lunes, 20 de noviembre de 2006

Ciudadanos del mundo, uníos

Un misterio debería atormentar a los estrategas electorales de los dos grandes partidos de ámbito estatal: ¿de dónde proceden los electores que dieron su apoyo el 1 de noviembre al Partido de la Ciudadanía? La respuesta a esta pregunta va más allá de los comicios catalanes. Un partido que se proclama de centroizquierda pero cuyos postulados territoriales e identitarios están próximos a los del PP constituye el instrumento ideal para fragmentar el voto de izquierda en beneficio del centroderecha. Y esa fragmentación, por limitada que sea, resulta letal en un sistema electoral mayoritario como el español.

Ahora bien, para el centroderecha la utilidad de este producto pasa porque realmente arañe votos al Partido Socialista. Sólo en ese caso, la rentabilidad indirecta para el PP explicaría el abierto apoyo que ha recibido la marca Ciutadans (C´s) en medios afines al centroderecha como la Cope o El Mundo. El problema es que ni siquiera las encuestas son concluyentes. Por ejemplo, la realizada por Noxa para La Vanguardia poco antes de los comicios cifraba en un 4% los electores que habían votado al PSC en el 2003 y que ahora votarían a Ciutadans, y en un 13% aquellos que habían respaldado al PP hace tres años y que en el 2006 apoyarían al nuevo partido. Traducido en valores absolutos, suponía más de 41.000 antiguos votantes socialistas y más de 51.000 antiguos votantes populares, y un cómputo global - 92.000 sufragios- similar al que obtuvo Ciutadans en los comicios: cerca de 90.000 votos.

Ahora bien, la rentabilidad de la operación empieza a evidenciarse ruinosa para el centroderecha si se comparan las magnitudes. Por ejemplo, y pese a que la dimensión electoral del PP (316.000 papeletas) supone apenas una tercera parte de la del PSC (796.000), los populares habrían aportado más de la mitad de los electores del nuevo partido. Sin olvidar que el recuerdo de voto al PSC en los sondeos estaba sobredimensionado, por lo que muchos de los presuntos votantes socialistas que aseguraban que ahora apoyarían a C´s en realidad nunca votaron al PSC en las catalanas.

Sin embargo, hay otros datos que apuntalan la hipótesis de que la nueva formación anticatalanista habría atrapado a más votantes del centroderecha que del centroizquierda. Al menos así se desprende de una comparación con elecciones en las que el PP ha sumado una cifra de votos similar si al resultado del centroderecha se agregan los votos de Ciutadans. Se trata de los comicios de 1995, 2003 y 2006.

Pues bien, sobre un panel de 26 localidades representativas, los resultados apuntan en la misma dirección. Para empezar, en once de estas localidades PP y Ciutadans sumaron el pasado 1 de noviembre menos votos que el furibundo antinacionalista Alejo Vidal-Quadras en 1995. Y en este paquete figuran poblaciones tan significativas como l´Hospitalet de Llobregat, Sant Adrià de Besòs o Barcelona. De hecho, en muchas de estas localidades - incluida la Ciudad Condal- la suma de papeletas del PP y de C´s es prácticamente la misma que logró Piqué en los comicios autonómicos del 2003.

En otras ocho poblaciones, los votos del PP hace once años ofrecen cifras muy similares a las que han congregado los populares y Ciutadans en el 2006, con pequeñas diferencias por arriba o por abajo. Y se trata también de localidades con fuerte contingente de inmigración procedente del resto de España:

Santa Coloma de Gramenet, El Prat de Llobregat o Badalona.

Finalmente, en seis de las 26 localidades analizadas, PP y Ciutadans reunieron el 1 de noviembre una cifra de votos muy por encima de la de los que recolectó Vidal-Quadras en 1995. Se trata de Cerdanyola, Gavà, Granollers, Mollet, Terrassa y Vilanova i la Geltrú.

Sin embargo, los márgenes se reducen sensiblemente si la comparación se establece con los resultados de los populares en el 2003. Por ejemplo, el PP obtuvo en Vilanova más votos en el 2003 que los que acumularon el propio Partido Popular y Ciutadans este 2006.

Aun así, es lógico preguntarse de dónde han salido los electores de C´s que desbordan el cómputo habitual del centroderecha españolista en las elecciones catalanas. Y las hipótesis pueden resumirse en dos. La primera residiría en la abstención autonómica, pero sin abandonar el espacio de centroderecha. No hay que olvidar que los votos conjuntos de populares y Ciutadans suponen en todas esas poblaciones entre el 63% y el 76% de las papeletas que suma el propio PP en las elecciones generales (y menos del 50% en el caso de los sufragios de Piqué). Por tanto, ahí existe una amplia cantera de votantes reactivos a las cuestiones territoriales e identitarias, susceptibles de ser movilizados.

La otra hipótesis considera el trasvase desde el PSC. Claro que en Cerdanyola, Mollet o Vilanova, los socialistas han mejorado sensiblemente su voto absoluto de hace once años. Por ello, y sin descartar el apoyo de algunos antiguos votantes socialistas a C´s, los datos apuntan a que el mayor contribuyente al crecimiento del nuevo partido ha sido el espacio de centroderecha. En definitiva: desvestir un santo para vestir otro, una conducta a la que invitaba la propia imagen electoral de Ciutadans.

Carles Castro, La Vanguardia, 20-11-2006.



Un chiste gracioso en el diario ADN de hoy.

Hereje, gracias amigo!

La fórmula Ciutadans: cómo triunfar en unas elecciones con 300.000 euros desde Internet

Una información de Eleconomista.es
Sencillamente!!!. Incluye videos de la campaña.

Ciudadanos al desnudo

En la revista Tiempo, hoy se ha hecho un reportaje sobre Ciudadanos
Podeis visitarlo en el siguiente enlace Ciudadanos al Desnudo (formato .pdf)

Entrevista a Albert Rivera en El País (19/XI/2006)

"Queremos dejar a Cataluña en pelotas"

Albert Rivera demostrando, el pasado martes en La Garriga, que va como una moto desde su elección al Parlamento catalán.

Pregunta. Más tripartito. ¿Está hasta el moño?

Respuesta. Estoy hasta el moño, pero voy a intentar quitármelo.

P. ¿A quién prefiere de los tres?

R. Difícil pregunta. Hombre, el menos malo quizá es Saura.

P. Enseñó su cuerpo serrano en el cartel electoral. ¿Le han votado porque Mas o Montilla no resistían comparación?

R. Creo que me ha votado la gente por ilusión de cambio.

P. Pues no se confíe, porque Duran Lleida se mata en el gimnasio.

R. Me consta que cuida mucho su belleza. Pero nuestro cartel era más esencial de lo que parece.

P. ¿Se siente Adán sin hoja de parra?

R. Me siento desnudo políticamente, sin ningún tipo de máscara. Es como vamos a ir al Parlament.

P. ¿Por la calle le reconocen vestido?

R. La gente no me reconocía hasta la distancia corta porque recordaban la foto desnudo. Incluso había gente que se ruborizaba.

P. ¿Y usted cómo anduvo de rubor?

R. La verdad es que soy una persona tímida, pero la sesión de fotos fue muy cómoda.

P. ¿Nadie le dijo: "Arriba las manos"?

R. De hecho, hice algunas fotos con las manos arriba. Pero las guardo para la intimidad.

P. Demasiado fuertes para el electorado.

R. No. La verdad es que se hicieron pensando en cortarme.

P. Huy...

R. En cortarme por la cintura [ríe].

P. ¿Se imagina a Zapatero o a Rajoy tan desabrigados?

R. Vaya a saber. Igual se atreven. Viendo el éxito electoral, creerán que cualquier cosa vale.

P. ¿Es duro ser español?

R. Para mí no es duro. En Cataluña es duro manifestarlo. Ser español es una evidencia.

P. ¿Cree que le aceptarían mejor si fuera subsahariano?

R. Hombre, algunos lo preferirían. Preferirían escuchar que alguien se manifieste subsahariano que catalán y español a la vez.

P. ¿En cuántos taxis caben sus militantes?

R. Pues mire, son 3.400. Ya tenemos más que Iniciativa per Catalunya. Por tanto, no sé cuántos taxis serían, pero como mínimo dos teatros Tívoli llenos.

P. ¿Van ustedes como dice el chotis: con la crema de la intelectualidad?

R. Hombre, vamos un poco untados por esa crema, desde luego, porque ésos han sido los cimientos de Ciutadans. Creemos en una política racional más que en una política de sentimientos o de identidad.

P. Cuando dicen que son de centro izquierda, ¿no temen que FAES les cierre el grifo?

R. Sí. FAES y CiU también, y grupos empresariales submarinos. Se han dicho muchas barbaridades. Pero a quien vea las personas que forman parte de Ciutadans, y que defendemos el laicismo o el matrimonio homosexual, se le disipará cualquier duda.

P. Si dice que no están financiados ni por el PP ni por nadie, habrán tenido que romper el cerdito.

R. Pues sí. Hemos tenido que financiar cuotas de los afiliados cuatro meses, porque no podíamos pagar muchas cosas. Esta mesa en la que estamos sentados nos la ha prestado un militante.

P. Está contra "el enfoque étnico, patriotero y ramplón". ¿O sea que ni Barça, ni Moreneta ni castellers?

R. Soy muy del Barça, pero no me gusta mezclar el deporte con la política. Y si uno quiere ser devoto o no de la Virgen de Montserrat o de la del Rocío es libre de hacerlo. Pero eso no tiene que formar parte de la vida pública.

P. ¿Está con Boadella en que los políticos catalanes son "capullos" y "mangantes"?

R. Hombre, lo de mangantes es algo que dice la justicia. Hemos visto hace poco otra vez el caso Turismo, o los del 3%. Son evidencias. En cuanto a lo de capullos, con el sarcasmo y la ironía de Boadella esas palabras en su boca suenan mejor que si las digo yo. Creo que, más que capullos, lo que hay es hipocresía en la clase política, cuyo discurso en el Parlamento no tiene que ver con lo que habla en los pasillos.

P. Y ustedes pretenden dejar a Cataluña como su cartel: en pelotas.

R. Sí. Queremos dejar a Cataluña en pelotas desde el punto de vista laico, de neutralidad; que los poderes públicos no tengan trampa ni cartón; que quepan todos: los que son nacionalistas, los que no lo son, los religiosos y los que no son religiosos.

PERFIL

Con 27 años, deja la asesoría jurídica de La Caixa para entrar en el Parlamento catalán, sorprendido aún por el éxito de su neonato partido. Practica el waterpolo, va en moto y le gusta el cine. De música, el "mestizaje catalano-español" de Manolo García o Estopa. En casa, con su novia, pone discos y los cantan. "Muy mal", por cierto.



Última, El País
19 noviembre 2006

El indiscreto encanto de la taifa

El problema es que la actual revisión del sistema autonómico se está haciendo deliberadamente en el sentido de una creciente disgregación del Estado, de una creciente insolidaridad entre las regiones, de una creciente fragilización de la unidad nacional. Quienes aún conocen algo de la Historia de España saben que esto nos pasa con alguna frecuencia: de repente todo se resquebraja, la unidad empieza a romperse, el particularismo se impone sobre el interés general. Da la impresión de que hoy estamos viviendo, una vez más, un proceso de este género: la revisión de los estatutos de autonomía –una revisión que la sociedad no necesitaba, que los ciudadanos no pedían, que es simple consecuencia de los pactos de poder del PSOE– va configurando una forma de Estado más frágil, una España más dispersa. La unidad nacional se afloja y, en su lugar, los poderes regionales reclaman más poder. Para legitimar tal reclamación se recurre a un concepto tan etéreo como peligroso: el de "realidad nacional".

Publicado por: Fundación para la Defensa de la Nación Española

Tribuna de El Defensor de el Lector de EL PAIS (José Miguel Larraya): El Caso Ciutadans.

Las recientes elecciones catalanas han generado un notable volumen de correspondencia que ha tenido su reflejo en la sección cartas al director. El Defensor del Lector ha recibido, también, cartas y llamadas de lectores entre las que destacaban las formuladas por votantes de Ciutadans, la nueva formación política que con apenas unos meses de rodaje ha conseguido el apoyo de cerca de 90.000 ciudadanos y ha obtenido tres escaños en el parlamento catalán. Un éxito innegable que permite, a la luz de los resultados, valorar el escaso eco mediático que tuvo esta candidatura. Las críticas al periódico las resumía José Luis Martínez, de Barcelona, en una frase. "Si alguien hubiera seguido la campaña electoral catalana sólo por su diario, Ciutadans parecerían unos marcianos que han aparecido de la nada el día de difuntos para hacerse con tres escaños".

La creación de un partido político, apadrinado por destacados intelectuales, y con unos puntos de vista ideológicos muy críticos con la clase política catalana era, obviamente, una noticia. Su eventual fracaso relativizaría su importancia y justificaría la escasa atención prestada; pero su éxito pondría de manifiesto el error en la misma proporción.

Una valoración de los resultados electorales firmada por Xavier Vidal-Folch, director adjunto de EL PAÍS en Cataluña, ha suscitado nuevas críticas. Vidal, al pasar revista en su artículo Paradojas catalanas (EL PAÍS, 3 de noviembre) reconocía el fenómeno a Ciutadans como "la gran novedad" de las elecciones y lo definía como "ese nacionalismo neoespañolista". Y se preguntaba: "¿Nuevo, el nacionalismo español? ¿O el más rancio y cutre de los nacionalismos hispánicos"?

Javier Arazola Gaudichon ha escrito al diario para "anunciar que por el momento dejaba de comprar el diario". "Después de 30 años de fidelidad, constato con perplejidad y tristeza que incluso un diario tan prestigioso como EL PAÍS puede cometer torpezas imperdonables con una ligereza inconsciente, casi suicida. Gracias a firmantes como Xavier Vidal-Folch, Joan B. Culla y Pilar Rahola (por citar sólo a tres) he descubierto lo que son la demagogia, el insulto y el abuso en el que se puede caer cuando tiene uno el privilegio de dirigirse al resto del mundo desde tribuna tan prestigiosa". Según este lector suponer que "por haber votado a Ciutadans en las últimas elecciones catalanas (como es mi caso, puesto que lo considero un partido de izquierdas) uno es poco menos que un neonazi adicto a la Cope, El Mundo y otros ilustres miembros de la Brunete mediática. Puesto que jamás he leído una sola línea del periódico de Pedro J., ni he oído nunca las diatribas radiofónicas de Jiménez Losantos, no he tenido más remedio que aprender lo que es la demagogia de la que tanto se acusa a esos personajes leyendo EL PAÍS, el periódico al que he sido fiel desde su nacimiento".

"Algo va necesariamente mal en un país", concluye el lector, "en el que por ejercer el libre y sagrado derecho de votar a la opción política en la que confías, el más pluralista de nuestros diarios te niega hasta el pan. Y para corroborarlo, les recuerdo que el 4 de noviembre pasado, se le prestó en sus páginas el mismo espacio a la agresión que sufrió un estudiante de una Universidad catalana, culpable, por lo visto, de llevar cierta camiseta, que el que le dedican a informar de los resultados de la lotería primitiva".

Respuesta

A petición del Defensor, Xavier Vidal-Folch ha respondido a las críticas. "José Luis Martínez y Javier Arazola coinciden, con distintas expresiones, en la apreciación según la cual este diario no ha prestado atención a Ciutadans. Algo que no resiste el contraste objetivo con la realidad. Desde la fundación del partido Ciutadans / Partido de la Ciudadanía (PC), el pasado julio, y hasta la jornada electoral del 1-N, EL PAÍS ha publicado en su edición catalana, según recuento del Servicio de Documentación (a disposición de los lectores que lo deseen) 34 textos relativos a dicho partido: en su inmensa mayoría exclusivamente dedicados a informar sobre el mismo y su campaña electoral; amén de entrevistas a su presidente, Albert Rivera, y otros partidarios; y artículos de opinión, varios de ellos debidos a la pluma de sus patrocinadores, incluido su secretario general, Antonio Robles. No parece que de este balance pueda deducirse que el periódico haya 'negado el pan' a un partido, al que sí se lo negaban las encuestas. Naturalmente, todos los partidos, sin excepción, aspiran a más.

En cuanto a los comentarios sobre mi artículo Paradojas catalanas, me temo que el amable interlocutor Arazola, así como Diego Esteban (cartas al director del día 7) y mi amigo, que siempre lo será, Félix de Azúa (en su artículo Quién teme al ciudadano feroz, del jueves pasado), deforman lo que yo he escrito, al citarlo sólo en parte, de forma que inducen a una interpretación sesgada. Primero: ¿acaso es un insulto, un abuso o un menosprecio, afirmar, como yo hacía, que la aparición de Ciutadans revela la 'riqueza vitalista de la sociedad y la política catalanas', pues 'en pocos meses' han pasado 'del cero al tres' (escaños), un 'salto infinito'? Segundo: no he escrito que el PC sea de extrema derecha, ni neonazi, ni nada parecido. He planteado, entre interrogantes, una doble opción sobre su futuro. La reitero: '¿Será un intento enriquecedor del conjunto polifónico... o alumbrará caos y tensiones' de corte lerrouxista? Será esto último, sostenía, si acaban imponiéndose 'los recelos y resentimientos de los ciudadanos afectos a, y protegidos por la ultraderecha mediática, por encima de los bienintencionados profesores e intelectuales bilingüistas'. Ese futuro no está escrito. Al propio Francesc de Carreras, principal ideólogo, candidato del PC en las últimas elecciones y su voz más moderada, le angustian (La Vanguardia, 9 de noviembre) 'peligros y tentaciones' como los de 'caer en el otro nacionalismo, en el nacionalismo español' o en 'el populismo y la demagogia'. El futuro no está escrito, pero el pasado inmediato, sí: constituye un dato, y no una opinión, que dos de los más conspicuos portavoces de la ultraderecha mediática, en cuyos medios por cierto colaboran destacados patrocinadores del partido, han llamado a votar al PC. Si eso molesta a algunos de sus votantes, estamos de enhorabuena, eso demuestra que los 'bienintencionados' pueden ganar la partida. Finalmente, sobre el nacionalismo español y sus especulares, los periféricos, ¡qué interesante tema para un amplio debate sin insultos!".

Los lectores pueden escribir por carta o correo electrónico

ARTICULO PUBLICADO EN "EL PAIS"
12 de Noviembre de 2006

domingo, 19 de noviembre de 2006

Estatuto Gallego: El Preambuliño

"A fin de cuentas, que todo aquel que vive y trabaja en Cataluña sea catalán no excluye, ni mucho menos, que todos los que viven y trabajan en Galicia también sean catalanes."

Si de uno, que es hijo de gallegos, dependiera, el Estatuto de Galicia comenzaría con la letra y música de aquella canción que Georges Brassens dedicó a todos los imbéciles que son felices por haber nacido en algún lugar. Y si fuese doña Rosalía de Castro la llamada a tan alto honor, nada le extrañaría al mismo uno que la otra diera en encabezarlo con la célebre carta que remitió a su señor marido durante el año de Nuestro Señor de 1881. La misiva en que le notificaba al legítimo tal nueva como la que sigue: "Ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto. Ni acaso tampoco a ocuparme de nada que a nuestro país concierna. Con lo cual él no perderá nada, pero yo perderé mucho menos todavía".

Por lo demás, que Valle Inclán habría saldado la papeleta estampando en letras de oro su juicio sobre el verbo propio de Breogán, nadie lo dude. "El gallego nunca fue idioma hablado. Así como el armenio fue la invención de algunos frailes, el gallego fue una creación de un grupo de poetas", sentenció don Ramón con inusual lucidez. Con esa misma lucidez que tampoco le habría de sobrar a Javier Arenas para llevar al BOE –y bajo palio– a la Asamblea Nacional Galega de 1918. Aquella magna xuntanza del hórreo tribal que, entre otras, reclamara la competencia exclusiva de censurar los mensajes telegráficos para el Estado soberano gallego.
En fin, preámbulos, ya se sabe que, haberlos, haylos para todos los gustos. Sin embargo, lo que no está tan claro es que haya en la botica de Génova el "estatus identitario" que se pide ahora Alberto Núñez Feijóo. Porque resulta que este Feijóo aspira nada menos que a ser como yo, a gastar el mismo farde germinal que servidor. Y hasta ahí podríamos llegar, amiguiños. Aunque, bien pensado, qué problema habría de haber en que el autogobierno de Galicia se fundamentara en los derechos históricos del pueblo catalán. A fin de cuentas, que todo aquel que vive y trabaja en Cataluña sea catalán no excluye, ni mucho menos, que todos los que viven y trabajan en Galicia también sean catalanes.

Porque es sabido que para ser catalán –el gran sueño inconfesado de este Feijóo– no hace falta haber nacido en Cataluña. Pero es que, en realidad, tampoco se requiere haber pasado nunca por aquí. Pues, a diferencia del estatus identitario, pongamos por caso, japonés, el catalán es una opción. Así, para ser catalán, basta con querer ser catalán, como no se cansan de repetir los catalanistas. Oiga, asunto resuelto. Que sí, hombre, que sí, que ya lo tenemos, Feijóo. Establézcase en el Preambuliño que, tal como reza el Estatut, "el Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Galicia como nación". Y punto.

José García Domínguez
Libertad Digital, 18 de noviembre de 2006

sábado, 18 de noviembre de 2006

Premio Por la Libertad y Contra la Intolerancia de EL MUNDO


Periodistas e intelectuales que han demostrado un firme compromiso con la libertad y contra el fanatismo nacionalista y religioso recibieron los premios internacionales de periodismo de EL MUNDO que patrocina Iberdrola Desde su silla de ruedas, Frank Gardner continúa dando ejemplo de su compromiso contra el fanatismo religioso musulmán. Por eso recibió el jueves por la noche, en una gala celebrada en la sede de EL MUNDO, el premio Reporteros del Mundo en homenaje a Julio Fuentes y Julio A. Parrado.

Sin heridas visibles, pero padeciendo la «muerte civil» a la que el nacionalismo condena a sus críticos, Albert Boadella, Arcadi Espada y Francesc de Carreras fueron distinguidos con el premio Columnistas del Mundo en memoria de José Luis López de Lacalle por crear la plataforma Ciutadans de Catalunya. La defensa de la libertad frente al fanatismo y la intolerancia fue el común denominador de la ceremonia de entrega de la V edición de los premios periodísticos de EL MUNDO en memoria de José Luis López de Lacalle, Julio Fuentes y Julio Anguita Parrado.

Los tres son precisamente víctimas de la intolerancia. López de Lacalle fue asesinado por ETA por defender sus ideas y los dos reporteros murieron mientras informaban de las guerras de Afganistán e Irak. El corresponsal de Seguridad de la BBC, Frank Gardner, que quedó inválido y atado a una silla de ruedas tras ser tiroteado por militantes de Al Qaeda en Riad en junio de 2004, fue distinguido este año con el premio Reporteros del Mundo, mientras que los promotores del partido Ciutadans de Catalunya, Arcadi Espada, Albert Boadella y Francesc de Carreras, recibieron el premio Columnistas del Mundo por convertir sus críticas al nacionalismo catalán en una opción política que obtuvo tres diputados en las recientes elecciones catalanas.

Todos recibieron el símbolo del premio, una escultura exclusiva de la artista Esther Pizarro. Los premios periodísticos internacionales de EL MUNDO son patrocinados por la compañía Iberdrola y cuentan con una dotación económica de 40.000 euros para cada una de sus categorías. Este año el jurado también aprobó una mención especial para los reporteros del diario Corriere della Sera Guido Olimpio y Paolo Biondani por su investigación sobre los vuelos secretos de la CIA en Europa. Políticos, periodistas, empresarios y artistas acudieron a la convocatoria.

En su discurso, Pedro J. Ramírez elogió a los premiados y recordó la génesis de los premios como un homenaje a «tres héroes de la libertad de expresión». Recordó que los periodistas que entregan su vida siempre son héroes «porque su propósito es publicar y no perecer». El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, destacó «el pluralismo» de los asistentes al acto. «Pero el pluralismo es expresión y esencia de un valor muy precioso, delicado y frágil que es la libertad», dijo, y recalcó que fue en defensa de esa libertad que Frank Gardner arriesgó su vida en Riad. «Y es la libertad la que creo que homenajea el galardón que han recibido Francesc de Carreras, Arcadi Espada y Albert Boadella. No quiero ver en ellos a los exponentes de una causa política con la que yo legítimamente contienda, sino, sencillamente, y ahí es nada, a unos ciudadanos libres que piensan y se expresan libremente».

FELICIDADES "Padres Fundadores" desde Ciudadanos en la Red

Comunicación, El Mundo, 18 noviembre 2006

Los intelectuales y la verdad objetiva, por Arcadi Espada

Entre los insultos más llamativos que recibió el grupo de ciudadanos que presentó en junio de 2004 el manifiesto Por un nuevo partido político en Cataluña figuró en lugar destacado el de «intelectuales». El insulto tenía un campo semántico bastante amplio. El inmediato, y más alegre, popular y sarcástico, era: «Mira éstos, se creen intelectuales». Éste es el sentido que suele darle una clase específica de acomplejados, para los que toda encarnación de un intelectual es una estafa. Gentes que observan al intelectual ideal como un tótem inalcanzable, sin pararse a pensar que intelectuales, como barberos, hay de muchos tipos: buenos, malos, trabajadores o perezosos, ignorantes y alfabetizados.

Otros, sin renunciar a que la palabra mantuviera su inequívoco sentido de expulsión, la utilizaban de modo algo distinto. Al llamarnos «intelectuales» estaban diciendo: «¿Qué hacéis vosotros metidos en la política?». Si no es porque los tiempos son poco propicios, habrían añadido: «En la política, que es cosa de hombres». Ese interés de dejar el asunto de la política en manos de profesionales, siempre viriles, llevaba aparejado a veces un conmovedor y sospechoso instinto de protección: la política es fea y sucia, no te metas. Muchos de los que decían esto eran políticos, y éste es el alto concepto que demostraban tener de su oficio. Sin duda, experiencias muy intensas les habrían llevado a hablar así.

En mi estricto caso personal, los reproches añadían una particularidad: «¿Cómo es posible que un periodista tome partido?». O bien utilizaban ese verbo, cuyo uso en este contexto, tanto me conmueve: «¿Cómo es posible que un periodista se signifique?». Y el ajuste de cuentas final: «¿Quién va a creerle en su trabajo?».

Me permitirán que me detenga en este asunto. Evocando, primero, el compromiso de un periodista, de un maestro. La semana pasada hizo 70 años que Manuel Chaves Nogales, el director del Ahora republicano, el íntimo colaborador de Azaña, abandonaba Madrid camino de Valencia, primera etapa de su exilio. Fue, mientras vivió, un periodista significado. Y, como cuenta en el excelente y visionario prólogo de A sangre y fuego, se expatrió cuando se dio cuenta de que, en manos del general Franco, sólo podía ser «un abisinio desteñido» y en manos de los bolcheviques, «un kirgui de Occidente».

Irrumpe el recuerdo de Chaves Nogales frente a los inquisidores porque su compromiso no le impidió ser el periodista más moderno de España y el menos partidista. Y por algo más, que está en la raíz del proyecto de Ciutadans y de lo que da cuenta en el citado prólogo, cuando evocando la suerte de todos los residuos de Humanidad, exiliados de las dictaduras de Europa, que se congregan en el hotelito del arrabal parisién donde vive, precisa su intención mayor: «Me esfuerzo por mantener una ciudadanía española, puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme». La hora trágica de Chaves Nogales y nuestra hora relajada son obviamente incomparables. Pero las amenazas nacionalistas contra esa ciudadanía española (ciudadanía: ni nacionalismo ni patriotismo siquiera; ciudadanía) y esa opción moral y política por la tercera España que Chaves reivindicó siempre (y que Victoria Prego recuperó en un artículo reciente para describir la intención profunda de Ciutadans) están vinculadas íntimamente con nuestro proyecto.

He dicho que Chaves Nogales era un periodista impetuosamente moderno. Lo era por muchas razones que no caben aquí. Entre las principales estaba su sólida convicción en la posibilidad de la verdad. Algo que desprecian los que ironizan sobre el compromiso del intelectual y en particular del periodista. Todos esos reproches parten de una creencia desmoralizadora, y que forma parte del pensamiento hoy hegemónico en nuestro oficio, al menos en España: la creencia de que los hechos no pueden narrarse con independencia de las convicciones. Es decir, la creencia de que la objetividad no existe y de que la verdad narrada es inexorablemente relativa. Sin objetividad «no hay ciencia ni técnica ni gobierno competente», para decirlo en palabras de Mario Bunge. Pero al parecer sí hay periodismo. Se comprende. Porque los periodistas alfabetizados (más o menos) en la sentencia de que la verdad es una ilusión no insistirán demasiado en ir a buscarla, lo que es una condición muy necesaria para el cómodo buen gobierno de los periódicos y las naciones. La verdad como asunto relativo es además la robusta base teorética del periodismo de declaraciones, ese crecido pleonasmo de nuestro tiempo.

Dado que las convicciones son incompatibles con el oficio, el periodista solicitado es el de tabla rasa. La tradición novelística o cinematográfica los quería cínicos. Hoy no deben pasar de la indolencia. La falta de convicciones es hoy (aunque quizá haya sido así siempre) el camino más corto para prosperar en el oficio. De ahí que cunda la alarma cuando algún periodista se presenta con algún libro de convicciones (incluso con algún libro a secas) bajo el brazo. Es entonces cuando se rescata toda la pachanga abominable del oficio. «¡El compromiso es incompatible con el arte!», dicen, en resumen, los artistas. Pero entre todas las convicciones éticas o estéticas que traiga el extraño bajo su brazo las únicas que realmente preocupan a los artistas puros son aquéllas que puedan desembocar en la convicción fatal: que la verdad existe y que, trabajando, puede encontrarse.

Porque por más que se viva, esto no debe olvidarse nunca: el legendario cinismo de los periodistas, su convencimiento de que el mal y el bien son indistinguibles, que todas las opiniones valen lo mismo y que la razón se halla en un lugar equidistante entre dos puntos, se fundamentan no en un corazón transido por el Mal sino en una panza en la digestión permanente del Bien. ¡Qué duda cabe que la gran hora del periodismo ha sido siempre la sobremesa!

Pero volvamos al intelectual. Al intelectual ideal, extramuros del compromiso político. Al intelectual como florecilla. Hay muchos ejemplos, desde Heidegger hasta Azaña, para considerar que el invernadero es su lugar en el mundo: pero también hay electricistas que han dado mal resultado en política. Es evidente que si algunas intervenciones de los intelectuales en la política han podido ser nefastas, tampoco su ausencia ha mejorado algunos tiempos difíciles. Habermas, por ejemplo, achacaba el florecimiento de los mitos y el debilitamiento de la política democrática a la deserción de los intelectuales alemanes. Así lo explica Mark Lilla en Pensadores temerarios: «Desde principios del siglo XIX se habían habituado a retirarse de la política por principio y a recluirse en un mítico mundo intelectual gobernado por diversas fantasías sobre nuevas Hélades o paganos bosques teutones. En opinión de Habermas sólo descendiendo de las montañas mágicas de la ciencia y de la cultura hacia las tierras llanas del discurso político de la democracia los intelectuales alemanes podrían haber ayudado en la reconstrucción del espacio público que Alemania necesitaba desde el punto de vista cultural y político».

Hay en este pasaje un concepto clave: la reconstrucción del espacio público. El empeño estuvo desde el principio en el ánimo de los 15 firmantes del Manifiesto y debería caracterizar cualquier forma de hacer política en Cataluña. Porque el espacio público catalán, controlado por el nacionalismo desde principios de la década de los 80, es un ejemplo, ya casi canónico, de decadencia cultural, autocensura moral y anacronismo político.

La intención de Ciutadans fue contribuir a su renovación y qué duda cabe de que los 90.000 votos obtenidos por el nuevo partido abren una esperanza considerable. Sobre este resultado político quiero subrayar algo. Es evidente que prueba, y de un modo brillante, la hipótesis de partida de todo el proceso, esto es, la existencia de un déficit de representatividad política en Cataluña. Pero si el resultado hubiera sido otro, menos positivo, la fundación de Ciutadans habría tenido sentido igualmente. Porque Ciutadans nació del más legítimo trabajo intelectual, que es el de construir una hipótesis con los datos disponibles y ponerla a prueba. En este sentido deberían serenarse las conciencias y las lenguas sueltas: porque la labor del intelectual (y ésta en particular) es tan prosaica y humilde como la prueba del algodón. ¡El algodón no engaña! En efecto, no engaña: el cristal catalán (o el crisol: como les gusta decir a los integradores) estaba y está sucio.

El que la empresa intelectual sea en realidad una empresa humilde no la libera de riesgos. Yo no olvido en nombre de quién nos ha sido concedido este premio. Fue un hombre, un periodista que luchó por la civilización del espacio público y que en el espacio publicó murió asesinado, una mañana de lluvia, viniendo de recoger los periódicos. Decía Orwell: «Entiendo por nacionalismo el hábito de suponer que los seres humanos pueden ser clasificados como los insectos». Es exacto. Clasificados, y aplastados como insectos. Continuaba Orwell: «Todo nacionalista acaricia la idea de que se puede cambiar el pasado».

Y no.
Existe la verdad objetiva.
Frank Gardner está inválido.
José Luis López de Lacalle está muerto.
La alegría de recibir este premio siempre acabará empotrada en la amargura.

Arcadi Espada es periodista, escritor y columnista de EL MUNDO.
Comunicación, El Mundo18 noviembre 2006

Traición a una nación inventada, por Albert Boadella

Me siento especialmente agradecido por el premio, porque en mi caso, cualquier mérito en este sentido, les aseguro que es fruto del azar. El origen de mis reiteradas traiciones a la tribu es pura casualidad. Tampoco se trata de imitar a Günter Grass, aceptando a estas alturas mis posibles colaboraciones con el diablo para efectuar una morbosa y rentable confesión, pero no puedo dejar de reconocer que, sin el azar, jamás me hubiera embarcado en los berenjenales por los que se me concede la distinción.

Cuando empecé en el gremio de los comediantes, perseguía lo mismo que la mayoría de mis colegas: el lucimiento, el aplauso, el éxito y el glamour. Soñaba con multitudes esperándome a la salida de artistas y deshaciéndose en elogios. Incluso, estaba convencido de que llegaría a imprimir mis manos en el cemento tierno de alguna famosa avenida.

Todo parecía encaminarse por esta dirección, hasta que un día me ocurrió algo parecido a una escena de la película Tiempos Modernos de Chaplin. Recordarán todos, aquella secuencia donde un camión pierde la banderita roja que sobresale de la carga, y Charlot, siempre tan solícito, la recoge del suelo, agitándola mientras corre detrás del camión para avisar al conductor. Pero el azar le juega una mala pasada, pues por detrás, aparece una manifestación obrera que al descubrirlo en aquella actitud tan comprometida, lo toma por su valeroso líder y obviamente, acaba entre rejas.

Evocando aquella ingeniosa escena, puedo decir que a mí no fue la ética sino la estética la que un día me llevó a la cárcel. Después, ya no podía dominar los acontecimientos. El entorno me utilizó como referencia de libertad y el futuro quedaba hipotecado incluso a mi pesar. Ya nada sería igual, porque es la demanda y la esperanza de los demás, la que incita a una aceptación del compromiso y la modificación de las ambiciones personales.
Desde esta óptica, el sentido de la belleza cambia radicalmente porque se vincula para siempre a la realidad estricta. Y en esa nueva lucha estética, lo primero que se percibe, es que hoy la palabra sólo sirve para ocultación de la verdad.
Después, todo se convierte en una fanática búsqueda de lo real, y esta forma de mirar, se hace especialmente implacable sobre el entorno. Las consecuencias son tristes. Estropea el paisaje de la propia tribu que uno consideraba el más agraciado posible.
Bajo semejante disposición, se incrementan los contrarios, el enemigo adquiere cuerpo real, nombre y apellido, y uno descubre peligrosamente la faz de los estafadores especializados en falsificaciones sentimentales, o sea, la farsa nacionalista. Digo también peligrosamente, porque como muy bien saben, en el País Vasco situaciones parecidas han significado la muerte física, pero quizás desconocen que en mi rincón del Mediterráneo significa algo menos irreversible pero análogamente perverso: la muerte civil.
Entonces, las dulces colinas de mi Ampurdán dejan de rezumar el cálido olor incestuoso de la tribu, el paisaje se desdibuja y también las gentes. Las rocas de Montserrat se transforman en decorado de cartón piedra, y Barcelona es, lisa y llanamente, territorio comanche.
Como Charlot, ahora no me queda más remedio que seguir agitando la banderita del camión, una bandera ya completamente descolorida de rojo, y aunque lo hago convencido de que el azar fue providencial para descifrar la realidad, siento cierta nostalgia por no vivir en la fantasía, pensando que debe ser tan agradable estar de acuerdo con todo y con todos, mientras a uno le convierten en ídolo, tan solo insultando al enemigo tradicional en la televisión de la tribu.
Por ello, el premio que me han concedido, ayuda a mitigar esta sutil nostalgia, y al mismo tiempo, infunde nuevos ánimos para seguir traicionando, en el fondo, una nimiedad. Traicionando simplemente una nación inventada.

Albert Boadella es actor y director de Els Joglars.
Comunicación, El Mundo18 noviembre 2006

La "dictadura blanca" que sufre Cataluña, por Francesc de Carreras

Debo confesarles, en primer lugar, que me siento, ante todo, abrumado. Abrumado, por varias razones. Primera, porque el premio nos ha sido concedido por un jurado de gran prestigio: directores de algunos de los mejores periódicos de Europa y personalidades de la literatura y el pensamiento. Segunda razón, porque el premio lleva el nombre de José Luis López de Lacalle, ejemplo de ética intelectual y política, persona que me ha inspirado siempre el máximo respeto.

Sinceramente, ni de lejos puedo estar a su altura. Pero, además, me siento todavía más abrumado, si me comparo con los anteriores premiados, personas todas ellas que han ejercido la libertad de expresión en condiciones extremadamente difíciles, en condiciones límite, de ninguna manera comparables con las mías, con las nuestras: encarcelados unos -como Arundhati Roy, Alí Lmrabet, Raúl Rivero-; Mariane Pearl, viuda de David Pearl, asesinado por Al Qaeda en Pakistán; y Jamila Mujahed, una luchadora por los derechos de la mujer, nada menos que en Afganistán.

Si se toman en cuenta estos antecedentes ¿Qué sentido puede tener nuestro premio? ¿Qué sentido puede tener cuando, en lo que va de año 2006, en el mundo han sido asesinados 104 periodistas y otros 130 están encarcelados? En estas circunstancias, ¿qué sentido puede tener que se conceda este premio a tres ciudadanos que viven y trabajan, y por tanto publican, en un Estado democrático de derecho, dentro de la confortable y opulenta sociedad europea? Sólo se me ocurre una razón: el jurado ha querido dar a entender con este premio que las normas de un Estado de Derecho no bastan para asegurar el ejercicio de la libertad de expresión ni para garantizar la existencia de una opinión pública libre.

Hace falta algo más. ¿Qué más hace falta? Hace falta una sociedad formada por personas que no tengan miedo a decir lo que piensan, una sociedad de personas libres. Y este es el problema de Cataluña. Tarradellas dijo hace casi 25 años que en Cataluña comenzaba a instaurarse una «dictadura blanca» y su profecía se ha cumplido. Sigilosamente, desde 1980 el nacionalismo se fue convirtiendo en la ideología dominante y en esta materia toda discrepancia respecto al discurso oficial pasaba a constituir una traición a la patria, a esa falsa «sagrada patria» que siempre exhiben los nacionalismos. La «dictadura blanca» que anunciaba Tarradellas resultó ser una suave, pero muy eficaz, forma de macartysmo: aquello de los buenos y los malos catalanes, ya saben ustedes.

Una sociedad conformista la ha aceptado, hasta ahora, aceptó con total pasividad. Los medios de comunicación, sobre todo los de la Generalitat, contribuyeron poderosamente a este estado de cosas. Autocensura, controles gubernamentales y sociales, últimamente Consejo del Audiovisual. Todo perfectamente pensado y planificado paso a paso.

Hay signos de que los tiempos están cambiando. Me siento uno más entre una amplia minoría que ha intentado romper esta tupida y vergonzante red de complicidades que impide hablar de tantas cosas. En nombre de esta minoría, me es muy grato aceptar este premio.

Entiendo que el jurado ha querido manifestar públicamente que la libertad de expresión, además de las normas jurídicas que la regulan, depende también de la actitud libre de quienes la ejercen. Gracias al jurado que nos ha otorgado el premio, especialmente gracias por considerarme un librepensador: ¿se puede pensar sin ser libre? Gracias a EL MUNDO que lo patrocina y que contribuye de manera destacada al ejercicio de la libertad de expresión en Cataluña. Gracias a todos ustedes por su asistencia. Como en los viejos tiempos, buenas noches y buena suerte.

Francesc de Carreras es catedrático de Derecho Constitucional y columnista.
Comunicación, El Mundo18 noviembre 2006

viernes, 17 de noviembre de 2006

"Aux armes, citoyens!"

Debía de ser en 1955, y yo estaba de gira clandestina por España. El caso es que entré en un café de Barcelona, me acerqué a la barra y pedía un café solo. Recuerdo que era un café de barrio y estaba prácticamente vacío. El camarero, un muchacho joven y sonriente, como estábamos casi solos me hizo una pregunta amable, no sé si sobre el tiempo, no sé si sobre el Barça, pero no le entendí, porque hablaba en catalán. Le dije: "Perdone, pero no le he entendido". Se sobresaltó, pidió disculpas en español, y parecía asustado. "Por favor, no pasa nada, y disculpe por que yo no le entendiera", le dije.

La situación era paradójica: con o sin motivos, el camarero se asustó, pensando que a lo mejor iba a denunciarle por hablar catalán, y yo, español de París en viaje clandestino, con falso pasaporte francés, no podía explicarle que, pese a no entender el catalán, no tenía ningún inconveniente en que él lo hablara, con tal de que pudiéramos entendernos en castellano (digo "castellano" porque el catalán también es una lengua española, no en vano Cataluña es una región de España). No podía presentarle mi tarjeta de antifranquista, vaya.

Todo el mundo ha entendido que lo que quiero decir es que ahora ocurre exactamente lo contrario; no es el que habla catalán quien se asusta, sino el que habla español. Con lo cual podemos felicitarnos del progreso democrático y cultural de Cataluña, y de su excepción cultural, que con gran entusiasmo hunde a los catalanes en el pozo negro de la más profunda imbecilidad.

Como hace años que no voy a Barcelona, adonde fui tantas veces, ni pienso volver, son testimonios de amigos franceses, latinoamericanos o madrileños los que me confirman el incremento de la limpieza étnica en Cataluña, que no se limita a la lengua, sino que, habiendo sentado el Estatuto que el catalán es un ser superior, y Cataluña una "nación" aún más superior, hablar de racismo no es totalmente descabellado.

Hay que ser conscientes de que cuando a un imbécil le dices que es superior se lo cree, y vota por ti. Ya se trate de imbéciles catalanes, vascos o andaluces. Sin embargo, no todos los catalanes son imbéciles en el sentido catalanista del término, o sea asnos que se creen jirafas, o ranas que se toman por elefantes, como lo han demostrado las últimas elecciones, donde sólo una mala ley electoral, una abstención masiva, la ausencia de un verdadero partido de oposición –que hubiera sabido demostrar que Cataluña es España, y precisamente por eso es Cataluña, pero una Cataluña abierta y no cerrada, una Cataluña sin apartheid–, todo ello ha permitido la formación de un tripartito de vencidos. El peso de ERC en ese Gobierno augura las peores catástrofes; a medio plazo, porque por ahora, con sardana obligatoria, todos tan contentos.

Diciéndolo deprisa y corriendo, hay que reconocer que el PP de Cataluña es un desastre, y el mayor desastre del desastroso PP es Josep Piqué, su jefe, y el hecho de que hayan perdido un solo diputado es milagroso. Para muchos catalanes el PP es "españolista", el peor de todos los insultos que están en boga en los medios nacionalistas, y en vez de reivindicarlo con orgullo, aclarando que no son "españolistas" sino sencillamente españoles y demócratas, o sea, partidarios de la Constitución y de la autonomía, de una Cataluña en España, bilingüe de verdad y abierta al mundo –y no encerrada en una diminuta casa blindada y con dinamita, para suicidarse cantando Els Segadors–; en vez de ello se dedican a lamer el trasero de CiU, con el señuelo de obtener la concesión de los cementerios catalanes. Hablando en castizo, el PP en Cataluña no es ni chicha, ni limoná.

Desgraciadamente, no sólo en Cataluña. La "realidad nacional" de Andalucía es, efectivamente, una imbecilidad, pero inscribir esa imbecilidad en el nuevo estatuto, o sea en la ley, es una canallada. Dentro de poco la Junta andaluza, envidiosa de los privilegios obtenidos por los catalanes –y además con un andaluz a la cabeza de la Generalitat–, exigirá también su bilingüismo, que sólo podrá ser con el árabe, por aquello de la "alianza de civilizaciones" propugnada por el potente sindicato de zapateros turcos y como homenaje a los reinos de taifas.

O sea que Cataluña se hunde en las marismas ultranacionalistas, y no me extrañaría nada si se acelerara el éxodo de escritores, editores, catedráticos que tienen el castellano por lengua y no les da la republicana gana que de se les prohíba usarla. Lo de los periodistas es diferente, porque la prensa en catalán es inexistente y la mayoría de los peores exabruptos nacionalistas están dichos o escritos en castellano. Lo cual tiene su gracia.

Cataluña se hunde, pero Cataluña es mucho más que su Govern, y cada vez hay más catalanes que protestan. Desgraciadamente, por ahora, su protesta es sobre todo pasiva, y se refleja en una abstención creciente. Otro dato interesante es la aparición de un nuevo partido, Ciudadanos, que en pocos meses de existencia, casi subterránea, ha obtenido 3 diputados. Y, las cosas como son: la increíble avalancha de insultos, injurias y denuncias que ha recibido tras tan modesta victoria ha constituido una soberbia e inesperada propaganda a su favor.

Sus enemigos, o sea toda la clase política catalana –incluido, vergonzosamente, el PP: Piqué no podía faltar a esa cita de amor con los nacionalistas–, les han atacado bestialmente, empleando contra ellos los mismos insultos, lo cual es harto significativo, y si el odio que manifiestan es buen indicio de su tolerancia y de sus convicciones democráticas, o sea cero, su furor refleja su miedo. Y no pienso que teman los resultados obtenidos por Ciudadanos, son demasiado insignificantes, sino que crezcan, como crece el mal humor y hasta la indignación de muchos catalanes ante la dictadura –no hay otra palabra– de los nacionalistas. No es lo que son lo que procura odio y pavor, sino lo que pueden llegar a ser, y no les falta razón a esos borregos: pueden llegar a ser una esperanza.

Ahora, ¿qué va a hacer ese nuevo partido? Francamente, es demasiado pronto para pronunciarse, porque el ser un síntoma valioso del desencanto catalán no es suficiente para llevar a cabo una política inteligente. Además, si yo conozco a ciertos de los intelectuales que hace ya varios meses lanzaron su manifiesto en favor de la creación de ese nuevo partido, más por sus escritos que personalmente, salvo a Beatriz de Moura, nada sé de los tres diputados recién elegidos, ni del resto de la tropa, ni de su programa político, si lo tienen, y esto se explica debido a la losa de silencio y censura que los catalanistas, medios como políticos, han impuesto en torno a ese partido, silencio que ha explotado en injurias tras su victoria.

Como todo el mundo, he leído de todo, a favor y en contra, sobre el Partido de la Ciudadanía, pero debo reconocer que los piropos que Fernando Savater en El País y Raúl del Pozo en El Mundo les lanzan, como claveles al torero, me han puesto mosca. Claro que soy muy sectario y reaccionario –y más según los criterios de Carod Rovira, ese ángel de la misericordia cuyo humanismo se extiende a los que usan pistolas y las roban–, pero, francamente, cuando Raúl del Pozo dice: "Estos son los buenos", yo automáticamente pienso que son los "malos". Savater es algo diferente: puede darles coba y hasta jalearles con un bolchevique: "¡Adelante, compañeros!"; lo aprovecha para jalearse a sí mismo, a través ¡Basta Ya!

Yo no tengo la menor oposición de principio contra ¡Basta Ya!; más bien al revés: considero favorablemente a todos los enemigos de ETA. Pero hay que reconocer, precisamente, que de nada ha servido para detener la canallada zapaterista de la rendición ante ETA.

Por lo tanto, seguiré con interés y simpatía los próximos pasos del nuevo partido, que se define como de "centro izquierda" –lo cual no quiere decir nada– y cuyos electores son mayoritariamente tránsfugas del PSC, pero que probablemente no hubiera existido si el PP fuera otra cosa. Con Vidal-Quadras a la cabeza. Es sólo un ejemplo.

Por Carlos Semprún Maura
Libertad Digital - Suplementos Ideas -

De CiU a ERC. Paradojas del Catalanismo

"CiU ha muerto de éxito, y ese éxito se llama ERC: los jóvenes que creyeron a sus padres. Si España nos perjudica tanto, ¿a qué seguir en ella?"
En su libro Retratos y perfiles, José María Aznar reveló una conversación crucial con Jordi Pujol. A raíz de la negativa del entonces líder nacionalista a que su formación entrara en el gobierno de España, Aznar, decepcionado, valoró la decisión como un grave error, como la pérdida de una oportunidad única y como una inconsecuencia clamorosa.
Durante su larguísimo gobierno, CiU puso en marcha mecanismos de construcción nacional que, con el tiempo, y dado lo desmesurado de la operación, sólo podían conducir a la estupefacción actual por las distancias adquiridas entre la Cataluña real y la oficial. De ahí la gran abstención, la irrupción de los Ciudadanos, la desafección de no pocos intelectuales y periodistas. No hay que olvidar que la operación ("de arriba abajo", pura ingeniería social desaforada, frenética y maniquea) se llevó a cabo desde un poder inferior al estatal y en una sociedad abierta. Es decir, por un lado tenía límites insalvables y por otro necesitaba del concurso, o al menos la pasividad, de la mayoría de lobotomizados.
Pero la inconsecuencia, cierta, que Aznar le reprochó a Pujol no tiene que ver con lo anterior sino con el encaje de CiU –formación que ya se estaba confundiendo con las instituciones– en el supraproyecto español. O más crudamente: con las reglas de juego mínimas que debía respetar un aparato de poder semejante para poder seguir haciendo lo que hacía.
Y lo que hacía tenía que ver con afectos que desaparecían en las nuevas generaciones, con una historia que se escamoteaba o retorcía, con un entramado moral que se rasgaba. Lo paradójico es que CiU habría podido seguir con esa forma de construir Cataluña institucionalmente que consiste en destruir España sentimentalmente... si se hubiera implicado en la gobernación de dicha España.
CiU ha muerto de éxito, y ese éxito se llama ERC: los jóvenes que creyeron a sus padres. Si España nos perjudica tanto, ¿a qué seguir en ella? Y la paradoja final, como una traca valenciana: la historia ha puesto a los independentistas catalanes en la tesitura de actuar con más realismo que sus mayores. De momento tienen un compromiso con los socialistas que, a la vista está, va más allá de coyunturas. Los convergentes no pueden comprenderlo y se echan al monte, ellos, tan moderaditos: para el votante común de CiU, el gobierno de Entesa es ilegítimo. Y su presidente, más, por nacimiento. La política tiene estas sorpresas.
Juan Carlos GirautaLibertad Digital, 17de noviembre de 2006

Los Diputados de Ciudadanos no Cantaron els Segadors

Rivera denuncia que Benach empleó diez veces el término "nación" en su discurso y sólo aludió al catalán

En su estreno parlamentario, Albert Rivera ha calificado el discurso de Ernest Benach, tras ser reelegido como presidente de la Cámara, de "identitario" . Según el presidente de Ciudadanos, "no ha sido institucional ni neutral" puesto que no ha englobado "todas las sensibilidades" . Rivera ha denunciado que el diputado de ERC pronunció hasta diez veces la palabra "nación" y cuando hablaba de la lengua, sólo se refería al catalán. Al término de la intervención de Benach, los tres parlamentarios de Ciudadanos se han levantado "por respeto" pero no han cantado el himno.

L D (EFE) Tras la sesión constitutiva del Parlamento catalán, Albert Rivera ha declarado a los medios sentirse "sorprendido negativamente" por la intervención de Ernest Benach, ya que a su juicio "no ha sido un discurso institucional, neutral, que permitiera englobar todas las sensibilidades" , sino que "en lugar de hablar de políticas sociales" ha hecho referencia sobre todo a cuestiones "identitarias" , algo que no cree "que les guste a muchos votantes del PSC".En concreto, los tres diputados de Ciudadanos han contabilizado las ocasiones en que Benach ha pronunciado el concepto "nación catalana, diez veces, mientras que "en cambio no ha hablado del actual estatus de Cataluña, que es el de comunidad autónoma dentro de España". Rivera también ha denunciado que las veces en que Benach ha hablado de "lengua" se ha referido siempre a la lengua catalana.

Ciudadanos no cantó Els Segadors

Tampoco le ha agradado al líder de Ciudadanos que Benach terminara su discurso exclamando "Visca Catalunya lliure" (Viva Cataluña libre). "Nosotros no creemos en una Cataluña libre, sino en una Cataluña dentro de España", ha apuntado Rivera. Rivera ha explicado que al final de la sesión parlamentaria, al sonar el himno catalán de "Els Segadors", los tres diputados de su formación se han levantado "por respeto" pero han evitado cantarlo.
Por otra parte, Rivera, que ya ha avanzado que no apoyará la formación de un nuevo tripartito de izquierdas, ha valorado de forma "positiva" su "experiencia personal" como miembro de la mesa de edad del Parlamento catalán en la sesión de este viernes y ha destacado la "relación cordial" con el resto de parlamentarios.

Libertad Digital

jueves, 16 de noviembre de 2006

Ciudadanos en la Prensa

Espacio dedicado a la publicación de Artículos de Prensa:

- En torno a Ciutadans - Partit de la Ciutadania - Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía -
- Sobre Nacionalismo y Constitucionalismo.
- Política en General.
- Que reflejen aspectos Sociales.
- Otros.