viernes, 29 de octubre de 2010

Jesús Gómez. El comunismo es sagrado. Por Cristina Losada

La izquierda que todavía conserva sus viejos lazos sentimentales e ideológicos está dispuesta a tolerar que uno sea del PP, pero no soporta que alguien sea anticomunista.

Sigo las crónicas de Díaz Villanueva sobre el "proceso" que le han montado en Leganés a Jesús Gómez con la curiosidad y el asombro que despertaría un folletín decimonónico. La diferencia es que los hechos narrados son muy del siglo XX. La campaña de difamación del PSOE e IU contra el portavoz de la oposición en aquel ayuntamiento desprende el inquietante aroma de la centuria de los totalitarismos. Tanto el procedimiento como el lenguaje atestiguan el parentesco con las operaciones de liquidación emprendidas bajo la batuta de Stalin. Así, la tergiversación desvergonzada de un texto, de unas palabras, de un gesto, a fin de construir una acusación delirante. Y así, la demanda de retractación que precedía a la necesaria "rehabilitación" en algún campo de trabajo esclavo.

A Jesús Gómez le entresacaron un par de líneas de un artículo para hacerle decir lo que no decía. Se fabricaron, de ese modo, la especie y la noticia de que era partidario de arrebatarles a los padres comunistas la tutela de sus hijos. Desde esa falsedad, se le sometió a un nutrido fuego de artillería, comparaciones con Goebbels incluidas, y se exigió que se le destituyese, se retractase y, como si fuera un delincuente, se rehabilitase. ¿Dónde? En Leganés hay abundante iconografía comunista, pero los nostálgicos de los viejos tiempos tal vez sueñan con incorporar monumentos realmente inspiradores como una Lubianka o un Gulag de andar por casa. Y es que resultan inevitables esas referencias. Los instigadores de la purga no se leyeron el ensayo que denunciaban –como reconocieron, para agregar el toque grotesco–, pero debían de echarle un vistazo a la literatura sobre los "procesos de Moscú". Verían, en todo su esplendor, a sus ancestros.

Los motivos del acoso son prosaicos, desde luego. El poder y punto. El PP ha denunciado corruptelas e irregularidades y puede hacerse con el gobierno de Leganés en mayo. Pero hay más. En aquellas líneas, Gómez consideraba el comunismo como "la secta más criminal que la Historia jamás haya visto". Y eso duele, daña y no se perdona. La izquierda que todavía conserva sus viejos lazos sentimentales e ideológicos está dispuesta a tolerar que uno sea del PP, pero no soporta que alguien sea anticomunista. El comunismo permanece en sus altares como una reliquia sagrada. Enunciar su realidad es profanarla. De ahí, la furia contra Jesús Gómez.


Libertad Digital - Opinión

Se busca ilusión colectiva. Por M. Martín Ferrand

Huérfanos de liderazgo político, social y cultural, damos para poco más que unas ofensas cruzadas entre políticos de poca monta.

AL nacer los setenta, antes de que nos atomizara la quimera autonómica, los españoles nos dividíamos en dos grandes grupos, más complementarios que antagónicos, en los que se reflejaba, con precisión especular, la realidad nacional. Unos, los más adictos y disciplinados —¿los más conformistas?—, confiaban en que a Francisco Franco le sustituirían las instituciones y otros, más audaces e imaginativos, quizás más ligeros de equipaje, confiábamos en un futuro dentro de los parámetros de la normalidad occidental, especialmente la europea, que es lo que nos corresponde por antecedentes culturales, proyección histórica y conveniencia geoestratégica. Después, y siempre con el impulso de una ilusión colectiva, vino la Transición que, «de la Ley a la Ley», mezcló las dos barajas de la gran timba nacional y, sorprendentemente, pasamos a ser uno más en el Viejo Continente.

A la ilusión colectiva de hace cuarenta años le picaba espuelas de ánimo la picardía operativa que, por la derecha y por la izquierda, le sirvió de bálsamo a las decepciones y de reto a los proyectos renovadores. Vivimos intensamente y fue un tiempo portentoso en el que se construyó, con buenos materiales de los pasados derrumbamientos —eso sí—, una realidad nacional sobre la que pudo gallear un nuevo Estado democrático. Fue una labor común y generosa. Cuando, por ejemplo, José Menese cantaba unos tientos de Francisco Moreno Galván, el grito no llegaba a las alturas, ni resonaba en los cuarteles o en las iglesias. Iba de voz en voz, como un susurro tan imposible como esperanzador:
Señor que vas a caballo
y no das los buenos días,
si el caballo cojeara,
otro gallo cantaría.

Ahí está, en ingenua plenitud creadora y germinal, «el alma de nardo del árabe español» que, para no ser hemipléjicos, cantaba la otra media España.

Ahora parece que se han secado las pilas del mecanismo y que, huérfanos de liderazgo político, social y cultural, damos para poco más que unas ofensas cruzadas entre políticos de poca monta y ninguna enjundia y un espectáculo vergonzoso en el prime timede las televisiones. No es, ni solo ni principalmente, que no se le busque solución a los problemas, se trata de que ni siquiera corre el vientecillo estimulante de un verso suelto, una caricatura provocadora, un madrigal estimulante o un quiebro oportuno con valor de valeriana. Los parados, quienes viven gracias a Cáritas, cuantos carecen de lo imprescindible tienen derecho, cuando menos, a un mejor ambiente, al señorío de la resignación con el antifaz de una revolución imposible. Que no se pierda, también, el estilo y la esperanza.


ABC - Opinión

¿Es ZP parte de la solución o del problema del PSOE?. Por Antonio Casado

Ayer, primera reunión del comité electoral del PSOE, con José Blanco a los mandos y Elena Valenciano en la banda sonora, después de los pactos de supervivencia y la renovación del Gobierno. Y primera aproximación al destino que las urnas reservan a un líder y unas siglas al borde de la bancarrota hasta cinco minutos antes de que nacionalistas vascos y catalanes aceptasen el papel de costaleros parlamentarios de Rodríguez Zapatero para lo que resta de Legislatura.

Eso era así hace quince días. Pero como el optimismo no está prohibido ya soplan vientos de remontada en Ferraz. El PNV, CC, Rubalcaba y el alcalde de Valladolid han vuelto a meter al PSOE en el partido. Ahora se trata de que se meta también el líder, que anda al rebufo de las siglas de un tiempo a esta parte. Dicho sea como una consideración técnica. Técnica, sí, pero políticamente muy relevante sabiendo como sabemos -y si no, se lo dice este humilde comentarista- que Zapatero sólo repetirá como candidato si cree que su figura suma. No lo hará si cree que su figura resta, y ese es el caso hoy por hoy.


Se puede decir de otro modo. A día de hoy las siglas tiran del votante más que el líder, según revelan todas las encuestas, a diferencia de lo que ocurrió con Felipe González en 1993 y 1996, cuando el líder facturaba en las urnas bastante más que la marca. De modo que si llegado el momento Zapatero sigue creyendo, como cree ahora, que forma parte del problema y no de la solución, no encabezará el cartel del PSOE en las elecciones generales de 2012.

Y entonces, según los planes de Zapatero -con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide-, correría el escalafón. El que ha salido de la última crisis ministerial, claro. El que ha querido mover el presidente. Queda claro que ha optado por un senior. Por las canas, podríamos decir con toda propiedad si Rubalcaba no fuese calvo. Por el felipismo, dirán otros con ánimo de ofender, aunque ya dijo ayer el aludido que está muy orgulloso de su pasado.


«A día de hoy las siglas tiran del votante más que el líder, según revelan todas las encuestas, a diferencia de lo que ocurrió con Felipe González en 1993 y 1996.»

El caso es que, efectivamente, los jóvenes valores se quedaron en puertas. En puertas se quedó Oscar López (hoy candidato a la presidencia de Castilla y León) de sustituir a Leire Pajin en el verano (Secretaría de Organización del PSOE), cuando se chafó la remodelación que Zapatero tenía en la cabeza. Y en puertas se ha quedado ahora Carme Chacón, cuando la pasión de Zapatero por la paridad hizo pensar a muchos -probablemente también a la interesada-, que la sustituta de una mujer en la Vicepresidencia del Gobierno sería otra mujer.

Entretanto, el comité electoral del PSOE echa cuentas, una vez descontada la caída de Montilla en Cataluña (28 noviembre), donde Artur Mas gobernará sin necesidad de pactar con nadie, al menos hasta las próximas elecciones municipales. Pero ese es otro negociado, el de Jaime Collboni. En Ferraz se mira precisamente hacia las municipales y autonómicas del 22 de mayo de 2011. Con cierto optimismo, a pesar de los malos augurios en Castilla-La Mancha (atención a la batalla de Ciudad Real) y en las alcaldías de Barcelona y Sevilla, donde se podría terminar el largo reinado socialista.


El Confidencial - Opinión

Retroceso democrático

El Comité Federal del PSOE aprobó por asentimiento, o lo que es igual sin un simple reparo o acotación, la candidatura del tránsfuga Agustín Navarro a la Alcaldía de Benidorm. Navarro participó, junto a la madre de Leire Pajín, Maite Iraola, en una operación de asalto al poder en la localidad alicantina para alterar la voluntad de los ciudadanos que habían otorgado su confianza mayoritaria al PP. En la cúpula socialista nadie podía aducir desconocimiento por el refrendo conjunto de las candidaturas socialistas puesto que era público que Navarro había sido propuesto por el comité local del PSOE y apoyado posteriormente por la Ejecutiva provincial y regional del partido. La decisión socialista ha supuesto un incumplimiento no sólo de la letra del Pacto Antitransfuguismo, sino también, y lo que es peor, de su espíritu democrático. El compromiso, firmado por los principales partidos políticos en 1998 y que ha sido renovado y fortalecido en distintas ocasiones desde entonces, expresa los límites de lo permisible cuando asegura que los firmantes se comprometen a «no presentar como candidatos a cualquier elección a los concejales declarados tránsfugas» y a no respaldar «ninguna iniciativa que provenga de los mismos». Pero al apoyar ahora al tránsfuga de Benidorm es evidente además que existió en el PSOE una voluntad premeditada de burlar la Ley. La responsabilidad es todavía mayor por el hecho de que el respaldo a Navarro se adoptó pocos días después de que el PSOE y el PP presentaran en una comparecencia conjunta un acuerdo para la reforma de la Ley Electoral que pretende «desactivar» el poder de los tránsfugas a la hora de presentar mociones de censura en los ayuntamientos. En estas circunstancias, no puede sorprender la reacción del PP, que recriminó ayer por carta a Zapatero haber roto el Pacto. Se trata de una respuesta razonable y ajustada a un comportamiento político que ha justificado el fraude en las instituciones democráticas. La actitud desleal de los socialistas sólo puede reconducirse con una rectificación inmediata. El vicepresidente tercero, Manuel Chaves, trató ayer de reconducir el desaguisado con una propuesta equívoca de que todos los alcaldes que han sido declarados tránsfugas sean retirados de las listas electorales de mayo de 2011, pero eludió la crítica a su partido y, en cambio, sí intentó corresponsabilizar al PP de la delicada situación del Pacto en una actitud reprobable. Pese al ruido del PSOE, en un intento de confundir a la opinión pública, la realidad es que la técnica del ventilador y las acusaciones al PP no funcionarán. Fueron el Gobierno y el PSOE quienes respaldaron la operación de Benidorm y legitimaron un método de hacer política que repugna al ciudadano y adultera la voluntad popular. La izquierda ha embarrado la vida institucional y ha mandado el pésimo mensaje a la sociedad de que todo vale para alcanzar el poder. Estas maniobras son las que acentúan la desconfianza en la clase política y socavan su credibilidad. Los dirigentes socialistas tienen en sus manos limpiar la vida pública de logreros y chantajistas o erigirse abiertamente en sus cómplices y protectores.

La Razón - Editorial

Eguiguren, a la calle

Tener entre sus filas a alguien a quien los etarras toman por amigo demuestra que el PSOE no se limita a arruinar a los ciudadanos españoles, sino que también los humilla.

Ya resulta ridículo que un partido que se dice abanderado del feminismo y perseguidor implacable del maltratador tenga a un condenado por ese crimen como presidente en el País Vasco. Pero que el PSOE no ponga de patitas en la calle a quien se presta a declarar en los tribunales a favor de la excarcelación de un miembro tan destacado de Batasuna-ETA como Otegi es un insulto a los ciudadanos españoles de bien.

Desde el final del proceso en el que Zapatero pretendió que España se rindiera al terrorismo nacionalista vasco hemos venido denunciando las puertas abiertas que el PSOE había dejado a una nueva negociación. La principal, sin duda alguna, ha sido no disolver los ayuntamientos gobernados por ANV, la franquicia de la banda en las últimas elecciones municipales. Pero también la insistencia en mantener a Jesús Eguiguren tanto en los cargos directivos del partido en el País Vasco como en el comité federal del PSOE, al que entró a formar parte cuando Zapatero fue elegido secretario general.


El maltratador Eguiguren siempre ha sido favorable a ese eufemismo al que llama diálogo, y que en la práctica significa que se debe discutir con los asesinos qué premio les damos por dejar de matar. Nunca lo ha ocultado. Resulta inimaginable que un sujeto con estas ideas no sólo forme parte de un partido que se dice democrático sino que forme parte de sus órganos de dirección. Mientras esté ahí, sabremos que la puerta del PSOE seguirá abierta de par en par a la negociación con ETA.

Rubalcaba, el hombre que estaba al frente de Interior cuando la policía advirtió a miembros de ETA que los iban a detener, el hombre que nos aseguró que estaba completamente verificada la intención de ETA de dejar las armas, ha sido ascendido a vicepresidente y hombre fuerte del Gobierno de Zapatero. Ahora dice que "está cambiando algo" en ETA. Y el presidente del PSE acude presto a declarar a favor de Otegi, quien dice querer salir de la cárcel por el "devenir de los acontecimientos políticos".

Eguiguren no ha sido reprendido públicamente por Zapatero ni por Patxi López. Quizá lo hagan el viernes, o el fin de semana, o la semana que viene. Pero ya han dejado pasar demasiado tiempo. Y sin duda no lo echarán de sus cargos, que es lo que debería hacer cualquier partido democrático que quiera acabar con el terrorismo. Porque tener entre sus filas a alguien a quien los etarras toman por amigo demuestra que el PSOE no se limita a arruinar a los ciudadanos españoles, sino que también los humilla.


Libertad Digital - Editorial

Demasiadas prisas. Por Ignacio Camacho

La tentación de programar el final de ETA puede llevar al Gobierno al error de ceder a la prisa de Batasuna.

EL éxito incuestionable de la lucha antiterrorista en España se ha cimentado sobre dos premisas: consenso y paciencia. La tentación de rentabilizar un final explícito de ETA puede llevar al Gobierno al error de dar al traste con ambas si cede al impulso de la urgencia política. En un momento como éste, cuando la bandera blanca de los asesinos parece una posibilidad más real que nunca, lo único urgente es esperar sin cometer precipitaciones. La premura de los batasunos es lógica porque está a punto de caducarles su última posibilidad de acceder a las instituciones, pero a su apremiante desazón el Estado tiene que responder con calma, mucha calma. El reloj sólo corre en contra de los malos.

Sin embargo, parece que la ansiedad se ha apoderado de demasiada gente, a juzgar por el trasiego político que de repente ha empezado a observarse en los actores que transitan por el escenario vasco. El aspecto más peligroso de este acelerón de negociaciones y tanteos lo constituye la hipótesis verosímil de que el Gobierno, acuciado por la necesidad de éxitos rápidos que recompongan un poco su destruida imagen, haya incluido un nuevo abrazo de Vergara en su perentoria agenda de final de mandato. Tratar el final de ETA como un hecho programable, tal que una inversión ferroviaria, sería un ejercicio de irresponsabilidad irreparable que puede fracturar la cohesión antiterrorista, forzar plazos innecesarios y, a la postre, suponer el pago de un rescate moral y de un precio político por el cese de la violencia.

Cualquier concesión previa o pactada que implique una rebaja de las exigencias del Estado, en la línea de las sugerencias que están dejando caer algunos próceres del socialismo vasco, equivaldría a una claudicación inaceptable, a una falta de respeto a las víctimas y a una renuncia a la victoria que merece la sociedad española tras tantos de sufrimiento. La rendición de ETA, si se produce, ha de ser a cambio de nada, y su alternativa es la extinción entre el aislamiento y la cárcel. La clave de la firmeza democrática en este proceso final reside en una paciencia sin plazos: paciencia para verificar, paciencia para perdonar y paciencia para legalizar al brazo político de los criminales, que se merece como mínimo una cuarentena de sus recién proclamadas intenciones de reinserción. Desde las elecciones locales que tanto importan a Batasuna a las generales que inquietan al Gobierno hay casi un año; tiempo sobrado para que los proetarras manifiesten su voluntad cierta de arrepentimiento. Que esperen un poco; los ciudadanos españoles ya los han esperado —en vano— varias décadas. Si ahora vienen con prisa es porque acaso barruntan que hay otros que tienen tanta como ellos.


ABC - Opinión

jueves, 28 de octubre de 2010

Kirchner. Ruego a Dios que no se reencarne. Por Horacio Vázquez-Rial

La Argentina padeció a lo largo del siglo XX gobiernos que pueden contarse entre los peores de Occidente. Pero de todos ellos, excepción hecha del período de las juntas militares, el de este hombre que acaba de morir lleno de oro y odio fue el peor.

En el otoño porteño de 2003, un personaje inesperado apareció como presidente argentino tras renunciar Carlos Menem a una segunda vuelta electoral. En realidad, en la primera, que resultó ser la única, Kirchner había tenido apenas el 22% de los votos, pero Menem, viejo astuto, comprendió que en la segunda no superaría el 24% que ya había recaudado: las elecciones eran, sobre todo, un plebiscito por su continuidad. O sea que Kirchner ganó por defección en unos comicios donde, como viene sucediendo desde hace años, había que elegir a un peronista y otro peronista.

Quiso la casualidad que yo me encontrase esos días en Buenos Aires, en compañía de mi amigo Jaime Naifleisch, y asistiéramos a la toma de posesión y al primer discurso presidencial. El primer viaje del nuevo presidente al exterior fue a España y el entonces embajador, Abel Posse, hizo una reunión de "notables" argentinos en la sede diplomática, de modo que volví a verle, esta vez en distancia corta y con su inefable esposa, y hasta tuve la ocasión de cambiar cuatro palabras con él. No me pareció lo peor que podía pasarle al país y hasta fui elogioso con él en una Tercera de ABC que ahora no encuentro y que seguramente me daría vergüenza. Creo que mi ingenuidad tuvo algo de voluntario porque después de Menem cualquier cosa era preferible. Las cotas de corrupción a las que había llegado "el Turco" daban la impresión de ser insuperables. Me equivoqué de todas todas. Ni el programa expuesto en su discurso inicial reapareció jamás, ni la podredumbre menemista era insuperable, como demostraría K muy poco después.


Los juicios a las juntas militares propiciados por Alfonsín en 1985 habían dado paso a una cierta normalidad social, que distaba de la reconciliación pero le abría paso. Hasta el ascenso de Kirchner, todos los gobiernos habían tenido, en mayor o menor proporción, antiguos militantes montoneros. Pero él les abrió las puertas a los cargos de mayor nivel y llegó al colmo con la designación al frente de Defensa de Nilda Garré, que no sólo fue relevante en la organización terrorista, sino que era la viuda de Juan Manuel Abal Medina, cuadro fundador y, por lo tanto, cuñada de Fernando Abal Medina, uno de los asesinos del general Aramburu, cuya muerte en 1970 marcó el inicio de la violencia en la Argentina. Y, como era de esperar, después de reabrir heridas en proceso de curación, K dio paso a la Memoria Histórica, a imitación del modelo español pero en peor, porque las víctimas revolucionarias y sus familias estaban ahí y querían reparaciones, es decir, dinero, que se les dio a manos llenas.

Los sindicalistas más siniestros, los Hoffa de la Argentina, con el camionero Moyano al frente, se hicieron con la vida pública argentina –y hasta se me ocurre que, con la muerte de K, adquirirán aún más poder, al no haber una oposición organizada en condiciones de gobernar–, y la proetarra Hebe de Bonafini se convirtió, al frente de su tétrico sector de Madres de Plaza de Mayo, en receptora de generosísimos subsidios oficiales.

La Argentina padeció a lo largo del siglo XX, y sobre todo a partir de 1930, año del golpe fascista –en sentido estricto– del general Uriburu, gobiernos que pueden contarse entre los peores de Occidente para sorpresa de propios y extraños, que nunca entendieron –entendimos– cómo aquello era posible en un país culto, con la tasa de analfabetismo más baja del mundo y con una librería en cada esquina de las grandes ciudades. Pero de todos los que padeció, excepción hecha del período de las juntas militares, el de este hombre que acaba de morir lleno de oro y odio fue el peor. Ni siquiera merece un análisis fino de sus políticas económicas, tan erráticas como invariablemente empobrecedoras, tan estatalistas como personalistas, y siempre improvisadas. Ni merece un análisis sociológico más allá de la estructura del poder. Se resume en delincuencia sindical y policial, reivindicación de un terrorismo en el cual ni siquiera había tenido el valor de militar, podredumbre ideológica, financiera y moral, y un autoritarismo que hizo perder sentido a la palabra democracia.

Chávez se explica por su rostro de animal vengativo –es un tiranuelo de los que profetizó Bolívar, "de todos los colores y razas"–. Kirchner, descendiente de croatas, era simplemente un hombre feo y desesperadamente codicioso –su viuda y presidente rinde idéntico tributo a la codicia– en el que costaba imaginar las raíces del odio, pero rebosaba de él, un odio generalizado a su país y sus paisanos. Pensaba ser reelegido el año próximo, en unas elecciones sangrientas. Ruego a Dios que su propósito post mortem no sea reencarnarse.


Libertad Digital - Opinión

Rajoy. Las autonomías no son el problema. Por José García Domínguez

Un Estado federal como el nuestro mal puede tolerar revisiones profundas. Salvo, claro está, que el ideal de la derecha sea habilitar a Rubalcaba a fin de que nombre un gobernador civil de Madrid, previa disolución de la Comunidad.

Al solemne modo, como si de un muy grave pronunciamiento se tratase, Mariano Rajoy acaba de reclamar la "revisión profunda" del Estado de las Autonomías con el hondo argumento político de que no puede haber tres negociados distintos para sellar no sé qué póliza. Pues, al parecer, el drama que pone en solfa el porvenir mismo de la nación española es ése: la redundancia administrativa con tal de cumplimentar determinados impresos o compulsar ciertas fotocopias. Se nota que don Mariano no ha leído ni a Galdós ni a Wittgenstein. En caso contrario sabría por el primero que el asunto de las oficinas inútiles –y los inútiles en las oficinas– requiere una "revisión profunda" no del Estado de las Autonomías, sino de la Historia de España. Y por el segundo, hubiera acusado recibo de que de lo que no se puede –o no se quiere– hablar, lo mejor es no decir nada.

Porque, una vez en funcionamiento, un Estado federal –y el nuestro no es otra cosa– mal puede tolerar revisiones profundas. Salvo, claro está, que el ideal de la derecha sea habilitar a Rubalcaba a fin de que nombre un gobernador civil de Madrid, previa disolución de la Comunidad y el traspaso de todas sus competencias al Ministerio del Interior. Lo que requiere el modelo, sin embargo, no son aparatosas cirugías, sino una pizca de sensatez, apenas eso. Por ejemplo, que las lenguas domésticas no se transformen barreras invisibles contra la unidad de mercado. Un empeño, ése, para el que Rajoy no necesitaría montar ningún zafarrancho legislativo plagado de grandilocuentes proclamas retóricas, sino algo tan simple como que sus barones pedáneos, empezando por Feijóo y Camps, le hiciesen caso. Un poco, al menos.

Por el contrario, quien sí pide a gritos una revisión radical es la deriva partitocrática del orden constitucional. El desmantelamiento deliberado de la función pública; la impune patrimonialización de las administraciones; la maraña inextricable de redes clientelares siempre prestas al reparto del botín estatal, ya sea bajo la forma de subvenciones, contratas, concesiones o cualquier otra modalidad de rapiña... La usurpación de la soberanía por parte de las maquinarias partidistas y sus séquitos privados, ése es el genuino problema institucional del país, y no las autonomías. A gritos, don Mariano, a gritos.


Libertad Digital - Opinión

Iguales en confusión. Por M. Martín Ferrand

Cuando la Historia juzgue la obra de Zapatero, tendrá que ponderar en lo que valen los inventos de Bibiana Aído.

EL pensamiento de Bibiana Aído, en lo que se nos alcanza, no es baldío. Todo lo contrario. El hecho de su reconversión de ministra de Igualdad a secretaria de Estado de lo mismo obedece a razones presupuestarias; pero, cuando la Historia juzgue la obra de José Luis Rodríguez Zapatero, tendrá que ponderar en lo que valen los inventos de una miembratan singular en la familia socialista. Cuando menos en el mismo rango que los inventos del TBO que divulgó en el tristemente desaparecido semanario el Profesor Franz de Copenhague. Es más, en su nueva etapa de Gobierno y con la tutela de la nueva titular de Sanidad, Leire Pajín, Aído lucirá en todo el orbe por su tesón y su brío en la defensa del igualitarismo que, llevado a sus límites, pudiera acabar con la especie humana.

El diputado socialista José Alberto Cabañes, Dios le ampare, ha recogido la semilla de la ministra disminuida y acaba de conseguir en el Congreso, con el —¡único!— voto en contra del PP, la aprobación de una Proposición no de ley para solicitar al Gobierno que «elabore e impulse protocolos de juegos no sexistas» para su implantación en los tiempos de ocio y recreo en los colegios públicos y en los concertados de la Educación Primaria. ¿Qué es lo que busca un niño cuando investiga un juguete nuevo y lo manosea hasta el destrozo total? Antes de conocer el pensamiento ilustrado de Aído y el científico —es ginecólogo— de Cabañes, me hubiera atrevido a pensar en la innata curiosidad del ser humano, en su capacidad de buscar lo desconocido y utilizar con destreza el dedo pulgar —las dos notas de la superioridad humana—; pero habría que empezar a pensar que, lo mismo en las entrañas de un muñequito de Playmobil que en el interior de la máquina de un tren eléctrico los niños buscan sexo. Jugar a la pelota no es inocente. Ni saltar a la comba.

En otro tiempo y en otras circunstancias menos graves y más llevaderas para los ciudadanos, podría extenderse a todos los obsesos de lo igualitario, a quienes confunden los derechos con las obligaciones, el beneficio de la duda; pero, como sería injusto suponer la falta de enjundia en socialistas de tanto postín, cabe pensar en la contumacia socialdemócrata para que el Estado, a empellones con la sociedad, ocupe todo el espacio tradicionalmente reservado al individuo. El Estado que aporta la fecundación in vitro para que podamos ser concebidos y nos acompaña, previo pago de su importe, hasta más allá de la muerte, hasta el cementerio y los herederos, quiere también organizar nuestros juegos infantiles. Es el progreso, los mayores no pueden fumar ni los niños saltar a pídola.


ABC - Opinión

ETA. Y no aprende. Por Cristina Losada

Zapatero quedó conmocionado tras el atentado de la T-4. No se lo podía creer. Pues ahí está, de nuevo, abierto a creer a una banda terrorista que se está trabajando hábilmente su presentación a las elecciones.

Ignorar y despreciar la experiencia acumulada es un defecto grave. Más en un presidente del Gobierno y más todavía en materia de lucha antiterrorista. Pero Zapatero se dispone a demostrar que une al anterior rasgo la rara capacidad de no aprender de la propia experiencia. Claro que sería injusto atribuirle en exclusiva esa impermeabilidad a lo real. En regalarle los oídos a Batasuna han competido estos días varios ministros. Como si el apéndice de ETA fuera un grupo de colegiales, le han explicado lo fácil que es saltar la valla que separa la ilegalidad de la legalidad, que viene a ser el caramelo de premio por un pequeño gesto amable. "Simplemente con condenar la violencia será suficiente", ofrecía, Blanco, generoso. Cámbiese "condenar" por "oponerse", agréguese a la violencia un "venga de donde venga" y estaremos más cerca de facilitar el retorno, a lo grande, de un apéndice de la banda terrorista a las instituciones.

Hay un libro del abogado Alan Dershowitz que se titula ¿Por qué aumenta el terrorismo? A lo largo de sus páginas se expone, con hechos, la respuesta: aumenta porque funciona. Darles a los terroristas la esperanza de que el crimen reporte algún beneficio sólo garantiza que persistan en él. Frente a esa noción elemental y contrastada, se sitúan los creyentes –iluminados y oportunistas– en la "solución política" del terrorismo. La insistencia en buscar y propiciar una disensión entre Batasuna y ETA obedece a esa visión o, mejor dicho, ceguera. No hay "solución policial", suelen alegar sus defensores, porque la banda dispone de apoyo entre la población. Así que entramos en los coqueteos políticos y en la dialéctica del palo y la zanahoria. En suma, en brindarles a los terroristas y a sus seguidores la ocasión que esperan: el momento de discutir el precio, que es el instante en que el terror prueba su eficacia como instrumento de acción política.

Zapatero quedó conmocionado tras el atentado de la T-4. No se lo podía creer. Pues ahí está, de nuevo, abierto a creer a una banda terrorista que se está trabajando hábilmente su presentación a las elecciones. Y abierto a ponerse otra vez en sus manos. Este regreso a los mensajes cruzados, a los movimientos de ficha y a la creación de falsas expectativas, que sirvieron de prolegómeno a la negociación política de la primera legislatura, es un regreso a ninguna parte. A ninguna buena.


Libertad Digital - Opinión

Política de cabestros. Por Ignacio Camacho

Lo peor que podría hacer el PP es aceptar ese choque frontal que transforme la política en una embestida de cabestros.

CUANDO afloje esta ofensiva frontal, cuando se remansen estos ánimos inflamados, cuando amaine la tormenta de improperios que el flamante Gobierno ha desatado contra el PP para salir de su arrinconamiento político, no habrá en España un parado menos ni una empresa más porque la deriva de zozobra económica sigue intacta bajo el intenso ruido dialéctico con que el copresidente Rubalcaba intenta atronar el ambiente como el director de una orquesta desafinada. Nada sugiere en esta primera semana del nuevo Gabinete un cambio sustantivo en la gestión de la crisis; ni un indicio de rumbo distinto más allá de los mensajes crispados que tratan de compensar el desconcierto gubernamental con un brusco incremento de la dialéctica de confrontación para disimular el fracaso de la legislatura en medio de una atmósfera política combustible.

El Gobierno ha consagrado su tiempo en exclusiva a la creación de un retrato tenebrista y cavernario de la oposición, pintada a brochazos como un grupo retardatario, machista, corrupto, antisocial y hasta genéticamente sospechoso —ay, qué peligrosas e históricamente siniestras son las alusiones a la genética del adversario—; un catastrófico racimo de oportunistas engolfados en la desgracia nacional que les supone una oportunidad de desalojar del poder a los salvíficos progresistas del tardozapaterismo. Para abocetar ese cuadro primario los socialistas han recurrido a su acreditada tradición agitadora, impregnada de un propagandismo alborotado que intenta arrastrar a la opinión pública a un debate visceral de etiquetas simples, animadversiones y enconos. Con tal de estrechar un poco la horquilla de las encuestas y obtener algo de resuello pretenden excitar la temperatura de sus desencantados hooligansmediante un ejercicio de demonización del rival que amenaza con convertir la escena pública en una corrala y sustituye la estilizada impostura de la democracia del talante por una vulgar propuesta de política de garrafón.

Lo peor que podría hacer el PP es enredarse en ese choque de cornamentas que transforme la dialéctica argumental en una embestida de cabestros. Si cede a la tentación de la reyerta que le proponen perderá la posición moderada que le ha ido proyectando como alternativa y se meterá de lleno en el campo de fango donde le han citado para que pierda pie. La ofensiva del Gobierno busca una respuesta en sus mismos términos destemplados que excite los demonios más exaltados de esa derecha bronca a la que puede presentar sin esfuerzo como un grupo de radicales extremistas. No es su reputación lo que ha de defender el Partido Popular sino la posibilidad —más cierta que nunca en los últimos ocho años— de volver a construir una mayoría social capaz de reconducir el futuro de un país en quiebra. Se trata de una decisión difícil que requiere una dosis considerable de equilibrio y paciencia, pero alguien tiene que mantener el sentido de la responsabilidad cuando lo pierden aquellos que han sido elegidos para ejercerla.


ABC - Opinión

No llores por él, Argentina

No sabemos cuál será el futuro de Argentina ahora que ha desaparecido quien "compartía cerebro" con su actual presidenta. Lo que sí creemos es que los argentinos no tienen razones para llorar la perdida de tan nefasto mandatario.

"Dos cuerpos y un solo cerebro". Para poder hacer balance de lo que ha significado para su país la figura de Néstor Kirchner, deberíamos de empezar por tener bien presente esta definición que, en más de una ocasión, ha hecho de sí mismo el matrimonio formado por este ex presidente de Argentina y su sucesora en el cargo, Cristina Fernández.

Kirchner llegó al poder en 2003 con un programa populista de ropajes socialdemócratas y en un momento en que Argentina ya era una ingobernable y arruinada jaula de grillos. No tardó mucho en hacer evidente su sectarismo y su voluntad de violentar aun más la convivencia interna del país, tanto impulsando el sindicalismo más siniestro y radical, como anulando leyes que, como las de obediencia debida y punto final, trataban de cicatrizar heridas y dar paso a un proceso de reconciliación nacional. Eso, sin olvidar el impulso que dio a la entrada de los montoneros a importantes cargos de su administración, lo que elevó aun más la crispación entre los argentinos.

Es cierto que en sus años de gobierno Argentina pudo recuperar un respetable grado de crecimiento económico, si bien éste estuvo favorecido por el ruinoso punto del que partía, así como el elevado precio internacional de los granos y cereales que ese país exporta, sin olvidar un disparatado déficit y un camuflado endeudamiento que más pronto que tarde les pasará factura.


Junto a ello, el Gobierno de Kirchner, tanto el que él presidió directamente como el que presidió a la sombra de su mujer, se ha caracterizado también por el aumento de la inseguridad ciudadana, los escándalos, los enfrentamientos dentro y fuera del peronismo y, sobre todo, por las acusaciones de corrupción, en un proceso que ha llevado al matrimonio por la senda de la victimización.

Entre 2003 y 2008, es decir desde que Kirchner llegó a la Presidencia hasta que su esposa cerró su primer año en la Casa Rosada, su patrimonio se multiplicó por siete. Un 600% que contrasta seriamente con la inflación acumulada en el periodo, que fue del 58,7%. Como los medios de comunicación no han sido indiferentes a las sospechas del enriquecimiento ilícito, los Kirchner se han caracterizado por sus ataques a la libertad de prensa, hostilidad que ya era visible desde los tiempos en los que el ahora fallecido dio el salto a la política nacional desde Santa Cruz.

Bajo los más burdos pretextos, como la figura truculenta del llamado "desacato", se han introducido leyes mordaza e intimidaciones de diversa naturaleza a la prensa independiente. A la campaña de hostigamiento contra el diario Clarín, hay que sumar la desatada cuando, en agosto de 2009, el Gobierno decidió nacionalizar la transmisión de fútbol por televisión, sin olvidar declaraciones más recientes de la propia presidenta favorables a nacionalizar los propios medios de comunicación.

El último episodio que ha dado la vuelta al mundo en la carrera de los Kirchner ha sido su asalto del banco central, saldado con el intento de destitución de su gobernador, Martín Redrado, repuesto por la autoridad judicial y que más tarde cesó voluntariamente en el cargo. No es la primera vez que, para enderezar las cuentas de un país golpeado por la crisis, la presidenta recurría a dineros ajenos: en 2008, ante la dificultad de encontrar créditos, su Gobierno confiscó las jubilaciones privadas por un valor de 30.000 millones de dólares que incorporó a las arcas estatales.

A esa inseguridad jurídica, se suma el autoritarismo que la era Kirchner ha dejado en evidencia con su forma de legislar a través de los llamados "decretos de necesidad y urgencia". A través de ellos, Kirchner evitaba el trámite ordinario y democrático en el Congreso, cosa que hizo tan recurrentemente que sólo un tercio de la legislación originada bajo su mandato fue sancionada como proyectos de ley.

Finalmente, no podemos dejar de destacar que, en el plano internacional, la política de los Kirchner siempre se ha inclinado hacia lo peor, hacia la Venezuela de Hugo Chávez, principal tenedora de su endeudamiento, hacia la Bolivia de Evo Morales y, en general, hacia los regimenes populistas y liberticidas que están socavando la democracia en America Latina.

No sabemos cuál será el futuro de Argentina ahora que ha desaparecido quien "compartía cerebro" con su actual presidenta. Lo que sí creemos es que los argentinos no tienen razones para llorar la perdida de ta nefasto mandatario.


Libertad Digital - Editorial

Autonomías: vicios y distorsiones

El problema real es la estructura administrativa, viciada de inflación de órganos, duplicación de competencias y exceso de empresas públicas.

EL Instituto de Empresa Familiar ha azuzado el debate sobre los «privilegios» de los funcionarios con su propuesta de que éstos puedan ser despedidos. La idea no es nueva y su planteamiento desenfoca el problema real, que es el de la estructura administrativa de España, viciada de inflación de órganos, exceso de empresas públicas, abuso de asesores y cargos a dedo y duplicación de competencias. Ayer mismo, Mariano Rajoy, que denunció «la madeja administrativa que ahoga a la sociedad civil», y Emilio Botín, que criticó unas duplicidades que generan «ineficiencias, barreras y distorsiones», abogaron por la reducción del aparato administrativo que ABC cuestiona como parte de su reflexión sobre la necesaria regeneración de la vida pública española.

La solución a las faraónicas dimensiones de la Administración no pasa por someterla a los parámetros de la empresa privada, por la radical diferencia de objetivos y estructuras y porque habría que concretar qué ejemplos de gestión se pueden tomar como referencia, porque esa apelación se descalifica con episodios de desastrosas direcciones empresariales. Aun admitiendo la necesidad de controlar y sancionar a los funcionarios que dan por sentado que su obligación acabó cuando aprobaron la oposición, la propuesta del despido pone al funcionario en una situación de precariedad frente a los cargos políticos. El despido del funcionario vinculado a la valoración discrecional de su trabajo abre la vía al control partidista de la Administración, en niveles aún mayores que los actuales. En todo caso, no es necesario porque existen procedimientos de inspección y sanción para los funcionarios que abusan de sus condiciones laborales. Que se apliquen.

El problema de la Administración no se resuelve «privatizando» el estatuto jurídico de los funcionarios, sino atacando su hipertrofia organizativa, verdadero lastre para el desarrollo económico y una fuente patógena de corrupción y derroche. Es mucho más acertado el entramado de empresas públicas, auténticas administraciones paralelas, que son pasto de favores políticos; o el gasto en esos asesores que pululan por las dependencias oficiales; o la multiplicación por diecisiete —uno por autonomía— de muchos órganos del Estado, por ese efecto replicante que lanza a las autonomías a una continua expansión. La responsabilidad de todo esto es política y no de los funcionarios.


ABC - Editorial

miércoles, 27 de octubre de 2010

Amamos tanto a Cuba. Por Gabriel Albiac

La bestialidad tiene un no se sabe qué para las gentes pusilánimes. Solo el franquismo amó a Castro más que el PSOE.

FELIPE González en el Tropicana. No recuerdo con exactitud el año. Todo cuanto con Cuba se relaciona parece intemporal en este país nuestro. Recuerdo, sí, las tremendas mulatas, todas de lentejuela y floripondio. Y el Comandante —aún no coma andante—, enorme puro en mano, y, junto a él, el otro, casi tan carcajeante como el dictador que iba a proveerlo, a partir de ese día, de sus enormes puros solidarios. Corrían otros tiempos. La corrección política no había impuesto abstinencia a los fumadores, ni resultaba machista echarle mano a un par de mulatazas, al alimón con el último Tirano Banderas, en fraternal campechanía: cosas de machos, y a los maricas de los campos de reeducación castritas que les fueran dando; ya se sabe, vicios burgueses contra el proletariado, que decía el papaíto Stalin. Y que vengan Cohíbas, y que vengan mulatas hipermásticas, y que éste sea un mundo más de hombres, hombres, hombres, que aquel que cantaba el descomunal James Brown en los sesenta.

La señora Jiménez, supongo que no estaba. Supongo. Ni lo sé ni me importa. Pero hubiera sido sublime verla acompañar a ambos caciques y a su pretoriana guardia de chicas demasiado vistosas. Es lo mismo. Nadie va a comparecer ahora puro en mano, ni vedette del Tropicana a tiro. Esas cosas no se llevan, y la política postmoderna, ya se sabe, es un subgénero de la moda. Efímera, y vistosa, y fotogénica, y previsible: un espejo sobre el cual vea el ciudadano medio, no imagen real alguna; sí, la bien maquillada proyección de sus deseos. Fallidos. Ni tabaco, ni chicas apabullantes.
Trinidad Jiménez no se ha ido a La Habana. La Habana no mola ya, más que para los rijosos tristes. Jiménez se fue a Bruselas, para hacerle el trabajo sucio a lo legítimos herederos del póstumo cuya omnipotencia vela paternalmente sobre La Habana. Buscando hacer verdad lo inverosímil: que, por extraña mutación, el régimen de los hermanos Castro se haya transubstanciado en democracia. «La posición común» frente a la dictadura, ha dicho, «quedó superada» por los notables avances de la democracia en la isla. Como si una dictadura pudiera avanzar en democracia sin suicidarse con su Gran Hermano a la cabeza. Pero en Cuba no hay riesgo de detectarle al Gran Hermano tendencias que no sean las de una tozuda perseverancia en su vocación de Padre Eterno. A cuyo culto todos son sacrificados.

Nada cambia. O sí: cambia la fotogenia. Machos, puro y mulata ya no venden. Ya no hay Tropicana, ni compadreo exhibicionista con el déspota. Todo ha de suceder ahora en la elegante discreción de los recónditos gabinetes de Bruselas. Nada de salsa. Hilo musical, si acaso: convencional y hortera, como conviene a esa fauna de nuevos ricos que deciden sobre nuestras vidas y sobre las de quienes se pudren en las cárceles cubanas, en la cárcel colectiva que es la isla. Todo ha cambiado. Todo es tan idéntico: la misma fascinación, aquí, por un rancio dictador apolillado. La bestialidad tiene un no se sabe qué de seductor para las gentes pusilánimes. Y para los políticos. Solo el franquismo amó a Castro más que el PSOE. Pero el cieno es el mismo, igual la sangre. No importa. Lo que importa a esta gente es sólo que no les salpique la ropa.


ABC - Opinión

Cuba. Trini y la obsesión castrista del PSOE. Por Orlando Fondevila

A Trinidad Jiménez y al Gobierno del PSOE no les interesan las libertades en Cuba. Serían felices si los Castro accedieran a imponer un modelito a lo chino o a lo vietnamita. Los cubanos demócratas no lo olvidaremos.

Trinidad Jiménez, flamante canciller española, se ha estrenado en los tejemanejes diplomáticos europeos con una defensa encendida de las supuestas buenas intenciones de la dictadura militar-comunista de Cuba. Sustituta abrupta del olvidable Moratinos, lo ha hecho poniendo su mejor sonrisa a la avinagrada imagen de aquel. Nada más. Y es que la Trini, igual que Moratinos, igual que el jefe admirado de ambos, Zapatero, e incluso igual que el anterior mandamás del PSOE, González, no son otra cosa que representantes ideológicos de esa izquierda que, dado el paso democrático, guarda tal vez en su antiguo e irredento corazoncito el irrenunciable amor por sus cercanos parientes en las ideas y las mañas políticas. Tal vez el viejo sueño juvenil, inconfesado, escondido y negado, permanezca agazapado en las conmovidas conciencias de quienes todavía hoy entonan, de vez en cuando, con sus siniestros puños en alto, la Internacional.

Más grave aún, porque ahora le bailan el agua a la longeva y sangrienta dictadura desde los intereses del poder y bajo la retórica democrática y buenista. Esa obsesión del PSOE, digan lo que digan, por "tirarle un cable" a los Castro en sus horas más bajas no puede ser explicada ni por la realidad de lo que acontece en Cuba ahora mismo, ni siquiera por la defensa de los intereses españole en Cuba. La explicación es ideológica. La ríspida y obscena obsesión de Moratinos –ahora más amable pero igualmente apasionada– por ayudar a sus amigos cubanos (no los disidentes, no el exilio, no el pueblo) es ideología pura y dura.

¿Cómo se puede defender, como ha proclamado Trinidad Jiménez, que "Cuba ha hecho innegables progresos" que merecen "una señal, un cambio" en las relaciones de la Unión Europea con el régimen? ¿Deportar a decenas de presos políticos significa un progreso? ¿Permitir que los cubanos puedan vender mangos, pasear perros o ejercer de peluqueros muestra interés por respetar los derechos humanos y las libertades de los ciudadanos?

Lo cierto es que el régimen cubano está hundido en un verdadero desastre político, económico y social. Le urge ayuda económica y financiera. Necesita créditos e inversiones, así como cobertura política, para poder ganar tiempo y continuar explotando y reprimiendo a sus ciudadanos. Por ello, en complicidad con el Gobierno del PSOE y con un extraño contubernio eclesial, buscan desesperadamente el auxilio europeo que pasa en primer lugar por suprimir la Posición Común. Y así, después, conseguir que la Administración Obama levante las restricciones a los viajes de los norteamericanos y facilite el acceso a los créditos de Estados Unidos. Alcanzado estos objetivos, a olvidarse de libertades y derechos.

A Trinidad Jiménez y al Gobierno del PSOE no les interesan las libertades en Cuba. Serían felices si los Castro accedieran a imponer un modelito a lo chino o a lo vietnamita.

Los cubanos demócratas no lo olvidaremos.


Libertad Digtal - Opinión

Montilla el apóstata. Por M. Martín Ferrand

Bien está olvidarse del jubilado Maragall; pero Zapatero y Montilla ¿no fueron los impulsores del Estatut1.

MARIANO José de Larra, maestro de periodistas que nunca adquirió compromiso con la actualidad, afeaba a los notables de su tiempo por decirse a sí mismos «hombres de honor» y ser capaces «a cada nuevo suceso, de cambiar de opinión y apostatar de sus principios». Posiblemente Larra, que alcanzó mayor notoriedad con el pistolón que con la pluma, hoy no pasaría de becario en uno de los decaídos periódicos gratuitos; pero nadie puede negarle su condición pionera en la clasificación de las miserias morales de nuestros hombres públicos.

Cuando José Montilla se dirige a la cúspide socialista, la del PSOE y la de sus franquicias, para decirles que, ni aunque los votos sumaran lo suficiente, volvería a reeditar el gobierno tripartito con ERC e ICV que le ha servido de pedestal como presidente de la Generalitat, asistimos a un caso de apostasía laica sin precedentes. No es que no las haya mayores, especialmente en atención a la talla de los apóstatas; pero no creo que las haya de génesis tan vertiginosa. De hecho, Montilla es aún el presidente de ese tripartito que ahora denosta y con el que, además de empobrecer Cataluña, ha perturbado notablemente el sosiego de la vida española.


El nuevo secretario de organización de los socialistas, Marcelino Iglesias, celebró con señales de gozo la apostasía de su vecino autonómico y conmilitón «porque va aparejado a una reflexión; que él no va a estar con aquellos que defienden un referéndum de autodeterminación». Por el interés te quiero, Andrés, que no podemos permitirnos el lujo de que nos avergüencen en Utrera por lo que hacemos en Sitges y aquí no ha pasado nada. Bien está olvidarse del jubilado Pasqual Maragall; pero Zapatero y Montilla ¿no fueron los impulsores del Estatutdel que puede derivarse, en su caso, la circunstancia que sospecha el sucesor de Leire Pajín?

Cuando Montilla dejó de ser andaluz de pura cepa para hacerse catalán con cargo y representación, salario y derechos pasivos, podría haberse previsto todo esto. Incluso la renuncia a un sentimiento centrífugo que ya, por lo que parece, cotiza menos en el mercado de los votos catalanes. Es, con el pragmatismo como guía de conducta, una buena medida el arrepentimiento de una postura que ya se ve perdedora en los próximos comicios; pero, reglamentariamente, en lo que se lleva en tiempos de dignidad escasa, ¿debe mediar algún espacio o retiro entre la apostasía de una creencia y la conversión a un nuevo credo? Si yo fuera Artur Mas estudiaría el caso en previsión de que, dado que las urnas las carga el diablo, le hiciera falta un Montilla para rellenar las fisuras de su propia escasez.


ABC - Opinión

EpC. Un PSOE consecuente, un PP cobarde. Por Pablo Molina

En las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Los manuales de esa supuesta materia de estudio llamada sarcásticamente "Educación para la Ciudadanía" responden plenamente al objetivo para el que fue diseñada. No cabe por tanto acusar a las editoriales de haberse excedido en sus contenidos, pues con su defensa de la última brizna de basura marxista demuestran que han captado perfectamente los objetivos pedagógicos de la asignatura.

El que los izquierdistas pretendan adoctrinar a los hijos de los demás en su detritus ideológico y además con carácter obligatorio entra dentro de lo esperable en esa ideología. La supervivencia del modelo social que mantiene a estos resentidos sociales necesita a las nuevas generaciones convencidas de que trabajar para los demás no es esclavitud sino solidaridad, que los ideólogos del progresismo y sus grupos de presión no viven aprovechándose del esfuerzo ajeno sino creando cultura y bienestar social, que el aborto es un derecho "humano" o, en el colmo del delirio, que los sindicatos hacen mucho bien a los trabajadores.


Lo que ya no es tan comprensible es que el partido que le disputa a la izquierda el poder no haya planteado hasta sus últimas consecuencias la batalla contra este envenenamiento masivo, al menos allí donde ejerce labores de gobierno. Lo digo porque en las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Lo único que ha hecho el PP es publicar en el boletín oficial de la región de que se trate un documento en el que se eliminan de la asignatura los contenidos más polémicos. Ahora bien, ¿de verdad alguien medianamente inteligente piensa que con ese simple gesto nuestros hijos van a estar a salvo de que sus profesores les impartan la materia con todas sus consecuencias? ¿Acaso van a estar los consejeros de Educación populares sentados junto al profesor de EpC para evitar que utilice el manual elegido por el centro educativo en toda su extensión? Por supuesto que no. Se trata únicamente de hacer cómo que se está en contra pero sin implicarse de verdad, no sea que la izquierda vernácula llame facha al político responsable del PP o le organice una manifestación a las puertas de la consejería y acabe saliendo en la primera página del chafardero local.

Con que acudieran a la concentración diez perroflautas, el cese del alto cargo popular estaría garantizado. Igual que el PSOE, vaya.


Libertad Digital - Opinión

Sin novedad en exteriores. Por José María Carrascal

Liberar a 52 presos políticos no es ninguna concesión. Es un deber, pues por política no debe estar nadie en la cárcel.

¿FUE la primera salida de la nueva ministra de Asuntos Exteriores un éxito o un fracaso? Depende de qué periódico, radio o televisión frecuente usted. Pues si para unos consiguió desbloquear la posición europea frente a Cuba, para otros no ha logrado moverla. Imagino a los españoles moviendo la cabeza y yéndose a las páginas deportivas, donde los resultados pueden ser injustos, pero no mienten. Si usted es uno de ellos, no se lo reprocharé.

¿Qué se decidió en la última reunión de ministros de Exteriores de la CE? Pues se decidió, primero, mantener la postura actual hacia Cuba. Y segundo, autorizar a la encargada de relaciones internacionales de la Comunidad, Catherine Ashon, a «explorar la posibilidades de establecer un acuerdo bilateral con Cuba». Usted puede elegir lo primero o lo segundo y llegar a conclusiones opuestas. Mantener la actual política europea hacia Cuba, que supedita todo acuerdo con su régimen a los avances en democratización y respeto a los derechos humanos, significa que la Sra. Jiménez ha fracasado. Encargar a Ms. Ashon explorar un acuerdo puede tomarse, como ha hecho ella, que la CE ha empezado a abrir la puerta hacia Cuba.


La realidad es que ambas cosas están íntimamente unidas, con un importante factor por medio: que mientras la postura de «premiar» las últimas excarcelaciones cubanas sólo la defiende España, los que piensan que Raúl Castro no ha hecho todavía bastante para merecer se le premie incluyen a Alemania, los escandinavos y la Europa del Este, con Francia, el Benelux y el Reino Unido inclinándose hacia esa opinión. Y no hace falta ser un experto en política europea para saber quién manda en Europa. Alguien que lo sabe perfectamente es Ms. Ashon, que ya ha dicho que no se entrevistará, al menos de momento, con las autoridades cubana, lo que significa prefiere fiarse de otras fuentes, como la de los presos recién liberados, que se oponen a relajar la política hacia Cuba. Es también lo que acaba de hacer Obama. Y es lo más lógico, pues si esa política viene dando resultados, ¿a qué cambiarla? Incluso podría resultar contraproducente. Aparte de que liberar a 52 presos políticos no es ninguna concesión. Es un deber, pues por política no debe estar nadie en la cárcel.

Eso no impide que la Sra. Jiménez haya cumplido con el papel que le han encomendado, como lo está cumpliendo en el Sahara. Ahora sólo le falta ceder ante los gibraltareños para ser la digna sucesora de Moratinos, el ministro que, al mejor estilo Boabdil, se despidió llorando como una mujer lo que no supo defender como un hombre. Pero al menos sabemos que doña Trinidad supo encajar sus derrotas en Madrid con la mejor de sus sonrisas.


ABC - Opinión

Rubalcaba, un parachoques para Zapatero. Por Antonio Casado

Rubalcalcabitis en los medios de comunicación. Unos porque le quieren y otros porque le temen le han convertido en la superestrella de la temporada. A nadie deja indiferente y todos se recrean glosando el papel que le ha tocado en suerte, aunque en eso no hay coincidencia. Cerebro, piloto, sucesor, comunicador, látigo de la derecha... Y cosas peores, inspiradas directamente en el odio que algunos le profesan.

Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido ver el salto de Pérez Rubalcaba al segundo escalón del Gobierno -sólo en el BOE, porque en la práctica ya era el número dos del poder-, como el parachoques de Zapatero. Es el papel que mejor le cuadra. Y en el que puede ser más útil a su presidente y su partido. Ya no hay ojeras en la cara de Zapatero. Duerme bastante mejor una semana después de la remodelación del Ejecutivo. Se explica porque ahora cuenta con un parapeto donde rebotan las pedradas que hasta hace una semana le lanzaban a él.


El parapeto se llama Rubalcaba. Como antaño se llamaba Alfonso Guerra. Hasta que cayó. Y Felipe González terminó lapidado. La duda es si la reinvención del modelo llega tarde en el caso de Zapatero. Ya hemos tenido las primeras pruebas de la acreditada capacidad del nuevo vicepresidente del Gobierno para devolver las pedradas y poner de los nervios al adversario. Lo justo para despertar al votante socialista. Véase su más reciente fogonazo verbal, el del machismo como producto de la genética de la derecha. El grado de irritación del PP y sus medios afines solo es comparable al grado de identificación de la izquierda con la andanada de Rubalcaba, a pesar de las disculpas del alcalde de Valladolid, León de la Riva.

«La concentración de poder en manos de Rubalcaba ha roto la cintura de su principal adversario político.»

De eso se trata, en definitiva. De que suene el despertador en la izquierda reconocible en los sindicatos y los once millones de votantes del PSOE, a los que Zapatero -y Rubalcaba, y Blanco, y Jáuregui…- quieren rescatar de la resignación con un Gobierno renovado. Es la estrella polar de la nueva hoja de ruta de Moncloa: persuadir a su gente de que el desistimiento de la izquierda es el gran aliado de la derecha. Por ahora, sólo en las encuestas.

Sí parece evidente que la concentración de poder en manos de Rubalcaba ha roto la cintura de su principal adversario político, el PP, que ha desbarrado con infundadas sospechas sobre pactos del Gobierno con ETA y duras descalificaciones al hombre llamado a blindar la figura de Zapatero, no a reemplazarla. Lógico. La operación se ha hecho para motivar a la clientela propia. Si a la ajena se le nota tanto el ataque de contrariedad es que se ha acertado, como declaró el presidente del Gobierno hace unos días “No hay más que verles la cara”, dijo.

Y respecto a las acusaciones de retorno al felipismo, idem de idem. Si tan malo es, el PP debería celebrarlo discretamente. A los socialistas, directamente concernidos, les corresponde valorarlo. En principio deberían sentirse honrados. Empezando por el propio Zapatero, si de verdad cree en la memoria de un partido político con la historia del PSOE. Su progresión se asienta sobre aportaciones solidarias de militantes y dirigentes. El avance de una organización vive de procesos acumulativos al paso de las generaciones ¿Qué tiene de particular que la generación de Zapatero incluya aportaciones de la de Felipe?


El Confidencial - Opinión

Montilla. Adiós al Tripartito. Por José García Domínguez

La suya es la crónica de un desastre anunciado tras el que se esconde una paradoja desconcertante, a saber, la causa última de su fracaso no será otra que su propio éxito.

El increíble hombre normal acaba de repudiar al Tripartito, bienamado hijo putativo hasta hace apenas cinco minutos, con el estupefaciente argumento de que no modificará "sus principios a cambio de ser investido". Una renuncia aparente al marxismo que siempre ha inspirado la praxis del PSC, el de Groucho –"Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"–, que llama a alguna perplejidad lógica. Pues, si José Montilla se dice incapaz de prostituir sus muy hondas convicciones conchabándose con ERC y los restos del PSUC, ¿nos está confesando que pasó por encima de ellas hace cuatro años a cambio del poder, como bien le han recordado en El País?

A fin de cuentas, Puigcercós y su tropa resultaban ser tan arriscados irredentistas entonces como hoy. Y otro tanto procede certificar de Iniciativa, la tercera pata del banco. Aunque, contorsiones retóricas al margen, la razón de tan repentina liturgia fúnebre obedece a una causa de lo más prosaico: la consabida de la zorra que pretende verdes las uvas cuando le resultan inalcanzables en la parra. Y es que la debacle de la izquierda nacionalista, o sea de la izquierda toda, podría alcanzar dimensiones apocalípticas el próximo 28 de noviembre. La suya es la crónica de un desastre anunciado tras el que se esconde una paradoja desconcertante, a saber, la causa última de su fracaso no será otra que su propio éxito.

Repárese al respecto en que los socialistas han logrado en seis años al frente de la Generalidad lo que no consiguió Pujol durante casi un cuarto de siglo: legitimar socialmente el independentismo e integrarlo en el canon de la corrección política. Así, el viejo tabú secular del catalanismo, la separación de España que yace implícita en su doctrina, merced a Montilla se ha convertido una convención civil de buen tono, otro sobreentendido más, como ser del Barça, gustar de los "calçots" a la brasa o comprar libros de Andreu Buenafuente por San Jordi. Que de ahí el colapso electoral de la Esquerra, ése que le auguran todos los sondeos. Nada extraño si se repara en que ha sido desposeída de su principal seña de identidad, si no la única: el monopolio de la retórica secesionista, ahora prosaico lugar común del discurso público. De tales principios, tales finales.


Libertad Digital - Opinión

Crisis de hipertrofia. Por Ignacio Camacho

Mejor que despedir funcionarios sería dejar de contratar ese personal que duplica una Administración hipertrofiada.

ANTES que despedir funcionarios, como ha propuesto el dueño de Mango ante un impávido Rubalcaba, quizá conviniese probar a dejar de contratarlos. Sobre todo por la puerta de atrás, la de los enchufes y las designaciones de confianza, que es la vía por la que ingresa ya un cuarenta por ciento de los trabajadores de la Administración pública para después consolidarse en ella en pie de igualdad con quienes han entrado por oposición o concurso de méritos. Ese núcleo laboral estampillado ha servido a los ayuntamientos y las autonomías para crear una estructura paralela que duplica innecesariamente la nómina con el objetivo de burlar los procedimientos de control de gasto establecidos en la legislación administrativa. Y no se trata en su mayoría de médicos, ni de profesores, ni de jueces ni de bomberos, sino de personal de gestión, burocracia pura reclutada en muchos casos con criterios clientelares de afinidad política y a la que se va atornillando al presupuesto mediante mil y una triquiñuelas como la que acaba de perpetrar la Junta de Andalucía para asimilar a veinte mil contratados de golpe bajo el pretexto de proceder a un reajuste organizativo.

Gran parte de la mala prensa del funcionariado procede de la desconfianza social en los supuestos privilegios de esa superestructura hipertrofiada. El principal es la estabilidad de los profesionales de la Administración, que surgió como una garantía de neutralidad política y ha desembocado en la realidad de que cada Gobierno —sobre todo los autonómicos— desembarca en el poder con un ejército de empleados afines que superpone a los preexistentes ante la imposibilidad de despedirlos. El resultado es un incremento acumulado del sector público sin que se aprecie mejora sustancial de su eficacia, aunque sí una inflación del gasto que en tiempos de recesión se demuestra insostenible. Pero la solución no está en prescindir de los funcionarios de carrera, que probablemente sean lo mejor del sistema y los que mantienen los servicios, sino en eliminar la grasa acumulada por varias décadas de clientelismo. Y eso equivale para los políticos a practicarse un harakiri electoral.

La propuesta productivista de Isak Andic —cuya exitosa empresa textil ya pretenden boicotear algunos sindicalistas quisquillosos— para introducir criterios flexibles en los salarios y la duración del empleo público tal vez posea impecable lógica de eficiencia pero sólo resultaría practicable en un mundo laboral distinto, creado ex novocon reglas diferentes a partir del caos de una hecatombe. En la España actual un proyecto así se antoja, más que voluntarista, sencillamente inviable. Aunque tarde o temprano alguien tendrá que decidirse a imponerle a la Administración una dieta de adelgazamiento, so pena de que sobrevenga de hecho la catástrofe de una suspensión de pagos.


ABC - Opinión

En posición de tablas

La Unión Europea no cambia, pero somete a revisión la posición común sobre La Habana.

Sobre el papel, la UE ha llegado a una posición de tablas con referencia a la política a adoptar ante Cuba. La disyuntiva era mantener o no la posición común europea establecida en 1996, que condicionaba la mejora de las relaciones con la isla a la democratización del régimen. Se ha decidido mantener esta tesitura; pero, al mismo tiempo, con un dictamen salomónico: los Veintisiete encargan a la ministra de Exteriores de la Unión, la británica Catherine Ashton, que inicie conversaciones con La Habana para explorar cambios que puedan conducir a un deshielo. Las tablas nunca suelen ser eternas y no hay enroque que en diplomacia no acabe por decantarse de uno u otro lado.

Esa es la interpretación, verosímil, que hace la recién estrenada ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez. Ha dicho que se va al desguace o derogación de la política asumida bajo el Gobierno de José María Aznar, tarea en la que ha estado empeñada estos últimos años la diplomacia de su antecesor Miguel Ángel Moratinos. Pero, atención, el camino puede ser largo y accidentado.


El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sostenido que el hostigamiento, incluso por omisión, del régimen castrista solo conducía a su encastillamiento, lo que parece bastante probado. Y que únicamente una política de diálogo constructivo, que es lo que ha hecho España con la intermediación de la Iglesia católica, podía rendir frutos. Estos han sido limitados, pero no despreciables. No ha habido nada que se parezca a una democratización de la isla, pero el Gobierno de Raúl Castro ha aflojado su dogal sobre la disidencia y más de 50 presos políticos han sido liberados, bien que en la mayoría de los casos deportándolos a España. Todo ello es insuficiente, no hay que lanzar las campanas al vuelo, y lo que se le exige a La Habana es mucho más que compasión o exilio para con unos presos de conciencia, que en cualquier otro lugar de América Latina deberían estar en la calle. Pero tampoco hay que suponer que interesados, familiares y círculos respectivos prefieren así las cosas.

El partido es nulo o de tablas, y no hay que dar por asegurado nada. Alemania, Suecia, Polonia y la República Checa son mucho menos comprensivas que España para con el castrismo. Y el hecho de que la remisión del caso al diálogo bilateral de cada país con La Habana y de la señora Ashton en nombre de todos sea una jugada que permite salvar la cara de halcones y palomas tampoco permite prejuzgar sin riesgos el resultado. Si por la vía de los hechos y el diálogo acaba por arrumbarse la posición común, el desenlace será probablemente positivo, puesto que el mejor acceso comercial de Cuba a los países comunitarios, primero, redundará en bien de todos los cubanos; y, segundo, dará algún margen de maniobra a Raúl Castro para liberalizar siquiera sea la economía. Otras dictaduras acabaron cayendo o difuminándose porque un día emprendieron ese camino.


El País - Editorial

La realidad de lo "inimaginable"

Una cosa es que Alonso prefiriese que todas esas reuniones con los proetarras siguieran manteniéndose, como hasta ahora, en secreto, y otra cosa muy distinta pensar que pueda resultarle "inimaginable" lo que lamentablemente es real desde hace mucho tiempo.

Ya podrá el portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, disimular todo lo que quiera y hasta considerar "inimaginable" que un "partido democrático" mantenga reuniones con Batasuna; lo cierto es que, salvo que no considere democrático a su propio partido y a los partidos nacionalistas con los que ha mantenido alianzas de gobierno, esto es precisamente lo que están haciendo, tal y como reconocen hasta los propios protagonistas de dichas reuniones.

Así, la noticia del diario El Mundo de este lunes, que aseguraba –más bien, confirmaba– que "Eguiguren se reúne periódicamente con los líderes de la izquierda abertzale", ha recibido el espaldarazo del dirigente histórico de Batasuna, Tasio Erkicia, quien ha confirmado en Radio Popular que existen "vías de comunicación con el PSOE" y que los socialistas conocen "de primera mano" los pasos de los proetarras.

Asimismo, el secretario general de ERC, Joan Ridao, también ha reconocido en rueda de prensa que él mismo se ha reunido con una delegación batasuna, encabezada por dos miembros de la Mesa Nacional de HB, Fernando Parrena y José Luis Moreno, para, según ha explicado, "conocer las intenciones" de los proetarras.


También el candidato de Iniciativa per Cataluña Verds, Joan Herrera, ha confirmado haber mantenido una reunión con la formación ilegalizada por su pertenencia a ETA, a la que asistió junto a la portavoz parlamentaria Dolors Camats.

El problema, por tanto, no se presenta por una supuesta falta de imaginación del portavoz socialista sino, más bien, de vergüenza; empezando por la que es necesaria para no olvidar las públicas reuniones que los socialistas mantuvieron con los representantes de la ilegalizada Batasuna, y por la que se sentó en el banquillo a Patxi López.

Una cosa es que José Antonio Alonso prefiriese que todas esas reuniones con los proetarras siguieran manteniéndose, como hasta ahora, en secreto, y otra cosa muy distinta pensar que pueda resultarle "inimaginable" lo que lamentablemente es real desde hace mucho tiempo. De hecho, desde los días de infamia que protagonizó el PSOE para desbancar al PP del Gobierno, no hay nada que la falta de escrúpulos de los dirigentes socialistas no haya hecho realidad.

Así, algo tan "inimaginable" como tener como socios de gobierno a una formación separatista como ERC, que había mantenido reuniones previas con ETA en Perpiñan para, según confesaron, "diseñar estrategias conjuntas para la desestabilización del Estado español" se hizo realidad, no ya en Cataluña, sino a nivel nacional. Igualmente, cosas tan "inimaginables" como que un presidente de gobierno cuestionara la nación como "concepto discutido y discutible", o que prometiera, "por una tregua cuanto antes", que "todo tendrá cabida, tenga el alcance que tenga", también se hicieron realidad. Llegada la tregua terrorista que los socialistas habían prenegociado en secreto y adquiriendo compromisos políticos, Zapatero tampoco dudó en hacer una "inimaginable" declaración en el Congreso, en la que respaldó "el derecho de los vascos a decidir su futuro", conocido eufemismo de los separatistas para referirse a la autodeterminación y que, como se supo más tarde, el propio Gobierno había pactado con ETA. Algo tan "inimaginable" como el respaldo de un gobierno a "internacionalizar la resolución del conflicto", también se hizo realidad con una votación en Estrasburgo que hizo a los batasunos allí desplazados descorchar más de una botella. Algo tan inimaginable como que el Gobierno socialista siguiera negociando con ETA después del atentado de Barajas es algo que incluso reconoció el propio Zapatero.

A la vista de ese pasado y de este presente, que ese proceso de negociación se mantenga, y con nuevos bríos, es una repugnante realidad. Y lo único "inimaginable" debería ser que alguien pueda ponerlo en duda.


Libertad Digital - Editorial

Autonomías: vicios y distorsiones

El problema real es la estructura administrativa, viciada de inflación de órganos, duplicación de competencias y exceso de empresas públicas.

EL Instituto de Empresa Familiar ha azuzado el debate sobre los «privilegios» de los funcionarios con su propuesta de que éstos puedan ser despedidos. La idea no es nueva y su planteamiento desenfoca el problema real, que es el de la estructura administrativa de España, viciada de inflación de órganos, exceso de empresas públicas, abuso de asesores y cargos a dedo y duplicación de competencias. Ayer mismo, Mariano Rajoy, que denunció «la madeja administrativa que ahoga a la sociedad civil», y Emilio Botín, que criticó unas duplicidades que generan «ineficiencias, barreras y distorsiones», abogaron por la reducción del aparato administrativo que ABC cuestiona como parte de su reflexión sobre la necesaria regeneración de la vida pública española.

La solución a las faraónicas dimensiones de la Administración no pasa por someterla a los parámetros de la empresa privada, por la radical diferencia de objetivos y estructuras y porque habría que concretar qué ejemplos de gestión se pueden tomar como referencia, porque esa apelación se descalifica con episodios de desastrosas direcciones empresariales. Aun admitiendo la necesidad de controlar y sancionar a los funcionarios que dan por sentado que su obligación acabó cuando aprobaron la oposición, la propuesta del despido pone al funcionario en una situación de precariedad frente a los cargos políticos. El despido del funcionario vinculado a la valoración discrecional de su trabajo abre la vía al control partidista de la Administración, en niveles aún mayores que los actuales. En todo caso, no es necesario porque existen procedimientos de inspección y sanción para los funcionarios que abusan de sus condiciones laborales. Que se apliquen.

El problema de la Administración no se resuelve «privatizando» el estatuto jurídico de los funcionarios, sino atacando su hipertrofia organizativa, verdadero lastre para el desarrollo económico y una fuente patógena de corrupción y derroche. Es mucho más acertado el entramado de empresas públicas, auténticas administraciones paralelas, que son pasto de favores políticos; o el gasto en esos asesores que pululan por las dependencias oficiales; o la multiplicación por diecisiete —uno por autonomía— de muchos órganos del Estado, por ese efecto replicante que lanza a las autonomías a una continua expansión. La responsabilidad de todo esto es política y no de los funcionarios.


ABC - Editorial