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miércoles, 13 de julio de 2011

Catorce años... Nada. Por Gabriel Albiac

Al absurdo no hay modo de acomodarse. Eso estalló en el frío asesinato, con fecha y hora fija, de Miguel Ángel Blanco.

«OH sol, sol, deslumbrante fallo!» La fría matemática de los versos de Paul Valéry fue lo primero, es extraño, que me vino a la cabeza cuando estalló todo nuestro universo convenido. Era verano, al borde de la playa. Yo me había blindado frente a la amarga cosa a la cual llamamos mundo: vacaciones. Todavía hoy me sorprendo al preguntarme cómo supe la noticia. Sin radio, sin ordenador, sin teléfono… Pero la supe. Fue como si algo se hubiera roto en la desidia de sol, playa, verano, gentes que buscan olvidar por unos días. Un disparo. En la cabeza. 1997. ¿Cómo pueden haber pasado catorce años tan deprisa?

No era nueva la presencia de la muerte en el País Vasco. Desde el final de los años sesenta era una recurrente pesadilla. Estaba en nuestras vidas. Pudimos, con ingenuidad, pensar que el final de la dictadura sería también el de aquel delirio. No lo fue. Como en todo lo crónico, la monotonía acabó por sobreponerse incluso a la tragedia. Morían gentes. No queríamos percibirlo. Demasiado amargo.


¿Qué fue lo que hizo quiebra aquel 13 de julio? ¿Por qué a todos nos hirió así el dolor vivir en un país que ha perdido su alma? No era el horror. De eso, a tales alturas, sabíamos demasiado. Fue el absurdo lo que nos dejó como cristalizados en el ámbar de un sol que era, de pronto, el del poema de Valéry: mentira inmensa que nos preserva de ver hasta qué punto nuestro universo «no es más que un fallo en la pureza del no ser».

El absurdo. Un hombre de 22 años que sale de casa para coger el cercanías, acercarse a donde sus amigos lo esperan para un ensayo. El batería no llega, los amigos se preocupan. Y el aviso de ETA. Será «ejecutado» en cuarenta y ocho horas. Todo está demasiado en el límite para que nadie pueda fingir ilusiones. Ortega Lara había sido liberado por la Policía poco antes. Tras un año pudriéndose en un agujero. Miguel Ángel Blanco era el precio al cual ETA necesitaba rescatar aquel fracaso. No había esperanza de piedad. Ni tiempo para una operación de rescate. El partido del joven concejal sabía la tragedia a la cual se enfrentaba. Lo sabía su familia. Hubo algo nuevo entonces. Todos supimos, de pronto, que aquella tragedia no era ni de partido ni de familia. Sólo. Era nuestra. La de la España herida que fue la nuestra. Cada minuto de aquel plazo de muerte nos mataba. Cuando la noticia congeló la indolencia del verano, supimos que algo en nosotros se había roto: la esperanza. Y la amargura de vivir para ver eso fue de todos. Al horror, sí, estábamos habituados: va en lo humano. Al absurdo no hay modo de acomodarse. Eso estalló en el frío asesinato, con fecha y hora fija, de Miguel Ángel Blanco.

Yo había cortado puentes: me creía a salvo de la sobredosis de realidad por unos días. No sirvió. Todo seguía igual: el mar, ante cuya perseverancia nada son nuestras miserias; el sol, a cuyo plomo retorna todo siempre; «la extraña omnipotencia de la Nada».

No escuché la radio, no leí la prensa, no conecté el teléfono… La muerte estaba allí, en cada corro de gentes mudas frente al mar. Traté de abandonarme al sosiego ajeno de las olas. En vano. Nada iba a ser lo mismo tras aquel 13 de julio. Hace ya catorce años. ¿Cómo puede pasar el tiempo tan deprisa?


ABC - Opinión

domingo, 15 de mayo de 2011

Lluvia, derrota. Por David Gistau

El dios de la lluvia lloró sobre las víctimas. Mejor dicho, sobre los despojos de una causa civil que antaño colmó avenidas y sacudió la sociedad con descargas morales, como un cable de alta tensión suelto. Pero que ayer apenas logró que un puñado largo de irreductibles, bien apelmazados para resistir el viento, ocupara una plaza madrileña sobre la cual aún gravita el recuerdo de uno de los más crueles atentados etarras. La integración de Bildu en el sistema fue narrada con tal dominio del tempo, que para cuando ocurrió la sociedad española ya la tenía aceptada.

Por ello, la concentración de ayer, primera de las de esta serie de la que no podía decirse que fuera preventiva, que constituyera una profecía de Casandra, no sólo no fue el aguijonazo que alentara una «rebelión cívica» de largo aliento. Sino que tuvo cierta impronta de soledad, casi de desconexión, como si los presentes estuvieran abocados a recordar a esos soldados japoneses que permanecían emboscados en una isla porque no sabían que su bando ya se había rendido. Las asociaciones de víctimas están en El Álamo, barridas por los engranajes del Estado, por la eficacia en la intriga del PSOE y por la deserción de Rajoy, ese koala abrazado a la rama del reproche económico.


Salvo por algunas presencias de miembros del partido que no están en el núcleo de Rajoy, el PP, a diferencia de la primera legislatura, ha desistido de levantar un dique de contención. Se ha dejado abducir por la reanudación del «Proceso», concediendo al Gobierno un terreno casi despejado, aparte de la voluntad inquebrantable de las víctimas.

Pero éstas no tienen la fuerza de antes, ni irradian el mismo poder de convocatoria. De hecho, personas que deberían estar arropadas por un respeto estatuario parecen ahora personajes de extramuros, regurgitados. Bastaba escuchar a oradores como Ortega Lara, Salvador Ulayar o Regina Otaola para comprender que se sienten abandonados por el ente que debería tutelar sus derechos y defenderles de sus enemigos: el mismísimo Estado, que ha renunciado a su estatura hobessiana para hacerse flexible al cálculo político, y por ello ha defraudado principios fundacionales, aventando una desconfianza definitiva. Era mencionar alguien el Tribunal Constitucional e, igual que en el guiñol cuando sale el malo de la porra, del público emergía un abucheo.

Cuando se pierde la confianza en el Estado y además desertan los líderes profesionales, queda un vacío que pronto llenan otros líderes naturales, emanados de la propia muchedumbre huérfana. En ese hombre estuvo a punto de convertirse Ortega Lara, tan reticente siempre a pronunciarse en público, y que por ello dio un barniz de excepcionalidad a su intervención de ayer. Y lo que hizo fue sembrar un mensaje muy disolvente con las instituciones, con las representaciones del Estado, como si todas ellas merecieran ser perseguidas por una reputación de traidoras que no arreglará un posible gobierno de Rajoy, enajenado de esa parte de su electorado a la que complació que en algún momento el PP fuera el abanderado de las víctimas.

La misma rabia contuvo el apasionado discurso de Ulayar, hijo de un asesinado por ETA, que dio a entender que el Gobierno pretende disolver a todos los muertos por terrorismo en un compartimento moral donde la impunidad se hace olvido.

Otaola fue más testimonial, y por lo tanto más concreta. Esbozó, refiriéndose a su propia vida cotidiana, un futuro del que tenemos todos el recuerdo. El del matonismo institucionalizado. El del achique de espacios a todo antagonista de la izquierda abertzale. El del asalto terrorista de los fondos públicos y los censos. El «silencio de los corderos», como lo llamó, que impone un canon unitario que aún encomienda todo su poder de disuasión a una mafia con coartada política.

La gente se desperdigó y se metió en bares o en el Metro para huir de la lluvia. Eran pocos. Han perdido y sienten que no les ha derrotado el terrorismo, sino la encarnación jurídica y política de la misma nación por la que se creían prolongados. Extraños tiempos, en los que las víctimas son antisistema y Bildu da lecciones de integración democrática.


ORBYT - El Mundo

sábado, 14 de mayo de 2011

Ortega Lara, al TC:¿Qué arriesgan ustedes más allá de su sillón?

José Antonio Ortega Lara el 14 de Mayo de 2.011 en la concentración de Voces Contra el Terrorismo.

Con las víctimas, ahora más que nunca

Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.

La posibilidad de que el Gobierno permitiese a ETA presentarse a las elecciones, como le había permitido mantenerse en decenas de ayuntamientos vascos mal disfrazada de ANV, ha sido uno de los motivos por los que se ha reactivado la rebelión cívica de las víctimas del terrorismo en los últimos meses. Un temor que fue confirmado por la vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional, votada por cinco jueces de estricta obediencia socialista y otro al servicio del nacionalismo. Seis jueces que han demostrado una vez más que en nuestro sistema político no rige la separación de poderes, marca de fábrica de toda democracia que merezca tal nombre.

El PSOE será el principal responsable de que ETA permanezca en los ayuntamientos, disponga del censo para sus fines y reciba subvenciones del Gobierno por los resultados políticos que consiga. La agonía de la banda terrorista comenzó cuando por fin comenzaron a emplearse todos los instrumentos de los que podía servirse un Estado de Derecho para acabar con esta lacra. Sus brazos políticos empezaron a quedar fuera de las instituciones públicas, perdiendo el dinero que perciben por ello, en forma tanto de sueldos como de ayudas directas a los partidos políticos.

A cada paso de este camino se dijo que una gran parte de la sociedad vasca lo encontraría injusto, que ganarían simpatías y apoyos. Lo cierto es que no han hecho sino perder relevancia. Y ahora, cuando más cerca estamos del final, el Gobierno vuelve a insuflar oxígeno a una ETA cuyo único destino debiera ser el de desaparecer sin haber logrado ni una sola de sus reivindicaciones.

¿Qué camino puede quedar a las víctimas del terrorismo sino el de protestar ante la evidencia de que el Gobierno los considera ciudadanos de segunda? Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.




Libertad Digital - Editorial

viernes, 6 de mayo de 2011

Voces Contra el Terrorismo anuncia movilizaciones para el día 14 de mayo en Madrid

SE HA CONSUMADO LA TRAICIÓN.

Voces Contra el Terrorismo denuncia que a partir del día 22 de mayo, 252 ayuntamientos de la comunidad autónoma vasca y navarra, tendrán representantes de ETA entre los concejales de las corporaciones, gracias al Gobierno de Rodríguez Zapatero que ha permitido de forma tácita la continuidad de ETA en las instituciones.

Las continuas declaraciones de miembros del Gobierno e incluso del propio Lehendakari Pachi López, dejan al descubierto la connivencia de estos con el proyecto de BILDU, es decir, la negociación sumergida que desde Voces Contra el Terrorismo venimos denunciando desde hace tiempo.

La utilización torticera de las instituciones, realizada por el Gobierno para colar a ETA en los ayuntamientos , ha puesto en jaque al Estado de Derecho, ya que para Voces Contra el Terrorismo la sentencia del Constitucional dando luz verde a BILDU, ha derogado de facto la Ley de Partidos Políticos. Además de demostrar la nula independencia que tienen Tribunales como el Constitucional al ser sus componentes son elegidos por los partidos políticos.

De nuevo el tiempo vuelve a dar la razón a personas como Jaime Mayor Oreja que ha denunciado al igual que VCT en la más profunda soledad la continuación de la negociación del Gobierno con ETA. Dónde para VCT una de las cesiones pactadas con ETA es permitir su continuidad en las instituciones.

De nada ha servido la encomiable labor de los Cuerpos y Fuerzas del Seguridad del Estado para demostrar, como ha dicho el Tribunal Supremo, que BILDU es ETA ya que el Gobierno se ha valido de un tribunal que no tiene ninguna independencia para consumar su pacto con ETA.

No puede quedar ninguna duda llegado a este punto de la existencia de la negociación con ETA, negarla es ser cómplice por omisión o acción con el proyecto político de este Gobierno en materia antiterrorista.

Durante meses el Gobierno ha intentado engañar buscando resultados en beneficio propio, argumentando modificaciones en leyes que impedirían la continuidad de ETA mientras dirigentes socialistas esperaban con esperanzas que el brazo político de ETA pudiera seguir en las instituciones.

Ante este panorama VCT no se quedará cruzada de brazos mientras que los terroristas celebran con Champán la inclusión de ETA en los comicios Municipales. Es por ello que emplazamos a todos los ciudadanos, asociaciones, Partidos políticos, medios de comunicación a secundar la convocatoria de protesta que en los próximos días se hará público todos los datos para dejar claro al Gobierno que no aceptamos los chantajes de los terroristas.

LA REBELIÓN CÍVICA SERÁ IMPARABLE HASTA LA DERROTA FINAL DEL TERRORISMO.

NO MÁS MENTIRAS, NO MÁS TREGUAS TRAMPAS, EN MI NOMBRE ¡NO!


Voces Contra el Terrorismo

martes, 12 de abril de 2011

Manifestación. La rebelión continúa. Por Regina Otaola

No caigo en el pesimismo porque viendo la fuerza y el convencimiento de esa rebelión cívica que se está consolidando, creo que al final se impondrá la cordura y la sensatez, la justicia y la dignidad.

La manifestación convocada por la AVT fue un éxito de participación ciudadana, una muestra clara de que los españoles no se rinden sino que siguen exigiendo sin desmayo la derrota del terrorismo. La rebelión cívica iniciada en noviembre con la convocatoria de Voces contra el Terrorismo continúa viva, muy viva. ¿La razón? El convencimiento de que ETA seguirá estando en los ayuntamientos, esta vez de la mano de Bildu. Convencimiento basado en la trayectoria torticera de este Gobierno.

Las frases que se oyeron a lo largo de las dos horas y media son una muestra clara de que los españoles que allí estábamos no solo no confiamos en este Gobierno, sino que le pedimos por los medios que tenemos a nuestro alcance que dimita, que se vaya. Un descontento tan patente evidencia, sin lugar a dudas, que este Gobierno lo está haciendo rematadamente mal en materia antiterrorista. Sigue empecinado en ganar la medalla de la paz de espaldas a las víctimas, a los ciudadanos y a la ley. Todo lo mide y manipula en función de su utilidad para llegar a conseguir ese objetivo, sin querer darse cuenta de que se están quedando sin el apoyo de lo más valioso que España tiene hoy en día: las víctimas del terror, sean de ETA o del 11-M. Una soledad que se va agrandando a medida que transcurre la legislatura: el sábado estaban presentes prácticamente todas las asociaciones de víctimas, estaba el PP, estaba UPyD, y no solo los medios de comunicación que siempre están al pie del cañón, sino otros muchos más.

Faltaban los de siempre, los nacionalistas; esos que solo apoyan al Gobierno si sacan algo de provecho, pero que en realidad lo desprecian radicalmente. También faltaban los socialistas, claro, pero a ellos nadie los esperaba.

Algunos piensan que ahora el Gobierno podría reaccionar, que podría escuchar a los miles y miles de ciudadanos que ayer salieron a la calle, pero me temo que no va a ser así. Seguirá por el camino que se ha trazado, con las orejeras puestas. Sin embargo, no caigo en el pesimismo porque viendo la fuerza y el convencimiento de esa rebelión cívica que se está consolidando, creo que al final se impondrá la cordura y la sensatez, la justicia y la dignidad. Si queremos ser verdaderamente libres debemos seguir exigiendo al Gobierno el respeto que nos merecemos.


Libertad Digital - Opinión

Zapatero ningunea otra vez a las víctimas

Las víctimas vuelven a ser, como en la anterior negociación, un incordio perfectamente ignorable en aras de un mejor entendimiento con los verdugos.

Nos encontramos ante la puesta en escena de una próxima negociación entre el Gobierno y el entorno etarra. Para verificarlo no hay más que seguir las iniciativas políticas del segundo y las siempre conciliadoras intenciones del primero. Durante la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero junto al presidente de Colombia, ZP animó a Bildu a estar en las elecciones. A cambio sólo pide que la formación profundice en unos pasos que, según dice, "algunos parece que quieren dar".

Tanta retórica hueca no tiene otra función que tender una mano al partido que ya se ha constituido como opción B de Batasuna después de que el Tribunal Supremo impidiese a Sortu presentarse a los comicios de mayo. El Gobierno insiste de este modo en hacer gestos de cara al entorno etarra para que modifiquen un par de cuestiones estéticas y concurran a las elecciones como cualquier otro partido. Bildu no es, sin embargo, un partido cualquiera.


Todo indica que tras esa palabra en vascuence –Bildu significa "reunir"– se esconde la Batasuna de siempre debidamente camuflada para pasar inadvertida y así consolidar y acrecentar su presencia en los ayuntamientos. No es casualidad que Bildu haya tachado de "incidente" el tiroteo del pasado fin de semana en Francia entre dos terroristas de la ETA y un gendarme que resultó herido en la refriega. Es el mismo lenguaje que utiliza la banda y, por ende, sus terminales mediáticos y políticos. Lo que para los dirigentes de Bildu no pasó de incidente fue, en resumidas cuentas, un intento de asesinato en toda regla, por más que Zapatero no quiera verlo y Rubalcaba se empeñe en hacernos creer que la reacción de Bildu ha sido un simple "sarcasmo".

Sabemos, pues, que la ETA sigue armada y plenamente operativa a pesar de un presunto alto el fuego que se ha terminado verificado en un intercambio de balazos. Sabemos también que está jugando al mismo juego que en 2007, cuando se sacó de la chistera dos formaciones políticas diferentes para colarse en las instituciones. Ahora sólo falta que el Gobierno admita ambos extremos y deje de flirtear con los representantes políticos de la banda.

No vendría tampoco mal que Zapatero, que tanto y tan bien se acuerda de Bildu para que sea "contundente en el rechazo a la violencia", pensara un poco en las víctimas, porque en su intervención no ha hecho ni una sola mención a ellas, a pesar de que el sábado pasado se manifestaron de un modo masivo en Madrid. Las víctimas vuelven a ser, como en la anterior negociación, un incordio perfectamente ignorable en aras de un mejor entendimiento con los verdugos.


Libertad Digital - Editorial

lunes, 11 de abril de 2011

Manifestación. Ocultaron la pedagogía política. Por Agapito Maestre

El sábado, los convocantes insistieron en que no era una manifestación contra el Gobierno, sino contra una posible participación de ETA en las elecciones de mayo. Raro.

Sensaciones extrañas sintieron los participantes en la manifestación convocada el sábado por la AVT. Sabores agridulces dejaron los correctos y larguísimos discursos de los intervinientes en los cientos de miles de asistentes. Hubiera bastado una frase de un orador, sólo una, para que los reunidos el sábado pasado en Madrid se hubieran sentido satisfechos de quienes hablaban por todos los asistentes, pero esa frase nunca fue dicha, a pesar de que fue coreada por los propios manifestantes durante el trayecto que va de la Glorieta de Bilbao a la Plaza de Colón. La frase es sencilla de retener: "Zapatero, dimisión por negociar con ETA".

Pero, por desgracia, los oradores nunca pidieron tal cosa; por supuesto, tampoco fue el argumento fundamental de sus parlamentos. Tuve la sensación de que los oradores ocultaban algo, aunque prefiero pensar que olvidaron, como olvidó Rajoy, que Zapatero había negociado con ETA, casi, casi, desde que llegó al poder, e incluso después del atentado de la T-4. Ese olvido es un gran error. He ahí el comienzo del fin del movimiento cívico iniciado, hace ya años, por el bueno de Alcaraz. He ahí, en fin, otro triunfo de la casta política sobre la última "esperanza" para hacer Política con mayúscula. En todo caso, es menester reconocer que esa manifestación fue un acto político y, por lo tanto, susceptible de ser interpretada en términos, naturalmente, políticos. Eslóganes, motivaciones y convocantes tienen que ser objetos de análisis políticos al margen de las buenas o malas intenciones que aniden en los organizadores. Y, por supuesto, los discursos de los oradores han de ser contrastados de acuerdo con los asistentes.


La manifestación del sábado convocada por la AVT y otras asociaciones de víctimas del terrorismo no es ajena a ningún enjuiciamiento político. Ya está bien de considerar a la víctima como un "melifluo" objeto de compasión o un abstracto referente moral. La víctima del terrorismo es, sobre todo, un actor político más en el proceso del debate público de la democracia española. Precisamente, porque la víctima nos ha permitido ejercer la ciudadanía a millones de españoles, es necesario recordarle que no olvide esa tarea de pedagogía política: la solidaridad con la víctima es una forma de cohesionar la nación, o mejor de hacer nación. Por lo tanto, la manifestación del sábado fue, obviamente, un acto político. ¡Qué otra cosa puede ser una manifestación de cientos de miles de individuos reunidos para protestar contra los cambalaches de Zapatero con la ETA!

El sábado, sin embargo, los convocantes insistieron en que no era una manifestación contra el Gobierno, sino contra una posible participación de ETA en las elecciones de mayo. Raro. Una convocatoria con ese distingo mueve a suspicacia, sobre todo si tenemos en cuenta que las asociaciones de víctimas del terrorismo, independientemente del juicio que tengan de ella los partidos políticos, son agrupaciones de un alto valor cívico y político; las asociaciones de víctimas, especialmente desde el punto de vista pedagógico, nos han enseñado, reitero, que la víctima de un atentado no es sino un caso particular, singular y terrible, de un atentado contra la nación, es decir, las víctimas del terrorismo somos todos los españoles. Los muertos, heridos, lesionados, torturados, en fin, todas las victimas cayeron por ser, simplemente, españoles.

Las oradores del sábado, sin embargo, olvidaron la lección política fundamental del propio movimiento de víctimas del terrorismo, a saber, si un Gobierno quiere integrar en los espacios legales a los criminales de ETA, es necesario pedir su dimisión.


Libertad Digital - Opinión

La voz del honor. Por Ignacio Camacho

No corresponde a las víctimas dirigir la política de la nación pero no hay nación ni política que pueda ignorar su verdad.

LAS víctimas siempre tienen razón, incluso cuando no la tienen. Sus simpatías políticas, individuales o colectivas, pueden resultar tan opinables como cualesquiera otras, pero su indelegable sufrimiento en primera persona les otorga una legitimidad moral incontestable en la reclamación de justicia. Son las vestales de la libertad, encargadas de mantener encendido el fuego sagrado de la memoria del sacrificio de tantos inocentes. Les asiste el derecho a ser oídas con respeto porque tienen la razón de parte, porque la sangre derramada jamás les ha arrancado una sola concesión al rencor o a la venganza y porque su voz representa el honor de una sociedad herida.

La justicia que reclaman las víctimas no es sólo la de la detención y el castigo de los culpables. Es la derrota del impulso homicida que ha movido la mano de los asesinos y de sus cómplices políticos y sociales. Es la extinción sin condiciones de ETA y el aislamiento democrático de su entorno. Sin tapujos, sin componendas, sin pactos, sin contrapartidas. La única paz posible después de casi novecientos muertos que no servirían de nada si uno sólo de quienes han apoyado , comprendido o colaborado en su muerte obtiene el premio de un puesto de representación democrática. Eso es lo que piden cuando, en tardes como la del pasado sábado, levantan su clamor contra el compromiso acomodaticio, contra el legalismo posibilista, contra la tentación pragmática: que no nos conformemos con ninguna paz ficticia construida sobre autoconcesiones a la indiferencia o al olvido.

Cada vez que ante esas voces siempre alertas me asalta alguna duda, algún titubeo, alguna flaqueza, abro al azar el libro «Vidas rotas», de Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey. Allí está escrito el relato individual de cada asesinado por ETA; uno por uno, hasta 857, con sus nombres, sus circunstancias y su historia, en mil sobrecogedoras páginas que son las actas frías de un infame delirio de persecución política, de un escalofriante holocausto imprescriptible. Están las víctimas y sus victimarios, porque no basta saber quién murió sino quiénes los mataron, quiénes son los culpables de este dramático y brutal rito expiatorio impuesto por el exaltado designio de sometimiento social a través del crimen, la humillación y la violencia. Y es ahí, en esa conmovedora lista del horror, donde se encuentra la razón última de la resistencia democrática a cualquier modalidad, por remota que sea, de alivio, perdón o desmemoria.

El testimonio de cualquiera de esas vidas truncadas impulsa la necesidad de escuchar las razones de las víctimas para sentir, aunque sea preventivamente, desconfianza, susceptibilidad o recelo. Ojalá estén equivocadas; porque es cierto que no les corresponde a ellas dirigir desde el luto la política de una nación, pero no hay política ni nación que pueda ignorar su verdad profunda, demoledora e inconsolable.


ABC - Opinión

domingo, 10 de abril de 2011

ETA fuera de las elecciones

De lo que se trata ahora es de evitar que ETA pueda concurrir a las elecciones municipales y más cuando ninguno de sus representantes "institucionales" ha hecho el más mínimo alegato serio, sincero y decente en contra de la violencia.

Mientras miles de españoles clamaban en las calles de Madrid contra la negociación con ETA y su participación en las próximas elecciones municipales, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, declaraba en el País Vasco que "ETA no ha cerrado la puerta y nosotros tampoco". Y ahí dejó la frase, válida lo mismo para un roto que para un descosido. La ambigüedad es una de las señas de identidad del Gobierno que más veces se ha reunido con los terroristas, así como la evidencia de que frente al terrorismo el PSOE aplica unos cálculos políticos que eliminan todo rastro de credibilidad en un discurso cuyo efecto más inmediato es ofender a las víctimas al tiempo que se ponderan los planteamientos de quienes no tienen más retórica que la de las pistolas.

Si como dice el ministro del Interior estamos ante el principio del fin de ETA no será precisamente por el delirante proceso llevado a cabo por el Gobierno durante la pasada legislatura. Y no será tampoco por las facilidades que se dieron a los cabecillas del aparato de extorsión terrorista en lo que constituye el caso Faisán del chivatazo a ETA. Si la banda está en una fase terminal eso tiene que ver con el rigor de algunos jueces y, sobre todo, con que los terroristas y sus voceros hayan visto seriamente limitada su presencia en las instituciones.


De lo que se trata ahora es de evitar que ETA pueda concurrir a las elecciones municipales y más cuando ninguno de sus representantes "institucionales" ha hecho el más mínimo alegato serio, sincero y decente en contra de la violencia; cuando su teórica desvinculación de la banda es negada por la propia trayectoria de los impulsores de las nuevas siglas, sean Sortu, Bildu, o cuando lo que se pretende con escaso disimulo es forjar una coalición en la que EA encarnaría el papel de caballo de Troya de las amenazas y la extorsión.

En cuanto al apoyo del PP a esta convocatoria, la tercera en los últimos seis meses y la única "bendecida" por Rajoy, parece obvio que en el dirigente popular ha hecho mella la agresiva campaña de la izquierda que equipara cualquier oposición a los planes y planteamientos del Gobierno con los postulados de la extrema derecha. Tal vez es en esos complejos donde haya que buscar las causas de la ausencia de Rajoy en la manifestación de Madrid. Sin embargo, considerar que su presencia en un acto de estas características puede ser un paso en falso en su camino hacia la Moncloa es tanto como renunciar a algunos principios fundamentales de su partido y de un amplio sector de la sociedad que le sostiene con sus votos, tan válidos como los que dice perseguir Rajoy en el caladero socialista. Dar la espalda a las víctimas del terrorismo y largarse a recoger un premio a Ponferrada no encaja con la teoría del PP sobre la materia.


Libertad Digital - Editorial

No más engaños a las víctimas

Un clamor popular exigió ayer al Gobierno socialista que la derrota policial y judicial de ETA incluya la extinción política de la banda.

LA multitudinaria asistencia a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo demuestra que el sentimiento de inquietud y preocupación por la presencia de ETA en las instituciones es real. El Gobierno no debe hacer oídos sordos, otra vez, a las víctimas de ETA, porque no están dispuestas a ser engañadas como en la anterior legislatura. Las víctimas saben que hay un riesgo cierto de que la banda consiga permanecer en los ayuntamientos vascos a partir del 22 de mayo. Si esto sucede, se deberá a una conjunción de factores que son los que ayer denunciaron las víctimas con toda legitimidad y razón. Factores que incluyen las asombrosas declaraciones a favor de legalizar Sortu hechas, entre otros, por el lendakari López; lendakari gracias al PP y a unas elecciones en las que ETA no participó por la Ley de Partidos Políticos. Factores como la calculada ambigüedad del Gobierno, que en el Supremo pide ilegalizar Sortu y ante los micrófonos afirma con solemnidad que «Sortu no es ETA». Y factores como la doctrina judicial de los votos particulares emitidos en la Sala del 61 y el la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que convergen en la legalización del proyecto político de ETA —así calificado por la mayoría de la Sala del 61— y, consecuentemente, de la negociación Estado-terroristas («caso Faisán»).

La detención continuada de «comandos» no es una estrategia original de este Gobierno y no sirve para despejar dudas. Sí fue novedoso y decisivo extender a partir de 2002 la persecución legal al frente político de ETA, de manera que sus testaferros —Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, ASB, PCTV, ANV, Sortu y otros de similar pelaje— unieron su suerte a la de los pistoleros. Hubo que esperar a una mayoría absoluta del PP, con José María Aznar al frente. Con la ley de Partidos Políticos, que tantas críticas apocalípticas recibió, se rompió la estrategia de vasos comunicantes entre votos y pistolas que ETA impulsó desde la Mesa de Alsasua, auténtico plan de colonización de las instituciones para hacer más eficiente su terrorismo y sus campañas de intimidación social.

Por eso, las víctimas de ETA que ayer se concentraron masivamente en Madrid no piden más detenciones. Piden que la derrota policial y judicial de ETA incluya su extinción política, porque, si no es así, no será una verdadera derrota.


ABC - Editorial

sábado, 9 de abril de 2011

¡Indignaos! (Hoy, esta tarde). Por Tomás Cuesta

Lo ocurrido en el «proceso» y el mismo proceso son una traición y una derrota del Estado, de los ciudadanos.

LA despedida en falso del presidente del Gobierno (y la agonía a crédito, y la derrota a plazos) ha camuflado tras un telón de humo su responsabilidad en asuntos tan concretos como la catástrofe económica y los contactos con ETA, ya sea en la fase negociadora o en el chivatazo en el bar Faisán. El efecto más inmediato del desesperado anuncio ha sido pintar una sonrisa de suficiencia en el rostro de Rubalcaba, al que todo el mundo pregunta qué se siente a las puertas de tomar posesión del PSOE, aunque el partido de los cien años de honradez sea una auténtica ruina, la zona cero de los negocios de familia, la antesala del trinque y el apalanque. Sin embargo, la desbandada general no será, como hasta ahora, un camino de rosas. Siete días después del renuncio, las víctimas del terrorismo salen a la calle —por tercera vez en seis meses— para intentar que los terroristas no participen en las próximas elecciones. Dicho con la claridad de quien vela a los inocentes, lo ocurrido en el «proceso» y el mismo proceso son una traición y una derrota del Estado, de los ciudadanos, del Derecho, de la lógica y del sentido común, además de colaboración con banda armada.

Es harto probable que el soplo policial a ETA que retrasó un año la detención de los responsables de las extorsiones no haya calado en la opinión pública con la intensidad, por ejemplo, con que lo ha hecho la negativa de los eurodiputados a pasarse de bisnes a turista. Las actas de la infamia, el chivatazo o los beneficios penitenciarios de los etarras no son «trending topic» en «Twitter» como tampoco lo son el paro o las andanzas de los hijos de Chaves, el mismo que exhibía un ridículo patrimonio de sesenta mil euros tras toda una vida política como prueba de probidad; lo que no quita ni pone a efectos de la potencia de las redes sociales, ni mucho menos respecto a la importancia, sustancia, calado y alcance de que el Gobierno mienta con reiteración, alevosía y ensañamiento sobre ETA, acumule unos registros históricos de desempleo y mantenga en sus puestos a Rubalcaba y Chaves como si aquí y en «Twitter» no pasara nada.

Puede que la manifestación de hoy no tenga grandes consecuencias en las urnas para los partidos tradicionales, distantes o directamente contrarios a las movilizaciones de las víctimas del terrorismo, pero es la respuesta de una parte considerable de la ciudadanía ante la clamorosa ignominia de repartirse el mundo con los etarras (incluso después de un atentado) y negar cualquier derecho a quienes pueden hablar de terrorismo de primera mano, que son, según Rubalcaba, Zapatero y Pajín, la «extrema derecha» y el «tdt party», un hallazgo retórico elemental que es la respuesta de carril cada vez que alguien osa inquirir sobre cómo es posible que individuos condenados por pertenencia a ETA sean considerados «hombres de paz» y puedan regresar a los ayuntamientos para alimentar la maquinaria sangrienta con fondos públicos, con el dinero de las propias víctimas.

¿Y qué dirán, por cierto, los entusiastas de «¡Indignaos!» —ese turbio panfleto antisemita— de aquellos que esta tarde proclamarán su indignación a pie de calle? La respuesta es tan obvia como miserable. Dirán que es indignante que la gente se indigne a beneficio de los reaccionarios. Porque las víctimas, según de qué parte caigan, son daños colaterales, sangre caducada.


ABC - Opinión

Manifestación. La casta debería ir en la pancarta. Por Pablo Molina

Una ración de sinceridad cercana del ciudadano hacia el político díscolo es vacuna eficacísima contra las veleidades progres en materia de terrorismo, y en el PP periférico ya hay quien va necesitando una monodosis tamaño elefante.

La decisión de las organizaciones de víctimas del terrorismo convocantes de la manifestación de este fin de semana, impidiendo a los políticos que aparezcan en la primera fila, me parece una concesión demasiado generosa a nuestra casta que, seamos honestos, tampoco es que vaya a sufrir una epidemia de hernias discales por trabajar un poquito un sábado por la tarde.

Los políticos, al menos los del Partido Popular, deberían haber sido invitados con cierta insistencia a participar en la manifestación de este sábado en lugar destacado, porque el 99,9 por ciento de sus votantes defiende la memoria y la dignidad de las víctimas, las acompaña cada vez que lo necesitan y quiere que los políticos a los que entrega su confianza acudan a todas y cada una de las convocatorias que se realicen en apoyo de los heridos y los familiares de los asesinados por el terrorismo. El resto de los votantes, ese 0,1 por ciento en el que me incluyo, querría además que lo hicieran de rodillas para purgar sus muchas traiciones, pero esa es una cuestión marginal dada la importancia de los asuntos que se ventilan.


En las primeras filas de la manifestación de este día 9 deberían ir los 153 diputados, los 123 senadores y el medio millar largo de diputados autonómicos que el Partido Popular mantiene a cuerpo de rey gracias al voto de los ciudadanos anónimos que acuden desde todos los extremos de España a estas convocatorias; y no precisamente en la clase business de Iberia, sino en autobús o coche particular, donde no hay azafatas que te sirvan lingotazos para entretener el viaje.

Además, la presencia de los altos cargos del PP en la cabecera de la manifestación tendría efectos pedagógicos muy interesantes, al menos en lo que respecta a esos centristas vergonzantes que juegan a la ambigüedad en asuntos tan graves, a los que con toda seguridad sus votantes les harían llegar de primera mano la opinión que les merece su actitud traidora. Una ración de sinceridad cercana del ciudadano hacia el político díscolo es vacuna eficacísima contra las veleidades progres en materia de terrorismo, y en el PP periférico ya hay quien va necesitando una monodosis tamaño elefante.

Se hace difícil llevar la contraria a una organización de víctimas del terrorismo porque, sinceramente, alguien al que le han asesinado a un familiar por patriota dice que esto no es Libertad Digital sino la versión web del Pumby (FJL dixit) y yo simplemente cambio de tema. Es sólo que a veces las víctimas se pasan de buenas y hay quien no merece tanta bondad. Los políticos, menos que nadie.


Libertad Digital - Opinión

La razón de las víctimas

Las víctimas del terrorismo saldrán hoy a las calles de Madrid con el propósito de que ningún partido afín a Batasuna esté presente en las elecciones. O lo que es igual, para que ETA no regrese a las instituciones. Se presume una movilización masiva, y no sólo porque la sociedad mantiene una lealtad y un apego afectivos a esos cientos de compatriotas que constituyen un referente moral para todos, sino porque una mayoría comparte las motivaciones de la protesta. Las víctimas se han ganado el respeto, pero también la confianza en sus pronunciamientos. Están avaladas por décadas de responsabilidad y de saber estar a la altura de las circunstancias.

Por eso entendemos las razones del colectivo para manifestarse. Vivimos una etapa de confusión y las víctimas temen que la banda terrorista pueda colarse en los ayuntamientos y las Juntas Generales. Hay un clima político distinto al de hace unos meses. Hoy, parece imposible asegurar que una marca proetarra no estará presente en las elecciones y ése es un motivo suficiente de alarma. Hay episodios que abonan esa incertidumbre. En primer lugar, el voto particular de siete magistrados del Supremo –casi la mitad– que dieron crédito a las palabras de Sortu y no a los documentos presentados por la Fiscalía y la Abogacía, ni a los informes de la Guardia Civil y la Policía. Que esos magistrados pertenezcan a la misma corriente ideológica que una mayoría de los miembros del Tribunal Constitucional que decidirá sobre el recurso de Sortu dispara las dudas.


Después, la posición de los socialistas vascos, que se han alineado con los criterios de esa minoría discrepante con el fallo que desmontó la trampa etarra en el Supremo. No sólo ha sido el presunto verso suelto de Jesús Eguiguren, sino que el partido, por medio de su portavoz, José Antonio Pastor, lo ha expresado con claridad. Que las tesis de Eguiguren se hayan impuesto supone caminar hacia la equidistancia, el borrón y cuenta nueva y el olvido, lo que es inaceptable. Las víctimas tomarán las calles mientras en el Congreso la Ley de Solidaridad con el colectivo lleva congelada desde octubre sin que se conozcan los motivos y a la espera de que los grupos se decidan a reactivar la tramitación. Esta situación es un escándalo y una burla a las víctimas, que no se merecen el enredo parlamentario de los dos grandes partidos que ha permitido, por ejemplo, 24 prórrogas en el plazo de entrega de enmiendas.

El presidente del Gobierno prometió esta ley en 2006 y las víctimas la esperan cinco años después. Ni el Gobierno ni el PSOE acudirán a la manifestación. Esta actitud distante y fría ha sido un error crónico de la izquierda y lo peor es que no hay propósito de enmienda. El PP estará con una importante representación. Es un deber moral, pero también, una convicción. La protesta, por tanto, está sustentada en sólidos fundamentos. Las víctimas desconfían porque la pasada negociación con ETA está demasiado presente en mensajes y protagonistas. Hasta la fecha, el Gobierno se mantiene firme en la política de la derrota y es de justicia reconocerlo. Como lo es también recordar que los socialistas mantienen viva la resolución parlamentaria de 2005 que autoriza al Ejecutivo a dialogar con los terroristas.


La Razón - Editorial

Razones para apoyar a las víctimas

Sí, las víctimas sí tienen razones de pesono sólo para convocar esta manifestación,sino para recabar el apoyo de todos los ciudadanos con su presencia.

LOS buenos resultados de la acción policial y judicial contra ETA en los últimos tiempos son compatibles con los motivos que llevan hoy a las víctimas del terrorismo a manifestarse por el centro de Madrid contra la posibilidad de que los terroristas sigan en las instituciones democráticas a partir del 22 de mayo. Mientras la Audiencia Nacional, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Fiscalía están actuando decididamente contra ETA y sus diversas sucursales políticas, el Gobierno y, sobre todo, algunos dirigentes del socialismo vasco han emitido mensajes equívocos, cuando no claramente favorables a la legalización de Sortu, como un paso necesario para responder a la tregua de ETA e impulsar un nuevo proceso de negociación política. Al mismo tiempo, el voto particular de siete magistrados de la Sala del 61 del Supremo, destinatario de adhesiones entusiastas entre los socialistas vascos, ha abierto la expectativa de que el Tribunal Constitucional revoque el auto que ordena no inscribir a Sortu como partido legal.

En medio de esta confusión organizada en torno a la actitud política del Gobierno y del PSOE hacia Sortu, es decir, ETA/Batasuna, la revelación de los documentos sobre las negociaciones con los terroristas entre 2005 y 2007 ha reabierto las heridas mal cerradas que causó el engaño masivo y constante perpetrado por Rodríguez Zapatero contra las víctimas y el Partido Popular. La falta de sensibilidad y de empatía del Gobierno socialista hacia las víctimas de ETA se ha hecho aún más patente tras conocerse los reiterados ofrecimientos hechos por sus representantes a ETA de entorpecer la acción judicial y conceder medidas de gracia incluso por delitos de sangre.

Sí, las víctimas sí tienen razones de peso no sólo para convocar esta manifestación, sino para recabar el apoyo de todos los ciudadanos con su presencia. En un tiempo de crisis de valores, de pesimismo social, de desconfianza en las instituciones, conviene recordar la ejemplaridad cívica y ética de unas víctimas que nunca han pedido otra cosa que el amparo de la ley, la aplicación de la justicia y el cumplimiento de las sentencias. Nunca ha habido en las víctimas un discurso de venganza, ni de comprensión hacia la guerra sucia contra ETA. No han pedido atajos para castigar los crímenes terroristas, ni se han apartado de las leyes o de la Constitución para atender sus legítimas demandas. Después de tanto como han entregado a la sociedad, es de justicia salir hoy a la calle, en Madrid, con las víctimas del terrorismo.


ABC - Editorial

miércoles, 6 de abril de 2011

La agenda de Rajoy

De entonces acá nada ha variado, motivo por el que le resulta tan difícil de explicar a Rajoy qué le ha llevado en esta ocasión a adherirse a la convocatoria. Sea como fuere, está por ver que acuda en persona a la manifestación.

Madrid acogerá el próximo sábado una manifestación de las víctimas del terrorismo cuyo objetivo es instar al Gobierno a que derrote a ETA sin atajos, sin cesiones políticas, sin beneficios penitenciarios, sin pactos con los asesinos, sin engaños. Será la tercera manifestación en menos de seis meses. Las dos primeras, que fueron convocadas en solitario por Voces contra el Terrorismo, la organización que dirige Alcaraz, constituyeron inesperados éxitos de participación pese al clamoroso silencio de los medios de comunicación. Sólo Libertad Digital, esRadio y Libertad Digital Televisión –que retransmitió íntegras ambas marchas– dieron apoyo y cobertura a esas iniciativas, que agruparon a decenas de miles de personas para reivindicar memoria, dignidad y justicia para las víctimas.

Después de esas dos experiencias, la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha decidido que ahora es el momento de plantarse ante la negociación política con ETA. No hay más motivos de fondo que los que ya había en noviembre o en febrero, cuando la banda criminal ya había impulsado sus nuevas siglas y cuando el chivatazo a ETA recobraba actualidad judicial y ponía de manifiesto los horrores del proceso impulsado por Zapatero desde incluso antes de acceder a la Moncloa. Sin embargo, la dirección del PP, a diferencia de lo que ocurrió en las dos anteriores ocasiones, ha mostrado su apoyo a la convocatoria e incluso se ha dado la consigna de asistir. No es que el PP estuviera ausente en las otras citas. Esperanza Aguirre, María San Gil, Jaime Mayor Oreja, Carlos Iturgáiz, Regina Otaola, Ignacio Gil Lázaro e Ignacio Cosidó sí que acudieron a esa llamada junto a Ortega Lara y miles de ciudadanos, pero ni Rajoy, ni Cospedal, ni Basagoiti ni Oyarzábal tuvieron a bien siquiera apoyar verbalmente dichas manifestaciones.

De entonces acá nada ha variado, motivo por el que le resulta tan difícil de explicar a Rajoy qué le ha llevado en esta ocasión a adherirse a la convocatoria. Sea como fuere, está por ver que acuda en persona a la manifestación. De momento y en La Ser no ha querido comprometerse. Nada extraño en el dirigente popular, por otra parte. Ha dicho, eso sí, que su corazón está con las víctimas, pero que tiene que mirar la agenda. Ante semejante regate, la mejor respuesta es la de una oyente de esRadio que dejó el siguiente mensaje en el buzón del programa de Federico Jiménez Losantos: "Quiero decirle al señor Rajoy que mi corazón está con él, pero tengo que mirar la agenda porque es probable que el día que haya elecciones no pueda ir a votarle".


Libertad Digital - Editorial

jueves, 31 de marzo de 2011

Actas de ETA. Traición sin consecuencias. Por Francisco José Alcaraz

He denunciado durante años que el arma más poderosa que tiene ETA contra el Gobierno son las actas de la negociación y así queda reflejado con el conocimiento que tenemos de algunas partes de las actas.

Cuando en el verano del 2004 empecé a denunciar el proceso de negociación del Gobierno con la ETA, algunos por incrédulos y otros por descubiertos empezaron a marcar distancias y ponerme en el punto de mira de sus críticas.

Después de la primera manifestación de la rebelión cívica convocada el 22 de enero del 2005 las posiciones empezaron a ser mucho más claras: había que deslegitimar a Alcaraz y para ello recurrieron a la calumnia. Pero hay un momento donde la campaña se recrudece coincidiendo con las elecciones en la AVT del año 2006 y donde se articula, con la complacencia del Ministerio del Interior, el asalto a la AVT utilizando a algunas víctimas del terrorismo que actuaban como punta de lanza del Gobierno.


Como la jugada no les salió bien pasaron a subir el nivel desde periódicos, shows de televisión, radios y revistas afines al poder, y algunas víctimas del terrorismo haciéndole el caldo al Gobierno iniciaron una campaña demoledora no sólo contra mi persona, sino también contra mi esposa.

Pero no era suficiente y encontraron en la asociación ADADE presidida por José Mariano Benítez de Lugo una oportunidad para acallarnos. Interpusieron una querella en la Audiencia Nacional contra mi persona por decir cosas contra el jefe del Ejecutivo como:

"El proyecto de ETA es el proyecto asumido por el Gobierno", "la declaración de tregua del ETA es una declaración consensuada entre el Gobierno y la banda" o "es indignante que encontremos al Gobierno y partidos afines defendiendo a terroristas".

Esa querella fue justamente archivada y El País, de forma abyecta, atacó sin escrúpulos a la sección cuarta de la AN integrada por Fernando Bermúdez, Teresa Palacios y Flor María Sánchez. De haber prosperado aquella querella mi defensa tenía previsto pedir a la Audiencia Nacional las actas de la negociación con ETA, actas que respaldarían todas y cada unas de las denuncias que realicé y que años después habiendo conocido algún dato más creo que aún está más justificadas si cabe.

En multitudes de ocasiones, tanto en entrevistas como en artículos, he denunciado durante años que el arma más poderosa que tiene ETA contra el Gobierno son las actas de la negociación y así queda reflejado con el conocimiento que tenemos de algunas partes de las actas.

Y ahora ¿que pasa? Esa es la gran pregunta y no podemos permitir que la respuesta sea que "no pasa nada", porque en la medida que estos hechos tan graves y bajo mi punto de vista delictivos puedan quedar impunes sin que tenga las consecuencias políticas y penales que merecen, estaremos destruyendo gran parte de nuestra democracia y la libertad estará condicionada a los pactos entre políticos y terroristas.


Libertad Digital - Opinión

martes, 8 de marzo de 2011

AVT. La "metedura de pata" de Basagoiti. Por Guillermo Dupuy

No utilicemos la "metedura de pata" de Basagoiti como excusa para meter una todavía mayor como sería la de utilizarla de excusa para no respaldar una manifestación como la que, sin proclamas de pureza, nos convocan todas las asociaciones de víctimas.

Siento gran admiración por todos aquellos que se enfrentan al nacionalismo, en general, y a ETA, muy en particular. Sin embargo, ni la lucidez ni la valentía con la que Antonio Basagoiti ha hecho esto a lo largo de su vida me ciega como para negar el hecho de que el presidente del PP vasco ha metido la pata. La metemos todos con mayor o menor frecuencia, y él la ha metido, a mi modo de ver, al considerar este domingo en El Mundo que la manifestación, convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo para el próximo 9 de abril "es para apoyar al Gobierno y que siga con la exigencia contra ETA, por eso es impecable".

La presidenta de la asociación convocante, Ángeles Pedraza (a la que desde aquí le expreso mi apoyo y agradecimiento por dicha convocatoria) ya ha criticado esa metedura de pata del político vasco al señalar que "la manifestación no es para apoyar al Gobierno, por supuesto, sino para exigirle que ETA no esté en las instituciones bajo ningún disfraz, ni con plan A, ni con plan B, ni con plan C. Es una manifestación de exigencia".

No incidiré en esa metedura de pata, que el propio Basagoiti ha medio sacado en posteriores declaraciones a Dieter Brandau, y que tanto él como la propia presidenta de la AVT (dicho sea con el mismo afectuoso respeto para ambos) también pudieron meter, a mi modo de ver, no respaldando la manifestación del pasado 5 de febrero convocada por Voces contra el Terrorismo.


En cualquier caso, sí quiero incidir en el comentario de Basagoiti respecto al discurso de Mayor Oreja, que también me ha parecido sumamente insatisfactorio. Dice Basagoiti que "Mayor Oreja hace un diagnóstico político y una reflexión, pero no hay ninguna prueba de eso. No creo que ahora estemos en la misma situación que hace cuatro años".

Para empezar, el primero que dice que no estamos en la misma situación que hace cuatro años, sino ante un proceso de negociación muchísimo más soterrado y donde, tal vez el entreguismo del Gobierno hacia ETA sea menor o, en cualquier caso, menos descarado, es el propio Mayor Oreja. Con todo, para una "reflexión" o incluso para un "diagnóstico político" como el de Mayor Oreja no se requiere de "pruebas" tan inequívocas y concluyentes como las que exige una condena penal. Bastan hechos indiciarios, como a mi modo de ver sobran en este caso como para pensar que el Gobierno de Rubalcaba sigue enredado en inconfesables negociaciones con ETA.

Tal es el hecho del bochornoso silencio de todos estos meses del Gobierno y de su dependiente Fiscalía ante el nada encubierto deseo de ETA y Batasuna –valga la redundancia– de servirse de las siglas de Eusko Alkartasuna para burlar la ley de partidos, o ante el enaltecimiento que dirigentes de ambos "partidos" han hecho de etarras al calificarlos de "presos políticos".

Otro hecho, que no hipótesis, es la reiterada y tozuda negativa del Gobierno a derogar esa infame resolución parlamentaria favorable al "final dialogado de la violencia", o su no menos vergonzosa negativa a disolver los ayuntamientos que, a día de hoy, siguen teniendo presencia proetarra. También es un hecho, y no una reflexión, que a día de hoy Josu Ternera sigue sin ser detenido y que, en su lugar, Zapatero le hacía llegar mensajitos a través de Eguiguren, como este mismo impunemente ha confesado. También es un hecho, y no una hipótesis, que el principal responsable político –y probablemente penal– del delito de colaboración con banda armada que supuso el chivatazo policial a ETA, Alfredo Pérez Rubalcaba, sigue sin presentar su dimisión. Otro tanto podríamos decir del hecho que constituyen los bochornosos privilegios y permisos que el Gobierno está concediendo a criminales irredentos por un falso arrepentimiento que les encamina a la impunidad.

No aburriré al señor Basagoiti con muchísimos otros hechos que él sabe mejor que yo que sustentan legítimamente diagnósticos y reflexiones como los que protagoniza Mayor Oreja respecto a ETA y el nihilista Gobierno de Zapatero. Y, desde luego, estoy seguro que para Basagoiti esos innegables y bochornosos hechos no son, precisamente, una muestra de exigencia contra ETA por parte del Ejecutivo que deba continuar y, menos aun, ser respaldada en una manifestación convocada por las víctimas.

Demos, pues, por sacada la metedura de pata de Basagoiti, y no la utilicemos como excusa para meter una todavía mayor como sería la de utilizarla para no respaldar una manifestación como a la que, sin proclamas de pureza, sin maniqueísmos, sin reproches y sin afanes de protagonismo, debemos acudir y a la que nos convocan todas las asociaciones de víctimas contra el terrorismo. Que por nosotros no quede.


Libertad Digital - Opinión

lunes, 8 de noviembre de 2010

6-N. Miseria política. Por Agapito Maestre

La convocatoria de Francisco J. Alcaraz deslegitima, una vez más, la negociación emprendida por el Gobierno con ETA.

Aunque indirecta y casualmente puedan caer extranjeros, ETA atenta sólo y exclusivamente contra españoles. ETA sólo tiene un objetivo: matar españoles. No importa que el crimen sea selectivo o al azar. Lo decisivo para esa banda criminal es que mueran españoles. Detrás de cada víctima del terrorismo de ETA está, pues, España. Los españoles. Por eso, precisamente, cuando las víctimas convocan una manifestación contra ETA, y por supuesto contra los negocios sucios que el Gobierno de Zapatero se trae con ETA, nos dan la oportunidad a todos los españoles de ejercer, en primer lugar, nuestra ciudadanía en el sentido más inmediato y judicial, o sea, por ser de un territorio tenemos ya el derecho de defenderlo y de que nadie intente robárnoslo.

Pero, además, con la organización de este tipo de actos, manifestaciones, protestas, luchas por que se les reconozca a los muertos su "memoria, dignidad y justicia", las víctimas del terrorismo nos crean el marco adecuado para ejercer la ciudadanía como un asunto moral, o sea, un esfuerzo por dignificar nuestra vida ciudadana. Ser ciudadano es algo más que un asunto jurídico. Es una lucha moral y política.


Por todo eso, porque las víctimas nos dan generosamente la oportunidad de ser mejores ciudadanos, mi pregunta es: ¿si alguien no se manifiesta contra quienes quieren sustraerle su más inmediata identidad, ser español, entonces cuál será la causa que los saque a la calle? Sospecho que no existe tal causa, o peor, ese tipo de gente forma parte de un gentío, pero nunca podrá disfrutar del gozo de ser ciudadano. Han renunciado de antemano a la posibilidad y capacidad que tienen todos los seres humanos de dignificar su vida.

En pocas palabras, quien no participara con su asistencia real o presencia espiritual de la oportunidad que el sábado nos ofrecieron las víctimas del terrorismo, de ser genuinos ciudadanos, es parte del rebaño de Zapatero y Rajoy y, por supuesto, del rebaño que le precede hacia el matadero, o sea, todos los partidos y medios de comunicación que prefieren antes una sociedad lanar que una sociedad abierta y democrática.

He ahí lo que puso de manifiesto el éxito de la manifestación de Colón contra la política antiterrorista del Gobierno: la miseria política de quienes no quieren ver lo evidente. Miseria es, en efecto, crear un sistema ideológico de mentiras y discursos "moralizantes" que ocultan lo real: las victimas del terrorismo son la fuerza más importante para desarrollar la democracia. El resto es filfa. Basura imposible de reciclar que nos lanza la casta política para abonar una "sociedad" sin patria y sin bandera. Una "comunidad" primitiva al servicio de políticos impresentables.

Zapatero, el principal irresponsable de toda esta miseria política, no hará comentario alguno del éxito del acontecimiento de la Plaza de Colón, o peor, dirá cualquier barbaridad contra las víctimas del terrorismo para exhibir músculo "político". Pero lo cierto es que la convocatoria de Francisco J. Alcaraz deslegitima, una vez más, la negociación emprendida por el Gobierno con ETA. La sociedad española en general, y la más desarrollada civil y políticamente en particular, no sólo defienden las justas reivindicaciones de las víctimas del terrorismo, sino que sencillamente defiende la democracia. Por eso, precisamente, por defender la democracia, podrían multar al bueno de Alcaraz hasta con 350.000 euros. Naturalmente, serán 350.000 razones que yo tendré para llamarles a los políticos, si llegara el caso, por su verdadero nombre: ¡Hijos de puta!


Libertad Digital - Opinión

domingo, 7 de noviembre de 2010

Una bofetada cívica al Gobierno... y a la Oposición

Los políticos que huyeron para no enfrentarse a la mirada de aquellos a los que tienen decidido traicionar deberían tener presente una cosa: todos nosotros votamos. Y somos multitud.

El relativismo de los partidos políticos, cuya principal consecuencia es el sometimiento de los principios al mero cálculo electoral, había topado siempre con un dique moral en lo referente a las víctimas del terrorismo. Ayer, sábado seis de noviembre de 2010, también esa barrera ética fue franqueada por la clase política española, toda ella sin excepción. De la izquierda lo suponíamos, dada su absoluta falta de escrúpulos cuando está en el poder; del centrismo simplemente lo sospechábamos. En ambos casos los políticos españoles se encargaron ayer de confirmar que toda desconfianza hacia ellos siempre resultará insuficiente.

La soledad institucional de las víctimas en la concentración convocada por la asociación cívica "Voces contra el terrorismo" debería interpelar a los dirigentes políticos sobre su cada vez más acusada falta de legitimidad. Si los partidos son los representantes de la voluntad popular, no se explica su ausencia en una manifestación popular convocada para oponerse a la negociación con los terroristas, asunto que concita más del 70 por ciento de aprobación en todas las encuestas realizadas al efecto. Que lo haga el PSOE de Rubalcaba y Zapatero, por ese orden, es vergonzoso pero entendible. Que se sume a ese desprecio el partido de Miguel Angel Blanco y Ortega Lara es la amarga demostración de que en el PP se ha perdido cualquier atisbo de vergüenza política.


Afortunadamente, frente a esta traición de la casta política los ciudadanos españoles han sabido responder de forma ejemplar, yendo más allá de lo que podría esperarse dadas las dificultades que entrañaba una convocatoria en un día tan complicado por varias circunstancias. No caeremos en la trampa de la dictadura "del número" porque la dignidad de nuestros compatriotas asesinados está muy por encima de la aritmética sociológica, pero forzoso es reconocer la emoción que todos sentimos cuando la céntrica Plaza de Colón y sus alrededores aparecieron repletos de ciudadanos libres; hombres y mujeres venidos de todos los rincones de nuestra querida patria que no se resignan a ver cómo un Gobierno sin escrúpulos y una Oposición desleal trafican con el dolor de una nación por motivos electorales.

Nosotros también estuvimos allí, para dar voz a las víctimas, para apoyarlas y para que decenas de miles de ustedes que no pudieron acudir físicamente a la cita madrileña pudieran sentirse como si estuvieran entre ellas. Fuimos el único medio presente en ka concentración con un despliegue adecuado a la importancia del acto, pero al igual que los convocantes, no nos sentimos solos. El afecto de todos ustedes y la convicción de haber cumplido con el deber de todo medio de comunicación honorable es pago más que suficiente.

Enhorabuena a los convocantes, a los asistentes y a los que siguieron nuestra retransmisión por radio o televisión. Y a los políticos que huyeron para no enfrentarse a la mirada de aquellos a los que tienen decidido traicionar, recuerden: todos nosotros votamos. Y somos multitud.


Libertad Digital - Editorial