martes, 27 de julio de 2010

Más hacer y menos decir. Por M. Martín Ferrand

Los graves problemas que acosan a la Nación requieren medidas concretas y drásticas, no espasmódicas.

POR lo que llevamos visto desde que José María Aznar, por sí y ante sí, le designó sucesor, a Mariano Rajoy se le da mejor la teoría que la práctica. Ayer se fue a El Escorial, a uno de esos cursos que alivian la escasez informativa vacacional, y, después de pedirle a José Luis Rodríguez Zapatero que «no haga más el ridículo» con el Estatuto de Cataluña, le invitó a buscar «los grandes consensos nacionales que nunca debieron perderse». Como ya escribió en estas páginas Wenceslao Fernández Flórez, el consenso es la práctica que suelen invocar los representantes de la minoría para doblegar la voluntad de la mayoría. Algo, añado, que no están dispuestos a practicar quienes lo reclaman.

Según Rajoy, «no tiene sentido» que el Gobierno esté 17 meses más resolviendo un problema que ellos mismos han creado y sugiere, otra vez —¡que no decaiga!—, la celebración de elecciones anticipadas. Dado que el líder del PP no se atreve con una moción de censura que, aún perdiéndola, podría ser el gran pregón de su propuesta alternativa, algo que nos debe, y ya que predica consenso como germen del bien nacional, lo que debiera intentar es el suyo con el PNV y CíU, dos fuerzas del centro derecha que, ensimismadas con su matraca centrífuga, están olvidando en demasía el primum vivere que exige la tradición política de la derecha. El philosophariintransitivo siempre fue el consuelo de la izquierda. Esa unión ya tendría la fuerza suficiente para que la teoría de un adelanto electoral pueda pasar a la práctica.

Los múltiples y graves problemas que acosan a la Nación no son para la formulación de grandes y pomposas teorías, requieren la aplicación inmediata de medidas concretas y drásticas, no espasmódicas. Si, como nos dice, Rajoy es consciente de ello, debiera obrar en consecuencia y pasar a la acción. Pedirle a Zapatero que adelante las elecciones en un ejercicio autocrítico y benéfico es tan ridículo como el que el presidente hace con el Estatuty señala el del PP. No perdamos de vista, para no ignorar la dimensión del caos sobre el que nos asentamos, que además del problema económico, paro incluido, estamos ante una crisis institucional de gran alzada. Ayer mismo, en colaboración con Felipe González, Carme Chacón firmaba en El País un artículo —«Apuntes sobre Cataluña y España»— en el que, sin ambages, se afirmaba que la concepción de España como «Nación de naciones» nos fortalece a todos. Pudiera ser; pero, ¿es esa la partitura que corresponde a una ministra de Defensa que ha prometido el texto vigente —no uno venidero, más deseable y benefactor— de la Constitución?


ABC - Opinión

González y Chacón. La España postconstitucional. Por Guillermo Dupuy

¿Se imaginan a cualquier ex presidente del Gobierno y a un ministro de Defensa de cualquier país civilizado considerar una "obsesión injustificada" o una "expresión ofensiva" la indisoluble unidad de su nación?

Tras criticar en mi último articulo la antihistórica, inconstitucional y contradictoria expresión que se refiere a España como "Nación de naciones", me encuentro este lunes en El País con un articulo, escrito al alimón nada menos que por el ex presidente del Gobierno, Felipe González, y la actual ministra de Defensa, Carme Chacón, en el que se defiende esa misma delirante concepción de España, al tiempo que se critica el recurso de inconstitucionalidad del PP y, en parte, la sentencia del Constitucional sobre el escasamente recortado estatuto soberanista catalán.

Ni qué decir tiene que tampoco González y Chacón tienen la gentileza de la que les hablaba yo el otro día, consistente en decirnos, ya puestos a inventar, el número y el nombre de esas "naciones" que, según ellos, componen a su vez la nación española. Sólo dicen que es "una concepción que nos fortalece a todos", no sin antes haber definido a Cataluña como "uno los sujetos políticos no estatales, llamados naciones sin Estado".


En principio, no es de extrañar que quien sostiene semejante disparate contra la lógica elemental y contra la realidad histórica y constitucional de Cataluña y del resto de España, le parezca una "obsesión injustificada" la "indisoluble unidad de la nación española". Sin embargo, lo bochornoso, más que extraño, es que ese precepto constitucional le parezca una "obsesión injustificada" a un ex presidente de Gobierno español y a la actual ministra de Defensa de nuestro país. ¿Se imaginan a cualquier ex presidente del Gobierno y a un ministro de Defensa de cualquier país civilizado considerar una "obsesión injustificada" o una "expresión ofensiva" la indisoluble unidad de su nación? Más aun, cuando ese reproche de González y Chacón va dirigido contra los magistrados de un Tribunal encargados de enjuiciar un estatuto precisamente a la luz de la letra y del espíritu de una Carta Magna que no reconoce más nación que la española, patria común e indivisible de todos los españoles. Denigrar como obsesión ese desvelo exigible a los magistrados sería tanto como criticar a los encargados de llevar a cabo un chequeo médico de estar "injustificadamente obsesionados" por la salud de su paciente.

González y Chacón, sin embargo, rizan el rizo cuando, a renglón seguido, se permiten decir que los votos particulares que respaldan la impugnación del PP "escatiman la condición de parte del Estado a la Generalitat" y expresan, nada menos, que "una visión preconstitucional del Estado". Y lo dicen ellos, González y Chacón, que acaban de elogiar la noción de "bilateralidad entre Cataluña y España" y que acaban de respaldar algo tan igualmente contrario a la Constitución como que Cataluña es "una nación sin Estado" o que España es una "nación de naciones".

Las groseras contradicciones y las simples mentiras del ex presidente y de la ministra contra los votos discrepantes van en aumento cuando salen en defensa de la "inmersión lingüística que cohesiona Cataluña" o cuando, en flagrante falsedad, acusan a los magistrados de negar "la noción misma de autogobierno" o de "invocar como autoridad jurídica y política" nada menos que la Biblia.

Resulta bochornoso que quien reivindica una realidad por nadie cuestionada como es la diversidad de España defienda, sin embargo, como "cohesionadora" la inmersión lingüística que coactivamente cercena la libertad y la diversidad lingüística de los catalanes. Tampoco es por ello de extrañar que para González y Chacón sea una "negación del autogobierno" lo que no es más que la constitucional distinción entre lo que son competencias autonómicas y competencias del Estado.

No se crean, que el ex presidente del Gobierno y la ministra de Defensa de España también tienen dardos contra los magistrados condescendientes con ese engendro soberanista sobre el que el propio Maragall reconoció que era necesario una "reforma previa" de la Constitución para darle cabida. Además de la ya mentada reprimenda por su "injustificada obsesión" con la unidad de España, también les critican por otras "expresiones ofensivas" como la que simplemente trata de no reconocer derechos distintos entre españoles por razón del territorio donde vivan o la que tratan de preservar la jerarquía normativa que ya la propia Constitución, no por nada llamada Ley de leyes, establece. Eso por no hablar de la dilación, ciertamente criticable, pero de la que es principal responsable quien se ha empeñado en que los magistrados aceptaran el pulpo como animal de compañía.

Finalmente, y tratando de hacer equivalente el amplio respaldo que la Constitución tuvo en Cataluña con el ridículo apoyo que los catalanes han brindado al nuevo estatuto, González y Chacón concluyen señalando que "la Constitución de 1978 fue punto de encuentro y de partida".

Y tanto que ha resultado ser "punto de partida"; como que esa Constitución y ese consenso han sido dejados atrás. Sólo que no es un avance, sino una involución que debilita las fronteras jurídicas que configuran a la nación española como estado de derecho, retrotrayéndonos a los reinos de Taifas.


Libertad Digital - Opinión

Bromas de mal gusto. Por Hermann Tertsch

Esta vez sí que contamos con el hombre que la historia y el destino nos han deparado. Y nos lo dice él mismo.

TOMEN todos nota. Nuestro presidente ha vuelto a hablar de sí mismo —en realidad siempre lo hace— y nos ha dejado un par de joyas. Para disfrutar o angustiarse, a elección del consumidor de las sabidurías selectas. Allá cada cual. Dice primero nuestro gran jefe cómo quiere entrar en la historia de España. Grandes palabras. Se ve en los libros de historia, dice, como el gran artífice de la «tercera transición», la económica, que nos hiciera dar el gran salto hacia delante. Sería algo así, es un suponer, como la revolución industrial japonesa o el «milagro alemán» de Ludwig Erhardt. Eso para los más humildes. Para los que piensan con la profundidad y la amplitud de miras de nuestro Zapatero, sería quizás más adecuado pensar en el «gran salto adelante» que Mao propuso a China en la revolución cultural, de la cual habría de surgir el hombre nuevo y la sociedad libre. El mundo del hombre bueno. Cierto que en aquella revolución se rompieron más huevos de los estrictamente necesarios para una buena tortilla. Pero eran otros tiempos. Y esta vez sí que contamos con el hombre que la historia y el destino nos han deparado. Y nos lo dice él mismo. Parece mentira que viniera a nacer aquí —aquí mismo, entre nosotros— este hombre que conmocionará al mundo entero con su consigna de que «la tierra pertenece al viento».

Anda que no van a presumir en el cole y con las chicas los tataratataranietos del capitán Lozano. Pero no por aquel militar que llegada una guerra civil no sabía bien cuál de los dos bandos le iba a fusilar antes y que sólo pudo confirmar la mala impresión en uno de ellos. No, la auténtica gloria llegaría a la familia con el nieto Pepe Luis, el genio de la economía que en sólo dos tardes se metió el mundo en la cabeza. Y no sólo entendió todos sus secretos económicos y abrió caminos inexplorados y hasta entonces inimaginables, para mayor provecho, riqueza y gloria de un territorio peninsular entonces llamado España cuyo modelo de multiplicación de bienes y parabienes habría de conquistar el mundo. Encontró soluciones simples a problemas olvidados por irresolubles, a enigmas jamás resueltos. Y la tierra dejó de ser un planeta de tristezas, hambrunas, desesperanzas, viles mercados y especuladores infames. Y se transformó en un vergel en el que todos los humanos se sonreían unos a otros. Se miraban y alegraban gentilmente el rostro en permanente intento de imitar la inolvidable sonrisa de aquel hombre que gobernó en España en el siglo XXI.

En fin, mi contrato me exige al menos un par de frases serias por columna. Ven lo que se puede divagar con una respuesta de Zapatero. Piensen ahora lo que se podría hacer con otra respuesta suya. La que valora como su mayor éxito la negociación con ETA. Se le quitan a uno las ganas de bromear.


ABC - Opinión

Tomás Gómez y un nuevo culebrón del PSOE de Madrid. Por Antonio Casado

Los socialistas madrileños vuelven a dar espectáculo. No es nuevo. Cuando Tarradellas conoció a Alfonso Guerra, en los primeros lances de la transición, le aconsejó que atase en corto a la FSM (Federación Socialista Madrileña). El veterano dirigente republicano catalán, aquel del “Ja soc aquí”, nunca perdonó la “traición” de Julian Besteiro a la causa de la Segunda República en el último tramo de la guerra civil. Y al encontrarse casi cuarenta años después con el número dos del PSOE fue lo primero que se le vino a la cabeza.

Proverbiales fueron también las batallas internas entre los guerristas de José Acosta y los felipistas de Joaquín Leguina en los primeros años noventa. Por no hablar del sórdido episodio de Tamayo y Sáinz, los famosos tránsfugas socialistas que, solos o con apoyos externos, impidieron la investidura de Rafael Simancas como presidente de la Comunidad y alfombraron el camino de Esperanza Aguirre después de las elecciones autonómicas “bis” de 2003. A Zapatero, que por aquel entonces era un aspirante a la Moncloa, se le debió atragantar aquello de que su modelo de gobierno en España iba a ser el de Simancas en Madrid. Vaya patinazo.

Patinazo de Zapatero también ha sido su apuesta por Tomás Gómez como sustituto de Simancas después de las elecciones autonómicas de 2007. Acertó al encontrar al pacificador del partido pero patinó una vez más al verlo como el candidato capaz de ganarle las elecciones a Esperanza Aguirre. Eso dicen las encuestas, en las que Gómez nunca ha llegado a despegar en los índices de conocimiento ni en los de valoración.


Todo eso es perfectamente compatible con la solidez de su liderazgo interno, que le convierte en candidato indiscutible de la organización regional. Y también con su acreditadísimo tirón electoral en Parla (Madrid). Se puede tener muy buena sintonía con los militantes y no tanta con los ciudadanos. O barrer en unas elecciones municipales y no tener una aceptación equivalente en autonómicas, como ocurría en el caso de Paco Vázquez, cuyas prospecciones siempre desaconsejaron su candidatura a la presidencia de la Xunta de Galicia.

El fantasma del desbarajuste en el Partido Socialista de Madrid vuelve así a pasearse por Ferraz. El actual secretario general del PSM, Tomás Gómez, se empeña en mantener su candidatura a la presidencia de la Comunidad en contra de la opinión de la Comisión Ejecutiva Federal. Las dos partes tienen sus razones pero está escrito: primero, que al candidato lo propone el PSM pero eso no es vinculante para la máxima dirección del PSOE; segundo, que la decisión corresponde en el caso de grandes ciudades al comité federal de listas, y tercero, que la última palabra la dice el Comité Federal del PSOE.

Conviene saber estas cosas ante el debate que se avecina si Tomás Gómez mantiene su posición “numantina”, como ayer la calificó Zapatero, y el asunto deriva en una convocatoria de elecciones primarias, que están perfectamente regladas para la eventual aparición de un candidato alternativo, siempre que éste reúna los avales necesarios. Es el órdago del líder socialista de Madrid a la Ejecutiva presidida por Zapatero, después del tanteo que llevó a cabo el presidente del PSOE, Manuel Chaves, para conocer la disposición de Gómez a dar un paso atrás.

La solución, en septiembre, si no hay primarias. O en octubre, si las hay. Entonces decidirá el comité federal de listas y ratificará el Comité Federal del partido. Con primarias o sin primarias, se me ocurren dos nombres alternativos al de Gómez: la ministra Trinidad Jiménez y el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky. Con su vida política muy ligada a Maderid, ambos han crecido notablemente en conocimiento y valoración.


El Confidencial - Opinión

González y Chacón. Sean, al menos, coherentes. Por Cristina Losada

Bajo conceptos respetables como descentralización y federalismo viene tapando el PSOE su sumisión a los credos identitarios del nacionalismo. La tapadera, sin embargo, no resiste el test de consistencia.

Por si alguien mirara hacia la vieja guardia socialista con la esperanza de que, desde esa lujosa casa de retiro, se contrarrestara el anunciado desacato a la sentencia del Constitucional, Felipe González en persona ha venido a despojarle de ilusiones. El ex presidente acaba de avalar, en artículo firmado con la ministra de Defensa –"soy la niña de Felipe"– la maniobra que urden Zapatero y Montilla para saltarse el dictamen. Lo hace, desde luego, con naturalidad. Con la naturalidad de quien nunca se ha sentido sujeto al imperio de la ley, esa carca querencia anglosajona, ni ha tenido respeto por la separación de poderes, una absurda invención de Montesquieu que ata de modo intolerable las manos a un Gobierno, razón por la que González la liquidó cuanto pudo allá por los ochenta.


"Esa sentencia no es la Constitución", escriben ambos tan frescos. Y es que sólo los malvados centralistas pueden pensar que la Constitución no dice lo que convenga, en cada instante, al Partido Socialista. Ya hemos mencionado al malo malísimo del cuento de la pareja: el centralista, el que desea acabar con la diversidad, destruir el "autogobierno" e imponer el español como única lengua. No busquen más a ese monstruo: es el Partido Popular, que disimula arteramente esas ansias, toda vez que ha descentralizado tanto como cualquiera. Recuérdese, en cuanto a la lengua, que fue Alianza Popular quien se adelantó al Estatut en muchos años al legislar, en Galicia, el deber de conocer el gallego. Y que el propio González recurrió el precepto ante el TC, que le daría la razón en 1986. ¿No se avergüenza el ex presidente de aquella actuación "centralista"? ¿Y de otras?

Bajo conceptos respetables como descentralización y federalismo viene tapando el PSOE su sumisión a los credos identitarios del nacionalismo. La tapadera, sin embargo, no resiste el test de consistencia. Si, como aseguran Felipe y su niña, Cataluña es un "sujeto político no estatal", una nación sin Estado, lo consecuente sería dotarla de un Estado propio, como reclaman los nacionalistas auténticos y como pretendía, de facto, el Estatuto. Pero los socialistas quieren la plurinacionalidad de España y, al tiempo, que esas pobres naciones permanezcan en condición subalterna, inferior y mendicante. Desean que España subsista para poder gobernarla y que no exista para poder gobernar.

Sean, al menos, coherentes. Y si les parece ofensiva la "indisoluble unidad de la nación española", declárenla extinguida y háganlo votar.


Libertad Digital - Opinión

Los ciudadanos ya han pactado. Por Ignacio Camacho

Una amplia mayoría de españoles se decanta en contra de incrementar los poderes de las autonomías.

EL pacto de Estado que deberían firmar el PSOE y el PP sobre el modelo territorial ya lo han suscrito sus respectivos votantes sin necesidad de ponerse de acuerdo. Una amplia mayoría de españoles (67,6 por ciento) se decanta en el último sondeo del CIS en contra de incrementar los poderes de las autonomías, cuya percepción negativa se ha desplomado en los últimos cinco años coincidiendo con las reformas estatutarias auspiciadas por el zapaterismo. Y esa mayoría procede del electorado de los dos principales partidos, que se pronuncia además de forma abrumadora (entre el 88 y el 75 por ciento) a favor de la identidad nacional española. Aunque los porcentajes críticos sobre la deriva autonómica sean lógicamente más amplios entre simpatizantes del PP, la encuesta oficial revela una enorme base de acuerdo en la necesidad de reconducir el proceso en dirección opuesta a la que ha marcado el Gobierno. La crisis, el despilfarro de recursos y la duplicidad de competencias han generado en la ciudadanía un estado de opinión propicio como mínimo a la reflexión sobre el modelo de Estado. Pero como de costumbre, la dirigencia oficial marcha en sentido contrario hacia un avance centrífugo que inquieta, preocupa o genera rechazo en el sentir ciudadano.

La principal razón para embridar la diáspora territorial debería ser precisamente la propia defensa del Estado de las Autonomías, cuyos resultados globales a lo largo de tres décadas son objetivamente positivos y no merecen caer en el desprestigio que empieza a causar el descalzaperros del último quinquenio. La desestructuración promovida por Zapatero podrá satisfacer a las minorías nacionalistas —en la práctica ni siquiera sucede eso— pero está destruyendo el consenso social sobre el modelo de Estado y ha empezado a generar desconfianza respecto a sus virtudes funcionales. La gente percibe con recelo el desarrollo autonómico y es menester que la política impida su descrédito definitivo mediante un acuerdo en defensa de la cohesión nacional. La proporción de electores socialistas que ha incrementado sus juicios negativos es lo bastante importante como para merecer una reflexión de un Gobierno tan habitualmente atento al pulso de la demoscopia.

La sensibilidad actual de la opinión pública refleja una situación madura para un acuerdo político que, aunque ahora mismo no parece viable, tendrá que producirse más tarde o más temprano. Con Zapatero es imposible porque su proyecto (?) es justo el inverso, pero ahí hay fondo sólido para un programa electoral alternativo… y acaso para un liderazgo alternativo en la propia izquierda. En el PP es más fácil de plantear la cuestión de la estructura de España, pero el PSOE tendrá que pensar alguna vez en que el zapaterismo no va a ser eterno.


ABC - Opinión

Lo que yo le preguntaría al presidente. Por Fernando Jáuregui

El presidente Zapatero se comprometió a ofrecer una rueda de prensa amplia y abierta al menos cada fin de temporada política. Hay que reconocer que, mal que bien, ha ido cumpliendo este compromiso. Y volverá a hacerlo a finales de esta semana, antes de partir para unas vacaciones que, insisten desde La Moncloa, serán breves. Lo importante es saber cuáles serán las líneas maestras de una comparecencia que, entiendo, se produce en un momento especialmente delicado en la vida política española y, desde luego, en la del propio Zapatero.

Excluyo, a estas alturas, sorpresas de gran calado: si ZP hubiese tenido conejos en su chistera de prestidigitador, los hubiese sacado, según parece lógico, en el pasado debate sobre el estado de la nación. No lo hizo entonces, y difícilmente lo hará ahora, cuando las preguntas que pueda recibir versarán sobre sus planes inmediatos: ¿hará una crisis de Gobierno a corto plazo? ¿Piensa presentarse a una reelección o designará, de alguna manera, a un sucesor o sucesora? ¿Cree posible una recuperación económica a corto plazo tras poner en marcha las medidas de ajuste?


Y, ya que estamos en ello, ¿habrá nuevas medidas "duras", como ese proyectado impuesto especial a "los ricos"? ¿Piensa que aún es posible pactar algo trascendente con el PP de Rajoy? ¿Qué cree que pedirán los nacionalistas vascos a cambio de su apoyo a los Presupuestos? Si el PSC y Montilla no ganan las elecciones autonómicas, ¿qué va a ocurrir en Cataluña tras el "sentenciazo" sobre el Estatut?

Son solamente, por supuesto, algunos ejemplos de las muchas cosas que le preguntarán a un Zapatero que difícilmente puede responder de manera categórica y veraz a ninguna de estas interrogantes. Difícil papeleta la del presidente enfrentado a los medios de comunicación, es decir, a la opinión pública y publicada, en medio de una coyuntura en la que probablemente ni él mismo sepa qué diablos va a ocurrir mañana.


Periodista Digital - Opinión

Cataluña. Apuntes sobre Chacón y Felipe. Por José García Domínguez

Era lo que nos faltaba por ver, Mister X embutido en una señera y apropiándose de la retórica abertzale de Josu Ternera y su cuate Carod Rovira.

Al fin, ya sabemos por qué la ministra Chacón no concedió pasar revista a aquellos aguerridos maulets que pugnaron por propinarle una patriótica paliza a Don José, muy cívico conato de linchamiento que llevaría a la perentoria disolución de la célebre bullanga de Barcelona. Y es que andaba ocupada en pergeñar, al alimón con Felipe González, un sentido homenaje al movimiento surrealista, ése que bajo el título Apuntes sobre Cataluña y España acaba de airear El País. Así, en Los campos magnéticos, escribía Louis Aragon: "El surrealismo no es sólo un modo de escritura, sino una actividad psíquica que corresponde bastante bien al estado de ensueño, estado que hoy en día es muy difícil de delimitar".

Y tan difícil. Por algo, presas ambos, Chacón y González, de esa imprecisa narcolepsia, entre bostezo y bostezo, han dado en pastar juntos dentro del mismo campo semántico que Batasuna y la Esquerra. Era lo que nos faltaba por ver, Mister X embutido en una señera y apropiándose de la retórica abertzale de Josu Ternera y su cuate Carod Rovira. De tal guisa, desconsolados, lloran Carme y Felipe por la ruin perfidia de quienes han dejado a su "nación sin Estado", Cataluña por más señas, huérfana de la una y el otro. ¿Cómo no imaginar el íntimo desgarro del padre de la LOAPA al contemplar a Celestino Corbacho desposeído de sus atributos nacionales?

Sin embargo, en el de profundis identitario falla la premisa mayor. Pues aún hoy constituye un ignoto misterio quién le robó el carro a Manolo Escobar, pero en cuanto al hurto de la nación de Carme, el enigma está resuelto en las actas del Congreso de los Diputados. Culpable convicto y confeso fue el PSOE, que contó para el empeño con la impagable connivencia activa del PSC. Al cabo, el Tribunal Constitucional no ha necesitado tocar ni una coma del artículo primero del Estatut, ése que, merced a una oportuna enmienda socialista, define a Cataluña como nacionalidad, y no como nación. Algo que luego ratificarían en el referéndum los catalanes. Quizá, cuando despierte de su plácido sueño, la diputada Chacón recuerde que fue ella misma quien frustro en las Cortes el supremo anhelo del cándido Felipe, la "Nación de naciones". ¿Pero por tan lerda tendrán a su gente?


Libertad Digital - Opinión

Excesos autonómicos

La encuesta del CIS debería mover a la reflexión de una clase política cuyos intereses se alejan con cierta frecuencia de la opinión generalizada entre sus electores.

CRECE a pasos acelerados la desconfianza ciudadana en el Estado autonómico como modelo de organización territorial. Así se desprende de una encuesta del CIS, que refleja el distanciamiento de muchos españoles hacia un sistema que —según esta opinión mayoritaria— no ha conseguido encauzar las reivindicaciones nacionalistas y que, además, resulta insostenible en tiempos de crisis. La valoración negativa se acentúa en el caso de los votantes del PP, con una espectacular caída de 23 puntos porcentuales respecto a la encuesta anterior, de 2005, pero también es llamativo el descenso de diez puntos entre quienes se declaran votantes del PSOE. Unos y otros comparten una clara preferencia por la identidad nacional sobre la regional (88 por ciento en el caso del PP y 75 para el PSOE), y resulta significativo el número abrumador de encuestados (95 y 89 por ciento, respectivamente) que se manifiestan «orgullosos» de ser españoles.

Otro dato que abunda en el mismo sentido es el rechazo de dos de cada tres encuestados a que su comunidad obtenga un grado superior de autonomía, frente a solo el 16 por ciento que reclaman más autogobierno. Esta encuesta debería mover a la reflexión de una clase política cuyos intereses se alejan con cierta frecuencia de la opinión generalizada entre sus electores. Mucha gente está irritada con el soberanismo de algunos y el despilfarro de muchos, y reclama por ello una racionalización del modelo autonómico, que se ha desviado del equilibrio establecido por la Constitución entre el poder central y los poderes territoriales. La opinión pública tiene muy claro que no son admisibles la duplicidad de órganos políticos y administrativos ni la utilización de los recursos de todos al servicio de proyectos egoístas e insolidarios.

ABC - Editorial

El error Sinde

No es posible encontrar un ministro con un balance más desastroso que el de la titular de Cultura, Ángeles González-Sinde. Lo más sorprendente es la perseverancia de su ineficacia.

A estas alturas, nadie, suponemos que con la excepción de ella misma, defiende la gestión errática y desordenada que caracteriza a su departamento. Era de esperar que sus evidentes carencias, como la falta de formación y la inexperiencia en la dirección de equipos, se verían compensadas con la prudencia, la capacidad de aprendizaje y el acierto en rodearse de profesionales bien cualificados. No ha sido así. La ministra de Cultura vive instalada en la autocomplacencia. Sus últimos ataques a las televisiones privadas, tan injustos como desproporcionados, sólo se entienden de alguien que sabe próximo su cese. Una vez más ha buscado complacer a un colectivo, el sector del cine, al que volverá como guionista, y al que ha intentado ayudar desde que ocupa la cartera, en perjuicio del resto de sectores. Las cifras de espectadores demuestran que en esto también ha sido muy poco eficaz. Los recursos multimillonarios que ha destinado o los ataques que realiza contra las televisiones confirman que nunca tendría que haber abandonado su trabajo de guionista. El Ministerio de Cultura es demasiado serio para que se convierta en un juguete al servicio de los caprichos de su titular.

Sinde confunde las televisiones privadas con las públicas, quizá como consecuencia de su escasa experiencia en este terreno, y cree que el cine es el centro de la cultura universal. Hemos defendido y siempre defenderemos el séptimo arte, pero sin sectarismos o miopías.

La ministra olvida que estamos en un Estado de Derecho y no en uno totalitario donde se confunde lo público y lo privado. Lo que exige a las televisiones privadas, y que no aplica a sus amigos del cine, lo debería hacer con las públicas, cuyos multimillonarios presupuestos pagamos todos los españoles. Las privadas prestan un gran servicio público, aunque quizá lo desconozca la ministra, con una serie de programas que se caracterizan por su pluralismo. A esto hay que añadir que pagan unos cuantiosos impuestos que sirven, entre otras cosas, para que reciba su sueldo o reparta generosas subvenciones entre sus amigos del cine. El estado de ánimo y la salud económica de las televisiones privadas invitan mucho más al optimismo que los del cine español. La ministra se confunde en todo en la relación de las televisiones privadas con el cine nacional. Las televisiones han cumplido a rajatabla con la obligación legal de dedicar el cinco por ciento de su facturación a películas y han invertido más de 800 millones de euros desde que la medida entró en vigor, a razón de más de cien millones por ejercicio. Y aunque es cierto que nuestras películas no dejan de perder espectadores año tras año, no lo es menos que los principales taquillazos de las últimas temporadas han sido títulos producidos por las televisiones. Es un hecho que si no fuera por esos éxitos, la debilidad de la industria cinematográfica sería mayor. Por lo tanto, la ministra, más que reproches, debería repartir reconocimientos a las TV o, al menos, guardar el respeto debido desde el Ministerio a las empresas que cumplen con sus compromisos.


La Razón - Editorial

Experimentos en Madrid

La mala perspectiva electoral de los socialistas aconseja acabar con el enredo sobre el candidato

Las dificultades para decidir quién será el candidato del Partido Socialista de Madrid en las próximas elecciones autonómicas están adquiriendo los tintes de una comedia de enredo. El secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, no cuenta con el apoyo de la dirección federal de su partido, que fue la que lo aupó hasta su actual responsabilidad. Gómez, por otra parte, se reafirma en su voluntad de ser el candidato, con lo que el choque está servido.

Madrid ha sido desde siempre un punto negro del aparato socialista, y no parece que vaya a dejar de serlo tampoco en esta oportunidad. Gómez, a quien la dirección nacional encargó en su día reconducir la situación, se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza para quienes lo promovieron. La fuerza del secretario general de los socialistas madrileños procede del escaso margen de maniobra que su resistencia deja a la sede central de la calle de Ferraz. O bien esta interviene contraviniendo las exigencias de democracia interna, o bien se pliega a la celebración de unas primarias en las que Gómez parte como favorito, dado el control que ha llegado a ejercer sobre el aparato del partido socialista de la Comunidad.

Más allá, sin embargo, de la querella interna, lo que este nuevo episodio pone de manifiesto es la persistente e ineficaz estrategia seguida por el partido socialista en Madrid, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. En lugar de consolidar un candidato a lo largo de varias elecciones, ha intentado en sucesivas ocasiones encontrar una figura que pudiera suplir un trabajo político realizado con constancia. Los resultados están a la vista. Tomás Gómez podrá ser mejor o peor candidato, y eso es algo que tienen que decidir los propios socialistas, pero lo que parece un camino sin salida es continuar en la estrategia de proponer nombres que solo se mantienen en las instituciones madrileñas el tiempo de que se apaguen los ecos de las elecciones.

Mientras los socialistas disfrutaron de una amplia ventaja sobre el Partido Popular en Andalucía y Cataluña, las consecuencias de los experimentos en Madrid eran limitadas. No es el caso en estos momentos. Sobre todo si, según se vienen desarrollando los acontecimientos, el enredo político en torno a la candidatura de Tomás Gómez en Madrid no tiene un desenlace respetable. Por ahora, no lo está teniendo.


El País - Editorial

El doble rasero de Occidente

Es el doble rasero con el que se maneja Occidente y los propios países árabes en los asuntos de la guerra, una malla muy fina para Israel, otra muy gruesa para la OTAN.

La guerra de Afganistán es ya, a estas alturas, un conflicto enquistado. El próximo mes de noviembre entrará en su noveno año y, a pesar del ingente esfuerzo bélico, económico y humano que los aliados han realizado, no se han conseguido los objetivos primarios de la campaña, que eran –y siguen siendo– estabilizar el país y eliminar la amenaza talibán. Las tropas de la ISAF, acrónimo de International Security Assistance Force (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad), controlan la capital Kabul y ciertas áreas del país. Otras permanecen bajo control de las milicias talibanes, muy bien financiadas por el tráfico de adormidera, base para la fabricación de potentes drogas como la heroína muy demandadas en los mercados occidentales.

Tal es el escenario actual de una guerra que se ha envenenado hasta extremos desconocidos por la opinión pública de los países que forman la OTAN, organización que sostiene la parte principal del esfuerzo pacificador en Afganistán. En este rompecabezas se inscribe la reciente destitución y paso a la reserva del general Stanley McChrystal, comandante en jefe de la ISAF hasta el pasado mes de junio. El escándalo McChrystal, que pasó casi desapercibido para los medios españoles pero que, en Estados Unidos, levantó una fuerte polémica, es la punta del iceberg de un problema de fondo que no termina de resolverse.


El último brote del desorden afgano tuvo lugar el pasado viernes en un episodio no aclarado aún en el que perecieron 52 civiles durante una operación de la ISAF en la provincia de Helmand. 52 vidas civiles que vienen a sumarse a más de 1.000 que ya se han perdido desde el comienzo del año. Los mandos militares ni afirman ni desmienten y la matanza está aún pendiente de investigación.

En espera de que los responsables políticos de la ISAF, que no son otros que los Gobiernos occidentales, den una respuesta satisfactoria al ataque de Helmand, bueno es recordar que una operación similar pero llevada a cabo por el ejército israelí hubiese desatado una ola de indignación internacional que, con toda seguridad, hubiese tenido consecuencias diplomáticas de largo alcance. Es el doble rasero con el que se maneja Occidente y los propios países árabes en los asuntos de la guerra, una malla muy fina para Israel, otra muy gruesa para la OTAN.

La lente distorsionada con la que siempre y sistemáticamente se mira a Israel con intención de culpabilizarle de oficio. Un ejemplo no bélico nos lo ofrece el director de cine Oliver Stone, famoso por su ideología de extrema izquierda y por su amistad con tiranos de la catadura de Fidel Castro o Hugo Chávez. En unas declaraciones al británico Sunday Times disparata asegurando que a Hitler y a su odioso régimen criminal hay que ponerlo "en su contexto", que los nazis se ensañaron más con los rusos que con los judíos, y que verdades tan elementales permanecen ocultas por culpa de "la dominación judía de los medios de comunicación".

Afirmaciones de este calibre serían perseguibles de oficio en países como Francia o Alemania, donde con ciertas cosas no se puede siquiera bromear. No así en Estados Unidos y más si el que las profiere es un santón de la corrección política que navega plácido sobre el mantra antisemita de nuestros días. Occidente está empezando a tener un problema muy grave y lo peor es que nadie parece advertirlo.


Libertad Digital - Editorial

¡En Afganistán hay una guerra!

Antaño se querían conocer todas las bajas del otro lado de la trinchera para subir la moral de tu propio bando. Y ahora se quieren emplear esas bajas del rival en detrimento propio.

¿Novedad? No es seguro que la haya. Al menos, no muy sustancial. Lo más relevante, sin duda, es que esta Administración Obama tiene un control de sus propios archivos que permite que decenas de miles de documentos relativos a la guerra de Afganistán se puedan hacer públicos en una página websin que al cierre de esta edición hubiese dimitido nadie. El consejero nacional de Seguridad, general James Jones, dio la cara diciendo que nada de lo publicado iba a cambiar la estrategia que se sigue en Afganistán. Y así debe ser —con la única modificación de mejorar la seguridad de la documentación secreta, como sin duda estará de acuerdo Jones.

Aparte de la incapacidad de la Administración para controlar sus papeles secretos, la filtración nos enseña que vivimos en un tiempo en que la opinión pública no se contenta con saber lo que les ocurre a sus tropas en el campo de batalla, sino que quiere saber cuándo, cómo y por qué sufren una baja el enemigo y sus civiles. Algo comprensible, pero que no tiene precedente histórico en el siglo pasado y anteriores. Al menos, no en los mismos términos. Porque antaño se querían conocer todas las bajas del otro lado de la trinchera para subir la moral de tu propio bando. Y ahora se quieren emplear esas bajas del rival en detrimento propio.


Además de los numerosos daños colaterales causados en Afganistán —como en todas las guerras precedentes de la Historia— los documentos filtrados ofrecen algunos otros datos de mucho interés.

1) Los talibanes saben que el tiempo siempre juega a su favor. Que contra Occidente tienen un arma casi infalible: nosotros medimos nuestra presencia en Afganistán en meses, y ellos, en siglos.
2) Los talibanes tienen misiles portátiles con infrarrojos de alta efectividad contra las aeronaves de la OTAN.

3) Pakistán ha hecho un doble juego, hasta el punto de que había miembros de su servicio de inteligencia entrenando a terroristas suicidas en Afganistán en 2006.
Así que hay razones sobradas para estar preocupados por lo que revelan los documentos filtrados. Pero hay más razones para estar preocupados por el escándalo que generan a mentes biempensantes. Por si alguien no se había enterado, en Afganistán hay una guerra en la que están involucradas tropas españolas con una situación agravada en los últimos dos meses. Y a todos nos va mucho en ganar la guerra.


ABC - Editorial

lunes, 26 de julio de 2010

Ejército de monaguillos. Por Félix Madero

El maná de los políticos catalanes resulta inapreciable para quienes ocupan su tiempo en capear el temporal.

Presidente, perdamos las elecciones, pero respetemos las leyes. Perdamos el poder, pero ganemos honra y dignidad.

La política catalana, que no Cataluña, anda entretenida con el Estatuto. El agravio, un estado para vivir como otro cualquiera, resulta ser un alimento espiritual en el que algunos viven cómodos. Ideas pocas; ocurrencias, muchas. Pero la retahíla de que no nos dejan ser lo que queremos les funciona. El maná del que comen los políticos catalanes resulta inapreciable para las familias catalanas que ocupan su tiempo en capear el temporal. No creo que aquellas casas en las que todos están parados anden deprimidas porque España no les deja ser una nación. No escucho las demandas nacionales de parados de larga duración o de licenciados que no encuentran trabajo.


Este y no otro es el verdadero estado de la Nación española, y para que no se enfade nadie, también el de la catalana. No caben más mentiras. Es imposible que los que mandan allí y los que aguantan aquí demuestren con más elocuencia hasta qué punto su trabajo es prescindible. Por eso hacen gracias, y vuelven a escenificar el sainete de la política con verdadera devoción. A ver, que dice Artur Mas que Montilla es el monaguillo de Zapatero. Bien. A ver, que el independentista Puigcercos asegura que «a diferencia de hace treinta años, ya no hay riesgo de una represión militar». Ya ven, Puigcercos es muy ocurrente porque, aunque habla sin demostrar lo que dice, no repara en que la militar no es la única forma de reprimir a un pueblo. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Razón lleva Martín Ferrand cuando decía ayer que Cataluña se va acatetando. De «cateto», se entiende, ¿verdad, don Manuel?

Acatetados reparamos en que Zapatero lleva diez años al frente del PSOE, y seis en La Moncloa. El hombre enérgico del talante y buen rollo entre españoles ha degenerado en un político lábil al que la división siempre le da una oportunidad. Cuentan que golpeado por la realidad de la crisis algunas noches no duerme. Vaya por Dios. El sueño se lo quita la crisis, pero no que España sea un lugar en el que las leyes, empezando por su presidente, no se cumplan. Ahí están él y su monaguillo catalán, a ver cómo la sentencia termina diciendo lo que no dice y no quiere decir. Elige el camino fácil, el del pacto que le haga mantenerse en el poder. Me gustaría verlo rodeados de seres críticos y respetuosos con la ley que le digan: dignidad. Pero está rodeado de monaguillos. Montilla no es el único. En el PSOE hay unos cuantos que escapan del cara a cara y le envían mensajes en los periódicos. Quizás el más destacado sea Rodríguez Ibarra, que asegura ahora «que la cohesión nacional debe ser una competencia que jamás un Gobierno español debe perder». Cómo han de estar las cosas para que semejante obviedad resulte hoy un ejercicio de valentía. O un vulgar juego de monaguillos.


ABC - Opinión

Negociación con ETA. Los últimos del 36. Por Salvador Ulayar

Por desgracia en la España zapatera uno relaciona sin dificultad este asunto ideológico y melancólico con la Memoria Histórica, el abuelo de ZP, el traidor empeño de su nieto por negociar con la ETA, el famoso cordón sanitario sobre la derecha...

Los pasados 16 y 17 de julio, la fundación DENAES celebró su IV Escuela de Verano en Santander. El amigo Santiago Abascal tuvo la mala idea de llevarme allí como ponente, cosa que le agradezco. Por entre las ponencias y los coloquios, iniciados por la de José Antonio Ortega Lara, me llamó vívamente la atención sobre todas una afirmación del antropólogo Mikel Azurmendi. A ver si en el intento de explicarla no destrozo su idea: el más importante y auténtico impulso matarife de los etarras es su convicción de ser los últimos combatientes de la Guerra Civil, conque atacan al Estado de Derecho con el fin de ganarla. Y hombre, dicho así, sin anestesia, la cosa sorprendió a este ciudadano de a pie. Paseaba después por los jardines de La Magdalena con este donostiarra. Profesor universitario, ex miembro de la banda en los años sesenta, hace muchísimos años sinceramente arrepentido, activo luchador contra todo lo que representan sus antiguos camaradas y por tanto víctima de la persecución del separatismo vasco, nada tiene que ver con esos etarras de Rubalcaba, en cuyo supuesto arrepentimiento el mentiroso ministro apoya sacarlos de la cárcel. Mikel Azurmendi vive rescatando su propia persona del mal o el error cometido y eso nos rescata de alguna manera a todos. Un tipo honrado que con su testimonio pone en valor el verdadero, el sincero arrepentimiento. El que camina en dirección a la enmienda, a la derrota política y social del terror separatista; y por tanto al perdón. Asuntos el del arrepentimiento y el perdón que no obstan la justicia, claro está, y sin los que no podemos reconocernos completamente civilizados, creo yo.

El caso es que el hombre reflexionaba nuevamente sobre lo dicho de la Eta y la Guerra Civil. Y me vino a la cabeza un incidente que relaté en apoyo de lo que allí nos contaba el profesor. Lo sufrió mi hermano mayor, Jesús. Fue un encuentro casual en Pamplona con los hermanos Vicente y Juan Nazábal, etarras asesinos de nuestro padre. En un momento del lamentable topetazo el segundo habló su odio adoptando un gesto que podríamos situar a mitad de camino entre el primate cuasi erguido y el forajido que se apresta a desenfundar: "en el 36 nos ganasteis, pero ahora no va a ser igual." O así. Y yo pensaba que el tipo vive en una realidad inventada, en la mentira fabricada como excusa para asesinar. Y ya está, sin más análisis. Gran error. Creo que el busilis estaba en lo dicho por Azurmendi. El etarra no vive sin más en el pasado, sino que su expresión y actitud, la de la ETA, busca la prolongación de la Guerra Civil hasta hoy ¡para ganarla! Es el primer y principal suministro de odio de la banda. La ideología nazionalista separatista está adosada, pero el primer impulso para disparar es la revancha por aquella guerra perdida. Así que estos tipos, que por cuestión cronológica no tuvieron la oportunidad de aquellos gudaris de traicionar al bando rojo rindiéndose en Santoña al fascismo italiano, de alguna manera sobreviven ideológicamente en este anacronismo atroz, fusil en mano, en el para ellos "frente" de la España de la Transición y la Constitución.

Por desgracia en la España zapatera uno relaciona sin dificultad este asunto ideológico y melancólico con la Memoria Histórica, el abuelo de ZP, el traidor empeño de su nieto por negociar con la ETA, el famoso cordón sanitario sobre la derecha, las rosas blancas de la roja Bardem para la abogada proetarra Goirizelaia, el Otegi con discurso de paz... Pistas. Cuenta mi amigo Alcaraz una negra anécdota padecida por su familia que arroja parecida luz sobre el penoso paisaje. Tiene que ver con el día en que enterraron en Torredonjimeno a su hermano y sus dos sobrinas, asesinadas por la ETA en 1987 mediante coche bomba contra la casa cuartel de Zaragoza. El entierro se verificó en la localidad jienense de Torredonjimeno, pueblo de las víctimas y feudo de Izquierda Unida, asunto nada menor. Mientras avanzaba el triste cortejo para dar tierra a aquellos tres jovencísimos cuerpos destrozados, desde los muros del cementerio una pintada estrujaba el corazón de la familia Alcaraz con cruel saña, pues que escupía un salvaje "Viva la ETA".


Libertad Digital - Opinión

Nación y delincuencia. Por Gabriel Albiac

¿Merecen más remilgos los tan convencionales nacionalistas catalanes que los gánsteres homicidas de la UCK?

LO igual se dice sólo de lo distinto. Siempre. Es eso lo que nos permite hablar: agrupar cosas diferentes bajo un mismo nombre. Y, cuando decimos de algo que es distinto de otra cosa, estamos suponiendo ya la posibilidad de comparar ambos. Y de definir criterios para catalogarlos en una u otra casilla del hablante. Es tan originario ese problema que Platón puso en él la única razón de ser de la filosofía: ¿con qué legitimidad hablamos cuando atribuimos un mismo nombre a cosas, ninguna de las cuales es por completo idéntica a las otras? Son «las maravillas acerca de lo uno y lo múltiple», que, dice en el Fileboel maestro griego, nunca podrán ser agotadas porque están en la estructura misma del hablar.

La sentencia sobre Kosovo del Tribunal de La Haya pone en marcha el tipo de malentendidos que arrastra un uso necio de la lengua. Tras los cuales, hay el desasosiego de un rechazo: un «no, esa sentencia no habla de nosotros», un «entre ellos y nosotros no hay semejanza alguna». «Ellos» se refiere, claro está, a la dinamitada Yugoslavia. «Nosotros» —no se exige gran perspicacia para percibirlo— designa lo que la deriva nacionalista ha abierto como proceso constituyente en Cataluña.

Por más matices que los magistrados hayan buscado a su fallo, el criterio conforme al cual ninguna norma de la jurisdicción internacional prohíbe las declaraciones de independencia, abre un horizonte de cinismo desolador: la independencia es fruto de un acto de fuerza triunfante, no de legitimidad jurídica de ningún tipo. Decir frente a eso, como lo ha hecho la señora De la Vega, que «es irreal comparar la situación de España con la de los Balcanes» es una simpleza, sí, aunque sólo fuera por el principio elemental de que comparable con otra es cualquier cosa, y la disyunción o incompatibilidad sólo pueden establecerse tras haber comparado conforme a criterios claros de similitud y diferencia. Pero hay algo más grave que esa simpleza, algo que horada su retórica: lo que la vicepresidenta calla. Y eso que calla es lo más obvio al leer el fallo: la certeza —la literal certeza— de que no hay territorio alguno al cual no pueda ser extendido un criterio como ese que establece que «ninguna norma de la jurisdicción internacional prohíbe las declaraciones de independencia». Ni en la antigua Yugoslavia, ni en la presente España. Ni en ningún sitio.

En los muy medidos —pero no tan convincentes— términos de la Administración americana, lo «único» que establece la sentencia de La Haya es que la declaración de independencia de Kosovo «no violó ninguna ley internacional». Que esa independencia fuera promovida por una mafia a la cual la Interpol, el Observatorio Europeo sobre las Drogas y el informe encargado por Clinton a Robert Gerbald responsabilizaban del tráfico de la heroína afgana en Centroeuropa, nada modifica. Nada modifica, que el gobierno estadounidense la incluyera en su listado de organizaciones narcoterroristas hasta el año 1998. A partir de la proclamación de la independencia, esa banda y el Estado kosovar son lo mismo. ¿Merecen más remilgos los tan convencionales nacionalistas catalanes que los gánsteres homicidas de la UCK? Lo igual se dice ciertamente sólo de lo distinto.


ABC - Opinión

ZP. El malvado sansirolé. Por Emilio Campmany

El proceso de paz será un acierto suyo cuando finalmente culmine. Al menos, en eso confía el insensato. Qué razón tiene Mayor Oreja cuando afirma que el proceso sigue. Y cómo miente Rubalcaba cuando lo niega.

Pavor da leer el publirreportaje que El País le ha hecho a nuestro presidente. Pero, antes que el pavor, lo primero que embarga al lector es el alipori. El autor de la incensada, José Luis Barbería, es más cursi que Laura Ingalls con bata de cola. Vean si no como empieza: "El adolescente que imitaba ante el espejo los ademanes y la abovedada voz de Felipe González se mira ahora en las doradas lunas del palacio de la Moncloa y encuentra a un hombre de rostro angulado, expresión seria, bolsas en los ojos y mirada rígida". No sé si Zapatero tendrá algo rígido, pero eso no será la mirada, que, de ser algo, será vacía. Y lo de tener una voz abovedada no se lo han dicho a Felipe González ni cuando la mitad de las españolas querían un hijo suyo.

Luego, el periodista descubre la pólvora citando a un antiguo colaborador de ZP que prefiere permanecer en el anonimato: "Lo que mejor caracteriza al presidente es su vocación de poder. Supedita todo al supremo objetivo de ganar las elecciones". Hasta ahora ninguno habíamos reparado en ello.


Pasado el alipori, llega el pavor. Da como siempre miedo oír la serie de frases huecas, afirmaciones insustanciales y soberanas obviedades que habitualmente dice el presidente, como "que hay que hacer análisis con las luces largas (a saber quién le ha suministrado la metáfora) y que no te puedes atar a las cosas coyunturales". Tiene guasa que lo diga él, que vive permanentemente, no atado, sino pegado a la coyuntura. También lo da cuando señala entre sus logros la retirada de las tropas de Irak, un acto ignominioso, vergüenza de nuestro Ejército, que ha dañado irremisiblemente nuestro prestigio exterior.

Luego vienen las emociones fuertes y horripilado se queda uno al leer que el sujeto se reconoce a sí mismo el acierto del proceso de paz. ¿Cómo puede llamar acierto a un proceso que descarriló antes de culminar? Sobrecogido quedará quien lea la explicación: "Tengo la convicción de que ahí se sembró una solución definitiva. Tengo esa confianza". O sea, que el proceso de paz será un acierto suyo cuando finalmente culmine. Al menos, en eso confía el insensato. Qué razón tiene Mayor Oreja cuando afirma que el proceso sigue. Y cómo miente Rubalcaba cuando lo niega.

Por si fuera poco, cuajado queda quien lea que ZP aspira a pasar a la historia "como el presidente que (...) transformó la economía", y lo dice como quien manifiesta la intención de sacarse el título de perito mercantil. ¿Y en qué dirección quiere transformarla? No lo dice. Se limita a fijar el tiempo que va a emplear en hacerlo, que iba a ser cinco o seis años, pero que con la crisis ha decidido que lo hará en uno. O sea, que está diciendo en serio que se propone transformar la economía de la novena potencia económica mundial en un año.

Por si todo esto no provocara suficiente canguelo, ahí va la última perla: "No tengo una sensación de soledad. Soy un presidente comunicativo que habla mucho con los ministros y los dirigentes del partido. Y hablando de soledad, he tenido durante estos años la gran satisfacción de contar con el concurso del Rey, no sólo en el plano político, sino también en el personal. Ha sido muy importante para mí, le tengo un gran reconocimiento". Les digo que de esta no hay santo que nos salve.


Libertad Digital - Opinión

¿Quién dijo independencia?. Por César Alonso de los Ríos

Me temo que a la independencia de Cataluña tendremos que llamarla de otro modo.

Me temo que a la independencia de Cataluña tendremos que llamarla de otro modo. De momento estamos ya, según ZP, en un punto muy avanzado del proceso de «autogobierno» y en cuanto se lleven a cabo las correcciones al fallo del TC podrá hablarse de Cataluña como de un «Estado libremente asociado» sin que alguien pueda calificarlo como independiente. Es verdad que en los museos y en los libros se dirá que la Conquista de América, la Inquisición y los Borbones fueron hechos «españoles» y no precisamente catalanes; que Cataluña tendrá una jurisdicción propia; que se abrirán embajadas donde decida la Generalitat y que quizá la OTAN siga utilizando a España para las cuestiones defensivas.. Porque el recurso al «Estado» servirá para lo más vidrioso o costoso… Incluso la referencia «estatal» será necesaria para la selección catalana en el próximo mundial de futbol. El pacto que venimos viviendo hará no sólo indoloro el parto de la independencia sino irreconocible el momento que permita hablar de un antes y un después. Es posible que a las fuerzas catalanas les llegue a interesar la creación de una fiesta «nacional» pero sin que ello obligue a un hecho formal como el que supuso la partición en dos de Checoslovaquia. Porque no es verdad que, como ha dicho Sostres, todas las independencias hayan requerido violencia. Como no ha sido verdad que la española haya sido la «transición» más pacífica de todas. Aquí nos ha costado mil víctimas mientras el paso de Pinochet a la democracia no costó un solo tiro. ¿Cuál es el secreto de este pacífico proceso español? Que lleva produciéndose con normalidad desde el 78, a excepción del Estatut, y que esto se debe a que puede más la memoria de la guerra civil que la defensa de otro valor incluido el de la «indisoluble unidad de la nación española». Eso sí: nada impedirá que este promontorio del sur de Europa sea, más que Estado, un inmenso adefesio. Inestable, además.

ABC - Opinión

Tontería económica. Recaderos y amigos. Por Carlos Rodríguez Braun

Argumentar que el Smiley de la Moncloa que sube los impuestos respeta los mercados, es decir, a las mujeres y los hombres libres, es un absurdo, porque más bien parece claro que hace lo contrario.

El líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, afirmó que PP y PSOE son "neoliberales" y amigos del capitalismo. En el caso particular de Rodríguez Zapatero, añadió Lara que es un "recadero de los mercados" y del "neoliberalismo que ha provocado la crisis". El escritor Manuel Cruz lamentó las críticas contra los sindicatos, cuando han asumido "la defensa de los intereses de los trabajadores frente a sectores que están dando sobradas pruebas de una avidez y una codicia sin límites".

La similitud entre derecha e izquierda pasa por lo contrario de lo que Cayo Lara denuncia: por el antiliberalismo. Si hay algo que une a PP y PSOE es la defensa del estado del bienestar, no de la libertad. Argumentar que el Smiley de la Moncloa que sube los impuestos respeta los mercados, es decir, a las mujeres y los hombres libres, es un absurdo, porque más bien parece claro que hace lo contrario, igual que parece claro que la crisis está asociada al intervencionismo de las autoridades, en particular las monetarias, y no a la libertad. Si los gobiernos de toda condición están ahora reduciendo el gasto público, lo que pone de los nervios a don Cayo, eso no se debe a ninguna presión de "los mercados", sino a que esos mismos gobiernos emprendieron antes políticas expansivas contradictorias e insostenibles.


Insostenibles son también los argumentos del señor Cruz, porque no es patente que los sindicatos defiendan a los trabajadores, dado que sus recomendaciones intervencionistas de política económica perjudican a los más débiles, en particular a los parados. Cabría alegar que defienden a los trabajadores con empleo fijo, en especial los del sector público, pero no a toda la población activa.

Don Manuel concluyó evocando una sentencia de El Roto: "puede que no haya derecha e izquierda, pero sigue habiendo arriba y abajo". Aplaudir a los sindicatos con esta idea resultó revelador, hablando de abajo, porque hace poco tiempo millones de trabajadores quisieron ir abajo a usar el Metro de Madrid y se encontraron con que unos sindicalistas matones y privilegiados habían decidido, como es habitual, fastidiar a los más humildes. ¿Dónde está la avidez y la codicia sin límites?


Libertad Digital - Opinión

El patrón del Estado español. Por Ignacio Camacho

Matamoros y patrón de España: una celebración fastidiosa para un gobernante posmoderno.

NO estuvo el presidente en Santiago, claro, cómo iba a estar: una incómoda fiesta religiosa en torno al mito atávico de un santo políticamente incorrecto, de una triple y ominosa incorrección incompatible con el discurso progresista. De un lado, la leyenda del Matamoros, un oprobio en toda regla para la Alianza de Civilizaciones; de otro, los ribetes vaticanistas y episcopales del Xacobeo con el riesgo de una homilía cargada de alusiones; y por último, el patronazgo de ese concepto llamado España, la nación discutida y discutible, el eterno epítome de la desavenencia identitaria. Una celebración definitivamente fastidiosa para un gobernante posmoderno. Si al menos se tratase del patrón del Estado español y de la nación de naciones podía haber ido a escenificar una acción de gracias por la década prodigiosa de su esclarecido liderazgo, o a endilgar una versión laica y actualizada del Camino como lugar de encuentro de identidades plurales. Pero ante el Matamoros, hay que entenderlo, se le debe de hacer muy cuesta arriba la liturgia. Y para botafumeiroya le sobra con el de sus adictos de cámara, pelotas del poder y demás obsequiosos escanciadores de incienso.

Así que no fue. Le dejó el marrón a Pepe Blanco, adecuado ministro de jornada en su condición de cristiano y gallego. Para el discurso institucional ya estaba el Rey, que se sabe el papel y el protocolo y lo ejerce con mano experta, tacto delicado y sensibilidad histórica. El Rey es un hombre de otro tiempo que aún cree en la fuerza de la espiritualidad y domina los ceremoniales simbólicos de la vieja España, y como tiene la obligación de ser neutral no puede señalar responsabilidades directas. El ausente se ahorró el trago de escuchar cómo Su Majestad le pedía al Apóstol, con la retórica votiva al uso de la tradición, que ilumine a nuestra dirigencia política para sacarnos del atolladero de la crisis y de la barranca del sectarismo. Ante una clase política que sólo se guía por las luces cortas de las encuestas y no conoce otra luz que los halógenos de la demoscopia, el ruego real tiene que ver, más que con una profesión de fe, con una infinita esperanza en los milagros.

La presencia casi en solitario del Rey, apenas arropado por autoridades locales, quedó ayer en Compostela como la ultima ratiovisible de España, la antigua nación que durante siglos fue articulada por el tránsito peatonal de los peregrinos a través de la ruta jacobea. Sin dirigentes nacionales a su alrededor, la Corona elevó ante el Santo la plegaria por una política tolerante y sensata. En nombre del pueblo, creyente o no, que sufre la carencia de una gobernanza juiciosa y un rumbo equilibrado. Fue el Rey el que habló ayer de solidaridad entre territorios, de cohesión social y de respeto a la Constitución. Ante el patrón de España, esa cosa difusa e indeterminada sobre la que nunca acabamos de ponernos de acuerdo pero de la que no podemos apartar, como pedía Blas de Otero, el cáliz de la discordia.


ABC - Opinión