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lunes, 10 de octubre de 2011

Candidatos. Por José María Marco

Como aquí el Partido Socialista, Obama y su equipo han decidido apostar por una precampaña dirigida a la parte más extrema de su electorado, a las minorías y, ahora, a los indignados norteamericanos, aún más ridículos, si cabe, que los nuestros.

La decisión contrasta con el estilo de la campaña del 2008, cuando los demócratas vertían sobre los electores eslóganes balsámicos e insignificantes, destinados a recoger un sufragio lo más amplio posible. Indica, como en el caso español, un notable grado de desesperación e incluso una punta de pulsión suicida que no augura nada bueno para el estado de salud, por así decirlo, de Estados Unidos.

Por eso no ha sido buena la noticia de que Chris Christie se retiraba de la carrera para la candidatura republicana. Christie es el gobernador de New Jersey, hombre arquetípico de un Estado caracterizado por su voluntad de atenerse a la realidad de los hechos, por su claridad, su franqueza… su prosaísmo, se podría decir, frente a los altos vuelos líricos, tan inanes y zapaterescos, del actual presidente. Nada de eso impide a Christie tener posiciones propias en muchos aspectos. Tal vez por su apego a la realidad de las cosas, Christie es un hombre moderado, centrista, dialogante y nada dogmático.

Ha sido eso, sin duda, lo que le ha llevado a retirarse de la carrera electoral. Las bases republicanas están exasperadas por la política de Obama, y responden al estímulo con una dosis extra de radicalismo. Sin embargo, lo que sirvió para movilizar al electorado en 2010, cuando el Partido Republicano parecía a punto de colapsarse, no sirve para elegir una figura de significado tan universal, en cierto sentido, como es el presidente. Christie parecía hecho a propósito para conseguir este sufragio.


Por otro lado, frente a la capacidad de destrucción de los soñadores hace falta alguien capaz de presentar una gran idea, un horizonte de cambio que devuelva la confianza a la gente. Desde esta perspectiva, Rick Perry, gobernador de Texas, presenta algunas bazas notables que empañan las salidas de tono excéntricas que le enajenarán a los electores más templados: una de las bazas del Tea Party fue no meterse en asuntos morales. Mitt Romney, el antiguo gobernador de Massachussets, parece ahora el más presidenciable, pero tiene un perfil tecnócrata que no acaba de hacer de él un candidato verosímil en un país en el que el presidente tiene que suscitar la identificación de sus compatriotas. Quizás el hispano Marco Rubio, como vicepresidente, pueda echarle una mano, y así se va preparando para cuando los hispanos volvamos a tomar toda América.

Va emergiendo Herman Cain, modelo del hombre hecho a sí mismo, empresario de éxito, con los pies en el suelo y capacidad para infundir confianza. Es cierto que Cain carece de experiencia política, pero eso mismo, en un momento en el que se requiere cambiar las formas políticas de los últimos años, puede acabar convirtiéndose en una ventaja. Como se ve, entre España y Estados Unidos hay diferencias inmensas pero también algunas similitudes.


La Razón – Opinión

domingo, 9 de octubre de 2011

EEUU. Candidato ABO. Por Alberto Acereda

La útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama.

Aunque lo de ABO responde por sus siglas a varias organizaciones en EEUU, desde oftalmólogos a centros de estudio de biomasa de algas, o desde otorrinos a asociaciones de constructores y propietarios neoyorquinos, pasando también por determinados grupos sanguíneos, la útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama. Tan mal anda el presidente que de su "Sí se puede" y "Cambio y esperanza" del 2008 ha pasado en apenas tres años al clamor general de "ABO".

Una de las voces más importantes del pensamiento conservador norteamericano, William F. Buckley, Jr., confesaba hace algunos años con su habitual ironía que preferiría vivir en una sociedad gobernada por los primeros dos mil nombres de una lista telefónica de Boston, que en una sociedad dirigida por los dos mil profesores y catedráticos de Harvard University. Aparte de la astuta y reveladora broma de Buckley apaleando al pseudo-progresismo de los intelectuales, y más allá de la anécdota puntual de que Obama fuera por un tiempo asistente del profesorado de Harvard, la realidad es que ABO es a día de hoy el candidato con más posibilidades de ganar.


EEUU ha vivido presidencias con siglas familiares y referidas a sus líderes en la Casa Blanca, desde Lincoln (ABE), Roosevelt (TR), el otro Roosevelt (FDR), Eisenhower (IKE), Kennedy (JFK), Johnson (LBJ) a W (Bush hijo). Cerca ya del inicio de las primarias republicanas, los votantes andan intentando dilucidar quién será ese nuevo nombre y apellido que encarne al candidato ABO y que se enfrente al manchuriano de Illinois dentro de poco más de un año.

La campaña republicana está más abierta que nunca y pocos analistas predecían esta actual situación. Chris Christie y Sarah Palin han confirmado ya que no se presentarán, por lo que no debería haber más entradas de aspirantes sino más bien bajas de quienes se vayan retirando, como ya hizo Tim Pawlenty. A la espera del nuevo debate este próximo martes, Mitt Romney sigue liderando las encuestas pero cada vez con menos diferencias respecto a los seguidores. Rick Perry tuvo un último debate desastroso y ha bajado muchos puntos, además de la mala publicidad que los medios le están dando al hilo de un infundado cuento de tintes racistas. Michelle Bachmann está en caída libre y sus votos parecen haberse ido para Herman Cain, aunque falta ver por cuánto tiempo mantendrá Cain ese apoyo.

Newt Gingrich, a quien algunos dieron por acabado a inicios de verano, acaba de lanzar su nuevo "Contrato con América para el siglo XXI" y ha recibido muchos apoyos en estos últimos días, al haber preparado un documento orgánico que muestra una visión para todos los norteamericanos. Ron Paul no acaba de despegar porque, pese a sus grandes ideas en materia de libre mercado, está lejos del pulso de los votantes en cuanto a política exterior y seguridad interior. Jon Huntsman y Rick Santorum es posible que duren poco tiempo más en campaña, lo que deja, a mi juicio, un horizonte real con tres o cuatro candidatos que se disputarán el triunfo final: Romney, Cain, Gingrich... y acaso todavía Perry.

Quienquiera que sea el candidato que se enfrente a Obama tendrá que medir bien su estrategia porque ahora mismo se presenta un calendario de primarias bastante volátil donde algunos estados como Florida quieren adelantar sus elecciones, moviendo calendarios y usos de elecciones anteriores que pueden alterar la percepción de los votantes. Está claro que esa búsqueda del candidato ABO tomará fuerza durante las vacaciones navideñas en un calendario demasiado condensado que ayuda poco a esas campañas más cortas de dinero. Es ahí donde Romney juega con ventaja, pero todo está aún por decidir.


Alberto Acereda es catedrático universitario en Estados Unidos y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española.

Libertad Digital – Opinión

domingo, 25 de septiembre de 2011

Obama. El falso profeta. Por Alberto Acereda

El falso profeta está resultando ya tóxico también para su partido, tanto que en este mismo mes de septiembre el Partido Demócrata ha perdido ya dos elecciones especiales en sendos distritos en Nevada y Nueva York.

En EEUU llevamos ya casi tres años conociendo las obras y los frutos de un falso profeta y peor presidente. Obama está ya bajo sospecha de incompetencia. Su fracaso se ha intensificado en estos pasados meses. Primero, con el lío del techo de la deuda; segundo, anteponiendo sus lujosas vacaciones al caos laboral; y tercero, con los datos de creación cero de empleo en agosto. Ángel Martín ha acertado al probar documental y objetivamente cómo EEUU sigue estancado económicamente. El mes de septiembre va peor y el otoño pinta ya caliente con algún columnista como Steve Chapman, del Chicago Tribune, pidiéndole ya abiertamente a Obama que no se presente a la reelección y deje vía libre a Hillary Clinton.

Aquel fatal acuerdo sobre el techo de la deuda, tan elogiado por Obama, implicó la creación de un llamado "supercomité" encargado de recortar gastos gubernamentales. Tan nefasta idea de crear un grupo de doce miembros con tremendo poder para dictar los detalles de dicha reducción está resultando un caos, pues contradice el carácter representativo de esta democracia norteamericana al silenciar la opinión de los más de quinientos miembros del Congreso, así como de los más de doscientos comités y subcomités encargados de decidir legislativamente en el Congreso. Obama sigue politizando ahora una nueva ley de empleo que exige otros 447 millones de dólares más para un nuevo paquete de "estímulo", así como un billón y medio de dólares en nuevos impuestos.


Junto al caos laboral y económico, estos días ha saltado también el escándalo de la intervención de la administración Obama en una pequeña empresa de guitarras en Tennessee. Por segunda vez desde 2009, varios agentes federales entraron con armas automáticas en un pequeño negocio de guitarras en Tennessee. El gobierno de Obama considera que dicho negocio realizó uso inapropiado de madera extranjera violando una ley de 1900 diseñada para prohibir materiales exportados ilegalmente de otros países. El negocio, llamado Guitarras Gibson, asegura que tiene documentos que prueban que la madera usada, procedente de Madagascar e India, es legal y que el problema radica en que no les han dado la oportunidad de defenderse en el juzgado ya que el gobierno de Obama no ha presentado cargos.

Otro escándalo reciente tiene que ver con Solyndra, la empresa con base en California de paneles fotovoltaicos que Obama puso como ejemplo del futuro económico de EEUU. Tras otro discurso del falso profeta hace poco más de un año en aquella misma empresa, han salido ya datos que prueban cómo la empresa estaba muy bien conectada políticamente con Obama. Tras recibir un préstamo federal de 535 millones de dólares, Solyndra se declaró hace tres semanas en bancarrota despidiendo a más de mil trabajadores. La Oficina de Auditoría del Gobierno Federal ha encontrado ya favoritismo en la concesión de ese préstamo y el FBI está investigando el caso pues uno de los mayores inversionistas de la compañía, el multimillonario George Kayser, fue también uno de los mayores donantes del candidato Obama en 2008.

Estos escándalos, unidos al del paso y venta de armas ilegalmente a México por parte de la Administración Obama en la llamada operación "Fast and Furious" y al que acaba de saltar conocido como "Light Squared" -con presiones de la Casa Blanca a un general del ejército para favorecer a una compañía- no han hecho más que empezar a ver la luz pública y llegan en un clima general entre los ciudadanos que otorgan los peores números de aprobación popular a Obama. El falso profeta está resultando ya tóxico también para su partido, tanto que en este mismo mes de septiembre el Partido Demócrata ha perdido ya dos elecciones especiales en sendos distritos en Nevada y Nueva York, en este último caso en un distrito que había estado en posesión del Partido Demócrata durante los últimos noventa años y que ahora ha pasado a manos del GOP. Obama llegó a la campaña de 2008 vestido de oveja. Por sus frutos ya lo conocemos.


Libertad Digital – Opinión

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El paro y los impuestos

Obama pretende conseguir un reequilibrio de los costes sociales derivados de la crisis.

Barack Obama encara la última fase de su mandato con una apuesta de reequilibrio económico-social que entraña una enorme dificultad política, por el obstruccionismo republicano en las Cámaras, y sin embargo denota bastante sensatez y equilibrio en sus concretas apuestas económicas.

Hace algo más de una semana logró con cierta holgura cuadrar el círculo de lo deseable y lo posible en su plan por el empleo. Lo deseable, desde su posición progresista, era devolver el drama del paro a la categoría de primera prioridad de su mandato, en detrimento del aparentemente más tecnocrático debate del déficit público que tanto le perjudicó en julio y agosto: la pretensión era teñir su legislatura de social y de sensible a los sectores más desfavorecidos, no solo los trabajadores, sino también de amplias clases medias. El secreto del éxito del plan recayó en que era más ambicioso de lo que nadie preveía, y al mismo tiempo contenía medidas (como algunas reducciones selectivas de impuestos a la economía productiva) aceptables por el conservadurismo inteligente.


La segunda ronda del envite se plasmó el lunes con su propuesta para reducir el déficit presupuestario en 10 años por una cuantía de cuatro billones de dólares: con un doble objetivo, cumplir los compromisos de saneamiento de las finanzas públicas que permitieron en agosto la formalización de un pacto para liberar el endeudamiento, y encajar las previsiones del nuevo gasto (325.000 millones) incluido en su plan para la creación de empleo.

A nadie se le oculta que la posibilidad de que este esquema se abra paso es extraordinariamente difícil, a tenor de la retórica desplegada por los republicanos, especialmente los del ala más ultra. Pero si alguna posibilidad tiene la propuesta es que encierra un equilibrio similar al de la anterior: de los cuatro billones, uno sería ahorrado por los menores gastos militares en Irak y Afganistán; algo más de uno y medio por la reducción de gasto social, y una cantidad algo inferior por un aumento de los impuestos a los más pudientes, eliminando las ventajas que George Bush concedió a las rentas superiores a 250.000 dólares. Y, desde luego, la posibilidad de abrirse camino radica en el apoyo ciudadano que pueda suscitar, que se cifra, según los primeros sondeos, en el 63%.

La nueva fiscalidad para los más ricos se apoya además en la complicidad de buena parte de ellos mismos, como simbolizó en un artículo el multimillonario Warren Buffet. Aunque la propuesta es vituperada como si fuera lanzada por un bolchevique, es en realidad una propuesta centrista, como las que permitieron a Clinton recuperar la desventaja cosechada en su primera legislatura y conseguir así apoyos pluripartidistas para ganar un segundo mandato. Si parece mucho más izquierdista es porque trata de contrarrestar décadas de contrarreforma social, en las que los salarios han disminuido sustancialmente su peso en el PIB y en las que las rentas altas han logrado reducir notablemente su exposición a la fiscalidad.


El País – Editorial

martes, 20 de septiembre de 2011

Obama-ZP. Volvemos a la lucha de clases. Por Emilio J. González

En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

La izquierda de los países desarrollados se ha obsesionado con los ricos o, mejor dicho, con que los ricos paguen más y más impuestos, al menos sobre el papel, porque cuando llega la hora de la verdad quien tiene que asumir la carga de esa mayor presión fiscal es la clase media, que carece de medios, asesores y vehículos legales como las sicavs para eludir el pago de impuestos. En España, Zapatero y Rubalcaba han resucitado el impuesto sobre el patrimonio, y ahora Obama presenta un plan para reducir el déficit público estadounidense que tiene a los ricos en el punto de mira.

Todo esto resulta muy revelador. En primer lugar, porque demuestra que la izquierda no tiene ideas para resolver esta crisis económica, que también es de naturaleza fiscal. Obama y Zapatero se han empeñado en tirar de la chequera para tratar de relanzar la economía a golpe de gasto público. Los resultados de semejante política ya los estamos viendo: después de un primer impulso artificial a la actividad productiva, tanto Estados Unidos como España se encaminan a una nueva recesión. El gasto público, por tanto, no es la solución. Ahora, sin embargo, llega la hora de pagar las facturas de tanta alegría presupuestaria como hubo a comienzos de la crisis en los dos países, pero no hay dinero para ello. En estas circunstancias, lo que se impone es una redefinición profunda del papel del sector público en ambas naciones y acabar con todo aquel gasto que no sea estrictamente necesario, con el fin de que las cuentas vuelvan a cuadrar y la financiación del déficit no deje a las empresas sin esos recursos financieros que necesitan para sobrevivir y crear empleo. Pero como, por razones ideológicas, esta izquierda occidental ni cree en la empresa, ni está dispuesta a someter al Estado a la cura de adelgazamiento que necesita, ni tiene la menor idea de cómo sacarnos de la crisis, pues actúa conforme a su naturaleza y no se le ocurre otra cosa que freír a impuestos a todo el mundo, sin querer entender que así nos hunde más y más en la crisis.

En este contexto, tanto a Zapatero-Rubalcaba como a Obama se les ha venido a la cabeza lo de gravar más a los ricos, no porque con ello vayan a resolver los problemas presupuestarios, que no lo van a hacer, sino porque eso de alimentar la lucha de clases es bien recibido por ciertos sectores radicales de la sociedad. No es casualidad, además, que ambos mandatarios hayan puesto el punto de mira fiscal en los ricos. La popularidad y las perspectivas electorales del PSOE son tan malas como las posibilidades de que Obama pueda salir reelegido en las presidenciales de noviembre de 2012. Así es que, como la necesidad de votos aprieta, lo poco que pudieran saber de economía estos personajes lo han dejado arrinconado para caer en la más burda de las demagogias. Todo vale con tal de ganar las elecciones. Lo malo es que, en materia fiscal, el ciudadano estadounidense es muy sensible y, por estos pagos, el españolito de a pie ya sabe que cuanto más dure el PSOE en el poder, peor lo va a pasar él.


Libertad Digital – Opinión

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Obama. Un indignado en la Casa Blanca. Por Pablo Molina

Barack Hussein no propone una reducción drástica del gasto público sino una política fiscal centralizada de toda la UE destinada a esquilmar todavía más a la sociedad civil.

En una mesa redonda con medios de comunicación de habla hispana, el presidente norteamericano ha mostrado su preocupación por el desastre de las cuentas españolas y su impacto en el resto de las economías si finalmente el BCE apaga el respirador automático al que nos tiene conectados.

Hasta ahí el análisis, en su simpleza, es compartido por cualquiera con un mínimo de sentido común, pues resulta evidente que la suspensión de pagos en un país económicamente potente como España ha de tener forzosamente graves consecuencias en el sistema financiero global. Las discrepancias surgen cuando Barack Hussein analiza las causas del desastre y expide la receta para evitar el colapso de la UE que, como corresponde al personaje, no difiere en absoluto de las que se vienen aplicando con insistencia a uno y otro lado del Atlántico por la clase política. Obama tan sólo quiere llevarlas un paso más allá sin variar la trayectoria iniciada.

El presidente norteamericano, un indignado más, achaca el peligro de descarrilamiento de las economías europeas a las presiones "de los mercados", análisis que podría perfectamente compartir cualquier lector de Público por poner un ejemplo extremo de radicalismo pueril.


Sin embargo, lo que los socialistas de todos los continentes consideran una presión intolerable para desestabilizar las economías nacionales, no es más que el ejercicio de una precaución elemental de las instituciones financieras para garantizar el cobro de los préstamos que entregan sin cesar a los gobernantes manirrotos. Si Zapatero o Berlusconi hunden sus respectivos países en una espiral de déficit que los aproxima peligrosamente a la quiebra técnica, es más que lógico que los prestamistas internacionales aumenten el precio del servicio, algo que a los socialistas vocacionales les resulta imposible de aceptar, pues al parecer, consideran que ese ente abstracto llamado "mercado" ha de proveerles sin límite de los recursos necesarios para seguir gastando como si la crisis no fuera con ellos.

Para salir del aprieto, Barack Hussein no propone una reducción drástica del gasto público con el fin de aliviar las condiciones de los préstamos futuros, sino una política fiscal centralizada de toda la UE destinada a esquilmar todavía más a la sociedad civil, algo que habrá entusiasmado a un Rubalcaba dispuesto a imponer de nuevo el doble impuesto sobre el patrimonio.

Las épocas de grandes tribulaciones exigen un liderazgo fuerte capaz de dar ejemplo desmontando lo que no funciona y asumiendo su coste político, pero el actual presidente norteamericano es sólo un experimento progre tan fallido como todos los que lo han precedido y tan incapaz como sus colegas continentales de acabar con el keynesianismo radical que nos está llevando a la bancarrota. Si Obama es el líder que nos ha de sacar de la crisis, apaga y vámonos. El problema es adonde.


Libertad Digital – Opinión

Barack y una primera dama. Por Carlos Alsina

Del árbol caído todo el mundo hace astillas. Ahora que Zapatero se va esfumando, reducido a sombra, ¡hasta Obama se atreve a atizarle a España! Valiente ingrato ha resultado ser el presidente planetario. Nadie ha recibido más invitaciones nuestras–ofrecimientos, súplicas– para que se dignara echar un par de tardes contemplando, a lo Clinton, bellos atardeceres en la Alhambra. A nadie le hemos hecho tanto la pelota para acabar recibiendo un sartenazo detrás de otro sólo porque recela, ya ves, de nuestra férrea estructura económica. Como diría Duran Lleida, ex futuro ministro de Exteriores, que se meta en sus asuntos este arrogante de Harvard. Con el paro desbocado en su país (nada menos que ¡la mitad! de la tasa de paro española) y habiendo llevado la nación al borde mismo de la suspensión de pagos (la infalible Standard and Poors hubo de ponerle en su sitio) se permite estigmatizar a España como socio más blando del vodevil en que se ha convertido la zona euro. Habráse visto. Es verdad que todo lo que dice Obama lo ha publicado antes Paul Krugman –el presidente es un gran arreglista del premio Nobel–, y que todo lo que dice Krugman ya lo hemos escuchado antes en Europa, pero hace dos años le hubiéramos declarado la guerra a los Estados Unidos por menos que esto.

A mí me cae bien Obama, pero descubrir a estas alturas que España es la presa más golosa es como sorprenderse de que Jackie Kennedy no fuera cándida y beatífica, sino asquerosamente humana. Con permiso de la Casa Blanca, el diagnóstico convencional del presidente me resulta menos estimulante que la vomitona que hace ¡cuarenta y siete años! descargó, en forma de entrevista, la viuda de JFK al historiador de cabecera de la casa, Arthur Schlesinger hijo. En aquella conversación, exhumada ahora cual Impuesto de Patrimonio, emerge la Jacqueline arpía, la víbora capaz de mentir sin despeinarse sobre su idílica vida conyugal mientras pone a caer de un burro a todas las celebridades políticas de la época. Tiene tela que defina a Martin Luther King como «un farsante» porque «mantenía citas con mujeres» cuando su marido no sólo mantenía las citas, sino a las mujeres. De Gaulle era un resentido, Churchill estaba gagá y Lyndon Johnson era un cáncer para América. «¿Puedes imaginar qué le sucedería al país si Lyndon fuera presidente?», le dijo una vez Jack muy preocupado. (Lo inimaginable acabó sucediendo y Johnson no sólo fue presidente, sino mejor presidente que JFK). Las esposas tampoco se libran del despelleje: Pat Nixon le parece «ridícula» y Lady Bird, «un perro de caza bien entrenado». Cabe concluir que la dulce viuda chismosa detestaba a medio mundo. De su lengua mordaz sólo se salva el difunto. Esta nueva Jackie me resulta más creíble que la otra, más como el común de los mortales, más como Bono. El Washington de Kennedy sería Camelot, pero ella no era Ginebra; era Morgana.

La Razón – Opinión

Crisis. De la Ocasión de Obama. Por Agapito Maestre

Obama lo sabe y, además, sabe que, mientras el euro no sea una moneda frágil, EEUU no podrá competir con China.

O Europa salva a Grecia o aquí no se salva nadie. O Europa, o sea, todos los europeos, hacen un esfuerzo tremendo por rescatar a Europa o nos hundiremos todos. Obama lo sabe y, además, sabe que, mientras el euro no sea una moneda frágil, EEUU no podrá competir con China. Las declaraciones sobre la situación límite de España no tienen otro objetivo que "fragilizar" al máximo al euro, como moneda de referencia del comercio mundial, para que en su lugar se alce el dólar-USA. El mensaje de Obama es claro y, por desgracia, tiene toda la razón sobre la situación de España. Quizá, por eso, por mostrar con nitidez lo límites de Europa, Obama, a pesar de lo que mantengan algunos analistas políticos, no es un Zapatero en EEUU. Por el contrario, con estas declaraciones ha vuelto, una vez más, a distinguirse del oportunismo de la casta política española.

Obama aprovecha la ocasión para su país, pero está lejos de ser un mero oportunista como los representantes de la casta política española. Obama, como en la muerte de Bin Lade, vuelve sobre la noble fregona de la Fortuna política. La Ocasión, dice la filosofía popular española, la pintan calva. Se equivoca nuestro refranero, aunque por poco, porque los griegos siempre la pintaron con unos pocos y largos pelos que apenas dibujaban las crines de un equino. Sin embargo, esta Sansona femenina, que siempre fue la ilustre criada de la Fortuna, tiene su fuerza en esos pocos cabellos. Quien a ellos sabe asirse, como dijera nuestro gran Quevedo, sabe defenderse de los corcovos de su ama la Fortuna. Pues eso es, exactamente, lo que ha vuelto a hacer Obama, cuando menos le sonreía la Fortuna política, es decir, cuando su popularidad y prestigio presidencial está por los suelos, quiere hallar en el ofrecimiento de la Ocasión, de una Europa que camina a la deriva, una forma de salvar a su país.

A pesar del absoluto desconcierto de Europa, no creo que Obama sea capaz de darle la puntilla ni a España ni a Europa. Pero, al menos, sus declaraciones nos han mostrado que no es lo mismo prestar atención a la ocasión que ser un oportunista. En efecto, Zapatero, representante máximo de la casta política española, es un oportunista: jamás tuvo un criterio firme sobre cómo gobernar el país, y ha cambiado sus "políticas" no tanto en función de la circunstancias como de las órdenes recibidas de Europa. Sus dos inmediatos seguidores en la lista de la casta política tampoco se distinguen por tener criterios serios para sacar este país de la ruina: por un lado, Rubalcaba no deja pasar un sólo día sin señalarnos una "propuesta" que, en el mejor de los casos, es contradictoria respecto de lo que venía haciendo cuando era miembro del Gobierno; por otro lado, Rajoy sigue guardando silencio sobre las grandes propuestas que hará para sacar a la nación de la ruina, incluso elude problemas fundamentales como el del idioma español en Cataluña. Puede que el oportunismo de Rubalcaba sea peor y más dañino que el de Rajoy, pero, nadie en su sano juicio, dirá que Rajoy es un hombre comprometido con unos principios, serios e inamovibles para sacarnos del marasmo; el silencio de Rajoy es, a veces, estremecedor, aunque diga que apoya todas las medidas de María Dolores de Cospedal, altamente estimulantes, en Castilla-La Mancha.


Libertad Digital – Opinión

Crisis. Diga lo que diga Obama. Por José García Domínguez

Fieles a ese espíritu pastueño, todos acudieron a Grecia al tiempo y todos huyen de allí a la vez. Como juntos y en unión arrasarán Portugal, la siguiente pieza a batir en la cacería del euro.

Quizá Grecia quiebre mañana o quizá tarde aún un par de meses en desmoronarse, pero quien ya ha presentado su declaración formal de bancarrota es la teoría económica ortodoxa. La ciencia lúgubre que ha tenido que ir deshaciéndose, uno tras otro, de sus andrajosos modelos teóricos, inane cartografía que, de un tiempo a esta parte, nada explica sobre la realidad. Modelos y premisas que ahora mismo suenan a broma de patio de colegio. Como el dogma que presumía la más estricta racionalidad cartesiana en el proceder de los mercados financieros.

Una fantasía que la histeria gregaria de los gestores de fondos refuta a cada instante. Y es que detrás de ese arcano misterioso, los mercados, poco más hay que unos miles de asalariados asustados. Anodinos empleados por cuenta ajena que, como cualquier operario, se ven sometidos a evaluaciones trimestrales de su rendimiento. De ahí que tiendan de forma instintiva a la conducta de manada a fin de salvar la piel. Y que en la práctica cotidiana los míticos hedge funds no conozcan filosofía distinta a la de aquel célebre Vicente, el que siempre iba allí donde fuera la gente. Fieles a ese espíritu pastueño, todos acudieron a Grecia al tiempo y todos huyen de allí a la vez. Como juntos y en unión arrasarán Portugal, la siguiente pieza a batir en la cacería del euro.

Por eso, Thomas Friedman lo bautizó "el rebaño electrónico". Y por eso su potencial destructivo no conoce límites una vez iniciada la estampida. Desencadenado el pánico, son como un ciego con una pistola. Así las cosas, o el capitalismo acaba con ellos en su mutación actual o, más pronto que tarde, ellos acabarán con el capitalismo. Por lo demás, a día de hoy apenas resta un único lenguaje que sean capaces de entender: el de la firmeza. Razón última de la muy desconcertante paradoja inglesa. A saber, el Reino Unido, con una deuda pública desbordada y un déficit de caballo, sin embargo persiste por completo inmune a la santa ira de los mercados. ¿La explicación? Igual que la música calma a las fieras, la tan denostada maquinita de hacer billetes, un juguete al que Su Graciosa Majestad nunca renunció, arruga al especulador más engallado. Sea como fuere, caiga o no caiga Atenas, el viejo paradigma rueda por los suelos.


Libertad Digital – Opinión

domingo, 28 de agosto de 2011

EEUU. Razones para callarse. Por Alberto Acereda

Los republicanos deberían preparar urgentemente un buen anuncio televisivo para su campaña presidencial. El título podría ser "¿Quién es el antipatriota y el irresponsable?" y poner aquel vídeo de Obama de campaña por Fargo en 2008.

Aquel proverbio español de que la perdiz por el pico se pierde define hoy perfectamente al actual mandatario norteamericano Barack Obama. En estos días vacacionales de mar y golf para Obama en el multimillonario y exclusivo enclave de Martha’s Vineyard, Obama tiene muchas razones para callarse aunque no lo haga. Su vicepresidente Joe Biden, el mismo que recientemente llamó terroristas a los ciudadanos norteamericanos del Tea Party, metió la pata en China hace unos días diciendo aceptar y comprender la inmoral ley china sobre la natalidad, la conocida política de hijo único. Otra aliada de Obama, la congresista negra de California por el Partido Demócrata, Maxine Waters, dijo pública y textualmente estos días que le encantaría que el Tea Party se fuera al infierno.

Esta misma semana, el Washington Post sacaba a la luz el escándalo de otro buen amigo de Obama: Jeffrey Immelt, el multimillonario presidente ejecutivo de la empresa General Electric y, a la vez, zar de empleos puesto a dedo por Obama. En un claro conflicto de ética profesional, Inmelt ha aceptado que su compañía firme acuerdos con el Gobierno de China para enviar tecnología aeroespacial –desarrollada en parte por la NASA con dinero público– a los ingenieros gubernamentales chinos y con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en EEUU. Junto a estos compañeros de viaje de Obama, con una economía en respiración artificial, con el susto del terremoto, el huracán Irene y con el aniversario del 11-S sin presencia de elementos religiosos por orden del Gobierno Federal y voluntad de Obama, al presidente le están saliendo los enanos. Cual perdiz hallada en su silbido, todo lo que fue diciendo en la campaña presidencial de 2008 le va saltando ahora a la cara.


Lo último y más sangrante es el recuerdo de unas palabras pronunciadas por Obama, y recogidas en vídeo, durante un mitin celebrado el 3 de julio de 2008 en Fargo, Dakota del Norte. Por entonces, el candidato Obama ya estaba despedazando al presidente George W. Bush y lo criticó por añadir cuatro billones de dólares a la deuda nacional, indicando que lo hecho por Bush era "antipatriótico" e "irresponsable", al arrastrar así una deuda que perjudicaría a futuras generaciones. Obama indicaba entonces que el problema era que Bush había pedido una tarjeta de crédito al Banco de China a nombre de los niños norteamericanos, elevando la deuda nacional de cinco billones de dólares –la deuda de los primeros 42 presidentes– a nueve billones.

Han pasado tres años desde aquel mitin y menos todavía desde que Obama llegó a la presidencia. Con Obama en la Casa Blanca, la deuda nacional se ha elevado ya en cuatro billones. Según el Departamento del Tesoro, cuando Obama fue inaugurado como presidente el 20 enero de 2009, la deuda nacional era exactamente de 10,6 billones de dólares (para ser exactos: 10.626.877.048.913,08). A día de hoy, la deuda es de 14,6 billones (exactamente: 14.612.435.498.338,62) y sigue aumentando. Con el fatídico aumento del techo de deuda y el incesante gasto de Obama, la realidad es que en tres años este presidente ha gastado más que su predecesor en ocho.

Los republicanos deberían preparar urgentemente un buen anuncio televisivo para su campaña presidencial. El título podría ser "¿Quién es el antipatriota y el irresponsable?" y poner aquel vídeo de Obama de campaña por Fargo en 2008. Y es que con Obama y su pandilla, además del proverbio de las perdices, cabe aplicar también aquel otro de que habló el buey y dijo mu. A fin de cuentas, el otrora senador de Illinois pasó toda su carrera política antes de llegar a la Casa Blanca votando "presente", en silencio, sin hacer ruido. Ahora que ha llegado a Washington, ahora que veranea con los ricos que tanto dice odiar en Martha´s Vineyard, el presidente va de buey a perdiz, de mu al silbo, al cuchicheo, o mejor –por lo cobarde– al ajeo.


Libertad Digital – Opinión

jueves, 18 de agosto de 2011

Chapuzas. Por Daniel Pipes

La Casa Blanca ponía en práctica la semana pasada dos estratagemas inmaduras que pusieron de relieve las políticas engañosas de aficionado que sigue la Administración Obama en Oriente Próximo islámico de una forma dolorosamente obvia.

El primer caso se refiere a la espinosa cuestión de su posición jurídica respecto a Jerusalén. En 1947, la ONU dictaminó que la ciudad sería «corpus separatum» (instancia independiente). Años más tarde, y a pesar de muchos cambios, la legislación estadounidense sigue sosteniendo esta disposición. Ignora que Israel declaró Jerusalén oeste su capital en 1950 y la totalidad de Jerusalén en 1980. El Ejecutivo llega a saltarse una ley de1995 que obliga a desplazar su embajada a Jerusalén y una ley de 2002 que obliga a que los formularios reconozcan como nacidos en Israel a los estadounidenses nacidos allí.

Poniendo en tela de juicio esta política, los padres estadounidenses de Menachem Zivotofsky, oriundo de Jerusalén, exigieron que en su pasaporte le cuenten como nacido en Israel. Cuando el Departamento de Estado se negó, los padres acudieron a los tribunales; su caso llega estos días al Tribunal Supremo. Las cosas empezaron a ponerse interesantes el 4 de agosto, cuando Rick Richman, del «New York Sun», destacaba que «La Casa Blanca reconoce en su propio portal que Jerusalén está en Israel –como reconocen el Departamento de Estado y la CIA en los suyos–».


El 9 de agosto, Daniel Halper, del «Weekly Standard», reiteraba la exposición de Richman. Dos horas más tarde, Halper informaba de que «aparentemente la Casa Blanca ha examinado su portal, limpiando cualquier referencia a que Jerusalén se encuentre dentro de Israel». Alguien del gabinete de la Casa Blanca esperaba salir airoso de una chapuza.

La segunda chapuza se refiere a la lista de invitados de la cena de iftar (cena que corta el ayuno durante el Ramadán) celebrada en la Casa Blanca el10 de agosto. Ésta facilitó una lista de invitados que incluía a congresistas, diplomáticos y «líderes de la comunidad». Pero la investigación abierta por el Investigative Project on Terrorism demuestra que la lista no incluía a los islamistas estadounidenses asistentes a la cena: Haris Tarin, del Consejo Musulmán de Relaciones Públicas; Mohamed Magid, de la Sociedad Islámica de Norteamérica, y a Awais Sufi, del grupo Activistas Musulmanes.

La Casa Blanca no invitó a un solo representante del colectivo musulmán antiislamista Coalición para el Liderazgo Islámico, cuyos estatutos proclaman el objetivo de «defender la Constitución, respetar el pluralismo religioso, proteger la seguridad estadounidense y cultivar la diversidad en el islam».

Estos dos trucos en dos jornadas hacen dudar de la moralidad y la cordura del gabinete de Barack Obama. Por separado, estas payasadas merecen condena; juntas, simbolizan el rumbo de una Administración fracasada en estado de pánico a causa de su popularidad en mínimos y que intenta reanimar su fortuna como sea. Más concretamente, los dos incidentes señalan la quiebra de las políticas de la Administración en Oriente Medio y el mundo islámico. La arrogancia de 2009 sigue vigente, templada ahora por el fracaso estrepitoso y la desesperación.


La Razón - Opinión

martes, 2 de agosto de 2011

Acuerdo peligroso

El pacto para ampliar la deuda evita el impago en Estados Unidos, pero compromete la recuperación.

El acuerdo in extremis en Estados Unidos entre demócratas y republicanos para elevar el techo de la deuda, pendiente de la aprobación la pasada madrugada por las Cámaras, salva el normal funcionamiento de la economía estadounidense hasta 2013, durante la legislatura de Barack Obama, pero transmite el mensaje de que la política radical que propone el núcleo del partido republicano, el Tea Party, será un obstáculo para la gestión anticrisis de Washington. El acuerdo salva el presente, puesto que evita la suspensión de pagos del país, pero compromete el futuro.

Obama ha perdido contra los republicanos. Él mismo lo admite cuando proclama que "este no es el acuerdo que hubiera preferido". El techo de deuda se amplía en unos dos billones de dólares; pero la condición republicana es que el recorte del déficit presupuestario ha de ser superior al margen de endeudamiento. Por añadidura, los republicanos (más exactamente, el Tea Party, su núcleo más activo en esta negociación) se niegan a que la contención del déficit incluya un aumento de impuestos a las rentas más altas. El pacto evita el impago hasta 2013, pero compromete la política económica del presidente.


Porque las condiciones impuestas por los republicanos debilitan gravemente los fundamentos del país para iniciar una recuperación fuerte y sostenida. Las restricciones fiscales evitarán la reactivación económica y ralentizarán el crecimiento (la previsión para 2011 es apenas del 2,5%) y el empleo (la tasa de paro difícilmente bajará del 9%). Si la expansión monetaria de Ben Bernanke ya había sido puesta en entredicho por el Fondo Monetario Internacional (FMI), las horcas caudinas por las que se ha visto obligado a pasar Barack Obama bajo la mirada triunfal de los republicanos acabarán por arruinar la efectividad de la política fiscal.

Los mercados percibieron esta contradicción. Si bien al empezar la jornada reaccionaron con una cierta euforia al anuncio del acuerdo, después advirtieron que la economía estadounidense no reacciona y que las drásticas limitaciones presupuestarias que implica el pacto de la deuda lastrarán el crecimiento (por tanto, la capacidad para devolver la deuda), y enfriaron el entusiasmo. En los puntos más débiles del sistema financiero las pérdidas fueron importantes. En España, el Ibex se hundió el 3,24% y la prima de riesgo alcanzó los 370 puntos básicos.

Estados Unidos se encuentra en estos momentos dentro de la misma trampa básica que el Viejo Continente. Como en tantos países europeos, para evitar la suspensión de pagos, es necesario aplicar ajustes fiscales (en este caso producto de un pacto político interno) cuya consecuencia es limitar el crecimiento. Estados Unidos no es Europa, por supuesto. Su estructura financiera interior y exterior le permite un margen de maniobra mayor. Pero el acuerdo compromete su crecimiento y su empleo. Está fundado, pues, el temor a que las agencias de calificación degraden la deuda norteamericana.


El País - Editorial

Zapatero y Obama: atándoles las manos a los derrochadores

Si algo nos han demostrado los casi tres años de Gobierno de Obama es que los planes de estímulo del sector público, responsables en gran medida de la deficitaria situación del presupuesto, han sido del todo inútiles para reanimar la economía.

Aunque el acuerdo sobre el techo de deuda alcanzado entre republicanos y demócratas suene a poco y no solucione los problemas financieros del país, es muy probable que los republicanos no hubiesen podido conseguir mucho más de un Partido Demócrata y de un Obama que llevan en su ADN la obsesión por el gasto público. El timorato programa de austeridad que se ha aprobado no supone ninguna panacea para un país cuya deuda pública está a punto de alcanzar el 100% del PIB, pero al menos sí ralentiza el ritmo al que se estaba aproximando a una situación realmente insostenible. Aun así, y precisamente por lo parco del ajuste, resulta bastante probable que las agencias de rating acaben degradando la calificación de la deuda soberana estadounidense.

Si algo nos han demostrado los casi tres años de Gobierno de Obama es que los planes de estímulo del sector público y la renuencia a adoptar medidas de contención del gasto, responsables en gran medida de la deficitaria situación del presupuesto, han sido del todo inútiles para reanimar la economía. Ayer mismo conocimos que la actividad fabril del país volvió al nivel más bajo de los dos últimos años; un negativo dato que llega una semana después de que conociéramos que el crecimiento de la economía durante el segundo trimestre del año también fue sustancialmente menor del esperado.


Esta fragilidad del gigante estadounidense y el riesgo de que su deuda fuera degradada reforzaron los temores sobre un estancamiento de la economía internacional, lo que tendría una pésima influencia sobre los eslabones más débiles de la misma: por ejemplo, España. Nuestro país, ayuno de reformas y de auténticas medidas de austeridad, necesita desesperadamente que la demanda externa lo saque del atolladero, pero esta demanda externa depende críticamente de la buena salud del resto de países.

Es lo que tiene habernos jugado el futuro de nuestro crecimiento, de nuestro empleo y de nuestras finanzas públicas a la sola carta de la recuperación internacional. Deberíamos tomar nota de lo que ha sucedido en Estados Unidos: tampoco a ellos, con una economía infinitamente más flexible y libre que la nuestra, les ha servido de nada gastar más de lo que ingresan. Y aunque aquí no tengamos a ningún Tea Party, los inversores extranjeros sí vigilan de cerca nuestra situación y restringen las ansias derrochadoras de Zapatero: ayer, sin ir más lejos, le confirieron la peor nota, en forma de prima de riesgo, desde la creación de la zona del euro. El tiempo de descuento hasta las próximas generales no debería frenar ni un minuto las cada vez más inaplazables reformas que necesitamos.


Libertad Digital - Editorial

lunes, 1 de agosto de 2011

Tras la batalla. Por José María Marco

Para comprender, por lo menos en parte, lo ocurrido con la deuda norteamericana, así como los efectos políticos que todo el asunto tendrá el próximo año, cuando se celebren elecciones presidenciales, conviene tener en cuenta algunos elementos.

El primero es el poco lucido papel que ha jugado Obama. Como inquilino de la Casa Blanca, le tocaba liderar el camino hacia un gran compromiso que hubiera tenido en cuenta las fuerzas en juego y los límites del desacuerdo. Es el papel ideal, el soñado por todos los presidentes: aquel en el que revelan su carácter y por el que dejan una impronta indeleble en la historia norteamericana. Requiere una gran visión estratégica, capacidad de diálogo, generosidad. Pues bien, Obama optó por dirigirse a sus conciudadanos en actitud amenazante y alentándolos a tomar posiciones en contra de los republicanos. Es la táctica lamentable, que aquí conocemos bien, de gobernar contra la oposición.

El resultado ha sido que en el último tramo Obama no ha contado en la negociación. El hombre más poderoso del mundo se ha limitado a contemplar cómo la negociación pasó a los grupos políticos del Congreso que han monopolizado el debate. En el último momento, habrá vuelto a intervenir de urgencia e intentará rentabilizar esta vuelta a la escena como una victoria personal. La maniobra, si ha sido tal, dice poco de su liderazgo. En el país del pragmatismo, Obama ha quedado como un sectario.


El papel del presidente era particularmente relevante porque la evolución política norteamericana ha llevado a la práctica desaparición del centro en la vida partidista. Hace veinte años había todavía republicanos que votaban con los demócratas, y demócratas que votaban con los republicanos. Hoy esas dos especies están prácticamente extinguidas. Han acabado con ellas la hiperideologización de la política, creciente desde las «guerras culturales» de los setenta, y una peculiaridad del sistema norteamericano, que permite rediseñar los distritos electorales en función de los intereses de los candidatos. En este sentido, el espectáculo ha sido poco edificante. Ha llegado el momento de volver a pensar la política en términos nacionales, patrióticos y no sólo partidistas.

En España, como en toda Europa, existe una gran afición a simplificar y a jugar al pim pam pum con algunas grandes corrientes de la política norteamericana. La última es el Tea Party, elemento fundamental para la victoria republicana en las últimas elecciones. Los nuevos representantes republicanos surgidos de este movimiento no han sido particularmente proclives al acuerdo, pero representan algo que en los últimos tres años, con independencia de la radicalización de los partidos, ha ido cobrando más y más fuerza. Es la convicción de que los gobiernos y los Estados no pueden seguir viviendo por encima de sus medios y arrasando la prosperidad y el horizonte de progreso de la gente, de sus propios ciudadanos. Es un elemento surgido con la crisis, pero ha llegado para quedarse, y defiende virtudes que alguna vez, no hace demasiado tiempo, hicieron grandes a los países occidentales: iniciativa, esfuerzo, responsabilidad… ¿Se acuerda usted?


La Razón - Opinión

miércoles, 27 de julio de 2011

Drama en Washington

El diálogo de sordos entre demócratas y republicanos acerca a EE UU a la insolvencia.

Barack Obama ha apelado a sus compatriotas ante la posibilidad de que Estados Unidos entre en suspensión de pagos el 2 de agosto. El presidente pretende que la implicación masiva de los ciudadanos convenza a sus representantes en Washington, demócratas y republicanos, de la imperiosa necesidad de llegar a un acuerdo antes de esa fecha, en la que el Gobierno se quedará sin dinero para atender sus compromisos. Después de extenuantes y estériles negociaciones, el Senado, de mayoría demócrata, y la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, someterán a votación esta semana planes rivales para reducir el gigantesco déficit estadounidense y elevar el techo de su deuda.

El aumento de los límites de endeudamiento es vital para el servicio de la deuda y para mantener el funcionamiento del Gobierno federal. Una suspensión de pagos debilitaría la maltrecha economía de la superpotencia y representaría una pesadilla política y logística. Enviaría también, como ayer puso de manifiesto el apremiante mensaje de la máxima responsable del FMI, una señal gravísima a un sistema financiero global ya agobiado por la crisis europea de la deuda.


Más allá de sus muy serias repercusiones, el infructuoso diálogo a cara de perro entre demócratas y republicanos sobre un asunto crucial es un síntoma inquietante de cómo está cambiando el marco político en Estados Unidos; y hasta qué punto la casi nula capacidad de compromiso entre adversarios comienza a hacer disfuncional el sistema. Los ciudadanos asisten perplejos al espeso punto muerto al que se ha llegado tras un tira y afloja enquistado en una rancia intransigencia partidista, mayor entre los republicanos, según los sondeos.

Ambos bandos admiten que EE UU no puede incumplir sus obligaciones económicas, y sus notables proclaman que en el minuto de la verdad se acabarán las poses. Pero el doctrinarismo acumulado en sus respectivas posturas, su desconfianza, hace heroica la marcha atrás sin perder la cara. Para la derecha, que lleva la iniciativa, es anatema la subida de impuestos que quieren los demócratas. Para estos, un eventual pacto no puede descansar exclusivamente sobre la reducción del gasto, sacrosanta para los republicanos. La tendencia de Obama al compromiso no surte efecto.

Elemento decisivo del nuevo y beligerante clima político es la irrupción del Tea Party. Su presencia creciente y sus expectativas están modificando el paisaje en una dirección próxima al fundamentalismo, que aleja, como es el caso, la posibilidad de acuerdos razonables. A sus representantes parlamentarios les suele mover más su condición de francotiradores de la causa que las lealtades al alma mater republicana. Resulta alarmante que, para los más obcecados entre ellos, la fecha del 2 de agosto represente básicamente una maniobra intimidatoria de la Casa Blanca, un mito sin consecuencias.


El País - Editorial

lunes, 20 de diciembre de 2010

Zapatero y Obama. Por José María Carrascal

La principal diferencia entre Zapatero y Obama es que Obama es un hombre de centro, Zapatero es un izquierdista radical.

«OYE —me pregunta un amigo al felicitarme las Navidades—, ese Obama, ¿está tan mal como Zapatero? Pues aquí se dice que va fatal». Me llevó su tiempo explicarle la verdadera situación, y como supongo que serán bastantes los españoles que se hacen la misma pregunta, voy a dedicar esta «postal» al tema, que sin duda interesa, como todo lo que ocurre en Estados Unidos.

Que Obama ha perdido poder y prestigio, no cabe duda, y ahí está el descalabro en las últimas elecciones legislativas para demostrarlo. Pero conviene tener en cuenta, primero, que partió de un nivel de popularidad altísimo y, segundo, que una cosa es ser candidato y otra muy distinta, ser presidente, sobre todo en medio de una gravísima crisis económica y con dos guerra que no se pueden ganar, todo lo más salir de ellas sin ser derrotado, que es lo que Obama pretende. En Irak puede conseguirlo. En Afganistán es mucho más dudoso.


Pero su verdadera batalla es la doméstica y ahí, pese a las apariencias, no le va tan mal. Es más, puede presentar más victorias que derrotas, a diferencia de nuestro presidente. Con lo que llegamos al nudo del asunto. La principal diferencia entre Zapatero y Obama es que Obama es un hombre de centro, de centro izquierda si quieren, pero más de centro que de izquierda. Mientras Zapatero es —o era, pues a estas alturas ya nadie sabe lo que es, él incluido— un izquierdista radical, alguien que venía a cambiar la historia, la sociedad y la estructura territorial de España, a romper con su pasado, no ya conservador, sino de izquierda moderada. De ahí su negociación con ETA, su alianza con los partidos nacionalistas de tinte independentista, su enfrentamiento con la Iglesia, su empeño por excluir al PP, su Alianza de Civilizaciones, el Irán nuclear incluido. De todo ello no queda hoy nada, barrido por la crisis económica, que en su sectarismo se negó a reconocer.

Obama, en cambio, se propuso desde el principio buscar una alianza de centro con los demócratas moderados, para ir solucionando los problemas más importantes del país. Y a la chita callando, lo está consiguiendo. La reforma sanitaria, la salida de Irak y Afganistán, la nueva ley fiscal, la aceptación de los gays en el ejército. Todo ello a base de compromisos, de ceder en algunos aspectos y ganar en otros, de ir soldando esa gran alianza de centro que buscaba. Hoy, su problema son los extremos, el Tea Party en la extrema derecha y la extrema izquierda de su propio partido, que le acusa haber cedido demasiado. Pero recuerden que los extremistas nunca han ganado unas elecciones en Estados Unidos.

Mientras Zapatero ha tenido que tirar por la borda prácticamente todo su programa político, económico y social. Estando hoy enfrentado a todos excepto a los que le deben el cargo, muchos pero no bastantes para ganar unas elecciones. Esa es la gran diferencia.


ABC - Opinión

lunes, 13 de diciembre de 2010

Obama, en dificultades

Cunde la impresión entre las filas demócratas de que el presidente comienza a dar bandazos

El avance de los republicanos en las elecciones de noviembre hizo que Barack Obama tuviera que revisar la agenda con la que llegó a la Casa Blanca, dando prioridad a la política interior sobre la exterior y aparcando sus proyectos más reformistas. Pero un giro económico que podría dar resultado pensando en las próximas presidenciales está teniendo consecuencias inmediatas en las propias filas del presidente. La pasada semana, los demócratas decidieron rechazar en la Cámara de Representantes los planes de Obama para prorrogar el recorte fiscal que puso en marcha su predecesor, y que concluye este año.

Más que una derrota de efectos irreversibles, es una advertencia para los dos años que restan al mandato presidencial. La Cámara que votó contra la propuesta de Obama será renovada en breve y los demócratas que se han opuesto a su líder han pretendido dejar constancia de que no suscriben la estrategia de respuesta a la derrota de noviembre. De ahí que no surgiera ninguna propuesta alternativa en la Cámara, sino un rechazo a los términos en los que Obama presentó la iniciativa. Los demócratas consideraron que se trataba de una concesión excesiva a los republicanos, puesto que renunciaba a una de sus más importantes promesas electorales.


Si Obama ha decidido reconsiderar su posición sobre el recorte fiscal es, en gran medida, porque las elecciones de noviembre introdujeron un alto componente ideológico en la política estadounidense. Las acusaciones de estar llevando al país por la vía del socialismo que se dirigen contra Obama han tenido más eco del que cabría esperar de un eslogan tan llamativo como manifiestamente irreal. Aumentar la fiscalidad o, como en este caso, no prorrogar su recorte, ofrece una inmejorable baza propagandística a los republicanos, que desde noviembre vienen repitiendo la idea de que el gasto del Gobierno federal es excesivo. Mientras que la Casa Blanca ha tratado de cerrar este flanco, los demócratas han considerado que este brusco giro agravará el problema del déficit, sin que contribuya a mantener la fidelidad de su electorado. Tras el rechazo del Congreso, la propuesta de Obama se votará esta semana en el Senado, donde ya se han iniciado las escaramuzas entre republicanos y demócratas.

Es probable que Obama pague un alto coste político sea cual sea el desenlace del debate en curso sobre la fiscalidad. Si impone su criterio inicial, porque lo habrá hecho desdiciéndose de una promesa electoral en la que marcaba una clara diferencia con su predecesor. Pero si no consigue llevarlo adelante aparecerá como un presidente cuestionado desde sus propias filas. Esta es la impresión que se va abriendo camino entre los votantes demócratas, cada vez más decepcionados con la lentitud de las reformas y la actitud vacilante con la que el presidente se enfrenta a los obstáculos. Los republicanos han logrado movilizar a su electorado, en especial tras las elecciones de noviembre. Entre los demócratas, por su parte, cunde la impresión de que Obama ha comenzado a dar bandazos.


El País - Editorial

lunes, 8 de noviembre de 2010

Adiós, Obama. Por José Carlos Rodríguez

Se acabó el Obama que conocíamos. No creo que él acabe de entender lo que ha pasado. Y no creo que un hombre brillante, pero que no ha cumplido ni una legislatura en el Senado, tenga la capacidad de manejarse políticamente en este contexto complicado.

Cada cita electoral en Estados Unidos viene con su catálogo de viejas y nuevas enseñanzas. De ellas, una no debiera pasarnos por alto, y es que los estadounidenses han rechazado la política de Obama. El resultado tiene algo de profecía autocumplida, pues Obama, con Harry Reid y Nancy Pelosi en el Senado y la Cámara de Representantes, impulsó un cambio político acelerado en un sistema político poco proclive a los golpes de timón. Todo porque temía que lo que no consiguiese en los dos primeros años le sería complicado colocárselo al Congreso en los dos siguientes. Pero esa prisa ha precipitado, precisamente, esa derrota.

Han cambiado de signo 60 escaños de Representantes. ¿Son muchos o pocos? La media de los trasvases está en la veintena. Afinando un poco más, un politólogo ha creado un modelo para apreciar qué trasvase de escaños es previsible, en función del tipo de elección que sea (en este caso unas elecciones de mitad de mandato de primera legislatura), la ventaja del partido mayoritario (ya que cuanto mayor sea, más fácil es que pierda escaños) y la evolución económica (medida con la marcha de los ingresos semanales). Con esos datos en la mano, lo previsible es que los demócratas perdiesen 45 representantes, que pasarían a manos republicanas. Sí, ha sido una victoria histórica del Grand Old Party.


Nada más tomar posesión llegué a la convicción de que Obama no iba a ganar en 2012, y sigo aferrado a esa idea, ahora más que nunca. Y eso que en los últimos 100 años, siempre que un presidente ha perdido el Congreso a los dos años de estrenarse ha salido reelegido. El último, por cierto, Bill Clinton, después del vuelco electoral liderado por Newt Gingrich con el "Contrato con América" de 1994 y que quedó en nada dos años más tarde, lo que debe hacer pensar a los republicanos sobre qué errores cometieron entonces y no deben repetir. Según el propio Gingrich se resumen en prometer mucho y cumplir poco. Así funciona la democracia estadounidense.

Las perspectivas para los demócratas son francamente malas. En estos dos años, Obama no va a poder sacar adelante su programa, con una Casa en su contra y con el Senado con una mayoría tan exigua. Es más, los votantes han hablado contra el gasto y el déficit excesivo, y 23 senadores demócratas que se juegan su puesto en 2012 lo habrán de tener en cuenta si quieren seguir. Más a largo plazo, los republicanos han ganado 9 estados y controlan 29. El año que viene los estados tendrán que rehacer los distritos electorales, cuando tengan los datos del censo, que se renueva decenalmente. Y cada estado lo hace a mayor beneficio de su propio partido.

Hay cambios más profundos y preocupantes para los demócratas, como que las mujeres, los independientes, los católicos y los suburbios se están decantando por el partido rojo. Obama, con ese gusto de la izquierda por crear nuevas Pyongyang, ha fomentado la concentración en grandes urbes sometidas al diseño de planificadores urbanos. Pero los estadounidenses prefieren vivir en los suburbios, en casas con jardín antes de en pisos en grandes urbes. Ahí es donde está el sustrato social del Tea Party, donde se tiene más apego a los valores tradicionales, junto con quienes viven en el campo.

Pero aquí hay lecciones para todos. También para el Tea Party, que ha obtenido un resonante éxito en estas elecciones, pero que también se ha llevado unos cuantos reveses. Su discurso le ha permitido llevar al Partido Republicano a muchos votantes que se habrían quedado en casa. Pero las ideas no son suficientes; tienen que defenderlas candidatos solventes. Y toda la frescura y la espontaneidad del movimiento Tea Party ha llevado al apoyo a candidatos francamente malos, como Christine O'Donnell, Sharron Angle o Ken Buck.

Bien es cierto que no es fácil encontrar nuevos Ronald Reagan. Pero estas elecciones han llevado al Senado a Rand Paul, hijo del congresista Ron Paul, el más identificado con el Tea Party (se siente más parte del movimiento que del aparato republicano) de los nuevos senadores del GOP. No tiene la capacidad de comunicar del ex presidente, pero al menos sí tiene buenas ideas que compartir. Va a proponer una enmienda a la Constitución que obligaría a que el presupuesto no incurriese en déficit. Y propondrá que se les dé a los legisladores un día por cada 20 páginas que tengan las nuevas leyes propuestas. No es una tontería. La mayoría de las leyes que se votan, incluso las más importantes, no las leen por falta material de tiempo.

Se acabó el Obama que conocíamos. No creo que él acabe de entender lo que ha pasado. Y no creo que un hombre brillante, pero que no ha cumplido ni una legislatura en el Senado, tenga la capacidad de manejarse políticamente en un contexto complicado, como es el que le espera en los dos próximos años. Ya tiene título para su próximo libro, publicado en 2013: Yes, we could.


Libertad Digital - Opinión

domingo, 7 de noviembre de 2010

Desayunar con té. Por Germán Yanke

El duro golpe recibido por los demócratas en las elecciones tiene paradójicas interpretaciones caseras.

El duro golpe recibido por los demócratas en las elecciones tiene paradójicas interpretaciones caseras. Para unos, la «paliza» que reconoció Obama parece recibida por Zapatero al que sorprendentemente se identifica con el americano haciéndole un honor poco justificado. Otros pretenden identificar el Tea Party, presentado como quintaesencia de la extrema derecha, con el PP para caricaturizarlo negativamente. Y hay quienes echan de menos un movimiento similar en la estela de los que piden al PP que haga «algo más».

El Tea Party, manifestación de un populismo que surge en EE.UU. periódicamente, tanto a la derecha como a la izquierda, tampoco debería ser el modelo para dar fuerza razonable a la alternativa de la derecha en España. Algunos populares insisten en que el mensaje del Tea Party es válido aquí: menos impuestos, menos Gobierno, más patriotismo. Si sólo fuese eso no se habría dado la convulsión que ha supuesto en el Partido Republicano. Los dos primeros objetivos están imbricados con una posición radical contra el Gobierno federal, que ahora no es de los suyos. Pallin es el ejemplo paradigmático de defenderlos para Washington y vulnerarnos en Alaska, donde fue una gobernadora promotora de un intervencionismo escandaloso. Aquí se da una lamentable incoherencia entre la posición ante la Administración central y ante las autonómicas cuyo poder se detenta. El patriotismo se basa en el Tea Party en la concepción de que sólo sus particulares valores lo encarnan, hasta el punto de convertir a quienes no los aceptan, no en discrepantes, sino en enemigos. De ellos y de la patria. La acción política implicaría el empeño por «liberar» al pueblo de los conflictos entre valores irreconciliables, cuya aceptación está en la base del respeto a las opciones plurales, imponiendo los propios. Espero que, cuando Rajoy dice que en el PP no hay Tea Party, no se refiera sólo a una suerte de partido dentro del partido, sino a que no se quiere imponer una utopía peligrosa para la sociedad liberal. Desayunar con té, decía Berkeley, es como interpretar a Stravinsky con la armónica.


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ABC - Opinión

Cultura y contracultura. Por José María Carrascal

Estamos ante algo más allá de un cambio político, para entrar en los valores, más amplios y profundos.

EL gran debate hoy en Estados Unidos no es si Obama cambia o no de política tras el descalabro electoral. Es si lo ocurrido el martes fue lo usual en las elecciones intermedias —retroceso del partido gobernante— o un vuelco en la escena norteamericana, al estilo de los que experimenta el país cada cuatro o cinco décadas. Y la opinión mayoritaria es que sí, que ese vuelco se ha producido, cerrándose el periodo «liberal» iniciado en los años sesenta del pasado siglo, para iniciarse otro conservador. Les paso los argumentos:

1. El cambio del mapa político es mucho mayor de lo que se ha dicho. Se habla de «ambas costas frente al centro». En realidad, ha sido la esquina noreste, en torno a Nueva York, y la esquina suroeste, en torno a California, frente al resto del país. El Sur —demócrata desde la guerra civil—, el oeste agrícola y centro industrial —demócratas ambos tradicionalmente— se han pasado a los republicanos.

2. Lo que hay detrás de ese vuelco es algo más que el desencanto con un presidente y las estrecheces de una crisis. Es el miedo y la ansiedad de las clases media y trabajadora norteamericana ante su futuro y el de sus hijos, ante la pérdida de competitividad en el mundo y la frustración de depender cada vez más de subsidios.


3. El Tea Party no es ninguna novedad ideológica lanzada por cuatro radicales que engatusan a los incautos. Bien al contrario, sus consignas —menos gobierno, más individualismo; menos regulaciones, más iniciativa privada— son las que han hecho Estados Unidos y las que suscriben tanto los republicanos, como la mayoría de los demócratas.

4. Dos ejemplos: en la archiliberal California la propuesta de legalizar la marihuana ha sido rechazada, y en Iowa, los tres magistrados que habían legalizado el matrimonio homosexual no fueron reelegidos. Marihuana y homosexualidad, dos iconos de los años 60, apartados de la corriente general. Es como si la vieja cultura viniera a reemplazar a la contracultura de moda.

O sea, que estamos ante algo más allá de un cambio político, para entrar en los valores, más amplios y profundos, al no quedarse en el gobierno y alcanzar a las personas. La mayoría de los norteamericanos parecen haberse dicho que lo que les ha llevado a la situación actual, lo que les ha hecho perder riqueza, prestigio, confianza y seguridad es haber abandonado sus viejos valores, para adoptar otros importados, de Europa en general y del socialismo en particular.

Son éstas palabras mayores, por lo que habrá que esperar que el futuro las confirme o las rechace. De momento, Obama tendrá que adaptarse más al Tea Party que el Tea Party a Obama, según el último dictado de las urnas.


ABC - Opinión