lunes, 23 de agosto de 2010

Tribunal Constitucional. ¿Quién bloquea qué?. Por Emilio Campmany

Con la actual composición, el TC tumbaría, por utilizar el fino lenguaje prisaico, ese canto a la vida que es la ley del aborto. Y eso explica que el PP no quiera ni oír hablar de renovar a los magistrados.

Las campanas prisaicas llaman a rebato porque el Constitucional está por declarar contrario a nuestra carta magna la ley del aborto. ¿Cómo podría atreverse a tanto? Pues nos explican en ca’ Janli que el PP bloquea la renovación del alto tribunal porque ahora mismo son mayoría los contrarios a la constitucionalidad de la ley al haberse pasado un progresista, Eugeni Gay, al bloque conservador. De forma que, con la actual composición, el TC tumbaría, por utilizar el fino lenguaje prisaico, ese canto a la vida que es la ley del aborto. Y eso explica que el PP no quiera ni oír hablar de renovar a los magistrados que deberían haberlo sido hace tres años ni los que toca renovar en noviembre de este año. Pero, Julio M. Lázaro y Fernando Garea, que son quienes firman la noticia, ocultan algunas cosas relevantes.

La primera es que Eugeni Gay tiene de progresista lo que yo de fraile. Fue designado por el PSOE, pero por indicación de Convergencia i Unió, porque los socialistas se llevan muy bien con los nacionalistas y siempre les dejan comer algo de su plato. Y los catalanistas designaron a un abogado de catolicismo militante, sector Unió, que, si le dejan, se cargará sin el menor remordimiento la ley del aborto socialista.


Pero, sobre todo, no cuentan que fue el PSOE quien bloqueó la renovación del Constitucional en 2007 para asegurarse que María Emilia Casas siguiera siendo la presidenta del Constitucional. Y, precisamente con ese fin, modificaron la Ley Orgánica que regula el funcionamiento del Tribunal, introduciendo la norma de que, mientras no fuera renovado el Constitucional, el presidente nombrado seguiría siéndolo a pesar de haber expirado el término de 3 años que fija la Constitución. Es verdad que en 2007 deberían haber salido tres magistrados conservadores y tan sólo uno progresista, la Casas, a cambio de 2 y 2. Pero, aun así, los constitucionalistas seguirían siendo mayoría al contar con el voto del progresista Manuel Aragón. Así que el PSOE prefirió seguir en minoría tan exigua con tal de seguir conservando la presidencia y posponer las votaciones todo lo que hiciera falta.

Luego, en 2008, murió Roberto García-Calvo, un conservador, y el PP exigió ser él quien designara al sustituto, puesto que fue ese mismo partido quien designó al fallecido. Los votos habían pasado de 7 a 4 a 6 a 4. Los constitucionalistas seguían teniendo mayoría. Pero, si el PP tragaba con que se hiciera la renovación del Senado sin que fuera renovado García-Calvo, la votación quedaría 5 a 5 y decidiría el voto de calidad del presidente que ya no podría ser María Emilia Casas, puesto que le tocaba ser renovada. El PP no quería renovar si no se le permitía nombrar al sustituto de García Calvo, pero, sobre todo el PSOE no quiso arriesgarse a que el nuevo presidente fuera un conservador o, aún peor, Manuel Aragón y que éste, en calidad de presidente, forzara las votaciones que María Emilia Casas había venido retrasando y que el estatuto fuera derrotado en toda la línea.

Y ahora que han salvado los muebles del estatuto a base de evitar la renovación y mantener en contra de lo que dice la Constitución a María Emilia Casas en la presidencia durante seis años, les entran las prisas por renovar a ver si se quitan de encima al meapilas que les endilgaron los de Unió. Y la culpa de todo es del PP. Hay que fastidiarse.


Libertad Digital - Opinión

Visita a Rabat y Al Qaida

La visita que el ministro del Interior realizará hoy a Rabat ha sido precedida inopinadamente por la liberación de los dos cooperantes españoles secuestrados desde noviembre por Al Qaida, Roque Pasqual y Albert Vilalta. Al margen de los datos concretos, esta venturosa circunstancia dota al viaje de Rubalcaba de una dimensión que va más allá de los problemas fronterizos y de los roces policiales entre ambos países. La amenaza del terrorismo islámico tiene la fuerza, la persistencia y la entidad suficientes como para justificar, por sí sola, una larga entrevista entre los ministros español y marroquí encargados de la seguridad ciudadana. Es necesario, qué duda cabe, deshacer los malentendidos y las fricciones que han marcado las relaciones durante este mes de agosto, con sobreactuaciones y desmesuras por parte marroquí que son impropias de una buena vecindad. Es de esperar que el ministro Rubalcaba, que no es manco en habilidades diplomáticas, ponga las cosas en su sitio y a su homólogo marroquí en el suyo. Es inaceptable, por ejemplo, que se insulte y se veje a las mujeres policía españolas, como también es inadmisible que se denigre a la Guardia Civil, que tantos cientos de vidas salva cada año en aguas del Estrecho. La opinión pública española está hastiada del acoso recurrente de Rabat a Ceuta y Melilla, y espera del Gobierno una actitud más nítida, más inequívoca y más enérgica que la exhibida durante este mes de agosto. En realidad, la pasividad del Ejecutivo ha sido tanto más preocupante cuanto se ha limitado a solicitar del Rey una llamada telefónica al monarca alauita, gestión que a juzgar por los resultados no es descabellado calificar de prematura. Como bien expresó días atrás Juan José Imbroda, presidente de Melilla, la obligación de Rubalcaba es pedir explicaciones a Rabat, no darlas. Al menos en lo que concierne a los contenciosos de su departamento. Pero con la misma convicción, porque lo valiente no quita lo cortés, el ministro español debe fortalecer los acuerdos de cooperación para luchar contra la amenaza terrorista islámica. El último informe del Departamento de Estado norteamericano no deja lugar a dudas: España está en el punto de mira de Al Qaida como «objetivo preferente». El secuestro en Mauritania de los cooperantes españoles no es fruto del azar, sino que obedece a una estrategia pacientemente planificada que los terroristas ejecutarán cuantas veces puedan, porque su razón de ser es secuestrar y atentar a quienes tienen por enemigos mortales. Por tanto, y más allá de roces fronterizos y suspicacias de vecino avinagrado, cabe esperar mucho de esta visita en materia antiterrorista. Sería inaudito que se repitiera un ataque criminal como el del 11-M, cuyos autores conocidos procedían o tenían relación con Marruecos, lo que no conviene olvidar. Y de nuestro vecino depende también en gran parte que Al Qaida no arraige y se propague por el Magreb, poniendo en riesgo la estabilidad de la zona. Si a ello se añade un apaciguamiento de la «guerra» de las mezquitas que se libra en tierras españolas entre diferentes tendencias y obediencias, el viaje de Rubalcaba no habrá sido inútil ni baladí.

La Razón - Editorial

Se cumplió la ley

ESCRIBE AQUÍ EL ENCABEZAMIENTO

EN un Estado de Derecho, lo lógico y natural es cumplir y hacer cumplir las leyes y las resoluciones judiciales. Así ha ocurrido en el barrio barcelonés de Gracia, donde —en ejecución de la orden dictada por la Audiencia Nacional— los Mossos y la Guardia Urbana han actuado con eficacia para impedir el homenaje organizado por grupos radicales a la terrorista Laura Riera. Cuando cada uno hace lo que debe, las cosas funcionan de forma razonable: el fiscal solicitó la suspensión del acto, el juez Pablo Ruz la acordó con argumentos bien fundados y las fuerzas de seguridad ejercieron sus funciones en los términos legalmente establecidos. En efecto, impedir la concentración de los grupos antisistema —que ayer todavía pretendían reclamar la libertad del único detenido— era la fórmula más adecuada para que no se produjera un acto de enaltecimiento del terrorismo y para permitir a los ciudadanos disfrutar de las fiestas de su barrio en paz y libertad.

Lo sucedido estos días en la capital catalana debería mover a una seria reflexión a las autoridades autonómicas y municipales. El presidente José Montilla estuvo muy desafortunado con su afirmación de que «no le constaba» la existencia de tal homenaje a la activista de ETA, cuando todo el mundo sabía que estaba en marcha. A su vez, el alcalde Jordi Hereu se lavó las manos hasta el último momento, dejando toda la responsabilidad en manos del juez y adoptando una postura de inaceptable «neutralidad». Hay que dejar de lado extraños complejos y ejercer la autoridad democrática con absoluta normalidad y al servicio del Estado de derecho, que no puede ser alterado por la imposición de grupos antisistema. Menos mal que al final cada cual estuvo en su sitio, la ley se aplicó con absoluta normalidad y, sobre todo, se impuso el sentido común.

ABC - Editorial

Pavimentando el camino de nuevos secuestros

Un Gobierno de un país serio no puede ceder al chantaje terrorista. Poco importa que este se produzca en el País Vasco, en Mauritania o en Somalia, el hecho es el mismo y lo único que consigue es legitimar el terrorismo e incentivar nuevos secuestros.

Aunque al cierre de esta edición aún no haya confirmación oficial, todo parece indicar que los cooperantes españoles en el Sáhara han sido liberados por parte de sus captores, un grupo terrorista vinculado con Al Qaeda. La cadena de televisión Al Arabiya asegura que se han pagado entre cinco y diez millones de euros por los rehenes junto a la extradición a Mali de Omar Uld Sid Ahmed Uld Hame, conocido como Omar Saharaui, único condenado en Mauritania por el secuestro de los españoles.

Que ha habido pago, y que éste ha sido millonario, queda fuera de toda duda. Los terroristas no acostumbran a secuestrar por placer, siempre exigen algo a cambio, generalmente gran cantidad de dinero en concepto de rescate, al que suele acompañar alguna concesión de tipo político o judicial. Los camaradas de Omar Saharaui han hecho un pleno en una operación extremadamente larga, casi nueve meses. Se llevan un rescate muy generoso y la extradición de uno de los suyos al país donde el comando ha permanecido refugiado todo este tiempo.


La importante ahora es saber de dónde ha salido el dinero. El Gobierno, el único que puede reunir y entregar esa cantidad, mira hacia otro lado y pide "responsabilidad" para desviar la atención. Como en secuestros anteriores, en el de los buques Playa de Bakio y Alakrana, o en el de la cooperante Alicia Gámez –que viajaba con los dos que han sido liberados–, Zapatero vuelve a bajarse los pantalones ante los terroristas accediendo a sus demandas pecuniarias.

Desde esta misma tribuna hemos advertido ya en varias ocasiones que lo último que puede hacer un Gobierno democrático de un país serio es ceder al chantaje terrorista. Poco importa que este se produzca en el País Vasco, en Mauritania o en Somalia, el hecho es el mismo y lo único que consigue es legitimar el terrorismo e incentivar nuevos secuestros.

Tal vez por esta razón tan elemental, tan al alcance de cualquiera, Zapatero lleva dos años lidiando con secuestradores en África y, según parece, pagando hasta el último euro que éstos le exigen. La liberación de Albert Villalta y Roque Pascual de la que, desde un punto de vista humano, cabe alegrarse, se convierte así en el preámbulo del siguiente secuestro. Los que han mantenido a los dos cooperantes privados de libertad durante nueve meses en algún rincón del desierto, tienen desde hoy mucho más dinero para perpetrar nuevos crímenes y un aliciente añadido para secuestrar españoles.


Libertad Digital - Opinión

Zapatero, ante su otoño más gris

El Gobierno tendrá que asumir el coste de una negociación extrema con el PNV para aprobar los Presupuestos, de la primera huelga general en su contra y del progresivo desgaste de Zapatero.

LA reentrada del curso político se presenta harto compleja para el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La negociación de los Presupuestos Generales del Estado, en la que los apoyos del PNV parecen a día de hoy imprescindibles para evitar una prórroga de las cuentas públicas que situaría la legislatura ante el abismo, obligará al Ejecutivo a aceptar cualquier exigencia extrema —cualquier chantaje— de los nacionalistas vascos, que se ven en una posición de fuerza por primera vez desde que perdieran el Gobierno vasco a manos de Patxi López. El «no» adelantado de CiU a apoyar los Presupuestos y la inminencia de las elecciones catalanas marcadas por el severo desgaste del tripartito en general, y del PSC de José Montilla en particular, dificultan el margen de maniobra de Rodríguez Zapatero, que en principio tampoco podrá contar con ERC ni con Izquierda Unida, seriamente enfrentados al Gobierno tras los «tijeretazos» al gasto social. A ello Zapatero tendrá que sumar el coste de las consecuencias políticas y sociales que se deriven de la huelga general convocada para el 29 de septiembre por los sindicatos mayoritarios, castigados por el Gobierno durante la negociación de la reforma laboral y obligados a recuperar ante sus afiliados una imagen de autonomía tras asumir que su ridícula sumisión al Gobierno en los últimos años paradójicamente no les ha granjeado más rédito que el de sentirse traicionados.

El Gobierno afrontará su peor otoño en una situación de gran debilidad, con un gabinete desgastado, nutrido mayoritariamente de ministros sin apenas peso político, con una imagen creciente de deterioro cada vez más censurada por los ciudadanos, y con síntomas evidentes de división interna y contestación a la Ejecutiva Federal. Esto es, de contestación a Rodríguez Zapatero. La pugna entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez por el control del PSOE madrileño, que se dirimirá en las «primarias» de este partido a principios de octubre, no será con seguridad un caso aislado ante la cita crucial de las municipales y autonómicas de 2011. Más aún, puede llegar a mermar seriamente la hasta ahora incontestable autoridad interna de Rodríguez Zapatero y debilitar su liderazgo en la fase definitiva de la legislatura. Enfrente, el Partido Popular y Mariano Rajoy están llamados a conservar la ventaja que hoy en día le conceden unánimemente todos los sondeos de opinión sin descuidar la labor de oposición. El PP incurriría en una pasmosa ingenuidad si dejara transcurrir los meses en la creencia de que los errores de Zapatero, por sí mismos, van a despejar a Rajoy el camino hacia la Moncloa.

ABC - Editorial

domingo, 22 de agosto de 2010

Diplomacia del appeasement. Por José María Carrascal

El gobierno Zapatero necesita todo su tiempo y energía para atacar a su verdadero y puede único enemigo: el PP.

«YO no he visto nunca a un ex presidente de Gobierno —ha dicho don José Blanco a propósito de la visita de Aznar a Melilla— con ese comportamiento». Pues yo nunca he visto a un presidente de Gobierno prometer a una comunidad cuanto le pediese. Ni decir que el concepto de nación es discutido y discutible. Ni calificar de «accidente» un atentado terrorista con dos muertos. Ni llamar «desaceleración» a una crisis global. Ni, ni, ni, así podría seguir, enumerando barbaridades, frivolidades y deslealtades de nuestro presidente, hasta agotar el espacio del que dispongo.

Y lo peor de todo es que continúa en ellas. Ahí le tienen «poniendo en marcha el rescate de partes del Estatuto catalán anuladas por el Tribunal Constitucional», según portada de «El País». ¿Es así como se acepta una sentencia del más alto tribunal de la nación? ¿Es así como se gobierna, intentando revertir con decretos-ley una decisión que «laminaba el capítulo de un Poder Judicial catalán en el Estatuto», según el mismo periódico? Y todo por razones electorales, para insuflar aire a un tripartito presidido por socialistas, que ha hecho más por separar Cataluña de España que todos los gobiernos nacionalistas anteriores.


La cosa es todo menos banal. De tener Cataluña su propia Justicia, estén ustedes seguros de que no se hubiera prohibido el homenaje a una etarra convicta y confesa, planeado ayer en Barcelona. Pues ni el Gobierno, ni la Generalitat, ni el ayuntamiento, controlados por socialistas, habían hecho nada por evitarlo, habiendo tenido que ser un juez de la Audiencia Nacional, a solicitud de la asociación Dignidad y Justicia, quien lo haya hecho. Pero podemos despedirnos de ello si los planes del presidente se llevan a cabo. A no ser que esté engañando a sus propios compañeros, como ha hecho con todos, prometiendo lo que no piensa cumplir si llegada la hora de la verdad —las elecciones generales— no le conviene. Pero que sigue en su línea de deslealtades está a la vista.

«Gobernamos con diplomacia, lejos del ardor guerrero del PP», ha dicho la vicepresidencia primera, a propósito de la misma visita de Aznar a Melilla. Por lo visto, llama diplomacia a lo que Chamberlain llamaba «apaciguamiento» ante Hitler: ceder ante el agresor con la esperanza de calmarlo. Como se demostró tras Munich, el apaciguamiento no frena al agresor, al revés, le anima a pedir más. ¿Es también «diplomacia» haber concedido a los gibraltareños cuanto pedían, en vez de oponerse a su expansión por tierra, mar y aire españoles?

Claro que el gobierno Zapatero necesita todo su tiempo y energía para atacar a su verdadero y puede único enemigo: el PP.


ABC - Opinión

Preciosa suegra. Por Alfonso Ussía

Las señas externas de identidad de la Izquierda española se me antojan admirables. Ese humilde y al alcance de todos vestido de novia de la compañera Penélope Cruz, diseñado por John Galliano, que lo define de corte principesco, inspiración romántica, escote corazón, ola de encajes y ajustado a la cadera, para contraer matrimonio con el camarada Javier Bardem, me ha parecido precioso. John Galliano diseña para Dior, esa empresa popular que vistió durante décadas a las mujeres de la Unión Soviética y Cuba. Gracias a la publicación obrera «Elle» hemos sabido de los detalles del último grito de la confección nupcial para mujeres aplastadas por la bota del capitalismo. Fuentes generalmente mal informadas de La Moncloa aseguran que la vicepresidenta De la Vega, al contemplar el modelo, tomó la decisión de contraer enlace para así completar su colección de vestidos representativos de la Izquierda. Pero el gozo en un pozo. John Galliano ha diseñado el menestral vestido en exclusiva para Penélope, y no se venderá ni en «Pro-Novias» ni en establecimientos de «pret-a-porter». Una pena muy grande.

Y Moratinos. En Le Change, en la Dordoña, vestido de argentino con caballos de polo, en casa de su suegra. «Mi preciosa suegra», según la ha definido la periodista del diario francés «SudOuest». Espectacular la casa de su preciosa suegra, Micheline Maunac, a la que envío desde estas líneas mis más gentiles saludos. Mientras Melilla se hallaba en situación límite, y el Rey atendía a la solicitud de Zapatero de tranquilizar los ánimos del Sultán de Marruecos, Moratinos negaba el conflicto y se mantenía «permanentemente informado», al tiempo que paseaba con su preciosa suegra por los verdes enfrentados y bellísimos del sudoeste de Francia, disfrazado de criador de patisos en la Pampa sureña. Gracias a esa entrevista en el «SudOuest» hemos sabido que nuestro ministro de Asuntos Exteriores vio la final del Campeonato del Mundo de fútbol de Sudáfrica en una pantalla gigante y al lado de Raúl Castro, «que fue muy amable».

Moratinos es un hombre peculiar. Consigue que sus compañeros de Gobierno trabajen mientras él descansa junto a su preciosa suegra, disfruta del fútbol junto a un dictador comunista, y no oculta su animadversión por la nación de Israel, única democracia del Oriente Medio. Moratinos fue íntimo amigo del millonario terrorista palestino Yasser Arafat, dato que no necesita análisis ni valoración, porque la amistad está por encima de cualquier otro sentimiento, incluido el del amor.

Pero me ha gustado, y mucho, su imagen. Esa elegancia campestre, ese «apenas vestir vistiendo tanto y tan bien» emulando al penúltimo duque de Bedford, ese posado con la preciosa casa de su preciosa suegra, cubierta de parra virgen y florecida de hortensias, ha colmado mi interpretación del buen gusto. Y además, con esa expresión de tranquilidad, con esa mofletuda sonrisa sosegada, con ese empaque de ganadero argentino que aguarda en la puerta de su hacienda la llegada de un príncipe ruso que acude con la intención de estafarlo, y a poco más de mil kilómetros, Melilla provocada, Melilla desabastecida, Melilla amenazada, y él tan pancho, me ha provocado un subidón de orgullo, que no tengo más remedio que hacerlo público. Rubalcaba a Rabat y él con su preciosa suegra, que en su caso no es oración cursi, sino descriptiva.

Creo sinceramente que podemos estar tranquilos con el nuevo aspecto de nuestra Izquierda. «Arriba los pobres del mundo,/ en pie «le bloc de foie truffé».


La Razón - Opinión

Mezquitas. Por Jon Juaristi

El proyecto de mezquita en la Zona Cero no es cuestión de libertad religiosa, sino de tolerancia a la provocación.

HE visto mezquitas en Damasco, en Kairuán, en Beirut, en el Cairo, en Estambul, en Rabat. Y en Jerusalén, por supuesto: plantada una frente al Santo Sepulcro. Conozco cientos de mezquitas. Paso diariamente ante una de Madrid. Trato de no ver en ellas un signo de amenaza, de peligro, como no lo veo en los templos cristianos ni hindúes, ni shinto ni budistas, ni —sobra en mi caso decirlo— en las sinagogas.

En Nueva York he conocido incluso templos polivalentes. Hay uno, en Manhattan, que es sinagoga reformista los sábados y templo metodista los domingos: un enorme estor cubre la cruz desnuda en la pared del fondo durante las ceremonias judías. La escasez de suelo o simplemente de edificios impone a veces dobles o triples funciones a un mismo espacio, como aquellos bares de las películas del oeste que se transformaban en tribunales de justicia cuando hacía falta, pero lo de la polivalencia religiosa sólo lo he visto en Nueva York, que es la ciudad más tolerante del planeta. Aunque no me extrañaría que en otras partes hubiera casos semejantes de simbiosis espacial entre judaísmo reformista y metodismo, porque sus templos no son recintos sagrados, sino lugares de asamblea, de reunión de la comunidad, que es el sentido original de las palabras sinagoga e iglesia.


Trato de no sentirme intranquilo ante las mezquitas, incluso cuando sé que muchas de ellas sirven para que imames enloquecidos propaguen el odio a occidente. Me digo que también he oído siniestras burradas en iglesias católicas de mi tierra vasca y he asistido a alguna bronca en sinagogas americanas, cuando el rabino de turno proponía, por ejemplo, campañas de apoyo a Lori Berenson, la chica judía encarcelada en Perú por delitos de terrorismo, a la van a enchironar de nuevo tras una excarcelación precipitada a lo De Juana Chaos. Me intento persuadir de que no todos los musulmanes son como los chiítas iraníes que ahorcan homosexuales, como los talibanes que matan mujeres a pedradas después de torturarlas, como la gazana que asegura que educará a su hijo, recién salvado de una grave dolencia gracias a un filántropo judío que corrió con los gastos médicos, para que se inmole masacrando israelíes. Quiero convencerme de que la mayoría de los creyentes del islam son gentes amables, pacíficas y respetuosas con los que siguen otra fe o no siguen fe alguna. Me gustaría admirar sin prevenciones ni mala conciencia su civilización, su magnífica literatura (Corán incluido) que he estudiado con todo el interés y cariño posible en un profano en sus filologías. Y con nadie he estado más de acuerdo que con un viejo sufí sirio que me dijo una vez: «Alá no entiende de religiones».

Me esfuerzo en verle al islam aspectos positivos, y viene esta incalificable grosería del proyecto de una mezquita en la Zona Cero, y compruebo que, en el vasto número de la umma, sólo se alzan en contra las voces escandalizadas e inaudibles de un pequeñísimo puñado de musulmanes que, eso sí, comprenden mejor que Obama que el asunto no va de libertad religiosa sino de apuntarse un tanto escarneciendo a la América infiel. Veo lo poco que representan, y se me caen los palos del sombrajo y los minaretes de mis ingenuidades.


ABC - Opinión

José Blanco. Fomento de la confusión. Por José T. Raga

La pregunta que, también en agosto, haría yo al señor ministro es si ha calculado lo que cuesta parar una obra pública, desmovilizar el equipo, despedir al personal, etc., para unos días después continuar con ello, como si nada hubiera pasado.

Ese podría ser el apelativo que figurase en el frontispicio del ministerio del que es titular don José Blanco. La afición, últimamente, del señor Blanco de meterse en todos los charcos, incluso en los innecesarios, le lleva a utilizar referencias necias como eje de sus manifestaciones, lo cual, por su misma condición, suele levantar airadas respuestas, en unos casos, y despertar insaciables apetencias, no confesables, en otros. Ya saben ustedes que, en nuestro país, acudimos con frecuencia al argumento de oportunidad, basado en que "como el Pisuerga pasa por Valladolid". Lo que sí es cierto es que, con ello, y pese a todos los pesares, el señor Blanco ha conseguido ser noticia en un adormecido mes de agosto; si es lo que pretendía, lo ha conseguido. Y no diría yo que no, porque vayan ustedes a saber, qué es lo que circulaba por la mente del señor ministro en esos momentos.

Lo que también ha conseguido, no sé si pretendiéndolo o no, es confirmar el desconcierto del Gobierno que preside el señor Rodríguez Zapatero. Yo pensaba que no era necesario hacerlo patente también, en esos momentos en los que trabajados por el invierno, los españoles aspiran a un merecido descanso. ¡Hombre, don José! Esas cosas y las escaramuzas que provocan, se dejan para el invierno, momento en el que el deseo de olvidar a quien nos gobierna se ve desplazado, por aquello de que ya estamos dispuestos a la mala noticia y al despropósito más flagrante.


Yo creo, tratando de encontrar una justificación a tanta incompetencia y a tanta contradicción, que el problema está en que los miembros del Gobierno carecen de vergüenza y de estima personal; quizá se salve alguien, aunque no me viene su nombre a la memoria. Cualquier persona normal, sí, de los que deambulamos a diario por las calles, no aceptaría decir hoy blanco –me refiero al color, no al ministro– y mañana negro. Es más, a la hora de dar una opinión, nos centraríamos en la esfera de competencia propia, respetando la que pertenece a terceras personas. Bien es verdad que si este principio lo practicaran los ministros del señor ZP, y el propio señor presidente, serían verdaderos sepulcros, sin nada que decir, pues no creo que hayan descubierto materia alguna en la que puedan hablar con autoridad; con esa autoridad que dimana del saber, y no con la potestad que proviene del poder.

Lo cierto es que el señor Blanco ha pasado de restringir drásticamente la obra pública, como un ejemplo de lo que hay que hacer cuando se trata de reducir el déficit público, a decir que lo drástico es menos de lo que dijo y que, con un supuesto regalo que le ha hecho la vicepresidenta económica de unos quinientos millones de euros, podrá reiniciar unas cincuenta obras que supuestamente había parado. Como la cuenta es muy elemental y él muy primario, me malicio que, en sus cálculos, salen a diez millones por obra. Ya sería chocante que así fuera, pero para todo hay que estar preparado, aunque sea en agosto. Eso sí, ya ha advertido que no nos va a decir qué obras se salvan de la quema. Nosotros nos lo imaginamos; no hace falta mucha imaginación.

La pregunta que, también en agosto, haría yo al señor ministro es si ha calculado lo que cuesta parar una obra pública, desmovilizar el equipo, despedir al personal, etc., para unos días después continuar con ello, como si nada hubiera pasado. En algunas obras su entidad es tal que ese óbolo de los diez millones casi se irá con los costes de deshacer y volver a tratar de hacer, para deshacer de nuevo porque ya se han terminado los euros. ¡Qué cosas Don José! ¡Quédese usted tranquilo, aunque sea por un tiempo corto! ¡Piense en el bien de los españoles y en su derecho al descanso, que ellos sí que trabajan!

El problema se ha producido cuando el señor Blanco, no quedándose satisfecho con su desprogramación de la obra pública, como la voz de su amo –nada que ver con la discográfica, para bien de ésta– recordó que la técnica del Gobierno ZP consiste en sustituir la acción de gobernar por la de amenazar. No les basta promulgar decretos y órdenes ministeriales, sino que tienen que zafarse en amenazas a un pueblo que parece nacido para sufrir. Y, dicho y hecho, se convirtió en altavoz de su amo y repitió la amenaza contra los que más tienen. ¿Se acuerdan de nuestro presidente? Subir impuestos para que paguen más los que más tienen; aunque, de momento, el aumento del IVA, que también lo pagan y con más sacrificio los que menos tienen, ya va haciendo camino desde el primero de julio pasado.

Pero ¡ah amigo!: ahí le pisó el callo a la señora Salgado –lo del callo es simplemente un decir figurativo– y la vicepresidenta arremetió contra su colega de gabinete, sin temer siquiera a la reacción del presidente, o quizá con su beneplácito; no tengo información privilegiada sobre el particular. Lo malo es que también doña Elena se ha enredado con la negativa a la subida de impuestos, abriendo la puerta a que quizá sea preciso hacer algún ajuste atendiendo a la progresividad, pero sin ánimo recaudatorio. Y la verdad es que esto ya es demasiado para cuerpos tan maltrechos por la acción de un Gobierno esperpéntico. ¿Cómo quedamos, hay o no hay subida de impuestos? ¿Está la bolita en el cubilete de la derecha, en el de la izquierda o en el del centro? Los malabaristas callejeros, lo hacen mejor y, en ocasiones, tienen más gracia.

La guinda al pastel, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se la ha puesto el señor Taguas. ¿Se acuerdan de él? No se ha hecho esperar, pues como lobby del sector construcción, ha salido en defensa de lo que más le pica –la obra pública, y ahí debe estar la causa del arrepentimiento del señor Blanco y de la asignación de los quinientos millones– diciendo que, aunque no se suban los impuestos –quizá le preocupe que tengan que pagar más los que más tienen– sí que es posible establecer tasas que contribuyan a financiar las obras públicas. ¡Otro más diciendo lo que tenemos que hacer o por dónde nos pueden pillar! ¡Pero hombre, sea usted más cauto, que se le entiende todo!

¿Se le ha olvidado al señor Taguas que el impuesto sobre los carburantes se estableció para financiar la inversión en infraestructuras? ¡Miren, sinceramente, déjennos! Tenemos derecho a vivir, aunque atropellados, tranquilos. Y para que ese derecho pueda hacerse efectivo, sinceramente, ¡convoquen cuanto antes elecciones generales! Así demostrarán que aman a España y a los españoles.


Libertad Digital - Opinión

De bobos y desleales. Por M. Martín Ferrand

Esa tropa que gobierna en Cataluña le resulta imprescindible a Zapatero para poder seguir en el machito.

EL último Consejo de Ministros, extemporáneo y hueco, sirve para demostrar la obsesión electorera que preside el ánimo de José Luis Rodríguez Zapatero. De hecho, el exiguo contenido de la reunión de rabadanes se centró en el innoble propósito de colaborar con José Montilla en una «operación rescate» para que el Estatut vuelva a ser el que aprobó el Parlament y sancionaron las Cortes en olvido, o rebeldía, de las precisiones dictadas por el Tribunal Constitucional. Eso sí que es deslealtad y no la que le atribuyen a José María Aznar. Deslealtad a la Constitución, al Tribunal que la interpreta y, sobre todo, a los españoles que la respaldamos y que, a falta de otra mejor, la aceptamos como buena para organizar la convivencia democrática que algunos tratan de impedir.

No ha provocado el suficiente escándalo, el que merece, el hecho de que todo un presidente autonómico, representante del Estado en su territorio, descalifique a la Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava de Llano, por su recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Acogida de Inmigrantes, otro de los desaguisados legislativos del Parlament.


La Defensora, según Montilla, debiera abstenerse porque, en su día, fue diputada del PP. Eso no es confundir el tocino con la velocidad, error gravísimo entre cocineros y ciclistas, sino imponer la exclusión militante en la vida democrática, algo totalmente descalificador en un gobernante. El error de Montilla no es personal, como el que tiene una verruga. Se trata de algo compartido y generalizado entre los integrantes de su Govern. Joseph Huguet, consejero de Innovación (?) y notable de ERC, ante el recurso de la Defensora, le llamó falangista a Enrique Múgica que ya no es Defensor —¡hay que leer los periódicos, Huguet!— y que, por sus hechos y sus dichos, está tan lejos de Falange como su ofensor de la inteligencia.

Esa tropa que gobierna en Cataluña le resulta imprescindible a Zapatero para poder seguir en el machito y de ahí las cesiones de soberanía que se encierran tras el último Consejo para engordar, contra la razón y el derecho, el Estatut que terminará por arruinar a Cataluña después de haberla privado de muchos de sus numerosos encantos.

Por el momento, el titular de Justicia, el obediente Francisco Caamaño, ya ha sido encargado de preparar una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para, contra el TC y la mismísima Constitución, parcelar la unidad jurisdiccional del Estado y conseguir, por ejemplo, que, en Cataluña, sin salir de casa, puedan casar las sentencias que les resulten incómodas mientras se contemplan el ombligo.


ABC - Opinión

El «rescate» del Estatut

El debate político catalán, que se avivó con la sentencia del Tribunal Constitucional, ha irrumpido con fuerza antes incluso de que termine agosto y con la mayoría de los políticos sesteando sus últimos días de vacaciones. La iniciativa la han tomado el propio presidente Montilla, que recapitula sus exigencias y aspiraciones en una entrevista con LA RAZÓN; y el Gobierno, que ha aprobado este viernes una serie de medidas destinadas a «satisfacer las aspiraciones de Cataluña», en expresión de la vicepresidenta De la Vega. Para tan elevado propósito, el Gobierno ha prometido reformar la Ley del Poder Judicial y convocar una comisión bilateral para aprobar en septiembre nuevos traspasos de competencias relativas a educación, representación en el exterior, Defensor del Pueblo y participación en instituciones del Estado. Ni que decir tiene que con tanto madrugar el Gobierno pretende que amanezca más temprano en el oscurecido ánimo de los socialistas catalanes, cuyas perspectivas electorales son muy negativas. Es comprensible que las demás fuerzas políticas hayan acogido con cierto escándalo estas decisiones electoralistas del Consejo de Ministros, pero no es lo que más debe preocupar al resto de los españoles. La cuestión de fondo trasciende el «gesto político» en apoyo al PSC y afecta a la lealtad constitucional que deben observar los partidos, y el Gobierno a la cabeza de todos ellos. Dicho de otro modo, si lo que pretende el Consejo de Ministros es burlar la sentencia del Tribunal Constitucional mediante argucias legislativas y relecturas sesgadas, volverá a crujir la estructura del Estado y a dispararse la crispación nacional. Por eso, cabe esperar que el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que como perito constitucional validó de forma temeraria el Estatut, haya aprendido la lección que le ha propinado el Alto Tribunal y no tropiece dos veces en la misma piedra. Así, no se alcanza a comprender cómo el Gobierno obrará el milagro de «rescatar» la parte judicial del Estatut cambiando solamente la Ley del Poder Judicial. Si el TC anuló el artículo 97 al completo no fue porque chocara con una ley orgánica, sino con la propia Constitución. De nada puede servir el maquillaje legislativo, pues lo ya sentenciado es inapelable, a saber: que sólo hay un órgano de gobierno de los jueces (el CGPJ), que el Consejo autonómico no puede realizar nombramientos ni permisos ni autorizaciones de jueces, y que las funciones disciplinarias, las inspecciones y los rescursos contra decisiones de gobierno interno son exclusivas del Estado. Nada de todo esto, verdadero núcleo de las aspiraciones nacionalistas en materia judicial, podrá alterarse mediante una reforma de la ley, por más que se empeñe el ministro Caamaño o el Gobierno en pleno. No estará de más hacer un llamamiento a esa lealtad constitucional de la que tanto gustan alardear los dirigentes socialistas para que no abran otro capítulo condenado al fracaso y la frustración. Los catalanes, a los que tantas veces invocan en vano sus políticos, tienen necesidades más graves y urgentes que remendar un malhadado Estatut por la puerta de atrás.

La Razón - Editoria

Aznar y Rajoy. Por Germán Yanke

Aznar sale de casa y en la dirección del PP tiemblan, para qué vamos a negarlo.

Aznar sale de casa y en la dirección del PP tiemblan, para qué vamos a negarlo. En el Gobierno no tanto porque están ya como estatuas, insensibles, paralizados. Lo acabamos de ver con el viaje relámpago a Melilla, que también ha tenido sus truenos. ¿Ha consultado al partido? se pregunta a un portavoz oficioso del ex presidente. «Dejémoslo en que se ha comunicado» responde con una sorna que significa algo más que la independencia de criterio. El Gobierno se empeña en desviar la atención de lo que es su responsabilidad, que es lo que ocurre en Melilla, y sabe, además, que la estrategia hace mella en el PP. La secretaria general aclara que Aznar no viaja en representación del partido y Mariano Rajoy, vuelto momentáneamente del reposo, subraya lo obvio: que el ex presidente tiene perfecto derecho a ir a cualquier lugar de España y mostrar su solidaridad con policías y ciudadanos. Pero no se sabe ya si el objetivo de este honrado comentario es defender a Aznar de los burdos ataques gubernamentales o calmar las aguas internas: no pasa nada, todos estamos en lo mismo.

El problema de Rajoy con Aznar no es su disparidad de caracteres. Su designación como sucesor no es como heredero, le coloca en la paradójica posición de cargar con lo que se vende como malo sin sumar nada de lo bueno. Si se habla de la guerra de Irak, Rajoy es responsable. Si se analiza el éxito económico de los gobiernos del PP o la firmeza en la lucha contra el terrorismo el mérito es de Aznar y da la impresión de que Rajoy acaba de llegar y él lo sabe por los periódicos. O por los libros y folletos de FAES que, curiosamente, dedica sus esfuerzos para situar como alternativa al PSOE lo que hizo el ex presidente, a veces acompañado de los que no están precisamente cerca de Rajoy, y no tanto lo que el partido pueda hacer en el momento presente.

Es quizá lo que debería cuidar Aznar. Como agitador intelectual, en este desierto refractario a los debates serios, tiene un papel que puede ser muy interesante. Como activista el asunto es más dudoso porque si se percibe que quiere representar «otro» PP el chasco será doble: ni puede hacer uno nuevo (ni «el suyo») y sólo fastidiará el único que realmente existe, que es el de Rajoy.


ABC - Opinión

El gobierno menguante. Por Ignacio Camacho

Melilla y Cataluña: dos problemas, dos cesiones. La teoría del apaciguamiento elevada a su máxima potencia.

SI el régimen de Marruecos propicia un conflicto en Melilla contra los intereses españoles, el Gobierno de España primero niega el conflicto y luego se dedica a aplacar al que lo ha originado. Si el poder autonómico catalán provoca una tensión artificial contra la autoridad constitucional del Estado, el Gobierno que representa esa autoridad se apresura a darle la razón a quienes la cuestionan. Ése es el mensaje que ha recibido esta semana la opinión pública nacional de parte del Consejo de Ministros en su primera reunión tras las vacaciones que oficialmente no ha tomado. Dos crisis, dos problemas, dos cesiones: he ahí la teoría del apaciguamiento elevada a su máxima potencia práctica.

Primer problema: Melilla. Gana Marruecos, que es el que lo ha planteado. El Gobierno español prefiere tildar de desleal a la oposición por preocuparse de los melillenses y hacer lo que tenía que haber hecho algún ministro, que es viajar a interesarse por ellos. Silencio ominoso sobre la vejación a las mujeres policías, una subvención de un millón de euros para proyectos de cooperación y la concertación de dos visitas ministeriales (Interior y Exteriores)… a Rabat. Melilla ni sobrevolarla, no se vaya a enfadar el vecino quisquilloso. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Si durante dos años el presidente ha negado la existencia de una crisis económica mundial, cómo va a reconocerle tal rango al hostigamiento fronterizo de unos aleccionados activistas babucheros.


Segundo problema: Cataluña. Gana la Generalitat en su gimoteo victimista. La primera medida posvacacional del Gabinete consiste en encargar al ministro de Justicia que encuentre el modo de trocear el Poder Judicial para burlar la ya benévola sentencia del Constitucional sobre el Estatuto. Ni una palabra oficial sobre el recurso de la Defensora del Pueblo a la ley autonómica que pretende imponer el catalán a los inmigrantes, entre otros recortes de derechos, y mucho menos sobre la infame acusación de parcialidad política lanzada por Montilla sobre la titular de un cargo institucional de imparcialidad obligada. Silencio asertivo, silencio culpable.

Y si ante este Gobierno menguante ganan siempre los que plantean problemas (salvo que se trate del PP, acusado universal de crearlos), está claro quién pierde. Pierden los intereses del conjunto de la nación, o de lo que va quedando de ella, preteridos en una amilanada política de concesiones y tráfico de favores. Pierde la España global a la que se supone que representa un poder elegido para defenderla. Y pierde, en última instancia, el propio Gobierno, cuyas competencias y autoridad se reducen en un pintoresco proceso de jibarización que propicia quien más perjudicado sale de él. La pregunta que queda en el aire ante esta complacencia autolimitadora es para qué ponen tanto ahínco en conservar el poder si sólo lo ejercen para reducirlo.


ABC - Opinión

Israel-Palestina, una negociación necesariamente incompleta

La negociación será, por lo tanto, necesariamente incompleta y habrá de reducirse al territorio de Cisjordania, ocupado legalmente por Israel en 1967 durante la Guerra de los Seis Días.

El Gobierno israelí y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) volverán a sentarse en la mesa de negociaciones el próximo mes de septiembre. Es la enésima ocasión en la que Israel accede a las demandas de diálogo que, insistentemente, formula la comunidad internacional. Pero ahora, una década exacta después del estallido de la segunda Intifada, el panorama es ligeramente distinto en la región.

A diferencia del año 2000, cuando Yaser Arafat se negó a aceptar lo que Ehud Barak le ofrecía encendiendo con ello la espoleta de una violentísima Intifada, en estos momentos los palestinos no están unidos y carecen de una voz común que, aunque sea de cara a la galería, los represente. Desde la muerte de Arafat en 2004 y la toma de la franja de Gaza por parte de las milicias de Hamas dos años más tarde, los palestinos viven separados geográfica y políticamente. En Cisjordania gobierna el relativamente moderado Mahmud Abbas, fundador de Al-Fatah, partido que controla la ANP. En Gaza la que manda con mano de hierro es la organización terrorista Hamas. Entre ambos grupos las relaciones son francamente malas.


La negociación de septiembre que apadrina la Casa Blanca tendrá lugar entre israelíes y miembros de Al-Fatah. Nada más. El Gobierno terrorista de Hamas, sostenido militar y económicamente por los fundamentalistas iraníes, ni está ni se la espera. La negociación será, por lo tanto, necesariamente incompleta y habrá de reducirse al territorio de Cisjordania, ocupado legalmente por Israel en 1967 durante la Guerra de los Seis Días. Los líderes de Al-Fatah aspiran a que Israel abandone la región y se vuelva a la situación previa a la guerra. El problema es que hoy, 43 años después de aquello, en Cisjordania viven unos 100.000 israelíes, casi todos en las inmediaciones de la frontera con Israel y en las cercanías de Jerusalén.

Dejando a un lado el hecho de que el Estado israelí no puede acometer la evacuación de un número de personas tan grande, las fronteras de 1967 no eran con la entonces inexistente ANP, sino con el reino de Jordania, que hace ya muchos años decidió lavarse las manos en todo lo relativo a los palestinos. Esas fronteras fueron fijadas por los británicos, posteriormente violadas por los países árabes en el 67, y finalmente eliminadas por Israel en una guerra puramente defensiva. Queda, naturalmente, la posibilidad de fundar desde cero un Estado Palestino, pero no con esos fantasiosos límites que no se corresponden con la realidad demográfica actual.

Si llegase a constituirse ese Estado mediante la diplomacia haría falta una buena dosis extra de buena voluntad. En estos momentos Israel vive sitiada por dos regímenes islámicos: uno al norte, el acaudillado por Hezbolá en el Líbano, y otro al sur, en la franja de Gaza, con Hamas como enemigo declarado de Israel y del pueblo judío. Jerusalén no puede permitirse un tercer frente radicalizado en su flanco oriental a escasos kilómetros de la capital. Es imperativo que, se llegue a la decisión que se llegue, el futuro Estado palestino de Cisjordania sea desmilitarizado y puesto bajo la lupa internacional para que no se reproduzcan las experiencias de Gaza y el Líbano. Sería una noticia excelente que algo así ocurriese, que los líderes palestinos olvidasen de una vez la idea de acabar con Israel por las malas y arrojar a sus habitantes al mar. Pero eso no depende de los israelíes, sino de la estatura política y la altura de miras de quienes hoy manejan la ANP.


Libertad Digital - Editorial

Israel y Palestina

Está por ver si la buena voluntad de Obama sea un elemento suficiente para lograr que un conflicto pueda solucinarse de la noche a la mañana.

EL presidente norteamericano, Barack Obama, ha entrado en el capítulo en el que han fracasado hasta ahora todos sus predecesores, demócratas o republicanos: el intento de solucionar el conflicto de Oriente Próximo. Presionando para forzar el inicio de negociaciones entre israelíes y palestinos, ya ha dado un primer paso que ha servido para revivir la esperanza después de un largo periodo de dos años de bloqueo diplomático. Por desgracia, pocas cosas han cambiado en lo esencial desde el último intento, en el final del mandato del presidente George W. Bush, excepto que a finales de septiembre vence el plazo que concedió Israel para congelar la construcción de nuevos asentamientos en los territorios palestinos, un asunto que podría terminar de un plumazo con cualquier negociación. Los palestinos se encuentran divididos sin indicios de que los radicales de Hamas vayan a aceptar en Gaza los acuerdos a los que pueda llegar Mahmud Abbas en nombre de la Autoridad Nacional Palestina y el régimen teocrático iraní y su abierta voluntad de hacerse con armas nucleares es el elefante descontrolado en una sala de negociaciones repleta de porcelana.

Está por ver si en este contexto va a ser posible que la buena voluntad de Obama sea un elemento suficiente para lograr que un conflicto que dura desde hace más de cincuenta años pueda entrar en vías de solución de la noche a la mañana. También la presidencia española de turno de la UE creyó que era posible proclamar la creación del Estado palestino durante el semestre pasado y, al final, la amarga realidad se volvió a imponer sobre los buenos deseos de aquellos en cuyas manos no están las decisiones últimas de las que depende una paz que todo el mundo desea.

ABC - Editorial

El manoseo del Poder Judicial

Si el Gobierno cree que el atajo de reformar la Ley del Poder Judicial para obviar al TC es astuto y eficaz, se equivoca. No pasa de ser un burda trampa a la Constitución.

EL Consejo de Ministros ya ha recibido un informe del vicepresidente tercero, Manuel Chaves, sobre las reformas legislativas que serían necesarias para, en palabras de José Montilla, «reparar los daños» causados por la sentencia del Tribunal Constitucional que anuló e interpretó cerca de cuarenta artículos del Estatuto catalán. El Gobierno se muestra así perseverante en buscar sucedá-neos a los apartados inconstitucionales del Estatuto, con el único fin de dar un bálsamo a las relaciones con el Ejecutivo autonómico y, especialmente, con su presidente, José Montilla. Entre tales reformas se encuentra la del Poder Judicial, una de las materias más corregidas por el TC. Y no era para menos, porque el Estatuto pactado por Zapatero y el líder convergente, Artur Mas, creaba un Poder Judicial propio de Cataluña y sometido a su organización autonómica. La culminación de esta intentona segregadora era el Consejo de Justicia de Cataluña, un órgano político previsto para suplantar al Consejo General del Poder Judicial y eliminar la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia, formada sólo por magistrados.

La coartada del Gobierno socialista es que el TC sólo puso reparos de forma y que bastará con reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial para entregar al frente social-nacionalista el último territorio que le queda al Estado central. Este objetivo ya fue intentado durante el mandato de Juan Fernando López Aguilar, aunque entonces —año 2006— los Consejos Autonómicos de Justicia eran definidos como órganos «subordinados» al CGPJ. En este segundo asalto al Poder Judicial que planea el Gobierno de Zapatero, de común acuerdo con el tripartito catalán, ya existe una doctrina constitucional específica al respecto. Y no es compatible con la pretensión de Zapatero y Montilla de burlar la sentencia del TC mediante la manipulación de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Lo que ha dicho el TC es que, conforme a la Constitución, el Poder Judicial sólo tiene un órgano de gobierno que es el Consejo General. Tal afirmación excluye la creación de otros órganos de gobiernos judicial no sólo por vía estatutaria, sino también mediante la reforma de la LOPJ. El TC ha dejado claro en su sentencia que el Estado de las autonomías, a diferencia de lo que sucede con los Poderes Legislativo y Ejecutivo, no alcanza al Poder Judicial, el cual es único para todo el Estado. Por tanto, si el Gobierno cree que el atajo de reformar la LOPJ para obviar al TC es astuto y eficaz, se equivoca. No pasa de ser un burda trampa a la Constitución.

ABC - Editorial

sábado, 21 de agosto de 2010

Aportando soluciones. Por Arturo Pérez-Reverte

Pues vale. Pues me alegro. Se lo digo a usted, señor notario de Pamplona. Y a ti, joven lleno de fe, esperanza y caridad en tus mayores y tus menores. A quienes apuntan, con razón, que me paso los fines de semana gruñendo sobre el pluriputiferio hispánico, pero sin aportar soluciones. La verdad es que esta página no la cobro por solucionar nada –cobraría un poquito más–, sino por desparramar a mi aire. Quizá se hayan fijado en el título: Patente de corso. Pero bueno. Un día es un día.

Lo primero: Cataluña independiente de una puta vez. No pasa nada, oigan. Y me sorprende que no lo hayan hecho todavía. No hay el menor riesgo. Se reúne el honorable Parlament, se proclama la independencia por la cara, y asunto resuelto. Pasada la primera impresión –aquí todas las impresiones pasan–, quedaría hueco en la sección nacional de los periódicos para otros asuntos. Y todos contentos. Nos dejamos de pellizcos de monja, de amagar y no dar, de morritos de mercader en plan quiero y no puedo, o puedo y no quiero. Una sola lengua, una bandera estelada, una nación, un führer. Punto. Y los charnegos que no traguen, a la frontera o que se jodan. Por lo demás, ya me dirán ustedes, ante el hecho consumado, qué iban a hacer los fascistas de Madrid. ¿Se imaginan a Zapatero, o incluso a Rajoy, oponiéndose con hechos a una declaración catalana de independencia? ¿Cómo? ¿Mandando tanques a las Ramblas? Venga ya. Como mucho, iría Moratinos a negociar fotografiándose con barretina, de caganer. Mayor garantía, imposible.


Luego, ya puestos, el País Vasco. Lo mismo: independentzia por el artículo catorce. A tomar por saco. Fin de la salvaje, asesina y secular opresión española, con Peneuve y Eta matándose luego entre ellos por el poder, lo que no deja de tener su puntito. Pero lo más primoroso vendrá cuando, ya con media patria de los vascos y las vascas asegurada aquí abajo, el esfuerzo se centre en la otra media de arriba: Iparralde y tal. Muga ez. Ardo en deseos de comprobar qué pasará la primera vez que algún zángano bocazas y cantamañanas muy mal acostumbrado, como Iñaki Anasagasti cuando sale los viernes del peluquero, insulte a la República francesa o llame txakurra a un gendarme. Sí. Me pido la foto.

Luego, ya metidos en faena, Galicia. Como ahí la cosa no está clara, y hay mucho tibio y mucho gallego que no sabes si sube o baja, se les hace independientes por cojones, y un problema menos. Por real decreto. Quieran o no quieran. Con himno nacional, fuerzas armadas y toda la parafernalia. De paso y ya puestos, para aprovechar el mismo telediario, se entrega Olivenza a Portugal y se ponen Valencia y Baleares bajo la tutela del Estado catalán supervisado por Naciones Unidas, como cuando lo del referéndum del Sáhara confiado a Marruecos. Y ahí nos vemos. A quien, naturalmente, en gesto de buena vecindad y para limar asperezas en el futuro, se entregarán Ceuta, Melilla, los peñones, el islote de Perejil y la cabra de la Legión con las patas atadas para que no se revuelva y haya alguna desgracia, y la liemos a última hora. En lo que a Gibraltar se refiere, tampoco hay problema: también se encargará el ministro Moratinos de gestionar enérgicamente el asunto, sin otras concesiones que la entrega inmediata e incondicional del Peñón a sus legítimos habitantes, así como treinta millas de aguas territoriales, las playas de La Línea, Sotogrande, los puticlubs de Algeciras y el derecho a convertirse en Estado independiente, con una bandera donde, sobre la Union Jack, figure una sonora pedorreta, con el lema: Al que un tonto se la dé, San Jorge se la bendiga.

Aliviada al fin España de la herencia franquista que le impide levantar cabeza, las cosas se simplificarían un huevo, o dos. Tendríamos el ambiente político a punto de caramelo para acometer radicales reformas internas. Ahí sugiero refundir todos los ministerios en cuatro: Subvenciones y Sobornos a Sindicatos, Ladrillo y Turismo Chusma, Bares, Terrazas y Chiringuitos de Playa, y Triunfos Deportivos. Aunque este último, por darle un poquito de caché, podría llamarse ministerio de Patriotismo Intermitente Según y Cómo. Como ven, no escurro el bulto y aporto soluciones. No todo va a ser gruñir los domingos. Algún lector esquivo argumentará que no especifico de qué viviríamos los españoles, o lo que de ellos quedase para entonces, una vez desecado el fangal. Pero esta semana estoy que me salgo de la página, y hasta para eso tengo respuesta. Como aquí, producir de verdad, lo que se dice producir, no se produce una puñetera mierda, pero somos expertos en trajinar con dinero negro, sugiero hacer como Suiza: salir de la Comunidad Europea, declararnos paraíso fiscal y vivir de almacenar el dinero de otros. Catalanes, gallegos, vascos, gibraltareños y marroquíes serían los primeros clientes. Apuesten cuanto tienen a que sí.


XL Semanal - Patente de Corso

Madrid, castillo famoso. Por M. Martín Ferrand

Desde el PP, a Trinidad Jiménez, debieran ponerle alfombra roja. Aunque hablara en chino.

«Madrid, castillo famoso
que al rey moro alivia el miedo»

Como dijo Nicolás Fernández de Moratín —el padre del genial Leandro—, es una ciudad compleja en la que sus vecinos hemos adoptado la patria de nuestros hijos en lugar de tener como referencia la de nuestros padres, al estilo de la mayoría de las ciudades españolas. Por eso puede resultar especialmente irritante que quien tiene por oficio retribuido representarnos en la Asamblea de Madrid, Juan Soler, portavoz adjunto del PP, descalifique a Trinidad Jiménez como aspirante a enfrentarse a Esperanza Aguirre por el Gobierno de la Comunidad por tener acento andaluz. Ignoro el sistema disciplinario con el que nuestros partidos, auténticos conventillos, corrigen la conducta de sus militantes extraviados; pero, cuando menos, a este Soler, que lleva cuatro legislaturas calentando escaño, debieran dejarle sin postre y reducirle la paga del domingo.


Antes, cuando eran los españoles más queridos y admirados por todos los demás españoles, los bilbaínos presumían, en alarde grandón, que «los de Bilbao nacemos donde se nos antoja». Ese privilegio se ha trasladado a Madrid. Ahora somos madrileños, solo por sacar pecho a la hora de decirlo, quienes hemos nacido en La Coruña, en Cádiz, en Salamanca, en Alicante o en Rodrigatos de Obispalía. Madrid ha sabido, cuando bullen los fervores nacionalistas, regionalistas y localistas, prescindir de los catetismos vinculados al terreno y, con ejemplar señorío, convertir el casticismo en espectáculo y conformar una de las ciudades más abiertas y cosmopolitas, divertidas y animadas de todo el Viejo Continente. Más, incluso, de lo que fue Barcelona antes de que el virus convergente y sus mutaciones por la izquierda enfermaran la ciudad y la apaletaran.

En lo político, si ese Soler del PP no fuera un pardillo de cercanías, impresentable por la disposición xenófoba que acredita, estaría encantado con la candidatura de la todavía ministra de Sanidad. Tendrá que enfrentarse, en primarias, a Tomás Gómez. Si gana, pues bendita sea. El juego electoral discernirá si será ella quien se quede con la Puerta del Sol o si prorrogará mandato, de gran señora, Aguirre, la de las malas compañías. Pero si pierde frente a Gómez, después de haber sido «impuesta» por José Luis Rodríguez Zapatero, el fracaso del presidente será tan grande y estruendoso que hasta, para bien de todos, podríamos librarnos de él. Bien porque, arrepentido, se fuera al Císter o porque su partido, en legítima defensa, le diera la boleta. Desde el PP, a Jiménez, debieran ponerle alfombra roja. Aunque hablara en chino.


ABC - Opinión

Crisis. Estímulos destructivos. Por Juan Ramón Rallo

El camino es el que marca Alemania: presupuestos austeros. Ni España, ni Francia, ni EEUU ni nadie ahora y nunca han logrado nada bueno incurriendo en déficits públicos.

Los datos de crecimiento económico de Alemania hechos públicos la semana pasada sorprendieron a muchos. ¿Cómo es posible que un país de la zona del euro que apenas ha recibido "estímulos" fiscales y monetarios consiga crecer al mismo ritmo que la economía estadounidense, sometida a importantísimas dosis de gasto público e inyecciones crediticias?

La pregunta, sin embargo, oculta un claro sesgo intervencionista. Se asume de entrada que el sector público es de algún modo capaz de "salvar" e "impulsar" nuestras economías mediante un mayor gasto público o expandiendo artificialmente el crédito. Pura petición de principios derivada de una concepción mecanicista de la economía: si aumentamos la demanda agregada con más gasto público –¿da igual en qué y para qué?–, ésta tirará de la demanda de empleo y cuando los trabajadores vuelvan a estar ocupados y a gastar –de nuevo, ¿da igual en qué y cómo se haga?– los empresarios volverán a ser optimistas para invertir de nuevo con vigor –¿tampoco es relevante dónde?– lo que relanzará el crecimiento –¿es significativo en qué industrias?– en un círculo virtuoso que no conocerá fin y que incluso nos permitirá amortizar con creces el endeudamiento público inicial.


Por el contrario, algunos venimos sosteniendo desde hace tiempo que el problema presente no es la insuficiencia de gasto, sino la falta de adaptación de la economía para satisfacer todo el gasto excesivo que actualmente se produce. Es decir, se consume y se invierte demasiado a partir de unas rentas infladas derivadas de la presunta venta de una mercancía (viviendas, por ejemplo) que hoy no tiene salida. Por ello, lo primero es reconocer que no podemos gastar tanto (reduciendo nuestras rentas, como lo deberían estar haciendo los trabajadores que se van al paro o los empresarios que quiebran) y lo segundo reestructurar nuestra economía para que deje de estar adaptada para la construcción de viviendas y pase a estarlo para la producción de los bienes (de capital y de consumo) que se demandan.

Los planes de estímulo de gobiernos y bancos centrales, entre otros muchos perjuicios como el famoso crowding-out, sólo logran que nuestros ingresos sigan artificialmente inflados (gastando más de lo que podemos permitirnos para volver a crecer de manera sostenible) y que los incentivos hacia la reestructuración sean nulos; esto es, prologan y agravan la agonía.

Sentado esto, no nos costará demasiado entender que los países que más hayan "estimulado" su economía –más hayan distorsionado el ajuste espontáneo del mercado– sean los que peor están afrontando la recuperación. Basta comparar la evolución de Alemania, Estados Unidos, Francia y España en los dos últimos años. La primera ha limitado enormemente sus déficits públicos, hasta el punto de que en 2008 no incurrió en déficit y en 2009 apenas superó el 3% del PIB. Los otros tres, en cambio, han gastado a manos llenas, tanto en 2008 como sobre todo en 2009, duplicado y triplicando los déficits teutones (y en el caso de EEUU, además, con inyecciones crediticias de la Fed mucho más intensas que las del BCE en la zona del euro).

¿Resultado? Pues el que muchos nos temíamos. La tasa de paro de Alemania, tras un repunte inicial en 2009, lleva descendiendo desde entonces, hasta situarse a mediados de 2010 en el 7% de la población activa. En cambio, España, Francia y EEUU han visto cómo sus tasas de desempleo se duplicaban en unos meses, pese a los paquetes de estímulo o, más bien, a causa de los paquetes de estímulo.

Ante este desaguisado, Almunia nos pide a los españoles que "contribuyamos" con impuestos más elevados, es decir, que nos mostremos sumisos mientras Zapatero, Blanco y Salgado nos llevan al matadero. Pero la cuestión es, ¿contribuir a qué? ¿A destruir lo poco que queda en pie de nuestra economía sufragando más despilfarros distorsionadores? No, el camino es el que marca Alemania: presupuestos austeros; dejar de gastar tanto en evitar que prosperemos. Ni España, ni Francia, ni EEUU, ni nadie ahora y nunca han logrado nada bueno incurriendo en déficits públicos. No es que con la austeridad lo tengamos todo hecho –necesitamos también unos mercados mucho más flexibles de lo que disfrutamos en España–, pero al menos dejaremos de cavar nuestra propia tumba. ¿Se darán cuenta alguna vez los keynesianos?


Libertad Digital - Opinión

Paradojas iraquíes. Por Hermann Tertsch

En Irak son muchos los que temen que nos hallemos en vísperas de una intensificación del terrorismo de Al Qaida.

Ya se han ido las tropas de combate norteamericanas de Irak. Su partida genera indudable alivio en Estados Unidos donde esperan que acabe pronto el hasta ahora incesante goteo de repatriaciones de víctimas. En Irak sin embargo son muchos los que temen que nos hallemos en vísperas de una intensificación del terrorismo de Al Qaida o una escalada de la violencia sectaria que se ha mantenido en niveles «aceptables» desde el terrible periodo de enfrentamientos de 2006 y 2007. Quedan 50.000 soldados norteamericanos en Irak que prestarán apoyo y formación a las autoridades iraquíes hasta el 31 de diciembre del 2011. Esto es lo que hay. Lo que tiene gracia es que el presidente Barack Obama reciba ahora aplausos por cumplir un calendario de retirada elaborado en su día por George W. Bush.

Como lo tiene también el hecho de que gran parte de las tropas serán sustituidas por un «ejército» de civiles que dependerán del Departamento de Estado y se nutrirán —paradojas de la vida— de esas empresas privadas de seguridad tan denostadas por los adversarios de Bush como símbolos de la perversión de la administración norteamericana. Halliburton —con otro nombre— y otras muchas trabajarán ahora a sueldo de Hillary Clinton para evitar que se convierta en desastre esta retirada de tropas con la que Obama quiere ante todo mejorar las encuestas ante las elecciones parciales de noviembre.

Con un índice de popularidad bajo mínimos, las elecciones podrían convertir a Obama en un «lame duck» (pato cojo) ya en su primer mandato y hacer aun más probable que pase a la historia como «one term president» (presidente que no consigue ser reelecto para un segundo mandato). El último que consiguió tan discutible distinción fue otro demócrata tan cargado de buenas intenciones como éste.


ABC - Opinión

Mezquitas. La sociedad abierta y el caballo de Troya. Por Guillermo Dupuy

Si creyese que todos los musulmanes son iguales en ese sentido, no limitaría la critica a determinada ubicación, sino que pediría abiertamente que se prohibiera la construcción de cualquier centro islámico en cualquier punto del territorio del mundo libre.

Recuerda estos días Barak Obama que "los musulmanes, al igual que cualquier otro estadounidense, tienen todo el derecho a practicar su religión en cualquier punto del territorio de Estados Unidos". Comparto esta opinión, siempre y cuando, claro está, la práctica de esta religión –como la de cualquier otra– no suponga un peligro ni para la libertad ni para la vida de quienes abjuran de ella o de quienes profesan otras religiones o ninguna de ellas.

En el caso de la polémica desatada a propósito de la construcción de la llamada Córdoba House, considero que no se podría hacer peor homenaje a las víctimas del 11-S, a la ciudad de Nueva York y a los principios sobre los que se fundamenta los Estados Unidos de América que conculcando la libertad de culto y los derechos de propiedad privada como medio para impedir la construcción de un mezquita o un centro cultural islámico en las proximidades de la zona cero. Los fundamentalistas islámicos del 11-S no sólo pretendían derribar unas torres sino destruir esa avanzada civilización, libre, tolerante y mestiza, donde personas de diferentes razas, credos religiosos e ideas políticas cooperan y conviven en paz.


Ahora bien, no por ello dejo de considerar absolutamente criticable ni dejo de percibir como una provocación la construcción de un centro islámico en las proximidades de donde, en nombre de Alá, se asesinaron a 3000 personas. Si de verdad lo que quieren promover estos musulmanes es "la integración y la tolerancia hacia las diferencias y la cohesión de la comunidad por medio de las artes y la cultura", que renuncien al derecho que les asiste, que yo no les niego y que debe estar regulado, no por lo que opine Obama sino por lo que diga la ley, y que edifiquen ese centro en otras zonas donde, al igual que ocurre con las alrededor de cien mezquitas que hay en Nueva York, no hieran la sensibilidad de los ciudadanos. Así lo han pedido, algunos destacados miembros de la comunidad musulmana.

Algunos dirán, en cualquier caso, que los promotores de la Cordoba House no son fundamentalistas ni tienen la misma noción de Alá y del Islam que los asesinos integristas. No tengan ustedes dudas de que si yo creyese que todos los musulmanes son iguales en ese sentido, no me limitaría a criticar determinada ubicación, sino que pediría abiertamente que se prohibiera la construcción de cualquier centro islámico, no ya en las proximidades de la zona cero, sino en cualquier punto del territorio del mundo libre. La libertad religiosa, como la libertad política, no debe dar cobertura a la prédica de su destrucción; no debe ofrecer tolerancia a la intolerancia o a la justificación de la violencia contra el homosexual, contra la mujer o contra el infiel, como tampoco amparar la vulneración de los derechos humanos por razones "culturales".

Vigilemos, pues, no tanto donde se ubican esas mezquitas o centros culturales como qué es lo que se hace y se predica en ellos. El caso de la recientemente clausurada mezquita Taiba de Hamburgo, donde se reunieron los autores del 11-S, y de su también ilegalizado "centro cultural" asociado, desde donde se seguía reclutando y ayudando a los yihadistas, demuestra que el auténtico problema no es a cuantas manzanas de distancia de la zona cero se deben construir los centros islámicos.


Libertad Digital - Opinión

La lealtad de Mohamed. Por Eduardo San Martín

Casi nadie ha hablado de la lealtad de Marruecos hacia España, que es lo que realmente estaba en juego en esta crisis.

La crisis de Melilla como paradigma de la altura del debate político en España. Y el empeño de la Generalitat por ponerles puertas al mar de una lengua que se ha convertido en la segunda de uso más extendido en Internet, como ejemplo de la cercanía a las preocupaciones de los ciudadanos de algunos gobernantes, nuevos conversos a una ideología de la que siempre aborrecieron los padres de la socialdemocracia.

No parece que la inmensa mayoría de los catalanes comparta con su gobierno la ineludible necesidad de integrar a sus emigrantes sólo en catalán, ni que el recurso de la Defensora del Pueblo («al servicio del PP», según Montilla) ponga en peligro la identidad lingüística catalana. Si la subsistencia de un legado cultural depende de que se imponga por decreto, sus días estarán contando. No es ese el caso de la lengua catalana, que sobrevivirá gracias al sentido común de sus hablantes y no a las torpezas de sus representantes políticos.


En cuanto a Melilla, el debate político debería haber indagado en las razones por las que un gobierno «amigo» desata una campaña desaforada contra nuestras fuerzas de seguridad so pretexto de unos incidentes menores que, como hemos visto, han desaparecido en cuanto la gendarmería marroquí ha tocado el silbato, aleccionada por quien está detrás de todo este barullo.

En su lugar, la bronca ha producido perlas que da pudor reproducir, desde las proclamas sobre el patriotismo de Aznar hasta sus abdominales; lo que nos deja aún más expuestos a una autocracia que sabe bien como sacar partido a las peleas estériles de nuestros partidos. Se ha hablado hasta la saciedad de la lealtad de Aznar o de la de Zapatero en 2001. Casi nadie lo ha hecho de la lealtad de Marruecos hacia España, que es lo que realmente estaba en juego en esta crisis.


ABC - Opinión

Aznar y Melilla. Permiso para aterrizar. Por Maite Nolla

El tiempo y las circunstancias le han permitido a Aznar vengarse y dejarle un recordatorio. Utilicen ustedes el dicho que quieran: el de la venganza se sirve fría, el de los renglones torcidos o el de a cada marranillo.

Aznar se la tenía guardada a Zapatero y se la ha devuelto. Tenía guardada ésta y diez o doce más. Aznar pensó en su momento que Zapatero podía ser una alternativa más o menos civilizada, hasta que la realidad y el personaje le demostraron otra cosa. Con el tiempo hemos sabido que la política de Zapatero para el País Vasco no era la de Nicolás Redondo Terreros, que no creía en el Pacto por las Libertades, que mentía cuando decía que bajar impuestos era de izquierdas y que su política se basaba en enfrentar a los españoles y sacarles lo peor. Y el tiempo y las circunstancias le han permitido a Aznar vengarse y dejarle un recordatorio. Utilicen ustedes el dicho que quieran: el de la venganza se sirve fría, el de los renglones torcidos o el de a cada marranillo. Un ajuste de cuentas, en definitiva, por los dos años de Zapatero pancartero, por los seis en el Gobierno y por darle la vuelta a España como a un calcetín.

La verdad es que las visitas de Zapatero a Marruecos en su día y la de Aznar a Melilla del otro día no son comparables. No son comparables porque uno se fue a Marruecos a rendir honores al sultán y el otro visitó una ciudad española; ubicada en África, sí, pero española. Y por más que una lo intenta, les tengo que reconocer que soy incapaz de comprender por qué la visita de un político español a una ciudad de España se considera una provocación. Es más, al margen de los titulares de Cuatro o de La Sexta, del tipo "El PP y Aznar aumentan la tensión en Melilla", he repasado las declaraciones de los miembros del Gobierno y del partido socialista para intentar profundizar en el tema. He buscado en Google las obras completas de Gaspar Zarrías, a ver si había escrito algo previamente sobre la cuestión y la geoestrategia, y nada. Considerar la visita de Aznar a Melilla como una provocación es aceptar el lenguaje de la dictadura marroquí. O el de los batasunos cuando hablan de la selección española en Vitoria. Igual al señor Zarrías o a la vicepresidenta del Gobierno les ha poseído el PSC, poseído a su vez por el nacionalismo. Les digo esto porque hace un tiempo un dirigente del PSC llegó a decir que después de la sentencia del estatuto Zapatero no era bienvenido en Cataluña, que no deja de ser una versión de lo mismo.

Nadie sabe muy bien cuál ha sido el origen de la crisis, ni de qué iba esto, ni cómo se ha solucionado, pero si las relaciones diplomáticas españolas exigen que el ex presidente del Gobierno no pueda visitar Melilla y que necesite poco menos que un permiso del Gobierno para aterrizar, es que estamos incluso peor de lo que pensábamos.


Libertad Digital - Opinión

Shakira y Laura. Por Ignacio Camacho

Bañarse en las fuentes no es una costumbre cívica, pero en todo caso resulta menos ofensiva que homenajear a etarras.

EN Barcelona, como en otras muchas ciudades, la gente suele bañarse en las fuentes públicas para aliviar el calor del verano. No se trata desde luego de una costumbre cívica ni encomiable, pero en todo caso es menos ofensiva que la de rendir públicos honores a terroristas culpables de complicidad en delitos de sangre. El Ayuntamiento barcelonés, sin embargo, tiene un criterio diferente para medir el incivismo: se cruzó de brazos ante el previsto homenaje a la etarra Laura Riera —finalmente prohibido por la Audiencia Nacional—mientras pretende sancionar a la cantante Shakira por haber sumergido sus curvas en una fuente urbana durante la grabación de un vídeo. Se trata, sostiene el muy cumplido y diligente Consistorio, de un mal ejemplo para la juventud empeorado con el agravante de circular sin casco en una motocicleta. Se refiere por supuesto al baño de la sugerente estrella; sobre la convocatoria del acto filoetarra no consta ninguna opinión municipal.

La preocupación del equipo del alcalde Jordi Hereu por la observancia de una adecuada conducta en las calles de su ciudad resultaría conmovedora si no se hubiese convertido en habitual la presencia de masas de turistas desharrapados en La Rambla y sus alrededores, que ha generado todo un debate local en torno a la indumentaria mínima imprescindible para sentarse en las terrazas o entrar en los restaurantes. (Nadie reclama etiqueta sino el uso de una simple camiseta sobre el bañador). Bajo el impulso oficial, el modelo urbano de Barcelona ha evolucionado desde el rutilante y eficaz esplendor del 92 a una especie de sucursal cutre de Porto Alegre en la que toda presunta expresión alternativa goza de acogida favorable hasta el punto de haberse convertido en referencia del movimiento okupa y otros colectivos de la antiglobalización. El resultado es una frecuente y consentida ocupación desaprensiva, incluso vandálica, del espacio público y un visible deterioro del ambiente social que contrasta con la ordenada elegancia del bellísimo paisaje ciudadano. En ese contexto progresivamente degradado, Shakira y su trivial hapenning de transgresión pija vienen a ser una excepción de un glamour casi aristocrático. Y siempre merecerán mejor bienvenida y trato que la morralla antisistema capaz de incluir, ante la pasividad oficial, un acto de exaltación terrorista en el programa de unas fiestas de barrio.

Pero para que el Ayuntamiento barcelonés, tan repentinamente sensible a la urbanidad callejera, se hubiese mostrado menos permisivo con el homenaje a Laura Riera habría necesitado la constancia, o al menos el indicio razonable, de que tras la prevista exaltación de la heroína etarra el acto fuese a acabar con un baño masivo en las fuentes de Gracia. En esa hipótesis —puede que el festejo, aun sin permiso, acabe en algo peor: hay precedentes— acaso el estatuario Hereu se hubiera dignado enarcar una ceja.


ABC - Opinión