martes, 11 de mayo de 2010

El balón de oxígeno de la UE obliga a Zapatero a rendir cuentas

CON la vista puesta en Portugal y sobre todo en España, la intervención de la Unión Europea y del BCE ha supuesto un alivio, recibido con desbordada alegría por los mercados, ya que el riesgo de una crisis de liquidez inminente amenazaba con una crisis de solvencia a largo plazo.

La confianza de los inversores en España estaba deteriorándose a un ritmo alarmante y la respuesta de la UE ha servido, veremos por cuánto tiempo, para frenar el deterioro que amenazaba con arrastrarnos a una situación similar a la griega, Nuestra deuda bruta -tanto pública como privada, casi tres veces el valor del PIB- precisa de ser renovada periódicamente por parte de unos inversores extranjeros de cuya confianza dependemos y a quienes debemos ofrecer garantías suficientes. Esa confianza se estaba perdiendo a marchas forzadas, acentuándose a la par que el Gobierno se perdía en largas disquisiciones sobre la naturaleza de la crisis sin abordar medidas de calado, como la reforma del mercado laboral, uno de los más injustos e ineficientes entre los de las economías desarrolladas.

Tras lo ocurrido este fin de semana, y la inicial reacción de los mercados, el Gobierno no podrá seguir escondiéndose. Puede volver a caer en la tentación de culpar a los mercados financieros, pero ahora ya no sólo rinde cuentas ante las urnas, sino que ha de hacerlo ante sus socios en Europa, a los que habrá de convencer de que España merece el crédito perdido en las últimas semanas. En lugar de excusarse tras las medidas europeas, la responsabilidad del Gobierno le exige ahora más transparencia que nunca, porque los ojos de los socios comunitarios estarán puestos en España, tal como afirmó ayer la canciller alemana, dispuesta a vigilar que Zapatero cumple con su compromiso de reducir el déficit público. Tras la ayuda de la UE, el Gobierno debería aprovechar esta última oportunidad para reconducir la situación de la economía española. Si no lo hace, será la Unión Europea quien exhiba públicamente las miserias de un Ejecutivo preso de su propia necedad e impericia.

ABC - Editorial

La UE dictamina que el canon digital que se aplica en España es ilegal

El canon digital sólo puede gravar los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital que presumiblemente se utilicen para realizar copias privadas, y no puede aplicarse indiscriminadamente a empresas o profesionales que los utilicen claramente para otras finalidades.

Así se pronunció hoy la abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) en unas conclusiones sobre el caso que enfrenta a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la compañía española de soportes audiovisuales Padawan, S.L., que se niega a pagar el canon compensatorio -recaudado a favor de autores, artistas y productores- por copia privada.

La abogada recordó que la directiva europea sobre derechos de autor de 2001 señala que el derecho de reproducción del material sonoro, visual y audiovisual corresponde a los autores, intérpretes y productores.


No obstante, señaló que la directiva consiente que los estados miembros permitan la realización de copias privadas, siempre y cuando velen porque los titulares de derechos reciban una "compensación equitativa" que les retribuya "adecuadamente" por el referido uso de sus obras y prestaciones protegidas.
Así, España optó por permitir la reproducción para uso privado, sin autorización del autor, de obras ya divulgadas, y estableció una retribución "a tanto alzado" a favor de los titulares de derechos, a cuyos efectos gravó los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital indiscriminadamente con un canon por copia privada.

Los fabricantes, importadores o distribuidores han de abonar dicho canon a las entidades de gestión de los derechos de propiedad intelectual. En este caso, la SGAE reclama a Padawan -que comercializa aparatos como CD, DVD o MP3-, el pago de una compensación a tanto alzado por copia privada por importe de 16.759,25 euros correspondiente a los dispositivos vendidos entre septiembre de 2002 y septiembre de 2004.

La compensación de la SGAE

La Audiencia Provincial de Barcelona, preguntó al Tribunal europeo si el sistema de gravamen español es conforme con la directiva, y si la SGAE puede reclamar la compensación por todos los dispositivos comercializados o sólo por los destinados a la copia privada.

En opinión de la abogada general, la directiva reconoce a los estados miembros un "amplio margen de actuación" a la hora de establecer sus respectivos sistemas nacionales de compensación, siempre y cuando se respete un "justo equilibrio entre los afectados" (los titulares de los derechos de autor y los obligados directa o indirectamente al pago).

La jurista cree que ha de existir una relación suficientemente estrecha entre el uso del derecho y la correspondiente compensación económica por copia privada.
En ese sentido, si un país opta por un mecanismo como el canon digital, "sólo" puede considerarse un sistema de compensación por copia privada conforme con la directiva en el supuesto de que los equipos, aparatos y materiales vayan a destinarse presumiblemente a la realización de copias privadas.

De esa forma, la asignación de una retribución a los titulares de los derechos como consecuencia de la aplicación indiscriminada a empresas y profesionales que, "según muestra la práctica", adquieren los aparatos y soportes de reproducción digital para fines ajenos a la copia privada, no constituye una "compensación equitativa", concluye.


La Razón

Leer la notícia en otros medios:

Libertad Digital: El canon digital que se aplica en España es ilegal

El País: La abogada del Tribunal de la UE ve "indiscriminado" el canon digital

ABC: El canon digital aplicado indiscriminadamente es ilegal

El País: El canon digital es ilegal, según la abogada del Tribunal Europeo de Justicia

El Mundo: La abogada general de la UE afirma que el canon no se puede aplicar indiscriminadamente

lunes, 10 de mayo de 2010

Un buen gestor del odio. Por Gabriel Albiac

¿QUÉ es un profesional de la política? Un buen gestor del odio.

Madrid, 12 de octubre. 2003. Tan trivial era el gesto que ningún asistente se había apercibido. Tan insignificante era también su autor. Ya a media tarde, hubo de ser él mismo quien telefoneara a las redacciones: «¿Qué? ¿Qué os ha parecido lo que he hecho...?» Y, ¿qué diablos es lo que podría haber hecho aquel pesado don nadie?, se preguntaron, tras colgar, los requeridos. Repaso de las fotos, por si acaso. Nadie que no sea del gremio puede imaginar la cifra de las que se hacen en el curso de un desfile. Al fin, en una de esas que los fotógrafos tiran al azar de la ráfaga, aparece la tontada: el chico que sustituyó a Borrell tras levantarle la merienda a Bono, está sentado con cara de mala leche; todos, a su alrededor, de pie. ¡Bingo! Hay quien cambia la «primera», a toda prisa: ahí va la foto. Más por irrisión que por otra cosa. Un cateto, tenso en su silla mientras las tropas de un aliado pasan, no deja de ser un espectáculo. Y José Luis Rodríguez Zapatero -que hasta ese día se llamaba Nadie- inicia su leyenda.

Madrid, 2010. 8 de mayo. Joe Biden ha pedido visitar el acuartelamiento de la Bripac, para «rendir tributo a los verdaderos guerreros» que van a combatir -a combatir- junto a los soldados estadounidenses en Afganistán. «Nuestros soldados en el campo de batalla, cuando pueden elegir quién les acompaña, lo hacen a favor de que sean unidades valientes como éstas». Nada demasiado extraordinario: un vicepresidente americano, cuyo hijo ha combatido en Irak, arenga a soldados que combatirán al mismo enemigo en otro frente. El presidente español habla luego: no a soldados; sí a imaginarios enfermeros y asistentes sociales que nadie ve por ninguna parte. El espectáculo podría ser regocijante. No tanto, si uno recuerda la reacción de ese presidente cada vez que un camarada de estos a los cuales tiene ante sí ha caído en el campo de batalla: ausencia. Regocijante, no. Electoral, sí. Y mucho.

Quienes reímos del infantilismo necio de aquel cateto que, en 2003, llamaba a media tarde a los periódicos para mendigar su foto de adolescente descortés en la primera página del día siguiente, nos equivocábamos. No porque el de la suplicada foto fuera menos infantil o cateto de lo que parecía. Nos equivocábamos en lo esencial: no entendimos que infantilismo y catetez, sumadas a una impecable carencia de escrúpulos morales, son arma eficacísima en las manos de un frío profesional de la política; esto es, de un tipo que jamás se ha ganado ni se ganará la vida de otro modo que no sea engañando al contribuyente, ese pobre animal que vota, calla y paga.

No había sectarismo ideológico en el maleducado gesto de entonces. Como no hubo delirio -no sólo- en el discurso del sábado ante el vicepresidente Biden. Había -y hay- cálculo electoral. Bien medido. La más irracional pulsión -y la más eficiente- del inconsciente político español es el antiamericanismo. Arranca del trauma que liga el ascenso estadounidense al naufragio de la última migaja del imperio español en 1898. Y trasciende a ideologías: igual de antiestadounidense es, en España, la izquierda comunista que el franquismo. La retórica de un Girón de Velasco y la de un Santiago Carrillo son, en eso -no sólo en eso-, intercambiables. Que los Estados Unidos salvaran a Europa del irreversible reparto entre Hitler y Stalin, sólo refuerza ese odio.

Da votos. El rencor, digo. Puede que, de verdad, sea lo único que da votos en España. Y hasta un necio puede entender eso. Un necio sin escrúpulos. Que apueste por administrar en su provecho el odio.


ABC - Opinión

Los especuladores tenían razón: España será rescatada. Por Juan Ramón Rallo

El plan de rescate supone el punto final al sueño de la Unión Monetaria. Podrá reconocerse o no, pero si sólo existen dos formas –inflación o rescates costeados por Alemania– de que el euro sobreviva, es que el euro está muerto.

Quizá alguien se pregunte de dónde sale la cifra de 750.000 millones de euros que los ministros de Economía de la Unión Europea acaban de acordar para, según dicen, proteger al euro y combatir a la "manada de lobos" de los especuladores. Algunos pensarán que es una manera de rescatar por completo a Grecia y despejar las dudas sobre el repago de su deuda. Pero no se dejen engañar, porque al menos los números no dejan lugar a dudas.

La deuda total de Grecia se espera que ascienda a finales de este año a 330.000 millones de euros y la de Portugal se cree que llegará a 140.000. La diferencia entre 470.000 millones y 750.000 son 280.000 millones. ¿Les suena de algo esta cifra? Sí, justamente es la cantidad que la semana pasada se rumoreó que España iba a solicitar al FMI para poder refinanciar los vencimientos de la deuda de este año.


Lo cual, al margen de los diversos encajes numéricos posibles, significa dos cosas: una, que Zapatero volvió a mentir como un bellaco cuando dijo que era "absolutamente falso" que nuestro país necesitara y estuviera negociando un préstamo extraordinario; dos, que los especuladores acertaron de lleno. Si alguien quiso meter en la cárcel a quienes difundían rumores falsos, ahora debería estar reclamando el aprisionamiento de la plana mayor del socialismo nacional.

Por supuesto, la excusa oficial para aprobar este megaplan de rescate para Grecia, Portugal y España no ha pasado por reconocer que estos dos últimos países se encuentran realmente en una situación análoga a la helena, sino por denunciar que los especuladores han desestabilizado tanto los mercados que ya no les resulta posible a las economías más débiles encontrar crédito lo suficientemente barato. Ha sido, dicen y repetirán, una "profecía autocumplida": tanto se rumoreó que hacía falta un rescate que al final ha habido que crearlo.

Pero, de nuevo, no se crean estos camelos. Un plan de rescate de 750.000 millones de euros no se crea porque a España se le haya encarecido durante unos días la deuda 100 puntos básicos. No, el plan se crea bajo la certidumbre de que la economía española, como le sucedió a la griega y le iba a suceder a la lusa, tendrá serios problemas para encontrar toda la financiación que va a necesitar este año, con o sin especuladores.

Eso sí, habrá que reconocerles a los gobiernos europeos una maquiavélica inteligencia a la hora de filtrar rumores sobre lo que piensan hacer, crear con ello el pánico en los mercados, proclamar que ese pánico se debe a rumores falsos y finalmente hacer lo que pretendían hacer desde un principio pero justificándolo en la necesidad de tranquilizar a unos mercados revueltos por especulaciones sin fundamento.

Pero por maquiavélicos que sean, para Europa este plan de rescate supone el punto final al sueño de la Unión Monetaria. Podrá reconocerse o no, pero si sólo existen dos formas –inflación o rescates costeados por Alemania– de que el euro sobreviva a los políticos griegos y españoles, es que el euro está muerto y que no conviene a las sociedades que se preocupan más de su futuro que de vivir por encima de sus posibilidades a cuenta de los vecinos.

Para España, el rescate supondrá un alivio a corto plazo. Nunca nadie se ha empobrecido de la noche a la mañana por el hecho de que le regalen dinero; aunque no diría lo mismo con respecto al largo plazo: si la UE pretende regalarle tiempo a Zapatero para que continúe gastando impunemente, mal negocio haremos. Si la única consecuencia del plan es que Zapatero podrá endeudarnos todavía más, desde luego habrá sido tremendamente contraproducente incluso para los supuestos beneficiarios del mismo.

Por ello, los españoles no deberían dormirse sobre los inexistentes brotes verdes que pregona el Gobierno. Si no entendemos exactamente qué nos ha pasado, si no somos conscientes de que si España no ha quebrado ha sido por obra y gracia de Bruselas, si no reconocemos que padecemos a un Gobierno populista que está dispuesto a emplear el poder punitivo del Estado en sus campañas propagandísticas, si no asumimos la absoluta incapacidad de este Ejecutivo en todo aquello que no sea mentir, si no comprendemos que esta lamentable situación no es culpa de ningún especulador que no sea José Luis Rodríguez Zapatero y que, en definitiva, no saldremos de ella mientras esta calamidad humana continúe en el poder, entonces ningún rescate presente o futuro podrá salvarnos. Al fin y al cabo, el crédito que nos entreguen Francia y Alemania habrá que devolverlo en algún momento, pero ¿podremos hacerlo con un Gobierno que, si Europa no lo remedia, aprovechará el apoyo de Bruselas para seguir gastando a manos llenas?

Si la irresponsabilidad de los socialistas va acompañada de una mayoría ciudadana que también se siente irresponsable por haber aupado y por mantener en el poder a un Gobierno que la ha llevado a la quiebra, entonces esa parte de la sociedad se merecerá cada una de las miserias futuras que inexorablemente le tocará padecer. Por desgracia, también quienes llevamos años alertando contra este proceso de expolio nacional deberemos pagar entonces los platos rotos. Es lo que tiene el socialismo.


Libertad Digital - Opinión

Un país de arrebatacapas. Por José María Carrascal

POR muy desconsolado que esté el ministro Gabilondo por no haber logrado un pacto educativo, mi desconsuelo es mayor. Y es mayor porque teniendo bastante más años que él, conforme avanzo en edad me doy cuenta de que las naciones se forjan en la escuela, en los institutos, en las universidades, y que su futuro depende del nivel educativo de sus ciudadanos. No me refiero sólo al futuro económico, sino también al político, al social, al de convivencia interior y de prestigio exterior. En una palabra: de la educación depende que un país esté en la primera liga de naciones o en la segunda.

Todas las estadísticas arrojan que la educación en España se ha deteriorado hasta extremos vergonzosos. La agenda de todos los gobiernos ha sobrevaluado la política e infravalorado la educación, convirtiéndola en criada de sus intereses, atentos a la cantidad no a la calidad y primando la holgazanería sobre el esfuerzo. Se acusó el régimen de Franco de dejar la educación en manos de la Iglesia. La democracia la ha dejado en manos de cualquiera: los políticos, los padres, los propios alumnos. Así está ella, con las peores notas según el informe Pisa.

Ángel Gabilondo ha hecho un esfuerzo ímprobo para corregirlo, pero, tal vez por su formación teológica, olvidó lo fundamental: que la educación se funda en las matemáticas y la lengua. En el lenguaje de los números y en el lenguaje de las palabras. Un chico o chica que domine números y palabras está preparado para dominar cualquier disciplina y afrontar cualquier tipo de problema. De ahí que el PP acertase al exigir que todo pacto educativo tenía que empezar por restablecer el español como asignatura básica, y el ministro se equivocase al no aceptarlo por razones políticas, pues quiero creer que en su fuero interno coincida con mi tesis y no con las que dicen que «el español ya se aprende en la calle». Lo que nos ha traído generaciones incapaces de expresarse, escribir, aprender e incluso razonar correctamente. Lo peor que puede ocurrir en nuestro mundo del conocimiento.

Junto a ello, no conviene olvidar que la educación empieza por la formación de un buen profesorado. Que el bachillerato -al coincidir con la adolescencia- es la clave humana y cultural de los niveles educativos. Que la formación profesional es tan importante como cualquiera de los demás. Y que dejar a la educación en manos de los políticos es casi tan destructivo como dejarles la justicia.

Claro que para lograrlo, antes habrá que desterrar algo más dañino del alma española: que para la promoción social vale más la recomendación o la política, el famoso «enchufe», que la formación que se tenga. Mientras eso no llega, la educación será un factor secundario en la vida española, y España, un país de arrebatacapas, en el pelotón de los torpes, nunca mejor dicho, europeo.


ABC - Opinión

Las derechas invertebradas. Por José García Domínguez

Que el parche de Gabilondo tampoco garantice el uso del español como lengua docente, lejos de enfrentarlos, es capítulo en el que tanto PSOE como el PP con mando en plaza comparten feliz acuerdo.

Basta con ojear la célebre lista de los diez libros más vendidos en España para hacerse una idea, siquiera aproximada, del cataclismo sufrido por nuestro sistema de instrucción pública desde la implantación de la LOGSE y la pareja eclosión de la dictadura de los pedagogos en escuelas e institutos. Al punto de que ya han devenido lugar común las jeremiadas a cuenta de los informes Pisa; la miseria léxica y gramática de los jóvenes licenciados; o el definitivo divorcio entre la Universidad, apenas mero apéndice del colegio, y la alta cultura. Tan sabido y manido resulta el asunto que hasta el PSOE viene amagando con un pacto de Estado con tal de desfacer su propio entuerto. Aunque sólo un poquito.

Así, al modo del Príncipe de Lampedusa, ese flamante heredero de aquel olvidado Pettit, les urge ahora que todo cambie a fin de que todo siga igual. También, claro, en la educación. Nada cabría objetar, entonces, al rechazo del partido de las derechas a legitimar ese leve apaño cosmético; nada, salvo la premisa mayor expuesta aquí mismo por Cospedal. Y es que ha dado en apelar la secretaria general de la formación de Alberto Núñez Feijóo, Francisco Camps y Manuel Fraga, entre otros muchos, demasiados, a "la imagen de España invertebrada que luce en el frontispicio del actual Consejo de Ministros"; o sea, al mismo paisaje acotado, parcelado, privatizado, amurallado y subtitulado que, a día de hoy, igual se refleja en las relucientes vidrieras de Génova 13.

Pues que el parche de Gabilondo tampoco garantice el uso del español como lengua docente, lejos de enfrentarlos, es capítulo en el que tanto PSOE como el PP con mando en plaza comparten feliz acuerdo. ¿A qué recordar, por lo demás, que todo cuanto el filósofo madrileño repudiara en su España invertebrada supone precisamente lo que con más afán celebran y cultivan los barones –y, ¡ay!, las baronesas– de las derechas confederadas? Así la celosa endogamia particularista de las distintas facciones enrocadas en sus feudos inexpugnables. Por algo, constata ahí Ortega: "La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás". Hágame caso, Cospedal, relea el libro con urgencia, pero ante un espejo. Cóncavo, a ser posible.


Libertad Digital - Opinión

Alemania y Europa

LA crisis económica está erosionando las posiciones de todos los gobiernos, incluyendo las de aquellos que están gestionándola con éxito, como es el caso de la canciller alemana Angela Merkel.

Su derrota en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia es una señal de descontento que se refiere no tanto a la situación en Alemania, sino a cierta sensación de hartazgo de los electores alemanes ante el estado de cosas en Europa. Lo peor de estas elecciones es que demuestran, por primera vez tan claramente, que el país más importante de la Unión empieza a ser invadido también por el pernicioso ambiente de euroescepticismo, lo cual es una mala noticia para todos.

La canciller alemana ha sido acusada de haber retrasado las principales decisiones para afrontar la crisis de Grecia, para tratar de minimizar las pérdidas en estas elecciones. Es evidente que se equivocó, porque con sus reticencias ha contribuido a dar tiempo a los especuladores en los mercados internacionales que han empeorado la situación, mientras que no ha podido convencer tampoco a sus compatriotas de que lo mejor para Alemania es contribuir a la supervivencia del euro salvando a Grecia.


El euro se encuentra en grave peligro, por primera vez las tesis que dan por hecho su desaparición ya no son tomadas a la ligera y el papel de Alemania es en estos momentos más crucial que nunca para el futuro de Europa. Angela Merkel ha sido con su liderazgo hasta ahora una brillante impulsora del proyecto europeo, pero la imagen que se transmite dentro y fuera de Alemania es que su único papel es el de pagar los desaguisados de otros gobiernos y las ocurrencias de Bruselas. Es evidente que eso no es justo. Alemania es la principal contribuyente porque es el país más rico y más poblado de la Unión Europea, pero también es uno de los mayores exportadores del mundo, hasta el punto de que puede haber quien crea que tiene capacidad para contemplar su proyección estratégica hacia el mundo en solitario. A pesar de esta derrota, la canciller democristiana debe mantener a Alemania anclada en una Europa donde pese a todo tiene sus principales intereses presentes y futuros.

ABC - Editorial

Blindar el euro

La UE y el FMI acuerdan un fondo masivo y sin precedentes para proteger a los países del euro

Los ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) acordaron la pasada madrugada, justo antes de que abrieran los mercados financieros, un fondo de rescate multimillonario y sin precedentes para garantizar el restablecimiento de la estabilidad financiera en la zona euro. Las dificultades que atraviesa Grecia, y las amenazas que se ciernen sobre otros países, como España, requerían medidas rotundas y resortes institucionales permanentes para afrontar crisis de tanta envergadura como la actual. La constitución de un fondo de emergencia que, entre lo que aporten la UE y el Fondo Monetario Internacional, alcanzará los 750.000 millones de euros a través de créditos y avales es una buena muestra del reto que afronta la economía europea, cuyas dificultades amenazan con contagiar al mundo entero.

Están por ver los resultados de la histórica decisión adoptada ayer en Bruselas y si se articula con eficiencia y agilidad en la siempre complicada burocracia europea, pero sin duda marca un antes y un después en la historia de la Unión. Es, sin lugar a dudas, un golpe de acción contundente para transmitir serenidad a los mercados y, con ello, sentar las bases para reducir la explícita asimetría entre una completa unión monetaria y una integración política inexistente. La otra señal que salió de la reunión de ayer es el propósito de enmienda adicional de las autoridades españolas para dar una vuelta de tuerca que refuerce la reducción del déficit público en los dos próximos años.

Aunque esta no es una crisis originalmente europea, su contagio ha hecho de la UE la región más dañada. Grecia fue la primera, pero la semana pasada hemos tenido evidencias suficientes de la facilidad con que se convierte en sistémica esta crisis, azuzada por los ataques de quienes el Ecofin ha tildado de "manada de lobos". Estos males estuvieron precedidos por las arbitrariedades de las agencias de calificación crediticia, tras los errores mayúsculos previos a la crisis. Si a esto se añaden las poco ortodoxas maneras de bancos de inversión como Goldman Sachs o Lehman Brothers, es lógico que los contribuyentes reclamen a los Gobiernos actuaciones firmes como la adoptada esta madrugada. La moneda única europea está siendo más cuestionada que nunca. Es hora de decisiones como las aprobadas por el Ecofin. Y esto incluye al BCE, empeñado demasiadas veces en dar la impresión de que va por detrás de la realidad.

Junto a las actuaciones reguladoras y de mayor supervisión sobre quienes han motivado la crisis, Gobiernos como el español tendrán que aplicar decisiones impopulares de reducción del gasto público. Si las intenciones de austeridad han de ser inequívocas, tal como promete el Gobierno español con reducciones adicionales de gasto público tras los encuentros de Zapatero con los líderes europeos, conviene que se asienten en hipótesis macroeconómicas creíbles a medio y largo plazo. Para ello es fundamental llegar a acuerdos con los demás partidos, especialmente con el PP.


El País - Editorial

El rescate preventivo de España

España debería ser consciente de que con Zapatero en el poder sólo le espera una bancarrota a la que probablemente habríamos llegado en poco tiempo de no haber sido por la UE y el FMI.

La semana pasada se extendió el rumor de que España iba a solicitar un préstamo de 280.000 millones al FMI ante la imposibilidad de hacer frente a la refinanciación de su deuda. Tal circunstancia encendió todas las luces de alarma en torno a nuestra economía, hasta el punto de que el diferencial de la deuda española con la deuda alemana aumentó a 160 puntos básicos y la bolsa se desplomó alrededor de un 15%.

El Gobierno socialista, lejos de entonar el mea culpa por su manirrota gestión durante esta crisis, prefirió echar balones fuera y culpar a los especuladores de estar difundiendo falacias que promovían los ataques contra intereses españoles. Algunos socialistas incluso hablaron de la necesidad de meter en la cárcel a estos especuladores y, de hecho, el fiscal general del Estado no tardó en referirse a la "criminalidad económica" para perseguir a estos enemigos de la patria. El presidente del Gobierno, tratando de tranquilizar a los mercados y aprovechando para cargar contra los especuladores, calificó de "absolutamente falso" ese rumor y volvió a insistir en que "no daba crédito" al escuchar las comparaciones entre Grecia y España.


Sin embargo, de la reunión del Ecofin de este domingo, que se extendió hasta altas horas de la madrugada del lunes, ha salido aprobado un plan de ayuda para los países de la zona del euro dotado de 750.000 millones de euros. Mucho más, por supuesto, de lo que se prevé que pueda llegar a necesitar alguna vez Grecia, cuya deuda total ascienda a 300.000 millones. Mucho más también de lo que puede necesitar Portugal, cuya deuda pública se sitúa en 150.000 millones. Sólo cabe explicar el monto de la operación (superior en 300.000 millones a las necesidades absolutas de Grecia y Portugal) por tener otro destinatario: España.

Al final, pues, los rumores "absolutamente falsos" no han hecho más que confirmarse y la UE y el FMI han creado un fondo para refinanciar la deuda de España. Los especuladores estaban en lo cierto y los ataques del presidente del Gobierno, de la vicepresidenta y del fiscal general no eran más que una nueva mascarada con la que ocultar su responsabilidad en todo este desbarajuste.

Tal es la incapacidad de este Gobierno para hacer frente a la crisis, que sin llegar a una suspensión de pagos oficial, ha tenido que ser rescatado preventivamente por la Unión Europea. Y, pese a ello, pese a sumir al país en una situación de ruina casi total, el único compromiso al que se atreve a llegar es al de reducir para este año medio punto más de lo previsto el déficit público (hasta el 9,3%).

Lo cual, por cierto, sólo es un nuevo engaño de Zapatero, pues las cifras de déficit público registradas hasta marzo de este año no indican precisamente que el país vaya a lograr reducir el déficit un 12%, como prometió en febrero, o un 17% como prometió ayer domingo, sino que por el contrario lo está incrementando a un ritmo del 18% interanual.

España debería ser consciente de que con Zapatero en el poder sólo le espera una bancarrota a la que probablemente habríamos llegado en poco tiempo de no haber sido por la UE y el FMI. Pero Europa también debería tener presente que con Zapatero no se puede ir a ningún lado y que todo compromiso que haya podido adquirir sólo podrá ser incumplido. La palabra de nuestro presidente no les debería resulta suficiente para regalarle cientos de miles de millones.

A Europa y a España se les acaba el tiempo. Zapatero se ha convertido en un problema para todos.


Libertad Digital - Editorial

El horizonte de las cajas

LA reunión entre el presidente del Gobierno y Mariano Rajoy parece haber desbloqueado la reestructuración de las cajas de ahorros.

Esperemos que sea así, porque los problemas de esa parte del sistema financiero y la aparente incapacidad política para resolverlos han contribuido mucho estos días a aumentar la percepción de riesgo España. El acuerdo promete agilizar las fusiones y acabar con el veto autonómico. Lo que supone considerar que los problemas de liquidez y eventual solvencia de una parte de las cajas de ahorros nacen de su pequeño tamaño y de la injerencia política. Lo primero no es del todo cierto, porque una caja grande no es necesariamente más solvente que dos medianas y algunas de las fusiones intrarregionales que se están planteando apuntan en esa dirección. Lo que invita al escepticismo sobre la voluntad de resolver el segundo problema, la injerencia política. Todo se complica porque una vez ratificado en Cataluña el principio de que los trapos sucios se lavan en casa, no hay argumentos para negar su aplicación en otras Comunidades. Lo peor de ese apaño no es sólo que no garantiza la solvencia de las entidades resultantes, sino que hace aún más difícil su despolitización.

Los problemas de liquidez de las entidades financieras van a continuar. La situación de incertidumbre en el área euro sólo los empeora. Todo acuerdo que aspire a funcionar ha de contemplar la necesidad de recapitalizar un buen número de cajas de ahorros y de aumentar el capital de todas ellas, por prudencia y por exigencia regulatoria como consecuencia de la aplicación de Basilea III. Las cuentas de resultados de las cajas no van a generar un flujo de beneficios suficiente y pueden lastrar aun más la recuperación del crédito al sector privado. Es pues necesario atraer capital externo y ese sólo puede venir de particulares o del Gobierno mediante las cuotas participativas. Cambiar la ley de órganos rectores, algo sin duda deseable, puede esperar. Es más urgente, y más eficaz, utilizar ya las cuotas participativas con derechos políticos tal y como prevé el FROB. Forzar la emisión de estas cuotas; testar primero si hay capital privado interesado y si no que sean adquiridas temporalmente por el Banco de España; utilizar luego los poderes políticos que confieren para proceder a la reestructuración, fusión, venta, o liquidación de las entidades. Ese y no créditos para que los actuales propietarios y gestores sigan mareando la perdiz ha de ser el destino del FROB. No se quiso o no se pudo reformar las cajas en tiempos de bonanza. El ajuste habrá de ser ahora, en plena crisis de confianza, más duro y radical.

ABC - Editorial

domingo, 9 de mayo de 2010

¡Salvad el euro!. Por José María Carrascal

YA no se trata de salvar a Grecia. Se trata de salvar el euro.

O lo que es lo mismo, esa maravilla moderna que es la Comunidad Europea, «el mayor éxito del último siglo», hacia la que se dirigen gentes de África, Asia, América, en busca de futuro. Pero puede ser pasado. La rica, social, democrática Europa teme el efecto dominó: que la caída de Grecia traiga la de Portugal; que la de Portugal, la de España, y que la de España, la de todos. Pues si hay dudas de que los 140.000 millones de dólares que van a prestarse a Grecia bastarán para salvarla, los 600.000 millones que se necesitarían para salvar a España, según Mark S. Kirk, miembro del Comité Financiero del Congreso norteamericano, no los tienen ni el FMI ni la CE. Con lo que todos, al hoyo. Nada de extraño que las Bolsas estén de los nervios y que en Bruselas haya reuniones de urgencia para establecer mecanismos de defensa de la moneda única, que miraba al dólar por encima del hombro, para perder valor diariamente respecto a él.

Hoy comprobamos que los agoreros que advertían contra el establecimiento de una moneda común para estados de muy diferentes niveles económicos, sensibilidades políticas y hábitos sociales, podían tener razón. Más, sin tener la misma fiscalidad ni la misma política económica, es decir, el mismo gobierno. Por muchas disposiciones que se dictaran desde Bruselas, los países habituados a gastar más de lo que ingresaban, seguirían gastándolo. Mientras tenían su propia moneda, el remedio cuando el déficit se hacía insoportable era devaluarla. Una especie de purga tras una indigestión, que abarataba los productos propios y encarecía los ajenos, con el consiguiente adelgazamiento general. Pero con una moneda única europea, la devaluación se hacía imposible, y lo que han hecho esos gobiernos es transferir sus déficit al euro. Algo así como cargar los gastos personales a la tarjeta de crédito común. Y que los demás pagasen.

Es lo que venían haciendo los griegos, hasta que la crisis financiera mundial ha descubierto todas las granujadas en curso. Un poco tarde, pues el daño estaba hecho y salvar a Grecia va a costar un ojo de la cara al resto de los europeos. Pero el problema, como les decía, ya no es Grecia. Son los que puedan venir tras ella, nosotros entre ellos, con una economía cinco veces mayor que la griega, es decir cinco veces más difícil de sanear.

Por lo pronto, nos han hecho pagar el 3,58 por ciento de interés por los 4.500 millones de euros que acabamos de pedir prestados, mientras por los 2.300 millones que pedimos en marzo pagamos el 2,8. No se alarmen. Estamos todavía lejos del 9 por ciento que le hacen pagar a Grecia. Pero todo se andará si cuanto hace Moncloa ante la crisis es decirnos que estamos saliendo de ella.

Lo que no nos dice es que hemos entrado en otra mayor, con nosotros en el epicentro.


ABC - Opinión

Reducción drástica, no. Por José T. Raga

Señor presidente, cada día que pasa sin tomar una medida para contrarrestar la crisis es un día perdido, un día que nunca más volverá, y un día en el que su falta de aprovechamiento provocará una pérdida en las condiciones de vida de los españoles

¡Qué desgracia! Parece ser que para lo único que el señor presidente del Gobierno no ha sido radical desde que comenzó su infortunada andadura al frente de la nación española, es para lo único que el mundo entero y los españoles con sentido de futuro hubieran apostado por la radicalidad: estoy hablando naturalmente de la reducción del déficit público. Ya sé, porque nos lo ha dicho, que su ideología no le permite ni le permitirá nunca –esto no sé si lo he añadido yo o me parece habérselo oído a él– tomar algunas medidas por aconsejables o incluso necesarias que sean para el bien de la nación y del pueblo español.

Casi todos los días, organismos internacionales –Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea, Banco Central Europeo, etc.– así como destacadas aunque silenciadas voces nacionales de institutos de investigación y de expertos en el mundo económico, mandan mensajes al presidente del Gobierno, el inefable señor Rodríguez Zapatero, para que se ponga manos a la obra y reduzca a la máxima velocidad el déficit que está lastrando la economía española.


La irresponsabilidad –es difícil llamarla de otra forma– de quien ostenta la función de gobernar España, le lleva a tomar la cosa a broma, como si de algo pasajero se tratara. Es verdad que, de puertas adentro maquillamos las cifras para que parezca que la situación no es como para la máxima preocupación, pero eso mismo es difícil que sea efectivo en el exterior. Es más, si picamos el anzuelo de la falsedad, como hicieron los griegos, nos puede pasar también lo que les ha pasado a ellos: un plan de ayuda a la economía griega de dureza inimaginable si las decisiones correctas se hubieran tomado a su debido tiempo.

Nosotros, de la mano de nuestro presidente, tenemos también la opción de seguir mirando para otra parte. Es más, podemos contemplar cómo se reúnen el jefe del Gobierno y el jefe de la Oposición para hablar de temas tan sustantivos como el rescate de la economía griega, o la necesidad de reformar la normativa sobre las Cajas de Ahorros. Porque, en España, no pasa nada. Sólo hay cinco millones de parados, pero, por lo visto, eso no tiene importancia. Ni para el Gobierno, ni mucho menos para quienes dicen defender los derechos de los trabajadores, los sindicatos, parece que el volumen de desempleo es algo accidental que no merece mayor consideración.

No se nos olvide que los sindicatos, ante la ausencia de problemas laborales en España, dedicaron la jornada, tradicionalmente reivindicativa, del primero de mayo último, a solidarizarse con el juez Garzón, porque no había otro tema de mayor urgencia ni más acorde con la función teórica que están llamados a desempeñar. Seguramente, pensarán como el presidente que las cosas hay que acometerlas, pero sin soluciones drásticas.

Es el problema de la izquierda; nada hay que anteponer a una ideología con capacidad de alienación. Así es que los sindicatos no quieren tratar el problema del paro de forma drástica, como el presidente del Gobierno tampoco quiere soluciones drásticas para reducir el déficit. Reducirlo sí –el menos de boquilla–, pero sin prisa; hay que dar tiempo al tiempo. Las cosas pueden esperar y el presidente, además de que su ideología le impide tomar ciertas decisiones, tiene un segundo problema y es que se cansa mucho, por lo que mejor dejarlo para mañana, que será otro día.

Pues bien, señor presidente, cada día que pasa sin tomar una medida para contrarrestar la crisis es un día perdido, un día que nunca más volverá, y un día en el que su falta de aprovechamiento provocará una pérdida adicional en las condiciones de vida de los españoles y, fundamentalmente, de la de los españoles que menos tienen. ¿A qué espera señor presidente? Temo que usted haya interpretado erróneamente una afirmación de las autoridades monetarias supranacionales. Repite una y otra vez un estribillo que ha aprendido de ellas, cacareándolo de forma desmedida –diría yo "drástica"–, aprovechando la mínima oportunidad.

Es cierto, así lo han dicho ellos, que España no es un caso como el de Grecia, lo que no explican son las diferencias. Es un caso que, de llegar a la situación griega, y ojalá no ocurra pero estamos en el camino, es bastante peor que la situación griega de hoy. En peso económico y por tanto en necesidades, venimos a ser aproximadamente unas cinco veces los importes comprometidos en Grecia. Ahí está la preocupación de la Unión Europea. Francamente, al euro le preocupa más España que Grecia. El golpe que ha recibido en el tipo de cambio como consecuencia del problema griego sería, quizá insoportable, en el caso de España.

De momento, el jueves ya no consiguió el Estado español colocar en el mercado la deuda pública que pretendía –tres mil millones de euros– conformándose en encontrar tomadores para 2.345 millones, y ello a un tipo de interés medio del 3,53 %, lo que supone 1,6 puntos porcentuales por encima del interés que paga Alemania. Compruebe, señor presidente, cómo se nos está deteriorando la situación económica y de credibilidad financiera, que en la anterior subasta de bonos a cinco años el mercado le aceptó cuatro mil quinientos millones de euros y a un interés más bajo.

¡Venga hombre, tómeselo en serio! Póngase manos a la obra, que la vida de muchos está en juego dependiendo de lo que usted haga. No tiene que renunciar a la ideología, pero sí dejarla aparcada un tiempo, hasta que esto se recupere y vuelva la confianza y la serenidad de futuro. No se atrinchere y no engañe; las revueltas griegas y las muertes producidas, son el resultado de una sociedad que se ha visto sorprendida por una realidad que le ha despertado del engaño en que le tenía sus gobernantes.


Libertad Digital - Opinión

El síndrome del capitán Achab. Por Ignacio Camacho

HACE algo más de un par de años se extendió por la opinión pública capitalina la idea de que Zapatero se parecía a Adolfo Suárez.

La comparación beneficiaba al actual presidente, menos eficaz que el líder de la Transición y menos dotado para la cirugía política, pero tenía un fondo de semejanza objetiva: se trata de dos dirigentes intuitivos, maniobreros, pragmáticos, improvisadores, escurridizos, de escasa formación intelectual y potente olfato aventurero. La diferencia esencial es que Suárez resolvió muchos más problemas de los que contribuyó a crear, a pesar de lo cual acabó su etapa en la Moncloa desbordado por una crecida de desconfianza general y señalado como un obstáculo para la normalización de un país a la deriva. Una sensación de alarma, cercana al pánico, que aproxima de nuevo su perfil al de este Zapatero nervioso y contrariado, con claros síntomas de bloqueo político, aislado y autista, incapaz de hacer frente a la crisis y falto de determinación y soluciones para afrontar la responsabilidad del liderazgo.

Como aquel Suárez de los primeros 80, Zapatero aparece ya como el principal impedimento para la recuperación económica y la estabilidad nacional. No sólo carece de crédito para tomar imprescindibles medidas de ajuste, sino que se ha manifestado tajante y reiteradamente contrario a ellas. Ha destruido con su levedad los mecanismos de cohesión del Estado. Provoca zozobra y desconfianza en los mercados de deuda, único sostén posible del desquiciado gasto público, y contribuye a aumentar el riesgo-país con una contumaz negativa a interpretar los síntomas de peligro de insolvencia. Atrincherado en un círculo pretoriano desoye advertencias razonables de personalidades socialdemócratas, y se muestra iluminado en su designio como el capitán Achab de «Moby Dick», atado al palo mayor de su propio inmovilismo. Parchea como puede -que puede mal- las situaciones críticas y empieza a contemplar graves disidencias y enfrentamientos en su mismo partido. Ya no encuentra siquiera eco para sus demasiado repetidos trucos de ilusionista, que se disipan ante la gravedad de unas circunstancias dramáticas. El clamor de unas elecciones anticipadas o de un gobierno de concentración empieza a abrirse paso en una sociedad política dominada por la inquietud. Y entre los suyos cunde la preocupación por un verosímil descalabro que deje al socialismo español herido para una larga etapa.

Nada indica, sin embargo, que vaya a parecerse también a Suárez en la forma en que éste accedió a resolver su colapso terminal, apartándose para evitar males mayores al darse cuenta de que se había convertido en un tapón que obstruía todas las salidas posibles. Más bien existe la sensación de que en su visionario mesianismo considera que todo el mundo está equivocado y que sólo él posee la clave de la deriva correcta. Y aunque ya no le queda nadie por engañar todavía permanece dispuesto a engañarse a sí mismo.


ABC - Opinión

De un viejo país ineficiente. Por Jesús Cacho

El sábado 1 de mayo, uno de los Espírito Santo, dueños del banco de mismo nombre con presencia en España, dio una fiesta en la vieja finca familiar sita en el estuario del Sado, bahía de Setúbal, sur de Lisboa, muy cerca de Alcácer do Sal, a la que asistió la elite empresarial portuguesa. Ningún miembro del Gobierno de José Sócrates, y un solo representante de la clase política local: el nuevo presidente del Partido Social Demócrata (PSD), principal fuerza opositora, Pedro Passos Coelho. Un motivo de conversación: la crisis financiera que, en la estela griega, ha colocado a Portugal contra las cuerdas tras la rebaja del rating de la deuda lusa efectuada por Standard & Poor’s (S&P). Y un solo español entre 120 invitados de postín, que a punto estuvo de abandonar precipitadamente el festejo, incapaz de soportar la presión generalizada de los asistentes: “¿Pero cuándo vais a echar a ese tío…?” El tío al que hacía referencia la clase dirigente portuguesa no es otro que José Luis Rodríguez Zapatero. Según Passos Poelho, “para un país pequeño como Portugal, pegado a la espalda de un vecino tan importante como España, lo que está ocurriendo con Zapatero es una tragedia, porque nosotros pagamos los platos rotos del descontrol español antes de que la cuenta llegue a Madrid. Este hombre se tiene que ir cuanto antes…”.

Afirmar hoy que la combinación de dos crisis, la política y la económica –más grave la primera, por muy aparatosa que se presente la segunda- ha colocado a nuestro país en uno de los momentos más críticos desde la Guerra Civil no es decir demasiado, a la vista de lo ocurrido en las últimas semanas. Muchas veces hemos dicho en este Con Lupa que el horizonte español de salida de la recesión era un buen puñado de años de estancamiento a la portuguesa o a la japonesa, que tanto monta, con crecimientos mínimos del PIB, altas tasas de paro y su correlato de empobrecimiento colectivo. Ya no es eso. Ahora mismo no se trata de eso, sino de algo más grave y urgente: la posibilidad de que una explosiva combinación de crisis de deuda y hundimiento de una parte sustancial del sistema financiero, fundamentalmente de las Cajas de Ahorro, se traduzca en un default, vulgar suspensión de pagos, del Reino de España. Un escenario agudizado por la situación de Grecia, obligada de facto a renegociar su deuda, que extiende su contagio a países con problemas de endeudamiento y de pérdida de competitividad como es España. Tras lo ocurrido esta semana, todo indica que estamos en un camino muy corto –probablemente antes del verano- y sin retorno, al final del cual se yergue la sombra de un crash de impredecibles consecuencias.

nútil resulta a estas alturas aludir a la sucesión de errores, centrados muy grosso modo en la pérdida de un tiempo precioso para haber adoptado las medidas de ajuste pertinentes, que han conducido a esta situación. Toda la política del Gobierno socialista consistió en negar la crisis, y una vez que su reconocimiento se hizo inevitable, intentar combatirla con una expansión del gasto público, filosofía resumida en el famoso “no me fastidies, Pedro, no me digas que no hay dinero para hacer política”. De modo que el enfermo español, cuya gravedad presentaba ya en el estallido de la crisis, finales de 2007, los síntomas clásicos de toda debacle económico-financiera que en el mundo ha sido, es decir, inflación de activos, altos niveles de deuda privada, pérdida de competitividad, un voluminoso déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente y una recesión, ha entrado en la UCI por culpa de la generación de un déficit público descomunal (11,4%), que sigue engordando.

Semejante cuadro, cocinado al baño maría de la crisis griega, ha convertido a España en un firme candidato a sufrir en sus carnes la situación de insolvencia que todo padre de familia acostumbrado a gastar más de lo que ingresa se ve obligado a afrontar en algún momento de su vida. Los españoles sabemos ya que Rodríguez Zapatero no acometerá las reformas que la situación demanda a gritos, y lo peor es que lo saben también los inversores extranjeros. También sabemos que si desde dentro no acometemos el ajuste de grado, desde fuera nos lo impondrán por fuerza. Nuestro funambulista, como esta semana lo calificaba el Herald Tribune, vive más que nunca recluido en su torre de marfil de Moncloa, rodeado por esos visitadores nocturnos, que decía Juan Luis Cebrián, que le recitan al oído el discurso que él quiere oír, no te preocupes, Presidente, no te amilanes ante los catastrofistas, esto no está tan mal, hemos salido de la recesión y en algún momento a lo largo de 2011 empezaremos a crear empleo, de modo que puedes volver a ganar las elecciones de 2012, porque lo que hay enfrente tampoco enamora. Y a eso juega con obstinación suicida. Una de las más recientes incorporaciones al “club de los visitadores” es la de Miguel Boyer (tres veces ha sido recibido en los últimos tiempos: “las dos primeras me preguntaba cómo veía la situación, yo le contaba mi punto de vista y él me despedía casi sin abrir la boca”), un hombre que parece empeñado en arruinar su antaño notable prestigio, que el pasado martes, en El País (“Ganar dinero apostando al desastre”) venía a confortar a ZP afirmando que “la demanda global” nos sacará del atolladero, de lo que se deduce que el genio de León no necesita mancharse las manos con las reformas, nada de esfuerzo, que sudar es de obreros.

Ya hemos encontrado un culpable: los especuladores

Don Miguel, que en su artículo se queja de “este clima lleno de exageraciones negativas y de especuladores”, le ha dolido en especial que “una agencia de rating de la importancia de Standard&Poor’s, haya contribuido a las ideas pesimistas -aunque sea levemente- pasando su rating para la deuda española de AA+, a sólo AA”. Lo que seguramente no sabe, o tal vez sí, es que el secretario de Estado de Economía tuvo que emplearse a fondo con S&P para convencerle de que no incluyera a España en el paquete de los leprosos, Grecia y Portugal, que recibieron su castigo el 27 de abril. El favor consistió en rebajarle el rating a España en solitario y 24 horas más tarde, el 28 de abril. José Manuel Campa parece haberse ganado también el sueldo con Moody’s, a la que ha persuadido, de momento, para que mantenga la calificación AAA para la deuda soberana española, aunque “todos en el Ministerio estamos convencidos de que nos la rebajará más pronto que tarde”. Zapatero, desagradecido, ha pagado esos favores pidiendo una agencia de calificación de riesgos europea que rompa el oligopolio de las anglosajonas (S&P, Moody's y Fitch) y ello con el mismo desparpajo con que el 9 de enero, hace apenas 4 meses, pedía sanciones para aquellos países de la Unión que no cumplieran el objetivo de equilibrio presupuestario…!

A Boyer no le han salido gratis los consejos que ha prodigado en Moncloa los últimos meses. El pasado 15 de abril, el ex ministro fue nombrado “consejero independiente” de la pública Red Eléctrica de España (REE). Ya podemos seguir aconsejando a ZP de que no es bueno hacer reformas en tiempo de crisis. Lo ha contado Mariano Rajoy a sus íntimos tras el encuentro en la tercera fase celebrado esta semana en Moncloa: “le decía que así no podemos seguir más tiempo, que hay que hacer reformas ya, y me contestaba que la situación no es tan grave, que a mí me están intoxicando y que las cosas no están tan mal”. El único problema son los “especuladores”, el nuevo mantra que el agit prop gubernamental expande estos días por tierra, mar y aire. Los malditos especuladores, muy honorables gentes antaño, cuando llegaban a España dispuestas a invertir su dinero a largo plazo, de repente convertidas en la “conspiración judeomasónica” del zapaterismo, y ello porque algunos han decidido llevarse su dinero a lugar más seguro, lejos de un radical de izquierdas incapaz de cumplir con las obligaciones del cargo, un tipo que ya no inspira la menor confianza dentro o fuera.

Alarmante resulta constatar que, con los ingresos fiscales cuesta abajo, el servicio de la deuda cuesta arriba (el diferencial entre la rentabilidad del bono español a 10 años y el alemán se ha disparado a 164 puntos básicos, con aumento del 67% desde el lunes) y la ausencia de planes serios de recorte del gasto, los desequilibrios básicos no hacen sino aumentar y a gran velocidad, retroalimentando la desconfianza radical de los mercados financieros tanto en la sostenibilidad de las cuentas públicas como en la existencia de un horizonte de salida de la crisis. Un escenario agravado por el deterioro de las cuentas de resultados de bancos y Cajas (una mayoría ya en pérdidas) como consecuencia del estancamiento de la actividad, de los números rojos inmobiliarios que habrán de contabilizar en los próximos meses y de la incapacidad de refinanciar a buena parte de sus grandes deudores, incapaces ellas mismas de refinanciar su propia deuda en el BCE y en los mercados financieros (muchos ya cerrados a cal y canto, excepto para los muy grandes). El corolario es la salida de capitales ya en curso, un proceso que solo puede acelerarse como consecuencia de la creciente sensación de que España se enfrenta a una situación de final incierto.

No hay más salida que la política

El descrédito del Ejecutivo es tan grande, que muy probablemente a estas alturas cualquier acción gubernamental destinada a evitar el crash está condenada al fracaso. No sólo el Gobierno ha rehuido presentar un plan de austeridad fiscal, de saneamiento del sistema financiero y de reformas estructurales capaces de convencer a los mercados de que era posible salir de la crisis y poner las finanzas públicas en orden, sino que ha incumplido las magras promesas que a primeros de febrero la ministra Elena Salgado y el secretario de Estado Campa vendieron durante su road show por Londres y París. Precioso tiempo perdido. El resultado es que a medida que pasan los días, las exigencias de los mercados son mayores. Si hace un año, incluso unos meses, hubiera bastado un programa moderado de reformas presupuestarias y estructurales, ahora la exigencia de disciplina y de reformas es mucho más enérgica para ser creíble. La consecuencia de todo ello es que va a resultar muy complicado evitar un desplome económico-financiero del país.

Como se ha insistido en otras ocasiones, la solución ya solo puede ser política, y camina por la vía de lo que cada día parece más necesario: un adelanto de las elecciones generales. A Rodríguez Zapatero le quedan prácticamente dos años de Gobierno, poco tiempo quizá para sus ansias de poder, pero demasiado para España. La sensación general que estos días se oye en labios normalmente ponderados es que “esto no aguanta y se va a freír puñetas antes de verano”. La incertidumbre subió ayer un grado con la noticia de la intervención de S.M el Rey, aquejado de un tumor pulmonar, lo que abre un paréntesis de imprevisibles consecuencias. De ahí que la responsabilidad del PP y Rajoy no se agote con la denuncia de la situación, y tal vez requiera ya de un paso al frente capaz de formular una moción de censura que, al menos, alerte a todos de la gravedad del momento y obligue a los nacionalistas de derechas a definirse ante Zapatero.

Esa responsabilidad no es solo de la derecha política. Es también, y muy fundamental, de unos empresarios –grandes banqueros incluidos- que siguen sosteniendo al frente de CEOE a un Díaz Ferrán en suspensión de pagos, y que callan como vulgares furcias ante la situación. Esa responsabilidad compete igualmente a las elites del Partido Socialista, que no pueden asistir impávidas al ejercicio de irresponsabilidad de un Presidente desbordado de la situación, que se limita a lanzar tontos mensajes de tranquilidad mientras bracea cual náufrago tratando de ganar tiempo. Verle ayer explicarse en televisión tras la cumbre extraordinaria de los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona que dio vía libre a la ayuda a Grecia, resultó un ejercicio penoso: estamos ante un hombre superado por la marea, que no sabe muy bien lo que dice, y que parece encontrarse al límite de su resistencia emocional. Triste fin de semana para un país triste. Tal vez sea llegado el momento de refugiarse en la poesía y seguir los consejos de Gil de Biedma en su “De Vita Beata”:
“En un viejo país ineficiente
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia”.

El Confidencial - Opinión

Lo que de verdad dicen los mercados de ZP. Por Emilio J. González

Los inversores saben que España está al límite, que camina al borde del precipicio y no quieren verse arrastrados a lo más negro y profundo del abismo por nuestros gobernantes.

El presidente del Gobierno, en su permanente huida hacia adelante, en su empecinamiento en negar una y otra vez una realidad que se le está cayendo encima a plomo, va a comparecer el próximo miércoles en el Congreso de los Diputados para recrearnos con un nuevo capítulo de la teoría de la conspiración. No va a hablar para nada de medidas para generar confianza, ni nada por el estilo. No, por el contrario, va a volver a escudarse en maquinaciones ficticias de los inversores cuando lo que de verdad está ocurriendo con España es que todo el mundo está perdiendo la confianza a pasos agigantados en la capacidad del Gobierno para hacer lo que hay que hacer con la economía y, por tanto, en la solvencia de nuestro país a la hora de atender los pagos de una deuda pública que sube como un cohete. Eso es lo que ocurre de verdad y la mejor prueba de ello es la observación y el análisis preciso de lo que está ocurriendo con el diferencial de tipos entre España y Alemania, que mide el riesgo creciente de invertir en nuestro país.

Hace apenas dos meses, ese diferencial entre el bono alemán y el español se situaba en medio punto, aproximadamente. Esta semana ha cerrado en 1,6 puntos. Si hubiera, como sostiene el Gobierno, una conspiración de los mercados contra España, el aumento de esa prima de riesgo hubiera sido fruto exclusivo del incremento de los tipos de interés de la deuda española o, dicho de otro modo, de la caída de su precio. Esto significaría que habría en el mercado quien estaría vendiendo masivamente deuda española y largándose con su dinero fuera de la Unión Europea o, al menos, de la zona euro. Sin embargo, lo que de verdad está ocurriendo es que la ampliación de las distancias con Alemania se debe a que se están vendiendo bonos españoles, provocando la subida de su rentabilidad, para adquirir títulos alemanes, lo que da lugar a la reducción de su interés. Es decir, se trata de movimientos intraeuropeos en los cuales los inversores están deshaciéndose poco a poco de activos que consideran más arriesgados o de menor calidad, como los nuestros, y adquiriendo aquellos otros que consideran más seguros y fiables, como los germanos. Esto no es conspiración, esto es simple y pura lógica financiera por la cual la desconfianza permanente que suscita el Gobierno en relación con la economía y el descrédito en el que han caído Zapatero y los suyos después de tanta política de brazos cruzados, de tanto prometer y tan poco cumplir, de tanto tratar de engañar a unos y otros, lleva a considerar que es cada vez más peligroso detentar activos financieros españoles y, por tanto, a deshacerse de ellos.

¿Quién está vendiendo deuda española? Pues ni más ni menos que aquellos inversores institucionales a los que su vocación inversora les obliga a actuar con prudencia. Me refiero, por ejemplo, a los fondos y planes de pensiones, que tienen que pagar prestaciones por jubilación con el dinero que gestionan y no se pueden permitir el perderlo así como así. O a los fondos de inversión de estrategia conservadora, a los que les ocurre tres cuartos de lo mismo. Nuevamente se ve claramente que no se trata de conspiración alguna de los mercados contra quien quiere reformarlos, como dijo Zapatero, en un nuevo alarde de su infantilismo megalómano, el pasado febrero cuando los inversores empezaron a ponerle en su sitio y como seguramente repetirá el próximo miércoles, sino de pura y simple prudencia en la gestión de los ahorros de la gente.

El problema es que Zapatero sigue sin querer afrontar que mientras no aborde un verdadero programa de saneamiento de las cuentas públicas que permita reducir drásticamente el déficit y una reforma laboral que permita generar empleo y, con él, impulsar el crecimiento económico y reducir el riesgo de insolvencia de las familias y, por tanto, de las entidades crediticias, nadie va a volver a confiar en la economía española. Los mercados están ya muy escamados con los problemas de Grecia y cuando miran hacia España ven que su sistema financiero se puede contagiar de la intoxicación helena, que sus cuentas públicas son insostenibles y, por tanto, que la capacidad del sector público para devolver lo que debe es muy limitada, que el Ejecutivo sigue apostando por más y más gasto y más y más deuda, que la subida del IVA va a provocar una nueva recesión, lo mismo que la retirada de los estímulos de gasto público al crecimiento, y que los sectores inmobiliario y financiero, tan estrechamente unidos entre sí, pueden colapsar en cualquier momento. Por eso no sólo no compran nuestra deuda pública, sino que están desprendiéndose de ella, poco a poco, como hacen siempre para no provocar un cataclismo en el mercado que les genere pérdidas innecesarias. Saben que España está al límite, que camina al borde del precipicio y no quieren verse arrastrados a lo más negro y profundo del abismo por nuestros gobernantes. E insisto una vez más, eso no es conspiración, es prudencia, lógica, sentido común o como quieran llamarlo.

¿Qué va a pasar a partir de ahora? Pues simplemente que la salida de esos inversores, que son estables, de largo plazo, expone cada vez más a nuestro país a una crisis de deuda porque esos inversores son los que estabilizan y sostienen el mercado. Zapatero trata de compensarlo pidiendo ayuda a la banca y a las grandes empresas españolas para que compren deuda. Sin embargo, la capacidad de una y otras para adquirir esos títulos es limitada, en parte porque sus recursos también lo son, en parte porque tienen que dar cuentas a sus accionistas de lo que hagan con el dinero. Por tanto, esa ayuda es limitada tanto en términos temporales como de cantidades y no ataca el mal de raíz, que es como se tienen que hacer las cosas en estos momentos, lo cual nos deja en una situación de debilidad más que propicia para lleguen los especuladores y hagan de las suyas a costa nuestra.

La teoría de la conspiración, por tanto, y como siempre, no sirve para explicar la realidad, sino para tratar de enmascararla porque, digámoslo alto y claro, esto no sucedería si el Gobierno hiciese sus deberes. Pero como ZP sigue queriendo pasar de puntillas sobre la crisis, sin mojarse lo más mínimo, pues en esas estamos, a la espera de que un día, que vendrá a no tardar mucho si seguimos con esta dinámica, se produzca la debacle de la deuda española, los tipos de interés se disparen y Zapatero tenga que solicitar un rescate que muy probablemente no se producirá por la simple y sencilla razón del tamaño de la economía española. Eso no es conspiración, eso es la consecuencia del Gobierno que tenemos y de que actúa como actúa.


Libertad Digital - Opinión

Los últimos, a la izquierda. Por M. Martín Ferrand

DANDO por supuesto que David Cameron consiga instalarse en el 10 de Downing Street, y olvidándonos de alguna de las repúblicas del Báltico que siempre confundo, no puede tratarse de mera casualidad que los tres países con gobierno socialista que quedan en Europa sean, precisamente, Grecia, Portugal y España.

Cabe sospechar que el maleficio, más que en el Sur, resida en la socialdemocracia. No es que la derecha europea, por centrada que se presente, sea para dar brincos de alegría; pero, fervores partidistas al margen, la homogeneidad socialista que coincide en el pelotón de los torpes europeos es un pista para el análisis. Del mismo modo que es imposible construir y mantener un régimen democrático sin demócratas, tiende a serlo el sostén de una economía de mercado, por muy social que quiera ser, por quienes creen en el Estado antes que en la Sociedad y aceptan las leyes de la oferta y la demanda, mejor que como incentivo para la competencia y el progreso económico, como una enfermedad que debe curarse con grandes dosis de intervencionismo.

José Luis Rodríguez Zapatero es el más radical de los tres líderes socialistas que manejan el freno en los vagones de cola de la Unión. Es tal su anacrónica obsesión socialista, evidenciada en su sectaria visión de la Historia, que sigue sin atreverse a reducir el gasto público -no necesariamente en sus capítulos de contenido social- como método para la reducción del déficit y la Deuda. Espera el milagro, algo inquietante en un agnóstico porque, en lo que se nos alcanza, la Virgen siempre se les aparece a los pastorcitos piadosos. Cuando Pedro Solbes estaba a su vera, y actuaba como un Pepito Grillo atento a la moderación del gasto, le faltaron iniciativas y redaños para enfrentarse a la crisis que no quiso ver y ahora, con Elena Salgado, que a juzgar por sus ausencias parece haberse dado a la fuga, todavía es mayor su desconcierto.

Hasta Silvio Berlusconi -¡el Señor nos libre de un esperpento semejante!- tiene más sentido del Estado y mayor inteligencia de la Sociedad que Zapatero. No digamos Angela Merkel, Nicolás Sarkozy y -ahora- Cameron que, con los citados, integran el quinteto de la decadente grandeza europea. Mientras, los últimos de la izquierda están haciendo el ridículo con su empecinamiento de efectos nocivos para los menos favorecidos de la población. Empezando por los parados.


ABC - Opinión

sábado, 8 de mayo de 2010

Conspiración contra España. Por Edurne Uriarte

Nuestro fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, no tiene intención alguna de investigar el fantástico enriquecimiento de José Bono, seguramente porque un progresista como él cree firmemente que cuando es un socialista el que se hace millonario, lo hace honradamente. A cambio, nuestro fiscal ha puesto en su punto de mira a los especuladores criminales que atacan España, la «criminalidad económica» que dice él, tras su segunda incursión política esta semana, primero para respaldar a Bono y después para apoyar judicialmente al Gobierno en la identificación de los culpables de la debacle económica nacional.

Lo que convierte en objetivos de este fiel escudero del Gobierno a todos los millones de españoles que tienen sus ahorros en bolsa, no sólo a los facinerosos inversores extranjeros. Por especular con su dinero, hay que ser criminal, e intentar protegerlo haciendo caso omiso de los mensajes de Zapatero sobre la estupenda situación económica de nuestro país.


El fiscal general contra el mercado y contra el capitalismo es la última variante de la disparatada estrategia gubernamental de inculpar a una conspiración capitalista de nuestros problemas económicos. Especuladores criminales que complementan a los antipatriotas de antaño. Y a los que se unen los del orgasmo. Y es que un columnista amigo de Zapatero ha hecho gran fortuna entre los suyos con lo del orgasmo, el orgasmo de Montoro cuando comenta las cifras de paro, ha escrito el excitado columnista. Los antipatriotas del orgasmo, explican desde el Gobierno, se alían ahora con los criminales de la bolsa. Y van de éxtasis en éxtasis erótico contradiciendo las valoraciones económicas del Gobierno.

«España está en situación de emergencia y Zapatero debe decirlo», acaba de afirmar Felipe González. Cabe temer que lo investigue Conde Pumpido e incluso que lo acusen de indecencia sexual.


ABC - Opinión

Que le den la aljaba. Por Maite Nolla

Que paseen a Rajoy por Cataluña no tiene ninguna consecuencia al margen del autobombo de los palmeros habituales, ya que no va acompañada de ninguna idea o estrategia. Vamos que el partido sigue en manos de los de siempre, para hacer lo de siempre.

Algo funciona mal en España cuando se valora como un elemento político de relevancia que Rajoy haya visitado más de quince veces Cataluña en dos años. De hecho, el fin de semana pasado un periódico de tirada nacional premiaba a la presidenta del PP de Cataluña por ese motivo con una flechita hacia arriba; pero porque no tienen algo más gordo, como una lanza o un cohete espacial. Los periodistas de derechas se alinean con los suyos, hagan lo que hagan, y se reservan las críticas para los socialistas. Y la falta de crítica de los propios, provoca que los políticos pierdan el norte y hagan el ridículo como la señora Camacho, que utiliza su propia imagen como si fuera Obama y, no contenta con eso, presenta libros sobre Cameron, simplemente por el gesto, aunque todo ello no signifique nada.

La cuestión es que a falta de algo de contenido hacemos de las visitas de Rajoy algo a valorar. Y para rellenarlo, se vincula a un intangible y difícilmente evaluable aumento de la presencia del PP de Cataluña en la vida política de por aquí, mientras que no se dice nada del estancamiento en las encuestas ni de la muy palpable pérdida de votos que se produjo en las Europeas. Que paseen a Rajoy por Cataluña no tiene ninguna consecuencia al margen del autobombo de los palmeros habituales, ya que no va acompañada de ninguna idea ni de ninguna estrategia. Vamos que el partido sigue en manos de los de siempre, para hacer lo de siempre.

Y así se entiende la reunión de Rajoy con Montilla. Incluso podemos dar por buena la justificación que da el PP, relativa a que hay que superar el pacto del Tinell; un pacto que fue uno de los episodios de mayor vergüenza política de los últimos años, precursor de lo que vino después con el estatuto. Así, podemos aceptar la reunión como un síntoma de normalidad, que parece que es a lo que aspira el segundo partido nacional en la segunda ciudad más importante de España.

Lo que sucede es que, aceptando todo eso, lo que no se puede tolerar es que Rajoy no defienda a sus militantes y votantes, teniendo oportunidad para ello. Desde el último intento frustrado de votación estatutaria el presidente de todos los catalanes se ha dedicado a decir, haciendo un resumen, que el PP fomenta la catalanofobia. No sé, don Mariano, diga usted algo, que es su partido. Y claro, si Rajoy no defiende siquiera a sus votantes, ni a sus militantes, ni a su propia organización política, tampoco podemos esperar que defienda a las instituciones del Estado. Porque no las ha defendido, aunque mañana le pongan todas las flechas que caben en la aljaba de Robin Hood. Vale que ha dicho que no va a retirar el recurso, pero ni una palabra de las decenas de leyes que el Tripartit ha aprobado en desarrollo del estatuto. Ni una palabra diciendo que si el PP gobierna y la sentencia le da la razón, lo primero que hará es revisar el contenido de todas y cada una de esas leyes. Ni una advertencia sobre que si llega la sentencia tendrá que cumplirse. Ni una palabra de reproche a la auténtica insumisión que el señor Montilla ha encabezado contra el Constitucional y contra el Estado de Derecho; nada. Una cosa, el pacto del Tinell no se supera aceptándolo.


Libertad Digital - Opinión

Luces y sombras. Por M. Martín Ferrand

ESTÁ claro que Mariano Rajoy nunca dice lo que piensa y de ahí la fama de su astucia; pero, ¿piensa lo que dice?

Según Baura, quienes han hecho virtud de la discreción y la reserva y encuentran confort en los silencios cautos y en las opiniones polisémicas, terminan por retratarse, incluso desnuditos, en cuanto bajan la guardia.

Como decía Madame de Pompadour, el gozo que produce quitarse el corsé tiende a compensarse con el dolor que conlleva embutirse en él. Rajoy -sospecho- bajó la guardia y se quitó el corsé ante los encantos entrevistadores de su paisana Julia Otero y, contra todo pronóstico y en contradicción flagrante con otras declaraciones suyas sobre el mismo caso dijo: «Voy a apoyar a Camps y Camps va a ser el candidato del PP en las próximas elecciones en Valencia». Ante el pasmo que cabe suponer en su entrevistadora añadió el líder de la gaviota: «Porque usted comprenderá que eso de los trajes yo no me lo creo».


Lo de Francisco Camps no es cuestión de fe. Es, antes y al margen de la Justicia, un asunto estético. Lo que verdaderamente descalifica al presidente de la Comunidad Valenciana es tener amistad y confianza con personajes como Álvaro Pérez, más conocido como «el Bigotes», y aparecer en las grabaciones, por espurias que resulten, en las que se le declara como «amiguito del alma». Los trajes son un síntoma que, gratis o de pago -ya nos lo dirá el juez-, evidencia un tipo humano contrario al paradigma que representa y propone el gran partido del centro derecha español. Rajoy tiene poder, porque los suyos se lo permiten, para convertir a Camps en candidato «diga la Justicia lo que quiera»; pero haría muy mal en usarlo salvo que el partido haga, como en su día hizo el PSOE con el marxismo, una renuncia plena y categórica a los supuestos de forma y fondo que alientan a las clases medias españolas, su base electoral.

Sorprendente Rajoy. El mismo personaje capaz de desbarrar en un asunto facilón como es -todavía- el de Camps, evidencia altura y sutileza, capacidad de líder y sentido del Estado, cuando acude a visitar a José Montilla. En tan comprometida entrevista el gallego le dijo al andaluz reconvertido en nacionalista catalán lo que debía. Defendió la Constitución, reafirmó el recurso del PP ante el TC y se opuso a la pretendida insensatez de renovar un tribunal ante la hipótesis de una sentencia que no le complazca a una de las partes.


ABC - Opinión

Rajoy sin coartada. Por Pablo Molina

Si el PIB no cae, Rajoy tendría un grave problema de cara a las elecciones generales, porque todas sus posibilidades de llegar a la Moncloa las ha centrado en el rédito electoral que le proporcionaría el desastre económico provocado por ZP.

Los datos de la actividad económica en este primer trimestre, que anuncian un primer esbozo de recuperación económica, es posible que estén maquillados. Quiero decir, es seguro que lo están. En todo caso, aunque las cifras fueran ciertas, eso no significaría el fin de los problemas económicos que padecemos, pues, como es sabido, tan sólo con crecimientos superiores al dos por ciento podríamos esperar que España comenzara a rebajar las cifras del paro.

No obstante, convirtámonos por un momento en un lector medio de Público y pensemos que los éxitos de Zapatero al frente de la economía están al caer. En esas circunstancias Rajoy tendría un grave problema de cara a las elecciones generales, las terceras consecutivas a las que va a concurrir, porque todas sus posibilidades de llegar a la Moncloa las ha centrado en el rédito electoral que le proporcionaría el desastre económico provocado por ZP.


Los sabios de Génova argumentarían que, a pesar de que la economía presente una mejora incipiente, el problema del paro seguiría en la misma situación y eso es algo que tiene que pasar factura al Gobierno. Bien, estamos ya técnicamente en cinco millones de desempleados, el veinte por ciento de la población activa, y no parece que a los votantes de Zapatero les preocupe la circunstancia más allá de alguna leve disminución en la intención de voto.

Pero es que las elecciones generales están previstas para dentro de dos años, tiempo más que suficiente para que la propia inercia de la recuperación exterior comience a notarse en nuestras finanzas, con lo que entra dentro de lo posible que, a pesar de la incompetencia proteica de Zapatero, los indicadores económicos presenten síntomas de una recuperación efectiva para esa fecha.

De llegar a esa situación, elecciones generales con claros indicios de que lo peor de la crisis ya ha pasado, será digno de ver cómo consigue Rajoy que le vote el electorado "centrista", Santo Grial de los genoveses, y que los habituales votantes del PP no dejen de hacerlo a pesar de sus traiciones programáticas. Porque, aparte de ligeras diferencias sobre cómo gestionar la economía, lo cierto es que el PP de Rajoy no se distingue demasiado del PSOE de Zapatero, algo que no había ocurrido desde que los siete magníficos fundaron la extinta AP. En educación para la ciudadanía, el aborto, el uso de la lengua común, la disgregación territorial de España a través de reformas estatutarias, la cultura subvencionada, el sindicalismo paniaguado y la subnormalidad del cambio climático, el PP no ha establecido hasta ahora una frontera clara entre su proyecto y el de los socialistas. Si esperan a ponerse a defender los valores, principios e ideas que comparte la derecha cuando ya no tengan más remedio puede ocurrir que sea demasiado tarde. Y eso en caso de que en Génova sepan cuáles son.


Libertad Digital - Opinión