sábado, 26 de marzo de 2011

La vida, una causa justa

ABC se une a esta expresión social en defensa de los valores que dignifican la condición humana frente a las ideologías trasnochadas.

LAS calles de Madrid y de otras muchas ciudades españolas serán hoy escenario de una nueva expresión del clamor social en favor del derecho a la vida. Nada menos que 49 asociaciones convocan actos para reivindicar la dignidad de la condición humana, con un criterio apolítico y aconfesional, pero muy firme en cuanto a sus convicciones éticas. El respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte es una exigencia inexcusable que no puede ser desconocida en nombre de ideologías sectarias. Las leyes impulsadas por el laicismo radical permiten el aborto sin límites objetivos durante un amplio periodo y favorecen la eutanasia bajo un eufemismo de «muerte digna» que apenas encubre una tendencia hacia el suicidio asistido. El derecho a la vida está reconocido por el artículo 15 de la Constitución, y la jurisprudencia del TC deja muy claro que la vida del «concebido pero no nacido» es un bien que merece protección jurídica. A su vez, el artículo 10 de la propia Constitución proclama que la dignidad de la persona y sus derechos inviolables son el fundamento del orden jurídico y la paz social. Una política deliberada en contra del reconocimiento de estos derechos supone la búsqueda de una confrontación moral de largo alcance que el Ejecutivo impulsa ya sea por sus objetivos de «ingeniería social» o por hacer guiños a la izquierda radical en busca de votos.

La respuesta de muchos miles de personas demuestra la vitalidad de la sociedad española en favor de una causa justa. Hacen bien los organizadores en desvincular su llamamiento de cualquier enfoque político o incluso religioso, porque se trata de una cuestión de sensibilidad humana hacia un derecho que no puede ser desconocido por las leyes positivas sin grave quebranto de los principios éticos más elementales. Además, las normas aprobadas en esta materia producen efectos irreversibles, con independencia de lo que diga en su día el TC, como ocurre con la ley del Aborto. Una vez más, muchos miles de ciudadanos van a reclamar que los gobernantes atiendan una reivindicación en favor de aquellos que carecen de voz propia. ABC se une a esta expresión social en defensa de los valores que dignifican la condición humana frente a las ideologías trasnochadas que pretenden identificarse con un falso progresismo.

ABC - Editorial

viernes, 25 de marzo de 2011

Que lo demuestren con hechos. Por José María Carrascal

Si estuvieran de verdad contra la violencia de ETA la condenarían en su conjunto, no selectivamente, como hacen.

ES fácil imaginar por dónde va a salir la izquierda abertzale y su coro de plañideras ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre Sortu: que por haber discrepado tres de los diez y seis magistrados de la Sala, el veredicto no es totalmente legal, cuando las sentencias de los tribunales son como los resultados de los partidos de fútbol: el que mete más goles gana. Y aquí, han sido trece los jueces que han dicho que Sortu no puede ser legalizada, por tres que han dicho que puede. O sea, goleada.

No sólo claro, sino también lógico. No voy a repetir aquí los argumentos de la Fiscalía, corroborados por las Fuerzas de Seguridad y la Abogacía del Estado, de que Sortu es una continuación de Batasuna, como Batasuna era una rama de ETA. Los encontrarán ustedes en las páginas de información, aparte de saltar a la vista. Sin que su proclamado «compromiso contra la violencia, incluida la de ETA», les sirva de coartada, por la sencilla razón de que tanto Eta como el entorno abertzale no se consideran violentos, sino victimas de la violencia del Estado español, contra la que invocan legítima defensa. Algo que realizan en múltiples actividades, empezando por la ayuda a los presos etarras, para ellos las víctimas de esa violencia estatal. Si estuvieran de verdad contra la violencia de ETA la condenarían en su conjunto, no selectivamente, como hacen. Quiero decir que la condenarían en todos los tiempos —pasado, presente y futuro—, en todos sus modos —directa e indirecta— y con todas sus consecuencias, aunque ello les supusiera aceptar la parte de culpa que les corresponde en la tragedia vasca con su tardanza en adoptar la postura que dicen haber tomado. Pues no hay duda de que si ETA ha podido asesinar, herir, robar, extorsionar y secuestrar durante tantos años, ha sido por sentirse respaldada por aquella parte del electorado vasco que no se recataba en mostrar su apoyo a la banda terrorista cuando campeaba a sus anchas y que ahora recoge velas al ver que se encuentra contra la pared.

Son culpas que no han reconocido todavía. Y mientras no lo reconozcan, no pueden pedirnos que confiemos en su palabra, ya que podemos estar, no ante un «compromiso contra la violencia», como aseguran, sino ante un «compromiso para seguir dando oxígeno» a la banda. La mejor forma de convencernos de que van de veras, de que no están poniendo en práctica un fraude de ley —utilizar la ley para violarla— sería que aceptaran la sentencia del Tribunal Supremo sobre ellos, aunque no les guste. Que es lo que hacen los demócratas. Pero ya verán ustedes como no lo hacen. Como se buscan toda clase de triquiñuelas para saltarse esa sentencia. Con ayuda, naturalmente, de cuantos en mayor o menos grado, creen que ETA es parte la solución del problema vasco, cuando es su primer y último problema.


ABC - Opinión

Sucesión. Rubalcaba, el Faisán y la extrema derecha. Por Agapito Maestre

¿Qué es la extrema derecha? No lo sé; pero si tuviera que buscar un referente empírico en la España de hoy, miraría directamente a Rubalcaba.

Tres medios de comunicación están extrañados de que el caso Faisán sea tan poco conocido por los españoles. Este periódico, esRadio y Libertad Digital TV dedicaron todo un programa de TV a buscar las causas de este desconocimiento. Felicidades por su labor de ilustración. Sin otra pretensión que añadir un argumento más a este debate, aquí aventuro yo una sencilla explicación, en verdad una ampliación del argumento de Pablo Planas, a saber, ni siquiera Rajoy se atreve con el poder casi absoluto que maneja Rubalcaba.

Sí, sí, Rubalcaba lleva tantos años mandando que incluso es respetado por los suyos. El poder trae siempre más poder. El PSOE, pues, terminará nombrándolo candidato a la Presidencia del Gobierno. No hay otra persona en su partido que se le equipare en experiencia, inteligencia y designio propio para mandar. Porque nadie conoce el poder mejor que Rubalcaba, está llamado a sustituir a Zapatero.

El poder ejercido con fuerza y violencia, sí, con la llamada violencia legítima del Estado, es la materia que mejor domina Rubalcaba; por eso, precisamente, Zapatero terminó nombrándole ministro del Interior y su segundo en el ejercicio del mando. Del poder. En fin, Rubalcaba abre la boca y ejerce con naturalidad la represión. Está en su naturaleza presionar, dirigir y diseñar los caminos por dónde tienen que ir tanto sus correligionarios como sus adversarios.


Más aún, las masas creen que será un buen presidente del Gobierno y los intelectuales de covachuela, o sea casi todos, le ríen las gracias y alaban su inteligencia. Todos parecen seguir a este líder sin mayores objeciones; incluso el jefe de la oposición, Rajoy, no se atreve a discutir con Rubalcaba sobre el caso Faisán. Acaso, por eso, por esa desidia de Rajoy, el propio Rubalcaba critica sin rubor al señor Gil Lázaro del PP, su azote en el Parlamento, porque visita cadenas de radio y televisión de extrema derecha para crear opinión pública contra él por el caso Faisán.

¿Qué es la extrema derecha? No lo sé; pero si tuviera que buscar un referente empírico en la España de hoy, miraría directamente a Rubalcaba. Si por extrema derecha se entiende el ejercicio del poder de modo oscuro, violento y sin justificar jamás públicamente, entonces nadie hay en España comparable en extremismo derechista al señor Rubalcaba; ahí está para el recuerdo su relación el gobierno del caso GAL, su organización de la violencia contra las sedes del PP en 2004, etcétera; por otro lado, tampoco creo que, en este régimen del 78, nadie haya estado en el poder ejecutivo, o sea en el poder de verdad, tanto tiempo como Rubalcaba. El poder sin límite es todo para él.

¿Quién es, pues, este Rubalcaba para dar lecciones de democracia y autolimitación en el poder a los españoles? Nadie. Y, sin embargo, este nadie ha contribuido de modo decisivo a que España sea uno de los países más salvajes de Occidente. La prueba de ese salvajismo es que él será candidato a la Presidencia del Gobierno. Apoyado, no se olvide este dato, por la "crema de la intelectualidad", o sea, el diario El País. En fin, es fatigoso y angustioso decir estas verdades sencillitas, pero, mientras haya un lugar donde nos dejen escribir, tendremos que ejercer el oficio del intelectual liberal: el trabajo de persuasión del público debe empezar de nuevo, cada día, aunque a veces envidiemos a quienes son apoyados por todo el aparato del Estado para repeler crítica.

La envidia, por fortuna, dura un instante, casi nada, porque enseguida nos percatamos de que la opinión libre, la libertad, es incompatible con los aparatos de propaganda del Estado.


Libertad Digital - Opinión

El miedo del tirano. Por Hermann Tertsch

Gadafi ya está en la guerra total y, como un führer hundido, lucha por prolongar su existencia matando tanto como pueda.

ES cierto que la tragedia libia continúa. Que jóvenes campesinos y estudiantes, trabajadores y comerciantes entrados en años, maestros y funcionarios y otros muchos civiles de todas las edades, pertrechados con armas que apenas saben usar, luchan y mueren estos días defendiendo sus ciudades frente a las fuerzas de Gadafi, bien entrenadas y perfectamente armadas en arsenales repletos de armas europeas. También es cierto que matanzas inminentes, la pasada semana, se han evitado gracias a la intervención armada. El ejército del dictador ya sufre en esta guerra. Pero los ataques aliados no han sido todo lo eficaces que se esperaba. Y los rebeldes desesperan porque no les llega una ayuda que, cuando lo haga, puede resultar inútil para muchos. Voces rebeldes acusan a las fuerzas internacionales de falta de contundencia en sus ataques. Perciben que los militares extranjeros no sienten la urgencia. Que actúan según un plan preestablecido y que sus vidas no están entre las prioridades. Puede ser una percepción injusta. Pero hay que aceptársela a quienes van a morir, están heridos o ven caer a sus familiares víctimas de la superioridad militar de las fuerzas de Gadafi en ciudades asediadas. Por lo menos albergan la esperanza de que los aviones lleguen a tiempo. Y afortunadamente no saben que si fueran aviones españoles, no podrían hacer nada por salvarlos. Porque nuestro Gobierno no pierde ocasión de hacer el ridículo y les ha prohibido disparar a la soldadesca de Gadafi en tierra. Vamos a la guerra pero con la puntita nada más.

Pero olvidemos hoy la flojera mental de nuestros gobernantes. Hablemos de una de las máximas gratificaciones que nos brinda el terremoto emancipador que recorre Oriente Medio y el norte de África. Después por supuesto de la mayor de todas, que es la felicidad en los rostros de las gentes que por primera vez en su vida son libres para expresar sus opiniones, deseos y esperanzas. Que son conscientes de que ellos, individuos tratados como siervos o animales, insignificantes siempre, han logrado romper los muros de la resignación y el miedo. Y que, desde ese instante y para siempre, suceda lo que suceda, han sentido ya la dignidad del sujeto libre. Quienes hemos tenido la suerte de ver ese bello orgullo en las miradas de las gentes cuando acaban de ser testigos de su propia gesta —en Europa oriental, ahora allí—, sabemos que hay ahí un salto cualitativo en la vida del hombre, de todos esos hombres que ya han luchado y luchan ahora en las calles de Libia, Siria, Bahrain o el Yemen. Pero la otra gran satisfacción no es otra que el espectáculo que supone la escenificación del miedo de los tiranos. En sus muchas formas y matices. Gadafi ya ha superado esa fase, en la que entraría con las primeras informaciones sobre las manifestaciones que se multiplicaban por todo el país hace un mes. Hoy ya está en la guerra total y, como un führer hundido, lucha por prolongar su existencia matando tanto como pueda. Otros dictadores menos sangrientos como Ben Ali y Hosni Mubarak no entendieron nada durante todas las semanas de revueltas, hasta que fue su entorno inmediato el que les expuso su soledad y su destino. Ahora le toca el turno a Bashir el Assad. Con su estado policial absoluto. Ayer sacó a su rostro amable, Buhaina Shaaban, a aplacar al pueblo. Asumió errores, prometió reformas, prosperidad y libertades. Angustia se notaba en el esfuerzo conciliador de este régimen canalla como pocos. Desde 1962, en estado de emergencia. Desaparecidos, torturas, ejecuciones, miedo total.

Ahora con prisas. Lo dicho, es un placer ver como tiemblan.


ABC - Opinión

El discutido fallo del Supremo sobre los amigos de ETA. Por Antonio casado

La división de opiniones del Tribunal Supremo sobre si la ley está o no de parte de los amigos políticos de ETA (Sortu), en su pretensión de competir con el resto de partidos, es la misma división de opiniones que sobre la cuestión podemos detectar en la clase política y en la opinión pública, con las debidas correcciones cuantitativas según hagamos la prospección en el conjunto de España o sólo en el País Vasco. Políticos y ciudadanos vascos, más favorables a la legalización de la llamada izquierda abertzale, se entiende.

Un hecho tan simple y tan verificable es suficiente en sí mismo para rebatir las acusaciones dirigidas por los responsables de la antigua Batasuna contra el alto tribunal. En un comunicado hecho público ayer, atribuyen el fallo del Supremo al resultado de una estrategia concertada y definida por los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP. Refiriéndose a los 16 magistrados de la sala, dice textualmente: “Queremos denunciar que en vez de analizar argumentos jurídicos se han basado en una decisión política para decidir”.


Cualquiera puede ver que eso no se corresponde en absoluto con el recuento de posiciones finales. El nueve en contra y siete a favor es un correctivo “legal” en toda regla al Gobierno, a los dos grandes partidos y a quienes desde el principio no hemos contemplado otra posibilidad que la del frenazo “político” a la operación de blanqueo “legal” y “político” iniciada por la Batasuna de siempre con otros collares.

El nueve a siete de los magistrados del Tribunal Supremo sobre la solicitud de inscripción de Sortu, la nueva marca, en el Registro de Partidos del Ministerio del Interior desmiente clamorosamente la conspiración política denunciada por los afectados.
«El nueve en contra y siete a favor conocido ayer es un correctivo “legal” en toda regla al Gobierno, a los dos grandes partidos y a quienes desde el principio no hemos contemplado otra posibilidad que la del frenazo “político” a la operación de blanqueo “legal” y “político” iniciada por la Batasuna.»
No solo eso. Además les ofrece la oportunidad de reconocerse en los argumentos técnicos -no políticos- utilizados en los votos particulares y en las posiciones defendidas por casi la mitad de los magistrados. Todo ello en virtud de principios fundamentales como la separación de poderes, la igualdad ante la ley y el derecho de participación política, engranados en ese Estado de Derecho que ETA y sus amigos quisieran reventar, unos por las buenas y otros por las malas. ¿Eso les iguala? El ministro de Justicia, Caamaño, lo explicó muy bien. Las similitudes les hace a todos ser ilegales. Tanto ETA como Batasuna están proscritos por ley. Pero las diferencias -los medios a utilizar, básicamente-, acaban en la cárcel a la luz del Código Penal y no de la Ley de Partidos Políticos. Eso les hace diferentes.

De todos modos conviene recordar que tras el discutido fallo del Supremo -se acabó la unanimidad-, sigue vigente la doctrina judicial según la cual la vieja Batasuna, a la que se pretende dar continuidad, forma parte de “una estructura integrada en ETA para hacer más eficaz la acción terrorista”.

Frente a tan claro pronunciamiento de los más altos tribunales (Supremo, Constitucional y Estrasburgo), y ante las numerosas pruebas presentadas en sus demandas por la Abogacía del Estado y la Fiscalía, los meros retoques formales no han servido a la nueva Batasuna para presentarse como algo distinto a la organización ilegalizada en marzo de 2003, la misma que desde junio de 2003 figura en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. Eso también es aplicación del Estado de Derecho. Próxima estación: Tribunal Constitucional.


El Confidencial - Opinión

Sucesión. En las cocinas del PSOE. Por Emilio Campmany

Sencillamente no se ve como jefe de la oposición. En cambio, de presidente, sí que se ve, y cómo. Y hará cualquier cosa por serlo. Sin límites, sin óbices, sin cortapisas. Rajoy no debería olvidarlo.

A la vista de cómo se comporta Rubalcaba, podría decirse que ya se siente sucesor. Pero parece que se siente algo más que sucesor. Rajoy debería observarle bien, aprovechando que en el Congreso lo tiene delante de él. Rubalcaba más bien se está empezando a ver como presidente. Las encuestas pronostican un batacazo del PSOE con Rubalcaba o con quien sea. Y, sin embargo, al de Solares no paran de reírsele los huesos. ¿Qué le hace sentirse así? ¿Será que es un soñador, que está en las nubes, que vive despegado de la realidad?

Entre las características que distingue al candidato Rubalcaba (1951) de la candidata Chacón (1971) es que, mientras ésta puede asumir la derrota y sentarse a esperar ser presidenta en 2016 ó 2020, aquél no puede esperar tanto. O quizá pueda, pero desde luego no quiere. Si Zapatero y el PSOE le dan la oportunidad de ser presidente de Gobierno hará lo indecible por aprovecharla. Porque no habrá otra o porque él no querrá tener otra. Sencillamente no se ve como jefe de la oposición. En cambio, de presidente, sí que se ve, y cómo. Y hará cualquier cosa por serlo. Sin límites, sin óbices, sin cortapisas. Rajoy (1955) no debería olvidarlo. También para él es la última oportunidad. Si fracasa una tercera vez, vendrá Gallardón (1958) a hacerse cargo del partido, si Dios y Esperanza Aguirre no lo impiden.

Sin embargo, no está tan claro que Rubalcaba vaya a ser el candidato. Aceptemos, que es mucho aceptar, que Zapatero dirá el próximo día 2 que no volverá a ser candidato. Si Rubalcaba es finalmente ungido, el cántabro presionará para que el presidente dimita con el argumento, esencialmente correcto, de que estando a 16 puntos del PP en las encuestas, la única posibilidad que tiene de ganar es presentándose desde la presidencia. La Moncloa le dará horas de telediario en los medios, lo fotografiarán al lado de los líderes mundiales, podría apuntarse la leve mejoría que se espera experimentará la economía española antes de las elecciones, metería su sonrisa caballuna en todos los hogares españoles. Y el PSOE le apoyaría porque sus opciones de ganar crecerían.

Pero Zapatero no quiere tener que dimitir. Quiere agotar la legislatura, si es posible, y salir en todo caso por la puerta grande, tras unas elecciones en las que entregará el poder al que gane. La dimisión significaría corroborar y suscribir lo desastroso que ha sido su gestión. Chacón estaría más dispuesta a dejarle al frente del Gobierno hasta el final sabiendo que la derrota, entonces, sería casi segura. No le importaría porque con los cuarenta recién cumplidos puede perfectamente esperar un par de legislaturas a ser presidenta de Gobierno. De modo que es posible que, por una vez, tenga razón Anson y sea verdad que el plan de Zapatero es proponer a Rubalcaba para luego forzar unas primarias que espera que Chacón gane de calle.

Todo esto está muy bien. Pero, entonces ¿de qué se ríe Bono (1950)? El manchego lleva varias semanas, desde que se reunió con Zapatero en su despacho de presidente del Congreso, que no deja de sonreír ni cuando duerme. Se pasa el día con la cara de pascua como si acabaran de decirle que le ha tocado el Gordo o que será el próximo presidente del Gobierno. Quizá sepa que habrá primarias y quizá tenga la llave para ganarlas. Jó qué tropa.


Libertad Digital - Opinión

Moody's, mejor que MAFO. Por M. Martín Ferrand

A la rebaja de la calificación del Reino de España se añade ahora la de un buen lote de instituciones financieras.

LA única obligación exigible a un buen aficionado al cante jondo es asistir en respetuoso silencio a la actuación de sus cantaores preferidos y, en todo caso y en el momento oportuno, colocar en su sitio un ¡olé! litúrgico y admirativo. Moody's es a la economía mundial lo que un habitual de los tablaos al cante. Sus calificaciones, unas al alza y otras a la baja, hacen vibrar o languidecer los mercados. En lo que a nosotros respecta, cabe señalar que los competidores de Standard & Poor's y Fitch nunca colocan sus olés en el momento que desearían sus, según los casos, víctimas o beneficiarios. Ahora, la centenaria agencia de calificación crediticia le ha rebajado las suyas a tres decenas de instituciones financieras españolas, Cajas mayormente. Popular, Sabadell, Bankinter y otros bancos de menor cuantía tendrán que pagar más por su pasivo y, dada la situación, con mayor gravedad les ocurrirá lo mismo a Caja Madrid, Bancaja, CAM y demasiados etcéteras más. Llueve sobre mojado. A la muy reciente rebaja de la calificación del Reino de España se añade ahora la de un buen lote de instituciones financieras y, entre ellas y para mayor significación, la del Instituto de Crédito Oficial, uno de esos organismos de nuestro exuberante modelo administrativo que está sin ser, no se sabe muy bien para qué sirve y tiende a participar en el salvamento de náufragos.

Son muchas, exquisitas y solventes las voces que en estas páginas pueden valorar, y valoran, estas peripecias sintomáticas de nuestra situación económica. Lo que me interesa señalar, como contraste de lo económico, es la responsabilidad política que le cabe al respecto al Banco de España, a su gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y al Gobierno que, al concluir el mandato de Jaime Caruana, le encaramó a tan alto pedestal. El personaje, más conocido por lo que pudiera ser un bordado en la pechera de su camisa —MAFO—, se ha integrado plenamente en la lentitud de percepción de los fenómenos económicos que define a José Luis Rodríguez Zapatero, retrató a Pedro Solbes, no remedia Elena Salgado y obra en consecuencia. Tampoco, como su mentor, vió venir la crisis y, cuando la sintió sobre sus hombros, lejos de la reacción resolutiva que engrandece a los políticos que son capaces de ellas, se escondió en la concha del técnico. Así hemos asistido en los últimos años, va para tres, a una descomposición del sistema financiero, especialmente de las Cajas, que, pasito a pasito, siguen preparándose un acomodo de futuro que bien les venga a quienes, en el pasado reciente, han construido y administrado su decadencia. Moody's mejor que MAFO.

ABC - Opinión

Por si acaso. Por Alfonso Ussía

Es de esperar que el señor presidente de la Junta Islámica en Cataluña haya sido invitado, muy amablemente por supuesto, a declarar ante el juez. No por nada especial, sino por su cariñosa amenaza al presidente del Gobierno de España publicada en la «Web Islam» el pasado miércoles 23 de marzo. Don Abdennur Prado, que así se llama el sujeto, no ha sido excesivamente sutil en su escrito. Se muestra descontento con la participación de España en la guerra de Libia, y le ha advertido, más bien adelantado, a Zapatero de que «tendrá su 11-M».

Es de esperar que el Ministerio del Interior, el Fiscal y el juez hayan preguntado a don Abdennur Prado si ha ido de farol o tiene la convicción de que el atentado se va a producir. En tal caso, sería conveniente preguntarle, siempre que don Abdennur no se sienta incomodado, si conoce los planes, la identidad de los miembros de los comandos, y la fecha elegida para proceder a la masacre terrorista por su civilización aliada. No es por nada, pero siempre es mejor prevenir que curar, y con esta gente tan encantadora y nada fundamentalista, cualquier prevención es poca.


Aun tratándose de una fanfarronada, el escrito del simpático don Abdennur Prado, contiene una clara amenaza terrorista contra la ciudadanía con el presidente del Gobierno de España como excusa. Y mucho me temo, que una amenaza de esa índole, con base o sin ella, puede ser interpretada como un delito en nuestro Código Penal.

Con personas como don Abdennur hay que tener mucho cuidado. Se hace caso omiso a lo que dice y escribe, y el día menos pensado nos demuestra que tenía unos duples en sus manos y que de farol, nada. Lo malo es que esas demostraciones se certifican contando muertos y hospitalizando a los heridos. Don Abdennur nos tiene que explicar muchas cosas, mientras los ciudadanos nos intentamos explicar también cómo sujetos como don Abdennur pueden pasear por la calle con libertad y respeto. Porque ante una amenaza de semejante calibre, de no tener complejos aterrorizados ante los islamistas extremos, lo que habría que hacer con Abdennur, después de pasar por el despacho del juez, es ponerlo de patitas en Libia, en Siria, en Yemen o en Arabia Saudí, para que así se relacione con más facilidad con nuestros aliados de las civilizaciones, sector Al Qaeda, con el que se supone que don Abdennur intercambia algún tipo de información, a no ser que don Abdennur Prado sostenga sus amenazas en su inteligente intuición, el pálpito, eso que Plinio, el gran personaje de Francisco García Pavón, sentía cuando se acercaba al final de una investigación criminal.

Entiendo que con esta Junta Islámica hay que tener prudencia y mimo. Toda la furia y el desprecio oficial hacia los malvados cristianos que rezan y ponen la otra mejilla se transforma en comprensión y acojonamiento multicultural cuando los islamistas andan de por medio. Por ello no pido que la Policía lleve esposado al líder islámico en Cataluña ante el juez. Se puede hacer pupa en las muñecas. Hay esposas o grillos que hacen muchísima pupa. No pido, que en espera de que el juez lo reciba, sea encerrado en un calabozo. Nada de eso. Que aguarde en un salón confortable y bien alfombrado. ¿En qué cabeza cabe que un líder islámico radical sufra semejante humillación? Pero ya que ha amenazado al presidente del Gobierno con un atentado como el del 11 de marzo de 2004, que al menos el señor juez, con mucha cortesía, pueda formularle la siguiente pregunta. «¿Lo suyo va en serio o en broma?». Sin molestar ni ofender, claro está.


La Razón - Opinión

Fukushima. El progresismo de quinqué. Por Cristina Losada

Empleamos "demasiada energía" y somos sancionados por tan mala conducta con accidentes como el de Fukushima, un castigo extra por robar el fuego de los dioses.

Ya están aquí los efectos del accidente nuclear de Fukushima. Aquí mismo, entre nosotros. No en la calidad del aire, el agua y los alimentos, sino en la calidad del pensamiento. Pueden ahorrarse los de Greenpeace acciones de marquesina como las que acaban de oficiar en las sedes del PSOE y del PP. Aunque no querrán: de algo hay que vivir. Y, además, el socialismo los recibe con los brazos abiertos, que ni está para perder clientela ni desconoce el encanto del catastrofismo. Pero, insisto, aun sin retablos vivientes del apocalipsis, la especie se transmite boca a boca e igual de columna a columna. He perdido la cuenta de las piezas periodísticas que coinciden en advertir que hasta aquí hemos llegado, que así no podemos continuar, y que la supervivencia de la Humanidad depende de que pongamos freno a nuestra insaciable sed de energía. O, viene a ser lo mismo, al crecimiento. Vuelve, en fin, el denostado Club de Roma.

Las célebres previsiones del informe del Club de Roma y entre ellas, notablemente, la que predecía el agotamiento de las reservas de petróleo en 1992, fallaron, es verdad, pero una profecía incumplida no desanima al creyente, como demostró el clásico estudio de Festinger. Siempre encuentra el camino para justificar el fracaso y adaptarse a él. Y siempre renace con nuevos ropajes la visión del final del mundo. Así, rebrota ahora, abonada por el incidente en Japón, y alerta de que consumimos demasiada energía, no para que la ahorremos mientras dure la carestía del petróleo, como ha mandado el Gobierno, sino a fin de que reduzcamos su uso ad aeternum. Pero, ¿cuánto es demasiado? ¿A qué debemos renunciar? ¿Al secador de pelo, a la lavadora, al coche, al avión, a la aspiradora? ¿Tal vez al modesto ordenador? ¿A todo? Se echa en falta concreción y sobra moralina, que de eso van tales admoniciones, en definitiva.

Al fondo de las prédicas alarmistas hallamos a dos viejos conocidos: el sentimiento de culpa y el primitivismo, recurrente vía de escape a la complejidad de la civilización. Empleamos "demasiada energía" y somos sancionados por tan mala conducta con accidentes como el de Fukushima, un castigo extra por robar el fuego de los dioses. Por ello, hemos de regresar a la vida simple, natural y tranquila: a la Arcadia feliz que nunca existió. Fuera bromas. El ecoprogresismo está a punto de descubrir el quinqué.


Libertad Digital - Opinión

Humo en la casa de al lado. Por Ignacio Camacho

La crisis portuguesa deja la duda de si en España hubiese sido mejor o peor tirar al Gobierno por la ventana.

HAY un incendio en la casa de al lado y aunque de momento no vaya a prender en las medianeras será inevitable que se cuele la humareda y puede que hasta se nos chamusquen algunos muebles. La banca y algunas grandes empresas españolas corren riesgo de palmar en Portugal hasta 80.000 millones de euros, y si se produce el rescate, España como país se va a quedar sin cortafuegos. El único aspecto positivo de la crisis portuguesa es que, por primera vez desde que comenzó la crisis, hace una eternidad de sufrimiento, el mantra de que «España no es Portugal» ha salido de labios ajenos y no se ha producido un incremento de la presión de la deuda. Por ahora. Nuestra principal esperanza consiste en que a Europa le empieza a dar pereza tanto rescate y le seduce poco la idea de seguir apoquinando pasta; intervenir España, que desde luego no es Portugal, costaría al menos seis veces más. La diferencia de escala es un alivio pero hay otros diferenciales menos tranquilizadores: los vecinos tienen un déficit más bajo y casi la mitad de paro. Y aun así están a punto de desplomarse.

El otro gran contraste español con la situación portuguesa lo define la escena política. Tirar al Gobierno por la ventana es una idea tentadora pero no está claro que represente una solución. El PP lo intentó cuando Zapatero presentó su primer ajuste y no lo logró porque los nacionalistas actuaron de estabilizadores a cambio de prebendas presupuestarias. Rajoy insiste en que llevamos un año perdido, pero no concreta si hubiese preferido llegar al poder con la política económica secuestrada por Bruselas; igual piensa que eso le ahorraba decisiones incómodas. Sea como fuere, ya nunca lo sabremos, ni si habría sido mejor o peor, y ahora vivimos un estancamiento económico agravado por uno político. La paradoja es que el calendario de esta legislatura desperdiciada sólo depende ya de los equilibrios internos del PSOE y de cómo gestione la sucesión de Zapatero. Lo más que se puede acortar son seis meses.

Los portugueses han optado por la vía expeditiva, obligando a beberse la cicuta a un Sócrates que no es el sabio griego pero tampoco el más tonto de la clase. La confluencia de la derecha conservadora y la izquierda antiliberal ha tumbado al cabo de un año a un Gobierno menos frívolo que el zapaterista pero también más precario y no mucho más competente. El problema es que otras elecciones tampoco garantizan allí una mayoría sólida porque no existen bisagras moderadas. La pregunta que cabe hacerse al respecto en España es si el nacionalismo catalán, que ha ejercido históricamente de charnela, sigue siendo una minoría responsable o está ofuscada por el delirio soberanista. Hasta que las urnas den ocasión de averiguarlo conviene que en Europa sigan sin vernos cara de portugueses… o al menos disimulen los parecidos.


ABC - Opinión

ETA lo volverá a intentar

La decisión del Tribunal Supremo contra Sortu ha sido una victoria del Estado de Derecho y una derrota significativa de ETA. La Sala 61 asumió la contundencia de las pruebas aportadas por la Guardia Civil y la Policía Nacional para concluir que la nueva marca no era más que un intento de Batasuna para colarse en las elecciones. Las demandas de la Fiscalía y del Abogado del Estado establecían conexiones directas entre Batasuna y Sortu y ponían de manifiesto que su rechazo a la violencia no había sido otra cosa que una argucia para burlar la Ley, aunque no existió condena a ETA ni de su historia ni de sus asesinatos. Sortu siempre fue un instrumento al servicio de la estrategia de la banda. La primera intentona ha sido frenada, y lo celebramos porque cada trampa de ETA frustrada nos acerca más a su derrota definitiva. Sin embargo, y por desgracia, estamos lejos del escenario final. Ni siquiera está garantizado que un sucedáneo de Batasuna no concurra a las elecciones forales y locales. El veredicto del Supremo es positivo, pero contiene elementos inquietantes. El hecho de que el fallo no fuera aprobado por unanimidad –a diferencia de las anteriores ocasiones, en que se ha pronunciado sobre la ilegalización de formaciones proetarras– no es baladí. Que saliera adelante por nueve votos contra siete, con tres votos particulares, o lo que es lo mismo, que la Sala se partiera casi en dos, introduce confusión y provoca perplejidad en un asunto con una carga probatoria concluyente. La fractura de la Sala es además un aviso con vistas a la suerte del recurso de Sortu ante un Tribunal Constitucional con una nítida mayoría progubernamental, el perfil de buena parte de los magistrados del Supremo que se opusieron a las tesis del Gobierno. En principio, la resolución sobre Sortu del Alto Tribunal no se conocerá antes de las elecciones del 22-M si la tramitación es «normal». En caso contrario, habría que pensar en un proceso excepcional fuera de la razón jurídica, que alimentaría conjeturas escandalosas. En el plano político, ciertas interpretaciones del socialismo vasco invitan a la desconfianza. A los Eguiguren y Elorza, claramente alineados con Sortu, se suma una corriente, incluso en el Gobierno vasco, que edulcora el discurso de la exigencia y lo sustituye por el de la mano tendida, y que debería ser reprendida por el PSOE. El Gobierno y el PP tienen que mantener la firmeza de este primer envite hasta el final, y ambos están obligados a no equivocarse ante el seguro plan B de ETA que, como adelantó LA RAZÓN, contempla que Batasuna alcance las instituciones a través de las listas de EA. La reciente reforma de la Ley Electoral otorga herramientas para anular una candidatura «contaminada», por lo que no debería haber problema si existe voluntad. Que ETA se mantenga fuera de las instituciones es una cuestión de justicia que fortalece a la democracia. Quienes cuestionan este principio no sólo dan la espalda a las víctimas, sino que favorecen la estrategia de los terroristas, que pretenden destruir la democracia desde su interior. El Estado de Derecho sólo debe esperar la derrota y disolución de la banda. Es la única garantía de una nueva época.

La Razón - Editorial

Nuevo factor de riesgo

La dimisión de Sócrates agrava las urgencias del euro y empuja hacia la intervención de Portugal

La estabilidad de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo y grave factor de riesgo. El primer ministro José Sócrates presentó su renuncia al presidente de la República Cavaco Silva después de que el Parlamento rechazara el plan de austeridad, denominado Programa de Estabilidad y Crecimiento (PEC), presentado por el Gobierno para su aprobación. Plan que, por cierto, contaba con todos los pronunciamientos favorables de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Si la única salida son las elecciones, la solución más favorable para Portugal sería que el próximo Gobierno que salga de las urnas cuente con una amplia mayoría que respalde el plan de ajuste del déficit que exigen Bruselas y los mercados. El principal partido de la oposición, el PSD de Pedro Passos Coelho, ya ha anunciado su disposición a cumplir el PEC. Pero mientras llegan los comicios, la situación de Portugal será insostenible. Ayer, el diferencial de las obligaciones del Tesoro a cinco años supera ya el 8% y a 10 años llegaban ya al 7,63%.

En estas condiciones, lo más probable es que las autoridades portuguesas tengan que solicitar un plan de rescate, similar a los que ya han experimentado Grecia e Irlanda. Portugal está sumido en una recesión y está siendo castigado sistemáticamente por los inversores, debido a las dudas persistentes sobre la solvencia de sus finanzas públicas. Tales dudas no están respaldadas por el comportamiento político del Gobierno, dispuesto a los ajustes presupuestarios obligados. Pero los analistas y las agencias de rating han jugado a la profecía que se autocumple. Con el pretexto de que su bajo crecimiento le impediría aumentar los ingresos públicos, ajustar los gastos y devolver la deuda, casi todos los análisis económicos inducían a no invertir en activos lusos. Al final, la inestabilidad política y la persistencia de los recelos de los mercados ha situado al país al borde de la intervención y a la zona euro en una nueva etapa de turbulencias financieras.

Ante una situación tan grave como la de Portugal, resulta imperativo que la cumbre europea que empieza hoy reaccione con rapidez. En primer lugar, debería resolver cuanto antes los detalles de la ampliación del Fondo de Rescate, con el fin de que tenga una capacidad de préstamo de 500.000 millones de euros. La situación óptima sería que los cambios se aprobaran con rapidez para que Portugal estuviese en disposición de acogerse a ellos. En este sentido, cualquier retraso en los acuerdos sería preocupante.

El Gobierno español ha reaccionado con demasiado optimismo al asegurar que la crisis de Portugal no afectará a España. El matiz obligado es que no debería afectar en función de las decisiones políticas adoptadas y de los fundamentales económicos y financieros de la economía española. Pero una intervención de Portugal provocaría una nueva espiral de causas de sospecha. Por ejemplo, la deuda portuguesa en poder de la banca española. Y se reiniciaría el modelo de las profecías de los analistas que tienden a autocumplirse.


El País - Editorial

Sin descargas... ni nada más

Su defensa cerrada de los intereses de las entidades de gestión convierte el fallo en un nuevo revés para ella. Si todos supimos desde el primer momento para qué la nombraba Zapatero, cada vez está menos clara la razón por la que la mantiene en el cargo.

Con cierta ingenuidad, la recién nombrada ministra de Cultura reconoció en la fiesta que celebraba su nombramiento que la habían colocado en el puesto para enfrentarse con las descargas de películas y música en internet. Desde entonces se ha esforzado denodadamente por ocupar el puesto de peor ministra de Cultura de nuestra democracia, récord harto difícil de alcanzar en un país donde Carmen Calvo ha ostentado esa cartera.

Además, al contrario que muchos otros altos cargos de los gobiernos de Zapatero, no ha sido la falta de capacidad intelectual su problema, sino su empecinamiento y su inhabilidad para entenderse no ya con quienes se oponen a sus iniciativas, sino incluso con sus propios subordinados y compañeros de profesión. Así, aunque su gestión haya tenido hitos como la marcha de Nacho Duato, ha sido el cine el principal y casi único motivo de sus desvelos, lo que ha llevado a sonoros encontronazos con representantes del sector, incluyendo a Álex de la Iglesia, su sucesor al frente de la Academia de Cine.


Posiblemente haya sido la ministra cuyo nombramiento ha sido más protestado, pues desde el mismo instante en que se anunció su nombre la red se movilizó en su contra. Los internautas eran conscientes de que venía no a representar los intereses de todos los ciudadanos, sino los de un sector crecientemente impopular como es el de los artistas y, en concreto, los que se dedican al cine. Un gremio que nos saca más dinero como contribuyentes que como espectadores, que no pierde la oportunidad de insultar a la mitad de su público potencial y que en los últimos tiempos ha dedicado sus esfuerzos a impulsar medidas legales que impidan que los internautas se descarguen películas americanas. Lo que nadie pensaba es que la incompetencia de Sinde la llevaría incluso a enfrentarse a los suyos.

La sentencia de la Audiencia Nacional declarando ilegal la orden ministerial que regula el canon podría no afectarla directamente, al haber sido aprobada por el ministro anterior. Pero su defensa cerrada de los intereses de las entidades de gestión convierte el fallo en un nuevo revés para ella. Si todos supimos desde el primer momento para qué la nombraba Zapatero, cada vez está menos clara la razón por la que la mantiene en el cargo.


Libertad Digital - Editorial

Europa, en el laberinto luso

Forzado por la UE y asfixiado por los mercados, José Sócrates debería haber consensuado con la oposición su plan de ajuste.

EL primer ministro portugués, el socialista José Sócrates, ha querido gestionar la crisis económica de su país como si fuera un asunto de partido, a través de un plan de ajuste que afecta a todos los sectores de la sociedad y durante un largo periodo de tiempo, tanto que cabe esperar que otras formaciones políticas, ahora en la oposición, sean las encargadas de aplicarlo a corto plazo. Hubiera sido más razonable que ese plan de austeridad que reclaman las instituciones europeas —planificado sin el oportuno consenso— se hubiera gestionado de forma conjunta, o al menos siguiendo un procedimiento de consultas que abarcase a todos los sectores políticos y sociales. Por su parte, la oposición de centro-derecha ha hecho de la actitud del dimisionario Sócrates un motivo de afrenta y, a cuenta de la terquedad del primer ministro, ha preferido responder con las mismas armas y derribar el plan en el Parlamento, a pesar de las consecuencias que va a tener la caída del Gobierno y a sabiendas de que, en caso de que le tocase gobernar, estaría obligada a aplicar el mismo plan de austeridad que acaba de rechazar, u otro muy parecido. Cuando la situación política está bloqueada, lo más razonable es dar la voz a los electores para que decidan hacia dónde creen que deben orientarse los asuntos del país, y esto es lo que muy probablemente van a tener que hacer los portugueses.

Esta situación hace más probable ahora que el Gobierno exangüe de Sócrates tenga que dar el paso de pedir la ayuda financiera de la UE que lleva tanto tiempo eludiendo. La muerte política del dirigente socialista provoca, a su vez, un problema jurídico en Bruselas que complica sobremanera el rescate: un político dimisionario no puede comprometerse por escrito a las reformas que, como contrapartida a recibir la astronómica inyección (más de 75.000 millones), debe llevar a cabo.

Para España, cuyos principales bancos tienen una participación muy importante en la deuda portuguesa, la intervención de Portugal sería una señal tranquilizadora por un lado, puesto que supondría la garantía de pago de esa deuda, pero al mismo tiempo nos dejaría expuestos directamente a los ataques del mercado financiero, porque las tardías y vanas reformas del Gobierno de Zapatero aún no son ni lo profundas que deberían ser ni han demostrado la eficacia que se esperaba de ellas.


ABC - Editorial

jueves, 24 de marzo de 2011

Crisis. Infraestructuras, autonomías y la desvertebración de España. Por Emilio J. González

El problema de las infraestructuras es de politización, de no querer entender que España es y debe ser una, que no está compuesta de diecisiete territorios unidos entre sí de forma artificial.

Las infraestructuras en España son un claro ejemplo, uno más, del daño que hace la politización de todo lo habido y por haber, ya sea por parte de las comunidades autónomas, ya por el sectarismo de que hace gala el zapaterismo desde que llegó al poder.

Un plan de infraestructuras tiene que responder a unos criterios lógicos en el que, como en el caso de España, deben entremezclarse consideraciones de naturaleza económica con otras más propias de vertebración del territorio, algo de especial importancia en un país como el nuestro. A esta filosofía respondía el plan que diseñó el Gobierno de José María Aznar para aprovechar la tan abundante como generosa financiación comunitaria de que se benefició España entre 2000 y 2006. Porque las obras iniciadas tenían una doble finalidad. Por un lado, se trataba de conectar a España con los mercados europeos; por otro, de integrar un territorio disperso y un país con tendencia a la desvertebración debido a los nacionalismos de todo tipo. De hecho, el plan de infraestructuras del Gobierno Aznar se enmarcaba no sólo dentro de una estrategia de desarrollo económico sino también, y sobre todo, de fortalecimiento de la idea de España. De ahí que, por ejemplo, se apostará inicialmente por una estructura radial, ya que, a través de ella, se conectaban norte y sur, este y oeste, pero pasando siempre por Madrid, que debe ejercer como centro de gravedad y nexo de unión de lo que tiende a disgregarse a causa de los nacionalismos. Pensemos, por ejemplo, en la oposición de ETA a la famosa ‘Y’ vasca del ferrocarril de alta velocidad. La banda terrorista sabía muy bien que ese proyecto significaba integrar San Sebastián y Bilbao con Madrid y, a partir de ahí, crear lazos económicos, sociales, culturales y personales que hacían más difícil cualquier proyecto independentista. Además, en un país con la forma y las características geográficas del nuestro, la radialidad tiene todo su sentido en términos económicos para, una vez desarrollada la misma, pasar a completarla, en una segunda fase, con una estructura de red entre aquellos puntos en que sea tan necesaria como viable.

Por desgracia, en plena ejecución de este plan vertebrador se produjo el cambio de Gobierno y llegó a La Moncloa un Zapatero con ideas contrarias y dispuesto a rendirse a la menor al catalanismo más furibundo, pensando que, de esta forma, pasaría a la Historia como el presidente que resolvió de una vez por todas la cuestión catalana. Y los catalanes del tripartito no querían un diseño radial de las infraestructuras, sino uno de red que beneficiara más a Cataluña y sus intereses, en contra de los más generales del país, y Zapatero concedió a través de la revisión del plan que hizo Magdalena Álvarez en los años en que estuvo al frente del Ministerio de Fomento. La política, por tanto, empezó a imponerse a la lógica. Y lo mismo ocurrió después cuando se paralizaron proyectos que, por las circunstancias geográficas, beneficiaban a las comunidades autónomas del PP para pasar a primar aquellos otros que favorecieran a las autonomías gobernadas por los socialistas o que éstos pudieran utilizar como parte de su propaganda electoral, véase los innecesarios aeropuertos de León, la tierra natal de ZP, o Castilla-La Mancha, un feudo histórico del socialismo español.

Las autonomías, por supuesto, también tienen su parte de culpa. Y es que en vez de contemplar los proyectos de infraestructuras como elementos de política nacional integradora y vertebradora, los políticos regionales han encontrado en los mismos un nuevo motivo para competir unos con otros para ver quien consigue las mejores infraestructuras. Y si la lógica dicta que una región se tiene que beneficiar de un plan, los de al lado quieren también lo mismo para no sentirse marginados o agraviados, por mucho que carezca de sentido, al menos en una primera etapa, el extender hasta determinados territorios las autopistas o los ferrocarriles de alta velocidad.

En este sentido, es especialmente criticable la actitud mantenida por la Generalitat de Cataluña, que quiere lo mejor de lo mejor para su territorio, sin pararse a pensar si es necesario o no. Además, desde Cataluña siempre se mira hacia Madrid sin ver que el proceso de modernización de sus infraestructuras se ha financiado, sobre todo, con recursos de la propia Comunidad de Madrid, cosa que ni hace, ni ha hecho, una Cataluña que, a pesar de ser la región con el gasto público por habitante más alto de España, no ha invertido en su territorio, sino que ha dedicado sus ingentes recursos a promover el nacionalismo en todos sus aspectos y pretende que, con el nuevo Estatut, el resto de España les pague lo que ellos no están dispuestos a financiar a través de las inversiones del Estado.

El problema de las infraestructuras, por tanto, es de politización, de no querer entender que España es y debe ser una, que no está compuesta de diecisiete territorios unidos entre sí de forma artificial. Todo esto, al final, no es más que otro ejemplo al que nos ha llevado un Estado de las autonomías tan mal concebido como desarrollado, en el que en lugar de primar los intereses nacionales, lo hacen los de todos y cada uno de los reinos de taifas particulares. Así no vamos a ninguna parte, y menos aún si las infraestructuras se convierten también en arma electoral de quien detenta el poder en el Estado, para castigar a unos y premiar a otros con el fin de tratar de cosechar votos.


Libertad Digital - Opinión

Armada y peligrosa. Por Rafael Martínez Simancas

No vamos a por Gadafi y no estamos en un conflicto bélico sino en una «misión», según dice Trinidad Jiménez. La ministra puntualiza que no es exactamente una guerra, lo cual nos lleva a la siguiente paradoja: quizá tampoco ella sea una ministra. No parece que las cualidades del conde de Metternich se hayan reencarnado en nuestra titular de Exteriores que pretende hacernos creer que lanzar pepinos contra la residencia de Gadafi es parte de ver la vida en clave happy-flower. Lo siguiente será intentarnos convencer de que nuestros F-18 no van artillados sino que portan misiles con el virus de la paz, (cárguese la suerte en la zeta al leer la palabra tal y como le gusta hacer al presidente del Gobierno).

En cuanto se acaben las operaciones en suelo Libio ya sabemos quién será la primera ministra de Exteriores en tomar el té en la jaima del sátrapa. Es la ventaja de hacer política internacional sin complejos: igual te apuntas a una coalición multilingüe para asuntos bélicos que te desmarcas por peteneras.


Si realmente estamos de «misiones» en Libia habrá que concluir que se nos ha ido la mano en llevarles el ejemplo a tortazos. No son unas misiones muy recomendables estas de las que presume Jiménez para captar vocaciones tardías. Y todo este ejercicio de perífrasis en el alambre es para evitar referencias con Irak, y hasta es posible que para tapar la mala conciencia del presidente del Gobierno que se ve inmerso en una operación de guerra junto a los Estados Unidos (a estas alturas se pregunta por qué se quedó sentado al paso de aquella bandera). Igual que fue al té de la oración acabará en West Point en un juramento de bandera para adultos.

Jiménez y Zapatero no quieren atrapar a Gadafi sino bajarle la pensión como a todo el mundo. Pues haber empezado por ahí y nos habríamos ahorrado unos euros en el despliegue.


ABC - Opinión

Libia. El buenismo va a la guerra. Por Cristina Losada

Al no haber nadie dispuesto a hacer lo de Irak, y menos que nadie Obama, la cuestión estriba en si era mejor no hacer nada, aunque padecieran con ello los nobílisimos sentimientos humanitarios.

El columnista George Will ha observado, a propósito de Libia, que la derecha norteamericana desconfía siempre de la intervención del Gobierno, salvo en política exterior. Quienes dudan, y con buenos motivos, de la capacidad gubernamental para lograr los efectos deseados, suelen apoyar el grado más alto de intervención imaginable, la que se realiza mediante el uso de la fuerza militar. Cabe alegar, frente a Will, que la sociedad y el mercado no pueden resolver todos los conflictos ni acabar con todos los desafueros, y que a Gadafi o se le frena a tiros o no hay manera. Y ya veremos. Veremos si esta guerra a medias, que se libra con medios y objetivos limitados, consigue detener al coronel. Ya puestos, más hubiera valido emplearse a fondo a fin de no correr tal riesgo. A menos que la comunidad internacional pretenda proclamar, llegado el triste final, quehizo cuanto estaba en su mano para evitar la tragedia y ¡qué se le va a hacer!

La doctrina que ha conferido sustento a la intervención en Libia es la "responsabilidad de proteger", conocida como R2P. No confundir con R2-D2, el pequeño y simpático robot de la Guerra de las Galaxias, aunque la R2P sea igualmente pequeña y simpática, como todo genuino producto del buenismo progresista. Desde la estricta razón humanitaria, arde en deseos de hacer el bien, pero procura molestar poco al mal, de manera que no persigue el derrocamiento de Gadafi. Claro que no. Ese trabajo sucio se lo dejamos a los anárquicos y mal armados grupos que se refugian en Bengazi y se entretienen en gastar munición con alegres disparos al aire. Así, le damos al coronel las opciones de seguir aplastando la rebelión por tierra, mantener el control de una parte de Libia o sufrir una súbita conversión a la democracia, que es el milagro por el que reza muy laicamente el buenista de pro. Pero, por encima de todo, no hacemos lo de Irak.

Al no haber nadie dispuesto a hacer lo de Irak, y menos que nadie Obama, la cuestión estriba en si era mejor no hacer nada, aunque padecieran con ello los nobílisimos sentimientos humanitarios. Pero los dirigentes políticos de ningún modo han querido infligir ese sufrimiento a su electorado cuando se lo pueden ahorrar a un coste relativamente módico. Igual Zapatero, que fue tan sensible al clima emocional ante la guerra de Irak como lo es ahora ante la libia. Al presidente, esta operación de R2P le viene, en realidad, a la medida. Responde al sentimiento y sirve para tranquilizar conciencias de forma preventiva. Que resulte o no, sólo importa al siempre descontento aguafiestas realista.


Libertad Digital - Opinión

Que no se vaya ahora, por coherencia. Por Fernando Fernández

Zapatero debe andar meditando cuán efímera es la fortuna ahora que su proverbial baraka se ha convertido en gafe.

LA decisión de ir a la guerra se ha llevado la última identidad que le quedaba al presidente. Sus ansias infinitas de paz se demuestran ahora pura táctica electoral y son notables los desvelos de sus hagiógrafos por distinguir Libia de Irak. Tienen razón, hay dos diferencias fundamentales: la reacción del principal partido de la oposición renunciando a hacer populismo electoralista con la política exterior y de seguridad, y la reacción de Francia, que esta vez se ha puesto al frente de la manifestación belicista por las mismas razones económicas y de política interna por las que antes se opuso. El presidente Zapatero debe andar meditando cuán efímera es la fortuna ahora que su proverbial baraka se ha convertido en gafe y hasta los suyos le consideran un apestado. Sin embargo, en estos momentos no puede anunciar su marcha a plazos. Sería una inmensa irresponsabilidad aumentar el vacío de poder en un país en guerra.

Idea de permanencia que se refuerza con la situación económica. Si todo el argumentario oficial para evitar la convocatoria de elecciones anticipadas al inicio de la conversión de Zapatero fue evitar un rescate europeo, esta misma tesis debería aplicarse ahora. Cierto que el diferencial de la deuda española ha bajado y hemos conseguido un relativo grado de independencia de Portugal, Irlanda y Grecia. Pero no es menos cierto que la crisis portuguesa va a repercutir necesariamente en España, en una intensidad desconocida pero no menor, por razones reales que van más allá del contagio psicológico; no en vano entidades españolas son las principales tenedoras de deuda del país vecino. Lo mismo puede decirse del déficit público, cada día que pasan aumentan las dudas sobre los resultados presupuestarios de Comunidades Autónomas y crecen los analistas que anticipan una revisión al alza de la cifras después de las elecciones autonómicas, tal y como sucedió en Cataluña. Con los mismos efectos sobre la dificultad para financiar la deuda que ya solo puede colocarse en bancos nacionales a precios que descuentan un considerable riesgo de impago. Y qué decir de la recapitalización de las Cajas, un proceso en marcha lleno de interrogantes y sujeto a un supuesto interés internacional que se desvanece con los criterios anunciados para los stress testseuropeos, porque ¿quién quiere salir mal en la foto por haber comprado una Caja?

En definitiva, que el presidente Zapatero tiene que elegir. Y es del Partido Socialista de quien depende en última instancia la decisión; no validemos la deriva presidencialista como si fuese obligada. Tiene dos opciones: mantener el relato de la responsabilidad y la inmolación que ha comprado sorprendentemente un buen número de españoles —y los dos partidos nacionalistas que le han ayudado a sobrevivir— y arriesgarse a un batacazo porque los electores conviertan las elecciones locales en un plebiscito de Zapatero; o soltar lastre, minimizar las pérdidas, abjurar del secretario general como una mancha irrelevante en una larga trayectoria de responsabilidad y buen gobierno, y salir a competir a pecho descubierto. El problema de esta segunda alternativa es que se quedan sin épica de sacrificio que vender a la población, sin más argumento que el puro cálculo electoral. Y no está el país para rácanos cuenta votos. Esta opción conduce inexorablemente al adelanto electoral. Por eso el presidente se va a quedar. Por eso y porque ya ha quemado a sus dos supuestos sucesores, que bueno es el chico para las peleas internas.


ABC - Opinión

Libia. La cruzada de los filántropos. Por José García Domínguez

Los muertos de Zapatero serán inhumados con el auxilio espiritual de la resolución 1.973; esto es, partirán hacia el otro mundo con todos los papeles en regla. De la ley a la ley, que diría Torcuato.

El derecho internacional, esa broma cínica, es un inexcusable imperativo moral cuyo enunciado establecen, entre otros benefactores de la humanidad, el politburó del Partido Comunista Chino y, en sus ratos libres, cuando no anda ocupado en invadir Georgia o asolar Chechenia, Vladimir Putin. He ahí, imponente, la suprema legitimidad a la que se aferra a estas horas el cacumen socialdemócrata para convencer a sus proles, la sufrida infantería, de que los cadáveres libios nada tendrán que ver con los iraquíes. Y es que los muertos de Zapatero serán inhumados con el auxilio espiritual de la resolución 1.973; esto es, partirán hacia el otro mundo con todos los papeles en regla. De la ley a la ley, que diría Torcuato.

Por lo demás, y también a diferencia de aquella guerra, en esta cruzada filantrópica se tendrán en cuenta los últimos avances en la división internacional del trabajo. Así, al tiempo que bombardeemos a Gadafi por ver de favorecer a la oposición dizque democrática, Arabia Saudita, nuestro fiel amigo y aliado, acabará de invadir Bahréin con los tanques a fin de aplastar con pareja saña a sus iguales, los demócratas domésticos. Asunto que simplificará las cosas a cuantos, a izquierda y derecha, quieren dirigir la vista hacia otro lado: ya solo les restará la opción mirar al suelo, acaso con algún sonrojo. Al respecto, y en contraste con las delicadas damiselas europeas, los muslimes no creen en las guerras de Gila.

Saben que el terreno del enemigo no se ocupa por teléfono, ni tampoco con espectaculares ataques aéreos, a la postre inanes. Saben que hay que pisar el fango. Siempre. Lo saben ellos. Y lo sabe Gadafi. Igual, por cierto, que sabe de esa pulsión histérica que se apodera de las audiencias occidentales al chocar la menor mota de sangre contra las relucientes pantallas de sus televisores de plasma. Cuestión para nada baladí que convierte al tiempo en el mejor aliado del coronel. Ya lo dijo Cela: "El que resiste, gana". Y si esta vez los marines no se aprestan a poner lo que hay que poner, la lánguida Europa devendrá incapaz de aguantar el órdago. Aunque sí le cabría empeorar las cosas. Sin ir más lejos, ayudando a seccionar una nación en dos Estados. Deshacer Yugoslavias, nuestra gran especialidad.


Libertad Digital - Opinión

Gente de cercanías. Por M. Martín Ferrand

En el Congreso, como si no hubiere asuntos de mayor enjundia y urgencia, se dedicaron a dar la vara con el uso de sus idiomas regionales.

POR alguna razón que se me escapa, y a la que posiblemente no sea ajena la condición dominicana de su madre, Alejandro Dumas, tan genial como atrabiliario, tenía en baja consideración las cosas y los hombres de España. En su monumental Diccionario Gastronómico nuestra cocina queda mal parada y de nosotros decía que somos «gente de cercanías». Es una torpe generalización si se consideran los personajes españoles que han ensanchado el mundo para descubrirlo, conquistarlo, catequizarlo o, en contradicción con el padre de Los tres mosqueteros, acercarlo a Madrid y hacerlo propio; pero, en líneas generales, es cierto. Tenemos la costumbre de mirarnos el ombligo y despreciar, sin verlos, los ombligos ajenos. Es el caso de Montserrat Surroca, Aitor Esteban y Joan Tardà, tres padres de la patria española, que no han conseguido desprenderse el pelo de sus respectivas dehesas. Gente de cercanías.

En el Congreso, como si no hubiere asuntos de mayor enjundia y urgencia, se dedicaron a dar la vara con el uso de sus idiomas regionales —idiomas españoles— y, en desacato al castellano y a la Ley vigente, se soltaron parrafadas más propias de los Parlamentos catalán y vasco, incluso del Senado, que de la Cámara en la que debieran ejercer la función representativa de todos los españoles. José Bono, pastelero mayor, les dejó explayarse y consintió un desmán menor, pero significativo por lo que tiene de ignorancia sobre el sentido del gran escenario legislativo nacional. «No quiero, dijo Bono, que pueda decirse que aquí (...) se limita la libertad de nadie». ¿Incluso cuando esa libertad quebranta la Ley e irrumpe en las libertades de los demás?

No es cosa de arrimarle la lupa a los lagartos, como hacía Baura, para ver en ellos al dragón; pero bien pudiera servirles de lección a los citados diputados el entendimiento más universal y menos pueblerino que hoy se lleva por el mundo. La semana pasada nos visitó Mischa Maisky, discípulo predilecto de Rostropovich y, posiblemente, el más notable violonchelista del momento. Maisky, israelí de origen, es teutón de nacimiento, estudió en Moscú y, como él se define, «toco un chelo italiano, con arcos franceses y alemanes, cuerdas austriacas, mi hija nació en Francia, mi hijo mayor en Bélgica, el mediano en Italia y el pequeño en Suiza; conduzco un coche japonés, llevo un reloj suizo, un collar indio y me siento como en casa en cualquier lugar en que la gente disfrute la música clásica». Si Maisky fuera de cercanías, como le parecimos a Dumas y lo son algunos de nuestros diputados, no hubiera sacado los pies del Báltico y sus conciertos serían de ocarina.


ABC - Opinión

Portugal agudiza la crisis

La crisis europea sufrió ayer un nuevo revés que puede abocar a la Unión a otro escenario de turbulencias similar a los que se dieron con los rescates de Grecia e Irlanda durante 2010. El Parlamento de Portugal vetó ayer el plan de austeridad del Gobierno socialista de José Socrates después de ser rechazado por toda la oposición. El Partido Social Demócrata, la principal fuerza alternativa, argumentó que el programa no había sido consultado con los grupos antes de ser presentado en Bruselas y que imponía nuevos sacrificios a la sociedad que revelan la incapacidad del Gobierno socialista para sacar al país de la situación actual. El revés parlamentario se convirtió de facto en una moción de censura, que empuja al país a un escenario de interinidad y de adelanto electoral. El propósito del cuarto plan de austeridad en un año era calmar a los mercados y a los organismos internacionales. Recogía un recorte del 5% de las pensiones superiores a 1.500 euros, la congelación salarial de los funcionarios y una reducción de costes en la Sanidad y en la Educación, así como actuaciones en el mercado laboral. Con estos ajustes se pretendía lograr un recorte adicional del 0,8% del PIB para cumplir con el objetivo de déficit de 2011, situado en el 4,6%. Sin embargo, la crisis política coloca a la economía lusa muy próxima al rescate. De entrada, los mercados enviaron ayer y anteayer sucesivos mensajes de desconfianza. La prima de riesgo de la deuda portuguesa a diez años respecto al bono alemán llegó a alcanzar los 459 puntos básicos, con una rentabilidad del 7,798%, por encima del nivel en el que Grecia e Irlanda solicitaron la asistencia europea. La economía portuguesa tiene graves problemas que alimentan las dudas sobre hasta qué punto es sostenible el precio actual de la financiación de su deuda. El principal obstáculo para la recuperación de la economía es la baja productividad y el horizonte es de escaso crecimiento para los próximos años. En este contexto, Portugal no podrá salir adelante sin una agenda de reformas estructurales fuertes que fomente un aumento de la flexibilidad en los sectores más regulados, especialmente en el mercado de trabajo. Hay que crear las condiciones para que la inversión aumente, porque sin ella no habrá crecimiento ni se reducirá una deuda pública que podría alcanzar el 100% en 2014. Hay que tener presente para valorar las dificultades que los inversores internacionales han salido en gran medida del país. El efecto contagio es preocupante para España, que es la nación europea con mayor exposición a Portugal. Nuestra banca tiene cerca de 76.900 millones de euros en activos lusos, lo que justifica la inquietud por los acontecimientos portugueses. En estas circunstancias, el rescate puede ser interpretado como el mal menor para un Portugal sin liderazgo político e inmerso en un laberinto financiero y en un torbellino de incertidumbres. Cuatro planes de ajuste en un año describen un callejón sin otra salida que una alternancia política que recupere la confianza. Para nuestro país, la estabilidad del vecino es imprescindible, y el Gobierno hará bien en defender una salida europea para Portugal.

La Razón - Editorial

Nuevo factor de riesgo

La dimisión de Sócrates agrava las urgencias del euro y empuja hacia la intervención de Portugal.

La estabilidad de la eurozona cuenta desde ayer con un nuevo y grave factor de riesgo. El primer ministro José Sócrates presentó su renuncia al presidente de la República Cavaco Silva después de que el Parlamento rechazara el plan de austeridad, denominado Programa de Estabilidad y Crecimiento (PEC), presentado por el Gobierno para su aprobación. Plan que, por cierto, contaba con todos los pronunciamientos favorables de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Si la única salida son las elecciones, la solución más favorable para Portugal sería que el próximo Gobierno que salga de las urnas cuente con una amplia mayoría que respalde el plan de ajuste del déficit que exigen Bruselas y los mercados. El principal partido de la oposición, el PSD de Pedro Passos Coelho, ya ha anunciado su disposición a cumplir el PEC. Pero mientras llegan los comicios, la situación de Portugal será insostenible. Ayer, el diferencial de las obligaciones del Tesoro a cinco años supera ya el 8% y a 10 años llegaban ya al 7,63%.

En estas condiciones, lo más probable es que las autoridades portuguesas tengan que solicitar un plan de rescate, similar a los que ya han experimentado Grecia e Irlanda. Portugal está sumido en una recesión y está siendo castigado sistemáticamente por los inversores, debido a las dudas persistentes sobre la solvencia de sus finanzas públicas. Tales dudas no están respaldadas por el comportamiento político del Gobierno, dispuesto a los ajustes presupuestarios obligados. Pero los analistas y las agencias de rating han jugado a la profecía que se autocumple. Con el pretexto de que su bajo crecimiento le impediría aumentar los ingresos públicos, ajustar los gastos y devolver la deuda, casi todos los análisis económicos inducían a no invertir en activos lusos. Al final, la inestabilidad política y la persistencia de los recelos de los mercados ha situado al país al borde de la intervención y a la zona euro en una nueva etapa de turbulencias financieras.


Ante una situación tan grave como la de Portugal, resulta imperativo que la cumbre europea que empieza hoy reaccione con rapidez. En primer lugar, debería resolver cuanto antes los detalles de la ampliación del Fondo de Rescate, con el fin de que tenga una capacidad de préstamo de 500.000 millones de euros. La situación óptima sería que los cambios se aprobaran con rapidez para que Portugal estuviese en disposición de acogerse a ellos. En este sentido, cualquier retraso en los acuerdos sería preocupante.

El Gobierno español ha reaccionado con demasiado optimismo al asegurar que la crisis de Portugal no afectará a España. El matiz obligado es que no debería afectar en función de las decisiones políticas adoptadas y de los fundamentales económicos y financieros de la economía española. Pero una intervención de Portugal provocaría una nueva espiral de causas de sospecha. Por ejemplo, la deuda portuguesa en poder de la banca española. Y se reiniciaría el modelo de las profecías de los analistas que tienden a autocumplirse.


El País - Editorial

El inmovilismo que hace inevitable el rescate

Zapatero dice pero no hace, y ni siquiera ahora, cuando sus perspectivas electorales son nulas, es incapaz de llevar a cabo auténticos planes de austeridad y de reforma que, no por impopulares, dejan de ser ineludibles para nuestra recuperación económica.

El primer ministro luso, José Sócrates, ha presentado su dimisión, tal y como dijo que haría en el caso de que su último plan de austeridad fuera rechazado por el parlamento, lo que finalmente ha sucedido en la tarde de este miércoles. Lo que ofrece pocas dudas es que el rechazo a este plan de reducción del déficit –el cuarto presentado en los últimos doce meses–, además de provocar un adelanto electoral, va a reducir las pocas posibilidades que ya tenía Portugal de evitar su rescate por parte de la UE y el FMI en unos momentos en el que el rendimiento de los bonos lusos a cinco años acaba de superar la insostenible cuota del ocho por ciento.

A pesar de ser la última oportunidad que tenían los portugueses de evitar la intervención internacional, la oposición en bloque, tanto conservadores como marxistas, ha votado irresponsablemente en contra de este nuevo paquete de medidas de ajuste apelando a su excesivo "coste social". Este último plan de austeridad contemplaba, ciertamente, un recorte del cinco por ciento de media en las pensiones superiores a 1.500 euros, a lo que hay que añadir la congelación de sueldos públicos y del índice que se utiliza para calcular impuestos, pensiones y prestaciones sociales que ya aparecía en la actualización del Plan de Estabilidad y Crecimiento presentado el pasado viernes. Entre las medidas orientadas a reducir el gasto, también estaban la reducción de costes en el sistema de salud, la "racionalización" de la red educativa, los recortes en beneficios sociales no contributivos, la revisión de indemnizaciones e inversiones en las empresas públicas y la disminución de las transferencias del Estado a las diferentes regiones en que se divide el país.


Con todo, no es menos cierto que Portugal, gracias a la irresponsable política de dinero barato orquestada por el Banco Central Europeo, se había acostumbrado a vivir muy por encima de sus posibilidades, y que ahora ya no tiene forma de seguir huyendo de una realidad que le reclama el pago de sus facturas.

Teniendo en cuenta que la exposición española a la deuda pública y privada portuguesa roza la friolera de los 80.000 millones de euros (es decir, el 8 y pico por ciento de todo nuestro PIB y el 35% de todo el crédito internacional luso), la crisis del país vecino no viene si no a hacer todavía más inevitables, si cabe, las reformas que el Gobierno de Zapatero todavía se niega a tomar. Tras los "simulacros" de reforma que nos ha presentado en el ámbito del mercado laboral y en el de la reducción del gasto, se supone que Zapatero había adquirido ante Alemania y el resto de socios europeos el compromiso de una auténtica reforma que ligara los salarios a la productividad, así como un plan para limitar por ley el descontrolado déficit de las autonomías. Ese compromiso, en caso de llegara a materializarse, debería contar con el respaldo del PP, salvo que el principal partido de la oposición en España quisiera seguir el demagógico e irresponsable ejemplo de la oposición en Portugal.

Con todo, está visto que Zapatero dice pero no hace, y que ni siquiera ahora, cuando sus perspectivas electorales son nulas, es incapaz de llevar a cabo auténticos planes de austeridad y de reforma que, no por impopulares, dejan de ser ineludibles para nuestra recuperación económica. Sócrates, aunque haya sido tarde, al menos ha querido irse haciendo lo que debía. Aqui, con Zapatero, ni eso.


Libertad Digital - Editorial

Sortu, en manos del TC

Se han respetado las garantías constitucionales y la decisión ha sido tomada por un órgano judicial independiente.

LA Sala del 61 del Tribunal Supremo decidió a última hora de ayer no permitir la inscripción de Sortu como partido político, tal y como habían solicitado la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal, para los cuales esta formación no era más que continuación de la ilegalizada Batasuna. Los informes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil aportaron los elementos de prueba esenciales que han permitido a una amplia mayoría de magistrados ilegalizar Sortu. Esta decisión judicial se ha tomado al término del proceso previsto por la Ley de Partidos Políticos, en el que han sido oídos los abogados de Sortu, quienes han podido participar en las pruebas practicadas ante la Sala. Se han respetado las garantías constitucionales y la decisión ha sido tomada por un órgano judicial independiente. El Estado de Derecho se ha desenvuelto en su mejor expresión. Ahora, la batalla legal se trasladará al Tribunal Constitucional, ante el que los abogados de Sortu harán valer los tres votos discrepantes emitidos al auto de la Sala del 61. Discrepancias de naturaleza jurídica, sin duda, y poco numerosas, pero que también reflejan la confusión política provocada —quizá intencionadamente para producir esta división judicial— por los mensajes contradictorios del Gobierno y de los socialistas vascos sobre Sortu. El discurso equívoco del PSOE y del Ejecutivo ha empañado la claridad de objetivos del Estado frente a esta nueva máscara etarra. Es la primera vez que la Sala del 61 no aplica la Ley de Partidos de manera unánime.

Por esto será más relevante que nunca la intervención del TC, con una mayoría «progresista» reforzada, que tendrá que revisar una resolución no unánime del Supremo. Además, es evidente que los Estatutos de Sortu simularon una adaptación más o menos formal a la doctrina del TC sobre el «contraindicio» del rechazo a la violencia. Pero lo que se ha juzgado no es el valor de un papel, sino la realidad de Sortu como herramienta de ETA. Sin duda, Fiscalía y Abogacía del Estado habrán de esmerarse para conseguir la ratificación del TC a la decisión del Supremo. Pero tanto o más necesario es que los locuaces heraldos socialistas de la nueva marca etarra dejen de sembrar la discordia entre los demócratas y cierren filas ante lo que puede ser el tramo final de ETA. Que será mucho más rápido si Sortu no entra en un solo ayuntamiento vasco. Los plazos procesales impedirán a Sortu estar en las elecciones del 22 de mayo, pero hace falta mucha más convicción política por parte de los socialistas.

ABC - Editorial