martes, 12 de abril de 2011

El músculo político. Por Hermann Tertsch

Para salir del pozo negro de la quiebra en el que nos ha sumido el socialismo hace falta también orgullo y ambición.

EL señor Mariano Rajoy se ha ido a Berlín a ver a la señora Ángela Merkel. Eso está muy bien. A doña Ángela le conviene saber que el viejo amigo Mariano tiene planes razonables para el caso de que, después en las próximas elecciones generales, pueda formar Gobierno en España. Le quitará algún peso de encima a la cancillera saber que ese hipotético gobierno aplicará las reformas necesarias en la convicción de que son lo mejor para España. Y no por pura obligación, en contra de sus propias convicciones ni buscando siempre la trampa para aguarlas o retrasarlas. Que tras la ambición del cambio político en España hay unos principios ideológicos, una confianza en la libertad y en la competencia, una voluntad de imponer el rigor en las cuentas y de poner fin a los eternos cambalaches con los poderes fácticos más reaccionarios de este país como son los sindicatos, las tramas corporativas, los sistemas clientelares y los nacionalismos voraces. Que hay vocación de imponer, ahora que la necesidad ahorca, un sistema de unidad de mercado, liquidación de la jungla regulatoria y disciplina presupuestaria en unas taifas que han desarrollado una costumbre ya maníaca de chulear al Estado central.

Confiemos en que Rajoy sea más explícito en Alemania de lo que es aquí, porque si no la señora Merkel puede pensar que la diferencia entre Rajoy y Zapatero estriba sólo en que el registrador de la propiedad hará las cuentas más limpitas que el truhán y soñador. Si así fuera, Merkel podría perder las esperanzas en que en España el cambio sea algo más que dejar de presentar presupuestos mentirosos, cuentas trucadas o expectativas inventadas. Esto es necesario por supuesto, pero no suficiente. No va a bastar con que el próximo Gobierno no sea mentiroso. Va a tener que ser capaz de trasladar —y hacer entender y asumir— a los españoles el mensaje fundamental de lo que está sucediendo en este momento en la Unión Europea y que el Gobierno Zapatero ha ocultado tras esas ridículas cortinas sobre los halagos a su buena tarea en las reformas. Vanagloriándose de pírricas victorias como no caer inmediatamente después de Portugal en el pozo del rescate o tener unas semanas distraídos a los mercados. Se trata de que los españoles entiendan que la disciplina dentro del club exige una profundísima recomposición de todo nuestro sistema. Y que la alternativa es catastrófica. ¿Será capaz Rajoy? Hablamos del caso de que pueda gobernar. Lo que todavía no está escrito. Pero aún más urgente es saber si es capaz Rajoy de presentar a los españoles una alternativa real y esperanzadora a partir de esa certeza de la dureza del cambio. Porque esa travesía por un desierto que será larga tiene que apoyarse en factores de motivación que han de ser políticos. Habrá de convencer a los españoles de que podemos vivir más libres, conscientes y motivados embarcados en la tarea de sacar adelante cada uno su vida y todos juntos un proyecto nacional. Para salir del pozo negro del desánimo y la quiebra en el que nos ha sumido el socialismo, hace falta también orgullo y ambición, perspectivas y esperanza.

Por desgracia, Merkel puede infundir hoy poco ímpetu a Rajoy. Ha demostrado en estos meses cómo se desmonta un liderazgo esperanzador. Su populismo y afán de agradar, el neutralismo en Libia, la pirueta antinuclear, su falta de pulso en suma, la han dejado malparada. No la den por muerta. Muchos creen en su recuperación. En que dará la sorpresa. En su músculo político. Si Rajoy tiene ese recurso convendría que acordaran mostrarlo juntos. Eso sí, pronto.


ABC - Opinión

¿Todos contra Rajoy? Lo que le falta al líder del PP. Por Federico Quevedo

El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, será presidente del Gobierno salvo catástrofe imprevisible, y aun así. No me cabe la menor duda. Como no me cabe la menor duda de que será el presidente del Gobierno elegido por los ciudadanos que concite el menor entusiasmo de toda la democracia, pero que sin embargo cuando llegue al poder acabará consiguiendo la aprobación y el respaldo de los propios y de buena parte de los extraños. Tiene sentido que sea así.

En un momento de grave crisis económica, con un Gobierno que ha sentenciado al país a una situación agónica cuyo final se antoja demasiado lejos, con un nivel de crispación social y política muy elevado, con la sensibilidad de unos y de otros a flor de piel -no hay más que leer los comentarios en el foro-, lo que una parte importante del electorado, a un lado y al otro del arco parlamentario, esperaba del líder de la oposición era una cierta vehemencia en la defensa de sus ideas y en la crítica a los hechos y las palabras del contrario. Dicho de otro modo, que participara de lleno en la estrategia de la “tensión” que tanto le gusta a Rodríguez y que el PSOE ya ha puesto en marcha en sus mítines preelectorales. Lejos de eso, sin embargo, con lo que nos encontramos es con un Rajoy que busca sintonizar con el perfil de la mayoría social de este país, que no levanta la voz, que no entra al trapo de las provocaciones, que se aleja de todo aquello que pueda exasperar al contrario, reiterativo en sus mensajes y muy poco amigo de que le planteen problemas que le distraigan de su objetivo.


A la derecha no le gusta ese Rajoy porque lo considera cobarde y acomplejado. A la izquierda tampoco le gusta porque no da miedo y eso arruina su mensaje. ¿Está en el centro la virtud? Eso es lo que diría la tesis de Pedro Arriola, pero lo cierto es que el equilibrio es algo más inestable que todo eso porque el centro como tal es una suma de sensibilidades de distintas procedencias unidas por la equidistancia de los extremos. Pero el centro no significa falta de tensión, en absoluto. En el centro también hay sangre en las venas, solo que desde un profundo respeto por las reglas del juego del Estado de Derecho y la legalidad democrática.

Hasta hace bien poco, Mariano Rajoy manejaba con bastante habilidad ese equilibrio en el que convivían la moderación propia de quien siempre se mantiene dentro del máximo respeto a las reglas del juego, y la firmeza en la oposición crítica a un Gobierno que las incumplía de manera sistemática. Pero de un tiempo a esta parte da la sensación de que el líder del PP ha perdido algo de pulsión, de su propio entusiasmo, y es difícil que ese entusiasmo se traslade a la opinión pública si quien debe transmitirlo no lo siente. ¿Qué ha ocurrido? Probablemente una suma de factores, algunos de los cuales hacen muy difícil al PP mantener cierta coherencia en sus mensajes, como lo ocurrido en la lista de Valencia para las elecciones autonómicas.

Enorme malestar

Me consta que el asunto ha generado un enorme malestar en el seno del PP, y que muy pocos entienden por qué Rajoy ha permitido que eso pasara, pero lo cierto es que era difícil para el líder del PP, habiendo cedido la primera vez en la candidatura de Camps, no seguirlo haciendo cuando éste ha presentado su lista a los comicios de mayo. Y, según parece, eso le está pasando cierta factura a Mariano Rajoy, incluso en su estado de ánimo, consciente de que Camps se ha tomado el brazo cuando le han dado la mano, y de que eso ha generado una tensión sobrevenida en el seno del partido, sobre todo entre los barones regionales y quienes aspiran a alcanzar la victoria el 22 de mayo.
«De un tiempo a esta parte da la sensación de que el líder del PP ha perdido algo de pulsión, de su propio entusiasmo, y es difícil que ese entusiasmo se traslade a la opinión pública si quien debe transmitirlo no lo siente.»
¿Sirve esto de excusa? No, sin duda, porque en política hay que asumir la responsabilidad de las decisiones que cada uno toma, y el haber dado el pase a la lista de Valencia pone en entredicho todo el discurso del PP sobre la corrupción y la necesaria limpieza ética en la vida pública española, y por eso Rajoy se encuentra incómodo cada vez que se le pregunta sobre el asunto. Camps podía tener un pase, pero toda una lista llena de imputados es excesivo. Que a Rajoy el asunto no le ha gustado nada lo evidencia su respuesta cuando se le pregunta por Ricardo Costa: “¿Costa? ¿Quién es Costa?”. Lo sabe de sobra, porque es difícil que se olvide de ese apellido dado todo lo que conlleva de sustos y disgustos en su reciente vida política como líder del PP.

Fíjense, no deja de ser curioso que siendo el Partido Socialista el que lleva más imputados dentro de sus listas electorales, todo el foco de atención caiga sobre el PP por la lista de Valencia, pero eso dice mucho también de las consecuencias que tiene el ceder ciertos espacios para que los colonice tu adversario. El PP debería de haberse presentado en estas elecciones como el partido de la regeneración ética, y no puede hacerlo. Tampoco puede hacerlo el PSOE, pero eso no debe ser un consuelo para Génova 13, por más que le permita acudir a las urnas en igualdad de condiciones.

Hasta ahora el discurso del PP le situaba por encima de todo lo que estaba haciendo el Gobierno socialista de Rodríguez, le aportaba mucha más credibilidad porque aunque la propaganda oficial incidiera en la reiterada -y falsa- falta de apoyo del PP a las reformas, lo cierto es que lo que en definitiva traducían las encuestas es una confianza del ciudadano en que la alternancia política podría servir para cambiar el clima y llevar a cabo reformas que de verdad sirvieran para arreglar las cosas. Le faltaba al PP ser el partido que, además, abanderara la lucha por la regeneración ética de la vida pública, y ya no puede hacerlo.

La salida para Rajoy de este atolladero no es fácil, pero lo primero que debe hacer es volver a recuperar el tono, porque haciendo concesiones al adversario como ocurrió ayer en Berlín no es como mejor se consigue el entusiasmo del electorado. Y es necesario recordar que si el PP está hoy por delante en las encuestas es porque la mayoría de la gente siente un profundo rechazo hacia Rodríguez Zapatero.

¿Dónde está Rajoy?

Ese equilibrio era el que antes sabía manejar Rajoy, y el que anulaba con bastante eficacia las críticas de una y otra parte. La firmeza en la oposición a Rodríguez y a lo errático de sus políticas contrarrestaba el discurso del acomplejamiento proveniente de la derecha, pero al mismo tiempo ese escrupuloso respeto a las reglas del juego combinado con la responsabilidad en los momentos más difíciles -apoyo al FROB, la lucha contra ETA (a pesar de los pesares), la guerra de Libia, los ataques de los mercados, etcétera- hacía lo propio con el discurso izquierdista del miedo a la derecha y a sus políticas neoliberales. ¿Dónde está ese Rajoy? Eso es lo que se pregunta buena parte de la gente que está dispuesta a votarle en las próximas elecciones generales, gente que en muchos casos había votado al Partido Socialista en ocasiones anteriores y que había encontrado en el líder del PP a un hombre moderado, tranquilo, poco carismático pero que transmitía bastante confianza en que sabía lo que tenía que hacer, y eso era sin duda lo más importante.

Pero en los últimos días ese Rajoy parece haberse visto superado por los acontecimientos, y arrecian los ataques contra su persona de uno y otro lado, con razón o sin razón -yo creo que lo segundo-, pero lo cierto es que el líder del PP necesita más que nunca hacer un gesto de firmeza dentro de su partido, volver a transmitir la fiabilidad y la confianza que el electorado precisa para que el PP mantenga su ventaja y no se resienta de los movimientos tácticos de un socialismo en descomposición, pero todavía vivo.


El Confidencial - Opinión

Manifestación. La rebelión continúa. Por Regina Otaola

No caigo en el pesimismo porque viendo la fuerza y el convencimiento de esa rebelión cívica que se está consolidando, creo que al final se impondrá la cordura y la sensatez, la justicia y la dignidad.

La manifestación convocada por la AVT fue un éxito de participación ciudadana, una muestra clara de que los españoles no se rinden sino que siguen exigiendo sin desmayo la derrota del terrorismo. La rebelión cívica iniciada en noviembre con la convocatoria de Voces contra el Terrorismo continúa viva, muy viva. ¿La razón? El convencimiento de que ETA seguirá estando en los ayuntamientos, esta vez de la mano de Bildu. Convencimiento basado en la trayectoria torticera de este Gobierno.

Las frases que se oyeron a lo largo de las dos horas y media son una muestra clara de que los españoles que allí estábamos no solo no confiamos en este Gobierno, sino que le pedimos por los medios que tenemos a nuestro alcance que dimita, que se vaya. Un descontento tan patente evidencia, sin lugar a dudas, que este Gobierno lo está haciendo rematadamente mal en materia antiterrorista. Sigue empecinado en ganar la medalla de la paz de espaldas a las víctimas, a los ciudadanos y a la ley. Todo lo mide y manipula en función de su utilidad para llegar a conseguir ese objetivo, sin querer darse cuenta de que se están quedando sin el apoyo de lo más valioso que España tiene hoy en día: las víctimas del terror, sean de ETA o del 11-M. Una soledad que se va agrandando a medida que transcurre la legislatura: el sábado estaban presentes prácticamente todas las asociaciones de víctimas, estaba el PP, estaba UPyD, y no solo los medios de comunicación que siempre están al pie del cañón, sino otros muchos más.

Faltaban los de siempre, los nacionalistas; esos que solo apoyan al Gobierno si sacan algo de provecho, pero que en realidad lo desprecian radicalmente. También faltaban los socialistas, claro, pero a ellos nadie los esperaba.

Algunos piensan que ahora el Gobierno podría reaccionar, que podría escuchar a los miles y miles de ciudadanos que ayer salieron a la calle, pero me temo que no va a ser así. Seguirá por el camino que se ha trazado, con las orejeras puestas. Sin embargo, no caigo en el pesimismo porque viendo la fuerza y el convencimiento de esa rebelión cívica que se está consolidando, creo que al final se impondrá la cordura y la sensatez, la justicia y la dignidad. Si queremos ser verdaderamente libres debemos seguir exigiendo al Gobierno el respeto que nos merecemos.


Libertad Digital - Opinión

De mal en peor. Por M. Martín Ferrand

Las mociones de censura no son solo para ganarlas; sino para poner en evidencia la torpeza de un Gobierno.

LOS sondeos electorales tienden a ser más imprecisos y menos fiables cuanto más próxima está la fecha de los comicios que se tratan de escrutar. El revuelo y el ruido que provocan las campañas nos confunden a todos y, según sea la devoción de cada elector potencial, pueden influirle la confianza en el éxito o la tribulación por la hipótesis del fracaso venidero. Hace solo unos meses parecía rotunda la próxima victoria del PP en las elecciones autonómicas y municipales de dentro de cuarenta días e incluso, con mayoría absoluta y todo, en las legislativas del año que viene. El pronóstico sociométrico se completaba entonces con la observación del fracaso, objetivo y mensurable, de las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero, de repente, desde que el decadente líder socialista anunció su retirada, las cosas ya no están tan claras y el PSOE, responsable único de la catástrofe en la que nos hemos instalado, parece reanimarse.

Este pasado fin de semana, El Mundo ha estimado, con una encuesta de Sigma Dos, que el «lastre» de Zapatero es de 9 puntos y, en consecuencia, el PSOE reduce a la mitad la distancia que, en expectativa de voto, venía separándole del PP. Para quienes, a la vista de su política y la escasez de sus líderes, entendemos como no deseable una continuidad socialista en el Gobierno de España y, por ampliación, en algunas Autonomías y en muchos Ayuntamientos encastillados en el puño y la rosa, la variación demoscópica resulta inquietante. Ya no está tan claro el pronóstico electoral inmediato y menos aún el más lejano de las legislativas.

Son varios los lectores de ABC que, además de honrarme con su atención, reprochan mis observaciones críticas frente al PP. Es, desde siempre, el precio de la independencia; pero, cuidado, no conviene confundir los deseos con la realidad. Mariano Rajoy no es una fábrica de hacer amigos y, si las próximas victorias del PP no lo son con mayorías notorias, no llegarán al Gobierno. Eso exige un esfuerzo complementario de doble contenido, la búsqueda de entendimiento con los afines y un mayor señalamiento crítico de los errores del adversario con el argumento demoledor de la propuesta alternativa que se guisa en las cocinas de la calle Génova. De ahí la insistencia, ya vieja, que algunos mantenemos sobre la moción de censura a Zapatero. Algo que Rajoy desdeña con comodona displicencia. Las mociones de censura no son solo para ganarlas; sino, sobre todo, para poner en evidencia la vaciedad y torpeza de un Gobierno y presentar la potencialidad de la alternativa. Un zapaterismo futuro, sin Zapatero, es lo único peor que lo actual.


MEDIO - Opinión

Cataluña. Referéndum en el súper. Por Cristina Losada

El detalle que mejor exhibe la calidad de la simulación y las garantías que la rodeaban es el lugar donde se custodiaban –es un decir– los recipientes: en los almacenes de un supermercado.

La parodia de referéndum que culminó este domingo en Barcelona con la expresa bendición de la Abadía de Montserrat, de antiguo conversa a la religión nacionalista, logró aquello por lo que suspiran celebrities, políticos y aspirantes al cuarto de hora de fama: minutos y minutos de publicidad. Fuese en la cadena al servicio de la Generalidad, fuese en la cadena pública española, fuese donde fuese, pues fue, la mascarada no sólo obtuvo el privilegio del anuncio extenso, sino el impagable favor de que se asimilara a una consulta formal y seria. Esto es, tal y como si los recipientes acristalados fueran urnas, los papeles que contenían fueran votos, las mesas estuvieran instaladas en colegios electorales y la farsa toda se tratara de un auténtico referéndum, no menos verdadero por su carencia de efectos "vinculantes".

Más que una gran participación del público, cuyos límites son bien conocidos, los organizadores, miembros de esa sociedad civil fantasma que es mero apéndice del poder, buscaron ese efecto óptico. Así, revistieron la charlotada del ropaje que se reserva para las convocatorias regladas. Pero hasta una consulta de las que se celebran en cualquier república bananera guarda mayor respeto a los procedimientos homologados que la estafa orquestada por los nacionalistas catalanes. Desde diciembre hasta abril ha durado la "votación", cuatro meses durante los cuales entre siete y diez mil voluntarios han perseguido a sus presas por calles y plazas. Por si escaseaban las capturas, rebajaron la mayoría de edad política a los dieciséis y concedieron, generosos, el "derecho de voto" a inmigrantes. Aunque el detalle que mejor exhibe la calidad de la simulación y las garantías que la rodeaban es el lugar donde se custodiaban –es un decir– los recipientes: en los almacenes de un supermercado.

Esa fraudulenta votación que Jordi Pujol califica de "radicalmente democrática", y a la que el PSC reconoce una participación "notable", debería pasar a la historia de la truhanería política como el referéndum del Bon Preu, que tal es el nombre del acogedor súper. No sólo en honor del hospitalario establecimiento, sino como síntesis del señuelo que ofrece el nacionalismo catalán: la independencia como un gran negocio. Y desde luego que lo es el camino hacia ella. Hasta el día de hoy, los dos grandes partidos siempre han dado a los promotores del secesionismo la plena seguridad de que sus maniobras les salen gratis. Qué digo gratis. Aún los premian.


Libertad Digital - Opinión

Un paseo por el monte. Por Ignacio Camacho

CiU tiene responsabilidades institucionales poco compatibles con el respaldo de sus líderes a una mascarada.

FELIPE González solía decir que los partidarios de la autodeterminación perderían un referéndum en el País Vasco o en Cataluña… pero podrían ganarlo si la consulta se efectuase en el resto de España, por hartazgo de la milonga soberanista. Estos discursos conviene modularlos para no dar pie a visceralidades en un momento de eclosión antipolítica y fuerte crisis de representación, y los primeros obligados a dejar de jugar a aprendices de brujo son esos dirigentes autonómicos que están todo el rato afilando una navaja con la que pueden acabar cortándose las manos. Más o menos es lo que vienen haciendo Artur Mas, Pujol y otros gerifaltes del nacionalismo catalán, gente que pasa por seria y fiable —por lo general con motivo— pero que últimamente ha dado en desbarrar con el bucle melancólico de la independencia. Se trata de una estrategia peligrosa y llena de contradicciones cuyo control se les puede escapar a poco que midan mal el cálculo de sus ambigüedades.

Porque sucede que Convergencia es el partido de gobierno en Cataluña y tiene unas responsabilidades institucionales que no parecen compatibles con la participación de sus líderes en un referéndum de la señorita Pepis. No al menos sin parecer cómplices de una mascarada y sin perder la consideración de personas de confianza. El desdoblamiento de personalidad no suele funcionar bien en política, sobre todo a la hora de ganar estabilidad y respeto; es mal negocio ponerse la corbata de gobernante para lanzar emisiones de bonos en días laborables y quitársela los fines de semana para darse un paseíto por el monte del radicalismo. Y si se vota a favor de la independencia en las urnas de pega y en contra en las del Parlamento, la gente acaba por hacerse un lío. Las instituciones exigen una cierta coherencia incluso para mentalidades tan anfibológicas como la del nacionalismo.

El pospujolismo de Mas ha fijado su objetivo de legislatura en un pacto fiscal equivalente al concierto vasco. Lo va a obtener, con más o menos disimulo legal, salvo en la improbable hipótesis de que el PP obtenga mayoría absoluta en 2012; los nacionalistas tienen décadas de experiencia en el mercado negro de la política. Por eso carece de sentido que para calentar el ambiente coqueteen con la autodeterminación en esa eterna amenaza de echarse al monte, aunque luego sólo lo hagan los domingos y preferentemente para coger cebollinos. Cataluña es una sociedad muy seria para esta especie de soberanismo de calçota day parodias seudodemocráticas de centro cívico. Hasta ahora, el Gobierno de CiU ha mostrado una sensibilidad responsable que se corresponde mal con salidas victimistas de pata de banco. Los cortejos con la radicalidad siempre terminan de mala manera, y el monte propiamente dicho hace tiempo que la Generalitat lo tiene bajo su competencia de autogobierno.


ABC - Opinión

Zapatero ningunea otra vez a las víctimas

Las víctimas vuelven a ser, como en la anterior negociación, un incordio perfectamente ignorable en aras de un mejor entendimiento con los verdugos.

Nos encontramos ante la puesta en escena de una próxima negociación entre el Gobierno y el entorno etarra. Para verificarlo no hay más que seguir las iniciativas políticas del segundo y las siempre conciliadoras intenciones del primero. Durante la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero junto al presidente de Colombia, ZP animó a Bildu a estar en las elecciones. A cambio sólo pide que la formación profundice en unos pasos que, según dice, "algunos parece que quieren dar".

Tanta retórica hueca no tiene otra función que tender una mano al partido que ya se ha constituido como opción B de Batasuna después de que el Tribunal Supremo impidiese a Sortu presentarse a los comicios de mayo. El Gobierno insiste de este modo en hacer gestos de cara al entorno etarra para que modifiquen un par de cuestiones estéticas y concurran a las elecciones como cualquier otro partido. Bildu no es, sin embargo, un partido cualquiera.


Todo indica que tras esa palabra en vascuence –Bildu significa "reunir"– se esconde la Batasuna de siempre debidamente camuflada para pasar inadvertida y así consolidar y acrecentar su presencia en los ayuntamientos. No es casualidad que Bildu haya tachado de "incidente" el tiroteo del pasado fin de semana en Francia entre dos terroristas de la ETA y un gendarme que resultó herido en la refriega. Es el mismo lenguaje que utiliza la banda y, por ende, sus terminales mediáticos y políticos. Lo que para los dirigentes de Bildu no pasó de incidente fue, en resumidas cuentas, un intento de asesinato en toda regla, por más que Zapatero no quiera verlo y Rubalcaba se empeñe en hacernos creer que la reacción de Bildu ha sido un simple "sarcasmo".

Sabemos, pues, que la ETA sigue armada y plenamente operativa a pesar de un presunto alto el fuego que se ha terminado verificado en un intercambio de balazos. Sabemos también que está jugando al mismo juego que en 2007, cuando se sacó de la chistera dos formaciones políticas diferentes para colarse en las instituciones. Ahora sólo falta que el Gobierno admita ambos extremos y deje de flirtear con los representantes políticos de la banda.

No vendría tampoco mal que Zapatero, que tanto y tan bien se acuerda de Bildu para que sea "contundente en el rechazo a la violencia", pensara un poco en las víctimas, porque en su intervención no ha hecho ni una sola mención a ellas, a pesar de que el sábado pasado se manifestaron de un modo masivo en Madrid. Las víctimas vuelven a ser, como en la anterior negociación, un incordio perfectamente ignorable en aras de un mejor entendimiento con los verdugos.


Libertad Digital - Editorial

lunes, 11 de abril de 2011

Estupidez y misterio. Por Félix Madero

Sin capacidad para la sorpresa y la esperanza de esta política y estos políticos, me quedaréen casa el día 22

NO tengo inconveniente en hacer público mi voto el 22 de mayo: no votaré. Es la primera vez que me quedaré en casa. Ni siquiera contemplo la posibilidad del voto en blanco porque no sé qué significa y porque envía mensajes de aceptación de las cosas, lo contrario de lo que pretende. Espero que se entienda que hablo de mí, que nada aconsejo ni a nadie llamo en este lance que, lejos de tranquilizarme, me deja perplejo y con la sensación de estar haciendo algo indebido; no sé, como traicionándome. Hago esta observación no sea que la Junta Electoral, ese terreno de arenas movedizas en el que mamonean socialistas y populares, me diga que mi comportamiento es antidemocrático y punitivo. Todo puede ser. Si ha sido capaz de dictar la forma en que las televisiones tienen que informar durante la campaña electoral por qué no me va decir lo que no puedo escribir.

No votaré. No ha sido una decisión dolorosa. No. Lo he visto tan claro, estoy tan seguro de lo que voy a hacer que me tengo como me siento: un ciudadano descansado y felizmente resuelto. Yo, que he votado siempre, en todas las elecciones menos en la Constitución porque aún no tenía edad; yo, que he hecho proselitismo de nuestra democracia hasta en situaciones que ahora me sonrojan; yo, que de jovencito asistí a mítines creyendo que estaba en una función solemne donde había sitio para la verdad; yo, que creí que la política lejos de ser una profesión era una actividad digna que engrandece a los hombres; yo, que di por seguro que mis ideas eran eso, mis ideas, y que nadie me las podría cambiar, y menos el partido que empecé votando; yo, que descubrí el efecto balsámico y reparador de votar con la cabeza y no con la razón; yo, que creí que aquellos a los que votaba tenían un punto de justicia y beneficencia que los hacia especiales; yo, sin capacidad para la sorpresa y la esperanza de esta política y estos políticos, me quedaré en casa el día 22. Como Brassens, pero sin la música militar que nunca le supo levantar. Ahora el abanderado no viste de caqui, lleva ropa de domingo y flamea al viento un trapo con el logotipo de un partido.

Tenía y tengo argumentos concluyentes para no votar. Y, por qué no reconocerlo, algunas dudas. Pero ha sido saber que PP, PSOE, CiU, CC e I.U llevan en sus listas decenas de imputados por corrupción y dar por resuelta mi incertidumbre. Hasta aquí hemos llegado. El 22 de mayo haré lo que Claudio Magris aconseja en las ocasiones en las que creo vivir momentos severos y ceremoniosos: reírme. Esto es lo que haré: cogeré las papeletas con los nombres de los imputados bien señalados, las pondré encima de la mesa y haré que me sobrevenga un ataque de risa. La risa desmitifica al gran ídolo poderoso de la política: la estupidez disfrazada de misterio.


ABC - Opinión

Manifestación. Ocultaron la pedagogía política. Por Agapito Maestre

El sábado, los convocantes insistieron en que no era una manifestación contra el Gobierno, sino contra una posible participación de ETA en las elecciones de mayo. Raro.

Sensaciones extrañas sintieron los participantes en la manifestación convocada el sábado por la AVT. Sabores agridulces dejaron los correctos y larguísimos discursos de los intervinientes en los cientos de miles de asistentes. Hubiera bastado una frase de un orador, sólo una, para que los reunidos el sábado pasado en Madrid se hubieran sentido satisfechos de quienes hablaban por todos los asistentes, pero esa frase nunca fue dicha, a pesar de que fue coreada por los propios manifestantes durante el trayecto que va de la Glorieta de Bilbao a la Plaza de Colón. La frase es sencilla de retener: "Zapatero, dimisión por negociar con ETA".

Pero, por desgracia, los oradores nunca pidieron tal cosa; por supuesto, tampoco fue el argumento fundamental de sus parlamentos. Tuve la sensación de que los oradores ocultaban algo, aunque prefiero pensar que olvidaron, como olvidó Rajoy, que Zapatero había negociado con ETA, casi, casi, desde que llegó al poder, e incluso después del atentado de la T-4. Ese olvido es un gran error. He ahí el comienzo del fin del movimiento cívico iniciado, hace ya años, por el bueno de Alcaraz. He ahí, en fin, otro triunfo de la casta política sobre la última "esperanza" para hacer Política con mayúscula. En todo caso, es menester reconocer que esa manifestación fue un acto político y, por lo tanto, susceptible de ser interpretada en términos, naturalmente, políticos. Eslóganes, motivaciones y convocantes tienen que ser objetos de análisis políticos al margen de las buenas o malas intenciones que aniden en los organizadores. Y, por supuesto, los discursos de los oradores han de ser contrastados de acuerdo con los asistentes.


La manifestación del sábado convocada por la AVT y otras asociaciones de víctimas del terrorismo no es ajena a ningún enjuiciamiento político. Ya está bien de considerar a la víctima como un "melifluo" objeto de compasión o un abstracto referente moral. La víctima del terrorismo es, sobre todo, un actor político más en el proceso del debate público de la democracia española. Precisamente, porque la víctima nos ha permitido ejercer la ciudadanía a millones de españoles, es necesario recordarle que no olvide esa tarea de pedagogía política: la solidaridad con la víctima es una forma de cohesionar la nación, o mejor de hacer nación. Por lo tanto, la manifestación del sábado fue, obviamente, un acto político. ¡Qué otra cosa puede ser una manifestación de cientos de miles de individuos reunidos para protestar contra los cambalaches de Zapatero con la ETA!

El sábado, sin embargo, los convocantes insistieron en que no era una manifestación contra el Gobierno, sino contra una posible participación de ETA en las elecciones de mayo. Raro. Una convocatoria con ese distingo mueve a suspicacia, sobre todo si tenemos en cuenta que las asociaciones de víctimas del terrorismo, independientemente del juicio que tengan de ella los partidos políticos, son agrupaciones de un alto valor cívico y político; las asociaciones de víctimas, especialmente desde el punto de vista pedagógico, nos han enseñado, reitero, que la víctima de un atentado no es sino un caso particular, singular y terrible, de un atentado contra la nación, es decir, las víctimas del terrorismo somos todos los españoles. Los muertos, heridos, lesionados, torturados, en fin, todas las victimas cayeron por ser, simplemente, españoles.

Las oradores del sábado, sin embargo, olvidaron la lección política fundamental del propio movimiento de víctimas del terrorismo, a saber, si un Gobierno quiere integrar en los espacios legales a los criminales de ETA, es necesario pedir su dimisión.


Libertad Digital - Opinión

Consultas catalanas. Por José María Carrascal

Amagan, pero no dan. Usan el independentismo para ganar votos y extraer las mayores concesiones posibles.

SI la hipocresía es el homenaje que la virtud rinde al vicio (Oscar Wilde), esas «consultas soberanistas» que han venido celebrándose en Cataluña constituyen el mayor monumento a la hipocresía de los últimos tiempos. Primero, porque pretenden demostrar lo contrario de lo que realmente muestran. Segundo, porque se trucan los resultados de forma escandalosa. Y tercero, porque no se lo creen los propios convocantes. En una palabra: son un timo. No dudo que haya incautos que piquen, como en todos los timos. Pero tanto en su forma como en su fondo, estamos ante la versión política del timo de la estampita.

La primera impostura viene de su nombre: consultas soberanistas. Dando a entender que se trata de un referéndum por la independencia. Pero los convocantes saben perfectamente que esas son palabras mayores que asustan a mucha gente, así que les han puesto un nombre que luce mucho y compromete muy poco. La segunda impostura es la de los resultados. «El 90, el 80 por ciento han dicho sí», claman los titulares. Olvidando que la participación ha sido escasa. Todavía en los pueblos, donde todos se conocen y aburren, acuden, pero en las ciudades, cuanto más grandes son, menos afluyen, estimándose que la media será del 18 por ciento. Que es el porcentaje de independentistas de verdad que viene dándose en Cataluña. Son los que han acudido, el resto tenía cosas más importantes que hacer. Lo que significa que un 82 por ciento no desea en mayor o menor grado la independencia.


La última impostura es la más escandalosa y Convergencia la personifica: apoyó la consulta soberanista del domingo, pero el miércoles va a abstenerse cuando el Parlament vote la «declaración de independencia» que ha presentando el partido de Laporta. Dejando al PP y al PSOE que se la carguen. Y quedando como lo que realmente son: como unos independentistas de boquilla, pues nadie mejor que ellos saben que la independencia no favorece a Cataluña. Amagan, por tanto, pero no dan. Usan el independentismo para ganar votos por un lado y para extraer las mayores concesiones posibles al Gobierno español por el otro. Es el juego que vienen practicando desde la transición y les ha ido muy bien. A ellos. Otra cosa es, al pueblo catalán.

Pues me atrevo a decir, a la luz de los hechos, que el nacionalismo está representando un enorme lastre para Cataluña. Si ha perdido rango respecto a otras regiones españolas que iban muy por detrás de ella, se debe precisamente a esa carga adicional. ¿Han intentando ustedes conducir con el freno de mano alzado? Pues eso representa el nacionalismo en el mundo global de nuestros días. Aunque déjenme añadir que el mayor freno de la Cataluña actual es su clase política, tan inútil, tan corrupta, tan alejada de los intereses de la gente como la del resto de España.


ABC - Opinión

PP-PSOE. 7 puntos no es nada. Por Emilio Campmany

El castigo a su obstinación por esperar ser presidente como quien espera la caída de la breva madura, será el ver cómo un pierna como Freddy se la afana justo cuando está a punto de caer.

Si para Carlos Gardel veinte años no es nada, para Freddy siete puntos es menos que nada. Se me dirá que nuestro Rubalcaba no tiene nada que ver con el gran Gardel, pero podría muy bien ocurrir que quienes tengan que lamentar en marzo de 2012 que fue "por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar" sean los electores de Mariano Rajoy, obligados a invertir toda la tela que poseen en ese potrillo al que gusta aflojar al final. Si así fuera, quedarían todos como giles y el pobre Mariano como un cándido otario, similar a tantos otros que aparecen en las letras de los tangos.

Para el PSOE de marxismo esmirriado y trinque en montonera que inventara Felipe González durante los años de la Santa Transición, con vocación de no soltar la manija una vez agarrada, jamás estar a siete puntos a un año vista fue un problema. Si encima es Alfredito Rubalcaba el que ha de tocar el bandoneón, será pan comido. La única posibilidad que tiene Rajoy es que quien se ponga a la cabeza de la junta sea la pebeta catalana, tan joven y tan catalanista, que es pura carne de oposición, al menos hasta 2016. Pero, compadre, con Rubalcaba no se juega, ése timbea para ganar. No hay trampa, truco, tongo o camelo que no se conozca y que no esté dispuesto a emplear para luego poder cantar Volver, aunque seacon la frente marchita y las sienes bien plateadas por el tiempo. Le veremos entonces en todo lo suyo, repartiendo cargos, prebendas, brevas y mamandurrias como un cogotudo forrado.


Así que, si es finalmente Freddy quien se pone al frente de la barra socialista, bien porque lograra embaucar a la Chacón para que consintiera ser su número dos, bien porque fuera capaz de alzarse en las primarias, ya puede Rajoy irse despidiendo. Para que sepa lo que va a ocurrir, sus maltratados votantes podrían irle cantando Yira yira, poniendo especial énfasis en la estrofa esa que dice "Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás". El castigo a su obstinación por esperar ser presidente como quien espera la caída de la breva madura, será el ver cómo un pierna como Freddy se la afana justo cuando está a punto de caer.

Y esta pobre derecha obligada a elegir entre los que la difaman y los que la desprecian elevará su lamento:


"Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar".

Lo peor de todo será que quien se esté probando la ropa que Rajoy irá a dejar será Gallardón y entonces llegaremos a 2016 teniendo que elegir entre Freddy y Albertito. Como ven, por mala que sea, toda situación es susceptible de empeorar. Suerte grela.

Libertad Digital - Opinión

Post mortem. Por Gabriel Albiac

Nadie está tan blindado en su ficción de inexistencia como aquel que es de verdad inexistente.

SÓLO lo muerto no muere. Zapatero es cadáver. Eso hace, por primera vez, de él un adversario serio. Ocasión hubo para liquidarlo. Nadie se tomó la molestia: parecía un despilfarro usar tiempo e inteligencia en borrar a un don nadie. Entiendo la pasividad de Rajoy entonces: da como vergüenza aporrear a aquel a quien uno sabe incapacitado para una esgrima entre adultos. Ahora está muerto ya. Como tal, es invulnerable. Y, de pronto, la estrategia del PP puede estrellarse contra su vacío, en esa extraña coyuntura de un partido y un gobierno al frente de los cuales hay sólo un despojo. Los muertos son irresponsables. Aunque nos amarguen tanto la vida a los vivos.

Alguien debió recordar a los dirigentes del PP, tras la derrota de 2008, el postulado taoísta del Tratado del vacío perfecto: «¡Sutil! Sé sutil hasta el punto de no tener forma. ¡Inescrutable! Sé inescrutable hasta el punto de no hacer ruido. De ese modo, te erigirás en amo del destino de tu enemigo». Un muro de ausencia debe rodear al general de gran escuela: todo se mueve en torno suyo, él permanece inmóvil tras su opaca muralla.


Puede que fuera una opción inteligente. En la política, como en la guerra, gana aquel que no es esperado; aquel cuya existencia, o bien no se conoce, o bien se cree conocer demasiado. Rajoy había ofrecido batalla entre 2004 y 2008. Fue vencido. El cambio de estrategia se imponía. «El que sabe no habla», enseñaba Lao-Tsé; «el que habla no sabe». Guardó silencio. Dejó que desbarrase Zapatero. Y éste lo hizo, más allá de lo imaginable. Sobre las redes de silencio que su adversario tejía, el socialista no perdió una sola ocasión de enredarse en sus propias palabras. En marzo de 2012 había logrado sobrepasar el peor vaticinio electoral de la historia constitucional española. Los estrategas taoístas de la calle Génova creyeron ya ganada la partida.

Pasó entonces. En abril, Zapatero se declaró difunto. No dimitió, no se marchó. Se declaró difunto y permaneció en el cargo. Nos gobierna un muerto, desde entonces. Y fue como si una perversa caligrafía circular volviera en contra del PP su propia estrategia. Nadie está tan blindado en su ficción de inexistencia como aquel que es de verdad inexistente. Muerto, Zapatero se trueca en irresponsable. Sin que nadie de su partido esté obligado a heredar la responsabilidad atroz de la ruina nacional generada. Y todo puede volver al punto cero. Las primeras encuestas indican que la estrategia fue acertada y que el cálculo puede tendencialmente confirmarse. Todo cae sobre la memoria del pobre cadáver. Y, junto con el vínculo, su heredero —el que sea— rompe el capital maldito de imposibles hipotecas que la herencia ha generado.

De aquí a la fecha en la cual sean las elecciones generales, nada va a moverse. Ni en el PSOE ni en el Gobierno. El vacío juega a su favor ahora. Y el silencio. Y, en la medida de lo posible, el olvido, si no la piedad.

Sí, puede que acertara Rajoy tras 2004. Puede que la estrategia del vacío jugara a su favor, hasta hace dos semanas. Pero ahora quien no existe es Zapatero. Ni existe nadie en su nombre. Y la astucia de guerra zen queda invertida:

«—¿Cómo gobernáis el Estado?

—No gobernando.»

Porque lo muerto no muere. Sólo mata.


ABC - Opinión

Cataluña. Barcelona Decideix. Por José García Domínguez

Al punto recuerdo lo que dijera en su día dijo Julio Camba sobre el particular, aquello de que una nación se fabrica igual que cualquier otra cosa. "Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas", sentenció.

Certifico con el escándalo justo que TV3 premia con nueve minutos de telediario a los cuatro gatos domésticos que se han prestado a ejercer de figurantes en la performance secesionista de Barcelona. Y al punto recuerdo lo que dijera en su día dijo Julio Camba sobre el particular, aquello de que una nación se fabrica igual que cualquier otra cosa. "Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas", sentenció. De ahí que con un kilo de los de entonces se comprometiese a hacer de Getafe una nación oprimida. "Me voy allí y observo si hay más hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que hombres rubios". Algún tono cromático, claro, tendría preponderancia en las cabelleras de Getafe, "y este tipo sería el fundamento de la futura nacionalidad". Et caetera.

Con el tiempo, al fin consumado el proceso de la construcción nacional getafeña, "si alguien osara decirme que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de nación, le habría reducido al silencio", concluyó triunfal. Como siempre en Camba, broma muy seria tras la que yace la sórdida evidencia de que no cabe decirse nacionalista sin enfangarse, y hasta el último pelo de la cabeza, en la charca identitaria. Razón última de que el mito de la autodeterminación no remita a cuestión cuantitativa alguna, sino a una tautología pedestre. Así, imagínese por un instante que los extras de la comedia barcelonesa no hubiesen sido cuatro, sino cuatro millones. La cuestión, entonces, continuaría siendo la misma: ¿Y qué?

De hecho, si a las dizque naciones, tal como los creyentes predican, les asiste el derecho a la soberanía por el hecho de serlo, nada más peregrino que reclamar la autodeterminación. ¿A qué preocuparse por lo que opine la tropa de a pie si ese ente metafísico, la nación, existe al margen de los mortales que lo encarnan? ¿O acaso tendría alguna importancia cuanto barruntasen los catalanes de carne y hueso sobre el particular? Desventura, ¡ay!, que aboca a otro callejón lógico sin salida. ¿Pues con qué argumento impedir que los perdedores ansiaran ejercitar también el derecho presunto a la escisión, una y otra vez, hasta ver colmada su voluntad? Merda de país petit!


Libertad Digital - Opinión

La voz del honor. Por Ignacio Camacho

No corresponde a las víctimas dirigir la política de la nación pero no hay nación ni política que pueda ignorar su verdad.

LAS víctimas siempre tienen razón, incluso cuando no la tienen. Sus simpatías políticas, individuales o colectivas, pueden resultar tan opinables como cualesquiera otras, pero su indelegable sufrimiento en primera persona les otorga una legitimidad moral incontestable en la reclamación de justicia. Son las vestales de la libertad, encargadas de mantener encendido el fuego sagrado de la memoria del sacrificio de tantos inocentes. Les asiste el derecho a ser oídas con respeto porque tienen la razón de parte, porque la sangre derramada jamás les ha arrancado una sola concesión al rencor o a la venganza y porque su voz representa el honor de una sociedad herida.

La justicia que reclaman las víctimas no es sólo la de la detención y el castigo de los culpables. Es la derrota del impulso homicida que ha movido la mano de los asesinos y de sus cómplices políticos y sociales. Es la extinción sin condiciones de ETA y el aislamiento democrático de su entorno. Sin tapujos, sin componendas, sin pactos, sin contrapartidas. La única paz posible después de casi novecientos muertos que no servirían de nada si uno sólo de quienes han apoyado , comprendido o colaborado en su muerte obtiene el premio de un puesto de representación democrática. Eso es lo que piden cuando, en tardes como la del pasado sábado, levantan su clamor contra el compromiso acomodaticio, contra el legalismo posibilista, contra la tentación pragmática: que no nos conformemos con ninguna paz ficticia construida sobre autoconcesiones a la indiferencia o al olvido.

Cada vez que ante esas voces siempre alertas me asalta alguna duda, algún titubeo, alguna flaqueza, abro al azar el libro «Vidas rotas», de Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey. Allí está escrito el relato individual de cada asesinado por ETA; uno por uno, hasta 857, con sus nombres, sus circunstancias y su historia, en mil sobrecogedoras páginas que son las actas frías de un infame delirio de persecución política, de un escalofriante holocausto imprescriptible. Están las víctimas y sus victimarios, porque no basta saber quién murió sino quiénes los mataron, quiénes son los culpables de este dramático y brutal rito expiatorio impuesto por el exaltado designio de sometimiento social a través del crimen, la humillación y la violencia. Y es ahí, en esa conmovedora lista del horror, donde se encuentra la razón última de la resistencia democrática a cualquier modalidad, por remota que sea, de alivio, perdón o desmemoria.

El testimonio de cualquiera de esas vidas truncadas impulsa la necesidad de escuchar las razones de las víctimas para sentir, aunque sea preventivamente, desconfianza, susceptibilidad o recelo. Ojalá estén equivocadas; porque es cierto que no les corresponde a ellas dirigir desde el luto la política de una nación, pero no hay política ni nación que pueda ignorar su verdad profunda, demoledora e inconsolable.


ABC - Opinión

Jugar con fuego

La ronda de pseudo-referendos puesta en marcha hace año y medio en Cataluña por los grupúsculos independentistas culminó ayer su última etapa en Barcelona. La experiencia no alcanzaría más interés que unos juegos florales para consumo interno de una minoría si no fuera porque en ella han participado todos los consejeros de la Generalitat, con el presidente Artur Mas a la cabeza. Los dirigentes de Convergencia son muy dueños de permitirse ciertas frivolidades o de jugar al escondite con sus votantes, pues mientras los domingos votan «sí» a favor de la independencia, los miércoles lo hacen en contra o se abstienen en el Parlamento autónomo. Pero cuando se ocupan cargos de gobierno en la institución que representa al Estado español, lo mínimo que les exige la ciudadanía es coherencia y lealtad a sus juramentos. Resulta ilustrativa y sonrojante la incongruencia de la consejera de Justicia, Pilar Fernández Bozal, que no dudó en votar en la misma consulta soberanista que meses atrás combatió como abogada del Estado. Parece evidente que el voto de los consejeros responde a la consigna dada por Mas de participar en esta especie de divertimento dominical para no perder terreno entre la minoría independentista. Grave error. El presidente de Cataluña está obligado por la dignidad de su cargo a no jugar con frivolidad y menos aún con fuego. La excusa de que votó a título individual no sólo es inaceptable, es incluso hiriente para los catalanes, pues es como decirles que tienen un presidente constitucional sólo a tiempo parcial. Mas debería tomar nota de la irreprochable conducta de su compañero de coalición, Duran Lleida, que se ha negado a secundar la mascarada. ¿Con qué autoridad moral podrá exigir al Gobierno de la nación un trato de igual a igual quien instiga y anima a romper con el Estado? ¿Cómo compagina el voto por la independencia con pedir a los españoles que suscriban Bonos de la Generalitat? Se equivoca, también, al creer que su prestigio sale indemne del trance, pues esas consultas soberanistas son identificadas como el pasatiempo político de fin de semana de los radicales. Desde luego, no es inocuo este juego de la oca independentista. Aunque los datos que ofrecen los organizadores (indemostrables, por otra parte) arrojan unos resultados ridículos para sus expectativas, lo cierto es que se han puesto en marcha personal, equipos, material e infraestructuras públicas al servicio de una opción política que es muy minoritaria. La abierta complicidad de entidades municipales en la organización y ejecución, además de constituir una ilegalidad, supone un fraude a los intereses de la gran mayoría catalana, que es contraria a la independencia y está mucho más preocupada por los fuertes recortes presupuestarios de su Gobierno que por experimentos gaseosos. En lo que debe centrarse Artur Mas es en ajustar sus presupuestos sin sacrificar la salud de los ciudadanos, la educación de los niños o la atención a la tercera edad, en vez de perder el tiempo en pseudo-referendos que sólo pueden conducir a la frustración y la melancolía porque el rechazo a la independencia de Cataluña es general en esta comunidad y en el resto de España.

La Razón - Editorial

Fiasco ilegal en Cataluña

Dada la impasibilidad y la nulidad del Estado y de los dos grandes partidos nacionales, el nacionalismo tiene todo el tiempo del mundo para seguir ampliando mercado.

Después de meses de recogida de votos por toda Cataluña en un referéndum en el que podían participar los mayores de dieciséis años y los extranjeros, los organizadores de la consulta independentista cerraron ayer las urnas y anunciaron ufanos que un 21,3 % de los ciudadanos había secundado el llamamiento

De nada, por tanto, ha servido que Jordi Pujol y Artur Mas votaran anticipadamente e instaran a los catalanes a estas urnas con más convicción que cuando las papeletas cuentan. Menos aún han servido los fondos públicos destinados a los organizadores, amparados por las instancias oficiales. Y también menor ha sido el efecto del apoyo mediático, particularmente de TV3, que ha tratado esta iniciativa con clarines propagandísticos y grandes despliegues en sus "telenoticias".

La mayoría de la población catalana ha dado la espalda a esta flagrante ilegalidad que los nacionalistas pretenden colar como un éxito de participación, el colmo del civismo y una expresión pura de democracia. Lo que ha ocurrido durante los últimos días en Cataluña ha sido, sin embargo, una muestra de desprecio absoluto por las leyes y una dejación absoluta por parte de quienes deben procurar su cumplimiento.


La evolución de este esperpento de consulta deja en evidencia cómo funcionan las cosas en Cataluña: la abogada del Estado que redactó el informe sobre la manifiesta ilegalidad de la primera consulta, la de Arenys de Munt, es ahora la consejera de Justicia de la Generalidad y no ha dudado en participar con su voto en el montaje. Y esas consultas que en principio debían haberse prohibido, como se prohíben no pocas manifiestaciones, no sólo han sido toleradas, sino jaleadas por el tripartito primero y ahora CiU en una demostración palpable de lo poco que les importan las leyes a los gobernantes catalanes, de lo poco que significa para ellos la democracia, así como un ejemplo perfecto de la renuncia del Estado a ejercer sus competencias en Cataluña.


Se dirá que de este modo se ha podido comprobar el fracaso de la iniciativa, pero es también un mensaje para los promotores y valedores del secesionismo: en Cataluña vale todo y nunca pasa nada. Después de tres décadas de odio antiespañol institucionalizado, resulta sorprendente que sólo un tercio de la población -según encuestas más fiables que el disparate que concluyó ayer- se manifieste independentista. Pero dada la impasibilidad y la nulidad del Estado y de los dos grandes partidos nacionales, el nacionalismo tiene todo el tiempo del mundo para seguir ampliando mercado.


Libertad Digital - Editorial

La Fiscalía, en el proceso «de paz»

El problema no está en los fiscales. El problema fue el alineamiento del Ministerio Fiscal con un proceso de negociación.

LA pasada semana, los fiscales de la Audiencia Nacional aprobaron por unanimidad un comunicado en el que rechazaban las críticas que había recibido la Fiscalía por su actuación durante el proceso de negociación política entre ETA y el Gobierno en 2005-2007. La reacción de estos fiscales no resulta acertada, porque no se corresponde con los fundamentos de las críticas que pretenden rebatir, las cuales se dirigen contra los superiores jerárquicos que impartieron instrucciones para trasladar a los tribunales la estrategia negociadora del Gobierno con ETA. Además, bastaría comparar la actual plantilla de la Fiscalía de la Audiencia Nacional con la vigente durante el proceso de 2005-2007 para apreciar las significativas ausencias que se han producido por cambios de destino y abandono de la carrera fiscal. Y las razones son evidentes.

No son los fiscales los que deben darse por aludidos en unas críticas que recuerdan cómo, desde el cese de Fungairiño, las jefaturas de la Fiscalía ejecutaron un plan de cobertura legal del proceso de negociación. Así fue como dejaron de pedir medidas cautelares contra dirigentes batasunos, privando de eficacia a la ilegalización de Batasuna. También declinaron la defensa de sus propias acusaciones, llegando al extremo del juicio a Arnaldo Otegui por enaltecimiento de la etarra Olaia Castresana, en el que, según consta en la sentencia absolutoria, hicieron «acto de presencia, de forma conjunta, el representante del Ministerio Fiscal como la letrada del acusado, ambos sin toga», escenificación muy reveladora de lo que estaba pasando.

Las directrices de estos y otros muchos episodios del mismo tenor —«kale borroka», De Juana Chaos, Egunkaria— estaban resumidas en algunas frases célebres del Fiscal General del Estado, Conde-Pumpido. Frases en ocasiones metafóricas —«el vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino»—; en otras, sugerentes —«la Justicia no está para favorecer procesos políticos, pero tampoco está para obstaculizarlos»—; o muy directas, como cuando se preguntó públicamente «si no hemos demasiado allá», al ilegalizar la mitad de las candidaturas de Acción Nacionalista Vasca. El problema no está en los fiscales sometidos al principio de jerarquía, aunque su Estatuto Orgánico prevea mecanismos para no acatar, sin más, órdenes ilegales. El problema, más bien el escándalo, fue el alineamiento del Ministerio Fiscal con un proceso de negociación incompatible con el Estado de Derecho.


ABC - Editorial

domingo, 10 de abril de 2011

La procesión. Por M. Martín Ferrand

¿Qué energúmenos son esos que, en pleno siglo XXI, propugnan el culto del odio a las creencias ajenas?

NI siquiera Friedrich Nietzsche en el más anticristiano de todos sus libros, Aurora, se hubiera atrevido a proponer una procesión atea y, menos aún, por el tradicional barrio madrileño de Lavapiés, hoy internacionalizado por la inmigración, en el que el casticismo chulapón se bailó siempre un chotis con el cristianismo tradicional y excesivo en sus modos. Y, sin embargo, un grupito que se dice librepensador pretende que, el Jueves Santo, Madrid sea escenario de una liturgia atentatoria contra la fe católica y, más grave todavía, ofensiva para la cultura cristiana. A tal efecto han distribuido unos pasquines barrocos y anacrónicos para convocar a una procesión que no puede ser entendida, según su anuncio, como meramente atea y mucho menos por laica. Es radicalmente antitea en general y anticristiana en particular.

Como Voltaire, a quien la fe no le llevaba a comerse los santos crudos, le escribió a Diderot hace más de dos siglos y medio, «es impertinente adivinar lo que es Dios, pero es temerario negar su existencia». Y, niéguese o no, resulta inadmisible la falta de respeto con quienes no la niegan. ¿Qué energúmenos son esos que, en pleno siglo XXI, propugnan el culto del odio a las creencias ajenas y tratan de ridiculizarlas? La torcida intención de quienes convocan tan estrafalaria procesión se pone de manifiesto en su propio pregón, que encabezan con la imagen de un Nazareno. Eso no es negar la existencia de Dios, sino tratar de ridiculizar al Dios concreto de unos cuantos cientos de millones de personas que, a partir de Cristo y durante los últimos veinte siglos, con diversas formas, confesiones y liturgias, han mantenido la llama de una fe y la inmensa extensión de una cultura que es, precisamente, la nuestra. La de Occidente.

Los abuelos de estos majaderos, que lo son no por su falta de creencias, sino por la carencia de respeto con las ajenas, tenían más ingenio. En el Ateneo, cuando la República, convocaron una votación para decidir sobre la existencia de Dios y Dios perdió por un voto. Excesivo y provocador, pero ingenioso y privado. Reducido al ámbito de un grupito intelectual difícil para el escándalo. Sacar a la calle esa tensión es evidencia de que estamos en un país y en un tiempo enfermos en los que flaquean las neuronas de muchos individuos y, si las hubiere, también las del común.

La nueva delegada del Gobierno en Madrid, Dolores Carrión, como para subrayar el disparate, rechaza su competencia para autorizar o denegar la procesión atea. Dice que es asunto municipal. Eso es peor que la procesión misma. Es convertir a Dios en problema jurisdiccional.


ABC - Opinión

La lengua viva. Vasco, vascongado y eusquérico. Por Amando de Miguel

Me sigue maravillando que los llamados patriotas vascos (es decir, terroristas) tengan un "plan C" para entrar en las instituciones cuando la letra ha desaparecido del abecedario vasco.

Eduardo Fungairiño (siempre tan ilustrado) me aclara que en el siglo XIX la letra no existía en la toponimia vasconavarra. Ese vascuence castizo respetaba la , la y la . Lo de la y la , según el famosos jurisconsulto, "son imposiciones del vascuence artificial, conocido como euskera, que ha propiciado el PNV". Era una forma de distinguirse, ya que las diferencias raciales no pudieron mantenerse mucho tiempo. Me parece un razonamiento muy en su punto. Resulta curioso que un idioma pueda imponerse por decisiones políticas. Me sigue maravillando que los llamados patriotas vascos (es decir, terroristas) tengan un "plan C" para entrar en las instituciones cuando la letra ha desaparecido del abecedario vasco.

Miguel Los Santos Uhide llama la atención sobre un caso curioso. El célebre "bar Faisán" se llama así porque está al lado de la isla de los Faisanes, en el río Bidasoa, donde se celebró el primer encuentro entre Luis XIV y María Teresa de Austria. Lo curioso fue que el Rey de España no pagó el importe de la dote estipulada. No terminan ahí las curiosidades. Señala don Miguel que, acerca de la isla de los Faisanes, está la localidad francesa de Urruña. En ese caso los vascos de Iparralde utilizan la <ñ> para distinguirse del idioma francés, cuyo sonido se escribe . En cambio, en el la parte vascoespañola, esos mismos nacionalistas han decidido suprimir la <ñ>. Lo siento por mi hijo Iñaki, bautizado como Ignacio Javier.

Los anteriores son ejemplos de una locura léxica que ha acometidos a los vascos. Al politizar el vascuence, lejos de reforzarlo, van a conseguir que se desnaturalice y desaparezca. Sería una lástima. Para mí, como español y donostiarra de la adolescencia, se trataría de una gran pérdida cultural. Por cierto, gracias a los oficios de Ernesto Ladrón de Guevara y de Santi Abascal (padre), mi hijo Iñaki y yo vamos a tratar de publicar ahora un estudio sociológico que levantamos hace 20 años sobre el uso del vascuence en Álava. Se trata de una rareza bibliográfica que no ha podido ser publicada antes por extrañas razones que no logro explicar muy bien. En su día nos trajo algunos disgustos, pero, pasado el tiempo, todo se pacifica. No estaría mal que se publicaran otros muchos estudios sobre el uso de los idiomas en España. Es asunto de lingüistas y de sociólogos, pero interesa al público. Podríamos acordar, de entrada, que las lenguas no son "propias" de los territorios sino de las personas. Una misma persona puede hacer suyas dos o más lenguas. Es una apropiación que no paga impuestos. Tampoco quiero dar ideas.


Libertad Digital - Opinión

El desagüe. Por Ignacio Camacho

La descomposición del poder andaluz ha consumido en una semana el efecto gaseoso de la renuncia de Zapatero.

NO es una crisis, es una ruina. Y no afecta sólo al socialismo andaluz y a su largo régimen de hegemonía sin sobresaltos, sino a todo el PSOE, cuyos resultados electorales en España han dependido siempre de la cosecha de votos almacenada en los silos clientelares de Andalucía. Tras el grave retroceso sufrido por el zapaterismo en Cataluña, el hundimiento del granero del Sur aventura una catástrofe nacional que compromete el diseño de la operación sucesoria puesta en marcha por el presidente. Ya no se trata de la clásica disputa de patio trasero que se podía solventar sin mayores problemas desde el cómodo predominio de una dominancia virreinal; el ruido simultáneo de los escándalos del EREsfraudulentos, de los dudosos negocios de los hijos de Chaves y de la fenomenal bronca interna en la Junta y en el partido ha alcanzado el primer plano de la opinión pública y ha consumido en apenas una semana el efecto gaseoso de la renuncia de Zapatero. Es el futuro de todo el Partido Socialista lo que está en juego más allá de la posibilidad de que el PP de Javier Arenas obtenga o no la mayoría absoluta autonómica; la descomposición del entramado institucional y la pérdida masiva de respaldo popular en el feudo más tradicional dejan al futuro candidato del PSOE la gravosa herencia de una brecha en la retaguardia que constituye casi una garantía de fracaso.

Esa situación de auténtico destrozo interno es otro de los legados de un Zapatero inexplicablemente rodeado de la leyenda de poseer un adecuado manejo de los tiempos políticos. Su gestión estratégica en Andalucía constituye un ejemplo —otro más— de diseño calamitoso, de descomunal improvisación y de falta de visión a medio y largo plazo. La manera en que abrió la sucesión de Chaves, a destiempo y sin planificación alguna del relevo y de sus consecuencias, ha precipitado un formidable proceso de desintegración y fractura que muestra al aire las vergüenzas y abusos de treinta años de poder viciado, proyectándolas además al plano nacional en la persona del veterano virrey ascendido a la vicepresidencia del Gobierno para procurarle una jubilación confortable. Lejos de propiciar una renovación ordenada, el aclamado líder socialista se limitó a quitar el tapón de la bañera; en pocos meses, error sobre error, toda la ventaja acumulada en décadas de dominancia se ha ido por el desagüe, llevándose gran parte de las posibilidades de reconstrucción de un proyecto nacional agotado.

Resulta paradójico que sea en Andalucía, la menos zapaterista de las organizaciones territoriales del PSOE, la más apegada a la continuidad tardofelipista, donde se esté fraguando la derrota prematura del postzapaterismo. De momento, la trifulca fratricida y la escandalera de corrupción han neutralizado en unos pocos días la euforia artificial del descorchesucesorio. Aún no ha llegado lo peor; falta el hundimiento.


ABC - Opinión

Ataques a la religión

En los últimos meses, algunos sectores de la izquierda más trasnochada están protagonizando preocupantes ataques contra la religión católica. El pasado 10 de marzo, más de 50 personas entraron en la capilla de la Complutense y corearon consignas contra la Iglesia, además de que algunas de las asistentes se desnudaron de cintura para arriba. Pocos días después, el Teatro Nacional de Cataluña estrenó «Gang Bang», una obra de ínfima calidad que situaba a sus personajes en una sauna gay cercana a la Sagrada Familia y a pocas horas de que Benedicto XVI consagrase el templo; los insultos a lo católico abundan: un hombre cercano al Vaticano pacta una noche de sexo con otro varón, una catequista lleva en bolsas de basura un cáliz y una cruz de Sant Jordi. Mientras, el actor Leo Bassi era imputado por un juzgado de Valladolid por delitos contra los sentimientos religiosos, injurias y calumnias cometidos durante un espectáculo en el que parodiaba a Juan Pablo II y «consagraba» preservativos. En el ámbito político, hubo un maquiavélico intento frustrado, por ridículo, impulsado por el Gobierno socialista de Castilla-La Mancha de sustituir el término «vacaciones de Semana Santa» por «Descanso entre segundo y tercer trimestre». El penúltimo insulto a los católicos podría llegar el próximo Jueves Santo, si se celebra en Madrid, y ésa es la intención de los convocantes, una procesión atea que no pretende otra cosa que provocar e insultar con pasos denominados de forma tan hiriente como la «hermandad de la santa pedofilia» o «la cofradía del papa del santo latrocinio». No conviene relativizar ni tachar estos actos contra la Iglesia como anecdóticos por cuanto, aun siendo España un Estado aconfesional, son claramente anticonstitucionales, ya que en el artículo 16.1 de nuestra Constitución se garantiza la libertad ideológica y religiosa y de culto de los ciudadanos y las comunidades. Los españoles, les guste o no a estos profesionales de la ofensa y el escarnio, son mayoritariamente católicos, como se demuestra cuando un 71% de los alumnos –más de tres millones– eligen voluntariamente cursar Religión católica. Parece que una parte de la izquierda sigue enquistada en una de las características más significativas de la II República que dice mucho de su déficit democrático: el hostigamiento y la persecución de la Iglesia y los católicos o, dicho de otra manera, el desalojo del cristianismo y sus instituciones de la sociedad. Evidentemente, no se está reproduciendo con la misma virulencia y trágicas consecuencias de hace 80 años. Sin embargo, el sarpullido anticlerical y antirreligioso existe. Prueba de ello son estas algaradas incívicas y pseudoartísticas que reciben el aplauso y la connivencia de algunos, incluso desde los ámbitos académicos, culturales y políticos, que jalean estas iniciativas amparándose en la libertad de expresión para justificar el insulto, puesto que entra en colisión con la libertad ideológica y religiosa de la inmensa mayoría. El poder político y la Justicia deben aplicar la Ley e impedir cualquier acto excluyente en el que se ridiculicen y ataquen las creencias de todos y cada uno de los españoles sin excepción.

La Razón - Editorial

Programa: ambigüedad

El Partido Popular elude pronunciarse sobre aspectos clave de la realidad española.

El Partido Popular parece no tener otro programa que el de la ambigüedad. Instalándose en ella con una determinación que roza el absurdo, como la huida física de su líder, Mariano Rajoy, ante las preguntas que le obligarían a definirse, cuenta con llegar hasta las elecciones generales empujado por los buenos resultados que le auguran las encuestas. A menos de mes y medio para las municipales y autonómicas, y de un año para las generales, los dirigentes populares han dejado claro que tienen ganas de gobernar, pero aún no han explicado para qué. Confían, además, en que el debate sucesorio abierto en el Partido Socialista se acabe resolviendo a su favor. No porque se imponga uno u otro candidato, sino porque en el camino sean los socialistas en su conjunto quienes aparezcan divididos.

Ambigüedad es lo que el Partido Popular viene ofreciendo en materia económica, después de que el Gobierno haya emprendido las reformas exigidas para afrontar los problemas de la deuda. La insistencia en el adelanto electoral no parece tomar en consideración ni los intereses del país ni tampoco la experiencia que vive Portugal. La Comisión Europea cuenta con interrogar a los principales candidatos sobre los planes económicos en el caso de que llegaran al Gobierno. Es una pregunta que Mariano Rajoy, o no podría responder, o tendría que hacerlo desvelando las intenciones que, hasta ahora, ha mantenido rigurosamente ocultas ante los ciudadanos españoles.


También en materia de terrorismo el PP no ofrece más que ambigüedad. El hecho de que Rajoy evite pronunciarse sobre la política adoptada por el Gobierno no significa que callen otros dirigentes populares; es más, hablan para que Rajoy pueda seguir callando sin que, por ello, se sientan defraudados los sectores más radicales de su partido y de sus votantes. La manifestación convocada ayer por asociaciones de víctimas del terrorismo es un perfecto ejemplo de cómo actúa el PP. Rajoy ni confirmó ni desmintió su presencia hasta el último momento, mientras la secretaria general, María Dolores de Cospedal, anunció desde el primer momento su participación en la marcha, con otros destacados dirigentes y cuadros orgánicos del partido.

La aprobación de las listas para las elecciones municipales y autonómicas de la Comunidad Valenciana fue ambigua hasta hace dos días; ahora ya está confirmado que el Partido Popular tenía intención de faltar al respeto institucional y de vulnerar su propagandístico código ético, al incluir hasta 11 candidatos implicados judicialmente en casos de corrupción. La manera de actuar en este terreno puede ser considerado un indicio de cómo piensa hacerlo en los otros donde está evitando numantinamente pronunciarse. Si la apuesta del PP consiste en evitar la movilización de los electores que desconfían de él por su radicalismo, esconder el radicalismo detrás de la ambigüedad es una burla.


El País - Editorial

ETA fuera de las elecciones

De lo que se trata ahora es de evitar que ETA pueda concurrir a las elecciones municipales y más cuando ninguno de sus representantes "institucionales" ha hecho el más mínimo alegato serio, sincero y decente en contra de la violencia.

Mientras miles de españoles clamaban en las calles de Madrid contra la negociación con ETA y su participación en las próximas elecciones municipales, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, declaraba en el País Vasco que "ETA no ha cerrado la puerta y nosotros tampoco". Y ahí dejó la frase, válida lo mismo para un roto que para un descosido. La ambigüedad es una de las señas de identidad del Gobierno que más veces se ha reunido con los terroristas, así como la evidencia de que frente al terrorismo el PSOE aplica unos cálculos políticos que eliminan todo rastro de credibilidad en un discurso cuyo efecto más inmediato es ofender a las víctimas al tiempo que se ponderan los planteamientos de quienes no tienen más retórica que la de las pistolas.

Si como dice el ministro del Interior estamos ante el principio del fin de ETA no será precisamente por el delirante proceso llevado a cabo por el Gobierno durante la pasada legislatura. Y no será tampoco por las facilidades que se dieron a los cabecillas del aparato de extorsión terrorista en lo que constituye el caso Faisán del chivatazo a ETA. Si la banda está en una fase terminal eso tiene que ver con el rigor de algunos jueces y, sobre todo, con que los terroristas y sus voceros hayan visto seriamente limitada su presencia en las instituciones.


De lo que se trata ahora es de evitar que ETA pueda concurrir a las elecciones municipales y más cuando ninguno de sus representantes "institucionales" ha hecho el más mínimo alegato serio, sincero y decente en contra de la violencia; cuando su teórica desvinculación de la banda es negada por la propia trayectoria de los impulsores de las nuevas siglas, sean Sortu, Bildu, o cuando lo que se pretende con escaso disimulo es forjar una coalición en la que EA encarnaría el papel de caballo de Troya de las amenazas y la extorsión.

En cuanto al apoyo del PP a esta convocatoria, la tercera en los últimos seis meses y la única "bendecida" por Rajoy, parece obvio que en el dirigente popular ha hecho mella la agresiva campaña de la izquierda que equipara cualquier oposición a los planes y planteamientos del Gobierno con los postulados de la extrema derecha. Tal vez es en esos complejos donde haya que buscar las causas de la ausencia de Rajoy en la manifestación de Madrid. Sin embargo, considerar que su presencia en un acto de estas características puede ser un paso en falso en su camino hacia la Moncloa es tanto como renunciar a algunos principios fundamentales de su partido y de un amplio sector de la sociedad que le sostiene con sus votos, tan válidos como los que dice perseguir Rajoy en el caladero socialista. Dar la espalda a las víctimas del terrorismo y largarse a recoger un premio a Ponferrada no encaja con la teoría del PP sobre la materia.


Libertad Digital - Editorial

No más engaños a las víctimas

Un clamor popular exigió ayer al Gobierno socialista que la derrota policial y judicial de ETA incluya la extinción política de la banda.

LA multitudinaria asistencia a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo demuestra que el sentimiento de inquietud y preocupación por la presencia de ETA en las instituciones es real. El Gobierno no debe hacer oídos sordos, otra vez, a las víctimas de ETA, porque no están dispuestas a ser engañadas como en la anterior legislatura. Las víctimas saben que hay un riesgo cierto de que la banda consiga permanecer en los ayuntamientos vascos a partir del 22 de mayo. Si esto sucede, se deberá a una conjunción de factores que son los que ayer denunciaron las víctimas con toda legitimidad y razón. Factores que incluyen las asombrosas declaraciones a favor de legalizar Sortu hechas, entre otros, por el lendakari López; lendakari gracias al PP y a unas elecciones en las que ETA no participó por la Ley de Partidos Políticos. Factores como la calculada ambigüedad del Gobierno, que en el Supremo pide ilegalizar Sortu y ante los micrófonos afirma con solemnidad que «Sortu no es ETA». Y factores como la doctrina judicial de los votos particulares emitidos en la Sala del 61 y el la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que convergen en la legalización del proyecto político de ETA —así calificado por la mayoría de la Sala del 61— y, consecuentemente, de la negociación Estado-terroristas («caso Faisán»).

La detención continuada de «comandos» no es una estrategia original de este Gobierno y no sirve para despejar dudas. Sí fue novedoso y decisivo extender a partir de 2002 la persecución legal al frente político de ETA, de manera que sus testaferros —Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, ASB, PCTV, ANV, Sortu y otros de similar pelaje— unieron su suerte a la de los pistoleros. Hubo que esperar a una mayoría absoluta del PP, con José María Aznar al frente. Con la ley de Partidos Políticos, que tantas críticas apocalípticas recibió, se rompió la estrategia de vasos comunicantes entre votos y pistolas que ETA impulsó desde la Mesa de Alsasua, auténtico plan de colonización de las instituciones para hacer más eficiente su terrorismo y sus campañas de intimidación social.

Por eso, las víctimas de ETA que ayer se concentraron masivamente en Madrid no piden más detenciones. Piden que la derrota policial y judicial de ETA incluya su extinción política, porque, si no es así, no será una verdadera derrota.


ABC - Editorial