jueves, 4 de febrero de 2010

El piadoso impostor. Por M. Martín Ferrand

REZAR, como nos enseñaba el Catecismo del padre Astete, «es elevar el corazón a Dios y pedirle mercedes con humildad y confianza». En el Catecismo del padre Ripalda, el de la otra media España, era el alma y no el corazón lo que se debía elevar; pero, tratándose de textos de dos buenos clérigos del XVI, lo del corazón es previo a la cardiología y lo del alma, anterior al psicoanálisis. Para rezar basta con una voluntad piadosa y esperanzada y un mínimo de fe en Dios. ¿Coincidirán esas condiciones en José Luis Rodríguez Zapatero cuando esta mañana asista al desayuno de oración que tiene convocado The Family Fellowship, presidido por Barack Obama, o se trata de una nueva impostura del personaje que nos gobierna?

Hace muchos años, un dinámico cura irlandés puso en marcha una «cruzada» -así la llamaron entonces- para inducir al rezo del rosario en familia. El lema de la campaña -«La familia que reza unida permanece unida»- originó en Madrid la mayor concentración de personas de la que tengo memoria hasta la llegada de Juan Pablo II, por encima de las exhibiciones patrióticas y las demostraciones sindicales propias de la época. ¿Qué familia pretenderá mantener agrupada el sobrevenido devoto Zapatero? Su insensatez federal niega, con los hechos, la hipotética pretensión de la unión entre los españoles y la contestación que comienza a notarse en las filas del PSOE desmiente la de la familia socialista. Todo sea por una foto que compense, en Washington, la ausencia, en Madrid, de la que nos tenía anunciada en grandiosa conjunción planetaria para el próximo mes de mayo.

Lourdes o Fátima tienen probada una mayor y más antigua capacidad milagrera que Washington; pero Zapatero, que mira el pasado con rencor y el futuro con esnobismo, prefiere peregrinar a Washington. Está en su derecho, como lo está al hacerse acompañar de distinguidos acólitos del periodismo español para que le lleven el cirio y, llegado el caso, puedan escribir la crónica de su conversión a la doctrina del imperio de las barras y las estrellas. San Pablo, cuando cayó del caballo, empezó el camino de la santidad; pero sospecho, a partir de la lectura de sus epístolas, que era más habilidoso jinete de lo que pueda serlo el de León. No es lo mismo Damasco que Washington y las caídas equinas no necesariamente hacen brotar la fe. En la mayoría de los casos conducen, únicamente, a la deslomadura.


ABC - Opinión

Pacto por la imposición. Por Cristina Losada

La audacia con que el nacionalista profiere falsedades en la capital del Reino tiene razones. Una razón: cuelan.

El ministro Gabilondo está empeñado en hacer más democrático y ameno el sistema educativo. Es otra manera de aplicar aquel exabrupto anti-intelectual que soltó Solís en pleno franquismo: "Menos latín y más gimnasia". Con ese lúdico objetivo en mente ha de escuchar estos días a los partidos nacionalistas, por lo cómico de negociar un pacto de Estado con quienes tiene por objetivo destruirlo. El BNG y ERC han desvelado cuáles son sus prioridades para ese acuerdo en materia de enseñanza: las de siempre. Exagero con el plural. Les preocupa una sola cosa. Mantener y extender la proscripción del español de las aulas, los libros, los pasillos, los claustros o los recreos. Ni el fracaso escolar, ni la baja calidad, ni la falta de autoridad les quitan el sueño. El único pacto al que aspiran es aquel que garantice la permanencia de la imposición lingüística.


Para hacer pasar la píldora, recitan los nacionalistas en Madrid palabras que empiezan por "pluri". El BNG ha hecho saber que no apoyará ningún pacto que no respete el carácter plurilingüistico y pluricultural del Estado. Y Esquerra ha manifestado inquietud por la "voluntad de uniformizar" que, barrunta, anida en el proyecto. Ninguno de los dos partidos muestra respeto alguno por la pluralidad lingüística de los ciudadanos de Galicia y Cataluña. Ambos son partidarios de uniformizar a la población bajo una sola lengua. Pero en Madrid se presentan como ardientes defensores de lo plural sin que nadie les rechiste. Y aún se permiten más, como la diputada del Bloque al asegurar, contra toda evidencia, que nadie, y menos los suyos, reniega (sic) de la enseñanza en la lengua de Cervantes.

La audacia con que el nacionalista profiere falsedades en la capital del Reino tiene razones. Una razón: cuelan. Allí, prescinde de proclamas incendiarias, asume pose respetable y explota el sentimiento de culpa por el centralismo, aún décadas después de una descentralización completa. Luego, gracias a la miopía, tantas veces voluntaria, de las instituciones del Estado, consigue que su odiado Madrid le permita casi todo y no se entere de casi nada. El ministro de la Educación divertida no promete ser una excepción a esa regla. Él no quiere "dramatizar" los problemas lingüísticos y su Gobierno no reconoce que existen.


Libertad Digital - Opinión

En barrena. Por Ignacio Camacho

ZAPATERO se ha ido a rezar con Obama pero el lío que ha montado no lo arregla ni Dios. El Gobierno -o lo que queda de él porque hay ministros desaparecidos- ha entrado en barrena: nada le sale bien y se mueve en el más absoluto caos, un errático descalzaperros del que sería benévolo decir que es confuso. Por todas partes está cundiendo una pavorosa sensación de alarma nacional que va mucho más allá de las emociones subjetivas porque se fundamenta en las devastadoras estadísticas del paro y un déficit ante el que los mercados europeos han empezado a tocar las sirenas. El presidente puede huir de sí mismo pero el país no tiene para dónde escapar y sólo cabe rogar a quien cada uno rece para que este desbarajuste no termine de mala manera.

La última ocurrencia de desgobierno ha sido la propuesta retráctil de alargar las bases de la jubilación, que La Moncloa no ha sido capaz de sostener más allá de unas horas después de meter el susto en el cuerpo a los sindicatos y ante el probable veto de éstos. Forzado a rectificar su discurso con un ajuste en el que no cree, Zapatero da bandazos como un piloto enloquecido tocando a la vez todos los botones del cuadro de mandos. Si el objetivo era inspirar confianza a los mercados estos vaivenes deben de inspirar pánico: a ver quién le compra deuda a una nación gobernada (?) a tumbos por dirigentes sumidos en un abracadabrante desconcierto.


Con el Gobierno oliendo a chamusquina, algunos barones socialistas empiezan a poner pies en polvorosa tratando de que no les salpiquen los escombros. El manchego Barreda se empieza a ver en el espejo cara de perdedor y ha apuntado hacia arriba para señalar responsabilidades. El cambio de gabinete que ha pedido no es más que una impugnación en toda regla del actual, bajo cuya sombra se siente oscurecido. El desmarque tiene pinta de huida de un edificio en ruinas pero la opinión de Barreda es un clamor dentro y fuera del PSOE: con este equipo incompetente y quemado el Partido Socialista se hunde y el país detrás. El problema es que el presidente puede hacer una crisis pero no se puede cambiar a sí mismo.

La situación es crítica, y en parte acaso irreversible. Este colapso nacional va a dejar secuelas profundas en la estructura productiva, un retroceso de lustros en la escala socioeconómica de España. El asunto va mucho más allá de la lucha por el poder: estamos ante una coyuntura de auténtica emergencia que puede sumirnos en un marasmo de décadas, y el Gobierno permanece aislado y bloqueado, en conflicto con su propia esencia, incapaz de tomar decisiones estratégicas. El zapaterismo era un estilo para la política superficial, para gestos livianos y audaces a favor de corriente, pero carece de recursos y de enjundia para enfrentarse a los estragos de una crisis tan seria. Esto va a acabar mal y cada día tiene menos margen de arreglo.


ABC - Opinión

Zapatero, en Washington, con un monigote en la espalda. Por Antonio Casado

Gobierno acorralado y a la defensiva. Bracea como puede para no hundirse en medio del discurso político y mediático que describe con detalle un estado de emergencia nacional. En el discurso vale todo, incluida la falta de respeto a las personas. Por ejemplo, decir desde una tribuna pública que a estos ministros los han sacado de un estercolero. Maravilloso. Y, por supuesto, lo más socorrido, ese tono despectivo especialmente dedicado a Zapatero. Hoy, más expuesto que nunca, por su jornada americana junto a las elites del país más poderoso de la tierra.

El presidente del Gobierno se ha ido a Washington con cientos de agujas clavadas en muñecos de trapo parecidos a Mister Bean. A lo largo de la jornada queda abierto el concurso para encontrar la forma de ridiculizar su paso por la capital del imperio. En la fiesta religiosa del creacionismo, en el almuerzo-coloquio con la patronal norteamericana (US Chamber of Comerce) o, ya por la noche, su conferencia ante el Atlantic Council, en la que Zapatero cultivará el fetichismo trasatlántico. Da igual. Una foto, un gesto, una frase, una situación. Cualquier cosa servirá para hacer unas risas con el presidente del Gobierno de la Nación. Sería imperdonable dejarle volver de rositas ahora que lo tenemos contra las cuerdas.


El tiempo se come a la doctrina, dice mi paisano, León Felipe. La escenificación es la clave del acto político. Escenificar lo que se hace es ya tan importante, o más, como lo que se hace. Una foto con Barack Obama o la verbalización de la novedad que sitúa a Zapatero como el primer español que va de invitado especial al Desayuno Nacional de la Oración, por ejemplo, pueden jugar a favor de Zapatero. O de lo que representa como embajador de la Unión Europea y presidente del Gobierno de España. Lo saben los agitadores de esta despiadada ola de agresividad contra él y por eso lo imaginarán con un monigote a la espalda en su jornada americana. Les gustaría ponérselo de verdad, pero lo disimulan. No pueden ignorar las posibilidades encerradas en su agenda de Washington y no están dispuestos a permitir su aprovechamiento. Sufrirían un nuevo ataque de contrariedad, pequeño, eso sí, uno más, a modo de réplica, como en los terremotos, después del masivo chasco del 14 de marzo de 2004.

Llamado a hacer el ridículo

Así que ni orgullo nacional, ni sentido de Estado, ni imagen de España ni gaitas. El de la ceja está llamado a hacer el ridículo, como en Davos cuando falló el sistema de tradición simultánea. Y así será. Está escrito de antemano. Sobre todo en lo que se refiere al Desayuno de Oración, el primero de los tres actos previstos en la agenda de Zapatero. Un laico sorprendido en la desvergüenza de aceptar una invitación de carácter religioso, que además está incapacitado para comunicarse en un acto privado por su desconocimiento del inglés.

En la propia naturaleza del acto, desde los tiempos de Eisenhower, se inscribe el fomento del diálogo y la integración entre diferentes. Lo decía hace unos días el flamante embajador norteamericano en Madrid después de referirse a la “química entre Obama y Zapatero”. Decía Solomont que el acto refleja la diversidad norteamericana y las distintas formas de creer en Dios, aunque también caben los ateos.

Así es, efectivamente, desde que el acto se celebró por primera vez en 1953. En cambio aquí le negamos a Zapatero el derecho a dialogar e integrarse con diferentes. O le negamos a los anfitriones el derecho a dialogar e integrarse con el laico Zapatero. Hay que joderse.


El confidencial

Falta rigor político

No habrá recuperación de la confianza si el Gobierno transmite inseguridad en lo que hace.

El Plan de Estabilidad enviado por el Gobierno español a la Comisión Europea suscita dudas muy razonables sobre la capacidad del Ejecutivo para reducir el déficit público, situado a finales de 2009 en el 11,4% del PIB, hasta el 3% en 2013 y de la posibilidad de controlar el intenso crecimiento de la deuda pública, que alcanzará el 74% del PIB en 2012. La credibilidad del Gobierno se resiente además de la extrema confusión política de sus propuestas.

Ayer, tuvo que anunciar que eliminaba el párrafo, contenido en el documento remitido a Bruselas, en el que precisaba que en la propuesta de reforma de las pensiones -una de las medidas decisivas para controlar el déficit y la deuda junto con el programa de recorte de gasto público- se aumenta el periodo de cómputo para el cálculo de las pensiones desde los 15 años actuales hasta los 25 años. Una torpeza política de esta magnitud reduce las posibilidades de negociación con los agentes sociales de una medida necesaria para garantizar el futuro del sistema de pensiones.


La condición inexcusable para que los ciudadanos, los mercados y Bruselas confíen en la solvencia de la economía española es que los mensajes de reforma sean verídicos y claros. El Gobierno ha burlado ambos requisitos. A la vista de la indiscreta revelación en el documento de una medida desconocida en España y de su eliminación posterior, da la impresión de que el equipo económico juega con globos sonda y se complace en el despiste. No es que el cambio de rumbo anunciado en el Consejo de Ministros del viernes pasado y ratificado en el plan enviado a Bruselas sea incorrecto. Por el contrario, el recorte del gasto y la reforma de las pensiones son el mensaje que esperan los mercados y las agencias de calificación. El problema es que la nueva dirección de la política económica requiere algo más que declaraciones; exige, además, rigor político, explicaciones detalladas sobre dónde, cómo y en qué cuantía se reducirá el gasto y un plan creíble sobre la relación futura entre pensionistas y cotizantes, entre aportaciones y pensiones, para que los inversores renueven la confianza en la deuda española.

Al Gobierno le falta tacto político y le sobra la presunción frívola de que los anuncios genéricos de medidas económicas bastan para combatir la recesión o restaurar las finanzas públicas. Un plan de estabilidad creíble no puede fundamentarse tan sólo en recortes de gasto poco precisos o el nuevo cálculo de las pensiones; exige una previsión sobre la generación de suficientes ingresos públicos, porque el balance entre ingresos y gastos del Estado muestra la debilidad de la estructura fiscal española. Por ello es imprescindible que el Gobierno se pronuncie sobre un plan efectivo contra el fraude fiscal o aclare si será necesario subir los impuestos antes de 2013; y por eso es tan necesario mantener un margen de inversión pública para facilitar la recuperación y reducir el paro. Sin reactivación, no aumentarán los ingresos y el paro elevado deteriorará las finanzas públicas y la solvencia bancaria.


El País - Editorial

De la economía sostenible a un país insostenible

Los datos del paro no pueden ser más deprimentes y obligan a tomar decisiones urgentes a un Zapatero que tiene, esta semana, la oportunidad de demostrar que es consciente de la gravedad de la situación.

LOS DATOS de los Servicios Públicos de Empleo y del Ministerio de Trabajo que constatan un incremento de casi 125.000 nuevos parados en enero y la pérdida de 257.000 afiliados a la Seguridad Social son demoledores. Pese a que enero es tradicionalmente un mal mes para el empleo, el aumento del número de parados en esta ocasión es catastrófico: nos retrotrae al ritmo de destrucción de puestos de trabajo de marzo del año pasado, es decir, a tiempos previos a la entrada del Plan E, que frenó la caída libre. Se pone así de manifiesto que el país no ha tocado fondo y que el paro continúa sin desacelerarse.


Especialmente preocupante es la pérdida de cotizantes a la Seguridad Social, que deja ahora la cifra de afiliados en 17,5 millones. Eso supone retroceder a datos de 2005, cuando la población en España era inferior en casi dos millones. Estos números dibujan un país insostenible en el que hay casi 8 millones de pensionistas, 4 millones de parados y 3 millones de empleados públicos, por 14,5 millones de trabajadores en el sector privado. Hay que advertir que por primera vez en España hay 4 millones de parados registrados oficialmente y también, por vez primera, hay más de 3 millones de personas que cobran un subsidio de desempleo. Eso quiere decir que el Estado debe afrontar al final de cada mes el pago de cerca de 9.000 millones de euros sólo para atender pensiones y subsidios. Se entiende así el giro radical del Gobierno, que ha pasado del discurso de la gran política social, de la economía sostenible y de los brotes verdes al aumento de impuestos, primero, y ahora al pensionazo.

Pero tan grave como el deterioro de la economía es la velocidad con que se produce. En agosto de 2007 había la mitad de parados que ahora y hace sólo ocho meses, en mayo de 2009, había casi dos millones de afiliados más a la Seguridad Social que hoy. Lo mismo puede decirse de la rapidez con la que se disparan la deuda y el déficit públicos. El Gobierno había calculado en los presupuestos de 2009 un déficit del 1,9%, y el ejercicio se ha cerrado con el 11,4%, lo que supone una desviación de 95.000 millones de euros sobre lo previsto.

Ante este panorama no es de extrañar que el FMI avise de que España deberá afrontar «grandes sacrificios» entre los que incluye, en todo caso, la bajada de salarios, o que la OCDE advierta de que la reforma del sistema de pensiones necesita «esfuerzos complementarios» a los ya anunciados de elevar la edad de jubilación y revisar el cálculo de la pensión.

Las luces de alarma están encendidas y hay que tomar decisiones. El nerviosismo no sólo está en la calle, se palpa también en el PSOE. El presidente castellanomanchego Barreda animaba ayer a Zapatero a acometer una «remodelación importante del Gobierno» para formar un equipo que combata mejor la crisis. Al margen de que sus declaraciones puedan ser consideradas oportunistas, revelan el debate interno que sacude las filas socialistas. Pero es el momento también de que la oposición esté a la altura. La tentación de acomodarse en el cuanto peor, mejor, no sirve, porque el PP corre el riesgo de heredar un país destrozado el día que llegue al Gobierno.

Esta semana Zapatero tiene una oportunidad de demostrar que es consciente de la gravedad de la situación. El Consejo de Ministros aprobará el viernes sus propuestas de reforma del mercado laboral. Desde luego, la situación no se va a desbloquear con medidas cosméticas. Veremos si, como pedía ayer la vicepresidenta De la Vega, se apuesta por «medidas valientes», que en este caso sólo pueden ir por la flexibilización en la contratación y el despido. Si tras haber dejado pasar un año Zapatero no se siente en condiciones de abordar esas reformas, debería pensar en convocar elecciones.


El Mundo - Editorial

Un hombre valiente. Por José García Domínguez

La derecha española, siempre tan proclive a la pirotecnia retórica y la jarana patriotera, nunca ha sido menos generosa que la izquierda, llegado el punto de vender los derechos de los castellanoparlantes de Cataluña a cambio de un atajo a La Moncloa.

Los pocos restos de la dignidad civil catalana que aún quedan en pie comparecerán el próximo viernes ante el Juzgado de lo Contencioso-administrativo número 9 de Barcelona con el loable propósito de sacar los colores a Zapatero y a su igual, Aznar. Así, el ciudadano Manuel Nebot, otra víctima de las redadas gramáticas de los nacional-sociolingüistas del Tripartito, ha decidido llevar ante los tribunales de justicia el simétrico oportunismo moral de uno y otro.


Que tanto monta. Y es que la derecha española, siempre tan proclive a la pirotecnia retórica y la jarana patriotera, nunca ha sido menos generosa que la izquierda, llegado el punto y hora de vender los derechos de los castellanoparlantes de Cataluña a cambio de cualquier atajo a La Moncloa. De ahí, por ejemplo, que no resulte discutida ni discutible la efectiva renuncia del Partido Popular a promover un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Persecución Lingüística. Vergonzante olvido que, oh casualidad, vendría a coincidir con la digestión del pacto del Majestic, aquel primer matrimonio de conveniencia –con estricta separación de bienes– entre el PP de siempre y los nacionalistas dizque moderados de toda la vida. Que de aquellos polvos, estos lodos.

Ocurre, por lo demás, que en el relato catalanista no cabe la objeción de conciencia semiótica del ciudadano Nebot. Para ellos, esa obscena ortografía castellana que luce, impúdica, en el rótulo de su comercio emerge tan ajena y hostil como los ejércitos otomanos que destruyeron Bizancio. Al cabo, su suprema bestia negra no es España, sino el español. La maldita lengua impropia, funesta lacra fonética que diera en infectar las laringes pedáneas a partir del aciago mes de septiembre de 1714. Y no han de descansar hasta lograr recluirla en la más estricta intimidad doméstica de los insumisos.

Razón ésa de que los derechos constitucionales del ciudadano Nebot terminen justo donde comienza la paranoia morfosintáctica de la devota cofradía de San Pompeu Fabra. Y como siempre resulta mucho más llevadero permanecer au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias, ahora, don Mariano seguirá escondido tras los floreros de Génova mientras, en solitario, el coraje cívico del ciudadano Nebot pugna por recomponer los cristales rotos del Estado de Derecho.


Libertad Digital - Opinión

Ausencia injustificada

AYER se celebró en Barcelona un emotivo funeral en memoria de John Felipe Romero Meneses, el soldado español de origen colombiano que perdió la vida en acto de servicio el pasado lunes en Afganistán. La presencia del Príncipe de Asturias refleja la relevancia institucional del acto, al que asistieron también la vicepresidenta segunda del Gobierno, la ministra de Defensa, el líder de la oposición y el presidente de la Generalitat, entre otras autoridades. Carece de justificación la ausencia del presidente del Gobierno, que habría tenido tiempo de sobra para desplazarse a Barcelona antes de emprender viaje a Washington para participar en el Desayuno de Oración, donde tendrá la oportunidad de encontrarse con Barack Obama. La inmensa mayoría de los ciudadanos se encuentra legítimamente orgullosa de la misión que cumplen nuestros soldados en el exterior, siempre eficaz y a veces heroica. Romero Meneses, como todos sus compañeros, desempeñaba allí su actividad al servicio de España, en un territorio particularmente conflictivo. Por ello, el presidente del Gobierno tendría que haber estado presente en el cuartel del Bruch en homenaje a un miembro del Ejército que ha sabido cumplir con su misión a costa del máximo sacrificio.

Rodríguez Zapatero se sitúa en cabeza de los gobernantes europeos que han accedido a la petición del presidente de Estados Unidos de enviar más soldados a Afganistán. Asume con ello una importante responsabilidad en el desarrollo de una guerra que está empeñado en no reconocer como tal. Por eso debería ser especialmente cuidadoso en estas situaciones que exigen sentido de Estado y cercanía a las familias de las víctimas. Las Fuerzas Armadas cumplen de forma ejemplar las funciones que les encomienda la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. Cuando actúan en el exterior, dejan el nombre de España a la altura de los mejores ejércitos del mundo. Por eso se ha equivocado Rodríguez Zapatero al no encontrar un hueco en su agenda para contribuir al merecido homenaje a una nueva víctima en la lucha por la libertad de todos, precisamente en un país en el cual el Gobierno no muestra reticencia alguna para comprometer la presencia de nuestros soldados.

ABC - Editorial

Palos de ciego contra las pensiones

Lo criticable del Gobierno es que no informe con transparencia a las demás fuerzas políticas y a la Comisión Europea de qué es lo que quiere hacer y que, en su lugar, se dedique a dar palos de ciego, para intranquilidad de pensionistas presentes y futuros.

El bochornoso espectáculo que está dando el Gobierno de Zapatero con sus vaivenes y falta de transparencia en un asunto tan serio como el de las pensiones tampoco parece tener límites. Durante años, y frente a quienes alertaban de la insostenibilidad del actual sistema de pensiones, el Gobierno de Zapatero presentaba su irresponsable inmovilismo como si de una protección a los "derechos sociales" se tratara. Hace unos días, sin embargo, Zapatero nos anunciaba su propósito de elevar forzosamente la edad de jubilación de los 65 a los 67 años como forma de garantizar el futuro de las pensiones.


A pesar de la docilidad con la que el PSOE arropó este innegable cambio de discurso de Zapatero, la oposición social y, en menor medida, política a esta medida propuesta al margen del Pacto de Toledo parecía haber llevado al Ejecutivo a recoger velas sin dejar claro si su propósito seguía o no en pie.

En esas estábamos cuando este miércoles hemos sabido que el Gobierno ha enviado a la Comisión Europea la actualización del Programa de Estabilidad 2009-2013, en el que el Ejecutivo español asegura que también quiere ampliar el periodo de cálculo de las pensiones desde los 15 años actuales hasta los 25.

Aunque esta nueva base de cálculo podría favorecer a algunos trabajadores que puedan perder su empleo en sus últimos años de vida laboral, se estima que esta medida conllevaría una reducción media del 10% en el importe de las pensiones, pues la mayoría de los trabajadores tienen su mayor retribución salarial, y por tanto hacen su mayor cotización, en los últimos años de su vida laboral.

Sin embargo, la lluvia de criticas que le ha caído al Gobierno nada más conocerse esta nueva iniciativa de la que nada se decía en la propuesta de reforma del sistema aprobada el pasado viernes, ha llevado al Ministerio de Economía a emitir un surrealista comunicado en el que aseguraba que esta ampliación en diez años para el cómputo de las pensiones de jubilación se trataba tan sólo de un "ejemplo", a modo de "simulación", y no de una "propuesta concreta"; por lo que el Ejecutivo ha decidido eliminarla del documento y así se lo había comunicado a la Comisión Europea.

Con todo, si el Gobierno ha suprimido del documento esta medida con la que estimaba obtener un ahorro del 2% del PIB en el pago de pensiones, y si tenemos en cuenta que ese mismo ahorro es el que pretende obtener con el retraso de la jubilación a los 67 años, no se explica que el documento mantenga el párrafo en el que sigue haciendo referencia a su "ambiciosa" propuesta de ahorrar un 4%. ¿En qué quedamos?

En Libertad Digital ya hemos dejado fijada nuestra posición de que la auténtica solución a la insostenibilidad del sistema público de pensiones, cuya evidencia ha adelantado la desastrosa política económica de Zapatero, pasa por la transición a un sistema de capitalización individual, en el que las cotizaciones de los asalariados sirvan para acumular un patrimonio propio que crezca de manera exponencial hasta el momento en que decidan jubilarse.

No vamos a negar, por tanto, que quien tiene como objetivo prolongar el actual y deficiente sistema público de reparto, en las que las cotizaciones sirven para pagar a los jubilados actuales, tenga que acometer medidas que pasen por alargar la edad de jubilación, reducir el importe de las pensiones, o una combinación de ambas cosas.

Lo criticable del Gobierno es que no informe con transparencia a las demás fuerzas políticas de qué es lo que quiere hacer y, en su lugar, se dedique a dar palos de ciego, para intranquilidad de los pensionistas presentes y futuros. Parecería que el Gobierno intenta o bien engañar a la Comisión Europea tranquilizándola con medidas que luego no va a tener el coraje de tomar, o bien engañar a los españoles haciéndoles creer que estas medidas son sólo "ejemplos" de los que nos podemos olvidar, cuando en realidad sí los va a llevar a la práctica. Conociendo a Zapatero, no es de extrañar que trate de engañar a todo el mundo. Lo que está por ver es que eso no nos pase una factura que, dadas las jubilaciones de oro de nuestros políticos, tampoco él va a tener que pagar.


Libertad Digital - Editorial

Hagan caso a Caamaño

TENÍA razón el actual ministro de Justicia cuando, siendo aún secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, dejó escrito en 2004 que la creación de veguerías «obligaría a una reforma de la Constitución». Claro que esto lo dijo antes del «cepillado» que dio al proyecto de Estatuto de Cataluña, que contempla la veguería como unidad de organización del territorio catalán. El análisis de Francisco Caamaño coincide con el que hizo el gabinete jurídico de la Diputación de Barcelona a finales de 2009, que consideraba inconstitucional la creación de veguerías al margen del Parlamento nacional. El Gobierno tripartito de Cataluña no ha tenido en cuenta estas y otras reservas y ha aprobado un proyecto de ley que suprime las cuatro provincias catalanas y las sustituye por siete veguerías. Aunque el tripartito afirme que no supondrá más costes ni funcionarios, la historia reciente demuestra que nunca una nueva administración es más barata que la anterior. Además, resulta llamativo que mientras se crean «espacios europeos» y áreas de cooperación multinacional, la coalición de socialistas y nacionalistas en Cataluña apueste por reorganizar esta comunidad con un modelo fragmentario de la Edad Media. Ahora bien, mientras el Tribunal Constitucional no resuelva los recursos contra el Estatuto de Cataluña, el gobierno de José Montilla tendrá la base legal para seguir engordando un desarrollo estatutario que hará mucho más difícil la reposición del orden constitucional en la comunidad catalana, siempre que la sentencia declare la inconstitucionalidad, total o parcial, del Estatuto. La parálisis del TC deja libre el camino al tripartito para demostrar que el Estatuto no es una norma de gobierno autonómico, sino un texto de efecto constituyente que ha alterado el modelo constitucional del Estado español al margen de los procedimientos de reforma de la Constitución, diga lo que diga el TC.

Por otro lado, el proyecto del tripartito responde más a una nueva concesión al radicalismo nacionalista, porque la creación de veguerías no es necesaria administrativamente ni es demandada socialmente. Además, su tramitación y posterior entrada en vigor ocupará un tiempo superior al que resta hasta las elecciones autonómicas de octubre, si no hay adelanto electoral. Por tanto, parece una cierta frivolidad plantear nada menos que una reorganización territorial de Cataluña -y del Estado, por supuesto- sin esperar a la sentencia del TC, ni al resultado de las próximas elecciones, aunque todo puede explicarse si se trata de una apuesta meramente electoralista para mantener el apoyo de los sectores nacionalistas más radicales. Como hasta ahora.

ABC - Editorial

miércoles, 3 de febrero de 2010

Impasible el ademán. Por M. Martín Ferrand

DEBEN reconocérsele a José Luis Rodríguez Zapatero dos virtudes políticas en las que sustenta su fortaleza y le facultan, desde la escasez, para anular las abundancias de sus adversarios. Es inasequible al desaliento y carece del sentido del ridículo. Llegó a secretario general del PSOE frente a personajes de mejor trayectoria y mayor fuste, porque no dio por perdida una batalla que, desde el talento, nadie hubiera asumido. De parecido modo se instaló en La Moncloa gracias a la dejadez que el PP viene exhibiendo desde que José María Aznar pasó el ecuador de su segunda legislatura presidencial sobrado de fuerzas, crecido en la grandeza y en la arrogancia y muy desatento a la demanda social.

Las circunstancias actuales son especialmente adversas para Zapatero. No sólo en razón del paro creciente y el déficit temerario a que nos ha conducido su política. Lo normal sería verle abatido y abrumado; pero sigue encantado de estar donde está y, bien sea en alarde de disimulo y desfachatez o en síndrome de distorsión cognitiva, no parece afectado ni contrito por la calamidad en que nos ha instalado. El desaliento, ya digo, no cabe en la insensatez de quien nos gobierna sin que los suyos, quienes le acompañan en el Gobierno o en el partido, se sientan responsables, que lo son por acción o por omisión, de una situación que puede echar por tierra el edificio, tan imperfecto como real, de nuestro progreso democrático tras la Constitución del 78.


Su inalterabilidad ante los estímulos del ridículo es todavía más notoria y sorprendente. Después de que sus heraldos -y sus heraldas- desplegaran todas las fanfarrias de la propaganda socialista para anunciarnos la «conjunción planetaria», gran acontecimiento histórico, del encuentro madrileño entre Zapatero, eventual discontinuo en la presidencia de la UE, y Barack Obama, emperador del mundo, los clarines se han quedado en pitorreo. El desdén del presidente norteamericano, concordante con el errático tercermundismo de que hace gala nuestra política exterior y justa respuesta a la utilización partidista y local de lo que debe ser un acontecimiento mundial, hubiera sacado los colores de cualquier líder sensato; pero el socialista ni se inmuta. Impasible el ademán. ¿será capaz de advertir la realidad que le circunda y el futuro que nos espera o lo suyo, más que resistencia para tragar sapos, es puritita insensibilidad?

ABC - Opinión

¿Zoofilia? Poca cosa. Por José Antonio Martínez-Abarca

Ojalá la asignatura de Educación para la Ciudadanía hubiese consistido sólo en los peores temores conspiranoicos sobre ella que tenían los padres y asociaciones (y, antiguamente, hasta partidos, antes que algún PP se convirtiese en submarino de bolsillo de la Internacional Socialista). En un adoctrinamiento derivativamente soviético de los escolandos en convicciones antioccidentales, anticlericales, anticapitalistas o anticulturales. Ya nos hubiésemos arreglado con eso. Pero no. El verdadero efecto espeluznante e irrefragable de la EpC es haber otorgado, con timbre oficial, condición de archimandritas del nuevo culto a todos los tontos y zumbados que hasta entonces se mantenían callados en España, para que no los descubriesen. Y ya se sabe aquello de que a un malvado lo puedes hacer tu íntimo enemigo, pero contra un tonto no puedes luchar.

Nada de extraño que uno de estos nuevos intérpretes auténticos del sentir ciudadano en ese sitio que se está convirtiendo en una especie de silente Silicon Valley de la ingeniería social, Andalucía, haya aconsejado a las cabecitas en proceso de esponjamiento que el sexo está para hacerlo con otro niño, otra niña "o un animal". Los padres se han levantado contra la pobre piltrafilla investida acusándole de hacer apología de la zoofilia. En realidad, estaba haciendo apología, no de la comparativamente pacata zoofilia (la "expresión lúdica" incluirá, ya lo verán, la necrofilia y prácticas más divertidas aún), sino de la mismidad, de la intrínseca condición de Educación para la Ciudadanía en su totalidad: la inestimable oportunidad que concede el Gobierno socialista (y, por lo que dicen, también lo hará el PP) para que todos los perturbados que antaño se mantenían atados al brasero de la mesa camilla sin salir de casa para evitar los cuchicheos vecinales hagan sus pinitos como ideólogos de la reversión del país, travestidos de docentes.

Metidos en la lógica inversa de que todo lo que antes se decía que era bueno ahora es malo y al revés, lo que antes era perverso ahora es autenticidad corporal y al revés; único mandamiento por cierto de ciertas cómicas sectas luciferinas (que también, curiosamente, se titulan a sí mismas "masónicas") de guardarropía que por lo visto tienen su campo de pruebas en los cursos de primaria de los colegios, todo es posible y ya no hay espacio para la noticia. Porque cualquier atrocidad en EpC es esperable. No hay razón educativa ni por tanto legal para que los turbios acomplejados a los que antaño las pandillas de niños crueles apedreaban cuando les pillaban mirando bajo las faldas de las crías que subían a recolectar brevas, y que actualmente ocupan plaza de reverendos tutores de La Asignatura en las escuelas, no aporten en clase todo lo que tienen para mejorar al género humano. ¿Zoofilia? Bah. Esperen y verán.


Libertad Digital - Opinión

Seis años de estupidez. Por Gabriel Albiac

NADIE va a devolvernos los años perdidos. Van para seis. Y esto no tiene pinta de haber más que comenzado. La estupidez, en política, es rentable. Y ni en la más disparatada de las ficciones pudo ocurrírsele a nadie que una necedad tan alta pudiera tomar el poder. Pero, una vez asentada, la estabilidad de lo necio es temible. En parte, porque consuela mucho en tiempos duros constatar que no existe un solo miembro del gobierno al cual no podamos mirar por encima del hombro. En parte, porque consuela mucho saber que ese que ejerce aquí el mando no daría para bedel en una empresa seria.

Son ya oficialmente más de cuatro millones de españoles arrojados al vertedero del paro. Y no pasa nada. Eso es lo de verdad aterrador: no pasa nada. Y eso es lo que no hay manera de explicar racionalmente: el cúmulo de disparates no deja un solo respiro; en ninguno de los espacios de intervención que definen a un Estado. Y la fiesta sigue.


Política internacional: devastada. Fue lo primero aquella huida grotesca de la fuerzas españolas, sin siquiera respetar los plazos, de la misión que cubrían en un Irak sobre el cual se jugaba el equilibrio mundial; me pregunto qué sensación pudo quedarles a los militares que pecharon con la vergüenza de aquel ridículo. Vino enseguida la humillación ante el Sultán de Marruecos, que fue, al cabo, el primer beneficiario del golpe que se llevó por delante, el 11-M de 2004, a los irreverentes gobernantes españoles que habían osado oponerse a la voluntad del heredero de Mahoma en Perejil; la pronta pleitesía de Zapatero tranquilizó al Sultán: todo volvía a donde siempre. Afganistán fue aún peor: porque enviar tropas al frente de guerra más peligroso del mundo y negarles potestad para el combate, es condenarlas a muerte; al modo exacto que proclamara el primero de los ministros zapateriles del ejército: «mejor morir que matar»; es lo que ha venido sucediendo desde entonces; es lo que sucederá; un ejército no puede negar su condición de ejército y seguir vivo; para funciones benévolas existen otras instituciones; el servicio del soldado es el de las armas; si la actual ministra -como el ministro de antes- juzga poco honorable que las armas -las adecuadas, blindados incluidos- se usen, es mejor que disuelva el ejército; que no lo envíe, en todo caso, a un lugar sobre el cual se libra hoy la guerra más despiadada.

Política nacional: suicida. Fue personalmente Zapatero quien hizo aprobar un estatuto catalán cuyo dislate tiene paralizado al Tribunal Constitucional desde hace ya cuatro años, y cuyo desenlace no puede ser otro que la independencia. Que, tal y como están las cosas, a muchos empieza a parecernos la salida menos mala. Independencia. Con todos sus costes. Y que podamos, de una maldita vez, dedicarnos todos a las cosas serias y no a chorradas. Y que quien quiera pagarse doblajes a una lengua sin mercado, que se los pague. Y que el que tenga tantas ganas de arruinarse, que se arruine. Pero que no debamos pagar su despilfarro todos.

¿Política económica? ¿Qué es eso? Ni está, ni se la espera: de Solbes a Salgado, todo es una obscena burla. Más de cuatro millones de parados. Es lo que imponen las cifras oficiales: no una crisis, un desastre. Esto era, hace seis años, un país que parecía moderno: moderno y aburrido; lo menos malo. Bastó el golpe del 11-M para salir del sueño. Manos en alto. Para que lo peor -lo peor- se plantara en el proscenio. Y la ruina se nos llevara a todos por delante. Seis años de nuestras vidas ya perdidos; nadie va a devolvérnoslos. Y la horrible sospecha de que esto va para largo. La estupidez es rentable.


ABC - Opinión

Quousque tandem, Zapatero? Por Juan Ramón Rallo

Aquí lo tenemos, cinco años perdidos por culpa de la burbuja creada por nuestros bancos centrales y por el fanatismo socialista de nuestro Gobierno. ¿Hasta cuándo seguiremos soportando la incompetencia y la mala fe de estos señores?

Decía ayer Aznar que nadie ha hecho tanto daño en tan poco tiempo a la economía como Zapatero. Razón no le falta. Aunque no deberíamos sorprendernos. Zapatero llegó a La Moncloa sin saber distinguir entre un impuesto regresivo y uno progresivo, lo que no le impidió unos años después, cuando probablemente seguía sin conocer la diferencia, enarbolar la bandera de la progresividad con ese mágico adagio de "que paguen la crisis los más ricos", trasunto de la no menos célebre fórmula de Alfonso Guerra "to’ pa’l pueblo".


Ignorante y déspota sin complejos, Zapatero se ha topado de bruces con la ley de la gravedad económica, a saber, que no basta con que el Gobierno pulse un botón para que las familias y las empresas vuelvan a generar riqueza. Por desgracia, dos tardes no bastan para que un ungido como nuestro presidente aprenda a desconfiar de la omnipotencia estatal, ese becerro de hojalata al que rinde pleitesía el conjunto de nuestra izquierda.

El problema esencial de nuestros políticos es que no son conscientes de sus limitaciones, que son todas. La sociedad no puede planificarse con escuadra y cartabón y cualquier intento por lograrlo sólo terminará fracturando esa misma sociedad.

Zapatero nos prometió que a partir de marzo del año pasado, los efectos sobre el empleo de su monumental despilfarro público iban a ser visibles. Nos aseguró que él solito, tirando de nuestras chequeras, conseguiría hacer remontar el vuelo a nuestra economía. Total, si la receta ya la dejó escrita Keynes, ese trilero que algunos pretenden hacer pasar por el mejor economista del s. XX:
Si el Tesoro Público se pusiera a llenar botellas viejas con billetes de banco, las enterrara a una profundidad conveniente en minas de carbón abandonadas que luego se cubrieran de escombros de la ciudad y encomendáramos a la iniciativa privada (...) la tarea de desenterrar los billetes (...) terminaríamos con el paro.
He ahí condensado todo el pensamiento económico de ZP. He ahí el sustrato ideológico de su Plan E: convertir en escombros nuestras ciudades para cubrir de basura las minas subvencionadas de Rodiezmo con tal de que las empresas busquen en su fondo un tesoro repleto del dinero que previamente nos ha quitado Hacienda. Que tal proyecto sea del todo inútil para las familias y las empresas resulta irrelevante. Al cabo, se parte de un error: pensar que el gasto público debe servir de alguna manera a las necesidades de los contribuyentes que lo sufragan en lugar de a los intereses electorales del político que les ha arrebatado los impuestos.

ZP se gastó en 2009 algo así como 320.000 millones de nuestros euros; unas cinco veces lo contenido en esa filfa llamada Fondo de Reserva de la Seguridad Social que supuestamente iba a garantizar in saecula saeculorum nuestro fraudulento sistema de pensiones públicas. ¿Resultado de semejante despilfarro?

Desde enero de 2009 a enero de 2010 el paro se ha incrementado en 700.000 personas, superando –incluso con manipulaciones y maquillajes– esa cifra que Corbacho, el enésimo ministro socialista del Paro (Almunia, Chávez, Griñán... uno ya pierde la cuenta), nos juró en todas las lenguas sagradas existentes que nunca íbamos a alcanzar.

Pues aquí lo tenemos, cinco años perdidos por culpa de la burbuja creada por nuestros bancos centrales y por el fanatismo socialista de nuestro Gobierno. Barra libre de gasto público y bloqueo absoluto de cualquier liberalización de los mercados, incluyendo el laboral. ¿Hasta cuándo seguiremos soportando la incompetencia y la mala fe de estos señores? A estas alturas de la película nadie debería dudar de que su política económica ha sido y es un profundo fracaso que sólo ha conseguido arruinarnos y endeudarnos. Peor que la crisis, ha sido su calamitoso Gobierno. ¿Debemos esperar impotentes ante la tragedia a que concluya la legislatura para que terminen con su operación de derribo de nuestras economías?


Libertad Digital

Ajuste «como sea». Por Ignacio Camacho

CASI todo lo que hasta ahora podía salir mal en la flamante presidencia europea ha salido, efectivamente, mal. Y no sólo por el plante de Obama a la cumbre española, principal objetivo mediático del Gobierno, sino porque la visibilidad que buscaba en el continente se ha convertido en un boomerang proyectado contra la cabeza de Zapatero, quien en su burbuja autocomplaciente parece haber olvidado que en Europa hay bastante gente a la que le parece cargante su suficiencia. Lo que hasta el momento sólo sabíamos los españoles se ha convertido en dominio universal. El presidente quería alzarse sobre el turno de guardia para mostrar su adanismo pero resulta que algunos lo estaban esperando para darle con un canto en los dientes a las primeras de cambio. Muy especialmente los alemanes de la «fracasada» Angela Merkel, principales compradores de deuda española a través del Banco Central Europeo; primero lo pusieron en su sitio cuando tuvo la ocurrencia inicial de sugerir que iba a enseñar a la Unión el camino de salida de la crisis, y ahora le han metido las cabras en el corral de Davos al sentarlo entre Letonia y Grecia -¿dónde estaban las decenas de asesores monclovitas cuando se hizo esa foto?- y obligarle luego a forzar un ajuste social si quiere seguir contando con la anuencia de los mercados.


Ésa y no otra es la razón esencial de la brusquísima reconversión del discurso zapaterista y el vertiginoso abandono de las políticas indoloras. Europa no sólo no se traga el rollo sostenible ni nuestra proclamada solidez financiera, sino que exige medidas de garantía para seguir sosteniendo la fiesta socialdemócrata. Menos gasto y más reformas estructurales: he ahí las condiciones del aval que le han señalado a ZP los señores del dinero, a quienes conmueve poco el énfasis ideológico y la milonga del cambio de modelo productivo. En Davos le han puesto las peras al cuarto por meterse a redentor del sistema; los gurús monetaristas le echaron un rapapolvo de órdago, le destriparon las cuentas y luego le recordaron de dónde sale la pasta que alegremente se ha gastado en financiar un dispendio incompatible con la coyuntura.

Ahora falta por saber si la retractación presidencial va en serio o si se trata de uno de sus trucos virtuales de cosmética política. La defensa del modelo proteccionista ha ido demasiado lejos para que parezca creíble esta turboabjuración, aunque en materia de principios el zapaterismo haya demostrado ser dúctil como la plastilina: su única lógica coherente la articula la permanencia en el poder. El problema es que apretar el cinturón de la gente, por necesario que resulte, cuesta votos y eso ya supone jugar con las cosas de comer. Así que lo más probable es que prepare un ajuste de atrezzo para ir tirando hasta que pase la tormenta. Quizá pronto veamos una reforma laboral diseñada según el acreditado procedimiento del «como sea».


ABC - Opinión

¿Con o sin preservativo?. Por Pablo Molina

En lugar de conocimientos válidos para enfrentarse a la vida real, el objetivo de esta novedosa asignatura es convertir a los niños en seres amorales incapaces de distinguir el bien del mal.

La asignatura de Educación para la Ciudadanía Socialista, como era de prever, se ha convertido rápidamente en un reducto académico en el que toda aberración encuentra perfecto acomodo. El problema no es que un tarado intente trasladar a los niños sus perversiones haciéndolas pasar por algo coherente con la naturaleza humana, sino la existencia de una asignatura que permite situaciones como las vividas en un instituto cordobés, con un profesor que ha decidido llevar al terreno educativo las bondades de la zoofilia, deporte que, seguramente, practica con asiduidad. En la exposición magistral que ha sido denunciada por los padres se echa en falta, no obstante, una mención al salvífico preservativo, conocimiento transversal que todos los niños y niñas deben asimilar antes que dividir por dos cifras. Zoofilos, sí, pero precavidos, como manda Bibiana.


Los socialistas, promotores de esta forma de adoctrinar a los adolescentes, seguramente llevarían con gusto a sus hijas a ese tipo de clases para aprender cómo copular con un asno, sólo que no pueden porque sus hijos van a colegios privados, carísimos, superpijos y preferentemente católicos, donde se enseñan asignaturas más tradicionales como matemáticas, literatura o física. La izquierda clásica corrompió a los trabajadores haciéndoles creer que el socialismo les liberaría de la esclavitud laboral. Una vez constatadas las dimensiones de aquella estafa, el socialismo progre trata de hacer lo mismo con los hijos de los obreros a través de la educación pública.

Las reformas educativas perpetradas por los socialistas españoles son la mayor conspiración que jamás se ha urdido contra las clases más desfavorecidas, a cuyos hijos se les priva de una formación adecuada para tener un futuro mejor que el de sus padres. En lugar de conocimientos válidos para enfrentarse a la vida real, el objetivo de esta novedosa asignatura es convertir a los niños en seres amorales incapaces de distinguir el bien del mal, que es la única manera de que de mayores voten socialista sin sufrir arcadas.

Y el PP, que podría utilizar el argumento de que este tipo de basura perjudica sobre todo a los más pobres, que no pueden llevar a sus hijos a los colegios privados a los que acuden los hijos de los políticos de izquierdas, prefiere ponerse de perfil y decir tímidamente que, si ellos mandan algún día, intentarán que en esa asignatura no se enseñen demasiadas barbaridades.

Parece mentira que, con lo listos que son en la calle Génova, no se hayan dado cuenta aún de que su falta de brío en estos temas que preocupan a millones de ciudadanos permite a los socialistas colar todos y cada uno de los objetivos de su agenda para que permanezcan de forma institucional en la sociedad gobierne quien gobierne. El aborto indiscriminado, la píldora abortiva a menores de edad, la ideología de género en la enseñanza, la política, la justicia y la información, la educación sexual desde la perspectiva de los lobbys izquierdistas o la educación para la ciudadanía bajo el patrón neomarxista han llegado para quedarse, y si la oposición no plantea una enmienda a la totalidad ante tanta inmundicia, se habrá convertido en cómplice necesario a ojos de los ciudadanos. Por cierto, también votantes.


Libertad Digital - Opinión

Es peligroso asomarse al exterior. Por José María Carrascal

NI los mayores críticos de Zapatero podían imaginar tal caída a plomo. Que Obama no venga a Madrid, tras haberse anunciado como «conjunción planetaria» su visita, es algo peor que un plantón. Es hacer el ridículo. Y nada hay más letal para un gobernante que hacer el ridículo.

Pero Zapatero no ha hecho otra cosa desde que empezó a salir al extranjero. La fatua, pomposa, inflada celebración de su acceso a la presidencia rotativa europea, su malaconsejado pulso con el presidente efectivo, su comparecencia en Davos, tratando de dar lecciones a gentes que conocen la situación real de la economía española mejor que él, han sido demoledoras para su prestigio. Por si todo ello fuera poco, Zapatero pierde mucho en la traducción. Esas frases rimbombantes que prodiga, esos adverbios terminados en «mente» que desgrana, esas hipérbolas que le chiflan, se quedan en nada tras pasar por la criba de los intérpretes, gentes que van al grano, dejando en evidencia la vacuidad de un discurso en el que sólo hay paja. Con un hombre que sigue diciendo que somos la octava potencia económica del mundo, con un 19 por ciento de paro y un 11,4 de déficit, ni siquiera vale la pena discutir. Se pasa de él, y a otra cosa.


Que es lo que ha hecho Obama. Ante el imperativo de recortar su agenda internacional dada la urgencia de apuntalar la doméstica, ha prescindido de lo superfluo, y la visita a Madrid ha sido lo primero que ha caído. Si Zapatero quiere hablar con él, puede hacerlo entre oración y oración en el desayuno de mañana. Al que, por cierto, acude rodeado de lo más granado de las fuerzas vivas españolas. ¿Teme que le secuestre el archiconservadurismo norteamericano o busca que recen con él para que no se lo reprochen? Porque este hombre puede no tener idea de economía y de política, pero de ligarse a los incautos sabe un rato.

La presidencia europea, que Zapatero pensaba iba a permitirle puentear el jorobado primer semestre de 2010, hasta que la recuperación de las grandes economías tirase de la nuestra, se ha convertido en su vía crucis, con escenario de Calvario al fondo. Por lo menos el primer mes no ha podido resultarle peor. Si los indicadores económicos han sido desastrosos, los resultados políticos no le han ido a la zaga. No se ha apuntado un solo tanto en ninguno de los dos terrenos, sus propuestas se desinflan como un suflé a las pocas horas de lanzarlas -ahí tienen la última, retrasar la jubilación- y, para colmo, le falla Obama, su ídolo, su maestro, su otro yo. ¿Tendrá también la culpa el PP?

Aunque, bien mirado, era previsible. No es que esté gafado. Sencillamente, tantos errores, mentiras, faroles, llevaban, irremisiblemente, a estrellarse. Triste que hayan tenido que ser los extranjeros quienes nos lo advirtieran. Más triste, que la factura la paguemos nosotros.


ABC - Opinión

¡A mí Gallardón!. Por José García Domínguez

Ya lo decía Ennio Flaiano: "Hay dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas". Pregúnteselo si no el sufrido camarada Utrera a su chico, Gallardón. Cría cuervos.

Parece que al padre político de Gallardón, el camarada José Utrera Molina, a la sazón ex secretario general del Movimiento, le da un subidón de bilirrubina siempre que otra gloria del fascio redentor resulta desposeída de algún olvidado laurel provincial. Y es que el camarada Utrera ha alcanzado esa edad en la que un hombre ya puede confesar con impunidad lo que piensa. Por eso, hace bien repudiando en los papeles el fariseísmo iconoclasta del hijo pródigo y sus pares. Ocurre, en fin, que al general Millán Astray, un militar no más bárbaro que la época que le tocó vivir, van a demolerle el monolito donde las palomas abonan el recuerdo de su paso por la Tierra. Hazaña libertaria que hermanará a otro concejo celtíbero con sus iguales, los talibanes que dinamitaron en su día las dos efigies de Buda en el valle de Bamiyán.


A uno la sobrevenida furia antifranquista de tantos alcaldes, concejales, plumillas, ganapanes, tertulianos y demás fauna menor del Ruedo Ibérico siempre le recuerda cierto pasaje de las Memorias de Cambó. Ése donde describe el ardor revolucionario con que la Ciudad Condal rindió póstumo homenaje a Durruti. Según don Francesc, las exequias constituyeron la mayor concentración de masas de la historia local, algo sólo equiparable al eufórico recibimiento con que Barcelona celebraría la llegada de los nacionales, apenas meses después. Un asunto que, a decir del líder de la Lliga, no encerraba ningún enigma: unos y otros, en realidad, eran los mismos.

De ahí, sin duda, que al pobre camarada Utrera, padre de la criatura al fin y al cabo, no le haya cabido ahora llamar en su auxilio a la Guardia Urbana de Madrid, que hubiera sido lo suyo. "Esta noche, antes de que cante Cobo, me negarás tres veces", se le ha oído aseverar en los salones de palacio. Por lo demás, el "¡Muera la inteligencia!" que berreó en célebre aquelarre salmantino aquel tullido ante Unamuno, igual podrían corearlo hoy sus legítimos albaceas intelectuales, esos concejales ofuscados en borrar la historia de España a golpe de piqueta municipal. Ya lo decía Ennio Flaiano: "Hay dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas". Pregúnteselo si no el sufrido camarada Utrera a su chico, Gallardón. Cría cuervos.


Libertad Digital - Opinión

El paro asusta al PSOE

EL dato del paro en el pasado mes de enero explica que el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, pidiera públicamente ayer una nueva crisis de Gobierno y una reducción de ministerios. Es el primer «barón» socialista que da señales públicas de preocupación por el efecto que pueda tener el desgaste de Rodríguez Zapatero en los resultados de las elecciones autonómicas de 2011. No será el último, porque a estas alturas del mandato, el PSOE contaba con poder exhibir otro balance, y no el de un paro desbocado -más de 4,5 millones de demandantes de empleo no ocupados-, con una hemorragia de cotizantes a la Seguridad Social y unas perspectivas negras a medio plazo. El Gobierno, patéticamente, vuelve a pretender que las cifras del desempleo se vean como una mejora respecto a 2009, para ocultar que en mayo, junio y julio del pasado año el paro se redujo y que, desde entonces, no ha hecho más que aumentar. Las ingeniosas excusas de la estacionalidad y el clima deberían quedar para mejor ocasión.

El PSOE ha rechazado la crisis de gobierno que le pedía Barreda, pero sabe que no habrá otro remedio porque el capital político del actual Ejecutivo está agotado. El problema de Zapatero es que una crisis de gobierno será inútil sino hay un cambio de política económica. De hecho, ya cambió a su equipo económico tras la salida de Pedro Solbes y la situación se mantuvo en caída libre. El temor de muchos socialistas es que el Gobierno haya llegado a su límite, a partir del cual no se toman decisiones correctas y la opinión pública no perdona un solo error. El paro de más de cuatro millones de personas es un dato que anticipa que esta crisis aún va a causar muchos daños y demuestra que la recuperación exigirá cambios estructurales en un sistema laboral que está desahuciado. Por eso, también las empresas deberán modificar sus hábitos de contratación, aprendiendo de los errores cometidos en los años de bonanza y apostando por la progresiva incorporación de jóvenes al mercado con sueldos dignos y estímulos a su productividad; valorando la experiencia de sus empleados y no penalizando la edad. Nadie debe ser ajeno al esfuerzo de la recuperación.

ABC - Editorial

Zapatero pierde cumbre política y gana cumbre religiosa. Por Antonio Casado

La Casa Blanca renuncia a la cumbre semestral de Estados Unidos con la Unión Europea. Como tocaba celebrarse en España, en el ejercicio de su presidencia rotatoria, se cae de la agenda de Rodríguez Zapatero la ansiada foto de mayo con Barack Obama en Madrid. Jarro de agua fría si lo ponemos en relación con las expectativas creadas por Moncloa. Por tanto, hablemos de frustración. No de plantón. Por falta de compromiso previo, como ha precisado el secretario de Estado adjunto para Asuntos Europeos, Philip Gordon. Y además, porque en todo caso el desprecio no se lo hacen a Zapatero sino a la UE.

Desprecio es palabra mayor. Entender que el presidente español ha sido despreciado por Obama supone conceder a Zapatero, como gobernante o como líder político, la importancia que no tiene para EE. UU en el marco de las relaciones de poder a escala mundial. Ni como amigo ni como enemigo. En cualquier caso, Zapatero sale bien parado. Se pierde una cumbre política pero es el artista invitado de una solemne cumbre religiosa, aunque de religiosa solo tiene el envase. Hablo del Desayuno de la Oración, que mañana reúne en el hotel Hilton de Washington a los primeros del escalafón político, social, económico, militar, judicial, etc, de la primera potencia del mundo.


Otra cosa es la Unión Europea, que se tiene por una potencia regional y practica el fetichismo transatlántico. Con poca credibilidad en la consideración norteamericana. O, al menos, con un interés muy relativo en la agenda política de Obama, a juzgar por el plantón. Está claro que considera a la UE como un actor frágil de la escena internacional al entender que no hay asuntos urgentes a tratar con sus responsables oficiales (crisis económica, terrorismo internacional, proliferación de armas de destrucción masiva, cambio climático, etc). Y si los hay, prefiere ventilarlos en mesas bilaterales. Con Reino Unido, Francia y Alemania, básicamente.

De modo que, insisto, no es un desprecio a España sino a la UE. Y eso libera una incómoda verdad. El plantón de Obama pone en evidencia el escaso peso políico o la escasa vocación de Europa para convertirse realmente en un actor relevante de ese nuevo mundo post-americano del que hablan Jeremy Shapiro y Nick Witney (Revista “Política Exterior”, número 133), en cuyo alumbramiento se combinan la caída de las Torres Gemelas y la ascensión de potencias emergentes como China, India y Brasil. Por no hablar de las dificultades de interlocución que debe tener Obama si busca un trato eficiente con un verdadero piloto de la nave europea.

Veamos. Zapatero es un presidente de turno con inciertas competencias en coordinación de políticas y organización de eventos durante seis meses. Van Rompuy es un político opaco, frío e introvertido que escribe poemas, al gusto de Reino Unido, Francia y Alemania cuando cocinaron su nombramiento como presidente permanente. Durao Barroso es el primer burócrata de Bruselas en su papel de jefe de la Comisión. Y Catherine Ashton, la teórica ministra de Asuntos Exteriores de la UE, una criatura del euroescepticismo británico, es una ilustre desconocida en Europa, EE. UU y el resto del mundo.

Este es el panorama. No me extraña que Obama haya renunciado a la cumbre de mayo con la UE y prefiera concentrarse en asuntos internos para no recibir un nuevo revolcón electoral en las legislativas de noviembre.


El confidencial - Opinión