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miércoles, 27 de julio de 2011

El fanático sectarismo de Tomás Gómez

Si Gómez confunde, ideológicamente, churras con merinas, no es porque esté loco, sino porque es un peligroso demagogo capaz de tener la indignidad de utilizar la matanza de Noruega para tratar de poner una mordaza a quien no comulgue con sus ideas.

Está visto que muchos dirigentes del PSOE no acaban de sentirse a gusto ni con la libertad de expresión ni con el pluralismo mediático. Buen ejemplo de ello es el secretario general del PSM, Tomás Gómez y su apenas velada incitación a la censura contra medios de comunicación críticos con el socialismo como Intereconomia, Veo7 o Libertad Digital TV, a los que acusado de alimentar el "odio" y "las ideologías de extrema derecha". El dirigente socialista, en su delirante sectarismo, ha llegado incluso a relacionar estos medios de comunicación, de línea editorial conservadora, liberal o democristiana, con la matanza terrorista perpetrada en Oslo y Utoya al asegurar que "no están tan lejos" ideológicamente del psicópata que la ha perpetrado.

"La obligación de los Gobiernos –afirma Gómez– es controlar cosas como éstas y el Gobierno de la Comunidad de Madrid, en lugar de adjudicar TDT y dar instrumentos a la extrema derecha, debería recortar estos instrumentos". Aparte de pasar por alto que la inmensa mayoría –por no decir práctica totalidad– de actos terroristas que se han llevado a cabo en Europa, en general, y en España, en particular, los han perpetrado grupos que se autoproclaman islamistas o de izquierdas y aparte de que el terrorista noruego sea un orate sin un programa ideológico distinto al de un popurrí de contradicciones, Gómez ha puesto como surrealista ejemplo de la falsa acusación lanzada contra el Gobierno de Comunidad de Madrid el hecho de que en Alcalá de Henares hay un partido que "defiende la xenofobia y es un partido que está al margen del Estado de Derecho".


Aunque Libertad Digital, ni ningún medio de comunicación que ha recibido adjudicaciones de TDT, simpatice ni mucho menos con un partido populista como España 2000, lo cierto es que esta formación ha condenado sin paliativos la matanza de Noruega, así como todo acto que implique violencia política. Si, pese a ello, Gómez considera que este partido está "al margen del Estado de Derecho", lo que no sabemos es qué hace arremetiendo contra el Gobierno autonómico de Madrid, en lugar de hacerlo contra el de Zapatero por su pasividad a la hora de no instar a la Fiscalía General del Estado su ilegalización en aplicación de la Ley de Partidos.

Asimismo, si Gómez considera que algún medio de comunicación ha incurrido en algo que pueda ser constitutivo de delito, tampoco entendemos por qué no lo denuncia ante los tribunales. El problema, claro, es que Gómez sabe perfectamente que es mentira lo que dice, y que si confunde, ideológicamente, churras con merinas, no es porque esté loco, sino simplemente porque es un peligroso demagogo capaz de tener la indignidad de utilizar la salvaje matanza de Noruega para tratar de poner una mordaza a unos medios de comunicación por el mero hecho de no comulgar con sus ideas.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 14 de mayo de 2011

¡Mientes, Gómez, y tus compañeros ni te cuento! Por Federico Quevedo

El candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, es un mentiroso. Lo es por muchas razones, una de ellas, por ejemplo, insistir de manera machacona en que el PP va a privatizar la Sanidad e instalar el copago, algo que bajo ninguna circunstancia piensa hacer el Gobierno de Esperanza Aguirre que, todo lo contrario, hasta ahora lo que ha hecho es fomentar la universalidad del servicio público de salud y mejorar el acceso de los ciudadanos al mismo. Miente, además, porque oculta su verdadero programa electoral, que no es otro que un programa de nacionalizaciones y expropiaciones al más puro estilo del leninismo pro-soviético.

Una de las áreas que quiere nacionalizar Tomás Gómez es la enseñanza privada, y puede que en el fondo lo haga, no tanto por convicción, como por despecho: le da una rabia tremenda que le hayan pillado habiendo sido alumno de uno de esos colegios privados que ahora quiere nacionalizar -pero no va a poder, porque no gana ni pagando a los ciudadanos-, y ha dicho que tuvo que estudiar ahí porque entonces no había colegios públicos, que fueron creados por la política educativa de Felipe González.


Hace falta ser embustero para decir eso sin que se le caiga la cara de vergüenza. Los colegios públicos existen desde hace décadas. Ya existían en tiempos del franquismo, y antes. De hecho, él tenía donde elegir: nueve alrededor de su casa. Lo que, eso si es verdad, fue consecuencia de la política educativa de Felipe González son los colegios concertados. Gómez fue a un colegio privado porque en aquel entonces era un niño de familia bien, pudiente, clase media con posibles, probablemente satisfecha con el franquismo y con el nivel de vida que les permitió la política económica llevada a cabo por la tecnocracia de la época.

Y ya que estamos, permítanme que abandone a Gómez, que ya no da más de si porque todo su programa político se fundamenta en la mentira constante sobre su adversaria, y me centre en otros ilustres socialistas que también van por la vida dando lecciones de empatía con los pobres y sacándole los colores a la derecha por ricos, cuando la realidad es que los que se comportan como nuevos ricos son ellos, la mayoría además muy vinculados a la oligarquía franquista o a la aristocracia de la época. Porque, en eso hay que ser sinceros, los únicos que pueden dar lecciones en este país de coherencia son los comunistas, en todos los sentidos: ellos si van de lo que creen, y lucharon contra la dictadura en las calles y en las cárceles.

Los que presumen de rojos

«Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-.»
Pero en esa lucha no estaba Manuel Chaves, por ejemplo, que ahora presume de rojo y exige que pierda la “derecha de la derecha” en memoria de los padres y los abuelos de los socialistas que lucharon contra Franco… Como su padre, ¿no?, un coronel franquista, y su madre, militante de la Falange Española y de las JONS. En casa de Chaves sí que se llevaban correajes. Como en la Bono, en incluso en la de Felipe González -bueno, en este caso los correajes los llevaba él-.

El jueves, leyendo la noticia de la hija de López Garrido en El Confidencial -ver noticia-, se me ocurrió buscarla en Google, y me encontré, ¡oh, casualidad!, con este divertido documento del ABC, del 13 de julio de 1975, en el que se da cuenta de la boda de don Diego López Garrido y la señorita doña Carmen Moreno de Cala y Bernabéu en la capilla del Castillo de Batres. Solo el relato de los invitados y testigos no tiene desperdicio -ver documento adjunto- y sirve de ejemplo de lo progre que resultaba tal enlace. ¿Y éstos son lo que vienen a darnos lecciones de progresía?

Cómo José Blanco, que le echa en cara a la derecha que lleven a sus hijos a colegios privados y oculta que el lleva a los suyos al British Council Somosaguas, donde comparten clase, mesa y recreo con los nietos de la Duquesa de Alba y lo más granado de La Finca y las urbanizaciones de lujo de Pozuelo de Alarcón. El mismo José Blanco que se construye un ático de lujo en la Isla de Arosa incumpliendo todas las normativas medioambientales y ahora se ha hecho un carril bici y una carretera ‘casi particular’ que le lleva directamente a la urbanización sin pasar por el medio del pueblo.

Qué voy a decirles de José Bono que no se haya contado ya, o de la casa de veraneo de Felipe González en Marruecos, más la que tiene en pleno centro de Madrid que vale un potosí. O de Carmen Chacón, que presume de haber trabajado en un Corte Inglés, pero oculta que lo hizo como otras muchas compañeras suyas porque era lo que se llevaba entre la clase media-alta de la época, porque en realidad no lo necesitaba perteneciendo como pertenecía a una familia muy bien posicionada de Almería, como cuenta todo aquel que la conoce en la zona. ¿Y nos dan lecciones a los demás sobre ética y estética? Pues hombre, hasta aquí podríamos llegar. Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-, pero éstos mienten y nos ocultan la realidad para presentar una distinta que poco o nada tiene que ver con lo mucho que les gusta ser iguales que ésos a los que critican.


El Confidencial - Opinión

sábado, 7 de mayo de 2011

Tomás Gómez "le presta" un buen lema de campaña a Esperanza

«Me gustaría para Madrid lo que Zapatero ha hecho en España».

domingo, 16 de enero de 2011

El inexistente sentido del ridículo de Tomás Gómez

Con espectáculos como el desarrollado en torno a la delincuente Rollán, hasta los socialistas madrileños tendrán que reconocer que la demoscopia no hace más que confirmar los merecimientos electorales de unos y otros.

Los socialistas siguen afirmando que son un dechado de virtudes públicas en el ejercicio del poder, a pesar de que su pasado les delata y su presente les oprobia. Inasequibles al desaliento y con notable ausencia de sentido del ridículo, pretenden seguir dando lecciones de moral ciudadana hasta cuando la justicia les impone el castigo que merecen sus desmanes, que es exactamente lo que está ocurriendo en esta ópera bufa interpretada por el inefable Tomás Gómez a cuenta de la condena a los desafueros perpetrados en su día por su principal colaboradora.

A pesar de lo que sugieren los voceros del socialismo madrileño, la sentencia que condena a ocho años de inhabilitación a su secretaria de organización, Trinidad Rollán, no puede equipararse a una mera sanción administrativa impuesta por causa de un error de gestión. Muy al contrario, el texto de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirma de forma muy nítida la existencia de un delito de prevaricación, cometido mientras la hoy condenada ejercía de alcaldesa de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, respecto al que los magistrados no ahorran calificativos a cual más recio.


Lo que para Tomás Gómez es un simple desliz administrativo, para los magistrados del TSJM es un delito de prevaricación, cometido "de forma tan ilícita como burda y rudimentaria" para hacer pasar por legal un acuerdo municipal de supuesta permuta de terrenos, lo que constituye, siempre según la Justicia, "no sólo un dislate, un desatino o una aberración desde la más tosca o laxa de las valoraciones jurídicas posibles, sino que incluso resulta algo hasta risible, ridículo o grotesco para cualquier persona lega en derecho por escaso que sea su sentido común".

Trinidad Rollán, número dos de Gómez en el socialismo madrileño, impulsó desde la alcaldía de Torrejón de Ardoz la adopción de un acuerdo municipal que entregaba a una empresa privada el dominio de una parcela municipal a cambio de dinero y de ciertos trabajos de urbanización, algo que está taxativamente prohibido por ley como le advirtieron por escrito los responsables jurídicos municipales. Su contumacia en la decisión de beneficiar a esa mercantil en contra del interés de los ciudadanos cuyos intereses tenía el deber de proteger, la han llevado primero al banquillo de los acusados y finalmente a una condena en toda regla a pesar de los esfuerzos de su actual jefe filas por disimular el desafuero.

Las declaraciones de la delincuente informando de su decisión de no concurrir a los próximos comicios no puede ser más risible, pues esa es precisamente la consecuencia inmediata de la condena que le ha impuesto la Justicia. Por cierto, no podrá hacerlo ni a estos comicios ni a las dos citas electorales siguientes salvo que una instancia superior le rebaje la pena acordada, dato que apuntamos para un mejor conocimiento de los términos reales del castigo que le ha sido impuesto.

Tomás Gómez es muy libre de tener en su equipo a personajes condenados por prevaricación e incluso de hacer el ridículo comparando su supuesta virtud con la costumbre en esta materia del partido rival. Olvida que Esperanza Aguirre, sin esperar al pronunciamiento de los tribunales, expulsó de su ejecutivo por ejemplo a todos los cargos contaminados en la trama Gürtel.

Los que no parecen olvidar esta distinción entre la conducta pública de ambos candidatos son los ciudadanos madrileños a juzgar por las más recientes encuestas, que recetan a Gómez un varapalo sin precedentes. Con espectáculos como el desarrollado en torno a la prevaricadora Rollán, hasta los socialistas madrileños tendrán que reconocer que la demoscopia no hace más que confirmar los merecimientos electorales de unos y otros.


Libertad Digital - Edotorial

sábado, 15 de enero de 2011

Un tiro en la pierna. Por Rafael M.-Simancas

Sólo desde el suicidio político y la cerrazón se entiende que el PSM mantenga a Trinidad Rollán como responsable de organización en Madrid. Papelón el de Maru Menéndez diciendo que una sentencia que inhabilita para ejercer cargo público no es «la muerte civil» de una persona, (no claro, pero cuándo uno es político es lo que más se acerca a ese concepto de muerte súbita). No deja de ser paradójico que quién tiene como misión confeccionar las listas no pueda presentarse a las elecciones. Además, elimina cualquier corriente crítica interna, quien ose dudar de la presencia de Rollán puede ser laminado.

Estamos ante lo que en teoría política se llama «un tiro en la pierna», pero en lugar de taparse el boquete se presume de sentencia y se reta al futuro con cierta temeridad torera que puede provocar disgustos en las urnas. Demasiada ventaja para el enemigo, tanta que ni siquiera ha hecho sangre. Al PP le ha bastado con la rueda de prensa de Trinidad Rollán que, (para mayor INRI), fue sin preguntas. Ni dándose con la cabeza en el quicio de la puerta del Ayuntamiento de Torrejón conseguirían hacerse más daño.

La encuesta que publicaba ABC esta semana le daba una amplia ventaja al PP con respecto al PSM; después de la resolución del TSJM podría decirse que todo queda «sentenciado». Los socialistas se quedan sin argumentos para lanzar contra el PP en cuánto a higiene política. Mal momento para recordarle a Tomás Gómez aquella lista de presuntos corruptos, (entre ellos un ciudadano difunto y un militante socialista). Entonces Gómez pidió la dimisión de Esperanza Aguirre, ahora por tanto en el PP podrían exigir lo mismo pero en la sede de Callao, 4. El tiro en la pierna procede de un disparo que a su vez es «disparate».


ABC - Opinión

lunes, 20 de diciembre de 2010

Socialismo en busca de líder

Las aguas bajan revueltas en las filas de un partido cuyos líderes hacen cuentas sobre la magnitud de las próximas derrotas electorales.

MIENTRAS Rodríguez Zapatero deja pasar el tiempo sin pronunciarse sobre su continuidad o no al frente del PSOE, las aguas bajan revueltas en las filas de un partido cuyos líderes hacen cuentas sobre la magnitud de las próximas derrotas electorales. Con Alfredo Pérez Rubalcaba —ayer en Afganistán—ejerciendo sin disimulo como cabeza visible de un Ejecutivo desbordado por las circunstancias, unos y otros toman posiciones ante la debacle que anuncian todas las encuestas. Ayer mismo, Tomás Gómez lanzó un mensaje inequívoco ante los sindicatos afines. Según el vencedor en las primarias madrileñas, hay que abordar una reforma de las pensiones desde el prisma de la izquierda, añadiendo que los mercados —a los que atribuye toda la responsabilidad de la crisis económica— deben ser «gobernados» por el poder político. No son ciertamente las palabras que cabe esperar de un dirigente responsable, sino las de un candidato que pretende llamar la atención por el viejo procedimiento de marcar las distancias con un líder en caída libre. Gómez derrotó a Trinidad Jiménez gracias a que presentaba una imagen de rechazo al oficialismo, y ahora intenta evitar que la sombra del presidente del Gobierno acabe definitivamente con sus ya limitadas posibilidades de plantar cara a Esperanza Aguirre.

Algunos sectores del PSOE interpretan en la misma clave la evidente tendencia de José Bono a sobreactuar en los últimos tiempos desde el cargo institucional que ostenta. Ya sea en el discurso del Día de la Constitución o en el cierre de puertas para la votación del estado de alarma, lo cierto es que el antiguo rival de Zapatero por la dirección del partido no pierde ninguna ocasión de recordar que continúa siendo un peso pesado de este socialismo en horas bajas. La función institucional que debería desempeñar como presidente del Congreso de los Diputados cede su lugar con demasiada facilidad a la tentación de jugar algún papel, todavía indefinido, en los próximos acontecimientos. Aquí y allá se perciben síntomas de inquietud en un partido cuyo principal rasgo de unidad consiste a día de hoy en que todos contemplan a Zapatero como un líder ya amortizado.


ABC - Editorial

sábado, 9 de octubre de 2010

La señorita Trini. Por Gloria Lomana

Nunca la vieja guardia del PSOE estuvo tan bien representada como con la última actuación de Alfonso Guerra. Old fashion guardia que ha emergido para arropar a un Tomás Gómez que, sólo por oponerse a Zapatero, se ha encontrado tan variados amigos. El «señor Gómez» ganó –ha dicho Alfonso Guerra– tan cierto como que la «señorita Trini» perdió. Aunque lo que rezuma tal aseveración es una alta dosis de machismo rancio y trasnochado. Si Trini es señorita, es al estilo de las picasianas de Avignon, unas contundentes señoras, felizmente expuestas, transgresoras de su tiempo. Llamar señorita a Trini, a estas alturas, es tan antiguo como decir que «los caballeros no tienen memoria y las señoritas no tienen pasado». Trini tiene pasado –¡sólo faltaría!– político y en el mejor de los sentidos, personal. A sus 48 años vive con su pareja sin casarse porque le da la real gana. Sin dar más explicaciones, como cada hijo de vecino que así lo elige en los tiempos que corren.

Calificar a una mujer madura en razón de su estado civil es tan antidiluviano como pedirle una autorización al marido para trabajar fuera de casa. Cuando sucedían estas cosas, en España, las mujeres no podían abrir ni una cuenta corriente, y eran señoritas llegadas a señoras a una edad temprana para ser bien casadas. Un destino en lo universal. Hoy, en nuestro país, son más las mujeres que viven en pareja –solteras o divorciadas– que las que se han casado al estilo tradicional. Por eso, por vieja, la expresión señorita la hemos reservado los españoles para las chicas muy jóvenes. A una mujer de 40 años se la distingue con la palabra señora sin más explicaciones, al margen de la vicaría o el juzgado. A menos que quieras ofenderla, como Guerra ha hecho con Trini. Hasta los ingleses, tan conservadores ellos, han dejando como una «outdated word» la palabra «miss».

Por eso, lo que hay detrás de la afirmación de Alfonso Guerra –obvia en cuanto a los perdedores y los ganadores– es un afilado de navajas. Con su afirmación, Guerra pretendió reconocer al díscolo «señor» Gómez y ridiculizar a la sumisa «señorita» Jiménez. Debate de fondo que comparten la vieja guardia y la mayoría de los barones. Hacía tiempo que no estaba tan deslenguado Leguina, ni tan animosos como ahora el propio Guerra, Barranco, Rodríguez Ibarra o Corcuera. Ni tan espatarrado Bono. Ni tan activo González, dispuesto a presentar a un Montilla desmayado, en un desayuno en Madrid. Ni tan clarividente Barreda. La vieja guardia y los barones se revuelven estos días de famélicas encuestas, intuyendo la debacle electoral que comenzará en Cataluña. El PSOE puede quedar sin poder Territorial en las grandes federaciones de Cataluña, Andalucía y Madrid, o en territorios históricos como Castilla-La Mancha. De lo que todos ellos culpan, exclusivamente, a Zapatero, algunos, eso sí, con la poca fortuna con que lo ha hecho Alfonso Guerra. Es lo que olfatean los antizapateristas, hoy multiplicados como hongos en el seno del PSOE.


La Razón - Opinión

jueves, 7 de octubre de 2010

De gimnasias y magnesias. Por M. Martín Ferrand

Alguien debiera pagar con un gesto de elegancia la derrota que ha supuesto la victoria de Tomás Gómez.

NUESTROS políticos suelen frecuentar más los gimnasios que las bibliotecas. Tampoco acuden mucho a los cines y teatros y, generalizando, puede decirse que los pocos que han cultivado su espíritu no suelen estar al día de las corrientes estéticas y culturales que brotan en el mundo. Eso se nota, sin grandes diferencias entre colores y partidos, en lo anacrónico de buena parte de las ideas y proyectos que se manejan como útiles para el remedio de muchos de los males que padecemos. Uno de los que pretenden la modernidad, sin conseguirlo, es Alfonso Guerra, un hombre que llegó a tener más poder del que hoy ostenta José Blanco y que se ha quedado —recuérdese el Estatut— en disciplinado presidente de la Comisión Constitucional del Congreso.

Guerra parece tan viejo e inservible como la socialdemocracia europea, que tuvo un pasado brillante, al que debemos avances y conquistas; tiene un presente tambaleante, como el que encarna José Luis Rodríguez Zapatero, y no presenta perspectivas de futuro. Aun así, Guerra no pierde el ingenio ni la mala leche que, aunque no cotizan en política, merecen respeto. Ayer, para cerrar la anécdota de las primarias de Madrid, dijo Guerra que debe incluirse entre los «perdedores» a Zapatero y a Pérez Rubalcaba. No citó, quizá por solidaridad con quien hoy representa el papel que a él le correspondió, a José Blanco.

Perder es, solo, la alternativa de la victoria y no es cosa, menos por unas primarias de dudosa utilidad, que los perdedores, como un samurai deshonrado, se hagan el haraquiri; pero, por guardar las formas, alguien debiera pagar con un gesto de elegancia la derrota que, para los mejor instalados en el PSOE, ha supuesto la victoria de Tomás Gómez. Las dimisiones son al fracaso lo que los homenajes al éxito y no debe regatearse ninguna de tan expresivas ceremonias. Ni aunque el socialismo español, como dice José María Aznar encabece el grupo de «las ideologías insolventes». En Europa, en lo que queda de ella, ya lo han visto de ese modo, se han quitado de encima la socialdemocracia y empiezan a adelgazar algunos supuestos del Estado de Bienestar. Aquí, para que sea posible ese giro de racionalidad, no es suficiente que, de vez en cuando, Aznar salga de una sala de fitnneso interrumpa su maratón cotidiano, para decir lo que no dice Mariano Rajoy. Debiera ser el líder titular del PP, no su antecedente histórico, el que nos cuente cuál es su proyecto, su programa, para que todos sepamos a qué atenernos y quienes vienen votando socialista puedan dejar de hacerlo. El método clásico para conseguir esos efectos es, con perdón, la moción de censura.


ABC - Opinión

Los programas de Gómez. Por Ignacio Ruis Quintano

La buenísima es Trini, que se abraza a la derrota con una resignación laica.

Sentencia de Zapatero: «El bueno es mejor que la buenísima». La buenísima es Trini, que se abraza a la derrota con una resignación laica: «No siempre tenemos razón». Si hubiera leído la «Farsalia», sabría que un hombre, o incluso ella, puede tener razón frente a todo el universo, como Lucano da a entender cuando escribe «Victrix causa diis placuit, sed victa Caton», es decir, que la causa del vencedor fue grata a los dioses, pero la del vencido, a Catón. Zapatero, evidentemente, no es Catón, y en lugar de arrojarse sobre su espada se ha pasado a Gómez, el vencedor, de quien ya conocemos el programa máximo: «Hacer con Madrid lo que Zapatero ha hecho con España». Pero, ¿y el programa mínimo? Hay que recordarlo: «Que todos los niños madrileños vayan a Inglaterra a aprender inglés». La cuestión, como diría Don Marina, el filósofo, no es baladí. Para empezar, el hueco que esos niños dejarían en Madrid podrían ocuparlo niños pobres dispuestos a aprender español, que es la lengua de los pobres, como tienen dicho Newt Gingrich y cuatro tragaldabas del tabarrón catalán. ¿Y qué inglés aprenderían nuestros niños? ¿El de Shakespeare o el de sir Alex Ferguson? Gómez parece partidario de un inglés básico y onomatopéyico, de niñera; un inglés de pobres para pedir cervezas en la cantina: 850 palabras y toda la gramática —cinco reglas— de esa lengua idiota, si la comparamos, por ejemplo, con la de los cuervos, recogida por el académico francés Pierre Samuel du Pont de Nemours, que aprendió las veinticinco palabras o graznidos de que se valen estas simpáticas aves para decir «aquí, allí, derecha, izquierda, adelante, alto, comida, cuidado, hombre armado, frío, calor, partir, te amo, yo también, un nido...» y otros diez avisos, que es más de cuanto necesita para sobrevivir un militante de partido a derecha o izquierda. Menos es más. Y ahí está Gómez.

ABC - Opinión

Las primarias, cierre de filas y el futuro de Zapatero. Por Antonio Casado

Dicen en el PP que el caso de corrupción urbanística en Murcia es un montaje de Rubalcaba para tapar el gatillazo de Moncloa en las primarias de Madrid ¿Taparlo? Sería estúpido. Lo suyo es airearlo, comentarlo, darle vueltas y poner en valor una operación de inesperada rentabilidad: el lanzamiento de un candidato socialista creíble que antes era un perfecto desconocido. En términos de expectativas electorales madrileñas, los efectos del error de cálculo de Zapatero han alumbrado una buena noticia para el PSOE y mala para el PP.

Por tanto, se entiende el ataque de contrariedad de la derecha furiosa ante el cierre de filas de los socialistas en torno a sus siglas, a su líder y a su nueva estrella política. Tomás Gómez acaba de conquistar en las urnas de su partido el derecho a competir en las urnas de la Comunidad. Si ha ganado a las encuestas de Zapatero también puede ganar a las de Esperanza Aguirre, como ayer decía en una entrevista de Prensa. Y Zapatero estará encantado -ya lo está solo de pensarlo-, aunque sus verdaderos adversarios le exijan algo más que un acto de contrición pública por haber apostado al perdedor. Por ejemplo, el suicidio político. O la convocatoria de elecciones generales ya mismo. Qué menos.


«El éxito de la llamada de Zapatero al cierre de filas después de las primarias se ha convertido en una mala noticia para el PP. Y es absurdo aferrarse a la lógica de un Gómez sediento de venganza.»

Nada de eso pasa por su cabeza, por mucho que sus enemigos políticos y mediáticos se escandalicen ante el cierre de filas de los socialistas en torno a un líder agotado, acabado, con el post-zapaterismo en marcha, en tiempo de prórroga, en fase terminal. O muerto, como diría Quevedo (No don Francisco, ojo). Les parece aberrante su decisión de agotar la Legislatura y aún creen posible que descabalgue o le descabalguen antes. Ni por asomo aparecen pistas de lo uno o de lo otro cuando quienes le rodean se ponen a comentar la jugada.

En mis notas más recientes aparece este testimonio de Tomás Gómez, después de uno de sus discretos encuentros con el presidente del Gobierno en Moncloa: “Su vida es la política. Si alguien cree que no se va a presentar, se equivoca de medio a medio”. “Nuestro mejor activo” dice de forma recurrente el ministro Blanco. “Nadie maneja a su alrededor la hipótesis de que esté pensando en retirarse”, dice Rubalcaba. La vicepresidenta, Fernández de la Vega no puede ser más contundente: “Puede, quiere y sabe. Tiene ganas, ánimo y responsabilidad”.Y así sucesivamente.

O sea, que el éxito de la llamada de Zapatero al cierre de filas después de las primarias madrileñas se ha convertido en una mala noticia para el PP. Y es absurdo aferrarse a la lógica de un Tomás Gómez sediento de venganza. O un Zapatero que, según ese discurso, debería hacerle la vida imposible por haberle dejado en ridículo. Qué tontería. Nadie en su sano juicio puede creerse que el patinazo madrileño de Zapatero podría llevarle a boicotear la candidatura socialista a la presidencia de la Comunidad. Sería tirar piedras contra su propio tejado. Porque no le queda otra, se dice. Así es. Pero el cierre de filas es una opción excelente aunque sea la única. No hay mal que por bien no venga. Bingo, en este caso.


El Confidencial - Opinión

Desacato. Por Ignacio Camacho

A los ciudadanos nos gustan las primarias por la misma razón por la que los aparatchiks les tienen pánico.

LA víspera de la epifanía de Tomás Gómez, el sábado 2 de octubre, Rodríguez Zapatero compareció en Sevilla para presentar a los candidatos a alcaldes de las ocho capitales andaluzas. Ni uno solo de ellos ha sido elegido en primarias, prohibidas en Andalucía por el aparato del partido para que nadie cuestionase el precario liderazgo de Griñán y a pesar, o precisamente por ello, de que en varias ciudades existían animosos aspirantes alternativos. Un gesto así, de tan clamoroso autoritarismo dogmático, invalida el discurso de superioridad moral con que el PSOE trata de revestir el fracaso de la apuesta zapaterista; a la dirección socialista le provocan aversión las susodichas primarias desde que ganó unas José Borrell, y si las ha habido en Madrid no fue porque el presidente las auspiciara sino porque, negándose a aceptar la retirada que le fue más ordenada que sugerida, el tal Gómez las forzó con desafiante desacato. La descalificación obstruccionista sufrida por el ex ministro Asunción en Valencia avala la realidad manifiesta de que todas las maquinarias partidistas detestan que se cuestione su autoridad en una lid abierta.

Sin embargo a los ciudadanos nos gustan las primarias precisamente por la misma razón por la que los aparatchiks les tienen pánico: porque evitan el secuestro de la voluntad de los militantes y devuelven a éstos el protagonismo participativo. Con todas sus secuelas de división interna, de enfrentamiento cainita y de coacciones directas —que de todo eso ha habido en Madrid, y por ambos bandos—, la democracia siempre es mejor que la ausencia de democracia. Las heridas que las elecciones orgánicas dejan en la piel de los partidos sólo se pueden curar a base de hábito; cuando sean un procedimiento normalizado nadie cuestionará su virtud. Al PSOE hay que reconocerle que, aunque sea a regañadientes y sólo si no hay otro remedio, las acaba celebrando en medio de un clima de arrepentimiento indisimulado. Lo que no cabe en la lógica democrática es que su adversario electoral, el PP, presuma de fortaleza por no hacer lo que le corresponde. La sorna de Rajoy al respecto constituye una falta de respeto democrático; si él tuviese que refrendar su candidatura ante sus bases quizá no sacaría tanto pecho. En ese sentido, el Partido Popular está en déficit democrático con su procedimiento digital de congresos cerrados, que contradice el espíritu de avance regeneracionista que Aznar estableció al autolimitarse los mandatos.

Hasta que no se generalice la elección directa como método de selección abierta de candidatos, la política española incumplirá el taxativo mandato constitucional que exige a los partidos un funcionamiento democrático. Las primarias tienen muchos defectos, pero ninguno es mayor que el que provoca su inexistencia. Al ejercicio de la democracia sólo han de temerle los que desconfían de sus resultados.


ABC - Opinión

miércoles, 6 de octubre de 2010

Primarias. Gómez es Zapatero. Por José Antonio Martínez-Abarca

Gómez no representa a lo peor del socialismo porque le hayan apoyado los felipistas, sino porque representa sencillamente al socialismo, algo tan capaz de solucionar los desafíos del hombre contemporáneo como una peña de casino decimonónica.

Me temo que el sobrevalorado "no" de Tomás Gómez a Zapatero no es ningún advenimiento del "tomasismo" ideológico que vaya a salvar al PSOE de Zapatero y de las encuestas de voto, porque el "tomasismo" ideológico no existe ni, con el nivel intelectual y moral del personaje, puede existir, y además gómeces insignificantes hay muchos por ahí. Gómez no es sino un zapaterista de carril más que tuvo un acceso de vanidad cuando Zapatero le pidió que se quitase, no un héroe, ni un estadista, ni un reformista, ni un portador de aire fresco, ni nada salvo el acostumbrado estafermo sociata aleccionado en cuatro prejuicios y sin ninguna respuesta útil, pero es que ninguna, para los problemas de la sociedad moderna. Es el clásico bromista de izquierdas que habla de "devolver el poder" (sic) en Madrid a la "mayoría social", como si la mayoría social, salvo que haya otra escondida en zulos y cuevas, no fuera ahora mismo feroz y abrumadoramente anti-PSOE. No es el hombre que le dijo que no a Zapatero, sino el hombre que le sigue diciendo que sí a Zapatero menos cuando éste quiso poner a una amiga suya y amenazar su futuro sueldo público. Parece olvidarlo la prensa.

La prensa presenta a Gómez estos días como si fuera una nueva vía ignota al socialismo, como una nueva idea aún desconocida, prácticamente como una instantánea regeneración desde dentro frente al zapaterismo decadente. Pero no. Esta mercancía que nos están vendiendo es de una grotesquería indescriptible. No hay ninguna diferencia ni programática ni de ningún otro tipo entre Tomás Gómez y Zapatero, entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez, entre Tomás Gómez y la chupa de Trinidad Jiménez, entre Tomás Gómez y Rubalcaba, entre cualquier cosa que ahora mismo lleve encima el baldón de las siglas PSOE y todo lo que está siendo negativo para el país. Todo es lo mismo dentro de ese partido, a efectos de que los españoles volvamos a caer en sus zarpas en cualesquiera elecciones, internas, externas, autonómicas, generales o mediopensionistas: comparten todos en el socialismo las nuevas ideas que no tienen, su única vía novedosa hacia el progresismo es idéntico callejón sin salida y la decadencia va en el carné. Detrás de Gómez se ve a Trini como detrás de Trini se trasluce Zapatero como detrás de Zapatero se echa de ver a Bono y más allá el desastre del socialismo como cosmovisión. No hay nada que hacer. Y, esperanzadoramente, esta mercancía que viene averiada de fábrica parece que tiene ya poco que hacer ni en Madrid ni en España.

Gómez no representa a lo peor del socialismo porque le hayan apoyado los felipistas, como editorializa subrepticiamente algún periódico, sino porque representa sencillamente al socialismo, algo tan capaz de solucionar los desafíos del hombre contemporáneo como una peña de casino decimonónica. Es una candidatura prematuramente fracasada porque su partido sólo merece el desalojo urgente de cualquier tarea gubernativa, y lo es porque la idea del mundo de los abonados de este partido es impracticable.


Libertad Digital - Opinión

martes, 5 de octubre de 2010

Por la culata. Por Eduardo San Martín

Pues, para ser el candidato de la derecha, los militantes socialistas de Madrid no le han hecho muchos ascos a Tomás Gómez. O dicho de otro modo, más humillante para el sanedrín de Ferraz: prefieren a un «candidato de la derecha» que a cualquier otro avalado por Zapatero. El verboso alcalde de Getafe no imaginaba el juego metafórico que puede dar ahora la insidia lanzada contra Gómez con la complacencia de los estrategas de las encuestas. Ellos sabían que se trataba de una iniquidad, y al final el tiro reventó la culata. La primera lección de las primarias del domingo es que el nombre de Zapatero ya no seduce. Más bien lo contrario. Y no solo en Madrid. El runrún interno de la sucesión se hace cada día más sonoro.

Además de Pedro Castro, Rubalcaba debe de estar arrepentido de haber disparado el otro obús con el que el zapaterismo quiso tumbar la osadía de Gómez. También por la culata. Decir no a Zapatero se ha revelado, no cómo el único, sino como el mejor activo del dirigente socialista madrileño. Y con el rumbo que marcan esas otras encuestas que Ferraz simula ignorar (una tercera parte de los votantes socialistas de 2008 han desaparecido y casi dos de cada tres no quieren a ZP como candidato), el ejemplo puede cundir. Decir no al presidente produce mayores réditos políticos que responderle amén. O que parecer excesivamente cercano a él. Que se lo digan a Trini Jiménez.

Lo de Tomás Gómez no es sino una estación más en una vía crucis que empezó para Zapatero con la Gran Rectificación de mayo y que le va a llevar hasta la vísperas electorales de 2012 con paradas penitenciales en Cataluña, las autonómicas, más paro, escasa recuperación.... Nada en el horizonte augura un milagro. Salvo que se lo brinde el PP.


ABC - Opinión

Zapatero ha 'muerto', ¿debe estar preocupada Esperanza Aguirre?. Por Federico Quevedo

La primera lectura del resultado de las primarias del pasado domingo en el PSM ya la ha hecho todo el mundo, de izquierdas, de derechas y medio pensionistas: ha perdido Rodríguez. De eso ya no le cabe la menor duda a nadie, y menos que a nadie al propio Rodríguez, que a estas alturas ya sabe que su proyecto político está finiquitado, y que la puntilla se la ha dado no Tomás Gómez, sino la propia militancia del PSOE madrileño, es decir, los suyos. Porque, no se equivoquen, aquí lo importante no es si Tomás Gómez le ha ganado a Trini, sino el hecho de que en Gómez la propia militancia socialista ha personificado el rechazo a Rodríguez, a su vez personificado en Trinidad Jiménez. Los barones socialistas deben estar poniendo sus barbas a remojar, porque si eso es lo que le ha ocurrido a la candidata de Rodríguez en unas primarias internas, qué no les va a ocurrir a ellos en unas elecciones abiertas cuando sea el electorado el que simbolice en los señores Barreda, Griñán, Areces, Vara y compañía el rechazo a Zapatero. Un rechazo que ya es algo más que eso: la gente tiene unas ganas de aquí a Lima de darle una patada en salva sea la parte y darle al país la oportunidad de resurgir de las cenizas del incendio que ha provocado este pirómano de la política.

En cierta ocasión ya dije que Rodríguez estaba muerto -políticamente hablando, se entiende- y que hiede. Si quedaba alguna duda, el domingo su defunción se hizo más evidente que nunca, y ahora lo que ocurre es que en el socialismo se ha abierto la veda para quedarse con los restos de su propio naufragio y, con ellos, intentar construir lo que ya todo el mundo llama el ‘post-zapaterismo’. La manera en que esto se lleve a cabo, la iremos descubriendo en los próximos meses. De entrada, las elecciones catalanas van a ser un elemento más en la derrota definitiva del zapaterismo y servirán para enterrar un poco más hondo tanto a su líder político como la herencia que deja a sus sucesores. A partir de ahí, puede pasar de todo, incluso que a Rodríguez le convoquen los suyos unas elecciones generales anticipadas a finales del mes de febrero, con el único fin de dar por perdido el poder central pero intentar salvar los muebles en clave de poder autonómico y municipal. No hacerlo así supondrá el riesgo añadido de la pérdida de poder en los tres niveles, ya que el electorado castigará al PSOE en mayo, pero volverá a hacerlo en las generales y eso puede llevar a los socialistas a una situación francamente desesperada en términos de poder y de pérdida de cargos públicos, con lo que eso significa de gente que se quedaría en la calle con una mano delante y otra detrás.

«Desde el domingo, Gómez es alguien, y alguien que además se ha enfrentado a Rodríguez y le ha ganado, y eso puede tener una traducción en términos de votos.»

Pero esto es a lo que ha conducido Rodríguez a su partido, y allá ellos y lo que quieran hacer para evitarlo, aunque no les vendría nada mal a muchos pasar por lo mismo que están pasando millones de españoles gracias a la incompetencia y la malicia de Rodríguez: el paro. La segunda lectura cabe hacerla en clave de lo que pueda pasar en las próximas elecciones autonómicas, y debe servir de aviso serio para el PP. Hasta el domingo, o mejor dicho, hasta que este verano pasado Gómez le plantó cara a Rodríguez, el líder de los socialistas madrileños no era nadie. Incluso era menos que nadie, y, sinceramente, era muy difícil que pudiera preocupar lo más mínimo a Esperanza Aguirre. Pero desde el domingo, Gómez es alguien, y alguien que además se ha enfrentado a Rodríguez y le ha ganado, y eso puede tener una traducción en términos de votos. No creo que llegue hasta el punto de evitar la victoria del PP en Madrid, pero ahora Esperanza Aguirre no puede permitirse ningún lujo. Es verdad que quedan todavía nueve meses, y que es más que probable que en ese tiempo el ‘factor Gómez’ se desinfle, y que también acabe por pasarle factura ese desastre llamado Rodríguez como al resto de barones socialistas, pero si el PP quiere evitar contratiempos, más le valdría contribuir desde hoy mismo a desinflar ese globo hinchado artificialmente y que, al igual que el propio Rodríguez, no está lleno más que de aire, el aire de la demagogia recubierto de la goma de la radicalidad.

El Confidencial - Opinión

Más Zapatero en vena. Por Hermann Tertsch

Gómez es por tanto ya el Zapatero del futuro. Osado, sectario, izquierdista, más preparado para la vida.

¡POBRE presidente, acostumbrado a que le rieran hasta la peor de sus gracias, a que le apoyaran con entusiasmo en las más disparatadas ocurrencias! Los socialistas han estado diez años con el partido prácticamente disuelto. Todos los órganos de control y debate se habían convertido en organillos con las melodías de adulación, sumisión y cánticos de larga vida al líder infalible. Pues ahí le tienen, víctima de una revuelta en la organización de Madrid que se ha hartado de la enésima humillación a manos de La Moncloa. Ha devuelto el bofetón con toda la mala uva acumulada. El balance después de la batalla no podía ser peor para Zapatero. El Partido Socialista en Madrid ha quedado más dividido que nunca. El orden que había impuesto allí Tomás Gómez con sus métodos dudosos se ha revelado ficticio. La pobre Trinidad Jiménez ha quedado políticamente carbonizada y habrá de buscarse el futuro por otras lides lejanas a la vida pública si no quiere terminar de gestora de una Casa del Pueblo. Nuestro querido Alfredo Fouché Rubalcaba ha sido desautorizado con la misma contundencia que Zapatero. Y don José Blanco ha hecho el perfecto ridículo. Los hombres fuertes del zapaterismo, los magos de la intriga, todos han salido maltrechos del lance. Ahora pretenderán que esto de las primarias de Madrid no iba en realidad con ellos. Pero lo cierto es que los socialistas de Madrid, esos incondicionales que aun conservan el carnet de un partido que lleva diez años reducido a «claque» del caudillo, han sentido lo que tantos españoles sentimos a diario. Podríamos describirlo piadosamente como un hartazgo indignado. Y se lo han hecho saber al eterno adolescente de La Moncloa, que en su infinita autoestima piensa aún que la realidad es esclava de su capricho.

Lo cierto es que se ha creado una inmensa paradoja. Porque viene a humillar al Zapatero padre un Zapatero hijo, tan radical en sus fines como en sus métodos —de los que mucho se hablará en estos próximos meses—, pero mucho más valiente que el tramposo leonés. Tomás Gómez ha demostrado que tiene cuajo de líder. Y desde luego un coraje que debería avergonzar a todos los socialistas destacados que podrían haberse enfrentado a Zapatero para impedir algunas de sus tropelías contra la sociedad española. Nos habría ido mejor a todos si en esa ejecutiva sumisa hubiera habido unas cuantas voces dignas que le hubieran dicho a Zapatero que su política era un suicidio a plazos pero no sólo para el partido sino para este país que no quiere suicidarse.

Gómez es por tanto ya el Zapatero del futuro. Osado, sectario, izquierdista, más preparado para la vida, duro consigo mismo, diferencia con el original que le honra, y con los demás. Perfecta cuña de la misma madera que ya ha quebrado el monolitismo cobarde del apoyo incondicional al líder, cada vez más desgastado, errático y definitivamente hundido en su discurso de la nada. Cuando el mayordomo en casa te da un corte de mangas, debes comprender que tu familia lleva tiempo haciéndote luz de gas y puedes estar seguro que las infidelidades se harán más patentes. El Zapatero original podría ahora darnos pena si no nos diéramos tanta pena nosotros por el daño que nos ha hecho. El Zapatero que emerge gracias a la inestimable ayuda de sus enemigos es ya un invitado no deseado en el centro del poder socialista. En todo caso no deja de ser preocupante ver cómo el zapaterismo se prolonga y sobrevivirá al personaje que propició tan funesto invento y tan ruinosa aventura.


ABC - Opinión

Gómez no quiere jugar al post-zapaterismo. Por Antonio Casado

En pleno subidón por el patinazo de Zapatero en las primarias socialistas de Madrid, la derecha política y mediática anuncia el principio del fin del zapaterismo. Quizás acierten tan vivarachos analistas pero no por lo ocurrido el domingo. Ya era lugar común levantar acta del declive del hombre del talante sin esperar el triunfo de Tomás Gómez sobre la candidata de Moncloa. Bastaba mirar la gestión de la crisis económica y el desplome del PSOE en las encuestas. En consecuencia, como precursor de la alarmante pérdida de credibilidad de Zapatero, el caso Gómez reproduce un síntoma tardío y, por tanto, innecesario. De efectos tan inútiles como mear en las cataratas del Niágara.

Más sofisticado es relacionar la decadencia del personaje con el principio del post-zapaterismo. Ahí ya se desliza un hipotético salto a la política nacional de Tomás Gómez. Aunque no lo dicen, porque puede ser verdad, piensan que ha nacido un líder, una estrella de la política, como aquel Barack Obama que dejó a todos boquiabiertos, empezando por Hillary Clinton, en el Arts Club de Chicago, cuando en mayo de 2004 recababa fondos para su campaña de candidato a senador por Illinois (Véase El Juego del Cambio, de Heilemann y Halperin).


Quienes ya venían manejando esa especie en vísperas del 3 de octubre encontraron sumamente significativo el hecho de que Tomás Gómez no mencionara a Zapatero en su discurso de ganador del domingo por la noche. Muchas vueltas le han dado a ese detalle. Sin embargo, no es ingrediente para ese caldo de cerebro. No había intención deliberada de ningunearle sino, bien al contrario, de preservarle.

«Ahora es Zapatero el que necesita el apoyo de Gómez. En Moncloa le han pedido que no contribuya a difundir la idea de que tiene premio llevarle la contraria al jefe»

Que el nombre de Zapatero no saliera a relucir fue un favor que le hizo Gómez, pensando justamente en quienes le han caracterizado como el hombre que dijo “no” al líder máximo del PSOE. Si le mencionaba para mal, les daba alas. Si le mencionaba para bien, sabiendo todos que Gómez no era su preferido, las carcajadas se hubiesen oído en Cartagena. El patinazo de Zapatero estaba demasiado cerca y había sido demasiado clamoroso. Así que lo mejor era el silencio, el tupido velo.

Tomás Gómez estuvo inteligente y le echó una mano. Ahora es Zapatero el que necesita el apoyo de Tomás Gómez y no al revés, como hasta ahora. En Moncloa le han pedido que no contribuya a difundir la idea de que tiene premio llevarle la contraria al jefe. Fue el Gómez generoso y leal el que decidió no mencionarle en la noche del triunfo. No el Gómez envalentonado que buscaba el ajuste de cuentas. Se trataba de no hurgar en la herida y no agitar ese caldo de cerebro de quienes no aceptan algo tan democrático como que sean los militantes, y no los jueces, quienes decidan sobre sus candidatos.

En ese sentido, elevo a definitiva mi conclusión de ayer. Al margen de Zapatero, o a pesar de él, la verdadera victoria de las primarias socialistas de Madrid ha venido a caer del lado de la marca, en términos de motivación y mejora de la autoestima de los socialistas madrileños. Perdió Zapatero pero ganó el PSOE. O, si se quiere, ganó la democracia y perdieron las malas prácticas, tales como el dedazo, la dictadura de los aparatos y el recurso a las estrellas invitadas por encima del escalafón.


El Confidencial - Opinión

Primarias. Maravillas de la partitocracia. Por Cristina Losada

Zapatero sale debilitado de la riña interna, pero ello no significa que el socialismo madrileño emerja fortalecido para la disputa externa. Lo primero, en cualquier caso, promete consecuencias de mayor alcance.

Madrid es Madrid, nada menos. Sin embargo, la elección del candidato socialista a la presidencia de la comunidad madrileña no hubiera tenido mayor relevancia de no ser por el factor que, una vez pasado el trance, niegan todos los implicados. A saber, su impacto sobre Zapatero. Los propios partidarios de la aspirante derrotada sembraron la semilla de esa interpretación que ahora rechazan tajantes, a fin de componer el preceptivo cierre de filas. Pues no fue Esperanza Aguirre, sino Rubalcaba quien proclamó, en su estilo enrevesado, que el mayor activo de Gómez consistía en ser el hombre que le dijo "no" al presidente. De ahí que tirios y troyanos concluyan, con toda lógica, que el triunfo del "rebelde" deja a Zapatero tocado. O más tocado. Que ya es tocar las narices que el mindundi de un partido regional se oponga a los designios del Líder todopoderoso.

Tras la tempestad, la calma y tras los puñetazos, la piña. El héroe de Parla se deshace en elogios a quien quiso echarle de la carrera desde la suprema autoridad del sillón de la Moncloa. La coral socialista canta una victoria común con reparto igualitario de laureles. Suena el clásico "ha ganado la democracia" y los adversarios de ayer se echan un baile agarrao. Pero, ¿qué ha ganado el Partido Socialista de Madrid? Una batalla interna. A cambio de ese triunfo ha elegido, seguramente, al peor de los dos candidatos. A falta de diferencias políticas entre Jiménez y Gómez, en ausencia de un debate de fondo entre ambos, sólo quedaban en juego los valores de "imagen" que sustentaban la apuesta paracaidista de Ferraz. La codiciada y caprichosa "popularidad". Y las bases le han dado la espalda. Han rechazado guiarse por el dictamen de los sondeos y, como ocurre a menudo en las primarias cerradas, la dinámica partidaria ha primado sobre la consideración electoral. Son las maravillas que la democracia opera en la partitocracia.

Zapatero sale debilitado de la riña interna, pero ello no significa que el socialismo madrileño emerja fortalecido para la disputa externa. Lo primero, en cualquier caso, promete consecuencias de mayor alcance. Aunque hay una, de cajón, que el aparato del PSOE no parece dispuesto a extraer. Y es que si aplicara los criterios que intentó imponer a su agrupación capitalina, con las encuestas en la mano, Zapatero tendría que pedirle a José Luis que no se volviera a presentar.


Libertad Digital - Opinión

La puntería del líder. Por Ignacio Camacho

Las primarias de Madrid han reventado por dentro el proyecto zapaterista, víctima de un fallo de puntería escandaloso.
SUELE considerarse una habilidad objetiva de Zapatero, y ciertamente lo es, su capacidad para la reinvención, para la finta in extremis, para la pirueta política. Pero tal supuesta virtud es hija de un defecto anterior, nada irrelevante en un líder con responsabilidad de gobierno, que es su tenacidad para equivocarse. El presidente presume de ser un político que arriesga, líquida cualidad que debe de considerar excelente sin tener en cuenta que los riesgos en que se aventura suelen acarrear consecuencias perniciosas para el Estado que dirige; su doble mandato es de hecho una sucesión de apuestas insolventes —el Estatuto catalán, la negociación con ETA, la presidencia europea, la gestión inicial de la crisis económica— que a menudo le obligan a rectificaciones apresuradas, contorsiones forzadas y volantazos extremos para evitar la catástrofe. En cada uno de ellos se ha ido dejando jirones de credibilidad hasta alcanzar un serio grado de desgaste que hoy por hoy casi le garantiza la derrota en las próximas elecciones. Si se presenta.

En los últimos tiempos, esa tendencia al envite impremeditado se ha extendido a las providencias que mejor controlaba, que son las relacionadas con su propio partido. En las primarias de Madrid ha cometido un error de diagnóstico similar al que le llevó a considerar «hombres de paz» a los batasunos, a evaluar como fracaso el resultado electoral de Angela Merkel, a dar por segura la victoria de Kerry frente a Bush o a minimizar la escala de la recesión. La puntería le ha fallado de modo escandaloso, y aunque sus arúspices se empeñan en culpar a Blanco de la fallida apuesta por Trinidad Jiménez es al líder a quien corresponde la carga de la decisión final. Su equivocación al minusvalorar a Tomás Gómez conlleva además el agravante de que se trataba ya de una autorrectificación: fue él, personalmente, quien designó al entonces alcalde de Parla como sustituto del achicharrado Simancas, en un envite improvisado que en aquel momento debió de considerar una genialidad política.

Su facilidad para revocarse a sí mismo le llevó a encelarse con una nueva cabriola, que ha terminado en un batacazo indisimulable a la vista de todo el mundo. El fracaso —del que ahora trata de zafarse con la retórica de exaltación democrática de las primarias— le ha alcanzado de lleno y con estrépito de unánime repercusión, y compromete a fondo su autoridad, su imagen y su futuro político; ni siquiera una victoria de Gómez frente a Esperanza Aguirre podrá apartar de la opinión pública la idea de que oponerse al designio presidencial constituye un notable activo político. Las primarias de Madrid han puesto de manifiesto, de forma descarnada y en un momento crítico, la completa falta de solidez en que ha derivado el proyecto zapaterista. Lo han reventado por dentro, que es donde los daños resultan más dolorosos e irreversibles.


ABC - Opinión

Zapatero, lastre para el PSOE

Los que animaron a Zapatero a apoyar a Jiménez tienen su cuota de responsabilidad. La debilidad de Zapatero es contagiosa para el PSOE.

LAS dimensiones del revés sufrido por Zapatero en el Partido Socialista Madrileño son suficientes para calificarlo como una crisis política fuera de su control. Lo relevante no es el hecho de que su candidata haya perdido en las primarias madrileñas, sino la cadena de síntomas que se asocian a esta derrota, producida en este concreto momento político. A un dirigente con autoridad y proyectos suficientes, no le hubiera sucedido esto. La derrota de Zapatero tiene una gravedad cualificada porque carece de recursos políticos mínimos para revertirla a corto plazo, que es la única agenda que puede manejar el presidente del Gobierno. Zapatero no tiene un gobierno sólido y creíble que lo proteja con una gestión eficaz. Tampoco tiene una opinión pública dispuesta a disculparle los tropiezos que cometa. Por el contrario, la sociedad española exhibe un claro hartazgo del zapaterismo. Ya no cuenta con un partido y con unas bases receptivas a una llamada de cierre de filas en torno a su persona. Lo intentó su equipo más cercano para que Trinidad Jiménez ganara las primarias y falló. Un equipo que también está directamente tachado por la derrota de Jiménez, al haber implicado de forma personal al presidente del Gobierno en una disputa interna muy condicionada por las escasas posibilidades del PSOE de ganar en Madrid. No había proporcionalidad entre el riesgo que corría Zapatero y el beneficio que pudiera derivarse de la victoria de Trinidad Jiménez. Los que le animaron a apoyar a Jiménez tienen su cuota de responsabilidad. Por eso, la debilidad de Zapatero es contagiosa para el PSOE. El silencio alrededor del presidente se está espesando porque su partido tiene algo más que la intuición de que el camino por el que va Zapatero conduce a una debacle electoral. Baste comprobar que, después de seis años de Gobierno, el de Zapatero se sostiene solo por voluntad de Íñigo Urkullu y Josu Erkoreka.

La cuestión política que debe resolver Zapatero es hasta cuándo antepondrá su voluntad de permanecer en el poder a la necesidad nacional de acudir a las urnas para regenerar políticamente la situación de España. Afirmó que seguiría «cueste lo que cueste» y está haciendo buena su declaración, aunque el resultado de las primarias en Madrid ha introducido un factor novedoso que rompe completamente la pacífica perspectiva de un pacto de legislatura encubierto con el PNV hasta 2012. Zapatero ha hecho de su continuidad un asunto meramente personal.


ABC - Editorial

lunes, 4 de octubre de 2010

PSOE. El proceso de primarias. Por Agapito Maestre

Ni siquiera esta pelea entre gallitos del PSOE de Madrid me hubiera llamado la atención, en verdad, si no hubiera sido porque sólo tenía un objetivo: buscar un candidato perdedor (sic) para enfrentarse a Esperanza Aguirre.

La versión socialista de las elecciones primarias norteamericanas es ridícula. Nada tiene que ver el sistema de partidos políticos de España con EEUU. Nada de esto mueve el interés de los ciudadanos españoles asqueados del actual Estado de partidos. Tampoco termina con la desafección ciudadana hacia unas instituciones políticas, cada vez más vacías de sentido democrático, como los actuales partidos al servicio de un único jefe. En verdad, pocas veces entusiasma a nadie el conocimiento de la vida interna de los partidos políticos. Al margen de los militantes socialistas, no creo que sean muchas las personas que se interesen por la maraña de luchas internas entre renovadores de la base y socialistas de la nada, entre zapateristas y barones regionales, en fin, Zapateros contra Zapateros.

Si los engaños y trampas entre los conmilitones de todos los partidos son constantes, en el caso del PSOE son la base de su existencia. Trasladar al cuerpo electoral sus miserias ha sido casi siempre otra de sus señas de identidad de su accidentada historia; Julián Besteiro no es el único ejemplo de gran político socialista abandonado y, aún peor, perseguido por sus correligionarios. Pareciera que el resentimiento es la sangre que corre por ese partido. Las mentiras y navajazos son las principales armas entre los compañeros socialistas para conseguir un puesto en la cúpula dirigente. La vida del político profesional socialista es dura y, sobre todo, ingrata; se diría que, después de casi siete años de engaños y mentiras de Zapatero, nadie respeta al político socialista en particular ni por su trabajo ni por su eficacia. Ese desprecio al socialista se extiende al resto de la casta política; más aún, se diría que al político nadie le quiere. Sólo se le teme. Provoca miedo, a veces, por su planteamiento ridículo y ajeno a la realidad.


Por eso, sin duda alguna, no hay en España líderes políticos genuinos. Ni siquiera esta pelea entre gallitos del PSOE de Madrid me hubiera llamado la atención, en verdad, si no hubiera sido porque sólo tenía un objetivo: buscar un candidato perdedor (sic) para enfrentarse a Esperanza Aguirre. No se trata de que las primarias del PSOE de Madrid hayan creado ruido y un alevoso debate democrático, que sin duda alguna lo han ocasionado, sino que están montadas para estigmatizar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Curioso. Todo un montaje para cuestionar la excelencia, pues que a nadie se le ocurre cuestionar que Aguirre es una las pocas políticas, en España, con capacidad de liderazgo y carisma democrático.

Cosas peores, desde luego, se han visto en la historia del PSOE, pero esta jugada para deslegitimar a una de las políticas más coherentes y sensatas que ha dado España, en las últimas décadas, mueve tanto a la hilaridad como al desprecio de quien ha organizado este aquelarre de primarias, que no es otro que Zapatero. Risa, sí, provoca Zapatero, porque, independientemente del ganador de Madrid, él sale debilitado de este proceso. Se han hecho primarias en Madrid, en efecto, porque Zapatero quiere sacar fuera del tablero político a Aguirre, pero, al final, el principal deslegitimado es el presidente del Gobierno. Que gana Trinidad Jiménez, dirán los de Tomás Gómez, será porque se ha impuesto toda la maquinaria del partido a su servicio; que gana Tomás Gómez, pues que nadie lo dude, Zapatero tendría que poner pronto su cabeza a buen recaudo. ¡Es de risa o no!


Libertad Digital - Opinión