miércoles, 2 de diciembre de 2009

Zapatero pierde el apoyo incondicional de los músicos y cineastas de izquierda

Cientos de artistas se manifestaron ayer en Madrid para reclamar al Gobierno medidas que favorezcan a la industria musical. Una concentración de rostros conocidos muy diferente a la que tuvo lugar en vísperas de las elecciones generales de 2008. Entonces se reunieron para apoyar a José Luis Rodríguez Zapatero con el dedo índice arqueado sobre la ceja. En esta ocasión, el manifiesto que portaban los artistas concentrados ante el Ministerio de Industria no era de respaldo al Ejecutivo, sino la exigencia de acabar con la piratería.

La relación entre Zapatero y los artistas de izquierda está atravesando su primera gran crisis por la disonancia entre las promesas electorales del PSOE y la práctica política del Gobierno. Los creadores, que ya consiguieron la implantación del polémico canon digital a finales de la pasada legislatura, combaten ahora por mantener las subvenciones al cine español y por preservar el comercio musical del intercambio de archivos a través de internet (P2P), que tachan de piratería.

El Gobierno está tratando de complacer a todos los grupos implicados (internautas, operadoras, artistas, productoras, cadenas de televisión), aunque con poco éxito. Para contener las protestas de la industria musical, el Ejecutivo introdujo en la Ley de Economía Sostenible (LES) la posibilidad de cortar el servicio de internet a quien viole la propiedad intelectual. Una medida que ha alarmado a los internautas y que ha causado estupor entre las operadoras de telecomunicaciones agrupadas en Redtel.

Esta patronal no se ha pronunciado oficialmente sobre el proyecto legislativo, pero según ha conocido este diario, las operadoras se oponen a la medida y critican que el Gobierno la haya introducido de forma unilateral y sin previo aviso, al margen de la comisión encargada de deliberar sobre esta materia. Redtel, la Coalición de Creadores y nada menos que 10 ministerios deben publicar sus recomendaciones para luchar contra la llamada piratería antes del próximo 10 de diciembre.

Difícil acuerdo con el Gobierno

Según Antonio Guisasola, presidente de la asociación de Productores de Música de España (Promusicae), la comisión dará a conocer un plan que complemente las restricciones contenidas en la LES. Aunque, de momento, Promusicae ve difícil un acuerdo con el Gobierno, ya que el ministerio de Miguel Sebastián ha centrado la lucha contra el P2P en el cierre de webs que proporcionan enlaces a películas o canciones. Para Guisasola esto no es suficiente, por lo que reclamó un plan de “reeducación” o “sensibilización” para “dejar claro que descargar archivos es ilegal”, así como un sistema de avisos previo al corte del servicio para advertir a aquellos usuarios que descarguen contenidos.

Estas medidas, que los artistas creen insuficientes y que disgustan a los operadores, también cuentan con el rechazo general de la opinión pública, que ya manifestó su oposición al canon digital. El abogado especializado en nuevas tecnologías Carlos Sánchez Almeida aseguró que el Gobierno ha abierto la puerta al cierre administrativo de páginas web sin intervención judicial. Por ello, advirtió que el contenido de la LES puede cambiar sustancialmente al pasar por el Consejo General del Poder Judicial, el Consejo de Estado y el Parlamento.

Además, Sánchez Almeida sostuvo que perseguir a las webs que ofrecen enlaces podría haber sido útil hace varios años, pero no ahora que muchas de estas páginas están cerrando por iniciativa propia, sustituidas por otros sistemas. “La tecnología hace imposible controlar cómo compartimos los contenidos”, concluyó.

El cine reclama subvenciones

El cine, que constituyó otro sensible apoyo para el PSOE, también ha tenido que conceder algo en aras a la realpolitik de Zapatero. La Ley General Audiovisual, aunque no toca el 5% de sus ingresos que las televisiones privadas deben destinar a producción audiovisual europea, sí lo desglosa en beneficio de las cadenas y en detrimento de la industria cinematográfica, mejor tratada en la anterior normativa. A partir de ahora, un 2% se podrá dedicar a “películas y series para televisión, así como documentales y productos de animación”, como era el deseo de las televisiones, agrupadas en Uteca. El 3% restante sí deberá ir exclusivamente a financiar películas cinematográficas, con el 50% para obras de productores independientes.

¿Suficiente? No deben verlo muy claro las huestes del cine cuando el presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, aseguraba ante el Rey la semana pasada que “con la nueva Ley Audiovisual las televisiones podrán reducir sus inversiones en el cine español y eso sería mortal”. Y eso que el Ejecutivo, en su afán por contentar a dos lobbies que le son afines –el de las televisiones y el del cine- había buscado una forma de contentar a los cineastas. Eso sí, a costa de TVE. La televisión pública ve cómo se eleva hasta el 6% el porcentaje de sus ingresos que debe destinar a financiar películas cinematográficas. Todo mientras el nuevo presidente de la Corporación, Alberto Oliart, insiste en cada intervención en que necesita más dinero.

Todo un conjunto de desavenencias entre el Gobierno y los artistas de izquierda que cristalizó en la firma de otro documento crítico el pasado 30 de octubre. 297 nombres como Ana Belén, Víctor Manuel, Pilar Bardem, Joan Manuel Serrat, Juan Diego Botto, Luis Eduardo Aute o Joaquín Sabina reclamaron a Zapatero una política más progresista. Ayer, más de 2.500 personas, según Promusicae, habían suscrito ya el manifiesto contra la piratería. Entre las firmas figura lo más granado del pop español (El Canto del Loco, La Oreja de Van Gogh, Pereza, Miguel Bosé, Alejandro Sanz…), los citados Aute y Ana Belén, y clásicos como Miguel Ríos, quien reconoce que no volvería a votar a Zapatero. Y es que, como señaló el presidente de Promusicae, “el apoyo de los artistas no es incondicional, y el Gobierno se lo tiene que ganar con hechos”.


El confidencial

Alto, que somos los buenos. Por José Antonio Martínez-Abarca

Qué susto para los españoles enterarse de que estamos considerados por Al Qaeda casi como cuando estaba Aznar: pero si nos habíamos rendido ya lo suficiente.

Qué sorpresa ha debido de ser para los españoles saber, por su Ministerio de Interior, que siguen siendo objetivo preferente de Al Qaeda, cuando pensaba que a esos pastores de cabras alternativos los tenía comprados. Que los tenía en el bote. No para otra cosa sirvieron aquellas elecciones tras el 11-M: para dejar clara la inflexible voluntad soberana de los españoles de darles a los de Al Qaeda todo lo que pidieran. Incluyendo el hacer como que la autoría de los atentados de Atocha había sido cosa de ellos.

Qué susto para los españoles enterarse de que estamos considerados por Al Qaeda casi como cuando estaba Aznar: pero si nos habíamos rendido ya lo suficiente. No sólo eso. España reanudó la privilegiada relación con las teocracias árabes, heredera directa (como que es la misma cosa) de la "tradicional amistad". Pero no se quedó ahí. La "alianza de civilizaciones" incluía a la civilización del irredentismo, la que se esconde en cuevas y baja de vez en cuando a anunciarnos el Apocalipsis a través de un vídeo.

Era poco. Aquella España salida de las elecciones del 14-M se sentía inclinada a ser mucho más generosa. Por supuesto, entregar Ceuta y Melilla al primero que se subiera al mástil del ayuntamiento y cambiara la bandera. Pero también Al Andalus, discutida y discutible. El Gobierno surgido del inquebrantable sentimiento nacional de regalar cualquier cosa, aún la propia existencia del Estado, a cambio de tranquilidad dejó claro a los mercachifles del terror mundial, sean éstos ex pescadores somalíes o chivos de las montañas de Bora-Bora, que cualquier cosa de España se puede adquirir
en el mercado, y además a un coste ridículo.

"Pero si ya habíamos comprendido las razones de los terroristas", dirá aquella España que le dio la mayoría a Rodríguez Zapatero. "Si ya, para reajustar el equilibrio interior de nuestra superioridad moral progre, habíamos encontrado, cerrando los ojos ante la inesquivable presencia de Alá, un motivo laico, plausible, una dialéctica ricos/pobres, una insaciable sed de justicia mundial por la cual esa gente hace lo que hace y promulgamos a los cuatro vientos que estábamos más que dispuestos a dejar de existir sin dejar huella por complacerles, sólo a cambio de que nos permitieran pacer en el dulce desfibramiento en los cuatro ratos que nos quedan por vivir como país".

No se conforman. Siguen creyendo que esta España es la de Aznar. Qué desasosiego han provocado en un buenismo que ahora empieza a pensar que aún no ha sido lo suficientemente bueno, lo bastante deshuesado y anélido. ¡Secuestros de cooperantes del país que más dispuesto a cooperar está del orbe a cargo de un grupo de soñadores con causa, "con motivo"! ¡Qué disgusto!


Libertad Digital - Opinión

El secuestro de la Razón. Por José García Domínguez

Habita un equívoco pueril tras la alegre irresponsabilidad. El prejuicio que presume a todo terror político como nacido de la pobreza y la desigualdad. Piadoso yerro que lleva a creerse libres de amenaza a quienes se perciben en el bando del Bien.

Antes, cuando Franco y todo aquello, los chicos con inquietudes de las familias bien se hacían del Partido Comunista para expiar su mala conciencia por los golpes que no les había dado la vida, que diría Gil de Biedma. Y ahora montan oenegés con tal de arreglar el mundo durante unas vacaciones de quince días en temporada baja, o sea, lo mismo, pero con la ventaja de ahorrarse el seminario ladrillo sobre la undécima tesis de Feuerbach.

En fin, todo sea por enmendarle la plana a la Iglesia que, sabia por vieja, había taponado esas grietas del alma burguesa con las huchas del Domund y la entrega encomiable, ésa sí, de los misioneros. Y pensar en lo mucho que podrían hacer por la Humanidad tantos coroneles Tapioca de campo y playa, Indianas Jones de fin de semana, quedándose en casa y dejando a quienes en verdad conocen el percal la tarea de auxiliar al Tercer Mundo. Pero no. Por cada émulo doméstico de Vicente Ferrer nos ha tocado capear con la negligencia peliculera de cien Lawrence de Arabia.

Habita, por lo demás, un equívoco pueril tras la alegre irresponsabilidad que demasiadas veces los empuja a correr riesgos temerarios, inadmisibles desde cualquier punto de vista que se quiera adulto. A saber, el prejuicio que presume a todo terror político insurgente como nacido de la pobreza y la desigualdad. Piadoso yerro antropológico que lleva a creerse libres de amenaza a quienes se perciben en el bando del Bien y la Justicia, al modo de tantos turistas del ideal. Como si Al Qaeda, sin ir más lejos, no odiase a los occidentales por el simple hecho de serlo, sin mayores distingos, reos todos del supremo pecado de impiedad por no postrarse, sumisos, ante las salvíficas enseñanzas del Profeta.

Sólo desde las brumas de ese adanismo tan primario, tan elemental, tan ciego, cabe entender ciertas imprudencias rayanas en la pura y simple necedad. De ahí que ya fuese siendo hora de fijar límites a las obligaciones del Estado ante las arriscadas audacias de eternos adolescentes particulares. "Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde", sentenció en memorables versos el mismo Gil de Biedma. ¿Cuánto nos habrá de costar que no se entienda verdad tan simple?


Libertad Digital - Opinión

Los moriscos del Magreb nos la juegan. Por (Antonio Casado

Una moción del Parlamento español insta al Gobierno a reforzar los vínculos con el Magreb, donde habitan los descendientes de los moriscos expulsados de España en 1609. En mal momento nos inventamos esta percha donde colgar el espíritu de la Alianza de Civilizaciones, que a su vez fue una percha donde colgar una política de entendimiento con el mundo islámico. Oiga, para coincidir con las vísperas de nuestra presidencia semestral europea, no está nada mal este jarro de agua fría que, según parece, nos acaban de echar los moriscos del Norte de África cuatrocientos años después.

La ironía es un balón centrado al pie de quienes teorizan sobre el “buenismo” de Zapatero. Para que marquen a puerta vacía. No faltarán quienes relacionen en serio lo uno y lo otro. Tampoco estaremos a salvo de los necios que vinculen el secuestro de los cooperantes en Mauritania a la debilidad del Gobierno frente a las exigencias de los piratas del Alakarana. Aún así, la seguridad de los tres cooperantes catalanes, Roque Pascual, Albert Villalta y Alicia Gámez, vuelve a estar por encima de cualquier otra consideración. Y muy por encima, por supuesto de cualquier consideración de naturaleza política, como la supuesta flojera del Gobierno al tratar con facinerosos que quisieran aprovechar sus adversarios -los del Gobierno, se entiende- en la lucha por el poder.

Ahí encajan las declaraciones del presidente del PP, Mariano Rajoy, cuando ayer vinculó su deseo de que Alicia, Roque y Albert “vuelvan pronto a casa” con la inequívoca manifestación de apoyo a las gestiones del Gobierno orientadas a ese objetivo. Y ahí rechinan las del portavoz del partido de Rajoy, Esteban González Pons, que más o menos al mismo tiempo acusaba al Gobierno de incurrir en contradicciones públicas y en volver a cometer las mismas faltas de coordinación que durante el secuestro de los marineros del Alakrana.

En este caso la falta de coordinación es notoria en la dirección del PP, de donde también ha salido la orden de retirar las preguntas que el diputado Fernández de Mesa iba a formular hoy mismo, en la sesión de control parlamentario al Gobierno, sobre las gestiones oficiales que condujeron a la reciente liberación de los 36 marineros secuestrados en Somalia. No parece el día indicado para seguir intentando la realización de beneficios partidistas por cuenta del ya famoso atunero de Bermeo.

Esperar con paciencia

Al margen de esos apuntes para el consumo interno de nuestro debate político y mediático, cada vez más barato, se vuelve a imponer la necesidad de quedarse a las puertas del quirófano y esperar con paciencia. Hemos de vencer la tentación de irrumpir en el quirófano a echarle broncas al cirujano, o a decirle lo que tiene que hacer. Además, nos faltan datos para hacer una aproximación razonable al suceso que se produjo el domingo pasado mientras media España, y también los secuestrados, estaba pendiente del clásico Barça-Real Madrid.

Aunque todos los indicios apuntan hacia el terrorismo islámico de estirpe magrebí, por los antecedentes y por la información facilitada por el Gobierno mauritano, a estas horas no tenemos certezas sobre la identidad de los secuestradores y lo que quieren de nosotros. Sin embargo, algunas cadenas de televisión españolas ya han ofrecido algunos publirreportajes sobre estas franquicias de Al Qaeda en el norte de África. Y algunos medios nacionales ya se han dejado llevar por la prisa al anunciar la localización de los secuestrados, con el posterior desmentido por parte de las autoridades mauritanas y españolas ¿Ya empezamos?


El confidencial

Montilla. Por Andrés Aberasturi

Cuando se llega a presidente del Gobierno catalán con el apoyo y la colaboración necesaria de un partido como Esquerra Republicana, resulta complicado referirse sin una cierta falta de pudor a presuntas ofensas a la dignidad de Cataluña. No voy a citar ni una sola de las gratuitas ofensas con las que los capitostes de ERC han sembrado el camino del entendimiento. No voy a hablar de Extremadura o de la aspiración de Madrid a los JJOO. Y no lo voy a hacer porque mi dignidad está muy por encima de estos manipuladores de la sensibilidad social. Pero que le quede claro a Montilla que si alguien ha ofendido aquí, ha sido el estrafalario Carod y su extraña comitiva. Y ya que hablamos de ofensas, conviene recordar al señor Montilla que el Ayuntamiento de Barcelona ha olvidado incluir el español en su políglota felicitación de Navidad. Un lapsus sin duda.

Pero estos conceptos éticos, siempre polémicos, sobre la dignidad, no pueden servir para escamotear la verdad ni para falsear la realidad rotunda de los hechos. Y es que el discurso del presidente Montilla en Madrid tuvo de todo un poco: siguiendo el ejemplo de Cicerón, quiso dejar tan claro que sus palabras no eran una presión añadida al Tribunal Constitucional que, efectivamente, los allí presentes salieron convencidos del todo lo contrario.

Y dijo más Montilla; se preguntó, por ejemplo: "¿Nos están diciendo que los catalanes no cabemos en la Constitución, donde sí caben el resto de los españoles?". Pues no, señor presidente; lo que dudan el Defensor del Pueblo, el PP y los gobiernos de Aragón y Baleares es si caben algunos o todos los artículos del Estatut en esa Constitución en la que caben -porque están- todos los catalanes. Una cosa es el Estatut y otra los catalanes; una cosa son unos artículos de una ley o la ley misma y otra muy distinta las personas

En otro momento Montilla hizo una afirmación complicada: "el Estatut es constitucional; es ley y la ley se debe aplicar". Y no. El Estatut es una Ley recurrida al Constitucional y por tanto sujeta a posibles cambios. El problema es que esa Ley se ha puesto en marcha, se está aplicando y desarrollando al margen de la resolución del alto Tribunal, lo cual no deja de ser una temeridad y puede complicar todo hasta extremos insospechados si el fallo invalida algunos aspectos.

Y terminamos ya con una de esas frases que gustan tanto a los políticos: "No escuchar lo que dice Cataluña es grave; no entender lo que dice, peor". Yo creo que debe ser al contrario: lo peor es no escuchar; al fin y al cabo, en muchas ocasiones, no logramos entender lo que se nos dice pese a prestar toda la atención del mundo. El problema tal vez sea referirse siempre a Cataluña como un todo, un todo que, además, esta absolutamente preocupado con lo que preocupa a su clase política. Con estas continuas alusiones a Cataluña, me viene a la memoria la respuesta que alguien (no recuerdo quién) dio a una pregunta absurda: -¿Y cómo son los franceses? -Pues no lo sé, no les conozco a todos.


Periodista Digital - Opinión

La ceja presenta su factura al cobro. Por Pablo Molina

Las dos únicas posibilidades son o adaptarse a las nuevas circunstancias y explotar sus posibilidades, como hacen los músicos de otros países, o exigir al Gobierno que coarte la libertad de los ciudadanos que comparten afición a través de la red.

Por alguna razón misteriosa, muchos creen que la industria cultural debe estar mucho más protegida por el paraguas político de lo que lo están otros sectores productivos. Los artistas de la canción, que llevaban ya un tiempecito sin echarse un manifiesto al bolígrafo, acaban de firmar un documento en el que afirman que sus productos suponen una seña de identidad nacional que hay que preservar de internet, ese nido de libertarios que ni siquiera el gran Janli Cebrián ha podido amojonar.

Dicen que la industria musical está en crisis, gran novedad en los tiempos que corren, y en lugar de echar la culpa a la política económica de Zapatero, al que llevaron al poder a golpe de ceja, se la endosan a los adolescentes frikis que combaten los ataques de acné bajándose de las redes P2P el último éxito del momento.

En los últimos tiempos han descendido los ingresos de las discográficas, como lo han hecho en el sector del automóvil, de la panadería o de la fabricación de esparteñas, pero lo que no dicen los artistas es que, en cambio, han aumentado los beneficios directos de los grupos musicales gracias a la proliferación de actuaciones, debido en gran parte a la popularidad que obtienen sin ninguna inversión a través de internet.

Los tiempos han cambiado y las líneas de negocio que hace una década eran rentables ahora son deficitarias por la propia evolución de la tecnología y, por tanto, del mercado. Las dos únicas posibilidades para triunfar son adaptarse a las nuevas circunstancias y explotar sus posibilidades, como hacen los músicos de otros países, o exigir al Gobierno que coarte la libertad de los ciudadanos que, sin cometer ningún delito, comparten afición a través de la red.
Los cantantes, músicos y empresarios de la copla españoles han optado por lo segundo, que es más cómodo y bastante rápido. En última instancia, el coste de imponer una coacción institucional en internet lo asumiría el Gobierno y ellos serían los beneficiarios limpios de culpa. Sin embargo, la pasión por la libertad de los usuarios de internet les puede pasar una gravosa factura, y si no sólo tienen que preguntarse a sí mismos a qué festival puede acudir hoy en día su colega Ramoncín, pionero en el intento liberticida que ahora pretenden llevar a cabo todos estos "abajofirmantes". Es lo malo de la red: nada pasa desapercibido. Y mucho menos los nombres de los enemigos de la libertad.


Libertad Digital - Opinión

martes, 1 de diciembre de 2009

La "Catalunya" discutida y discutible. Por José García Domínguez

Diga lo que diga y haga lo que haga Montilla, lo primero que al auditorio le viene a la mente es el fotograma de un japonés soltándose por bulerías; la imposibilidad metafísica de trasplantar ese algo indefinible que los flamencos llaman el duende.

Con el visceral catalanismo de José Montilla a uno le ocurre lo mismo que cuando contempla esos cuadros flamencos japoneses que, de vez en cuando, aparecen en la televisión. Por regla general, la puesta en escena suele ser inobjetable, canónica, perfecta; al igual que la pericia técnica de guitarristas, bailaoras y palmeros, asimismo admirable por su fidelísima, mimética reproducción del original genuino. Y sin embargo, pese a la entrega con que los artistas se dan al empeño, algo hay en la extravagancia del conjunto, en la inevitable comicidad de estampa tan impostada, que provoca la sonrisa del espectador

Así Montilla. Como el rayo que no cesa, don José, inasequible al desaliento, recita una y otra vez las filípicas más incendiarias del irredentismo soberanista. Declina el hombre con esa prosodia cansina tan suya todos los lugares comunes, los tópicos más sobados, las añejas, mil veces manidas cantinelas del nacionalismo arrauxat. Armado de férrea perseverancia, insinúa funestas desafecciones civiles; augura divorcios sísmicos; invoca, circunspecto, a los espíritus de la más negra discordia patria... pero al observador, sin saber por qué ni tampoco poder evitarlo, se le escapa la risa. Y es que, al modo del payaso triste, que llora por dentro mientras el público, ajeno al intimo desgarro, se desternilla con sus grotescas muecas, la gran tragedia del Muy Honorable reside en que no logra provocar miedo, por mucho afán que empeñe en la labor.

Tanto da que enarbole furioso la lanza indígena de Carod, que se embriague con los místicos aromas de Montserrat de Pujol, que emule el posado insurreccional de Macià o que amague con desfilar tras el espectro de Companys camino del balcón del Palacio de la Generalidad... Diga lo que diga y haga lo que haga, lo primero que al auditorio le viene a la mente es el fotograma de un japonés soltándose por bulerías; la imposibilidad metafísica de trasplantar ese algo indefinible que los flamencos llaman el duende. De ahí, cruel, la sonrisa. Resulta inevitable, por mucho que se desvivan Montilla y su patibulario apéndice, Pepe Zaragoza, en el muy estudiado simulacro rupturista del PSC siempre ha de rechinar lo principal, esto es, el duende. Porque España será una nación discutida y discutible, pero anda que su Catalunya...


Libertad Digital - Opinión

Minaretes frente a casa. Por Hermann Tertsch

Pocas ciudades me emocionan tanto como Damasco y su mezquita omeya. Me es difícil en Estambul reprimir el nudo en la garganta cuando cruzo la plaza desde la Hagia Sofia, catedral y mezquita, hacia la gran Mezquita Azul. Nunca olvidaré a mis viejos sabios musulmanes en la espléndida mezquita de Edirne, que recibían con toda su maravillosa generosidad a los pamukos expulsados por la limpieza étnica del régimen comunista búlgaro de Todor Yivkov de la región de los Rodopos búlgaros en los que vivieron durante siglos. Pocos sitios me tienen aún hoy tan profundamente conmovido como el Travnik de Bihac en Bosnia y Pec en Kósovo con mi limpiabotas Ramadan Laros, que había estado dos veces en la Meca. Minaretes por doquier. Y belleza sin igual. Nunca he despreciado tanto a combatientes en guerra como cuando han dinamitado esas torres del recuerdo de la fe y volado mezquitas, o quemado iglesias llenas de gente, católicas u ortodoxas, y reprimido el mayor privilegio humano, que es querer, buscar y adorar a un Dios bueno y justo. Simplemente por ser otro. La maldita otridad.

Y sin embargo, señores, estoy perfectamente de acuerdo con la decisión tomada por el pueblo suizo en referéndum, que prohíbe la construcción de minaretes en las mezquitas en su país. Supongo que a muchos les parece abominable. Ya sé que ahora saldrán nuestros Aliados de Civilizaciones diciendo que los suizos -y por supuesto yo- somos unos fachas o Torquemadas siniestros. O judionazis, que es otro insulto de moda, por grotesco que resulte y que yo ya he disfrutado en esta España que tanto cultiva el odio y la revancha.

No sé si saben que bajo el Imperio Otomano la poca tolerancia que había hacia los cristianos imponía que las iglesias y capillas se construyeran cavando un foso para que nunca superaran en altura a las mezquitas circundantes. Hoy esa mínima tolerancia otomana no existe en casi ningún país que formó parte de ese último gran califato en Oriente Medio. Los cristianos son perseguidos en decenas de países, forzados a emigrar y asediados continuamente. En los países que financian y exportan a sus clérigos a Occidente, Paquistán o Arabia Saudí, por ejemplo, resulta prácticamente imposible celebrar una misa siquiera en privado. Lo de proponer construir una pequeña iglesia sería una afrenta que pagarían muy caro sus impulsores. Aquí es diferente. En Colonia, en Alemania, los musulmanes pretenden hacer una mezquita mayor que la catedral. Y muy cerca. Nadie piense que es por necesidad de estar más cerca de Dios. Eso se puede hacer en casa o en una mezquita que nadie les impide construir, ni en Suiza ni en ningún país europeo. Se trata del poder.

En muchos colegios de suburbios europeos se empezó dejando que una niña llevara el pañuelo, la hiyab, al colegio y hoy ningún musulmán, por laico que sea, se atreve a que sus hijas vayan sin pañuelo porque las consecuencias son imprevisibles, pero siempre peligrosas. Y en Suiza está claro que después de los minaretes vendría el muecín para darnos cinco veces al día la buena nueva de que Alá es el único Dios y los que creen otras cosas son perros, cerdos e infieles. Y que la presión de los fanáticos islamistas que tenemos en Europa adquiriría aún mayor fuerza sobre cualquier musulmán que quisiera ser un simple ciudadano europeo cumplidor de las leyes nuestras y no de la Sharia.

No tengo ninguna esperanza de que esta Europa débil, dubitativa, relativista e ignorante pida algún día a los países musulmanes desde el mayor, Indonesia a Marruecos o Dubai, un mínimo de reciprocidad en el respeto a la fe de los demás. Ellos, con su fe, se sienten superiores a todas estas sociedades que ya no creen en casi nada. Gobernadas por personajillos que no entienden el profundo sentido común de la decisión suiza. Los suizos quieren seguir siendo dueños de su destino. Por mucho invitado que tengan. Porque no se puede invitar al invitado a ser invasor.


ABC - Opinión

Caso Haidar: el cinismo de la política exterior. Por Antonio Casado

Los principios se rinden a los intereses. Sin perjuicio de que finalmente España logre que Marruecos le devuelva el pasaporte a Aminatou Haidar, y ésta lo acepte, estamos ante un síntoma más del cinismo que preside el funcionamiento de las relaciones internacionales. Incluida la política exterior española. Nuestro país es un actor más de un mapa de intereses. Qué remedio. Si ahora mismo Zapatero y Moratinos decidiesen aparcar los intereses en nombre de los grandes valores teóricamente vigentes en el llamado mundo civilizado, España se convertiría en un verso suelto de la política internacional.

Apuntarse a la causa de Haidar (legalidad, moralidad, derechos humanos) es enfrentarse a Marruecos. Denunciar la dictadura cubana es poner en riesgo las inversiones españolas. Dar un paso atrás en el negocio de la exportación de armas sería renunciar a muchos puestos de trabajo ¿Cómo entender que España impugnase la independencia de Kosovo mientras dejaba sus tropas para la consolidación del Estado kosovar? ¿Cómo seguir mirando hacia otro lado ante la reiterada insumisión de Marruecos respecto a las resoluciones de la ONU sobre el derecho de de autodeterminación en el Sahara?

Por eso digo que una política exterior inspirada en los principios (libertad de pensamiento, derechos humanos, democracia, pluralismo, igualdad, legalidad, etc.) sería descolgarse del concierto internacional. También sirve para España. Empezando por su actitud en el caso de Aminatou Haidar, la activista saharaui en huelga de hambre por un retorno no vergonzante a El Aaiun. España le ofrece un pasaporte español para que pueda moverse en libertad, pero no hace nada que pueda incomodar a Marruecos en el contencioso del Sáhara. Zapatero no molesta a Mohamed VI en el asunto más sensible de su política interior y, a cambio, éste se olvida de Ceuta y Melilla, permite el desembarco de empresas españoles, nos permite pescar en sus aguas territoriales y no nos manda pateras.

En esa actitud se proyectan los condicionamientos de nuestra política de buena vecindad, sintonizada a su vez con la actitud de las potencias occidentales (EEUU y Francia, básicamente), que han decidido seguir esperando hasta que los saharauis se rindan por agotamiento a las tesis marroquíes. Les basta dejar que el dossier siga durmiendo en la capeta de “conflictos de baja intensidad”. Pero lo de España es otra cosa, por su especial vinculación con este territorio “pendiente de descolonización”, según el dictamen de las Naciones Unidas, nunca aceptado por Marruecos.

Son precisamente nuestros lazos históricos con el Sáhara Occidental, que llegó a ser una provincia española, los que nos imponen una mayor implicación en un conflicto que ya dura 34 años. Es el tiempo transcurrido desde que la presión de la famosa “marcha verde” marroquí sobre el territorio provocó el mal menor del resignado abandono del Ejército español.

Episodios como el de esta activista que, como la gran mayoría de saharauis, quieren seguir siendo saharauis y no marroquíes, nos recuerdan la mayor. La mayor no puede negarse: la posición española es pro-marroquí sin que lo parezca en el discurso oficial. Por eso éste suena tibio, equívoco, escurridizo. Pragmático, según diría un diplomático. Es decir, dictado por nuestra política de buena vecindad con Marruecos, que además responde al patrón vigente: llevarse bien con el fuerte y dejar tirado al débil. El débil es el Frente Polisario, la organización que mantiene viva la aspiración independentista del Sáhara Occidental y aporta la cohesión necesaria para que 200.000 saharauis sigan soportando las durísimas condiciones de vida en los campamentos del desierto, donde España ejerce la caridad, menos mal, hoy llamada “cooperación”.


El confidencial

Honduras levanta el vuelo

Con o sin Chávez, con o sin Obama, con o sin Moratinos, Honduras ha levantado el vuelo dejando atrás un catarro infantil que, esperemos, le haya inmunizado de por vida

Las urnas han hablado en Honduras y han dejado un nuevo Gobierno y una lección de democracia que muchos países occidentales quisieran. Las elecciones más esperadas han devuelto a la normalidad a un país sacudido por un lamentable episodio protagonizado por el ex presidente Manuel Zelaya, que trató de modificar la Constitución para afianzarse en el poder y dar comienzo a una revolución socialista inspirada en la de Venezuela. Hoy Honduras vuelve a ser una nación plenamente democrática y ha conjurado definitivamente el fantasma de la dictadura, que se cernía decidido sobre ella.

Pero la victoria del conservador Porfirio Lobo no sólo ha puesto sobre raíles a la democracia hondureña, ha devuelto la honra a Roberto Micheletti, un político vilipendiado hasta la extenuación que ha sabido estar a la altura de la difícil hora por la que pasaba su país y ha entregado pacíficamente el poder al vencedor de los comicios. El asunto se cierra totalmente y los que han quedado en evidencia han sido, por este orden, Hugo Chávez, el Gobierno español y Barack Obama.

Para el venezolano, el fin de la crisis hondureña en la que ha jugado tan chusco papel supone un varapalo que difícilmente podrá olvidar y, sobre todo, el debilitamiento de su avanzadilla centroamericana, circunscrita ya al Gobierno títere de Ortega en Nicaragua. Chávez y su revolución bolivariana han salido escaldados de Honduras. Por esa razón ahora habla de farsa electoral y se niega en redondo a reconocer los resultados. En Honduras la palabrería de Chávez retumba en el vacío. Reina la paz y la jornada electoral fue seguida masivamente. Exactamente lo contrario de lo que promovió Chávez desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa donde se encuentra refugiado Zelaya.

El Gobierno español, encabezado por Moratinos, que apostó por la restitución de Zelaya a toda costa, ha hecho el mayor de los ridículos. Tomó partido apresuradamente y no reconoció el Gobierno constitucional de Micheletti que, lejos de ser el golpista que presumía la propaganda chavista, había sido vicepresidente de Zelaya antes de que éste se echase en los brazos de Chávez. La actitud de Moratinos ha sido mala desde el principio hasta el mismo día de las elecciones, aceptando a regañadientes el resultado y sólo después de consultarlo con Washington.

Barack Obama, por su parte, ha mostrado imperdonables signos de debilidad desde que Zeleya fue depuesto y no ha sabido responder al enésimo desafío de Chávez. Los Estados Unidos no pueden permitirse más experimentos bolivarianos en su patio trasero. Bush lo sabía, Obama parece que, puesto frente a la crudeza del mundo real, no sabe salir más que tarde del eslogan y del buenismo prefabricado con el que está encarando toda su política de Estado.

El hecho es que, con o sin Chávez, con o sin Obama, con o sin Moratinos, Honduras ha levantado el vuelo dejando atrás un catarro infantil que, esperemos, le haya inmunizado de por vida. La democracia y el pluralismo vuelven a planear sobre la república de la, esta vez más que nunca, España debería sentirse orgullosa de llamarla hermana.


Libertad Digital - Editorial

Minaretes. Por Ignacio Camacho

LOS suizos han votado en masa contra los minaretes de las mezquitas porque les han preguntado por los minaretes de las mezquitas; si les hubiesen consultado sobre las mezquitas propiamente dichas cabe colegir un resultado de rechazo similar, porque ese referéndum refleja un estado de opinión pública hostil hacia el crecimiento de la inmigración musulmana. El asunto es trascendente, resbaladizo y complejo: afecta a la libertad de culto y tiene que ver con la xenofobia, pero también con el laicismo y con el hartazgo ante la expansión de una religión y una cultura que muchos europeos consideran incompatibles con sus valores de independencia moral.

Los debates poliédricos carecen de respuestas unívocas. Por más que pueda entenderse ese movimiento reactivo de autodefensa social, es imposible no sentir alarma ante una crecida de intolerancia populista. Los sentimientos primarios como el miedo son fáciles de manipular y provocan terremotos históricos cuando se proyectan sobre minorías raciales, culturales o religiosas. La Europa de las libertades se construyó desde el respeto y el humanismo integrador, y ese universo de refinamiento intelectual y ético no parece compatible con arrebatos de fobia. Tampoco puede obviarse, en sentido contrario, el abuso de permisividad con que el islamismo radical aprovecha la acogida de las sociedades abiertas para socavarlas desde el fanatismo; ni la propagación de inflamadas prédicas yihadistas en muchas mezquitas, ni las dificultades de convivencia que presentan comunidades en cuyo seno se posterga a las mujeres y se ignoran los derechos elementales en nombre de un falso multiculturalismo. El avance de la Eurabia de Oriana Fallaci es una palmaria amenaza para la civilización liberal, pero resulta moralmente dudoso combatirla mediante sacudidas de rabia colectiva, aunque se expresen en el cauce ordenado de las reglas electorales. Sin olvidar que el objetivo de esos ímpetus sociales pueden ser hoy los musulmanes como ayer fueron los judíos... y mucho antes los cristianos.

En todo caso, el debate está ahí, latiendo en el seno de las naciones europeas bajo el manto políticamente correcto de la integración y el mestizaje. No contribuyen a esclarecerlo muchos musulmanes abiertamente refractarios a los valores de sus sociedades de acogida, ni la enemiga quintacolumnista de la que blasonan los dirigentes del integrismo islámico, y menos aún la intransigencia feroz de unos países mahometanos en los que ni siquiera se puede soñar con un referéndum sobre los templos católicos. No hay quid pro quo. Es el debate crucial de la Europa de este siglo y no existen certezas esenciales salvo la necesidad de un orden de convivencia cuyas pautas tampoco están claras. Pero en España no debemos preocuparnos: aquí lo importante es discutir sobre el crucifijo de las escuelas.


ABC - Opinión

lunes, 30 de noviembre de 2009

Rajoy con barretina. Por Emilio Campmany

Si tanto necesitan los del PP caerles bien a los nacionalistas catalanes, ¿por qué no se deciden a darles lo que quieren? Al menos sabrían a qué atenerse quienes les votan en Cataluña y en el resto de España.

¡Qué poco dura la alegría en la casa del liberal-conservador! Pareció, aunque quizá fuera un sueño, que el PP volvía de su convención en Barcelona decidido a hacer oposición. Tan difusa, confusa y profusa es la política del Gobierno que hasta pesos medios como Soraya Sáinz de Santamaría pusieron contra las cuerdas a pesos pesados como De la Vega en el ring del Alakrana. ¡Qué digo pesos medios! Hasta un peso gallo como Floriano acorraló al super-pesado Rubalcaba. Fueron unos días vividos en nebulosa, en los que las imágenes nos llegaron como filtradas, deformadas, envueltas en irreales brumas.

Pero, ay amigo, llegó el editorial de los doce y el sueño se desvaneció. Durante unas horas, algunos líderes del PP salieron en defensa de la Constitución y del Tribunal encargado de velar por que se cumpla. Cuando Rajoy se puso de perfil, según la acertada expresión de El País, y dijo aquello de que no tenía nada que decir, todos los barandas del partido se dieron cuenta de qué había que contestar si algún periodista preguntaba sobre las presiones al Tribunal Constitucional: nada.

Al parecer, el oráculo Arriola tiene el asunto muy estudiado. Para ganar las elecciones generales, hay que mejorar sustancialmente los resultados en Cataluña. Y en Cataluña, es imposible que el PP mejore sus resultados mientras siga atacando al nacionalismo y a su estatuto.

Quizá Arriola tenga razón. Quizá sea cierto que el PP jamás podrá ganar las elecciones generales sin hacerse nacionalista catalán, como ha hecho el PSOE. Quizá sea una verdad como un templo que Cataluña es independentista y, mientras forme parte de España y hasta que sus políticos crean llegado el momento de separarse, la única forma de alcanzar el Gobierno en España sea fingiéndose amigo de ellos. Pero si todo esto es el evangelio de la política española, ¿qué hace Rajoy que no retira el recurso contra el estatuto de Cataluña?

El País, al recoger la opinión de un líder popular anónimo (me pega que Lasalle), dice que en el PP reconocen que hoy sería impensable que iniciaran una campaña de recogida de firmas contra el estatuto como hicieron hace tres años. Y tanto que es impensable. Este PP jamás haría tal cosa. Pero, entonces, repito ¿por qué no retiran el recurso? En este absurdo sistema nuestro, en el que el Tribunal Constitucional no puede actuar de oficio para que se vea bien a las claras que está al servicio de los políticos, bastaría que el PP desistiera para que el estatuto fuera constitucional, por arte de birlibirloque, como la rana se convierte en príncipe gracias al beso de la princesa. Si tanto necesitan caerles bien a los nacionalistas catalanes, ¿por qué no se deciden a darles lo que quieren? Al menos sabrían a qué atenerse quienes les votan en Cataluña y en el resto de España.

Cada vez se nota más en España una mayor ausencia de bemoles. El presidente de Gobierno y la ministra de Defensa no se atreven a ordenar disparar contra los piratas que apresan nuestros barcos. Los nacionalistas catalanes no se atreven a reclamar la independencia, por más que no paran de amenazar con hacerlo. Y los del PP no se atreven a defender la Constitución como se merece ni a terminar de abandonarla a su suerte como han empezado a hacer. Entre incompetentes, indeseables e indecisos acabarán con la nación.


Libertad Digital - Opinión

"Habría que matarlos a todos". Por José García Domínguez

Cierto Ramon Bagó ha depuesto lo que sigue ante un auditorio tan necesitado de asistencia veterinaria como el propio orador: "Tenemos al enemigo dentro de casa. Cómo podemos aguantar a estos del PP, cuando nos han pisoteado... habría que matarlos a todos"

El "creciente hartazgo" del que nos alertaba en ecuménico editorial ese Sánchez Mazas del catalanismo que responde por Enric Juliana, acaba de experimentar su plasmación empírica en la figura de un ilustre representante del sector porcino gerundense. Así, cierto Ramon Bagó ha depuesto lo que sigue ante un auditorio tan necesitado de asistencia veterinaria como el propio orador: "Tenemos al enemigo dentro de casa. Cómo podemos aguantar a estos del PP, cuando nos han pisoteado... habría que matarlos a todos".

Por lo demás, siendo un pobre hombre, no parece un hombre pobre, el tal Bagó. Presidente del principal consorcio turístico y hotelero de Cataluña, el Grupo Serhs; director general de Turismo de la Generalidad con Pujol; presidente del Salón Internacional del Turismo con Montilla; alcalde convergente de Calella con los votos de un par de tontos del Partido Popular; Cruz de San Jordi con Fèlix Millet, las atocinadas carnes del inductor Bagó representan el paradigma ético y estético de la célebre sociedad civil catalana. Huelga decir, en fin, que la respuesta de los populares ante su amenaza directa de asesinato ha resultado tan fulminante como implacable.

Durísimo, Jordi Cornet, secretario general del PPC, acaba de advertir que emitirán un comunicado de protesta si Bagó no enmienda esas palabras en la forma y plazo que él mismo considera oportunos. Más contundente aún si cabe, Alicia Sánchez Camacho se ha apresurado a manifestar, contra toda evidencia por cierto, que "no se pueden hacer estos atentados a la dignidad de un partido democrático". Tajante réplica que ha querido reforzar, sentenciando, drástica: "Parece que las bromas [sic] tienen que ir siempre contra el PP". ¿Querellas? No, gracias. ¿La Fiscalía? Ni está ni se la espera. ¿La prensa? Ni caso, de tan ocupada como anda en amenazar a su vez los jueces.

Así las cosas, repare por un instante el lector en el desgarro, en la ofensa infinita que, sin saberlo, causa a ese pobre desgraciado cada vez que adquiere cualquier producto del Grupo Serhs tomándolo por español. Y piense en cómo un pequeño esfuerzo, un simple testimonio de solidaridad, de reconocimiento a la sensibilidad criminal de ese Bagó, podría aliviar el inmenso daño que le venimos causando entre todos, al comprar sus mercancías. Medítese en ello. Es de justicia.


Libertad Digital - Opinión

El próximo derby. Por José María Carrascal

NO me refiero al Barça-Madrid, sino al Zapatero-Rajoy. En sus andanzas por el mundo para exponer sus recetas como presidente de la CE, Zapatero se ha acordado de que es también presidente de España y ha convocado a Rajoy para desbloquear la renovación del Tribunal Constitucional, y acallar el guirigay armado en torno al Estatuto catalán. Así de sencillo.

¿Cuántas veces ha engañado Zapatero a Rajoy? Tantas como se han entrevistado. En su descargo, Rajoy puede alegar que no es el único en tan embarazosa situación. «Zapatero ha engañado a todo el mundo», dice Pujol con esa mala leche que gasta últimamente. Sin que nadie le contradiga. Zapatero ha engañado a todo el mundo y, especialmente, a Rajoy, del que sólo se acuerda cuando está en un apuro, del que escapa anunciando sonriente después del encuentro que ha llegado a un acuerdo con el líder del principal partido de la oposición, por lo que el problema está solucionado. Para olvidarse del problema y de Rajoy hasta la próxima. Para él, sus promesas como presidente tienen el mismo valor que las electorales: ninguno.


¿Significa esto que Rajoy no debe acudir a la cita? En modo alguno. Eso serviría a Zapatero para culpar al PP del estropicio catalán. Debe ir, por tanto, palpándose la cartera y con una agenda muy corta y muy clara: si Zapatero quiere renovar los cuatro miembros del Tribunal Constitucional pasados de plazo, no tiene más que aceptar los dos propuestos por el PP, a través de la vía correspondiente, el Senado, Francisco Hernando y Enrique López, que obtuvieron más votos en las cámaras autonómicas. Candidatos que el PSOE venía bloqueando. De aceptarlos, el Constitucional podría renovarse en una semana. Si no, tendrá que ser el actual quien decida sobre el Estatut.

Como sabemos con quien nos estamos jugando los cuartos, hay que preguntarse si éste no será el plan B de Zapatero, tras no conseguir que el Estatut pase por el Constitucional con un mero afeite cosmético, como esperaba hasta que uno de los jueces «progresistas» decidiese que lo verdaderamente progresista es no permitir un desafuero por conveniencia política. Y ya que no consigue evitar una poda sustancial del Estatuto, Zapatero puede estar tramando ganar tiempo. Un renovado Tribunal Constitucional podría replantearse el entero caso, lo que supondría retrasar la sentencia hasta después de las elecciones catalanas del próximo año e incluso hasta después de las generales de 2012. Y para entonces, con el Estatut ya a toda máquina, pelillos a la mar. Así que, cuidado, Mariano, que la renovación del Constitucional debe incluir, aparte de los dos candidatos del PP, que el nuevo adopte la entera instrucción del anterior.

Pd. Si nuestro presidente se diera tanta maña en resolver nuestros problemas como en engañar a la gente, España estaría a la cabeza, no a la cola, de Europa.


ABC - Opinión

La insostenible hoja de ruta de Zapatero. Por Antonio Casado

El último Consejo de Ministros dio salida al proyecto de ley de Economía Sostenible, la nueva frontera del reinado de Zapatero. Una hoja de ruta poco sostenible porque nace marcada por la falta de credibilidad. Entre otras cosas, por demorar diez años más unos objetivos ya propuestos en el programa electoral de 2004. Esa es la paradoja de un proyecto que llega con diez años de antelación y cinco de retraso. Muchas de esas medidas ya fueron anunciadas y olvidadas a lo largo del último lustro.

El PP ha sacado a relucir los planes quinquenales del fenecido orden comunista como elemento de comparación histórica. También podía haberse referido a los planes de desarrollo del franquismo, aunque ese parangón hubiera dejado muy fácil la réplica de los socialistas. En cualquier caso, ojo, mejor no tocar ahora el viejo asunto del intervencionismo del Estado y las economías planificadas para desautorizar este proyecto de Zapatero. No precisamente ahora, cuando acabamos de darle la bienvenida, como a mister Marshall, al generoso dinero del Estado -o sea, de todos- para el rescate de una economía de mercado libre que a punto estuvo de mandarnos a vivir debajo de un puente.

Otras razones, y no el hecho de que el Estado quiera apadrinar un determinado patrón de crecimiento, nos ponen en la pista de esta insostenible hoja de ruta de Zapatero. De momento, el proyecto nace bajo el peso de ese doble lastre asociado a sus planes de lucha contra la crisis económica. Por un lado, un voluntarismo el insobornable. Por otro, el camuflaje semántico. Leire Pajín, número tres del PSOE, lo clavaba este fin de semana: “Es una ley pensada para las próximas generaciones, no para las próximas elecciones”.

Catálogo de buenas intenciones de difícil verificación a lo largo del tiempo, con el objetivo declarado de cambiar nuestro modelo económico. Las buenas intenciones frente a la evolución de la economía según sus propias dinámicas: la marcha de la economía internacional, el precio del petróleo, las leyes del mercado libre, el signo de la demanda, etc. ¿Va a quedar todo eso condicionado a una hoja de ruta elaborada en Moncloa?

Por otra parte, me gustaría saber cómo los diseñadores del plan han averiguado que su aplicación costará 20.000 millones de euros y no 32.000, 15.000 o 45.350. Sería interesante conocer la caja negra de esa cifra cuando, al tiempo, el equipo de Zapatero se abstiene de cuantificar, al menos de forma aproximada, los umbrales mínimos de crecimiento, déficit público y empleo, que son los realmente nos indicarían si se están consiguiendo o no los resultados apetecidos. Así que nos quedamos sin referencia fiable para valorar la eficacia de la ley con el paso de los años.

Aparte del voluntarismo, la otra marca de la casa es el camuflaje semántico. No se entiende por qué hay que bautizar con el nombre de economía sostenible la muy tardía supresión de los defectos estructurales de la economía española, como el excesivo peso de la construcción, el déficit educativo –la formación profesional, muy especialmente-, la irritante burocracia oficial o la rigidez del mercado de trabajo ¿Es que no se pueden superar de una vez por todas esas asignaturas pendientes de nuestro sistema productivo sin necesidad de ponerle un nombre a la tarea?


El confidencial - Opinión

Haidar, otra muestra de debilidad frente a Marruecos

La negativa de Haidar podrá ser una estrategia discutible, pero desde luego retrotrae el problema a su origen: la necesidad de un rechazo firme, radical y político por parte del Gobierno a que Haidar fuera trasladada en contra de su voluntad a España.

El Gobierno del PSOE siempre ha cultivado una amistad más unilateral que recíproca con la autocracia marroquí. Numerosas han sido las ofensas que, a lo largo de los años, nuestro vecino del sur ha ido infligiendo a los intereses españoles –con la mirada siempre puesta en la ocupación de Ceuta y Melilla y, por qué no, de Canarias– y que nunca contaron con una respuesta a la altura de las circunstancias, especialmente desde que Zapatero llegó a La Moncloa.

Marruecos sabe perfectamente que las posiciones de la democracia española no se caracterizan precisamente por su firmeza y que los distintos Gobiernos, especialmente los de signo socialista, siempre estarán dispuestos a tragar cualquier sapo con el objetivo de evitar un conflicto diplomático. Por eso recurren constantemente a políticas de hechos consumados que les permitan ganar batallas prácticamente sin haberlas librado. Una vez la monarquía alauí da un paso adelante, España rara vez le hace dar un paso atrás; por lo general, tratamos de buscar un, muchas veces, rocambolesco encaje de la nueva situación dentro de nuestro ordenamiento jurídico (como sucedio incluso con Perejil). Es el modelo de la Marcha Verde que tan buenos resultados le dio a Hassan II y que durante su reinado tan buenos le está dando a su hijo Mohammed VI.

El caso de la activista saharaui Aminatu Haidar es un claro ejemplo de ello. Marruecos tenía pensado desde un primer momento expulsarla a España una vez regresara de Nueva York, donde había acudido a recoger el Premio Coraje Civil 2009. Haidar incomodaba a la autocracia magrebí y decidieron recluirla en España, lejos de la región del Sahara Occidental por la cual se rebela.

Así, a mediados de noviembre, después de llegar a Aaiún, fue remitida a Lanzarote por las autoridades del país; movimiento que contó con la tibia oposición del Gobierno español y pese al cual Marruecos decidió proseguir con la operación. Moratinos habló por teléfono con su homólogo marroquí, pero de poco o nada sirvió. La monarquía alauí volvió a utilizar su política de hechos consumados ante la impotencia voluntariosa del Ejecutivo español. Puede que, al contrario de lo que dice Haidar, el Gobierno español no sea un cooperador necesario por acciones propias, aunque desde luego sí deviene tal por omisión.

Marruecos nos ha convertido en su particular celda de reclusión para Haidar y nos ha forzado a que tengamos que buscar algún tipo de solución dentro de nuestro ordenamiento jurídico, aun cuando sea retorciendo nuestro derecho positivo.

En este sentido, el rechazo de Haidar a que se le conceda la nacionalidad española, esto es, a "convertirse en extranjera en su casa", podrá ser una estrategia discutible y de final incierto –especialmente al combinarla con una huelga de hambre que por la desidia del Ejecutivo español ya alcanza las dos semanas y que ha debilitado enormemente a la activista–, pero que desde luego retrotrae el problema a su origen: la necesidad de un rechazo firme, radical y político por parte de las autoridades españolas a que Haidar fuera trasladada y permanezca en nuestras tierras en contra de su voluntad.

Se ha sorprendido Moratinos de que la activista saharaui haya rechazado sus ofertas. En realidad, lo realmente sorprendente es que el Gobierno haya aceptado sin rechistar convertirse en el presidio septentrional de Marruecos.


Libertad Digital - Editorial

Crisis constitucional. Por Gabriel Albiac

POCA solución hay ya. La larga parálisis del Tribunal Constitucional ha desembocado en lo que era previsible: una crisis constitucional de hecho. El Estatuto de Cataluña era casi transparentemente incompatible con aspectos cruciales de la Constitución española. Un rápido esclarecimiento de esos puntos hubiera dado ocasión a corregir lo corregible y, si era preciso, volver a la casilla de partida. No se hizo. Tal vez porque la inercia se ha convertido en la única norma de funcionamiento de la política española y ha acabado por contaminar también a la última instancia de control de garantías. Era, a poco que se pensase en frío, un mal cálculo: la política aborrece el vacío, y el paréntesis -el largo paréntesis- generado por el Constitucional, ha ido siendo llenado por un despliegue institucional de las tesis del Estatuto, que buscaba fijar una situación materialmente irreversible. El doble golpe de la formación de un remedo catalán de Tribunal Constitucional propio y de un manifiesto de uniformidad editorial sin precedente en la prensa española, alza acta de que los últimos envites han sido hechos. Y la expresión del Presidente Montilla, llamando a ir hasta las últimas consecuencias para imponer su vigencia, es cualquier cosa menos retórica.

En sus fundamentos hay algo difícilmente conciliable: la Constitución española pone como sujeto constituyente al pueblo español; el Estatuto otorga esa potestad a la nación catalana. Uno de los dos textos tiene que ser reformado para que el otro exista. Y, dada la preeminencia de la Constitución sobre cualquier otra norma, no queda más que excluir la viabilidad del Estatuto catalán. Al menos, hasta que una sustancial reforma de la Constitución española haya sido llevada a cabo. Sólo entonces, si esa reforma hace desaparecer del texto al sujeto constituyente de la de 1978, la nación española, podrá pasarse a elaborar un Estatuto que otorgue función constituyente a una región concreta, la que sea, del país que se extingue. Sería, pienso yo, abrir una dinámica desastrosa. Pero legal, en todo caso. Porque toda Constitución que sea tal incluye una previsión precisa de los procedimientos mediante los cuales pueda, en su totalidad, ser modificada.

En la Constitución de 1978, esos procedimientos están muy claramente definidos en el Artículo 168, que establece las condiciones de reforma cuando lo que esté en juego sean aspectos axiales del texto:

«1.Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo II, Sección 1.a, del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2.Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3.Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación».

Es un procedimiento complejo, pero factible. Puede que haya llegado el momento de aplicarlo. Puede que este pobre país haya llegado a ese confín de su destino que Francesco Guicciardini describe como el drama mayor de un ciudadano: «Todas las ciudades, todos los estados, todos los reinos son mortales... Pero un ciudadano que se halla ante el fin de su patria no debe dolerse tanto de la desgracia de ella cuanto de la suya propia: porque a la patria le ha sucedido lo que en cualquier caso debía sucederle, pero la desgracia es la de aquel al que le tocó nacer en el tiempo en que tal infortunio va a producirse».


ABC- Opinión

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mas asegura que una consulta autonómica "evidenciaría que Cataluña quiere ser española"

Un total de 3.500 personas se reúnen para coordinar las consultas del 13 de diciembre

El presidente de CiU, Artur Mas, aseguró este domingo que en caso de que se celebrase una consulta en Cataluña sobre su independencia de España ganaría el "no", aunque no descartó la posibilidad de plantear una consulta de este tipo en el futuro. Por otra parte, unas 3.500 personas asistieron al acto central de campaña de la Coordinadora por la Consulta sobre la Independencia, que agrupa a los representantes de las diversas comisiones organizadoras de las consultas que se celebrarán el 13 de diciembre en 161 municipios de Cataluña.

En una entrevista concedida al diario El País, el presidente de CiU, Artur Mas, constató que una consulta sobre la autodeterminación en Catalunya a nivel autonómico "evidenciaría que Catalunya quiere ser española". "Tenemos constatado con estudios sociológicos que en una consulta en toda Cataluña ganaría el "no"", dijo Mas, quien no descartó plantear una consulta de este tipo en el futuro, pero consideró que ahora se impondría el no.

Recordó que tanto CDC como UDC defienden el derecho a la autodeterminación de Catalunya, y que en la votación en los Ayuntamientos catalanes de mociones en apoyo a las consultas que se están organizando a nivel local para el próximo 13 de diciembre, ambos partidos dieron libertad de voto a sus ediles. "Yo votaría sí y el señor Duran ha dicho que lo haría en contra. No tenemos una postura común porque son consultas locales, no a nivel catalán", dijo Mas.

ORGANIZACIÓN DE LAS CONSULTAS
Mientras tanto, unas 3.500 personas asistieron este domingo en Barcelona al acto central de campaña de la Coordinadora por la Consulta sobre la Independencia, que agrupa a los representantes de las diversas comisiones organizadoras de las consultas que se celebrarán el 13 de diciembre en 161 municipios de Cataluña, y en los que podrán votar más de 700.000 personas.

El diputado de ERC y responsable de campaña de la Coordinadora, Uriel Bertran explicó que la campaña consistirá en informar en las localidades donde hay convocado un referéndum sobre cuáles son los lugares habilitados para votar, así como sobre cuáles las razones por las que se convoca la consulta. "Hacía falta un acto de fuerza como el de hoy para iniciar la campaña y animar a la gente", afirmó. El republicano aseguró que la Coordinadora dirigirá su campaña hacia el fomento de la participación en las consultas, y que no promoverá el voto en ninguna dirección. "Queremos que se vote sí, no o en blanco libremente, sin ningún tipo de impedimento ni restricción", indicó.

El acto, en el que se escuchó la actuación de Titot Ribera, y la lectura que hizo el escritor Carles Canut del Poema "Ara mateix" de Miquel Martí i Pol, concluyó con un parlamento de Terricabras, quien afirmó que "las consultas no son en contra de nadie, sino a favor de todos, para mostrar que la democracia siempre va más allá de los márgenes que se le quieren imponer".

"Los que dicen que la mayoría de catalanes no quiere la independencia que comprueben si es verdad lo que dicen, que no tengan miedo y vengan el día 13. Que no nos dé miedo que el pueblo hable", afirmó el filósofo antes de cerrar la jornada coreando el lema "visca Catalunya lliure".


Siglo XXI

Los que no tienen dignidad. Por Cesar Vidal

Cuenta la Historia que en 1933 se constituyó en Alemania la denominada División de la prensa alemana. La misión de esta organización era supervisar la prensa alemana y además proporcionarle las directrices necesarias para que pudiera convertirse en un instrumento eficaz en las manos del gobierno alemán. La División de prensa funcionó a la perfección de tal manera que la totalidad de los periódicos alemanes ocultaron las mismas noticias, difundieron las mismas consignas y se unieron en la misma misión de impulsar el nacionalismo. Trece años después, el responsable de la División de la prensa alemana, Hans Fritzsche, fue juzgado en el proceso contra los grandes criminales de guerra de Nüremberg. La acusación fundamental dirigida contra él era la de haber difundido las directrices por las que debía guiarse la prensa alemana.

Hoy, la prensa catalana ha dado una muestra excepcional y sin precedentes de sometimiento servil al poder político. Sin intención de agotar el tema, los hechos son los siguientes:

1. El 27 de enero de 2005, se hundió en Barcelona un túnel de la ampliación de la línea 5 del metro provocando un socavón de unos 35 metros de profundidad y 30 de diámetro. 84 edificios, 2 colegios y 500 viviendas se vieron afectados por daños y peligro de hundimiento, lo que condujo a su desalojo, con un total de no menos de 1.054 personas afectadas. En lugar de exigir responsabilidades por este desastre, el Colegio de periodistas de Cataluña impuso lo que denominó el “apagón informativo”, es decir, guardar silencio sobre lo acontecido.

2. El 20 de diciembre de 2005, el parlamento catalán, con la única oposición del PP, creó el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) que puede imponer sanciones económicas y realizar cierres preventivos de emisoras, mediante simple decisión política y sin que intervenga previamente un juez. El primer ataque del CAC se dirigió contra Federico Jiménez Losantos y César Vidal que a la sazón dirigían sendos programas en la cadena COPE.

3. La reacción en favor de la libertad de expresión e información y en contra del CAC fue fulminante. Así, el Comité Mundial de Libertad de prensa (WPFC) afirmó que “El CAC utiliza un mandato arbitrario para intentar censurar y silenciar las opiniones de toda una red radiofónica… Es injustificable que un órgano estatal sea el árbitro del comportamiento de un medio de comunicación”.

4. Igualmente, el Comité mundial de libertad de prensa señaló que “No se recuerda en España algo parecido desde los órganos censores franquistas” y añadió: “Instamos al parlament y a la Generalitat a tomar las medidas oportunas para desmantelar cuanto antes el CAC, adhiriéndose a las normas internacionales de libertad de expresión y prensa”.

5. El 24 de enero de 2006, el eurodiputado Luis Herrero depositó más de setecientas mil firmas en la sede del parlamento europeo en protesta por la acción liberticida del CAC. Nunca antes y nunca después recogería el parlamento europeo una iniciativa popular tan numerosa.

6. En el colmo de la represión informativa, Maragall decidió querellarse contra el humorista Fray Josepho. Nunca antes ni nunca después, un presidente de una comunidad autónoma había caído tan bajo.

7. El 22 de junio de 2007, en un programa de TV subvencionado por el ayuntamiento de Barcelona se procedió a ahogar un ejemplar del libro El Camino de la cultura, de César Vidal. El episodio liberticida provocó una interpelación del PP en el ayuntamiento de Barcelona.

8. Hoy, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Avui, El Punt, Segre, Diari de Tarragona, La Mañana, Diari de Girona, Regió 7, El Nou 9, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa, han publicado conjuntamente el editorial La dignidad de Cataluña en el que exigen al Constitucional una sentencia favorable al Estatuto.

9. Igualmente, las principales emisoras de radio catalanas RAC1, Cataluña Radio y COM Radio se han adherido al editorial, según lo han puesto de manifiesto los conductores de sus programas matinales.

10. Además de cuestionar a los miembros del Tribunal, el editorial arremete además contra el PP, del que dice que "ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras" y concluye con una velada amenaza: "Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable".

11. La edición digital de La Vanguardia, califica la publicación de este artículo como "una iniciativa inédita en democracia y en la historia de la prensa española", aunque no se pregunta la razón de que, ante circunstancias mucho más complicadas de la historia de España o de Cataluña, no diera una unanimidad similar.

12. El Mundo ha señalado, por el contrario, que “es imposible decir más falsedades con peor intención en menos espacio” y recuerda que "el TC cumple la función institucional que precisamente le han encomendado los millones de ciudadanos que votaron la Constitución. Por cierto, muchos más que los que respaldaron el Estatut".

13. El Mundo señala además que lo que está en juego no es "la dignidad de Cataluña", como dice el título del editorial, sino "la pretensión de una oligarquía política de controlar a la sociedad catalana a través de un Estatuto diseñado para alejarla del resto de España aun a costa de truncar el orden constitucional y el modelo de convivencia democrática".

14. El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, considera que el editorial representa "el sentir del pueblo de Cataluña".

15. Por su parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha asegurado que ha leído "con mucho interés" el editorial y que le merece "mucho respeto" y

16. Finalmente, Mariano Rajoy se ha negado a realizar a declaraciones sobre el editorial alegando que “cada uno puede opinar lo que quiera”.

El impacto que el nacionalismo catalán ha tenido durante décadas sobre la libertad de expresión y la independencia de la prensa es verdaderamente pavoroso. Bajo el nacionalismo, se ha procedido a perseguir a humoristas por el terrible delito de escribir unos versos satíricos sobre Maragall; se han destruido libros en TV en programas costeados con fondos públicos; se ha creado el CAC comparado por los organismos que defienden la libertad de prensa con los peores aspectos del franquismo; se ha perseguido a los periodistas independientes y se ha sometido a la prensa hasta convertirla en un rebaño servil que lo mismo pedía el apagón informativo durante el drama del Carmelo que hoy se plegaba como no hizo ni siquiera durante la dictadura de Franco a los dictados del poder político.

De esa sumisión a las oligarquías nacionalistas no ha escapado la prensa que hoy en día – como muestra la denominada lista de Povedilla – es mucho más servil ante el poder político de lo que fue incluso bajo la dictadura de Franco.

- No ha escapado el partido socialista que, por definición, no debería nunca absorber una ideología nacionalista.

- No ha escapado el PP cuyo presidente hoy se ha negado cobardemente a comentar el editorial y

- Ni siquiera ha escapado un cierto sector de la iglesia católica en Cataluña si tenemos en cuenta que uno de sus cardenales llegó a jactarse en un programa de la TV catalana de haber echado de la COPE a los dos periodistas que fueron previamente atacados por el CAC. Quizá eso explique que los tres periodistas que se enfrentaron con semejante atropello – Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero y quien ahora se dirige a ustedes desde estos micrófonos – se encuentren ahora en Es. Radio y quizá eso explique también la abundante presencia de nacionalistas catalanas en la que fue su emisora durante años.

Cuando se contempla todo esto sólo se puede llegar a una conclusión no por triste menos real. El nacionalismo catalán se ha convertido, gracias a la ayuda de ZP y del PSOE, en una amenaza real contra el sistema democrático trazado en la constitución de 1978 y o el Tribunal constitucional cumple con su deber defendiendo la legalidad y sirviendo de valladar contra esa terrible agresión contra nuestra democracia o nos veremos abocados a una gravísima crisis institucional cuyo final es imprevisible.

Y es que, a día de hoy, resistir las apetencias liberticidas del nacionalismo catalán
- es una obligación para los que aman la democracia
- es una obligación para los que aman a España y
- es una obligación para los que aman la libertad, esa libertad que el nacionalismo catalán tanto se complace en suprimir allá donde hace acto de presencia.

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Convulsiones. Por Jon Juaristi

LOS nacionalismos secesionistas de Cataluña y el País Vasco nacieron de una crisis de la derecha antiliberal en la Restauración. Durante la República, ganaron a las clases medias democráticas, fundamentalmente urbanas, en ambas regiones. Tuvieron enfrente a la mayor parte del movimiento obrero, anarcosindicalista en Barcelona y socialista en Bilbao y Eibar. En las comarcas rurales de ambas regiones, el peso del tradicionalismo seguía siendo importante a la altura de 1936. Es evidente que, bajo el régimen de Franco, el crecimiento de las mesocracias asalariadas favoreció la difusión de una versión transversal del nacionalismo porque, a fin de cuentas, éste aparecía como cultura distintiva de la clase media, y todo el mundo quería ser clase media, tanto los campesinos carlistas como el movimiento obrero. Era el horizonte utópico del franquismo, su idea de la modernización de España.

En teoría, esta nivelación tendría que haber fortalecido la cohesión nacional, toda vez que se había generalizado una forma de vida bastante homogénea: el piso en propiedad, el utilitario y la televisión con dos canales. Franco debió morir con la conciencia bastante tranquila. Por fin, la Historia lo absolvía revelando para qué habíamos muerto un millón de españoles entre Melilla y el frente del Ebro. Tampoco los antifranquistas tenían una impresión muy distinta. Desaparecido el general, la democracia podría integrar las discrepancias que fue imposible contener dentro de los límites de la política y de sus propios medios cuarenta años atrás. La Constitución de 1978 surgió de una confianza en las virtudes civilizadoras del crédito hipotecario como factor de inhibición de la sed de aventura y de los ideales sublimes que, tarde o temprano, derivan en escabechinas.

Entre todas las formas de lo sublime, el nacionalismo es una de las más deletéreas, y de ahí que no pareciera una mala solución encomendar su gestión a las cajas de ahorro, que podrían acordar con las administraciones autonómicas entregadas graciosamente a los partidos nacionalistas su distribución al personal en dosis homeopáticas. Ya que el franquismo había probado que cualquier pretensión de erradicarlo sería ilusoria, cabía intentar, al menos, privarlo de tensiones apocalípticas y disolverlo en la vida cotidiana. El caso del contestado nombramiento del obispo Munilla, por ejemplo, ilustra perfectamente la condición de religión sustitutiva que se atribuyen los nacionalismos en una época post-cristiana y su consiguiente incapacidad de admitir la existencia de una Iglesia independiente de la cultura política y del poder social (lo que, por otra parte, no es una característica exclusiva de los nacionalismos, si bien en éstos resulta más patente, al carecer del camuflaje agresivamente laicista del socialismo).

Como religiones póstumas, los nacionalismos articulan comunidades que marginan al discrepante, y por eso los no nacionalistas comprueban reiteradamente la ineficacia de apelar, en defensa de sus derechos individuales, al estatuto de ciudadanía. Con todo, podrían resignarse a una subalternidad protegida semejante a la de los infieles en las sociedades teocráticas, mientras pagaran religiosamente sus impuestos y no hicieran cuestión del uso político del ahorro. Pero la crisis financiera ha venido a dar el golpe de gracia a un sistema homeostático ya gravemente subvertido por el irresponsable radicalismo del Gobierno de Rodríguez, y los nacionalismos han entrado en una fase de convulsiones milenaristas que será difícil enfriar con dispositivos económicos de contención.


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