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martes, 11 de octubre de 2011

Crisis.Madrid, una lección para Cataluña. Por Emilio J. González

Quien siembra vientos recoge tempestades, que es a lo que se ha dedicado Cataluña en los últimos años. Y si quieren prosperar, que tomen ejemplo de lo que se hace en Madrid, por muy duro que les pueda resultar a su orgullo.

Los políticos y los medios de comunicación catalanes se han lanzado a una nueva campaña de victimismo a tenor de la catastrófica situación financiera de la Generalitat, que la lleva a desatender servicios básicos como la sanidad mientras sigue dilapidando los recursos públicos en promover el nacionalismo a toda costa. Lejos de realizar el necesario ejercicio de autocrítica, estos personajes se dedican a criticar al resto de España mientras el Ejecutivo autonómico se las tiene que ver con unas cuentas públicas que no cuadran ni a martillazos, sin tener en cuenta que en otras autonomías, como Castilla-La Mancha, Baleares o la Comunidad Valenciana sus líderes están tomando decisiones drásticas ante la calamidad de su situación financiera. Pero, claro, si se fijaran en lo que se hace en otras regiones no podrían levantar la bandera del victimismo para que vengan otros a arreglarles los problemas que se han creado ellos solitos. Quizá deberíamos enviarles un ejemplar del informe Situación Económica y Social de la Comunidad de Madrid 2010, que el Consejo Económico y Social madrileño ha presentado este lunes, porque dicho documento contiene las claves de por qué Madrid va bien y Cataluña no, por mucho que las comparaciones les resulten odiosas a los catalanes.

Los datos del informe, sin embargo, no admiten lugar a discusión. Por ejemplo, Madrid, con un millón menos de habitantes que Cataluña, aporta al PIB nacional casi lo mismo que los catalanes. De ello se deriva que el PIB per cápita de los madrileños (21.834,8 euros) es claramente superior al de Cataluña (19.541,8). Por supuesto, desde Cataluña siempre se dirá que esto se debe a que la Comunidad de Madrid disfruta de una renta de capitalidad que ellos no tienen, y el mismo argumento emplearan para explicar por qué el 75% de la inversión extranjera en 2010 se concentró en Madrid, o por qué el 24% del total de empresas que se crearon en España fue en esta región. Pretender agarrarse a esa excusa, sin embargo, es un ejercicio de negación de la realidad. Si Madrid está económicamente mejor es porque aquí se aplican políticas liberalizadoras, como en materia de comercio, mientras en Cataluña predomina el proteccionismo. Si Madrid prospera es porque es una comunidad abierta que no expulsa a las empresas con sus políticas de inmersión lingüística ni con sus manifestaciones secesionistas. Si, por todo ello, la economía madrileña crece más y genera más empleo, también contará con más recursos para financiar su gasto público. Si, por último, el Ejecutivo de Esperanza Aguirre se dedicó a recortar el gasto público desde que empezó la crisis en 2007 mientras que otros han seguido tirando alegremente de chequera, porque para eso ya estaba Zapatero dispuesto a darles todos los dineros que quisieran, y ahora se encuentran con que no hay recursos porque las arcas del Estado están vacías, es problema suyo. Quien siembra vientos recoge tempestades, que es a lo que se ha dedicado Cataluña en los últimos años. Por tanto, que se dejen de criticar a los demás y apechuguen con las consecuencias del problema que ellos solitos se han creado. Y si quieren prosperar, que tomen ejemplo de lo que se hace en Madrid, por muy duro que les pueda resultar a su orgullo.

Libertad Digital – Opinión

lunes, 10 de octubre de 2011

Promesas desde Berlín

La recapitalización bancaria acordada por Merkel y Sarkozy exige el rescate inmediato de Grecia.

Angela Merkel y Nicolas Sarkozy repitieron ayer en Berlín la misma táctica que han venido desplegando ante los sucesivos episodios de la crisis financiera europea. Anunciaron que Francia y Alemania han pactado un plan para recapitalizar los bancos, pero dejaron la concreción y la aprobación del plan para finales de octubre; prometieron una pronta ratificación de la reforma del Fondo de Rescate Europeo, pero también queda aplazada hasta finales de este mes, cuando se aprobó ya en una cumbre a finales de julio; y aseguraron que, también antes de noviembre, ambos países presentarán un paquete de medidas para restablecer la zona euro, pero sin más precisiones. Es decir, Sarkozy y Merkel siguieron la táctica de calmar a los mercados, aunque en esa tarea sea más efectivo el acuerdo entre Francia, Bélgica y Luxemburgo para salvar el banco Dexia. Una solución que incluye la creación de un "banco malo", equivalente en principio a una socialización de las pérdidas.

Sin más precisiones, el acuerdo entre Francia y Alemania para recapitalizar la banca europea es una declaración satisfactoria pero difícil de valorar. Se mire como se mire, una segunda recapitalización de la banca europea es un fracaso, porque significa que las pruebas de resistencia ya no servirán para ofrecer confianza a los inversores ni a los propios bancos y porque, lógicamente, no hay razones para que la que se prepara sea la última inyección de dinero que necesitan las entidades financieras. Nada impide que la crisis de la banca, que en un principio se produjo por las hipotecas basura y ahora se debe al deterioro de las deudas nacionales, se manifieste a corto plazo por otras causas o debilidades.


El acuerdo entre Francia y Alemania pide además una cierta reflexión estratégica para que no se convierta en un remiendo más. Francia, Alemania y el BCE tienen sobre la mesa tres problemas: el bancario, que implica una recapitalización de entre 300.000 y 400.000 millones para hacer frente a las pérdidas causadas por la crisis de la deuda; el del rescate de Grecia, en el que también está involucrado el Fondo Monetario Internacional; y la cuestión del instrumento institucional adecuado para combatir la crisis de deuda, es decir, las nuevas funciones del Fondo de Estabilidad. Parece lógico calcular que el problema que hay que resolver primero es el de Grecia. Porque si no es así, el deterioro de la deuda griega seguirá depreciando los activos de la banca.

Francia y Alemania parecen conscientes de la dureza de la crisis, pero no ven con la misma claridad que una parte importante de esa complejidad es que requiere decisiones rápidas. Por el momento, Merkel y Sarkozy ofrecen la misma mezcla política: soluciones acertadas, pero en plazos poco concretos y sin seguridad política alguna. Quizá los Parlamentos nacionales no aprueben el plan franco-alemán de recapitalización, o quizá se crucen otras elecciones. Remedios a corto plazo para una crisis que requiere decisiones en profundidad y un auténtico Gobierno europeo.


El País – Editorial

jueves, 6 de octubre de 2011

Tarde y muy mal. Por Iñaki Ezkerra

Es la expresión que resume la política de Zapatero, que ha acabado haciendo tarde y mal, muy mal, muchas de las cosas que Rajoy le propuso y que él rechazó por ser supuestamente reaccionarias. Una política de viraje y de aterrizaje forzoso en la realidad que tuvo una escenificación gloriosa en tres actos durante mayo de 2010. Tres actos correspondientes a tres fechas.

El 5 de mayo representa la descalificación ideológica. Rajoy se reúne con Zapatero y le propone un paquete de medidas entre las que hay serios recortes del gasto público, que el presidente rechaza soberanamente en nombre del socialismo y con una inolvidable sonrisa.

El siguiente acto llega el 8 de mayo y es la bronca entre bastidores, el teatral «aparte» de las llamadas que recibe de la UE, del BCE, del FMI, de Obama y hasta de los chinos.

El tercer acto se escenifica el 12 de mayo en el Congreso y es el de la rectificación más espectacular que han conocido los tiempos. En dos minutos contados, Zapatero anunció un reajuste en la economía española que les metió un viaje sin precedentes a los funcionarios y a los pensionistas.

Un reajuste de nueve medidas que llegaba eso, tarde y mal. Marcado por la improvisación y la falta de convicción. Como han seguido llegando las medidas posteriores, la reforma laboral que no es tal o la del cálculo de las pensiones. En realidad, esa tragicomedia de la descalificación-rectificación que vivió Zapatero entre el 5 y el 12 de mayo de 2010 se ha venido repitiendo una y otra vez desde entonces. Es la que le lleva a dar bandazos a la derecha y a la izquierda en su campaña al propio Rubalcaba.


La Razón – Opinión

La tragedia continúa. Por Carmen Tomás

El paro junto con la situación económica presente y futura siguen siendo las principales preocupaciones para la mayoría de los españoles. Y no es de extrañar. Las cifras de paro registrado en septiembre conocidas el lunes lo justifican. Más de 3.100 parados cada día del mes es para estar pesimistas. Son casi 100.000 dramas más que hay que sumar a la larga lista que se viene produciendo desde hace ya más de tres años bajo la inoperancia, la irresponsabilidad, la insensibilidad y hasta la mala fe de un gobierno que nos ha conducido al abismo y que además ni se arrepiente ni muestra propósito de la enmienda. Y digo esto por las declaraciones realizadas por los responsables del ministerio de Trabajo que han explicado a los ciudadanos estos datos. Tanto la secretaria de Empleo como el secretario de la Seguridad Social han tenido la caradura de presentar estos datos como el fruto de las políticas de ahorro, ellos le llaman recortes, llevadas a cabo por los nuevos gobiernos del PP en las Comunidades Autónomas. Unas políticas a las que todo el mundo sabe que se han visto abocadas por la situación en que han encontrado las cuentas públicas. Ni una mención, por supuesto, a la nefasta política de casi ocho años de gobierno socialista. A la inacción, primero, y a la equivocación después.

España tiene la tasa más alto de paro de los países serios, el doble de la media de la eurozona y lo es así desde ya varios años. Encontrar ahora el culpable en el PP y en las políticas de ahorro emprendidas precisamente para recortar los agujeros y pagar deudas, en aras de que algunas empresas puedan salvarse o volver a nacer y así generar empleo es sencillamente un ejercicio de desvergüenza. Tampoco se ha cortado un pelo la ministra de Economía que por enésima vez se ha atrevido a asegurar que no van a hacer nada porque ya lo han hecho todo y que las cosas van a mejorar en breve. Hay que recordar las declaraciones que hace apenas unos meses, antes del verano, realizó el candidato del PSOE, Rubalcaba, en las que aseguraba que veríamos meses de crecimiento del empleo. Se crearán empleos y más empleos, decía, en un nuevo engaño a los ciudadanos. Desde luego si Rubalcaba exigió a Zapatero que retrasaran las elecciones hasta el 20-N pensando en que las cosas iban a mejorar, que se siente a esperar la derrota, pero sin paliativos. Los ciudadanos ya no toleran ni una mentira más. El empleo desgraciadamente no va a mejorar en muchos meses y aunque un cambio tras las elecciones provoque ciertas dosis de confianza, el trabajo que hay que hacer es ingente y ya veremos si un derrotado y muy tocado PSOE está a la altura de las circunstancias o agrava las cosas con su propensión a la agitación.


Periodista Digital – Opinión

El hundimiento. Por Charo Zarzalejos

Casi cien mil parados más. Previsiones a la baja para los próximos meses y presagios de una eventual entrada de España en recesión, son datos que abruman y que además tienen un efecto acumulativo. Hace un mes estábamos muy mal, pero hoy estamos peor. El común de los mortales no entiende ni sabe bien que es el PIB, o la deuda. La mayoría, la inmensa mayoría de ciudadanos españoles lo que sabe, lo que sabemos todos, es que la situación produce agobio y desazón. Agobio por el propio presente que cada día es más duro y desazón, una enorme desazón porque es como si el futuro no existiera. La sensación más compartida es la de auténtico hundimiento. Hundimiento de los ahorros, hundimiento de los legítimos proyectos personales, profesionales y familiares, hundimiento, en fin, de un estilo de vida que, con toda seguridad no va a volver.

¿Excesivo pesimismo?. No quisiera. Más bien puro realismo porque cuando los datos son los que son y los vamos conociendo sin previa anestesia nada habría más deshonesto que vender humo. Y venden humo quienes osen , ahora que estamos en campaña, lanzar promesas de imposible cumplimiento o previsiones pretendidamente entusiastas. Las cosas son como son. Duras y dolorosas y cuando se está caminando en hielo se hace más necesario que nunca un buen refugio, una mínima dosis de confianza en los llamados a dirigir tanto nuestro país como los países que nos rodean. Se acabó la fiesta de las gracietas por mucho toque electoral que estas tengan, deberíamos castigar con nuestra indiferencia a quienes teniendo responsabilidad política se alejen, por intereses partidistas, de lo que realmente agobia a los ciudadanos. Por el contrario hay que prestar atención y respeto a quien se atreva a decir la verdad y nos diga que nos esperan tiempos de sangre, sudor y lágrimas y proponga, aunque duela, un rearme moral y ético para que lleguen a sentir vergüenza y mala conciencia quienes, sin mover una ceja, cobran indemnizaciones millonarias cuando con dinero público ha habido que paliar su pésima gestión al frente de entidades financieras. También un llamamiento moral y ético a quienes, por ejemplo, pudiéndose pagar un antibiótico acuden a la Seguridad Social para que lo financie. Hace un tiempo hubiera pensado que lo del antibiótico, además de una bobada, era el chocolate del loro. Ya no hay ni chocolate ni loro sólo una enorme sensación de hundimiento que no se aminora porque desde el Gobierno se diga que el paro ha aumentado por las medidas de ajuste de las Comunidades Autónomas. Ya vale.


Periodista Digital – Opinión

miércoles, 5 de octubre de 2011

La puntilla. Por Carlos Alsina

Es verdad que tratándose de Grecia los datos pueden ser más falsos que los balances de la CAM, pero la estadística dice que su tasa de paro, pese a haberse disparado este año, sigue siendo más baja que la nuestra. De cada cien griegos en situación de trabajar, diecisiete no encuentran empleo. Estando el país en agonía prolongada, con el déficit público en el 8,5 %, la deuda en el 160 % y encarando su cuarto año de recesión, no cabe sorprenderse de tan pésimo dato. En España, sin quiebra, sin rescate y con la deuda pública por debajo de la media europea, veintiuno de cada cien trabajadores está en el paro. Sólo un país europeo está peor que Grecia en este ámbito: el nuestro. Ya sé que el desempleo en España es un mal endémico, que nuestra tasa siempre es el doble que la media europea y que, roto el ladrillo, no tenemos sector alternativo que absorba a esta legión de desempleados. Sé que el último trimestre del año no es bueno para la creación de empleo y que el ajuste de plantillas ha llegado al sector público. Conozco la explicación que da el Gobierno y las explicaciones añadidas que aportan analistas, sindicalistas y académicos. La conclusión me sigue estremeciendo: en paro, estamos peor que Grecia. El dato de septiembre ha dado la puntilla al discurso de la recuperación que, pese a todo, se empeña en mantener el Gobierno. Casi cien mil parados más, de golpe, y dos meses seguidos con las afiliaciones en descenso. El pronóstico según el cual empezarían a llegar los buenos en otoño también falló. El trecho que queda por recorrer de 2011 se ha puesto aún más cuesta arriba. El consumo privado no remonta, el gasto público mengua, la actividad sigue parada y no alcanzaremos a cumplir el seis por ciento de déficit público a final de año. Los dieciocho servicios de estudios del panel que elabora Funcas (la Fundación de las Cajas de Ahorro) coinciden en que 2012 tiene una pinta pésima: el crecimiento no pasará del uno por ciento y la tasa de paro seguirá por encima del veinte. Con la economía al tran tran, la creación de empleo –de existir– será puramente testimonial. El Gobierno, tronchadas sus estimaciones, se resiste a modificarlas porque ya, ¿para qué? Salgado y Blanco ya no hablan de previsiones, sino de «objetivos» que mantiene el Gobierno. Traducido: como no se cumplirá lo estimado, se reconvierte en la expresión de un deseo; el Gobierno ya no prevé, sólo confía, quiere creer y espera. El drama de Rubalcaba es la ventaja comparativa de Rajoy. El candidato socialista, reinventado como gurú del ala izquierda del partido sin haber pertenecido nunca a ella, pretende dar la batalla de las propuestas. Rajoy ni siquiera lo necesita porque ha calado la idea de que es hora de probar cómo gobernarían los otros. El abandono del votante socialista no es ideológico, sino pragmático. Por más empeño que ponga, Rubalcaba no va a ser visto como un cambio. Esta vez la ideología pesará menos. Es la reacción previsible a la sobredosis ideológica que imprimió el Gobierno saliente a sus seis primeros años de andadura.

La Razón – Opinión

Nosotros, los cerdos. Por Angela Vallvey

Antaño, los economistas aseguraban que los auténticos factores que delimitan el progreso económico de una nación son la inteligencia, la educación de sus habitantes y la competencia y honradez de su sistema administrativo; que ningún país puede adelantarse al desenvolvimiento social general, y tampoco progresar sin una Administración eficiente, una Policía incorruptible, unos servicios postales y ferroviarios eficaces, unos jueces no venales y un sistema bancario sólido. En las primeras décadas del siglo XX ya se estudiaba la dificultad de un mundo compuesto por «casi setenta» sistemas económicos «diferentes», muchos de ellos pugnando como podían hacia la industrialización. El planeta ha cambiado sobremanera desde entonces, pero aquellas viejas premisas a mí se me antojan igual de válidas que hace un siglo. Inteligencia, educación, competencia, seguridad jurídica, jueces incorruptos, bancos seguros… no parecen malos principios para sentar las bases a partir de las que construir un bienestar generalizado. En Europa, teníamos mucho de eso, hasta hace poco. Durante un tiempo, los llamados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España…) incluso fuimos «ejemplos» a seguir. Hoy, Europa, el corazón de Occidente, está siendo auto-destruida a través de los PIIGS: los anglosajones nos atacan como fieras con sus agencias de calificación muy, muy sospechosas, sus marrullerías bursátiles y sus periódicos de «influencia mundial». Sus líderes –Obama y Cameron, que están de porquería hasta el cuello, mucho más que nosotros– hacen declaraciones ofensivas y le dan ¡lecciones! al euro, contribuyendo a derribarlo. Dicen que somos un peligro para el mundo. (Hay que fastidiarse). Los líderes europeos, descoordinados e incapaces, faltos de grandeza, les siguen ese juego salvaje que conduce al abismo. Por torpeza, porque sólo atienden a razones electoralistas y porque, a río revuelto, procuran obtener ventajas para sus respectivos países que, con suerte, se traduzcan en votos a sus partidos. Una piensa en la pequeña Grecia, con una población que no llega a la tercera parte de la muy endeudada y quebrada California y un peso económico de broma comparado con el californiano, y se pregunta: «¿pero qué me están contando…? ¿Grecia la amenaza del mundo? ¿España? ¿Italia…?». Y mientras en Grecia sólo falta que la ley prohíba desayunar a los niños de cinco años, para ahorrar, mister Bernanke, republicano presidente de la Reserva Federal, que no se tiene que reunir con nadie para tomar decisiones, fabrica chorizodólares a toda máquina… Y que lloren los griegos, oiga.

La Razón – Opinión

Endeudamiento. Cataluña y el cuento de la lechera. Por Emilio J. González

Si queremos que la corresponsabilidad fiscal sea una realidad en nuestro país, no hay más remedio que quitar a las autonomías cualquier competencia que puedan tener en materia de deuda.

La nueva emisión de bonos patrióticos catalanes, por importe de 4.000 millones de euros, debería servir para abrir un proceso de reflexión profundo acerca de las finanzas de las comunidades autónomas y de su capacidad de endeudamiento. La Generalitat realiza esta nueva emisión porque carece de recursos para devolver el dinero que tomó prestado con la anterior emisión que el Gobierno de CiU llevó a cabo en abril. Es lógico porque como el Ejecutivo regional no ha hecho esfuerzo alguno para reducir el gasto público catalán, ahora no cuenta con capacidad financiera alguna para amortizar esos bonos y tiene que emitir otros nuevos, y a tipos de interés mayores, con lo que compromete todavía más el maltrecho presupuesto de Cataluña. De esta forma empieza a cumplirse aquello que dijo en su momento el premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, de la consolidación de la deuda pública, porque estos bonos a corto plazo, a base de renovaciones y más renovaciones, acaban por convertirse en deuda a largo plazo dado que los políticos se niegan a llevar a cabo los ajustes necesarios para obtener los ingresos con que cancelarlos. Ellos prefieren gastar y gastar y que el que venga detrás arregle los desaguisados ocasionados.

Aquí, sin embargo, CiU se ha equivocado de estrategia. Los ‘convergentes’ contaban con que sus votos en el Congreso de los Diputados pudieran ser decisivos para que el PP llegara al poder o el PSOE lo conservara y, a cambio de ese apoyo parlamentario, que el Gobierno central les arreglara las finanzas de la Generalitat. Por ello, el Gobierno de Artur Mas ha seguido a lo suyo, manteniendo abiertas las embajadas catalanas mientras la Generalitat no tiene ni para financiar la sanidad ni para amortizar los bonos patrióticos, pensando que tendría en sus manos al próximo inquilino de La Moncloa y que a éste no le quedaría más remedio que darle a Mas todo el dinero que necesitara si quería llegar allí y mantenerse en el puesto de presidente del Gobierno. Pero, como a la lechera del cuento, a Mas puede que no le salgan las cuentas, a tenor de lo que dicen las últimas encuestas de intención de voto.

¿Qué lección debemos extraer de ello? Que para evitar que la deuda a corto se consolide en deuda a largo plazo lo único que se puede hacer es prohibir a las comunidades autónomas que la emitan. Si tienen dificultades para cuadrar sus cuentas, entonces no hay más remedio que obligarlas a que recorten sus gastos o a que suban los impuestos y luego rindan cuenta por ello a los electores. Esto es lo que se denomina corresponsabilidad fiscal, y si queremos que ésta sea una realidad en nuestro país, no hay más remedio que quitar a las autonomías cualquier competencia que puedan tener en materia de deuda. Con ello, y teniendo en cuenta que ya no pueden vampirizar a las cajas de ahorros para que les financien, se conseguirá que equilibren sus presupuestos, les guste o no. Es el único camino cuando los dirigentes autonómicos actúan con las enormes dosis de irracionalidad que caracterizan a la Generalitat.


Libertad Digital – Opinión

Y José Luis Rodríguez Zapatero sigue de vacaciones en el limbo. Por Federico Quevedo

Casi 100.000 parados más en el mes de septiembre, una cifra récord en los últimos 15 años pero, sobre todo, el anuncio de que las cosas no solo no mejoran sino que, muy al contrario, amenazan con torcerse aún más. No sé si escucharon ustedes ayer a la ministra de Economía, Elena Salgado, decir entre continuos carraspeos que este era, ejem, un mal dato pero que, ejem, el Gobierno mantiene su esperanza, ejem, en que mejore, ejem. Una broma, pero de muy mal gusto, porque Salgado sabe perfectamente que no es verdad, que lo que se nos viene encima es lo peor de lo peor, que como ya están anticipando los principales analistas internacionales estamos de nuevo a las puertas de otra recesión, y que no encontramos una salida razonable para esta situación porque ni ella misma sabe cómo podemos salir de este círculo vicioso.

Paro, crisis, desesperanza… El 80% de los ciudadanos encuestados por el CIS tienen en el desempleo su principal preocupación, seguida de la situación económica -el 40%- y los políticos -el 23%-… Teniendo en cuenta que las dos primeras van unidas, podríamos decir que, realmente, el segundo problema que más preocupa a los ciudadanos es su clase política, y no les falta razón a los encuestados, teniendo en cuenta la incapacidad de nuestros actuales gobernantes para dar soluciones a la crisis y, sobre todo, su responsabilidad a la hora de no hacer frente a situaciones absolutamente clamorosas por injustas como ya denuncié el pasado fin de semana, y que hoy vuelven a ser noticia después de conocer cómo los ex directivos de NovaCaixaGalicia se lo han llevado crudo en lo que podríamos considerar un verdadero atraco a mano armada a la entidad gallega.


Si a eso sumamos situaciones increíbles que deberían provocar dimisiones en cadena y penas perpetuas de inhabilitación a malos gestores que nos han llevado a la ruina o a cargos públicos sospechosos de haberse dejado sobornar y corromper -¿verdad, señor José Blanco?-, lo sorprendente es que el porcentaje sea solo del 23% y no del 100% a la hora de situar a la clase política como el principal problema del país, porque en definitiva ellos son los responsables de todo lo que nos está pasando.
«Nunca antes un presidente del Gobierno había tenido una responsabilidad tan grande como la que ahora tiene Rodríguez Zapatero sobre las consecuencias que sus erráticas políticas han tenido para las presentes generaciones y para las futuras.»
Y por encima de todos ellos, porque por su cargo tiene un plus de responsabilidad añadida, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, responsable de haber llevado a este país a la peor crisis de toda su historia, responsable de permitir el desmoronamiento de la nación en todos sus ámbitos, y de quien misteriosamente llevamos varios días sin saber absolutamente nada. No hace falta recordar quién es el presidente del Gobierno elegido por los ciudadanos, y las obligaciones que como tal conlleva el cargo, entre ellas la de dar la cara ante una situación excepcional. Pero no.

Desde que apareciera junto a Mariano Rajoy en la foto con Pedrojota Ramírez y señora ataviada con bandera francesa en la presentación del libro del periodista, no hemos vuelto a saber nada del hombre que rige -es un decir- los destinos de este país, el verdadero responsable de una situación alarmante. Es él quien debería darnos explicaciones de lo que está ocurriendo, de por qué este país se hunde sin remisión hacia un fondo que no atisbamos, pero que podemos cifrar en un déficit de más del 8% al final de año -esa es la herencia que nos deja Zapatero-, lo que va a obligar a Rajoy a llevar a cabo un ajuste de caballo en un entorno internacional absolutamente incierto.

Nunca antes un presidente del Gobierno había tenido una responsabilidad tan grande como la que ahora tiene Rodríguez Zapatero sobre las consecuencias que sus erráticas políticas han tenido para las presentes generaciones y para las futuras. Si de alguien estoy absolutamente convencido que debería tomarse una decisión para inhabilitarlo de por vida para el ejercicio de un cargo público, ese es José Luis Rodríguez Zapatero. Yo no pido, como en Islandia, que lo enchironen… Me conformo con que no vuelva nunca más a gestionar nada que dependa de los impuestos de los ciudadanos, porque es evidente que si lo hace las consecuencias pueden ser desastrosas…

Pero, antes de eso, cabría exigirle un ‘mea culpa’, un acto de arrepentimiento, de petición de perdón a todos los ciudadanos que confiaron en él y le votaron, a todos aquellos que un 14 de marzo de 2004 le pedían por la noche que no les fallara y a los que no solo ha fallado, sino que además ha conducido a la mayor ruina de la historia pasada, presente y, probablemente, futura. Es verdad que, como me decía ayer un buen amigo, Zapatero es hoy por hoy irrelevante, pero el hecho de que lo sea, el hecho de que ya no vaya a presentarse a unas elecciones y que tenga previsto tomarse unas vacaciones en León para contar nubes -lo ha dicho él-, no puede ser un atenuante a la hora de exigirle su responsabilidad por habernos llevado a esta situación y por no haber sabido hacer lo que había que hacer para solucionarla, empezando por una convocatoria de elecciones en el mismo momento en el que supo que habíamos cruzado la barrera que nos separaba del abismo.


El Confidencial – Opinión

En curso de recesión

El aumento del paro en septiembre augura otra contracción económica y más alarma social.

Después de tres años de crisis financiera y una recesión mal curada, el desempleo se ha convertido en un problema alarmante para la sociedad española. No solo es el más grave, sino también el más desmoralizador y, sobre todo, el mal para el que no se conocen soluciones razonables a medio plazo. El paro registrado en septiembre ha mostrado su peor cara: durante el mes pasado aumentó en casi 96.000 personas, el peor septiembre de la historia laboral, mientras que las cotizaciones a la Seguridad Social sufrieron una caída casi catastrófica de casi 65.000 cotizantes. Es evidente que las explicaciones oficiales de esta explosión del paro (recortes de inversión y empleo público en las comunidades autónomas) o las que hacen hincapié en la creación excepcional de contratación temporal en julio en el sector servicios durante el verano, no suponen un consuelo para la ciudadanía; antes bien, adelantan que la situación laboral irá a peor durante los próximos meses. La pretensión del Gobierno de crear 100.000 empleos este año ha fracasado.

Con este nivel de desempleo es inevitable calcular que el crecimiento económico va a pasar en breve plazo, desde la fase de casi estancamiento vivida en los dos últimos trimestres, a otra en que puede asomar un riesgo cierto de nueva recesión. El empleo es fundamental para recuperar expectativas de demanda interna y, por tanto, de crecimiento. No es posible sostener la esperanza de recuperación solamente en la aportación de la demanda externa; por tanto, si no se produce en los próximos meses algún atisbo de repunte de la inversión y el consumo, la recesión pasará a convertirse en una desagradable realidad, con los efectos probables de pauperización que acarreará una nueva contracción de la economía sobre una sociedad que se aproxima ya a los cinco millones de parados.


La vertiente del coste del desempleo es otro factor que comprime las opciones de crecimiento. Equivale al 3% del PIB y, como derecho reconocido según las leyes vigentes, su pago no se puede ni se debe evitar. Cualquier recorte de las prestaciones se entendería como una demostración de injusticia social punible en las urnas. Y si alguien la sugiere (como acaba de hacer la presidenta de Castilla-La Mancha, Dolores de Cospedal), debería también explicar cuál es el coste de los recortes en cuanto al mantenimiento de la cohesión social y de la demanda interna.

No hay fórmulas rápidas para crear empleo; cualquier promesa política que presuma de disponer de una es un fraude. Pero sí son posibles las acciones de estímulo, aunque sus efectos no se aprecien a corto plazo. En primera instancia, con los incentivos al aumento del consumo y la inversión que se puedan financiar; también con premios fiscales selectivos a la contratación y con una reforma laboral algo más profunda que la patrocinada por el Gobierno actual para que favorezca la creación de empleo desde el primer atisbo de recuperación.


El País – Editorial

martes, 4 de octubre de 2011

Crisis. Salvar la sanidad y las pensiones. Por Emilio J. González

Ya no hay margen alguno ni para seguir gastando con la alegría con la que el Gobierno de ZP ha tirado el dinero en los últimos años, ni para seguir sosteniendo el crecimiento económico de forma artificial a golpe de recursos públicos.

Los socialistas siguen sin entender que la actual crisis económica, por su naturaleza y por el telón de fondo en que se produce, ha dado la puntilla definitiva a las políticas de estímulo económico basadas en el gasto público porque la única forma de superarla es a base de austeridad. Sin embargo, esto no va con un Rubalcaba que este fin de semana propuso aumentar el sueldo a los funcionarios y subir las pensiones, como si aquí no pasara nada. Aunque luego los vicepresidentes Chaves y Salgado le han enmendado la plana, la corrección ha sido parcial. Y es que este Gobierno en funciones todavía se cree que se puede mantener cierto nivel de gasto público para no provocar una caída mayor del crecimiento económico. Eso es un gran error incluso si ahora un recorte drástico del gasto público nos devuelve de cabeza a una nueva recesión, de la que tenemos bastante difícil el librarnos. Me explico.

La primera parte del problema es que esta crisis ha dejado sin empleo a seis millones de personas, incluyendo a los que están haciendo cursos de formación. Esos puestos de trabajo van a tardar mucho tiempo en recuperarse y sólo se conseguirá si, como escribe Alberto Recarte, se promueve la capacidad exportadora. Ello exige recuperar ese 30% de competitividad perdida desde que el euro entró en vigor, lo cual obliga a reducir los costes empresariales, entre ellos los salariales. Más parados y trabajadores con salarios más bajos implica menos ingresos por cotizaciones sociales en unos momentos en que la Seguridad Social está a punto de entrar en déficit, si no lo ha hecho ya. En estas circunstancias, o se reducen las pensiones, o parte de ellas se financian con cargo a la imposición general, lo cual exige drásticos recortes del gasto público en todo aquello que no sea necesario.

La segunda parte del problema es la pirámide poblacional española. Cada vez va a haber más jubilados por cada trabajador, lo que complica todavía más el futuro de la Seguridad Social, con lo cual volvemos a la situación del párrafo anterior: o se recorta el gasto público para poder destinar más dinero a las pensiones, o se rebajan éstas. Con el agravante de que el envejecimiento de la población supone que el gasto en sanidad crezca de manera exponencial. Luego si en este contexto se quieren mantener la sanidad pública y el sistema de pensiones, o se recortan todos los demás gastos, o no habrá forma de cuadrar las cuentas. Además, el fuerte crecimiento de la deuda pública en los últimos años complica más las cosas porque la Administración no puede renunciar al pago de los intereses que genera dicha deuda. En consecuencia, ya no hay margen alguno ni para seguir gastando con la alegría con la que el Gobierno de ZP ha tirado el dinero en los últimos años, ni para seguir sosteniendo el crecimiento económico de forma artificial a golpe de recursos públicos. De ahí que, guste o no, la primera preocupación del próximo Ejecutivo tenga que ser, necesariamente, la racionalización del gasto si se quieren salvar la sanidad y las pensiones.


Libertad Digital – Opinión

Los tipos deben bajar

La crisis financiera y el riesgo de recesión exigen una solución para Grecia y otra política monetaria.

A medida que pasan las semanas sin que se resuelvan los problemas de fondo de la eurozona parece cada vez más evidente que la supervivencia del euro depende de una solución rápida y terminante de la crisis griega, de un nuevo enfoque de las capacidades que deber tener el fondo de rescate y de una nueva política económica aplicable para el conjunto del área monetaria. Ayer, el anuncio de incumplimiento de los objetivos de ajuste griego, reconocido por Yorgos Papandreu, provocó una nueva convulsión de las Bolsas europeas en otro lunes negro que, a fuerza de repetirse, se acepta ya como un fenómeno inevitable. Es urgente, pues, que la troika apruebe definitivamente los trámites para conceder los tramos de ayuda a Grecia y que se acepte oficialmente que la deuda helena (el 172,7% del PIB en 2012, según las últimas previsiones) necesita una quita importante. Cuanto antes se encaje esta desagradable circunstancia y el problema se resuelva sin que Grecia salga del euro (a pesar de las dudas que puedan acuciar a los países europeos), mejor.

La pieza fundamental de una estrategia más agresiva contra la crisis financiera es que el fondo de rescate actúe como un mecanismo de estabilidad financiera, es decir, se convierta en un banco, como quiere el próximo presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. El cambio en la presidencia del BCE debería ser el momento para impulsar las nuevas funciones del fondo, ampliación que casi todo el mundo acepta pero que Alemania coarta con argumentos confusos. Y, por cierto, debería ser el momento oportuno para que el todavía presidente, Jean-Claude Trichet, acepte errores pasados y baje los tipos de interés. Al menos en medio punto.


Porque, además de la crisis griega, la eurozona se enfrenta a un riesgo de recesión. Los analistas aseguran que, en estos momentos, la probabilidad de una recesión es superior al 40% y la única forma de reducir esa probabilidad es cambiar el signo de la política monetaria. Trichet ya habrá apreciado que el área del dólar sigue una política monetaria y fiscal de carácter expansivo, el área de la libra sigue una política fiscal contractiva y política monetaria expansiva, pero el euro se aplica un autocastigo monetario y fiscal que no está justificado. La contracción impuesta por Alemania y sus satélites perjudica el crecimiento de países como Italia, España o los intervenidos, aumenta la probabilidad de estancamiento o recesión en esos países y deteriora la calidad de su deuda. El ajuste en todo y a toda costa amplifica la crisis de los mercados de deuda.

Por tanto, la política económica de la zona euro debe asentarse sobre una contracción fiscal más selectiva (que ajusten sus déficits aquellos países que lo necesiten, pero en ningún caso otros como Alemania u Holanda, para que actúen como motores de la recuperación) y una política monetaria expansiva, para no aumentar las dificultades de la recuperación en economías que, como la española, se encuentran deprimidas por los ajustes.


El País – Editorial

Grecia, la historia interminable

Hay que dejar claro a los políticos derrochadores que su irresponsabilidad tendrá consecuencias. Sólo así podrá comenzar a escribirse el capítulo definitivo de esta historia interminable en la que se ha convertido la crisis griega.

El Gobierno griego ha admitido este lunes que incumplirá el objetivo de déficit del 7,6% del PIB que se había marcado para 2011 y que era uno de los requisitos establecidos por la troika –Comisión Europea, FMI y BCE– para dar salida al siguiente tramo del rescate al país heleno. La noticia, aunque esperada, es muy preocupante y ejemplifica el tipo de política que ha llevado al país heleno al borde del precipicio: ni siquiera en esta situación de extrema gravedad es capaz de cumplir con sus compromisos. Y es que quienes defienden que se mantenga el calendario de rescate por el peligro de que una quiebra en Grecia ponga en riesgo más de medio siglo de construcción europea no deberían mirar hacia Alemania, Holanda o Finlandia. Esto no es consecuencia de la cicatería de estos países sino de la irresponsabilidad de los políticos griegos.

Aparentemente, podría parecer que la solución más fácil es entregar esos 8.000 millones a Atenas. De hecho, el Ejecutivo heleno ya ha hecho las consabidas promesas de contención del gasto y ha asegurado que llegarán nuevos ajustes, todo ello con el objetivo de ablandar los corazones de sus socios comunitarios. Pero si Grecia no ha cumplido hasta ahora, no hay ninguna razón para que esto vaya a cambiar si se le sigue entregando dinero cada vez que se encuentre con el agua al cuello.


Pese a la retórica victimista del Gobierno de Yorgos Papandreu, no es cierto que se estén tomando todas las medidas posibles para enderezar las finanzas del país. El Estado heleno mantiene activos por valor de 300.000 millones de euros. El Proyecto Eureka, conocido en los últimos días y que ya maneja el equipo de Angela Merkel, no sólo serviría para reducir la asfixiante presencia del Estado en la economía griega, sino que llevaría el nivel de deuda pública a un manejable 85-90% del PIB. Tampoco es para tanto el paso a la reserva de 30.000 funcionarios. Es saludable que se rompa de una vez el mito de la inviolabilidad del puesto del trabajador público, pero el recorte apenas afectará al 4% de los casi 750.000 empleados que tienen las administraciones en este país de apenas 11 millones de habitantes. Y ni siquiera serán despidos: simplemente se ha anunciado su paso a la reserva, manteniendo el 60% de sus ingresos.

En esta situación, este martes se reúne el Ecofin, con el objetivo de decidir si se entrega a Atenas el dinero que precisa para no quebrar este mismo mes. Es necesario que se tome una decisión cuanto antes. Los gobiernos europeos llevan varios meses mareando la perdiz, permitiendo que la incertidumbre se instale en los mercados y retrasando la solución a una crisis que empeora día a día en gran parte por la falta de una salida clara.

Llegados a este punto, es inevitable admitir la bancarrota parcial del país heleno (dentro o fuera del euro), por lo que no queda otro remedio que asignar cuanto antes las pérdidas entre sus acreedores y conocer así la magnitud de la catástrofe, por dolorosa que ésta sea. Al mismo tiempo, hay que presentar y aplicar sin demoras un plan de ajuste consistente, que ponga de una vez por todas las finanzas griegas en el camino de una recuperación real. Y hay que dejar claro a los políticos derrochadores que su irresponsabilidad tendrá consecuencias. Sólo así podrá comenzar a escribirse el capítulo definitivo de esta historia interminable en la que se ha convertido la crisis griega.


Libertad Digital – Editorial

domingo, 2 de octubre de 2011

Emprendedores contra la crisis

En la legislatura que ahora acaba, 168.000 empresas se han visto obligadas a cerrar. La cifra es la consecuencia directa de la gestión socialista de la crisis y del colapso económico consiguiente. Esas decenas de miles de pequeños o medianos negocios que echaron el cierre en estos años propiciaron buena parte de esos cinco millones de personas sin trabajo que España padece en la actualidad. Para entender la trascendencia de esos emprendedores y autónomos, que mantienen el 80% del tejido empresarial, hay que partir del hecho de que crean el 90% de los puestos de trabajo. Hablamos, por tanto, de que esas pequeñas y medianas empresas constituyen en buena medida el músculo económico del Estado y de que el desmoronamiento que reflejan las estadísticas ha debilitado estructuralmente nuestra capacidad de recuperación.

Por tanto, revitalizar ese núcleo formado por pymes y autónomos será una prioridad del nuevo Gobierno. «Las razones del cambio» describen hoy en una extensa e intensa radiografía el presente y el futuro de los emprendedores y de los diferentes sectores protagonizados por este colectivo. Los análisis de los expertos consultados son concluyentes sobre las negativas consecuencias del vigente marco regulatorio, laboral, fiscal y de unas condiciones financieras que han lastrado la capacidad de estas empresas para adaptarse al brusco descenso de la actividad económica. Citar que la tasa de emprendimiento española es la más baja de Europa o que en 146 países de un total de 183 es más fácil crear una empresa que en el nuestro supone señalar carencias fundamentales que gripan un engranaje clave del motor económico.


Muchas son las intervenciones legislativas necesarias, pues la Administración socialista se ha caracterizado por la desatención hacia las empresas. Las reformas estructurales emprendidas han sido tardías e insuficientes, y sus efectos apenas se han percibido porque se renunció expresamente a actuaciones ambiciosas y consistentes. Lo urgente será, por tanto, facilitar el acceso a la financiación y a incentivos fiscales, limitar las trabas administrativas, sobre todo en la creación de empresas, flexibilizar las relaciones laborales y trabajar por garantizar la unidad de mercado.

Mariano Rajoy ha entendido con acierto que las pequeñas y medianas empresas resultarán imprescindibles para el objetivo primordial de su proyecto, la creación de empleo. Ayer en Valencia, el presidente del PP detalló un paquete de medidas para favorecer a los emprendedores y estimular la actividad. Iniciativas como una bonificación de 3.000 euros al empresario que contrate a su primer trabajador y la reducción de diez puntos en el Impuesto de Sociedades para las empresas que reinviertan sus beneficios. Rajoy comprometió también una reforma de la reforma laboral que consagre los convenios de empresa, otra de la administración, que ahorre gastos y prescinda de tanta regulación, y la culminación de la reestructuración bancaria para que fluya el crédito. España necesita un tejido empresarial importante y para ello debe apostar con decisión y recursos por los emprendedores y los autónomos. Es el camino más recto a la recuperación y los planes de Rajoy van en la dirección correcta.


La Razón – Editorial

sábado, 1 de octubre de 2011

Saber gastar. Por Julia Navarro

El PSOE quiere hacer una campaña defendiendo los logros de la socialdemocracia. En teoría eso es lo que les corresponde, el problema es que los socialistas están gobernando y hace tiempo guardaron el programa socialdemócrata en el cajón.

Dice Rubalcaba que es posible mantener el Estado del bienestar sin recortarlo más e incluso volviendo atrás en algunos de los recortes. Bueno, pues si se puede que lo hagan ya. Es más me pregunto por qué el Gobierno viene haciendo lo contrario, ahora y también cuando el candidato formaba parte del Ejecutivo. Es difícil comprender que prometan para mañana lo que no han hecho hasta ahora.

Claro que el PP tampoco puede presumir. Se les había llenado la boca de exclamaciones contra el recorte de las pensiones, la bajada de sueldo de los funcionarios, y lo último, el Impuesto de Patrimonio, pero ahora resulta que van a dejar las cosas tal cual las ha aprobado el PSOE.

Aquí, la única verdad es que nuestro país sufre una crisis brutal y que en los años pasados los gobiernos, el central y los autonómicos, han gastado lo que no había. Es decir, han gestionado de manera irresponsable.


Ahora mismo tenemos un ejemplo de como se las gastan nuestros políticos. Artur Mas nos ha encogido a todos el corazón anunciando que no tenía dinero para pagar a los geriátricos, pero al mismo tiempo le ha regalado 221.000 euros a las organizaciones juveniles de los partidos políticos. O sea, un escándalo.

Saben, a mí me parece que eso es malgastar el dinero público. Mientras que las Juventudes de CiU, del PSC o de quien sea reciban un dinero para sus actividades varias, la mayor parte se lo gastan en burocracia, se deja a su suerte a miles de ancianos en toda Cataluña. Yo no sé como no se les cae la cara de vergüenza a todos. A los responsables de la Generalitat por dar ese dinero y a las organizaciones juveniles por aceptarlo.

En los albores de nuestra democracia estaba más que justificado que el Estado apoyara económicamente a partidos políticos y sindicatos. Pero nuestra democracia está más que asentada y digo yo que ese dinero que reciben los partidos podría dedicarse a los ciudadanos. Los partidos deberían de financiarse con las cuotas de sus afiliados o en todo caso percibir mucho menos dinero del que ahora reciben de las arcas públicas.

Luego se extrañan de que miles de personas secunden el movimiento de los Indignados, que lo que vienen a expresar es que están hartos de esta manera de hacer política. Lo cierto es que cada día que pasa notamos más los efectos de la crisis y que nuestro país está siguiendo al dedillo los dictados de los mercados. Hay que ahorrar nos dicen, y es verdad, hay que ahorrar o lo que es lo mismo: no hay que despilfarrar que es lo que se ha hecho durante muchos años. Pero entre despilfarrar y cerrar quirófanos, entre gastar alegremente y echar a los profesores interinos a la calle, entre la libre competencia y vender las pocas joyas que nos quedan como los aeropuertos o la Lotería, digo yo que median muchos pasos. Lo peor es que hasta ahora ninguno de los dos candidatos que pueden ganar las elecciones, léase Rubalcaba y Rajoy, terminan de hacer un discurso creíble sobre lo que van a hacer o dejar de hacer en caso de llegar a la Moncloa. Y esa es la cuestión.


Periodista Digital – Opinión

Malos banqueros y políticos nefastos, ¿todos a la cárcel?. Por Federico Quevedo

Tengo un buen amigo, más bien tirando a izquierda que a derecha, pero que más allá de ideologías razona con mucho sentido común, moderación y sensatez, que dice que si Mariano Rajoy se atreviera a meter en la cárcel a unos cuantos banqueros nada más llegar al Gobierno, la prima de riesgo de España bajaría por lo menos cien puntos. Yo añado a eso que, si además metiéramos también en la cárcel a unos cuantos políticos de estos que nos han dejado en la ruina, la prima de riesgo bajaría otros cien puntos más, y ya estaríamos seguramente en un nivel respecto del bono alemán bastante aceptable.

¿Por qué digo esto? Pues, francamente, porque estoy hasta las narices, por no decir otro lugar de la anatomía masculina, del punto de sinvergonzonería al que hemos llegado en este país para escarnio de una sociedad civil que está aguantando lo inaguantable, viviendo dramas brutales, soportando una crisis durísima a la que nadie ve fin y siendo víctimas de un ajuste que, como siempre, pagan los mismos: los más pobres, las rentas del trabajo, las familias… Y de la que se libran también los de siempre: los más ricos, los funcionarios, los liberados sindicales y la clase política que nos ha conducido a esta situación y que lejos de asumir responsabilidad alguna se empeñan encima en seguirnos vendiendo su demagogia barata y sus mentiras interesadas y cuyo único objetivo es que la gente les vote para seguir estando en el machito.


Hasta la coronilla, se lo digo en serio. El nivel de saturación empieza a ser ya alarmante. El otro día en mi twitter recibo este mensaje cargado de desesperación: “Los únicos que han recortado todo lo que han podido han sido los sociatas de mierda del PSOE”. “Hombre, quitando lo de sociatas de mierda, lo demás es cierto”, le respondo. “Perdona, Federico, pero me sale del corazón: tengo a mi hijo, nuera y nieto en paro y viviendo conmigo de mi pensión”. Esta es la puñetera realidad de este país. Esta, y la de las cuentas bancarias bloqueadas, la de los embargos, la de los cortes de suministro eléctrico-agua-luz-teléfono y demás servicios esenciales y supuestamente universales, la de los recibos devueltos de los colegios, la de no llegar a mitad a de mes y la de no saber con qué se va a vivir el mes siguiente.
«Que no nos mientan más. Pero, sobre todo, que empiecen a hacer algo para que la ciudadanía deje de tener la sensación de que el coste de esta crisis solo recae sobre ella.»
La gente lo está pasando mal, rematadamente mal, y estos políticos de mierda como dice mi interlocutor siguen empeñados en querernos convencer de que ellos lo han hecho todo bien y a partir de ahora lo van a hacer mejor. Pero, ¿cómo nos vamos a creer las mentiras de un señor que ha dejado el ayuntamiento de Parla al borde del embargo judicial? ¿Cómo vamos a creer que no va a hacer recortes un presidente autonómico que ha estado a punto de que le corten el suministro eléctrico en su despacho oficial? ¿Por qué tenemos que hacer caso a lo que nos diga un ex presidente que ha dejado los cajones de su administración autonómica repletos de facturas sin pagar y ha mentido descaradamente sobre su déficit? ¿Qué credibilidad puede tener un señor que ha votado a favor de congelar pensiones, bajar el sueldo a los funcionarios, eliminar el cheque bebé y las deducciones para compra de vivienda, cuando dice que no va a tocar el gasto social?

¡Joder! Que no nos mientan más. Pero, sobre todo, que empiecen a hacer algo para que la ciudadanía deje de tener la sensación de que el coste de esta crisis solo recae sobre ella. ¿Cómo es posible que haya pasado lo que ha pasado en la Caja de Ahorros del Mediterráneo sin que eso no tenga de inmediato consecuencias penales? Y no solo para los administradores de la caja, sino también para quienes sabiendo lo que ocurría miraron para otro lado. Pero ¿en qué puñetero país vivimos? ¿Por qué esa gente se va siempre de rositas y con unos cuantos millones en cuentas corrientes en paraísos fiscales? ¿Por qué tenemos que pagar ahora de nuestro bolsillo, del dinero de nuestros impuestos, los desastres de su mala gestión, mientras ellos nos siguen apretando las tuercas y ahogándonos cada día un poco más?

A los ciudadanos nadie nos ha preguntado si queremos salvar cajas de ahorros quebradas vía FROB. ¡Que las dejen hundirse en su miseria y que arresten a sus gestores! Eso es lo que pide la ciudadanía. No se trata de poner más impuestos de patrimonio demagógicos que al final van a acabar pagando unos cuantos desgraciados que han comprado su casa con el fruto de sus ahorros.

No, no, se trata de que también los funcionarios sepan lo que significa apretarse el cinturón y ver en peligro su puesto de trabajo, de que los liberados sindicales hagan otra cosa que no sea perder el tiempo en los bares... Se trata de que los responsables de lo que ha pasado paguen de verdad, y la situación a la que nos han llevado no se paga con dinero, se paga con Justicia, y Justicia con mayúsculas. Si tanta prisa se dan a veces para meter en la cárcel a un alcalde por presuntos delitos de corrupción, aunque a veces luego sean falsos, ¿por qué no se dan la misma prisa para meter en la cárcel a quienes han provocado auténticos desfalcos en las entidades financieras y en las cuentas públicas? Empecemos por ahí, y habremos empezado, de verdad, a regenerar la vida y la convivencia de este país que se desangra y se desespera por sus cuatro costados.


El Confidencial – Opinión

Rubalcaba. Recortes no, quiebra. Por José T. Raga

La elección es bien sencilla: si no queremos sacrificios, si no queremos recortes, tendremos que optar por la quiebra. Los recursos, señor Rubalcaba, no se generan con palabras ni con falsas promesas.

Mal empezamos en la ya iniciada precampaña. El comienzo en la casa de la izquierda no ha podido ser más expresivo: un día de lucha. Lucha contra el PP, lucha contra la derecha, lucha contra los ricos, en definitiva lucha, lucha y más lucha. Es el espíritu de la destrucción que siempre ha anidado en ella; baste ver cómo está la Nación española después de sus casi ocho años de desgobierno.

El candidato del PSOE, fuera de la realidad que vive el país, se ha permitido criticar la política de recortes de otros partidos, prometiendo que la suya será de garantías y cuentas claras. Si el candidato fuera oligofrénico produciría ternura y compasión, disculpándole por su desconocimiento de lo que se puede y no se puede hacer. Pero no siendo el caso, no merece disculpa, pues, lo que hay detrás de la promesa es maldad, engaño y voluntad de caldear los comicios para que, como dijo don José Blanco, se dé la vuelta a la voluntad popular como ya se hizo en marzo de 2004. Espero que ahora con menos muertos.

El discurso que se está dando desde la izquierda es escrupulosamente falaz. Oyéndoles se diría que los recortes, éste es el término que se ha acuñado para las acusaciones al PP, son el resultado caprichoso de una ideología retrógrada de derechas cuya finalidad es reducir el estado de bienestar y, si puede, aniquilarlo.


Que el candidato del PSOE hable de los recortes es la forma sublime de autoinculpación. Sin despilfarro, sin quiebra del sistema tal como se está viendo en estos momentos, no se precisarían recortes ni a nadie se le habría ocurrido tal solución. Es la mala administración de los recursos la que ha conducido a nuestra Nación al caos económico; el político, jurídico y social, ya se había conseguido con anterioridad.

En estos ocho años, las administraciones públicas han entrado en una espiral de déficit y endeudamiento que pone al borde de la quiebra nuestro sistema económico y con él a la propia estructura social. Lo que en otro tiempo se conocía como Seguridad Social, hoy ha llegado a un grado de inseguridad que siembra la inquietud en nuestra población.

¡Las arcas están vacías! No hay dinero para pagar a los funcionarios ni a los proveedores; la sanidad pública y el sistema público de pensiones son insostenibles; el sistema educativo se resquebraja en calidad y en respuesta social. Las alegrías del señor ZP y de su Vicepresidente Rubalcaba han conducido al país al borde del precipicio, y es esa situación y no otra, la que obliga a recortes procurando ahorros para atenuar el mal producido. Ocultar estos hechos, es un crimen contra el pueblo español que debería perseguirse aquí, como se ha hecho en Islandia.

La elección, pues, es bien sencilla: si no queremos sacrificios, si no queremos recortes, tendremos que optar por la quiebra. Los recursos, señor Rubalcaba, no se generan con palabras ni con falsas promesas.


Libertad Digital – Opinión

Rectificar. Por Isaías Lafuente

En las últimas semanas hemos asistido a una cadena de rectificaciones políticas que nos proporcionarían material suficiente para ilustrar con el ejemplo un tratado sobre materia tan humana. La última, la marcha atrás del gobierno en su intención de privatizar un tercio del Organismo Nacional de Loterías del Estado. Parece que el mercado no está para bollos y que los potenciales inversores estaban dispuestos a comprar a un precio sustancialmente por debajo de las expectativas y, ante la tesitura de vender una joya a precio de saldo, se ha preferido esperar a tiempos mejores. Habrá quien valore la prudencia de la decisión, pero también quien aproveche para cargar contra quienes idearon la privatización en momento tan inapropiado. Convendrá preguntarse cómo descuadra las cuentas del Estado esta operación fallida por la que Hacienda esperaba ingresar 7000 millones de euros. Incluso, en esta etapa de sobrevenida transparencia, no estaría de más que se informase sobre el dinero empleado en la masiva campaña de publicidad que ha acompañado la abortada salida a bolsa. Y no desechamos que circule algún chiste que hurgue en la herida de un gobierno amortizado que no tiene suerte ni para vender la Lotería Nacional.

Pero el camino de la rectificación está muy transitado en los últimos tiempos. Fue memorable la marcha atrás que tuvieron que dar los consejeros de RTVE en su intento de colarse en el sistema que utilizan los profesionales de la televisión pública con el afán de fiscalizar y controlar sus informaciones antes de ser emitidas, algo que en otros tiempos hacía la censura de manera descarada pero que creíamos enterrado en democracia. Tuvo que rectificar la presidenta de la Comunidad de Madrid al ¿confundir? las horas lectivas de los profesores con sus horas laborales. El PP tuvo que salir en tromba para rectificar a su portavoz, Esteban González Pons sobre la promesa de crear tres millones y medio de empleos en la próxima legislatura. Y tampoco está nada mal el último giro dado por el presidente de la Generalitat catalana al proponer en el Parlament un impuesto para las grandes fortunas unos días después de que su grupo se hubiera abstenido cuando se votó la recuperación del impuesto de patrimonio.

En fin, si errar es humano, la rectificación del error nos humaniza aún más. Pero en un periodo electoral como el que se avecina, los partidos tienen la obsesión de no cometer el mínimo error que les pueda quitar un puñado de votos. A la vista de los acontecimientos, los responsables de las respectivas campañas tienen mucho trabajo por hacer.


Periodista Digital – Opinión

Cajas nacionalizadas

El gobernador da por cerrada la recapitalización, pero el crédito sigue sin restablecerse.

El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, dio ayer por culminada la recapitalización de las cajas de ahorros, aunque reconoció que, "si hay más necesidades de capital, las entidades deberán revaluar sus activos ponderados por riesgo y pedir más capital". Con buen criterio, Fernández Ordóñez expresaba abiertamente que la crisis no ha finalizado y que el capital de las entidades financieras puede depreciarse en el futuro. Pero a día de hoy, el plan de reestructuración de las cajas ha concluido, y lo ha hecho con la entrada del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) en Novacaixagalicia, CatalunyaCaixa y Unnim.

No es un secreto que la reforma se ha ejecutado con retraso, vacilaciones y errores. Las tres cajas nacionalizadas son el fruto de sendas fusiones regionales realizadas por motivos partidistas, es decir, para que los Gobiernos de turno siguieran controlando su caja. El sentido común y la penosa situación de las entidades recomendaban otro tipo de medidas, pero las presiones de los políticos (Núñez Feijóo debería admitir su error al empeñarse en fusionar las cajas gallegas) y la dejadez del Banco de España obraron el desastre. Tampoco estuvo ayer muy afortunado Fernández Ordóñez cuando afirmó que la Caja Mediterráneo (CAM) es "lo peor de lo peor". No solo porque genera una alarma innecesaria en sus clientes, sino porque el Banco de España dispone de los instrumentos necesarios para evitar irregularidades como las registradas en la CAM.


Pese a todo, las demoras o errores cometidos no autorizan al portavoz del PP, Cristóbal Montoro, a incorporar la recapitalización de las cajas a un saco sin fondo de la "herencia recibida". La reforma se ha ejecutado tarde y con poco sentido de la oportunidad (Bankia y Banca Cívica han salido a Bolsa en el peor momento de los mercados de los últimos 80 años), pero no queda pendiente para el futuro. Salvo que la economía europea y la española entren en una nueva fase de recesión, las inyecciones de capital fresco deben ser suficientes para sostener la solvencia de las entidades.

La banca se enfrenta ahora a otros problemas de singular gravedad que tienen consecuencias para el crecimiento económico y el empleo. Bancos y cajas tienen en este momento problemas de rentabilidad. Están sufriendo una caída importante en los márgenes de negocio y el encarecimiento de las primas de riesgo no ayuda a disponer de recursos de inversión. La obsesión por reducir riesgos y cumplir las obligaciones de solvencia cristaliza en una política de restricción del crédito, lo que dificulta la recuperación. Según los banqueros, la sequía crediticia durará al menos hasta 2013. Así que la recapitalización no era el único remedio para ese problema. Ahora se apunta otra causa, el excesivo endeudamiento de la banca. Quizá estemos en el comienzo de una cadena de causas sin fin.


El País – Editorial

El sistema financiero más sólido del mundo

En otros países la inyección de dinero público se hizo en 2008, cuando endeudarse era más barato, mientras que España lo ha retrasado innecesariamente hasta este momento, cuando más caro nos saldrá a los españoles.

Muy optimista se ha mostrado el gobernador del Banco de España al asegurar que tras la nacionalización de Catalunyacaixa, Novacaixagalicia y Unimm ha terminado la recapitalización del sector financiero español. Es cierto que, si se cumplen las previsiones, no hará falta la entrada de más dinero de los contribuyentes en las cajas, aunque el propio Miguel Ángel Fernández Ordoñez ya nos había dicho cada vez que ha habido que poner dinero en una caja que esa vez sería la última. Pero el sector en su conjunto, suponiendo que la situación económica no empeore aún más, no habrá completado el proceso hasta finales del año que viene.

Se puede criticar, y con razón, que empresas como bancos y cajas que no son capaces de sobrevivir por sus medios deberían quebrar. Pero ningún gobernante se puede permitir jugar con la estabilidad del sector financiero de su país, de ahí que hayan intervenido para salvar sus bancos. Pero en otros países la inyección de dinero público se hizo en 2008, en momentos en que endeudarse era más barato para los estados, mientras que España –seguramente para no reconocer que nuestro sector financiero no era "el más sólido del mundo"– lo ha retrasado innecesariamente hasta este momento, cuando más caro nos saldrá a los españoles. Uno de los problemas fundamentales de la economía española es la falta de crédito, en parte debida a la necesidad de sanear los balances de las entidades financieras. Si este proceso se hubiera hecho con la debida rapidez, este problema no sería tan acuciante en este otoño de 2011.


Si se admite que el bien común obligue a intervenir y salvar a las cajas públicas, tras una crisis que los bancos privados han soportado mejor, lo menos que se puede exigir es que se actúe contra los responsables concretos de llevar a sus entidades a la ruina. Desde Hernández Moltó hasta los directivos de la CAM que aprovecharon la situación de la entidad para concederse a sí mismos un buen pellizco. Pero no parece claro que haya intención de hacerlo. El propio MAFO ha considerado "escandaloso" el caso de la CAM, pero prometió actuar con un "cuidado exquisito" y no ha anunciado la apertura de expediente alguno. Quizá debieran ser los fiscales los que actuaran más pronto que tarde.

En cualquier caso, hay que recordar que no es el rescate de las cajas lo que nos está hundiendo en esta segunda recesión provocada por la deuda pública. Desde luego, no ayuda. Pero el verdadero problema es que el Estado ha crecido demasiado y ha financiado políticas cuando menos discutibles en el momento en que se aprobaron, pero imposibles de pagar en época de vacas flacas. Ha llegado la hora de recortar gastos.


Libertad Digital – Editorial