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viernes, 6 de noviembre de 2009

Comienza el drama de los avalistas: los jubilados pierden su piso. Por Libertad Digital


POR LA MOROSIDAD DE SUS HIJOS, los pensionistas empiezan a perder sus pisos debido a los embargos bancarios, como resultado de la ejecución de avales, concedidos en su día para que sus hijos pudieran adquirir un piso en propiedad. La imposibilidad de hacer frente a la hipoteca provoca que los bancos les reclamen a ellos la deuda.



"En los últimos meses estamos asistiendo económicamente a muchas personas mayores que están pasándolo muy mal por esta situación y que hasta ahora era impensable que pudieran ser sujetos de la ayuda social", según señaló el martes la directora de Cáritas Diocesana en Valencia, Concha Guillén, tras una reunión con la consellera de Bienestar Social, Angélica Such, a la que también asistieron los responsables de Cáritas en Alicante y en Castellón, informa laverdad.es.

El perfil medio suele ser el de una mujer con una pensión de viudedad, ya de por sí muy justa, cuya vivienda la tenía en propiedad. "La crisis ha enviado a familias enteras al paro. En muchos casos no pueden hacer frente a la hipoteca y el banco, para cobrar la deuda, recurre al avalista". "Es muy dramático,pero muchas personas mayores se ven obligadas a entregar sus pisos para pagar las deudas de sus hijos", explica Guillén.

Como resultado del embargo, no les queda más remedio que vivir de alquiler, "pero ni a ese pago pueden hacer frente, por lo que la única salida que encuentran es en la ayuda que reciben de Cáritas".

De hecho, la cantidad media que la institución destinaba hasta ahora a la ayuda para el pago de alquileres rondaba los 24.000 euros mensuales, "una cifra que ha aumentado hasta "target="_blank">los 35.000", según Guillén. A lo largo de 2008, la institución atendió a 41.059 personas. Las peticiones de ayuda este año se han disparado. De hecho, en el mes de septiembre la institución ya había sobrepasado en 250.000 el presupuesto anual.

Los destinatarios de las ayudas suelen ser mayoritariamente inmigrantes (68,5%), pero poco apoco también crece el porcentaje de españoles (31,5%). El perfil de estos últimos "no sólo responde a individuos con desarraigo, sino que aumentan los casos de familias perfectamente integradas socialmente que de la noche a la mañana se quedan sin nada", indicó Guillén. "Hemos pasado de atender a los pobres a ayudar a nuestros vecinos", aseguran desde Cáritas.

Acción de Gobierno Y Afectados por la hipoteca

Libertad Digital

sábado, 31 de octubre de 2009

ESPIRITU REPUBLICANO. Por A. G. Trevijano

La fidelidad a la monarquía es un permanente amor sin correspondencia. Y se puede ser monárquico aunque los reyes no lo sean. Si Juan Carlos lo hubiera sido, no habría aceptado ser nombrado por un dictador, ni traicionado a su padre. Las monarquías rompieron el feudo medieval, que ligaba recíprocamente a señor y vasallo con un pacto de protección y sumisión, disolviendo el sentimiento de patriotismo feudal. La patria pasó a ser el territorio marcado por los límites del patrimonio de las Casas Reales. Hasta que las revoluciones, las de aquél y este lado del atlántico, despertaron el patriotismo nacional con sus respectivas Repúblicas.



En su extenso patrimonio Real, la Casa de Austria subordinó los intereses españoles a los imperiales, y la de Borbón, a los franceses. A ninguna de nuestras dos repúblicas las trajo ni animó un patriotismo nacional. La guerra civil aniquiló el sentimiento natural de la patria. Y la dictadura creó una patria nacionalista para los vencedores. La monarquía de Juan Carlos se descompone en nacionalismos feudales, en nacionalidades totalitarias de País y Comunidad, con aspiraciones de Estado, en feudos nacionalistas de corrupción de partidos y discriminación de habitantes, retornando al patriotismo feudal. La conciencia nacional, la libertad política, la verdad y la decencia pública no encuentran sitio ni ocasión para patriarse en España.

No se puede esperar de una Monarquía transaccional que sea patriótica, ni de ningún nacionalismo que sea democrático o, al menos, liberal. Con el paso del tiempo, las situaciones políticas cambian, como las personas, exagerando sus inclinaciones. En la ficción del como sí nada pasara, la sociedad real no puede frenar la tendencia desintegradora de la conciencia española, ni el desprecio a la verdad en la opinión. Lo español y lo verdadero se encuentran juntos en el destierro. Y en este oscuro ostracismo, una nueva idea de la República aparece en el horizonte de la esperanza, con banderas de lealtad, en busca del espíritu republicano que la fecunde de patriotismo natural, de modernidad inteligente y de dignidad pública. Hecho insólito. ¡España, verdad y democracia bajo un mismo estandarte!

En búsqueda del espíritu público que la realice, la idea republicana tropieza con la barrera que le opone el materialismo de la monarquía transaccional. Sin principios éticos, el consenso de monarca, partidos estatalizados, medios de comunicación, instituciones financieras, empresas privatizadas, autonomías faraónicas y municipios inmobiliarios, ha creado una cultura mercantilizada, donde el espíritu equivale a hipócrita vacuidad. Nada de orden espiritual puede ser operativo en un mundo de intereses económicos sostenido formalmente por un solo espíritu. El de partido estatal.


Obligada a rastrear las huellas del espíritu republicano en otros tiempos y lugares, la investigación histórica descubre que éste aparece, dando alegría y esperanza a la causa de la República en sus momentos fundadores, y desaparece, como espectro atormentado, tan pronto como se inventa para ahuyentarlo la macabra institución del orden público.

Este tipo de orden estatal no existía en las Monarquías de los tres órdenes, ni en la mentalidad terrorífica de aquella Salud Pública de la soberanía popular. Nació en las encuestas de la policía durante el Directorio, y Napoleón lo tomó como fundamento no solo de la tranquilidad en las calles, sino como principio ordenador del Derecho Público y Privado. Hasta la familia y la propiedad se hicieron cuestiones de orden público.

Los Estados totalitarios y las dictaduras no tuvieron más que sistematizar la represión política, creando tribunales de orden público napoleónico, entendido sin tapujos como orden estatal. Era de esperar que esta Monarquía de Partidos se sentara en el trono del orden público establecido por Franco, para ahuyentar al espíritu republicano que la asustaba. Y el consenso mediático ha creado la opinión general de que la República, ordenación de los asuntos comunes, es incompatible con el orden público.

Esta propaganda monárquica no sabe bien hasta que punto acierta. Es verdad. El espíritu republicano es antitético del que inspira el orden público. Pero no por los desórdenes civiles que imaginariamente se le endosan para asustar a la ignorancia, sino porque el espíritu de la República, nacido de la lealtad, conduce a la fundación de un orden civil en la Sociedad, que hace adjetiva -no sustantiva como en la Monarquía de nacionalidades, terror y discriminación- la necesidad de reprimir sus alteraciones con la medida excepcional del orden público.

El orden público solo puede ser la parcela patológica que el orden civil de la Sociedad deja a la prevención y cuidado de la terapia estatal. Ninguna acción concerniente a la sociedad política, o a las instituciones civiles, podrá caer en las garras del orden público. Y el espíritu cívico de la República Constitucional, que es el nuevo espíritu republicano, se bastará para discernir lo que es acción civilizada de libertad política y derechos civiles, de lo que es brutalidad, vandalismo, crimen y terror.

El orden público heredado por este Régimen monárquico, ha impedido toda posibilidad de espíritu republicano. Sin él, no puede haber unidad ni dirección convergente en las dispersas manifestaciones republicanas. Es cuestión de orden público. Por eso el MCRC, antes de pasar a la acción, está definiendo el espíritu cívico de la República Constitucional.



A. G. Trevijano

viernes, 18 de septiembre de 2009

Pedro J: Patochadas, mentiras e influencia perversa a favor de Zapatero . Por Enrique de Diego


lunes 27 de julio de 2009

Me ha llenado de satisfacción que Eulogio Paz, padre de Daniel Paz Manjón, asesinado a la edad de 20 años por terroristas islamistas en un vagón de cercanía en la estación de El Pozo, se haga eco de un editorial de ‘A Fondo’ en el que, con toda justicia, califiqué a Pedro Jota como el mayor manipulador del reino.


Quiero reiterar que Pedro Jota se ha convertido en un mentiroso compulsivo, que no ha investigado nada sobre el 11-M y que sólo se ha dedicado a oscurecer lo obvio con auténticas chorradas impropias del panfleto más indigno. En los dos últimos meses se ha dedicado, con portadas basura, y refritos cutres de mentiras ya publicadas varios años antes, a intentar dar la imagen de que sigue investigando, cuando lo único que sucedía es que tenía una demanda en curso. Pedro Jota ha perpetrado el mayor fraude periodístico de la historia, mofándose de sus lectores y situando en el descrédito social a quienes, sin espíritu crítico, le han seguido en sus patochadas. Aunque al lado de la vejación a las víctimas sea una cuestión menor, Pedro Jota no ha hecho otra cosa que servir a Zapatero, haciendo perder el tiempo y situando su influencia en términos de perversión.

Blog E. de Diego

domingo, 13 de septiembre de 2009

El primer editorial de es.Findesemana Por Luis del Pino


Ni su voz ni la mía pueden, por si solas, querido oyente, cambiar las cosas. Pero no hay injusticia que aguante el estruendo combinado de millones de voces.

Muy buenos días. Hoy es sábado 12 de septiembre y están ustedes escuchando esFindesemana, el programa de esRadio para las mañanas de los sábados y los domingos.

Puesto que hoy es la primera edición del programa, quizá sea bueno empezar con una declaración de intenciones.

Permítanme que les aclare de entrada que esFindesemana va a ser un programa fundamentalmente político. Porque yo no creo en el periodismo como simple descripción de la realidad. No creo en el periodismo como simple crónica de lo que acontece. No creo en el periodismo como una mera reseña de todo lo malo que sucede en el mundo.

Yo creo en el periodismo - permítanme la expresión - militante. Creo que el periodista tiene el deber no sólo de describir la realidad, sino de tratar de mejorarla. Creo que el periodista está obligado no sólo a hacer la crónica del ejercicio del poder, sino a denunciar sus abusos. Creo que el periodista no debe limitarse sólo a reseñar las desgracias cotidianas, sino que tiene también que contribuir a evitarlas.

Cuando miro a mi alrededor, lo que percibo es que las libertades están en retroceso, que nuestra Constitución está siendo violentada de manera sistemática, que los derechos individuales son pisoteados de forma cotidiana. Lo que veo es que no existe, hace ya mucho tiempo, ningún tipo de freno contra los abusos del poder. La separación de poderes ha colapsado y quien tenía la obligación de denunciar ese colapso - es decir, la clase periodística - ha ido renunciado poco a poco a su papel de contrapeso del poder.

Y como periodista, creo que mi obligación es contribuir a solucionar los problemas. Y estoy convencido de que, entre todos, podemos cambiar las cosas.

Porque España está llena de buena gente, de todos los colores políticos, que quiere a su país tanto como yo lo quiero. Que está tan preocupada por el presente y por el futuro como yo lo estoy. Que se angustia por la crisis económica, por la crisis institucional, por los ataques a las libertades, tanto como yo me angustio.

Y todavía no hemos perdido la condición de ciudadanos, ni hemos renunciado a nuestra capacidad de crítica. Y somos muchos, muchísimos. En España hay gente buena suficiente como para que quienes nos gobiernan escuchen el mensaje, por muy sordos que estén. Tan sólo hace falta que aunemos nuestras voces. Y espero que este programa ayude a que esas voces se oigan.

En este programa tendrán voz todos aquellos que aspiran a que en España se respeten la democracia y las leyes. Todos aquellos que trabajan día a día porque los derechos individuales recogidos en nuestra Constitución no sean violentados. Todos aquellos que defienden el derecho de los españoles a conocer de todos los asuntos públicos, incluida la verdad del 11-M. Todos aquellos que piensan que es el individuo, y no el estado, el que debe primar para que una sociedad prospere económica y culturalmente.

Quería comenzar este programa aclarando qué es lo que pueden ustedes esperar de él. Déjenme que lo sintetice en una sola frase: éste va a ser un programa de debate político para todos aquellos de ustedes que quieran contribuir a que las cosas cambien. Nada más, pero nada menos.

Ni su voz ni la mía pueden, por si solas, querido oyente, cambiar las cosas. Pero no hay injusticia que aguante el estruendo combinado de millones de voces.

Libertad Digital