tiene Hugo Chávez sobre este Gobierno? ¿Qué es lo que sabe o tiene Hugo Chávez para que el Gobierno español no se atreva siquiera a salvar su propia cara ante la atónita opinión pública española? Algún día lo sabremos.


ABC - Opinión

Chávez. Entre Perón, Mussolini y Cantinflas. Por José García Domínguez

Chávez concibe la historia como el combate de ciertos héroes providenciales señalados por el destino para guiar a los "pueblos" hacia la senda de la redención. En las antípodas de Lenin, pues, es el híbrido perfecto entre Perón, Mussolini y Cantinflas.

Es sucedido célebre que cuando el primer fascista que hubo en España, Ernesto Jiménez Caballero por más señas, se topó con el poeta Guillén en la Sevilla de las arengas radiofónicas de Queipo de Llano, le espetó: "Lo ve usted, don Jorge, hay que pensar con los testículos". Aserto al que el otro replicó con ironía sutil: "Claro. Claro. Lo he dicho mil veces. Es lo que ha hecho usted toda su vida, don Ernesto". Esa tradición patria, la muy arraigada querencia por la reflexión genital, como la gramática, el barroco o la viruela, también acabaríamos exportándola a América. Tierra de promisión donde, por lo demás, arraigó con brío renovado. De ahí ese Evo Modales premiando con un rodillazo en salvas sean las partes al suicida defensa derecho de la oposición. O el embajador de Ego Chávez haciendo lo propio con las maltrechas criadillas del Ejecutivo de Zapatero.

Y también de ahí el malentendido de la izquierda española a propósito del romo populismo cuartelero que responde por "revolución bolivariana". Al respecto, recuérdese el desprecio infinito que siempre mostró Marx por la figura de Bolívar, padre espiritual de ese "socialismo del siglo XXI" que ni Chávez mismo sabe en qué consiste. "Un palurdo, un hipócrita, un chambón mujeriego, un botarate, un ambicioso mendaz", así retrató el autor de El Capital al Libertador en el artículo que sobre su persona le encargara la Enciclopedia Americana. Una repulsa, la del compadre de Engels, que, a no dudar, habría hecho extensiva a su verborreica reencarnación caraqueña.

Y es que Chávez no pertenece al árbol genealógico marxista ni tampoco al del socialismo en general. Como bien concluye su mejor veterinario ideológico, Enrique Crauze, en El poder y el delirio, lo de ese telepredicador prepolítico es otra cosa. Por algo, Chávez no percibe la historia en términos de lucha de clases, un proceso regido por fuerzas impersonales, igual que haría un verdadero revolucionario. Al modo de los lectores de cómics y los doctrinarios del fascio, él la cree el combate de ciertos héroes providenciales señalados por el destino para guiar a los "pueblos" hacia la senda de la redención. En las antípodas de Lenin, pues, es el híbrido perfecto entre Perón, Mussolini y Cantinflas. Y que el PSOE compre semejante mercancía... Manda huevos.


Libertad Digital - Opinión

miércoles, 6 de octubre de 2010

Palabra de etarra, palabra de Chávez, pedrada contra ZP. Por Antonio Casado

La credibilidad que algunos conceden a este par de criminales, Xavier Aristrain ('El golfo') y Juan Carlos Besance ('El fenómeno'), crece en razón directamente proporcional a las posibilidades de convertir su deposición judicial en pedrada política contra el gobierno de España. Para perpetrar la secuencia ha hecho falta confrontar su testimonio, el de los terroristas, con el del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ni color. Por supuesto, vale más la palabra de Aristrain y Besance, miembros del llamado comando Imanol.

Nunca hubiera imaginado que la derecha furiosa quedaría entre Málaga y Malagón a la hora de decidir quién es más fiable. Entre un par de terroristas de ETA y el napoleoncito venezolano, la verdad está con los terroristas. Nunca mienten. Y si se trata de mortificar a Zapatero se sumarán a quienes hacen guardia para celebrarlo. Extraños compañeros de viaje unidos por las puntas. Quién nos iba a decir que estos enemigos jurados de ETA, en nombre de la dignidad nacional y el respeto a la memoria de los 800 victimas mortales de la banda terrorista, iban a convertir a estos dos etarras en acreditados pregoneros de la verdad. En eso coinciden con el embajador venezolano, Isaías Rodríguez, que ayer también asumía la insoportable, recurrente y reglamentada alusión de los etarras a la tortura policial.


«El ministro dice que es muy probable ese adiestramiento de etarras en la selva venezolana, aunque no cree en la complicidad del Gobierno venezolano».

Todo esto forma parte del culebrón político y mediático desatado al saber que los susodichos criminales informaron con todo detalle al juez Ismael Moreno de su paso por la selva venezolana en 2008 para adiestrarse en el manejo de armas y explosivos. No digo que sea mentira. Es bastante verosímil y encaja en los antecedentes, desde que el ordenador de Raúl Reyes, guerrillero colombiano muerto en marzo de 2008, nos puso en la pista de la colaboración entre las FARC colombianas y ETA, consentida, si no patrocinada, por el propio Gobierno de Chávez mediante la conexión Cubillas.

Juicios de valor

Naturalmente, debe ser máximo el nivel de exigencia al Gobierno Zapatero para impedir por todos los medios legales, diplomáticos, policiales y judiciales, que ETA encuentre en Venezuela un lugar donde los terroristas se encuentren cómodos. Pero lo que me parece intolerable es que el principal partido de la oposición y el brazo mediático de la derecha sin complejos estuvieran ayer haciendo juicios de valor, procesando las intenciones del Gobierno y pidiendo comparecencias parlamentarias sin escuchar a nadie, excepto a los etarras y a sus anfitriones venezolanos, que decían cosas contrapuestas pero igualmente útiles para arremeter contra Zapatero y Moratinos.

De eso se trata, o así me lo parece. De mantener el cerco a un presidente en tiempo añadido, según doctrina del PP, y no de mantener alta la guardia contra ETA esté donde esté, que es la tarea de política antiterrorista confirmada ayer tarde por Rubalcaba. El ministro dice que es muy probable ese adiestramiento de etarras en la selva venezolana, aunque no cree en la complicidad del Gobierno venezolano. Al contrario, afirma que Chávez está colaborando en nuestra lucha antiterrorista, al menos desde que el juez Eloy Velasco, en marzo de este año, plasmó en un auto judicial la colaboración de ETA y las FARC apadrinada por el gobierno de Caracas. Pero me temo que la palabra de Rubalcaba tampoco va a servir de nada frente al preclaro testimonio de dos criminales de ETA.


El confidencial - Opinión

De Castro a Chávez. Por Gabriel Albiac

Chávez no enseña los dientes a esos tiburones yanquis y peligrosos. Asusta a algún besugo desdentado.

YO era un chaval, los tiempos eran propicios al malentendido. Es lo que tienen las dictaduras. A fuerza de odiar el franquismo, uno acababa por sentir afecto a todo lo que nos parecía su contrario; aunque tantas veces, al final, no fuese más que una variedad local de lo mismo. Son cosas que con la edad se curan, si uno no quedó tarado del todo, que también pasa. Recuerdo que debió de ser en torno al 68, pero de la fecha exacta sólo guardo el intacto recuerdo de cierto rostro a mi lado. Era la sala de un colegio mayor de entonces. Y, en su pantalla, una larga entrevista del Comandante Fidel Castro, puesta a nuestra disposición por algún amable funcionario de aquella legación diplomática habanera que no recuerdo que tuviera nunca problemas con el franquismo. Castro —aunque entonces sólo hubiéramos dicho reverencialmente «Fidel», a la manera en que los devotos del GAL aquí dirían en su día sólo «Felipe», la afición por los cálidos nombres propios cuadra bien con todas las dictaduras—, Castro, digo, hablaba sin parar: así era siempre. A mí aquel exceso de oratoria se me hacía duro. Incluso en mis años jóvenes —cuando todo en un hombre es tan dado al exceso— tenía yo ya una cierta querencia —sospechosamente elitista, sin duda— a lo del menos es más. En el caso del Comandante, más era muchísimo menos que menos y aun bastante por debajo de nada.

Hubo un momento, sin embargo, decisivo en aquel pase. Castro explicaba su teoría del imperialismo. Estaba yo buceando el otro día, largó con tono serio. Se me vino un tiburón con mala pinta. Yo me quedé mirándolo y le enseñé los dientes. El tiburón salió zumbando. La lucha contra el imperialismo es eso: ustedes les enseñan los dientes y ellos huyen… Supe que aquel tipo era un cafre. Y decidí borrarlo de mis intereses. No me había yo pasado la mitad de mi corta vida estudiando a Rosa Luxemburg, a Hilferding, Lenin, Bettelheim, Sweezy o Baran, sin hablar del majestuoso Marx, para aceptar que un chiflado con barba descapitalizase mi tiempo invertido. Si alguien estaba dispuesto a reírle tales gracias al pintoresco hombre de los rusos en el Caribe, allá ese alguien con su triste destino. Nunca pensé —yo casi siempre me equivoco— que aquella exaltación del puro irracionalismo fuera a hacer escuela. Medio siglo después llegó Hugo Chávez. Y Fidel Castro pareció —al lado de su discípulo— una versión muy comedida de Descartes.

No digo yo que me extrañe la blindada pervivencia de las extravagantes variedades de Caudillos en la zona. Antes de Fidel hubo Tirano Banderas, en la prosa relampagueante de Valle. Y cuarto y mitad de Tiranos Banderas demasiado reales y demasiado encharcados en corrupción y en sangre y en locura. El hombre de Moscú en las Antillas trasplantó a ese cultivo milenario sólo ciertas retóricas, mal traducidas del ruso soviético. El resultado era hilarante. Tanto como homicida. Pervivió, porque la guerra fría lo exigía. Pervive, porque nadie sabe qué hacer ya con semejante escombrera de desidia y ruina.

Chávez aprendió la lección del comandante. Pero él no enseña los dientes a esos tiburones yanquis y peligrosos. Asusta a algún besugo desdentado: Zapateros, Moratinos, Bonos… Hasta los dictadores degeneran.


ABC - Opinión

ETA en Venezuela

Chávez dice rechazar a la banda, pero no hace nada ante los indicios de tolerancia con ella.

El embajador de Venezuela en Madrid insinuó ayer, y luego matizó a medias, que las declaraciones de dos etarras detenidos la semana pasada en Guipúzcoa sobre su participación en un cursillo de adiestramiento terrorista celebrado en ese país pudieran haber sido arrancadas irregularmente. El embajador también aventuró la hipótesis de que pudiera tratarse de una estrategia defensiva de los detenidos para "aminorar la pena".

Lo primero es una grave acusación lanzada a voleo, impropia de un diplomático. Y si no se puede excluir que Xabier Atristain y Juan Carlos Besance hayan confesado con la esperanza de ganarse la benevolencia de los jueces, eso no es un argumento contra la veracidad de su testimonio. También es cierto que ni siquiera la confesión es prueba suficiente de la utilización del territorio venezolano para ese menester. Pero de esa utilización hay otros indicios potentes: el ordenador del ex jefe de las FARC Raúl Reyes, un documento incautado en mayo de 2008 al entonces jefe de ETA Thierry librando el dinero necesario para un cursillo sobre armas y explosivos en Venezuela, las declaraciones de desmovilizados de las FARC. A ello se une ahora esta declaración autoinculpatoria de dos etarras, incluida en un auto judicial.


Son indicios que requerirían una investigación por parte de las autoridades venezolanas, y no la simple y enfática negación. En el comunicado conjunto suscrito en marzo pasado por los Gobiernos de Caracas y Madrid se incluye el compromiso expreso de "colaboración judicial y policial contra ETA". El propio Hugo Chávez, tras negar credibilidad a las declaraciones de "criminales sanguinarios" reiteró ayer su "rechazo sin paliativos a ETA", lo que fue considerado por el Ministerio de Asuntos Exteriores como respuesta "contundente" y "adecuada".

Sin embargo, lo adecuado de la actitud del Gobierno venezolano no depende de la adjetivación o la prosodia empleada, sino de las actitudes. Y ni siquiera ha sido tomada en consideración la petición cursada en marzo por la Audiencia Nacional para la extradición de Arturo Cubillas, ya citado en otros procedimientos anteriores y señalado ahora por los declarantes como uno de los dos etarras que impartían el cursillo. El hecho de estar nacionalizado tras casarse con una venezolana se ha citado como argumento para no conceder esa extradición, pese a que expertos juristas consideran que sería posible; y por otra parte, Cubillas ocupa un cargo en la Administración venezolana. ¿No sería lógico abrir una investigación y separarlo entre tanto del puesto?

Es cierto que las declaraciones de los etarras se refieren a hechos anteriores al comunicado conjunto de marzo, y que lo importante es que Chávez cumpla ese compromiso. Pero no lo hará mientras la única estrategia de Moratinos sea evitar que se enfade el caudillo caribeño, olvidando que también él está interesado en una buena relación con Madrid.


El País - Editorial

Aun más ignominioso que el silencio

No es ya que Zapatero y Moratinos guarden el cobarde silencio de costumbre, es que destacados miembros de su Gobierno han salido en tromba a defender al caudillo venezolano, aun cuando su embajador ha acusado a la Guardia Civil de torturar a los etarras.

De ignominiosa cabe calificar la reacción del Gobierno de Zapatero ante las pruebas que evidencian, una vez más, la colaboración del régimen chavista con ETA y que han sido, en esta ocasión, facilitadas por la confesión de los terroristas detenidos la semana pasada. No es ya que Zapatero y Moratinos hayan guardado el cobarde silencio de costumbre, es que destacados miembros de su Gobierno han salido en tromba a defender al caudillo venezolano, aun cuando su embajador en Madrid ha acusado a la Guardia Civil de arrancar a los etarras su confesión bajo torturas.

Así, la vicepresidenta Fernández de la Vega ha destacado el "alto grado de colaboración en política antiterrorista" que, según ella, el régimen venezolano está brindando a España. El vicepresidente tercero, Manuel Chaves, en la línea del caudillo venezolano, ha restado credibilidad a la confesión de los etarras al afirmar que las declaraciones de estos deben ponerse siempre "en un congelador". Por su parte, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, si bien ha considerado "verosímil" la confesión de los etarras de que fueron adiestrados en Venezuela, ha manifestado que "ni tan siquiera sospecha" que el Gobierno de Hugo Chávez "tuviera que ver con estos entrenamientos".


La cantidad de incoherencias y de clamorosas mentiras y ocultaciones en las que los miembros del Ejecutivo de Zapatero han tenido que incurrir para salvar la cara al mandatario venezolano no tiene límites. Para empezar, no es la confesión de los etarras sino un auto judicial a cargo del juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, el que desde el pasado mes de marzo denuncia claramente "la cooperación del Gobierno venezolano" en la alianza entre ETA y las FARC y el que revela, entre otros bochornosos capítulos, cómo militares venezolanos escoltaron en 2007 a etarras que iban a impartir "cursillos" de adiestramiento armando a los terroristas colombianos. Este auto, basado en informes policiales, tanto españoles como extranjeros, así como en documentos y material informático incautados a los terroristas, no ha recibido ahora más que una confirmación con la confesión de los etarras detenidos la semana pasada de que ellos también recibieron en 2008 ese adiestramiento en Venezuela, bajo la protección y ayuda del alto cargo del Gobierno de Chávez, el etarra Arturo Cubillas.

Al margen de las reiteradas negativas de extradición de Cubillas por parte del Gabinete de Chávez, recordemos asimismo que uno de los detenidos en Francia el pasado mes de marzo, José Lorenzo Ayestarán, alias "Fanecas", es otro etarra al que Hugo Chávez se había negado durante años a extraditar a España, el mismo al que llegó a ofrecer la nacionalidad venezolana en diciembre de 2006, el mismo al que posteriormente facilitó su vuelta a la "lucha armada" permitiéndole salir de Venezuela.

Si las declaraciones de Fernández de la Vega hablando del "alto grado de colaboración en política antiterrorista" del régimen venezolano son una afrenta para los españoles en general, y para las víctimas del terrorismo muy en particular, las manifestaciones del vicepresidente Chaves, que quitan credibilidad a lo que digan los etarras, es simplemente un insulto a nuestra inteligencia. Chaves no sólo se contradice con Rubalcaba, sino que finge ignorar que la confesión de los etarras es redundante sobre lo que la policía, la Fiscalía y la Audiencia nacional ya sabían. Por otra parte, quitar credibilidad a lo que confiese un etarra por el hecho de ser etarra es tanto como negar valor probatorio a la delación entre delincuentes en todo proceso penal. Si la "doctrina" de Chaves imperara, muchos de los etarras cuya condena ha sido facilitada por las confesiones de sus compañeros bien podrían estar ahora, en lugar de la cárcel, gozando de la protección del régimen venezolano.

Es bochornoso que a estas alturas España no haya roto sus relaciones diplomáticas con Venezuela ni haya elevado ante los organismos internacionales la más enérgica denuncia. Pero ¿qué cabe esperar de un Gobierno como el de Zapatero que por conceder honorabilidad a Hugo Chávez es capaz de quitar credibilidad a nuestra policía, a nuestra Fiscalía y a nuestros tribunales de justicia?


Libertad Digital - Editorial

Humillado ante Chávez

No hay intereses económicos en Venezuela que justifiquen esta humillación en la que se postra el Gobierno español ante Hugo Chávez.

EL Gobierno español ha perdido el norte en su respuesta a las nuevas evidencias de que el régimen de Hugo Chávez ha convertido Venezuela en campo de entrenamiento, y no en mero refugio, de terroristas de ETA. Esas evidencias se amontonan en la Audiencia Nacional y no se limitan a las recientes declaraciones de los etarras Javier Aristain y Juan Carlos Besance Zugasti. Estos han confirmado las informaciones de terroristas de las FARC «desmovilizados» recabadas en Colombia por la Policía española; de los datos precisos que estaban almacenados en los ordenadores de Raúl Reyes, dirigente de las FARC muerto en un ataque del Ejército colombiano; y de documentos obtenidos en operaciones contra ETA en Francia. No se trata de dar o negar crédito a los etarras detenidos —el Gobierno de Zapatero se lo dio a la banda terrorista durante años de negociación—, sino de aceptar la existencia de pruebas que señalan directamente al régimen chavista como encubridor de terroristas. El Gobierno manipula la realidad al dudar de los etarras que han declarado en la Audiencia Nacional y obviar el resto de antecedentes. Pero todavía es más grave que no respalde de forma inequívoca a la Justicia, la Fiscalía y la Policía, que son las instituciones que han contrastado, en el ejercicio de sus funciones, la veracidad de los datos que acreditan que ETA se ha entrenado con las FARC en Venezuela. En vez de respaldar la actuación de estas instituciones, el Gobierno ha vuelto a actuar temerosamente, llegando a compartir con Hugo Chávez la táctica de cuestionar la palabra de los etarras. Lástima que no lo hiciera cuando negociaban políticamente en la tregua de 2005-2007.

Lo que sabe es suficiente para responder con las medidas más severas que quepan en las relaciones diplomáticas. Los golpes de pecho de Chávez contra los etarras Aristain y Besance solo han convencido a la vicepresidenta De la Vega, dispuesta a elogiar la impostura del gerifalte bolivariano y a dar la espalda a los jueces, policías y fiscales que sostienen las pruebas de la colaboración de su régimen con ETA. Por si no fueran suficientes los datos que tiene la Audiencia Nacional para esperar una reacción digna del Gobierno español, el embajador venezolano en España se ha atrevido a cuestionar la legalidad de los interrogatorios a los etarras. No hay intereses económicos en Venezuela que justifiquen esta humillación en la que se postra el Gobierno español ante Hugo Chávez.


ABC - Editorial

martes, 5 de octubre de 2010

ETA. ¿Qué sabe Chávez para que Zapatero calle?. Por Guillermo Dupuy

Si hay un mandatario extranjero que tiene conocimiento pormenorizado y de primera mano de a qué vergonzosos extremos llegó el Gobierno de Zapatero en sus tejemanejes con la banda terrorista, ése es Hugo Chávez.

No hacía falta que los terroristas del comando Donosti detenidos el pasado miércoles lo confesaran, tal y como han hecho este lunes ante el juez Ismael Moreno, para saber que Venezuela, desde hace años y con el beneplácito del régimen chavista, se ha convertido para los etarras tanto en un balneario como en un campo de entrenamiento y de asesoramiento de organizaciones terroristas amigas como las FARC. La policía española y los medios de comunicación lo sabían desde hace mucho tiempo, tanto por documentación intervenida a ETA en Francia, como por el disco duro del ordenador del jefe de las FARC Raúl Reyes, como por testimonios recogidos en Bogotá por agentes españoles a ex narcoterroristas como fueron entrenados en armas y explosivos por miembros de la ETA en la selva venezolana.

A eso hay que sumar las públicas y reiteradas negativas del Gobierno de Chávez a extraditar a etarras, como el "Fanecas" que fue detenido en marzo en Francia, o Arturo Cubillas, etarra al que Chávez han concedido no sólo la nacionalidad venezolana sino también un alto puesto en su administración.


Pese a ello, el Gobierno de Zapatero tuvo la desvergüenza de fingir "sorpresa" cuando el pasado mes de marzo un auto del juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, denunció abiertamente la "cooperación" del Gobierno venezolano en la alianza entre ETA y las FARC, y reveló cómo militares venezolanos escoltaron en 2007 a etarras que iban a impartir "cursillos" a los terroristas colombianos. Ahora ni eso. Ahora el Gobierno de Zapatero ni siquiera ha comentado la noticia. Simplemente calla y hace, más que nunca, el avestruz ante la alianza del gorila rojo y la serpiente etarra.

A algunos no les sorprenderá este mutismo, tratándose de un Gobierno que ha hecho de la debilidad y la cesión la seña de identidad de su política exterior y que por no irritar, por ejemplo, a Marruecos califica de "inoportuna" hasta la visita de un dirigente español a un territorio español como Ceuta o Melilla. Pero es que, en este caso, se da además la circunstancia de que se trata de un Gobierno que, con la excusa de la "paz", ha llevado a cabo un proceso de colaboración con ETA, a la que además de prometerle públicamente que "todo tendrá cabida, tenga el alcance que tenga", le ha brindado capítulos tan bochornosos como el del chivatazo policial a su aparato de extorsión.

A este respecto, no tengan ustedes dudas de que si hay un mandatario extranjero que tenga conocimiento pormenorizado y de primera mano de a qué vergonzosos extremos llegó el Gobierno de Zapatero en sus tejemanejes con la banda terrorista, ése es Hugo Chávez. El traslado constante de miembros de ETA desde México y Francia a Venezuela, detectado en los últimos años por los servicios de inteligencia, ha podido facilitar al caudillo venezolano un enorme caudal de información; más aun si tenemos en cuenta que el alto cargo de su Gobierno, el etarra Cubillas, era precisamente la persona que, según confesión de los propios terroristas ahora detenidos, les recogió y les dio cobijo durante el tiempo que pasaron en los "cursillos" en Venezuela.

Algunos dirán que esto no es más que una hipótesis por mi parte y, ciertamente, lo es. Pero tiene, sin embargo, todo el fundamento viendo el escandaloso silencio que mantiene el Gobierno español ante unos hechos tan graves y tan acreditados que exigirían, como mínimo, una protesta y una inmediata llamada a consultas de nuestro embajador en Caracas. Sin embargo, Zapatero, aun dado por cierto que no ha vuelto a las andadas en su negociación con ETA, no puede correr el riesgo de que un temperamental y deslenguado dirigente como Chávez diga lo que sepa. Ya no habría posibilidad de lanzarle un "por qué no te callas". Por eso, Zapatero prefiere ser el que calla.


Libertad Digital - Opinión

Más firmeza con Venezuela

Por primera vez en la historia de la banda, dos etarras, Xabier Atristain y Juan Carlos Besance –miembros del «Comando Imanol»– declararon ayer en la Audiencia Nacional que, en 2008, viajaron a Venezuela para recibir un cursillo de formación de desmontaje de armas y posiciones de tiro. Su contacto en el país caribeño fue el etarra Arturo Cubillas. Este asesino está bajo el amparo de Hugo Chávez, ya que en 2005 fue nombrado director adscrito a la Oficina de Administración y Servicios del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela, además de ocupar otros cargos públicos. Éstos, como se confirmó ayer por boca de dos miembros de la banda, le servían de pantalla para seguir vinculado a ETA, circunstancia que no paso inadvertida a la Justicia española. Prueba de ello es que, en marzo de este año la Fiscalía de la Audiencia Nacional presentó una querella contra Cubillas y otros miembros de ETA y las FARC y se solicitó su detención y extradición como presunto autor de tres asesinatos y responsable de la organización terrorista en Venezuela. Esta orden de detención se quedó en agua de borrajas gracias a la impunidad que goza Cubillas bajo el manto protector del régimen de Chávez.

La confesión de los dos etarras, recogida en el auto del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, viene a corroborar los indicios de que Venezuela se había convertido en los últimos años en el santuario de la banda, después de la «tolerancia cero» que se ha ejercido en los últimos años contra los etarras en Francia. Hasta ahora las únicas pruebas eran la documentación intervenida a la banda en Francia y los correos electrónicos que contenía el disco duro del ordenador del jefe de las FARC, Raúl Reyes. El testimonio de Atristain y Besance obliga al Gobierno a dar un paso más allá, puesto que de las conjeturas se ha pasado a las certezas. Le corresponde al Gobierno y al Ministerio de Exteriores mover ficha. Ya no es suficiente con pedir explicaciones al régimen de Chávez sobre su connivencia con los etarras en su país, donde tienen libertad de movimientos para seguir participando en la dinámica asesina de la banda. El Ejecutivo tiene que exigir al Gobierno venezolano la máxima colaboración para facilitar la extradición de los etarras que considere la Justicia, al tiempo que debe dejar de ser cómplice indirecto de sus actividades ilícitas en su país. Porque es intolerable que personajes con presuntos delitos de sangre como Cubillas tengan una relación tan privilegiada con el Gobierno bolivariano, hasta el punto de ser un interlocutor privilegiado con los mandos de la Guardia Nacional y de la Dirección de Inteligencia Militar.

Las relaciones con Venezuela, y más aún si está ETA por medio, deben desarrollarse desde la firmeza y la contundencia. Porque a la vista está que la cooperación en materia terrorista entre España y Venezuela es insuficiente, por más que el pasado 6 de marzo ambos gobiernos ratificasen su más enérgica condena al terrorismo. Es hora de que Chávez abandone su retórica baldía contra ETA y pase a los hechos, que pasan por ejercer todo el arsenal diplomático, político y judicial para que Venezuela deje de ser un exilio de lujo para los asesinos.


La Razón - Editorial

martes, 28 de septiembre de 2010

Las urnas se plantan ante Chávez

Cabe la posibilidad de que aumente –todavía más– la violencia política en las calles de las ciudades, o de que el dictador ignore a la Asamblea y siga gobernando de la única manera que sabe hacerlo.

La oposición al chavismo no ha cometido el error de la últimas elecciones legislativas y, esta vez sí, se ha presentado a los comicios con una lista unitaria. Una lista de concentración, Mesa para la Unidad, en la que sus candidatos han cerrado filas en pos de la idea común de frenar, más que el avance del chavismo –para lo cual es tarde–, la imposición de una dictadura socialista al estilo de la cubana en Venezuela. Sabia elección la de los opositores y la del electorado, que se ha volcado masivamente con la Mesa para la Unidad otorgándole un 52% de los votos que, por artimañas legales de Chávez, se han transformado en sólo 61 diputados.

El antiguo golpista, que había pedido expresamente a sus encendidos seguidores del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) "demoler a la oposición", se encuentra con unos apoyos parlamentarios realmente mermados. De controlar la práctica totalidad de la cámara ha pasado a una mayoría simple que no le permitirá gobernar por decreto, tal y como ha venido haciendo en el último lustro. Sin esta herramienta, la de elaborar y pasar por la cámara caprichosas leyes orgánicas, el chavismo pierde uno de sus principales pilares de legitimación. A partir de ahora tendrá que negociar estas leyes –por lo general maximalistas–, o abstenerse de presentarlas ante la Asamblea Nacional, lo cual restringirá bastante su radio de acción.


Pero la principal conclusión que cabe extraer de los resultados de las legislativas no es tanto de aritmética parlamentaria, que sigue inclinada del lado de Chávez, como de fuerza popular que ha ganado en los últimos años la causa opositora. Si la Mesa para la Unidad se mantiene firme en su propósito de erradicar a Chávez del escenario político de Venezuela, tiene, con estos números en la mano, una alta probabilidad de conseguirlo en las próximas elecciones presidenciales, que tendrán lugar en el año 2013. Ahí es donde Chávez y su liberticida régimen se la juegan de verdad. La oposición tiene ahora la obligación de perseverar en los principios y valores democráticos que la han hecho acreedora de la última victoria electoral y proyectarlos tres años en el futuro.

Entretanto el panorama es aterrador. Con Chávez y su PSUV privados de la coartada parlamentaria, Venezuela se enfrenta a un nuevo tour de force bolivariano como los de hace una década. Chávez tendrá que gobernar contra la voluntad de la Asamblea y no con el propulsor moral y político de la Asamblea tal y como ha venido haciendo hasta ahora. Cabe la posibilidad de que aumente –todavía más– la violencia política en las calles de las ciudades, o de que el dictador ignore a la Asamblea y siga gobernando de la única manera que sabe hacerlo. Probablemente lo que los venezolanos tengan que padecer en el futuro inmediato sea una mezcla de ambas, violencia y desafueros, en las que el chavismo es un auténtico especialista.

La lucha por la democracia y la libertad en Venezuela será larga y tremendamente ardua. Al tiempo perdido hay que sumarle las peculiares características del gobernante en cuestión: un demagogo iluminado que carece del más mínimo respeto por el Estado de Derecho, la democracia representativa y el Imperio de la Ley. Pero torres más altas han caído. Los demócratas venezolanos no deben desfallecer un instante si algún día pretenden recuperar su país.


Libertad Digital - Editorial

La democracia contra Chávez

Desde la Asamblea es posible dar visibilidad a un candidato unitario que pueda ganar a Chávez y evitar que culmine su delirio totalitario.

CONTRARIAMENTE a lo que sugiere una lectura superficial de los resultados de las elecciones legislativas de Venezuela, Hugo Chávez ha sufrido una estrepitosa derrota. A pesar de haber hecho uso de todas las tropelías imaginables para decantar el resultado a su favor —incluyendo la manipulación de la ley electoral, la intimidación de los electores, el abuso de todos los mecanismos disponibles del Estado y la descalificación o persecución de quienes no se pliegan a sus ambiciones totalitarias— el caudillo venezolano no ha logrado superar la barrera de los dos tercios de diputados que se había propuesto. La prueba más evidente de su fracaso es que la oposición ha vencido claramente en número de votos, un resultado que no se ha traducido en un reparto más equilibrado de los escaños porque el diseño de las circunscripciones estaba previamente arreglado para favorecer a los candidatos del régimen.

Por desgracia, resulta improbable que esta mayoría insuficiente pueda disuadir a Hugo Chávez de seguir adelante con sus delirios revolucionarios. Hasta ahora no ha respetado ningún precepto legal, ni siquiera los que había establecido él mismo, como demostró cuando los venezolanos le dijeron en referéndum que no aceptaban su reelección, lo que no le impidió forzar la legalidad. La entrada del bloque opositor en la Asamblea Nacional debería entenderse, pese a todo, como un claro aviso contra sus planes de constreñir a todo el país en una ideología descabellada que sólo acepta a quienes se someten a su voluntad, aunque por desgracia es previsible que el ex militar golpista asuma este resultado como una ofensa y que reaccione en consecuencia.

La oposición, por su parte, ha conseguido un gran triunfo, pero su prometedor resultado no pasa de ser un primer paso del proceso que debe llevar a la salvación del país. A partir de ahora es necesario reforzar la unidad de todas las fuerzas políticas que se oponen a Chávez, no caer en ninguna de sus provocaciones y prepararse para el momento crucial de la elección presidencial de 2012. Desde la Asamblea es posible dar visibilidad a un candidato unitario que pueda ganar a Hugo Chávez para evitar que consiga perpetuarse en el poder y culminar su delirio totalitario destruyendo Venezuela.


ABC - Editorial

sábado, 24 de julio de 2010

Chávez y las FARC

La mejor manera de ocultar los graves problemas internos de Venezuela es encender un conflicto con el exterior que nadie desea.

COMO era de esperar, el caudillo venezolano Hugo Chávez ha vuelto a decretar la ruptura de relaciones diplomáticas con la vecina Colombia a cuenta de la presentación por parte del presidente saliente, Álvaro Uribe, de ciertas evidencias sobre las actividades de la narco guerrilla colombiana en Venezuela. Las simpatías de Chávez hacia grupos como las FARC no son un secreto para nadie, y, aunque no se ha atrevido a dar el paso, en varias ocasiones ha expresado su interés por otorgar a este grupo terrorista la condición de «parte beligerante». Su fundador, Manuel Marulanda, alias «Tirofijo», ha sido reconocido hasta con estatuas en la Venezuela de Chávez, y las citas de este último para elogiarle son innumerables. Lo que Colombia ha llevado por primera vez al seno de la OEA son pruebas de que, además de este apoyo dialéctico y moral, los terroristas colombianos han recibido ayuda material por parte de las autoridades venezolanas, y ha advertido que puede llevar el caso al Tribunal Internacional para probar que un número significativo de combatientes se encuentran en territorio venezolano. En condiciones normales, lo que debería hacer Chávez es desmentir las acusaciones con pruebas, no con bravatas, pero una vez más ha preferido movilizar a los países sobre los que ejerce un ascendiente político, de manera que parezca que Colombia está aislada, acusar a Uribe de estar al servicio de intereses extraños y amenazar con un conflicto armado que heredaría el presidente electo, Juan Manuel Santos. La mejor manera de ocultar los graves problemas internos de Venezuela es encender un conflicto con el exterior que nadie desea. En definitiva, Chávez prefiere romper con Colombia antes que romper con una organización terrorista.

ABC - Editorial