jueves, 28 de octubre de 2010

ETA. Y no aprende. Por Cristina Losada

Zapatero quedó conmocionado tras el atentado de la T-4. No se lo podía creer. Pues ahí está, de nuevo, abierto a creer a una banda terrorista que se está trabajando hábilmente su presentación a las elecciones.

Ignorar y despreciar la experiencia acumulada es un defecto grave. Más en un presidente del Gobierno y más todavía en materia de lucha antiterrorista. Pero Zapatero se dispone a demostrar que une al anterior rasgo la rara capacidad de no aprender de la propia experiencia. Claro que sería injusto atribuirle en exclusiva esa impermeabilidad a lo real. En regalarle los oídos a Batasuna han competido estos días varios ministros. Como si el apéndice de ETA fuera un grupo de colegiales, le han explicado lo fácil que es saltar la valla que separa la ilegalidad de la legalidad, que viene a ser el caramelo de premio por un pequeño gesto amable. "Simplemente con condenar la violencia será suficiente", ofrecía, Blanco, generoso. Cámbiese "condenar" por "oponerse", agréguese a la violencia un "venga de donde venga" y estaremos más cerca de facilitar el retorno, a lo grande, de un apéndice de la banda terrorista a las instituciones.

Hay un libro del abogado Alan Dershowitz que se titula ¿Por qué aumenta el terrorismo? A lo largo de sus páginas se expone, con hechos, la respuesta: aumenta porque funciona. Darles a los terroristas la esperanza de que el crimen reporte algún beneficio sólo garantiza que persistan en él. Frente a esa noción elemental y contrastada, se sitúan los creyentes –iluminados y oportunistas– en la "solución política" del terrorismo. La insistencia en buscar y propiciar una disensión entre Batasuna y ETA obedece a esa visión o, mejor dicho, ceguera. No hay "solución policial", suelen alegar sus defensores, porque la banda dispone de apoyo entre la población. Así que entramos en los coqueteos políticos y en la dialéctica del palo y la zanahoria. En suma, en brindarles a los terroristas y a sus seguidores la ocasión que esperan: el momento de discutir el precio, que es el instante en que el terror prueba su eficacia como instrumento de acción política.

Zapatero quedó conmocionado tras el atentado de la T-4. No se lo podía creer. Pues ahí está, de nuevo, abierto a creer a una banda terrorista que se está trabajando hábilmente su presentación a las elecciones. Y abierto a ponerse otra vez en sus manos. Este regreso a los mensajes cruzados, a los movimientos de ficha y a la creación de falsas expectativas, que sirvieron de prolegómeno a la negociación política de la primera legislatura, es un regreso a ninguna parte. A ninguna buena.


Libertad Digital - Opinión

Política de cabestros. Por Ignacio Camacho

Lo peor que podría hacer el PP es aceptar ese choque frontal que transforme la política en una embestida de cabestros.

CUANDO afloje esta ofensiva frontal, cuando se remansen estos ánimos inflamados, cuando amaine la tormenta de improperios que el flamante Gobierno ha desatado contra el PP para salir de su arrinconamiento político, no habrá en España un parado menos ni una empresa más porque la deriva de zozobra económica sigue intacta bajo el intenso ruido dialéctico con que el copresidente Rubalcaba intenta atronar el ambiente como el director de una orquesta desafinada. Nada sugiere en esta primera semana del nuevo Gabinete un cambio sustantivo en la gestión de la crisis; ni un indicio de rumbo distinto más allá de los mensajes crispados que tratan de compensar el desconcierto gubernamental con un brusco incremento de la dialéctica de confrontación para disimular el fracaso de la legislatura en medio de una atmósfera política combustible.

El Gobierno ha consagrado su tiempo en exclusiva a la creación de un retrato tenebrista y cavernario de la oposición, pintada a brochazos como un grupo retardatario, machista, corrupto, antisocial y hasta genéticamente sospechoso —ay, qué peligrosas e históricamente siniestras son las alusiones a la genética del adversario—; un catastrófico racimo de oportunistas engolfados en la desgracia nacional que les supone una oportunidad de desalojar del poder a los salvíficos progresistas del tardozapaterismo. Para abocetar ese cuadro primario los socialistas han recurrido a su acreditada tradición agitadora, impregnada de un propagandismo alborotado que intenta arrastrar a la opinión pública a un debate visceral de etiquetas simples, animadversiones y enconos. Con tal de estrechar un poco la horquilla de las encuestas y obtener algo de resuello pretenden excitar la temperatura de sus desencantados hooligansmediante un ejercicio de demonización del rival que amenaza con convertir la escena pública en una corrala y sustituye la estilizada impostura de la democracia del talante por una vulgar propuesta de política de garrafón.

Lo peor que podría hacer el PP es enredarse en ese choque de cornamentas que transforme la dialéctica argumental en una embestida de cabestros. Si cede a la tentación de la reyerta que le proponen perderá la posición moderada que le ha ido proyectando como alternativa y se meterá de lleno en el campo de fango donde le han citado para que pierda pie. La ofensiva del Gobierno busca una respuesta en sus mismos términos destemplados que excite los demonios más exaltados de esa derecha bronca a la que puede presentar sin esfuerzo como un grupo de radicales extremistas. No es su reputación lo que ha de defender el Partido Popular sino la posibilidad —más cierta que nunca en los últimos ocho años— de volver a construir una mayoría social capaz de reconducir el futuro de un país en quiebra. Se trata de una decisión difícil que requiere una dosis considerable de equilibrio y paciencia, pero alguien tiene que mantener el sentido de la responsabilidad cuando lo pierden aquellos que han sido elegidos para ejercerla.


ABC - Opinión

No llores por él, Argentina

No sabemos cuál será el futuro de Argentina ahora que ha desaparecido quien "compartía cerebro" con su actual presidenta. Lo que sí creemos es que los argentinos no tienen razones para llorar la perdida de tan nefasto mandatario.

"Dos cuerpos y un solo cerebro". Para poder hacer balance de lo que ha significado para su país la figura de Néstor Kirchner, deberíamos de empezar por tener bien presente esta definición que, en más de una ocasión, ha hecho de sí mismo el matrimonio formado por este ex presidente de Argentina y su sucesora en el cargo, Cristina Fernández.

Kirchner llegó al poder en 2003 con un programa populista de ropajes socialdemócratas y en un momento en que Argentina ya era una ingobernable y arruinada jaula de grillos. No tardó mucho en hacer evidente su sectarismo y su voluntad de violentar aun más la convivencia interna del país, tanto impulsando el sindicalismo más siniestro y radical, como anulando leyes que, como las de obediencia debida y punto final, trataban de cicatrizar heridas y dar paso a un proceso de reconciliación nacional. Eso, sin olvidar el impulso que dio a la entrada de los montoneros a importantes cargos de su administración, lo que elevó aun más la crispación entre los argentinos.

Es cierto que en sus años de gobierno Argentina pudo recuperar un respetable grado de crecimiento económico, si bien éste estuvo favorecido por el ruinoso punto del que partía, así como el elevado precio internacional de los granos y cereales que ese país exporta, sin olvidar un disparatado déficit y un camuflado endeudamiento que más pronto que tarde les pasará factura.


Junto a ello, el Gobierno de Kirchner, tanto el que él presidió directamente como el que presidió a la sombra de su mujer, se ha caracterizado también por el aumento de la inseguridad ciudadana, los escándalos, los enfrentamientos dentro y fuera del peronismo y, sobre todo, por las acusaciones de corrupción, en un proceso que ha llevado al matrimonio por la senda de la victimización.

Entre 2003 y 2008, es decir desde que Kirchner llegó a la Presidencia hasta que su esposa cerró su primer año en la Casa Rosada, su patrimonio se multiplicó por siete. Un 600% que contrasta seriamente con la inflación acumulada en el periodo, que fue del 58,7%. Como los medios de comunicación no han sido indiferentes a las sospechas del enriquecimiento ilícito, los Kirchner se han caracterizado por sus ataques a la libertad de prensa, hostilidad que ya era visible desde los tiempos en los que el ahora fallecido dio el salto a la política nacional desde Santa Cruz.

Bajo los más burdos pretextos, como la figura truculenta del llamado "desacato", se han introducido leyes mordaza e intimidaciones de diversa naturaleza a la prensa independiente. A la campaña de hostigamiento contra el diario Clarín, hay que sumar la desatada cuando, en agosto de 2009, el Gobierno decidió nacionalizar la transmisión de fútbol por televisión, sin olvidar declaraciones más recientes de la propia presidenta favorables a nacionalizar los propios medios de comunicación.

El último episodio que ha dado la vuelta al mundo en la carrera de los Kirchner ha sido su asalto del banco central, saldado con el intento de destitución de su gobernador, Martín Redrado, repuesto por la autoridad judicial y que más tarde cesó voluntariamente en el cargo. No es la primera vez que, para enderezar las cuentas de un país golpeado por la crisis, la presidenta recurría a dineros ajenos: en 2008, ante la dificultad de encontrar créditos, su Gobierno confiscó las jubilaciones privadas por un valor de 30.000 millones de dólares que incorporó a las arcas estatales.

A esa inseguridad jurídica, se suma el autoritarismo que la era Kirchner ha dejado en evidencia con su forma de legislar a través de los llamados "decretos de necesidad y urgencia". A través de ellos, Kirchner evitaba el trámite ordinario y democrático en el Congreso, cosa que hizo tan recurrentemente que sólo un tercio de la legislación originada bajo su mandato fue sancionada como proyectos de ley.

Finalmente, no podemos dejar de destacar que, en el plano internacional, la política de los Kirchner siempre se ha inclinado hacia lo peor, hacia la Venezuela de Hugo Chávez, principal tenedora de su endeudamiento, hacia la Bolivia de Evo Morales y, en general, hacia los regimenes populistas y liberticidas que están socavando la democracia en America Latina.

No sabemos cuál será el futuro de Argentina ahora que ha desaparecido quien "compartía cerebro" con su actual presidenta. Lo que sí creemos es que los argentinos no tienen razones para llorar la perdida de ta nefasto mandatario.


Libertad Digital - Editorial

Autonomías: vicios y distorsiones

El problema real es la estructura administrativa, viciada de inflación de órganos, duplicación de competencias y exceso de empresas públicas.

EL Instituto de Empresa Familiar ha azuzado el debate sobre los «privilegios» de los funcionarios con su propuesta de que éstos puedan ser despedidos. La idea no es nueva y su planteamiento desenfoca el problema real, que es el de la estructura administrativa de España, viciada de inflación de órganos, exceso de empresas públicas, abuso de asesores y cargos a dedo y duplicación de competencias. Ayer mismo, Mariano Rajoy, que denunció «la madeja administrativa que ahoga a la sociedad civil», y Emilio Botín, que criticó unas duplicidades que generan «ineficiencias, barreras y distorsiones», abogaron por la reducción del aparato administrativo que ABC cuestiona como parte de su reflexión sobre la necesaria regeneración de la vida pública española.

La solución a las faraónicas dimensiones de la Administración no pasa por someterla a los parámetros de la empresa privada, por la radical diferencia de objetivos y estructuras y porque habría que concretar qué ejemplos de gestión se pueden tomar como referencia, porque esa apelación se descalifica con episodios de desastrosas direcciones empresariales. Aun admitiendo la necesidad de controlar y sancionar a los funcionarios que dan por sentado que su obligación acabó cuando aprobaron la oposición, la propuesta del despido pone al funcionario en una situación de precariedad frente a los cargos políticos. El despido del funcionario vinculado a la valoración discrecional de su trabajo abre la vía al control partidista de la Administración, en niveles aún mayores que los actuales. En todo caso, no es necesario porque existen procedimientos de inspección y sanción para los funcionarios que abusan de sus condiciones laborales. Que se apliquen.

El problema de la Administración no se resuelve «privatizando» el estatuto jurídico de los funcionarios, sino atacando su hipertrofia organizativa, verdadero lastre para el desarrollo económico y una fuente patógena de corrupción y derroche. Es mucho más acertado el entramado de empresas públicas, auténticas administraciones paralelas, que son pasto de favores políticos; o el gasto en esos asesores que pululan por las dependencias oficiales; o la multiplicación por diecisiete —uno por autonomía— de muchos órganos del Estado, por ese efecto replicante que lanza a las autonomías a una continua expansión. La responsabilidad de todo esto es política y no de los funcionarios.


ABC - Editorial

miércoles, 27 de octubre de 2010

Amamos tanto a Cuba. Por Gabriel Albiac

La bestialidad tiene un no se sabe qué para las gentes pusilánimes. Solo el franquismo amó a Castro más que el PSOE.

FELIPE González en el Tropicana. No recuerdo con exactitud el año. Todo cuanto con Cuba se relaciona parece intemporal en este país nuestro. Recuerdo, sí, las tremendas mulatas, todas de lentejuela y floripondio. Y el Comandante —aún no coma andante—, enorme puro en mano, y, junto a él, el otro, casi tan carcajeante como el dictador que iba a proveerlo, a partir de ese día, de sus enormes puros solidarios. Corrían otros tiempos. La corrección política no había impuesto abstinencia a los fumadores, ni resultaba machista echarle mano a un par de mulatazas, al alimón con el último Tirano Banderas, en fraternal campechanía: cosas de machos, y a los maricas de los campos de reeducación castritas que les fueran dando; ya se sabe, vicios burgueses contra el proletariado, que decía el papaíto Stalin. Y que vengan Cohíbas, y que vengan mulatas hipermásticas, y que éste sea un mundo más de hombres, hombres, hombres, que aquel que cantaba el descomunal James Brown en los sesenta.

La señora Jiménez, supongo que no estaba. Supongo. Ni lo sé ni me importa. Pero hubiera sido sublime verla acompañar a ambos caciques y a su pretoriana guardia de chicas demasiado vistosas. Es lo mismo. Nadie va a comparecer ahora puro en mano, ni vedette del Tropicana a tiro. Esas cosas no se llevan, y la política postmoderna, ya se sabe, es un subgénero de la moda. Efímera, y vistosa, y fotogénica, y previsible: un espejo sobre el cual vea el ciudadano medio, no imagen real alguna; sí, la bien maquillada proyección de sus deseos. Fallidos. Ni tabaco, ni chicas apabullantes.
Trinidad Jiménez no se ha ido a La Habana. La Habana no mola ya, más que para los rijosos tristes. Jiménez se fue a Bruselas, para hacerle el trabajo sucio a lo legítimos herederos del póstumo cuya omnipotencia vela paternalmente sobre La Habana. Buscando hacer verdad lo inverosímil: que, por extraña mutación, el régimen de los hermanos Castro se haya transubstanciado en democracia. «La posición común» frente a la dictadura, ha dicho, «quedó superada» por los notables avances de la democracia en la isla. Como si una dictadura pudiera avanzar en democracia sin suicidarse con su Gran Hermano a la cabeza. Pero en Cuba no hay riesgo de detectarle al Gran Hermano tendencias que no sean las de una tozuda perseverancia en su vocación de Padre Eterno. A cuyo culto todos son sacrificados.

Nada cambia. O sí: cambia la fotogenia. Machos, puro y mulata ya no venden. Ya no hay Tropicana, ni compadreo exhibicionista con el déspota. Todo ha de suceder ahora en la elegante discreción de los recónditos gabinetes de Bruselas. Nada de salsa. Hilo musical, si acaso: convencional y hortera, como conviene a esa fauna de nuevos ricos que deciden sobre nuestras vidas y sobre las de quienes se pudren en las cárceles cubanas, en la cárcel colectiva que es la isla. Todo ha cambiado. Todo es tan idéntico: la misma fascinación, aquí, por un rancio dictador apolillado. La bestialidad tiene un no se sabe qué de seductor para las gentes pusilánimes. Y para los políticos. Solo el franquismo amó a Castro más que el PSOE. Pero el cieno es el mismo, igual la sangre. No importa. Lo que importa a esta gente es sólo que no les salpique la ropa.


ABC - Opinión

Cuba. Trini y la obsesión castrista del PSOE. Por Orlando Fondevila

A Trinidad Jiménez y al Gobierno del PSOE no les interesan las libertades en Cuba. Serían felices si los Castro accedieran a imponer un modelito a lo chino o a lo vietnamita. Los cubanos demócratas no lo olvidaremos.

Trinidad Jiménez, flamante canciller española, se ha estrenado en los tejemanejes diplomáticos europeos con una defensa encendida de las supuestas buenas intenciones de la dictadura militar-comunista de Cuba. Sustituta abrupta del olvidable Moratinos, lo ha hecho poniendo su mejor sonrisa a la avinagrada imagen de aquel. Nada más. Y es que la Trini, igual que Moratinos, igual que el jefe admirado de ambos, Zapatero, e incluso igual que el anterior mandamás del PSOE, González, no son otra cosa que representantes ideológicos de esa izquierda que, dado el paso democrático, guarda tal vez en su antiguo e irredento corazoncito el irrenunciable amor por sus cercanos parientes en las ideas y las mañas políticas. Tal vez el viejo sueño juvenil, inconfesado, escondido y negado, permanezca agazapado en las conmovidas conciencias de quienes todavía hoy entonan, de vez en cuando, con sus siniestros puños en alto, la Internacional.

Más grave aún, porque ahora le bailan el agua a la longeva y sangrienta dictadura desde los intereses del poder y bajo la retórica democrática y buenista. Esa obsesión del PSOE, digan lo que digan, por "tirarle un cable" a los Castro en sus horas más bajas no puede ser explicada ni por la realidad de lo que acontece en Cuba ahora mismo, ni siquiera por la defensa de los intereses españole en Cuba. La explicación es ideológica. La ríspida y obscena obsesión de Moratinos –ahora más amable pero igualmente apasionada– por ayudar a sus amigos cubanos (no los disidentes, no el exilio, no el pueblo) es ideología pura y dura.

¿Cómo se puede defender, como ha proclamado Trinidad Jiménez, que "Cuba ha hecho innegables progresos" que merecen "una señal, un cambio" en las relaciones de la Unión Europea con el régimen? ¿Deportar a decenas de presos políticos significa un progreso? ¿Permitir que los cubanos puedan vender mangos, pasear perros o ejercer de peluqueros muestra interés por respetar los derechos humanos y las libertades de los ciudadanos?

Lo cierto es que el régimen cubano está hundido en un verdadero desastre político, económico y social. Le urge ayuda económica y financiera. Necesita créditos e inversiones, así como cobertura política, para poder ganar tiempo y continuar explotando y reprimiendo a sus ciudadanos. Por ello, en complicidad con el Gobierno del PSOE y con un extraño contubernio eclesial, buscan desesperadamente el auxilio europeo que pasa en primer lugar por suprimir la Posición Común. Y así, después, conseguir que la Administración Obama levante las restricciones a los viajes de los norteamericanos y facilite el acceso a los créditos de Estados Unidos. Alcanzado estos objetivos, a olvidarse de libertades y derechos.

A Trinidad Jiménez y al Gobierno del PSOE no les interesan las libertades en Cuba. Serían felices si los Castro accedieran a imponer un modelito a lo chino o a lo vietnamita.

Los cubanos demócratas no lo olvidaremos.


Libertad Digtal - Opinión

Montilla el apóstata. Por M. Martín Ferrand

Bien está olvidarse del jubilado Maragall; pero Zapatero y Montilla ¿no fueron los impulsores del Estatut1.

MARIANO José de Larra, maestro de periodistas que nunca adquirió compromiso con la actualidad, afeaba a los notables de su tiempo por decirse a sí mismos «hombres de honor» y ser capaces «a cada nuevo suceso, de cambiar de opinión y apostatar de sus principios». Posiblemente Larra, que alcanzó mayor notoriedad con el pistolón que con la pluma, hoy no pasaría de becario en uno de los decaídos periódicos gratuitos; pero nadie puede negarle su condición pionera en la clasificación de las miserias morales de nuestros hombres públicos.

Cuando José Montilla se dirige a la cúspide socialista, la del PSOE y la de sus franquicias, para decirles que, ni aunque los votos sumaran lo suficiente, volvería a reeditar el gobierno tripartito con ERC e ICV que le ha servido de pedestal como presidente de la Generalitat, asistimos a un caso de apostasía laica sin precedentes. No es que no las haya mayores, especialmente en atención a la talla de los apóstatas; pero no creo que las haya de génesis tan vertiginosa. De hecho, Montilla es aún el presidente de ese tripartito que ahora denosta y con el que, además de empobrecer Cataluña, ha perturbado notablemente el sosiego de la vida española.


El nuevo secretario de organización de los socialistas, Marcelino Iglesias, celebró con señales de gozo la apostasía de su vecino autonómico y conmilitón «porque va aparejado a una reflexión; que él no va a estar con aquellos que defienden un referéndum de autodeterminación». Por el interés te quiero, Andrés, que no podemos permitirnos el lujo de que nos avergüencen en Utrera por lo que hacemos en Sitges y aquí no ha pasado nada. Bien está olvidarse del jubilado Pasqual Maragall; pero Zapatero y Montilla ¿no fueron los impulsores del Estatutdel que puede derivarse, en su caso, la circunstancia que sospecha el sucesor de Leire Pajín?

Cuando Montilla dejó de ser andaluz de pura cepa para hacerse catalán con cargo y representación, salario y derechos pasivos, podría haberse previsto todo esto. Incluso la renuncia a un sentimiento centrífugo que ya, por lo que parece, cotiza menos en el mercado de los votos catalanes. Es, con el pragmatismo como guía de conducta, una buena medida el arrepentimiento de una postura que ya se ve perdedora en los próximos comicios; pero, reglamentariamente, en lo que se lleva en tiempos de dignidad escasa, ¿debe mediar algún espacio o retiro entre la apostasía de una creencia y la conversión a un nuevo credo? Si yo fuera Artur Mas estudiaría el caso en previsión de que, dado que las urnas las carga el diablo, le hiciera falta un Montilla para rellenar las fisuras de su propia escasez.


ABC - Opinión

EpC. Un PSOE consecuente, un PP cobarde. Por Pablo Molina

En las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Los manuales de esa supuesta materia de estudio llamada sarcásticamente "Educación para la Ciudadanía" responden plenamente al objetivo para el que fue diseñada. No cabe por tanto acusar a las editoriales de haberse excedido en sus contenidos, pues con su defensa de la última brizna de basura marxista demuestran que han captado perfectamente los objetivos pedagógicos de la asignatura.

El que los izquierdistas pretendan adoctrinar a los hijos de los demás en su detritus ideológico y además con carácter obligatorio entra dentro de lo esperable en esa ideología. La supervivencia del modelo social que mantiene a estos resentidos sociales necesita a las nuevas generaciones convencidas de que trabajar para los demás no es esclavitud sino solidaridad, que los ideólogos del progresismo y sus grupos de presión no viven aprovechándose del esfuerzo ajeno sino creando cultura y bienestar social, que el aborto es un derecho "humano" o, en el colmo del delirio, que los sindicatos hacen mucho bien a los trabajadores.


Lo que ya no es tan comprensible es que el partido que le disputa a la izquierda el poder no haya planteado hasta sus últimas consecuencias la batalla contra este envenenamiento masivo, al menos allí donde ejerce labores de gobierno. Lo digo porque en las comunidades autónomas donde gobiernan los populares, los padres con hijos en edad de ser adoctrinados para el zapaterismo estamos tan solos como lo puedan estar en las regiones socialistas.

Lo único que ha hecho el PP es publicar en el boletín oficial de la región de que se trate un documento en el que se eliminan de la asignatura los contenidos más polémicos. Ahora bien, ¿de verdad alguien medianamente inteligente piensa que con ese simple gesto nuestros hijos van a estar a salvo de que sus profesores les impartan la materia con todas sus consecuencias? ¿Acaso van a estar los consejeros de Educación populares sentados junto al profesor de EpC para evitar que utilice el manual elegido por el centro educativo en toda su extensión? Por supuesto que no. Se trata únicamente de hacer cómo que se está en contra pero sin implicarse de verdad, no sea que la izquierda vernácula llame facha al político responsable del PP o le organice una manifestación a las puertas de la consejería y acabe saliendo en la primera página del chafardero local.

Con que acudieran a la concentración diez perroflautas, el cese del alto cargo popular estaría garantizado. Igual que el PSOE, vaya.


Libertad Digital - Opinión

Sin novedad en exteriores. Por José María Carrascal

Liberar a 52 presos políticos no es ninguna concesión. Es un deber, pues por política no debe estar nadie en la cárcel.

¿FUE la primera salida de la nueva ministra de Asuntos Exteriores un éxito o un fracaso? Depende de qué periódico, radio o televisión frecuente usted. Pues si para unos consiguió desbloquear la posición europea frente a Cuba, para otros no ha logrado moverla. Imagino a los españoles moviendo la cabeza y yéndose a las páginas deportivas, donde los resultados pueden ser injustos, pero no mienten. Si usted es uno de ellos, no se lo reprocharé.

¿Qué se decidió en la última reunión de ministros de Exteriores de la CE? Pues se decidió, primero, mantener la postura actual hacia Cuba. Y segundo, autorizar a la encargada de relaciones internacionales de la Comunidad, Catherine Ashon, a «explorar la posibilidades de establecer un acuerdo bilateral con Cuba». Usted puede elegir lo primero o lo segundo y llegar a conclusiones opuestas. Mantener la actual política europea hacia Cuba, que supedita todo acuerdo con su régimen a los avances en democratización y respeto a los derechos humanos, significa que la Sra. Jiménez ha fracasado. Encargar a Ms. Ashon explorar un acuerdo puede tomarse, como ha hecho ella, que la CE ha empezado a abrir la puerta hacia Cuba.


La realidad es que ambas cosas están íntimamente unidas, con un importante factor por medio: que mientras la postura de «premiar» las últimas excarcelaciones cubanas sólo la defiende España, los que piensan que Raúl Castro no ha hecho todavía bastante para merecer se le premie incluyen a Alemania, los escandinavos y la Europa del Este, con Francia, el Benelux y el Reino Unido inclinándose hacia esa opinión. Y no hace falta ser un experto en política europea para saber quién manda en Europa. Alguien que lo sabe perfectamente es Ms. Ashon, que ya ha dicho que no se entrevistará, al menos de momento, con las autoridades cubana, lo que significa prefiere fiarse de otras fuentes, como la de los presos recién liberados, que se oponen a relajar la política hacia Cuba. Es también lo que acaba de hacer Obama. Y es lo más lógico, pues si esa política viene dando resultados, ¿a qué cambiarla? Incluso podría resultar contraproducente. Aparte de que liberar a 52 presos políticos no es ninguna concesión. Es un deber, pues por política no debe estar nadie en la cárcel.

Eso no impide que la Sra. Jiménez haya cumplido con el papel que le han encomendado, como lo está cumpliendo en el Sahara. Ahora sólo le falta ceder ante los gibraltareños para ser la digna sucesora de Moratinos, el ministro que, al mejor estilo Boabdil, se despidió llorando como una mujer lo que no supo defender como un hombre. Pero al menos sabemos que doña Trinidad supo encajar sus derrotas en Madrid con la mejor de sus sonrisas.


ABC - Opinión

Rubalcaba, un parachoques para Zapatero. Por Antonio Casado

Rubalcalcabitis en los medios de comunicación. Unos porque le quieren y otros porque le temen le han convertido en la superestrella de la temporada. A nadie deja indiferente y todos se recrean glosando el papel que le ha tocado en suerte, aunque en eso no hay coincidencia. Cerebro, piloto, sucesor, comunicador, látigo de la derecha... Y cosas peores, inspiradas directamente en el odio que algunos le profesan.

Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido ver el salto de Pérez Rubalcaba al segundo escalón del Gobierno -sólo en el BOE, porque en la práctica ya era el número dos del poder-, como el parachoques de Zapatero. Es el papel que mejor le cuadra. Y en el que puede ser más útil a su presidente y su partido. Ya no hay ojeras en la cara de Zapatero. Duerme bastante mejor una semana después de la remodelación del Ejecutivo. Se explica porque ahora cuenta con un parapeto donde rebotan las pedradas que hasta hace una semana le lanzaban a él.


El parapeto se llama Rubalcaba. Como antaño se llamaba Alfonso Guerra. Hasta que cayó. Y Felipe González terminó lapidado. La duda es si la reinvención del modelo llega tarde en el caso de Zapatero. Ya hemos tenido las primeras pruebas de la acreditada capacidad del nuevo vicepresidente del Gobierno para devolver las pedradas y poner de los nervios al adversario. Lo justo para despertar al votante socialista. Véase su más reciente fogonazo verbal, el del machismo como producto de la genética de la derecha. El grado de irritación del PP y sus medios afines solo es comparable al grado de identificación de la izquierda con la andanada de Rubalcaba, a pesar de las disculpas del alcalde de Valladolid, León de la Riva.

«La concentración de poder en manos de Rubalcaba ha roto la cintura de su principal adversario político.»

De eso se trata, en definitiva. De que suene el despertador en la izquierda reconocible en los sindicatos y los once millones de votantes del PSOE, a los que Zapatero -y Rubalcaba, y Blanco, y Jáuregui…- quieren rescatar de la resignación con un Gobierno renovado. Es la estrella polar de la nueva hoja de ruta de Moncloa: persuadir a su gente de que el desistimiento de la izquierda es el gran aliado de la derecha. Por ahora, sólo en las encuestas.

Sí parece evidente que la concentración de poder en manos de Rubalcaba ha roto la cintura de su principal adversario político, el PP, que ha desbarrado con infundadas sospechas sobre pactos del Gobierno con ETA y duras descalificaciones al hombre llamado a blindar la figura de Zapatero, no a reemplazarla. Lógico. La operación se ha hecho para motivar a la clientela propia. Si a la ajena se le nota tanto el ataque de contrariedad es que se ha acertado, como declaró el presidente del Gobierno hace unos días “No hay más que verles la cara”, dijo.

Y respecto a las acusaciones de retorno al felipismo, idem de idem. Si tan malo es, el PP debería celebrarlo discretamente. A los socialistas, directamente concernidos, les corresponde valorarlo. En principio deberían sentirse honrados. Empezando por el propio Zapatero, si de verdad cree en la memoria de un partido político con la historia del PSOE. Su progresión se asienta sobre aportaciones solidarias de militantes y dirigentes. El avance de una organización vive de procesos acumulativos al paso de las generaciones ¿Qué tiene de particular que la generación de Zapatero incluya aportaciones de la de Felipe?


El Confidencial - Opinión

Montilla. Adiós al Tripartito. Por José García Domínguez

La suya es la crónica de un desastre anunciado tras el que se esconde una paradoja desconcertante, a saber, la causa última de su fracaso no será otra que su propio éxito.

El increíble hombre normal acaba de repudiar al Tripartito, bienamado hijo putativo hasta hace apenas cinco minutos, con el estupefaciente argumento de que no modificará "sus principios a cambio de ser investido". Una renuncia aparente al marxismo que siempre ha inspirado la praxis del PSC, el de Groucho –"Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"–, que llama a alguna perplejidad lógica. Pues, si José Montilla se dice incapaz de prostituir sus muy hondas convicciones conchabándose con ERC y los restos del PSUC, ¿nos está confesando que pasó por encima de ellas hace cuatro años a cambio del poder, como bien le han recordado en El País?

A fin de cuentas, Puigcercós y su tropa resultaban ser tan arriscados irredentistas entonces como hoy. Y otro tanto procede certificar de Iniciativa, la tercera pata del banco. Aunque, contorsiones retóricas al margen, la razón de tan repentina liturgia fúnebre obedece a una causa de lo más prosaico: la consabida de la zorra que pretende verdes las uvas cuando le resultan inalcanzables en la parra. Y es que la debacle de la izquierda nacionalista, o sea de la izquierda toda, podría alcanzar dimensiones apocalípticas el próximo 28 de noviembre. La suya es la crónica de un desastre anunciado tras el que se esconde una paradoja desconcertante, a saber, la causa última de su fracaso no será otra que su propio éxito.

Repárese al respecto en que los socialistas han logrado en seis años al frente de la Generalidad lo que no consiguió Pujol durante casi un cuarto de siglo: legitimar socialmente el independentismo e integrarlo en el canon de la corrección política. Así, el viejo tabú secular del catalanismo, la separación de España que yace implícita en su doctrina, merced a Montilla se ha convertido una convención civil de buen tono, otro sobreentendido más, como ser del Barça, gustar de los "calçots" a la brasa o comprar libros de Andreu Buenafuente por San Jordi. Que de ahí el colapso electoral de la Esquerra, ése que le auguran todos los sondeos. Nada extraño si se repara en que ha sido desposeída de su principal seña de identidad, si no la única: el monopolio de la retórica secesionista, ahora prosaico lugar común del discurso público. De tales principios, tales finales.


Libertad Digital - Opinión

Crisis de hipertrofia. Por Ignacio Camacho

Mejor que despedir funcionarios sería dejar de contratar ese personal que duplica una Administración hipertrofiada.

ANTES que despedir funcionarios, como ha propuesto el dueño de Mango ante un impávido Rubalcaba, quizá conviniese probar a dejar de contratarlos. Sobre todo por la puerta de atrás, la de los enchufes y las designaciones de confianza, que es la vía por la que ingresa ya un cuarenta por ciento de los trabajadores de la Administración pública para después consolidarse en ella en pie de igualdad con quienes han entrado por oposición o concurso de méritos. Ese núcleo laboral estampillado ha servido a los ayuntamientos y las autonomías para crear una estructura paralela que duplica innecesariamente la nómina con el objetivo de burlar los procedimientos de control de gasto establecidos en la legislación administrativa. Y no se trata en su mayoría de médicos, ni de profesores, ni de jueces ni de bomberos, sino de personal de gestión, burocracia pura reclutada en muchos casos con criterios clientelares de afinidad política y a la que se va atornillando al presupuesto mediante mil y una triquiñuelas como la que acaba de perpetrar la Junta de Andalucía para asimilar a veinte mil contratados de golpe bajo el pretexto de proceder a un reajuste organizativo.

Gran parte de la mala prensa del funcionariado procede de la desconfianza social en los supuestos privilegios de esa superestructura hipertrofiada. El principal es la estabilidad de los profesionales de la Administración, que surgió como una garantía de neutralidad política y ha desembocado en la realidad de que cada Gobierno —sobre todo los autonómicos— desembarca en el poder con un ejército de empleados afines que superpone a los preexistentes ante la imposibilidad de despedirlos. El resultado es un incremento acumulado del sector público sin que se aprecie mejora sustancial de su eficacia, aunque sí una inflación del gasto que en tiempos de recesión se demuestra insostenible. Pero la solución no está en prescindir de los funcionarios de carrera, que probablemente sean lo mejor del sistema y los que mantienen los servicios, sino en eliminar la grasa acumulada por varias décadas de clientelismo. Y eso equivale para los políticos a practicarse un harakiri electoral.

La propuesta productivista de Isak Andic —cuya exitosa empresa textil ya pretenden boicotear algunos sindicalistas quisquillosos— para introducir criterios flexibles en los salarios y la duración del empleo público tal vez posea impecable lógica de eficiencia pero sólo resultaría practicable en un mundo laboral distinto, creado ex novocon reglas diferentes a partir del caos de una hecatombe. En la España actual un proyecto así se antoja, más que voluntarista, sencillamente inviable. Aunque tarde o temprano alguien tendrá que decidirse a imponerle a la Administración una dieta de adelgazamiento, so pena de que sobrevenga de hecho la catástrofe de una suspensión de pagos.


ABC - Opinión

En posición de tablas

La Unión Europea no cambia, pero somete a revisión la posición común sobre La Habana.

Sobre el papel, la UE ha llegado a una posición de tablas con referencia a la política a adoptar ante Cuba. La disyuntiva era mantener o no la posición común europea establecida en 1996, que condicionaba la mejora de las relaciones con la isla a la democratización del régimen. Se ha decidido mantener esta tesitura; pero, al mismo tiempo, con un dictamen salomónico: los Veintisiete encargan a la ministra de Exteriores de la Unión, la británica Catherine Ashton, que inicie conversaciones con La Habana para explorar cambios que puedan conducir a un deshielo. Las tablas nunca suelen ser eternas y no hay enroque que en diplomacia no acabe por decantarse de uno u otro lado.

Esa es la interpretación, verosímil, que hace la recién estrenada ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez. Ha dicho que se va al desguace o derogación de la política asumida bajo el Gobierno de José María Aznar, tarea en la que ha estado empeñada estos últimos años la diplomacia de su antecesor Miguel Ángel Moratinos. Pero, atención, el camino puede ser largo y accidentado.


El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sostenido que el hostigamiento, incluso por omisión, del régimen castrista solo conducía a su encastillamiento, lo que parece bastante probado. Y que únicamente una política de diálogo constructivo, que es lo que ha hecho España con la intermediación de la Iglesia católica, podía rendir frutos. Estos han sido limitados, pero no despreciables. No ha habido nada que se parezca a una democratización de la isla, pero el Gobierno de Raúl Castro ha aflojado su dogal sobre la disidencia y más de 50 presos políticos han sido liberados, bien que en la mayoría de los casos deportándolos a España. Todo ello es insuficiente, no hay que lanzar las campanas al vuelo, y lo que se le exige a La Habana es mucho más que compasión o exilio para con unos presos de conciencia, que en cualquier otro lugar de América Latina deberían estar en la calle. Pero tampoco hay que suponer que interesados, familiares y círculos respectivos prefieren así las cosas.

El partido es nulo o de tablas, y no hay que dar por asegurado nada. Alemania, Suecia, Polonia y la República Checa son mucho menos comprensivas que España para con el castrismo. Y el hecho de que la remisión del caso al diálogo bilateral de cada país con La Habana y de la señora Ashton en nombre de todos sea una jugada que permite salvar la cara de halcones y palomas tampoco permite prejuzgar sin riesgos el resultado. Si por la vía de los hechos y el diálogo acaba por arrumbarse la posición común, el desenlace será probablemente positivo, puesto que el mejor acceso comercial de Cuba a los países comunitarios, primero, redundará en bien de todos los cubanos; y, segundo, dará algún margen de maniobra a Raúl Castro para liberalizar siquiera sea la economía. Otras dictaduras acabaron cayendo o difuminándose porque un día emprendieron ese camino.


El País - Editorial

La realidad de lo "inimaginable"

Una cosa es que Alonso prefiriese que todas esas reuniones con los proetarras siguieran manteniéndose, como hasta ahora, en secreto, y otra cosa muy distinta pensar que pueda resultarle "inimaginable" lo que lamentablemente es real desde hace mucho tiempo.

Ya podrá el portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, disimular todo lo que quiera y hasta considerar "inimaginable" que un "partido democrático" mantenga reuniones con Batasuna; lo cierto es que, salvo que no considere democrático a su propio partido y a los partidos nacionalistas con los que ha mantenido alianzas de gobierno, esto es precisamente lo que están haciendo, tal y como reconocen hasta los propios protagonistas de dichas reuniones.

Así, la noticia del diario El Mundo de este lunes, que aseguraba –más bien, confirmaba– que "Eguiguren se reúne periódicamente con los líderes de la izquierda abertzale", ha recibido el espaldarazo del dirigente histórico de Batasuna, Tasio Erkicia, quien ha confirmado en Radio Popular que existen "vías de comunicación con el PSOE" y que los socialistas conocen "de primera mano" los pasos de los proetarras.

Asimismo, el secretario general de ERC, Joan Ridao, también ha reconocido en rueda de prensa que él mismo se ha reunido con una delegación batasuna, encabezada por dos miembros de la Mesa Nacional de HB, Fernando Parrena y José Luis Moreno, para, según ha explicado, "conocer las intenciones" de los proetarras.


También el candidato de Iniciativa per Cataluña Verds, Joan Herrera, ha confirmado haber mantenido una reunión con la formación ilegalizada por su pertenencia a ETA, a la que asistió junto a la portavoz parlamentaria Dolors Camats.

El problema, por tanto, no se presenta por una supuesta falta de imaginación del portavoz socialista sino, más bien, de vergüenza; empezando por la que es necesaria para no olvidar las públicas reuniones que los socialistas mantuvieron con los representantes de la ilegalizada Batasuna, y por la que se sentó en el banquillo a Patxi López.

Una cosa es que José Antonio Alonso prefiriese que todas esas reuniones con los proetarras siguieran manteniéndose, como hasta ahora, en secreto, y otra cosa muy distinta pensar que pueda resultarle "inimaginable" lo que lamentablemente es real desde hace mucho tiempo. De hecho, desde los días de infamia que protagonizó el PSOE para desbancar al PP del Gobierno, no hay nada que la falta de escrúpulos de los dirigentes socialistas no haya hecho realidad.

Así, algo tan "inimaginable" como tener como socios de gobierno a una formación separatista como ERC, que había mantenido reuniones previas con ETA en Perpiñan para, según confesaron, "diseñar estrategias conjuntas para la desestabilización del Estado español" se hizo realidad, no ya en Cataluña, sino a nivel nacional. Igualmente, cosas tan "inimaginables" como que un presidente de gobierno cuestionara la nación como "concepto discutido y discutible", o que prometiera, "por una tregua cuanto antes", que "todo tendrá cabida, tenga el alcance que tenga", también se hicieron realidad. Llegada la tregua terrorista que los socialistas habían prenegociado en secreto y adquiriendo compromisos políticos, Zapatero tampoco dudó en hacer una "inimaginable" declaración en el Congreso, en la que respaldó "el derecho de los vascos a decidir su futuro", conocido eufemismo de los separatistas para referirse a la autodeterminación y que, como se supo más tarde, el propio Gobierno había pactado con ETA. Algo tan "inimaginable" como el respaldo de un gobierno a "internacionalizar la resolución del conflicto", también se hizo realidad con una votación en Estrasburgo que hizo a los batasunos allí desplazados descorchar más de una botella. Algo tan inimaginable como que el Gobierno socialista siguiera negociando con ETA después del atentado de Barajas es algo que incluso reconoció el propio Zapatero.

A la vista de ese pasado y de este presente, que ese proceso de negociación se mantenga, y con nuevos bríos, es una repugnante realidad. Y lo único "inimaginable" debería ser que alguien pueda ponerlo en duda.


Libertad Digital - Editorial

Autonomías: vicios y distorsiones

El problema real es la estructura administrativa, viciada de inflación de órganos, duplicación de competencias y exceso de empresas públicas.

EL Instituto de Empresa Familiar ha azuzado el debate sobre los «privilegios» de los funcionarios con su propuesta de que éstos puedan ser despedidos. La idea no es nueva y su planteamiento desenfoca el problema real, que es el de la estructura administrativa de España, viciada de inflación de órganos, exceso de empresas públicas, abuso de asesores y cargos a dedo y duplicación de competencias. Ayer mismo, Mariano Rajoy, que denunció «la madeja administrativa que ahoga a la sociedad civil», y Emilio Botín, que criticó unas duplicidades que generan «ineficiencias, barreras y distorsiones», abogaron por la reducción del aparato administrativo que ABC cuestiona como parte de su reflexión sobre la necesaria regeneración de la vida pública española.

La solución a las faraónicas dimensiones de la Administración no pasa por someterla a los parámetros de la empresa privada, por la radical diferencia de objetivos y estructuras y porque habría que concretar qué ejemplos de gestión se pueden tomar como referencia, porque esa apelación se descalifica con episodios de desastrosas direcciones empresariales. Aun admitiendo la necesidad de controlar y sancionar a los funcionarios que dan por sentado que su obligación acabó cuando aprobaron la oposición, la propuesta del despido pone al funcionario en una situación de precariedad frente a los cargos políticos. El despido del funcionario vinculado a la valoración discrecional de su trabajo abre la vía al control partidista de la Administración, en niveles aún mayores que los actuales. En todo caso, no es necesario porque existen procedimientos de inspección y sanción para los funcionarios que abusan de sus condiciones laborales. Que se apliquen.

El problema de la Administración no se resuelve «privatizando» el estatuto jurídico de los funcionarios, sino atacando su hipertrofia organizativa, verdadero lastre para el desarrollo económico y una fuente patógena de corrupción y derroche. Es mucho más acertado el entramado de empresas públicas, auténticas administraciones paralelas, que son pasto de favores políticos; o el gasto en esos asesores que pululan por las dependencias oficiales; o la multiplicación por diecisiete —uno por autonomía— de muchos órganos del Estado, por ese efecto replicante que lanza a las autonomías a una continua expansión. La responsabilidad de todo esto es política y no de los funcionarios.


ABC - Editorial

martes, 26 de octubre de 2010

José Montilla, a la caza del voto españolista. Por Antonio Casado

Después de estar cuatro años tirando piedras contra su propio tejado, y el de Rodríguez Zapatero, que es el mismo, el presidente de la Generalitat, José Montilla, ha decidido jugar a fondo la carta españolista. Ese es el significado de su desembarco en Madrid. Incluida su comentadísima intervención en “La Noria”, el programa televisivo de la noche del sábado que mezcla la política con el circo. Tal vez, por desgracia, la única forma de conectar a los políticos con la gente.

La secuencia comenzó con su inhabitual presencia en la Fiesta Nacional del 12 de octubre y ayer ya iba por unas declaraciones en Radio Nacional de España. Donde se hace expresa repulsa a pactar con quienes desbordan el marco de la Constitución Española y donde se reclama la participación del líder del PSOE, Rodríguez Zapatero, en la campaña electoral para las elecciones catalanas del 28 de noviembre.


Quien le ha visto y quien le ve, después de encabezar el frente nacionalista contra el frenazo del Tribunal Constitucional al Estatut. Ahora no pierde ocasión de descalificar a quienes se salen de la Constitución, abrazan las tesis secesionistas y se dedican a convocar consultas populares sobre el derecho de autodeterminación. Como si hubiera descubierto de repente que su genética socialista prima sobre su reciente biografía nacionalista. Y ahí tenemos a Montilla descubriendo, o al menos verbalizandolo, que lo suyo es discutir en castellano con Artur Mas, apostar por el Estado del Bienestar y reforzar la convivencia con España. Acabáramos.

«Es inevitable evocar a Esopo y su fábula de la zorra y las uvas. La zorra las despreció porque estaban verdes pero mentía. La verdad es que estaban demasiado altas.»

Que no extrañe a nadie, por tanto, la indisimulada satisfacción que ha causado en Ferraz, sede central del PSOE, este golpe de timón. Lo expresó ayer Marcelino Iglesias, el flamante número tres del partido, en referencia al anuncio del president, formulado el domingo en el Liceo de Barcelona. Según Montilla, la actual alianza de gobierno con los independentistas de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) no se repetirá aunque la suma de escaños lo permitiese. “No solo nos parece bien, sino que nos ha relajado mucho que se olvide del tripartito”, dijo ayer el nuevo secretario de Organización del PSOE. Un alivio para Zapatero, que veía peligrar el yacimiento de escaños catalanes que marcan su distancia sobre el PP en elecciones generales.

Es inevitable evocar a Esopo y su fábula de la zorra y las uvas. La zorra las despreció porque estaban verdes pero mentía. La verdad es que estaban demasiado altas y no podía alcanzarlas. Tan altas, tan inalcanzables, como están ahora en todas las encuestas las posibilidades de que PSC, ERC e IC llegarán a sumar los consabidos 68 escaños de la mayoría absoluta ¿Las hubiera vuelto a convertir Montilla en cuatro años más de “entesa” de haberlo permitido de nuevo la aritmética parlamentaria?

Hagan apuestas. Yo les remito a la encuesta de La Vanguardia. Es aplastante. Anoche daba un 93% de lectores convencidos de que Montilla no descartaría repetir el tripartito si le diera la suma, por sólo un 7 % de lectores que se creen la inesperada repulsa de Montilla con sus socios de ocho años. Que nadie se sorprenda si se disparan los índices de abstención el 28 de noviembre.


El Confidencial - Opinión

Brisas traidoras. Por Alfonso Ussía

Las palabras de algunos gobernantes socialistas estremecen. No aprenden. Cuando fue injustamente relevado de la Jefatura del Estado Mayor del Ejército el general Alejandre Sintes –hoy brillante colaborador de La Razón–, se refirió en sus palabras de despedida al «viento de la traición». Eso que no puede entender un buen militar. La deslealtad, el arribismo y la traición. Repito que me estremecen las declaraciones últimas de algunos gobernantes. No han roto en viento, pero apuntan brisas. No son manifestaciones valientes, sino escoradas, esquinadas y traseras. De nuevo la ETA y sus empleados. «No hay que tomar en balde las palabras de Otegui»; «Están sucediendo cosas interesantes en la izquierda abertzale». «Vamos a acabar con la ETA». Más de lo mismo. Por ahí se moverá el socialista vasco Eguiguren abriendo los caminos de la «negociación». Brisas traidoras.

Lo mismo de lo mismo para lo mismo. Zapatero quiere a Batasuna en las instituciones democráticas. Le ha pedido a Otegui una condena clara del terrorismo. Si a Otegui y demás canallas les acaricia un soplo de pragmatismo, y de acuerdo con la ETA, condenan lo que ellos llaman «violencia», la ETA de los despachos, Batasuna, volverá a imprimirse en las papeletas electorales. Y la ETA no desaparecerá por esa nimiedad semántica. Además de una banda terrorista, la ETA es una empresa. De ella cobran y viven centenares de familias en el País Vasco. Sus fuentes económicas no se ocultan. Los empresarios han recibido un nuevo recordatorio recaudador. Como mínimo, cuatrocientos mil euros por cabeza si quieren mantenerla en su sitio. La ETA continúa comprando armas y fabricando bombas. Es cierto que la lucha contra los terroristas ha sido efectiva en los últimos años. Pero se antoja contradictorio el esfuerzo de las Fuerzas de Seguridad del Estado con la deriva de las palabras de los dirigentes socialistas. Todavía no se han enterado de que una negociación consiste en llegar a un acuerdo entre dos partes civilizadas. Un terrorista no puede negociar porque no cree en ello. Y a muchos centenares de familias que viven del terrorismo no se les convence que ha llegado la hora de hacer cola en el Inem. Matarán hasta que sean vencidos por la ley y la justicia. El PNV no quiere su «derrota policial», como han repetido hasta la saciedad sus oscuros responsables. Un acuerdo con Batasuna es un acuerdo con la ETA. Y ello significaría la más abyecta y asquerosa traición a una sociedad, la española –vascos y catalanes incluidos, faltaría más–, que no desea compartir la normalidad democrática con quienes han hecho correr la sangre de los inocentes durante cuarenta años. Zapatero y los suyos, o Rubalcaba y los suyos, creen que un figurado y bien representado fin de la ETA va a mantenerlos en el poder. Si así es, nos hallaríamos ante un proceso de cloaca, de indignidad absoluta y de traición a la ciudadanía. El poder se mantiene ganando las elecciones, no convirtiendo esas elecciones en un despropósito excremental. Si el fin es ese, no lo van a conseguir. España está harta de la ETA, de los que le apoyan, de los que le hablan, de los que la bendicen y de los que la utilizan para sus fines. Si Batasuna –la ETA–, consigue entrar en las instituciones, el Gobierno de Zapatero no sólo pasará a la Historia por incompetente. La incompetencia se olvida. La traición, no.

La Razón - Opinión

Nuevo Gobierno. Una pregunta para ZP. Por Emilio J. González

Lo único que ha hecho Zapatero, al menos por ahora, es esconder sus dos ministerios y sus dos políticas más controvertidas en sendas secretarías de Estado para luego poder seguir haciendo lo mismo pero sin llamar tanto la atención.

¿Para qué ha servido, en términos presupuestarios, la remodelación del Gobierno que acaba de realizar Zapatero? Desde que se anunció la nueva composición del Ejecutivo, desde las filas socialistas no han parado de lanzar mensajes en el sentido de que, con este nuevo equipo, se da un paso hacia adelante en la solución de la crisis. Algunos de los nuevos nombres que se sentarán en el Consejo de Ministros, como el sustituto de Corbacho en Trabajo, Valeriano Gómez, incluso nos anuncian parabienes por todas partes, con creación de empleo incluida. Posiblemente, este escenario tan optimista que algunos perciben es fruto del subidón de adrenalina que les ha producido su nombramiento como ministros, porque lo cierto es que aquí, mientras algunos vuelven a imaginarse el nacimiento de los tan traídos y llevados brotes verdes, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ya está preparando un Plan B, con subidas de impuestos especiales incluidas, porque las cuentas públicas no cuadran ni por asomo con los objetivos de déficit que dice tener el presupuesto para 2011.

En este sentido, desde las filas socialistas se nos quiere vender que la desaparición de los tan controvertidos como inútiles ministerios de Vivienda e Igualdad forma parte de esa nueva vuelta de tuerca que Zapatero y los suyos quieren dar al ajuste presupuestario. A mí, sin embargo, las cuentas no me salen. Resulta que ambos departamentos se han integrado en los ministerios de Fomento, el primero, y de Sanidad, el segundo, con rango de secretarías de Estado. Resulta también que las titulares de los ministerios desaparecidos, Beatriz Corredor y Bibiana Aído, van a permanecer al frente de dichas competencias pero con un rango un escalón por debajo del que ocupaban y ahora son secretarias de Estado. ¿Qué hemos ganado con ello? Si acaso, algún que otro asesor menos, porque Corredor y Aído siguen en el Gobierno y los funcionarios adscritos a sus respectivos departamentos ahora pasan a incorporarse a Fomento y Sanidad. Por este lado, por tanto, el ahorro de dineros públicos brilla por su ausencia.

Aún así, todavía queda donde meter la tijera. Según el proyecto de cuentas públicas para 2011 que el Gobierno ha presentando en las Cortes, se preveía que el Ministerio de Vivienda tuviera una dotación presupuestaria algo superior a los 1.200 millones de euros, mientras que al de Igualdad se le asignaban algo más de cien millones. Pues bien, si ambos ministerios han desaparecido, lo lógico sería anunciar un recorte en esas partidas, ya que, aunque a los funcionarios adscritos a los mismos hay que seguir pagándolos igualmente, casi todas las políticas en marcha o previstas de ambos departamentos deberían pasar también a mejor vida. ¿Cuánto se va a ahorrar, entonces, con la retirada del Consejo de Ministros de las sillas correspondientes a Vivienda e Igualdad? Esta es la pregunta para la que no encuentro respuesta, porque todavía no he oído decir a nadie en el Gobierno, ni en las filas socialistas, que desaparecidos los ministerios, desaparecidas sus políticas. Por el contrario, lo que me llama la atención es su transformación en secretarías de Estado, porque eso quiere decir que Corredor y Aído podrán seguir haciendo lo que venían haciendo, si bien ahora bajo las órdenes y supervisión de José Blanco la primera y Leire Pajín la segunda. Vamos, que ZP pretende volver a jugárnosla, a nosotros, a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional y a los mercados, haciéndonos creer que está firmemente comprometido con el ajuste de las cuentas públicas, y que está dispuesto a renunciar a dos de los pilares básicos de su estrategia política por el bien del presupuesto y de la economía española, cuando lo único que ha hecho, al menos por ahora, es esconder sus dos ministerios y sus dos políticas más controvertidas en sendas secretarías de Estado para luego poder seguir haciendo lo mismo pero sin llamar tanto la atención.

En resumen, aquí, de gastar menos dineros públicos nada de nada. Es más, al renacido Ministerio de Presidencia habrá que dotarle de recursos económicos, por pocos que puedan ser éstos. Por tanto, ¿dónde está el ahorro presupuestario de la última remodelación del Gobierno?


Libertad Digital - Opinión

Cosa de hombres. Por Ignacio Camacho

Ni igualdad ni gaitas: cuando se calienta un debate, el español cabreado siempre acaba llamando maricón al adversario.

DESPUÉS de tanto discurso feminista, de tanto énfasis en los derechos homosexuales y de tanto Ministerio de Igualdad, Zapatero ha apelado a la testosterona en cuanto las cosas se le han puesto realmente feas. El igualitarismo a la violeta y el feminismo de salón sonaban bonito cuando la prosperidad permitía políticas de diseño e imposturas posmodernas, pero a la hora de la zozobra el presidente ha decidido atarse literalmente los machos y se ha rodeado de un círculo de pretorianos varones —y barones— para que le saquen del aprieto. El bibianismo ha resultado flor fallida de un bienio escaso y la paridad ha sido sacrificada al pragmatismo. Los cinco rostros dominantes del nuevo equipo de dirección socialista, los dueños del mensaje del partido y del Gobierno, son masculinos: el propio Zapatero, Rubalcaba, Jáuregui, Blanco y Marcelino Iglesias; las señoras quedan relegadas a un papel subalterno. En el momento de la verdad, el progresismo igualitario y el glamour de la pasarela de La Moncloa han pasado a mejor vida porque sólo formaban parte del atrezzo, de la gestualidad impostada de un lenguaje político artificial. Era la última frontera que le quedaba por traspasar al zapaterismo en su brusca reconversión de supervivencia, tras envainarse el proteccionismo social y enmendar la totalidad de su programa; está en juego el poder y eso parece un asunto de hombres.

DESPUÉS de tanto discurso feminista, de tanto énfasis en los derechos homosexuales y de tanto Ministerio de Igualdad, Zapatero ha apelado a la testosterona en cuanto las cosas se le han puesto realmente feas. El igualitarismo a la violeta y el feminismo de salón sonaban bonito cuando la prosperidad permitía políticas de diseño e imposturas posmodernas, pero a la hora de la zozobra el presidente ha decidido atarse literalmente los machos y se ha rodeado de un círculo de pretorianos varones —y barones— para que le saquen del aprieto. El bibianismo ha resultado flor fallida de un bienio escaso y la paridad ha sido sacrificada al pragmatismo. Los cinco rostros dominantes del nuevo equipo de dirección socialista, los dueños del mensaje del partido y del Gobierno, son masculinos: el propio Zapatero, Rubalcaba, Jáuregui, Blanco y Marcelino Iglesias; las señoras quedan relegadas a un papel subalterno. En el momento de la verdad, el progresismo igualitario y el glamour de la pasarela de La Moncloa han pasado a mejor vida porque sólo formaban parte del atrezzo, de la gestualidad impostada de un lenguaje político artificial. Era la última frontera que le quedaba por traspasar al zapaterismo en su brusca reconversión de supervivencia, tras envainarse el proteccionismo social y enmendar la totalidad de su programa; está en juego el poder y eso parece un asunto de hombres.

Con tanto ardor androgénico y tan repentina sobredosis de esteroides no es de extrañar que algunos se hayan pasado de frenada y convertido la consigna de hostigar al PP en barra libre para un debate de garrafa. La broma de Pepe Blanco sobre el plumero de Rajoy tiene un tufillo homófobo de política tabernaria; el ministro se echó atrás ayer ante Carlos Herrera al ver que el envenenado chistecillo trascendía en un contexto de alarmante crecida de crispación ad hominem, pero las risas cómplices del auditorio desmienten el desmentido: si no quería decir lo que dijo su tono equívoco fue interpretado de forma inequívoca, y no es hombre de muchas sutilezas ni ambigüedades. Después de la cabestrada del alcalde de Valladolid y la sobreactuada respuesta del PSOE los ánimos están inflamados en un ambiente de sobrecarga eléctrica. Podemos volver a la confrontación de insulto y garrote, al sexismo de brocha gorda, al comadreo calumnioso y a una presunta masculinidad celtibérica de boina y pana insólitamente propagada por los recientes adalides del posfeminismo.

Al final, la democracia deliberativa, los derechos civiles, el respeto, el talante y otros efectos de posmodernidad retórica no eran más que superestructuras ornamentales de una política tan bronca y tradicional como de costumbre, una testiculocracia de gónadas sobrecalentadas. Ni feminismo, ni igualitarismo ni gaitas: cuando se calienta de verdad un debate, el español cabreado siempre acaba llamando maricón al adversario.


ABC - Opinión

Habanera desafinada

El debut de Trinidad Jiménez como responsable de Asuntos Exteriores ha sido decepcionante para quienes esperaban que con ella se abriera una etapa más sensata y menos sectaria que la de su predecesor. El caso de Cuba era un test de primer nivel para calibrar la política de la nueva ministra y su voluntad de mejora en la defensa de los derechos y las libertades de los cubanos. Jiménez ha suspendido la prueba con alarmante mediocridad. Tal vez demasiado acostumbrada a seguir la pauta que otros le marcan, la debutante no aportó nada apreciable a la reunión de la UE en Luxemburgo sobre la Posición Común ante Cuba y se limitó a recitar como un papagayo el libreto de Moratinos, a saber: que la dictadura castristra está haciendo «notables esfuerzos» en la dirección apuntada por Europa y que, en contrapartida, ésta debería emitir señales positivas hacia La Habana. Jiménez entiende por «notables esfuerzos» en favor de los derechos humanos que el régimen comunista haya deportado a una treintema de presos políticos, la mayoría de los cuales ha sido acogida por el Gobierno español, mientras que los demás se pudren en las cárceles a la espera de que suba su «cotización» en el mercado europeo. Jiménez habla de «avances» ocultando la represión contra las Damas de Blanco y las redadas periódicas que la Policía política realiza entre los disidentes, a los que amenaza y maltrata. Curiosa forma de trabajar por la libertades democráticas. Cuando ni siquiera el heroico Guillermo Fariñas tiene asegurada su salida de Cuba para recibir el premio Sajarov del Parlamento Europeo, ¿cómo es posible que la ministra de Exteriores pida a sus homólogos europeos que cambien de actitud hacia Cuba? Quien tiene que modificar su política no es la UE, sino el brutal régimen castrista. Y convertir a los presos políticos en moneda de cambio es una indignidad a la que ningún país democrático debe prestarse. Con la dictadura cubana se debe actuar con los mismos principios morales que con los terroristas: no deben obtener nada a cambio de sus asesinatos, ni ventajas comerciales, ni reconocimiento internacional, ni coartadas institucionales. No es de recibo que la tarjeta de presentación de Jiménez haya sido una invocación a la «negociación bilateral» entre Europa y Cuba, como si se tratara de dos entidades homologables éticamente y de la misma naturaleza política. Alguien podría aducir que la nueva ministra está condicionada por la herencia envenenada de su antecesor, de modo que debe dársele tiempo para rectificar. Sin embargo, es de temer que uno y otra compartan los mismos prejuicios ideológicos que justifican las atrocidades del castrismo o, al menos, las minimizan. Como era previsible, la UE volvió ayer a desdeñar el enésimo intento del Gobierno español de atemperar su relación con La Habana. Por fortuna, a los cubanos aún les queda una Europa razonable y cuando dentro de un tiempo se rememoren estos años de persecución, los españoles habremos de lamentar que nuestro Gobierno no estuviera a la altura del desafío, que se situara más cerca de los verdugos que de las víctimas y que hiciera de abogado de la dictadura más sangrienta de Hispanoamérica.

La Razón - Editorial

Mantener la presión

No basta con que Batasuna pida a ETA una tregua; debe conseguir que deje las armas.

Los dirigentes de Batasuna han llegado a la conclusión de que sus objetivos son más fácilmente alcanzables por la vía política que por la terrorista. Por eso piden a ETA que decrete una tregua unilateral e incondicional, en términos similares a los empleados por Otegi en su reciente entrevista. También decía Otegi que la extorsión a los empresarios "debe desaparecer". Son palabras que hasta hace poco eran impensables en dirigentes que hablaban de "persuasión armada". Pero lo que no hacen es aplicar lo que tales palabras indican.

No es solo que se resistan a emplear el vocablo "condena" cuando se les pregunta qué harían si ETA vuelve a atentar; es que ni siquiera han considerado necesario solidarizarse, como los demás partidos, con el ex consejero socialista del Gobierno vasco José Ramón Recalde, víctima este pasado fin de semana, 10 años después de que ETA intentara asesinarle, de nuevas pintadas amenazantes. Tampoco han dicho nada sobre la nueva oleada de cartas de extorsión denunciada por los empresarios.


Hay un pulso entre Batasuna y la jefatura de ETA por determinar quién manda en la izquierda abertzale. Es un paso importante porque antes no había dudas al respecto: mandaban las pistolas y los otros acataban. Incluso cuando no estaban de acuerdo, como al parecer ocurrió en relación a la ruptura de la tregua con el atentado de la T-4. Y no hay duda de que ese paso no hubiera tenido lugar si el Gobierno hubiera hecho caso a las voces que después de Barajas le decían que nunca hay que romper del todo los hilos con los terroristas, con vistas a otra posible negociación.

Por eso, tan importante como los últimos pasos verbales de Batasuna es que, tras el encuentro entre Zapatero, Rubalcaba, López y Ares del sábado, todos los interlocutores concluyeran que deben mantener la política antiterrorista seguida desde la ruptura de la tregua de 2006, incluyendo el consenso forjado en torno a esa política. Lo mismo había dicho horas antes el nuevo ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui: "Hemos llegado a esto porque hemos estado unidos y los diferentes Gobiernos han hecho su trabajo en los últimos 10 años".

Ignorar que sí ha habido cambios en la actitud de Batasuna sería despreciar ese trabajo, en particular a partir de su ilegalización. Ha sido esa política la que ha puesto a los de Otegi ante el dilema que durante años trataron de esquivar: balas o votos, y no votos condicionados por las balas. Sería absurdo que, ahora que saben que tienen que elegir, se rebajase el nivel de exigencia democrática para que puedan participar en las elecciones. Decía Otegi que a Batasuna se le debían exigir las mismas garantías que a cualquier otro partido. Sin embargo, después de 30 años de beneficiarse de su parentesco con una banda que amenazaba y mataba a sus rivales políticos, tal igualdad solo podría establecerse tras la definitiva desaparición de esa banda; objetivo que nadie está más obligado a propiciar que Batasuna misma.


El País - Editorial

Trini se estrena con un desatino

Debe de ir inscrito en alguna parte del código genético de los Gobiernos de Zapatero una lenidad extrema con los déspotas caribeños. No tiene otra explicación sino la lamentable actitud de nuestro Ministerio de Exteriores hacia el castrismo.

Mal empieza la nueva ministra de Asuntos Exteriores. Si pretendía hacer una demostración de continuismo con la infame política de su antecesor, lo ha conseguido de pleno apelando al diálogo con la dictadura castrista ante la Unión Europea. Esta vieja demanda de Moratinos, sumada a la del levantamiento de las sanciones por parte de los Veintisiete, es el programa máximo del socialismo español en lo que a política cubana se refiere. A cambio el régimen de los Castro poco o muy poco ofrece. Alguna que otra excarcelación y vagas promesas de reforma que nunca se materializan en nada concreto.

Con esto y con mucho menos el Gobierno español se da por satisfecho. Desde que llegó al poder hace más de seis años, Zapatero ha impreso un toque muy personal a las relaciones con Cuba que, tratando de "normalizarlas", las ha llevado a extremos totalmente absurdos como la reciente crisis de los refugiados por la que supo pasar de puntillas para que no le salpicase. Esta tolerancia absoluta con los desmanes del tirano se ha cobrado, por de pronto, la dignidad de disidentes que, como Guillermo Fariñas, premio Sajarov del Parlamento Europeo, nada tienen que agradecer al Gobierno español y mucho que reprocharle.


Trinidad Jiménez tenía la oportunidad de dar un golpe de timón y arreglar en lo posible el monumental desaguisado diplomático que ha recibido como herencia. Pero, lejos de matizar la postura española y devolver el asunto a los cauces normales, se ha reafirmado en los atavismos procastristas propios de Moratinos. Debe de ir inscrito en alguna parte del código genético de los gobiernos de Zapatero una lenidad extrema con los déspotas caribeños. No tiene otra explicación sino la lamentable actitud de nuestro Ministerio de Exteriores hacia una de las dictaduras más abominables de todo el mundo.

Y no hay lugar a equívocos. España debe esforzarse en mantener y fortalecer los lazos con Cuba, nación hermana que lucha desde hace medio siglo por su libertad, pero extremar las precauciones hacia su Gobierno, una tiranía comunista de la peor especie que tiene secuestrado el país mediante el uso y el abuso de la violencia y la coacción en todos los ámbitos de la vida. Esa debe de ser la principal preocupación de nuestros ministros de Exteriores y no ejercer de portavoces oficiosos de los hermanos Castro y su odioso régimen dictatorial.

La Posición Común europea no debe variar un ápice mientras en Cuba no se abra un auténtico proceso democratizador en el que concurran todos los cubanos sin importar la filiación política o ideológica, incluyendo, claro está, a la inmensa Cuba errante que vive repartida por el mundo en un interminable exilio. Esa es la única política cubana que una democracia europea puede permitirse. El resto es simple y llana traición a la Cuba que sufre la dictadura disfrazándolo de juegos florales.

Jiménez no se hace ningún favor hablando en nombre de los Castro, tampoco nos lo hace a los españoles, a quienes representa, y, por supuesto, cada vez que pide diálogo con el verdugo propina una dolorosa puñalada por la espalda a los dos millones largos de desterrados y al creciente número de disidentes que viven dentro de la isla.


Libertad Digital - Editorial

La UE desconfía del castrismo

España ha perdido el consenso de los países de la UE para liderar la política hacia Cuba, y por ello será Ashton quien se encargue de los contactos.

LA posición común sobre Cuba que la UE aprobó en 1996 y que condiciona las relaciones con La Habana a los avances en materia de democratización del régimen totalitario es un enfoque políticamente impecable, dentro de los principios de defensa de la libertad y promoción de la democracia. La razón por la que la dictadura cubana desea que sea anulada es más que evidente, puesto que puede ser utilizada —como así fue antes de la llegada al poder del actual Gobierno socialista— para honrar a los disidentes que arriesgan su libertad pidiendo el respeto a los Derechos Humanos en la isla. Por ello, que los ministros de Asuntos Exteriores europeos hayan aceptado mantener su vigencia es una decisión acertada que debería poner fin a los insensatos intentos del Gobierno español de cumplir los deseos de la dictadura cubana, al menos mientras no se produzcan avances más significativos que enviar al exilio a presos políticos.

Sin embargo, los ministros también han acordado dar un mandato a la Alta Representante, Catherine Ashton, para que «explore» las posibilidades de establecer un acuerdo bilateral entre la UE y Cuba, que es el único país de la zona con el que no existe este tipo de relación. La primera consecuencia de la llegada de Trinidad Jiménez al Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque probablemente sea más el fruto de la obsesión de su antecesor por aproximarse al régimen de los Castro, es que se ha demostrado que España ya no tiene el consenso de los demás países europeos para liderar la política hacia Cuba y que por ello será la Alta Representante la que se encargará de los posibles contactos. La satisfacción de Jiménez por el lenguaje de lo que se ha acordado informalmente en Luxemburgo no está justificada en este aspecto.

Lo que no ha cambiado es que el futuro de las relaciones entre Cuba y la UE sigue en manos de la dictadura castrista, a la que es necesario convencer de que no podrá haber normalización sin una verdadera reforma democrática. La Habana ha tenido siempre la posibilidad de llevar a cabo gestos que habrían allanado sus relaciones con la UE además de aliviar —y eso sería lo verdaderamente importante— las condiciones de vida de los cubanos. Pero hasta ahora siempre han respondido con un portazo.


ABC - Editorial