viernes, 13 de agosto de 2010

Renegociar con ETA. Por César Alonso de los Ríos

Las negociaciones con ETA de la pasada legislatura no le dieron mal resultado a Zapatero. Todo lo contrario. Le llevaron a López a la lendakaritza.

Las negociaciones con ETA de la pasada legislatura no le dieron mal resultado a Zapatero. Todo lo contrario. Le llevaron a López a la lendakaritza. Y ahí está. Con el exhibicionismo de haber echado del poder al PNV; con el orgullo de haber creado el clima de mayor distensión que ha tenido el País Vasco en todo este régimen (sic). En esta experiencia el perdedor de votos fue Basagoiti pero tan feliz. Piensa que el empequeñecimiento de las bases del PP le ha permitido salir del ostracismo al ostentar la presidencia del Parlamento vasco y apoyar un gobierno de «constitucionalistas».

Ahora bien, si este fue el estupendo resultado del «diálogo» entre el Gobierno de Zapatero y ETA ¿porqué tantos analistas políticos opinan que fue un «error» y que Zapatero no debería volver a cometerlo? Dicho de forma brutal ¿por qué no queremos todos caer en la cuenta de que al llevar adelante el «proceso de paz», incluso después del atentado de Barajas, Zapatero no cometió «error» alguno para sus propios intereses? A partir de la respuesta que demos a esa pregunta es necesario entender qué es lo que realmente quieren los vascos no nacionalistas.


Sé que es una reflexión muy dura. A mí personalmente me lleva una vez más al pesimismo sobre la naturaleza humana. Fuimos muchos los que decíamos que Zapatero no debía caer en la traición de «dialogar» con los terroristas y que eso podría suponerle un alto precio, a él y a la democracia. Pero no ha sido así. Socialistas y «populares» le premiaron por ello y le dieron poder para desplazar al PNV…

Ahora se habla de nuevo de «diálogo». En esta ocasión entre el Gobierno y ETA . El objetivo sería «el abandono de las armas». ¿Y qué se le dice a ZP? Que recuerde el gravísimo «error» que cometió al negociar con ETA en la pasada legislatura. A la vista de lo cual, Rodríguez Zapatero sonreirá. Y López, aunque quizá no Basagoiti porque, en esta ocasión, el pacto volverán a hacerlo el PSOE y el PNV.


ABC - Opinión

¿Se puede hacer peor?. Por José María Carrascal

Lo mejor que puede pasarle a Lissavetzky es que termine como ministro de un Gobierno con los meses contados.

MUY desesperado tiene que estar este hombre para elegir como candidato a la Alcaldía madrileña a alguien con siete consonantes, tres vocales y una letra que no es una cosa ni otra, en su apellido. Claro que, muy posiblemente, los madrileños no tendrán que aprendérselo, pues Gallardón lleva todas las de ganar. Eso se ahorran.

¿Cómo surgió una idea tan peregrina en el magín del presidente? Conociendo su corto vuelo y su gusto por los atajos, no es descabellado pensar que la causa de la selección haya sido que Lissavetzky ocupe la Secretaría de Estado para el Deporte. «¡Hay que aprovechar el triunfo de la Roja en el Mundial de Sudáfrica!», debió decirse el inquilino de La Moncloa. Y ya tenemos al titular del departamento deportivo compitiendo por la Casa de la Villa. ¡Con lo tranquilo que estaba él, recibiendo medallas en los estadios y enhorabuenas por todas partes! Pero, amigo, vivir junto a Zapatero es como vivir al lado de un polvorín. Cuando menos te lo esperas, estás volando por el aire. Que es donde están hoy Jiménez y Lissavetzky, imagino buscando la parte del cuerpo sobre la que caer para recibir el menor daño.


Porque querer trasladar los triunfos de la selección a Lissavetzky sólo cabe en una cabeza que confunde deseos con realidades. Si todavía Zapatero hubiese elegido a Del Bosque, bueno. Pero aparte de lo dudoso que alguien con tan buen sentido como el seleccionador nacional aceptase la oferta, está el hecho de que para la mayoría de los madrileños, Lissavetzky suena a defensa izquierdo traído del Este, que no ha cuajado.

Aunque la mayor desventaja tanto suya como de Jiménez es que vienen apadrinados por Zapatero. El presidente ha logrado generar desconfianza en todos los ámbitos de la población, incluidas amplias zonas de su propio partido, que le han visto entrar en sus asuntos internos como elefante en una cacharrería, algo que naturalmente resienten. Pero Zapatero parece haber perdido incluso lo que venía siendo su mejor y casi única arma: la finta, el regate corto, la zancadilla invisible, el gol fuera de juego, lejos de la mirada del árbitro, del linier y de buena parte del público.

Su «jugada madrileña» tiene así todo el aspecto de un jaque mate a sí mismo. Si Trinidad Jiménez gana las primarias de Tomás Gómez tendrá que competir con Esperanza Aguirre como la «candidata de Zapatero», ninguna recomendación con la que está cayendo. Si las pierde, el verdadero derrotado será el presidente. O sea que salga como salga, pierde. En cuanto a Lissavetzky, lo mejor que puede pasarle es que termine como ministro de un Gobierno con los meses contados. Y es que Zapatero no perdona las derrotas. Sobre todo, las causadas por él.


ABC - Opinión

Gasto público. El activo tóxico de España es el Gobierno. Por Jorge Valín

Como dice la moraleja de la fábula del escorpión y la rana: "no te engañes a ti mismo ni a nadie. Uno siempre es lo que es, a pesar de las circunstancias". Vaya el país bien o mal, Zapatero sólo sabe hacer una cosa: derrochar el dinero del ciudadano.

ras unos meses de relativa tranquilidad para España, Zapatero ha vuelto a hacer de las suyas. Ha anunciado más gasto público. Después de la noticia, el ministro de Fomento, José Blanco, afirma ahora que se pasaron de frenada en el tema de la contención del gasto. La ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, dice que ni se notará en el déficit. Mientras, la vicepresidenta del Gobierno está desaparecida; que dure.

Tras la noticia, el martes, la bolsa se desmoronó y el spread de deuda española subió otra vez a los niveles anteriores a la publicación de los test de estrés. Al día siguiente, miércoles, las bolsas de medio mundo caían y aquí el Ibex se despeñaba con especial fuerza por las circunstancias mundiales y la decisión de Zapatero que asustó a los inversores internacionales. Y van no sé cuantas ya.


El Gobierno y sus acólitos no paran de culpar a especuladores, inversores y empresarios irresponsables del caos económico que vivimos en España. Mientras el resto del mundo se está recuperando, aquí cierran 40.000 autónomos al mes, casi 800.000 en lo que va de año. En este semestre más de 10.000 empresas se han volatilizado. Nuestro país es la única economía de la zona euro que no recobra la confianza de las empresas ni de los consumidores. La cancioncita que la culpa es de los mercados y el mundo en general empieza a chirriar. Este Gobierno ya no tiene crédito para su ciudadano, ni para los inversores, ni para el resto de potencias mundiales.

El mayor activo tóxico del país y casi de Europa es el Gobierno socialista. Por culpa de Zapatero y sus camaradas, la UE y Estados Unidos volverán a llamar la atención a España. Acabarán interviniendo el país, lo que en realidad es como un golpe de estado económico. Entonces sí que vamos a sufrir. Ya nos lo ha advertido el economista Juan Velarde: el corralito en España está "a la vuelta de la esquina".

Fíjese que el líder de nuestro país es como Luis XVI. Mientras Francia estaba sumergida en la miseria, éste se dedicaba a dar banquetes, hacer fiestas o hacía de mecenas manteniendo a una corte de vagos. Aquí hay un 20% de desempleados, el crecimiento del PIB se reduce a unas décimas y el Gobierno se dedica a rebajar el sueldo de funcionarios a la vez que aumenta el número de empleados públicos para que vivan de nuestras rentas. Subvenciona coches eléctricos gastándose 590 millones de euros para sólo vender 16. Zapatero regala casi 16 millones de euros a los cortesanos sindicales, sigue con su Alianza de Civilizaciones, alarga el "Plan E" con 100 millones de euros más, destina 845.000 euros para "investigaciones feministas" y en fin, para qué seguir.

A Zapatero se le puede aplicar perfectamente la fábula del escorpión y la rana. El escorpión siempre matará a la rana porque es su naturaleza. Como dice la moraleja de la fábula: "no te engañes a ti mismo ni a nadie. Uno siempre es lo que es, a pesar de las circunstancias". Da igual que el país vaya bien o mal, Zapatero sólo sabe hacer una cosa: gastar a espuertas el dinero del ciudadano en cosas que no son más que retos personales y compra de votos. Este país no es para él más que un recreo personal que le pagamos todos. El mayor problema de España es Zapatero. El Gobierno es el mayor y peor activo tóxico que tenemos.


N. del E.: Este artículo, esta´"plagado" de enlaces (16). Puede hacerse uso de ellos en el original, pinchando en el enlace de abajo.

Libertad Digital - Opinión

Sentido y sensibilidad. Por Fernando Fernández

El fin del zapaterismo va a venir de la mano de la corrección del déficit público por la obra pública.

EL recorte de la inversión en infraestructuras decretado por el Gobierno Zapatero ha generado una fuerte reacción hostil. No es para menos en una sociedad adicta al ladrillo y a la obra pública como mecanismo de crecimiento. Una de las consecuencias más nefastas de la entrada de España en la Unión Monetaria ha sido el desmadre de la inversión pública al grito de «más madera, que es casi gratis». No solo el déficit público, sino también el desequilibrio exterior y hasta el diferencial de inflación son una consecuencia de la especialización productiva de la economía española en un sector típicamente no transable, no exportable. Gonzalo Fernández de la Mora, el ministro franquista que acuñó el término del Estado de Obras para definir lo que otros más ilustrados describieron como el crepúsculo de las ideologías, nunca imaginó que su mejor alumno sería precisamente un presidente socialista. Pero quien a hierro mata a hierro muere, y todo apunta a que el fin del zapaterismo va a venir de la mano de la corrección del déficit público por la línea de menor resistencia, la obra pública. El recorte ha finiquitado la luna de miel de Gobierno y empresarios, evidenciado las limitaciones del capitalismo clientelar que el líder del Ejecutivo había venido tejiendo con gran esmero y provocado que la tasa de paro se estabilice por encima del 20 por ciento. Puestos a elegir entre enfrentarse a unos empresarios de los que nunca se acabó de fiar o recortar privilegios de una clase política y funcionarial construida al albur del Estado de las Autonomías, Rodríguez Zapatero no lo ha dudado un segundo. Antes morir que reducir el tamaño del Estado. He de confesar que siento una cierta simpatía por la decisión del Gobierno, pues empiezan a proliferar estudios que tímidamente se atreven a sugerir que España en esto de la obra pública había entrado en rendimientos negativos. Entiéndase bien: negativos, que no decrecientes. Cada euro adicional gastado reducía el tamaño del PIB y no solo contribuía cada vez menos a su crecimiento. Porque los impuestos necesarios para financiarlo, o el coste de la deuda emitida, eran superiores al beneficio aportado. Lo que no quiere decir que no haya obras imprescindibles, cuya rentabilidad pública y privada es palmaria.

Andaba yo en estas cavilaciones cuando la realidad local me puso en bandeja la evidencia que necesitaba, en las dos direcciones de despilfarro y despropósito. Es un despilfarro que un camino vecinal recién asfaltado sea levantado para arreglarlo porque el firme muestra algunas arrugas. Es un escándalo porque, además, el tramo asfaltado acababa a escasos cien metros y se convertía en un patatal. Si había que crear empleo local, si sobraba presupuesto de una contrata de saneamiento, se podía haber prolongado el tramo asfaltado, llevando la alegría de la modernidad a unos cuantos vecinos más. Pero la inflexibilidad administrativa no entiende de sentido común. Es un despropósito que uno de los escasos tramos sin autovía de la carretera nacional del Cantábrico que une, o mejor dicho separa, a su paso por Asturias, La Coruña y San Sebastián, un tramo desaparecido en unas inundaciones y sustituido por un camino vecinal, haya sido declarado amortizable al tiempo que se paralizaba la autovía que venía a sustituirlo. Hablamos de un tramo de unos diez kilómetros sin accidente geográfico mayor y cuya suspensión es solo consecuencia de la incapacidad de los responsables de Fomento y los del Principado. Reducir el déficit público es cuestión de Estado, recortar el gasto en infraestructuras una consecuencia de los excesos e incompetencias socialistas, hacerlo con sentido y sensibilidad parece incompatible con un Gobierno mortecino.

ABC - Opinión

Lengua. Derechos humanos en España. Por Agapito Maestre

La mayoría de la casta política no se ha atrevido en los últimos veinte años a denunciar lo obvio, es decir, pocos han dicho que en Cataluña y Baleares se estaban violando los derechos humanos.

He pasado unos días deliciosos en Londres. Volveré pronto. Siempre se aprende de las diferencias. Dejo Inglaterra, un país que se precia de respetar los derechos humanos, y me entristezco con una noticia que viene de EEUU sobre España. Otra vez los contrastes entre España y el resto del mundo nos sumen en la melancolía. Me entristezco, sí, pero no porque me resulte nueva la información de EEUU, sino por la reacción estulta y frívola que ha adoptado la clase política española.

Cuando hay que demostrar lo obvio, lo evidente, estamos bordeando la tragedia, la muerte de una sociedad abierta y normal. Por fortuna, lo que para nosotros, los españoles, a veces resulta un drama, un esfuerzo sin resultados, es algo obvio y evidente para un norteamericano. Sencilla y natural, en efecto, es la denuncia del Informe del Departamento de Estado de los EEUU sobre la violación de los derechos humanos en Cataluña y Baleares. Los responsables de la información no tienen nada que demostrar; la cosa está ahí a la vista, el informe muestra con pelos y señales que miles, quizá millones, de niños españoles no pueden escolarizarse en la lengua común, oficial, de su nación.


Es prácticamente imposible escolarizar en español a un niño de Cataluña y Baleares. Terrible. Eso que es evidente y obvio para un observador extranjero, por desgracia, hemos tenido que demostrarlo, justificarlo, durante más de veinte años, los que denunciábamos tales violaciones. Por cierto que, entre los denunciantes de la tropelía, nunca encontramos "ideólogos" y "tratantes" en Derechos Humanos, es decir, jamás vimos el informe de un profesor, o escritor, o ensayista, en fin, alguien que defienda los Derechos Humanos en abstracto que se haya atrevido a denunciar la violación de esos derechos en Cataluña y Baleares. Palabrería sobre los derechos humanos encontraremos por todas partes, pero su defensa efectiva y concreta, por ejemplo, en Cataluña y Baleares, es ya otro cantar.

Aunque existan excepciones respetables entre los políticos, la mayoría de la casta política no se ha atrevido en los últimos veinte años a denunciar lo obvio, es decir, pocos han dicho que en Cataluña y Baleares se estaban violando los derechos humanos, porque los mesogobiernos de esas regiones impedían que los niños se escolarizasen en la lengua común, el español o castellano. La violación de ese derecho humano era clara. Era algo tan sabido como ocultado vergonzantemente o con chulería por los políticos y sus medios de comunicación. Algunos nos hemos desgañitado denunciando el asunto, pero nadie nos ha hecho ni puñetero caso y, lo que es peor, ni tampoco ahora nos lo harán a pesar de la denuncia de los EEUU, porque España, el gobierno de España y, seguramente, todas sus instituciones políticas, viven de ocultar lo evidente, es decir, de no reconocer que "aquí no funciona la democracia".

No hay, en efecto, un Estado de Derecho normal sin un Estado-Nación decente. El proceso de desnacionalización del Estado-Nación, que comenzó a funcionar a pleno rendimiento en 1982, está llegando a su fin. Por ejemplo, Cataluña sólo está en España formalmente, pero, en la realidad, no hay Estado de Derecho, sino un Estado Nacionalista que impide a los niños un derecho fundamental. Por eso, resulta frívola la reacción de algunos políticos españoles ante la denuncia de EEUU sobre la violación de los derechos humanos en Cataluña. Frívola y, sobre todo, cínica es la reacción de Rodríguez Zapatero negando lo denunciado. Frívolo y, sobre todo, cobarde es el silencio que guarda la casta política catalana y balear sobre lo denunciado, a saber, la "política" lingüística de estas "Comunidades Autónomas" (Cataluña y Baleares) viola sistemáticamente los derechos humanos.

Es difícil hallar en las naciones contemporáneas un proceso de desnacionalización tan grave como el sufrido por España, desde 1978 hasta hoy, especialmente grave en la etapa de Zapatero, pero, en mi opinión, es aún más difícil hallar una casta política más cínica e indecente que la "española" dispuesta a negar lo obvio y evidente.


Libertad Digital - Opinión

Los niños de la estación. Por M. Martín Ferrand

Lo que hará imperecedero el nombre de José Blanco es un AVE que llegará a Santander, pero sin correr demasiado.

JOSÉ Borrel pasará a la Historia por haber sido, ya va para veinte años, el ministro de Fomento que inauguró lo que conocemos por Alta Velocidad Española, el AVE, un ferrocarril tan vertiginoso que dejó sin recreo ni entretenimiento a la señorita Adelina, La niña de la estación de Rafael de León que, según su propio padre, «era más cursi que un guante». En sentido contrario, lo que hará imperecedero el nombre de José Blanco es su último invento dedicado a Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria: un AVE que llegará a Santander, si es que llega, pero sin correr demasiado, despacito. Tampoco hay que precipitarse. Lo importante es quedar bien y ganar votos. Todo lo demás resulta accesorio y hasta innecesario.

Este Blanco es un personaje verdaderamente singular. Si los ecologistas tuvieran menos fijaciones con la fauna y la flora tradicionales, debieran luchar por su proclamación como especie protegida. Hasta donde alcanza la memoria, en su pueblo —Palas de Rei—, donde al parecer fue Witiza y no un oso quien mató a Favila, nunca ha nacido otro personaje tan singular y diferente, tan osado y dispuesto para el éxito, más sabio en el aprovechamiento de sus propias limitaciones y, simultáneamente, tan incapaz de recordar hoy lo que dijo ayer mismo. Especialmente si no le conviene lucir memoria.


Hace poco más de dos semanas y, según dijo, tras un acuerdo del Consejo de Ministros, Blanco nos anunció un severo recorte de 6.400 millones en las obras públicas en curso. Así lo exigían, razonó con desparpajo, la situación, el déficit, la contención de la deuda y las posibilidades presupuestarias. Ya no es así. Ha bastado que crucen el horizonte las Lágrimas de San Lorenzo para que el titular de Fomento, número dos del PSOE y gran maniobrero gubernamental, cambie de idea y reconozca que el recorte fue «excesivo». Se reanudarán algunas de las obras suspendidas por la insuperable necesidad que hemos superado en quince días.

Una dificultad, por grande que sea, siempre puede superarse a base de esfuerzo, tiempo y voluntad; pero, ¿tiene remedio la mentecatez? Cuando el miedo vuelve a los mercados con aires de convertirse en pánico y revive la crisis, sin más argumentos que el del propio desparpajo, un ministro del Gobierno cambia el horizonte de la inversión y el gasto y, lo que es todavía más alarmante, otra, que es además vicepresidenta y responsable de Economía, asiste al espectáculo, como la Adelina que citaba más arriba —«con un libro entre las manos/ de Bécquer o Campoamor»—, sin más susto que el de ver pasar el tiempo. Son los niños de la estación.


ABC - Opinión

Fomento. ¿Habrá heredado Pepiño de una tía rica?. Por Guillermo Dupuy

El mensaje de tranquilidad que ha lanzado el gobierno tras las obras indultadas por Fomento es similar al de un bombero que tratara de calmar a la gente diciendo que se dispone a echar "sólo unas gotitas" de gasolina al fuego que no termina de sofocar.

Si no fuera por sus dramáticas consecuencias, los bandazos en materia económica del gobierno son de chirigota. Así, tras el recorte del gasto público, tan tardío como injusto e insuficiente, que vino a remplazar a la suicida política de despilfarro de los planes E, Zapatero nos acaba de anunciar que Fomento va a recuperar algunas de las obras que habían sido aparcadas por el recorte de 6.400 millones previstos para los próximos dos años.

El ministro Blanco ha pretendido justificar semejante bandazo calificando de "excesivo" el ajuste que él mismo había aprobado hace nada, y se ha quedado tan pancho. Semejante alivio en el recorte de la obra pública, sin embargo, sólo tendría cierto pase en las actuales circunstancias si fuera acompañado de un plan de recorte en numerosísimas otras áreas donde el gobierno no ha querido meter la tijera. Pero, sin esa compensación, y cuando el Estado sigue gastando mucho más de lo que ingresa, el anuncio de Zapatero y Blanco sólo nos puede llevar a preguntarnos, como retóricamente lo ha hecho Montoro, si el ministro de Fomento "se ha encontrado –inesperadamente– más dinero en un cajón cerrado".


En esa línea, a mí lo que me evocó en su momento la noticia fue la figura de la inesperada herencia de una tía rica que saca de apuros a un hasta entonces desdichado pariente. Como evidentemente este tampoco es el caso, yo me pregunto, más en serio, si lo que ha pasado es que el Gobierno ha cedido a las presiones –no sé si confesables– de algunos barones territoriales, de sus socios de gobierno o de los propios adjudicatarios de las obras. Lo digo porque tanta estupidez empieza a resultarme sospechosa.

Aunque, en general, sea menos malo que el dinero del contribuyente se dedique a la inversión pública y en algunas de las obras que han sido indultadas, como autovías o puentes, que en el despilfarro de gasto corriente en el que incurren muchos ministerios innecesarios –por no hablar de autonomías y ayuntamientos–, el problema, sin embargo, sigue siendo, tal y como ya he indicado, que el Gobierno no lleva a cabo recortes alternativos que no sólo cubran el alivio del recorte anunciado por Fomento sino que lo superen.

De hecho, este mismo jueves el BCE ha lanzado un nuevo y claro mensaje al Gobierno en el que le pide mayor austeridad así como que sea menos optimista en las previsiones para evitar tener así "sorpresas negativas". Es más, el propio secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, también ha salido a la palestra para anunciar que el Ejecutivo "tomará medidas adicionales" para lograr el objetivo de déficit en 2011 en el muy probable caso de que el comportamiento de la economía sea más negativo de lo previsto en el cuadro macroeconómico del Gobierno.

Y es que, por mucho que el Gobierno se aferre a las diferencias contables y en términos de déficit del gasto y la inversión, nada deja más en evidencia el disparate que ha constituido el bandazo de Fomento que la caída del mercado bursátil de estos últimos días y, sobre todo, el hecho de cómo se ha disparado la prima de riesgo de los bonos españoles de los 150 puntos el martes a los 175 de este jueves.

Y es que, por mucho que la ministra Salgado dijera, para tranquilizar el ambiente, que el coste de las obras indultadas será de "escasa cuantía" y que su impacto no será "especialmente significativo", lo cierto es que sus palabras han sido tan intranquilizadoras como serían la del de un bombero que tratara de calmar a la gente diciendo que sólo se dispone a echar "unas gotitas" de gasolina al fuego que no termina de sofocar.

Aquí lo que genera la desconfianza es la actitud de un Gobierno que, lejos de ajustarse más el cinturón, aun se permite holgárselo. Mucho tendrá que cambiar porque lo que está claro es que ni los inversores ni nuestros socios europeos están por labor de ejercer de tía rica de nuestro Gobierno.


Libertad Digital - Opinión

Mohamed quiere cariño. Por Ignacio Camacho

Si ocurre algo lo bastante grave para exigir la intervención del Rey como apagafuegos, alguien tiene que explicarlo.

HAY personas que cuando quieren cariño se ponen mimosas y lo reclaman con zalamerías, carantoñas y melindres, y otras que se vuelven ceñudas y hoscas y llaman la atención con modos irritados, talante incómodo y actitudes ariscas. Mohamed, o sea, el sultán Mohamed VI de Marruecos, tiene la costumbre de demandar arrumacos a base de gestos hostiles y aspavientos alterados que convierten la relación de vecindad en un intratable sinvivir de desvelos. Cuando no hostiga a Ceuta y Melilla se inventa conflictos, resucita agravios o invade perejilesa modo de alborotada reivindicación de amabilidad y miramiento. Hay que hacerle el caso justo, como a los niños caprichosos; ni la indiferencia total, para que no se ponga a romper cosas que no conviene que se rompan, ni la solicitud servil, para que no se venga arriba y convierta cada requerimiento en un chantaje. Y de vez en cuando tampoco vendría mal ponerlo en su sitio.

La última pataleta marroquí, con bloqueo melillense incluido, no tiene explicación razonable, o si la tiene nadie quiere darla. Algo debe de haber de fondo cuando el Gobierno ha requerido al Rey, que es la ultima ratio de nuestra diplomacia, para que aplaque a su irascible primo. El zapaterismo no acaba de encontrar el punto justo en las relaciones con este vecino en permanente estado de cabreo; quiso diferenciarse de la aspereza de Aznar mediante una obsequiosidad desmedida y no ha tenido éxito ante su exigencia insaciable. Mohamed posee un intenso sentido de la escenificación política y no suele recurrir a la diplomacia, tan lenta y pautada, cuando puede armar jaleo con resultados más rápidos y eficaces. El alboroto le rinde réditos internos y la tensión bien administrada contra España funciona siempre allí como aglutinador de estados de ánimo. Es un experto en la política de palo que se crece cuando le ofrecen la de zanahoria.

Pero el recurso al Rey constituye una confesión de incompetencia gubernamental. Zapatero se ha pasado cinco años ofreciéndole a Marruecos toda clase de lisonjas y deferencias, con Moratinos de complaciente mamporrero, sin conseguir aplacar su permanente irritabilidad. En el último año, el conflicto saharaui y el caso Haidar han despertado nuevas susceptibilidades alauitas y el Gobierno parece no poder manejarlas. Mohamed VI, que sabe que el presidente español no pasa por buenos momentos, conoce muy bien el modo de apretar tuercas ajenas para aflojar las suyas, y en cada Ramadán monta un poco de lío a los infieles para entretener las largas horas de ayuno. Si ocurre algo más, algo más profundo que la habitual ineptitud de un gabinete sin soluciones, algo lo bastante grave para exigir la intervención del Rey como apagafuegos, alguien tiene que explicarlo. Sería lamentable que se utilizase a Don Juan Carlos como perezoso trámite de rutina para no tener que quebrarse la cabeza en vacaciones.


ABC - Opinión

Marruecos. ¡Más Alianza de Civilizaciones!. Por Emilio Campmany

¿Cómo podemos esperar que se alíe con nosotros la civilización islámica si enviamos mujeres a pedir los pasaportes de musulmanes varones hechos y derechos?

Hay que ver lo bien que nos llevamos con Marruecos desde que nos gobierna Zapatero. Es que el bestia de Aznar no sabía tratarlos. A los españoles, que abominamos de toda violencia que no sea la que consista en asediar las sedes del PP, lo de Perejil nos pareció fatal. Según nosotros, los soldados españoles están para repartir bocadillos y demás ayuda humanitaria y no para recuperar la soberanía (¿la sobera... qué?) de un pedrusco en mitad del mar.

Pues ahora resulta que entre los mandos de las Fuerzas de Orden Público todavía no hay suficientes progresistas y alguno ha tenido la ocurrencia de enviar a la frontera de Melilla a mujeres policía. Y encima, sin velo. Tan sólo tocadas con una gorra. Desde que se murió Franco, está pendiente de hacerse entre los jefes de las fuerzas del orden una limpieza a fondo que garantice su lealtad al régimen. Ya dice la ministra Chacón que nuestros soldados tienen que aprender Alianza de Civilizaciones. Pues eso mismo es lo que tienen que estudiar los policías. Si sus mandos hubieran sabido suficiente Alianza de Civilizaciones, jamás se les habría ocurrido enviar a pedir la documentación y registrar el equipaje de mahometanos de sexo masculino a policías de sexo femenino. ¿Era necesaria esta humillación? ¿No podían esas señoras haberse ocupado de cualquier otra cosa, como la limpieza de las comisarías? ¿Cómo podemos esperar que se alíe con nosotros la civilización islámica si enviamos mujeres a pedir los pasaportes de musulmanes varones hechos y derechos?


Naturalmente, el incidente no es comparable a los que provocó la tosca política exterior de Aznar, pero habrá que reconocer que las autoridades policiales no han estado en este asunto a la altura de la política progresista de Zapatero.

Lo peor es que va y viene la Brunete mediática y enseguida aprovecha el asunto para meterse con los socialistas y su política cuando el problema es que los funcionarios no saben desarrollar esa política y siguen actuando como si todavía mandara Aznar, que es lo que ha provocado el incidente. El problema no es la Alianza de Civilizaciones, sino que no se aplica con la suficiente extensión. Lo primero que enseña ésta es que hay que esforzarse por que los musulmanes que por cualquier causa estén entre nosotros se encuentren como en casa. Eso incluye que tengan una mezquita a mano, cuanto más grande, mejor, y puedan expresar sus creencias y sentimientos religiosos en público sin importar la ocasional violación de esta o aquella norma, que tampoco va a pasar nada porque se salten alguna ley, que nosotros también lo hacemos. Pero también debiera incluir el que los hijos de Alá no se vean obligados a obedecer a ninguna mujer porque se van a sentir ofendidos y con razón.

Total, que no ha habido más remedio que pedir al Rey que interceda y menos mal que lo ha hecho. Si no llega a ser por él, en vez de ver hoy como se impide el acceso a Melilla de los camiones de suministro de víveres, a lo mejor teníamos que hacer frente a la airada protesta de Mohamed VI en las Naciones Unidas, que es algo muchísimo peor.

Cada vez está más claro que necesitamos por lo menos treinta años más de socialismo para llegar a ser el estado verdaderamente moderno con el que sueña Zapatero.


Libertad Digital

Economía vigilada

ESPAÑA está bajo vigilancia. Inversores, mercados y organismos internacionales miran todo con lupa.

ESPAÑA está bajo vigilancia. Inversores, mercados y organismos internacionales no sólo miran con lupa todas y cada una de las medidas que adopta o anuncia el Gobierno español, sino que analizan cualquier declaración o incluso detalle que pueda interpretarse como una relajación en el ajuste fiscal prometido.

La publicación de las pruebas de solvencia, de la que las entidades financieras españolas salieron bien paradas, habían proporcionado en las últimas semanas cierta tranquilidad a los mercados y mejorado la percepción sobre la solvencia de la economía española. Pero un solo gesto del presidente ha bastado para que la confianza en la deuda soberana se haya derrumbado como un castillo de naipes.

Fue suficiente que Zapatero anunciara un inconcreto «alivio en el recorte de la obra pública» para que se disparara la prima de riesgo. El equipo económico se ha empleado a fondo en los últimos días en convencer a los mercados de que reducir el déficit sigue siendo el objetivo primordial. Incluso ayer, advirtió que se tomarán todas las medidas adicionales de ajuste que sean necesarias. Pero el daño ya está hecho, y una vez más costará recuperar la credibilidad.

El Gobierno debe aprender la lección y cuidar al máximo sus gestos porque la recuperación económica es aún muy débil y son muchos los que incluso vaticinan una recaída en el segundo semestre. En este entorno, la confianza en la economía española está aún bajo mínimos y el presidente y todos los miembros de su Ejecutivo deben ahorrarse cualquier gesto o tentación electoralista, que le podría ganar simpatías dentro de nuestras fronteras, pero que le puede costar muy caro a una economía vigilada.


ABC - Editorial

Las trampas de ETA

La única salida que tiene la banda terrorista ETA es la rendición incondicional, la entrega de las armas y que sus miembros asuman la responsabilidad por los actos cometidos. Ni hay ni puede haber otro camino. No existen atajos que les puedan permitir soslayar la legalidad vigente. Nunca los ha habido, aunque algunos políticos nacionalistas hayan creído que podía existir un proceso de paz que de facto convirtiera en papel mojado la Constitución y el Código Penal. No se puede negociar con delincuentes que quieren conseguir por medio del terror aquello que les niegan las urnas. Ninguna democracia lo haría. Una vez más hay que insistir en que no existe un conflicto político, sino una minoría criminal cuya catadura moral es equiparable al peor de los delincuentes. Al igual que nadie plantearía negociar con la mafia, con un asesino en serie o un pederasta hay que recordarles a los nacionalistas que defienden esa vía que no es posible hacerlo con los terroristas. No sería acertado minimizar la amenaza que representa ETA, creer que está acabada o permitir que vuelvan a las instituciones con otra tregua trampa. Por ello, la posición del Gobierno, con la inestimable colaboración del PP, es acertada porque rechaza cualquier vía de negociación y existe el claro compromiso de impedir que Batasuna, sea con el nombre o la fórmula que busque, regrese a las instituciones. Cualquier otra opción sería vulnerar la Constitución, atentaría contra la dignidad de España y comportaría olvidar a los centenares de muertos y heridos como consecuencia de los actos terroristas. Zapatero y Rubalcaba han sido muy claros en esta materia, por lo que no sólo no hay que tener ningún atisbo de duda, algo que les gustaría a los radicales, sino apoyarles firmemente en la lucha contra ETA y su aparato político. Es un grave error dar carta de naturaleza a rumores o comentarios interesados de quienes sólo buscan erosionar la convivencia y subvertir el ordenamiento legal. Al igual que el aparato político de ETA se quedó fuera del Parlamento vasco y no pasó nada; dentro de unos meses, en las elecciones municipales, la aplicación de la Ley permitirá acabar con la anomalía, como hemos venido denunciando, de que actualmente mantenga su presencia en algunos municipios. No pasará nada. La estrategia de la banda, similar a ocasiones anteriores, sería otra tregua trampa que justificara la presentación de listas presuntamente blancas pero que en realidad no son más que títeres suyos. Los vascos que se quieran presentar a unas elecciones tienen que condenar, clara y contundentemente, el terrorismo. La democracia comporta unas reglas de juego y cualquier idea se puede defender siempre que sea en ausencia de violencia y desde el respeto a los derechos humanos y las libertades públicas. Es algo tan evidente que no merece recordarlo, porque hay formaciones que defienden la independencia de sus comunidades pero lo hacen desde la aceptación de esas reglas democráticas. El problema es que ETA es un grupo criminal que ni acepta ni cree en la democracia. Es un vestigio de unas ideas totalitarias que eran características de los años de la Guerra Fría.

La Razón - Editorial

Cuando Zapatero habla sube el pan

Es inútil reprochar a Zapatero que saque la chequera a la mínima, por más que desde Libertad Digital volvamos a hacerlo una vez más y todas las que sea preciso. Es su naturaleza. La única salida para España es que salga del Gobierno. Lo antes posible.

Las declaraciones del presidente del Gobierno el pasado martes, cuando afirmó que se habían pasado en el recorte del déficit y que iban a incrementar el gasto, han provocado la reacción natural: una desconfianza absoluta en España y quien la dirige. Para entenderlo hay que recordar siempre que eso que se ha dado en llamar "los mercados" –cuando no "los especuladores"– no es más que un conjunto de personas y entidades que se dedican a invertir dinero, el propio y, sobre todo, el de otros: fondos de pensiones, de inversión, etc. Como cualquiera en su situación, evalúan tanto el riesgo de perder el capital como la rentabilidad que esperan obtener. De modo que cuanto más miedo tengan a un impago del Reino de España, más rentable tendrá que ser la inversión en deuda pública de nuestro país para que estén dispuestos a asumir el riesgo.

En sólo dos días, las palabras de Zapatero han provocado que en su conjunto los inversores estimen que hace falta que se les pague un 18% más para que les merezca la pena el riesgo. Es decir, que todos los españoles tendrán que pagar un 18% más de intereses para que José Blanco pueda sonreír satisfecho ante la perspectiva de poder reanudar varias obras públicas situadas todas ellas, oh sorpresa inesperada, en reconocidos feudos socialistas. Es decir

Sin duda, es cierto que el gasto en obra pública suele ser más productivo que en las miríadas de subvenciones, sueldos y derroches varios a los que nos tienen acostumbrados los socialistas de todos los partidos. También lo es que ésta no es una regla general, pues en tal caso bastaría gastarse el dinero de los impuestos en abrir zanjas para después cubrirlas para atraer una infinita prosperidad. No hay más que ver la cantidad de obras inútiles con las que se ha derrochado en multitud de municipios españoles el dinero de los planes E. Pero aún así podríamos llegar a estar de acuerdo con que no es el peor destino que podría darse a los impuestos.

Sin embargo, estamos en la situación lamentable en la que estamos por habernos excedido más de lo normal en gastar lo que no tenemos. No estamos en una situación de equilibrio presupuestario o de cierto superávit, sino ante un enorme déficit que las medidas del Ejecutivo sólo han paliado levemente. Y pese a ello, en cuanto Zapatero se ha sentido mínimamente libre de la presión de los inversores ha decidido tirar de chequera, con las consecuencias que cabía esperar.

Es inútil reprochárselo, por más que desde Libertad Digital volvamos a hacerlo una vez más y todas las que sea preciso. Es su naturaleza. La única salida para España es que salga del Gobierno. Lo antes posible.


Libertad Digital - Editorial

La ofensiva de Marruecos

Zapatero ha utilizado ya la intervención de Su Majestad el Rey, la herramienta de mayor calibre de la que dispone, y no ha logrado calmar las aguas en la frontera de Melilla.

EL objetivo estratégico esencial de la política internacional del Gobierno ha de ser la defensa de los intereses españoles, para lo cual las buenas relaciones con Marruecos pueden ser un elemento importante, pero no al revés. No es razonable supeditar una buena parte de la acción exterior española al objetivo de complacer al régimen marroquí, pero el Gobierno quiso convertir en prioridad el mantenimiento de una relación fluida con Rabat y ahora se encuentra en medio de una difusa crisis diplomática mientras que desde Melilla le reprochan —con razón— que ha perdido de vista los intereses españoles y la utilidad de algunos de los instrumentos para defenderlos. Rodríguez Zapatero ha utilizado ya la intervención de Su Majestad el Rey, la herramienta de mayor calibre de la que dispone, y todavía no ha logrado calmar las aguas en la frontera de Melilla y, lo que es peor, ni siquiera está claro cuáles son las verdaderas razones por las que se está produciendo una efervescencia en estas fechas del comienzo del mes del Ramadán, un momento tan significativo para los musulmanes.

Marruecos es un país con el que nos unen muchas cosas, pero otras muy importantes nos separan. La primera de ellas es que la española es una sociedad democrática, cimentada en el imperio de la ley, y a Marruecos le falta mucho para poder decir lo mismo. Cuando Mohamed VI toma una decisión no tiene que rendir cuentas a nadie, lo que hace muy complicadas las equivalencias con la capacidad de maniobra de un Gobierno democrático y un Monarca sin facultades ejecutivas. Este tipo de situaciones serían impensables si se dieran con un país democrático, pero el Gobierno actúa como si ignorase deliberadamente esta circunstancia, mientras que el régimen marroquí tiene muy claros cuáles son sus intereses y no abandona ni disminuye sus aspiraciones territoriales sobre las ciudades autónomas.

La presión sobre la frontera española en Melilla —y en el Mediterráneo, a través de la llegada de pateras— es algo que depende directamente de la voluntad del Gobierno marroquí, y se trata de un factor que será utilizado para presionar a las autoridades españolas. El Ejecutivo de Zapatero puede seguir pensando que lo prioritario es calmar la irritación de los marroquíes, con lo cual les estará dando razones para que sigan azuzando las protestas y debilitando la autoridad de la Policía española en la frontera, o ponerse de una vez y de forma incondicional del lado de los intereses españoles.


ABC - Editorial

jueves, 12 de agosto de 2010

El cinismo de las primarias. Por Edurne Uriarte

Sobre el odio y las maniobras de destrucción mutua, las primarias no inventan nada que no exista en un partido político.

No hay seguramente un proceso en el que los políticos mientan tanto como en unas primarias. En el que presionen y coaccionen con tal entusiasmo para lograr un voto. En el que eleven las cotas de odio internas hasta niveles inigualables. Por eso asombra que aún queden entusiastas partidarios de las primarias, sobre todo fuera de la militancia de los partidos, claro está.

El proceso autodestructivo sigue habitualmente las mismas pautas que las de Gómez y Jiménez en Madrid. La cosa empieza inevitablemente con una crisis de partido, o, lo que es lo mismo, con la desesperación por los años fuera del poder y las escasas perspectivas de recuperarlo. Y sigue con la impotencia del líder supremo que ni tiene ideas brillantes para salir del marasmo ni para imponer su candidato.

Todo lo anterior es «celebrado» por los protagonistas de la crisis con solemnes declaraciones sobre las virtudes de la democracia interna. «Es un éxito de la democracia», le ha llamado Gómez a la pelea de los socialistas en Madrid. O «se me ha ocurrido a mi solita presentarme», ha resumido Jiménez la orden de Zapatero de enfrentarse a Gómez. A lo que seguirán más celebraciones sobre la democracia que viene a continuación y que consiste en las presiones más navajeras que quepa imaginar para ganar la partida. En una batalla en la que los líderes dirigirán el proceso exactamente igual que en el resto de la vida partidaria, pero con más horas de móvil y de agrupación.

Sobre el odio y las maniobras de destrucción mutua, las primarias no inventan nada que no exista en un partido político. Pero ayudan a que se fortalezcan y se exhiban públicamente. «Después de ver lo que ha hecho Ferraz, me he hecho entusiasta de Gómez», que ha dicho Matilde Fernández en la versión apta para todos los públicos.

Y ni así, me atrevo a augurar, se acabará el arraigado mito de las primarias en España.


ABC - Opinión

No pasa nada en Melilla. Por Hermann Tertsch

El presidente nos comunicó que nos llevamos estupendamente con nuestro vecino. Es decir, no pasa nada.

EL martes les informaba de la evidencia de que nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, estaba de vacaciones. Hoy les confirmo que el ministro sigue de vacaciones. Se supone que en Francia, país vecino. Si hubiera tenido más sentido de la oportunidad y la energía para resistir la fuerza de las costumbres, Moratinos estaría hoy en otro país vecino nuestro, Marruecos. Porque parece muy urgente aclarar una serie de cuestiones con el régimen del Rey Mohamed, decidido a demostrarnos una vez más la capacidad que tiene para fabricar conflictos con España y, ante todo, para acosar a la ciudad española de Melilla. La escalada de la tensión es continua en los últimos días y las amenazas de bloqueo del comercio terrestre con Melilla se multiplican. La situación es lo suficientemente grave como para que ayer el Rey Juan Carlos considerara oportuno llamar a su amigo el Rey marroquí. Y lo que quizá sea más importante, que nuestro Jefe de Estado creyera necesario hacer público el hecho de la llamada. Hace muy bien el Rey en preocuparse y en utilizar esa conexión directa con el Monarca alauí, que solo él tiene. Quizás así España disponga al menos de alguna información sobre lo que pretende el régimen marroquí con esta nueva campaña contra intereses españoles.

Porque si la ciudadanía española —especialmente la melillense— espera algún tipo de ayuda o explicaciones de nuestro Gobierno, demuestra de nuevo una ingenuidad conmovedora. Porque este Gobierno, que anunció su renuncia al descanso estival para estar plenamente concentrado en los avatares de la crisis y sus efectos, está de vacaciones. Si no se lo creen, echen una ojeada a la agenda del Gobierno que publica La Moncloa y reproduce estos días ABC. El lunes la única actividad gubernamental fue la firma de un convenio municipal en Ibiza por parte de la ministra de Vivienda. El martes, la única cita oficial de todo el Gobierno registrada en la agenda fue el encuentro de Zapatero con el Rey. Un auténtico frenesí. Preguntado Zapatero tras el encuentro con el Rey por la referida escalada de la tensión en la frontera marroquí de Melilla, el presidente nos comunicó que nos llevamos estupendamente con nuestro vecino. Es decir, no pasa nada. Otra vez prevalecen la ocultación, la mentira y el desprecio a los intereses españoles y la simulación grotesca de un idilio inexistente. Mientras el Gobierno marroquí, hiperactivo, coordina el hostigamiento a nuestra frontera, nuestro Gobierno dice apostar por «el diálogo y la información». Ya dirán lo mucho que sirve esa postura angelical, que en realidad no es nada y ninguna, cuando las organizaciones marroquíes, que no mueven un dedo sin permiso del régimen, colapsan el comercio de nuestros conciudadanos melillenses. Y vuelven a ensayar el asedio a la ciudad española. Porque no se trata de otra cosa.

ABC - Opinión

La obsesión por Madrid. Por M. Martín Ferrand

Lo de Lissavetzky parece desesperado y extremo. No se ajusta al casting que requieren las circunstancias.

UNA ciudad, como Madrid, que baila el chotis —schottisch, en sus orígenes— puede permitirse el lujo de tener un alcalde que se apellide Lissavetzky. Otra cosa será averiguar si al actual secretario de Estado para el Deporte sirve para chulapo, si le sienta bien lo que los castizos llaman parpusa, la gorra de cuadros blancos y negros con visera que se inventó Carlos Arniches para dotar a la capital de España de un casticismo del que andaba escasa. Jaime Lissavetzky anunciará hoy su propósito de presentarse a las elecciones municipales para Madrid como cabeza de lista por el PSOE y sospecho el rictus de comprensión condescendiente que se habrá dibujado en la sonrisa de Juan Barranco, heredero de Enrique Tierno Galván y último alcalde socialista, destituido en una moción de censura, que tuvieron los madriles.

Mucho le obsesionan a José Luis Rodríguez Zapatero la Comunidad y el Ayuntamiento madrileños. Es natural. Las previsiones legislativas le flaquean en tres de sus manantiales históricos, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña, y, a la vista de la inexpugnabilidad de la Comunidad Valenciana, solo Madrid puede aportarle los votos y escaños suficientes para que el PSOE permanezca en La Moncloa. Con todo, lo de Lissavetzky parece desesperado y extremo. No se ajusta al castingque requieren las circunstancias. Tierno, que era un personaje grande y resultó ser un alcalde pequeño, ofrecía progresismo, diferenciación, algarabía y movida; pero, ¿qué puede ofrecernos este madrileño de nacimiento, con cara de espía alemán en una película de serie B, y que, impulsado por su formación científica, lleva seis años en su cargo más atento al pis que a las marcas de los deportistas de su jurisdicción?

Durante los últimos veinte años el centro derecha se ha sucedido en capacidades y brillos al frente del Ayuntamiento capitalino. Agustín Rodríguez Sahagún, a quien la enfermedad le limitó el mandato, fue un gran alcalde y José María Álvarez del Manzano le devolvió a la Villa el sosiego y la cordialidad que le habían quitado la movida y otras zafiedades socialdemócratas. Ahora, Alberto Ruiz-Gallardon ha transformado la ciudad y, aun endeudándola en demasía, merece generalizados aplausos. Ha difuminado con los hechos a la oposición socialista municipal y tiene que llegar un paracaidista para cumplir el trámite de un adversario electoral. Solo cabe esperar que, cuando se cuenten los votos y resulte ser el jefe de la oposición, Lissavetzky sea más fiel a sus votantes de lo que lo fueron Trinidad Jiménez y Miguel Sebastián, dos desertores que se dieron a la fuga del Concejo.


ABC - Opinión

Izquierda y franquismo. La rebelión de las mascotas. Por Alberto Gómez Corona

La sociedad estaba tan permeada por la propaganda de izquierdas y sus instituciones tan dominadas por ésta que, aun derrotada ideológicamente, la izquierda sobrevive de la reverberación de esa propaganda, sin necesidad de una gran teoría que la sostenga.

Nunca una tragicomedia televisiva me ha hecho reír y llorar tanto como el otro día. En un par de horas, vi desfilar en la televisión el enésimo entierro del sentido común, un catálogo de consecuencias y su restitución cómica, grotesca, vergonzante. Zapeando un par de canales progres, primero vi un programa de "noticias" antifranquistas cuestionando la autoridad. Luego, noticias de ataques terroristas islamistas, después grupos de adolescentes que siembran el terror por las piscinas. A continuación, utilizando métodos autoritarios, vi a un señor que se dedica a enderezar niños conflictivos que tienen a sus padres contra las cuerdas y, de corrido, a un entrenador de mascotas salvajes que tienen a sus dueños esclavizados.

Una cultura se renueva a si misma mediante la recitación y representación simbólica de la historia sagrada de su fundación. Un principio que se aplica tanto a las sociedades míticas primitivas como a nuestra sociedad moderna, progresista y "científica". La España de la post-transición se fundamenta en la convicción, compartida, de la culpabilidad del franquismo y en general de la derecha. Todo lo demás fluye de esto. La sociedad progresista requiere para su continua vitalidad el periódico ensayo y recuerdo del franquismo, que convierte en representación del mal a toda nuestra historia y a los españoles no-izquierdistas que la representan, y como representación del bien este régimen y los izquierdistas de todos los partidos.

Este rechazo radical del pasado no es una peculiaridad española. No es por la dictadura. Ni siquiera es una peculiaridad europea. De hecho el párrafo anterior lo he parafraseado de una página web norteamericana, cambiando EEUU por España y "racismo" por "franquismo". Hubiera sido idéntico utilizando el colonialismo y cualquier otro país europeo. Si no existiera la excusa de la dictadura posterior al golpe socialista, entonces la izquierda en España esgrimiría nuestro pasado colonial. La sociedad, antes de la caída del Muro, estaba tan permeada por la propaganda de izquierdas y sus instituciones tan dominadas por ésta que, aun derrotada ideológicamente, la izquierda sobrevive de la reverberación de esa propaganda, sin necesidad de una gran teoría que la sostenga. En realidad la ideología sobra cuando se tiene la religión y los ritos.

Los que han soportado la parte final de los telediarios de la primera, con su sección fija dedicada a la maldad del franquismo y en general de la derecha, saben que estamos hablando de actos de afirmación religiosa mucho más vivos que la programación de los domingos por la mañana. De esa demonización sacralizada del pasado se puede extraer una filosofía de vida completa. Por ejemplo, si históricamente se valoraban la autoridad, el valor, la lealtad y la educación, se concluye por un silogismo implacable que todas esas cosas son malas o despreciables. No es extraño que los terroristas vayan ganando la guerra y hasta las mascotas manden a sus anchas por las casas.


Libertad Digital - Opinión

Clientelismo sin clientela. Por Ignacio Camacho

La vigilancia de los mercados ha levantado una sombra implacable sobre las tentaciones clientelistas del Gobierno.

EL clientelismo es una estrategia política muy rentable siempre que existan fondos públicos para complacer a la clientela. El problema surge cuando faltan recursos con los que sostener un sistema que se basa en el reparto de ayudas, subvenciones y contratos; la gente se acostumbra a recibir y tiende a cabrearse si merman las dádivas y beneficios. Donde no hay harina todo es mohína. Al convertirse en un régimen clientelar, asentado durante el felipismo y sólidamente establecido en comunidades como Andalucía, Castilla-La Mancha o Extremadura, la socialdemocracia española ha vinculado su hegemonía a la disponibilidad presupuestaria, que la crisis ha cercenado de una manera descarnada tras dos años de alegre despilfarro zapaterista. El principal enemigo actual del clientelismo lo constituye un sujeto sin rostro al que se ha dado en llamar «los mercados»; inversores anónimos que sostienen la deuda pública y también son, a su manera, clientes del Estado. Clientes que quieren cobrar sus préstamos y exigen garantías financieras con crudeza y sin remilgos.

La vigilancia de los mercados ha levantado sobre el Gobierno una sombra implacable e incómoda. El nuevo avatar reformista de Zapatero les complace en tanto se muestre fiel al mandato explícito del ajuste, pero el presidente necesita hacer guiños a su parroquia política si quiere recoger algún rédito electoral. Los recortes forzosos le han dejado telarañas en la chequera y en las autonomías y ayuntamientos crece un clamor urgente y pesaroso de necesidades de gasto ante las elecciones de 2011. Como dicen algunos dirigentes del PSOE andaluz —un partido que ha construido una red clientelar de asombrosa urdimbre social—, «tenemos que darles cositas a los nuestros». El problema es que esas cositas cuestan un dinero que el Estado ya no puede obtener ni a crédito.

El martes, Zapatero amagó en Mallorca con un alivio de las restricciones inversoras de Fomento —«reprogramación» es el eufemismo de la simple cancelación de proyectos o de su dilación sine die— para darle aire a la demanda de gasto y los mercados reaccionaron con una crueldad fulminante y despiadada: aumentaron nueve puntos la prima de riesgo española y volvieron a incrementar el spread, el diferencial con el bono alemán cuya estabilidad tortura al presidente desde que se ha enterado de su existencia. Esta gente del dinero es muy quisquillosa y no toma vacaciones. Su respuesta rápida e inclemente sitúa al Ejecutivo socialista bajo la presión de una doble tenaza: de un lado los prestamistas internacionales y de otro los electores de tierra adentro. Entre ambas clientelas bascula el estrecho margen de decisión de un Gobierno cuyas opciones se reducen ya a elegir a quién defrauda. Si desengaña a los votantes perderá las elecciones; si enfada a los mercados arruinará al país y, al final, acabará perdiendo también el poder.


ABC - Opinión

La diplomacia del Rey

No es necesario glosar la inestimable aportación de Don Juan Carlos a la historia reciente de España. Desde que asumió la Corona ha prestado tantos y tan relevantes servicios que ha hecho que no exista ningún debate alrededor de la Monarquía. No hay una institución más querida y respetada por los españoles. Y lo es, además, a enorme distancia de cualquier otra. Desde 1975 hasta hoy, ha cumplido ejemplarmente con el papel moderador de la jefatura del Estado y ha mostrado la extraordinaria eficacia de la institución, no sólo en momentos difíciles sino en su actividad cotidiana. Uno de los aspectos más relevantes del rey es su papel como «embajador» de España en el mundo. Es una faceta fundamental de su servicio y entrega a la Nación, donde puede aprovechar, además, el prestigio que ha conseguido durante estas décadas que ha estado al frente de la Jefatura del Estado. Don Juan Carlos es el español más universal de su tiempo. La credibilidad con que cuenta entre los máximos responsables de otros países es una baza fundamental en nuestra política exterior, al margen de quién sea el titular de la presidencia del Gobierno. Un ejemplo de esta eficacia y utilidad se pudo comprobar ayer con la conversación telefónica que mantuvo con el rey de Marruecos. Don Juan Carlos y Mohamed VI quisieron evitar los malentendidos o pequeños problemas que han surgido en la frontera entre España y Marruecos en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Desde hace una semana se ha ido generando un conflicto tan absurdo como inconsistente sustentado en unos incidentes fronterizos menores. Las acusaciones marroquíes contra la Guardia Civil y la Policía no tienen ningún fundamento, pero hubieran podido comportar una escalada de confrontación muy perjudicial para ambos países. La frontera española con Marruecos es un lugar tan complicado en su gestión como sensible políticamente. Por ello, es fundamental que nada pueda perturbar las buenas relaciones bilaterales en las que, cabe recordar, el beneficio es recíproco. Más allá de algunas salidas de tono de algunos dirigentes marroquíes, muchas de ellas en clave de política interna, lo único importante es profundizar en los muchos aspectos que nos unen y superar los pocos que nos separan. Don Juan Carlos representa la continuidad en la máxima institución del Estado y su prestigio se debe a que está al margen de las luchas o las discrepancias entre partidos. La conversación con Mohamed VI se sustenta en la confianza entre ambos soberanos tras años de conocimiento mutuo. El soberano alauita sabe que ningún otro interés que el servicio a España mueve a Don Juan Carlos y que es compatible con el profundo afecto y respeto que siente por Marruecos. La misma confianza que tuvo con su padre, en tiempos muy complicados, la tiene ahora con el hijo. El Gobierno tiene que aprovechar lo sucedido para seguir fortaleciendo las relaciones con el país vecino y ayudarle, con prudencia y eficacia, en su proceso de democratización y en un desarrollo económico que lo acerque a los parámetros de la UE. España necesita un Marruecos estable, democrático y desarrollado.

La Razón - Editorial

La negociación encubierta

Lo que nos ocupa en estos momentos es el reconocimiento de la existencia misma de un proceso de negociación con ETA que, con mediadores o sin mediadores internacionales, el Gobierno ha venido negando de manera sistemática.

Las reiteradas advertencias que Mayor Oreja viene haciendo desde hace tiempo sobre la persistencia de una negociación encubierta entre el Gobierno de Zapatero y ETA han sido claramente reforzadas por las declaraciones que este miércoles ha hecho a Europa Press el mediador profesional y asesor del entorno proetarra Brian Currin. El abogado sudafricano considera que la política de acercamientos de presos etarras a cárceles del País Vasco "puede ser un factor importante que puede contribuir a ayudar a avanzar el proceso". Según Currin, "la situación está en un punto muy delicado, pero estoy confiado en que se están haciendo progresos. No puedo decir más al respecto".

La verdad es que no hace falta que Currin diga, por ahora, nada más al respecto, puesto que lo que nos ocupa en estos momentos es el reconocimiento de la existencia misma de un proceso de negociación que, con mediadores o sin mediadores internacionales, el Gobierno ha venido negando de manera sistemática.


Algunos podrían pensar que este abogado no es más que un negociador todavía en busca de una negociación, de un oportunista con afán de notoriedad. Pero lo cierto es que el Gobierno ha tenido mucho tiempo para aclararlo –y no lo ha hecho– desde que el pasado mes de marzo Currin impulsara, con el apoyo de buena parte de los mediadores-facilitadores de la primera fase del proceso de paz, la llamada Declaración de Bruselas. Esa apuesta por una segunda negociación fue apoyada, entre otros, por la Fundación Nelson Mandela; los premios Nobel de la Paz Frederik Willem de Klerk, Desmond Tutu, John Hume y Betty Williams; y antiguas personalidades políticas como Mary Robinson, Albert Reynolds o Jonathan Powell. Es evidente que todo ello no se habría podido llevar a cabo sin la condescendencia del Gobierno español, cuyo presidente, lejos de repudiarlo, afirmaba hace tan sólo unas semanas que "el proceso de paz fue un instrumento que aceleró las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia, debilitando de una manera clara a ETA".

Por otra parte, si el acercamiento de los presos de ETA no está inmerso en un proceso de diálogo, ya sea directo o indirecto, con la propia banda, ¿por qué esa falta de transparencia? Si estos acercamientos de presos no forman parte de una estrategia de apaciguamiento por la vía de la concesión, ¿por qué ocultar a las víctimas el supuesto arrepentimiento de sus verdugos?

Téngase en cuenta además que las declaraciones del mediador sudafricano y la relajación de la política penitenciaria no son las únicas que avalan la existencia de una negociación encubierta. Ahí están las no muy lejanas declaraciones del propio dirigente del PSE, Jesús Eguiguren, en las que afirmaba que "después del verano" se verá que "Batasuna vive un nuevo ciclo en el que apuesta por las vías pacíficas exclusivamente". Pero si no mantiene contacto, ¿cómo lo sabe Eguiguren? ¿Por ciencia infusa?

Eso, por no hablar de dirigentes del PNV, como Urkullo y Eguibar, que desde hace tiempo, lejos de desmentir a Mayor Oreja en este punto, han mostrado su convicción de que los socialistas siguen buscando lo que llaman "vías de pacificación extramuros del parlamento". Claro que no hace falta salirse del parlamento. Basta recordar la declaración que se aprobó en el Congreso y en la que se apuesta por el "fin dialogado de la violencia". Lejos de derogarla, todo indica que el Gobierno de Zapatero sigue ejercitándola.


Libertad Digital - Editorial