sábado, 14 de noviembre de 2009

Paripé sindical. Por Emilio J. González

La medida alemana es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

¿Alguien esperaba algo de una nueva ronda del diálogo social? Francamente, yo no. Todo esto no es más que parte del paripé que se han montado el Gobierno y los sindicatos para dar la sensación de que hacen algo para combatir la crisis económica y la destrucción de empleo, cuando la realidad es muy distinta. Y si hoy los sindicatos se tienen que sentar a hablar con las empresas van a tener que empezar a debatir cuestiones que pueden sacarles los colores y prefieren seguir haciendo como hasta ahora: lanzar ideas para que un Corbacho siempre dispuesto a plegarse a sus deseos las recoja y trate de convertirlas en medidas gubernamentales.


El caso más reciente es la propuesta de Comisiones Obreras de que España haga como Alemania, donde los trabajadores han aceptado reducir su jornada laboral para mantener los puestos de trabajo y el Estado les cubre la diferencia entre el sueldo que perciben por menos horas de trabajo y el que obtenían antes de la reducción. Con ello, Alemania por ahora ha evitado que se disparen las cifras del paro, pero la realidad de la economía alemana es muy distinta a la española, donde resulta del todo punto imposible aplicar semejante política. ¿Por qué? En primer lugar, porque España, con un déficit y un endeudamiento públicos galopantes ya no tiene margen presupuestario alguno para hacer nada, después de que el Gobierno haya tirado el dinero como lo viene haciendo desde antes incluso de la crisis. En segundo término, porque Alemania ya empieza a poner rumbo hacia la recuperación económica, con lo que dicha medida tiene un horizonte temporal corto, mientras que en España, en el mejor de los casos, los primeros atisbos de recuperación no se producirán hasta 2012 y, desde luego, no bastarán ni para crear empleo ni, tan siquiera, para poner coto a la sangría del paro. Dos años es mucho tiempo para que el Estado pueda financiar semejante política cuando, además, no tiene un solo euro en sus arcas.

Por último, Alemania es un país de grandes empresas, que tiene capacidad para mantener sus plantillas con menos horas de trabajo y se recuperarán tras la crisis y volverán a ser capaces de mantener altos niveles de empleo, mientras que España es un país de pequeñas y medianas empresas que carecen de la capacidad de conservar el empleo y se ven amenazadas por la posibilidad de quebrar porque carecen de potencia financiera para aguantar el tipo y porque no tienen acceso alguno a una financiación que está devorando el Estado con ansiedad. Así es que la medida es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

A los sindicatos empieza a preocuparles la situación socioeconómica española, básicamente porque como ya se han destruido todos los empleos temporales, ahora el paro ya está afectando a los trabajadores con contrato fijo que son quienes, en última instancia, los sostienen con sus afiliaciones, escasas y decrecientes, y con su participación en las elecciones a comités de empresa, en las cuales muchos delegados se presentan bajo las siglas de UGT y CCOO sin ser afiliados de las mismas, lo que permite a ambas centrales mantener la ficción de que son representativas. Estos trabajadores con contrato fijo son los que ahora, ante la pasividad de Méndez y Toxo y su connivencia con un Gobierno que no hace más que empeorar la situación económica día a día, pueden volverse contra los sindicatos. De ahí su preocupación por dar la idea de que hacen algo cuando no es así. Por ello hablan de reducción de jornada a la alemana y por ello, también, han dejado que se extienda la idea de que se puede retomar el diálogo social, como si eso fuera a resolver algo.

Por desgracia, y tal y como están las cosas, a estas alturas ya no vale con decir que los sindicatos van a sentarse con la patronal a la mesa de negociaciones y no hacer nada más, porque la sociedad española ya está cansada de palabras huecas, sin contenido, y reclama soluciones. Unas soluciones que los sindicatos se niegan a debatir porque su posición no es pragmática, sino ideológica, y lo que hay que hacer en este país va en contra de las ideas equivocadas que defienden. Por ejemplo, hoy por hoy, con el 47% de los jóvenes en paro, es más necesario que nunca el acabar con el salario mínimo interprofesional para que puedan tener una oportunidad de ingresar en el mercado de trabajo, algo que nuestros sindicatos jamás van a aceptar. De la misma forma, es preciso abaratar el coste del despido en los nuevos contratos, que no en los ya existentes, para facilitar que las empresas puedan incorporar nuevos trabajadores en sus plantillas, a lo cual la respuesta sindical es un "no" más que amenazador. Y eso por no hablar ya, por ejemplo, de todo lo que tiene que ver con la movilidad laboral; ¿cómo se explica que, con los actuales niveles de paro, haya miles de puestos de trabajo sin cubrir en la agricultura?

Todas estas cuestiones, junto con la congelación e, incluso, reducción de los salarios, son las que tienen que tratarse en el diálogo social. Pero diálogo implica disposición a conversar y los sindicatos no la tienen cuando se trata de estas materias. Con lo cual no es de extrañar que Toxo haya enfriado las expectativas en torno al diálogo social. Mientras el Gobierno siga siendo prisionero de su temor a que los sindicatos le convoquen una huelga general y éstos persistan en su actitud de negarse a defender de verdad a los trabajadores y sus derechos, mientras perciben millones y millones de euros del Gobierno para tener la boca callada, aquí jamás podrá haber diálogo social. Y el tiempo de hacer el paripé por parte de las centrales ya ha pasado, porque no se pueden seguir creando falsas expectativas en una sociedad que pide a gritos soluciones contra el paro, porque las cosas pueden estar a punto de volverse contra UGT y CCOO.

Libertad Digital - Opinión

¿Y qué ha sido de nuestras instituciones?. Por Angel Expósito

Asistimos a una patética «desinstitucionalización» en España que parece no tener fin. Podemos poner sobre el tapete varios ejemplos y seguro que olvidamos algunos:

El Tribunal Constitucional ni está ni se le espera, y en la memoria ciudadana permanece como foto fija su presidenta abroncada por Fernández de la Vega; el Estado Mayor de la Defensa es ninguneado por una decisión política en contra de cualquier estrategia militar; la reforma de RTVE se plantea sin que su presidente sepa ni «mu» y la Audiencia Nacional emite un insólito comunicado contra el Gobierno, por no hablar del Consejo de la Energía o del Consejo de las Telecomunicaciones. Y para colmo, en otro plano, Laporta dejará al Barça sin un solo socio fuera de Cataluña; y del Real Madrid, mejor me callo.

Algo está pasando, y muy grave, cuando un Estado hace que sus instituciones pierdan su honor poco a poco. Esta «desinstitucionalización» paulatina resulta peor que su propia desaparición.


ABC - Opinión

viernes, 13 de noviembre de 2009

Gran inversión. Por Alfonso Ussía

La directora general del Instituto de la Mujer de Extremadura –título larguísimo–, doña María José Pulido, ha invertido14.000 euros en el fomento de las pajas. Ha presentado el proyecto en compañía de la presidenta del Consejo de la Juventud, doña Laura Garrido. Talleres de masturbación femeninos. Una «demanda social basada en el derecho de los adolescentes a ser informados sobre este tema». También «actividad lúdica y formativa», y «desarrollo e interiorización de hábitos saludables». Desde que el mundo es mundo ha existido la masturbación, pero esto de Extremadura, además de un despilfarro es una cursilería cerdita. ¡Qué lenguaje! Y además, nada originales las señoras Pulido y Garrido. En el socialismo se fomenta el autogozo desde muchos años atrás. También copionas. De doña Matilde Fernández cuando era ministra con Felipe González.

Corría el año 1992, y doña Matilde había negado una ayuda de 40 millones de pesetas a las Víctimas del Terrorismo. Simultáneamente, su Ministerio subvencionaba una publicación, «La Boletina», también centrada en el pajerío femenino. Una cochinada más cursi aún que la de Extremadura. «La Boletina» cerraba su publicación con un poema de la poetisa mejicana Rosa María Roffiel que no tiene desperdicio, por ser un desperdicio total. Pero antes, se informaba a las jóvenes españolas con ganas de autogozarse el chichamen de cosas tan interesantes como la que sigue: «Hay que aprender a examinar nuestros pechos y nuestra genitalia». Si Alitalia es la compañía aérea italiana, la genitalia será el conjunto de chichis de las italianas. Pero no. Se refería a las españolas, que a partir de aquel momento se examinaron más los pechos y la genitalia para progresar adecuadamente en la modernidad. A las señoras Pulido y Garrido se les ha olvidado referirse a la genitalia, y se conforman con las conocidas pajas de toda la vida, objetivo social de los 14.000 euros que han volado entre grititos y suspirillos que se hubieran producido igualmente sin necesidad de invertir los 14.000 euros. O no, que en esto de las pajitas femeninas saben más doña María José y doña Laura que este servidor de ustedes, que después de examinarse concienzudamente sus pechos y su genitalia ha llegado a la conclusión de que no tiene cómodo acceso a los 14.000 euros pajilleros. Y les ha fallado también el poemario de Rosa María Roffiel, seguramente por culpa de la incultura poética de doña María José y doña Laura, a las que recomiendo desde aquí la urgente adquisición de cualquiera de sus libros. Versos elegantes, limpios y sencillos, como los de su escalofriante poema «Gioconda»:
«Mi vulva es una flor,
es una concha,
un higo,
un terciopelo,
es color rosa,
suave, intima, carnosa.
A mis doce años le brotó la pelusa,
una nube de algodón entre mis muslos.
Es mi segunda boca,
mis cuatro labios,
y siente, vibra, sangra, se enoja, se moja, palpita y me habla».

Poema digno de ser recitado durante los talleres de masturbación femenina que tanto emocionan a doña María José y doña Laura. Extremadura ha alcanzado el progreso.

La Razón - Opinión

Un tapado en el armario. Por Emilio Campmany

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem capaz de regenerar las instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía (Rato).

Supongamos que Esperanza Aguirre se convenció hace unos meses de estas cosas: primero, que Rajoy no llegará vivo a 2012 y si llega, será para perder; que su caída abrirá la lucha entre ella y Gallardón; y que vencerá quien de los dos tenga más apoyos en el partido. Supongamos que entonces reflexionó sobre cómo asegurarse esos respaldos. Supongamos que pensó que las adhesiones, en los partidos, provienen sobre todo de las lealtades personales, de la capacidad de obtener financiación para las elecciones y del predicamento que se tenga entre el electorado. Supongamos que entonces la presidenta de la Comunidad de Madrid calculó que cuenta con muchos leales entre los cuadros medios del partido, pero que éstos podrían estar dispuestos a traicionarla si perciben, con razón o sin ella, que Gallardón tiene más respaldo económico y más carisma entre el electorado.


Supongamos que entonces Esperanza Aguirre se preguntó qué hacer. Supongamos que decidió que necesitaba vencer en Caja Madrid para tener casi tanto poder económico como Gallardón. Sin embargo, esto podía no ser suficiente si Gallardón convencía al partido de ser más atractivo para el electorado. Supongamos que Aguirre pensó entonces que la crisis económica ofrecía la oportunidad de ser mucho más carismática que el alcalde manirroto si, junto a su atestiguada costumbre de ser comedida en el gasto, era capaz de presentarse con un aliado que ofreciera garantías de ser capaz de reanimar la economía española. Quién mejor que Rodrigo Rato, que ya la había recuperado antes. El que Gallardón, en su soberbia, no perciba que en este momento necesita a un aliado que ofrezca solvencia en la gestión de las cuentas públicas y crea que con Cobo tiene bastante no hizo más que añadir ventajas a la decisión de buscar la alianza de Rato.

Supongamos que Esperanza Aguirre negoció con Rato y ambos decidieron unir los dos elementos de la estrategia colocando a Rato en Caja Madrid. Desde allí, Rato podría ofrecer tanta financiación electoral al partido como la que pueda proporcionar Gallardón y, a la vez, hacer propuestas económicas con las que ir empezando la campaña contra Zapatero. Supongamos que el primer intento de colocar a Rato salió mal porque Rajoy no aceptó a uno que podría utilizar la plataforma para hacerle sombra. Y supongamos que entonces Aguirre decidió proponer a quien suscitara la airada oposición de Gallardón, esto es, a alguien de su absoluta confianza, Ignacio González, con el fin de que su obstinación en el veto allanara el camino a Rato. Supongamos que entonces Rato acertó a conseguir que desde Moncloa y otros núcleos de poder se susurrara al oído de Rajoy su nombre. Y supongamos, finalmente, que Gallardón, convencido de la neutralidad del ex vicepresidente del Gobierno y a la vista de que Aguirre lo acepta sólo a regañadientes, resolvió ofrecer su nihil obstat.

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem con visos de ser capaz de regenerar las maltrechas instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía española (Rato). Y supongamos, para terminar, que este tándem, tras desbancar a Rajoy y derrotar a Gallardón en la lucha interna del PP, es capaz de vencer a Zapatero o a quien en el PSOE le suceda en 2012.
Ya sé que es mucho suponer, pero ¿a que suena bien?

Libertad Digital - Opinión

A masturbarse tocan. Por José María Carrascal

DEBERÍA de hablarles de los presupuestos y de la financiación autonómica, pero ¿qué voy a decir de unos presupuestos que hasta quienes los apoyan los critican -el PNV- y de una financiación que privilegia a los ricos en detrimento de los pobres? Así que voy a hablarles de esa disposición de la Junta de Extremadura para enseñar a los jóvenes extremeños a masturbarse. No por afán humorístico o pornográfico, sino como reflejo de nuestro flamante socialismo.

Rodríguez Ibarra quería que todos los niños extremeños se convirtieran en informáticos. Su sucesor se contenta con que manejen sus dedos para darse gusto a sí mismos, que es una actividad bastante más placentera y mucho más barata. Productiva ya es otra cosa, pero no sólo de productividad vive el hombre, nos contestará el señor Fernández Vara con toda razón.


No crean que está solo en esta interpretación de la política. Se limita a seguir la línea de toda la izquierda europea durante las últimas décadas. Desplomado el muro de Berlín, desmoronada la Unión Soviética y enviado al trastero el mito de la revolución, ¿qué le queda a la izquierda? Viene intentándolo todo, sin conseguir nada. La «tercera vía» fueron unos bonitos fuegos artificiales que duraron lo que duraron. La vuelta al socialismo militante ha terminado en rotundos fracasos electorales en Alemania y Francia. La alianza con los Verdes, en viaje a ninguna parte, y el abrazo con los ex comunistas, en receta para el suicidio. Así que la izquierda se ha refugiado en la llamada «revolución cultural», que tiene de revolución lo que un «yuppie» tiene de revolucionario, y de cultural, lo que un «hippy» tiene de erudito. La revolución cultural no ha sido más que el epílogo de la revolución burguesa, la traca final de la misma, manteniendo su estructura económica, pero ofreciendo barra libre en materia de costumbres, es decir, saltándose todos los convencionalismos que venían sirviendo de freno a la sociedad burguesa. No trajo la nacionalización de la banca, de las empresas, ni de los latifundios; al revés, privatizó muchas empresas estatales, lo que desde un punto de vista marxista es más antirrevolucionario que revolucionario. Trajo, en cambio, el divorcio exprés, el aborto a la carta, los matrimonios homosexuales y cosas por el estilo, mucho más relacionadas con el individuo en particular que con la sociedad en su conjunto, que supuestamente es la primera preocupación del socialismo.

Eso ocurrió hace 40 años en el mundo y, algo después, en España. Zapatero quiere darnos ahora otra ración de ello, a falta de otra cosa que ofrecernos: más abortos, más divorcios, más píldoras anticonceptivas, mezclado con la «memoria histórica», condimento antifranquista de todas sus salsas, a modo de bálsamo de Fierabrás. Fernández Vara le añade la asignatura de la masturbación. Eso si es elevar el nivel educativo.

ABC - Opinión

La errática estrategia del Gobierno contra los piratas

El Ejecutivo carece de una estrategia definida para liberar a la tripulación y va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Aunque, siguiendo el criterio de la Navaja de Ockham, lo más probable en el caso de los piratas somalíes detenidos era que Garzón hubiese vuelto a meter la pata anteponiendo su afán mediático a cualquier otra consideración, parece ser que, en esta ocasión, la responsabilidad no le corresponde al "juez estrella", sino al Gobierno y, en concreto, a su vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega.


Señala la Audiencia Nacional en una nota de prensa que "ningún juez de la Audiencia Nacional reclamó la competencia del caso Alakrana", sino que "una vez presentada la denuncia por la Abogacía del Estado, se resolvió sobre la competencia previo informe del Ministerio Fiscal". Dicho de otra manera, fue el Gobierno quien requirió el traslado urgente a España de los dos piratas detenidos, Abdu Wiilly y Raageggesey Adji Haman.

Debería haber parecido evidente desde un comienzo que una decisión de tamaña trascendencia iba a tener rápidas consecuencias sobre el proceso negociador y el Ejecutivo debería haberse planteado si estaba dispuesto a digerirlas desde su tradicional postura de parálisis e indefinición. La propia célula de crisis que decidió detener a los piratas y traerlos a España, presidida por De la Vega, contó de hecho con un informe del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas donde ya se advertía con claridad de que ante semejante decisión los piratas podrían reaccionar elevando la tensión y las amenazas.

Ignorando el informe técnico, el Gobierno no vaciló demasiado en tomar por unanimidad una rápida y delicada decisión que cerraba numerosas opciones dentro de un proceso de negociación ya inevitable como consecuencia de las reticencias socialistas a rescatar militarmente a los pescadores secuestrados.

Lo grave del asunto, con todo, no ha sido ya la precipitación y la ausencia de perfil técnico de una decisión más política que táctica, sino la incapacidad del Ejecutivo para ser consecuente con las decisiones adoptadas. Una vez trasladados los piratas a España, habría sido de esperar que nuestros mandatarios estuvieran dispuestos a resistir cualquier previsible represalia de los piratas. No ya porque no tiene mucho sentido dar un golpe sobre la mesa negociadora sabiendo de antemano que a la mínima nos volveremos a sentar acobardados en ella y casi pidiendo disculpas.

El Gobierno debería haber tenido en cuenta, sobre todo, que nuestro sistema judicial es formalmente independiente, de modo que una vez llevados a disposición judicial los detenidos, la decisión tendría una muy complicada marcha atrás; a menos, claro está, que se pretenda forzar una vez más las instituciones democráticas y debilitar el Estado de Derecho.

Al final, por consiguiente, resulta que el negociador en el que se ha convertido el Ejecutivo por voluntad propia carece de una estrategia definida y clara para alcanzar el resultado supuestamente pretendido –la liberación de la tripulación– y que va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Muy mal han de estar haciéndose las cosas cuando en unos pocos días se siguen criterios prácticamente contradictorios sobre asuntos esenciales dentro del proceso negociador y cuando esa contradicción no es fruto de un cambio inesperado de las circunstancias concurrentes, sino del efecto previsible que esas decisiones iban a tener. Y mientras prosigue esta caótica estrategia, los pescadores españoles ya llevan más de 40 días apresados.

Libertad Digital - Editorial

jueves, 12 de noviembre de 2009

La mala educación

EL sistema educativo español tiene el estigma del fracaso escolar y se encuentra en el furgón de cola europeo. El mercado laboral se resiente de la falta de cualificación y los próximos Presupuestos recortan las partidas para educación e investigación y desarrollo. Pero los jóvenes extremeños de entre 14 y 17 años no deberían preocuparse, porque van a disponer de una formación sexual avanzada gracias a la campaña financiada por la Junta de Extremadura para difundir técnicas de masturbación. El título de la campaña, «El placer está en tus manos», lo dice todo sobre la finalidad de un proyecto que cuesta 14.000 euros a los ciudadanos, no sólo de Extremadura, sino de toda España, porque de la solidaridad también hay que acordarse para pedir cuentas. Puede que se considere puramente anecdótico este episodio, pero no lo es, porque se suma a esa cadena interminable de fondos malversados por las administraciones públicas para proyectos absolutamente inútiles desde el punto de vista social, pero lesivos en otros órdenes.

Al mal gusto y a la procacidad de la campaña se añade la impertinencia de la invasión pública de la esfera más íntima de los jóvenes, usurpando un espacio propio de la educación familiar, como es la sexualidad, que, además, en esta iniciativa de la Junta extremeña, es enfocada desde una perspectiva puramente física y amoral. Por si hubiera alguna duda al respecto, los contenidos de la campaña han sido subcontratados a una tienda de productos eróticos llamada «Los placeres de Lola», marca comercial que no remite precisamente a una institución docente.

Para agravar el despropósito, los promotores de esta campaña, el Consejo de la Juventud y el Instituto de la Mujer de la Junta de Extremadura, se justifican con el manoseado argumento de la lucha contra los «estereotipos» y la «discriminación de género», como si algo tuviera que ver la masturbación con todo esto. Más deberían preocuparse por la complacencia de una parte de la juventud hacia la violencia de género y reflexionar sobre la pérdida de valores que conduce a la falta de respeto entre hombres y mujeres. La banalización de la sexualidad entre los jóvenes, como la que alienta la Junta de Extremadura, tiene mucho que ver con la despersonalización de las relaciones humanas y el menosprecio hacia cualquier propuesta educativa basada en la exigencia de responsabilidad y madurez. Luego nadie debería sorprenderse por las consecuencias que causa este tipo de modelo de juventud que propone, promueve y financia la Junta de Extremadura.

ABC - Editorial

Los modernos soldados estropeados. Por Pedro Baños

Afganistán. 50 kilómetros al noreste de Kabul. Siete de la mañana del viernes 4 de septiembre de 2009. Una sección del ejército francés asegura la ruta que enlaza Bagram con la base adelantada de Nijrab. Inesperadamente, un artefacto improvisado explosiona. Muere un soldado galo. Otros nueve quedan heridos, cuatro de ellos muy graves. Horas después, en Francia comienzan las honras fúnebres, los actos de reconocimiento al caído. Como en las demás sociedades avanzadas y democráticas, con cada baja propia se reabren debates políticos, se desasosiegan las conciencias populares.

Pero nadie habla de los heridos. Sus nombres no aparecen en los titulares. Nadie les glorifica. No se les cantan loas ni se glosa sus gestas. Sin embargo, en los conflictos actuales, y en los previsibles futuros, cada vez hay un mayor número de soldados heridos con respecto a los muertos. Gran parte de ellos, de extrema gravedad. Durante los siglos XVIII y XIX, la relación entre muertos y heridos -graves y muy graves- como consecuencia de la acción era de 1/1,5. En la Primera Guerra Mundial fue de 1/2. A partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta el año 2000, fue subiendo paulatinamente hasta 1/4. En la actualidad, se está en cifras próximas a 1/9, sin incluir los accidentados ni los enfermos. En Afganistán, la relación de bajas soviéticas entre 1979-1989 fue de 1/3,5. Los últimos datos oficiales de norteamericanos y británicos superan el 1/7. La inmensa mayoría de ellos del Ejército de Tierra y los Marines.

Influye la mejora de la eficacia de los servicios sanitarios y la aplicación masiva de innovaciones farmacéuticas y tecnológicas. Incluida la aeroevacuación. Durante su participación en Irak, el ejército británico realizó 1.971 evacuaciones aéreas. En Afganistán, hasta el pasado 30 de septiembre había realizado 2.649. Pero la diferencia fundamental la establece el dramático aumento de acciones adversarias en las que los explosivos son los protagonistas. La OTAN reconoce que los artefactos explosivos improvisados -conocidos como IED, por su acrónimo en inglés-, se han convertido en la principal amenaza en Afganistán, en el arma preferida de los irregulares, provocando la mayor parte de las víctimas. Estos IED adoptan formas de lo más variado. Un vehículo -coche, moto o bicicleta- cargado de explosivos, una bomba colocada en una ruta o incluso un suicida.

Replicando el éxito de estos artefactos en Irak (donde en junio de 2007 explosionaron 2.588, matando a 83 soldados norteamericanos e hiriendo a 572), en lo que va de 2009 se ha triplicado el número de víctimas por IED en Afganistán con respecto a 2008. Sólo durante el pasado mes de julio, hubo más de 1.000 incidentes. En septiembre, de las 860 acciones con IED, 106 tuvieron el éxito perseguido, causando el 75% de las bajas internacionales.

Las ventajas de su maneja son notables: facilidad de empleo, gran cantidad de víctimas, poderoso efecto mediático y psicosis entre las tropas. Sobre todo si actúa un suicida. Práctica introducida por extranjeros, pero que cada vez tiene más adeptos afganos. Es fácil esconder un IED en las carreteras y calles sin asfaltar afganas. Incluso la principal vía asfaltada, la Ring Road, que une Kabul con las principales urbes, tiene tantísimos recovecos en sus más de 3.000 kilómetros que es sencillo ocultarlos. Las circunstancias atmosféricas también favorecen el enmascaramiento, desde la nieve a las tormentas de arena.

Explosivos no faltan. Se extraen de las ingentes cantidades de minas contracarro, proyectiles de artillería de todos los calibres y bombas de aviación de la época soviética escondidas en escondrijos ilocalizables. O se consiguen a través de las permeables fronteras, merced a los 3.400 millones de dólares anuales obtenidos suministrando el 93% del consumo mundial de opio. E incluso aprovechando el nitrato amónico de los fertilizantes. La explosión de un IED provoca desgarros severos y llega a amputar las extremidades. Revienta los órganos internos. Deja sordos y sin globos oculares. Los cascos actuales, cuyas aleaciones de acero han sido sustituidas por material sintético -polietilenos y poliaramidas-, son mucho más resistentes a todo tipo de impactos. Los chalecos de protección, antibalas y antifragmentos, se han generalizado en todos los escenarios. Ambos consiguen una notable reducción de los muertos, pero no impiden las heridas graves ni las mutilaciones.

Encima, las incrementadas cifras de heridos no incluyen a los soldados que ante estos hechos pierden la estabilidad mental. Una herida invisible, indetectable, pero indeleble, que suele requerir de largos tratamientos. Militares que cuando regresan al hogar se deben enfrentar a una nueva batalla, aún más terrible, ante sus miedos, sus recuerdos, sus fantasmas. El «Trastorno por estrés post-traumático» (TEPT) no se genera sólo al participar directamente en enfrentamientos armados. También se produce por haber estado bajo fuego adversario, resultar herido, mover cuerpos de muertos y mutilados, o conocer que alguien cercano ha fallecido. Situaciones crudas y violentas muy habituales en las misiones actuales -incluso en las relacionadas con la paz-, donde es muy difícil distinguir los ambientes seguros de los peligrosos. TEPT provocado igualmente cuando no se dispone de armamento para responder legítimamente a una agresión, o el empleo de los medios de defensa está severamente limitado por las reglas de enfrentamiento.

En definitiva, cada vez hay más soldados con deterioro físico y psicológico, muchas veces ignorados, siempre pronto olvidados. Se les debe el justo reconocimiento, pero se les regatean condecoraciones, se les obvian los honores. No es sólo cuestión de compensaciones económicas; faltan las morales. Convertidos en una carga para sí mismos, pero también para su familia, para sus más allegados. En no pocas ocasiones la convivencia se torna complicada y tortuosa. Pero difícil es que los esforzados familiares reciban reconocimiento alguno por el sacrificado servicio a su Patria que realizan cuidando de los heridos que tanto a ésta entregaron. El Ejército británico ha instituido una medalla, la Cruz Elizabeth, para las situaciones en que fallece un soldado en operaciones o como resultado de un acto de terrorismo. No es una medalla a título póstumo para los caídos, sino un reconocimiento a sus allegados por la trágica pérdida, así como por el sacrificio y la carga que supone su ausencia para la familia. Sin embargo, nadie parece considerar que al menos el mismo reconocimiento deberían tener los familiares que cuidan y ofrecen todo su apoyo a los soldados quebrados.

Quizá sea la ocasión propicia para recuperar los Cuerpos de Inválidos y Mutilados, que en España tienen sus orígenes en el siglo XVI, en disposiciones de Carlos I. Cuerpos específicos a través de los cuales los militares estropeados puedan seguir integrados en la milicia, vestir el uniforme por el que tanto han dado y perdido. Acceder a instalaciones militares junto con los compañeros a cuyo lado padecieron y combatieron. Continuar siendo miembros de la misma hermandad, a la que un día les dijeron que, una vez que se entra, nunca se abandona ni te abandona.

La ofrenda a los caídos ha sido y siempre será un deber de toda la sociedad ante los que hicieron el sacrificio máximo para proteger el modo de vida y garantizar el futuro de su pueblo. Pero no se puede olvidar a los modernos soldados estropeados ni a sus familias, a quienes reconocer a diario es una exigencia; homenajear periódicamente en actos específicos, una necesidad urgente.

ABC - Opinión

Ser comunista. Por Raúl Vilas

Es difícil, incluso en España, aun en las páginas de El País, hasta en una dirigente de IU, encontrar un ejercicio semejante de apología del totalitarismo como el de Esther López. Es tan mala, sí, tan mala como La Pasionaria, aunque mucho más tonta.

Apenas quedan vestigios de la pared de hormigón con la que se dieron de bruces los anhelos de libertad de miles de alemanes. Las televisiones los muestran estos días como un souvenir, una atracción turística. Difícil ver más allá en una sociedad tan mediatizada por las imágenes, servidas como papilla para que el público no tenga que hacer el esfuerzo de digerirlas. El nombre que se ha dado a la efeméride es revelador: la caída del Muro. Como si hablásemos de un seísmo o un episodio de aluminosis.


El muro fue derribado por las políticas combativas con el comunismo de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, entre otros. Fue una victoria de la libertad, no un fenómeno natural. Esa es la clave para entender lo que pasó y sacar lecciones de cara al futuro. Porque, no lo olvidemos, la libertad sigue siendo un bien escaso en el siglo XXI. Quedan muchos muros en pie y esperar a que se caigan sería un gran error. Lo dijo Edmund Burke: "Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada".

Sobran los ejemplos en la historia y en la actualidad. Mientras Chávez acumula armas y amenaza con incendiar Iberoámerica, desde este gran sofá que es Occidente le reímos las gracias. Proliferan los chamberlains y no los churchills. Las "lecciones de la historia" se quedan en una frase más o menos vistosa, o un mero reclamo para los editores.

El derribo no ha bastado para desterrar de Europa las ideas comunistas. Aún persiste una escombrera moral e intelectual que ha quedado retratada en la entrevista conjunta que publicaba El País al eurodiputado comunista Willy Meyer y una joven militante del PCE: Esther López, arqueóloga de profesión, y disfrutando ya a sus 26 años de un carguito en IU. Si el futuro del comunismo patrio pasa por ella, sólo podemos confiar en que el estropicio de Llamazares es irreversible o echarnos a temblar.

Es difícil, incluso en España, aun en las páginas de El País, hasta en una dirigente de IU, encontrar un ejercicio semejante de apología del totalitarismo y desprecio por la libertad como el de esta chica. Es tan mala, sí, tan mala como La Pasionaria, aunque mucho más tonta. Incluso en la defensa del crimen hay clases. Porque, esto y no otra cosa, es lo que hace Esther López. Bastan dos ejemplos:
Cuando los últimos fusilamientos pedimos al gobierno cubano que no los realizara. Pues claro. Pero a ver... ¿Eso mancha un régimen para siempre? Pues es que hay determinadas acciones que son cualitativamente más importantes que el hecho de que hubiera una excepcionalidad de un fusilamiento.

Esas detenciones [las de los dirigentes proetarras] no se sostienen. Si se acaba con la vía política, la única que les vamos a dejar a los independentistas va a ser la terrorista. No se puede detener tan alegremente porque entonces pierdes la razón, así se enquista el conflicto. Son detenciones arbitrarias, un ataque. Por eso decía que claro que hay presos políticos en España.

¿Qué es ser comunista en 2009?, preguntaba El País. Ahí lo tienen.

Libertad Digital - Opinión

A callar. Por Hermann Tertsch

«SE callen, coño». Esa es la orden tejerista que se ha escuchado con rotundidad por parte del poder ante la indignación, el desasosiego y el miedo de los familiares por la suerte de la tripulación de nuestro atunero en aguas del océano Índico. Y parecen haberlo conseguido en gran parte. Es lo más efectivo que ha hecho este Gobierno desde que comenzó la crisis del secuestro del Alakrana, que, por supuesto en un principio, en La Moncloa y en el Ministerio de Exteriores consideraron poco más que un incómodo incidente. Con el que además hacer infantil propaganda al inducir a la abogacía del Estado a indicar a su vez al juez Baltasar Garzón lo bonito que quedaría traerse acá a dos piratas y combinar un espectáculo de garantismo con una firmeza jamás existente.

Cuando hace una semana los desesperados pescadores, por boca de su patrón, denunciaron la desidia e indiferencia del Gobierno y pidieron movilizaciones a sus familiares y la llamada desesperada a los medios de comunicación, nuestros gobernantes entraron en pánico. Y su máxima prioridad desde entonces ha sido hacer callar a los familiares, amigos, compañeros y población solidaria con los secuestrados. Si en el primer momento se hubieran tomado algo más en serio la captura de 36 compatriotas por unos piratas que son terroristas en una multinacional del crimen organizado, quizá se habrían abierto otras opciones. Pero todos parecían muy tranquilos porque con ceder ante la exigencia del rescate todo se podría resolver como una segunda versión del secuestro del Playa de Baquio. Se paga a los piratas, se les deja huir impidiendo a la Armada intervenir para su captura y cinco días después nadie en España habla de ello. Las cosas se torcieron. Pero el Gobierno éste no tiene el menor empacho de contar sus milongas y pretender que todo va bien, en esta crisis como en todas las demás. Quien haya visto al ministro de Asuntos Exteriores de España y Cuba, Miguel Ángel Moratinos, diciéndonos que a los secuestrados no les falta de nada y que, más allá de las molestias, cierta irritación e incomodidad «están bien», puede indignarse un poco más o simplemente resignar ante este desprecio al dolor ajeno en aras de la comodidad propia y conveniencia política. Desde aquí dudamos mucho de que «estén bien» los secuestrados, ni antes ni después de las operaciones de urgencia que ha comenzado el Gobierno sólo cuando ha visto que también él podía acabar siendo víctima de esta historia grotesca. Cuyo origen está en la impotencia de criterio de unos ministros incapaces y perfectamente desbordados en Defensa y Exteriores y una indiferencia de La Moncloa que se intenta ahora disimular con encuentros en los que sólo se pide silencio a los familiares. Y ya saben, si les molesta o indigna o avergüenza la actuación de este Gobierno y encima lo dicen en público es que están ustedes colaborando con los piratas, tal como sugirió nuestro presidente en Polonia hace dos días. Aquí el que no se calle se convierte rápidamente en saboteador o incluso pirata. Aquí no se puede pedir un control parlamentario real de nada sin que a uno lo pongan directamente en el disparadero y probablemente pase a ser objetivo de la fábrica de dossieres que muchos sospechamos tiene montada y funcionando a todo trapo nuestro particular Fouche, don Alfredo Pérez Rubalcaba. Así se puede conseguir de hecho que muchos callen por miedo a ser destruidos política, social y civilmente. Con todas las comunicaciones privadas del país controladas por el ejecutivo y la abierta disposición de jueces socialistas a violar el derecho a la defensa y el derecho a la intimidad, policías dispuestos a colaborar con la banda armada ETA para favorecer los planes de su jefe como en el caso Faisán -¿y por qué no en otros?- y periódicos y televisiones pendientes y dependientes de las dádivas del ejecutivo, no es difícil amedrentar. Pero por si cabe alguna duda lo dicen. Que se callen todos. Que aquí Gobierna uno.

ABC - Opinión

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Tras la inoperancia, el desconcierto

Esta supuesta "solución" pasa por dar apariencia de legalidad a lo que no la tiene y, para colmo, consiste en expulsar ahora a unos piratas que están en España porque la Fiscalía, el abogado del Estado y el juez Garzón se empeñaron en ello.

El desconcierto y la inoperancia que está mostrando el Gobierno ante el secuestro del pesquero Alakrana está alcanzando cotas difícilmente superables. Para empezar, la vicepresidenta Fernández de la Vega ha reconocido este martes que el Ejecutivo todavía busca la "formula más adecuada" para liberar a los marineros, horas después de que el presidente del Gobierno asegurara que la situación ya estaba "encauzada". Así mismo, el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha reconocido que nuestro ordenamiento jurídico no permite pagar rescates en un secuestro, al tiempo que constataba "excepciones según las circunstancias". A este respecto, el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos se ha limitado a decir que el nuevo embajador británico en Madrid "acaba de llegar" como único y displicente comentario a las declaraciones en las que este afirmaba que la política británica ante los secuestros de sus ciudadanos es "no ceder" a las exigencias de los raptores porque hacer concesiones puede animarles a cometer nuevos secuestros.


Por otra parte, Francisco Javier Díaz Aparicio, el letrado que ha sustituido al abogado de oficio de uno de los piratas encarcelados en España, ha insinuado la posibilidad de que pudiera estar cobrando de los Fondos Reservados. Aunque este extremo ha sido desmentido posteriormente por el ministro Moratinos, lo cierto es que Díaz Aparicio no ha querido decir ni quien lo ha contratado ni desmentir que le estuviera pagando el Gobierno.

La "solución jurídica" del caso a la que sí ha apuntado este abogado, al parecer con el visto bueno de la Fiscalía, no dejaría de ser también absolutamente desconcertante. Se trataría de que abogado y fiscal acordasen que los detenidos se declarasen culpables de un delito que esté castigado con menos de seis años de cárcel y, tras un juicio rápido, fuesen expulsados de España en aplicación de la Ley de Extranjería.

Aunque el artículo 57.7 de esta ley abre, efectivamente, esa posibilidad para las penas menores de seis años, es harto dudoso que los detenidos, aun declarándose "cómplices" y no "autores" del secuestro, pudiesen ser castigados a una pena tan baja afectando el secuestro a tantas personas. En cualquier caso, no deja de ser vergonzoso que la supuesta "solución" pase por dar apariencia de legalidad a algo que no la tiene y que, sobre todo, consista en expulsar ahora a unos piratas que están en España porque la Fiscalía, el abogado del Estado y el juez Garzón se empeñaron en trasladarlos a nuestro país.

Si desde el primer momento el secuestro del pesquero español hubiera sido tratado como acción bélica y los detenidos como prisioneros de guerra, nada hubiera impedido ni la respuesta militar que desincentive los nuevos secuestros ni la salida negociada que, maquillen como la maquillen, no admite la escrupulosa y fiel aplicación del Estado de Derecho. Y es que, salvo que la expulsión a Somalia de los piratas encarcelados en España (por cuya labor no están las propias autoridades somalíes) sea en realidad la devolución de los piratas a sus compinches con dinero bajo el brazo, está por ver además que esta "solución" de tan dudosa legalidad vaya a satisfacer a los secuestradores.

Por otra parte, también hay que reconocer que lo que empieza mal difícilmente puede terminar de otra manera. La inoperancia del Gobierno ha sido de tal calibre que ahora la "solución" en términos jurídicos no va a poder ser más que una monumental chapuza. Esperemos que al menos cumpla su objetivo de traer sanos y salvos a nuestros compatriotas, sin olvidarnos –una vez logrado esto– de empezar a parecernos un poco más a los ingleses.

Libertad Digital - Editorial

Si no valen estos principios, no se preocupe, tengo más. Por Carlos Sánchez

La Comisión Europea ha decidido convertir en papel mojado el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Ya saben, aquel acuerdo suscrito por los fundadores del euro para hacer sostenible el área monetaria única. La noticia, en términos económicos, es intrascendente. Ninguna de las grandes economías europeas -ahora acuciadas por cuantiosos déficit públicos- está en condiciones de llegar al año 2012 con un desequilibrio fiscal por debajo del 3% (ahora tendrán un año más). Una retirada prematura de los estímulos públicos sólo hubiera alimentado la recesión, y Bruselas, por lo tanto, se ha plegado a una realidad innegable.

Veamos, por ejemplo, el caso de España. Este país tenía en 1995 un déficit presupuestario del 6,5% del Producto Interior Bruto, pero hasta el año 2005 no logró un superávit fiscal equivalente a un punto del PIB. Es decir, que tuvieron que pasar 10 años, con un crecimiento superior al 3% en media anual, para que España rebajara su desequilibrio fiscal en 7,5 puntos del PIB.

Con sólo repetirse lo que ocurrió en el ciclo expansivo anterior, hasta 2015 ó 2016, en el mejor de los casos, España tendrá que malvivir con un déficit superior al 3% del PIB

Pues bien, teniendo en cuenta que este año 2009 el desequilibrio fiscal se situará entre el 11% y el 12% del PIB, parece irreal pensar que España estaba en condiciones de llegar a 2012 con un déficit inferior al 3%, como de una manera un tanto cínica admitía hasta ayer mismo la ministra Salgado. Ni que decir tiene que ese recorte del déficit fiscal se produjo en un contexto irrepetible: tipos de interés extremadamente bajos, llegada masiva de fondos de la UE, ingresos extraordinarios por privatizaciones, boom del ladrillo o entrada intensa de inmigrantes que favoreció el empleo y ensanchó el potencial de crecimiento de la economía española. Un marco, como se ve, que difícilmente tendrá segunda parte en un futuro más o menos próximo. Con tan sólo repetirse lo que ocurrió en el ciclo expansivo anterior, se estaría hablando, por lo tanto, de que hasta 2015 ó 2016, en el mejor de los casos, España tendrá que malvivir con un déficit superior al 3% del PIB.

Ciclo expansivo

Pero no sólo eso. No hay razones para creer que España esté en condiciones de reducir su stock de deuda de forma significativa en los próximos años. Tampoco estará de más recordar, en este sentido, que en el pasado ciclo expansivo tuvieron que pasar nada menos que trece años para rebajar la deuda del 63,3% del PIB en 1995 al 39,7% en 2008, y todo ello, como se ha dicho, en un contexto extremadamente favorable.

Ahora, sin embargo, la Comisión Europea viene a decir que España está en condiciones de situar el déficit público por debajo del 3% del PIB en 2013. Simplemente falso.

No estaría de más que alguien le hiciera llegar al comisario Almunia el último informe de coyuntura elaborado por el Servicio de Estudios del BBVA, en el que se estima que de cerrar las administraciones públicas 2009 con un déficit del 11,4% (algo que asume hasta el propio Banco de España), las políticas discrecionales y el ajuste no coyuntural habrían elevado el saldo estructural hasta el -10% del PIB. Sí han leído bien.

Si tenemos en cuenta que el componente cíclico del saldo presupuestario es del -1,4% del PIB, esto quiere decir que el deterioro del déficit estructural entre 2007 y 2009 se habrá situado ligeramente por encima de los 9 puntos porcentuales. Es decir, que este país -y a los precios actuales- ha acumulado un gigantesco déficit estructural de 90.000 millones de euros al margen del ciclo económico.

Quiere decir esto que no estamos sólo ante una cuestión que se resuelve reasignando o recortando el gasto, sino también ante un grave problema de ingresos públicos, lo cual es mucho más difícil de resolver. Básicamente por una razón. La recaudación va a estar determinada por el nivel de empleo, y nada indica que hasta 2012 la economía vaya a estar en condiciones de crear puestos de trabajo suficientes como para provocar que los ingresos vuelvan a crecer por encima del PIB nominal (en torno al 6%-7% del PIB). Los felices tiempos del ladrillo tardarán en llegar en forma de maná para las administraciones públicas.

La Comisión Europea, por lo tanto, no se ha basado en el análisis económico para dar ese año de gracia, al menos en el caso español. Se ha comportado como un Ejecutivo débil que se ha plegado a los intereses de los gobiernos. Probablemente como consecuencia de que se trata de un colegio de comisarios saliente que quiere hacer el último favor a sus jefes políticos.

El problema es, por lo tanto, de naturaleza política. ¿Tiene sentido mantener vivo un Pacto de Estabilidad cuando todo el mundo sabe que es papel mojado? Esa es la respuesta que debe dar el comisario Almunia antes de abandonar el cargo. Y lo mismo cabe preguntarse en el caso español. ¿Tiene sentido mantener viva una Ley de Estabilidad Presupuestaria que es simplemente un brindis al sol? La respuesta, al revés que en la canción de Bob Dylan, no está en el viento. Está en sus señorías que son quienes deben transmitir credibilidad a las cuentas públicas. Y eso pasa necesariamete por hacer cumplir las leyes, y si no pueden hacerlo, como es el caso, derogarlas o cambiarlas.

El confidencial

Rayos y Centellas. Por Francisco Muro de Iscar

El veinte aniversario del final del Muro de la vergüenza que separaba las dos Alemanias y condenaba a los ciudadanos de muchos países a vivir sin libertad, bajo una de las dictaduras más terribles y crueles de la historia, ha coincidido con el XXVIII Congreso, en libertad, del Partido Comunista de España. Y, curiosamente, la mayoría de los periódicos y de las televisiones y de las radios, ha dado más espacio al aniversario de la caída del muro de Berlín que al Congreso del PCE. Seguramente es por la falta de criterio que tenemos los periodistas.

Pero aún así, con mis cortas entenderas, le han dado demasiado aire porque es un partido que lleva veintiocho años perdiendo presencia, afiliación, diputados, prestigio y poder. Y si no fuera porque en algunos lugares se ha subido al carro de otros partidos, estaría a punto de desaparecer igual que desaparecieron las dictaduras comunistas y el Muro de Berlín. Pero en el Congreso han elegido a un nuevo secretario general, José Luis Centella, el que más apoyos ha obtenido en las últimas décadas, aunque si ustedes preguntan a los españoles de a pie, el noventa y nueve por ciento no le conocerían de nada. Tal vez por eso haya tenido que hacer méritos para, en una inteligente operación de marketing, darse a conocer.

No se entiende de otra manera que no sólo hayan dicho que "el comunismo no ha muerto" y haya hecho apología de esa ideología -que ha demostrado sobradamente dónde conduce a los países donde se implanta y dónde queda la libertad de los ciudadanos que lo sufren- sino que ha asegurado ufano que "no tenemos que avergonzarnos ni que pedir perdón por nada". Sólo ha admitido "luces y sombras". Manda carallo.

Vaya por delante mi respeto para los comunistas que un día creyeron honestamente que esa revolución iba a conducir a los hombres hacia la igualdad y la libertad, pero que ha dejado una historia de dictaduras y de opresión sin límite. Que a estas alturas el PCE exija que pidan perdón los franquistas, la Iglesia, los curas y quien sea y que ellos se ufanen de lo que se ha hecho el nombre del comunismo y de la ciega obediencia, es para salir corriendo. Lo diga Francisco Frutos o José Luis Centellas, su nuevo líder. Afortunadamente, fuera de algunos románticos, algunos nostálgicos y pocos más, el futuro del comunismo en España y en el mundo -Cuba al margen, Venezuela en todo su poderío y China al traspiés- es el que es. El que han decidido los ciudadanos libres cuando han podido serlo. Es decir cuando se acabó con la dictadura comunista, con el poder en nombre del pueblo pero sin el pueblo. Y lo demás, disculpen ustedes, son zarandajas. Nadie saltó el Muro de Berlín para irse a la Alemania "Democrática", pero muchos murieron por buscar la libertad. A ellos les deben respeto.

Periodista Digital - Opinión

Los extremeños se tocan. Por José García Domínguez

Puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados.

Parece que, a falta de otros asuntos con que entretener el ocio de sus funcionarios, la PSOE de Badajoz ha dado en promover una adaptación rigorista de "Los extremeños se tocan", aquella célebre astracanada de don Pedro Muñoz Seca. Así, puesto que la Junta no puede exhibir muchas estadísticas de excelencia escolar, rankings internacionales donde despunten sus universidades o listado alguno de patentes industriales autóctonas, ha optado por enseñar cómo masturbarse a sus futuros parados. "El placer está en tus manos", anuncia con sutil agudeza el lema de ese gran esfuerzo pedagógico que ahora consume las energías de la las autoridades regionales. De tal guisa, un deporte privado que en todo el universo mundo se practica bajo la premisa del más estricto autodidactismo, en Extremadura ha pasado a engrosar la nómina de obligaciones de los poderes públicos.


A la izquierda de antes, la ilustrada, esa fijación por los menesteres de la entrepierna le vino cuando los barandas de la Escuela de Frankfurt mezclaron las churras del marxismo con las merinas del psicoanálisis. Delirante promiscuidad epistemológica que, con el tiempo y el declive de la letra impresa, nos llevaría de la Sexpol de Wilhelm Reich a las bolitas chinas de Cándido Méndez. Y es que los liberados de la UGT también andan ahora por la promoción institucional del onanismo vindicativo. De ahí que hayan premiado con una reproducción de ese adminículo erótico asiático a todos los partícipes en el Congreso de la Federación de Limpieza. Bolas, por lo visto, tienen de sobras. Cosa muy distinta es el empleo que han decidido hacer de ellas en estos tiempos de crisis.

Por lo demás, al observador atento no se le escapa lo que hay de impostado tras tanto alarde de modernísima desinhibición; ésa de la que igual presume Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, propalando en público su íntima afición a los solitarios. Y no porque traten de banalizar el sexo, de por sí algo bastante banal. Sino porque dejan traslucir su conformismo borreguil de toda la vida. Contra lo que ellos pretenden, ya no hay heterodoxia ni provocación alguna detrás de esa pueril alharaca, sino justo lo contrario: sumisa obediencia a los más prosaicos convencionalismos de la época. Como hicieron antes. Como ahora hacen. Como siempre harán, por mucho que nos hablen a humo de pajas.

Libertad Digital - Opinión

De derrota en derrota. Por Gebriel Albiac

LA batalla del Alakrana está perdida. No hay misterio: cuando un Estado renuncia al ejercicio de la fuerza para defender su potestad, es que está ya por completo muerto y sólo queda esperar el desagradable espectáculo de su podredumbre. Sería menos trágico, si los Estados se agusanaran ellos solos. Pero esa gangrena suya acaba siempre por pagarse con la vida de los otros: de los pobres, incautos ciudadanos, presos en las fatales redes que todo Estado despliega. No pagan con su vida los políticos. Nunca. Los desbarres del Estado se pagan siempre con sangre inocente.

No hay sorpresa. Cuando un ministro del ejército proclama -lo hizo con asombrosa petulancia el primero de los de Zapatero- su disposición a ser matado antes que matar, todos sabíamos, sin un asomo de duda, lo que estaba diciendo: que prefería que nos matasen a nosotros antes que asumir el coste moral que va incluido en el cargo por el cual él cobraba. Un ciudadano pacifista es un ciudadano éticamente impecable: tanto cuanto el que no lo es. Un ministro de la guerra pacifista es un perfecto canalla, un tahúr de sangre ajena. Desde que el pacifista José Luis Rodríguez Zapatero llegó por sorpresa al poder tras aquel 11 de marzo de hace casi seis años, España no ha tenido más que ministros pacifistas de la guerra. Ninguno ha muerto, que yo sepa, en el altar de sus humanitarias convicciones. Murieron, eso sí, soldados a los cuales se había privado del privilegio primordial que define el oficio: el uso profesional de las armas. Murieron, sin que ni siquiera les cupiera el honor -que es base de la condición castrense- de morir en combate. ¿Cómo iban a morir como soldados, si estaban sólo en misiones de paz humanitarias? Ahora son indefensos pescadores los que pagan el precio de un país que ha trocado a su ejército en ONG uniformada. Tampoco esta vez morirá ningún ministro. Pacifista. De la guerra.

Da asco toda esta farsa. Con vidas de abandonados ciudadanos de por medio. Hablemos claro. Por más que hablar claro nos avergüence. Cuando un ejército no está dispuesto -o autorizado- a hacer uso de sus armas, es mejor que se rinda y se disuelva. La ambigüedad militar sólo puede acumular muerte. En lo de la piratería en Somalia, Francia -que sí tiene un ejército sin vocación misionera- fijó el único canon, el de siempre desde que la piratería existe: perseguir a los navíos corsarios hasta sus últimos refugios, atacarlos, hundirlos. Todos los dispositivos, estratégicos y tácticos, con los cuales cuenta una fuerza armada deben ser puestos al servicio de eso. Y, si es preciso entregar un rescate para quitar de la línea de fuego a los civiles, se entrega. E inmediatamente después se procede a lo irrenunciable: la cacería, a cualquier coste, de los delincuentes. Pero, de no aceptar el precio material y moral que esa apuesta necesariamente implica -y esa es la humillada realidad española hoy-, sólo quedan dos opciones: a) pagar el impuesto revolucionario que los «hermanos de la costa» juzguen justo embolsarse para ser benévolos con nuestros barcos; b) abandonar esa zona de pesca para siempre.

En los primeros momentos del secuestro del Alakrana, una acción fulminante de comandos hubiera podido liberar a los secuestrados y escarmentar a futuros secuestradores. No se hizo. Ya no es posible. Los piratas han humillado a la Armada española. Han humillado al gobierno de España. Y nos han puesto a todos ante el espejo: no somos nadie; hasta el último zarrapastroso con un viejo kalashnikov en bandolera puede ponernos de rodillas. No hay ninguna sorpresa: es la herencia corruptora de aquel 11 de marzo.

ABC - Opinión

martes, 10 de noviembre de 2009

Un partido contumaz. Por M. Martín Ferrand

MUY probablemente, la memoria de Chindasvinto, el rey de la España visigoda de quien dijo San Eugenio de Toledo que fue «impío, injusto e inmoral», está más viva en la Historia de España que la de Francisco Frutos, el secretario general del Partido Comunista de España al que acaba de sustituir José Luis Centella, un cordobés cincuentón, republicano fervoroso y que sostiene que Cuba y Vietnam son dos claros ejemplos de que «se puede derrotar al capitalismo». No deja de ser chocante que el PCE, siempre de espaldas a la realidad, haya celebrado su décimo octavo Congreso en coincidencia con el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la ceremonia litúrgica con la que el mundo celebra el olvido del estalinismo; pero, con excepción de su oposición al franquismo, esa viene siendo su nota dominante desde que se desgajó del PSOE en 1921.

Centella, tan veterano como difuso en la nomenclatura de su partido, entiende que el socialismo del siglo XXI tiene como referentes a Venezuela y Bolivia. Esa contumacia comunista resulta enternecedora. Dicen luchar contra la explotación del hombre por el hombre y propugnan la explotación de la Sociedad por el Partido en radical y tenebroso olvido de que el individuo, la persona, es la unidad que sirve para medir la realidad de los derechos y las libertades. ¿Qué sentido, más allá de la nostalgia, puede tener aquí y ahora un modelo comunista que Rusia trata de olvidar y que en China se disfraza de consumismo?

Puestos al disparate, a falta de ideas y proyectos que ofrecer al respetable, el nuevo baranda del PCE, núcleo fundamental de IU y valor integrado en el tripartito que gobierna en Cataluña, dice tener «mucho trabajo por delante». «Tenemos que trabajar -concreta- para acelerar la jubilación de Juan Carlos de Borbón y buscar una salida laboral acorde con sus habilidades para Felipe». Aclarémosnos: ¿Centella pretende actuar como monologuista en el Club de la Comedia o, verdaderamente, quiere regir un partido que en las últimas legislativas consiguió cerca de un millón de votos? La falta de respeto constitucional que denotan manifestaciones dizque republicanas, como la aquí reseñada, sólo sería admisible si el PCE renunciara a la subvención reglamentaria que los Presupuestos Generales del Estado reservan para los partidos. ¿Existiría el PCE en un caldo de libertad sin la mamandurria pública?

ABC - Opinión

La hora de la sociedad civil. Por Ignacio Camacho

EN tiempos de crisis intelectual o moral, que con frecuencia coinciden con recesiones económicas, la democracia se vuelve hacia la sociedad civil en busca de una respuesta capaz de generar nuevas esperanzas. El simple hecho de llamar sociedad civil a la que se organiza al margen de los partidos e instituciones denota una sensible desconfianza respecto de la clase política profesional, contemplada como una secta estamental que reproduce el papel de las antiguas dominancias militares o religiosas. Y no poco de sectario hay, en efecto, en su comportamiento colectivo, enfermo de corrupción y de ensimismamiento. Hace unos dias Joaquín Leguina reflexionaba con escepticismo sobre el tópico de que todos los políticos son iguales; para demostrar que no lo son, venía a decir, convendría que evitasen comportarse de forma sospechosamente similar en la defensa de sus vicios de casta.

El creciente proceso de desgaste o desprestigio de la política convencional que se viene observando en la sociología española debería propiciar un resurgimiento del protagonismo civil que activase la participación democrática; sin embargo, la articulación social al margen de las estructuras institucionales no pasa del estado abstracto porque los partidos y el poder han invadido el territorio político con una vocación excluyente. Incluso la eclosión de una emergente fuerza tercerista como la UpyD de Rosa Díez, que ilusiona a sectores urbanos desencantados de la partitocracia bipolar, se basa en la popularidad y el liderazgo de una figura del establishment fuertemente connotada de profesionalidad política. Las plataformas sociales, culturales o deportivas, los sindicatos y otras esferas asociativas están intervenidas por los poderes públicos a través de potentes redes clientelares y subvenciones diversas que coartan la independencia de su funcionamiento. De alguna manera, a lo largo de treinta años de democracia el poder tradicional se ha asegurado su hegemonía mediante la anulación de cualquier forma de autonomía civil y la subordinación a sus intereses de toda modalidad participativa.

Pero las encuestas son tercas: está creciendo el hastío ante la falta de respuestas. La versión más inane de la socialdemocracia coincide con el momento más lánguido de la derecha liberal, y en esa encrucijada de incapacidades la democracia necesita una válvula de escape para no caer en las tentaciones del populismo. La única vía posible es la de la llamada sociedad civil: foros, plataformas o tribunas de reflexión que escapen del sectarismo y propicien un rearme político y moral de la exigencia ciudadana. Para las clases urbanas, para los cuadros profesionales o intelectuales refugiados en el individualismo, es la hora de volver al debate público y rescatarlo de la esclerosis si no queremos que esa queja creciente languidezca en una pasiva renuncia conformista.

ABC - Opinión

Chávez amenaza de nuevo

Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.

Es habitual que los dictadores belicosos busquen cualquier excusa para rearmarse y, llegado el momento, tapar las vergüenzas propias emprendiendo una guerra contra el vecino. Chávez, que, antes de presidente de Venezuela, fue coronel del Ejército con un golpe de Estado en su haber no iba a ser una excepción. El odio que profesa por los Estados Unidos y por el Gobierno colombiano es conocido por todos y el propio Chávez lo renueva periódicamente a modo de inyección patriótica.


Las coordenadas del nuevo conflicto, por ahora, afortunadamente, sólo verbal, que maquina Chávez en su programa televisivo donde se entrega a un obsceno culto a la personalidad digno de un tirano, no hay que buscarlas en sus fobias personales, sino en los problemas que padece Venezuela y en la permanente necesidad de propaganda del régimen. A pesar de la riqueza petrolífera del país, que le proporciona jugosos ingresos en divisas, Venezuela es cada año más pobre. El descontrolado gasto público del Gobierno, la ya crónica ineficiencia administrativa y la socialización a marchas forzadas de grandes sectores de la economía han metido a Venezuela en una crisis estructural de gran calado.

Eso en la parte que toca a una economía esclava del monoproducto nacional, el petróleo, y sujeta a los vaivenes de éste en los mercados internacionales, que se encuentran muy debilitados tras la crisis financiera internacional. El petróleo no ha vuelto a acercarse a los 100 dólares/barril que es, aproximadamente, el precio sobre el que Chávez hace sus cuentas de gasto. Con el pueblo empobrecido, descontento y privado de libertades políticas y económicas, al heredero de Castro sólo le queda la propaganda, materia en la que Hugo Chávez ha demostrado ser un consumado artista.

Para que cualquier maquinaria propagandística funcione es imprescindible la invención de un enemigo mortal que amenaza la existencia de la comunidad. Si para Münzenberg fue la burguesía y para Goebbels los judíos, Chávez ha encontrado en Uribe y sus relaciones con Washington el villano perfecto. Uribe es la antítesis de Chávez. Donde uno es histriónico y faltón, el otro es contenido y cortés. Donde uno trabaja para forjar una clase media en su país, el otro la ha laminado concienzudamente en el suyo. Donde uno cree en la democracia, las instituciones y la división de poderes, el otro hace lo propio con la autocracia, los círculos bolivarianos y el Estado omnipotente.

El tiempo está poniendo a cada uno en su sitio hasta el punto que Colombia ya no admite comparaciones con la desdichada Venezuela. Eso no pasa desapercibido para un aprendiz de tirano como Chávez. Necesita la confrontación para motivar a los suyos y para ocultar el fracaso sin paliativos de su revolución. Llevará a Venezuela hasta el borde del abismo con tal de mantenerse en el poder y, si es preciso, la arrojará al fondo del mismo. Porque los regímenes socialistas como el de Chávez llevan dentro de sí la semilla de su destrucción.

Libertad Digital - Opinión

La Europa de la vergüenza. Por Andrés Aberasturi


Es bueno celebrar, veinte años después, la caída del muro de Berlín y felicitarnos todos por lo demócratas que somos, por lo bien que nos llevamos y hasta por cómo nos emocionamos en aquel momento histórico -fue realmente el fin del Siglo XX- al que llegaron tarde incluso los fotógrafos y las teles. Pero sería injusto no recordar también la Europa de la vergüenza, aquellos políticos que mantenían cínicamente un doble lenguaje: clamaban por la libertad en sus discursos oficiales pero ninguno daba un solo paso al frente por conseguir la reunificación de Alemania, la caída de esa monstruosidad política, pero sobre todo humana, que fue el maldito muro. Esa Europa de la vergüenza es la misma que miró hacia otro lado cuando la invasión de Hungría, la misma que en la primavera de Praga permitió sin apenas pestañear que los jóvenes checos se enfrentaran con piedras a los inmensos tanques rusos.

Esta Europa que hoy se felicita en el aniversario de la caía del muro, tuvo un comportamiento bien diferente veinte años atrás. No hablo de los europeos sino de sus políticos, de los tres grandes nombres que dejaron completamente solo al enorme Helmut Kohl que aquella noche mágica recibió una única llamada de de apoyo y solidaridad de un joven socialista, presidente del Gobierno de una joven democracia llamada España: Felipe González. El resto fue silencio en el mejor de los casos, hipocresía y hasta cinismo: Giulio Andreotti no dudaba en afirmar que quería tanto a Alemania, que prefería que hubiera dos en vez de una. La dama de hierro desde la Gran Bretaña desengañaba a sus colegas: una cosa es lo que se decía en público y otra la realidad y la realidad era que el Reino Unido prefería claramente dos estados alemanes a uno solo mientras Mitterrand ponía toda suerte de dificultades temeroso de una gran Alemania llamada a liderar la futura Europa marginando de alguna forma el papel protagonista de Francia.

Desde la óptica política se pueden entender estas posturas; desde la ética democrática lo que los líderes de Londres, Paris y Roma defendían era la continuidad en el corazón de Europa de 155 kilómetros de muro, 302 torres de vigilancia, 14.000 guardias fronterizos, 600 perros guardianes y quien sabe cuántos muertos: se calculan entre 239 y 800 que nunca llegaron a la libertad. Es difícil entender desde la conciencia que los intereses político/económicos de quienes se proclamaban líderes democráticos alcanzaran cotas de tanta mezquindad.

Repasando estas cifras y por mucho eurocomunismo que se inventara en su momento, duelen las declaraciones de Frutos diciendo que demagogias las justas en referencia al Muro de Berlín o las del recién elegido secretario general del PCE, José Luis Centella, cuando afirmaba que "El partido reivindica su pasado heroico, y no tenemos que avergonzarnos ni pedir perdón por nada, sino que hay que luchar para que no nos quiten la memoria" y lamentaba que algunos quieran hacer pasar por "verdugos" a los comunistas, cuando han sido las "víctimas" de la historia. Pues me temo que va a ser que no, señor Centella.

Periodista Digital

El muro. Por Alfonso Ussía

Cuando un sistema se ve obligado a levantar un muro para impedir que la gente huya hacia otro sistema, es que todo falla. Había llegado al Papado un hombre de la Iglesia perseguida, ajeno y lejano a la Curia. Lo decía su Secretario de Estado, monseñor Casaroli. «El problema de Juan Pablo II es que cree demasiado en Dios». Un actor mediocre que irritaba mucho a la Izquierda, Ronald Reagan, gran Presidente de los Estados Unidos, demostró la vejez y chatarrería militar soviética. Y un comunista pragmático, Mihail Gorbachov, lo entendió todo. «Esto no tiene sentido y ha llegado el final». A muchos kilómetros de Berlín, en su insultante palacio de Bucarest, el eterno anfitrión de Santiago Carrillo, el asesino Ceacescu, mostraba con un gesto de extrañeza su incredulidad ante lo que oía. El pueblo rumano le gritaba «Muera Drácula». Con su mujer Elena, se fugó en un helicóptero, pero de nada le sirvió. No pudo disfrutar de los miles de millones de dólares que guardaba en Suiza y otros paraísos nada comunistas, por cierto. Ceacescu y Elena fueron fusilados por quienes ellos creían sus soldados después de un juicio extravagante, en el que su abogado defensor le acusaba más que el fiscal. Y en Berlín, ante la pasividad de los centinelas de la Alemania comunista, de un lado y del otro del muro, decenas de miles de jóvenes derribaron el hormigón ignominioso que separaba la libertad de la prisión.

Veinte años han pasado. La URSS staliniana y leninista se desgajó. Y Rusia es una gran nación que poco a poco recupera la normalidad. Alemania es una. Las naciones sometidas a la bota comunista, unas mejor que otras, han emergido y forman parte de la Unión Europea. El Pacto de Varsovia es memoria. En China, las autoridades comunistas llevan a cabo sorprendentes experimentos capitalistas. Una isla, amadísima por los españoles, queda por ahí aislada del futuro y sometida a la miseria de su llamada «Revolución», con el ochenta por ciento de su presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y policiales. En breve caerá el invisible muro de su vergüenza desde el malecón a las aguas caribes. Todo el mundo se ha citado en Berlín para celebrar la reunificación alemana y el fin de la ruina comunista en Europa. Es la gran noticia de hoy.

En España, simultáneamente, ha tenido lugar un suceso bastante divertido. El PCE, Partido Comunista de España, ha organizado su decimoctavo Congreso. Leo que ha sido designado nuevo líder del comunismo español un chico llamado José Luis Centella. Allí muros caídos, y aquí, antiguos, viejísimos, artríticos puños en alto. No se han enterado de nada. Ha dicho Centella que el comunismo no tiene que pedir perdón ni sentirse avergonzado. Son centenares de millones de personas en el mundo las que han muerto asesinadas por el comunismo por buscar su libertad. Pero Centella no se avergüenza. Importa un bledo lo que Centella diga y lo que Centella haga. Cada día son menos. Pero el contraste resulta estremecedor. En Alemania, el mundo reunido para celebrar la luz de la libertad. En España, un grupete de exaltados, empeñados en permanecer en su pequeño campo de concentración. Centella, alegra esa cara, tío, y documéntate.

La Razón - Opinión

La profecía incumplida. Por Cristina Losada

El "nosotros también tuvimos Muro" de Zapatero no es el mero balbuceo de la ignorancia. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista.

El 9 de noviembre de 1989, la crítica situación de Alemania oriental no figuraba en el orden del día de los dirigentes de la Unión Soviética. A Gorbachov y sus camaradas les preocupaban mucho más los problemas internos. Veinte años después, la caída del Muro y el fulminante hundimiento del comunismo, tampoco están, en realidad, en nuestra agenda. Bastantes enredos tenemos como para ocuparnos de un acontecimiento histórico. He ahí un error. Considerar que aquello pasó y hoy sólo es carne de reportaje. Resulta difícil traer al presente el enorme poder que tuvo el comunismo. Y no donde era doctrina del Estado, que allí no albergaban ilusiones, sino donde no lo era. Hablo de su poder sobre las conciencias. Incluso cuando la luz del Kremlin había declinado y el paraíso andaba de mudanza constante. Incluso ahora.


Los fieles del comunismo componen una nota marginal y folklórica. Sin embargo, cuántos siguen juzgando aquella ideología no por sus resultados, sino por sus intenciones. Y cuántos permanecen aferrados a algún salvavidas similar al que lanzó en su día el filósofo marxista George Lukacs: "Aún el peor socialismo es preferible al mejor capitalismo". El anti-comunismo todavía es anatema en nuestra izquierda. La efeméride berlinesa se reduce, así, a la demolición de una tapia que separaba a los alemanes o a la señal del fin de la Guerra Fría. Nada le pasó al comunismo, pues, como se ocuparon de redefinir tras su colapso, no era tal lo que había en la URSS y sus satélites. Desde el diario El País advierten que el mal no radicaba en la búsqueda de la "justicia social", sino en los medios empleados. ¡Justicia social! Cómo se hubieran tronchado Lenin, Stalin, Ceaucescu o Pol Pot de haber visto expresados sus propósitos con un concepto tan próximo a la doctrina social católica.

Nadie predijo la rápida caída del imperio comunista, pero hay que recordar cuál era la profecía que venían actualizando varias generaciones de intelectuales desde el confort de la democracia: la debacle del capitalismo. Qué terrible disgusto que ocurriera lo imprevisto. Pasado el sofoco, eludidas las lecciones, entregados a los subterfugios, regresa la profecía incumplida al imaginario ya no progresista, sino progre. La miseria, la injusticia y las masacres impiden absolver al comunismo, pero, ah, nada de eso vindica al liberalismo, sino todo lo contrario. Aún hay, sin embargo, cogitaciones más sonrojantes. Zapatero, de visita en Polonia, equipara el comunismo a la dictadura de Franco. Su "nosotros también tuvimos Muro" no es el mero balbuceo de la ignorancia. Muestra algo más que la descomposición intelectual de la izquierda postcomunista. Revela un conocido y compulsivo afán: relativizar, mediante la equivalencia moral, el horror causado por la idea comunista. Por la utopía, en fin, de una sociedad perfecta.

Libertad Digital - Opinión

La lección jamás aprendida. Por Hermann Tertsch

PRECIOSA ceremonia en Berlín con motivo del veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín. Todos los dirigentes europeos, jubilados y en ejercicio, reunidos junto a la Puerta de Brandenburgo para recordar una de las triquiñuelas de la historia más gamberras de las que tenemos noticia. Porque aquel día, el régimen criminal comunista de la República Democrática Alemana no tenía la menor intención de abrir la frontera con Berlín occidental ni de concederles la libertad a sus ciudadanos. Ni el señor Mijail Gorbachov, pese a todos sus méritos en reconocer la ruina del proyecto del socialismo real soviético e intentar infundir algo de sentido común al régimen, tenía la mínima idea de que aquel día se avenía la libertad para millones de alemanes. Aunque hoy el señor Gorbachov sea alabado con muchísima justicia en Berlín. Sin él como jefe máximo del Kremlin es muy posible que todos los cambios que ya se habían producido en Centroeuropa no hubieran sido tan pacíficos. Polonia ya había celebrado elecciones y Hungría ya había proclamado abiertamente su decisión de desplegar su vocación nacional occidental milenaria. Solo una operación militar masiva con muchos miles de muertos habrían retrasado, que no evitado, lo que estaba sucediendo. Pero la descomposición del régimen de la RDA había llegado, después del cese de Erich Honecker a un punto tal entre sus camaradas dirigentes que a nadie puede extrañar que el señor Günther Schabowski, jefe del partido socialista unificado (SED) en Berlín no tuviera ni la más remota idea de qué significaba la disposición del máximo órgano del régimen cuando tuvo que interpretarlo en público en la célebre conferencia de prensa en la que dijo que las medidas se aplicaban de inmediato. Y todos entendieron que podían viajar desde ese mismo minuto. Nada más lejos de la intención real del régimen. Pero ese malentendido puso en marcha unos acontecimientos ya absolutamente imparables. En realidad el régimen totalitario y criminal soviético impuesto en toda Europa Central después de la caída del nazismo había llegado a un nivel de inviabilidad que sólo una represión masiva de tipo asiático podía haberlo mantenido durante un tiempo muy limitado.

Fueron muy emocionantes los actos de ayer, conmovedores para quienes conocimos bien los sufrimientos de la población y los abusos del poder de los peores, producto de la selección negativa en el movimiento comunista. Hubo palabras bellas de algunos de los principales líderes europeos, todas evocadoras de aquella frase en la que Don Quijote le habla de la libertad a Sancho y le dice que por ella hay que ser capaz de darlo todo incluso la vida. Quienes no valoran la libertad lo suficiente como para arriesgar la vida por ella gozan de la misma de prestado, gracias a aquellos que sí saben que vivir sin libertad no es vivir plenamente. Y que durante setenta años en la URSS y cincuenta en sus estados vasallos se jugaron libertad y vida y muchas veces perdieron ambas. Millones de cadáveres y muchas decenas de millones de seres humanos enterrados en vida en regímenes opresores son el único legado de la aventura criminal que en principio creímos enterrada aquel nueve de noviembre. Un nueve de noviembre en el que también se conmemora la entrada en plena actuación de la otra gran maquinaria del terror del siglo XX que fue la noche de los Cristales Rotos en el propio Berlín, cuando el régimen nazi se quita definitivamente la máscara y comienza la política de exterminio de los judíos europeos en 1938. Que el puñado sectario de comunistas españoles digan en su Congreso que no tienen nada de que arrepentirse es un miserable alarde de lo peor del nazismo y el comunismo. Son los irreductibles para los que su propia miserable idea vale más que la vida y los sufrimientos de millones de seres humanos. Serían capaces de repetir todo lo hecho. Y que nuestro presidente del Gobierno dijera ayer que el hundimiento del comunismo era equiparable a la muerte del dictador Franco supone un insulto y una trivialización de los crímenes comunistas en Europa que produce náuseas.

ABC - Opinión

Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal: ¿cuándo expedientáis a Fraga?. Por Federico Jiménez Losantos

Vaya por delante que decir lo que uno piensa sobre la dirección del partido, sea cual sea el partido y sea cual sea la dirección, me parece saludable, democrático y lo manda la Constitución. Pero ya que el marianismo en pleno, incluido el Álvaro de Luna de Rajoy, que es Camps, ha decretado la Ley del Silencio dentro del PP, tras la embestida de Fraga contra los presidentes del PP y la Comunidad de Madrid y Valencia –a Camps le imputa los delitos de trajeo y trajineo, como el dizque espiado Cobordón hizo con Aguirre, aunque no a satisfacción de Fraga– el Politburó del PP debe demostrar que la amenaza iba en serio. Y, naturalmente, abrirle expediente al Presidente Fundador, Veterano o Terry.

Arenas, al que se le está desmandando el rebaño, acaso porque no se atreve a pastorearlo con todas sus consecuencias, ha vuelto a decir, casi al tiempo del exabrupto de Fraga, que "los micrófonos no están para criticar a los compañeros de partido". Bien es verdad que dentro del partido tampoco se puede criticar a Rajoy y sus Marianos Automáticos, así que lo que Arenas predica realmente es que en el PP todo el mundo chitón y mucho cuidadito.

Todavía resuena la crítica de la Fatal Cospedal a su "madrina" Aguirre por no haberse presentado ante el gangbang de Génova 13, Rue del Percebe, donde habría sido maltratada por los siempre derrotados caudillitos del PP. Todavía resuena el ensordecedor silencio de la pandilla genovesa sobre el respaldo inmediato e incondicional de Gallardón a las mentiras de Cobo, cuya suspensión de pagar las cuotas, siendo tan escandalosamente ridícula, bien podría haber compartido su amo moral, ese enemigo de la libertad, amante del amor y amigo del déficit y la deuda ruina, sito en Ambiciones. Y todavía, al escribir esto, no tengo noticias de que Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal le hayan abierto expediente a Fraga, gran protector de Gallardón, al que hizo sustituir a Verstrynge tras su hazaña como abogado del líder de AP al secuestrar por dos veces la revista Cambio 16, que había publicado que Almirón, escolta de Fraga, era o había sido de la Triple A. Ya se sabe que el respeto a la libertad de expresión, sobre todo si la ejerce la derecha liberal, es una de las características más acusadas de Gallardón.

Si no expedientan a Fraga, como no expedientaron a Gallardón ni exigieron dejar el cargo de portacoz del Ayuntamiento al expedientadito Cobo, los del Politburó del PP ya no tendrán excusa ni siquiera cuando los atropellen a ellos. Que los atropellarán.

El blog de Federico