miércoles, 13 de mayo de 2009

CONFIRMADO: ZP NO ESTABA DE COÑA. Por Pablo Molina

Debate

«Zapatero ha demostrado una vez más que no sabe por qué se ha producido esta grave recesión, qué es lo que ha de hacer un Gobierno para evitar que se prolongue y qué debe evitar para no agravar la situación.»


José Luis Rodríguez Zapatero desgranó en su primera intervención del debate del estado de la nación un nuevo poemario para salir de la crisis, el decimosegundo si no cuento mal (o el "doceavo" que diría Solana). A grandes rasgos se trata de dar dinero a los que quieren cambiar de coche, suprimir la desgravación por adquisición de vivienda, darle píldoras postcoitales a las niñas, regular por ley la libertad religiosa (como en las teocracias musulmanas), luchar contra el cambio climático, faltaría más, y, como colofón, cambiar "el patrón de desarrollo económico", frase que queda bastante bien entre los iletrados de su cuerda pero que, a día de hoy, no sabemos qué significa exactamente.


Ah sí, si tiene usted un hijo en quinto de primaria que no aprueba ni la educación para la ciudadanía (lo que ya tiene mérito), no se preocupe. El ceporrín va a seguir suspendiendo pero estará muy entretenido en casa porque ZP le va a encasquetar un ordenata gratis total.

Zapatero ha demostrado una vez más que no sabe por qué se ha producido esta grave recesión, qué es lo que ha de hacer un Gobierno para evitar que se prolongue y qué debe evitar para no agravar la situación. Lo mejor de todo es que, además, todo eso le importa lo mismo que a un cineasta español el número de espectadores que paga por ver sus películas: aproximadamente nada.

En su primera réplica a Rajoy, plena de talante, el caballero al que han votado once millones de optimistas antropológicos recuperó los grandes asuntos que tantos réditos electorales le han proporcionado desde que un día le nombraron secretario general del PSOE. El resultado es un intento patético de volver a resucitar la imagen de una derecha crispadora, antipatriota, insolidaria, antisocial y carca, frente a la luminosa presencia del líder progresista que se preocupa por el bienestar cotidiano de todos y cada uno de los trabajadores con la única condición de que sean sindicalistas liberados de una organización "de clase" (de clase alta diría yo, tal y como está el patio).

Más gasto público, más intervención estatal, más despilfarro y menos dinero en el bolsillo de los ciudadanos y empresarios. A cambio, algún becario le ha colado en el discurso dos referencias tan liberales que ni siquiera Rajoy las hubiera utilizado: libertad de derecho de establecimiento para todo comercio minorista y progresiva liberalización del sector eléctrico. Pero no se preocupen, el pobre a estas horas ya debe estar despedido. Otro más a las listas del paro. Para que luego digan que estos debates no sirven para nada.

Libertad Digital - Opinión

RETRATO DE UN GOBIERNO A LA DEFENSIVA

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy protagonizaron ayer el debate más duro y áspero desde 2004, escenificando no sólo el antagonismo de sus políticas económicas, sino también la ruptura de puentes entre el Ejecutivo y la oposición. Los antecedentes de discrepancias entre uno y otra por la crisis y el contexto preelectoral auguraban este sesgo del debate, que además evidenció el creciente aislamiento parlamentario del presidente del Gobierno, cuyo discurso inicial de la mañana fue duramente criticado por las minorías aún antes de intervenir. La tensión que mostraba Zapatero en su primer discurso reflejaba la certeza de que ya han quedado atrás los tiempos en que todo valía para marginar al PP con el «cordón sanitario» trenzado con nacionalistas y extrema izquierda. Ahora, Zapatero es mal compañero de viaje y recibe un repudio que sus antiguos aliados no se recatan en disimular.

El presidente del Gobierno intentó anticiparse a las críticas que iba a recibir lanzando anuncios de medidas económicas y sociales pretendidamente novedosas, expuestas de manera un tanto precipitada, en ocasiones confusa, que siguieron el patrón de la improvisación y la falta de proyecto global para la recuperación económica. Intentó mermar la réplica de Rajoy con unas rebajas fiscales a pequeñas y medianas empresas y trabajadores autónomos -reiteradamente rechazadas por los socialistas- que son insuficientes, porque son tan restrictivas y condicionadas que apenas van a tener efecto estimulador en la contratación y en la actividad económica. También anunció una ayuda directa a la compra de coches, pero basada en las cuentas de la lechera, porque el 75 por ciento de esa ayuda dependerá de que accedan a compartirla las comunidades autónomas (500 euros) y la industria del automóvil (1.000 euros). Y así hasta llegar al tijeretazo a las desgravaciones por adquisición de vivienda, previsto para 2011 -plazo tan largo que inutiliza la medida de antemano-, que maltrata a las clases medias, bien defendidas por Rajoy, e ignora las cargas familiares, al fijar como tope salarial para ese beneficio fiscal unas rentas de 24.000 euros, que tendrán los mismos problemas que los actuales para acceder a la financiación hipotecaria.
El presidente del Gobierno se encontró con que sus novedades nacían ya amortizadas por un efecto letal para un gobernante: el descrédito personal, que fue uno de los argumentos principales de la intervención contundente de Rajoy. El líder del PP fue consciente de que el desempleo creciente, el pesimismo social generalizado y el estancamiento político del Gobierno debían centrar el debate, aunque Zapatero insistió en reconducirlo a una especie de culpa histórica del PP -de la que su líder supo liberarse en todo momento- por la «burbuja inmobiliaria» y el modelo económico sustentado en la vivienda. Rajoy acertó en sus críticas, porque pusieron a Zapatero frente a sus responsabilidades desde hace más de cinco años, tiempo suficiente para hacer propias las causas de cualquier carencia en el sistema productivo español. Los sondeos de opinión sobre quién ganó el debate arrojarán resultados dispares, pero la jornada de ayer se cerró con la certeza preocupante de que el Gobierno no tiene fuerza política para salir de la crisis económica.

ABC - Editorial

DESBARAJUSTE. Por Alfonso Ussía

Dos ministras anuncian que las niñas de 16 años pueden abortar a su capricho y antojo, sin permiso paterno ni receta médica

Sería muy conveniente que los ministros de Trabajo, señor Corbacho, de Sanidad, señora Jiménez, y de Igualdad, señora Aído, se reunieran a tomar un café. O una copita, si les gusta más. Sus rumbos son tan errados y contradictorios que han superado con creces el suceso de la condecoración a Antonio Mingote en el anterior Régimen. Así que Antonio se hallaba dibujando en su despacho, cuando Isabel le entró una carta que le había enviado a mano el ministro de Exteriores. «Por su genialidad continuada en los dibujos publicados en ABC, le ha sido concedida la Gran Cruz de Isabel la Católica». -Pues ¡bueno!-, comentó Mingote con su estallante expresividad.


Y siguió dibujando. Pocos minutos más tarde, también Isabel, le llevó otra carta, igualmente enviada a mano, del ministro de la Gobernación. «Lamentamos comunicarle que por sus continuas ofensas e ironías contra el Régimen, aparecidas en sus dibujos publicados en ABC, ha sido sancionado con una multa de 25.000 pesetas, con independencia del proceso judicial que se ha abierto contra su persona». -De acuerdo, pero a ver si me dejan terminar el dibujo-. En el mismo día, y casi a la misma hora, el Gobierno premiaba y castigaba a Mingote por interpretación descoordinado de sus dibujos. Unos gansos. Ayer, las señoras ministras de Sanidad y de Igualdad, con sonrisa de victoria, anunciaron que la píldora «del día después» se dispensará en las farmacias sin necesidad de receta y sin límite de edad. Para conducir hay que cumplir los dieciocho años, y para abortar no es necesario ni el permiso paterno en las menores de edad. Y sin receta, a pesar de los efectos adversos que denuncian los farmacéuticos. Por eso mostraban tanta felicidad esa atractiva pareja de gamberras. Aquí vale todo, parecían decir mientras se reían a mandíbula batiente. En el mismo día y a la misma hora, el ministro de Trabajo, señor Corbacho, que está pasando por una mala temporada, buscaba fórmulas para garantizar las pensiones, que pocos años atrás estaban garantizadas, y en la actualidad, tararí que te vi. Corbacho no se reía tanto como sus compañeras en el Gobierno. Es hombre de seriedades altas y reflexiones dolorosas. Para tomar copas, sin duda alguna, infinitamente mejores doña Trini y doña Bibi, que amenizan con su sonrisa su espectacular ignorancia. De llamarme para solicitar mi compañía en un bar, no tardaría en responder que sí. A una y a otra. Si lo hiciera Corbacho, me lo pensaría más. Con el ministro de Trabajo más que a tomar unas copas a un bar le encaja degustar un café en la barra de un tanatorio. Pero el hombre hace lo que puede. Y de tanto buscar fórmulas para garantizar las pensiones en el futuro, ha encontrado la solución. También la adelantó ayer. «La primera medida para asegurar las pensiones es fomentar la natalidad». Manda huevetes. Sin entrar en trifulcas morales, éticas o religiosas, dos ministras anuncian que las niñas de 16 años pueden abortar a su capricho y antojo, sin permiso paterno ni receta médica, y el ministro de Trabajo anuncia que la primera medida para asegurar las pensiones no es otra que nazcan más niños. Al menos, que se pongan de acuerdo, porque están dando una imagen de desbarajuste conmovedora. Ellas, sonrientes, abriendo la máquina de eliminar a los indefensos, y él tan serio y formal, defendiendo, en nombre de la economía, la natalidad. Coordine, Zapatero.

La Razón - Opinión

NI NUEVO, NI MODELO, NI PRODUCTIVO. Por José García Domínguez

Debate

«Según Zapatero, un país de la Unión Europea puede cambiar de modelo productivo con la misma facilidad con que Ana Obregón cambia de novio. Y si él lo dice, será verdad.»


Me provoca cierta vergüenza admitirlo en público, casi tanta como a Rajoy cuando lo acusan de ser de derechas, pero alguna vez tenía que confesarlo: soy el único español que no conoce la solución a la crisis. Como decía Serrat, "no es dura la verdad, lo que no tiene es remedio". Así, todos los días, uno empieza a ruborizarse de buena mañana, cuando baja a desayunar y la tropa del bar le explica a coro las obvias –según dicen– reformas estructurales que exige la economía con tal de salir zumbando de la recesión mañana mismo.


Poco después, vuelve a enrojecer, al ser ilustrado por la clientela toda del quiosco sobre las, según predican, muy evidentes inelasticidades inducidas que estrangulan el potencial de crecimiento de nuestro PIB. Es un humillante bochorno cotidiano que se torna en irrefrenable auto odio si a Zapatero le da por predicar la "modernización del modelo productivo español", como en el Debate. Pues, al parecer, hemos pasado del "programa, programa, programa", aquella insufrible letanía del temible Julio Anguita, al "modelo, modelo, modelo", no menos plúmbeo rosario laico recién alumbrado en La Moncloa.

Por ignorar, uno hasta desconoce qué demonios debe ser eso del modelo productivo a modernizar. Es más, incluso tenía entendido que el asunto de los modelos era una cosa soviética, de cuando Stalin mandó fusilar a Kondratieff en el Gulag porque no le gustaba la fórmula matemática de su teoría del ciclo largo; vaya, un arcaísmo retórico con olor a naftalina, planes quinquenales y viejos desfiles del primero de mayo rodados en blanco y negro. Qué error, que inmenso error, como diría el otro. Porque, según Zapatero, un país de la Unión Europea puede cambiar de modelo productivo con la misma facilidad con que Ana Obregón cambia de novio. Y si él lo dice, será verdad.

En fin, ya que ese inminente nuevo modelo que acaba de anunciar el presidente se apoyará, sobre todo, en la educación, sólo resta conocer qué presiones ejercerá ante los países asiáticos que prohíben terminantemente a sus escolares el uso de ordenadores y calculadoras en las aulas. Casualmente, las mismas naciones que ocupan todos los primeros lugares, sin excepción, en los estudios internacionales de rendimiento escolar. Veremos.

Libertad Digital - Opinión

PILDORA CON SECUELAS

HA causado perplejidad en medios sanitarios el anuncio conjunto de las ministras Trinidad Jiménez y Bibiana Aído sobre el libre acceso a la píldora poscoital sin necesidad de receta médica ni límite de edad. Más allá de planteamientos éticos o sociológicos, los profesionales de la sanidad reclaman un análisis científico riguroso sobre las consecuencias de la universalización de la llamada «píldora del día después», dado que los argumentos expuestos por las ministras chocan con la evidencia más elemental. Frente a la afirmación sin pruebas de que este producto no es abortivo, los expertos establecen que la píldora evita que el óvulo, ya fecundado, pueda implantarse en el útero en un alto porcentaje de ocasiones. Por supuesto que produce efectos secundarios, desde náuseas y vómitos hasta transtornos ginecológicos y neurológicos. No se trata de informaciones confidenciales o puramente técnicas, sino que aparecen con toda claridad en el prospecto de alguna de las marcas más conocidas. Podría incluso facilitar la aparición de enfermedades infecciosas y, en el plano psicológico, sitúa a las adolescentes ante una decisión que puede acarrear secuelas muy complejas. A mayor abundamiento, el ejemplo del Reino Unido -utilizado en concreto por la ministra de Sanidad- demuestra que el medicamento aumenta también el riesgo de enfermedades de transmisión sexual.

Dadas las circunstancias, es una irresponsabilidad permitir que esta píldora poscoital pueda adquirirse sin problemas por veinte euros en una farmacia como si fuera un simple producto higiénico o cosmético. Hay que suponer que los profesionales de la medicina tienen algo que decir cuando se trata de proteger la salud sexual. En vez de receta médica, estamos ante una receta gubernamental orientada por criterios ideológicos e intereses oportunistas. Si el PSOE prefiere ignorar los argumentos morales o sociales, debería al menos tener en cuenta el derecho a la salud que la Constitución otorga a todos los ciudadanos. Los datos actuales reflejan que cerca de 600.000 mujeres reciben cada año en España el tratamiento de la píldora del día después, una cifra que puede incrementarse notablemente si se lleva a la práctica el proyecto del Ejecutivo. No se trata de eliminar obstáculos para el acceso de las personas más jóvenes a los métodos anticonceptivos, como pretende el Gobierno, sino de una opción ideológica que pasa por encima de los requisitos científicos más elementales. Es imprescindible escuchar a los expertos antes de adoptar una fórmula errónea y sin sentido.

ABC - Editorial

EL ESTADO DE LA NACION NECESITA OTRAS PILDORAS

«ESPAÑA ELIGE a Zapatero para sacarla de su crisis», tituló en primera página este periódico el día después de las elecciones generales y enfatizábamos el «su» porque queríamos subrayar que el presidente del Gobierno revalidado en las urnas había cometido flagrantes errores en su primera legislatura que seguro que iban a pasarle factura en la segunda, tanto en la cuestión económica como en temas de Estado. Ha pasado poco más de un año y la situación se ha ido deteriorando a toda velocidad, sin que el presidente haya dado muestras de haber aprendido las muchas lecciones que le ha proporcionado su gestión. Empezó por negar la crisis hasta hace sólo unos meses y ese negacionismo sigue impregnando el día a día de su acción de gobierno. Hoy se celebra el primer Debate del estado de la Nación de su segunda legislatura y Zapatero llega a la sesión en su peor momento, cercado por unos indicadores que no dejan lugar a duda sobre la gravedad de la crisis en la que España se ha instalado, y con el PSOE en una soledad parlamentaria casi absoluta.

La economía española decrece al 2,9%, hay 4.010.000 parados (el 17,4%), el consumo se ha detraído un 4,2% en el primer trimestre de este año, la caída de los ingresos del Estado alcanza el 12% y la previsión de déficit público para finales de año se sitúa en el 8,6% según las previsiones del Banco de España. A pesar de que son datos que no dejan lugar a ningún tipo de interpretación optimista, Zapatero sigue empeñado en esperar a que escampe y en mantener el discurso de que lo único que el Gobierno puede y debe hacer es mantener las prestaciones sociales. El presidente es inmune a las peticiones de reformas -en el mercado laboral, en las pensiones, en la educación, en política energética- que le llegan de numerosas y autorizadas voces, algunas de ellas procedentes de su entorno ideológico e incluso de su propio partido.

Zapatero quiere vadear la crisis a base de iniciativas que puedan satisfacer a los votantes más a la izquierda, y como muestra, un botón. Ayer, víspera del debate, la ministra de Sanidad anunció que la llamada píldora del día después se venderá en farmacias sin receta y a mujeres sin límite de edad. Sin entrar en el fondo de la cuestión con el que en líneas generales podríamos estar de acuerdo, la intencionalidad política y propagandística de este anuncio es tan evidente que casi da reparo comentarla. Una vez más, el Gobierno pone un señuelo en una cuestión delicada desde el punto de vista moral y social para que los sectores que no comulgan con la izquierda entren al trapo y así presentarse ante la opinión pública como la quintaesencia del progresismo. Y de paso, si consigue que se hable menos de la crisis y del paro, mejor que mejor.

El Debate del estado de la Nación fue fijado por Zapatero para antes de las europeas del 7-J y ello quiere decir que la sesión será utilizada por el presidente, por Rajoy y por el resto de los grupos como un escenario más de campaña electoral. Con unas elecciones a la vista, está claro que el presidente no tiene intención alguna de liderar lo que, según las encuestas, pide a gritos una mayoría de la sociedad española: un gran pacto de Estado -que se puede llamar de La Moncloa o de otra forma- para sacar a España de la crisis. Es previsible que el encasillamiento de Zapatero sea respondido de forma muy dura por el líder de la oposición Mariano Rajoy, quien también afronta un reto importante ante el debate de hoy: demostrar que además de críticas, tiene un proyecto detallado en materia económica para hacer frente a la gravedad de la situación.

El Mundo - Editorial

OCURRENCIAS PARA ENCUBRIR EL ESTADO DE LA NACION

Tal y como era de esperar, Zapatero ha aprovechado el Debate sobre el estado de la Nación para hacer públicas nuevas ocurrencias disfrazadas de medidas anti-crisis con la finalidad de distraer la atención sobre el calamitoso estado de nuestra economía y hacernos creer que sabe como enderezarlo. Al igual que sucedía con las anteriores, las nuevas propuestas planteadas por Zapatero se caracterizan, salvo alguna insignificante excepción, por incrementar el gasto público, por lo que, al igual que las anteriores, no servirán para una sana y rápida recuperación de nuestra economía, sino todo lo contrario.

Tal es el caso de la concesión de un ordenador a cada alumno de primaria, las ayudas directas de 2.000 euros para la compra de automóviles o los 25.000 millones de euros para lo que el Gobierno llama "proyectos de economía sostenible".

Al margen de que Zapatero aun no ha cumplido sus pasadas promesas respecto a la introducción de la informática en las aulas, el principal problema que padece la educación no es la falta de ordenadores o de pizarras digitales, sino el abandono de la cultura del esfuerzo y de la disciplina, que ha hecho de la enseñanza, tal y como ha señalado Duran i Lleida, un autentico coladero en la que la execelencia brilla por su ausencia. Zapatero, además, no ha acordado con las autonomías esta medida que afecta a sus competencias, por lo que no están nada claras sus fuentes de financiación.

El sector del automóvil es uno de los que más se ha sobredimensionado como consecuencia de la irresponsable orgia crediticia de los años anteriores, y lo que tiene que hacer es ajustarse a la demanda de los ciudadanos. Estas subvenciones van a ralentizar este inexorable reajuste y van a suponer una rémora para los sectores más rentables de la economía que podrían absorber los excesos de esos otros sectores sobredimensionados.

Muy insostenibles tienen que ser "los proyectos de economía sostenibles" a los que este gobierno quiere dedicar 25.000 millones de euros, si ya para empezar tienen que echar mano del dinero de los contribuyentes. Sin embargo nada es imposible para este ingeniero social que nos gobierna, con la arrogancia suficiente como para creerse que es capaz de cambiar por el ley el patrón de crecimiento de nuestra economía.

En cuanto a la decisión de eliminar la deducción fiscal en el IRPF por la compra de vivienda a partir de 2011 para las rentas superiores a 24.000 brutos anuales, es una medida que no va a ayudar a quienes ahora quieren y no pueden comprarse una casa, dificultad que irá en aumento en el futuro al no poder ya desgravársela. En cuanto a los que ya pueden pero están esperando a que caigan más los precios, el Gobierno les obliga a hacerlo ahora de forma mucho más cara so pena de perder la posibilidad de desgravación en el futuro. Eso no es acabar de forma correcta con las distorsiones que crea la falta de neutralidad fiscal, sino un ultimátum que penaliza a los contribuyentes de las clases medias y que obstaculiza el necesario reajuste en el sector de la construcción.

En cuanto al único anuncio de reducción de impuestos presentado por Zapatero –el referido al impuesto de Sociedades–, más que una rebaja fiscal es una auténtica tomadura de pelo. La reducción es sólo de cinco puntos, sólo durante tres ejercicios, sólo para las empresas de menos de 25 trabajadores y un volumen de ventas inferior a 5 millones de euros y sólo a aquellas que a 31 de diciembre de 2009 mantengan o mejoren su plantilla media de 2008.

En cuanto a la intervención de Rajoy, nadie ha resumido mejor que él el lamentable estado de la nación, al señalar que es el propio de un país en el que hay más de cuatro millones de parados. Ahora bien, por contundente que haya sido la critica de Rajoy a la ineptitud y a las mentiras del Gobierno, y por mucho que la situación económica sea la principal preocupación de los españoles, no habría de estado de más que el líder de la oposición también hubiera dedicado alguna atención al no menos lamentable estado que ofrece España en muchas otras áreas, tales como la justicia, la vulneración de derechos lingüisticos o la absoluta desvertebración que padece el país por culpa de los estatutos soberanistas.

Por otra parte, cabe señalar que ha sido Rajoy el que ha querido presentar unas alternativas de gobierno y la necesidad de emprender unas reformas que, sin embargo y a pesar de haber hablado únicamente de economía, el lider de la oposición se ha negado reiteradamente a explicar.

En cualquier caso, nada es comparable al lamentable papel de Zapatero en este debate y a su absoluta soledad en la Cámara.

Libertad Digital - Editorial

INSTITUTO, GLORIA A TI. Por Francisco Almendros Alfambra

El Cuerpo cumple años. El día 13 de mayo de 1844, hace hoy 165 años, se publicaba el Real Decreto Fundacional, firmado por Ramón María Narváez, Presidente de Gobierno y Ministro de la Guerra y sancionado por S. M. la Reina Isabel II. Su creación respondía a la necesidad del Estado de dotarse de un cuerpo de seguridad de carácter e implantación nacional, que armonizara y uniformizara la seguridad pública en todo el territorio, en contraposición a la profusión de cuerpos de policía con funciones heterogéneas y ámbitos diversos, de imposible coordinación y condicionados en su actuación por la adscripción política de sus dirigentes, cuando no del propio cuerpo. En una España convulsa política y socialmente veía la luz el nuevo Instituto entre la ilusión de unos, el recelo y escepticismo de otros y la expectación de todos.

La magnitud del proyecto, abordado en tal ambiente exigía pericia y decisión. Fue preocupación principal del fundador, el Duque de Ahumada, «granjearse» el respeto y la confianza de la población mediante la eficacia en el servicio y la rectitud de conducta. Así, la selección meticulosa de los primeros guardias civiles entre militares veteranos se fundamentó en el mérito, el prestigio y una intachable hoja de servicios. La conducta pública y privada había de someterse a un código riguroso y estricto. Las pautas de comportamiento del guardia civil fueron descritas con precisión, claridad y belleza literaria en la «cartilla» y han trascendido ya del ámbito del Cuerpo: «El honor ha de ser la principal divisa», «dignidad, prudencia y firmeza», «ser prudente sin debilidad, firme sin violencia y político sin bajeza», «ser un pronóstico feliz para el afligido», «la persuasión y fuerza moral han de ser sus primeras armas», «ser un dechado de moralidad» y otros mandatos del mismo tenor, son proclamas éticas y resumen los valores y principios que han sido norte y guía de la Institución, los que la sociedad española, a cuyo acerbo ya pertenecen, ha visto y quiere seguir viendo en ella y los que, en definitiva, le han valido el hermoso título de Benemérita.

Otra decisión novedosa y trascendental fue la doble dependencia del nuevo Cuerpo: «Del Ministerio de la Guerra por lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes y del Ministerio de la Gobernación por lo relativo a su servicio peculiar y movimiento». Este es el artículo 1º del Decreto fundacional y núcleo de la naturaleza militar del Cuerpo, cuestionada a veces, y conservada siempre. El que unas «guardias armadas» actuaran con obediencia al poder civil, en su servicio peculiar, llevó a la Reina Isabel II a llamarlas guardias civiles para recoger su doble condición, y así puso nombre al nuevo Cuerpo.

La propia misión encomendada a la Guardia Civil y su despliegue tan diseminado la constituyó en poderoso elemento vertebrador de la Nación, posibilitando el tránsito por los caminos, infestados de salteadores, en una época, protegiendo el ferrocarril después, asegurando en uno y otro caso el flujo de riqueza que hace moderno a un país y siempre llevando al rincón más remoto de España el aliento y autoridad del Estado y recogiendo en él el sentimiento y cuitas del español más alejado.

Pensará el lector que esto es historia. Y es cierto. Pero no sólo historia. Porque la «cartilla» sigue vigente. Cumplir, contra los augurios iniciales, 33 lustros con envidiable salud, puede ser porque el rigor en la exigencia impuesto en el momento fundacional, acompasado a las sucesivas épocas, ha persistido en el tiempo y porque, sin estridencia pero sin descanso, con paso corto y vista larga, en su tradicional estilo, ha ido modernizando sus medios y procedimientos para adaptarse a la realidad social de cada momento, pero manteniendo siempre la fidelidad a los principios y valores que presidieron su nacimiento.

Y es que el esfuerzo para aplicarlos a vida y profesión encuentra generosa recompensa en el disfrute del fundamento ético y moral que pueda dar respuesta a interrogantes y dudas, cuando tanta gente busca entre el desconcierto y el abatimiento algo en que creer. La doble dependencia y la naturaleza militar, esencia de su orden interno, están ligados a su concepto de obediencia y lealtad al poder legalmente constituido, alejamiento de posiciones o tendencias políticas, con absoluta neutralidad y respeto a la Ley. Su mimetización con el territorio y sus habitantes consigue el curioso efecto de que, siendo la misma en todas partes, sea regional en cada región y local en cada pueblo, pues se integra e imbrica en la sociedad a la que sirve y, de igual modo, la sociedad la siente parte de sí misma porque teniéndola invariable e incondicionalmente a su lado tantos años y en tantas vicisitudes sin desfallecer ni abdicar de su abnegada tarea de servicio, ha llegado a constituirla en referencia genuina, encarnando como ninguna otra Institución la esencia y el carácter de la sociedad española, convirtiéndola en un símbolo de nuestra Nación.

Fiel a su vocación vertebradora, también hace patria en el exterior con un papel relevante en misiones internacionales diversas, en más de veinte países, pues su condición de cuerpo policial y su naturaleza militar la hacen especialmente apta para este tipo de misiones, como demuestra el requerimiento creciente de su concurso por organizaciones supranacionales.

Lo dicho lo resume sabiamente el Himno en tres versos que condensan el ideario del Cuerpo:
Por tu honor quiero vivir
Viva España viva el Rey
Viva el orden y la ley

El culto al honor, al deber y demás valores tradicionales de la Institución le procurarán el aprecio, el respeto social y la honra, como reconocimiento público de la propia rectitud. El amor a España, nuestra nación, como sujeto de un largo y glorioso pasado, consciente y orgullosamente asumido, con sus luces y sombras y como proyecto ilusionante de un futuro común del que se sientan protagonistas todos los españoles, en el seno de la Constitución como máxima norma de la organización política que hemos querido darnos. El orden como paz social que la seguridad ofrece para que puedan ejercitarse en plenitud los derechos y libertades de los ciudadanos.

Y la Ley, siempre la Ley, como razón última, como referencia absoluta de toda acción pública en un estado de derecho.

No puedo terminar sin rendir un homenaje de admiración, respeto y gratitud a todos los guardias civiles de todas las épocas, a los de capa y tricornio, y a los que socorren desde el aire, a los que velan en una playa solitaria y a los que navegan por la red, a los que guardan el bosque y a los que hacen seguro el camino, a todos, que dieron cauce a su vocación de servicio a España a través de la Guardia Civil, y muy especialmente a los que ofrendaron su vida en este noble empeño auxiliando a los demás, en lucha contra el delito o asesinados por la lacra del terror, dejándonos su ejemplo de generosidad y sacrificio. Honrarles a ellos, como ellos honraron al Cuerpo, es hacer que «viva honrada la Guardia Civil».


FRANCISCO ALMENDROS ALFAMBRA, General de la Guardia Civil (R)

ABC - Opinión



Letra del himno en archivo PDF

EXTASIS


Cada rosa gentil ayer nacida,
cada aurora que apunta entre sonrojos,
dejan mi alma en el éxtasis sumida...
¡Nunca se cansan de mirar mis ojos
el perpetuo milagro de la vida!

Años ha que contemplo las estrellas
en las diáfanas noches españolas
y las encuentro cada vez mas bellas.
Años ha que en el mar, conmigo a solas,
de las olas escucho las querellas,
y aun me pasma el prodigio de las olas!

Cada vez hallo la Naturaleza
más sobrenatural, más pura y santa,
Para mí, en rededor, todo es belleza;
y con la misma plenitud me encanta
la boca de la madre cuando reza
que la boca del niño cuando canta.

Quiero ser inmortal, con sed intensa,
porque es maravilloso el panorama
con que nos brinda la creación inmensa;
porque cada lucero me reclama,
diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa,
también aquí se lucha, aquí se ama».


(Anado Nervo)

Electric Light Orchestra - Last Train To London

martes, 12 de mayo de 2009

PINTANDO DIANAS. Por Hermann Tertsch

EL telediario del mediodía de ayer comenzó con una buena nueva por la que clamaban millones de españoles. Se dice que de un tiempo a esta parte, gran parte de nuestra sociedad, aburrida ante la escasez de incidencias en nuestras vidas, no pensaban en otra cosa. El anuncio fue todo lo solemne que requería la relevancia de esta noticia. Dos ministras vestidas de boda aparecieron en conferencia de prensa conjunta para anunciarnos que una de nuestras principales cuitas ha sido solucionada por el Gobierno de España. La «píldora del día después», que para millones de españoles no es sino otro tipo de aborto -desde luego más fino que el de la trituradora- estará disponible en las farmacias sin receta y sin listón alguno de edad. Una de nuestras ministras vestida de ceremonia advirtió, eso sí, que no quiere que se considere la píldora abortiva como un «método anticonceptivo». Piadosa reflexión la de la ministra cuando lo que estamos viendo en nuestro país es la deriva hacia la consideración de método anticonceptivo del propio aborto quirúrgico. Como en Rusia, donde no es infrecuente que mujeres de dieciocho años hayan abortado tres o cuatro o cinco veces. No parece ser la mejor forma de fomentar los anticonceptivos reales. Pero eso debe de dar igual porque, según la propaganda del Gobierno de España y sus aledaños, quien debe realmente hacer campaña a favor de los preservativos es el Papa de Roma. Y como resulta que Benedicto XVI no parece mostrar suficiente celo en tal empeño, el Congreso de los Diputados aprueba en comisión una iniciativa para regañar al Pontífice. El Papa a la picota por no querer ser como Zerolo.

Pero que nadie se irrite porque esto acaba de empezar. Con la economía en pleno naufragio, la batería de provocaciones ideológicas superará en intensidad pronto todas las antes habidas. Hoy Zapatero se asoma al Congreso para pedir colaboración, eso que llaman «arrimar el hombro». Es decir, a exigir a la oposición que apoye la política ruinosa del Gobierno socialista. Y si no se aviene, a tratarla como fuerza traidora a los intereses de los españoles, enemigo a abatir por todos los ciudadanos que sufren esta crisis en la que, al parecer, los que han gobernado estos cinco años no tienen responsabilidad alguna. Ayer lo dejó claro la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, con su habitual donosura. Nos dijo que en el PP se alegran de cada dato negativo, de cada revés en la economía. Vino a decir que el PP se alegra de la miseria de sus compatriotas. Ayer Pajín acusó al segundo partido nacional, ni más ni menos, de ser un enemigo del pueblo. Cuidado con este discurso tan batasuno, señorita Pajín, porque las penurias y angustias de los próximos meses y años van a generar mucha carga de violencia, mucho odio. Y usted se dedicó ayer a pintar dianas retóricas en torno a los rostros de aquellos que simplemente discrepan de su política.

ABC - Opinión

LA AUDIENCIA NACIONAL Y EL ABSURDO. Por Ramón Villota Coullaut

Piratas

«No se puede entender que los mismos juzgados que reconocen unos retrasos de años en sus procedimientos, abran causas innecesarias –los citados ejemplos de China o Israel– o inicien polémicas estériles con la Fiscalía y con la Abogacía del Estado.»

Nuestra Armada, después de detener a los piratas somalíes dentro de una operación internacional para proteger la navegación en el Golfo de Arén, ha provocado, sin quererlo, una muestra más del absurdo jurídico al que nos está llevando la Audiencia Nacional con ciertas resoluciones. Y además esta última polémica afecta nuestro prestigio internacional, ya que España no puede permitirse que los siete piratas somalíes detenidos por el Marqués de la Ensenada queden en libertad.


En cualquier caso, esta polémica –que nos puede hacer caer en uno de los mayores ridículos si los piratas no son entregados a Kenia para ser juzgados– nos debería llevar a que nos replanteemos la función de la Audiencia Nacional en cuestiones internacionales. Y es que por un lado parece que el artículo 65.1 e) de la Ley Orgánica del Poder Judicial –que recoge como competencia de la Audiencia Nacional los "delitos cometidos fuera del territorio nacional, cuando conforme a las leyes o a los tratados corresponda su enjuiciamiento a los Tribunales Españoles"– no nos permite juzgar a los piratas somalíes, pero sí a abrir diligencias judiciales contra autoridades de Estados extranjeros (como últimos ejemplos destacan Israel y China). En realidad, nuestra competencia en el plano internacional debiera ser supletoria de la de los tribunales de los respectivos países implicados o de los tribunales internacionales, y en cualquier caso deberíamos proceder con un criterio de sentido común que, aparte de la necesaria subsidiariedad de nuestra jurisdicción, tenga en cuenta que en aquellos supuestos que no hay ciudadanos españoles implicados la Audiencia Nacional no debiera iniciar actuaciones judiciales.

Y si esto requiere de una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, habrá que reformarla. Pero si hay algo que no se puede entender es que los mismos juzgados que reconocen unos retrasos de años en sus procedimientos, abran causas innecesarias –los citados ejemplos de China o Israel– o inicien polémicas estériles con la Fiscalía y con la Abogacía del Estado, como sucede con la misión internacional para erradicar la piratería en las costas de Somalia.

Libertad Digital - Opinión

BAJA ESTOFA Y ALTA ESTAFA. Por Tomás Cuesta

EL debate que hoy se inicia en el Congreso acerca del estado del Estado (mentar a la Nación incurre en el sarcasmo) va a ser un espectáculo grotesco, de los de baja estofa y alta estafa. No apto para estómagos sensibles, ni para inteligencias despejadas, ni para nadie, en fin, que se respete y que respete las normas de la democracia. El único interés del mano a mano que enfrenta a Rodríguez Zapatero con Mariano Rajoy y «tutti quanti» estriba en constatar hasta qué punto el gran embaucador es capaz de adornarse. El presidente sostendrá que dos y dos son cinco por la regla de tres de que los ricachones quieren comerse el pan de los parados. El líder popular pondrá el grito en el cielo —o en el infierno, ya que estamos— argumentando que, ni al amparo de la LOGSE, es posible negar que sumen cuatro. Y los nacionalistas, por su parte, habrán de echar su cuarto a espadas con el pretexto de los muchos cuartos que, según ellos, se les han restado.

Total, que entre cuentas y cuentos, puñaladas de pícaro y embustes a puñados, se nos vienen encima cuarenta y ocho horas de cháchara mostrenca, retórica bastarda y ofensas al buen juicio de los ciudadanos. Un horror, en resumen. O, mejor, un espanto de los que, amén de boquiabierto, te dejan turulato. Similar, aunque huérfano de gracia, al que experimentase el jaque cervantino al admirar el túmulo de Felipe II (el primero es González) en su solemne emplazamiento sevillano: «Voto a Dios que me espanta esta torpeza / y que diera un millón por describilla, / porque ¿a quién todavía no le humilla / esta máquina ignara, esta vileza?». (Parafrasear a Cervantes es una aberración, qué duda cabe, pero también lo es que a la gran mayoría de nuestros parlamentarios les cueles de rondón un soneto falsario y se queden tan anchos).

El estado del Estado es comatoso, fané y descangayado —medio tongo, medio tango— y lo seguirá siendo pese a que Zapatero se saque, no sólo un comodín, sino una baraja entera de la manga. Lo natural, cuando la economía se encabrita, es que la gente termine encabronándose con los que no consiguen ni suturar la herida ni frenar la hemorragia. En España (o sea, en el Estado) la costumbre, por contra, es embestir contra cualquier señuelo que nos pongan delante. Mientras exista un chivo expiatorio —honor que le corresponderá al señor Aznar, por descontado—, el personal, metido a hacer la cabra, igual se tira al monte que al barranco. ¡Más subsidios!, exige el ruedo ibérico con la misma pasión con la que en otros tiempos demandaba más sangre y más caballos. A falta de pan, el odio engaña el hambre.

«Los problemas económicos —escribió Winston Churchill poco antes de que Europa se zambullera en la barbarie— no se resuelven apelando al voluntarismo extremo o a la vehemencia exacerbada. La solución es la eficacia. Son los remedios, no el número de votos, los que curan un cáncer». ¿Cáncer? ¿Qué cáncer? Lo peor ha pasado, la mejoría es evidente y el que no lo perciba es un cenizo, un ceporro, un cegato. Unos cuantos masajes laicistas, una sesión de cataplasmas doctrinarias y andando a cobrar el paro. Si es cierto que un cínico es alguien que conoce el precio de todo y el valor de nada, el señor Zapatero es el cinismo por antonomasia. Atentos al debate: valor nulo, coste incalculable. Baja estofa y alta estafa.

ABC - Opinión

EN ACTITUD LAICA Y DE RODILLAS. Por Cristina Losada

ZP y Patxi

«Los socialistas se mantendrán de pie ante la religión, pero ante el nacionalismo permanecen genuflexos.»

Zapatero celebró que López asumiera la presidencia de la autonomía vasca "de pie y en actitud laica". La posición real es otra. Los socialistas hacen alarde de retirar Biblias y crucifijos, pero despliegan un respeto reverencial por los objetos sagrados del nacionalismo. No se humillarán ante Dios, pero se humillan ante los dogmas establecidos por Sabino Arana, Prat de la Riba y Castelao. Incluso cuando acceden al poder demuestran complejo de inferioridad respecto a los nacionalistas. En unos sitios, los imitan o se vuelven más nacionalistas que ellos. En otros se comportan como el intruso que implora el perdón de los amos por ocupar su lugar y les garantiza que poco, apenas nada, cambiará en la finca.


Cuando López dice que hay un "campo enorme" para entenderse con el PNV y anuncia que le hubiera "encantado" nombrar consejero a Imaz, los bienpensantes lo interpretan como un gesto integrador, destinado a templar la rabia de los de Ibarretxe ante la costosa pérdida de las poltronas. Se alega que la situación del País Vasco es delicada. Pero cuando el mismo López se resiste a garantizar la presencia de la bandera española o cuando pregunta quién puede decir que los socialistas no quieren a Euskadi, revela el fondo turbio de la cuestión. Él y los suyos han comprado el muestrario de supercherías pergeñado por el nacionalismo. En concreto, ese botón sentimental: que sólo los nacionalistas aman de verdad el terruño. Por eso, claro, lo convierten en un coto privado donde la libertad siempre está en veda. Igual que la bandera.

Los orígenes del nacionalismo germánico aparecen vinculados al reemplazo del cristianismo ortodoxo por la creencia en una experiencia mística de la comunidad. En España, el nacionalismo porta también los rasgos de un sucedáneo religioso. Eso no ha impedido que lo abrazaran sectores del clero y que sus políticos se sientan más papistas que el Papa. El ritual de la toma de posesión del presidente autonómico vasco, instituido por el PNV como el resto de la simbología regional, representaba la extraña simbiosis de la religión y la Ersatzreligion. Patxi López decidió laicizar el rito, pero no para distanciarse del nacionalismo, sino de la religión.

El partido de Zapatero está ayuno de señas ideológicas, pero antes prefiere gallear como laicista que mostrarse poco devoto del credo identitario. Y enfrentarse a él, ni en sueños. Los socialistas se mantendrán de pie ante la religión, pero ante el nacionalismo permanecen genuflexos.

Libertad Digital - Opinión

PALABRAS Y MENTIRAS. Por M. Martín Ferrand

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero es un orador singular. Su método camina más cercano al sermón de catequesis que al discurso político tradicional y en sus palabras todo cuanto no resulta esotérico es falso; pero, aun así, convence al respetable. Más que un mérito propio es un demérito de sus oponentes -tan aburridos y tecnocráticos- y, también, el fruto de la generalizada bondad de los españoles. Se le ve tan tierno e inmaduro y se le supone tan abrumado por las circunstancias que incita a la conmiseración y/o, según los sexos, despierta el instinto maternal.

Hoy y mañana tendremos sobredosis oratoria del presidente del Gobierno. El Debate sobre el Estado de la Nación es la única de sus grandes comparecencias parlamentarias anuales que le obliga a algo. Para nuestra desgracia cívica, ya sabemos que las que se corresponden con los Presupuestos son pura ceremonia. Esa Ley se discute y aprueba con la intención de no cumplirla y, en consecuencia, su debate es un trámite mentiroso, algo para el desfogue de la oposición. El Debate de hoy, en vísperas de una confrontación electoral, tiene fuerza en sí mismo. Hace sólo unas horas y después de cinco años de Gobierno, tuvo el desparpajo de señalar la responsabilidad de José María Aznar en el inflado de la burbuja inmobiliaria. ¿Qué no podrá decirnos durante las próximas cuarenta y ocho?

El momento parece el de una gran conjura de necios. Hablar y decir mentiras e inconveniencias sale gratis. Viene un escritor menor, como el británico Martin Amis, de quien he leído dos o tres novelas debiendo haberlo hecho solo con una o ninguna, y dice que «hay que agradecer a ETA que matara a Carrero Blanco». Lo dice en el sentido de que el entonces presidente del Gobierno, cuando ya tenía más de setenta años, era el «previsto» para la sucesión de Francisco Franco. Una machada, con apología del terrorismo incluida, que todos parecen aceptar y los diarios publican sin mayores reparos u observaciones.

Habría que esforzarse para devolverle a la palabra el rigor y la responsabilidad que le corresponden. El mal uso que de ella hacemos todos terminará por incomunicarnos a unos con otros después de producirnos un insoportable prurito de desconfianzas. En el Debate que hoy comienza, por respeto a los parados, Zapatero debiera intentarlo con la verdad, el único subterfugio dialéctico que no ha probado todavía.

ABC - Opinión

"MENOS LADRILLO Y MAS ORDENADORES". Por José García Domínguez


Zapatero

«Cuando el tipo con la cabeza llena de nada resulta ser un político de izquierdas, el latiguillo canónico impone que su perorata remita a la perentoria, ineludible, imperiosa urgencia de afrontar cuanto antes un "cambio del modelo productivo".»

"Vamos a un modelo de crecimiento radicalmente diferente al actual: menos ladrillos y más ordenadores", acaba de fantasear Zapatero ante veinte mil eufóricos altermodelistas. Electrizante, la consigna retumbó como aquel legendario "Menos latín y más deporte" del camarada Pepe Solís. A partir de ya, pues, le sobran motivos para temblar a Bill Gates: por inapelable mandato de La Moncloa, los promotores inmobiliarios de Torremolinos se pondrán a competir con Microsoft e IBM en dura lid por la hegemonía en los mercados globales del soft y del hard. Seguro. Nadie lo dude.


Es sabido, cuando un político de derechas no tienen nada que decir echa mano de las célebres "reformas estructurales". Es entonces cuando el rutinario canto a las virtudes de la economía de mercado se ve sazonado con la perentoria, ineludible, imperiosa urgencia de afrontar cuanto antes ciertas reformas estructurales que, por lo demás, ni siquiera requieren ser especificadas. Basta simplemente con mentar ese sintagma fetiche, "reformas estructurales", mirando con sentido gesto de honda preocupación hacia la cámara, y ya está, expediente resuelto.

Por el contrario, cuando el tipo con la cabeza llena de nada resulta ser un político de izquierdas, el latiguillo canónico impone que su perorata remita a la perentoria, ineludible, imperiosa urgencia de afrontar cuanto antes un "cambio del modelo productivo". Y es que si al personal de la derecha se le aplaca con el sonajero de las reformas estructurales, la tropa de izquierda exige el firme compromiso de un inminente cambio del modelo productivo, cualquier cosa que ello signifique, antes de echarse a dormir.

En fin, que se vaya preparando Steve Jobs: más pronto que tarde se verá eclipsado por los deudores de Caja Castilla-La Mancha. ¿Y qué decir de Hewlett-Packard, Toshiba o de los pobres de Dell? No les quedará más remedio que morder el polvo ante cualquier orondo presidente de club de fútbol español puro en ristre y subvención en mano. Por lo demás, el nuevo modelo será compatible con la muy progresista pedagogía de la plastilina, ésa que aspira a la plácida felicidad de nuestros jóvenes desde la guardería hasta la universidad. Así que nada de exámenes ni de traumáticos filtros académicos hasta que nos diseñen el primer ordenador profesional. Faltaría más.

Y ahora, a fundar por Real Decreto otro Silicon Valley, a ser posible, en la sede de la UGT.

Libertad Digital - Opinión

TORMENTA DE HORMONAS. Por Ignacio Camacho

EN estado de degradación. Así es como se encuentra, no la nación -que acaso también-, sino la política, que Zapatero quiere convertir en una tormenta de hormonas como la que provoca la píldora del día después, utilizada sin reparo como señuelo del día antes, como sorprendente inocentada de la víspera del debate. Acorralado por el paro, por las encuestas, por el desplome industrial, por la oposición, por las minorías, por la terca realidad de un país en quiebra, el presidente ha decidido abandonar cualquier atisbo de fineza, cualquier prejuicio ético y hasta cualquier tapujo estético para abrazarse a una demagogia primaria con la que embarrar el campo de juego. Para calentar una campaña en la que se ve perdedor ha recurrido a la agitación y el trazo de brocha gorda, desde toscas consignas sin pulir -«menos ladrillo y más ordenadores»- a elementales argumentarios de ideología barata. Pero el populismo del «pildorazo» rebasa todos los límites porque compromete por razones de desaprensivo cálculo electoral la salud de la población adolescente, a la que el Gobierno envía el insólito mensaje de que puede lanzarse al sexo sin el paracaídas del preservativo. Esta vez la estrategia de la provocación ha ido demasiado lejos, provocando el estupor de la clase sanitaria, de los educadores, de los padres de familia y hasta de los enfermos leves que no pueden comprar sin receta un simple antibiótico para las infecciones de garganta o un tamiflú para la gripe.

El de hoy es el único debate de los candidatos reales que no figuran en las papeletas del 7-J. Por eso Zapatero adelantó la fecha, embargado de la confianza que se tiene a sí mismo cuando la política se vuelve un duelo áspero, descontrolado e inflamable. El país se le ha ido de las manos pero sabe crecerse en el cuerpo a cuerpo y transformar la esgrima parlamentaria en un bronco desafío de garrotes y navajas. Es incapaz de gobernar con criterio pero posee un instinto superdotado para moverse en la retórica cortoplacista, en el desorden y la confusión. Hoy quiere hacer del Parlamento una traca; a sabiendas de que su gestión de la crisis no resiste el más mínimo análisis y de que va a recibir un vapuleo general, pretende montar una desabrida pelea a cara de perro en la que sus carencias se diluyan entre un primitivo intercambio de golpes bajos. Cuando ya ni siquiera le funciona el diseño posmoderno se enfrasca en la política hormonal, en el revuelo de vísceras, en el menudillo de bofes torpemente camuflado de confrontación ideológica.

Y puede salirle bien. Si algo tiene demostrado este hombre no es su competencia como gobernante ni su responsabilidad de estadista, sino un probado conocimiento, pragmático hasta el cinismo, de los mecanismos de psicología colectiva de sus conciudadanos.

ABC - Opinión

UNA IDIOTEZ. Por Alfonso Ussía

Para Amis, España es una nación moderna gracias a un crimen terrorista. Además de vileza, Amis da muestras de una completa desinformación

El escritor británico Martin Amis ha dicho que España debe agradecer a la ETA el asesinato del almirante Carrero Blanco, «el hombre que iba a reemplazar a Franco». Para Amis, España es hoy un Estado de Derecho y una nación moderna gracias a un crimen terrorista. Además de vileza, Amis da muestras de una completa desinformación. ¿Fue la ETA y sólo la ETA la única responsable de la muerte de Carrero? Es cierto que el entonces Presidente del Gobierno era una presa fácil. Llevaba menos seguridad que hoy «los Albertos» o David Bisbal, y sus movimientos eran casi sistemáticos. En el repugnante libro «Operación Ogro» de Genoveva Forest, que firma con el seudónimo de «Julen Aguirre», hay más auroras boreales que datos e informaciones. Y aún existen en las sedes de dos agencias de prensa norteamericanas los teletipos que anunciaron el asesinato del almirante con una hora de antelación a la del cumplimiento del atentado.


Para mí, que la ETA mató a Carrero, con una infraestructura muy superior a la que tenía la banda terrorista. A mí, políticamente, la figura de Carrero Blanco no me era nada simpática. Y no lo era por su inamovible lealtad al Generalísimo. Carrero Blanco era, en efecto, más franquista que Franco, pero ello no quiere decir que su lealtad al franquismo fuera más allá de la muerte del dictador. No era, como afirma Amis, «el hombre que iba a reemplazar a Franco». La gran batalla de Carrero Blanco no fue otra que asegurar la sucesión del Régimen por una Monarquía encarnada en la figura de Don Juan Carlos. Era el gran enemigo de Don Juan, al que no perdonó un comentario coloquial referido a su persona y que un desleal del Rey en el exilio le trasladó. Carrero, con López Rodó y otros, se impuso al movimiento azul de Solís que quería impedir a toda costa la designación de Don Juan Carlos. Se llegó a montar la «Operación Boda» de Alfonso de Borbón Dampierre con la nieta mayor de Franco para dificultar el rumbo. Carrero sabía que Don Juan Carlos iba a desmontar el Régimen, y defendió siempre su candidatura. No es ejemplar hacer públicas las opiniones privadas del Rey, pero en cierta ocasión, que hablamos de ello, el Rey se mostró convencido que de vivir Carrero Blanco éste habría aceptado como tantos otros, sin poner trabas ni recortes, el período de la transición a la democracia. Y su convencimiento se sostenía en la lealtad demostrada del almirante. Carrero Blanco fue un hombre de segundo plano, con un poder casi omnímodo y una ausencia de ambiciones personales de muy difícil comparación. Cuando murió asesinado, nada tenía que dar ni repartir a sus descendientes. La ETA, sola o acompañada -más bien lo segundo-, no lo asesinó por ser el número dos de un Régimen que se acababa. Lo hizo porque era el más fácil de matar, facilidad que se unía a la gran repercusión del crimen. Pero el almirante no tenía previsto ni pensado reemplazar a Franco, como Amis asegura. Sabía que el Rey y la Monarquía que vendrían después de la muerte de Franco cumplirían con la necesidad del cambio y la reconciliación. Carrero era leal, y lo fue hasta la muerte, pero no tenía un pelo de tonto. Su final político coincidiría con el cierre del sepulcro de Franco. Como español, nada le tengo que agradecer a la ETA. Asesinó a un almirante honesto, a un político honrado -equivocado como tantos de su tiempo-, y a un hombre leal.

La Razón - Opinión

NI OFENSIVA, NI ANTICONCEPTIVA

«La píldora del día después ni es inofensiva ni se trata de una receta milagrosa para evitar el embarazo. Tiene efectos secundarios y contraindicaciones muy bien delimitadas que cualquier médico conoce a la perfección.»

Cada vez que, a instancias del ministerio de Igualdad, se reúne un "comité de expertos" para tratar temas relativos al aborto la factura la termina pagando el más débil, en este caso el nasciturus, tratado una y otra vez como si no existiese; de hecho, para los ingenieros e ingenieras sociales del PSOE no existe y, por lo tanto, carece de derechos. La última vez que los "expertos" se reunieron alumbraron una de las leyes sobre el aborto más permisivas del mundo, a pesar de que la sociedad española pide a gritos un debate a fondo sobre un asunto tan sensible. La ley de marras es sólo el principio. En el programa máximo que los socialistas traen bajo el brazo, ese que saben ocultar a sus votantes para fingir mesura ideológica, la transformación social a través de la ley es tan importante como la pamema de la España plural o el recurso sistemático al Frente Popular como legitimador de su régimen.


Extender el uso de la llamada "píldora del día después" es la siguiente asignatura que las ministras de cuota quieren aprobar a toda prisa. Arguyen en su favor que en España hay muchos abortos entre las adolescentes y que eso supone un problema al que el Gobierno debe hacer frente. Y, efectivamente, es así. Las cifras de aborto entre las menores de edad son alarmantes, pero es misión de la sociedad en su conjunto –no sólo del Gobierno– encarar el problema debidamente, y hacerlo con instrumentos nacidos de la propia sociedad civil, no sólo de la varita legislativa del Estado, embarcado actualmente en una gigantesca empresa de reestructuración moral.

De esto las ministras no entienden, o entienden pero a su manera, y además mienten con un asombroso desparpajo. Su radicalismo feminista no les deja ver que la solución que proponen para que disminuyan los embarazos no deseados es un disparate que compromete seriamente la salud de todas las mujeres que se aventuren por ese camino. La píldora del día después ni es inofensiva ni se trata de una receta milagrosa para evitar el embarazo. Tiene efectos secundarios y contraindicaciones muy bien delimitadas que cualquier médico conoce a la perfección. Y no evita el embarazo sino que lo interrumpe en una fase muy temprana. Es, a todos los efectos, una píldora abortiva con las derivaciones morales que ello implica.

Asumiendo que este fármaco tiene consecuencias sobre la salud femenina, que las tiene, la única defensa que le queda es su supuesta eficacia para hacer descender el número de embarazos no deseados y de abortos en fases más avanzadas. Pero ahí tampoco acierta la ministra, que se ha limitado a citar algunos ejemplos en el extranjero sin ofrecer datos cuantitativos ni porcentajes de descenso en el número de embarazos adolescentes. Aquí, como en todo, hay que aplicar el sentido común. Si la píldora se encuentra a libre disposición de las menores de edad, a bajo precio y sin requerir permiso paterno, todo invita a pensar que se convertirá en un medio anticonceptivo más, pero con una prima de riesgo añadida.

El círculo de embustes en torno al aborto se cierra con esta polémica e inexplicable decisión. El aborto no es un derecho aunque la ley así lo dictamine y la píldora del día después no es una "fórmula anticonceptiva de emergencia", sino un fármaco cuya prescripción debe corresponder a un especialista como sucede, por ejemplo, con los antivirales. El resultado de estos dos errores de concepto puede ser especialmente amargo. Pero entonces nadie se hará responsable de los platos rotos, porque de lo que se trata es de eso mismo, de fomentar la irresponsabilidad de los menores de edad en todos los ámbitos de la vida, incluido el referente a las relaciones sexuales. Esta tal vez sea la esencia misma del "revolucionario" programa con el que los socialistas nos quieren llevar a la modernidad.

RLibertad Digital - Editorial

DEBATE SOBRE UNA NACION EN CRISIS

EL debate sobre el estado de la Nación que hoy enfrentará nuevamente a José Luis Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy es uno de los más importantes de todos los realizados hasta el momento, porque se produce en medio de la mayor crisis económica mundial y nacional y en puertas de unas elecciones que, aun siendo europeas, pueden marcar el curso del resto de la legislatura. Las posiciones del Gobierno y del PP son conocidas, porque la falta de entendimiento entre uno y otro ha hecho que se defiendan pública y antagónicamente, pero esta previsibilidad de los discursos no merma la trascendencia que puede tener el resultado del debate ante la opinión pública. Es más, esta confrontación justifica más que nunca un debate parlamentario que puede llegar a ser esa moción de censura que el PP sitúa en la calle y que en algún momento podría llegar formalmente al Congreso de los Diputados. La clave del debate estará en cómo Rajoy articula los argumentos de censura a Zapatero y cómo éste pretenderá eludirlos. Por lo pronto, el presidente del Gobierno se presenta con el mayor número absoluto de desempleados en la historia democrática, con una tasa de paro que supera el 17 por ciento, un déficit público creciente e ineficiente, una extensión de la morosidad familiar y empresarial, una caída constante de la productividad y una recesión sostenida. Con estos datos, el Gobierno ha optado por fabricar a toda prisa coartadas para su fracaso, como las que exhibió el PSOE en el mitin de Vistalegre este pasado domingo. Culpar de la crisis al PP, un partido que hace cinco años dejó el gobierno, no es sólo mentir a los ciudadanos; es ante todo un acto de cobardía desnudada por los datos. Para herencia gravosa, la que dejó el PSOE en 1996. Para herencia positiva, la que recibió Zapatero en 2004.

Si no ha habido consenso con el PP en materia económica, se debe a la misma razón que explica que no la haya habido en otras materias de Estado. El PSOE prefiere a las minorías extremistas -ERC, BNG o Izquierda Unida- para no ceder un ápice en su forma partidista de gobernar, incluso cuando la situación de crisis económica aconseja un urgente pacto de Estado. Claro que tampoco Zapatero ha conseguido pactos en otras áreas, pese a sus compromisos personales. Hoy el presidente del Gobierno no puede decir que exista un diálogo social fructífero, pese a que sea su eslogan favorito, ni puede presentar un plan cerrado de financiación autonómica, enrocado en un «sudoku» imposible de resolver. El riesgo de anuncios sorpresa es, a falta de resultados, mayor que nunca.

Hace un año Zapatero negaba la crisis, más aún la recesión. Por eso, sus respuestas a la situación han sido tardías, inconexas e improvisadas. Se ha gastado una ingente cantidad de recursos públicos sin obtener beneficios proporcionales -¿dónde están los 400.000 empleos que la vicepresidenta Salgado anunció con el plan de inversión local?-, con la única certeza de que el coste del déficit que ha provocado lastrará la recuperación a largo plazo. Este escenario de crisis económica y políticas sectarias debería forzar hoy un gran debate ideológico entre un Gobierno socialista, deficitario en todos los sentidos y torpe como gestor, y una opción de centro derecha que si en algo tiene acreditado su buen hacer es la dirección económica de España entre 1996 y 2004, que llevó al país a niveles históricos de empleo y desarrollo.

ABC - Editorial