No es ético, ni estético, ni políticamente admisible que un presidente autonómico incumpla de manera flagrante el deber que impone el artículo 31 de la Constitución: la programación y la ejecución del gasto público debe responder a criterios de eficiencia y economía. El candidato socialista ha viajado a Iberoamérica en busca del voto de los gallegos con la esperanza de que allí no llegue el eco del escándalo y no le pidan cuentas sobre su derroche. Las encuestas anuncian un resultado muy ajustado y, en este sentido, el PP puede obtener provecho electoral no sólo de la pésima gestión del bipartito, sino también de este escándalo reiterado, que se agrava cuanto más hablan los socialistas de austeridad.
Mientras que Núñez Feijoo ha reaccionado con rapidez ante las dudas que suscitaba un candidato popular en asuntos fiscales, Touriño sigue empeñado en callar y esperar que pase la tormenta. Parece no ser consciente de que la crisis hace más sensibles a los ciudadanos ante estos privilegios injustificados de un sector de la clase política que mancha el buen nombre de muchos políticos honrados y causa un grave daño a la legitimidad del sistema. Es intolerable tirar el dinero en caprichos absurdos. A la Xunta no le hacen falta sillas de diseño ni vehículos de último modelo, sino trabajo duro y eficaz al servicio del interés general.
ABC - Opinión
