sábado, 27 de marzo de 2010

Un apagón contra el calentón (global). Por Pablo Molina

Adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto.

Este sábado, la humanidad entera está convocada a realizar un gesto simbólico para salvar al planeta de la voracidad capitalista. A instancias del equipo calentólogo habitual, todos estamos invitados a apagar durante una hora las luces de nuestras casas, en una especie de ritual destinado a aplacar la ira de la Pachamama que, según los ecologistas y los alcaldes del PP, no deja de calentarse.

Los datos dicen lo contrario, que la Tierra no ha dejado de enfriarse en la última década como hemos podido comprobar especialmente durante este invierno con sólo asomarnos a la calle, pero ¿qué es la realidad para unas ONG que han hecho del chantaje ideológico su principal fuente de financiación?


El patriarca del calentamiento, con permiso de Su Goricidad, ha dimitido después de demostrarse que había mentido como un salvaje en los supuestos estudios que avalaban la teoría del calentón. Ha nevado en lugares donde no se recordaba la presencia de este fenómeno desde hace décadas, los termómetros han pulverizado a la baja sus registros en más de medio mundo, se congelan mares y ríos por primera vez en muchísimos años, se ha demostrado, en fin, que el calentamiento global es un fraude, y la única reacción de sus promotores ha sido dejar a un lado lo del calentón y volver a hablar genéricamente del "cambio climático", porque un cambio puede producirse en ambas direcciones y así quedan cubiertas todas las eventualidades.

Además de insultar a la inteligencia de los ciudadanos, los políticos están sangrando nuestros depauperados bolsillos con medidas restrictivas de todo tipo que no sirven más que para llenar el de los que se han erigido en justicieros climáticos en representación de todo el planeta. En la izquierda esta actitud es consecuente con su trayectoria, pero se suponía que los representantes de la derecha liberal y conservadora iban a tener una disposición más respetuosa con sus votantes y una relación menos conflictiva con la realidad. Bueno, pues no. No hay alcalde del PP que no se haya sumado con todo entusiasmo a hacer el chorra este sábado apagando las luces del consistorio, no sea que los progres del municipio lo acusen de asesino de bebés foca. Pero es peor aún, porque de sus declaraciones se extrae la evidencia de que estos tíos realmente creen que la tierra se está calentando a pasos agigantados y que hay que luchar en la misma trinchera de los que hacen todo lo posible para expulsarlos del poder, y no durante una hora, sino todos y cada uno de los días del año.

Pues bien, ante semejante rendición neuronal, adelanto que este sábado, entre las 20:30 y las 21:30, voy a encender todas las luces de casa, el aire acondicionado, la calefacción y voy a conectar de nuevo las luces navideñas, que siempre dan un toque entrañable al conjunto. La Tierra se está enfriando y no quiero que los ancianos del Pirineo se congelen en uno de estos arrebatos antiecológicos de la Pachamama, empeñada en no hacer caso a los dictados de sus defensores de cuota. Eso sí es solidaridad. Están todos ustedes invitados.


Libertad Digital - Opinión

Las verdades de Mayor. Por Tomás Cuesta

LA rotundidad con la que Zapatero afirma que no hay ni habrá diálogo con los asesinos etarras es la misma con la que llamaba antipatriotas a quienes decían en plena crisis que había crisis.

Al presidente del Gobierno le someten a la máquina de la verdad y podría jurar que es políglota sin que el polígrafo registrase el más leve indicio de movimiento. Se puede engañar incluso a sí mismo y no acordarse, que es uno de los síntomas recurrentes del síndrome de la Moncloa. De otra parte, Jaime Mayor Oreja, ex ministro de Interior de Aznar, dice que el Gobierno negocia con ETA y que, como es natural, no dispone de evidencias al respecto para mostrarlas en pública audiencia, pero que no se retracta de la denuncia.

Mayor Oreja es un tipo extraño en política, bastante dado a la reflexión y negado, hasta donde se sabe, al trinque, ya sea de cargos, prebendas, espirituosos o directamente recursos públicos. Un individuo perseguido por ETA con especial saña, pues durante su etapa en Interior diseñó la estrategia global y legal (una diferencia nada sutil respecto al pasado y al presente) que ha reducido la capacidad mortífera de ETA a mínimos históricos. Se trató del Pacto Antiterrorista, la Ley de Partidos, la vía policial y la denuncia internacional de Batasuna y ETA. A día de hoy, el Pacto está disuelto, ANV controla ayuntamientos vascos (que es lo mismo que recibir dinero, tener censos, disponer de información sensible...) y los terroristas han accedido a las instituciones europeas y se pasean por Irlanda dando conferencias. Sí, Otegi está en la cárcel. Pobre. Las víctimas de ETA, por cierto, sean de uno u otro colectivo, después de la experiencia sufrida en la pasada legislatura (y no hace falta dar nombres) sospechan lo mismo que dice Mayor Oreja, aunque ellas, para Zapatero, definitivamente no cuentan.

Es más que probable que Mayor Oreja esté un tanto irritado con lo que sucede, pese a que no es hombre dado a mostrar sus emociones y tampoco es justo poner en la balanza del crédito las veces que Mayor ha dado en el clavo, eso que tanto irrita a la progresía. Pero no deja de ser cierto que fue el primero, lo cual era su obligación, en hablar de tregua-trampa cuando los asesinos intentaron seducir a Aznar y también fue el primero en captar que el PNV se echaba en brazos de Batasuna en aquel Pacto de Estella que luego se versionó como Plan Ibarretxe por si colaba. Es decir, que si alguien entiende de meteorología vasca es Mayor Oreja, por no hablar de los canales habituales y de las múltiples vías de contacto en la sociedad de la comunicación entre unos y otros, aquellos y ellos.

Si hasta Mariano Rajoy se ha puesto del lado de Mayor Oreja en vez de enseñar el perfil. Ante tamaña muestra de apoyo de alguien más bien tibio, habrá que empezar a demandar algunos gestos al Gobierno para confiar en la veracidad de sus afirmaciones. Lo tiene fácil, muy fácil. Basta con que retiren el aval que se pidió en el Congreso para dialogar con ETA. Es sólo un gesto de cara a la galería, pero quedaría tan bien y podría acallar tantos rumores. O el mismo aval que se pidió en el Parlamento europeo. O que se actuara contra los ayuntamientos de ANV. Sólo con esos gestos, los ojos de Rodríguez «mírame a los ojos» Zapatero ganarían en credibilidad.


ABC - Opinión

Zapatero y yo. Por Alfonso Ussía

No han existido dos presidentes en Europa menos valorados que Zapatero y el arriba firmante.

Lo fui de un «broker» de Reaseguros francobritánico. La sociedad se llamaba «Ferrié & Rowbothan» y mi participación presidencial animó la llegada del desastre. Me enteraba de la marcha de la sociedad por la asistenta de uno de los socios. Cuando se reunían en Madrid los representantes de los asociados, era invitado amablemente a sentarme en la mesa del Consejo en el sillón preferente, pero a condición de no abrir la boca. Y cuando septiembre llegaba y se reunían todos los reaseguradores de Europa en Montecarlo –«le rendez-vous de septembre»–, mi presencia en Mónaco se limitaba al turismo. Nadie me hacía ni puñetero caso. El turismo en Mónaco tiene un margen limitado. Al tercer día de visitar el Oceanográfico y conseguir que los congrios del Mar Rojo te reconozcan, el interés turístico monegasco sufre una notable mengua en su intensidad. Allí se reunía el negocio del Reaseguro de Europa, y Europa me daba la espalda con contumacia. Gané en el casino del «Hotel Loews» –sito sobre el túnel que todo el mundo conoce por las carreras de Fórmula Uno–, y aquel detalle me hace guardar un aceptable recuerdo de Mónaco, un Estado bastante chocante. Se puede conocer y recorrer en dos horas y media sin toparse con monegasco alguno. Pero mis quejas europeas tienen base, peana y fundamento.

Para mí, que a Zapatero le hacen todavía menos caso. Ni de presidente semestral de la Unión Europea le invitan a las reuniones importantes. Se hace fotos en Bruselas, junta sus manos a las de Papandreu, y cuando se cree inmerso en el club de los que deciden el futuro europeo, entre Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy, Durao Barroso y el belga Van Rompuy, le convencen para que proceda a darse un voltio por la «Grand Place» mientras ellos se reúnen y tratan de asuntos serios.

Bruselas es una grande y triste ciudad, siempre cobijada por las nubes. Los bruselenses, cuando el sol luce, abren la boca del pasmo. Se come muy bien, mejor que en París y Lyon, y tiene la ventaja de la presencia de un extenso funcionariado europeo. Bruselas, que es francófila, puede ser perfectamente dominada sin saber a ciencia cierta el significado de «oui» o «le canard est vert». Se habla español y siempre surge un compatriota en cualquier esquina. No se puede sentir ajeno Zapatero paseando por sus ordenadas calles mientras sus presididos solucionan los problemas económicos de Europa. A Zapatero le permiten hacer un discurso de cuando en cuando para evitar las murmuraciones. Como el Consejo Nacional franquista –ubicado en el Palacio del Senado– hacía con Franco. Le preguntaron a don José María Pemán para qué servía el Consejo Nacional, y estuvo torero. «Para que sus miembros se reúnan una vez al año con el fin de oír un discurso de su aconsejado». Lo mismo sucede con Zapatero. Los presididos se reúnen sin Zapatero y cuando no hay más narices, le dejan soltar un discurso mientras ellos piensan en sus cosas, siempre más importantes. Tengo un amigo, parlamentario europeo holandés, al que Moratinos atemoriza. Dice el de Orange que Moratinos parece una rana siempre dispuesta a dar un salto para comerse al interlocutor. No está mal visto. Sucede que Moratinos también se aburre, y está harto de pasear con el presidente de la Unión Europea mientras los presididos adoptan las decisiones. Europa no es para nosotros, José Luis.


La Razón - Opinión

El euro sobre el alambre

Es todavía una incógnita el desenlace de esta enfermedad infantil de la divisa europea. Podría llevársela por delante o fortalecerla, todo depende de lo acertado de las decisiones en la cúpula política y monetaria de la UE.

La crisis de la deuda griega está tocando sus últimos compases antes de que se produzca lo que parece inevitable: o la expulsión del euro –a lo que le seguiría la bancarrota–, o el fin de la soberanía griega sobre su política económica. Los líderes de la Unión Europea se inclinan por lo segundo, o al menos eso es lo que se deduce del plan de contingencia que, en la reunión de Bruselas, han previsto a dúo Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Sin dar un solo número que asuste a los mercados más de lo que ya lo están, la intención del eje –esta vez monetario– francoalemán es enfriar la olla a presión en la que se ha transformado la eurozona desde que, hace unos meses, los acreedores empezaron a dudar de la solvencia del Estado griego.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta lamentable situación en la que la moneda única corre riesgo de desaparecer arrastrando consigo a la primera potencia económica del planeta? La razón hay que buscarla en la irresponsabilidad de los Gobiernos del continente, de todos, aunque el presidido por el socialista Papandreu haya pulverizado todos los récords de derroche. El Pacto de Estabilidad se firmó hace más de 15 años para evitar situaciones extremas como esta. Los diferentes Estados acordaron cuadrar sus cuentas, no gastar más de lo que ingresaban y mantener la deuda pública a raya. Nadie lo ha cumplido, empezando por los propios alemanes, que se lo saltan a la torera desde hace más de una década.

Pero ha sido en los países del sur, en Grecia, España, Portugal e Italia a raíz de la crisis financiera internacional, cuando el Pacto ha pasado definitivamente a ser papel mojado. Tanto el Gobierno griego como el español han incurrido en tremendos déficits presupuestarios al tiempo que han pedido prestado mucho más de lo debieran. Si Grecia sigue por este camino –y no debe olvidarse que España le sigue de cerca– en un momento u otro habrá de presentar suspensión de pagos, lo que, y esto es seguro, originará un terremoto financiero que dejaría la quiebra de Lehman Brothers en un insignificante e inapreciable temblor de tierra.

Llegados a este punto, a los socios económicos de Grecia, España y demás Estados manirrotos, es decir, a los que se embarcaron con ellos en la aventura del euro, sólo les queda hacerse cargo del desaguisado contra fondos propios y reestructurar por completo la unión monetaria. Por ahora se limitan a tranquilizar, pero más pronto que tarde habrán de aplicar una cirugía muy dolorosa, especialmente para sus cuentas, ya que el rescate de Grecia saldría por unos 75.000 millones de euros que tendrían que salir en gran parte del bolsillo de los contribuyentes de los países "saneados". España, en un alarde de imprudencia solo concebible en la cabeza de Zapatero, se ha apuntado entusiasta a colaborar con unos 2.000 millones de euros que, naturalmente, no tenemos.

Es todavía una incógnita el desenlace de esta enfermedad infantil de la divisa europea. Podría llevársela por delante o fortalecerla, todo depende de lo acertado de las decisiones en la cúpula política y monetaria de la UE. De lo que podemos estar seguros es que, después de esta experiencia, nuestra moneda no va a parecerse en nada a aquel euro confiado y optimista de hace diez años.


Libertad Digital - Editorial

Ni un etarra en los ayuntamientos

EL Consejo de Ministros aprobó ayer la presentación de una serie de reformas que cerrarán las últimas grietas que aún permiten a las formaciones y candidaturas proetarras conservar poder municipal, aun después de ser ilegalizadas.

ABC se congratula de esta iniciativa del Gobierno, porque coincide con la que editorialmente ha venido defendiendo desde 2008, cuando en estas páginas -por ejemplo, «ANV, ilegalización justa y tardía» (17-9-2008)- quedó escrito que «sería oportuno estudiar una reforma que contemplara la inhabilitación de los concejales de la formación ilegalizada que se negaran a realizar una declaración pública y expresa de repudio de la violencia, porque quien es elegido con las siglas de un testaferro de ETA no se rehabilita democráticamente sólo por quedarse sin partido o sin una parte de los fondos de su grupo municipal». La lucha contra ETA no debe dejar cabos sueltos, como ha sucedido con las ilegalizaciones decididas al amparo de la ley de Partidos Políticos -una norma que ha sido y será un ejemplo de determinación política y rigor constitucional-, que no alcanzaba a la privación del acta de concejal o parlamentario a quienes estaban incluidos en una lista anulada. La medida que ahora propone el Gobierno es coherente con la gravedad del terrorismo, se encuentra legitimada por la defensa que todo Estado debe realizar del orden constitucional y está basada en los valores superiores de la democracia y la convivencia.

Ahora bien, no basta con cambiar las leyes para que éstas surtan efecto. Es necesario, además, el compromiso político del Gobierno de llevar ante los tribunales de Justicia a todo colaborador de ETA, aunque aparezca en una lista electoral. Durante la negociación con la banda terrorista, la Fiscalía promovió una aplicación «selectiva» de la Ley de Partidos, mutilando sus efectos y dejando que buena parte de las listas de Acción Nacionalista Vasca accedieran a los ayuntamientos vascos y navarros. Nunca hubo falta de pruebas o insuficiencia de la ley. Se prefirió negociar con los terroristas. Las cosas han cambiado sustancialmente -al menos, no hay indicios de lo contrario- y la unidad política del PP y el Gobierno para acabar con ETA debe continuar asentada en la cooperación y la lealtad recíproca. La definitiva expulsión de ETA de los ayuntamientos vascos cerrará el ciclo de regeneración política de las instituciones regionales y facilitará la deslegitimación de los terroristas, complemento imprescindible de la lucha policial. Otra negociación clandestina con ETA sería traicionar la memoria de las víctimas.

ABC - Editorial

viernes, 26 de marzo de 2010

Lamentable Cesar Alierta

Al parecer no es suficiente lo que pagamos los usuarios por la Red de Telefónica. Lamentable comparecencia de Cesar Alierta, Presidente Ejecutivo de Telefónica S.A.



¡Menuda lengua de trapo!

El regreso de Mayor Oreja. Por Emilio Campmany

El caso es que, si este PP blandito y moldeable descarrila, ahí está de nuevo Mayor Oreja como una opción razonable para hacerse cargo del partido. Es una gran noticia.

Jaime Mayor Oreja era uno de los miembros de la terna oficiosa que Aznar tenía en el cuaderno azul cuando estaba en trance de proceder al dedazo. Como no fue el elegido, buscó su Aventino en la Eurocámara.

Ser cabeza de lista en las europeas de 2004 era una forma lógica de hacer mutis y dejar solo en la escena a Mariano Rajoy. Sin embargo, éste perdió las elecciones de 2008 y, tras caerse del caballo camino de México, empezó a cerdear. Surgieron posibles sucesores. Una derrota en las europeas de 2009 le hubiera podido obligar a dimitir. Para el electorado crítico del PP, la ocasión era propicia porque las consecuencias de una derrota en las europeas no son graves para el partido y en cambio sirve para demostrar el poco aprecio que los electores tienen por el líder si es que quieren expresarlo.


El sector del PP descontento con Rajoy era a la vez el más afín a Mayor Oreja. Debido sobre todo a que éste no compartía con sus compañeros la compresión que éstos mostraron hacia la supuesta nueva política antiterrorista del Gobierno a partir de las elecciones de 2008. Para esa parte del electorado del PP que exigía a Rajoy mayor rigor con el Gobierno en relación con ETA, Mayor Oreja era un referente.

Rajoy sabía que ese sector era el que podía aguarle las europeas, el último escollo para asegurarse ser candidato del PP a la presidencia del Gobierno en 2012. Era esencial ganarlas. Para lograrlo, qué mejor que poner un cabeza de lista que fuera querido por el electorado más crítico. Lo natural era que lo fuera Mayor Oreja, que lo había sido ya en las anteriores. Encima, la decisión tenía la ventaja de que, si la derrota llegaba, la culpa podría atribuirse a la dureza de las posiciones del cabeza de lista ahora que los españoles preferían otras más blandas, como las que se supone representaba el propio Rajoy. Si, por el contrario, el PP ganaba las europeas, el jefe se apuntaría el tanto y nadie osaría sugerir su relevo después de haber vencido en unas elecciones de ámbito nacional, como así efectivamente ha ocurrido.

De modo que, es muy lógico que Rajoy eligiera a Mayor Oreja. Lo que no lo es tanto es que el elegido se prestara al juego. No tenía nada que ganar. Le habrían atribuido la derrota y la victoria sería de Rajoy. Encima perdería la posibilidad de ser relevo del gallego para el caso de que se abriera la crisis de la sucesión por haber sido su candidato para las europeas. Sin embargo, se dejó llevar.

Pues bien, su reciente denuncia de que el Gobierno debe de seguir negociando con ETA le reivindica como alternativa a Rajoy dentro del PP. No tanto por denunciarlo como por haberse desmarcado de él la mayoría de los líderes del PP. Lo han hecho por miedo a ser tildados de miserables por los dirigentes del PSOE y ser acusados de no colaborar en la lucha antiterrorista. Pero el que sus compañeros hoy se aparten de él como si fuera un apestado lo convertirá mañana en el candidato obvio a suceder a Rajoy si, como es lo más probable, resulta que tiene razón.

El caso es que, si este PP blandito y moldeable descarrila, ahí está de nuevo Mayor Oreja como una opción razonable para hacerse cargo del partido. Es una gran noticia.


Libertad Digital - Opinión

Ley sin orden. Por Ignacio Camacho

LA limpieza del procedimiento es la garantía del Estado de Derecho.

Si todo vale y fin justifica los medios no existe una justicia democrática, que es la que define, protege y sostiene la libertad. Un estricto orden garantista implica la posibilidad de que ciertos culpables queden impunes, fracaso que se compensa con la tranquilidad de que no habrá inocentes castigados por un ejercicio atropellado o torticero de la ley. Este principio fundamental constituye la base ética de las normas procesales y son los jueces los primeros que deben encargarse de su correcta preservación, aplicación y entendimiento. No hay lugar para el abuso por firme que sea la convicción de culpabilidad.

Si los imputados de la trama Gürtel salen más o menos beneficiados por la anulación de las escuchas de sus conversaciones con sus abogados habrá que pedirle responsabilidad a quien las ordenó, no a los que han sentenciado su invalidez probatoria. En el caso del juez Garzón concurren antecedentes preocupantes de intervención irregular de comunicaciones y otros clamorosos y desordenados defectos de forma; hay por ahí narcotraficantes en libertad por culpa de alguna instrucción mal formulada. Los numerosos defensores de este magistrado, que reclaman para él una suerte de inmunidad en aras de sus intenciones justicieras, olvidan que la justicia sólo es justa cuando se atiene a unas reglas establecidas por el corpus jurídico. Ha sido su manejo poco escrupuloso, quizá arbitrario, de instrumentos procesales que inciden en los derechos de los detenidos lo que ha abierto la rendija escapatoria para estos corruptos tan formalmente presuntos como moralmente palmarios.

Tampoco será la primera vez, ni el primer magistrado al que le revuelcan diligencias defectuosamente enfocadas. El caso Naseiro, preclaro ejemplo de financiación ilegal del PP, fue anulado por escuchas que comprometían garantías elementales. La red de corrupción socialista establecida en Andalucía en torno a los hermanos Ollero -con el intermediario sorprendido in fraganti llevando en una maleta los millones de un cohecho- salió absuelta cuando el Constitucional invalidó la interceptación de sus conversaciones. Estos días está en el aire, por deficiente instrucción, la Operación Ballena Blanca en la Costa del Sol, y puede haber sorpresas desagradables cuando toque enjuiciar a la célebre cleptocracia de Marbella. Se trata de delincuentes manifiestos y de delitos contrastados, pero ante la evidencia de sus fechorías prevalece el interés supremo de la preservación de la seguridad jurídica. Sin ese manto protector estaríamos ante una indefensión general, amparadora de la vulneración de intimidades y de presunciones de culpabilidad. No es la ley lo que funciona mal sino el modo apriorístico y viciado, a veces chapucero, con que algunos de sus intérpretes acostumbran a aplicarla.


ABC- Opinión

Berzosa y los rebeldes reaccionarios. Por Cristina Losada

Ese hombre de progreso, zapaterista con causa, sólo podía castigar a quienes se atrincheran en causas condenadas por el dogma dominante. ¡La segregación por sexos! Ya el nombre provoca repulsión.



Too good to be true. Eso me dije cuando supe que el Rector Magnífico de la Universidad Complutense iba a meter en cintura a los "violentos". Su decisión de abrir expediente a unos estudiantes que le acosaron y zarandearon obedecía, a todas luces, más al hecho de haber sido él mismo la víctima que a un principio general. No había mostrado intención de disciplinar a aquellos universitarios que, en febrero de 2008, vulneraron la libertad de expresión de la candidata de UpyD. Pero, en fin, el ego herido puede ser motor de giros extraños, imprevisibles, copernicanos. ¿Berzosa, ahora, contra los grupos de intolerantes y fanáticos que se han hecho fuertes en los campus? ¿Por qué no?

En tales reflexiones andaba cuando he topado con la clave. Resulta que los revoltosos que increparon al rector no son los extremistas de la izquierda y el nacionalismo que protagonizan las coacciones en los antiguos templos del saber. No, señor. Son conservadores, jóvenes apegados a la tradición, reaccionarios, sin duda, que, entre otras extravagancias, se resisten a que los colegios mayores alberguen a estudiantes de ambos sexos. De ahí que su radiografía sociopolítica figure bajo el título de "Rebeldes contra la igualdad" en el principal dispensario del maniqueísmo que el buen progresista necesita para sobrevivir con el confort moral acostumbrado.

Gracias a El País he podido entender por qué el Berzosa de hoy no es el Berzosa de ayer. Ese hombre de progreso, zapaterista con causa, sólo podía castigar a quienes se atrincheran en causas condenadas por el dogma dominante. ¡La segregación por sexos! Ya el nombre provoca repulsión. Sugiere el ominoso régimen de apartheid. Racismo, sexismo, machismo, clasismo. También. Pues no está lejos de dictaminarse que, además de reaccionarios, los que maltrataron a Berzosa, son de clase alta. Pecado de nacimiento que sólo se lava mediante la conversión al progresismo, por lo menos.

Que las chicas prefieran vivir con chicas me parece del todo natural, a la vista del estilo de vida que prima entre los adolescentes masculinos. Y a la inversa. Pero ello es tan contrario a la ortodoxia establecida como la educación diferenciada. En cualquier caso, ha de aplicarse la igualdad ante la ley. Los actos de violencia no deben quedar impunes, sean quienes sean sus autores. Hasta la apología del terrorismo, rector, tiene que desaparecer de la Universidad que usted rige.


RLibertad Digital - Opinión

Alemania es culpable. Por José María Carrascal

YA tenemos un nuevo culpable de esa plaga mundial que es la crisis económica.

Primero, fueron los norteamericanos, con sus déficit astronómicos, sus «fondos basura» y su mercado financiero sin control. Luego, los especuladores internacionales, listos a atacar a los países débiles, para sacarles la sangre. Y ahora, es la rica Alemania, con su egoísmo, con su insolidaridad, que se niega a acudir en ayuda de Grecia, poniendo en peligro el euro y la propia Unión Europea. ¡Qué fácil y cómoda explicación! Demasiado fácil y cómoda, para ser cierta.

De entrada, Alemania ha venido siendo el país más solidario de la Comunidad Europea. Es verdad que tras la Segunda Guerra Mundial no se le exigieron las abrumadoras reparaciones que tras la Primera, causantes en buena parte de la subida del nazismo. Pero no menos es cierto que la Alemania que en 1945 emergió de las ruinas pagó sus deudas con los judíos, tanto individualmente como con Israel, y con Europa, contribuyendo como nadie a levantar, primero, el Mercado Común, bajo Adenauer, y a implantar el euro después, bajo Kohl. A lo que hay que añadir la absorción de los 17 millones de alemanes orientales cuando se desplomó el Muro, que fue tanto como absorber de golpe a 17 millones de inmigrantes que llegaban con lo puesto, pues lo que había en la otra Alemania no servía para nada. Nadie ha aportado más tampoco a los países que se iban incorporando a la CEE. ¿Quién creen ustedes que ha pagado nuestras autovías? Bruselas. ¿Y quién creen que aporta más fondos a Bruselas? Alemania. ¿Tiene algo de extraño que los alemanes se nieguen a cargar con toda la deuda griega, cuando los griegos se jubilan a los 63 años y ellos tienen que esperar a los 67 para hacerlo? Ya sabemos que se benefician del mercado único, como mayor economía dentro de él. Pero eso no exonera a los pequeños de cumplir sus deberes.


Ese es el quid del asunto. ¿Han hecho el resto de los europeos sus deberes en esta crisis? Pues unos los han hecho más, otros, menos, y algunos, nada. Entre estos, Grecia, que incluso engañó al resto con sus cuentas. Mientras otros, como España, Portugal o Irlanda, se han engañado a sí mismos, confiando en que bastaba aguantar el chaparrón con un paraguas hasta que los demás tirasen de ellos. Pero esto no es un chaparrón. Es un diluvio, en el que podemos ahogarnos si no construimos un arca en la que ponernos a salvo. Grecia ya está con el agua al cuello y Portugal empieza a estarlo, con la descalificación de su deuda. Seguirán los que siguen esperando que escampe, que puede llegar o no para ellos.

Alemania, en cualquier caso, dice que en su arca ya no admite más. Puede que Angela Merkel se equivoque porque la deuda griega está principalmente en bancos alemanes, que serán los que más sufran con una bancarrota helénica. Pero todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Con su dinero, no con el de los demás. Aparte de que hay que decir «hasta aquí, y no más», porque en otro caso, todo el mundo pretendería vivir del resto, camino seguro hacia la bancarrota colectiva.

Ahora, de repente, todos piensan en el conjunto, y se muestran dispuestos a ayudar a Grecia. Zapatero, el primero, con 2.000 millones euros. ¿De dónde va a sacarlos si tiene dificultades en llegar a fin de mes? Porque no va a sacarlos del subsidio a los parados. Ni eliminando ministerios. Ni subiendo aún más el IVA. No, va a sacarlos emitiendo más deuda pública, su fórmula favorita para resolver la crisis. ¡Es la crisis, más deuda!, como los hermanos Marx, quemando el tren para alimentar la locomotora.

¿Saben lo que le dijo Angela Merkel en el Congreso extraordinario de Bruselas, el pasado 11 de enero, cuando le salió con sus fórmulas mágicas? «¿Está usted en condiciones de ayudar a alguien?» Buena pregunta. Sin respuesta, naturalmente.


ABC - Opinión

El mapa. Por Alfonso Ussía

La segunda mandataria del presumible Ministerio de Igualdad, del que es titular o titulara doña Bibiana Aído, la científica de Alcalá de los Gazules, nos ha anunciado la última ocurrencia de esa gente tan rara. La urgente creación del mapa del clítoris. Se presenta como un avance cultural.

Del mapamundi al mapachichi. Ignoro en qué asignatura tendrá cabida el estudio de ese mapa. Hasta la fecha, los mapas se han estudiado en Geografía, pero un mapa del clítoris –además de una cochinada, una cursilería–, no puede estudiarse entre un mapa de Groenlandia y otro de las islas Molucas. Recuerdo a mi profesor de Geografía en los años párvulos del Pilar de Castelló. «Tienen media hora para dibujar el mapa de España con todas sus provincias perfectamente delimitadas». Y sacábamos del pupitre de madera de muchas generaciones nuestro estuche de lápices de colores y pintábamos el mapa. A mí, que tanto la quiero, se me daba bastante mal en aquellos tiempos La Rioja, conocida en esas calendas como «provincia de Logroño». Al profesor no se le pasó el detalle cuando examinó los trabajos. «Ussía suspendido por olvidarse de la provincia de Logroño». Logroño y Santander formaban parte de «Castilla la Vieja» antes de convertirse en autonomías uniprovinciales. Ante exigencias profesorales de ese tipo, los alumnos reaccionábamos con disciplina y entusiasmo. Dibujar mapas era mucho más divertido y edificante que la lectura de «El Quijote», que con tan pocos años, a todos se nos antojaba un tostón. Los tiempos cambian, lo mismo para «El Quijote» que para los mapas. El primero se convierte en un prodigio con la madurez intelectual y los segundos en una gamberrada con la inmadurez feminista. Que me figuro la escena. El profesor que ingresa en la clase y ordena: «Tienen media hora para dibujar el mapa del clítoris». Confusión total.

Según estas chicas tan preparadas, el mapa del clítoris –al que Juan Luis Cebrián, el académico, llama «clítorix»– , es una demanda social y cultural. Hay que dibujarlo para conocerlo, y así experimentar con mayor seguridad de éxito sus escondidas dotes placenteras. Estas chicas del Ministerio de Igualdad lo que realmente buscan es la consecución de pajitas más seguras. Y tengo para mí, escrito sea con atribulado estupor e ignorante pasmo, que más que a obsesiones culturales, estos mapas responden a obsesiones sexuales. Con estos mapas vamos a terminar todos tarambanas. Porque si doña Bibiana se empeña en gastar dinero para estudiar, crear y dibujar el mapa del clítoris, al señor Zerolo le sobra el derecho para intentar algo similar con el mapa de la fuchinga, que es mapa más complicado por aquello de sus modificaciones estructurales según cada momento. Y si un Gobierno se dedica a dibujar mapas de chichis y de trabucos sin ton ni son, muy complicado y nuboso advierto el horizonte de la crisis económica. No alcanzo, sinceramente, a intuir la carga cultural que tales mapas pueden ofrecernos, con la salvedad que aporta el reconocimiento público de mi ignorancia. Si hacerse pajas es sinónimo de cultura, solicito desde aquí para mis veintisiete sobrinos sendos sillones en las distintas Reales Academias. En ese aspecto, y reconocido por ellos mismos, son cultísimos. Como los de mi generación cuando teníamos su edad, y la juventud de tiempos de Viriato, cuando entre acción de guerrilla y planteamiento de estrategia, se entregaban a la cultura de doña Bibiana Aído a la sombra de los alcornocales lusitanos, bellísimos, por cierto.

Esta gente, de la ministra para abajo –no hay segunda intención en la frase–, tiene bloqueado el sentido común. Ése mapa, fuera de la Ciencia, que ya lo tiene, es simple y llanamente una guarrada tan infantil como innecesaria. Que lo dibuje doña Bibiana, a ver qué tal.


La Razón - Opinión

Garzón, el inquisidor

Los jaleadores oficiales de Garzón podrían encontrarse en vísperas de un escenario para ellos aterrador en que la actuación del juez se tradujera en la absolución de parte de la trama Gürtel y su carrera judicial cortada por el Tribunal Supremo.

Cada vez resulta más evidente que Baltasar Garzón no instruyó el caso Gürtel con ánimo de que se hiciera Justicia, sino con la intención de dar a los periódicos titulares jugosos y a las televisiones imágenes de dirigentes de la oposición esposados. Por eso ordenó escuchar las conversaciones de los acusados con sus abogados, conversaciones que en muchos casos terminaron en las páginas de El País. Es posible que en su extrema arrogancia creyera que nadie se atrevería a echar abajo estas pruebas, obtenidas ilegalmente. Pero tampoco parece probable que le importara demasiado. Todo apunta a que su objetivo era otro.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dictado un auto en el que invalida como pruebas las escuchas ordenadas por Garzón a las conversaciones entre los primeros detenidos por la trama Gürtel y sus abogados. Como venimos indicando desde hace meses, para no violar el derecho a la defensa, la ley española sólo permite intervenirlas con una orden judicial y en casos de terrorismo, debido a que se ha comprobado con frecuencia que los letrados pertenecen a la misma organización que el detenido. Unas garantías que se saltó Garzón a la torera, poniendo en riesgo la instrucción y las posibles acciones legales contra los acusados.

Para los magistrados del TSJM, intervenir de forma habitual estas conversaciones podría terminar cumpliendo el mismo papel que "métodos inquisitoriales" como la tortura: violar el derecho de todo detenido a la defensa, derecho cuyo incumplimiento masivo implicaría la destrucción de todo atisbo de Estado de Derecho en nuestro país.

Para colmo de bienes, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha rechazado de forma unánime la pretensión de Garzón de que fuera sobreseída la causa por prevaricación que instruye el juez Luciano Varela con motivo de su absurda pretensión de meter entre rejas el cadáver de Franco. "Ni hay certeza sobre la inexistencia del delito, ni es arbitraria, ilógica o absurda una posible calificación acusatoria por prevaricación", ha concluido el tribunal. Dado que el juez estrella tuvo que contradecir sus propios autos anteriores denegando la posibilidad de investigar a Carrillo por los mismos crímenes contra la humanidad que sí quería investigar en el caso de notables.

Las garantías jurídicas están en el ordenamiento por una razón: impedir el abuso de poder. Los jueces instructores tienen la posibilidad legal de hacer u ordenar hacer cosas que serían ilegales si cualquier otro ciudadano las hiciera. De ahí que su actuación esté limitada por la ley. Garzón no se enfrenta a un posible procesamiento por "investigar el franquismo", sino porque los procesos penales sólo pueden seguirse contra personas vivas, y las leyes deben seguirse siempre; el juez no puede ignorar la ley de amnistía en este caso cuando la utilizó años antes para evitar perseguir a Carrillo.

Los jaleadores oficiales de Garzón podrían encontrarse así en vísperas de un escenario para ellos aterrador en que la forma clásica de actuación del juez, la arbitrariedad más absoluta, se tradujera en la absolución de parte de la trama Gürtel, y su magistrado preferido fuera de la carrera judicial por la primera de las tres causas que actualmente tiene abiertas en el Tribunal Supremo.


Libertad Digital - Opinión

El juez que no sabía escuchar

NO le han faltado al juez Baltasar Garzón avisos de que caminaba por el filo de la legalidad por culpa de su extravagante forma de entender la ley y ejercer la investigación penal.

Pero llegó a un punto en que se creyó investido del poder suficiente para crear las normas jurídicas que convenían a sus propósitos. Y así está acabando. La confirmación del auto del magistrado Luciano Varela de no archivar la causa por prevaricación en el sumario del franquismo pone a Baltasar Garzón en las puertas del juicio oral y de la suspensión cautelar como juez, medida que el Consejo General del Poder Judicial debe tomar, por imperativo legal y dignidad institucional, de forma inmediata. Aunque su comité de apoyo insista en que a Garzón se le persigue por investigar el franquismo, cosa que nunca ha hecho, lo cierto es que este polémico juez será juzgado por manipular el Derecho para quedarse con un sumario que no le competía y por unos delitos que no existían. Lo demás es pura propaganda de una parte de la izquierda que ve con angustia cómo se desmorona uno de sus mitos más conspicuos y por el que protesta con un contradictorio discurso contra los más elementales principios del Estado de Derecho, como la legalidad penal, el derecho de defensa o el respeto a las libertades individuales.

Esto último es especialmente grave en relación con las grabaciones del «caso Gürtel», anuladas por el Tribunal Superior de Justicia. Nadie debería sorprenderse de que se anulen las grabaciones, sin cobertura legal, de la comunicación entre un preso y su abogado defensor. Ésta es, como bien dice el auto de los jueces madrileños, esencial para ejercer el derecho de defensa. Garzón ordenó unas grabaciones indiscriminadas de los imputados del «caso Gürtel» con sus letrados actuales y futuros, prejuzgando que todos éstos son y serían cómplices o cooperadores de la trama. Este proceder es inaceptable en un Estado de Derecho, que, además, cuenta con medios suficientes para investigar a un abogado sin tener que irrumpir en las conversaciones confidenciales con su defendido. La nulidad de estas grabaciones no es fruto de una conspiración contra Garzón, sino de la vanidad con que este juez ejerce la jurisdicción. No es la primera vez que unos delincuentes salen beneficiados por la mala instrucción de Garzón. Pero Baltasar Garzón es un juez que ha demostrado no saber escuchar.

ABC - Editorial

jueves, 25 de marzo de 2010

Feijóo y la derecha gélida. Por Cristina Losada

Núñez Feijóo ha sido fiel a una vieja tradición de la derecha. Una tradición de tecnócratas que detestan involucrarse en asuntos que desaten controversia ideológica.

El cubano Javier Fernández ha dejado la huelga de hambre que mantenía en Santiago de Compostela. Había comenzado su ayuno el 26 de febrero en señal de protesta por la muerte del albañil Orlando Zapata en las cárceles castristas y con la intención de despertar el apoyo hacia la causa de la libertad y los derechos humanos en Cuba. Lo segundo, reconoce, no lo ha conseguido con la amplitud que esperaba y merecía. Fernández se ha dado de bruces con el silencio.

Buena parte de la prensa ha sido cicatera, por no decir hostil. Hace dos semanas, una nota de Europa Press se abría con un escéptico "dice llevar 13 días en huelga de hambre". Un disidente del comunismo siempre es sospechoso. De partidos como el PSdG y el BNG supongo que no esperaba nada. Aún se recuerda la alegre excursión a La Habana que organizaron cuando gobernaban. Se bebieron cuatrocientos mojitos y ni así tuvieron agallas para mencionar la terrible situación de los presos políticos. Bromeo. Ni se les pasó por la cabeza.

Fernández sólo podía mirar hacia el Partido Popular de Galicia y el Partido Popular de Galicia decidió no mirarle. "Ha pasado por delante de mí todos los días y ni siquiera me miró", ha dicho de Feijóo, presidente del partido y del Gobierno gallego. Era razonable confiar en un respaldo explícito cuando la dirección nacional mantiene una posición firme contra la dictadura de Castro. Pero, ay, la autonomía es muy suya. Sólo el portavoz compostelano del PP se dignó a prestarle atención. En los 25 días de la huelga de hambre no hubo forma de que la Xunta tuviera un gesto. Bueno, sí, el de mirar para otra parte.

Típico. Núñez Feijóo ha sido fiel a una vieja tradición de la derecha. Una tradición de tecnócratas que detestan involucrarse en asuntos que desaten controversia ideológica. De gestores que se sienten incómodos en la formulación de ideales y rehúyen expresar la dimensión moral e intelectual de los principios que representan. No extrañe, así, que sea la izquierda la que se haga cargo de ese capítulo. La que aparezca como patrona natural de los derechos humanos, la libertad, la igualdad y la justicia. En relación con Cuba, la derecha está, en España, sola en la defensa de tales causas. Pero con Javier Fernández se impuso la frialdad de las almas de contable.


Libertad Digital - Opinión

Las razones de ETA y los demás. Por Hermann Tertsch

DICE don Jaime Mayor Oreja, ese hombre que ha visto morir a casi todos sus compañeros de UCD en los años ochenta, que vio cómo se liquidó a su partido en aquellos años en nuestras provincias Vascongadas y morían uno tras otro los miembros de la Guardia Civil y la Policía, que el Gobierno español vuelve a embarcarse en una negociación que dejará en la calle a centenares de asesinos de casi un millar de compatriotas nuestros. Volvemos a las andadas. Nuestro gobierno, angustiado por las miserias que ha causado, busca árnica. Y la busca entre nosotros. Quiere una vez más bizcar la confraternización con los asesinos. Mal asunto.

La depravación moral que bajo Zapatero iniciaron los socialistas nada tiene que ver con la miseria encauzada por Felipe González. Es peor porque tiene menos inteligencia. Matar es casi menos malo al final que engañar siempre. Porque es menos sofisticada la solución frente al enemigo. Porque es en realidad mucho más paleta. Si hubiéramos tenido a un Winston Churchill joven lo habríamos comprobado. Y con la seguridad, lo dicen todos los que saben de ello, que lo peor que se puede ser no es malo, sino paleto, no perverso, sino idiota, menos canalla que imbécil. Pero tan tóxico nadie ha podido ser en nuestra historia moderna. Peor casi que el crimen es la complicidad. Y la complicidad existe. Nadie que se haya acercado a este eterno adolescente, dependido de él, ha salido impune ni decente. Si hubiéramos tenido a un Churchilll y no al vallisoletano leonés, hubiéramos tenido una salida digna de nuestras cuitas.


Porque aquel británico enorgullecía a todo aquél que con él trabajara. Mientras este emponzoña todo lo que toca. Nadie que haya visitado la basura intelectual de este presidente del Gobierno ha vuelto a ser una persona con mediana probidad. El veneno de la mentira está tan perfectamente inoculado en todo lo que atraviesa su camino que no hay dignidad después de un almuerzo en la actual Moncloa.

Este hombre que nos ha caído en el Gobierno de la Nación española, en su cúpula, por la gracia ya no de Dios, sino de algún enemigo indescriptible de los intereses de nuestro país y una constelación maldita, ha resultado ser una maldición. Pero además una maldición perfectamente ridícula. Mayor Oreja lo sabe. Ha visto muchos muertos. Sabe quién es el amigo, sabe quién es el enemigo y sabe muy bien quiénes son los cómplices. Aquí hay mucho miserable que cree que nuestros logros contra quienes asesinaron a Javier Ybarra Bergé -¿se acuerda alguien? Yo sí, casi todos los días, como del suicidio de Primo Levi, todos los días pienso en quienes hicieron y vivieron por nosotros- y por supuesto de todos nuestros servidores del Estado, de quienes mataron a Miguel Ángel Blanco.

De quienes han matado a lo mejor de los servidores de una democracia emergente y una sociedad que quería quererse, que supo hacerlo y hoy ha perdido su ilusión en montar una sociedad con esa dignidad que una comunidad de seres honestos y dispuestos, enhiestos y emocionados por la gesta de la convivencia se conceden.

ETA es, sin duda, una basura asesina residual. Pero ETA tiene un plan. Y quienes en el País Vasco viven de ETA no son ETA en sí. Pero no son pocos. Y quienes tenemos unas vidas que sí dependen de ETA, porque nos ha marcado de por vida, sabemos que cualquier acuerdo de este Gobierno con ETA, que lo está labrando, supone una infamia y un insulto a nuestros muertos, que son muchos. Pero también una amenaza para quienes vivos sabemos que la profunda inmoralidad del gentucismo nacional, es decir, de la secta de Zapatero, nos pone siempre en peligro aunque le solvente a él mayorías. Quienes hemos vivido la tragedia nacional del terrorismo, sabemos que Mayor Oreja tiene razón. Los asesinos están en ETA. Sus cómplices necesarios están en nuestro Gobierno y en todas las alianzas miserables que partidos nacionales han hecho.


ABC - Opinión

Mayor Oreja. Por José García Domínguez

Al ex ministro del Interior le asiste la íntima convicción de que aquel Zapatero perito en identificar hombres de paz en las zahúrdas no ha dejado de ser igual a sí mismo tras el cambio de legislatura.

Resulta enternecedor el llanto inconsolable de ese coro de vírgenes impolutas, las plañideras del Gobierno, ante la muy intolerable afrenta a que acaba de someterlas Jaime Mayor; enternecedor e inopinado, por cierto. Y es que en buena lógica cartesiana debiera llenarlas de gozo, cuando no de legítimo orgullo, que Mayor barrunte para sí que aún andan en lo suyo de siempre, o sea, en el "final dialogado de la violencia" tan caro a sus oídos. A esos efectos puramente estimulantes, que el vasco yerre o no habría de ser lo de menos. ¿O acaso no sentenciaron ellas mismas en solemne y ominosa declaración parlamentaria que la política está llamada a finiquitar el terrorismo? La política, no la Guardia Civil; la política, no la Gendarmería. ¿A qué viene entonces tanto crujir de dientes y tanta lágrima de cocodrilo?

Cierto es que las pruebas de cargo ofrecidas por Mayor son puro calco milimétrico de las que aportó Cospedal a cuenta de su célebre espionaje dizque telefónico; esto es, ni más sólidas, ni menos líquidas e igual de gaseosas. Ocurre, simplemente, que al ex ministro del Interior le asiste la íntima convicción de que aquel Zapatero perito en identificar hombres de paz en las zahúrdas no ha dejado de ser igual a sí mismo tras el cambio de legislatura. Certeza que no hace de él ni un miserable ni un desvergonzado, tal como se han apresurado a descalificarlo Blanco, De la Vega, Alonso y demás apologetas amnésicos del "proceso". Que ya apenas falta ver a la Nierga saltando a escena, iracunda, para tildarlo de felón y rastrero por pretender que los socialistas pudiesen andar en algún dialogo con ETA.

Y, sin embargo, desbarra Mayor en la premisa moral sobre la que se sustenta su argumentación toda; es decir, en el supuesto implícito de que el proceder de Zapatero obedecería a algún imperativo que fuese más allá del puro y simple oportunismo inmediatista. En su recta candidez, quiere creer el hombre que la dirección del PSOE aún alberga algo lejanamente parecido a aquello que los antiguos llamaban convicciones, por siniestras que fuesen. Como tantos, no concibe que el gran, supremo peligro de Zapatero reside en que dentro de su cabeza no hay nada. Ni siquiera una conjura.


Libertad Digital - Opinión

Más revolcones a Garzón

LA más que probable invalidación de la mayoría de las grabaciones ordenadas por el juez Baltasar Garzón con conversaciones mantenidas en prisión entre varios imputados del «caso Gürtel» y sus respectivos abogados no supondrá la anulación de este proceso ni tampoco su sobreseimiento inmediato.

Sin embargo, representa un doble varapalo: primero, para el propio Garzón, cuya inicial investigación de este asunto en la Audiencia Nacional -después pasó a ser competencia del Tribunal Superior de Madrid- ha quedado seriamente desautorizada; y segundo, para la propia Fiscalía, que pierde algunas de sus principales bazas para sostener sus tesis acusatorias contra algunos imputados. Una vez que el TSJM dicte oficialmente el auto de invalidación de las escuchas, el «caso Gürtel» tendrá que ser necesariamente sometido a un nuevo enfoque jurídico por parte del magistrado instructor, el Ministerio Público y las defensas. De hecho, a partir de ahora se abre un periodo de incertidumbre jurídica sobre la validez, por ejemplo, de todas las declaraciones prestadas ante el juez en comparecencias posteriores a las escuchas que ya no serán válidas, lo que seguramente obligue al actual instructor a repetir muchas diligencias.

Probablemente tengan razón quienes desde el Gobierno y el PSOE se afanaron ayer en asegurar que el futuro judicial del «caso Gürtel» no está comprometido por una actuación, la de Garzón, que se ha revelado vulneradora de derechos. Si, más allá, esa conducta fue también imprudente o prevaricadora tendrá que decidirlo el Tribunal Supremo, que en febrero admitió a trámite otra querella contra Garzón por estas escuchas. Pero con su actuación, Garzón puede llegar a convertirse paradójicamente en el mejor abogado defensor de algunos acusados, porque su personal forma de entender y administrar la justicia se ha terminado convirtiendo en una trampa para sí mismo y en una ventaja para presuntos delincuentes. En este caso, no se trataba sólo de una cuestión de principios, sino también de legalidad. Un instrumento como el de las escuchas jamás debe utilizarse arbitrariamente, sin la debida justificación y control, y sin garantías de que no se producirá vulneración alguna de derechos. Con tres querellas en su contra admitidas a trámite por el Supremo -una de ellas en la fase previa al juicio oral- y con el revolcón que le ha dado el TSJM, la permanencia de Garzón en la Audiencia se antoja un ejercicio de supervivencia. Sencillamente, resulta insostenible, por muy legitimado que esté hasta que vaya a ser juzgado por el TS o el CGPJ se decida a suspenderlo.

ABC - Editorial

miércoles, 24 de marzo de 2010

Seis años después. Por Gabriel Moris

A nosotros las víctimas sólo nos queda el dolor por la pérdida de nuestros seres queridos y las heridas físicas y psicológicas de los que seguimos vivos. No hay médico que nos pueda curar las heridas que dejó en nosotros el once de marzo de 2004.

Coloquialmente se dice que "después de la tempestad viene la calma". Y en ello parecen confiar los representantes del pueblo y sus fieles medios de comunicación. Hace unos días vivimos una tormenta de informaciones y de actos del estilo más variopinto que podríamos imaginar. Me refiero a los actos organizados en torno al aniversario del 11-M. El objeto de todos ellos no tendría que ser otro que el recuerdo y el homenaje a los que perdimos y a los que, a duras penas, hacemos por vivir y contribuir a que nuestra sociedad recupere la dignidad perdida desde aquellos luctuosos atentados. La exigencia de aclarar y hacer justicia a los que los cometieron no debía estar ausente en las conmemoraciones.

Por citar algunos de los actos, hemos de resaltar la audiencia que SM el Rey concedió a algunos representantes de las asociaciones de víctimas. Si mi información es correcta, creo que es la primera que la concede a las víctimas de los trenes de cercanías. Vaya por delante mi agradecimiento. No puedo por menos que manifestar mi deseo de haber podido participar en la audiencia. Creo que las víctimas cursaron al jefe del Estado algunas peticiones que suscribo: la continuidad de las investigaciones para esclarecer totalmente los atentados, la no prescripción de las responsabilidades en materia de terrorismo y el cumplimiento íntegro de las penas. Según mis conocimientos sobre la Constitución, creo que el monarca carece de atribuciones para dar respuesta práctica a dichas peticiones; no obstante, y acogiéndonos a su papel moderador, sí podría instar al resto de los poderes del Estado a que iniciaran las acciones oportunas para dar respuesta a las peticiones de las víctimas de la peor masacre que han sufrido los españoles.

Otro de los actos oficiales tuvo lugar en el Congreso de los Diputados. En el mismo, celebrado casi a puerta cerrada, se procedió a la lectura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se recordaron los nombres de todos los fallecidos utilizando las enternecedoras voces de unos niños; y como colofón, el presidente de la Cámara anunció una primicia, el cambio del día de las víctimas del terrorismo al 27 de Junio, fecha en que perdió la vida una niña a manos de ETA. Teniendo en cuenta que el principal derecho humano es el derecho a la vida, echamos en falta una alusión expresa de la Cámara al deseo de esclarecer el mayor atentado contra los derechos humanos cometido en la España democrática y del que muchos de nuestros representantes salieron beneficiados. No podemos olvidar en este capítulo los premios y medallas otorgados a los que no evitaron el atentado y a los que contribuyeron a obstruir la investigación del mismo.

Recuerdo al Sr. presidente del Congreso que el 11 de marzo de 2004 fue declarado día europeo en memoria de las todas las víctimas del terrorismo, precisamente en recuerdo de la masacre de Madrid. Espero y deseo que la coherencia del Parlamento Europeo no se vea truncada por inconfesables deseos de nuestro Parlamento. Ignoro si las asociaciones de víctimas y nuestros representantes legales han previsto presentar alguna petición para impedir que el 11-M pase al olvido de la memoria colectiva. Al menos para varios miles de españoles –y al margen de lo que pretendan nuestros políticos– dicha fecha quedará grabada a sangre y fuego en nuestros corazones y en nuestra memoria.

Aunque no pretendo que esta improvisada crónica del sexto aniversario de los atentados sea un relato exhaustivo de los actos celebrados, no puedo dejar de reseñar los diferentes actos protagonizados por las víctimas. Un año más hemos podido contemplar con dolor y con tristeza que dichos actos han estado marcados por la división. Me atrevería a afirmar que desde el momento del atentado, alguien ya planificó la desunión de las víctimas. Causa tristeza comprobar cómo el carácter eminentemente político del atentado y los hechos posteriores al mismo, tienen más fuerza que la unidad que sin duda debía haber generado el dolor por la pérdida y los sufrimientos de los que de una forma u otra "íbamos en los trenes".

Echando la vista hacia atrás, seis años después, creo que cualquier víctima, por distinta que sea su ideología o su filiación política, no podría encontrar una explicación racional de lo ocurrido si analizamos los resultados de la Comisión Parlamentaria de Investigación, del proceso judicial y de las investigaciones policiales. En cambio, creo que a ninguna de ellas pasa inadvertido el pacto de silencio y el pasar página de todas las instancias del Estado. Parece como si hubieran acordado: "Entre todos podemos tapar el 11-M".

A nosotros las víctimas sólo nos queda el dolor por la pérdida de nuestros seres queridos y las heridas físicas y psicológicas de los que seguimos vivos. No hay médico que nos pueda curar las heridas que dejó en nosotros el once de marzo de 2004. Y para mayor pena, los que podrían haberla evitado, aclarado y castigado, lejos de cumplir con su deber, están consiguiendo la desactivación total de las víctimas en nuestro papel de referente moral de la sociedad, llegando, en ocasiones, a manejarnos como a marionetas.

Cada país y cada pueblo tienen a los dirigentes que se merece. Ellos nos han vencido en todos los terrenos.


Libertad Digital - Opinión

Que recorten ellos. Por José María Carrascal

¿RECUERDAN la fábula? Todos los ratones estaban de acuerdo en que había que poner un cascabel al gato. El problema surgió al decidir quién se lo ponía.

Discutiendo sobre ello, llegó el gato y se los zampó. También doña Elena Salgado y los consejeros de Economía de las distintas Comunidades están de acuerdo en que hay que recortar el gasto para atajar la crisis. Pero al no haber acuerdo sobre quién, cómo ni cuánto se recorta, se ha dejado la decisión a cada uno. Puede suponerse lo que decidirán: que sean los demás quienes recorten. El primero en hacerlo ha sido el que hubiera tenido que dar ejemplo, el Gobierno, que advierte que los gastos sociales se mantendrán. No sólo se mantendrán, sino que aumentarán, al aumentar el paro. El año pasado, los subsidios por desempleo se llevaron 31.000 millones de euros. Este año la suma será mayor al haber más parados. Mientras los ingresos del Estado seguirán disminuyendo debido a la desaceleración de la actividad económica. ¿Cómo va a recortarse el déficit del 11,2 por ciento del PIB al 3 por ciento de aquí al 2013, como pretende el Gobierno? Nada de extraño que Bruselas califique esas cuentas de excesivamente optimistas y los sindicatos, sencillamente, de imposibles.

Pero no es sólo en «gasto social» por donde se le va el dinero al Gobierno. Se le va también en reuniones de alto copete aprovechando que somos presidentes de turno de la Comunidad Europea, en las ONGs más diversas, con tal de que sean de izquierdas, en pagos millonarios de rescates a piratas y terroristas, en la reconstrucción de Haití, en ayudas a Chile, en subvenciones a Andalucía y otros damnificados, etc., etc. Lo que está muy bien. Pero así ni se reduce el gasto ni se da ejemplo. ¿Quién va a reducirlo, sobre todo si es el PP, viendo al Gobierno seguir gastando en faustos viajes, amigos dentro y fuera de casa? «¿Por qué voy a ser yo? ¡Que recorten ellos!», se dirán, como los ratones ante el gato. El fin de la fábula ya lo conocen. El fin de la crisis en España puede vaticinarse que no será muy distinto.

No sé lo que pensarán ustedes, pero yo no creeré los planes económicos del Gobierno hasta que no le vea anunciar un corte draconiano de sueldos, viajes, ministerios, direcciones generales, consejeros áulicos, asesorías externas y demás extras, a las Autonomías hacer otro tanto y los ayuntamientos recortar sus presupuestos de fiestas. Tal vez entonces los españoles podríamos empezar a creer que los sacrificios que exige salir de la crisis no iban a caer sólo sobre nuestras espaldas y bolsillos. Pero no lo veo por ninguna parte. Lo que veo son planes tras planes, comisiones tras comisiones, acuerdos tras acuerdos sin el menor contenido. Mientras el gatazo de la crisis se relame los bigotes. Ni los ratones se lo habían puesto tan fácil.


ABC - Opinión

Mayor Oreja o el deber de desconfiar

Las declaraciones que más alimentan las sospechas de que podemos asistir a "un segundo tiempo", no son las de Mayor Oreja, sino las que han hecho recientemente los propios representantes del Ejecutivo y de la banda terrorista.

Imaginemos que, tras el final de la última tregua de ETA, el Gobierno de Zapatero hubiera derogado la infame resolución parlamentaria aprobada poco antes del comunicado de alto el fuego que permitía formalmente al Ejecutivo negociar con la organización terrorista un eufemístico "final dialogado de la violencia". Imaginemos también que Zapatero se hubiera comprometido públicamente a no volver a circular jamás por la senda que, al margen del Estado de Derecho, le llevó a tener como compañeros de viaje a criminales prófugos de la Justicia y a adquirir compromisos con ellos en favor de "un nuevo marco jurídico-político" en el Pais Vasco, donde "todo tendrá cabida tenga el alcance que tenga" y en el que "se respetará las decisiones que los vascos adopten libremente". Imaginemos que Zapatero hubiera corregido a Rubalcaba cuando éste se refirió a la reactivada lucha policial contra ETA como "fase de confrontación", y hubiera dejado claro que no se trata de una "fase" sino de una voluntad irrevocable y definitiva de lucha contra el terrorismo, que ya no va a volver a admitir diálogo alguno con ETA. Imaginemos, así mismo, que el Gobierno de Zapatero no se hubiera limitado a aplicar la Ley de Partidos a las siglas ya conocidas de los proetarras, sino que también hubiera aplicado la legislación vigente para disolver a los ayuntamientos que aun gobiernan los representantes políticos de la banda gracias a su pasada e infame condescendencia.

Aun entonces, los españoles tendríamos todo el derecho a desconfiar de un Gobierno que ha hecho un uso tan sistemático de la mentira y que ya negociaba con ETA durante la "vigencia" del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, antes y después de la última tregua terrorista. Ese derecho a desconfiar se convierte, sin embargo, en deber cuando el Gobierno de Zapatero no ha dado ninguno de los pasos anteriormente mencionados y que servirían para reducir las dudas sobre si este Gobierno ha vuelto o no a las andadas.

Es cierto que el futuro siempre está abierto, para bien y para mal, y que no hay dique u obstáculo alguno para quien se halla dispuesto a reincidir en el error o en la infamia. Sin embargo, a la vista, no de los diques, sino de las puertas que Zapatero ha dejado abiertas al diálogo con ETA es perfectamente legítimo plantearse la posibilidad, tal y como ha hecho Mayor Oreja, de que ese diálogo entre el Gobierno y sus antiguos compañeros de viaje ya se haya restablecido.

El relativismo y el nihilismo de Zapatero ya han demostrado que son capaces de llegar con ETA a lo que en su día calificamos de "pacto entre la mentira y el crimen", que en el caso de los terroristas suponía acercarse a los objetivos políticos por los que ha venido matando y declarando treguas y que, en el caso de Zapatero no es otro que perpetuarse en el poder como sea, incluida la generación de un anestesiante espejismo de paz que le ayude a ganar las próximas elecciones.

Con todo, las declaraciones que más alimentan las sospechas de que podemos asistir a "un segundo tiempo" en las componendas entre el Gobierno y ETA, no son las de Mayor Oreja, sino las que han hecho recientemente los propios representantes del Ejecutivo y de la banda terrorista. Empezando por estos últimos, ahí están las declaraciones de alguien tan destacado como Arnaldo Otegui favorables a "reanudar el proceso" con el objetivo de que Zapatero cumpla los compromisos adquiridos y a favor de la autodeterminación de Euskal Herria. Ahí esta también el último comunicado de la propia banda terrorista, en la que si bien todavía no se muestra favorable a interrumpir su "lucha armada", sí muestra su "total disposición a dar los pasos que sean necesarios para favorecer el cambio político". No menos relevantes, y preocupantes, son las declaraciones públicas de hace unos días del ministro del Interior que, tras señalar que "no hay duda de que aun queda espacio para que la policía arrincone a ETA", afirmó a renglón seguido que "después se hará un ajuste político, pero eso lo tendrán que decidir los vascos y los españoles".

¿Qué "ajuste político" es ese que queda en suspenso en función de lo que hagan o dejen de hacer los terroristas, en función de lo mucho o lo poco que los haya arrinconado la policía?

Hace cuatro años Zapatero descalificó una foto en la que aparecía Rosa Díez con unas víctimas de ETA considerándola una "foto retrasada de quienes todavía no han empezado a salir por la carretera que vamos a transitar". Al tiempo, alababa una instantánea en la que aparecía la diputada socialista Gemma Zabaleta con la batasuna y abogada de ETA, Jone Goiricelaya, considerándola "una foto que se adelantaba a su tiempo".

En lugar de matar al mensajero y dedicar descalificaciones a Mayor Oreja, bien le valdría a este Gobierno asegurar que el futuro será siempre el de estar al lado de las victimas y no volver a transitar por esa infame senda que Mayor Oreja nos ha hecho hoy recordar.


Libertad Digital - Editorial