lunes, 22 de noviembre de 2010

Irlanda, con España en el horizonte

Es urgentísimo que el Gobierno acelere el ajuste presupuestario, reduzca la cuantía de las hoy inasumibles obligaciones financieras de la Seguridad Social, dote de flexibilidad a nuestra economía y, sobre todo, complete la privatización de las cajas.

No constituye ninguna sorpresa que finalmente Irlanda haya tenido que ser rescatada por la Unión Europea. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria que padeció el país como consecuencia de la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, su sistema financiero estaba condenado a quebrar y el Estado irlandés carecía de capacidad real para rescatarlo por cuanto el PIB de toda la economía era 10 veces inferior al tamaño de su banca.

Es probable que gracias a este rescate orquestado, de nuevo, a costa de los contribuyentes más ricos de la UE, los mercados abandonen su desasosiego de los últimos días y vuelvan a tranquilizarse; tal vez vivamos unas semanas o unos meses de injustificada calma, tal como sucedió tras el rescate de Grecia.

Sin embargo, haríamos muy mal en pensar que después de Irlanda, los países europeos ya han despejado todos los nubarrones que se podían presentar en su horizonte. Al contrario, de las preocupantes siglas de los PIIGS sólo dos letras han sido –parcialmente– recapitalizadas por la UE y el FMI. Quedan, por consiguiente, tres: Portugal, Italia y España.


Es muy probable que la economía lusa, esclerotizada por una década de crecimiento nulo y de expansión del Estado merced al déficit público, sea la próxima víctima en caer tras Grecia e Irlanda. El problema es que los bancos españoles tienen una elevada exposición a la deuda pública y privada de nuestro país vecino, de modo que su suspensión de pagos arrastraría a nuestra banca y, cuando nuestro Gobierno tratara de rescatarla añadiendo todavía más deuda a un ya de por sí abultadísimo déficit público, muy probablemente al Estado español.

Podría pensarse que nada de esto tiene por qué resultarnos especialmente problemático, en especial si la posición europea ha sido hasta el momento tan abierta a los rescates. Ahora bien, la cantidad de fondos que requeriría nuestra economía para superar una suspensión de pagos sería de tal calibre –alrededor de 300.000 ó 400.000 millones de euros– que es muy probable que nuestros socios comunitarios nos calificaran como irrescatables y nos dejaran quebrar, con todas las dramáticas consecuencias que ello acarrearía sobre los ahorradores, las empresas y los trabajadores.

Por eso es urgentísimo que el Gobierno acelere el ajuste presupuestario –minorando el déficit público todo cuanto sea posible, incluyendo de manera destacada el déficit público de las autonomías–, reduzca la cuantía de las hoy inasumibles obligaciones financieras con las que carga la Seguridad Social en materia de pensiones, dote de flexibilidad a nuestra economía para generar expectativas de crecimiento futuro (y con él de una mayor recaudación fiscal) y, sobre todo, complete el proceso de consolidación bancaria y privatización de las cajas de ahorros para que nuestras entidades de crédito vean reforzados sus fondos propios.

Sólo si se acometen sin más dilación estas cuatro reformas, nuestra economía podrá evitar un escenario como el griego o el irlandés pero sin la red europea. El Gobierno socialista parece haberse enrocado en el inmovilismo más suicida y la oposición espera impasible a que la crisis tumbe al Ejecutivo. La cuestión es qué país quieren legar a los españoles unos y otros: si un erial o una economía que tras un bache consiguió reponerse de las dificultades.

Si no tuviéramos la peor clase política de nuestra historia, desearíamos un pacto de Estado donde se acordara un plan que girara en torno a los cuatro puntos anteriores. Pero hoy tanto el PSOE como el PP ni tienen la voluntad ni la convicción de pactar nada que vaya en detrimento de su ideología y de sus perspectivas electorales. Sólo nos queda confiar o en la providencia o en la caridad de los alemanes. Por desgracia, a nuestros políticos electos, encargados y remunerados por gestionar la cosa pública, ni están ni se les espera.


Libertad Digital - Editorial

Castigo definitivo al tripartito

El PSC, además de pagar una mala gestión, está respondiendo por el travestismo ideológico y por pactar con una formación extremista como ERC.

LOS datos de la encuesta realizada por DYM para ABC sobre las elecciones catalanas del 28-N ofrecen dos conclusiones claras y ya conocidas. La primera es que CiU accederá al gobierno de la Generalidad con un número de parlamentarios cercano a la mayoría absoluta (entre 60 y 62 diputados). La segunda es que el tripartito sufrirá un duro revés, con la pérdida en conjunto de entre 15 y 16 escaños. Sólo los eco-comunistas de ICV se salvan de la quema, en la que caen los socialistas, con 6 actas menos y, sobre todo, los independentistas, con diez menos. Salvo que la última semana de campaña electoral movilice al electorado abstencionista, que rondará el 48 por ciento, el resultado se decantará por una vuelta del nacionalismo de CiU al poder que abandonó hace dos legislaturas. Escasa participación, desinterés ciudadano y mensajes repetitivos vuelven a ser los rasgos de unas elecciones dominadas por la rutina del debate nacionalista y victimista y el estancamiento de su clase política.

La variable que resta por despejar es la alianza que tendrá que firmar Artur Mas para ser investido presidente de la Generalidad porque la situación, según DYM, es que le faltan entre seis y ocho escaños. El CiU electoralista y soberanista no debería ser el CiU de gobierno. Normalmente no lo ha sido hasta ahora y, por esta trayectoria, sería deseable que una vez a las puertas de la Generalitat, Artur Mas se decante por la responsabilidad antes que por el maximalismo soberanista, que tampoco ha sido especialmente rentable al tripartito. Montilla, además de pagar una mala gestión, está respondiendo por el travestismo ideológico de su partido y por los costes de pactar con una formación extremista como ERC. Obviamente, a Rodríguez Zapatero le conviene un pacto entre CiU y PSC para reforzar su último cuarto de legislatura, pero a día de hoy parece altamente improbable. Sólo si CiU quiere estar en el postsocialismo de 2012 y en propiciar una alternancia en Cataluña, el Partido Popular sería el interlocutor más adecuado para ambos escenarios. La superación de prejuicios y discursos hostiles se antoja como un esfuerzo menor ante la necesidad de impulsar el cambio político a nivel nacional, que debe transitar por Cataluña ahora y por las autonómicas y locales de 2011, después. La disyuntiva de Mas es simple: aguantar a Zapatero en su sillón o dar el primer paso para una nueva etapa en Cataluña y en España.

ABC - Editorial

domingo, 21 de noviembre de 2010

Zapatero. Nada, que no se entera. Por José T. Raga

Usted, adalid de la izquierda, no puede tolerar que se flexibilice el mercado de trabajo; sí puede aceptar que haya cinco millones de parados, pero no que éstos disminuyan si para ello hay que flexibilizar.

Si fuera toro de lidia, eso que está prohibido en Cataluña, tiempo ha que le habrían mandado al corral, pues los avisos superaron con mucho los tres y, aunque siguen produciéndose, no vaya a creerse el presidente del Gobierno que no tienen límite. No es fácil suponer que a estas alturas el señor Zapatero aún no se haya enterado de la gravedad de la situación económica de nuestro país, aunque él prefiera desplazar la atención al efecto arrastre de la situación de Irlanda y de Portugal.

Tanto la Comisión Europea como el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional han advertido al Gobierno español, es decir al señor ZP –los demás, incluso el señor Rubalcaba, sólo pintan en la medida en que él esté dispuesto a darles ceras para pintar–, por activa y por pasiva, en no pocas ocasiones con apremios para su cumplimiento y siempre con desasosiego ante la reiteración, acerca de la urgencia de las medidas de reforma que precisa la economía española.


Hay que reconocer que, al comienzo, tales advertencias desencadenaron corridas por los pasillos de los equipos técnicos y de los equipos políticos para tratar de dar satisfacción a las peticiones de Bruselas. Tan así que las prisas llevaron a enviar informes que se corregían apenas pasadas unas horas para enmendar incluso argumentaciones sustantivas.

Pero como bien tiene confirmado la teología moral, a todo se acostumbra uno. El pecador, y aquí se trataría de un pecado económico, político y social, se siente perturbado la primera vez que peca, incluso las primeras veces, sin embargo, el pecador empedernido deja de sentir zozobra alguna ante su conducta, acabando por considerarla normal y justificada para el bien de la comunidad. Así, es de apreciar en estos momentos una actitud del presidente ajena por completo a cualquier conflicto con la Unión Europea y ausente a las reclamaciones que le llueven casi a diario. Cuando se refiere a los problemas de la economía española, se limita a situarlos en esa perversa institución que se identifica con los mercados.

Pues no, señor presidente. El responsable de su inacción es usted y sólo usted. Sus veleidades, quitando importancia a lo que la tiene –los graves problemas de la economía española– y mostrando al mundo entero su falta de decisión para afrontarlos, están creando dificultades adicionales al desenvolvimiento económico de nuestra nación. Esas recientes declaraciones de algunos empresarios, afirmando que la marca España, o lo que es lo mismo, la referencia española en el mundo hoy, es un verdadero lastre para la iniciativa en el desarrollo de las actividades económicas son una muestra de lo que se consigue con su talante y con su capacidad de elusión de las responsabilidades exigibles a un gobernante.

Tres eran los bloques de medidas que le exigía Bruselas para su inmediata puesta en marcha, y que cada una de ellas era parte de un objetivo último: la reducción del déficit público. Los tres bloques eran: la reforma del mercado laboral para dotarlo de mayor flexibilidad, a fin de ser un instrumento eficaz para la creación de empleo; la reforma del sistema de pensiones, pues su viabilidad financiera está más que cuestionada, tanto por la relación entre cotizantes y beneficiarios, como por la forma de establecer la base reguladora para el cálculo de la pensión, sin olvidar la relación actual entre años de actividad y años de supervivencia como pensionista; y, finalmente, el tercer bloque estaba constituido por la reforma del sector público –reducción del gasto público de forma acusada– y reforma también del sistema financiero, tanto en cajas de ahorro como en bancos.

Cuando Bruselas le conminaba a estas reformas, que calificaba de urgentes, no era para que usted dictara algunas normas que no pensaba cumplir ni hacer cumplir, sino para que pusiera en marcha medidas efectivas en todas estas materias, repito, en todas ellas, para que conjuntamente tuvieran el efecto que de las mismas se podía esperar.

¿Qué ha hecho usted señor presidente? Nada. Publicó el Real Decreto-ley 10/2010, de 16 de junio para la reforma del mercado de trabajo que, en lo que a flexibilidad se refiere, no ha tenido efecto alguno porque, usted, adalid de la izquierda, no puede tolerar que se flexibilice el mercado de trabajo; sí puede aceptar que haya cinco millones de parados, pero no que éstos disminuyan si para ello hay que flexibilizar. Las pensiones le producen un pánico pavoroso, con lo que ya se va deslizando que empezará a hablar de ello a mediados del año que viene, a ver si, con un poco de suerte –a cualquier cosa le llaman suerte–, se desplaza para la próxima legislatura, en la que quizá no esté ya al frente del Gobierno

La estructura del sector público, por su parte, sigue creciendo con más empleados públicos, con ese afán de reducir a cualquier coste las estadísticas de desempleados –tanto las reales como las oficiales, que no se las cree nadie–. Finalmente, el sistema financiero lo tiene usted hecho trizas, dedicado a comprar deuda pública que usted emite para financiar su mala administración, a la vez que ha despreciado una oportunidad histórica para reformar la legislación de las cajas de ahorros, de lo que espero que la historia le pida cuentas.

Por el momento, quien le sigue pidiendo cuentas y lanzando nuevos avisos es la Comisión Europea y las instituciones financieras europeas e internacionales. ¿Les quiere engañar como a los españoles? Aunque así fuera, a los que no engañará serán a esos malditos mercados que parece que le tienen declarada la guerra. ¡Ah! Por cierto, que a los españoles no nos engaña; lo que ocurre es que no tenemos otra alternativa que sufrir y aguantar.


Libertad Digital - Opinión

Crisis. La casta política, el gran problema económico. Por Emilio J. González

Es el defecto de nuestra democracia enferma, que elimina a los mejores a causa de un sistema electoral perverso.

No es muy normal ver a los empresarios meterse en política porque lo suyo es ganar dinero y no suele convenir a los negocios el meterse con el poder. Es más, hay empresas que buscan acercarse a los aledaños del mismo y medrar en él en beneficio propio. Además, en un país como el nuestro, enfrentarse a quien tiene en sus manos un arma tan poderosa como el BOE, y que no suele tener muchos escrúpulos a la hora de utilizarlo, puede ser bastante arriesgado. Por ello sorprende que las grandes empresas españolas hayan pedido al Rey un cambio de sistema electoral, cuando lo suyo no es eso, sino hacer negocios. ¿Qué les ha llevado a realizar semejante demanda, sabiendo que con ello no sólo se enfrentan al Gobierno, sino también a la oposición? Pues, evidentemente, que la crisis política e institucional que asola nuestro país impide que se solucione la grave crisis económica y social que está arrasando todo cuanto se le pone por delante y que podría desembocar en un desastre de dimensiones inimaginables, con la suspensión de pagos de España y, quién sabe, una posible ruptura de la unión monetaria europea, o con una salida de nuestro país del euro, con todos los desastres que ello implica. Vamos, que sería como un descenso a los infiernos. Pero analicemos con detenimiento lo que piden las grandes empresas y por qué.

Lo primero que demandan es un cambio de sistema electoral, y creo que tienen toda la razón. El modelo actual, basado en la ley d’Hont, impide con frecuencia la formación de mayorías parlamentarias estables, lo que deja al partido ganador de las elecciones en manos de las minorías nacionalistas, las cuales, lejos de pensar en el interés de España, en cuanto tienen la menor ocasión aprovechan para saquearla en un ejercicio de egoísmo sin límites y de deslealtad institucional sin precedentes. Lo cual, dicho sea de paso, se debe también al odio profundo que se profesan socialistas y populares y que les incapacita para ponerse de acuerdo en nada aunque con ello contribuyan a destruir lo poco que ya queda de este país.


A España le sale muy caro que los nacionalistas respalden a un Gobierno, sea del partido que sea, porque la factura que pasan por sus votos es cada vez más onerosa y siempre termina en lo mismo: en que el conjunto de los españoles acaben vampirizados por los intereses nacionalistas y por quien detenta el poder. Lo cual, si ya es de por sí grave, lo es mucho más cuando se tiene una casta política como la actual cuyo único interés es el ejercicio del poder por el poder en sí mismo, sin el menor principio, sentido de Estado ni nada que se le parezca. Pero es que, además, las medidas económicas que tiene que tomar este país necesitan mayorías fuertes y estables que las respalden, incluso en contra de unos agentes sociales que, como critican los propios empresarios, ya no representan a nadie, que no son más que parte del modelo socialista corporativista en parte heredado del franquismo y en parte impuesto por la izquierda en las negociaciones constitucionales que hoy hace aguas por todas partes. Lo que se tiene que hacer, que es mucho y muy importante, se tiene que hacer, sin que los nacionalistas o los agentes sociales tengan la menor capacidad de impedirlo porque ellos son parte del problema, no de la solución. Por ello hay que cambiar el modelo electoral.

El modelo electoral también es clave para contar con mejores y más preparados políticos. Personalmente, tengo serias dudas de que, con un sistema de listas abiertas como el británico, con unos diputados que se deban realmente a sus votantes, a su circunscripción electoral, en lugar de tener que obedecer a quien hace las listas, hoy Zapatero pudiera seguir en el poder. Es más, creo que hace tiempo, viendo su actitud ante la crisis, los propios socialistas ya lo hubieran desalojado de La Moncloa, como hicieron en su momento los conservadores británicos con Margaret Thatcher, o los laboristas con Tony Blair, cuando consideraron que ya no daban más de sí y que podían poner en peligro su reelección. Y lo mismo, probablemente, cabe decir del principal partido de la oposición, que tiene un líder elegido en un congreso a la búlgara y cuyo aparato no permite que surjan en el seno del PP alternativas al mismo que puedan poner en peligro sus privilegios y su poder. Ese es el quid de la cuestión, que explica por qué, con la que está cayendo, no hay elecciones anticipadas ni personas con credibilidad capaces de liderar la salida de la crisis con ese discurso de sangre, sudor y lágrimas que es necesario teniendo en cuenta tal y como están las cosas en nuestra economía. Es el defecto de nuestra democracia enferma, que elimina a los mejores a causa de un sistema electoral perverso; el precio que estamos pagando por ello es el de un paro que se acerca a los cinco millones de personas y el de una crisis que se adivina larga en el tiempo, sin esperanzas de que las cosas vayan a cambiar a medio plazo.

Nada de cuanto está ocurriendo con la situación política e institucional es neutral para las empresas y, por tanto, para la sociedad, porque son las empresas las que crean empleo y bienestar para todos, las que generan la riqueza necesaria que aporta los impuestos para que podamos tener pensiones, educación, sanidad, transporte público, etc. Es el empresario, en definitiva, quien saca adelante a este país, no el político, pero hay que ayudarle a hacer su trabajo y lo que no puede suceder es lo que está sucediendo en estos momentos: que la empresa española no encuentra financiación en el exterior porque los mercados no confían en nuestro país, con independencia de que nuestras grandes compañías sean multinacionales, entidades globales cuya solvencia económica no depende de la del Reino de España, sino del conjunto de sus negocios a nivel mundial. Pese a ello, los mercados, que se han cerrado para nuestro país, las castigan porque tienen pasaporte español y no se fían ni de un presidente del Gobierno que habla mucho, hace poco y siempre trata de engañar a todos, ni de un líder de la oposición que no trasmite la confianza necesaria acerca de su capacidad para sacarnos del pozo tan negro y profundo en que se encuentra hundida nuestra economía. Ya lo decía hace unas semanas The Economist: en este país ganará las elecciones el partido que se dé cuenta antes de que tiene que cambiar de líder. Eso, sin embargo, hoy por hoy no parece posible con nuestro sistema electoral, que se encuentra en el origen de nuestra enorme crisis política e institucional, la cual impide que se solucione la crisis económica. Todo va relacionado y la última se explica, en gran medida, por la primera.


Libertad Digital - Opinión

Política Alzhéimer. Por José María Carrascal

Zapatero y Rubalcaba están llevando esa jibarización de la política social a extremos indignantes.

¿QUÉ tiene que ver la «patria potestad» con el paro? ¿O la «muerte digna» con la crisis? Lo pregunto porque el Gobierno se dispone a engolfarse —que no viene de golfo sino de llevar una embarcación tan lejos que no pueda divisarse desde tierra— en un torrente legislativo que regulará ámbitos tan variopintos como las comunicaciones, el juego, la policía, el medio urbano, los residuos, el comercio, los servicios profesionales, el Museo Reina Sofía y así, hasta 26. Y como no puede dejar de ser él, intenta meternos de contrabando la descentralización de la justicia y la cooficialidad de las lenguas, para restaurar dos de los artículos del Estatut rechazados por el Tribunal Constitucional, tal como Zapatero ha prometido a los catalanes. Esto, al día siguiente de haber anunciado en el Congreso, con esa solemnidad reiterativa que se gasta en las grandes ocasiones, que su prioridad preferente es combatir el paro, a lo que dedicará todo su tiempo, esfuerzos y atención. Este es nuestro hombre, capaz de arrancarse por bulerías en pleno funeral o de tragarse un sable como si fuera un espagueti. El que convierte sus palabras en humo y sus promesas en otras promesas. El inventor de la «política alzhéimer», que se va borrando conforme se ha enunciando. Y encima, quiere que le creamos.

Que la izquierda, sin programa económico desde hace décadas, ha hecho de unos temas que llama sociales y son sólo personales —el divorcio exprés, el matrimonio homosexual, el aborto, la legalización de las drogas— el sustituto de una política social colectiva, lo sabíamos e incluso lo aceptábamos, pues algo tenía que hacer al quedarse en pelotas, y el sexo era lo más a mano. Pero embarcarse en esos temas con la crisis que tenemos encima resulta de una frivolidad, o malicia, que asusta. Con Zapatero y Rubalcaba llevando esa jibarización de la política social a extremos indignantes. ¿Es que piensan que los parados olvidarán su triste situación al enterarse de que los maltratadores perderán la patria potestad sobre sus hijos? ¿O que les consolará saber que tendrán una «muerte digna», cuando se mueren a diario moralmente? ¿Lo piensan de verdad? Al menos lo intentan, poniéndose a producir leyes como si fueran churros, para no dejarnos respirar con tal diarrea legislativa. Y si encima buscan boicotear la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, el escamoteo se convierte en sarcasmo intolerable.

Dan ganas de decirle aquello de «Zapatero a tus zapatos», es decir, a la crisis, que debería de ser su primera, segunda y tercera preocupación, como él mismo dijo. Pero recordarle sus palabras es tan inútil como contemplar la campaña electoral catalana sin soltar la carcajada.


ABC - Opinión

Uno. Por Alfonso Ussía

El Gobierno de Marruecos ha reaccionado después de los enérgicos rapapolvos de Rubalcaba y Trini. Y para demostrar su respeto al derecho de información, opinión y expresión, ha autorizado a dos periodistas españoles a entrar en el Sáhara. Rubalcaba ha aplaudido la medida calificándola de «un primer paso» hacia la normalidad informativa. Sólo dos periodistas de medios españoles. En realidad, uno. Porque el corresponsal de «El País», por lógica, será un corresponsal de Rubalcaba. No lo escribo con ánimo de crítica, sino como consecuencia de la trayectoria del periódico gubernamental, último clavo con el que cuenta el Gobierno socialista para esquivar el desastre que se le viene encima. Mi respeto al sentido de la libertad del diario «El Mundo» es absoluto. Pero por muy buena corresponsal que sea Ana Romero, le van a faltar ojos, y manos y sensaciones para conseguir cubrir en soledad la tragedia sahariana y saharaui.

Póngase en otro escenario. En similares circunstancias, un Gobierno del Partido Popular se humilla ante Marruecos. Su ministro de Asuntos Exteriores aguanta una rueda de prensa en la que su colega de una dictadura coronada insulta a los medios de comunicación españoles sin replicar al cónsul del tirano. Posteriormente, otro enviado de Mohamed convence al ministro del Interior de que todo lo que se ha dicho y escrito es mentira, y que en prueba de buena voluntad, se va a permitir la entrada en el Sáhara a dos periodistas españoles. Uno de «El Mundo», y otro de La Razón «ABC» o «La Vanguardia». Y para colmo, el ministro califica esa media con optimismo y satisfacción, considerándola un «primer paso». ¿Se figuran los lectores la reacción de los de Prisa?


«El Mundo» ha criticado la medida, y a pesar de la indignación del resto de los medios, enviará a su corresponsal. Entiendo su decisión. Al menos llegará a España la noticia diaria del Sáhara de la prensa independiente, no sólo de la prensa independiente de la mañana, que en palabras del inolvidable Santiago Amón no es más que eso, la prensa que se independiza de la mañana. Para el resto de los periódicos, con La Razón en primera fila, «el primer paso» es una burla más del Gobierno marroquí al «acojonaíto» Gobierno de España, además de un lacerante agravio comparativo. Ni Fidel Castro se hubiera atrevido a tan ridícula propuesta. «De acuerdo, que informen, pero sólo un periodista», en el caso que nos ocupa, una periodista del diario «El Mundo». Trabajo tiene por delante. Y además se sentirá continuamente vigilada, molestada y trampeada por el rígido sistema policial impuesto por el que convence a Rubalcaba. Mejor uno que ninguno, y en ésas estamos.

Pero considerar tamaña desfachatez como «un primer paso» se me antoja una desfachatez mayor. Este Gobierno nuestro ha perdido completamente los fondos y las formas. No estamos lejos de las depuraciones. El Gobierno cuenta con el apoyo incondicional de poderosos medios de comunicación que se dedican a señalar a periodistas libres con el dedo acusador del poder establecido. Medios castristas dirigidos por el ultracapitalismo de izquierdas, que ya me dirán ustedes en qué consiste.

Feliz estancia a Ana Romero, de «El Mundo», en El Aaiún. En su soledad, no podrá con todo. Bastante tendrá con intentar esquivar a quienes estarán las veinticuatro horas del día siguiendo sus pasos o sus sueños. Pero mejor algo que nada. La libertad, en manos de una periodista. El «primer paso».


La Razón - Opinión

Elecciones catalanas. Frenopático al aire libre. Por Maite Nolla

La auténtica degradación política de Cataluña la protagonizan sus políticos; pero los de primera fila. Y la muestra la hemos tenido esta semana entre Puigcercós, videos y videojuegos.



Hace tiempo que es evidente que la política catalana ha entrado en una fase irremediable de degradación, de la que sólo se salvan algunos elementos incontrolados y, casi siempre, marginados. En realidad, que se presenten Carmen de Mairena con propuestas interesantes, como la de los grandes ventiladores para levantar la niebla leridana, o Montserrat Nebrera o María Lapiedra, no es nuevo y no es significativo. Siempre ha habido partidos antitaurinos, defensores de la habichuela noruega, disidentes de previas escisiones de partidos comunistas, socialistas auténticos o por autentificar, falangistas e independentistas peleados entre sí. El problema es que ahora tienen internet a su alcance y cualquiera puede colgar un video en la red y que rule.

La auténtica degradación política de Cataluña la protagonizan sus políticos; pero los de primera fila. Y la muestra la hemos tenido esta semana entre Puigcercós, videos y videojuegos. Incluso en este campo se aprecia que la degradación es notoria. Recordarán que en 2006, CiU repartió un video de nombre muy rimbombante, titulado confidencial.cat, que dejaba supuestamente al descubierto todos los secretos del primer tripartito. En realidad no era más que un resumen de imágenes de tevetrés y poca cosa más. Ponerse a hablar de corrupción con el tres per cent de cuerpo presente y con el Carmelo abierto en canal, era demasiado. Pero, claro, el video de CiU era una maravilla de la estrategia política y un ejemplo de audacia, comparado con la basura que nos han arrojado esta semana. Y es que hasta para provocar hay que tener talento, y de 2006 yo me quedo con el video grabado por mi querido Albert Boadella, en el que de forma muy didáctica nos mostraba como dar un uso adecuado e higiénico para el producto de los que luego juntaron sus destinos con el famoso editorial conjunto.

Igual que Berlanga tenía su propio universo, como se suele decir, Boadella y su compañía de teatro son los españoles que mejor y más atinadamente utilizan el término frenopático, hoy en desuso, pese a ser más necesario que nunca. Y es que el que pudiera pensar que la política catalana se ha convertido en un enorme frenopático al aire libre se equivoca. Los políticos catalanes han decidido que su supervivencia pasa por expulsar del sistema al mayor número de electores. Así, ellos, con cada vez menos votos van a mantener su representación y su estatus. Por ejemplo, si las encuestas aciertan, entre CiU, ERC y otras criaturas independentistas no sumarán más de un millón y medio de votos; un poco más del veinticinco por ciento de los que pueden votar en Cataluña. Sin embargo, ocuparán ochenta escaños –escaño arriba, escaño abajo–, lo que representa, más o menos, el sesenta por ciento del nuevo parlamento. Y lo mismo se puede decir de los demás partidos, incluido Ciudadanos, que sólo podrá entrar si el diputado es más barato de que lo que debiera ser. La abstención no es un castigo para los políticos; tampoco el voto en blanco: son su garantía de futuro. En eso centran sus esfuerzos.


Libertad Digital - Opinión

Entre morir y votar. Por M. Martín Ferrand

El Gobierno, siempre atento al bienestar ciudadano, se preocupa de que tu muerte esté rodeada del máximo confort.

ALFREDO Pérez Rubalcaba, el ungüento amarillo con el que José Luis Rodríguez Zapatero, pobrecito, pretende aliviar nuestros alifafes colectivos, acaba de anunciar que, de aquí a las próximas legislativas, el Gobierno llevará al Congreso 26 reformas legislativas. No 25 ni 27. Entre ellas luce por su propia oscuridad, y divulgan con especial énfasis los terminales propagandísticos que, incluidos los medios públicos de comunicación, nos cuestan un pico, un proyecto para regular la «muerte digna», un tímido nombre para la eutanasia de la que el socialismo instalado en La Moncloa viene hablando desde su advenimiento al poder. ¿Tan difíciles e inabordables son nuestros vigentes problemas económicos y sociales que al Gobierno le parece prioritario hablar de la muerte mejor que de la vida? Este Rubalcaba es mágico, insuperable y, felizmente, irrepetible. Mira que te vas a morir, nos dice con aire cartujo, así que no sufras con el paro y la pobreza: el Gobierno, siempre atento al bienestar ciudadano, se preocupa de que tu muerte esté rodeada del máximo confort y de todas las garantías.

Lo demoledor para un observador neutral, sin pasiones militantes, es comprobar que esas supercherías funcionan y que ya estamos en el debate sobre la «muerte digna» en el que lo primero que debe rechazarse es la terminología. La muerte digna es la de las personas que han vivido rectamente, según sus valores éticos. El sufrimiento no le quita dignidad a esa persona ni en los estertores agónicos ni en un cólico nefrítico. Lo que propone —o propondrá— el Gobierno es morir un rato antes para evitar una última fatiga. Ello se comenta por sí solo en función del valor que cada cual le dé a la vida; pero es, una vez más, distraernos de lo que, aquí y ahora, nos angustia mayoritariamente y para lo que Zapatero y Rubalcaba, dos por el precio de uno, no encuentran solución.

Lo trascendente no es que un político de oportunidad y regateo, como el supervicepresidente, consiga con esas artimañas el efecto que pretende. Ello habla, más que de su talento, de la escasez en la exigencia, la pobreza en el análisis y la devoción irracional por una sigla de quienes les votamos. Vivimos un tiempo en el que, por buscar un ejemplo barato, un político tan cortito como José Montilla puede ser votado en función de la estimulación erótica que produce en sus seguidoras un sobre con una papeleta que lleva su nombre. Con otro nombre impreso, ¿alcanzaría los mismos efectos? En esto, en debates extemporáneos, campañas sin ideas ni programas y menosprecio a la ciudadanía es en lo que ha quedado el socialismo español.


ABC - Opinión

Me acabo de enterar de que votar a Montilla produce orgasmos. Por Federico Quevedo

Y tengo que reconocer que me he quedado bastante frío, la verdad. Es que no puedo imaginármelo, por mucho que las juventudes del PSC se empeñen en convencernos. Le he pedido a una amiga que se pusiera delante del ordenador con una imagen del Molt Honorable President como fondo de pantalla, y nada, solo ha sentido la vibración del teléfono cuando lo ha cogido para atender una llamada. Después he buscado en YouTube alguna intervención suya para que la escuchara, y lejos de provocarle la libido, le ha arrancado unos cuantos bostezos y, al final, solo al final, una cabezadita en la que dijo haber soñado que le estaba cayendo encima un aguacero… No se si eso vale como sueño húmedo… Digo yo que a la chica del anuncio es que le habrán pagado para que, como Meg Ryan, imite un orgasmo en este caso imposible, porque, francamente, Montilla como reclamo erótico deja muchísimo que desear, por no decir que provoca justamente todo lo contrario. Al menos en las féminas. Supongo que en los varones el asunto será todavía mucho más decepcionante. He hecho la prueba con el programa electoral del PSC y ha sido peor que una ducha de agua fría. De ahí pasé al vídeo porno de Montse Nebrera pero ni por esas, porque ver a esta mujer envuelta en una toalla lo que me ha provocado, más que otra cosa, ha sido unas risas.

En serio, lo que estamos viviendo estos días en la campaña electoral catalana es verdaderamente bochornoso. Lo que le paso al PP con el famoso videojuego de Alicia Croft es, sin duda, un desafortunado error por el que sería lógico que la dirección regional del PP reclamara responsabilidades a sus promotores, que no son otros que las Juventudes de este partido en la región. Pero más allá de ese error, a nadie en su sano juicio se le ocurre pensar o creer que el PP esté a favor de matar inmigrantes, luego solo cabe interpretar este fallo, serio en cualquier caso, como lo que verdaderamente es. Pero al margen del fatídico error, lo cierto es que el PP está poniendo sobre la mesa del debate electoral una serie de asuntos en los que demuestra una valentía considerable, y que frente al desierto de ideas del resto de partidos políticos que compiten en estas elecciones, el PP sí tiene un programa que se ocupa de los problemas que realmente preocupan a los ciudadanos. Digo esto porque es cierto que también CiU ha presentado una alternativa más seria a lo que hasta ahora ha tenido Cataluña, pero no deja de ser una opción que se fundamenta en los mismos y cansinos recursos al victimismo, el soberanismo, el catalanismo excluyente… Ya saben, un poco de economía por eso de la crisis, y mucho de nacionalismo pata negra a ver si así consiguen arrebatarle parte de su electorado a ERC.
«Y lo hecho durante estas dos legislaturas de tripartito no es otra cosa que una sobredosis de fundamentalismo nacionalista llevado al peor de sus extremos.»
¿Y que hace el PSC? Básicamente la campaña de Montilla, que ayer, en un arranque de sincero realismo sobre sus posibilidades de volver a gobernar, dejó claro que no volvería a presentarse, se ha basado en, por un lado, rechazar bajo cualquier circunstancia un pacto con el PP –lo cual pone de manifiesto que en Cataluña sigue primando un despiadado sectarismo en las filas del social-nacionalismo radical-, y por otro negar ahora todo lo hecho durante estas dos legislaturas de tripartito. Y lo hecho durante estas dos legislaturas de tripartito no es otra cosa que una sobredosis de fundamentalismo nacionalista llevado al peor de sus extremos, hasta el punto de que Cataluña ha vivido probablemente una de sus épocas más negras en lo que ha libertades y derechos de los ciudadanos se refiere, y también en cuanto a relaciones de aquella comunidad con el resto de España. Ahora Montilla reniega de la deriva extremista en la que había embarcado al PSC de la mano de ERC e ICV, pero los mismos que afirman que en Andalucía no paga impuestos “ni Dios” son los que han estado gobernando con él y chupando del bote con él durante estos años. Y como es evidente que ese mensaje no es creíble, tienen que inventarse otro tipo de llamadas de atención del ciudadano, porque a la vista está que los mítines callejeros de Montilla no despiertan la curiosidad ni de las palomas.

¿Y a qué recurren? Al sexo. Yo no sé ustedes que opinan, pero a veces pienso que la izquierda vive obsesionada con este tema, y que esa obsesión es casi enfermiza, como si en su vida hubieran echado un polvo, con perdón. ¿No había otro recurso? Y, sobre todo, ¿por qué siempre tiene que aparecer una mujer como símbolo de esa fiebre sexual? Pero, ¿no era este el partido de la igualdad y todas esas milongas? Pues resulta que no, que a la hora de ser chabacanos y machistas, los del PSC se ponen a la misma altura que el alcalde de Valladolid, y a mí, francamente, me hubiera gustado que sus compañeras de partido hubieran tenido la misma reacción que tuvieron cuando el regidor de aquella ciudad dijo lo que dijo sobre los morritos de Leire Pajín. Pero, lo terrible es que un partido con aspiraciones de gobierno rebaje el debate político hasta ese nivel. Luego no podrán llamarse a engaño cuando el próximo domingo 28 la abstención sea la que va a ser, ni pueden sorprenderse de que los ciudadanos tengan la opinión que tienen de los políticos. Lo que estamos viendo en la campaña catalana produce vergüenza ajena, pero hay que confiar en que los ciudadanos de Cataluña les de a sus políticos la lección que se merecen.


El Confidencial - Opinión

Demanda de la sociedad civil

El tono pesimista que el presidente del Gobierno empleó el pasado jueves en el Congreso para referirse a las perspectivas económicas supone un giro sustancial en el discurso del Gobierno, hasta ahora artificialmente optimista, y pone de relieve que las dificultades a las que se enfrenta España no son coyunturales ni superficiales. La crisis doble que padece nuestra economía, la financiera de origen internacional y la inmobiliaria de naturaleza doméstica, ha puesto en jaque no sólo las tasas de empleo y ciertos aspectos del Estado de bienestar; sobre todo, ha desvelado que el modelo productivo es inservible en una economía globalizada y que, de no refundarlo sobre bases más sólidas, España corre el riesgo cierto de decadencia y empobrecimiento. Sobre este sucinto diagnóstico han reflexionado un centenar de empresarios y expertos convocados por la Fundación Everis y sus conclusiones, recogidas en el informe «Transforma España», han sido entregadas al Rey Don Juan Carlos y a los líderes políticos. Sería un despilfarro y una irresponsabilidad que estos últimos echaran en saco roto sus recomendaciones, sobre todo las que les afectan directamente como gobernantes y gestores del interés público. La radiografía de los expertos constata que el paro desbocado, el crecimiento débil y el déficit abultado comparten una misma causa: no somos competitivos, gastamos más que ingresamos, compramos más que vendemos y otras economías, empezando por las emergentes, nos superan ampliamente. Para hacerles frente es imprescindible ganar en competitividad, lo cual se consigue de dos formas: bajando los costes de producción, léase salarios, o aportando valor añadido; la suma de ambas parece la más realista. No obstante, el valor añadido de un producto no se improvisa de la noche a la mañana, sino que es fruto de un sistema de formación universitario y profesional riguroso, exigente, conectado a las necesidades del mercado y basado en la excelencia y el talento. Por tanto, urge una reforma educativa en profundidad, alejada de los tics ideológicos, muy distinta a la que ha esbozado el ministro Gabilondo sin el consenso de la oposición. Éste es el primero de los pactos de Estado que se requiere para cambiar el modelo económico, pero no el único. También es imprescindible pactar el tamaño y el funcionamiento de unas Administraciones eficientes, racionalizar el mapa autonómico que la voracidad regionalista ha convertido en un freno del mercado, ajustar las dimensiones del Estado de bienestar, adaptar la legislación a los nuevos desafíos de la economía globalizada, reformar el sistema financiero, fortalecer la independencia de los órganos de control y apostar por la innovación. Ni PP ni PSOE pueden abordar en solitario este conjunto de retos. Ambos partidos se enfrentan a la grave responsabilidad de consensuar, a salvo de los vaivenes electorales, las bases de un nuevo modelo económico en el que la marca España sea garantía de éxito, en vez de una rémora sospechosa. De no asumir estas obligaciones que demanda con urgencia la sociedad civil, dentro de 10 años retrocederemos a los años 90 y todos seremos mucho más pobres.

La Razón - Editorial

Final de ciclo

El electorado suspende al tripartito en los sondeos, mientras CiU roza la mayoría absoluta.

Las elecciones catalanas del próximo domingo marcarán un final de ciclo y, de cumplirse los pronósticos, Convergència i Unió volverá a ocupar el Palau de la Generalitat. Las aguas vuelven a su cauce y quienes siempre gobernaron volverán a hacerlo. La anomalía que ha supuesto el periodo de siete años de Gobiernos progresistas toca a su fin. La voluntad soberana de los ciudadanos, detectada por los sondeos, es que mayoritariamente no quieren repetir -ni siquiera los votantes de izquierdas- la experiencia del tripartito, al que la historia puede absolver como generador de políticas sociales, pero ya ha condenado por su nefasta estrategia comunicativa.

De la encuesta de Metroscopia que hoy publica EL PAÍS hay tres elementos destacables: CiU se sitúa a cuatro o cinco diputados de la mayoría absoluta; el voto en blanco es la cuarta fuerza política en Cataluña, con un 9,1%; y la mitad del cuerpo electoral catalán puede quedarse en casa. La elevada abstención, si se produce, conducirá a una fragmentación a la italiana del Parlamento, con Ciutadans que podría doblar su representación y la entrada de Laporta con sus independentistas. Para los socialistas catalanes esa abstención es letal. Ellos serán los primeros a quienes la crisis económica pase factura. Su debilidad es un síntoma preocupante de la fragilidad en que quedan quienes defienden de forma más sólida los puentes entre Cataluña y España.


El sondeo detecta un fuerte incremento del independentismo, sobre todo entre los votantes nacionalistas, pero repartido en todo el espectro. Un 37% votaría ahora a favor de la independencia de Cataluña y un 47% en contra. Son datos que deben dar que pensar sobre los efectos de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto, un asunto en el que no ha habido movimiento alguno, pasados cinco meses, a pesar de las declaraciones de intenciones del Gobierno central respecto a gestos que condujeran a cicatrizar rápidamente las heridas.

La victoria de CiU y su radicalismo verbal en el terreno nacionalista volverá a tensar la cuerda y dejará abonado el campo para que el independentismo siga asentándose en el futuro. La comodidad de un aliado de centro-derecha para Gobiernos del PSOE o del PP como es CiU no debe hacer perder de vista los efectos que su hegemonía puede tener en Cataluña.

CiU está ahora en estado de gracia. Su líder, Artur Mas, ha advertido de que hasta la mitad de legislatura no podrá aplicar parte de su programa. Pero las expectativas de cambio son tan grandes que la ciudadanía da más crédito a las palabras que a los hechos. A CiU no le pasa siquiera factura el caso Palau, un episodio de supuesta financiación irregular de Convergència, el partido mayoritario de la federación. Los nacionalistas están intentando convertir un supuesto cobro de comisiones en obra pública en un caso de caza de brujas, resucitando las viejas doctrinas conspirativas. Es ahí donde quienes previsiblemente van a gobernar en Cataluña deberían demostrar que también en este capítulo cambiarán de estilo político.


El País - Editorial

De la irresponsabilidad a la complicidad con Marruecos

Si el Presidente del Gobierno u otras altas instituciones tienen algún peaje que pagar al sátrapa norteafricano es su problema. Que encuentren algún otro modo de agradecer lo que hayan recibido de aquél régimen.

La increíble inacción del actual Gobierno de España ante las agresiones intolerables de Marruecos contra la población de un territorio sometido a nuestra tutela por mandato de la ONU, está convirtiendo a nuestro país en cómplice necesario de los delitos contra la legalidad internacional y los derechos humanos que Mohamed VI está llevando a cabo impunemente fuera de sus fronteras.

El papelón de los socialistas en este trágico episodio que está cubriendo de vergüenza a nuestro país no tiene parangón en la izquierda de cualquier otro país civilizado, donde hasta los socialistas anteponen la dignidad nacional a su perversa ideología.

En España, lamentablemente, tenemos a la izquierda más propensa a la traición del panorama occidental, como están comprobando en sus carnes los españoles de origen saharaui que, para mayor escarnio, todavía deben recordar a los mismos que ahora les entregan a las armas marroquíes bramando en la plaza pública por sus derechos cuando estaban en la oposición.


Con una contumacia que entra ya directamente en el terreno de lo delictivo, el Gobierno de Zapatero se niega siquiera a denunciar a un país que agrede a los ciudadanos de un territorio sobre el que, en contra de lo que afirman los socialistas de todo pelaje repitiendo la consigna promarroquí, España sí tiene una clarísima responsabilidad en tanto nación comisionada por la ONU para hacer cumplir su mandato descolonizador.

Trinidad Jiménez, que se está revelando para asombro de todos como muy capaz de superar a su aturdido predecesor en el terreno del ridículo, debería defender la necesidad de hacer cumplir las resoluciones de la ONU que obligan a España a convocar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara. Hasta tanto no se sustancie ese proceso democrático, la obligación de nuestro país es impedir que Marruecos utilice ese territorio como una posesión más en la que imponer el totalitarismo propio de esa dictadura.

Si el Presidente del Gobierno u otras altas instituciones tienen algún peaje que pagar al sátrapa norteafricano es su problema. Que encuentren algún otro modo de agradecer lo que hayan recibido de aquél régimen, pero, por dignidad, que terminen ya de mercadear con la sangre de unas personas que, hasta hace muy poco, eran tan españoles como Zapatero y su ministra de exteriores.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 20 de noviembre de 2010

Las pornocatalanas. Por Edurne Uriarte

Sexismo y vulgaridad, amén de rijosidad, están equitativamente repartidos entre izquierda y derecha. Cosa obvia para todos menos para la propia izquierda que lleva años denunciando, muchas veces con razón, el sexismo de la publicidad o de los medios, o al periodista obsesionado con las jovencitas y apenas ha abierto la boca para protestar por uno de los vídeos electorales más sexistas, vulgares y rijosos que hemos visto jamás. Y no se trata de los gustos sexuales de un individuo sino del mensaje oficial de un partido, del PSC, sobre las mujeres. Convertidas en espectáculos porno para vender copas en bares de mala muerte o votos socialistas en colegios electorales, que es, al parecer, lo mismo para las Juventudes Socialistas.

Lo que no parece tan claro, y debería estarlo, es que en esto de la vulgaridad, de la rijosidad y del sexismo, hay mujeres que contribuyen con más entusiasmo que algunos hombres. Y no lo digo sólo por las chicas de las Juventudes Socialistas a las que supongo co-responsables del vídeo. O por Bibiana Aído a la que ahora parece muy divertido que su partido utilice el sexo de mujeres para vender votos, «es publicidad engañosa», ha reído. Lo digo por el otro vídeo baboso de la campaña, el de Montserrat Nebrera. Después de esa sesión de jadeos, sólo le falta ofrecer una noche de sexo a quienes la voten, en la línea de tantas actrices de tres al cuarto, strippers y cicciolinas varias que surgen en todas las campañas electorales para engordar sus negocios particulares.

En el colmo de la desfachatez, remata su show contándonos que «no todo vale» en política, que jadeos, sí, pero desnudos integrales, no. Que ella es muy decente y muy honrada, no como los demás partidos. Y por salir en televisión, no mata, pero jadea. Y luego dice el feminismo que las mujeres hacen otro tipo de política. ¿La pornopolítica, tal vez?


ABC - Opinión

Elecciones. El follódromo catalán. Por Pablo Molina

Ya que la campaña electoral catalana se ha convertido en un certamen de puticlubs, parece más sensato confiar en los profesionales del ramo como Doña Carmen que hacerlo en unos advenedizos que ni siquiera saben fingir un orgasmo.

El cosmopolitismo de Cataluña es ya tan avanzado que ha acabado alcanzando a las democracias sudamericanas con vuelta perdida. Los nacionalistas han cerrado así el círculo de la exquisitez programática situando el nivel de su campaña electoral a la altura de, pongamos, Brasil, país en que uno de los candidatos, "El payaso Titirica", en un arrebato de sinceridad se presentó a diputado con el lema "Vote a Titirica; peor que está no lo va a estar". Por supuesto arrasó en las elecciones convirtiéndose en el candidato más votado de todo el país, con más de un millón trescientos mil votos en su circunscripción de Sao Paulo.

No es previsible que Carmen de Mairena acabe imponiéndose por una ventaja similar a orgasmotrón Montilla, a Alicia Croft o a la versión descocada del Opus representada por la candidata Nebrera y su toalla, porque la mayoría de los catalanes no suele votar y, de los que lo hacen, la décima parte tiene la intención de depositar en la urna una papeleta en blanco como símbolo del grado de representatividad de la casta política catalana en su conjunto.


Y es una pena porque el CORI no es mucho más friki que el resto de los partidos que se disputarán el poder el próximo día veintiocho. Además, la formación de Mairena ha concretado sus propuestas de forma muy explícita en un gesto de respeto hacia la inteligencia de sus votantes que se echa de menos en las otras formaciones. El ingenioso sistema de ventiladores para eliminar la niebla de Lérida y los "cosmopuertos" para recibir a los extraterrestres rivalizan en originalidad con la construcción de follódromos callejeros, tal vez menos glamurosos pero bastante más útiles especialmente en temporada invernal. Las juventudes provectas del PP catalán deben estar tirándose de los pelos por no habérseles ocurrido a ellas la idea, pero esa es la diferencia entre un especialista y un grupo de aficionados.

Ya que la campaña electoral catalana se ha convertido en un certamen de puticlubs, parece más sensato confiar en los profesionales del ramo como Doña Carmen que hacerlo en unos advenedizos que ni siquiera saben fingir un orgasmo, habilidad en que la asesora del friki Laporta es, en cambio, toda una catedrática.

Las elecciones tendrán un resultado lamentable y una escasísima participación popular, pero los representantes del noble pueblo catalán van a darnos una campaña extraordinaria, en la que se han propuesto recuperar el estilo españolísimo de las comedias de los sesenta. Sólo falta un vídeo de Arturo Mas en calzoncillos y camiseta de tirantes corriendo detrás de unas suecas.


Libertad Digital - Opinión

La OTAN en el diván. Por Hermann Tertsch

La cumbre de la OTAN en Lisboa va a obligar a los líderes de la Alianza a dedicarse durante dos días a una cuestión que muchos tienen postergada en su agenda. Agobiados todos por las cuitas financieras y económicas globales y las políticas y sociales internas, los problemas de la seguridad y la defensa se les antojan exentos de la urgencia de otros. Y lo cierto es que en el seno de la OTAN han surgido fisuras y fallas en la coordinación de estructuras, medios y fines.

No son un problema muy grave las diferencias de Francia y Alemania sobre la disuasión nuclear. Lógico es que Alemania proponga una mayor desnuclearización en Europa al amparo de un futuro sistema antimisiles. Y que Francia insista en que nadie decidirá por ella el futuro de su armamento nuclear. Ambos tienen razón. La disuasión es imprescindible. Un agresor potencial ha de ver amenazada su supervivencia. Pero es insuficiente dados los nuevos países nucleares y la amenaza de su uso por terroristas imposibles de disuadir con amenazas de represalias.

De ahí la necesidad del escudo. Pero si la OTAN quiere presentar un nuevo concepto estratégico para la próxima década tendrá que ir algo más allá. Tiene más enemigos con armas nucleares que nunca. Pronto serán más. Y ninguno tan pragmático como sus rivales tradicionales, Rusia y China. Y debe enfrentarse al hecho de que puede no ganar e incluso perder una guerra en Afganistán. Una guerra que estuvo ganada. Las consecuencias serían dramáticas con una posible caída del Pakistán nuclear en manos del islamismo radical. Pero nadie habla de ganar sino de salir de allí. Al final el problema de la OTAN es el de sus miembros, los gobiernos y sociedades occidentales. De cultura de defensa, de voluntad y autoestima. Si todos cuestionan lo que defienden, difícil es saber hacerlo.


ABC - Opinión

Sahara Occidental. España sí es responsable. Por Carlos Ruiz Miguel

España es la potencia administradora del Sahara Occidental. España es responsable. Y precisamente por eso, España debe exigir un referéndum de autodeterminación del territorio.

La crisis actual en el Sahara Occidental tiene un primer responsable directo: el Gobierno marroquí. Pero eso no exime de investigar qué otras responsabilidades existen.

La nueva ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, ha dicho que "España no tiene responsabilidades en el Sahara Occidental". Lamento decir que miente. España sí, tiene responsabilidades.

El primer dato que conviene tomar en consideración es que desde 1960 España empezó a informar a Naciones Unidas sobre el Sahara Occidental. Antes de que Argelia fuera independiente. A partir de 1966, las Naciones Unidas han exigido a España, como potencia administradora del Sahara Occidental, que celebre un referéndum de autodeterminación. Antes de que naciera el Frente Polisario en 1973.

España confeccionó en 1974 un censo para celebrar el referéndum exigido. Ese referéndum se suspendió a petición de Naciones Unidas hasta que el Tribunal Internacional de Justicia decidiera si este procedimiento era el exigible o si bien habría que proceder a una entrega del territorio a Marruecos y Mauritania. El Tribunal Internacional de Justicia dejó claro como el agua que la descolonización del Sahara Occidental debía hacerse mediante un referéndum de autodeterminación entre las poblaciones originarias del territorio. Por tanto, no dicen la verdad Moratinos antes y Trinidad Jiménez ahora cuando afirman que la autodeterminación puede hacerse "de otra manera" si así lo aprueban las partes.


Una vez pronunciado el Tribunal, no había excusas para que España celebrara el referéndum. Sin embargo, Marruecos chantajeó a España y, mediante los acuerdos de Madrid, el Gobierno español quiso desligarse de sus responsabilidades. Ese intento no ha sido reconocido por Naciones Unidas. El dictamen del asesor jurídico de Naciones Unidas de 29 de enero de 2002 no deja lugar a dudas: "El Acuerdo de Madrid no transfirió la soberanía sobre el Territorio niconfirió a ninguno de los signatarios la condición de Potencia administradora, condición que España, por sí sola, no podía haber transferido unilateralmente". O sea, que España sigue siendo potencia administradora aunque no tenga el control efectivo del territorio.

La situación no es nueva ni tampoco presenta problemas insolubles. Lo mismo le aconteció a Portugal cuando Indonesia invadió su colonia de Timor Este. Cuando Portugal decidió asumir las responsabilidades que le incumbían como potencia administradora la descolonización de Timor Este se aceleró y hoy es un Estado independiente miembro de Naciones Unidas. Indonesia, Naciones Unidas y Portugal, cada uno por su parte, tenía responsabilidades. Pero la responsabilidad mayor fue la de Portugal. Y el haberla asumido dio a Portugal respetabilidad como Estado.

España es la potencia administradora del Sahara Occidental. España es responsable. Y precisamente por eso, España debe exigir un referéndum de autodeterminación del territorio; y precisamente por eso, España debe condenar cualquier atentado al bienestar de una población sobre la que la Carta de las Naciones Unidas le hace responsable; y precisamente por eso, España no puede firmar acuerdos pesqueros que supongan un expolio de la riqueza de la colonia en beneficio del ocupante; y precisamente por eso, el Gobierno de España no puede permitir que empresas españolas (como FMC Foret con los fosfatos o Jealsa con la pesca) expolien los recursos naturales.

Es cierto que al no tener la presencia efectiva en el territorio, España hay cosas que no puede hacer. Pero hay muchas cosas que sí puede hacer. Y el Gobierno de España es responsable si no hace lo que puede y debe hacer.


Libertad Digital - Opinión

El voto de los idiotas. Por Ignacio Camacho

La campaña catalana se ha despeñado en un desvarío de candidatos en pelotas y figurantes fingiendo orgasmos.

PARA calentar una campaña electoral que deja frígidos a los ciudadanos, algunos partidos catalanes han empezado a desparramar orgasmos de porno blando y gemidos de atrezzo que parecen contratados en un local cutre del Paralelo. En un vídeo socialista una señorita alcanza el éxtasis tras votar al soso Montilla, que ya son ganas, y en otro una candidata independiente amaga con quitarse la toalla en un paisaje de camas revueltas y ropa interior desperdigada. El yermo horizonte de unos comicios tediosos y desmotivadores se ha llenado de candidatos frikis y travestidos antisistema que se despelotan en los mercados mientras los partidos teóricamente serios se dejan arrastrar por la extravagancia y banalizan sus mensajes en una estúpida carrera de simplezas, majaderías y despropósitos. Sólo Convergencia, que va a ganar y lo sabe, mantiene el decoro a costa de formular un discurso monótono centrado en la gestión del poder que está tocando con la yema de los dedos. Los demás han echado el carro por las piedras en una insólita competición de sandeces. Los electores han visto un cómic del presidente de la Generalitat vestido de Supermán y un videojuego en el que la jefa de filas del PP mata inmigrantes como si fuesen marcianitos. Los estrategas de campaña parecen haberse extraviado en el disparate. Incapaces de captar la atención general con propuestas interesantes han decidido ir a por el voto de los idiotas, que vale lo mismo que el de los listos pero tal vez crean que resulta más fácil de captar.

Aunque en democracia ningún sufragio es despreciable. se supone que los políticos con cierta responsabilidad, los que aspiran a demostrar su solvencia para dirigir los destinos colectivos, tienen la obligación de proponer un debate de mínima altura. En eso consiste el liderazgo. Se trata de articular soluciones socialmente efectivas y políticamente viables; luego hay que encontrar el modo de hacerlas atractivas para el mercado electoral, pero sin renunciar a la dignidad intelectual que corresponde a un dirigente público. La trivialidad es un despeñadero. Las campañas electorales ya tienen bastante sal gruesa en los mítines, donde se habla para hooligans y demás fauna envenenada de sectarismo, como para envilecerlas más con quincallería de saldo que ofende la inteligencia de los votantes. A base de entregarse a las agencias de publicidad y marketing los partidos han acabado dejando sus mensajes en manos de una cuadrilla de becarios que malbaratan la poca seriedad que le queda a la política. El resultado es de una simpleza devastadora que desemboca en la exhibición de candidatos en porretas o de figurantes fingiendo jadeos de videoteca casera. Este desvarío suele tener efecto boomerang: hasta los tontos se cabrean cuando los tratan como tales.

ABC - Opinión

Eutanasia electoral

El anuncio inesperado de que el Gobierno aprobará en marzo una «ley de muerte digna» tiene un tufillo electoral difícil de ocultar. Nada hay que apremie, justifique o exija una ley de esa naturaleza. Ni la sociedad, en general, ni el sector médico, en particular, demandan hoy un cambio legislativo cuyo propósito verdadero no está nada claro. El vicepresidente y portavoz gubernamental aseguró ayer que no se pretende legalizar la eutanasia, pero en ese caso no se alcanza a ver la novedad real que pueda introducir, pues la normativa vigente, la ley de autonomía del paciente, la práxis médica y la eficacia del llamado testamento vital, ya regulan de modo satisfactorio los cuidados paliativos y el tratamiento a las personas desahuciadas legalmente o en fase terminal. Si no hay voluntad de despenalizar la eutanasia ni de abrir un portillo al suicido asistido, como reclama con insistencia un sector radical de la izquierda, ¿a qué viene agitar las aguas sociales con un asunto tan escabroso? Rubalcaba puso a la ley francesa, aprobada hace cinco años, como ejemplo y espejo en el que se mirará la española. Pudo haber citado un modelo más cercano, como la ley andaluza, que se aprobó en marzo de este año por unanimidad, pero al no hacerlo resulta aún más misteriosa su intención. Para empezar, la ley francesa sólo fue aprobada con los votos del centroderecha; los socialistas se opusieron porque querían que fuera más lejos y legalizara la posibilidad de «una ayuda activa para morir». Paradójicamente, el centroderecha francés justificó esta ley por la necesidad de equipararse a la legislación de otros países, entre ellos España. Que ahora el Gobierno socialista español señale como modelo una ley que los propios socialistas franceses rechazaron por «insuficiente» da que sospechar. Tampoco invita a la confianza la catadura de algunos asesores y gurús en la materia del PSOE, encabezados por el facultativo Luis Montes, al que un comité médico independiente condenó por mala praxis médica al comprobarse que una inadecuada aplicación de las sedaciones causó la muerte de al menos un paciente. Que personajes de este jaez estén detrás de una «ley de muerte digna» es para tentarse las ropas. Nadie de buena fe y en su sano juicio puede oponerse a los cuidados paliativos y a la sedación de aquellos enfermos terminales, como tampoco es defendible éticamente el encarnizamiento terapéutico. Pero de ahí a abrir portillos para colar el suicidio asistido o para acelerar la muerte de un paciente que no es incurable, hay un abismo. La izquierda radical, que el PSOE necesita para movilizar electoralmente a sus votantes, presiona desde hace tiempo para que se apruebe una «ley coladero», al igual que presionó hace años para que la despenalización del aborto incluyera una puerta trasera para colar el aborto libre. En qué medida el Gobierno cederá a sus exigencias, no tardaremos en saberlo. Uno de los puntos que desvelará sus intenciones es cómo se trate la objección de los médicos y del personal sanitario. El caso andaluz es un mal precedente y lo reflejó el facultativo Montes con su habitual estilo, sin anestesia: «Objetar sería un delito». Ésa es la piedra de toque.

La Razón - Editorial

La OTAN se transforma

Lisboa pone fecha a la salida de Afganistán y define una Alianza más flexible y multifacética.

La cumbre de la Alianza Atlántica en Lisboa, a la que sus participantes otorgan una dimensión histórica, está obligada en sus efectos a marcar un antes y un después, a riesgo de que, de no conseguirlo, quede en el panorama internacional como una maquinaria sin duda poderosa, pero sobre todo ineficaz y obsoleta. Los esquemas de la guerra fría no sirven ya para identificar las nuevas amenazas ni tampoco para combatirlas.

El aprobado documento que contiene el nuevo concepto estratégico de la Alianza, en el que han trabajado durante los últimos meses un equipo de expertos encabezados por la ex secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright, recupera la noción de seguridad frente a la más restrictiva de defensa. Este cambio implica un mayor acento en las iniciativas políticas como medio para prevenir el empleo de la fuerza, y también para asegurar que, en el caso de que esta fuera necesaria, la Alianza no se vea atrapada en situaciones como las vividas en el conflicto de la ex Yugoslavia o como la que planea sobre la intervención en Afganistán.


Afganistán se ha convertido en la prueba de fuego de la OTAN, una guerra que no es posible ganar militarmente y de la que las tropas aliadas, comenzando por las de un Barack Obama cada vez más presionado, necesitan salir manteniendo la dignidad. En Lisboa se ha dado el visto bueno a una retirada fijada para 2014, aunque iniciada muy parcialmente a partir del año próximo y que en cualquier caso estará sometida a la evolución de los acontecimientos sobre el terreno. La firmeza del compromiso internacional en el combate contra los talibanes pasa necesariamente por la salida de Afganistán en un plazo razonable, no por una continuidad indefinida que contribuye a confundir las cuestiones de principio con objetivos militares operativos. Mantener en el tiempo la actual situación de no victoria y no derrota favorece los intereses de los fundamentalistas, no los de la coalición internacional.

En una Alianza constreñida por las limitaciones presupuestarias militares de muchos de sus miembros europeos, el marco estratégico para los próximos 10 años pasa por mejorar las relaciones con una Rusia más predispuesta. Y la OTAN establece ahora como amenazas algunas que, hasta el momento, permanecían extramuros de su competencia expresa, como los ciberataques, el crimen organizado, el tráfico de personas, drogas y armas y la protección de las rutas energéticas.

En Lisboa se ha puesto de manifiesto una descripción más realista de los riesgos que enfrenta en la actualidad la seguridad colectiva, pero también de una ampliación de los riesgos que hasta ahora eran combatidos mediante otros instrumentos de los que disponen los Estados. Encontrar el punto de equilibrio con esos otros medios resultará decisivo para no militarizar innecesariamente el análisis de la realidad internacional y las respuestas posibles.


El País - Editorial

Y ahora, el "derecho" a la eutanasia

Todo indica que el Gobierno busca justo lo contrario: reducir las garantías con las que cuenta el individuo para defenderse de la arbitrariedad de otras personas para poner punto final a su vida.

La izquierda que encarna Zapatero tiene un proyecto ideológico muy definido para tratar de subvertir las costumbres y las instituciones sociales de corte más tradicional. Con su obsesión por crear un hombre nuevo que pueda ser sometido y manejado con mayor facilidad por el Estado, se ha colocado como misión erradicar todos aquellos contrapesos que existan frente a la expansión de su discrecionalidad; y uno de ellos es esa presunción moral que tanto disgusta a nuestra izquierda de poner en valor la vida frente a la muerte y, por tanto, al ser humano frente a cualquier otro tipo de consideraciones que justifiquen la actuación estatal.

Si en esta materia el comienzo de la legislatura vino marcado por la Ley del Aborto –la creación de un derecho de la mujer a abortar, esto es, a violentar el derecho a la vida del nasciturus bajo cualquier circunstancia dentro de las primeras 14 semanas de embarazo–, su conclusión parece que se verá muy influida por la regulación de la eutanasia, una normativa que eufemísticamente se llamará "Ley de Cuidados Paliativos".


Aunque podría defenderse la necesidad de una normativa que especificara con gran claridad y bajo numerosos controles la formalización de testamentos vitales en los que el individuo especifique cuál debe ser la respuesta de los centros sanitarios ante una serie de supuestos muy tasados, no podemos más que temernos lo peor del Gobierno de la cultura de la muerte que ha convertido al doctor Montés en un héroe nacional.

Y es que esta ley debería dirigirse, en todo caso, a proteger a los individuos de la injerencia de las autoridades políticas y sanitarias (o incluso de sus propios familiares) en unos momentos críticos de su vida. Es decir, debería constituirse en un impedimento para que cualquier otra persona distinta de la interesada pudiera tomar una decisión tan trascendental como es la de seguir con vida o no.

Sin embargo, todo indica que el Gobierno busca justo lo contrario: reducir las garantías con las que cuenta el individuo para defenderse de la arbitrariedad de otras personas para poner punto final a su vida. A falta de que el PSOE concrete su propuesta, existe un enorme riesgo a que se institucionalice –a imagen y semejanza del derecho al aborto– un derecho a la eutanasia por parte de médicos y familiares, aun con oposición activa o por omisión de la víctima.

Si estuviéramos en una sociedad donde ninguna persona ni ningún cargo público tratara de abusar de su poder sino que intentara en todo momento cumplir con absoluto rigor las disposiciones legales, podríamos asistir a un debate destinado a clarificar y afianzar el uso de nuestros derechos. En la actual sociedad española de violación permanente de la legalidad por parte de los burócratas, este tipo de normativas, por desgracia, sólo parece que vayan a orientarse, no hacia el respeto de las libertades, sino hacia su continua y final conculación.


Libertad Digital - Editorial

La OTAN se reinventa

Lejos del optimismo expansivo que sucedió al final de la guerra fría, la nueva OTAN acusa el peso de una misión tan compleja como Afganistán.

LA OTAN ha decidido trazar el rumbo para la próxima década, tratando de anticipar la mejor manera de afrontar las amenazas que penden sobre los países occidentales. De su nueva Doctrina Estratégica, se deduce que la Alianza va a ser más pequeña, porque los gobiernos de los principales países no tienen suficiente dinero para financiar políticas de defensa más ambiciosas, y en cierto modo más retraída sobre sí misma, concentrada en la protección pasiva de su territorio a través de un sistema antimisiles antes que anteponer la tradicional disuasión nuclear, confiando en la incierta premisa de que es posible pensar en un mundo sin armas atómicas. Lejos del optimismo expansivo que sucedió al final de la guerra fría, la nueva OTAN acusa el peso de una misión tan compleja como la de Afganistán y aunque no excluye la posibilidad de intervenir en cualquier parte del mundo, la determinación de estas palabras queda matizada por la voluntad anunciada al mismo tiempo de salir cuanto antes de aquel país, a pesar de las dudas de si se habrá alcanzado la mayoría de los objetivos que nos llevaron allí. Para España, esta transformación significa que nuestra importancia militar disminuye, no solo porque se ha producido un deslizamiento del interés geoestratégico hacia Oriente, sino porque el Gobierno socialista ha asistido a esta discusión dentro de la OTAN con el mayor desinterés.

Y la verdad es que se necesita una OTAN más fuerte en un mundo que se vuelve más complejo; China aumenta sin cesar su presupuesto militar, los planes de nuclearización de Irán introducen un grave factor de inestabilidad en Oriente Medio, Rusia no acaba de consolidar un sistema democrático, Pakistán está en una situación más que inquietante... Pocas cosas aconsejarían optar por una OTAN débil o con vocación de irrelevancia. Que se hayan incluido expresamente asuntos como el ciberterrorismo en el catálogo de las amenazas posibles es una decisión más que acertada, pero eso no quiere decir que se pueda pensar razonablemente que otros peligros más tradicionales van a desaparecer. La OTAN ha sido la garantía de la libertad de Occidente frente a la coacción del totalitarismo. No sería inteligente olvidarlo porque por desgracia no es previsible que las amenazas desaparezcan solas.


ABC - Editorial

viernes, 19 de noviembre de 2010

MinisTrini en 2.003

Video tomado en Madrid en el año 2.003 con declaraciones de la hoy Ministra de Asuntos Exteriores Trinidad Jiménez.


¡Lo que va de ayer a hoy!

Tamaño y responsabilidad. Por Fernando Fernández

El Gobierno no tiene capacidad para convocar un gran acuerdo nacional y se contenta con jugar al despiste.

CON las crisis se pierde el sentido común, la proporción de las cosas. Como además suelen producir cambios políticos, el debate racional se sustituye por el visceral. En las democracias maduras, esa tentación natural de la desesperación se ve coartada por la fortaleza de la hemeroteca y la sana tradición de exigir y rendir responsabilidades por las palabras y acciones propias. El mitificado Tierno Galván le hizo un flaco favor a la democracia española al establecer como verdad categórica que las campañas electorales están para decir estupideces y las promesas, para ser incumplidas. Aunque, bien mirado, no hacía más que extender a la democracia la vieja tradición latina de que las leyes están hechas para no ser cumplidas y para ser aplicadas solo a los enemigos.

Como subproducto de esa mentalidad, un candidato xenófobo y racista puede hacerse pasar por progresista y su partido seguir en el gobierno sin más pena que un pequeño titular crítico y sin que nadie le retire la palabra. Un ministro del Interior famoso por rasgarse las vestiduras ante un presunto ocultamiento y su consiguiente utilización política —digo presunto porque fue radiado en tiempo real— puede aceptar sin inmutarse la sesgada versión oficial de un gobierno amigo, siempre que no sea el español, y justificar la expulsión de testigos molestos, periodistas para más señas, alegando con total desparpajo razones de Estado, y nadie le exige lealtad a sí mismo. Una ministra de Cultura cuyo mérito principal consistió en resucitar el discurso sartriano de los intelectuales comprometidos puede transformarse en jefa de la Censura y pedir conocimientos antes de opinar a esos mismos intelectuales. La pérdida del sentido común no se limita a la izquierda, que se agita en un largo y truculento fin de régimen, sino que se ha contagiado a parte de la derecha, asaltada por las prisas. El vídeo-juego de los marcianitos emigrantes es mucho más que una estupidez, pero se despacha con juegos de palabras en la seguridad de que la sociedad española sabrá perdonar. Siempre he pensado que los políticos españoles estaban mal pagados. Empiezo a pensar que también ellos necesitan flexibilidad laboral para romper ese acuerdo tácito de bajos salarios y baja productividad que paraliza a la sociedad española.

Alguien se puede sentir defraudado porque este artículo no es un análisis de la crisis de la deuda soberana europea. Pero de hecho lo es, a mi manera. Porque se trata de una crisis de credibilidad. España es sospechosa de no aceptar las reglas de juego, de aplicarlas a voluntad, de escurrir el bulto a la hora de los compromisos y estar siempre presta en el momento del reparto. Obras son amores y no buena razones, nos dicen desde la puritana y calvinista Europa central. Contestamos con más argumentos vacuos, más promesas vacías, más juegos florales. Porque la realidad política española está atascada. Suponiendo que tuviera voluntad, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no tiene capacidad alguna para convocar un gran acuerdo nacional y se contenta con jugar al despiste y confiar en la lluvia. La oposición popular evita cualquier compromiso, instalada en la citada idea del viejo profesor. El resto de grupos políticos, nacionalistas o regionalistas, se limitan al «qué hay de lo mío». Y mientras tanto, el Tesoro español paga un 30 por ciento más por la deuda. Romper esta dinámica perversa exigiría elecciones inmediatas, pero los partidos confían en la escasa memoria de los votantes y en que España es un problema europeo y no podrá ser abandonada a su suerte. Justo lo que critican a los grandes bancos.


ABC - Opinión

Elecciones catalanas. Basura política. Por Agapito Maestre

Eso es, exactamente, lo que me produce la campaña política de Cataluña: repugnancia y hastío.

No me escandalizan los videos pornográficos de los políticos catalanes. Me aburren sus zafiedades. Quien quiere demostrar demasiado, como dijo el clásico, no demuestra nada. Lo peor siempre es el enemigo del mal. La propaganda de los partidos políticos, en Cataluña, ha conseguido eliminar cualquier pizca de pedagogía política para esta campaña electora. Parecería que todos se hubieran puesto de acuerdo para embarrar el ámbito público, pero creo que se trata de algo más grave: quieren matar tanto el espacio público como el privado. Tratan de reducirnos a escoria. Nada. El "ciudadano" ha desaparecido para esta gente; en su lugar, sólo existen máquinas rijosas, reprimidas, a la búsqueda de saciar su hambre con más represión sexual. Y política.

Una vez que el estadito catalán ha reducido el sexo y el amor, últimos reductos de la individualidad, a efluvios y malas babas de putas y golfos pretenden hacer lo mismo con el ámbito público. Y, ciertamente, lo ha conseguido, e incluso lo exportará al resto de España. Los electores en Cataluña son totalmente despreciados. Son menos que basura para los políticos de Cataluña; los electores ya no les sirven a los políticos ni como material de abono de la tierra que pisarán las futuras generaciones de "catalanes". La política ha desaparecido. El nacionalismo ha matado cualquier posibilidad de resolver problemas a partir de una pluralidad de posiciones políticas, o sea, de ciudadanos libres a la búsqueda de bienes en común.


En Cataluña, y pronto en toda España, todo será devorado y deglutido por la chabacanería del infecto nacionalismo catalán en cualquiera de sus versiones escatológicas. Los vídeos propagandísticos hacen un retrato exacto de la miseria política de Cataluña. Todos ellos no constituyen una narración penosa de lo real. Ojalá. Son espejos que reflejan de modo exacto la perversidad política instalada en Cataluña. Los vídeos de los partidos políticos de Cataluña son un asesinato de la política. De la democracia. La prueba de ese asesinato colectivo es que, cuando los periódicos han tratado de narrar algunos de estos crímenes o vídeos, con el ánimo de extraer alguna moraleja, se han encontrado al instante que el vídeo o crimen del partido de al lado era aún peor.

Todos los vídeos son infames. Insultantes. Aunque espero que ofendan a todos, incluso a los más entregados a la causa de estos "partidos políticos", sospecho que no será así. Es la tragedia de Cataluña. Y quizá el drama de toda España. De la "política" en Cataluña, en fin, se puede decir algo parecido a lo que dijo el maestro Paulhan de la pornografía: la narración de un asesinato sexual puede provocarnos algún sentimiento turbio, el detalle de una escena de alcoba nos deja algo de deseo. Sin embargo, "la narración" de diez mil coitos (la misma noche), y diez mil torturas apenas nos producen otra cosa que tedio o asco.

Eso es, exactamente, lo que me produce la campaña política de Cataluña: repugnancia y hastío.


Libertad Digital - Opinión