domingo, 24 de octubre de 2010

El problema autonómico

Con el abuso del «hecho diferencial» y los «microestados», la organización autonómica ha degenerado en un Estado central residual.

LA crisis económica ha puesto al descubierto la insostenibilidad de la organización autonómica del Estado, al menos en las condiciones actuales. No será posible una reducción del déficit público, ni una renovación de las bases del crecimiento económico, si las administraciones regionales siguen considerándose exentas, en todo o en parte, del compromiso de austeridad que requiere la situación. También es cierto que no se puede poner a todos los gobiernos autonómicos al mismo nivel, porque los hay que están consiguiendo mantener la economía y el empleo en tasas mejores que la media. Otros siguen anclados en el discurso victimista de hace treinta años para justificar su inoperancia. Pero el derroche autonómico es efecto y no causa de los vicios del sistema. La autonomía nunca debió ser entendida como un drenaje del Estado central para satisfacer pruritos localistas. Debía ser, según su fundamentación constitucional, una forma de descentralizar competencias que hasta entonces residían en las instituciones nacionales, con precisiones singulares de la Constitución a los derechos históricos de los territorios forales. Sin embargo, entre el abuso del «hecho diferencial» y la excitación del folclore regionalista, el principio de organización autonómica ha degenerado en un Estado central residual, contra el que compiten entidades que, desde su interior, han asumido el papel de microestados. Es indudable el beneficio de la descentralización de las administraciones para el ciudadano, pero para obtenerlo no había que transformar la autonomía en coartada para el derroche en medios públicos, la duplicación de competencias o el tejido de redes clientelares.

En muchos aspectos del Estado autonómico se ha ido más lejos del modelo federal, que, por serlo, dota a las instituciones centrales de poderes de armonización y legislación básica más fuertes que los que tienen a su disposición el Gobierno y Parlamento españoles. Desde luego, nada ha sucedido por un decurso fatal de los acontecimientos, sino por políticas muy concretas que han tratado el poder autonómico como una mercancía de reparto, engordándolo hasta poner al Estado al borde su inviabilidad, como se ha visto en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. Pero ya no es hora de más jueces, sino de políticos que asuman que hay que cambiar sustancialmente las bases del Estado autonómico.


ABC - Editorial

sábado, 23 de octubre de 2010

Las caras de la Moncloa. Por M. Martín Ferrand

Las caras de La Moncloa, como en su día las de Bélmez, entran en la jurisdicción de lo paranormal.

LOS estrategas del felipismo, todavía de buen ver, le han robado a los romanos los planos del dios Jano y han construido uno que, según el reglamento, tiene dos caras. En una, luce el semblante cansino de quien quiso ser el señor del talante y en la otra brilla la mirada inquietante de Alfredo Pérez Rubalcaba. Es un diseño incómodo para quienes se sirven de él y perverso para el adversario. ¿Cómo podrá saber Mariano Rajoy si ese dúo presidencial va o viene, avanza o retrocede, gira hacia la izquierda o hacia la derecha? Lo único que parece claro es que los socialistas, que no saben ver llegar las crisis, pero que detectan la más leve hipótesis de pérdida de poder, andan encerrados en un cálculo decisivo: ¿Cuándo lleguen las legislativas de 2012, ocurra lo que ocurriese en los comicios previos, cuántos diputados se necesitan en La Carrera de San Jerónimo para no tener que devolver las llaves de La Moncloa?

Para el PP, en donde parecen pensar que la iniciativa es pecado, tiene una gran ventaja ese Jano con el que el PSOE trata de salvar los muebles. Darle una colleja a uno de los dos nombres máximos del Ejecutivo conlleva, por necesidad de diseño, darle en los morros al otro rostro triunfante y equívoco; pero esos son gozos para estilistas, para vocacionales de la acción política que engorda con la adrenalina del riesgo. En su actual configuración, la calle Génova es como uno de esos acreditados casinos de pueblo en los que conviene ser socio para tener derecho de asistencia; pero a los que, de verdad, no acude nadie. Por eso, la crisis de un perdedor abrumado por los acontecimientos, como la que acaba de superar el líder de León, se convierte en una derrota para las filas de la gaviota en las que, cuando alguien dice algo —pocas veces— es para poner en evidencia su mala condición, tal que el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, o para perjudicar a un conmilitón con ganas y posibilidades como le ocurre en Asturias a Francisco Álvarez Cascos.

Las caras de La Moncloa, como en su día las de Bélmez, entran en la jurisdicción de lo paranormal. Podrían ser un fraude; pero, también, un ingenioso procedimiento para acentuar el pasmo de los populares y quietarles la merienda. En los laboratorios felipistas especializados en las acciones de poder han sabido, ante la imposibilidad de cambiar el jinete en mitad de la carrera, modificar su caballo hasta hacerlo pasar por una moto. En los salones en los que sestea el PP continúan con el debate sobre el modelo de silla que mejor le cuadra al penco en el que correrá Rajoy: ¿española, de doma, de salto, portuguesa, texana, inglesa...?


ABC - Opinión

Trastorno bipolar. Por Gloria Lomana

El hombre que iba a ser la estrella de la semana, el nuevo ministro de Trabajo Valeriano Gómez, por ser el único nombramiento previsible, se ha quedado literalmente arrollado por la catarsis del Gobierno. Zapatero ha creído que éste es el momento de lanzar una «fuerte ofensiva política» ante la perspectiva de perderlo todo en una lenta agonía y ha tirado del único mago posible, de Rubalcaba, para dar la vuelta a las encuestas. Pero, más le vale al nuevo ministro de Trabajo haber quedado tapado por la avalancha. De haber sido el único cambio, Valeriano Gómez estaría a estas horas abrasado políticamente. No tendría manera de explicar su comportamiento bipolar, primero redactando la reforma laboral –según Zapatero fue quien más papeles le pasó– luego acudiendo a manifestarse contra su propia reforma, y ahora prometiendo defenderla desde el Ministerio de Trabajo. El hombre asegura que sin trastorno alguno. Pero no se fíen. El comportamiento bipolar refleja estados de manía que pueden oscilar entre la alegría y la tristeza de forma repentina y patológica. O sea que el bipolar Valeriano en los estados de euforia redactaba pensionazos y recortes a los trabajadores, contra los que se manifestaba en los momentos de depresión. Trajín inconmensurable. Paradigma del sindicalismo de nuestros días. Y, por lo que se ve, prototipo de los que nos gobiernan. D. Valeriano ha prometido, a partir de ahora, padecer momentos de eufórica alegría más que de tristeza, para así aplicar los tijeretazos sin compasión alguna. Aunque no descarten que en momentos de zozobra se agarre del brazo de Cándido Méndez para manifestarse contra sí mismo.

Así las cosas, Valeriano ha superado a Zerolo en la escuela de Zapatero del zigzagueo. Hasta ahora el titular de manifestarse a favor de causas abandonadas por el PSOE (léase conflicto saharaui) era el secretario de Movimientos Sociales del PSOE. Pero Zerolo ha perdido fuelle. No estuvo en la manifestación de los sindicatos contra Zapatero y su reforma laboral, y sin embargo sí estuvo Valeriano con lo que, automáticamente, se ha alzado con el maillot amarillo del trastorno bipolar. El mejor modelo Zapatero. Lo dicho, una escuela: hago la reforma laboral y me manifiesto contra ella; apoyo los derechos sociales y los recorto; soy liberal y socialista a la vez; soy rojo y rejoneo a los trabajadores; presumo de Gobierno paritario pero el Gobierno tiene más hombres; no voy a hacer crisis, pero la hago...

A partir de ahora nos espera mejor comunicación, ha dicho Zapatero. O sea, semejantes trastornos bipolares, pero con más fotos. Así es que no descarten que Zapatero se agarre del brazo de Rubalcaba, Salgado y Valeriano, y se lance a la calle a protestar contra sí mismo. La calle siempre fue su mejor tarjeta de presentación y en tiempos de apuros todo es posible. Al fin y al cabo, el tándem Zapatero-Rubalcaba ganó las elecciones gracias a la algarabía del 13-M, y a los «nunca mais» y el «no a la guerra» que le precedieron. Y ahora toca ganar las siguientes. Comportamiento bipolar sin trastorno aparente. Pero no se fíen: o hay trastorno o nos mienten.


La Razón - Opinión

Ventanas. Los del canon celebran la sentencia. Por Antonio José Chinchetru

Lo que tampoco es una salida, eso sí, es la disparatada propuesta del presidente de NNGG: Nacho Uriarte defiende convertir la SGAE en un organismo público. Lo que faltaba, Teddy Bautista con coche oficial a cargo de los presupuestos.

A cuadros me quedé el jueves al mediodía al abrir mi correo electrónico. Habiendo leído ya la noticia del fallo del Tribunal de Justicia de la UE (TUE) que declara ilegal el cobro indiscriminado del canon digital, me encontré con una nota de prensa en la que las entidades de gestión sostienen que los jueces han dictaminado en sentido contrario del que lo han hecho. El comunicado conjunto de todas ellas informa de que "IBAU (Egeda, Dama y Aisge) y COPYESPAÑA (Agedi, Aie, Cedro y Sgae) valoran positivamente el respaldo que supone esta sentencia a la legalidad del canon digital, tanto en España como en el resto de países de la Unión Europea en los que se aplica esta compensación".

Si no nos tuvieran acostumbrados a su permanente desfachatez, resultaría sorprendente la caradura que demuestran la SGAE y compañía en el comunicado. Es cierto que la sentencia avala, por desgracia, la existencia del canon digital en los países miembros de la Unión Europea. Pero, y es lo que los Teddy Bautista boys parecen querer ocultar, lo que deja bien claro es que su aplicación en España atenta contra la normativa comunitaria. Esto supone un duro varapalo para uno de los argumentos clásicos de las entidades de gestión en defensa de la compensación por copia privada, puesto que desde estas organizaciones siempre se ha defendido que se trata de un sobreprecio que responde a la legislación de la UE.


Pero la caradura de tan peculiar celebración por parte de IBAU y COPYESPAÑA no termina ahí. A pesar de que el fallo del TUE deja claro que el canon puede ser repercutido en el precio del producto para que sea pagado por los consumidores, estas organizaciones sostienen en su nota de prensa que la compensación por copia privada "debe ser abonada a las entidades de gestión por los fabricantes, importadores o distribuidores de los dispositivos que permiten la realización de este tipo de copias". Una vez más, tratan de intoxicar a los ciudadanos.

Sin embargo, este brindis al sol tiene sentido. Las entidades van a intentar que los jueces españoles y el Gobierno hagan caso omiso de la sentencia (algo que resulta esperable de un Ejecutivo siempre presto a servir a los intereses de la SGAE y compañía), por lo que buscan intoxicar lo máximo posible en defensa de sus intereses.

A modo de conclusión, aunque la sentencia es positiva, el canon que permite cobrar sigue siendo un abuso. Como ya se ha propuesto en diversas ocasiones, debería aplicarse directamente sobre el original y no sobre dispositivos que tienen múltiples usos. Lo que tampoco es una salida, eso sí, es la disparatada propuesta del presidente de NNGG: Nacho Uriarte defiende convertir la SGAE en un organismo público. Lo que faltaba, Teddy Bautista con coche oficial a cargo de los presupuestos.


Libertad Digital - Opinión

El pánico a Rubalcaba. Por Edurne Uriarte

El miedo a Rubalcaba tiene que ver con su gestión en las sombras del poder.

La prensa progubernamental se ha divertido enormemente en las últimas horas con lo que José María Izquierdo ha llamado en El País «El pánico a Rubalcaba». O Javier Vizcaíno en Público «Tembleque de piernas y castañeteo de dientes en Carpetovetonia». Entusiasmados los columnistas de la izquierda con el profundo rechazo e inquietud que la concentración de tanto poder en Rubalcaba ha suscitado en toda la derecha política y mediática. Y poco conscientes, al parecer, de lo inquietante de que en una democracia un cargo político produzca miedo a la oposición, tanto a los periodistas como a los políticos. Incluidos los políticos de su propio partido, que se lo pregunten a Tomás Gómez.

Porque lo cierto es que estos admiradores de Rubalcaba tienen toda la razón. Este político produce un acusado temor entre los políticos y periodistas de la oposición. Y no precisamente por su inteligencia y sus dotes comunicativas. Eso causa respeto, que es otra cosa. El miedo a Rubalcaba tiene que ver con su gestión en las sombras del poder. Con la extendida percepción de que, con él al frente de Interior, no es lo mismo ser un corrupto del PP que del PSOE. Y, mucho peor, no es lo mismo ser un simple y honrado político del PP que del PSOE. O con el temor entre la clase periodística de que las críticas a Rubalcaba son más arriesgadas que a otros políticos. No se han percatado los fans de Rubalcaba, los seguidores del cuento del republicanismo cívico de Zapatero, del pequeño detalle de que el pánico al poderoso es propio de las dictaduras. Que la oposición también tiene pánico a Fidel y Raúl Castro. O a Hugo Chávez. Cuando pasa lo mismo en una democracia y al inspirador del miedo le otorgan, además, un inmenso poder, hay que hacérselo mirar. Porque algo falla en esa democracia. Quizá que el republicanismo cívico de Zapatero se haya convertido en republicanismo coactivo.


ABC - Opinión

Gómez, Gómez y Gómez. Por Alfonso Ussía

El Gómez socialista de Madrid ha sido abducido por el Gómez ministro de Trabajo. Le ha durado la gloria al Gómez madrileño muy poco tiempo. Y lo de la gloria es un decir. Nada más confuso que una coincidencia de apellidos en el mismo partido político. La extravagante pregunta «¿Qué Gómez?» va a convertirse en habitual en los próximos meses. Para mí, que el nombramiento de Valeriano Gómez como ministro de Trabajo es el primer paso de la venganza de Rubalcaba y Blanco contra el Gómez de Madrid. Porque resulta difícil comprender que un sindicalista que se ha manifestado contra el Gobierno por su reforma laboral acepte el ministerio que tiene que llevar a cabo la referida reforma. O Gómez es un caradura o Gómez es un incoherente o Gómez es un desleal. Y la gente se preguntará: ¿qué Gómez?

En este caso, el Gómez ministro, lo que no quiere decir que el otro Gómez, el de la gloria efímera, no es un caradura, es coherente y es leal. Gómez, y vuelvo al del ministerio de Trabajo, ha intentado justificar su inexplicable salto de la pancarta a la cartera, y no ha estado afortunado. En su Gómez hay dos Gómez. Y el lío se enreda aún más. Si Gómez el ministro es dos Gómez –el que se manifiesta contra el Gobierno y el que, a los diez días, forma parte de ese Gobierno–, el tercer Gómez es el de Parla, porque un candidato autonómico no puede superar en importancia a todo un ministro, que a su vez, y para mayor dificultad en la superación, está compuesto de dos personas tan enfrentadas y contradictorias como son las del Gómez sindicalista y piquetero, y el Gómez gobernante y con «Audi» en la puerta de su casa.

Gómez tiene que estar pasando por malos momentos. «¿Qué Gómez?» se preguntarán ustedes. En este caso, retorno al Gómez de Parla. El pobre Gómez de Parla no sólo se topa con un Gómez o dos Gómez más poderosos que él, sino que asiste estupefacto a otro inconveniente moral. Su vencida adversaria en las primarias de Madrid, Trinidad Jiménez, recibe en compensación a su derrota el ministerio de Asuntos Exteriores. Extraño resultado el de las primarias. El ganador, se queda en eso, en el Gómez que va a perder, y la vencida asciende con vértigo y alegría hasta la cumbre de la cancillería de España. Si yo fuera Gómez –¿qué Gómez?–, que no lo soy y me gustaría que no hubiera dudas al respecto, me mudaba a Parla y no volvía a aparecer por la Gran Vía y Callao, como muestra de dignidad. Según las estadísticas, en un mismo período de tiempo, un Gómez puede triunfar en política, e incluso dos Gómez, pero no tres. Tres Gómez conforman una multitud de Gómez. Y si ha quedado demostrado que los dos primeros Gómez viven bajo la piel del Gómez ministro, el Gómez candidato a la presidencia de la Autonomía de Madrid, no tiene nada que hacer. Si no lo tenía antes, ya me dirán ahora. Lo cantó el poeta: «Lo que era imposible antaño/ es más improbable hogaño». Los poetas son así, que no se muerden la lengua.

Pero carotas como Gómez –¿qué Gómez?–, y ahora me refiero al ministro, no abundan. «¡Reforma laboral, no! ¡Zapatero, dimisión!». Y a los diez días, ministro de Zapatero y reforma laboral, sí. Gómez, Gómez y Gómez.


La Razón - Opinión

PPC. Esta canción me suena. Por Maite Nolla

A Alicia la colocaron para neutralizar todo esto y, así, la evolución política del PP en estos dos años se resume en el manifiesto político formulado hace un mes: la única condición para pactar con CiU es una cartera.

Propongo que las elecciones catalanas se celebren ya, antes de que alguien cometa una locura o pase alguna desgracia. Aunque ya sepan que yo no soy muy partidaria, la mejor campaña la está haciendo CiU que ha optado por no hacer ni decir nada; ni visitas al notario, ni flores a Guifré el Pilós, ni nada. En cambio, para los demás partidos la campaña no sólo se puede hacer larga, sino que se arriesgan a que el que tuviera intención de votarles hace un mes no lo haga en noviembre, porque no les reconozca. Por ejemplo, el PSC ha pasado de ser nacionalista a ser español, renegando incluso de las multas por rotular en castellano. Los independentistas suman, restan, ganan o pierden posiciones según se van descubriendo nuevos extractos de la Visa del Barça. Y hasta Ciudadanos puede verse favorecido y perjudicado por partes iguales por el hecho de que no todo lo que parezca Ciudadanos sea Ciudadanos; y me refiero a la frenética actividad de Pepe Domingo y al debate, o mejor dicho, al bucle, sobre la unión con Rosa Díez y si entre bomberos se van a pisar la manguera.

Pero lo que riza incluso mis rizos es lo que ha sucedido hoy en el Partido Popular. Comprendo que ustedes añadan cierto toque autobiográfico al comentario y les doy la razón, pero no me digan que no es una sorpresa que Alicia Sánchez-Camacho haya presentado a bombo y platillo a la que fuera candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona en 2007. Como recordarán, la que suscribe fue protagonista de un episodio similar que acabó con mi carrera política, aunque me abrió las puertas de la NBA de la opinión política, que es esRadio. Aquello, unido al fichaje de otras personalidades de más relevancia, como Carmelo González, supuso que a Daniel Sirera se le sublevaran los funcionarios del partido, incluidos algunos de los que hoy se han hecho la foto con Esperanza García. Por ejemplo, la candidata del PP en Lérida y el diputado provincial tomaron aquello como una afrenta hasta el punto de negarme la afiliación, algo que para un partido que ellos han convertido en marginal en la provincia no está mal. Vamos, que con todos los respetos no creo que estuvieran como para reservar el derecho de admisión, aunque, a lo mejor, que les voten cuatro es su objetivo político. Supongo que asegurados los cargos del diputado en Madrid y casi el de la diputada autonómica, la cosa se ve de otra manera y si quieren fichar a gente de Ciudadanos, que les fichen; como si quieren fichar a gente de Supervivientes.

A Daniel Sirera o a Carina Mejías se los han cargado porque en su momento se dieron cuenta del daño que Ciudadanos hacía al PP y, lo que es más importante, informaron a Madrid. A Alicia la colocaron para neutralizar todo esto y, así, la evolución política del PP en estos dos años se resume en el manifiesto político formulado hace un mes: la única condición para pactar con CiU es una cartera; todo lo que un no nacionalista militante busca de un partido no nacionalista. Además, si algo ha servido para reanimar y dar vidilla –un poco artificial– a Ciudadanos, después de pequeños y grandes fracasos electorales y empresariales, ha sido el campo libre que la política del PP les ha abierto durante los dos nefastos años de mandato de la señora Camacho.

Tengo que reconocer que la noticia del fichaje de Esperanza García ha sido para mí una especie de déjà vu, pero del rollo de la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton; como raro. Como dijo Josema Yuste, es lo mismo, pero no es igual.


Libertad Digital - Opinión

Un debate ensuciado. Por Ignacio Camacho

La estúpida grosería de un alcalde ha embarrado el debate sobre la nula cualificación de la ministra de Sanidad.

DESCONOZCO si el alcalde de Valladolid es un patán a tiempo completo o parcial, pero cuando ejerza de palurdo debería limitar sus zafias chocarrerías a su círculo de amigotes. Sus insinuaciones soeces sobre Leire Pajín revelan un rancio estilo de burdel anclado en el celtiberismo más chabacano, el de los monterillas de pueblo que rezongan al paso de las mozas rascándose las encías con un mondadientes. Puede que los socialistas hayan sobreactuado con su alborotado victimismo tratando de convertir una ordinariez tabernaria en un atentado machista; pero el tipo se ha retratado a sí mismo como uno de esos casposos verderones que blasonan de su desgraciado ingenio pedestre sin provocar más que el sonrojo ajeno.

La estúpida grosería del edil vallisoletano ha embarrado además un debate público que merecía la pena, y que es el de la (falta de) idoneidad de una dirigente sin currículum para hacerse cargo de un Ministerio especializado. El PSOE ha aprovechado el desliz para montar un desmedido escándalo mediático que desvía el asunto hacia el terreno del feminismo y la igualdad, en el que la izquierda se siente fuerte frente a una derecha a la que aún le asoma cierto pelo de la dehesa. Al exigir disculpas por la burda majadería de León de la Riva, los socialistas evitan dar explicaciones sobre la elección más que dudosa del presidente Zapatero, que ha causado estupor en el muy sensible sector sanitario. Un sector a cuyos profesionales se les exige una muy alta cualificación que no rige a la hora de seleccionar a quien ha de gestionar sus comprometidos problemas.


Para ser ministro/a de Sanidad no resulta en absoluto necesario haber estudiado medicina, enfermería o farmacia, pero una sociedad desarrollada requiere en su dirigencia pública ciertos méritos de capacitación específica que hasta ahora Leire Pajín no ha mostrado poseer. Carece de formación económica y de experiencia de gestión administrativa, y en el aparato del PSOE ha penado por falta de aptitudes de organización y liderazgo. Aunque la mayoría de los recursos sanitarios estén transferidos a las autonomías, entregarle una cartera tan compleja (epidemiología, prevención, consumo, protocolos clínicos y tecnológicos, etcétera) a una persona de bagaje tan escaso constituye para mucha gente cuando menos una ligereza, si no una temeridad, y hasta se puede entender como una falta de respeto al bien preparado colectivo asistencial. Al menos convendría debatir si la idea de que en política cualquiera sirve para cualquier cosa representa una concepción perniciosa y despectiva del servicio público, o si choca contra la noción de perfeccionamiento, estudio y competencia que se le supone a la alta dirección del Estado. Ésa debería ser la discusión en una sociedad moderna y civilmente fuerte, y no los morros de la ministra ni las fantasías calenturientas de un alcalde casinario.

ABC - Opinión

Tres décadas de ejemplo

Don Felipe entregó ayer en el Teatro Campoamor de Oviedo los premios Príncipe de Asturias en una ceremonia que presidió junto a Doña Letizia y a la que también asistió la Reina. Los galardones que llevan el nombre del heredero de la Corona han alcanzado la trigésima edición con una salud envidiable, amparados en una institución ejemplar como la Fundación Príncipe de Asturias, que ha convertido estas tres décadas en un incesante torrente de esfuerzos, y siempre con el sueño de distinguir a las personas que pudiesen ser identificadas como un reto, una referencia o un estímulo para sus conciudadanos de un mundo global.

Los premios Príncipe de Asturias han ganado en estos 30 años un merecido prestigio internacional que los ha convertido por derecho propio en una de las distinciones más apreciadas en el mundo de la cultura y las ciencias sociales. Baste repasar la relación de los galardonados a lo largo de estos años para entender que estamos ante un cuadro de honor del pensamiento y de la acción humanos. En esa línea de promover el reconocimiento de personas e instituciones ejemplares, la relación de los distinguidos en esta trigésima edición es un paradigma extraordinario de ese compromiso. Manos Unidas (Concordia), el equipo arqueológico de los guerreros de terracota de Qin Shihuang (Ciencias Sociales), Richard Serra (Artes), los sociólogos Zygmunt Bauman y Alain Touraine (Comunicación y Humanidades), los bioquímicos David Julius, Baruch Minke y Linda Watkins (Investigación) y The Transplantation Society y la Organización Nacional de Trasplantes (Cooperación Internacional), unidos al escritor libanés Amin Maalouf (Letras) y a la Selección española de fútbol (Deportes), componen un abanico de instituciones y personajes que son referentes mundiales en sus respectivos campos, con ese aditivo de la ejemplaridad en unas sociedades necesitadas de guías y espejos en los que mirarse.


De entre todos los acertados elogios a los premiados en el discurso del Príncipe de Asturias, merecen una mención especial sus palabras dedicadas a la gesta mundialista de la Selección, a lo que representa ese puñado de jóvenes deportistas y a la respuesta de un país orgulloso y entregado: «Sois la España joven, ambiciosa y capaz, sin complejos ni renuncias (...) y nos hicisteis sentir la emoción y el orgullo de ser españoles. De pertenecer a una gran nación».

En esa línea de capacidad nacional para superar desafíos y sobreponerse a las circunstancias más adversas, Don Felipe lanzó en su intervención un necesario y realista mensaje de optimismo y de fe en las posibilidades de una España unida para vencer a la crisis, y recordó que la nación «se ha demostrado a sí misma en muchas ocasiones a lo largo de la Historia que sabe superar los momentos más críticos. Ahora ha de volver a hacerlo», para lo que reclamó «proyectos que nos integren cada día más».

Ese proyecto de cohesión, de esfuerzo colectivo y de convicción en el potencial de nuestro país es un mensaje del Príncipe que debería calar en los gobernantes y en la sociedad.


La Razón - Editorial

Los gobiernos manirrotos, el riesgo de la Eurozona

Al final, la reforma se ha descafeinado por completo para dejar las cosas prácticamente igual a como estaban; motivo por el cual el BCE no se ha reprimido a la hora de criticar la vaciedad del texto definitivo.

Uno de los requisitos indispensables para que una unión monetaria funcione mínimamente bien es que las distintas administraciones territoriales coordinen sus políticas fiscales. No es la única condición –la flexibilidad interna de precios o la movilidad de factores son otras de enorme importancia– pero sí es una de las indispensables.

En la Eurozona esa coordinación entre políticas fiscales trató de lograrse mediante el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), en el cual, entre otras medidas, se establecía un procedimiento por déficit excesivo destinado a sancionar a aquel país miembro con un déficit persistente por encima del 3% y una deuda pública superior al 60%. Se entendía que tal era el umbral a partir del cual el endeudamiento descontrolado de las distintas administraciones públicas ya colocaba en serios problemas a la moneda única.

Sin embargo, ese PEC nació viciado, pues ninguno de quienes lo suscribieron –y en especial las principales economías de la Eurozona, como eran Francia y Alemania– tenían la mínima intención de cumplirlo. Así, tan pronto como se inició el procedimiento por déficit excesivo contra el eje francoalemán –controlado en aquel entonces por los manirrotos Gerhard Schröder y Jacques Chirac–, el pacto expiró. Ni Francia ni Alemania llegaron a ser multados porque la sanción se retrasó en sucesivas ocasiones hasta que en 2005 se reformó el PEC para flexibilizar los márgenes de endeudamiento. Además, por mucho que se superaran los ya de por sí amplios límites del PEC, el Consejo Europeo se reservaba el derecho de veto a cualquier propuesta de sanción por parte de la Comisión.


La crisis económica actual ha mostrado lo desorientada que estaba toda esta política de flexibilización del endeudamiento público. Se ha comenzado a cuestionar seriamente la unidad monetaria por la indisciplina fiscal de ciertos países como España, Grecia o Portugal; al fin y al cabo, si ellos caen, el euro se desmoronará a menos que sean rescatados por otros países que, como Alemania, están haciendo sus deberes a la hora de ajustar su presupuesto. Pero Alemania no puede convertirse en la red de todos los políticos suicidas como Zapatero, pues ni siquiera la economía más rica de la Eurozona dispone de un capital infinito para rescatar a otros Estados; de ahí que se haya planteado la necesidad de poner en vereda a los países más manirrotos a través de un sistema de sanciones mucho menos manipulable por los políticos afectados.

Alemania, la principal interesada en que los llamados PIIGS comiencen a disciplinarse y a reconducir sus insostenibles déficits, planteó una reforma por la que los países que incumplieran los objetivos del PEC fueran automáticamente castigados no sólo con multas económicas sino también con pérdida de derechos políticos en las instituciones europeas. Sin embargo, los principales Estados incumplidores, como España, se aliaron a última hora con Francia, país siempre dispuesto a abortar políticas ortodoxas y sensatas, para que las sanciones fueran sólo económicas y, sobre todo, para que el Consejo se reservara un derecho de veto por mayoría cualificada para bloquear las multas.

Al final, pues, la reforma se ha descafeinado por completo para dejar las cosas prácticamente igual a como estaban; motivo por el cual el BCE no se ha reprimido a la hora de criticar la vaciedad del texto definitivo: la moneda cuyo valor se encarga de defender se ve constantemente atacada por la creciente insolvencia de los gobiernos. Y eso en nada nos beneficia a los españoles, por mucho que a corto plazo nos libremos de las sanciones: sólo hace falta ver la satisfacción de la manirrota Salgado para comprenderlo.


Libertad Digital - Editorial

Propaganda y arenga

La oferta de Zapatero a la izquierda para que recupere el ánimo se ha quedado en arenga militante, porque, de reformas, nada.

RODRÍGUEZ Zapatero estrenó ayer el nuevo Gobierno «de la comunicación» con la primera rueda de prensa de Alfredo Pérez Rubalcaba como portavoz del Ejecutivo. No hubo sorpresas en cuanto a las formas, porque el vicepresidente primero ya tenía acreditadas sus credenciales como buen comunicador, que se hicieron aún más patentes por el contraste inevitable con su predecesora. Pero tampoco hubo novedades en cuanto a los contenidos de la nueva comunicación del Gobierno, lo que confirma las primeras impresiones de que Zapatero ha configurado un equipo de leales para frenar su caída, remontar las encuestas y neutralizar el designio de una derrota por ahora inevitable. Sin embargo, a esto no se le llama renovación, sino propaganda, pura propaganda, que la hubo y abundante en la declaración de principios que expuso Rubalcaba al inicio de la rueda de prensa. Lo que quedó claro es que Zapatero tenía asumido que el Gobierno que coordinaba De la Vega no funcionaba, lo que es tanto como reconocer su propio fracaso en la dirección política del Ejecutivo. No hay otra interpretación posible a la insistencia con que Rubalcaba anunciaba el amanecer de unos ministros reconvertidos de la noche a la mañana a la estrategia de la comunicación, para vender la superación de la crisis económica.

La oferta de Zapatero a la izquierda para que recupere el ánimo se ha quedado en arenga militante, porque, de reformas para consolidar al nuevo Gobierno, nada. Habría sido de manual que, tras una remodelación tan amplia, el nuevo equipo se presentara con una acción renovada. Puede que la haya más adelante, pero llegará a deshora. El estreno del Gobierno de la comunicación ha sido plano. Quizá, por esperar demasiado, Zapatero se enfrente a esa situación irreversible de un Ejecutivo que ya no tiene nada que decir, por más que se empeñe en que va a expresarse mejor. Desde que estalló la crisis, el Gobierno no ha tenido problemas de comunicación política. Se le entendía perfectamente cuando negaba la existencia de la crisis, cuando acusaba de antipatriotas a los que decían la verdad o cuando anunciaba falazmente una y otra vez el inicio de la recuperación. Por eso, Zapatero ha buscado en Rubalcaba el paliativo agónico para las miserias políticas del Gobierno y el revulsivo de una izquierda deprimida, a la que, a falta de creación de empleo y mejora de la economía, no se le ofrecerá más que el señuelo del fin de ETA y, sobre todo, la confrontación con el PP.

ABC - Editorial

viernes, 22 de octubre de 2010

La última bala. Por José María Carrascal

En mayo, cambió de economía. Ahora cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra.

ESTE no es el gobierno que gusta a Zapatero. Es el gobierno que le han impuesto el partido, el país y las circunstancias, como los presupuestos no son los que le gustan, sino los que le han impuesto Merkel, Obama y los mercados. En mayo, cambió de economía. Ahora, cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra. Él sólo cambia para poder seguir siendo él mismo.

Su gobierno era el de María Teresa y el de Bibiana, el progre, el posmoderno, el de Vogue. Mientras éste es un gobierno premoderno, de hombres muy maduros y muy barbados. Deja a Trini y a Leire como floreros y mete a Rosa Aguilar para defender el flanco más vulnerable, el izquierdo, a que se desangre por él. Como deja a Elena Salgado, encargada de los recortes, que ya ha advertido que pueden ampliarse. Por ese lado no hay alivio: nada de alegrías, de buenismos ni de concesiones, porque al menor descuido nos vuelven a meter con Grecia.


¿Qué salida le queda? Sólo una: la pacificación del País Vasco. La era Zapatero acaba así donde empezó. Empezó tratando de negociar con ETA la paz en Euskadi, y acaba intentando alcanzarla derrotando a ETA. Con el mismo hombre al frente, Rubalcaba, flanqueado por el PNV, con el que ya ha firmado acuerdos importantes, y por Ramón Jáuregui, que ya fue vice lehendakaricon ellos. Toda la atención del nuevo gabinete va a tener ese objetivo: Zapatero, el pacificador. ¿Y Patxi López? preguntará alguién. ¿Quién es Patxi López?, le responderán desde Moncloa.

Esas son las cuentas que allí se hacen. ¿Saldrán? Todo es posible en política, pero no probable. Por lo pronto, con ETA no se acaba en 18 meses. Se necesitarán, por desgracia, bastantes más. Luego, el PNV puede apoyar, contra pago, naturalmente, unos presupuestos, pero es difícil que apoye la derrota de ETA, al fin y a cabo sus hijos descarriados. Y lo más importante: ese plan no afecta para nada lo que más interesa a los españoles. El comando Rubalcaba puede detener muchos etarras, pero no crear empleos. Y aunque solucionar el conflicto vasco nos alegraría a todos, el paro no descenderá, aunque lo haya anunciado el nuevo ministro de Trabajo, por cierto, como lo anunció su antecesor. Ya empezamos.

Pero es la única salida que le queda a Zapatero, su última bala. Si por casualidad da en el blanco —nada que ver con don José—, se presentará a la reelección. Si no, dejará el marrón a Rubalcaba, y allá te las arregles. Pues pensar que este hombre se suicide es soñar despierto. Él prefiere suicidar a los demás, empezando por sus colaboradores, siguiendo por su partido y, si es preciso, por el país, como viene haciendo desde hace años, avalado por nuestros votos, todo sea dicho.


ABC - Opinión

Rajoy. La perpetuidad de un ministro. Por Agapito Maestre

El concepto creado por Zapatero para seguir en el poder es sencillo de comprender: "Yo soy un desastre, pero mi ministro de la Oposición es aún peor. ¡Elijan entre lo malo y lo peor!".

Este cambio de Gobierno tiene, como diría un kantiano, un carácter trascendental. Zapatero ha creado las condiciones de posibilidad para mantenerse en el poder, como mínimo, otra legislatura. El PSOE se fortalece de tal modo que comparado con la oposición en general, y el PP en particular, parece una fortaleza inexpugnable. El PSOE a través del Gobierno de Zapatero tiende a ocuparlo todo. No hay espacio público político, en España, que no sea susceptible de ser transformado en una fuerza a favor del PSOE. El nuevo Gobierno tiene capacidad para mantener un discurso viable y, además, tiene aptitud para contarlo con eficacia. Es el Gobierno más ideológico y, terriblemente, propagandístico de todos los nombrados por Zapatero; puede conseguir, con apenas esfuerzos, hacer ver que lo blanco es negro y viceversa.

El cambio de Gobierno llevado a cabo por Zapatero es tan importante que, en mi opinión, ha conseguido poner a su disposición a la pieza más peligrosa que pudiera arrebatarle el poder. No me refiero a Rubalcaba menos todavía a Blanco; por el contrario, es, precisamente, la vinculación de Zapatero a estos dos hombres, formando una terrible troica política, la jugada maestra para mantenerse en el poder. El plan de Zapatero, aparte de la vieja y estrechísima vinculación entre Rubalcaba y Blanco, cuenta con un factor determinante, a saber, mantener vivo a quien le viene acompañando, desde 2004, en todos sus triunfos.


¿Quién puede ser esa persona que, hoy por hoy, es la condición necesaria para que Zapatero revalide su mayoría en las próximas elecciones? Pues que de su primer Gobierno, formado en un lejano 2004, sólo permanecen dos personas; sí, digo bien, sólo aguantan dos personas y no una como se empeñan en repetir los medios de comunicación sin imaginación ni criterio político. Una de ellas, como todo el mundo sabe, es la señora Salgado, que ha cumplido con estricta pulcritud y escrupulosidad todas las órdenes de quien la nombró en sus diferentes cargos en el Consejo de Gobierno. Y la otra, qué duda cabe ya, es un ministro más real que metafórico, si comparamos su forma, la mayoría de las veces casi imperceptible, de hacer política con la que se hace en las democracias desarrolladas.

En verdad, creo que hay alguien inamovible en este Gabinete. Zapatero es consciente de esta realidad. El único ministro que no cambia, en efecto, es el señor ministro de la Oposición: Rajoy; incluso su reacción ante los nuevos nombramientos ha sido propia de un político dispuesto a cargar sobre sí esa responsabilidad. He ahí la mayor genialidad o, según otros, la peor maldad de Zapatero. El nuevo Gabinete tendrá su primer trabajo, en realidad, su primera autolimitación, en darle aire al jefe de la Oposición. Es vital para Zapatero mantener a Rajoy como el encargado perpetuo del Ministerio de la Oposición. Sin su colaboración este gran entramado populista y policial montado por la nueva la troica socialista, a plena luz del día y sin cortarse un pelo, corre serios peligros de fracasar.

El concepto creado por Zapatero para seguir en el poder es sencillo de comprender: "Yo soy un desastre, pero mi ministro de la Oposición es aún peor. ¡Elijan entre lo malo y lo peor!". Naturalmente, frente a este concepto vacío, un votante del PP puede seguir manteniendo la intuición: "Rajoy es mejor", pero tendrá también que reconocerme que tal intuición, a tenor de lo hecho por el jefe del PP en la oposición, es ciega. Pues eso, entre conceptos vacíos e intuiciones ciegas, los españoles se precipitan al abismo.


Libertad Digital - Opinión

Recuperación de imagen. Por Fernando Fernández

No es un Ejecutivo con ideas, sino con mejores técnicas de marketing.

LO ha dicho el propio presidente: es un gobierno para la recuperación. Pero no de la economía, sino de la imagen pública de un Partido Socialista secuestrado por el zapaterismo y que ahora quiere recuperar sus señas de identidad. Vuelve la vieja guardia y con ella un cierto jacobinismo. Se acabaron la España plural y la nación evanescente, las ocurrencias económicas que tantos parados nos han costado, las cuotas simbólicas que tan mal servicio han hecho a la causa de la igualdad, los delirios tercermundistas en política exterior. Vuelve el socialismo eficiente y comunicador, pero sigue sin haber política económica.

No es un ejecutivo con ideas para sacar a España de la crisis, sino con mejores técnicas de marketing. No hay un programa de competitividad, ni una agenda de crecimiento económico, ni siquiera un plan racional de ajuste y consolidación fiscal. Solo hay voluntad de controlar la opinión, de agitar la propaganda. Se trata, nuevamente, de aislar al Partido Popular, pero esta vez con gente algo más competente, no todos, porque alguna patada por elevación empaña esa presunta coherencia. Pero seguirán los cuatro millones y medio de parados, la destrucción del tejido productivo, el veto sindical a cualquier proyecto de liberalización y modernización económica. La única preocupación es salvar al Partido, y a ello se supedita toda la acción política. La gestión económica es secundaria. Se entiende resignadamente que está irremisiblemente hipotecada a Bruselas y sin margen alguno de maniobra, por lo que la clave de la crisis de gobierno está en conseguir desplazar la agenda mediática de los temas económicos. La operación política parte del reconocimiento de un doble fracaso; la crisis económica ha hecho explotar el modelo Zapatero de derechos sin responsabilidad y la ceguera ideológica ha impedido entender que en una Unión Monetaria no hay más política económica que la búsqueda de la competitividad mediante la reforma estructural permanente. Eso exige cuestionar derechos adquiridos, como acaba de hacer el gobierno de coalición liberal conservador de Cameron en el Reino Unido rompiendo radicalmente con la inercia. No machaca el Estado de Bienestar, como sentencia la progresía dominante, sino que, precisamente para protegerlo en una economía globalizada, corta de raíz los excesos y privilegios de una función pública que ha crecido sin más justificación que su propia capacidad para reproducirse y se atreve a poner orden y prioridades en el gasto público. Permítanme un símil empresarial para explicarlo. En algunas fusiones de Cajas en España, la nueva dirección ha encargado una auditoría de organización y recursos humanos que obliga a justificar cada puesto de trabajo, cada departamento, división o comité. En algunos casos se ha llegado a que todos los empleados han tenido que solicitar su propio puesto de trabajo. Algo parecido es lo que están tramando los ingleses. Como hicieron los conservadores suecos tras décadas de dominación socialista. Como tendrá que hacer el Partido Popular cuando llegue al poder, y más vale que lo esté preparando ya.

Zapatero no ha mirado al Reino Unido; se lo impiden sus prejuicios ideológicos. El socialismo español siempre se ha sentido más cómodo con Francia. Y ha visto a un Sarkozy acosado en las barricadas por una peculiar alianza de trabajadores de empresas públicas, funcionarios protegidos y jóvenes aburridos. Le preocupa mucho más el contagio de la calle que el económico. A fin de cuentas, de este último ya se ocupa Bruselas. Por eso, como Lampedusa, cambia el gobierno para que nada cambie.


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Rubalcaba. El cordón sanitario contraataca. Por Guillermo Dupuy

Los medios que Rubalcaba tiene son tantos como escasos son sus escrúpulos a la hora de utilizarlos en esta nueva guerra sucia que se avecina contra el principal partido de la oposición.

Si el PP, en general, y Rajoy en particular, piensan que pueden sestear en una oposición de perfil bajo mientras la crisis económica les hace el trabajo de desbancar a Zapatero de la Moncloa, que se vayan preparando. Naturalmente, no lo digo porque la amplia remodelación del Gobierno –con el inmenso poder que ya no oculta Rubalcaba–, vaya a servir para revertir la ruina institucional y económica que estamos padeciendo, sino porque delata la voluntad de Zapatero de machacar a la oposición del PP con todos los medios a su alcance. Y los medios que Rubalcaba tiene son tantos, como escasos son sus escrúpulos a la hora de utilizarlos en esta nueva guerra sucia que se avecina contra el principal partido de la oposición.

Rubalcaba ya tiene en su currículum títulos tales como encubridor de los GAL y de Filesa, el incitador del acoso a las sedes del PP en 2004, el ministro de SITEL, el del chivatazo a ETA o el que obstruye la acción de la justicia que impulsan las víctimas del 11-M. No son los únicos. También es el máximo coordinador de la cacería Gürtel contra el principal partido de la oposición, teniendo a sus órdenes al comisario general de Policía Judicial, al que ha dado ordenes expresas de controlar todas las investigaciones que afecten a "cargos públicos y persona de relevancia".


Al margen de los nuevos capítulos de esta cacería política, que no se harán mucho de esperar, hay que añadir que Rubalcaba no sólo es, junto a Zapatero, el máximo responsable político del chivatazo a ETA; también lo es, junto al presidente del Gobierno y su servil fiscal general del Estado, de que los informes policiales que acreditaban la conexión con ETA de ANV y PCTV no fueran presentados a tiempo a instancias judiciales para proceder a su ilegalización. Para deseperación no ocultada ni por el Supremo ni por los sindicatos policiales, la ilegalización sólo se instó después de las últimas elecciones municipales; y después de eso, el Gobierno ha seguido y sigue negándose a disolver los ayuntamientos en manos de los proetarras, como podía hacer aplicando la Ley de Régimen Local

Con la última y reciente reforma de la Ley de Partidos, Rubalcaba ha conseguido además dejar intacta la rendija por la que el gobierno coló a los proetarras, que nunca fue otra que el desgraciado monopolio que dicha ley concedía y sigue concediendo a la servil Fiscalía General del Estado a la hora de instar al Supremo la ilegalización. Y este genio del mal lo ha conseguido, además, con el estúpido consenso del principal partido de la oposición y haciendo creer que lo hacía con el objetivo de hacer perder a los proetarras toda esperanza, cosa que se creyeron hasta los que empiezan a reconocer que "el Gobierno puede estar tentado a legalizar a la izquierda abertzale".

Por otra parte, cabe destacar que esta es la hora en la que Rubalcaba no ha cesado a la autoridad penitenciaria responsable de que El País entrevistara a Otegui en la cárcel, contraviniendo la supuesta prohibición de Interior al respecto. Naturalmente no me creo que existiese tal desautorización por parte de quien no ha hecho nada contra quienes han permitido que no fuera efectiva. De hecho, esa entrevista, donde Otegui apenas maquilla algo su repugnante postura de siempre, ha sido utilizada por el presidente del Gobierno para valorar como "determinante" la supuesta evolución del entorno de ETA y recalcar que "sus mensajes no van a ser en balde".

Finalmente, no podemos dejarnos en el tintero el nuevo régimen abierto de otro etarra que impulsa Rubalcaba, nada menos que la del ex número uno de la banda "Txeli" condenado por varios asesinatos a 59 años de prisión. Por mucho que en virtud del antiguo código penal se posibilite este repugnante trato de favor, no es menos cierto que nada lo obliga.

El PP, mientras tanto, no ha hecho la menor crítica ni ha pedido una sola comparecencia de quien ahora se ha convertido en el ministro más poderoso que haya visto nunca nuestra democracia. Para tranquilizarnos, Rajoy nos dice que, lejos de sestear, está "vigilante". Mala vigilancia, en cualquier caso, la del quien no quiere ver cómo el Gobierno, con un oculto "proceso de paz" con ETA y con Rubalcaba a la cabeza, trata de reeditar el cordón sanitario contra el principal partido de la supuesta oposición.


Libertad Digital - Opinión

Agua mineral con gas. Por M. Martín Ferrand

De lo que se trata es de esperar a ver qué ocurre en las autonómicas catalanas y obrar en consecuencia.

YA sabemos que será difícil remontar las circunstancias que nos arruinan en lo económico y nos asfixian en lo moral; pero lo que estaba por ver, la gran aportación de José Luis Rodríguez Zapatero a la estética política española, es que el nuevo Gobierno hiciera su presentación en el escenario con una bien ensayada expresión de mutis, de retirada. Todo es mohína cuando escasea la harina; pero, entre gente adulta (?) y responsable (!), el cuidado de las formas no es un asunto menor. Un político de raza, como enseñaba Francisco Silvela, ha de aprender a tragarse un sapo en cada desayuno. Entre los de medio pelo, ¿no sería exigible un sapo por cada cuatro o cinco? Históricamente, quienes llegan a un Gobierno, ven su nombre escrito en el único diario verdaderamente influyente, el BOE, y juran o prometen cargo, servicio y discreción, tienden a entender el infinito como una medida de cercanías; pero, a la primera adversidad, ya aprenden que un milímetro es una distancia considerable.

Al nuevo Gobierno, en el que no escasean ni los pícaros ni los conversos, no se le advierte el entusiasmo por su nueva responsabilidad. Es como si la tarea que tienen por delante fuera cosa de menor cuantía. Aunque no estemos ante un equipo de debutantes, los recién llegados siempre merecen una tregua de cortesía. Por el momento, gracias al ruido generado por su propia llegada al escenario, se han ahorrado el sonrojo de la almoneda presupuestaria con la que, según la costumbre del líder planetario, se elabora una Ley, la más importante del año, que nadie parece dispuesto a cumplir. Ahora de lo que se trata es de, siempre con el trágala socialdemócrata por delante, esperar a ver qué ocurre en las autonómicas catalanas y, según sea el crecimiento de CiU, la decadencia del PSC y la levedad del PP, obrar en consecuencia.

En los mentideros capitalinos, dismunido por la excesiva presencia que en ellos impone lo público y el enflaquecimiento de la sociedad, pasan el rato en la consideración malévola de si a la circunstancia le cuadra más la fábula del alacrán y la rana o la de la zorra y las uvas; pero, dado el nivel educativo, son pocos quienes advierten la maledicencia. Incluso tengo visto que ya son muchos quienes ignoran lo que es una fábula y sospechan que La Fontaine es un agua mineral con gas y Samaniego, un vino de Rioja. En ese territorio no cabe el error de pronóstico. Aunque Zapatero y Rubalcaba, de la manita como Tip y Coll, consigan el milagro de la resurrección económica y de la revitalización del espíritu nacional, lo de la Educación seguirá siendo una causa perdida. Se llevan los ignorantes.


ABC - Opinión

Rubalcaba. A la desesperada. Por Florentino Portero

Rubalcaba acumula poder y, sobre todo, sabe que Zapatero no estará en condiciones de cesarle en caso de diferencias de criterio. Hundido política y psicológicamente el presidente trata de salvar los muebles.

El 7 de mayo de 2010 mercados y organismos internacionales pusieron en duda la solvencia financiera de España. Fue el fin del proyecto político de José Luis Rodríguez Zapatero, un político mediocre y sin escrúpulos que no tuvo ningún reparo en negar la existencia de la crisis económica y que lanzó a España a una política de gasto absurdo en la injustificada idea de que los malos tiempos serían pasajeros y que las grandes potencias europeas actuarían como locomotoras de la recuperación sacando a España adelante.

Es verdad que en un país como España alguien como Rodríguez Zapatero puede llegar a la Moncloa. Si se está dispuesto a manipular un atentado terrorista como el del 11-M, si se dice a la gente lo que quiere oír, si se promete lo que no se puede cumplir... se puede lograr la confianza de una sociedad que no valora la excelencia, a la que no le importa que le mientan y que no se preocupa por que le roben si todo se desarrolla dentro de unas coordenadas y un cierto orden. Naturalmente la oposición cuenta. Tener como contrincante a Mariano Rajoy y como alternativa al Partido Popular ayuda y de qué manera.


El presidente se quedó sin guión y el tiempo transcurrido ha venido a demostrar que no ha sido capaz de pergeñar otro alternativo. El Partido Socialista no tiene en estos momentos un programa con el que ilusionar a la sociedad española para afrontar con optimismo las próximas décadas. Sólo cuenta con su voluntad para aferrarse al poder e impedir que la oposición se acerque a él. La formación de un nuevo Gobierno ha dejado bien a las claras cuál es el estado de ánimo del presidente y cuáles son sus objetivos.

El ascenso de Pérez Rubalcaba a la vicepresidencia primera sólo es comparable al cargo de valido en los días de los Austrias menores. Con su ascenso el presidente pierde el pulso de la gestión gubernamental. Rubalcaba lo controlará todo. El área económica está dirigido por una mujer que lleva décadas a su lado y con quien comparte años de amistad personal y política. Elena Salgado le debe mucho y sabe que sólo en él puede confiar, ante la manifiesta incompetencia del presidente. Retiene el Ministerio del Interior, lo que le permitirá controlar el proceso negociador con ETA, una baza electoral clave, y la persecución, por medios policiales y judiciales, de dirigentes de la oposición. Coloca a Ramón Jáuregui en Presidencia, un hombre que no ha ocultado sus críticas a la gestión política de Zapatero, para apoyar la negociación con ETA y coordinarse con el grupo parlamentario. Rubalcaba acumula poder y, sobre todo, sabe que Zapatero no estará en condiciones de cesarle en caso de diferencias de criterio. Hundido política y psicológicamente el presidente trata de salvar los muebles y hoy Rubalcaba es quien reúne mejores condiciones para calmar las aguas en el Partido y lograr los mejores resultados posibles.

En el PSOE no hay tensiones ideológicas significativas. El programa que ha seguido Zapatero goza de un apoyo generalizado entre cuadros y dirigentes, de ahí que, en tiempos de vacas gordas, se sintieran tan identificados con él. Las críticas llegan por la forma frívola e incoherente de hacer política, no por la política aplicada. El ascenso de Rubalcaba es el resultado de una negociación, posiblemente virtual, entre Rodríguez Zapatero y los notables del Partido, que se inquietan según se acercan al precipicio de las elecciones autonómicas y locales. Los sondeos son tan malos que seguro que se pueden reducir diferencias. En cuanto a las generales del 2012 no es lo mismo llegar tras un desastre que tras una derrota el 22 de mayo de 2011. Si se evita lo primero queda todavía mucho juego. El Partido Popular, en un formidable ejemplo de ignorancia política, ha desperdiciado el tiempo para ilusionar a los ciudadanos, para convencerles de que hay otra forma de hacer política, de que el problema no está en este o ese dirigente socialista sino en su ideología y programa. Limitarse a esperar la descomposición del Gobierno puede requerir no dos sino tres legislaturas. Por otra parte, una victoria por la mínima podría resultar un infierno para los populares.


Libertad Digital - Opinión

El dúo ZP/Rubalcaba. Por César Alonso de los Ríos

El objetivo fundamental de ZP ha sido el de recuperar prestigio gracias al previsible final de ETA.

El objetivo fundamental de ZP, al llevar a cabo el último cambio de gobierno, ha sido el de recuperar prestigio gracias al previsible final de ETA. Así que, después de haber tratado de resolver mediante el Estatut la permanente «rebelión de los catalanes», va a intentarlo con la que Donoso Cortés llamaba «guerra del Norte» y nosotros terrorismo. Ahora bien, la consecución de ambos objetivos supone el colosal fraude de reducir el ser de España y la condición democrática del sistema: liquidar el castellano como lengua común, eliminar tradiciones seculares como los toros, romper la unidad de jurisdicciones y establecer la desigualdad de ciudadanos y regiones… Este ha sido el sentido del cambio de Gobierno del miércoles y del que ha sido acabada expresión el nombramiento de Pérez Rubalcaba.

¿Y la creación de empleo gracias a un nuevo modelo económico que aparece en las encuestas como la principal preocupaciones de los ciudadanos? Para Zapatero la política económica es fundamentalmente misión de la UE, a la que pertenecemos y del concierto «occidental» que nos determina. La «crisis» tuvo su origen en el capitalismo de Wall Street y en la naturaleza del ser humano basada en la competitividad como bien ha demostrado Oliver Stone en su estupenda película.

Frente a estos objetivos del Gobierno de Zapatero ¿ cómo responde la Oposición que dirige Rajoy? Sánchez Camacho y Basagoiti como líderes en cada una de las dos regiones son recuelos de unos procesos en los que fueron sacrificados Mayor, San Gil y Vidal-Quadras… Porque Patxi López supo siempre que, como maketo, representaba un papel coyuntural mientras Rubalcaba mantenía conversaciones con Urkullu y Otegi, esto es, con el PNV y la parte política de ETA. Del mismo modo que el charnego Montilla era consciente de que terminaría dando paso a Artur Más, líder natural de Cataluña.


ABC - Opinión

ZP, al rescate del votante socialista con la ayuda del PP. Por Antonio Casado

La ceremonia de ayer en Zarzuela y el primer Consejo de Ministros del nuevo equipo en Moncloa cierran por ahora la operación rescate de los tres millones y medio de votantes socialistas perdidos desde las elecciones generales de 2008. Ya con la aritmética parlamentaria a su favor, gracias al pacto de supervivencia con el PNV y CC, Zapatero acorta distancias con sus electores y descoloca al adversario.

Son los primeros efectos de la formación de un Gobierno “mejor que el anterior”, según la propia secretaria general del PP, Dolores de Cospedal. Y “con mejor imagen pública”, según el vicesecretario general y líder del PP andaluz, Javier Arenas. Un diagnóstico que no comparten sus terminales mediáticas, visiblemente alteradas por la escasa inclinación de Zapatero al suicidio político, la irresistible ascensión de Rubalcaba y el miedo a que en la izquierda suene el despertador.


¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que Rubalcaba vuelva a ser el portavoz del Gal, el enredador del 11-M o el encubridor del Faisán?”, se preguntaba ayer un servidor de ustedes en este mismo rincón. Cuestión de horas. Ya le han nombrado “virtuoso del trabajo sucio” y “Maquiavelo del Gal y el Faisán”. Señales inequívocas de una excelente operación. Ese tipo de comentarios siempre funcionan como agitadores del votante socialista con tendencia al desistimiento. Favor que le hacen a Zapatero. Eso es justamente lo que pretende. Movilizar a su gente. Por ahí va su intento su intento de recuperar la iniciativa y romper el cerco que le ahogaba antes de fichar al PNV y CC como costaleros parlamentarios hasta el final de la Legislatura.

«Está por ver cuál será el peso real de sus ideas en una hoja de ruta escorada a la derecha ante la presión de los acreedores internacionales.»

Todo eso lo sabe Mariano Rajoy. Véase lo poco que ha tardado la dirección del PP en llamar al orden al alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, cuyo repugnante comentario sobre la ministra Leire Pajín ha debido sonrojar a su propia gente. El PSOE ha pedido su dimisión. Y él ha respondido que si quieren que se vaya “tendrán que ganarme en las urnas”. ¿Pensará este señor que también el jefe debería aplicarse el cuento cuando pide la dimisión de Zapatero?

Reforma laboral

El impagable apoyo de sus adversarios en la tarea de rescatar de la resignación al electorado socialista se complementa con gestos tan elocuentes como el nombramiento del sindicalista Valeriano Gómez en Trabajo y la ex diputada de IU, Rosa Aguilar, en Medio Ambiente. Aunque está por ver cuál será el peso real de sus ideas en una hoja de ruta escorada a la derecha ante la presión de los acreedores internacionales.

Lo de Aguilar no creo que desborde los límites de una pura cuestión de imagen. Otra cosa es lo de Gómez, cuyo punto de partida es una insondable contradicción. Cómo gestionar una reforma laboral que acaba de reprobar personalmente con su presencia en la manifestación masiva del 29-S. Ya ha empezado a dar marcha atrás: No estoy ni estuve nunca en contra de esa reforma. Sostiene ahora que sólo quiso solidarizarse con los sindicatos en plena ofensiva de la derecha contra ellos ¿Se solidarizarán los sindicatos con él cuando les pida que acepten unas reformas, laboral y de pensiones, contra las que no hace ni cinco minutos que convocaron una huelga general?


El Confidencial - Opinión

El cuchuflú. Por Alfonso Ussía

Cuchuflú no quiere decir nada, pero se adapta a cualquier circunstancia. Un viandante pasea y un desconocido lo insulta. El viandante le responde «cuchuflú» y el insultador se enfada sobremanera. Un pelmazo termina un puzzle de dos mil piezas, y al colocar la última exclama: «¡Cuchuflú!». Su abnegada esposa ignora si lo ha dicho en sentido jubiloso o como desahogo de abatimiento y cansancio. Nadie en el mundo está capacitado para analizar la intención de un «cuchuflú» soltado a tiempo o a destiempo. El ardiente amante que pide a su pareja la inmediata reclusión para proceder al fornicio y recibe de ella como respuesta un «cuchuflú», no sabe nunca a qué atenerse. Si a colocarse los calzoncillos en la cabeza o adentrarse en una sala de cine donde se proyecta una película española para agudizar sus penas. Y esto sucede con la remodelación del Gobierno Zapatero. Que ha sido «cuchuflú» total. Unos opinan que ha entregado toda la responsabilidad a Rubalcaba para que éste le suceda. Otros, que para mejorar las expectativas. Los más, que para seguir, y los menos que para preparar las maletas. Aten ese cuchuflú por el rabo.

Porque todo es cuchuflú. Lo de Trini. Pierde las elecciones a la Alcaldía de Madrid contra Gallardón y es premiada con la Cooperación Internacional. Posteriormente se completa el regalo con un ministerio. Pierde unas elecciones menores, unas primarias, con Gómez, y se compensa su melancolía con el Ministerio de Asuntos Exteriores. El día que pierda las elecciones a la presidencia de las Amas de Casa del distrito de Chamberí, accederá a una vicepresidencia del Gobierno. La democracia al revés. Se premia la derrota en las urnas. A Leire, que lo estaba haciendo fatal en el PSOE, el Ministerio de Sanidad. Nuestros gobernantes no se toman en serio una de las carteras más importantes y fundamentales. Nada menos que la Sanidad, la salud de los españoles. Aznar designó para ello a Celia Villalobos y Zapatero ha empeorado aquella designación. Para enturbiar el camino de Gómez –el de Madrid–, ha nombrado a otro Gómez ministro de Trabajo. Principia la venganza. El sindicalista hereda más de cuatro millones de parados y está encantado. Cuchuflú absoluto. A su niña del alma, Bibiana Aído, se la carga, y mantiene a la Sinde, que se daba por cargada. Los del cine mandan. Cuchuflú. Y hace añicos a la única, que con acierto o sin él, trabajaba, a María Teresa Fernández de la Vega, el terror de los ministros. Lo de Jáuregui y Aguilar es para disimular. ¿Está Zapatero más fuerte? ¿Nos gobierna Rubalcaba? ¿Entre Rubalcaba y Blanco se establece el futuro? ¿Han detenido la carrera ascendente de Chacón? ¿Tenían ganas de ver llorar a Moratinos? No termino de entender la expectación mediática de esta remodelación. Si Zapatero sigue en la cumbre, de nada sirven los cambios. Si Zapatero le cede a Rubalcaba la gobernación de España, menos aún. Es listísimo, pero con demasiadas mochilas en la espalda. ¿Para ganar las elecciones? ¿Para perderlas? ¿Para que llore Moratinos? ¿Para que Leire se la pegue? ¿Para cargarse a Gómez con otro Gómez? ¿Para legalizar a Batasuna? ¿Para parchear errores? ¿Para aumentarlos? Con un tipo tan mentiroso no hay otra conclusión que la siguiente. Cuchuflú.

La Razón - Opinión