sábado, 12 de marzo de 2011

Cuestión de confianza

La de ayer fue otra jornada complicada para el sistema financiero español después de que el presidente del Gobierno comentara el miércoles que el proceso de reestructuración de las cajas contribuiría a la recuperación de la economía y de la confianza de los mercados; 24 horas después, la agencia de calificación Moody’s rebajó el rating de España en otro escalón, desde «Aa1» hasta «Aa2», con perspectiva negativa por el coste del plan de recapitalización para sanear el sistema bancario y el descontrol del endeudamiento autonómico. El anuncio de Moody’s se produjo horas antes de que el Banco de España cifrara en 15.152 millones de euros las necesidades de capital de doce entidades para cumplir con los nuevos requisitos de solvencia impuestos por el Gobierno. Un volumen por debajo de los 20.000 millones previstos por el Ejecutivo e inferior a la mitad de lo estimado por Moody’s (40.000 o 50.000 millones) o Fitch (38.000). El propósito principal de la recapitalización de bancos y cajas era recuperar la confianza de los mercados en la economía, y por eso las exigencias han sido altas para las entidades. No sólo los requisitos de capital principal han estado muy por encima de los de sus colegas europeos y los previstos en Basilea III, sino que además el Banco de España no ha tenido en cuenta los planes de salida a Bolsa en el futuro, con lo que los deberes de financiación son aún mayores. Las cifras del Banco de España retratan una realidad preocupante, pero con el valor añadido que supone conocer el estado de las entidades y poner fin a las elucubraciones. Los mercados internacionales mantienen serias dudas sobre España que no ha disipado ni el decreto para recapitalizar la Banca, convalidado ayer en el Congreso con el respaldo del PSOE y CiU y la abstención del PP, ni el informe del supervisor. El propio Banco Central Europeo recomendó expresamente al Banco de España que aproveche la coyuntura para despejar reticencias, lo que demuestra que hay reparos sobre nuestra solvencia. Es evidente que estamos en una encrucijada que aconseja interpretar los avisos de las agencias de calificación y del propio BCE como exigencias que hay que satisfacer ante las más que previsibles tensiones en el precio de la deuda española tras un periodo de estabilidad de los bonos. La tercera entrega de la reforma financiera del Gobierno necesita tiempo para despejar las incertidumbres que genera sobre el crédito doméstico y la propia recuperación de la economía, y también para demostrar si está en condiciones de generar confianza. Y todo ello dependerá no sólo del éxito del proceso de recapitalización, sino también de que las entidades sean capaces de sanear intensamente los balances bajo un esfuerzo de transparencia. Son condiciones imprescindibles para mejorar el actual déficit de credibilidad internacional y demostrar la solidez que esperan los mercados y las instituciones. La reforma del sistema financiero llega tres años tarde. Ahora pagamos la negligencia del Gobierno y la coyuntura nos obliga a un esfuerzo mayor. No crecemos porque el crédito no fluye, y no lo hará hasta que las entidades no superen la etapa actual.

La Razón - Editorial

Una Europa inane

Los líderes de la UE eluden cualquier acción contundente contra un Gadafi a la ofensiva

La diplomacia está siendo una vez más devorada por los acontecimientos sobre el terreno en Libia, donde casi un mes después de que comenzaran las protestas Gadafi ha recobrado plenamente la iniciativa, sus fuerzas retoman ciudades y su aviación y sus tanques diezman a los rebeldes. Rebeldes en Libia significa personas en absoluta inferioridad de condiciones que, mirándose en el espejo de países vecinos, han decidido levantarse contra una brutal opresión. Y que ahora, a la vista de la parálisis internacional, van perdiendo la esperanza de derrocar al tirano.

La Unión Europea -como el Consejo de Seguridad de la ONU, como Estados Unidos- también da largas a la guerra civil libia. No cabe interpretar de otra manera la vaguedad semántica de un acuerdo, ayer, en el que se reconoce como "interlocutor político fiable" al consejo nacional de los sublevados; o que considera, a estas alturas, que antes de intervenir contra Gadafi tiene que "demostrarse la necesidad de actuar".

Para sobrevivir, el movimiento rebelde en armas, por confuso y desorganizado que aparezca a los ojos occidentales, necesita imperativamente del reconocimiento formal internacional, abanderado por Francia y que le escatima la UE. La prevista ayuda humanitaria no sirve para canalizar apoyos políticos ni para vender petróleo. Europa, dividida, tampoco está por secundar una zona de exclusión aérea que podría resultar decisiva.


Es poco probable que a un rufián tan curtido como Gadafi le impresione mucho la beata petición de la UE para que renuncie al poder. La retórica europea -pese a su incansable prédica sobre derechos humanos, libertad y democracia- no puede ocultar el hecho de que los escaldados poderes occidentales, con Washington a la cabeza, prefieren seguir esperando, cualquiera que sea el precio de hacerlo, antes de promover una acción militar en otro país musulmán. Exigir para cerrar el cielo libio la anuencia plena de la Liga Árabe, una organización básicamente inútil, es un burdo escapismo.

Comienza a ser pertinente preguntarse qué pasara en Libia -cuántos muertos y cuántos refugiados más- con Gadafi ganando la partida. Si la contraofensiva gubernamental continúa en medio del estupor internacional, las derrotas de los sublevados y las represalias llevarán presumiblemente al pánico y luego a la desbandada. ¿Qué argumentos invocarán la ONU, Washington o Bruselas, cada uno esperando que el otro dé el primer paso, para no haberlo evitado a tiempo?

La ausencia de una contundente respuesta exterior no solo refuerza la crueldad de Gadafi. Envía también un devastador mensaje a otros déspotas regionales sobre las ventajas de resistir despiadadamente. Y no puede ser más desmoralizadora para todos aquellos que a riesgo de su vida buscan libertad en una zona del mundo que, desde su independencia de los poderes coloniales, ha sido puesta de rodillas por sus propios dirigentes.


El País - Editorial

El Gobierno sigue sin querer saber lo que pasó el 11-M

Flaco favor le hace el Gobierno al país tratando de olvidar y pasar página, y más cuando la peripecia judicial de los atentados está muy lejos de terminar.

Difícilmente se puede ser más inoportuno. El mismo día en el que se conmemora el séptimo aniversario del peor atentado terrorista de nuestra historia, el Gobierno ha terminado dando la nota. Lo ha hecho de un modo innecesario y cruel. Innecesario porque no hay excusa posible al hecho de que ningún miembro del gabinete haya acudido a los actos de homenaje celebrados en Madrid durante la mañana. Y cruel porque, aun a sabiendas de que se desconoce al autor intelectual del crimen y se amontonan las lagunas en la investigación, el portavoz interino, Ramón Jáuregui, ha afirmado tajante que "los culpables (del atentado) fueron juzgados, condenados por sentencia firme y están pagando sus responsabilidades y culpas en la cárcel".

Aún tomando por buena la versión oficial, lo cierto es que es muy poco, casi nada, lo que sabemos a ciencia cierta de los atentados del 11-M. Son muy pocos los condenados a prisión, y de esos pocos todo lo que podría decirse es que su papel en la masacre fue, cuando menos, auxiliar. No es casual que sólo haya uno que esté en la cárcel acusado de colocar una de las bombas. Eso por un lado. Por otro, por mucho juicio que se haya celebrado y muchas condenas que se hayan dictado, la investigación de los crímenes dejó bastante que desear. A pesar de que han pasado siete años hay decenas de enigmas sin resolver; ya por desidia de los peritos judiciales, ya porque el camino alguien lo llenó a propósito de pistas falsas, pruebas manipuladas, escamoteos sospechosos, suicidios en masa y testimonios contradictorios.

Pues bien, ante esta evidencia, el Gobierno insiste en mirar hacia otro lado y dar por cerrado un caso que, en rigor, no ha sido todavía siquiera abierto. Ellos sabrán por qué lo hacen. La ciudadanía, sin embargo, sigue preguntándose qué pasó aquella mañana, quién ideó la matanza y quién la llevó a cabo, cómo se planificó y ejecutó, cuáles eran los objetivos que los terroristas perseguían... en definitiva, una investigación completa y exhaustiva que, en el caso del 11-M, no se ha hecho en los últimos siete años y, por lo que se ve, no pretende hacerse en los próximos siete.

Flaco favor le hace el Gobierno al país tratando de olvidar y pasar página, y más cuando la peripecia judicial de los atentados está muy lejos de terminar. Por mucho que le pese al Gobierno –a este y a los que vengan después– el 11-M va a seguir coleando durante mucho tiempo, mucho más del que a los autores intelectuales del atentado, esos que fue incapaz de dilucidar el tribunal presidido por Gómez Bermúdez, les gustaría.


Libertad Digital - Editorial

Tsunami aterrador

Estamos ante una inmensa tragedia y llevará tiempo evaluar sus consecuencias. Las cifrasdel drama crecían ayer en cada nuevo recuento.

EL cuarto mayor terremoto de la historia ha golpeado duramente a Japón y durante horas amenazó con provocar un tsunamide consecuencias devastadoras en todo el océano Pacífico. Una vez más, la naturaleza muestra su faceta destructiva y pone de manifiesto la incapacidad del ser humano para luchar contra fenómenos que superan su posibilidad de reacción. Sin embargo, el balance de cientos de muertos y muchos miles de desaparecidos no debe ocultar que los países desarrollados afrontan la situación en mejores condiciones que otros como Haití, donde la tragedia se multiplicó ante las carencias políticas y socioeconómicas de todo tipo. El concepto de «fuerza mayor» hace referencia a ciertos acontecimientos realmente insólitos e imprevisibles. La naturaleza desbocada impone su potencia incontrolable, pero la civilización consiste precisamente en encauzar dentro de lo posible esos daños irreparables. Hace falta reforzar la cooperación internacional para que los Estados pongan en común, en la medida de lo posible, recursos humanos y materiales que palien las tragedias. Aunque imprescindible y llena de buena intención, la solidaridad a posteriori resulta casi siempre insuficiente. Se impone una adecuada ordenación del territorio en las zonas de riesgo y el planteamiento de campañas de protección civil que faciliten una reacción inmediata.

En todo caso, poco se puede hacer cuando el mar y la tierra demuestran su potencia irresistible. Las autoridades japonesas están actuando con rigor para reducir en lo posible la magnitud de un desastre de dimensiones excepcionales. En efecto, estamos ante una inmensa tragedia y llevará tiempo evaluar todas sus consecuencias. De hecho, las estadísticas dramáticas crecían ayer en cada nuevo recuento. Asusta pensar hasta dónde se hubiera disparado el número de muertos en un país con menos nivel de desarrollo y de cohesión social. El mundo entero contempla horrorizado unas imágenes dantescas de edificios que tiemblan e infraestructuras destruidas. Indonesia, Haití, Chile y ahora Japón han sido víctimas recientes de catástrofes naturales que provocan una corriente de apoyo solidario. Ha llegado el momento de organizar además una política de prevención y de reacción conjunta a escala internacional. Mientras, el pueblo japonés debe saber que los españoles estamos a su lado en estas trágicas circunstancias

ABC - Editorial

viernes, 11 de marzo de 2011

Aprendices de brujo. Por José María Carrascal

Al final, nos daremos cuenta de que Blanco no es un personaje de Zapatero, sino Zapatero un personaje de Blanco.

¿Va el gobierno a militarizar los aeropuertos como hizo en la huelga de controladores? No. Una cosa es enfrentarse a un sindicato de elite y otra, a UGT y CCOO, sus cómplices hasta verse obligado a cambiar de guión. Entonces, ¿va a dejar de privatizar los aeropuertos, como le piden éstos? Pues tampoco, porque necesita urgente y perentoriamente el dinero que espera sacar de esa privatización, para que le salgan las cuentas ante Bruselas. ¿Qué va a hacer entonces? Pues lo que ha venido haciendo: trampear, hacer las cosas a medias, con lo que en vez de solucionarlas, las adormece, aunque eso signifique poner en peligro la primera y puede que ya única gran industria nacional, el turismo. Es lo que ha hecho con la reforma laboral, la financiera, con todo, en espera de que la recuperación llegue, al menos a los demás, y tiren de nosotros.

Ahora es el propio Zapatero quien se atreve a anunciar que llegará este mismo mes justo cuando la agencia Moody´s rebaja el crédito de España y todos los indicadores advierten que su recuperación tardará meses si no años. Pero este hombre vive ya fuera de la realidad. Por algo hasta su propio partido le teme y ha cancelado lo que venía siendo su gran fiesta, el mitin de Vistalegre, verbena con que daba el pistoletazo a sus campañas electorales. Pero esta vez, no. «Yo he diseñado la campaña para ganar», ha confesado José Blanco, reconociendo implícitamente que con su jefe en la campaña, perderían. Y es que, al final, nos daremos cuenta de que Blanco no es un personaje de Zapatero, sino al revés, Zapatero, un personaje de Blanco, que lo sacó de la nada en que vivía y le convirtió en presidente del gobierno aprovechando circunstancias tan excepcionales como las que reinaban en el PSOE tras Felipe González y en la nación, tras el 11-M, lo último con ayuda de Rubalcaba.

Lo malo fue que el personaje se lo creyó. Como aquel mendigo que se despertó un buen día en un lecho real, creyó que de verdad era un rey y empezó a reinar sin la menor capacidad para ello, poniendo en práctica todas las fantasías que había soñado en su vida anterior, sin ajustarse para nada a las normas de la política, de la economía y, lo que es más grave, de la realidad. Vino en su ayuda una bonanza económica, una oposición hundida y un país más interesado en gozar de la vida que en el precio de esos gozos. Hasta que la crisis nos ha despertado a todos. Menos a él, que sigue en sus fantasmagorías. Pero la realidad se alza ante él como el Comendador ante el Burlador: Bruselas que exige cuentas, los sindicatos que reclaman lo suyo, su partido que le excluye, el país en quiebra, sin que ni siquiera quienes le auparon al cargo, Blanco, Rubalcaba, sean capaces de que se vaya ni de que se quede. A los aprendices de brujo, suele ocurrirles.


ABC - Opinión

11-M. Abogado de parte. Por Emilio Campmany

No estaría de más que Manzano recordara la suerte final que, con ocasión de la investigación de los crímenes del GAL, corrieron tantos que estuvieron defendidos por magníficos abogados pagados por otros.

Juan Jesús Sánchez Manzano tiene hoy un problema que no tenía ayer. Cuando el abogado de uno tira, como estrategia de defensa, del insólito recurso de solicitar que su defendido sea imputado por un delito más grave de aquel del que en principio se le acusa, uno debería plantearse si ese abogado le está realmente defendiendo a él. Por eso, quizá Manzano debería preguntarse si a ese abogado suyo lo está pagando él o lo está pagando otro. Y si lo está pagando otro, debería hacerse una pregunta ulterior, si lo que está defendiendo ese abogado son sus intereses o los de quien paga.

Porque esta sorprendente estrategia, si tanta benevolencia esperan de los jueces de instrucción de la Audiencia Nacional, podía haberse adoptado desde el principio. Sin embargo, no fue así. Se recurre a ella ahora, cuando Interior, ante las amenazas de la juez, ha empezado a aflojar la información que se le estaba solicitando. Dicho de otra manera, Interior no está dispuesto a arriesgar una acusación de obstrucción a la Justicia por defender a Sánchez Manzano. Y ese, precisamente ese es el momento en que su abogado clama por trasladar lo actuado a la Audiencia Nacional. Lógicamente, cabe esperar que el abogado, antes de dar tan chocante paso, haya hablado con su representado y le haya explicado que allí, en la Audiencia Nacional, le van a tratar con más cariño. Y lo más probable es que quien era responsable de los Tedax cuando el atentado del 11-M lo haya creído.


Pero, yo, si fuera él, no estaría tan seguro. Los jueces de la Audiencia Nacional pueden tener, y a veces de hecho tienen, cierta tendencia a mostrarse comprensivos con las cuestiones que puedan poner contra las cuerdas al Estado. Pero, cuando piensan en el Estado, lo ven encarnado en sus más altas figuras, no en un comisario. Si todo ha de quedar en una condena a Manzano por una actuación negligente constitutiva de delito, allí no va a encontrar mayor comprensión de la que pueda hallar en la Plaza de Castilla.

Cuando además el abogado amenaza a la juez con la misma suerte de Garzón, del que hay que recordar que todavía no ha sido condenado, da la impresión de que lo hace para defender a otros, no a Manzano, que ya no puede evitar que sus subordinados testifiquen acerca de las muchas muestras que aquel fatídico día recogieron y que luego, bajo la custodia del comisario, desaparecieron. Lo que a su vez implica que, en la Plaza de Castilla o en la Audiencia Nacional, Manzano tendrá que explicar qué fue de aquel cúmulo de vestigios que desaparecieron sin que hasta hoy nadie haya dado ninguna explicación.

No estaría de más que Manzano recordara la suerte final que, con ocasión de la investigación de los crímenes del GAL, corrieron tantos que estuvieron defendidos por magníficos abogados pagados por otros. Y que lo natural es que el abogado defienda los intereses de quiénes le pagan. Incluso en el caso de que Manzano pagara los honorarios, debería preguntarse si no hay otros redondeando la minuta. Por lo tanto, un consejo: asegúrese de que su abogado es en efecto el suyo. Y, si no está seguro, cambie rápidamente de letrado antes de que sea demasiado tarde.


Libertad Digital - Opinión

En caídal libre. Por M. Martín Ferrand

No sé si España, para salir del hoyo financiero, necesita cien mil millones de euros, el doble o la mitad.

TRANQUILOS, aquí nunca pasa nada. La carencia de una auténtica acción gubernamental y la ausencia de una sólida reacción alternativa por parte de la oposición hacen de España un país átono, sin pulso, en el que los parados se cuentan y la ruina se contabiliza sin que a los afectados se les advierta la ira ni a los responsables les tiemble un solo músculo de la cara. Para tener noticia de lo que nos pasa tenemos que recurrir a las llamadas agencias de rating, o calificación de riesgos, como nuestros abuelos buscaban su propia identidad en las crónicas de los viajeros anglosajones que nos trajo el Romanticismo, abundaron en la Guerra Civil y no mermaron en el entorno folclórico del franquismo: los curiosos impertinentes que tiene censados Tom Burns Marañón.

Ahora, la Agencia Moody's, que se reparte el cotarro mundial con sus homólogos Standard & Poor's y Fitch, acaba de rebajar el rating del Reino de España. Ya no somos Aa1, sino que nos hemos quedado en Aa2. Y continuará la decadencia en la medida en que al Gobierno se le vayan en suspiros cuanto no en lágrimas. Pero, ya digo, tranquilos. Aquí no pasa nada. Mañana, en la cumbre comunitaria de Bruselas nuestros socios y vecinos volverán a pasmarse ante la situación portuguesa, que ya ofertaba ayer deuda pública cercana al 8 por ciento y, con ello, nos colocaba a nosotros en el primer puesto de la lista de espera para algo que será inevitable si no se aplican medidas equivalentes a las que están permitiendo a países, como Alemania, salir de la crisis, remontar el paro y enfrentarse al futuro con mucho esfuerzo, sobredosis de rigor, abundancia de sacrificios y poquísimos lamentos.

No sé, y parece que no lo sabe nadie, si España, para salir del hoyo financiero, necesita cien mil millones de euros, el doble o la mitad; pero las Cajas se maquillan y encubren unas con otras sin el enérgico y conveniente zarandeo. Está más claro que sin un crecimiento económico acelerado no habrá soluciones eficaces para remediar el paro. Pero lo único que consta es que Zapatero está triste, como la princesa del cuento; Elena Salgado, pobrecita, airada porque los de Moody's no tienen paciencia y los demás integrantes del pintoresco equipo del Gobierno más atentos a las peripecias electoreras que a la función que se les supone. En ese ambiente, mientras unos mangan y otros trepan, los trabajadores de AENA ponen en veremos la temporada turística, la única industria nacional no averiada del todo, como para simbolizar que el zapaterismo ha caducado y que si no pierde más retos es porque no se le presentan. No pasa nada, todos tranquilos. Rajoy incluido.


ABC - Opinión

11-M. Siete años no bastan. Por Cristina Losada

España se dividió entonces como en otras ocasiones amargas, que así devinieron momentos crepusculares, instantes en los que el fiel de la balanza se inclina no sólo por la fuerza bruta de los hechos, sino por el comportamiento que emerge en ese trance.

Siete años desde aquel día aciago y no son suficientes. No lo son para borrar por completo de la memoria la conmoción, el espanto, el dolor, las preguntas sin respuesta. Pero tampoco para recordar como es debido a las víctimas directas, a los inocentes –siempre es inocente la víctima del terrorismo– muertos en los trenes, a los heridos, a los que perdieron hijos, hermanos, padres, amigos y conocidos. Ni han bastado siete años para que fragüe en la conciencia de la nación. ¿Nación? España se dividió entonces como en otras ocasiones amargas, que así devinieron momentos crepusculares, instantes en los que el fiel de la balanza se inclina no sólo por la fuerza bruta de los hechos, sino por el comportamiento que emerge en ese trance, por el modo en que se le hace frente. Nada está escrito, no estaba predeterminado, pero volvió a suceder y sucede aún.

Las ceremonias para rendir homenaje a las víctimas, acogerlas y acoger lo ocurrido en la historia y la memoria colectivas, han ido menguando, adelgazando de peso institucional, hasta que han aparecido relegadas a la condición de actos locales. Al menos, Madrid no olvida, cómo podría. Todavía meses después del atentado, se percibían la pesadumbre y un silencio cabizbajo que ahogaba el natural bullicio urbano. Pero incluso a los siete años, minimizados y todo, los actos sirven para marcar distancias. De un lado, Manjón y los suyos inauguran "su" monumento y hacen gala de hostilidad hacia la parte y el partido contrarios. Del otro, los demás hacen sus ofrendas en compañía de pocos representantes institucionales, a tenor de lo anunciado. Aquel mundo de la cultura que tanto buscó y encontró el primer plano durante unos días que debieron ser de llanto y fueron de odio, ha elegido la fecha para dedicarla a Garzón, otro guión para la misma película. Mismos protagonistas y el director que anunció a la prensa internacional que el Gobierno Aznar estaba dando un golpe de Estado. Un cine en blanco y negro.

Vaya panorama, siete años después. Pero qué poco ha cambiado. Es, sin embargo, lo que cabe esperar cuando se carga la culpa de un atentado sobre un Gobierno y se muestra así, con pasmosa naturalidad, la disposición a someterse al terror. De esa indignidad que fue instigada por unos y compartida por tantos, este tenso olvido de muchos.


Libertad Digital - Opinión

Zapatero como programa. Por Ignacio Camacho

Por mucho que el PSOE reprograme su campaña no podrá eludir el debate sobre la retirada de Zapatero.

NI avances autonómicos ni servicios municipales: el verdadero programa electoral del PSOE va a ser la retirada de Rodríguez Zapatero. El debate sobre la más que probable renuncia del presidente se ha convertido en el tema único de la campaña, y tanto si la anuncia antes de las elecciones como si permanece en silencio será inevitable que el asunto monopolice el debate político. De momento ya ha obligado a José Blanco a modificar el diseño de la estrategia del partido, disparando las especulaciones al suprimir el tradicional mitin masivo de Vista Alegre; pero por mucho que los socialistas intenten reprogramar sus planes no podrán eludir la cuestión que en estos momentos absorbe el interés político. Les guste o no están atados a esa decisión que condiciona por completo su futuro y no la van a poder esconder con una campaña de perfil bajo centrada en los candidatos territoriales.

Si Zapatero continúa sin revelar su decisión hasta el 22 de mayo el PSOE va a sufrir un bombardeo de concentración sobre la figura de su líder, convertido en un sparringde la oposición, y los ciudadanos irán a las urnas en el estado de cabreo o de decepción que reflejan las encuestas; tanto la ira como el desencanto garantizan un fuerte voto de castigo capaz de aplastar el tirón de los mejores aspirantes locales, que ahora mismo contemplan con frustración resignada la posibilidad de compartir mítines con el detestado presidente envuelto en una atmósfera de interinidad brumosa. A todos les aliviaría sobremanera el anuncio anticipado de retirada para aflojar la presión de una campaña agónica en la que resulta utópico esquivar una realidad que la sociedad tiene bien presente. El inconveniente de esa hipótesis reside en que dejaría la cuestión sucesoria, resuelta o no, en el eje del debate con toda su inevitable alharaca mediática y política, pero a día de hoy se trata de un mal menor para las agobiadas huestes de la socialdemocracia. De un modo o de otro, las elecciones autonómicas y municipales están condenadas a solaparse bajo el endiablado ruido de la escena nacional.

Los partidarios de una renuncia anticipada, que son clara mayoría en el partido, arguyen además que el presidente reforzaría la independencia de su criterio si comunica la decisión antes de la jornada electoral, en la medida en que no parecería consecuencia de la previsible derrota. Es un argumento sensato pero en este proceso la lógica objetiva no parece un elemento válido de análisis. Todo depende en exclusiva del propio Zapatero y eso no es exactamente una garantía de coherencia. En ese marco de incertidumbres, presunciones y atisbos, la campaña socialista es un trayecto a ciegas en el que los dirigentes habrán de conducir con los ojos vendados sabiendo que hay un camión de gran tonelaje atravesado de forma irreversible en medio de la carretera.


ABC - Opinión

Cuestión de confianza

La de ayer fue otra jornada complicada para el sistema financiero español después de que el presidente del Gobierno comentara el miércoles que el proceso de reestructuración de las cajas contribuiría a la recuperación de la economía y de la confianza de los mercados; 24 horas después, la agencia de calificación Moody’s rebajó el rating de España en otro escalón, desde «Aa1» hasta «Aa2», con perspectiva negativa por el coste del plan de recapitalización para sanear el sistema bancario y el descontrol del endeudamiento autonómico. El anuncio de Moody’s se produjo horas antes de que el Banco de España cifrara en 15.152 millones de euros las necesidades de capital de doce entidades para cumplir con los nuevos requisitos de solvencia impuestos por el Gobierno. Un volumen por debajo de los 20.000 millones previstos por el Ejecutivo e inferior a la mitad de lo estimado por Moody’s (40.000 o 50.000 millones) o Fitch (38.000). El propósito principal de la recapitalización de bancos y cajas era recuperar la confianza de los mercados en la economía, y por eso las exigencias han sido altas para las entidades. No sólo los requisitos de capital principal han estado muy por encima de los de sus colegas europeos y los previstos en Basilea III, sino que además el Banco de España no ha tenido en cuenta los planes de salida a Bolsa en el futuro, con lo que los deberes de financiación son aún mayores. Las cifras del Banco de España retratan una realidad preocupante, pero con el valor añadido que supone conocer el estado de las entidades y poner fin a las elucubraciones. Los mercados internacionales mantienen serias dudas sobre España que no ha disipado ni el decreto para recapitalizar la Banca, convalidado ayer en el Congreso con el respaldo del PSOE y CiU y la abstención del PP, ni el informe del supervisor. El propio Banco Central Europeo recomendó expresamente al Banco de España que aproveche la coyuntura para despejar reticencias, lo que demuestra que hay reparos sobre nuestra solvencia. Es evidente que estamos en una encrucijada que aconseja interpretar los avisos de las agencias de calificación y del propio BCE como exigencias que hay que satisfacer ante las más que previsibles tensiones en el precio de la deuda española tras un periodo de estabilidad de los bonos. La tercera entrega de la reforma financiera del Gobierno necesita tiempo para despejar las incertidumbres que genera sobre el crédito doméstico y la propia recuperación de la economía, y también para demostrar si está en condiciones de generar confianza. Y todo ello dependerá no sólo del éxito del proceso de recapitalización, sino también de que las entidades sean capaces de sanear intensamente los balances bajo un esfuerzo de transparencia. Son condiciones imprescindibles para mejorar el actual déficit de credibilidad internacional y demostrar la solidez que esperan los mercados y las instituciones. La reforma del sistema financiero llega tres años tarde. Ahora pagamos la negligencia del Gobierno y la coyuntura nos obliga a un esfuerzo mayor. No crecemos porque el crédito no fluye, y no lo hará hasta que las entidades no superen la etapa actual.

La Razón - Editorial

Paso decisivo

Desde ayer, a pesar de Moody's, bancos y cajas cuentan con un marco útil para recapitalizarse

La reforma financiera ocupó ayer dos frentes conflictivos. En el primero, la agencia de calificación Moody's rebajó en un peldaño la solvencia de la deuda española, desde AA1 a AA2, con el argumento de que la recapitalización de las cajas de ahorros costará al menos 50.000 millones, más de lo previsto por el Gobierno. Moody's había advertido de posibles rebajas, pero su decisión se antoja inoportuna y beligerante, en cuanto que se anticipaba por unas horas a la presentación del informe sobre la recapitalización elaborado por el Banco de España. En el frente político, el Congreso aprobó el decreto ley de recapitalización de las cajas, que ha suscitado otra polémica sobre las dificultades de las entidades financieras para conseguir un 10% de capital de calidad (si no salen a Bolsa) sobre los activos de riesgo, nivel que muy pocas entidades pueden conseguir.

La rebaja de Moody's es una prueba más de las informaciones confusas que reciben los inversores en periodos de crisis. La agencia de rating insiste en que la recapitalización de las cajas costará en torno a los 50.000 millones; pero el Banco de España calcula la recapitalización en un máximo de 15.152 millones, con ocho grupos de cajas y cuatro bancos que incumplen los estrictos requisitos de Basilea III adelantados por el Gobierno. Si un analista imparcial compara la calidad de las fuentes de la agencia con las que tiene el Banco de España, enseguida llegará a la conclusión de que es la autoridad monetaria española a la que hay que creer. Quizá por ello, y porque los mercados de inversión están convencidos de que la situación de España, Bélgica e Italia es mejor que la de Grecia, Portugal e Irlanda, la prima de riesgo de la deuda española subió en cuanto se conoció el informe de Moody's, pero fue moderándose después paulatinamente.

Pero es que, además, las agencias operan de forma procíclica, como una profecía que tiende a autocumplirse. Las firmas de rating navegan a favor de la corriente. En tiempos de euforia reafirman las aventuras financieras y en tiempos de depresión castigan a los mercados o países más afectados. Un análisis como el de Moody's favorece las posiciones cortas contra la deuda española, en lugar de ofrecer una visión más amplia, con efectos neutrales.

Cajas y bancos tienen perfilado su marco de actuación. Las que incumplan los requisitos de capital deberán presentar un plan de recapitalización en 15 días; si salen a Bolsa, opción arriesgada puesto que la situación del mercado de capitales es mala, se les exigirá el 8% de capital bueno; si no lo hacen, la exigencia será del 10%; quien incumpla, pasará por la inyección de capital público. Como una relación de capital tan elevada aumenta la solvencia pero debilita la concesión de créditos, quizá fuera útil ofrecer a otros bancos o cajas la opción de completar las exigencias de capital de las entidades que no lleguen al 8% en el mercado. Esta reestructuración previa evitaría que el control financiero cayera en poder de fondos especulativos que agravarían la sequía crediticia en España.


El País - Editorial

11-M: La vergüenza que no cesa

La enfermiza y delictiva obsesión por tapar con un manto de obsceno silencio todo aquello que tenga que ver con el 11-M constituye el mayor escándalo político, judicial y moral de la democracia.

Siete años después de la masacre del 11-M, la única verdad incuestionable es el sufrimiento de las víctimas, un dolor multiplicado por el abandono, el olvido, la exclusión y el aislamiento a los que han sido sometidas por el Gobierno y por la oposición, por casi todas las instancias judiciales e institucionales, por la mayoría de los medios de comunicación y por quienes tendrían que investigar y llegar hasta el fondo de la mayor matanza terrorista de la historia de Europa.

La enfermiza y delictiva obsesión por tapar con un manto de obsceno silencio todo aquello que tenga que ver con el 11-M constituye el mayor escándalo político, judicial y moral de la democracia y pone al descubierto la catadura de quienes llegaron al poder a rebufo de la tragedia y de quienes con el objetivo de recuperarlo pagan el peaje de un mutismo vergonzoso.

El hecho de que en coincidencia con el séptimo aniversario una juez haya llamado a declarar a todos los componentes de los Tedax es una prueba más que evidente de que la historia judicial del 11-M dista mucho de haber concluido. Es un factor que puede procurar consuelo a quienes padecen las secuelas del atentado, pero también muestra hasta qué punto de deterioro ha llegado la Justicia en España, algunos de cuyos más ínclitos representantes parecen juramentados en un siniestro pacto con políticos y policías para ocultar pruebas, indicios, relaciones, autores, causas y consecuencias de la masacre.

En este contexto y bajo esas condiciones, Libertad Digital reafirma y renueva su compromiso de mantener viva la llama del recuerdo y dedicar todos los esfuerzos posibles al esclarecimiento de unos hechos cuya secuencia dramática comenzó el 11 de marzo de 2004 y aún no ha concluido.


Libertad Digital - Editorial

Enmienda a la totalidad

Moody´s ha lanzado una enmienda a la totalidad contra la política de Zapatero, que suma otro revés añadido a las encuestas desfavorables al PSOE.

LA rebaja de calificación de la deuda española, decidida ayer por la agencia Moody's, desarboló de un golpe el optimismo que Zapatero había exhibido el día anterior con su pronóstico de que este mismo mes empezaría la enésima recuperación del empleo y la economía. Una vez más, los anuncios del presidente del Gobierno se topan con una realidad que escapa por completo a su control. Se puede, en efecto, poner objeciones a las agencias de calificación y relativizar sus decisiones, pero es un error ignorarlas porque los mercados reaccionan en un sentido o en otro en función de análisis como el que llevó ayer a Moody's a bajar la calificación de España de Aa1 a Aa2. Y lo peor es que lo hizo con el añadido de «perspectiva negativa». Esta agencia ha cumplido el aviso que ya hizo en diciembre, y ahora vuelve a advertir de que el futuro de la economía española no es fiable. Su análisis se basa en factores que no permiten al Gobierno replicar con convicción: el exceso de endeudamiento, las dificultades de financiación en el futuro, el nulo crecimiento económico y la situación real de las cajas de ahorros, para las que Moody's prevé necesidades de financiación superiores a 50.000 millones de euros, que podrían llegar incluso a los 120.000 millones, muy por encima de las previsiones del Gobierno. Para empeorar el cuadro de datos, Moody's tampoco se fía del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), y lo dice el día en que el Congreso aprueba el decreto de reorganización del sistema de cajas.

Se conceda más o menos crédito a las agencias de calificación, lo cierto es que Moody's ha lanzado una enmienda a la totalidad contra la política de Rodríguez Zapatero, que suma así, en pocos días, otro revés, añadido a las encuestas desfavorables y a los movimientos críticos de su partido —cada vez más explícitos— con la gestión de su continuidad. El problema sigue siendo el mismo que al principio de la crisis: Zapatero no genera confianza alguna, primero porque negó la crisis, y ahora porque no sabe cómo superarla. Ya hemos entrado en el tercer mes del año que debería ser el de la recuperación y esta se aleja, en vez de acercarse. Zapatero siempre la anuncia para la primavera cuando hay elecciones, pero su optimismo impostado ya no genera adhesiones; tampoco indiferencia. Ya es una burla.


ABC - Editorial

Septimo Aniversario del 11-M

IN MEMORIAM

Eva Belén Abad Quijada, española, 30 años
Óscar Abril Alegre, español, 19 años
Liliana Guillermina Acero Ushiña, ecuatoriana, 26 años
Florencio Aguado Rojano, español, 60 años
Juan Alberto Alonso Rodríguez, español, 38 años
María Joséfa Alvarez González, española, 48 años
Juan Carlos Del Amo Aguado, español, 28 años
Andriyan Asenov Andrianov, búlgaro, 22 años
María Nuria Aparicio Somolinos, española, 40 años
Alberto Arenas Barroso, español, 24 años
Neil Hebe Astocondor Masgo, peruano, 34 años
Ana Isabel Avila Jiménez, española, 43 años
Miguel Ángel Badajoz Cano, español, 34 años
Susana Ballesteros Ibarra, española, 42 años
Francisco Javier Barahona Imedio, español, 34 años
Gonzalo Barajas Díaz, español, 32 años
Gloria Inés Bedoya, colombiana, 40 años
Sanaa Ben Salah Imadaquan, española hija de marroquíes, 13 años
Esteban Martín De Benito Caboblanco, español, 39 años
Rodolfo Benito Samaniego, español, 27 años
Anka Valeria Bodea, rumana, 26 años
Livia Bogdan, rumana, 27 años
Florencio Brasero Murga, español, 50 años
Trinidad Bravo Segovia, española, 40 años
Alina Maria Bryk, polaca, 39 años
Stefan Budai, rumano, 37 años
Tibor Budi, rumano, 37 años
María Pilar Cabrejas Burillo, española, 37 años
Rodrigo Cabrero Pérez, español, 20 años
Milagros Calvo García, española, 39 años
Sonia Cano Campos, española, 24 años
Alicia Cano Martínez, española, 63 años
José María Carrilero Baeza, español, 39 años
Álvaro Carrion Franco, español, 17 años
Francisco Javier Casas Torresano, español, 28 años
Cipriano Castillo Muñoz, español, 55 años
María Inmaculada Castillo Sevillano, española, 39 años
Sara Centenera Montalvo, española, 19 años
Oswaldo Manuel Cisneros Villacís, ecuatoriano, 34 años
Eugenia María Ciudad-Real Díaz, española, 26 años
Jacqueline Contreras Ortiz, peruana, 22 años
María Soledad Contreras Sánchez, española, 51 años
María Paz Criado Pleiter, española, 52 años
Nicoleta Diac, rumana, 27 años
Beatriz Díaz Hernandez, española, 30 años
Georgeta Gabriela Dima, rumana, 35 años
Tinka Dimitrova Paunova, búlgara, 31 años
Kalina Dimitrova Vasileva, búlgara, 31 años
Sam Djoco, senegalés, 42 años
María Dolores Durán Santiago, española, 34 años
Osama El Amrati, marroquí, 23 años
Sara Encinas Soriano, española, 26 años
Carlos Marino Fernández Dávila, peruano, 39 años
María Fernández del Amo, española, 25 años
Rex Ferrer Reynado, filipino, 20 años
Héctor Manuel Figueroa Bravo, chileno, 33 años
Julia Frutos Rosique, española, 44 años
María Dolores Fuentes Fernández, española, 29 años
José Gallardo Olmo, español, 33 años
José Raúl Gallego Triguero, español, 39 años
María Pilar Gamiz Torres, española, 40 años
Abel García Alfageme, español, 27 años
Juan Luis García Arnaiz, español, 17 años
Beatriz García Fernández, española, 27 años
María de las Nieves García García-Moñino, española, 46 años
Enrique García González, dominicano, 28 años
Cristina Aurelia García Martínez, española, 34 años
Carlos Alberto García Presa, español, 24 años
José García Sánchez, español, 45 años
José María García Sánchez, español, 47 años
Javier Garrote Plaza, español, 26 años
Petrica Geneva, rumana, 34 años
Ana Isabel Gil Pérez, española, 29 años
Óscar Gómez Gudiña, español, 24 años
Felix González Gago, español, 52 años
Ángelica González García, española, 19 años
Teresa González Grande, española, 38 años
Elías González Roque, español, 30 años
Juan Miguel Gracia García, español, 53 años
Javier Guerrero Cabrera, español, 25 años
Berta María Gutiérrez García, española, 39 años
Sergio de las Heras Correa, español, 29 años
Pedro Hermida Martín, español, 51 años
Alejandra Iglesias López, española, 28 años
Mohamed Itaiben, marroquí, 27 años
Pablo Izquierdo Asanza, español, 42 años
María Teresa Jaro Narrillos, española, 32 años
Oleksandr Kladkovoy, ucraniano, 56 años
Laura Isabel Laforga Bajón, española, 28 años
María Victoria León Moyano, española, 30 años
María Carmen Lominchar Alonso, española, 34 años
Myriam López Díaz, española, 31 años
María Carmen López Pardo, española, 50 años
María Cristina López Ramos, española, 38 años
José María López-Menchero Moraga, español, 44 años
Miguel de Luna Ocaña, español, 36 años
María Jesús Macías Rodríguez, española, 30 años
Francisco Javier Mancebo Záforas, español, 38 años
Ángel Manzano Pérez, ecuatoriano, 42 años
Vicente Marín Chiva, español, 37 años
Antonio Marín Mora, español, 43 años
Begoña Martín Baeza, española, 25 años
Ana Martín Fernández, española, 43 años
Luis Andrés Martín Pacheco, español, 54 años
María Pilar Martín Rejas, española, 50 años
Alois Martinas, rumano, 27 años
Carmen Mónica Martínez Rodríguez, española, 31 años
Míriam Melguizo Martínez, española, 28 años
Javier Mengíbar Jiménez, español, 43 años
Álvaro de Miguel Jiménez, español, 26 años
Michael Mitchell Rodríguez, cubano, 28 años
Stefan Modol, rumano, 45 años
Segundo Víctor Mopocita Mopocita, ecuatoriano, 37 años
Encarnación Mora Donoso, española, 64 años
María Teresa Mora Valero, española, 37 años
Julita Moral García, española, 53 años
Francisco Moreno Aragonés, español, 56 años
José Ramón Moreno Isarch, español, 37 años
Eugenio Moreno Santiago, español, 56 años
Juan Pablo Moris Crespo, español, 32 años
Juan Muñoz Lara, español, 33 años
Francisco José Narváez de la Rosa, español, 28 años
Mariana Negru, rumana, 40 años
Ismael Nogales Guerrero, español, 31 años
Inés Novellón Martínez, española, 30 años
Miguel Ángel Orgaz Orgaz, español, 34 años
Ángel Pardillos Checa, español, 62 años
Sonia Parrondo Antón, española, 28 años
Juan Francisco Pastor Férez, español, 51 años
Daniel Paz Manjón, español, 20 años
Josefa Pedraza Pino, española, 41 años
Miryam Pedraza Rivero, española, 25 años
Roberto Pellicari Lopezosa, español, 31 años
María del Pilar Pérez Mateo, española, 28 años
Felipe Pinel Alonso, español, 51 años
Martha Scarlett Plasencia Hernandez, dominicana, 27 años
Elena Ples, rumana, 33 años
María Luisa Polo Remartinez, española, 50 años
Ionut Popa, rumano, 23 años
Emilian Popescu, rumano, 44 años
Miguel Ángel Prieto Humanes, español, 37 años
Francisco Antonio Quesada Bueno, español, 44 años
John Jairo Ramírez Bedoya, colombiano, 37 años
Laura Ramos Lozano, hondureña, 37 años
Miguel Reyes Mateos, español, 37 años
Marta del Río Menéndez, española, 40 años
Nuria del Río Menéndez, española, 38 años
Jorge Rodríguez Casanova, español, 22 años
Luis Rodríguez Castell, español, 40 años
María de la Soledad Rodríguez de la Torre, española, 42 años
Ángel Luis Rodríguez Rodríguez, español, 34 años
Francisco Javier Rodríguez Sánchez, español, 52 años
Ambrosio Rogado Escribano, español, 56 años
Cristina Romero Sánchez, española, 34 años
Patricia Rzaca, polaca, 7 meses
Wieslaw Rzaca, polaco, 34 años
Antonio Sabalete Sánchez, español, 36 años
Sergio Sánchez López, español, 17 años
María Isabel Sánchez Mamajón, española, 37 años
Juan Antonio Sánchez Quispe, peruano, 45 años
Balbina Sánchez-Dehesa Francés, española, 47 años
David Santamaría García, español, 23 años
Sergio dos Santos Silva, brasileño, 28 años
Juan Carlos Sanz Morales, español, 33 años
Eduardo Sanz Pérez, español, 31 años
Guillermo Senent Pallarola, español, 23 años
Miguel Antonio Serrano Lastra, español, 28 años
Rafael Serrano López, español, 66 años
Paula Mihaela Sfeatcu, rumana, 27 años
Federico Miguel Sierra Serón, español, 37 años
Domnino Simón González, español, 45 años
María Susana Soler Iniesta, española, 46 años
Carlos Soto Arranz, español, 34 años
Mariya Ivanova Staykova, búlgara, 38 años
Marion Cintia Subervielle, francesa, 30 años
Alexandru Horatiu Suciu, rumano, 18 años
Danuta Teresa Szpila, polaca, 28 años
José Luis Tenesaca Betancourt, ecuatoriano, 17 años
Iris Toribio Pascual, española, 20 años
Neil Torres Mendoza, ecuatoriano, 38 años
Carlos Tortosa García, español, 31 años
María Teresa Tudanca Hernández, española, 49 años
Jesús Utrilla Escribano, español, 44 años
José Miguel Valderrama López, español, 25 años
Saúl Valdez Ruiz, hondureño, 44 años
Mercedes Vega Mingo, española, 45 años
David Vilela Fernández, español, 23 años
Juan Ramón Zamora Gutiérrez, español, 29 años
Yaroslav Zojniuk, ucraniano, 48 años
Csaba Olimpiu Zsigovski, rumana, 26 años

jueves, 10 de marzo de 2011

Derechos humanos. La maestra Europa castiga a EEUU. Por Cristina Losada

Pensará el contribuyente que la UE dedica su dinero a fomentar la democracia allí donde no existe y resulta que lo invierte en dar lecciones de derechos humanos a la principal democracia del globo.

La obsesión antiamericana, como demostraba Revel, no es una patología circunscrita a esos países donde el odio a Estados Unidos es explícito y violento. Sin quemas de banderas y efigies del Tío Sam, aunque también haya aquelarres en fechas señaladas, la enfermiza condición aqueja por igual a Europa y, en concreto, a sus elites políticas. Sólo así se entiende el dato que revelaba The Daily Telegraph y recogía The Wall Street Journal. La Comisión Europea dedica millones de euros a financiar a lobbies contrarios a la pena de muerte en Norteamérica bajo un programa destinado a promover los derechos humanos en el mundo. La burocracia bruselense no da un duro de ese proyecto para respaldar a los disidentes cubanos y, en cambio, apoya la abolición de la pena capital en los USA con más dinero del que entrega a grupos pro-democráticos en Irán o Birmania.

No hablamos de que partidos de izquierda colaboren con la causa abolicionista de la progresía americana, sino de la generosa ayuda de una institución que se quiere respetable e ideológicamente transversal, como la Comisión Europea. De ella depende el Instrumento Europeo por la Democracia y los Derechos Humanos, cuya lista de donaciones en 2009 incluye 2,6 millones de euros para la labor descrita. Uno puede estar contra la pena capital, pero actuar como si EEUU fuese uno de los países donde "se encuentran más amenazados" los derechos humanos, desborda los límites racionales y morales aceptables. A tenor de las cantidades desembolsadas, a la Comisión Europea le preocupan más las contadas ejecuciones en una democracia con Justicia independiente que las numerosísimas que se practican en países dictatoriales donde el Estado de derecho ni está ni se le espera.

Pensará el contribuyente que la UE dedica su dinero a fomentar la democracia allí donde no existe y resulta que lo invierte en dar lecciones de derechos humanos a la principal democracia del globo. Pero cómo si no podría Europa mantener su superioridad moral frente a esa salvaje América, que nunca fue fascista ni comunista y combatió contra los dos totalitarismos nacidos aquí, en nuestro suelo. ¡Eso no se perdona! Eso se premia con animadversión y desprecio. Y de tal manera que Europa, sus dirigentes, ha acabado por defender sus valores no frente a quienes los pisotean cada día –son otras culturas, un respeto– sino frente al país donde mejor ha arraigado la civilización liberal. Tanto molesta ese triunfo.


Libertad Digital - Opinión

Procesión sin santo. Por M. Martín Ferrand

Blanco ha tenido que desmontar la fiesta prevista para el 3 de abril en Vistalegre, en «los carabancheles».

A José Blanco (López) le beneficia el recuerdo vaporoso y castizo de su homónimo José Blanco (Ruiz). Al primero, el vicesecretario general del PSOE, no le gusta que le llamen Pepe y, menos aún, Pepiño que fue, en sus arranques, cuando cayó del caballo del PSP de Enrique Tierno Galván y se subió en el coche en el que ahora viaja de copiloto, nombre de guerra y combate. El segundo, natural de Logroño y símbolo del Madrid de los años del hambre, no quería ser José y como Pepe Blanco se presentaba en los teatros que le dieron fama con su Cocidito madrileñoy otras coplas emblemáticas de un tipismo que ya se desvanece. Blanco, el gallego, no tiene aún cincuenta años y del otro, del riojano, se cumplen en estos días los cien años de su nacimiento, que, dicho sea de paso y que, como Alberto Ruiz-Gallardón ha abjurado del madrileñismo, merece un homenaje en la Puerta del Sol que administra la felizmente repuesta Esperanza Aguirre.

El Blanco contemporáneo vive grandes tribulaciones. Unas, las de su cargo ministerial, le vuelven a enfrentar a los privilegiados empleados de AENA, el ente público adscrito a Fomento y poblado por raros especímenes laborales entre los que, según vamos viendo, los más normalitos son los controladores aéreos. Las restantes y mayoritarias congojas del personaje, las del dirigente socialista y baranda de la próxima campaña electoral, le confunden tanto como le espolean. Pretende ganar unas elecciones, municipales en toda España y autonómicas en buena parte de ella, al servicio del partido que lidera José Luis Rodríguez Zapatero; pero sin enseñarle en público, vergonzantemente, tratando de que la opinión pública no asocie la inconsistencia del todavía presidente del Gobierno con los deseos de un partido que, simultáneamente, trata de ocultar su sigla y su emblema.

Por el momento, Blanco (López) ha tenido que desmontar la fiesta prevista para el 3 de abril en Vistalegre, en «los carabancheles», que cantaba su homónimo. Quieren hacer la procesión sin lucir al santo, cosa difícil, y parece ser, además, que el santo ofrece resistencia a que le pongan la caperuza del despiste y el olvido. Esa será, al final, la tónica de la campaña desde los cuarteles socialistas y, pienso, para no perder la señal del alquiler de la plaza de Carabanchel y darle uso en la fecha prevista, podría organizarse un homenaje a Blanco (Ruiz) en su centenario y en evocación de sus canciones llenas de hambre y esperanza. Madrid, como cantaba el castizo, tiene seis letras y, creo recordar, la última «D» era en la copla la de la dignidad. Ustedes me entienden y, supongo, Blanco (López) también.


ABC - Opinión

Se reanima el quinielismo sucesorio en torno a Zapatero. Por Antonio Casado

La infección urinaria de Rubalcaba, la fecha del próximo Comité Federal, la suspensión del mitin socialista de Vistalegre, un corrillo de Zapatero con Bono, Rajoy y Moragas, o una posterior reunión solo de Zapatero con Bono. Cualquier cosa le vale al guadiana sucesorio del PSOE.

Ayer se disparó el quinielismo. Las apuestas se inclinan por la evasión de Zapatero (no repetición de candidatura) antes de las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo, después de escuchar una vez más al presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que claveteó en la radio su idea de que Zapatero debería desvelar sus intenciones antes de la campaña electoral que se avecina.

Le podría venir bien a los intereses del señor Fernández Vara, que piensa repetir candidatura autonómica, no a la causa general del PSOE. Carece de sentido esperar que Zapatero vaya a retratarse antes del 22 de mayo. Salvo que el anuncio fuese la voluntad de repetir candidatura, cosa nada probable (de ser así, ya lo habría dicho). De lo cual se deducen dos cosas:


Primera, la tardanza en hacer el anuncio significa que no piensa volver a encabezar la candidatura socialista en unas elecciones generales. Y segunda, no lo anunciará de ninguna manera antes del 22 de mayo porque, entre otras razones, le haría un flaco favor a su partido. Si Zapatero hiciera lo que le piden Vara y Barreda el PSOE estaría regalando a sus adversarios el argumento de la interinidad. Si para el PP -y no solo para el PP-, ya no tienen credibilidad las decisiones de Zapatero, nos podemos imaginar la credibilidad que tendrían las decisiones a tomar después de autoimponerse la condición de presidente provisional durante el año que le queda a la Legislatura.
«La sucesión de Zapatero se ha convertido en un guadiana que distorsiona la política de comunicación del PSOE.»
Si el presidente del Gobierno mantiene la incertidumbre siempre podrá sostener que, aunque no piense repetir, no es de peor condición aspirar a ganar por tercera vez que, como en el caso de Mariano Rajoy, arriesgarse a sufrir una tercera derrota consecutiva. En cambio, si anunciase ya mismo que no se presentará estaría admitiendo su inferioridad frente al adversario. Eso por un lado. Por otro, tendría que comunicarse con los ciudadanos no como un presidente del Gobierno legitimado y en activo, sino como un juguete roto. ¿Así durante un año? Zapatero y su estado mayor no cometerán ese error.

Sin embargo, el quinielismo no cesa. Los dirigentes del PSOE no supieron explicar ayer la suspensión del acto electoral del día 3 de abril en Vistalegre (Madrid) sin que la marea especulativa lo mezclase con las intenciones del presidente sobre su futuro. Dicen en Ferraz que “no hay gato encerrado”, pues sólo se trata de centrar la campaña en los problemas locales y regionales que afectan directamente al ciudadano, lo cual no anticipa la intención de aparcar a Zapatero.

Asunto distinto es que se anunciase antes la suspensión del mitin que la territorialización de la campaña. O que Zapatero, en el comité federal del sábado, volviese a dar claves poco territoriales y muy nacionales para afrontar la campaña del 22 de mayo, como el elogio de la vocación modernizadora del PSOE y la preeminencia de la marca de partido sobre el candidato. Eso sí encajaba con el acto de Vistalegre. Pero al hacerse la corrección en el comité electoral, los mensajeros volvimos a quedar descolocados. Y además se demostró que la sucesión de Zapatero se ha convertido en un guadiana que distorsiona la política de comunicación del PSOE.


El Confidencial - Opinión

Elecciones. Los tristes presagios de Vistalegre. Por José García Domínguez

La gran sangría del PSOE se estaría produciendo por el flanco derecho de sus antiguos votantes, no por el izquierdo, mucho más fiel a la marca. Una novedad llamada a poner punto y final a la última rémora del Spain is different de Fraga.

Rendida la última frontera que aún escindía el análisis político del marujeo consustancial a la prensa del corazón, el abortado mitin de Vistalegre dará, sin duda, para iluminar muy sesudas chácharas a cuenta de si habrá de ser fulanito, menganito o zutanita el candidato del PSOE en las generales de 2012. Asunto trascendental, dicen, para el resultado de los comicios. Así el patio, aún es más de agradecer, tan exótico, el rigor intelectual vertido por José Ignacio Wert en su último análisis demoscópico, ése que acaba de airear en las páginas de El País. Una radiografía del mapa electoral que revela al común cierta novedad desconcertante por insólita, a saber, los españoles, contra todo pronóstico, se habrían vuelto normales.

O eso parece desprenderse de sus pesquisas con los datos del CIS. Y normal significa homologable al resto del Occidente más o menos civilizado. De confirmarse, pues, el diagnóstico asistiríamos a la extinción, acaso por muerte natural, de último rasgo castizo que singularizaba al censo patrio. Me refiero a ese lugar común sociológico que convertía a la izquierda volátil, César Molinas dixit, en eterno árbitro de los resultados. Es sabido, aquí, entre los enterados y arriolas de turno siempre ha imperado idéntico mantra: el objetivo primero del PP en cualquier campaña ha de ser que no acudan a las urnas los que le detestan, y para el PSOE que sí se acerquen a los colegios cuantos le desprecian.

Y es que la partida toda giraría en torno a una heterogénea izquierda errática que, aun repugnándole el Partido Popular, solo concedería votar a los socialistas tras protegerse la nariz con unas pinzas. Fue norma en tiempos de la República, cuando la abstención o no de los anarquistas inclinaba la suerte hacia uno de los dos bloques. E igual había venido sucediendo hasta ahora. De ahí lo anti-intuitivo del análisis empírico de Wert. Pues, contra lo que ordena el prejuicio al uso, la gran sangría del PSOE se estaría produciendo por el flanco derecho de sus antiguos votantes, no por el izquierdo, mucho más fiel a la marca. Una novedad llamada a poner punto y final a la última rémora del Spain is different de Fraga. Y, de paso, a toda esperanza para los socialistas, sea quien sea el candidato. Sic transit gloria mundi.


Libertad Digital - Opinión

La mili que nunca existió. Por Ignacio Camacho

El Gobierno que suprimió la mili se las apañó para pasar a la posteridad como campeón del belicismo.

UNO de los errores más notables del aznarato fue sin duda el modo en que desperdició el rédito político de suprimir la mili. El Gobierno del PP no sólo no supo vender esta medida de potencial electoral decisivo en el voto juvenil, sino que se las apañó para pasar a la posteridad como un campeón del militarismo belicista. Fue un caso histórico de incompetencia para el marketing, de inadaptación comunicativa o de mala conciencia ideológica. Para empezar, lejos de desarrollar una campaña de propaganda enfocada en el salto cualitativo que suponía la desaparición del servicio obligatorio en un país donde había regiones —País Vasco, Cataluña y Navarra— con un ochenta por ciento de objetores e insumisos, el aznarismo puso el énfasis en la creación del Ejército profesional y permitió que la opinión pública centrase el debate en los problemas de reclutamiento. En una época en que sobraba el empleo hubo que cazar a lazo aspirantes a soldado, y el ministro Trillo fue zarandeado por rebajar incluso los coeficientes mentales mínimos de la requisitoria. Aquello fue un dislate de pardillos; una de las medidas más populares que puede tomar un Gobierno se convirtió en un manantial de problemas que Aznar terminó de agravar estrenando la nueva milicia en el desembarco de Perejil y luego enredándose en el lío maldito de Irak. El resultado de un manejo tan inepto de la comunicación política lo vimos ayer, en la intentona mediopensionista con que el zapaterismo ha celebrado la efemérides de los diez años sin ponderarla en exceso por ser logro ajeno ni poder apropiársela del todo por no constituir éxito propio.

La liquidación de dos siglos de mili hubiese constituido un arma nuclear en manos de la maquinaria de agit-propsocialista, capaz de transformar casi en un programa electoral una foto de la ministra Chacón desfilando embarazada ante un escuadrón de tropa. El zapaterismo debe de considerar una especie de injusticia histórica haber llegado tarde a esta frontera social que habría redondeado su gloria adanista y su retórica del «ansia infinita de paz». Pero como se da el pequeño detalle de que se adelantó el odiado líder del centro-derecha, se ha tenido que conformar con una conmemoración de circunstancias y un pellizco de monja en el culo de Trillo, ninguneado para la ocasión de forma inexplicable. O lo que es peor, explicable desde un gratuito, rencoroso y cicatero ejercicio de sectarismo.

Entre la falta de perspicacia de Aznar y la ausencia objetiva de mérito de Zapatero, la vieja miliserá pronto un remoto escenario de batallitas de cincuentones para arriba, un eco del pasado diluido como por generación espontánea. Quizá en el fondo su desaparición sí constituya una cierta paradoja, un bucle de la Historia: la decidió a cencerros tapados quien no se la supo adjudicar y los que hubieran hecho con ella encaje de bolillos se han quedado con las ganas.


ABC - Opinión

Colgarse medallas ajenas

Todo lo relacionado con las Fuerzas Armadas y la defensa de la nación forma parte de lo que suele denominarse cuestión de Estado, y sus líneas fundamentales, que emanan de la Constitución, deben preservarse de la lucha partidista y el pugilato político. Así ha sido, en líneas generales, desde los años de la Transición, pero desde 2004 para acá se han producido varias fracturas de ese consenso debido al sectarismo del Gobierno socialista. Y como para muestra basta un botón, ayer la ofreció la ministra de Defensa al excluir al PP del acto que rememoraba el décimo aniversario del servicio militar. Para empezar, la supresión de la mili fue decisión y obra del Gobierno de Aznar, hecho que Carme Chacón ha pretendido ocultar no invitando al ministro que la hizo efectiva, Federico Trillo. Además de una descortesía, la actitud de la ministra socialista parecía atender más a sus objetivos de promoción interna en el partido que a un acto en torno al cual reflexionar sobre el derecho y el deber constitucional que es la defensa nacional. Por su sectarismo genético, el Gobierno ha malbaratado una excelente ocasión para cohesionar la relación entre la clase política y las Fuerzas Armadas. La supresión de la mili supuso un hito histórico en la organización y transformación de los ejércitos. La incorporación de España a las estructuras militares e institucionales de Europa, que puso fin a décadas de aislamiento, unida a la rápida transformación de nuestra sociedad, exigió la profesionalización de las Fuerzas Armadas, la renovación tecnológica y una mayor eficiencia en la gestión. En este contexto, la utilidad y las bondades que rindió el servicio militar durante muchas décadas, verdadero elemento de cohesión social entre los españoles, no fueron suficientes para garantizar su supervivencia. Es revelador que fuera un presidente de Gobierno de derechas el que lo eliminara, aunque el término exacto es el de «suspensión», pues jurídicamente no ha sido suprimido. Por eso resulta especialmente deplorable la ceremonia organizada ayer por Chacón, como si quisiera ponerse a título póstumo una medalla con la que soñó la izquierda durante años. Al margen de que la mili se haya quedado obsoleta en la nueva estructura militar donde priman las instituciones supranacionales, lo cierto es que algunos de los valores que encarnaba no han sido recogidos por la sociedad civil, y el testigo de la defensa nacional ha quedado en manos exclusivas de los militares. Grave error que ningún Gobierno ha sabido o querido subsanar. Y más que error, un incumplimiento del artículo 30.1de la Constitución, que establece: «Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España». No parece un asunto baladí y bien merecería un desarrollo legislativo para que todos los españoles, sean de la comunidad que sean, puedan ejercer un derecho del cual se derivan grandes beneficios para toda la sociedad, como la cohesión interna, la revalorización institucional, la coordinación para hacer frente a amenazas externas, no sólo militares, y el fortalecimiento democrático. Pero la empresa resultará baldía si es la propia ministra de Defensa la que actúa de modo inapropiado.

La Razón - Editorial

Sombras aeroportuarias

Las huelgas convocadas por los trabajadores de AENA pueden terminar volviéndose en su contra.

Los sindicatos UGT, Comisiones Obreras y USO contemplan llevar a cabo 22 jornadas de huelga si el Gobierno sigue adelante con sus planes de privatizar hasta un 49% de AENA, la empresa pública encargada de gestionar los aeropuertos. De acuerdo con los portavoces sindicales, su oposición no se refiere tanto a la privatización misma como al hecho de que los aeropuertos de Madrid y Barcelona estén incluidos en ella. Temen que, pese a las garantías ofrecidas por el Gobierno, la privatización acabe reduciendo los derechos de los trabajadores de dos centros de tanta dimensión como Barajas y El Prat

Aunque las primeras jornadas de la protesta tendrían lugar en abril, existe en principio escaso margen para que las partes alcancen un acuerdo antes de esa fecha. La razón es que las posiciones de partida se refieren más a cuestiones de principio, como es la privatización o no de los dos mayores aeropuertos españoles, y no a materias sobre las que, por su propia naturaleza, podría existir una aproximación. Aun así, es importante que tanto los sindicatos como el Gobierno se hayan mostrado dispuestos a negociar.


La eventual huelga de los trabajadores de AENA se enfrenta a una opinión pública recelosa y adversa. El paro salvaje de los controladores aéreos el pasado 3 de diciembre, coincidiendo con un largo fin de semana, dejó las sensibilidades a flor de piel. Y aunque entre los trabajadores de AENA ahora convocados por las centrales no se encuentren los controladores, que disponen de su propio sindicato y son quienes despiertan mayor desconfianza, nuevas jornadas de dificultades aeroportuarias se pueden volver contra los huelguistas, debilitando su capacidad de presión. El desgaste podría ser mayor para ellos que para el Gobierno, por más que tampoco saliera indemne.

Las fechas escogidas por los sindicatos, coincidiendo con el inicio o el final de vacaciones, muestran su voluntad de provocar el mayor trastorno posible en los desplazamientos, y auguran potenciales conflictos en la fijación de los servicios mínimos. El razonamiento implícito de las centrales para seleccionar las jornadas de huelga no es de recibo, puesto que se propone incrementar su fuerza de negociación frente al Gobierno por la vía de afectar al mayor número posible de pasajeros. Se trata, sin duda, de una opción amparada por su derecho de huelga, pero que exige, en contrapartida, acatar unos servicios mínimos acordes a las previsiones de tráfico aéreo en jornadas de inicio y final de vacaciones.

Los portavoces sindicales han manifestado que su intención es abrir un debate en la sociedad sobre la privatización de los aeropuertos. No es solo un debate necesario, sino también imprescindible. Pero es paradójico que se invite a hacerlo a una sociedad a la que, al mismo tiempo, se coloca bajo amenaza. Las simpatías que pueda encontrar el rechazo a la privatización de los aeropuertos en algunos sectores de opinión podría verse enajenada si los sindicatos crean graves trastornos a los pasajeros.


El País - Editorial

Zapatero ya no es una vista alegre

Llegados a este punto, en el que la figura de Zapatero ya no resulta una vista alegre ni para los propios candidatos socialistas, ¿por qué no dar a los ciudadanos la oportunidad de perderlo definitivamente de vista con un adelanto de las generales?

Se ponga como se ponga el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, la decisión del Comité Electoral del PSOE de suspender el multitudinario acto de la plaza de toros de Vistalegre, previsto para el 3 de abril desde hace tres meses, ha sido y va a seguir siendo interpretada como lo que es: la prueba más palmaria de que los candidatos autonómicos y municipales socialistas no quieren ver ni que se vea a Zapatero ni en pintura durante la precampaña electoral.

Por mucho que el vicesecretario general del PSOE, visiblemente irritado, diga a los periodistas que no hay que hacer "lecturas" sobre el debate sucesorio o que es suya la decisión de suspender el acto de Vistalegre –escenario en el que Zapatero fue proclamado candidato del PSOE y donde se celebra el tradicional pistoletazo de salida de la precampaña socialista–, es un secreto a voces, confirmado por fuentes del propio PSOE, que han sido los barones territoriales los que han exigido la cancelación del acto para que las elecciones municipales y autonómicas no sean percibidas como un plebiscito para Zapatero.

Naturalmente estas elecciones son, efectivamente, de índole municipal y autonómica, pero se supone que la figura del líder nacional de un partido sirve para respaldar a los candidatos. El problema está cuando, lejos de ser un puntal, constituye una rémora. Así las cosas, semejante decisión no viene sino a reforzar todavía más la fundada impresión de que Zapatero no volverá ser el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno.

Y llegados a este punto, en el que la figura de Zapatero ya no resulta una vista alegre ni para los propios candidatos socialistas, ¿por qué no dar a los ciudadanos la oportunidad de perderlo definitivamente de vista con un adelanto de las elecciones generales?


Libertad Digital - Editorial

Zapatero molesta al PSOE

La cancelación del mitin de Vistalegre certifica el estado terminal del mandato político de Rodríguez Zapatero.

SOLO algunos dirigentes del PSOE están intentando vanamente que la suspensión del acto de precampaña en Vistalegre no sea percibida como una muestra de la crisis interna de autoridad que sufre Rodríguez Zapatero, pero ningún argumento de los esgrimidos es convincente: ni el coste económico ni la reprogramación de la campaña para las elecciones de mayo. Vistalegre ha sido un lugar significativo para Zapatero y su partido, y esta suspensión solo puede obedecer a la decadencia política del presidente del Gobierno, correlativa a la corriente crítica que crece en el PSOE contra su continuidad como candidato en las generales de 2012. Por el contrario, la cancelación del mitin es coherente con la situación de incertidumbre que Zapatero ha provocado, con enormes dosis de frivolidad, en torno a su futuro, precipitando la apertura de dos dinámicas muy negativas para él. Por un lado, la carrera sucesoria, en la que ya se están retratando algunos candidatos y, con ellos, las bases de unas primarias que no serán de trámite; por otro, el señalamiento a Rodríguez Zapatero como causa de la derrota socialista que se prevé en los comicios de mayo. La suma de estos factores es concluyente: Zapatero ha perdido la autoridad y el control sobre su partido. Cuando a un dirigente, siendo además presidente del Gobierno, desde su partido le urgen a despejar sus incógnitas y le recuerdan que solo es libre para decidir que no se presenta, pero que la decisión de presentarse es del PSOE, el partido está preparando un cambio de candidato. El PSOE quiere que se vaya antes del 22 de mayo para que solo haya una derrota electoral y no una debacle. Si Zapatero esperaba un clamor por su permanencia, ya tiene la respuesta.

Muy expresiva de esta situación es la convicción mostrada por el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, de que habrá elecciones generales anticipadas. Ya ni el socio preferente de Rodríguez Zapatero cree en él, pese a que un anticipo electoral puede suponer la mayoría absoluta del PP de ambas Cámaras, lo que no es, precisamente, un escenario deseado por los nacionalistas vascos y catalanes, responsables de la prolongación artificial de esta legislatura. La cancelación del mitin de Vistalegre certifica el estado terminal del mandato político de Rodríguez Zapatero, al que los barones socialistas no quieren en sus campañas locales y al que estos harán pagar sus derrotas el 22 de mayo.


ABC - Editorial

miércoles, 9 de marzo de 2011

Los placeres animales. Por José María Carrascal

En una perfecta igualdad, solo tendríamos placeres animales, que es hacia lo que tienden los regímenes totalitarios.

UNO empieza a tener la impresión de ir en un coche conducido por un adolescente sin carné, que quiere dárselas de Fernando Alonso y comete toda clase de tropelías al volante. El gobierno Zapatero, acosado por las encuestas, el paro, la crisis, los mercados y las próximas elecciones ha emprendido una carrera loca hacia ninguna parte, que puede estrellarnos definitivamente. Nada lo muestra mejor que esa ley de Igualdad de Trato que atropella toda clase de derechos ciudadanos con una frivolidad sólo superada por la irresponsabilidad. Y es que poner a Leire Pajín y Bibiana Aído a regular nuestras relaciones sociales no es como dar a un niño un rotulador ante un incunable. Es como darle una caja de cerillas.

¡Oh, igualdad, cuantos crímenes se han cometido en tu nombre! Esas señoritas aún no se ha enterado de que si bien los seres humanos somos iguales, somos también distintos. Iguales, como seres. Distintos, como humanos, que la naturaleza no ha hecho, gracias a Dios, dos idénticos. Y casi podría decirse que es esa diversidad la que promueve el progreso, alegra la vida y, a la postre, nos diferencia de todas las demás especies. Mientras la igualdad extrema recorta la imaginación, frena la actividad y nos convierte en autómatas. En otras palabras: en una perfecta igualdad, sólo tendríamos placeres animales, que es hacia lo que tienden los regímenes totalitarios, ¿recuerdan Animal Farm, «La granja de los animales» de Orwell? Y ahora llegan dos señoritas, sin otro mérito que haber dedicado su juventud a un partido político, a intentar arrebatarnos nuestra personalidad individual y a estandartizar nuestro comportamiento. ¿Se puede concebir mayor demagogia, dislate más atrevido y peligroso?


Lo que hay al fondo de ello, como en prácticamente cuanto se ha hecho en el mandato de su jefe y mentor, son dos amenazas al desarrollo y a la convivencia. Por una parte, se trata de un ataque solapado a la excelencia, un intento de ahormar a los ciudadanos para impedirles salir del redil con amenaza de sanciones, y manejarles mejor. Por el otro, de una invasión del terreno de la justicia ordinaria e incluso de los derechos constitucionales que en toda democracia efectiva dispone el ciudadano. El político releva al juez.

«My home is my castle», mi casa es mi castillo, fue la máxima sobre la que los ingleses levantaron su Bill of Rights, su Derecho de los Ciudadanos. Por «casa» entendían no sólo el edificio, sino también, o principalmente, su intimidad, su potestad sobre ella. Es lo que Leire Pajín y Bibiana Aído están dispuestas a arrebatarnos. Y lo conseguirán si se lo permitimos. Porque Zapatero, su gobierno y su partido van a permitírselo, al ser ya el caos su única puerta de escape.


MEDIO – Opinión

Zapatero. Esto merece una subvención. Por Pablo Molina

Este es el problema: todavía a estas alturas hay mujeres con la falta de autoestima necesaria para rendir honores al personaje más dañino para la sociedad española, mujeres incluidas, que hemos tenido la desgracia de padecer en los últimos tiempos.

Es difícil entender cómo ha podido sobrevivir la Humanidad tantos milenios sin que Zapatero estuviera presente, pero asombrosamente así ha sido. Probablemente sea que el Gran Arquitecto en Su sabiduría, aunque corriendo un cierto riesgo, decidió que la aparición de un enviado como nuestro presidente iba a ser más conveniente en nuestra época para trabajar por la paz perpetua, la fraternidad universal, el mejoramiento social de los más débiles, la igualdad de género, el aborto libre y las subvenciones a las energías renovables, objetivos todos muy necesarios para conseguir una sociedad igualitaria y progresista.

Algo así es lo que debe pensar de sí mismo ZP para actuar de la forma que lo hace sin caer fulminado por un ataque agudo de sentido del ridículo, porque nadie que no tenga una idea hipertrofiada de sus méritos, por lo demás inexistentes, es capaz de decir las cosas que suelta este hombre sin el menor rubor en cuanto lo ponen ante un auditorio propicio.


Y este es el problema, que todavía a estas alturas hay mujeres con la falta de autoestima necesaria para rendir honores al personaje más dañino para la sociedad española en general, mujeres incluidas, que hemos tenido la desgracia de padecer en los últimos tiempos.

Zapatero puede encabalgar con la solemnidad que le caracteriza varias decenas de chorradas conceptuales entresacadas de la escatología feminista, pero el resultado de su mandato es que todos somos mucho menos libres y prósperos que cuando él llegó al poder. También las mujeres, claro, salvo las que forman parte de las asociaciones que defienden la agenda socialista a cambio de trincar subvenciones cada vez más jugosas, que ellas sí pueden decir a boca llena que les ha ido muy bien con ZP.

Como las camaradas de la organización "Women Deliver", que acaba de incluir al feministo circunflejo en su lista de las cien personalidades que más han hecho por el bienestar de las mujeres, motivo por el cual les ha endilgado a sus miembras una homilía feminista de las que hacen época. A ver si alguien de la junta directiva, con la alegría del momento, sufre un arrebato de locuacidad y nos enteramos también nosotros de lo que nos ha costado a todos los españoles el galardón.


Libertad Digital – Opinión