lunes, 29 de marzo de 2010

Tres socialistas. Por Carlos rodríguez Braun

Los que no pagan impuestos son insolidarios, y los que sí los pagamos somos solidarios. Curiosa tesis, doña Ángeles: ¿no se le ocurre a usted pensar que igual los que no pagan es porque pueden hacerlo y los que pagamos es porque no tenemos otra opción?

He leído reflexiones interesantes de tres señoras de izquierdas. La escritora Isabel Allende publicó en El País un emocionado y bello artículo sobre su Chile natal, donde reconoció la espectacular reducción de la pobreza registrada en las últimas décadas. Presa, sin embargo, de la corrección política, encuentra un defecto: la falta de intervenciones políticas suficientes, porque las que ha habido "no han nivelado a la gente". Y ¿por qué hay que nivelar a la gente? Esto es un puro prejuicio, que simplemente declara, pero no demuestra, la necesidad de la coacción. A veces parece que si la pobreza del mundo desapareciera por completo pero los ricos se enriquecieran tanto que la desigualdad aumentase ¡habría que protestar!

La ministra Bibiana Aído, entrevistada en Negocio, sugirió que toda coacción política está justificada en aras de la igualdad, proclamó en la más clásica línea totalitaria la perversión de quienes la critican ("Hay un rechazo frontal de determinados sectores contra todo lo que suponga un avance en derechos sociales"), y afirmó, plena de corrección política: "Las sociedades más igualitarias son las más productivas"; vamos que Cuba es más productiva que Estados Unidos.

Pero la más izquierdista de las tres es Ángeles Olano, diputada del PP en el Parlamento de Cataluña y Portavoz de la Comisión de Economía. Dirá usted ¿cómo es posible que alguien del PP sea socialista? Pues vea.

Doña Ángeles escribió en Expansión sobre el fraude fiscal, y dijo que en la lucha contra el fraude hay que mirar hacia Europa, donde es clave "la colaboración de las Administraciones y los ciudadanos". Usted habría dicho que la clave es que allí pagan aún más impuestos que nosotros, y habría subrayado el misterio de la "colaboración" entre los ciudadanos y la coacción. Pero usted no es la señora Olano, que continuó: "los ciudadanos quieren... que se aborde el problema del fraude y que se haga de forma integral". Caramba, doña Ángeles, y yo que pensaba que lo que los ciudadanos quieren es pagar menos impuestos. Pues no, parece que lo que queremos es más coacción, y entonces la ilustre diputada cae rendida de admiración ante la OLAF, esa burocracia con nombre de vikingo que le encanta porque es grande y controladora, y por "el carácter multidisciplinar de sus investigadores, que proceden del ámbito policial, judicial, aduanero y financiero". Notable. Y por supuesto lo que le gusta no es que los impuestos bajen sino "la armonización fiscal".

Dicho esto, que ya es mucho, apunta que el fraude "no es otra cosa que la consecuencia de la pérdida del sentimiento de solidaridad". O sea que los que no pagan impuestos son insolidarios, y los que sí los pagamos somos solidarios. Curiosa tesis, doña Ángeles: ¿no se le ocurre a usted pensar que igual los que no pagan es porque pueden hacerlo y los que pagamos es porque no tenemos otra opción?

Una última perla: "Hemos de actuar contra el fraude en todas sus vertientes al tiempo, y sin dejar de practicar políticas que generen confianza del ciudadano en lo público". Claro, forzar a cada vez más gente a pagar cada vez más es, sin duda alguna, algo que genera confianza del ciudadano en lo público.

Cuánta razón tenía el viejo Hayek con su celebrado apotegma sobre "los socialistas de todos los partidos". Los y las socialistas, añado.


Libertad Digital - Opinión

Paz social y nubes de tormenta. Por José María Carrascal

SORPRENDE a los observadores nacionales y extranjeros la calma que reina en nuestro país. «Con el paro camino del 20 por ciento y un déficit disparado, la situación tendría que ser, cuanto menos, tensa. Basta ver lo que está ocurriendo en Grecia», dicen.

Pero es que la situación española no es la griega, y en eso hay que dar la razón a Zapatero. En Grecia, los funcionarios públicos han visto recortados sus sueldos; los trabajadores, sus derechos y los parados ven amenazada la prestación de desempleo. Mientras los funcionarios españoles no sólo conservan íntegros sus sueldos, sino que los han visto incrementados en un pequeño porcentaje; otro tanto ocurre a los trabajadores con empleo fijo, cuyo salario incluye la subida anual pactada en el convenio, mientras los parados tienen garantizado seguir recibiendo la subvención por desempleo, al «no haber recorte del gasto social», como ha dicho el presidente.

Si consiguiéramos olvidar el fantasma del paro que se cierne hoy sobre todos los españoles -algo difícil de olvidar-, me atrevería a decir que la mayoría está mejor que nunca, pues, garantizados sus ingresos, se encuentran con que la hipoteca del piso les ha bajado, los saldos en tiendas, supermercados y grandes almacenes les ofrecen auténticas gangas y otro tanto ocurre con las ofertas en viajes, hoteles y diversiones. Hay una minoría, sí -jóvenes sin trabajo, autónomos, familias que se han quedado sin ingresos- que lo están pasando realmente mal. Pero a la mayoría le está yendo bien. Es lo que explica esa paz social que tanto asombra.

El único problema es: ¿cómo está consiguiendo Zapatero esa paz social? Pues la está comprando con deuda. La deuda pública española se ha duplicado en los dos últimos años y todos los intentos que se han hecho de recortarla han sido inútiles porque, de hecho, no son recortes, son aumento de la deuda, a fin de mantener la paz social. ¿Qué va a pasar cuando la capacidad de endeudamiento del Estado español se agote? Pues lo que está pasando en Grecia; que no podremos pagar los altos intereses que nos exijan por nuestra deuda. Y ya hemos visto que los demás países europeos -con Alemania a la cabeza- no están dispuestos a ayudar a los que no han querido o sabido ayudarse a sí mismos. En otras palabras: que nos exigirán realizar esos dolorosos recortes que venimos posponiendo, cumpliéndose lo que el «Financial Times» nos advirtió hace ya un año: que cuanto más tardemos en hacer los reajustes, más penosos y costosos serán.

La «paz social» que reina hoy en España es por tanto una paz falsa, una paz engañosa que lleva en la panza, como algunas nubes, una tormenta. Disfruten ustedes de estas vacaciones de Semana Santa, que pueden ser las últimas antes de que estalle la tormenta, pues el tiempo, y el dinero, se agota.


ABC - Opinión

Bouvard González Pons. Por José García Domínguez

"Oh, sí, aquel asunto del apocalipsis hidrocarburado resultó ser una descomunal falacia, otra más. Qué le vamos a hacer, el chusco malthusianismo de toda esa literatura de cordel se ha revelado una radical impostura. ¿Pero a quién le importa la verdad?".

Como es fama, en el célebre Diccionario de lugares comunes, aquel exhaustivo catálogo que confeccionara Flaubert con las tonterías que siempre procede repetir en público a fin de pasar por un dilecto ciudadano de bien, se establece que el idiota canónico habrá de pontificar que los cipreses sólo crecen en los cementerios; que Maquiavelo fue un varón muy malo; que todos los juguetes infantiles debieran aportar algún elemento pedagógico; y que la bolsa de valores representa el mejor termómetro de la opinión pública, entre otras sandeces ad hoc. Lástima que la muy prematura muerte del de Rouen interrumpiese aquella magna empresa literaria llamada a catalogar el inagotable caudal de la humana necedad.

De ahí, pues, que ya nunca pudiera escribir el diálogo en el que un Bouvard González Pons al platónico modo apelara tal que así a su alter ego Pécuchet: "Mi querido Pécuchet, ¿ha reparado usted en que por mucho que se hayan demostrado falaces todos aquellos absurdos augurios apocalípticos del Club de Roma, nuestros votantes y su lerdo afán por el crecimiento económico constituyen la peor plaga que haya conocido la Tierra?". A lo que su igual replicaría: "Por supuesto, caro amigo, por supuesto. Al punto de que esa infecta plaga de ignorantes consumistas ni siquiera ha acusado recibo de que, tal como demostraron en su día las ilustres parteras del desarrollo sostenible, el petróleo tendría que haber desaparecido de la faz del planeta en 1990".


Inapelable aserto científico al que Bouvard González apostillaría: "Oh, sí, claro, aquel asunto del apocalipsis hidrocarburado resultó ser un descomunal enredo, otro más. Qué le vamos a hacer, el chusco malthusianismo de toda esa literatura de cordel se ha revelado una radical impostura. ¿Pero a quién le importa la verdad, dilecto Pécuchet? A fin de cuentas, lo único verdadero para nosotros ha de ser aquello que crea a pies juntillas la mayoría. Que además el asunto resulte cierto o no, debiera sernos por completo indiferente". "Bien, ¿mas qué hacer entonces con la funesta plaga?", susurraría Pecuchet. "Sensibilizarla. Sobre todo, sensibilizarla", terciaría al punto Bouvard. "¿Pero de qué?", interrumpiría algo inquieto el otro. "De que suya es la Culpa. Y sólo de nuestra mano arribará la redención", concluiría, solemne, Bouvard. Pues eso.

Libertad Digital - Opinión

El Estado, en manos del TC

LAS últimas deliberaciones del Tribunal Constitucional podrían haber cristalizado ya en una mayoría de 6 frente a 4, que, pese a estar formada en torno a la ponencia de la magistrada Elisa Pérez Vera, determinaría la inconstitucionalidad de una veintena de artículos claves del Estatuto de Cataluña.

Sin embargo, los borradores de la ponente han aumentado la exigencia constitucional sobre el texto, hasta el punto de que algunos magistrados claramente opuestos a considerarlo constitucional habrían aceptado una declaración de inconstitucionalidad selectiva, que recaería en aspectos sustanciales del Estatuto. No obstante, el historial de los debates del TC sobre el Estatuto catalán no permite descartar nuevas variaciones de criterio, aunque es creíble la inminencia del fallo. En efecto, la formación de una mayoría que hace innecesario el voto de calidad de su presidenta, María Emilia Casas, debe traducirse en la inaplazable votación del texto definitivo de la sentencia, del que se daría a conocer de forma inmediata su parte dispositiva, es decir, los artículos anulados por inconstitucionalidad, dejando para más adelante su publicación, que recogerá los votos particulares de los discrepantes.

Si la duda es hasta dónde llega la inconstitucionalidad del Estatuto, cabe confiar en que el fallo del TC rescate los principios constitucionales del Estado español, como Estado unitario organizado en comunidades autónomas. Es imprescindible que esa inconstitucionalidad selectiva por la que habría optado el TC deje claro que no es admisible un modelo confederal, ni bilateral en las relaciones del Estado con Cataluña; que la ciudadanía -derechos, obligaciones, lengua- es un concepto común para todos los españoles y que la legitimación de los poderes públicos en España sólo procede de la soberanía constituyente del pueblo español, no de derechos históricos inaprehensibles. El Estatuto de Cataluña, pese a las defensas buenistas que le dedica el presidente del Gobierno, cambió las reglas constitucionales del Estado, empezando por dar a una norma autonómica la categoría de norma constituyente y por convertir a una comunidad autónoma en un Estado dentro del Estado. Hay una sola oportunidad para evitar que este error se consolide y está en manos del TC.

ABC - Opinión

El maquillaje de Salgado

El Gobierno se ha visto obligado a aplazar diez días la reunión de la llamada Comisión Zurbano, prevista para hoy, ante el rotundo y general rechazo que las propuestas económicas remitidas por la vicepresidenta Salgado ha suscitado en los demás partidos.

Las críticas cosechadas han caído como un mazazo en La Moncloa, que confiaba en que al menos Coalición Canaria y CiU estamparan sus firmas al pie del documento y posaran para la foto que salvara a los ojos de la opinión pública dos meses de negociaciones. El «tridente» ministerial elegido por Zapatero para dialogar con los partidos no sólo no ha logrado el gran objetivo de alcanzar un pacto de Estado para afrontar la crisis económica; tampoco ha materializado el modesto deseo de llegar a acuerdos parciales de cierto calado. Las discrepancias son tan profundas que un aplazamiento de la firma no basta para solventarlas. No es cuestión de tiempo, como se ha aducido desde el Gobierno para justificar el fracaso, sino de fondo y de filosofía. Las cincuenta propuestas presentadas por Salgado son una mera acumulación de iniciativas ya debatidas en el Congreso, de cesiones particulares a partidos minoritarios como Coalición Canaria y de medidas cosméticas sin apenas recorrido, todo ello mezclado con otras más ambiciosas planteadas por CiU y el PP.

No faltan, incluso, algunas propuestas exóticas sobre el África Occidental o sobre las tiendas de los aeropuertos, que provocan gran perplejidad. El conjunto, en resumen, resulta anárquico, sin cohesión ni congruencia interna, y su capacidad para revitalizar el tejido económico no se alcanza a ver por ningún lado. Es verdad que el documento de Salgado incorpora incentivos para las pymes y dota de mayor protagonismo al ICO para impulsar los flujos de crédito hacia las empresas. Pero el balance se antoja muy escuálido y, sobre todo, frustrante para las esperanzas que había generado entre los ciudadanos después de que se presentara la Comisión Zurbano como la fórmula ideal para llegar a un pacto. Si esto es todo lo que el Gobierno es capaz de poner sobre la mesa para forjar un frente común, habría sido mejor no crear nada, ni alimentar falsas expectativas ni invocar el patriotismo de la oposición. Da la impresión de que con ese artefacto sólo se ha querido calmar los ánimos de un país que pide a sus dirigentes políticos menos retórica y más acuerdos palpables. La crisis por la que atraviesa España, con un número de parados que roza los cuatro millones y medio, con una imagen internacional severamente deteriorada y con un clima interno de pesimismo cada vez más acusado, no se supera con maquillajes como el de Salgado. Por el contrario, requiere de una cirugía profunda, necesita que se tomen decisiones difíciles pero imprescindibles y exige, en suma, dejar a un lado los cálculos electorales porque nunca será popular apretarse el cinturón, reducir el gasto público y reformar el mercado laboral. El Gobierno no puede serguir eternamente esquivando su papel, dilatando sus deberes o, como se dice popularmente, mareando la perdiz. Para lograr que la oposición firme un pacto hay que demostrar más seriedad y más responsabilidad.

La Razón - Opinión

Viva la electricidad

Lo que les interesa no es proteger el medio ambiente, sino terminar con el capitalismo, la libertad y el progreso científico; las tres fuentes de las que ha nacido nuestro control sobre la electricidad.

Uno de los grandes hitos de la historia de la humanidad, comparable a la invención de la rueda o al descubrimiento del fuego, ha sido sin duda alguna el control del hombre sobre la electricidad. La electricidad no sólo nos ha permitido prolongar nuestra vida útil al incrementar las horas de luz disponibles cada día, sino que ha abierto la puerta a utilizarla en todo tipo de procesos productivos: desde la agricultura a la medicina, pasando por la industria, los transportes o la informática.

No es osado afirmar que no podríamos concebir un mundo sin electricidad. Sus consecuencias serían devastadoras desde un punto de vista económico y humano: sin electricidad seríamos incapaces de sostener nuestros niveles actuales de producción agraria y nuestros mecanismos para distribuirla entre los individuos, deberíamos renunciar a cualquier avance médico y tecnológico, no podríamos desarrollar nuestras vidas más allá de las 21.00 de la noche –para divertirnos, trabajar, leer o escribir–, e instrumentos tan esenciales como internet, los frigoríficos, los microondas o los calentadores de agua dejarían de estar a nuestro alcance.


En otras palabras, sin electricidad renunciaríamos a lo que hoy conocemos como nuestra civilización, asentada sobre un progreso científico que ha permitido precisamente nuestro control sobre la misma. Los bajos costes de producción eléctrica son uno de los motores principales de nuestra prosperidad y de la generación de riqueza.

La mal llamada ‘Hora del Planeta’ es inequívocamente un ataque contra la electricidad y, a partir de ahí, contra la ciencia, la civilización y el ser humano. El mero hecho de proponer como señal de protesta que renunciemos al consumo eléctrico pone de manifiesto que el progreso económico y científico que permite esa electricidad les molesta. Su imagen soñada e idealizada es la de ciudades y países enteros a oscuras, con individuos incapaces de desarrollar otra actividad durante una hora de sus vidas, que no sea odiar el sistema económico y social que nos ha permitido alcanzar nuestras mayores cotas de bienestar.

El ser humano, gracias al uso de su razón, ha sometido a la naturaleza para adaptar el medio a sus necesidades. Esto es justo lo que aborrecen los ecologistas radicales: la posición de preeminencia del ser humano sobre su entorno. Atacados por una suerte de primitivismo, anteponen las supuestas necesidades de un artificio cuasirreligioso como es Gaia a las del ser humano: para ellos el hombre es un parásito que modifica la disposición natural del medio ambiente, una lacra que distorsiona la armonía de la Tierra y que por tanto debe minimizar, si no erradicar, su nefasta influencia sobre la misma.

El fracaso del apagón de este último sábado ha sido presentado por los calentólogos como un éxito. Y, sin duda, desde su perspectiva así debe ser observado. La convocatoria nunca tuvo como objetivo beneficiar al medio ambiente, pues de hecho un mayor seguimiento del apagón hubiese generado la necesidad de detener a las centrales renovables y concentrar la producción eléctrica en algunas fuentes de energía odiadas por los ecologistas como son los combustibles fósiles o las nucleares.

En realidad, la Hora del Planeta tenía un propósito mediático, ideológico y político, ámbitos donde el ecologismo sí puede felicitarse por su éxito. La mayoría de estratos de la sociedad ha terminado tragándose la propaganda calentóloga, hasta el punto de que casi todos los medios de comunicación se han sumado entusiastas a promover la convocatoria (lo que a su vez ha servido para realimentar su labor propagandística).

Los políticos a izquierda y derecha, los socialistas de todos los partidos que decía Hayek, no han tardado en aprovecharse de este tirón de la demagogia para justificar sus agresiones contra la libertad. Ayer, por ejemplo, el portavoz del PP, Esteban González Pons, declaraba que "está claro que el cambio climático es verdad y si no es verdad, es una gran idea". ¿Una gran idea para qué? Precisamente para que los políticos ataquen la libertad individual y el desarrollo científico con la excusa de cambiar la "relación del ser humano con el medio ambiente".

A la vista de lo anterior, cuando casi todos los políticos de casi todos los países están dispuestos a dar respuesta a los prejuicios calentólogos con tal de ampliar y conservar su poder, es lógico que los ecologistas celebren el resultado de la Hora del Planeta pese a su escasísimo seguimiento. Al final, lo que les interesa no es proteger el medio ambiente, sino terminar con el capitalismo, la libertad y el progreso científico; las tres fuentes de las que ha nacido nuestro control sobre la electricidad. Y para ello les basta con una población sumisa ante los desmanes de los políticos. Justo la sociedad que este tipo de campañas contribuyen a construir.


Libertad Digital - Editorial

Zurbano, la foto fallida

Una y otra vez, el Gobierno pretende aparentar que existe consenso en materia económica, sin duda con el objetivo de disimular su incapacidad para hacer frente a la crisis y adoptar medidas que faciliten esa recuperación de la confianza que necesita con urgencia la sociedad española.

Sin embargo, nadie quiere salir en la foto para compartir el fracaso del equipo económico de un Ejecutivo superado por las circunstancias. Las famosas reuniones en el Palacio de Zurbano no han servido para casi nada, a pesar de la tormenta mediática que intenta desatar una y otra vez la propaganda gubernamental. No habrá foto porque los demás partidos políticos rechazan con buen criterio asumir una cuota de responsabilidad que no les corresponde, aunque el PP haya apoyado en el Congreso algunas medidas razonables y otros grupos hayan salvado en más de una ocasión a Rodríguez Zapatero a cambio de ventajas particulares, como es el caso evidente de la Ley de Presupuestos. Así, Elena Salgado, José Blanco y Miguel Sebastián tendrán que posar solos ante las cámaras si persisten en el empeño de continuar aparentando un acuerdo que no existe, porque Zurbano ha sido una nueva experiencia fallida.

El Ejecutivo todavía intenta vender la Ley de Economía Sostenible como la gran panacea de todos los males, cuando apenas supone la yuxtaposición incoherente de una serie de ocurrencias, algunas de ellas inaceptables, como la referida a las descargas en Internet. Hay también algunas decisiones sensatas, entre ellas disminuir la burocracia para crear empresas o agilizar los pagos de las administraciones públicas. No obstante, faltan por completo las reformas imprescindible en el terreno del sistema financiero o en la flexibilización del mercado laboral que reclaman los organismos internacionales y los expertos más solventes. Tampoco existe el liderazgo imprescindible para establecer un verdadero principio de austeridad en el sector público y para exigir a las comunidades autónomas que contribuyan en serio a poner en marcha esos recortes de gastos superfluos. Rodríguez Zapatero sigue jugando a la política de imagen y su equipo lanza cortinas de humo para ver si cuelan con escaso éxito una y otra vez. No habrá foto porque no hay consenso ya que el Gobierno no lo busca con suficiente lealtad al interés general de España, sino que intenta esconder sus intereses de partido bajo el pretexto de llamadas ficticias al patriotismo y al sentido de Estado.

ABC - Editorial

domingo, 28 de marzo de 2010

Garzón, santo sindical. Por M. Martín Ferrand

DESDE que Baltasar Garzón se convirtiera en escolta electoral de Felipe González, en discutible salto del Judicial al Legislativo que remató con otro al Ejecutivo ante de volver a la blindada protección de su toga, pasó a ser el personaje más polémico y contradictorio de la vida española. Una situación que pudiera ser benéfica para un artista del varieté, pero impropia de quien, se supone, debe resultar ejemplo de moderación y equilibrio para alcanzar el respeto que exige su función y que merecen la mayoría de sus colegas. Garzón es a la Justicia lo que Belén Esteban para Telecinco, un protagonista fundamental que, independientemente de sus valores más hondos, mantiene vivo el espectáculo sin necesidad de mucho atrezo y ningún decorado.

Algunos nos inquietamos ante la conducta de tan singular personaje, más que por los asuntos en que se fundamentan sus problemas procesales, por lo que tiene de encarnación de un modo estelar y frívolo de ejercer su oficio. La polémica que suele acompañarle no se deriva de la originalidad de sus autos, la audacia y hondura de sus instrucciones ni de la cabal práctica de su magistratura. Suelen acompañarle vapores histriónicos, aires obsesivos y un entendimiento caprichoso de los tiempos a los que ajusta sus procedimientos. Son varios los casos que comprometen su futuro y habrá que esperar a que sus colegas decidan elevarle a los altares o mandarle a galeras, que todo es posible a la vista de los espasmos con que aquí y ahora cursa la justicia.

Garzón está en apuros y algunos de sus más devotos seguidores, como UGT y CCOO, quieren apoyarle. Ya anuncian que, pasada la Semana Santa -¡las vacaciones son lo primero para quienes dicen ser representantes de los trabajadores!-, saldrán a la calle para, en gesto inequívoco de presión a los tribunales que deben juzgar la conducta del juez estrella, proclamar su inocencia y condición benéfica para la Nación. Me gustaría conocer de qué manera las escuchas ilegales del «caso Gürtel», la hipótesis de prevaricación en el asunto de las fosas de la Guerra Civil o la financiación de sus excursiones americanas se relacionan con el espíritu que, se supone, anima a los sindicatos; pero está claro que quienes debieran centrar su interés en los españoles e inmigrantes que padecen el paro, y en la difícil situación de los demás, anteponen a su deber la devoción a Baltasar Garzón.


ABC - Opinión

Mayor, Zapatero y ETA. Por José María Carrascal

HAY quien dice que Mayor Oreja lanzó su órdago para obligar a Zapatero a retratarse, es decir, a cerrar todas las puertas traseras que le quedaban a ETA para colarse en las próximas elecciones municipales. Cosa que no ha tenido más remedio que hacer para despejar todas las dudas al respecto, aunque le queda devolver aquella autorización que le dio el Congreso para negociar con la banda en condiciones que luego no cumplió. Pero, en fin, el caso es que está más beligerante que nunca contra ella, de lo que todos nos congratulamos.

No creo, sin embargo, que haya sido esa la intención del ex ministro de Interior y hoy parlamentario europeo del PP. Más bien pienso que Jaime Mayor Oreja, como hombre de una pieza que es, fiel al discurso que ha mantenido durante los últimos años, nos ha dicho lo que piensa, sin otras pruebas que su instinto y su experiencia.


Personalmente, sin embargo, no creo que acierte en este caso. Y no lo creo por dos razones para mí de peso, aunque júzguelas cada cual por su cuenta. La primera es que Zapatero no negocia hoy con ETA, no por falta de ganas, que demostró ampliamente, sino por falta de ganas de ETA, que a estas alturas se ha quedado en una banda de fanáticos tan enloquecidos como descerebrados. Si ETA no negoció cuando el Gobierno Zapatero le ofrecía cuanto podía ofrecerle y algo más -que según Ibarretxe era más de lo que le ofrecía a él-, menos va a negociar ahora, cuando está contra las cuerdas. El descabezamiento continuo, las detenciones múltiples y el hallazgo ininterrumpido de zulos la dejan sin otra alternativa que la rendición por la vía de la entrega de armas. Y eso no entra en la cabeza de esos energúmenos, porque sería reducirlos a lo que son: no los liberadores del País Vasco, sino una banda de asesinos que ha causado todo tipo de sufrimientos a millares de persona tanto allí como en el resto de España. Algo, por tanto, que no harán nunca. Seguirán matando, robando extorsionando, cada vez más lejos de la realidad y de la razón, hasta que los detengan a todos.

Pero hay otra causa, de tanto o más peso, por la que no creo que Zapatero negocie con ellos. Y es que al presidente del Gobierno español también se le acaban las opciones. Con una crisis que se agiganta cada día y un desprestigio cada vez mayor en España, en Europa y en el mundo, con más parados, más deuda, menos soluciones y menos aliados, su único triunfo hoy es la lucha antiterrorista. Con él puede hacer olvidar, como está logrando, su anterior error de negociar con ETA, y tratará de hacer olvidar su error, primero, de no reconocer la crisis y, luego, de no acertar con sus remedios.

Por desgracia para él y para nosotros, no va a lograrlo porque esta crisis no se vence reparando aceras, subiendo el IVA ni, tampoco, deteniendo etarras.


ABC - Opinión

Todo claro. Por Alfonso Ussía

Los sindicatos organizan un acto contra el Supremo en apoyo a Garzón.

Lo harán con dinero público, el de ustedes y el mío, porque las cuotas de sus militantes no dan ni para comprar el alpiste del canario, que alguno habrá dando la tabarra en un despacho. La noticia es sorprendente. Tanto como la que sigue si fuera cierta: «El Embajador de Ucrania en Oslo convoca una manifestación ante el Palacio Real de la capital noruega en protesta por el precio de las plumas de las avestruces». La humanidad se preguntaría perpleja. ¿Insinúa el embajador de Ucrania en Oslo que los miembros de la Familia Real noruega acaparan y encarecen las plumas de las avestruces? ¿Será que el señor embajador está llamando «avestruz» a la Reina de Noruega? ¿Desde cuando importa tanto a los noruegos el precio de las plumas de las avestruces? Preguntas, todas ellas, de muy complicada respuesta satisfactoria. En una muy conocida familia madrileña se discutía la conveniencia o no del proyecto matrimonial de uno de sus miembros. Que si la novia tenía veinte años más que él, que si la novia se casaba por el dinero, que si la novia tenía excesivas huellas dactilares en el cuerpo, que si el novio era tonto, que si tal o que si cual. Cuando la discusión adquirió un tono en exceso subido, y aprovechando un segundo de milagroso silencio, alguien comentó: «La flota de Bermeo se ha hecho a la mar». Y no hubo boda.

Con más de cuatro millones de parados, los sindicatos subvencionados por el Gobierno, no han dicho ni mú. Bueno, hay que ser justo. Han dicho una vez «mú» después de dedicarle al Gobierno un «muá». Es lógico. Los españoles estamos acostumbrados a mantener el nivel de vida de multitud de vagos, y en los sindicatos también se vive muy bien sin dar con un palo al agua. Pero van a manifestarse a favor de un juez tres veces empapelado por el Tribunal Supremo. Si albergaba dudas respecto a Garzón, ya no las tengo. Todo ha quedado claro. Que sea la Justicia la que decida si Garzón es culpable o inocente. Para este humilde escribidor de ustedes, Garzón se ha convertido en una persona acreedora a la sospecha.

¿Quiénes han salido en defensa de un juez que ha podido delinquir gravemente? Los subvencionados. Casi todos los mangantes de la Ceja y los sindicatos. Cuando a un personaje público con vocación de ser más público que nadie, y que ha podido meterla hasta el remo, y que se ha creído que sobrevuela a la propia Justicia que administra y representa, le empiezan a salir defensores de las cloacas estalinistas, malo, malo. No digo que sea culpable, pero malo, malo. Los de siempre, sólo a la espera de que Carmen Machi –¿a qué se dedica?–, se sume o no a la relación de los protestantes. Y ahora los sindicatos. Más de cuatro millones de parados abrumados por sus silencios y componendas, y los sindicatos dando la tabarra a favor de Garzón. La verdad es que este hombre cuenta con agarraderas y amistades imprevisibles. Sólo falta que las creadoras del mapa del clítoris se unan a la empresa. Dicen en «El País», periódico gobernado por un falangista y censor en tiempos de Franco, que los magistrados del Supremo han actuado contra Garzón por motivos políticos. «Falangistas» los han llamado. Pero bueno, bueno, bueno. Si Garzón tiene semejantes defensores, puedo proclamar a pleno pulmón y con todo derecho que no merece mi confianza. El refranero dice muchas tonterías, pero también verdades como puños. «Mira con quien andas y te diré quién eres». Los de la Ceja que cobran de nuestros impuestos y los sindicatos que no abren la boca con más de cuatro millones de parados. Garzón, que se te ha visto el plumero, que viene muy bien para cerrar este artículo por lo de las avestruces. Y cerrado queda.


La Razón - Opinión

La reforma sanitaria de Obama: mito y realidad

La razón de este nuevo avance estatista impulsado por Obama no es proveer de asistencia sanitaria estatal a los más desfavorecidos pues ya la disfrutan, sino someter al yugo del estado a todos los demás.

Es sorprendente la unanimidad con que los políticos y medios de comunicación de este lado del Atlántico han saludado la reforma sanitaria emprendida por Obama. A tenor de los ditirambos lanzados con tal motivo, parecería que los ciudadanos de los Estados Unidos tuvieran que agradecer de rodillas a su presidente que vaya a salvarles la vida imponiéndoles un sistema público de sanidad que, paradójicamente, en Europa sólo utilizan los que no pueden costearse, además del estatal, un seguro privado para tales contingencias.

Hay muchos mitos alimentados por la izquierda que al socaire de esta decisión de Obama, validada por los demócratas de ambas cámaras, vuelven a reverdecer laureles a pesar de su escaso apego a la realidad. El más extendido tal vez sea el que los ciudadanos sin ingresos suficientes para pagarse un seguro privado mueren en los EEUU por falta de atención médica. Sin embargo, por más que nuestros autotitulados progresistas se empeñen, los norteamericanos más pobres no están desatendidos por el estado en materia de sanidad gracias a los programas Medicare y Medicaid, que cubren la atención sanitaria de jubilados y personas con bajos ingresos respectivamente, y funcionan en los Estados Unidos desde mediados de los sesenta del siglo pasado.

La razón de este nuevo avance estatista impulsado por Obama no es, por tanto, proveer de asistencia sanitaria estatal a los más desfavorecidos pues ya la disfrutan, sino someter al yugo del estado a todos los demás, una inmensa mayoría del los cuales prefiere decidir libremente sobre el cuidado de ellos mismos y sus familias como han venido haciendo hasta ahora. Obama, como cualquier político de izquierdas, supone que conoce las necesidades de los ciudadanos mejor que ellos mismos, pero lo que resulta aplaudido en el continente europeo como una gran conquista social en los Estados Unidos es mirado con recelo, pues el norteamericano medio, con muy bien criterio, sospecha siempre de las injerencias de los políticos en su vida privada.

Obama se dispone a obligar a más de treinta millones de estadounidenses a adquirir un servicio que no desean, introduciendo nuevas regulaciones en el mercado de los seguros médicos que elevaran su precio y subiendo la presión fiscal que ya soportan los ciudadanos, sin que exista la menor garantía de que todo este inmenso programa de reformas vaya a redundar en un beneficio tangible para los que lo han de sufrir sino al contrario, que es precisamente lo que ha ocurrido en el estado de Massachusetts tras poner en marcha hace cuatro años una ley prácticamente idéntica a la que Obama quiere ahora hacer extensiva a todo el país.

Todo parece indicar que la reforma sanitaria de Obama va a adquirir carta de naturaleza legal a pesar del rechazo público de cientos de miles de estadounidenses y la oposición de varios estados de la Unión. Las razones para esta fuerte contestación siguen siendo tan válidas como lo han sido siempre, especialmente en los Estados Unidos, y en realidad basta una sola palabra para resumirlas: Libertad. No otra cosa quieren los estadounidenses que se oponen a este proyecto socialista de su presidente, y si aquí no se entiende nuestro es el problema. Y ahora, con Obama, suyo también.


Libertad Digital - Editorial

Batasuna también es ETA en Francia

La cooperación antiterrorista francesa está siendo decisiva en el declive de ETA y lo será aún más si las palabras del presidente Sarkozy se convierten en hechos.

Prometió el Jefe del Estado francés desmantelar una a una las bases de ETA. El asesinato del gendarme Jean-Serge Nérin ha sido un trágico revulsivo para aumentar la intensidad de la lucha contra los etarras en suelo galo. Sin embargo, en esta política de colaboración entre ambos gobiernos falta el paso, por parte de las autoridades francesas, de llevar la legislación antiterrorista a los entramados seudo políticos que la banda etarra tiene montados en el país vecino. Así como España aprobó la Ley de Partidos Políticos para quitar a los etarras sus disfraces de concejales o parlamentarios, Francia aún mantiene en la legalidad las tramas «civiles» de ETA, permisividad de la que se ha venido beneficiando Batasuna desde 2001, cuando sus dirigentes empezaron a comprobar que el Gobierno de José María Aznar iba a por ellos, lo que confirmaron en 2002 con la Ley de Partidos Políticos, gracias a la cual se ilegalizó la red de formaciones que los etarras habían impulsado para consolidar su «frente político». Francia ya no es segura para ETA, pero aún representa una alternativa para los dirigentes batasunos, quienes han reproducido en este país el entramado de «herriko tabernas», sociedades de pantalla y grupos sociales que tenían en España, para proteger sus circuitos de financiación y apoyo logístico.

En cuanto el Gobierno francés asuma que ETA y sus tramas políticas se integran en una misma estructura, la policía y la Justicia galas podrán cerrar el cerco a los terroristas y desmantelar, como dijo Sarkozy, las plataformas de respaldo con las que cuentan. Es evidente que la primera condición de esta ampliación de la política antiterrorista francesa es que el Gobierno español no confunda a su homólogo galo con gestos o palabras equívocas acerca de la absoluta ilegalidad de las tramas políticas de ETA. Incluso el mensaje de que si los batasunos condenan a ETA podrán participar en la vida democrática puede ser contraproducente en caso de que se aspire a una adhesión de Francia, en este momento, a la lucha contra el frente «político» de los etarras. Además, cabe preguntarse si a estas alturas es moral y jurídicamente suficiente la condena a ETA para redimir un historial de cooperación criminal con tres décadas de asesinatos, dolor y terror.

ABC - Editorial

sábado, 27 de marzo de 2010

Un apagón contra el calentón (global). Por Pablo Molina

Adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto.

Este sábado, la humanidad entera está convocada a realizar un gesto simbólico para salvar al planeta de la voracidad capitalista. A instancias del equipo calentólogo habitual, todos estamos invitados a apagar durante una hora las luces de nuestras casas, en una especie de ritual destinado a aplacar la ira de la Pachamama que, según los ecologistas y los alcaldes del PP, no deja de calentarse.

Los datos dicen lo contrario, que la Tierra no ha dejado de enfriarse en la última década como hemos podido comprobar especialmente durante este invierno con sólo asomarnos a la calle, pero ¿qué es la realidad para unas ONG que han hecho del chantaje ideológico su principal fuente de financiación?


El patriarca del calentamiento, con permiso de Su Goricidad, ha dimitido después de demostrarse que había mentido como un salvaje en los supuestos estudios que avalaban la teoría del calentón. Ha nevado en lugares donde no se recordaba la presencia de este fenómeno desde hace décadas, los termómetros han pulverizado a la baja sus registros en más de medio mundo, se congelan mares y ríos por primera vez en muchísimos años, se ha demostrado, en fin, que el calentamiento global es un fraude, y la única reacción de sus promotores ha sido dejar a un lado lo del calentón y volver a hablar genéricamente del "cambio climático", porque un cambio puede producirse en ambas direcciones y así quedan cubiertas todas las eventualidades.

Además de insultar a la inteligencia de los ciudadanos, los políticos están sangrando nuestros depauperados bolsillos con medidas restrictivas de todo tipo que no sirven más que para llenar el de los que se han erigido en justicieros climáticos en representación de todo el planeta. En la izquierda esta actitud es consecuente con su trayectoria, pero se suponía que los representantes de la derecha liberal y conservadora iban a tener una disposición más respetuosa con sus votantes y una relación menos conflictiva con la realidad. Bueno, pues no. No hay alcalde del PP que no se haya sumado con todo entusiasmo a hacer el chorra este sábado apagando las luces del consistorio, no sea que los progres del municipio lo acusen de asesino de bebés foca. Pero es peor aún, porque de sus declaraciones se extrae la evidencia de que estos tíos realmente creen que la tierra se está calentando a pasos agigantados y que hay que luchar en la misma trinchera de los que hacen todo lo posible para expulsarlos del poder, y no durante una hora, sino todos y cada uno de los días del año.

Pues bien, ante semejante rendición neuronal, adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto. La Tierra se está enfriando y no quiero que los ancianos del Pirineo se congelen en uno de estos arrebatos antiecológicos de la Pachamama, empeñada en no hacer caso a los dictados de sus defensores de cuota. Eso sí es solidaridad. Están todos ustedes invitados.


Libertad Digital - Opinión

Las verdades de Mayor. Por Tomás Cuesta

LA rotundidad con la que Zapatero afirma que no hay ni habrá diálogo con los asesinos etarras es la misma con la que llamaba antipatriotas a quienes decían en plena crisis que había crisis.

Al presidente del Gobierno le someten a la máquina de la verdad y podría jurar que es políglota sin que el polígrafo registrase el más leve indicio de movimiento. Se puede engañar incluso a sí mismo y no acordarse, que es uno de los síntomas recurrentes del síndrome de la Moncloa. De otra parte, Jaime Mayor Oreja, ex ministro de Interior de Aznar, dice que el Gobierno negocia con ETA y que, como es natural, no dispone de evidencias al respecto para mostrarlas en pública audiencia, pero que no se retracta de la denuncia.

Mayor Oreja es un tipo extraño en política, bastante dado a la reflexión y negado, hasta donde se sabe, al trinque, ya sea de cargos, prebendas, espirituosos o directamente recursos públicos. Un individuo perseguido por ETA con especial saña, pues durante su etapa en Interior diseñó la estrategia global y legal (una diferencia nada sutil respecto al pasado y al presente) que ha reducido la capacidad mortífera de ETA a mínimos históricos. Se trató del Pacto Antiterrorista, la Ley de Partidos, la vía policial y la denuncia internacional de Batasuna y ETA. A día de hoy, el Pacto está disuelto, ANV controla ayuntamientos vascos (que es lo mismo que recibir dinero, tener censos, disponer de información sensible...) y los terroristas han accedido a las instituciones europeas y se pasean por Irlanda dando conferencias. Sí, Otegi está en la cárcel. Pobre. Las víctimas de ETA, por cierto, sean de uno u otro colectivo, después de la experiencia sufrida en la pasada legislatura (y no hace falta dar nombres) sospechan lo mismo que dice Mayor Oreja, aunque ellas, para Zapatero, definitivamente no cuentan.

Es más que probable que Mayor Oreja esté un tanto irritado con lo que sucede, pese a que no es hombre dado a mostrar sus emociones y tampoco es justo poner en la balanza del crédito las veces que Mayor ha dado en el clavo, eso que tanto irrita a la progresía. Pero no deja de ser cierto que fue el primero, lo cual era su obligación, en hablar de tregua-trampa cuando los asesinos intentaron seducir a Aznar y también fue el primero en captar que el PNV se echaba en brazos de Batasuna en aquel Pacto de Estella que luego se versionó como Plan Ibarretxe por si colaba. Es decir, que si alguien entiende de meteorología vasca es Mayor Oreja, por no hablar de los canales habituales y de las múltiples vías de contacto en la sociedad de la comunicación entre unos y otros, aquellos y ellos.

Si hasta Mariano Rajoy se ha puesto del lado de Mayor Oreja en vez de enseñar el perfil. Ante tamaña muestra de apoyo de alguien más bien tibio, habrá que empezar a demandar algunos gestos al Gobierno para confiar en la veracidad de sus afirmaciones. Lo tiene fácil, muy fácil. Basta con que retiren el aval que se pidió en el Congreso para dialogar con ETA. Es sólo un gesto de cara a la galería, pero quedaría tan bien y podría acallar tantos rumores. O el mismo aval que se pidió en el Parlamento europeo. O que se actuara contra los ayuntamientos de ANV. Sólo con esos gestos, los ojos de Rodríguez «mírame a los ojos» Zapatero ganarían en credibilidad.


ABC - Opinión

Zapatero y yo. Por Alfonso Ussía

No han existido dos presidentes en Europa menos valorados que Zapatero y el arriba firmante.

Lo fui de un «broker» de Reaseguros francobritánico. La sociedad se llamaba «Ferrié & Rowbothan» y mi participación presidencial animó la llegada del desastre. Me enteraba de la marcha de la sociedad por la asistenta de uno de los socios. Cuando se reunían en Madrid los representantes de los asociados, era invitado amablemente a sentarme en la mesa del Consejo en el sillón preferente, pero a condición de no abrir la boca. Y cuando septiembre llegaba y se reunían todos los reaseguradores de Europa en Montecarlo –«le rendez-vous de septembre»–, mi presencia en Mónaco se limitaba al turismo. Nadie me hacía ni puñetero caso. El turismo en Mónaco tiene un margen limitado. Al tercer día de visitar el Oceanográfico y conseguir que los congrios del Mar Rojo te reconozcan, el interés turístico monegasco sufre una notable mengua en su intensidad. Allí se reunía el negocio del Reaseguro de Europa, y Europa me daba la espalda con contumacia. Gané en el casino del «Hotel Loews» –sito sobre el túnel que todo el mundo conoce por las carreras de Fórmula Uno–, y aquel detalle me hace guardar un aceptable recuerdo de Mónaco, un Estado bastante chocante. Se puede conocer y recorrer en dos horas y media sin toparse con monegasco alguno. Pero mis quejas europeas tienen base, peana y fundamento.

Para mí, que a Zapatero le hacen todavía menos caso. Ni de presidente semestral de la Unión Europea le invitan a las reuniones importantes. Se hace fotos en Bruselas, junta sus manos a las de Papandreu, y cuando se cree inmerso en el club de los que deciden el futuro europeo, entre Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy, Durao Barroso y el belga Van Rompuy, le convencen para que proceda a darse un voltio por la «Grand Place» mientras ellos se reúnen y tratan de asuntos serios.

Bruselas es una grande y triste ciudad, siempre cobijada por las nubes. Los bruselenses, cuando el sol luce, abren la boca del pasmo. Se come muy bien, mejor que en París y Lyon, y tiene la ventaja de la presencia de un extenso funcionariado europeo. Bruselas, que es francófila, puede ser perfectamente dominada sin saber a ciencia cierta el significado de «oui» o «le canard est vert». Se habla español y siempre surge un compatriota en cualquier esquina. No se puede sentir ajeno Zapatero paseando por sus ordenadas calles mientras sus presididos solucionan los problemas económicos de Europa. A Zapatero le permiten hacer un discurso de cuando en cuando para evitar las murmuraciones. Como el Consejo Nacional franquista –ubicado en el Palacio del Senado– hacía con Franco. Le preguntaron a don José María Pemán para qué servía el Consejo Nacional, y estuvo torero. «Para que sus miembros se reúnan una vez al año con el fin de oír un discurso de su aconsejado». Lo mismo sucede con Zapatero. Los presididos se reúnen sin Zapatero y cuando no hay más narices, le dejan soltar un discurso mientras ellos piensan en sus cosas, siempre más importantes. Tengo un amigo, parlamentario europeo holandés, al que Moratinos atemoriza. Dice el de Orange que Moratinos parece una rana siempre dispuesta a dar un salto para comerse al interlocutor. No está mal visto. Sucede que Moratinos también se aburre, y está harto de pasear con el presidente de la Unión Europea mientras los presididos adoptan las decisiones. Europa no es para nosotros, José Luis.


La Razón - Opinión

El euro sobre el alambre

Es todavía una incógnita el desenlace de esta enfermedad infantil de la divisa europea. Podría llevársela por delante o fortalecerla, todo depende de lo acertado de las decisiones en la cúpula política y monetaria de la UE.

La crisis de la deuda griega está tocando sus últimos compases antes de que se produzca lo que parece inevitable: o la expulsión del euro –a lo que le seguiría la bancarrota–, o el fin de la soberanía griega sobre su política económica. Los líderes de la Unión Europea se inclinan por lo segundo, o al menos eso es lo que se deduce del plan de contingencia que, en la reunión de Bruselas, han previsto a dúo Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Sin dar un solo número que asuste a los mercados más de lo que ya lo están, la intención del eje –esta vez monetario– francoalemán es enfriar la olla a presión en la que se ha transformado la eurozona desde que, hace unos meses, los acreedores empezaron a dudar de la solvencia del Estado griego.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta lamentable situación en la que la moneda única corre riesgo de desaparecer arrastrando consigo a la primera potencia económica del planeta? La razón hay que buscarla en la irresponsabilidad de los Gobiernos del continente, de todos, aunque el presidido por el socialista Papandreu haya pulverizado todos los récords de derroche. El Pacto de Estabilidad se firmó hace más de 15 años para evitar situaciones extremas como esta. Los diferentes Estados acordaron cuadrar sus cuentas, no gastar más de lo que ingresaban y mantener la deuda pública a raya. Nadie lo ha cumplido, empezando por los propios alemanes, que se lo saltan a la torera desde hace más de una década.

Pero ha sido en los países del sur, en Grecia, España, Portugal e Italia a raíz de la crisis financiera internacional, cuando el Pacto ha pasado definitivamente a ser papel mojado. Tanto el Gobierno griego como el español han incurrido en tremendos déficits presupuestarios al tiempo que han pedido prestado mucho más de lo debieran. Si Grecia sigue por este camino –y no debe olvidarse que España le sigue de cerca– en un momento u otro habrá de presentar suspensión de pagos, lo que, y esto es seguro, originará un terremoto financiero que dejaría la quiebra de Lehman Brothers en un insignificante e inapreciable temblor de tierra.

Llegados a este punto, a los socios económicos de Grecia, España y demás Estados manirrotos, es decir, a los que se embarcaron con ellos en la aventura del euro, sólo les queda hacerse cargo del desaguisado contra fondos propios y reestructurar por completo la unión monetaria. Por ahora se limitan a tranquilizar, pero más pronto que tarde habrán de aplicar una cirugía muy dolorosa, especialmente para sus cuentas, ya que el rescate de Grecia saldría por unos 75.000 millones de euros que tendrían que salir en gran parte del bolsillo de los contribuyentes de los países "saneados". España, en un alarde de imprudencia solo concebible en la cabeza de Zapatero, se ha apuntado entusiasta a colaborar con unos 2.000 millones de euros que, naturalmente, no tenemos.

Es todavía una incógnita el desenlace de esta enfermedad infantil de la divisa europea. Podría llevársela por delante o fortalecerla, todo depende de lo acertado de las decisiones en la cúpula política y monetaria de la UE. De lo que podemos estar seguros es que, después de esta experiencia, nuestra moneda no va a parecerse en nada a aquel euro confiado y optimista de hace diez años.


Libertad Digital - Editorial

Ni un etarra en los ayuntamientos

EL Consejo de Ministros aprobó ayer la presentación de una serie de reformas que cerrarán las últimas grietas que aún permiten a las formaciones y candidaturas proetarras conservar poder municipal, aun después de ser ilegalizadas.

ABC se congratula de esta iniciativa del Gobierno, porque coincide con la que editorialmente ha venido defendiendo desde 2008, cuando en estas páginas -por ejemplo, «ANV, ilegalización justa y tardía» (17-9-2008)- quedó escrito que «sería oportuno estudiar una reforma que contemplara la inhabilitación de los concejales de la formación ilegalizada que se negaran a realizar una declaración pública y expresa de repudio de la violencia, porque quien es elegido con las siglas de un testaferro de ETA no se rehabilita democráticamente sólo por quedarse sin partido o sin una parte de los fondos de su grupo municipal». La lucha contra ETA no debe dejar cabos sueltos, como ha sucedido con las ilegalizaciones decididas al amparo de la ley de Partidos Políticos -una norma que ha sido y será un ejemplo de determinación política y rigor constitucional-, que no alcanzaba a la privación del acta de concejal o parlamentario a quienes estaban incluidos en una lista anulada. La medida que ahora propone el Gobierno es coherente con la gravedad del terrorismo, se encuentra legitimada por la defensa que todo Estado debe realizar del orden constitucional y está basada en los valores superiores de la democracia y la convivencia.

Ahora bien, no basta con cambiar las leyes para que éstas surtan efecto. Es necesario, además, el compromiso político del Gobierno de llevar ante los tribunales de Justicia a todo colaborador de ETA, aunque aparezca en una lista electoral. Durante la negociación con la banda terrorista, la Fiscalía promovió una aplicación «selectiva» de la Ley de Partidos, mutilando sus efectos y dejando que buena parte de las listas de Acción Nacionalista Vasca accedieran a los ayuntamientos vascos y navarros. Nunca hubo falta de pruebas o insuficiencia de la ley. Se prefirió negociar con los terroristas. Las cosas han cambiado sustancialmente -al menos, no hay indicios de lo contrario- y la unidad política del PP y el Gobierno para acabar con ETA debe continuar asentada en la cooperación y la lealtad recíproca. La definitiva expulsión de ETA de los ayuntamientos vascos cerrará el ciclo de regeneración política de las instituciones regionales y facilitará la deslegitimación de los terroristas, complemento imprescindible de la lucha policial. Otra negociación clandestina con ETA sería traicionar la memoria de las víctimas.

ABC - Editorial

viernes, 26 de marzo de 2010

Lamentable Cesar Alierta

Al parecer no es suficiente lo que pagamos los usuarios por la Red de Telefónica. Lamentable comparecencia de Cesar Alierta, Presidente Ejecutivo de Telefónica S.A.



¡Menuda lengua de trapo!

El regreso de Mayor Oreja. Por Emilio Campmany

El caso es que, si este PP blandito y moldeable descarrila, ahí está de nuevo Mayor Oreja como una opción razonable para hacerse cargo del partido. Es una gran noticia.

Jaime Mayor Oreja era uno de los miembros de la terna oficiosa que Aznar tenía en el cuaderno azul cuando estaba en trance de proceder al dedazo. Como no fue el elegido, buscó su Aventino en la Eurocámara.

Ser cabeza de lista en las europeas de 2004 era una forma lógica de hacer mutis y dejar solo en la escena a Mariano Rajoy. Sin embargo, éste perdió las elecciones de 2008 y, tras caerse del caballo camino de México, empezó a cerdear. Surgieron posibles sucesores. Una derrota en las europeas de 2009 le hubiera podido obligar a dimitir. Para el electorado crítico del PP, la ocasión era propicia porque las consecuencias de una derrota en las europeas no son graves para el partido y en cambio sirve para demostrar el poco aprecio que los electores tienen por el líder si es que quieren expresarlo.


El sector del PP descontento con Rajoy era a la vez el más afín a Mayor Oreja. Debido sobre todo a que éste no compartía con sus compañeros la compresión que éstos mostraron hacia la supuesta nueva política antiterrorista del Gobierno a partir de las elecciones de 2008. Para esa parte del electorado del PP que exigía a Rajoy mayor rigor con el Gobierno en relación con ETA, Mayor Oreja era un referente.

Rajoy sabía que ese sector era el que podía aguarle las europeas, el último escollo para asegurarse ser candidato del PP a la presidencia del Gobierno en 2012. Era esencial ganarlas. Para lograrlo, qué mejor que poner un cabeza de lista que fuera querido por el electorado más crítico. Lo natural era que lo fuera Mayor Oreja, que lo había sido ya en las anteriores. Encima, la decisión tenía la ventaja de que, si la derrota llegaba, la culpa podría atribuirse a la dureza de las posiciones del cabeza de lista ahora que los españoles preferían otras más blandas, como las que se supone representaba el propio Rajoy. Si, por el contrario, el PP ganaba las europeas, el jefe se apuntaría el tanto y nadie osaría sugerir su relevo después de haber vencido en unas elecciones de ámbito nacional, como así efectivamente ha ocurrido.

De modo que, es muy lógico que Rajoy eligiera a Mayor Oreja. Lo que no lo es tanto es que el elegido se prestara al juego. No tenía nada que ganar. Le habrían atribuido la derrota y la victoria sería de Rajoy. Encima perdería la posibilidad de ser relevo del gallego para el caso de que se abriera la crisis de la sucesión por haber sido su candidato para las europeas. Sin embargo, se dejó llevar.

Pues bien, su reciente denuncia de que el Gobierno debe de seguir negociando con ETA le reivindica como alternativa a Rajoy dentro del PP. No tanto por denunciarlo como por haberse desmarcado de él la mayoría de los líderes del PP. Lo han hecho por miedo a ser tildados de miserables por los dirigentes del PSOE y ser acusados de no colaborar en la lucha antiterrorista. Pero el que sus compañeros hoy se aparten de él como si fuera un apestado lo convertirá mañana en el candidato obvio a suceder a Rajoy si, como es lo más probable, resulta que tiene razón.

El caso es que, si este PP blandito y moldeable descarrila, ahí está de nuevo Mayor Oreja como una opción razonable para hacerse cargo del partido. Es una gran noticia.


Libertad Digital - Opinión

Ley sin orden. Por Ignacio Camacho

LA limpieza del procedimiento es la garantía del Estado de Derecho.

Si todo vale y fin justifica los medios no existe una justicia democrática, que es la que define, protege y sostiene la libertad. Un estricto orden garantista implica la posibilidad de que ciertos culpables queden impunes, fracaso que se compensa con la tranquilidad de que no habrá inocentes castigados por un ejercicio atropellado o torticero de la ley. Este principio fundamental constituye la base ética de las normas procesales y son los jueces los primeros que deben encargarse de su correcta preservación, aplicación y entendimiento. No hay lugar para el abuso por firme que sea la convicción de culpabilidad.

Si los imputados de la trama Gürtel salen más o menos beneficiados por la anulación de las escuchas de sus conversaciones con sus abogados habrá que pedirle responsabilidad a quien las ordenó, no a los que han sentenciado su invalidez probatoria. En el caso del juez Garzón concurren antecedentes preocupantes de intervención irregular de comunicaciones y otros clamorosos y desordenados defectos de forma; hay por ahí narcotraficantes en libertad por culpa de alguna instrucción mal formulada. Los numerosos defensores de este magistrado, que reclaman para él una suerte de inmunidad en aras de sus intenciones justicieras, olvidan que la justicia sólo es justa cuando se atiene a unas reglas establecidas por el corpus jurídico. Ha sido su manejo poco escrupuloso, quizá arbitrario, de instrumentos procesales que inciden en los derechos de los detenidos lo que ha abierto la rendija escapatoria para estos corruptos tan formalmente presuntos como moralmente palmarios.

Tampoco será la primera vez, ni el primer magistrado al que le revuelcan diligencias defectuosamente enfocadas. El caso Naseiro, preclaro ejemplo de financiación ilegal del PP, fue anulado por escuchas que comprometían garantías elementales. La red de corrupción socialista establecida en Andalucía en torno a los hermanos Ollero -con el intermediario sorprendido in fraganti llevando en una maleta los millones de un cohecho- salió absuelta cuando el Constitucional invalidó la interceptación de sus conversaciones. Estos días está en el aire, por deficiente instrucción, la Operación Ballena Blanca en la Costa del Sol, y puede haber sorpresas desagradables cuando toque enjuiciar a la célebre cleptocracia de Marbella. Se trata de delincuentes manifiestos y de delitos contrastados, pero ante la evidencia de sus fechorías prevalece el interés supremo de la preservación de la seguridad jurídica. Sin ese manto protector estaríamos ante una indefensión general, amparadora de la vulneración de intimidades y de presunciones de culpabilidad. No es la ley lo que funciona mal sino el modo apriorístico y viciado, a veces chapucero, con que algunos de sus intérpretes acostumbran a aplicarla.


ABC- Opinión