lunes, 10 de enero de 2011

No cabe un tonto más. Por Arturo Pérez-Reverte

Me van ustedes a disculpar -o no-, pero la culpa no la tiene el niño, ni sus padres. Alguien debería romper una lanza por esa familia; así que aquí me tienen, rompiéndola. En el asunto del profesor del instituto de La Línea que mentó el jamón en clase, ofendiendo la sensibilidad islámica de un alumno musulmán de trece años, los culpables son otros. Después de todo, el padre que puso una denuncia en comisaría, tras calificar de maltrato escolar el hecho de que se pronunciasen las impuras palabras jamón y cerdo en clase, no hacía otra cosa que demostrar que sabe muy bien dónde está. Que nos ha tomado el pulso. Los hipócritas somos nosotros, ciudadanos socialmente correctos y de limpia conciencia, que después de llenarnos la boca tragándolo todo hasta el fondo porque no vayan a decir que somos intransigentes, xenófobos y fachas, y por el resto del qué dirán, de pronto nos ponemos estrechos y tiquismiquis diciendo que no, oiga. Por Dios. Ahora, la puntita nada más.

Esto es España, oigan. Donde, como dice mi compadre Carlos Herrera, no cabe un tonto más, pues nos caeríamos al agua. Cuando la familia del niño musulmán ofendido por el jamón dirigió sus pasos a la comisaría más próxima, de ingenua tenía lo justo. La movía la certeza absoluta de que, por descabellada que fuese su denuncia, tenía ciertas posibilidades de prosperar. Y no puedo menos que darle la razón. Conociendo el patio.

El maestro, en primer lugar. Menos mal que anduvo prudente y achantó la mojarra. Con la hiperprotección que en España dispensamos a los pequeños cabroncetes, que un niño se levante en clase y le quite la palabra al profesor que está hablando de Geografía y de climas adecuados para la cura del cochino, a fin de exigirle que no ofenda su sensibilidad religiosa, nos parece a muchos lo más natural del mundo. O semos tolerantes, o no lo semos. Respeto a la multiculturalidad, se llama eso. Y si al maestro se le ocurre levantar la voz para decirle al zagal que cierre el pico, o agarrarlo por el pescuezo si se pone flamenco y sacarlo al pasillo, calculen el desparrame. Docente fascista, violencia escolar, xenofobia en las aulas, tertulias de radio y televisión, Internet a tope. Se le cae el pelo, al profe. Niño y encima musulmán, casi nada. Si además llega a ser niña y con pañuelo en la cabeza, abre telediarios.

En cuanto a la policía, imaginen que son el cabo Ramírez, o como se llame, que está echándose un cigarrito en la puerta, y en ésas llega el padre de la criatura y dice que a su hijo le han mentado el jalufo en clase, y que es intolerable. Entonces usted, Ramírez, considera dos opciones. La primera que se le ocurre es mandar al padre y al hijo a tomar por saco; pero, lo mismo que el maestro, sabe perfectamente en qué país imbécil se juega los cuartos. También sabe que, si no se pone a disposición de cualquier fanático oportunista, tramitando tal clase de denuncias, puede ponerse a remojo: xenofobia policial, abuso de autoridad, prevaricación, nocturnidad -son las siete de la tarde- y alevosía. Titulares de prensa, y María Antonia Iglesias, descompuesta de belfo, llamándolo fascista y mala persona en la telemierda. Así que opta por la segunda opción, y tramita. Cayéndosele la cara de vergüenza, pero resignado con su puto oficio y su puta España, va al día siguiente a tomarle declaración al maestro. Y que salga el sol por Antequera.

Ahora, el juez, fiscal o lo que sea. Afortunadamente estaba de guardia uno normal, de los que no buscan salir en los periódicos. Y decidió, con sano criterio, hacer lo que no pudo el cabo Ramírez: mandar al demandante a tomar por saco, como la Justicia hace esas cosas: archivando la denuncia. Mi pregunta es qué habría ocurrido si en vez de tocarle al fiscal Fulano le hubiese caído al fiscal Mengano: uno de los que tocan otro registro y se la cogen con papel de fumar, por si acaso. De los que, en una discusión de tráfico, una conductora llama cabrón a un conductor, éste responde zorra, y empapelan al conductor por conducta machista. Dirán ustedes que es imposible. Que la denuncia del jamón no podía prosperar jamás. Vale. Piénsenlo despacio. Esto es España, recuerden. Paraíso de demagogos y cantamañanas, donde prospera todo disparate. Ahora díganme otra vez que la denuncia nunca iría adelante, por lo menos en fase de diligencias. Díganlo mirándome a los ojos.

Así que, en mi opinión, el digno musulmán hizo perfectamente. No arriesgaba nada. Y si cuela, cuela. Con suerte, incluso habría sacado una pasta para pagarse el viaje a La Meca con la familia. En todo caso, lo seguro es que en la comunidad islámica de su pueblo deben de tenerlo ahora por un hombre santo, honesto mahometano. Todo un tipazo. De estar en su chilaba, yo también lo habría hecho.


XL Semanal

400 días de reformas dolorosas y un congreso sucesorio. Por Antonio Casado

Esta noche, en Antena 3, el presidente del Gobierno, que ya tiene hechos los deberes para su próxima comparecencia parlamentaria sobre política social, volverá a pregonar reformismo sin desprotección. Es la estrella polar para guiarse en los 400 días que le faltan a esta averiadísima Legislatura, con el objetivo de recuperar a los dos millones de votantes socialistas que se han desenganchado de Zapatero.

Sin embargo, me temo que en su conversación con Gloria Lomana, su primera comparecencia televisiva del año, volverá a aflorar la cuestión sucesoria, que él mismo agitó estas Navidades en conversación informal con periodistas. Desde entonces se le ve más relajado. Como si se hubiera quitado un peso de encima. Por eso ya no le importa reconocer públicamente que los frutos de su actual política de reformas no se van a ver hasta 2013. Es decir, un año después de las elecciones generales, lo cual es una forma de darlas por perdidas.

Lo reconoce indirectamente cuando se esfuerza en defender su política de ajustes al precio de la desafección de sus propios votantes. Por patriotismo. Una política para salvar al país y despeñarse en las urnas. Las de marzo de 2012, se entiende, en las que, según sus propios cálculos, los ciudadanos aún no tendrán motivos para retribuir el esfuerzo que está haciendo ahora el Gobierno.


“El PSOE siempre se la ha jugado por la modernización de España y por hacer las reformas que necesita”, “cueste lo que cueste”, dice, tratando de sobrevolar el penoso día a día y alzarse sobre cuestiones de menor cuantía, como la sucesión, los sondeos o los votos de las elecciones territoriales del 22 de mayo próximo. Ahora resulta que no es cuestión de resultados electorales, o de circunstancias más o menos adversas (ya nos había hecho creer lo contrario, en relación a la terapia anticrisis), sino de convicciones, según explicó el otro día a Carlos Herrera.

Sin embargo, algunos sostenemos que cuando un líder actúa sin mirar a las encuestas es que está preparando la evasión. Una evasión estatutaria, por supuesto, si nos tomamos al pie de la letra sus advertencias de que el asunto se abordará “cuando toque”. Eso nos obliga a recordar que el próximo congreso federal del PSOE podría celebrarse en cualquier momento a partir del mes de julio, que es cuando se cumplen los tres años que han de pasar como mínimo desde la celebración del anterior congreso ordinario (el 37, “La fuerza del cambio”, julio 2008). Entonces ya tocará elegir secretario o secretaria general, que se convertirá inmediatamente en candidato a la presidencia del Gobierno, según es costumbre en el PSOE, solo desmentida por el breve episodio Borrell-Almunia, aunque tampoco se llegó a consumar la anomalía.

Ese es el escenario. No el de unas primarias. En todo caso, esa función también la puede hacer el 38 congreso del PSOE (otoño de 2011, con toda probabilidad). Más aventurado es anunciar el elenco de los personajes ¿Rubalcaba como estrella emergente? Lo veo gestionando la etapa terminal de Zapatero pero no compitiendo por pilotar una travesía del desierto de cuatro años. U ocho.


El Confidencial - Opinión

PP y PSOE. Realismo político o triunfalismo ideológico. Por Agapito Maestre

El realismo socialista trata de frenar su caída en las urnas, mientras que el triunfalismo del PP no aumenta las expectativas de sus votantes.

La política como profesión es uno de los ensayos más grandiosos que Max Weber, el gran filósofo y sociólogo alemán, ha legado a la cultura política de nuestra época. Surgido de una conferencia pronunciada a los estudiantes de la Universidad de Munich, durante el invierno revolucionario de 1919, Weber confronta su trabajo científico como filósofo de la política con la política concebida como profesión, es decir, como una forma de acción de personas concretas para ganarse la vida en el interior de los partidos políticos. Bajo el trasfondo de las ideas revolucionarias de la época, Weber obliga a sus oyentes a conocer sin ilusiones, como diría posteriormente su esposa, todos los procesos y fenómenos de sociología política que determinan de una manera típica la maquinaria política. Weber nos ha legado el realismo para analizar cualquier posible cambio político; más aún, si Weber en una época convulsa apostó por el realismo contra los narcóticos revolucionarios, e incluso combatió con inteligencia a quienes confundían el deber ser con el ser, tanto más hoy, en una época de relativa estabilidad democrática, deberíamos ser realistas.

Sin realismo es imposible analizar la situación política de España. Esa lección de Weber me pone sobre aviso sobre algunos grandes titulares de cierta prensa del domingo; por ejemplo, no me cabe en la cabeza que un periódico en su primera página diga que Rajoy sigue subiendo, cuando todos los indicadores nos muestran lo contrario. Me explico. Es obvio que todas las encuestas, análisis políticos y otros indicadores del futuro de la vida política muestran con contundencia, desde hace meses, que Rajoy está por delante de Zapatero. Hace siete meses, incluso hace tres meses, la distancia entre el PP y el PSOE era cada vez mayor. Hace semanas que la tendencia se detuvo. Peor aún, por desgracia para el PP, esa ventaja está reduciéndose.

Las causas de esa reducción están también a la vista; la bajada de Rajoy está siendo estudiada, curiosamente, por los mismos que levantaron hace unos meses acta de su subida. Esos análisis y encuestas son realistas. No engañan. Todos esos indicadores muestran una foto de la sociedad, e incluso en su modestia indican tendencias muy claras; por ejemplo, una de esas tendencias es que, a pesar del silencio de Rajoy, su falta de programa y su ambigüedad ideológica, el PP sube. La razón de esa subida era obvia: Zapatero estaba amortizado. Agonizando. Había perdido la confianza de la mayoría de sus votantes. También en España, como en otras democracias más desarrolladas que la nuestra, la gente no vota tanto a favor de alguien como contra alguien. Rajoy sube, en efecto, porque el electorado vota contra Zapatero

Eso es, sencillamente, realismo. Pero el problema viene ahora, una vez que esa tendencia a la subida de Rajoy se ha detenido, o mejor, que hemos pasado de una diferencia de 18 puntos, de hace unas semanas a 14 puntos, según encuestas serias y contrastadas. ¿Cómo explicar este cambio? Ahí va mi hipótesis. Quizá sea un argumento. Creo que el PSOE ha asumido el desgaste de su líder y se ha preparado de varias formas para amortiguar el golpe. Por el contrario, el PP no ha tomado en serio a quienes critican, con realismo y sin oportunismos baratos, sus peores deficiencias, a saber, no atreverse a decir con claridad qué van hacer con España. En otras palabras, el PP se ve ya ganador por mucho, mientras que el PSOE ha asumido con realismo su devenir político, y, junto con sus terminales mediáticas, está preparándose para detener el golpe electoral de varias maneras. Mientras el PSOE trata de reducir distancias, el PP no parece querer aumentarlas. El PSOE es realista. Político. El PP está en otra cosa. Pareciera que la política para el PP es cosa de otros.

Mientras que Zapatero, por un lado, está jugando con su candidatura, a la vez que trata de salir airoso, aunque muy tarde, del fiasco económico en el que él mismo nos ha situado, y el propio PSOE, junto a su grupo de comunicación de preferencia, Prisa, por otro lado, operan sobre un contexto de absoluta deslegitimación de Zapatero para detener la sangría de votos socialista, el PP está lejos de actuar en términos realistas y no ven que tengan nada que cambiar para seguir avanzando. Los líderes del PP callan, o se engañan, sobre quienes muestran que Rajoy puede gobernar, pero su silencio, es decir, su falta de liderazgo, y su carencia de un programa concreto alternativo de gobierno puede pasarle factura, incluso podría impedirle alcanzar la mayoría absoluta... En fin, el realismo socialista trata de frenar su caída en las urnas, mientras que el triunfalismo del PP no aumenta las expectativas de sus votantes.


Libertad Digital - Opinión

La sangre de los mártires. Por José María Carrascal

Lo que no saben esos individuos, como tantas otras cosas, es que con su crimen suelen alcanzar lo contrario de lo que pretenden.

LA pregunta que se hacen hoy unos norteamericanos tan anonadados como compungidos es si la tragedia de Tucson acabará con la crispada polarización que vive su país o señala el comienzo de otra era de violencia doméstica, como la ocurrida durante la guerra en Vietnam o las marchas de derechos civiles. Sin que nadie sea capaz de contestarla.

Que el luctuoso suceso, que ha dejado seis muertos, entre ellos un juez federal, y a una congresista en estado crítico, se debe a la radicalización de esta política es innegable. El debate civilizado ha sido sustituido por el ataque rabioso en Internet y la crítica razonada, por el insulto e incluso la amenaza, con mensajes claros de batalla: «enemigos domésticos», «disponed vuestros ejércitos», «tomad las armas». Tanto el juez Roll como la congresista Giffords habían recibido abundancia de ellos. Hasta qué punto los propios políticos han contribuido a ello está por decidir. Pero que ese mapa de «dianas» de los distritos a conquistar para impedir la reforma sanitaria de Obaba que Sarah Palin había hecho circular, ha tenido que interpretar un papel en la tragedia parece evidente, aunque haya sido de forma involuntaria.


El resto lo hacen las circunstancias. Arizona, un estado limítrofe con Méjico, donde el problema de los inmigrantes ilegales se vive cada día y donde acaba de aprobarse una polémica ley contra ellos. Sólo faltaba el ejecutor, un joven inestable, confuso, mesiánico, con problemas de convivencia en la escuela, suspendido en el college donde estudiaba, rechazado por el ejército, que volcaba su frustración en la red, en los asuntos más diversos, desde el patrón oro al intento gubernamental de controlar las mentes, un tipo, en fin, más abundante de lo conveniente en Estados Unidos, como Lee Harvey Oswald (por cierto, el segundo nombre de Loughner es Lee), que intentan pasar a la historia con un asesinato histórico, y de paso, acabar con su tortura mental.

Lo que no saben esos individuos, como tantas otras cosas, es que con su crimen suelen alcanzar lo contrario de lo que pretenden. El asesinato de Kennedy creó tal conmoción en el país que permitió a su sucesor, Johnson, pasar la legislación de derechos civiles que posiblemente aquél no hubiera conseguido aprobar. El atentado de Tucson puede muy bien dar luz verde en el congreso a la reforma sanitaria de Obama. Y es que no hay abono más fructífero que la sangre de los mártires. El juez Roll, modelo de humanitarismo, y la congresista Giffords, apasionada, compasiva, independiente, son el polo opuesto de ejemplar humano que suele ofrecer este país.

Mientras el sheriff del distrito donde ocurrió la tragedia resumía el ánimo del mismo: «Es hora de que reflexionemos sobre nuestro espíritu. Si los servidores públicos siguen recibiendo amenazas, pronto no seremos capaces de encontrar a gente razonable y decente para asumir esos cargos».


ABC - Opinión

Intervención. Ni cenamos ni se muere padre. Por Emilio Campmany

Puesto que es inevitable que tengamos que ser intervenidos, cuanto antes mejor. A ver si, entre tanto sacrificio como habrá que asumir, esa catarsis sirve para impulsar las reformas políticas que es necesario hacer y que nadie quiere acometer.

Desde mayo, estamos al borde del precipicio, apoyados con la punta de un pie en una piedra resbaladiza, sin terminar de caernos, pero sin acertar tampoco a recuperar el equilibrio apoyando las dos piernas en tierra firme. Parece que vamos finalmente a caer, pero da la impresión de que hasta en esto hay un orden que no puede alterarse y cada cual tiene que esperar su turno. Primero fue Grecia. Luego, Irlanda. Ahora, toca Portugal. Tras él, llegará la hora de España. Y el fin de fiesta está reservado para Italia.

Nos dicen nuestros economistas que vernos en la tesitura de tener que ser rescatados tendría consecuencias terribles. Sin embargo, el rescate parece inevitable. Lo sé por lo que están haciendo los socialistas en todos los sitios donde gobiernan. Están a toda prisa convirtiendo en funcionarios a todos los que tienen colocados a dedo. Son decenas de miles de empleados públicos de las administraciones locales y autonómicas. Naturalmente, temen que lo primero que hagan los interventores cuando se hagan cargo del puente de mando sea ordenar que sean despedidos los empleados que puedan serlo y arreglárselas con los funcionarios, que no pueden ser echados.


De modo que, mientras la intervención llega, la gente del PSOE con mando en plaza no para de cargar los presupuestos de todas las administraciones con gravámenes en beneficio de amigos y correligionarios que los interventores no puedan legalmente remover. Así las cosas, cuanto más tarde el rescate, más cargado estará el presupuesto y mayores serán los sacrificios a imponer subiendo impuestos, bajando sueldos de funcionarios, abaratando el despido y bajando pensiones, que es lo que básicamente supondrá el rescate.

Corre la especie de que Zapatero no dimite ni convoca elecciones porque quiere ser él quien adopte las duras reformas que hay que hacer para que quien le suceda no tenga que quemarse tomándolas y pueda dirigir al país sin hipotecas de descrédito popular. Mentira y gorda. Se supone que el habitante de La Moncloa vio la luz en mayo. ¿Qué ha hecho desde entonces? Suprimir los dispendios disparatados que él mismo había aprobado (con la anuencia del PP), como la subvención a los parados de larga duración y el cheque bebé; hacer una reforma laboral de la señorita Pepis; incrementar el IVA un poco y reducir el salario de los funcionarios otro tanto; y amagar con las pensiones sin terminar de dar. Mientras, las administraciones públicas siguen despilfarrando y apenas nada se ha hecho en el mercado financiero, en el energético y en los múltiples negocios subvencionados que en España campean. Sólo está ganando tiempo.

Zapatero no va a hacer lo que hay que hacer y nadie del PSOE ni del PP tiene prisa en sucederle porque entonces tendría que hacerlo él. Entretanto, Moncloa, ministros y secretarios de Estado, presidentes autonómicos, consejeros y ministrines, alcaldes y concejales "a gastar y a gastar, antes de que a España vengan a rescatar". Y, mientras, ni cenamos ni se muere padre.

Así que, puesto que es inevitable que tengamos que ser intervenidos, cuanto antes mejor. A ver si, entre tanto sacrificio como habrá que asumir, esa catarsis sirve para impulsar las reformas políticas que es necesario hacer y que nadie quiere acometer. Y de paso, a ver si el ciclón barre a esta repulsiva clase política que padecemos y nos trae otra que sea capaz de levantar un nuevo consenso nacional alrededor de unos intereses comunes que todos los españoles podamos compartir.


Libertad Digital - Opinión

La transición del PSOE. Por Ignacio Camacho

Un descalabro catastrófico podría empujar al PSOE hacia un liderazgo más radicalizado aún que el de Zapatero.

SI la caída del zapaterismo se consuma en los términos que predicen las encuestas no sólo va a provocar un destrozo grave en el Partido Socialista sino que puede causar una seria avería en el entramado institucional español, que necesita un referente de izquierda sensato y solvente. Un descalabro electoral de proporciones catastróficas podría empujar a la socialdemocracia hacia un liderazgo más radicalizado aún que el de Zapatero. Existe una tendencia general en la opinión pública a pensar que la salida del presidente reconduciría al PSOE por el camino de la moderación y el pragmatismo, pero no tiene por qué resultar así; su tejido dirigente actual, su aparato orgánico, está trufado de zapateritos/as surgidos a imagen y semejanza del líder, con idéntica inmadurez intelectual y la misma inclinación aventurerista, y no es descartable que en caso de big-bang interno se produjera una catarsis capaz de impulsar al partido hacia una renovación imprevisible. La transición del postzapaterismo va a ser uno de los procesos cruciales para el futuro de nuestra democracia.

Por paradójico que resulte, corresponde a Mariano Rajoy como previsible sucesor en la Presidencia del Gobierno una cierta responsabilidad en la estabilización política de su adversario. El PP va a heredar si llega al poder una situación muy delicada que necesitará de una oposición juiciosa con la que establecer acuerdos para las imprescindibles reformas que pongan al día las desgastadas estructuras de un Estado en quiebra. La tarea, de trazo constituyente o al menos de vocación refundadora, exigirá acuerdos de amplio espectro que rebasen incluso el ámbito de una eventual mayoría absoluta, y que de algún modo han de empezar a fraguarse desde ahora mismo, cuando el desplome zapaterista parece irreversible. La fórmula más aconsejable consiste en ir tejiendo ya una serie de pactos estratégicos que de algún modo obliguen al legatario de Zapatero y lo embarquen en un compromiso regeneracionista. Eso implica una modulación del desconfiado clima político inmediato que se antoja francamente difícil, pero nadie ha dicho que aspirar a la gobernación de un país en cuesta abajo represente un negocio sencillo.

Acaso el propio Rajoy, tan proclive a procrastinar sus deberes, sea consciente de esa necesidad a medio plazo. De hecho ya se ha producido alguna reunión discreta con Zapatero para discutir la agenda del último tramo de la legislatura, y hay gente estudiando cómo darle al futuro expresidente un papel que mejore su deslucida actuación gubernamental. Pero no va a bastar con eso; es menester ir dibujando desde ya la bitácora política del próximo mandato. Aunque el trabajo de ganar no esté terminado y bastante trabajo suponga para el líder del PP concluirlo con éxito, ha de hacerlo pensando en que sus futuras responsabilidades de Estado incluirán también la de ser el presidente de los que pierdan.


ABC - Opinión

El Tea Party no disparó a Gabrielle Giffords

Lo único que le ha importado a una parte de la izquierda –que en nuestro país incluye a la práctica totalidad de los medios de comunicación– ha sido crear un muñeco de paja a raíz de un drama humano para poderlo instrumentar políticamente.

Como en tantas otras ocasiones, Jean-François Revel dio en el clavo cuando en La obsesión antiamericana dijo aquello de que "la certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental: ser, en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano". Nuestros socialistas de todos los partidos odian a Estados Unidos por todo lo que esa gran nación representa: libertad, propiedad privada, valores morales, sociedad civil, democracia con auténtica separación de poderes y valentía para no ser erradicados por sus enemigos.

Siendo así, a nadie le extrañará que la izquierda europea, y en especial la española, guarde especial inquina hacia aquellos que, dentro de Estados Unidos, mejor encarnan sus esencias y que no están dispuestos a que el socialismo y la ideología de lo políticamente correcto acabe arruinando su próspero sistema: el Tea Party. Durante la campaña electoral de las últimas elecciones de mitad de mandato ya pudimos escuchar todo tipo de exabruptos y mentiras contra este movimiento –éste sí– espontáneo. Se les acusó de extrema derecha y de racistas, cuando su punto de partida era la limitación del poder del Estado y cuando entre sus integrantes convivían personas de todas las razas y culturas, tal como sucede en ese exitoso melting pot que es su país.


El triunfo del Tea Party en noviembre cayó como un jarro de agua fría en nuestra intelectualidad y también en la mayor parte de nuestra derecha: a la postre, venían a demostrar que la defensa sin complejos de los valores liberal-conservadores podía derrotar al que en Europa se consideraba el mejor y más popular presidente que ha tenido Estados Unidos en toda su historia. En parte los insultos de la izquierda continuaron, pero la victoria electoral de estos activistas hizo aconsejable ocultar tácticamente el rostro despótico y contrario a la soberanía popular del socialismo.

Sin embargo, ha bastado con que un desequilibrado disparase a la congresista demócrata Gabrielle Giffords y a la multitud que la rodeaba para que el griterío histérico de la izquierda occidental –cada vez más parecida en Estados Unidos y en Europa– se haya vuelto a escuchar con fuerza. Así, en pocas horas, cuando apenas existía información fidedigna de lo ocurrido, se construyó la delirante teoría de que el criminal, Jared Loughner, era un fanático seguidor del Tea Party y, muy en especial, de Sarah Palin, autora intelectual última del atentado.

Poco ha importado que Loughner tuviera entre sus libros de cabecera el Mein Kampf y el Manifiesto Comunista –escasamente favorables a los principios de libre mercado que propugna el Tea Party–, que sus compañeros de instituto lo calificaran como persona de izquierdas, que su odio declarado hacia Giffords se remontase a 2007, cuando ni el Tea Party existía ni Palin gozaba de relevancia alguna, o que el ala más radical del Partido Demócrata estuviera muy enfadada con Giffords por no haber votado por Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes.

Lo único que ha movido a una parte de la izquierda –que en nuestro país incluye a la práctica totalidad de los medios de comunicación– ha sido crear un muñeco de paja a raíz de un drama humano para poderlo instrumentar políticamente. No es que en España no hayamos padecido execrables maniobras parecidas, pero no convendría olvidar lo poco que algunos valoran su integridad en la arena ideológica.


Libertad Digital - Opinión

Confusión socialista en 2011

El Gobierno es considerado por los encuestados como el tercer problema del país, por detrás del paro y de la situación económica.

LA segunda entrega del barómetro político de diciembre de 2010, realizado por DYM para ABC, muestra el contexto en el que la opinión pública española ha asumido la necesidad de un cambio en el gobierno de la Nación. Por lo pronto, el Gobierno socialista es considerado el tercer problema del país, por detrás del paro y de la situación económica, lo que explica la falta de confianza de los ciudadanos en la evolución de los acontecimientos. Si el Gobierno no es percibido como una parte de la solución a la crisis, se convierte en una causa principal de la crisis misma. Los encuestados lo expresan con rotundidad: el 72 por ciento creen que la situación económica es mala o muy mala; el 24 por ciento, que es regular; y solo el 3 por ciento que es buena. Los resultados sobre la situación política son similares, y las previsiones a un año no son mejores. La suma de estas percepciones de los entrevistados es una asociación clara del Gobierno socialista con la crisis política y económica. Por esto mismo, la convocatoria de elecciones anticipadas cuenta con un apoyo mayoritario, el 55 por ciento frente al 41, con la significativa oposición del 70 por ciento de los votantes socialistas, que son plenamente conscientes de que unos comicios generales adelantados serían catastróficos para el PSOE. Pero, por otro lado, la evidente debilidad del Gobierno confunde a los votantes socialistas, que solo concedían a Rodríguez Zapatero una nota de 4,8, mientras que Rajoy supera el aprobado (5,4) entre los suyos.

Tampoco son ajenos los encuestados a la incertidumbre sobre la candidatura de Zapatero a la presidencia de Gobierno en las próximas elecciones generales de 2012. Una clara mayoría considera que el presidente del Gobierno ha cedido gran parte de poder a Pérez Rubalcaba, y la opinión más extendida es que será este el candidato socialista a La Moncloa. Por tanto, el debate sucesorio está claramente instalado en la opinión pública y, especialmente, en los votantes socialistas, cuyo rechazo a una anticipación de elecciones generales se explica por la ansiedad de ganar tiempo para que el PSOE encuentre un revulsivo electoral, que ya no es Zapatero, al menos, para una buena del electorado socialista. El acceso de Pérez Rubalcaba al primer plano del Gobierno, aunque sea el único de sus miembros que aprueba, no ha servido para mejorar la imagen del Ejecutivo ante los ciudadanos, porque lo perciben como un escenario de tensión, incertidumbres y confusión.

MEDIO - FORMATO

domingo, 9 de enero de 2011

El año del cambio. Por M. Martín Ferrand

Dado que los ciudadanos tenemos mala memoria, los políticos tienden a decir lo que se les viene a la boca.

DICE Mariano Rajoy, quien nunca deja claro lo que verdaderamente quiere decir, que el PP, sus alcaldes y líderes autonómicos deben «apretarse el cinturón sin dejar de prestar ningún servicio». Eso es instalarse en Mayo del 68, para lo que ya no tiene edad, y gritar a pleno pulmón: «¡Sé realista, exige lo imposible!». Es imprescindible apretarse el cinturón, qué duda cabe; pero sin llegar a comprometer la respiración y el tracto intestinal de los ciudadanos. En esa dirección resulta más sencillo y eficaz, mejor que la apretura heroica, la supresión de los servicios y prestaciones inútiles o superfluos que, hoy por hoy, las administraciones —todas ellas— le brindan al ciudadano. Por el camino del Estado de Bienestar, una hermosa formulación teórica que esconde el fomento de la holganza y la irresponsabilidad, terminaremos por crear un cuerpo de asistentes sociales que nos visite, antes de dormir, para arroparnos en la cama y, después de hacernos beber un vaso de leche templada, besarnos la frente. A tales disparates estamos llegando, por la derecha y la izquierda, que nuestros próceres pueden terminar por inventar la madre o, cuando menos, su figura sustitutiva.

Dado que las palabras son gratis y los ciudadanos tenemos mala memoria, los políticos tienden a decir lo que se les viene a la boca. Muchos repiten, por hablar y sin mayores fundamentos, que 2011 será «el año del cambio». La primera vez que escuché anunciar «el año del cambio» fue a Alberto Ullastres cuando, al final de los cincuenta, arrancaba con Mariano Navarro Rubio el Plan de Estabilización en el que se cimentó, después, el de Desarrollo. Javier Arenas es quien más insiste ahora en «el año del cambio». Para él, posiblemente, lo será porque el PSOE andaluz, como el capitán Cortés en Santa María de la Cabeza, anda escaso de futuro. Arenas será presidente de Andalucía; pero no, precisamente, por decir cosas tan mostrencas como ésta: «El felipismo nos dejó como nos dejó y el zapaterismo nos va a dejar como nos va a dejar». Quizás la elocuencia de Pero Grullo cotice en el Sur; pero, aún así, debiera esforzarse más quien es mucho en el PP y aspira a serlo todo en Andalucía.

El único que se expresa con la claridad y la precisión debidas es Felipe González que, libre como un pájaro, ha dicho, con la vista puesta en el futuro de su enclaustrado sucesor en el PSOE: «Uno tiene libertad para decir no, pero no tiene libertad para decir sí con todas las consecuencias». Oportuna matización para quien, en ignorancia de la Nación y olvido de su propio partido, asume, sin saber francés, el pensamiento de Luis XIV.


ABC - Opinión

La crisis como lección. Por Andrés Aberasturi

Es fácil entender que la movida de Cascos da mucho juego; lo mismo que la subida en las tarifas eléctricas o las elecciones de mayo o el comienzo de la liga. Pero de esta crisis tendría que salir algo más que la discusión, o el pacto puntual. No sé qué organismo o institución se atrevería de una vez a afrontar el futuro ni sé si debería ser nacional, europeo o internacional. Pero hay algo claro: esto -o sea, todo- así, ya no se sostiene ni se va a poder sostener. Nadie ha querido ver en la irrupción de las nuevas tecnologías un cambio tan radical como fue en su momento la revolución industrial y menos aun han reflexionado sobre que la caída del muro de Berlín significó solamente el fracaso del modelo socialista y no la santificación del capitalismo.

De esta crisis global, aunque yo quisiera referirme a España solamente, no podemos salir, cuando salgamos, para volver a lo de siempre. Alguien deberá replantearse dos grandes temas: si el estado de las autonomías -tal y como está- es viable y si el estado del bienestar -tal y como está- es sostenible. Comprendo que no es un tema para despacharlo en treinta líneas, pero me parece lo suficientemente importante como para pararse un momento y empezar a reflexionar sobre qué futuro debemos diseñar. Ahora que está tan de moda lo de la "transversalidad", yo encerraría a economistas, sociólogos, filósofos y un largo etcétera de eso que hemos dado en llamar intelectuales, tan solo para que marcaran unas líneas maestras sobre las que asentar el futuro. Naturalmente los gobiernos y las oposiciones tendrían que hacer luego algo de caso y pactar de una puñetera vez cosas tan elementales como la educación, la sanidad, las relaciones laborales, un sistema fiscal sin privilegios o la separación real de los tres poderes.


Lo que no vale ya es seguir echando remiendos y deshaciendo lo que el otro hizo. No vale porque se ha demostrado que así no se va sino al caos y al fracaso. ¿Qué estado de las autonomías nos podemos permitir? ¿Cómo lograr que sobreviva -a qué coste- el estado del bienestar? Naturalmente que van a pesar, en esa utópica reunión, las ideologías, pero la realidad se impone como bien ha visto, demasiado tarde, este Gobierno. El objetivo sería llegar a principios claros y asumibles por todos sabiendo que todos tendrán que renunciar a algo; pero esto no es nuevo: así fueron los pactos de la Moncloa y la cosa no salió mal. En aquella ocasión nos jugábamos la libertad y merecieron la pena los sacrificios que cada uno hizo. Hoy está en juego el futuro y habrá que encararlo desde el realismo aunque las recetas que de allí salieran fueran duras.

Las preguntas que uno se hace son varias: ¿Hay alguien dispuesto a llevar esa iniciativa? ¿Es posible a estas alturas dar marcha atrás en algunas concesiones a las autonomías? ¿Les interesa a los dos grandes partidos compartir esta responsabilidad histórica? ¿Sabremos aprovechar la crisis como una lección? No soy muy dado al optimismo, pero si superamos la crisis arrastrados solamente por la marea del tiempo y sin que nos sirva de nada el sacrifico de tanta gente, habremos perdido una oportunidad y más pronto que tarde, el castillo se volverá a derrumbar o, en el mejor de los casos, nunca llegará a construirse realmente.


Periodista Digital - Opinión

De mal en peor. Por José María Carrascal

Los mercados quieren hechos, y hechos son precisamente los que no acaban de llegar de España.

El balón de oxígeno chino le ha durado al Gobierno exactamente 24 horas. Bastó que Portugal se tambalease para que las dudas se trasladasen a España, cuya prima de riesgo volvió a alcanzar los 260 puntos. ¿A cuánto va a ponerse cuando tengamos que lanzar los nuevos títulos de deuda las próximas semanas? ¿Cuál va a ser nuestro próximo «salvador»? ¿Corea del Sur? ¿Los ayuntamientos, con ese «plan de empleo» que nos anuncian, copia de aquel que arregló las aceras y se quedó en otro «brote verde»? Son capaces, pese a estar archidemostrado el dicho norteamericano «puedes engañar a uno una vez, pero no a todos siempre». Y a los mercados, nunca. Los mercados no se contentan con «fotos», que es lo único que interesa a nuestro presidente y, al parecer, lo único que domina. Los mercados quieren hechos, y hechos son precisamente los que no acaban de llegar de España. Al revés, lo que de ahí llega son contra-hechos, contradicciones. Ahí tienen a un Gobierno tratando de posponer la jubilación a los 67 años al tiempo que se ve obligado a jubilar anticipadamente a miles de empleados de las Cajas de Ahorro para que puedan consolidarse Pues si no los jubila, no habrá consolidación sino liquidación de las mismas, tras el desastroso manejo que los políticos han hecho de ellas. Es así como se está haciendo el ajuste que nos piden nuestros socios: desnudando a un santo para vestir a otro. Con lo que, a la postre, todos pueden quedar desnudos. Perdón, podemos, pues del ajuste no nos libra nadie.

Mientras Felipe González clama: «las malditas reformas necesarias se deberían de haber hecho hace diez años» ¿Por qué no hace quince? Pues porque él gobernaba, y no las hizo. Así da gusto. El marrón, que se lo coman otros. Que es lo que está haciendo Zapatero, pidiendo ayuda a todos, incluido al nefasto PP, para salir del pozo en que nos ha metido. Presentándose, además, como un héroe, como un mártir. Pero en España no sólo todo es posible, sino que da lo mismo, como demuestra que el ex presidente también haya dicho que igual le da que gane la derecha o la izquierda, lo que le quita el sueño es que «no sepan qué hacer con España». Los españoles lo sabemos perfectamente porque lo estamos viendo y sufriendo: la están deshaciendo. ¿Cómo no va a saberlo Felipe González? ¿Por qué no lo dice claro y en voz alta? ¿Por qué se limita a insinuarlo, al advertir que si depende de Zapatero el no presentarse a la reelección, el presentarse depende del partido? ¿Se atrevería él a encabezar una delegación del PSOE para pedir a Zapatero que dimita o anuncie que no se presentará, como hizo Goldwater tras el Watergate, para exigir a Nixon que abandonase la presidencia para evitar mayores daños a la nación?
Me temo que no. Aquí todos somos expertos en sacudirnos las responsabilidades y en tirar la piedra y esconder la mano.


ABC - Opinión

El enigma Cascos. Por Rafael Torres

Seamos serios y empecemos por el principio: ¿Es posible que Francisco Alvarez Cascos pueda gustarle a alguien? Sólo una vez despejada positivamente (positivamente para Cascos, se entiende) esa cuestión preliminar, podríamos avanzar en el enigma encarnado en ese señor al que Natura o el Altísimo, a elegir, no dotaron de ninguna de las cualidades que se necesitan en política, bien que probablemente en compensación de otras que le concedieron con longanimidad, aunque no sabemos cuales. Si se tratara de un tío simpático, culto, bienhumorado, comprensivo, dialogante o flexible, o si tuviera un pico de oro, o mano izquierda, o una visión original de las cosas, podríamos entender la alta idea que tiene de sí mismo, o incluso, respecto a la que los demás tenemos de él, podría desvanecerse de la memoria, con el tiempo, el recuerdo de su "ostentórea" boda cordobesa o el de su gestión, llamémosla así, del AVE a Lleida, aquella sucesión de improvisaciones, socavones y sistemas de seguridad completamente inútiles, pero siendo Cascos quien es, y perseverando tozudamente en ello, no cabe en la cabeza que nadie pueda suponer que Asturias podría ser más próspera o más feliz con esa criatura mandándola.

El caso Cascos sólo tiene, en puridad, una lectura seria; las demás lecturas son todas de coña. La seria alude al sentido patrimonialista de los políticos españoles: el oso es de uno, propiedad de uno, aunque haya que pasar el enojoso trámite de cazarlo, o sea, de postularse electoralmente para cobrar su piel. Las lecturas de coña son todas las demás: que si el espectro de la vieja guardia, que si Rajoy, que si el alcalde de Oviedo, que si fue, que si vino. Asuntos, como se ve, meramente pandillares y de poder patromonial, como el que enfrenta, también en el seno del PP, a Gallardón y a Aguirre en Madrid.

Pero el enigma Cascos, sea cual fuere la lectura que se haga, resulta particularmente espeso. ¿A quién puede gustar, fuera de su radio íntimo, ese hombre?


Periodista Digital - Opinión

El caso Álvarez-Cascos. Por Germán Yanke

Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya.

Como todo tiene un lado divertido, el del «caso Cascos» es el modo en que explicaron algunos portavoces del PP la patada en el trasero a su antiguo secretario general. Mientras unos se preparaban para el cotillón de Nochevieja, el Comité Electoral decidió dejar en la cuneta a Francisco Álvarez-Cascos, como si no quiere la cosa, «para no dividir al partido». No deja de resultar gracioso que luego el candidato a candidato se dé de baja, anuncie la posibilidad de presentarse por su cuenta, algunos militantes le sigan, otros se enfaden, el nerviosismo aflore, se repita la murga en las sedes del partido de que siempre hacen mal las cosas y se ponga en duda que la derecha pueda gobernar en Asturias tras las elecciones autonómicas. Para lograr la paz no está mal, incluida la gracia de que sea Gallardón, que amagó con lo mismo, el que pida a Cascos que se quede en casa, que ya le buscarán un hueco, que el partido es lo fundamental y la salvación.

Mi ingenuidad no alcanza a pensar que a los dirigentes del PP les haya cogido por sorpresa la tormenta aunque sí habría esperado que, siendo quien es el descartado, Rajoy hubiera hablado antes con él. Y no para explicarle qué significa eso de no dividir al partido porque el asunto tiene mala explicación sin esas dosis de cinismo que no casan bien con tanto pasado compartido. No dividir al partido, con el modo en que se gobierna la organización, es no molestar a la secretaria general y sus aliados. El poder del aparato queda bien dibujado con este episodio: Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya. Hay que estar en el meollo de las cosas para poder tener dos cargos en el partido, dos actas parlamentarias, presentarse a las elecciones con familia y equipo propios y hasta con candidato en Asturias para el futuro de Caja Castilla-La Mancha. Hay que estar en el aparato para que nadie te tosa. Cascos debía la inutilidad metafísica de ser solo militante.


ABC - Opinión

Caso Cascos, Asturias, dedazo y democratización del PP. Por Miguel Cancio

El Partido Popular, en el corazón de las Navidades del 2010, por iniciativa de su presidente Rajoy y su secretaria general Cospedal, después de que el alcalde de Oviedo —de Lorenzo— junto a otros dirigentes del PP asturiano, como Ovidio Sánchez, y sin convocar los órganos directivos del PP, dieran un golpe de mano y ante el gran éxito de la propuesta de que Cascos fuese candidato por el PP a la presidencia de la autonomía asturiana con grandes posibilidades de éxito y un gran apoyo de la mayoría de alcaldes asturianos del PP, de los miembros del PP y mas aún de sus simpatizantes y votantes; el Partido Popular bajo la responsabilidad de Rajoy y Cospedal, en lugar de tratar de que el PP asturiano, por medio de un congreso extraordinario o, al no haber un consenso en la dirección del PP sobre quien debería ser el candidato del PP en Asturias, por medio de una consulta a sus miembros, eligiese a quien debería ser el candidato a la presidencia asturiana por dicho partido; el PP de Rajoy y Cospedal por medio de Dedazo ha propuesto a la candidata propuesta por Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, a Isabel Pérez Espinosa como candidata por el PP a la presidencia de la autonomía asturiana y que es una completa desconocida.

Para colmo, la candidata rechazada por la mayoría de los miembros del PP y mas aún por sus simpatizantes y votantes, Isabel Pérez Espinosa declara, en los medios gubernamentales Radio Nacional de España y en la cadena de radio SER, que ella tiene el mismo programa para Asturias que Cascos, que Cascos es un referencia fundamental para ella, etc., pero, sin embargo, es Cascos el mas conocido y valorado para ganar en Asturias, con mucha diferencia de cualquier otro candidato del PP asturiano, mientras ella es una absoluta desconocida en Asturias y España, y esta ahí como candidata, no por méritos propios conocidos, sino por el Dedazo del todopoderoso en el PP asturiano Gabino de Lorenzo y que ha secundado el dedazo de Rajoy y Cospedal, que, por lo que se ve, quieren un partido del Dedazo, de fieles escuderos, donde los miembros, los militantes cuentan muy poco y los simpatizantes y votantes nada, y no un partido democrático en su estructura, organización, funcionamiento, dirección y representación (como dice la constitución española en su articulo 6), abierto, de juego limpio, que, de forma justa y transparente, en una competencia en buena lid, seleccione, promocione y controle a los mejores y que, por tanto, donde todos sus miembros (en otros países como los Estados Unidos, el partido republicano, pero también el partido demócrata, eligen a sus candidatos por medio de la votación no solo de los miembros de dichos partidos sino también de sus votantes y simpatizantes y que participan abiertamente en el amplio debate que se abre para la elección en el interior de cada partido de los mejores candidatos y al margen de cualquier tipo de dedazos como muy triste y lamentablemente sigue sucediendo en el PP español y que se dice liberal, reformista, moderno, abierto, participativo y democrático) sean los que de forma democrática y con garantías, cuando no hay consenso, cuando surgen serios problemas, elijan, mediante un debate responsable sobre sus propuestas, a los principales candidatos y dirigentes del PP a escala local, provincial, autonómica, nacional e internacional, y participen activamente en la elaboración y aplicación de su política, y no solo de pascuas en ramos y por llamadas de teléfono o e-mails, de forma vertical, señoritil, familiar, amiguista, clientelar, sin ningún tipo de debate democrático, abierto, participativo, enriquecedor.

¿Pero porqué el PP le tiene tanto miedo a la participación activa de sus miembros, simpatizantes y votantes en la vida, en la política de su partido, en la elección democrática, mediante el voto y un debate honrado y responsable, de sus principales dirigentes y candidatos?

Esto es lo que se hace, y desde hace tiempo, en los partidos de centro-derecha mas prestigiosos a escala internacional en Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, Noruega, etc.

El PP español de Rajoy y Cospedal, al secundar el golpe de mano de Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, que vienen perdiendo año tras año en Asturias, que solo han sido capaces de hacerse con 12 alcaldías de 78 ayuntamientos asturianos y de los cuales 9 apoyan a Cascos, que mantienen un partido cerrado, verticalista, del dedazo, señoritil, amiguista, muy poco presente y activo cerca de la ciudadanía de todos los municipios asturianos, en el tejido social, en la sociedad civil asturiana, que no tiene ninguna presencia ni influencia en España desde hace tiempo lo que si ha tenido y tiene Cascos y que con el presidente Aznar como ministro de Fomento hizo un gran plan de infraestructuras para Asturias, para España, que han apoyado y distinguido con importantes distinciones, como en el caso de Gabino de Lorenzo como alcalde de Oviedo o de varios concejales de Gijón, etc., a gentes tan impresentables, partidistas y sectarios como el vicepresidente de la tiranía comunista totalitaria cubana José Ramón Fernández Alvarez El Gallego, uno de los últimos dirigentes que se entrevistó en Irak con el socio, aliado de la Cuba comunista, con el tirano terrorista Sadam Husseim (Gabino de Lorenzo como alcalde de Oviedo organizó, además, viajes de la ciudad de Oviedo a la Cuba comunista y que le sirvieron a la misma, como se ha podido verificar en sus medios y comunicados, para hacer propaganda y para legitimarse cuando estaba maltratando, deteniendo, torturando y liquidando a disidentes cubanos, a presos políticos como Zapata, las Madres de Blanco, el gran Fariñas, el gran Biscet y otros que piden el cumplimiento en Cuba de los mas elementales derechos humanos, la libertad incondicional de todos los presos políticos cubanos y libertades democráticas para Cuba ya. Disidentes cubanos se me han quejado del apoyo dado por Gabino de Lorenzo, etc. a la Cuba comunista) o como el impresentable, partidista y sectario político comunista-socialista Santiago Carrillo y que ahora, en plan neoleninista, estalinista, esta atacando la transición que defendió (porque él y otros como él, después de liquidar a Semprun, Claudin, etc., pensaron que se harían con gran número de escaños y que serían el partido mas votado de la oposición. Cuando vieron que no fue así rompieron la baraja y han vuelto al peor leninismo, al peor gerracivilismo, anticlericalismo cristiano) y vuelve a las andadas guerracivilistas y en las que él con relación a la Guerra Civil española tiene gravisimas responsabilidades (Paracuellos, etc.).

Todos los militantes, miembros, simpatizantes y votantes del PP asturiano, del resto de la nación española y de otros países deben de oponerse al Dedazo de Rajoy y Cospedal que secunda el Dedazo, el golpe de mano en el PP asturiano de Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, y deben de movilizarse a todos los niveles para exigir la democratización real del PP (y del resto de los partidos y fuerzas políticas, sindicales, empresariales, etc. españolas, europeas, etc.) a escala local, provincial, autonómica, nacional e internacional, que se cuente realmente y democráticamente con los miembros, simpatizantes y votantes del PP como sucede en los mejores partidos de centro-derecha occidentales y que, por tanto, se seleccione, promocione y controle, de forma justa, rigurosa y transparente, a los principales dirigentes y candidatos del PP por medio de la participación real, del voto y de un debate honrado, responsable y riguroso si no hay un amplio consenso, de los miembros, simpatizantes y votantes del PP para elegir (promocionar y controlar) a los mejores, es decir, a los mas honrados, competentes, humildes, trabajadores, creativos y profundamente humanos.

Es lo que algunos definimos como un Liberalismo Humanista de Juego Limpio, Creativo, Critico y Profundamente Solidario-Humanitario-de Justicia Justa (donde los valores del humanismo cristiano junto a otros humanismo creyentes y no creyentes ocupan un lugar muy importante y no solo de boquilla, en la ideología, doctrina proclamada, sino en la practica real).

Rajoy y Cospedal de sabios es rectificar y tanto ellos, como todos los dirigentes y miembros del PP asturiano y español pero también sus simpatizantes y votantes, los ciudadanos que quieren lo mejor para Asturias y España, deben de hacer todo lo posible por la real y efectiva democratización en la practica real de los partidos políticos españoles establecida en la Constitución española y que dé lugar a la selección, promoción y control, de forma justa y en lo público, privado y eclesial, de los mejores. Lo que, sin lugar a dudas, redundará en el bien de Asturias y de España, en su regeneración, en su mejor desarrollo, en el desarrollo honrado, responsable y de juego limpio, creativo, critico, competitivo y cooperativo, que debe servir, a escala local, nacional e internacional, para enriquecernos, no solo socioeconómica y medioambientalmente de forma justa, sino también humana y espiritualmente.


Miguel Cancio, economista y sociólogo, profesor de Sociología, Sociología de la Empresa y Socioeconomía del Desarrollo y los Movimientos Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Santiago de Compostela.

Periodista Digital - Opinión

Retrato de una hecatombe. Por Ignacio Camacho

El segundo paso de un vuelco político es la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones.

SI el primer paso de un vuelco político es la continuada tendencia del desplome del Gobierno entre la opinión pública durante un lapso significativo de tiempo, el segundo lo constituye la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones. Consumada desde hace casi un año la caída vertical del zapaterismo, en las encuestas aparece ya con nitidez la aceptación general, incluso entre muchos votantes socialistas, de la próxima victoria de Rajoy. La que hoy publica ABC incluye además dos datos demoledores para el presidente: por un lado aparece por primera vez peor valorado que el líder de la oposición, lo que derrumba la última de sus expectativas; por otro, sólo el 53 por ciento de quienes le apoyaron en 2008 creen aún que es mejor gobernante que su adversario. Eso ya no es sólo la fotografía de un relevo inminente: es el retrato de una debâcle.

Hasta ahora, Zapatero ha venido sosteniendo que el escaso entusiasmo que despierta Rajoy constituía su mejor activo incluso en los peores momentos de popularidad, pero esa coartada también se ha acabado. Es más: se ha invertido. A día de hoy, el jefe del Gobierno representa la mejor baza para su rival, el factor principal de la enorme brecha que separa al Partido Popular del PSOE y le conduce hacia una mayoría absoluta. Aunque el trasvase de voto entre los dos grandes partidos sigue siendo relativamente escaso —una constante sociológica en España—, más de la mitad de los votantes socialistas se sienten indecisos o inclinados a huir hacia la abstención como consecuencia de su desencanto respecto al presidente, valorado mucho peor que la mitad de sus ministros. Teniendo en cuenta el nivel objetivo de competencia del Gabinete, se trata de una apreciación devastadora. En este estado de cosas, Rajoy debería incluso modular su estrategia para darle un cierto respiro a quien le garantiza la victoria.

Enfrente, el desgastadísimo Gobierno tiene a un partido sólido —el PP mantiene el 84 por 100 de su respaldo y crece en estimación nueva—con un líder que supera ya a Zapatero aunque su valoración global no sea para tirar cohetes. Y se ha extendido la aceptación del relevo con un carácter casi inevitable. La distancia se estrechará al final con toda probabilidad, pero perder 18 puntos de ventaja en quince meses sería un desastre político superior incluso al brusco descenso del británico Cameron. Improbable hasta para un líder tan gélido como el del PP.

Claro que la patente aceptación de Rubalcaba podría originar en el electorado cambios de percepción relevantes. Si el candidato socialista no fuese Zapatero —incluso aunque tampoco lo fuese su valido— estas encuestas podrían no servir para nada. Pero si ese relevo se demora, ningún otro dirigente socialista podrá hacer otra cosa que minimizar la derrota. Y en ese caso lo que no serviría para nada sería la operación de recambio.


ABC - Opinión

Pasos atrás contra ETA

La lucha antiterrorista se encuentra en una compleja encrucijada a la espera del famoso comunicado de ETA, en el que presumiblemente los terroristas anunciarán una tregua unilateral, indefinida y verificable por instancias internacionales, pero también que no renunciarán al terrorismo ni se disolverán ni entregarán las armas. Más allá de filtraciones más o menos interesadas y de movimientos tácticos del mundo proetarra, el balance de la situación dista de ser esperanzador. La realidad es que, después del alto el fuego de septiembre, se han dado pasos atrás que han alimentado la confusión y el escepticismo en una sociedad que no quiere suposiciones y elucubraciones, sino certezas. La manifestación de ayer en Bilbao a favor de los reclusos terroristas es el último de esos actos desconcertantes para un Estado de Derecho. Que la Justicia, con el visto bueno de la Fiscalía dependiente del Gobierno, permitiera la marcha convocada y organizada por reconocidos simpatizantes y ex candidatos de organizaciones del entramado de ETA, con informes contrarios de la Guardia Civil y de la Ertzaintza, es algo incomprensible, que alimenta toda clase de interpretaciones, equivocadas o no, sobre la trastienda de la política antiterrorista. Con poco que se conozca la realidad del País Vasco, los antecedentes o los colectivos como el de los familiares de los presos de ETA, es imposible sostener con razones fundadas que un acto como el de ayer en Bilbao no supone una exaltación de las actividades criminales desarrolladas por los terroristas. Harían bien la Justicia y el Ministerio Público en explicar a la sociedad por qué las manifestaciones en favor de los presos en 2007, 2008 y 2010 fueron prohibidas si sus connotaciones y características eran prácticamente iguales a la de este año. En una democracia nadie debería poder salir a la calle a apoyar a los delincuentes, sean terroristas, maltratadores o violadores.

Pero hay más. También inquietan situaciones inasumibles como la libertad de Díez Usabiaga, una auténtica burla, o los experimentos políticos que el Ejecutivo lleva a cabo en las cárceles con los etarras supuestamente arrepentidos. Cuesta asumir que terroristas con sangre en sus manos salgan de permiso con el frágil argumento de que han renegado de ETA, cuando ni siquiera han pedido perdón a sus víctimas ni han resarcido a la sociedad ni han cumplido la mayor parte de su pena. Y cuesta todavía más entender estos movimientos confusos mientras los terroristas roban vehículos, extorsionan a los empresarios, modernizan y fortalecen su aparato de falsificaciones y recopilan informaciones.

Las víctimas del terrorismo han sido siempre, y deben seguir siéndolo, un termómetro moral y político, y una conciencia social. Si el colectivo se siente humillado, como lo manifiestan sus representantes, algo está fallando y alguien ha tomado un atajo equivocado. El discurso oficial y público del Gobierno, con el que coincide el PP, es de firmeza máxima y de perseverar en el acoso policial y el rigor judicial. Ésa es la fórmula hasta la derrota final de ETA. El Gobierno será el responsable de que no exista desviación alguna en esa hoja de ruta y de que los terroristas y sus acólitos no puedan presentarse a las elecciones.


La Razón - Editorial

Lodo en las togas de la Audiencia Nacional

Si es cierto que estamos más cerca que nunca del final de la banda, y todo parece indicar que así es, es ahora precisamente cuando más firme ha de ser el estado de derecho para aniquilar las distintas cabezas de la hidra terrorista y no al contrario.

Es necesario ser muy ingenuo para no ver al brazo político de la ETA, cuando no a la misma banda terrorista, detrás de una manifestación convocada para denunciar la supuesta vulneración de derechos humanos de que son objeto los asesinos de esta organización, encarcelados en virtud de las condenas previstas en nuestro Estado de Derecho.

El juez Pedraz, al que no cabe acusar de bisoñez en cuestiones relacionadas con el terrorismo y sus distintas ramificaciones, ha autorizado la manifestación convocada por representantes del mundo batasuno a pesar de las peticiones formuladas por las asociaciones de víctimas del terrorismo y los informes de la Guardia Civil en contrario. El requerimiento a la policía vasca de que vigile el desarrollo de la manifestación por si se produjera algún delito durante la misma, cláusula habitual en las autorizaciones de este tipo emitidas por la Audiencia Nacional, no deja de tener un cierto toque de sarcasmo, no por reiterativo menos doloroso para las víctimas de los que aparecen revindicados con estos actos.

Y es que desde la personalidad de los convocantes hasta los lemas coreados, pasando por las declaraciones de todo tipo vertidas para dar notoriedad al acto público, asistimos a una sucesión de hechos que necesariamente han de constituir en su conjunto una humillación para los familiares de los asesinados por la banda terrorista.


La asistencia en número importante a esta última manifestación exigiendo el acercamiento de los presos etarras al País Vasco no otorga legitimidad a esta pretensión, por más que el mundo nacionalista pretenda hacer ver lo contrario. La dispersión de los terroristas encarcelados, acordada por las autoridades penitenciarias en función de las disposiciones legales vigentes, ha sido y es una herramienta importante en la lucha antiterrorista a pesar de que Rubalcaba la esté haciendo saltar también por los aires, como ha hecho con otros elementos también decisivos a este respecto.

Tampoco debería la sociedad civil española pasar por alto el hecho de que una entidad tan popular como el club de fútbol de la Real Sociedad de San Sebastián, figure como uno de los apoyos más destacados a esta marcha gracias a la colaboración de una parte de su plantilla. Ni siquiera cabe alegar la famosa e inicua equidistancia para disculpar la afrenta de esta entidad deportiva puesto que, como es conocido, jamás en el País Vasco se ha producido un gesto de cercanía por parte de esa institución u otras similares hacia las víctimas de esos a los que ahora arropan con el escudo de su club.

No estaría mal que el mundo del fútbol español, tan dispuesto a movilizarse por otras causas menos significativas, tuviera un gesto de respeto a las víctimas del terrorismo y de reproche hacia estos colegas que jalean a los victimarios.

Si es cierto que estamos más cerca que nunca del final de la banda, y todo parece indicar que así es, es ahora precisamente cuando más firme ha de ser el Estado de Derecho para aniquilar las distintas cabezas de la hidra terrorista y no al contrario. La anulación de los consistorios controlados por organizaciones colaboradoras del terrorismo, la eliminación de cualquier posibilidad de que vuelvan a entrar en la política municipal o la prohibición de cualquier algarada que otorgue visibilidad al entorno terrorista para lanzar sus consignas falaces, han de ser la prioridad del gobierno de un país que, como España, ha sufrido durante demasiado tiempo el azote terrorista.

Por desgracia el Gobierno parece opinar lo contrario y algunos jueces, tal vez partidarios de la infausta metáfora de un lamentable fiscal general del Estado, favorecen esta tesis con sus decisiones a pesar del cerco de lodo que, inevitablemente, acabará depositándose en los bajos de sus togas.


Libertad Digital - Opinión

La mayoría más absoluta

La opinión pública ha interiorizado que el Gobierno es parte del problema y que el cambio político resulta indispensable.

EL barómetro político realizado por DYM para ABC refleja una contundente ventaja electoral del PP, que supera en 18,5 puntos porcentuales al PSOE. En concreto, los populares obtendrían el 49,3 por ciento de los votos estimados, frente al 30,8 que recibirían los socialistas. Más revelador es el dato de la intención directa de voto, que da al PP el 28,8 por ciento, y a los socialistas, el 14,7. Esta fortaleza del PP se explica por la fidelidad de la mayoría de sus votantes, que lo respaldan en un 84 por ciento. Zapatero solo consigue el apoyo del 44 por ciento de los suyos. Las valoraciones personales también se decantan de forma general, por vez primera, a favor de Rajoy, a quien el 35 por ciento consideraría mejor presidente, frente al 25 por ciento que lo cree de Zapatero. También es mejor la valoración que recibe Rajoy (3,6 por ciento) frente a Zapatero (3,1); y la que recibe el PP (3,4 por ciento), frente al Gobierno (3,0). En definitiva, la encuesta expone la consolidación de una tendencia que comenzó en noviembre de 2008, cuando el barómetro político dio al PP un exigua ventaja de tres décimas frente al PSOE. Es una tendencia creciente en la opinión pública, que ha pasado de una respuesta impulsiva ante la crisis a la interiorización definitiva de que el cambio político es necesario. Incluso esta percepción pasa por encima de la escasa valoración que aún conceden los encuestados a Rajoy, quien, no obstante, recibe de los votantes del PP un respaldo mucho mayor que el que consigue Zapatero de los suyos.

Esta encuesta demuestra también que Zapatero ha quemado su arsenal político sin rentabilidad alguna. La remodelación del Ejecutivo, que concentró todo el poder en Rubalcaba, ha tenido un efecto cero en la confianza ciudadana, porque el problema no era lo mal que se comunicaban a la opinión pública las decisiones tomadas por el Gobierno, sino el Gobierno mismo. El estado de opinión general, cuajado con las medidas de recorte social, las subidas de precios, el descrédito internacional y la tasa de paro más alta de Europa, está sentenciado a poco menos de cinco meses para las elecciones municipales y autonómicas. El desafío de Zapatero no es tanto aguantar el envite electoral de la oposición en esos comicios como controlar una reacción interna del PSOE ante una derrota que puede tener dimensiones históricas. Con los resultados del sondeo que hoy publicamos, Zapatero tiene motivos para preocuparse más de sus compañeros de partido que del PP.

ABC - Opinión

sábado, 8 de enero de 2011

El que rompe paga. Por M. Martín Ferrand

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos.

LAS leyes que se tejen en el Parlamento tienden a vaporosas. Su incumplimiento y escasa aplicación son parte del folclore nacional y, si alguna llegara a ser invocada para su aplicación, ya se encargarán los tribunales de aplazar su cumplimiento o retorcer su espíritu con el mecanismo procesal con el que, como gran sustituto de la Justicia verdadera, nos vamos apañando en esta democracia paródica en la que dos hombres, solo dos —José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy—, tienen potestad, salvo en Cataluña y el País Vasco, para decidir quién es el alcalde de cada municipio, el presidente de cada autonomía, los representantes parlamentarios de cada circunscripción y los nombres máximos del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Eso es algo tan representativo como queramos admitirlo y da paso a un juego parlamentario distinto del que describen los manuales de la ciencia política y los usos en las naciones de acreditados modos democráticos.

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos. Si esa fuera nuestra manera de enfrentarnos al problema financiero, uno de los más perturbadores y graves entre los asuntos pendientes en la vida nacional, estaríamos a salvo; pero, desgraciadamente, aceptamos el proceloso caldo en el que se entremezclan los intereses de unos, las debilidades de otros, la inconsecuencia del sistema y la conveniencia de los renovados caciques regionales y tenemos a la vista una realidad tan indeseable como inútil para el conveniente desarrollo de la economía y el progreso de las personas.

El hecho de que los contribuyentes, siempre sufridos y amedrentados, paguemos con nuestro dinero el fracaso de las instituciones financieras es moralmente reprobable; políticamente, descalificador del Legislativo y del Ejecutivo y, económicamente, la cimentación de nuevas y mayores catástrofes. El método, auspiciado por el Gobierno, bendecido por el Banco de España y tolerado por el BCE, con el que se están fusionando —amancebando para ocultar responsabilidades— muchas de nuestras Cajas de Ahorro clama al cielo. No solo se mantienen, acumulando la perversiones; sino que se confirman en sus cargos de administración y dirección a quiénes han sido responsables de la situación. Si se les aplicara la Ley de la taberna, su suerte sería muy distinta. También el futuro del sector financiero, la potencialidad del progreso español y, sobre todo, la confianza de los ciudadanos, ahítos de tanto encubrimiento y mandanga como propician los dos monopolistas, uno por la izquierda y otro por la derecha, del poder en la vida española.


ABC - Opinión

La bella Isabel. Por Alfonso Ussía

ENCABEZAMIENTO

He leído en «El Mundo» unas declaraciones de Isabel Pérez-Espinosa más que preocupantes. Esta señora es la candidata del Partido Popular para presidir el Principado de Asturias. En las fotografías aparece guapa, pero dura. Se advierte su enfado por la encuesta reciente de Sigma-Dos, según la cual Álvarez-Cascos ganaría las elecciones asturianas con nueve escaños de ventaja sobre el Partido Popular. Pero intuitivamente intento ir más allá en el análisis de sus palabras. Dice que Cascos le causa tristeza «porque fabula y tiene tremendas lagunas mentales». Para mí, que la bella Isabel habla con despecho, como una novia abandonada, con el amor convertido en odio irrefrenable. Me recuerda un poco a Scarlett O’Hara en sus peores momentos con Rhett Butler en «Lo que el viento se llevó». Me aseguran, y no alcanzo a comprender tanta hostilidad, que Isabel Pérez-Espinosa fue impulsada y apoyada por Álvarez-Cascos en sus inicios políticos. La vida da muchas vueltas. Katharine Hepburn pasó del amor más profundo con Spencer Tracy a decir de él que lo más divertido que podía pasar con Tracy en la cama es que se cayera al suelo el edredón.

Decir que Cascos fabula, para quien escribe no resulta irrespetuoso. La fabulación es consecuencia de la imaginación y la fantasía, y los dos espacios me parecen atractivos. Una persona que no fabula es lo más parecido a un berberecho. Pero el arrebato de odio se deja ver cuando la bella Isabel revela que Francisco Álvarez-Cascos tiene tremendas lagunas mentales. Ahí hay un enigma oscuro, no desvelado, pendiente de percibir la luz. La excesiva crueldad del mensaje no se corresponde con una simple rivalidad política. He conocido a personas con suaves y tremendas lagunas mentales y no acierto a colocar a Cascos en esa relación. Las lagunas mentales son fruto, en ocasiones, de los nervios. Un pariente del firmante, muy buena persona amén de devotísima, fue rechazado por las autoridades eclesiásticas para hacer la Primera Comunión. Después de una larga preparación para ello, cuando le preguntó el señor Obispo Auxiliar de la Diócesis de Madrid «hijo, ¿cuántos Dioses hay?», mi pariente, atacado por los nervios, nubló su mente y respondió: «Siete con Pinocho». A eso es lo que yo he llamado siempre una tremenda laguna mental. Y el embajador Villacieros, un gran señor, jefe de Protocolo del anterior Jefe del Estado, en una audiencia concedida por Franco a Jaime Campmany cuando era el director de «Arriba», lo anunció como «don Emilio Romero» a causa de una suave y pasajera laguna mental.

No puede considerarse elegante ir por el mundo humillando a los adversarios atribuyéndoles tremendas lagunas mentales, es decir, señalándolos de chochos, gagás, deslucidos, dementes o blandos de meninges. Las lagunas mentales pasajeras son posibles en las más brillantes mentes. El Papa Juan XXIII tuvo una laguna mental muy celebrada. Estaba preocupado por una cuestión que afectaba a la Iglesia y se dijo a sí mismo. «De mañana no pasa que le haga llegar al Papa mi inquietud». Y en efecto se la hizo llegar, entre otras razones, porque el Papa era él. Se lo contó divertido a sus cardenales más allegados, pero ninguno de ellos acudió a la prensa para chismorrear que Su Santidad experimentaba tremendas lagunas mentales.

No he tratado mucho a Francisco Álvarez-Cascos, pero mi memoria no coincide con la revelación de la bella Isabel Pérez-Espinosa. No lo sé, pero algo hay en el páncreas de esa atractiva y decidida mujer asturiana que le incita a humillar al político disidente. La vida es una caja de sorpresas.


La Razón - Opinión