sábado, 13 de marzo de 2010

Aquel jueves de sangre que nos heló el corazón . Por Antonio Casado

Seis años después del jueves de sangre los españoles recordaron a las víctimas del 11-M en numerosos actos sociales y políticos, cuya máxima escenificación institucional tuvo lugar en el Congreso de los Diputados. Pero ninguno de ellos con la conmovedora sencillez y la enorme capacidad evocadora de esos ramos de flores colocados ayer de forma espontánea por los usuarios del tren de cercanías, a la hora de las explosiones, en las estaciones de Atocha, Entrevías y El Pozo.

La condolencia no se decreta en el BOE ni se dicta en un discurso de aniversario. Miles de personas se detuvieron ayer a rezar, a hacer su particular minuto de silencio, a colocar velas en los lugares de la tragedia o en sus representaciones simbólicas, como el llamado Bosque de los Ausentes o el monumento de Atocha. Nadie les llamó. No les hizo falta ninguna convocatoria oficial para expresar su cercanía a los muertos y a sus familias.

Son las mismas personas anónimas que en la infausta mañana del atentado, al escuchar los llamamientos a la donación de sangre, llegaban a los puntos señalados antes que los equipos de extracción. Saben ponerse en el lugar de las víctimas. Se reconocen en el sufrimiento del ser humano convertido en víctima de un acto cruel y arbitrario. Les pudo haber tocado a ellas. Carecen de rango para solemnizar la compasión en actos oficiales pero les quedan lágrimas para hacer sentir a las víctimas el valor de la solidaridad. Es la estirpe de los buenos vasallos a falta de buen señor.


La de ayer fue una fecha para el recuerdo, la condolencia, el reconocimiento y la repulsa de quienes han convertido el asesinato en una herramienta política a escala nacional e internacional. En esa línea se supone inscrita la decisión de declarar Día de las Víctimas del Terrorismo el 27 de junio de cada año. Una fecha para convertir el sentimiento individual de las víctimas del terrorismo en el sentimiento colectivo de todos los españoles, según reza la declaración institucional que ayer leyó el presidente del Congreso, José Bono, ante los representantes políticos y las autoridades del Estado.

La fecha evoca el asesinato de una niña de veintidós meses, Begoña Arroz, alcanzada por una bomba incendiaria que explosionó hace cincuenta años en la estación de Amara, en San Sebastián. Ahí comenzó una sangrienta secuencia que ya alcanza la escalofriante cifra de 857 víctimas mortales del terrorismo que España padece desde aquel 27 de junio de 1960. “ETA nunca asumió la autoría, aunque el 29 de marzo de 1992, a raíz de la captura de la dirección de ETA en Bidart, en el ordenador del jefe del aparato político, José Luis Alvarez Santacristina, Txelis, fue encontrada una cronología de diversos acontecimientos, en la que figuraba la mención a este atentado” (Del excelente libro “Vidas Rotas”, firmado por Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey).

El sexto aniversario del jueves de sangre debió haberse quedado sólo en expresiones de respeto a la memoria de las 192 víctimas. Pero algunos lo aprovecharon para jalear el ejercicio de intoxicación que consiste en seguir arrojando dudas sobre la verdad judicial de los atentados. Y sobre los autores de los mismos. Como si fueran distintos al grupo terrorista de confesión islámica perfectamente identificado en la sentencia del 11-M. Como si el autor intelectual, localizado o no, fuera alguien ajeno al grupo terrorista de confesión islámica que nos heló el corazón aquella mañana de marzo. Hace seis años ya.


El Confidencial

Mejor el 28 de Diciembre. Por Pablo Molina

Vista la instrucción judicial llevada a cabo y su resultado, no hay fecha más apropiada que la festividad de los Santos Inocentes. En su doble sentido.

Si se produce el asesinato de cualquier persona y años después de celebrarse el juicio surgieran evidencias de que el arma utilizada para el crimen fue distinta de la identificada como tal, no sería necesario que los familiares instaran la apertura de un nuevo sumario, porque seguramente la Fiscalía lo iniciaría de oficio.

Con el proceso por los atentados del 11 de marzo de 2004 ha ocurrido exactamente eso –con otros agravantes–, y sin embargo las autoridades municipales, nacionales y judiciales siguen felicitándose por lo bien que se hizo todo. Ciento noventa y dos ciudadanos fueron asesinados, existen sospechas con un alto grado de fiabilidad de que lo que se declaró como hecho probado en la sentencia fue, cuando menos, un error, inducido o no. Hay confidentes de la policía y algún esquizofrénico condenados a miles de años de cárcel y miles de víctimas que aún no saben a ciencia cierta quién les destrozó la vida para siempre, pero los políticos de todos los partidos, las autoridades judiciales y el alcalde de la ciudad donde ocurrió la tragedia no quieren saber nada del asunto porque lo suyo es "mirar al futuro".

Tanto les molesta que una parte de la sociedad civil exija una investigación seria sobre lo ocurrido y la revisión de lo actuado, que ni siquiera quieren que el 11-M permanezca como las siglas de la tragedia que conmocionó a una nación entera y torció el resultado de aquellas elecciones.

No quieren dejar ni rastro del mayor atentado terrorista ocurrido en suelo europeo y para eso necesitan borrar todo lo que se refiera al fatídico 11-M. Hasta la fecha les resulta incómoda, de ahí que pretendan trasladar la conmemoración de la masacre a otro lugar del calendario más discreto hasta que caiga definitivamente en el olvido. Que lo transfieran al 28 de diciembre. Vista la instrucción judicial llevada a cabo y su resultado, no hay fecha más apropiada que la festividad de los Santos Inocentes. En su doble sentido.


Libertad Digital - Opinión

viernes, 12 de marzo de 2010

Seis años después, el silencio oficial

La España oficial parece querer hurtar la memoria, la dignidad y la justicia a las víctimas del 11-M. Las miserias de nuestras élites vuelven a atacar a quienes más deberían merecer nuestro respeto y atención.

"¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!". Con esas palabras de Bernarda Alba terminaba la obra de Federico García Lorca. La pretensión de la protagonista era enterrar un hecho vergonzoso, algo de lo que no podía sentirse orgullosa y que podía poner en entredicho el honor de la familia. Por lo que se ha visto durante este sexto aniversario de la mayor masacre terrorista de nuestra historia, algo debe avergonzar enormemente a la España oficial, en vista del nada disimulado esfuerzo por querer pasar página que han mostrado durante la jornada de ayer tanto políticos como periodistas.

Así, la ausencia de toda referencia al 11-M en las portadas de buena parte de la prensa española no deja de ser una consecuencia más o menos inevitable de su renuncia a la obligación periodística de intentar averiguar siempre toda la verdad. Una verdad que debería buscarse aún con más ahínco en lo referido al mayor atentado de nuestra historia, atentado que además tuvo unas claras consecuencias políticas que a nadie se le ocultan.

Son precisamente estas consecuencias las que, en buena parte, podrían explicar que el PSOE no quiera que se hable en exceso de la masacre. Llegó al poder mediante la manipulación torticera de los atentados, en unos días donde al parecer no estaba de moda que la oposición tuviera que "arrimar el hombro" y, por tanto, los socialistas se vieron en el perfecto derecho de violar la jornada de reflexión. Pero con ser esto malo, peor es el papel del Gobierno en la promoción de la cúpula policial responsable, según la versión oficial, de la negligencia que permitiría a los condenados en el juicio cometer el atentado pese a la vigilancia a la que estaban sometidos. Y eso sin hablar de quienes eliminaron pruebas y participaron en la creación de evidencias falsas como el Skoda Fabia.

El PP, por su parte, también ha abandonado su apoyo inicial a la investigación de los atentados, primera y principal víctima de la táctica de perfil bajo que iniciara tras la derrota de 2008. El principal partido de la oposición estaba entonces en el Gobierno, y no parece querer recordar su gestión durante aquellos días, ni durante las semanas posteriores al atentado, cuando tuvieron lugar algunos otros hechos importantes, como los de Leganés.

Tanto ánimo hay de ocultar este horrendo crimen que el Gobierno ha tenido que improvisar un acto en el Congreso de los Diputados ante el escándalo de saberse que Zapatero no participaría en ninguna conmemoración del 11-M. Pero hete aquí que durante el mismo se ha dado a conocer la decisión de borrar esta fecha del calendario, reservando el 27 de junio como el único día en que se recordará y homenajeará a las víctimas del terrorismo. No es una fecha especialmente criticable la del primer atentado mortal de ETA, aunque podría argumentarse que la fecha lógica para dicha conmemoración debería ser aquella en que tuvo lugar el mayor atentado de la historia de España. Pero lo que no parece aceptable es que se aproveche un acto de recuerdo del 11-M en el Congreso de los Diputados para anunciar que no volverá a tener lugar ningún otro en la sede de la soberanía nacional.

Silencio y nada más que silencio parece ser la consigna. La España oficial parece querer hurtar la memoria, la dignidad y la justicia a las víctimas del 11-M. Las miserias de nuestras élites vuelven a atacar a quienes más deberían merecer nuestro respeto y atención. Libertad Digital, no obstante, nunca se sumará a esta corriente ahora mayoritaria. Sería renunciar a nuestra esencia.


Libertad Digital - Editorial

La crisis del 11-M

LOS atentados del 11 de marzo de 2004 siguen dolorosamente vivos en la memoria de las víctimas y sus familias, y también en la sociedad española. No puede ser de otra manera, porque la magnitud de aquella masacre aún hoy sigue siendo inconcebible. Las secuelas físicas y psíquicas de los heridos y la destrucción de muchas familias son el testimonio vivo de la extrema crueldad de un grupo de fanáticos criminales que, por desgracia, lograron todos sus objetivos. Toda mirada atrás debe servir para aprender de la experiencia y no repetir errores en el futuro. Porque en el 11-M, entendido como esos fatídicos días que transcurrieron desde el atentado hasta las elecciones generales del día 14, España se rompió como sociedad política. Los terroristas consiguieron todos sus objetivos. Lograron, por supuesto, la matanza más brutal cometida en suelo europeo. Cambiaron el más que probable resultado electoral. Rompieron los puentes entre los principales partidos políticos y dieron paso a un período de crispación y revanchismo. Incluso en la actualidad aún se puede temer que muchas heridas sólo hayan cicatrizado superficialmente. Mientras que el 11-S unió, el 11-M rompió, porque, además de un atentado, fue una crisis nacional.

Por eso hay que recordar el 11-M sin falsos sentimentalismos, sin concesiones a la prosa fácil, porque la democracia sufrió entonces sus peores jornadas. Aquel acto terrorista -y no una determinada política antiterrorista- fue obscenamente manipulado contra el Gobierno del PP, tachado de mentiroso por afirmar que había sido ETA la autora del atentado. Entonces sí que faltó, y mucho, la lealtad de la oposición para derrotar a los terroristas. Pero éstos ganaron también la apuesta estratégica de dividir a los españoles y de propiciar la derrota del PP. El PSOE ganó esas elecciones legítimamente con sus votos. Esto es indiscutible. A partir de entonces, los siguientes cuatro años de vida política en España fueron el escenario de las consecuencias de aquel atentado: marginación antidemocrática del Partido Popular, negociación política con ETA -con todo lo que exigía de intromisión en la Justicia-, ostracismo de las víctimas de esta banda terrorista, política exterior tercermundista.

Hoy pueden recordarse aquellos atentados porque los costes de su manipulación han pasado factura y sus efectos políticos provocaron una crisis que todavía perdura, agravada por los intentos del Gobierno de fracturar una sociedad ya de por sí dividida.


ABC - Editorial

jueves, 11 de marzo de 2010

Se cumplen 6 años del atentado

Más de una decena de actos institucionales recordarán a las víctimas del 11-M

Las principales autoridades políticas y sociales de España, la Comunidad de Madrid y la capital, así como las asociaciones de víctimas, celebrarán hoy diferentes actos de homenaje en recuerdo de los 192 muertos y los más de 2.000 heridos en los atentados islamistas de Atocha, de los que este jueves se celebrará el sexto aniversario.

La jornada de homenajes se abrirá a las 9 horas en la Puerta del Sol, donde la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, depositará una corona de laurel junto a la placa colocada en la fachada de la Real Casa de Correos.


Aguirre estará acompañada por representantes de las asociaciones de víctimas del terrorismo, así como por el secretario general del PSM, Tomás Gómez; los portavoces de los grupos parlamentarios de la Asamblea de Madrid, David Pérez (PP), Maru Menéndez (PSOE), Gregorio Gordo (IU); los miembros del Consejo de Gobierno en pleno, representantes sindicales y organizaciones sociales, así como alcaldes o representantes de diferentes municipios.

Durante el acto sonará el 'Réquiem' de Mozart y después, dos alumnos de la Academia de Policía de la Comunidad de Madrid portarán la corona de laurel, que colocará la presidenta madrileña.

Una hora más tarde, el homenaje del Ayuntamiento de Madrid, al que asistirán los concejales de los tres grupos con representación en el Pleno municipal, tendrá lugar en forma de ofrenda floral en el monumento a las víctimas situado en la estación de Cercanías de Atocha.

En la entrada de la estación y bajo el lema '192 víctimas inocentes en nuestro recuerdo', CC.OO. y UGT de Madrid también rendirán homenaje a los fallecidos y heridos con una ofrenda floral, a la que seguirá, a las 11 horas en el Ateneo, un acto conmemorativo.

Al mismo asistirán el secretario general de CC.OO. Madrid, Javier López, y el de UGT de Madrid, José Ricardo Martínez, así como el secretario general de la Unión de Actores, Jorge Bosso, y la presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, Pilar Manjón.

Durante este acto, que presentará la actriz Pilar Bardem, se estrenará la obra 'Once', de Juan Miguel Antoranz, y actuará el grupo de música Rastakeltia y el Coro de la Unión de Actores.

Por su parte, la Asociación de Víctimas del Terrorismo celebrará un acto de recuerdo en el Bosque de los Ausentes del Parque de El Retiro a partir de las 12.30 horas, donde se guardará un minuto de silencio y se leerá un manifiesto en defensa de la verdad, memoria, dignidad y justicia.

Mientras, la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos de Puente y Villa de Vallecas y la Asociación de Afectados del 11-M recordarán a las víctimas en la Estación de Cercanías de Santa Eugenia, donde estalló una de las bombas, a la misma hora.

HOMENAJE EN EL CONGRESO

Mientras, las principales autoridades políticas del país asistirán al homenaje que se celebrará en el Congreso de los Diputados, también a las 12.30 horas, y al que seguirá, a partir de las 17 horas, otro homenaje en la Sala Internacional de la Cámara Baja.

Organizado por la Fundación de Víctimas del Terrorismo, su presidenta, Maite Pagazaurtundúa, introducirá las intervenciones de las representantes de las asociaciones de víctimas con la lectura del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La lectura de los 31 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos correrá a cargo de la presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación Ayuda a las Víctimas del 11-M, Ángeles Domínguez, y la vicepresidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza.

A continuación, se leerán los nombres de las 192 personas que perdieron la vida por las explosiones en los trenes, y un quinteto de cuerda formado por profesores del Conservatorio de Música de Cáceres interpretará dos piezas musicales del compositor Astor Piazzolla. El presidente de la Cámara Baja, José Bono, clausurará el acto con unas palabras y un minuto de silencio para rendir homenaje a las víctimas del atentado.

En la ceremonia, que fue autorizada hace unas semanas por la Mesa del Congreso, también participarán un grupo de niños que fueron víctimas del atentado, que pasarán a leer uno a uno los nombres de las 192 víctimas del 11 de marzo de 2004.

Las Cortes Generales también tienen previsto celebrar un homenaje a las víctimas cuando finalice la sesión plenaria de la Cámara Baja, que consistirá en la lectura de una declaración institucional y, previsiblemente, un minuto de silencio. En este acto está previsto que participen miembros de ambas Cámaras, sus presidentes y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

EL REY RECIBE A LAS VÍCTIMAS

Los sindicatos mayoritarios continuarán con sus homenajes por la tarde, entre las 17 y las 21 horas, en la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo, donde dedicarán la tertulia poética 'Indio Juan' a este asunto mediante un maratón poético, en el que se podrá participar como lector o como oyente, y en el que estará a la venta '11-M. La novela gráfica'.

Además, en este sexto aniversario el Rey don Juan Carlos ha querido reunirse personalmente con víctimas de los atentados y recibirá en Audiencia a las 18.45 horas en el Palacio de la Zarzuela a tres representantes de las tres principales asociaciones. También participará en la reunión la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

Por su parte, la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos de Puente y Villa de Vallecas realizará otro homenaje a las 19 horas en la estación de Cercanías del Pozo del Tío Raimundo, y a las 19.30 horas hay prevista una misa funeral en recuerdo de las víctimas en la Iglesia de Santa Bárbara, donde la Coral Polifónica del Instituto de Salud Carlos III participará en la ambientación musical.

ACTOS EN ALCALÁ

Por otra parte, algunas víctimas y familiares recordarán el fatídico día con sus propios actos conmemorativos, que comenzarán el día 10 con una vigilia de 19 horas a medianoche en la plaza de la Estación de Alcalá de Henares, donde proyectarán vídeos sobre el atentado en el monumento.

Al día siguiente, cogerán el tren de las 7 horas en la ciudad complutense para llegar hasta Madrid, donde dejarán sus ofrendas en las estaciones de Santa Eugenia, El Pozo y Atocha, terminando su recorrido en la calle Téllez.

Por la tarde, a las 20 horas, se concentrarán de nuevo en el Quiosco de Música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares, donde se leerá un manifiesto.

RECUERDO EN BRUSELAS

El 11 de marzo se conmemora también Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. En esta ocasión, la Red Europea de Víctima centrará sus actividades en Bruselas, donde además se desplazarán varias víctimas españolas como el presidente de la AVT, Juan Antonio García Casquero, la presidenta de Covite, Cristina Cuesta, el presidente de la Federación de Asociación Autonómicas de Víctimas del Terrorismo, Joaquín Vidal, y Eloy Morán, de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

El acto será inaugurado por la Comisión Europea y lo inaugurarán la comisaria de Interior, Cecilia Malmström, y la vicepresidenta de la CE y responsable de Justicia y Derechos Fundamentales, Viviane Reding. Diferentes mesas redondas analizarán los fallos en la protección a víctimas, el papel de los medios y la privacidad de víctimas y la sensibilidad y prevención. Entre los asistentes habrá un nutrido grupo de estudiantes europeos.

Por su parte, el partido ultraderechista Democracia Nacional celebrará una manifestación bajo el lema '11-M: Ni olvido ni perdón' frente a la sede del PSOE de la calle Ferraz.

La AVT retransmitirá en directo los actos a través de Facebook y Twitter desde primera hora de la mañana, y TVE emitirá en directo el homenaje del Congreso de los Diputados.


Europa Press

Sólo por las víctimas. Por Ignacio Villa

Hoy es 11 de marzo, hoy se cumplen seis años de aquella tremenda matanza terrorista que todos tenemos grabada en la memoria. Hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo. Todos recordamos a la perfección dónde estábamos en el momento del atentado, todos sabemos cómo reaccionamos en esas circunstancias, todos nos acordamos de cómo fueron aquellos primeros minutos de angustia, de horror, de terror, de espanto, de desasosiego, de rebeldía y de rabia. Todos, seis años después, seguimos con las imágenes, con los gritos, con las carreras, con las voces y con los destrozos de lo que ha sido el peor atentado terrorista en España y de la historia de Europa.

Seis años después, quiero que estas líneas se conviertan en un homenaje a los ciento noventa y dos muertos, a los más de mil quinientos heridos y a todas sus familias. Han sido seis años largos de ausencias, de vidas destrozadas, de personas ya marcadas para siempre. El 11-M tiene que quedar como una fecha intocable en el corazón de todos los españoles. El 11-M no puede ser –¡nunca!– una jornada que cicatrice como si no tuviera mayor relevancia. El 11-M es una fecha de todos y para todos, pero muy especialmente de todas las víctimas y de todas sus familias, que recuerdan aquellas horas como las peores horas de sus vidas.


Seis años después, el mayor enemigo que tenemos es el mezquino partidismo; la utilización rastrera de una fecha que tiene que ser de recuerdo para los que se fueron y de apoyo moral para los que sobrevivieron a la mayor tragedia de la historia reciente. Es verdad que a estas alturas hay muchos interrogantes sin resolver, es cierto que siguen existiendo muchos puntos negros en aquella jornada de horror y de dolor. Pero por eso mismo, hay que estar más que nunca con las víctimas. Se tienen que sentir acompañadas. Tienen que vivir sabiendo que son parte de la vida de todos y que nunca serán olvidadas.

No podemos renunciar a saber lo que pasó. No podemos cerrar la puerta a la verdad de los hechos. Pero lo siento. Me niego a mercadear con el sufrimiento ajeno, me niego a jugar con el dolor de los demás, me niego a apropiarme del sufrimiento de los afectados. Son ellos los que tienen que hablar, son ellos los que tienen que desahogarse, son ellos los que tienen todos los derechos. Los demás podemos acompañarlos, podemos ayudarlos, podemos animarlos. Pero nunca deberemos utilizar a las víctimas del 11-M.

Estas palabras tienen como único objetivo el apoyo a las víctimas, mostrar toda la solidaridad a sabiendas de que seguramente es muy poco. Pero el protagonismo, todo el protagonismo, es de ellos. El 11-M nunca podrá ser, nunca deberá ser, de los que mediáticamente se han apropiado de un día y de unas horas que sólo pertenecen a unas pocas personas. ¡Todo con las víctimas! ¡Siempre con las víctimas! ¡Sólo de las víctimas!


La Razón - Opinión

11-M seis años después. Por César Vidal

Nunca olvidaré aquella mañana del 11-M. Sentí, primero, cómo la pared de mi dormitorio temblaba igual que si contra ella se hubiera estrellado un camión de dieciocho ruedas. Sacudí la cabeza, rechacé el absurdo pensamiento e intenté volver a dormirme porque aquella noche había tenido una entrevista en un programa de madrugada y no había podido meterme en la cama antes de las cinco. No conseguí continuar el sueño, porque los cristales temblaron violentamente como si hubieran sufrido el efecto de una explosión. Aturdido, me levanté para salir al balcón e intentar averiguar lo que podía haber pasado. Sonaban las sirenas en la calle y tuve la convicción en ese momento de que Madrid acababa de sufrir un atentado terrorista. Por supuesto, lo atribuí a ETA, es decir, hice lo mismo que ZP, Ibarreche y casi toda la clase política hasta que apareció Otegui y dijo que era «la resistencia árabe».

Y a partir de ese momento, la sociedad española sufrió un proceso de manipulación brutal a fin de que aceptara una tesis estúpida, pero, a la vez, elemental y efectiva: los atentados los habían cometido terroristas islámicos en respuesta al apoyo que Aznar había prestado a la intervención en Irak, por lo tanto, no había que enfrentarse a los terroristas sino castigar al PP. Pocas veces se habrá planteado un razonamiento más cobarde y miserable, a años luz de la respuesta de la población norteamericana el 11-S. Pocas veces, pero resultó.


Entre los votos de la izquierda encanallada dispuesta a todo con tal de ganar las elecciones y los ciudadanos asustados como conejos y dispuestos a la capitulación, ZP llegó a La Moncloa gracias a la manipulación informativa en torno a casi doscientos asesinados. Y entonces se fueron sucediendo los pasos continuos para pasar página consagrando la denominada «versión oficial» y satanizando a los que no la creímos con el mote de «conspiranoicos». Se empeñaron en ello a fondo, pero no lo consiguieron. Ya la sentencia de la Audiencia nacional –con todos sus agujeros– dejó de manifiesto que los atentados no habían tenido nada que ver con la guerra de Irak, que pretendían cambiar el resultado de las elecciones y que seguíamos sin saber quiénes eran los autores intelectuales. En otras palabras, la versión oficial era un camelo de las dimensiones del Taj-Mahal. Era sólo el principio. En los últimos tiempos, hemos sabido gracias a los trabajos de peritos como Iglesias que la sentencia erró en la identificación del explosivo y que, por tanto, los supuestos autores materiales (un loco y dos moros) quizá ni siquiera estuvieron relacionados con el crimen. Para remate, resulta también obvio que se destruyeron pruebas y que las órdenes procedieron de algún lugar superior de las Fuerzas de seguridad del Estado. Seguramente, esos personajes no tuvieron que ver con las muertes, pero contribuyeron a borrar las huellas con la misma fruición que un explorador perseguido por los apaches. A estas alturas, a seis años de distancia, el 11-M sigue siendo un enigma, pero ya sabemos, entre otras cosas, que la versión oficial es falsa, que se eliminaron pruebas esenciales relacionadas con los explosivos y que esos atentados sirvieron para que ZP llegara a La Moncloa y cambiara a peor la Historia de España. No es poco, pero la investigación debe seguir hasta el total esclarecimiento de los hechos porque así lo exigen casi doscientos muertos y millares de heridos, la dignidad nacional y el futuro de las próximas generaciones.

La Razón - Opinión

Seis años después, seguimos queriendo saber

En el esclarecimiento de todas las incógnitas en torno al 11-M, las víctimas tendrán y recibirán todo nuestro apoyo y esfuerzo. Somos conscientes de que la investigación de esa masacre es el mayor homenaje que les podemos brindar.

En el sexto aniversario de la mayor masacre terrorista de nuestra historia, Libertad Digital desea expresar, nuevamente y en primer lugar, su solidaridad con las familias de las 192 personas asesinadas y con las 1.858 heridas. Ellas merecen no sólo nuestra solidaridad por la pérdida de sus seres queridos, sino también nuestro agradecimiento por su esfuerzo, fundamentalmente canalizado a través de la Asociación de Víctimas del Terrorismo o la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, por conseguir que aquella masacre y las incógnitas abiertas sobre su autoria no hayan caído en el olvido.

Y es que seis años después del 11-M tenemos nuevamente que lamentar la soledad que les dispensan a las víctimas la practica totalidad de la clase política, y la mayor parte de los medios, en su irrenunciable compromiso por conocer toda la verdad entorno a aquella matanza. Hoy muy probablemente maquillen la indignidad de ese abandono con "homenajes" como los que se brindan a las víctimas de una catástrofe natural o a las que ya se las ha hecho justicia. Libertad Digital, y muy pocos otros medios, sabemos, junto con las víctimas del 11-M, que no se les hará justicia mientras no se esclarezca esa verdad que no se pueda enterrar con minutos de silencio; un compromiso con la verdad que algunos han olvidado desde el mismo momento en que constataron que la masacre terrorista había conseguido el objetivo político por la que fue perpetrada: lograr un vuelco electoral a tres días del 14-M.


Aunque es mucho lo que nos queda por saber, también es mucho lo que hemos llegado a conocer en estos seis años. Cosas como que la versión oficial, con la que algunos quisieron dar legitimidad a ese vuelco electoral, ha quedado refutada por descubrimientos tan decisivos como que el material explosivo utilizado en la matanza no fue el que sirvió para llevar a cabo las detenciones. Si ese escalofriante dato, por sí sólo, ya justifica la reapertura del caso, a él se suman muchos otros más, como el hecho de que se ocultaran o destruyeran vestigios de la explosión, o el hecho de que se vulneraran los protocolos de actuación de los Tedax y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, o que el responsable de los mismos mintiera fragantemente tanto ante la comisión parlamentaria como ante los propios tribunales.

Aunque el procesamiento del jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, iniciado gracias a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, pueda aportar nuevos datos en el futuro, lo cierto es que no se sabe quiénes idearon el 11-M, quiénes suministraron Titadyn, quiénes montaron las bombas en la finca de Morata de Tajuña o quiénes manipularon la investigación y a la opinión pública.

En el esclarecimiento de esas decisivas incógnitas tendrán y recibirán las victimas del 11-M todo nuestro apoyo y nuestro esfuerzo. Somos conscientes de que la investigación de esa masacre es el mayor homenaje que les podemos brindar. Y es que, tal y como dijo recientemente nuestro vicepresidente con ocasión de la entrega a nuestro periódico del premio Españoles Ejemplares de la Fundación Denaes, "volveríamos a fundar Libertad Digital sólo para dar voz a las víctimas del 11-M".


Libertad Digital - Editorial

Las cajas del dolor. Por Ignacio Camacho

POR debajo de las dolorosas cicatrices del tiempo supura aún una deuda de conciencia pendiente desde aquellos malditos días de marzo, cuando los demonios de la sangre nos pusieron a todos delante de una prueba que no superamos. Nadie ha entonado aún la palinodia de todos los errores cometidos, de los abusos sectarios y de las reacciones espasmódicas que marcaron para siempre una semana de plomo, rabia y miedo cuyos demoledores efectos procuramos disimular bajo el discurso confortante pero victimista de la emotividad, la memoria y el sufrimiento. Pero ahora que las heridas morales duelen un poco menos quizá sea tiempo de empezar a admitir que acaso no nos sobren motivos de orgullo.

Falta, en primer lugar, la autocrítica del aznarismo por su contumaz empeño en adjudicar a ETA la autoría de la masacre, prolongada más allá de las evidencias a través de una tortuosa teoría de conspiraciones. Tampoco los socialistas han mostrado arrepentimiento alguno de su espuria, cínica y ventajista manipulación del dolor colectivo, que los catapultó al poder sobre una ola de conmoción ciudadana. Y sobre todo, queda pendiente el análisis objetivo del comportamiento popular, más cercano a un desordenado ataque de pánico que a la reacción serena de una sociedad consciente de hallarse en la diana de una ofensiva contra sus valores primordiales.


El vuelco electoral resultó una consecuencia lógica de aquella mezcla de alarma y rabia en la que mucha gente se sintió estafada por un Gobierno incapaz de oír sus clamores, pero más allá de eso hay que preguntarse por el sentimiento de capitulación que el atentado despertó en una colectividad amenazada. El shock emotivo de la matanza puso en crisis nuestra estructura moral y la dejó en un estado de debilidad pusilánime. Ése fue el principal triunfo de los terroristas: que la sociedad se comportó exactamente como ellos esperaban, presa de un síncope de medroso encogimiento que impidió el cierre de filas y dirigió la respuesta hacia el enfrentamiento interno.

Ese encogimiento reactivo, esa réplica dolorida y asustada, se observa seis años después en el minucioso estudio que unos investigadores del CSIC han realizado sobre los testimonios del luto popular que durante semanas se acumularon en los escenarios de la tragedia. La clasificación de los setenta mil exvotos espontáneos dibuja el retrato de una comunidad sobrecogida, paralizada, inerme, que en su bloqueo moral buscaba más consuelo que firmeza. Las cajas negras del dolor revelan hasta qué punto quedamos incapacitados para responder a la magnitud del ataque: de alguna manera declaran casi un vago sentimiento de culpa, una turbada confusión masiva que, vista desde hoy, se parece demasiado a la manifestación de una derrota. Y ésa es una autocrítica o una expiación que quizá aún no estemos preparados para asumir sin enfrentarnos al antipático reflejo de una debilidad inconfesable.


ABC - Opinión

Sexto Aniversario del 11-M

IN MEMORIAM

Eva Belén Abad Quijada, española, 30 años
Óscar Abril Alegre, español, 19 años
Liliana Guillermina Acero Ushiña, ecuatoriana, 26 años
Florencio Aguado Rojano, español, 60 años
Juan Alberto Alonso Rodríguez, español, 38 años
María Joséfa Alvarez González, española, 48 años
Juan Carlos Del Amo Aguado, español, 28 años
Andriyan Asenov Andrianov, búlgaro, 22 años
María Nuria Aparicio Somolinos, española, 40 años
Alberto Arenas Barroso, español, 24 años
Neil Hebe Astocondor Masgo, peruano, 34 años
Ana Isabel Avila Jiménez, española, 43 años
Miguel Ángel Badajoz Cano, español, 34 años
Susana Ballesteros Ibarra, española, 42 años
Francisco Javier Barahona Imedio, español, 34 años
Gonzalo Barajas Díaz, español, 32 años
Gloria Inés Bedoya, colombiana, 40 años
Sanaa Ben Salah Imadaquan, española hija de marroquíes, 13 años
Esteban Martín De Benito Caboblanco, español, 39 años
Rodolfo Benito Samaniego, español, 27 años
Anka Valeria Bodea, rumana, 26 años
Livia Bogdan, rumana, 27 años
Florencio Brasero Murga, español, 50 años
Trinidad Bravo Segovia, española, 40 años
Alina Maria Bryk, polaca, 39 años
Stefan Budai, rumano, 37 años
Tibor Budi, rumano, 37 años
María Pilar Cabrejas Burillo, española, 37 años
Rodrigo Cabrero Pérez, español, 20 años
Milagros Calvo García, española, 39 años
Sonia Cano Campos, española, 24 años
Alicia Cano Martínez, española, 63 años
José María Carrilero Baeza, español, 39 años
Álvaro Carrion Franco, español, 17 años
Francisco Javier Casas Torresano, español, 28 años
Cipriano Castillo Muñoz, español, 55 años
María Inmaculada Castillo Sevillano, española, 39 años
Sara Centenera Montalvo, española, 19 años
Oswaldo Manuel Cisneros Villacís, ecuatoriano, 34 años
Eugenia María Ciudad-Real Díaz, española, 26 años
Jacqueline Contreras Ortiz, peruana, 22 años
María Soledad Contreras Sánchez, española, 51 años
María Paz Criado Pleiter, española, 52 años
Nicoleta Diac, rumana, 27 años
Beatriz Díaz Hernandez, española, 30 años
Georgeta Gabriela Dima, rumana, 35 años
Tinka Dimitrova Paunova, búlgara, 31 años
Kalina Dimitrova Vasileva, búlgara, 31 años
Sam Djoco, senegalés, 42 años
María Dolores Durán Santiago, española, 34 años
Osama El Amrati, marroquí, 23 años
Sara Encinas Soriano, española, 26 años
Carlos Marino Fernández Dávila, peruano, 39 años
María Fernández del Amo, española, 25 años
Rex Ferrer Reynado, filipino, 20 años
Héctor Manuel Figueroa Bravo, chileno, 33 años
Julia Frutos Rosique, española, 44 años
María Dolores Fuentes Fernández, española, 29 años
José Gallardo Olmo, español, 33 años
José Raúl Gallego Triguero, español, 39 años
María Pilar Gamiz Torres, española, 40 años
Abel García Alfageme, español, 27 años
Juan Luis García Arnaiz, español, 17 años
Beatriz García Fernández, española, 27 años
María de las Nieves García García-Moñino, española, 46 años
Enrique García González, dominicano, 28 años
Cristina Aurelia García Martínez, española, 34 años
Carlos Alberto García Presa, español, 24 años
José García Sánchez, español, 45 años
José María García Sánchez, español, 47 años
Javier Garrote Plaza, español, 26 años
Petrica Geneva, rumana, 34 años
Ana Isabel Gil Pérez, española, 29 años
Óscar Gómez Gudiña, español, 24 años
Felix González Gago, español, 52 años
Ángelica González García, española, 19 años
Teresa González Grande, española, 38 años
Elías González Roque, español, 30 años
Juan Miguel Gracia García, español, 53 años
Javier Guerrero Cabrera, español, 25 años
Berta María Gutiérrez García, española, 39 años
Sergio de las Heras Correa, español, 29 años
Pedro Hermida Martín, español, 51 años
Alejandra Iglesias López, española, 28 años
Mohamed Itaiben, marroquí, 27 años
Pablo Izquierdo Asanza, español, 42 años
María Teresa Jaro Narrillos, española, 32 años
Oleksandr Kladkovoy, ucraniano, 56 años
Laura Isabel Laforga Bajón, española, 28 años
María Victoria León Moyano, española, 30 años
María Carmen Lominchar Alonso, española, 34 años
Myriam López Díaz, española, 31 años
María Carmen López Pardo, española, 50 años
María Cristina López Ramos, española, 38 años
José María López-Menchero Moraga, español, 44 años
Miguel de Luna Ocaña, español, 36 años
María Jesús Macías Rodríguez, española, 30 años
Francisco Javier Mancebo Záforas, español, 38 años
Ángel Manzano Pérez, ecuatoriano, 42 años
Vicente Marín Chiva, español, 37 años
Antonio Marín Mora, español, 43 años
Begoña Martín Baeza, española, 25 años
Ana Martín Fernández, española, 43 años
Luis Andrés Martín Pacheco, español, 54 años
María Pilar Martín Rejas, española, 50 años
Alois Martinas, rumano, 27 años
Carmen Mónica Martínez Rodríguez, española, 31 años
Míriam Melguizo Martínez, española, 28 años
Javier Mengíbar Jiménez, español, 43 años
Álvaro de Miguel Jiménez, español, 26 años
Michael Mitchell Rodríguez, cubano, 28 años
Stefan Modol, rumano, 45 años
Segundo Víctor Mopocita Mopocita, ecuatoriano, 37 años
Encarnación Mora Donoso, española, 64 años
María Teresa Mora Valero, española, 37 años
Julita Moral García, española, 53 años
Francisco Moreno Aragonés, español, 56 años
José Ramón Moreno Isarch, español, 37 años
Eugenio Moreno Santiago, español, 56 años
Juan Pablo Moris Crespo, español, 32 años
Juan Muñoz Lara, español, 33 años
Francisco José Narváez de la Rosa, español, 28 años
Mariana Negru, rumana, 40 años
Ismael Nogales Guerrero, español, 31 años
Inés Novellón Martínez, española, 30 años
Miguel Ángel Orgaz Orgaz, español, 34 años
Ángel Pardillos Checa, español, 62 años
Sonia Parrondo Antón, española, 28 años
Juan Francisco Pastor Férez, español, 51 años
Daniel Paz Manjón, español, 20 años
Josefa Pedraza Pino, española, 41 años
Miryam Pedraza Rivero, española, 25 años
Roberto Pellicari Lopezosa, español, 31 años
María del Pilar Pérez Mateo, española, 28 años
Felipe Pinel Alonso, español, 51 años
Martha Scarlett Plasencia Hernandez, dominicana, 27 años
Elena Ples, rumana, 33 años
María Luisa Polo Remartinez, española, 50 años
Ionut Popa, rumano, 23 años
Emilian Popescu, rumano, 44 años
Miguel Ángel Prieto Humanes, español, 37 años
Francisco Antonio Quesada Bueno, español, 44 años
John Jairo Ramírez Bedoya, colombiano, 37 años
Laura Ramos Lozano, hondureña, 37 años
Miguel Reyes Mateos, español, 37 años
Marta del Río Menéndez, española, 40 años
Nuria del Río Menéndez, española, 38 años
Jorge Rodríguez Casanova, español, 22 años
Luis Rodríguez Castell, español, 40 años
María de la Soledad Rodríguez de la Torre, española, 42 años
Ángel Luis Rodríguez Rodríguez, español, 34 años
Francisco Javier Rodríguez Sánchez, español, 52 años
Ambrosio Rogado Escribano, español, 56 años
Cristina Romero Sánchez, española, 34 años
Patricia Rzaca, polaca, 7 meses
Wieslaw Rzaca, polaco, 34 años
Antonio Sabalete Sánchez, español, 36 años
Sergio Sánchez López, español, 17 años
María Isabel Sánchez Mamajón, española, 37 años
Juan Antonio Sánchez Quispe, peruano, 45 años
Balbina Sánchez-Dehesa Francés, española, 47 años
David Santamaría García, español, 23 años
Sergio dos Santos Silva, brasileño, 28 años
Juan Carlos Sanz Morales, español, 33 años
Eduardo Sanz Pérez, español, 31 años
Guillermo Senent Pallarola, español, 23 años
Miguel Antonio Serrano Lastra, español, 28 años
Rafael Serrano López, español, 66 años
Paula Mihaela Sfeatcu, rumana, 27 años
Federico Miguel Sierra Serón, español, 37 años
Domnino Simón González, español, 45 años
María Susana Soler Iniesta, española, 46 años
Carlos Soto Arranz, español, 34 años
Mariya Ivanova Staykova, búlgara, 38 años
Marion Cintia Subervielle, francesa, 30 años
Alexandru Horatiu Suciu, rumano, 18 años
Danuta Teresa Szpila, polaca, 28 años
José Luis Tenesaca Betancourt, ecuatoriano, 17 años
Iris Toribio Pascual, española, 20 años
Neil Torres Mendoza, ecuatoriano, 38 años
Carlos Tortosa García, español, 31 años
María Teresa Tudanca Hernández, española, 49 años
Jesús Utrilla Escribano, español, 44 años
José Miguel Valderrama López, español, 25 años
Saúl Valdez Ruiz, hondureño, 44 años
Mercedes Vega Mingo, española, 45 años
David Vilela Fernández, español, 23 años
Juan Ramón Zamora Gutiérrez, español, 29 años
Yaroslav Zojniuk, ucraniano, 48 años
Csaba Olimpiu Zsigovski, rumana, 26 años


miércoles, 10 de marzo de 2010

Pedazos de nada. Por Ignacio Camacho

NO tiene nada nuevo que decir, pero habla y habla hasta envolver la nada en una nube de palabras vacías; es el ruido del discurso lo que le interesa, la apariencia de unas respuestas que ya no tiene. Pura logomaquia ambigua, imprecisa, hueca, envuelta en el celofán cortés de una expresión preocupada. Hablar por hablar, ante la cámara parlamentaria o ante la televisiva, como la noche del lunes, en TVE: cháchara antigua en un decorado nuevo. De diseño, faltaría más; no conoce otra clave que la puesta en escena.

Cuando Zapatero habla de un problema, de la índole que sea -el terrorismo, la crisis, las relaciones internacionales, una reivindicación sectorial- sigue invariablemente un guión trivial que conduce a ninguna parte. El problema le preocupa, le preocupa seria y profundamente, la causa gran consternación y le provoca honda solidaridad con los ciudadanos que lo sufren. Gesto compungido, ademán cercano, mirada líquida. Y no sólo le preocupa, sino que está, junto con su Gobierno, trabajando en él. Un trabajo intenso, perseverante, responsable, comprometido. Pero, pese a esa preocupación y ese esfuerzo, a esa inquietud y a ese empeño, se trata de un problema que no depende sólo de él; hay factores externos, la situación mundial, la herencia anterior, la intransigencia de otros, la oposición que no arrima el hombro. Necesita comprensión y ayuda, tiempo y paciencia, entiéndanlo, es una cuestión tan compleja. Pero se resolverá, sin duda, porque éste es un gran país que siempre, gracias al trabajo de todos, acaba solucionando sus desafíos y saliendo adelante, etcétera.


Desde que es presidente no ha resuelto un problema. Los ha esquivado, ignorado, eludido o aparcado, salvo los que se empeña en crear él mismo con sus proyectos de ingeniería social y política, que son su única prioridad, su exclusivo desvelo. El resto es finta táctica, oportunismo pragmático. Ha convertido la gobernanza en un ejercicio de marketing y la responsabilidad en un simulacro gestual, al que últimamente añade la parodia de una autocrítica. Pepa Bueno, periodista mucho más que buena, le desnudó la labia preguntando sin anestesia y en picado sobre las realidades inoportunas y necesarias, pero sólo encontró quiasmos, circunloquios, evasivas, oxímorons, tautologías: una elocuencia estéril, un pico brillante y hueco. Y vuelta a empezar.

Lo decía cierto alcalde minero leonés: ni una mala palabra, ni una buena acción. Exageraba esto último; la acción es un concepto ausente del zapaterismo, porque implica profundidad, coraje y compromiso. La política del presidente es escenografía propagandística, superficialidad simbólica y facundia retórica. Puro frasismo: una frase mejor que una idea, una ocurrencia mejor que una solución. Algo sucede, sin embargo, cuando ni derramando cascadas de frases articula respuestas capaces de poblar el vacío de las preguntas.


ABC - Opinión

Gili Toledo y el Amante "Vendido". Por Pablo Molina

Sólo un sectarismo de carácter clínico y la soberbia propia de quienes se identifican con la izquierda pueden disculpar las tropelías de los Castro con la excusa de que en España también hay denuncias de tortura.

Con los fanáticos de la izquierda radical, valga la redundancia, no cabe discutir ningún asunto que tenga que ver con la forma de Gobierno existente en Cuba. En realidad, no vale la pena dialogar sobre nada en concreto pero especialmente acerca del castrismo, porque ni siquiera tienen un manual para contrarrestar los argumentos del adversario, sino que todo se reduce a esgrimir un atavismo sentimental contra el que no cabe la antítesis.

Todo lo más que llegan a intentar, si el otro se pone pesado, es a esbozar el argumento de que ningún país es perfecto. Bien, muy cierto, pero lo que se discute no es la imperfección de los gobiernos, algo natural siendo obra de seres humanos, sino las supuestas bondades de un sistema político que iba a redimir a las clases desfavorecidas de su ancestral opresión, y lo único que ha conseguido es reducirlas a un estado de miseria y terror nunca visto en cualquier otro tiempo y lugar.


Sólo un sectarismo de carácter clínico y la soberbia propia de quienes se identifican con la izquierda pueden disculpar las tropelías de los Castro con la excusa de que en España también hay denuncias de tortura o exposiciones subvencionadas en las que se retiran unas fotografías. A los palanganeros del castrismo que tenemos ahora de actualidad sólo les ha faltado añadir que en España se mata a los toros en la plaza como argumento justificador de la tiranía cubana, pero todo se andará.

Nadie en su sano juicio puede tomar en serio los discursos morales de Gili Toledo y Bosé, porque el hecho de ejercer de artistas no les otorga mayor solvencia intelectual que la que puedan ostentar un quinceañero antiglobalización o un dignísimo perroflauta. Sin embargo, dado que el primero de los dos es empleado de todos los que pagamos impuestos en España a través del cine subvencionado y el segundo presta su imagen a numerosas campañas de márketing de multinacionales opresoras, cualquier ciudadano que sienta arcadas al verles representar el papel de felpudo de un régimen asesino puede actuar en consecuencia para que, al menos, no sigan enriqueciéndose a nuestra costa. Sólo hay que hacer, en cada caso y en uso de nuestra libertad individual, eso mismo que está usted pensando ahora mismo. Exactamente eso y que cunda el ejemplo.


Libertad Digital - Opinión

Tercera fase. Por José María Carrascal

O bien este hombre tiene unas facultades paranormales que le permiten ver más allá de la realidad, o tiene más cuento que Calleja.

Si lo peor ha pasado, si ha tomado las medidas oportunas, si anuncia la recuperación a fin de año, ¿por qué pide ayuda a todos los demás partidos y quita a los españoles una hora de entretenimiento televisivo contestando a las preguntas de periodistas que le sirven balones como Guti a Ronaldo para que los remate a su antojo? Si la crisis, como dice, está bien diagnosticada, mejor tratada y perfectamente encarrilada, a su gobierno debería bastarle mantener la línea que lleva, y esperar el resultado previsto. Pero, no. Venga a darle con lo de «sumar fuerzas», con lo de «juntos saldremos antes», con lo de «tirar del carro». Lo que nos hace sospechar que él mismo duda de lo que está predicando y busca el acuerdo con los demás para diluir su responsabilidad tanto en los errores pasados como en los que aún quedan por venir. No hace falta tener memoria de elefante para recordar que este hombre se equivocó en el diagnóstico de la crisis -negó incluso que existiera-, en su tratamiento -con medidas que no han resuelto nada- y en las previsiones sobre ella, hablando de brotes verdes, de luz al fondo del túnel y de camelos por el estilo. ¿Quién nos garantiza que esa «recuperación en puertas» que anunció anoche no será la misma que anunció hace un año y hace seis meses? Cuando lo que hemos tenido es más paro, más deuda y más dudas sobre la solvencia económica de España. Mientras él, impertérrito, sonriente y embelesado.

Más que un Maquiavelo de León, como ahora se le presenta no sabemos si en serio o en broma, Zapatero se nos aparece como aquellos prestidigitadores que en las plazas de los pueblos divertían al vecindario haciendo aparecer y desaparecer objetos. «¿Veis este huevo?». «Pues ya no lo veis». «¿Veis esta carta?». «Pues fijaros cómo se la saco a este señor de la oreja». Juegos de manos, escamoteos de la realidad, malabarismos del año de catapún, palabrería tan hueca como reiterativa. En vez de a la política, este hombre hubiera tenido que dedicarse a la escena. No habría conseguido un Oscar, pero seguro que hubiese sacado un Goya como actor secundario en una película argentina. Y los españoles nos hubiéramos ahorrado muchos disgustos y mucho dinero.

Porque no estamos en la plaza de un pueblo ni en un escenario ni en unos platós de cine o televisión. Estamos en el siglo XXI, en la peor crisis en 80 años y en los últimos puestos de la cola de recuperación. Pero él se empeña en seguir interpretando su película, que, dice, va ya por la Tercera Fase, como las series de ciencia ficción. ¿Cuántas le quedan? Las que sean necesarias. Esto no se le había ocurrido ni a Maquiavelo.


ABC - Opinión

La comida. Por Alfonso Ussía

En las semanas previas al primer y gran batacazo del Tribunal Constitucional, el que fuera su presidente García Pelayo, visitó y compartió mesa y mantel con Felipe González en La Moncloa. Estaba en juego la independencia de la Justicia. Y la Justicia perdió la partida. Con el voto de calidad, después de producirse un empate a seis entre los magistrados, el Tribunal Constitucional dio por buena la expoliación de las empresas y bienes de Rumasa. Más tarde, avergonzado y superado por las circunstancias, García Pelayo se marchó a Venezuela, donde falleció. Pero su voto de calidad terminó con el prestigio del Alto Tribunal y los españoles nos apercibimos de una realidad pavorosa. La política mandaba en su seno y el compromiso personal voló por encima de la propia Justicia. Eso, los almuerzos, las copas, la camaradería, los chistes en los postres, el gracejo, y el «¡Gracias, Manolo, por tu ayuda!».

Los encuentros institucionales con solomillo de por medio están muy bien, pero hay que ajustar su celebración a la oportunidad. Días atrás, en la sede del Consejo del Poder judicial, su presidente, Carlos Dívar, ofreció un almuerzo al presidente del Gobierno, a la presidenta del Tribunal Constitucional y los presidentes del Congreso y el Senado. Horas después de la interesante y amena comilitona, Zapatero y Bono presionaron a los jueces en beneficio de Garzón. Y esas presiones asustan a la sociedad.

Dívar es un jurista íntegro y los que le conocen aseguran que también es persona de altas bondades y tolerancias. No creo que el presidente del CGPJ admita presiones, por abrumadoras que sean. Nadie puede estar por encima de las leyes, incluidos los jueces. Y nadie puede intentar someter la imparcialidad de los jueces, incluido el presidente del Gobierno. Y menos aún, en presencia de José Bono, el íntimo de Garzón. Fue don Baltasar, a instancias de don José, el que montó el tinglado del lino. Aquello le costó la vida a más de un inocente –el Supremo lo echó por tierra–, y torturó a una política de excepcional honradez, Loyola del Palacio, que se fue de esta vida con anterioridad a la reposición de su honra. José Bono fue el que tuvo la feliz idea de llevarse a Garzón a la política y al PSOE. Se presentó con el número 2 por Madrid y toda suerte de promesas, que Felipe González incumplió. Fue cuando el justo, ponderado y nada rencoroso Garzón se reincorporó a la Audiencia Nacional e inició sus embestidas a su anterior promotor con el GAL. Garzón ha sido un fracasado de la política, cuando es la política el espacio que más le gusta e interesa. Ahora se ha inventado que es víctima del PP y la derecha, cuando los que le han empapelado son jueces de indudable tendencia izquierdista.

Esa comida tendría que haber sido suspendida por inoportuna. Eso, lo de la mujer del César. Dívar no hablará, pero no me cabe la menor duda, conociendo el personal, que Garzón fue el invitado invisible en aquel desajustado almuerzo institucional. Garzón es poderoso, y está moviendo Roma con Santiago para recuperar un prestigio que queda muy lejano, casi en el olvido. Le apoyan los de la ceja, algún torero y los fotógrafos de los burladeros de Las Ventas. Pero también los dueños de la boina del poder. Y Dívar tiene la obligación de manejar su agenda con delicadeza y tino. Con Garzón por medio, meter en el CGPJ a Zapatero y Bono, equivale a abrir las puertas a la coacción y la anormalidad. No mental, sino democrática.


La Razón - Opinión

El Mudito de Álava. Por José García Domínguez

¿O acaso aún ignora alguien que ante la variante criminal del nacionalismo, el PSOE es capaz de hacer cualquier cosa con la Ley, excepto cumplirla? ¿O no, agraciado Hidalgo?

Lejos de buscarle plaza en algún sanatorio ducho en amnesias preventivas, el Maquiavelo de Valladolid ha dado en premiar con un momio en Caja Vital al Mudito de Álava, sospechoso habitual también conocido por Víctor García Hidalgo. Una muy golosa canonjía apenas condicionada a que Hidalgo devenga capaz de recordar el número de cuenta donde la magia del interés compuesto deberá resarcirlo de sus patológicos lapsus. Y es que el PSOE, a diferencia del homo sapiens, nunca tropieza dos veces con la misma caja de Pandora.

El supremo error estratégico de Mister X, bien lo sabe Zapatero, fue descartar en su día la candidatura de José Amedo a la presidencia de Caja Castilla-La Mancha. Que Amedo no lo hubiera hecho mucho peor que el compañero Moltó, es seguro. Y que el dulce efluvio pecuniario de la sinecura habría curado sus episódicos accesos de incontinencia verbal, también. Sin embargo, por aquel entonces no repararon en el milagroso efecto balsámico de las terapias financieras de choque, un yerro que ahora se aprestan a enmendar con el afortunado García Hidalgo.

Un paciente cuyo cuadro clínico, por cierto, presenta paralelismos notables con la escatología hinduista. Como es sabido, para los hindús el misterio de la arquitectura del Cosmos constituye un asunto prosaico, de trivial simplicidad. Según ellos, el globo terráqueo descansa sobre un elefante, el elefante se sostiene sobre una tortuga, y la tortuga reposa encima de una serpiente. El único "pero" surge cuando se les pregunta quién se ocupa de aguantar a la serpiente; llegados a ese extremo, los fieles suelen mirar hacia otro lado y procuran cambiar de conversación.

De idéntico modo, aquel fugaz e intenso romance de la Policía y ETA en las zahúrdas del Faisán sólo pudo apoyarse en la querencia de su jefe, el muy desmemoriado Hidalgo, que, a su vez, se sostenía en el ministro del Interior, quien, por su parte, sólo podía aferrarse al presidente del Gobierno. ¿Quién aguantaba, pues, a la serpiente y quién era aguantado por ella? He ahí la etiología de todos los males súbitos que sufre nuestro enfermo imaginario. ¿O acaso aún ignora alguien que ante la variante criminal del nacionalismo, el PSOE es capaz de hacer cualquier cosa con la Ley, excepto cumplirla? ¿O no, agraciado Hidalgo?


Libertad Digital - Opinión

El caos de la Generalitat

EN democracia, la obligación de los poderes públicos consiste en resolver con eficacia los problemas reales de los ciudadanos.

Desde este punto de vista, la Generalitat ha fracasado de forma lamentable ante el temporal desatado en Cataluña: el colapso en el tráfico viario y ferroviario, más de 200.000 abonados sin luz eléctrica y una información escasa y deficiente han creado un ambiente de indignación general. Al margen del carácter excepcional de la nevada y otros fenómenos atmosféricos, la Administración catalana se ha visto desbordada e incapaz de reaccionar por la carencia de protocolos de actuación y de medios suficientes para hacer frente a las demandas de Protección Civil. Esta situación pone de relieve las nefastas consecuencias de una política «autista», cuyo único objetivo es plantear absurdos debates identitarios y repartir cuotas de poder. El tripartito se preocupa de reformar el Estatuto, poner multas a los comerciantes que rotulan en castellano o promover debates sin sentido sobre la Fiesta de los toros. Sin embargo, no ha hecho nada para remediar el caos en Barcelona y en otras muchas localidades salvo recurrir a la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias, a pesar de la manifiesta antipatía de los nacionalistas hacia la presencia de las Fuerzas Armadas en Cataluña

Es muy lógica la indignación de los ciudadanos atrapados en sus vehículos, en los andenes de ferrocarriles paralizados o en su propio domicilio para atender a sus hijos que no pueden acudir a los colegios, ya que se han suspendido las clases. No es extraño que la clase política catalana sufra una seria crisis de credibilidad, según reflejan la escasa participación en el referéndum estatutario o el evidente desinterés hacia las continuas maniobras partidistas con fines electorales. Echar la culpa a los elementos meteorológicos es una disculpa infantil que nadie acepta a estas alturas. Tampoco bastan las amenazas de sancionar a las empresas responsables del suministro eléctrico, eludiendo así las propias obligaciones. Lo cierto es que el tripartito pierde su tiempo lamentablemente en cuestiones que sólo importan a los políticos y en cambio es incapaz de actuar con un mínimo de eficacia ante las emergencias vividas estos últimos días en Cataluña.

ABC - Editorial

Oportunidad perdida

Zapatero dejó patente en TVE su dificultad para encontrar un discurso frente a la crisis

Si el presidente del Gobierno se proponía ofrecer las claves para entender sus últimos meses de gestión, la entrevista de una hora concedida a TVE fue una ocasión perdida. No así para el propio medio, que estuvo a la altura de lo que debe ser una televisión pública. La concreción y pertinencia de los asuntos suscitados por los entrevistadores acabaron por poner en evidencia un discurso del presidente genérico y rutinario, que daba la impresión de querer ocultar tras largas parrafadas la falta de congruencia entre las respuestas y las preguntas.

El grueso de la intervención estuvo consagrado a la crisis económica. Zapatero no reconoció más error que el retraso en advertir su magnitud, pero siempre escudándose en que fue compartido por las instituciones económicas internacionales y los dirigentes de los principales países. No dio razón alguna, sin embargo, de por qué continuó negándola o relativizando su alcance cuando para todos ellos era ya una evidencia. El exceso de didactismo empleado en explicar el origen de la recesión mundial acabó por desdibujar el objetivo de su comparecencia: cómo combatirla. El presidente se refirió a las 137 medidas adoptadas para justificar que entre tantas se haya deslizado alguna contradicción. Sin embargo, el número no explica que se pase en pocas horas de estar a favor a estar en contra de la revisión del acuerdo salarial con los funcionarios, por ejemplo, o de cambiar el sistema de cálculo de las pensiones.

Zapatero tampoco respondió con claridad a las preguntas más políticas, relacionadas con las discrepancias públicas entre ministros, la pérdida de credibilidad del Ejecutivo que registran las encuestas o la capacidad para completar la legislatura. Se extravió en largos rodeos que parecían buscar en el carácter excepcional de la crisis la razón de esas disfuncionalidades.

Pero lo que sobre todo faltó fue una visión política que jerarquizara las prioridades en un discurso claro. La oportunidad de dirigirse directamente a los ciudadanos cuando se han iniciado los contactos con vistas a un pacto frente a la crisis pudo haber sido aprovechada por Zapatero para decirle a la gente que durante años hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y que para volver a la senda del crecimiento es preciso tomar medidas de recorte del gasto (y seguramente de subida de impuestos), y que ello afecta tanto a la Administración central como a las autonómicas y locales; y que una forma de acortar los plazos entre el inicio del crecimiento y la creación de empleo será reformar el mercado laboral buscando un mayor equilibrio entre contratos fijos y eventuales.

Es decir, perdió la oportunidad de liderar la defensa de las reformas necesarias, y el acuerdo político y social para aplicarlas. Dio la impresión de no querer ser portavoz de una visión más realista pero desagradable, y prefirió buscar una identificación sentimental con los que sufren los efectos de la crisis.


El País - Editorial

Artísticas defensas del totalitarismo

Estos "artistas" nos vuelven a ofrecer buenas muestras de esa "hemiplejia moral" de la que hablara Ortega, o de esa triple "dispensa moral, práctica e intelectual" que, según Revel, ofrecía la ideología hasta para regímenes tan abyectos como el castrista.

Un puñado de artistas, muchos de ellos bastante desconocidos por otro "arte" que no sea el de vivir a costa de los impuestos de sus conciudadanos, acaba de hacer pública una carta en defensa del actor Willy Toledo tras la polémica desatada por las nauseabundas declaraciones de este último, en las que, entre otras "lindezas", denigraba al disidente cubano, muerto en prisión tras una larga huelga de hambre, Orlando Zapata, tratándolo de "delincuente común".

Con la manipulación propia de quienes empiezan por silenciar las diatribas de Toledo en favor del régimen comunista, los firmantes de la carta denigran como "agresiva y desproporcionada" la encomiable y digna reacción que se ha producido en algunos medios de comunicación que, según ellos, se ha dirigido contra "el derecho ciudadano (de Toledo) a participar públicamente del debate político". Lo cierto, sin embargo, es que la única y encomiable reacción que se ha producido ha sido la del ejercicio de ese mismo derecho, que también nos asiste a todos nosotros, y que hemos ejercido para denunciar que Toledo haya ejercido el suyo en favor de la dictadura más sanguinaria y longeva de America Latina.


Los mismos que, en defensa de Toledo, nos llaman hipócritamente a "recuperar un lenguaje despojado de violencia, que se sustente en los hechos y no en los juicios personales", son los mismos que silencian en su carta hechos tan objetivos y constatables como que Toledo denigró a Zapata como "delincuente común", o que denigró a los heroicos disidentes cubanos tachándolos de "terroristas", o que enalteció a la dictadura comunista (para él, "un modelo a seguir en muchos aspectos") al equipararla con democracias como la española que si bien son ciertamente imperfectas, todo lo humano lo es.

Ni que decir tiene que los firmantes de la carta no salen en defensa del derecho de expresión de los policías españoles y de los funcionarios que trabajan en centros para inmigrantes, y a los que Toledo tan grave como injustamente también insultó al acusarlos de llevar a cabo violaciones de derechos humanos como las que se producen en Cuba.

Afortunadamente, sin embargo, desde los sindicatos policiales se ha ejercido ese derecho ciudadano en contra de las declaraciones de Toledo, a quien, con todo, han invitado a visitar las cárceles españolas y los centros de internamiento de inmigrantes para que conozca de primera mano las condiciones en las que viven los internos y cómo a ellos pueden acceder miembros de la Cruz Roja, personal de otras ONGs, jueces o representantes diplomáticos.

Además de los millones de cubanos que todavía padecen la dictadura castrista, quienes van a tener más difícil ejercer ese derecho ciudadano para criticar las declaraciones de Toledo, tan airada y duramente como se merecen, van a ser los familiares de los "soldados españoles destacados en Afganistán", de los que textualmente el artista dijo que "están allí asesinando a afganos civiles" y perpetrando "una ocupación ilegal de un país soberano".

Esa "hemiplejia moral", de la que hablara Ortega, o esa "triple dispensa moral, práctica e intelectual" que, según Revel, ofrecía la ideología hasta para regímenes tan abyectos como el castrista, también la hemos visto en el caso del exitoso cantante y publicista de alguna que otra multinacional, Miguel Bosé.

A Bosé no se le ha ocurrido mejor cosa en defensa de su "colega" Toledo que equiparar las sistemáticas violaciones del régimen cubano, responsable de miles de muertes y generador de uno de los exilios más numerosos de la historia, con la criticable decisión de la dirección del Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat –dependiente del Gobierno del PP– de retirar una serie de fotos en las que aparecía el presidente Camps con algunos de los imputados del caso Gürtel.

Ni que decir tiene que esa absurda decisión de la dirección del Museo no se justifica en modo alguno por el hecho de la inocencia hasta ahora judicialmente reconocida de Camps en este asunto del Gürtel, ni tampoco por el hecho de que otras de las fotografías "políticas" retiradas –de las que Bosé naturalmente no ha dicho nada– hayan sido las del ex presidente Aznar recibiendo el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad del CEU u otra de Camps junto al nuevo arzobispo de Valencia. Sin embargo, equipar esa servil decisión –propia, por cierto, de la cultura subvencionada– con las vidas y los derechos humanos que de forma sistemática ha cercenado y sigue cercenado el régimen castrista es el colmo de la más cruel y frívola impostura.

Finalmente, y hablando de las dispensas de los artistas progres hacia los regimenes más abyectos, no podemos dejarnos en el tintero la que le ha brindado al régimen chavista el actor estadounidense Sean Penn. Este ha considerado que "deberían ir a prisión" cuantos califiquen de "dictador" a Hugo Chavez.

Aunque consideremos a Penn bastante mejor actor, y desde luego mucho menos subvencionado que los firmantes de la carta en defensa de Toledo, también nos ofrece una elocuente muestra de para qué repugnantes dispensas ejercen estos artistas progres "el derecho ciudadano a participar públicamente del debate político": precisamente, para defender a aquellos que lo primero que hacen tras alcanzar el poder es cercenar, entre otros, ese mismo derecho.


Libertad Digital - Editorial

La España menguante

ESCRIBE AQUÍ EL ENCABEZAMIENTO

HA transcurrido la mitad de esta segunda legislatura de Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno y el balance de la situación, sin catastrofismo alguno, pone a España ante un futuro de decadencia en los principales capítulos que definen a una sociedad moderna. La crisis española no es sólo económica, y aun siendo ésta muy grave, hay otras mucho más estructurales y dañinas. Ahora bien, nada está sucediendo por azar: junto con los factores cíclicos que afectan a toda nación, España sufre las consecuencias de unas concretas decisiones políticas tomadas por el PSOE, antes incluso de recuperar el poder en 2004, para alimentar una estrategia de revisión histórica revanchista. Tras la ominosa derrota de 2000, el PSOE se conjuró para evitar nuevas victorias de la derecha y no dudó, desde el pacto del Tinell, en 2003, en desvincularse de los valores de la Transición, que consideraba un pacto claudicante ante la derecha, y en instaurar un discurso que trataba al Partido Popular como un enemigo y no como un adversario. La división de la sociedad española en posiciones irreductibles era el escenario deseado por el socialismo para recabar la adhesión de la extrema izquierda y de los nacionalismos radicales. Éste ha sido el fundamento de las victorias electorales del PSOE en 2004 y 2008.

Nada ha quedado a salvo de este movimiento destructivo de los lazos de convivencia. Si el citado pacto del Tinell sentó las bases de una dinámica frentista, su primera formulación legal, el Estatuto de Cataluña, solemnizó la ruptura del Estado unitario y autonómico pactado en la Constitución de 1978. Y esa misma mano disolvente se aplicó a los fundamentos del sistema y la nación. No hay precedentes de una inestabilidad como la que aflige al Tribunal Constitucional, o de un malestar como el que refleja un Poder Judicial politizado y acosado. El sistema educativo se ha deslizado por el camino de la mediocridad, cercenando las expectativas de progreso de cientos de miles de jóvenes, privados de cualificación para el futuro. La proyección exterior de España consiste en el vagabundeo de una diplomacia errática, oscilante entre el abrazo a dictadores -pagado con desprecios- y el abandono de nuestros aliados y vecinos. La presidencia española en Europa se califica por sí sola. Tampoco se ha privado el Gobierno de practicar un intervencionismo moral agresivo contra la sociedad, con leyes como el matrimonio homosexual o el aborto libre. Y, por supuesto, se ha aplicado con ahínco a la tarea de remover la dolorosa historia reciente de esta España menguante.

ABC - Editorial

martes, 9 de marzo de 2010

Los arrestos de Garzón. Por Tomás Cuesta

RODRÍGUEZ Zapatero, con un fervor impropio de su perfil pastueño, ha pregonado a voz en cuello la valentía de Garzón, su arrojo y su entereza, su denuedo y su temple. Es decir, ha hecho una loa a sus arrestos, que es lo que cumple a un juez y, además, viene a huevo. En cualquier caso, es obvio que al señor presidente lo que le desazona es que la veda del faisán, que es animal de pluma, se abra antes de tiempo y con ella las fauces de un jaquetón de pelo en pecho. O sea, que el solemne ditirambo es, punto por punto, lo mismo que parece. Una advertencia explícita a quienes, bien por ingenuidad o bien por decencia, se obstinan en aplicar la ley sin excepciones, sin reservas, sin tentarse la ropa y sin que les de vergüenza.

A esos que denuncian que hay un Estado de Excepción que se solapa con el Estado de Derecho. Que el único poder es el poder ejecutor y la justicia es la liturgia del ajusticiamiento. Mientras, hemos dejado atrás el espejismo y buscamos a tientas nuestro rostro en el abismo de azogue que condensa el espejo. Alicia se ha fugado con Tim Burton y allí donde no va la sociedad del espectáculo apaga y echa el cierre. La Reina Roja continúa en sus trece: («¡Primero, la condena, que el veredicto aguarde!») amplificando el eco obsceno de Zapatero y de Garzón, de Caamaño y de Blanco, de Diego y de Bardem, de Bono y de Toledo, el mazapán y el pleonasmo. Güili Toledo, casi nada (la nadería habitual, un bigarillo, palmo arriba, palmo abajo).

Sometidos a la pena de telediario (la cadena perpetua en diversos formatos), los reos de Garzón se antojan más culpables que don Pedro Jiménez, cuarenta y dos años «o´clock», veintiséis en el trullo, cuarenta días suelto en la jungla de asfalto, siete violaciones, dos asesinatos. Un asunto vulgar, deslucido, macabro. A Correa, por contra, le corrieron en crudo y se lo merendaron a la plancha. Apenas vuelta y vuelta: de profesión, culpable.

No obstante, el imperio de la ley no discrimina a los acusadores de los acusados. Permite que los facinerosos se defiendan y dictamina a qué se juega, de qué manera y en qué campo. Vale lo que es válido y no lo que discurra un valentón ensimismado. Correa es un «corruto», un tentador de currutacos, posiblemente un miserable y quizá -¿por qué no?- un dechado de coraje. Tal que Garzón, mal comparado. La osadía de un juez (Voltaire, al habla) no avala su excelencia ni sus capacidades. Echándole garzones no se instruyen los pleitos, se pierden los papeles y extravían los plazos.

Que un magistrado se considere victimado no es una maldición lírica sino un ripio capón y atrabiliario. ¿Así qué rimas vienen? Quevedo recoge el guante. Transcribir el soneto es un lujo excesivo si las entendederas son cortas y tarascas. Que los tercetos, pues, transmitan el recado:

«No sabes escuchar versos baratos,
y sólo quien te da te quita dudas;
no te gobiernan textos, sino tratos.
Pues que de intento y de interés no mudas,
o lávate las manos con Pilatos,
o, con la bolsa ahórcate con Judas».

ABC - Opinión