sábado, 17 de septiembre de 2011

ETA. La derrota moral del terror. Por Ignacio Cosidó

La sociedad española ha soportado demasiado sufrimiento por la acción criminal de ETA como para poder conformarse con un empate moral con la banda terrorista en la que sus victimas sean equiparadas a las supuestas víctimas de la acción del Estado.

La victoria sobre el terrorismo es esencialmente una victoria moral. Por eso es fundamental que la desaparición del terrorismo tenga como base el reconocimiento de culpa por parte de los asesinos y el resarcimiento moral de sus victimas. Lo contrario puede significar que el terrorismo desaparece porque considera que ha vencido moralmente, que ha logrado los objetivos políticos por los que practicaba su actividad criminal y que, en este nuevo estadio, la lucha violenta debe dar paso a una fase de lucha política en la que sus metas puedan ser culminadas.

La sociedad española ha soportado demasiado sufrimiento por la acción criminal de ETA como para poder conformarse con un empate moral con la banda terrorista en la que sus victimas sean equiparadas a las supuestas víctimas de la acción del Estado en la lucha contra el terror. La violencia terrorista es intrínsicamente perversa, mientras que la acción del Estado, en el marco del Estado de Derecho y de la legitimidad democrática, es una exigencia política y ética.


Resulta absolutamente inaceptable que el Gobierno vasco acceda en el denominado Día de la Memoria a equiparar ambos tipos de victimas. Es una grave ofensa a las victimas reales y, de alguna forma, viene a equiparar la lucha democrática contra el terrorismo con la acción criminal de los terroristas. Espero que el Partido Socialista reconsidere su posición y no apoye la pretensión de quienes en última instancia pretenden dar una coartada moral y una justificación histórica a los terroristas.

El Gobierno y la Fiscalía están obligados, además, a perseguir todas aquellas expresiones de apoyo a los terroristas que cumplen condenas por los crímenes cometidos, las justificaciones públicas del terrorismo o la negativa a condenar de forma clara y contundente sus crímenes, hechos que por desgracia se prodigan cada vez más, amparados y protagonizados por los representantes políticos de los terroristas a los que incompresiblemente se les han vuelto a abrir las puertas de las instituciones democráticas.

La gran eficacia de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han llevado a ETA a un momento de gran debilidad criminal, pero su presencia en las instituciones democráticas está brindando a los terroristas una renovada fortaleza política. La desaparición de ETA no puede hacerse a costa de entregar el poder a sus representante políticos, de ceder aunque sea parcialmente en sus reivindicaciones totalitarias, ni de rehabilitar históricamente su acción criminal. Es esencial que en el final de ETA mantengamos principios muy firmes para poder lograr una verdadera derrota moral del terror a la que la inmensa mayoría de los españoles aspiramos y que debemos, desde hace ya demasiado tiempo, a las victimas.


Libertad Digital – Opinión

La ‘cuestión nacional’, esa otra encrucijada que hereda Rajoy. Por Federico Quevedo

Les decía el viernes que, sin lugar a dudas, la ‘cuestión nacional’ va a ser uno de los ejes centrales de la nueva legislatura, y que me había llamado la atención en ese sentido el discurso de Mariano Rajoy en Barcelona, no tanto por sus afirmaciones, como por sus silencios. A nadie se le escapa que uno de los grandes problemas de estas dos legislaturas de Rodríguez Zapatero ha sido, precisamente, la convivencia con el nacionalismo. En su primera legislatura, Zapatero abrió el melón territorial con la revisión de los estatutos, y lo hizo sin tener ni idea de cómo lo iba a cerrar, porque su única aspiración era contar siempre con la alianza de los nacionalistas para poder gobernar un país en el que cada vez resulta más difícil obtener mayorías absolutas en las elecciones porque la sociedad está mucho más diversificada. La apuesta por el ‘proceso de paz’ en el País Vasco llevaba esa misma dirección, la de crear una alternativa de izquierdas que sirviera de apoyo al PSOE en Madrid y en Euskadi, a imagen del Tripartito en Cataluña.

El problema es que la operación le ha salido mal a Zapatero y ahora el Gobierno socialista se va pero nos deja abierta en canal una situación endemoniada que habrá que resolver en esta próxima legislatura, y será bueno que lo haga un Gobierno fuerte en Madrid, porque de lo contrario va a ser muy difícil mantener el equilibrio entre el interés nacional y las aspiraciones nacionalistas. Pero cuidado, cuando digo y he dicho en muchas ocasiones, que algo está cambiando, también me refiero a eso. Mariano Rajoy es un político de la periferia, un gallego, que sabe perfectamente que la descentralización administrativa ha sido, es y será una muy buena solución para acercar la administración a los ciudadanos, pero sabe también algo más: si hay un país en el que conviven sensibilidades muy distintas y eso le hace susceptible de una estructura política federal, es España. De hecho, el modelo territorial que se pacto en 1978 iba por ese camino, pero no llegó a recorrerse del todo.
«Mariano Rajoy es un político de la periferia, un gallego, que sabe perfectamente que la descentralización administrativa ha sido, es y será una muy buena solución para acercar la administración a los ciudadanos.»
Miren, en la próxima legislatura va a ser necesario mucho diálogo con el nacionalismo. Mucho. Y habrá que empezar a pensar en que no está tan lejos el día en el que se pueda cerrar el modelo territorial dando opción a algunas de las aspiraciones del nacionalismo catalán, como por ejemplo un nuevo pacto fiscal que realmente permita a Cataluña sentir que su destino lo rigen los propios catalanes. ¿Hay algo malo en ello? Yo no lo creo, y creo que ese modelo es extensible al resto de comunidades autónomas, y por eso me llamó la atención el ‘silencio’ con el que respondió Rajoy a preguntas sobre este asunto. Él es plenamente consciente de que va a tener que negociar, incluso con mayoría absoluta, con el nacionalismo catalán para acercar posturas con Artur Mas en un tira y afloja en el que tendrá un especial protagonismo el tema de lengua: el Gobierno no puede dejar de garantizar el derecho de cualquier padre a que sus hijos estudien con el castellano como lengua vehicular, pero al mismo tiempo tiene que garantizar también la implantación del las lenguas co-oficiales como se establece en la Constitución, y obviamente la convivencia de ambos modelos casi siempre va a generar alguna clase de conflictos.

Ahora bien, si el Gobierno de Rajoy es capaz de satisfacer la principal reivindicación del nacionalismo catalán, puede ser que encuentre al mismo tiempo soluciones a un problema que realmente no está en la calle, pero que es evidente que ‘calienta’ sobremanera las relaciones del nacionalismo con el resto y sobre todo en campaña electoral.

Asunto distinto es el del País Vasco, porque ahí, sinceramente, se juega otra liga, la que tiene que ver con ese final de la violencia que vemos en un horizonte que, sin embargo, nunca se acerca lo suficiente. Se que esto que voy a decir me va a costar más de una crítica, pero me temo que ya no va a haber marcha atrás en la presencia de Bildu en las instituciones. Solo un atentado de ETA, Dios no lo quiera, podría hacer cambiar esa situación, pero sospecho, y Rajoy también lo sabe, que difícilmente vamos a volver a ver un atentado de la banda terrorista, luego habrá que irse acostumbrando a tener a sus secuaces en las instituciones y, más que probablemente, en el Parlamento Nacional, y sino al tiempo, y confiar en que la propia esencia del poder ‘corrompa’ el espíritu violento y reivindicativo de estas huestes hasta acabar convirtiéndose en una especie de ERC ‘made in Euskadi’. Pero, sin duda, ese escenario –que acabará conllevando la desaparición de ETA- va a introducir un elemento de sosiego en la vida política muy necesario para poder afrontar las reformas urgentes que el país necesita y cerrar, si es posible, el modelo territorial con una estructura que en definitiva suponga un avance en el modelo de descentralización que nos dimos en el 78, y no un retroceso.


El Confidencial – Opinión

"El Estado y el buitre de Unamuno". Por Miguel Higueras

El gobierno ha violado su neutralidad al restablecer el impuesto sobre el patrimonio, como uno de los candidatos exigía.

Mal está, mitigue o no el desbarajuste económico que el inspirador de la medida ayudó a provocar cuando gobernaba.

Lo peor es que lo que el gobierno saque con éste nuevo impuesto cebará todavía más a la burocracia estatal y agravará la anemia de la sociedad a la que está parasitando.

La alarma creciente de quiebra evoca la sombría mirada del buitre voraz de ceño torvo del soneto de Unamuno, cuando el grajo-estado traga el último despojo de la sociedad para saciar el hambre atroz que nunca se le apaga.

La glotonería es la enfermedad terminal de éste estado, refundación del que se consumió con la desaparición del que su fundador se había hecho a medida en el fragor de una guerra civil, que acabó con el que había nacido cuando, inopinadamente, unas elecciones municipales acabaron con siglos de monarquía.

La que viene no será la primera refundación del Estado en España y, afortunadamente, nada hace temer que haya que reedificarlo sobre las ruinas de un conflicto armado, como cuando la guerra de sucesión, la de la independencia, la de Cuba, las carlistas o la civil.

El que viene debería ser, en contraste con el actual, un Estado que devuelva la iniciativa a la población, renuncie a dirigirla y cambiarla y recaude impuestos de los ciudadanos para garantizarles su seguridad personal y frente a agresiones exteriores.

La mejor receta es reducir a esos dos fines la recaudación de impuestos.
La indolencia individual ha dado como resultado la renuncia colectiva de los españoles a asumir sus obligaciones y derechos como personas.

A pesar de esa dejación, los padres saben mejor que el Estado la educación que quieren para sus hijos y a los hijos les importa más que al Estado el bienestar de sus padres en la vejez.


Periodista Digital – Opinión

La apuesta de Rubalcaba. Por Gloria Lomana

El primer socialista que me dijo que comprendía que el PSOE fuera a perder las elecciones fue Guillermo Fernández Vara. El ex presidente extremeño reprochaba a su propio partido que hubiera gobernado atendiendo a los mercados, obedeciendo a Merkel, haciéndose fotos con los poderosos, llevando a La Moncloa a los 45 grandes empresarios, codeándose con Botín... Y ello, a la par que bajaban el sueldo a los funcionarios, se congelaban pensiones, se liquidaban cheques-bebé, ayudas a los parados y planes E. Zapatero se había dinamitado a sí mismo, había hecho el harakiri a sus principios, a su programa, a su partido y al candidato del futuro. Sólo un «valiente» como Rubalcaba podía hacerse cargo de esa apagada antorcha.

Hace tres meses ya escribí en esta misma columna que Rubalcaba sólo se haría cargo del partido para hacerle una enmienda a la totalidad a Zapatero, para voltear el discurso, para defender a los desfavorecidos y atacar a los ricos. Así, con esa simplista dicotomía, otra vez los pobres y los ricos, la derecha y la izquierda. Vuelta al PSOE obrero del puño y la rosa. Y estamos en lo cierto porque éste va a ser el eje de su campaña, la última esperanza que le queda a Rubalcaba para arañar los votos socialistas que en las municipales y autonómicas se fugaron en todas direcciones.


La demagogia que vamos a escuchar, pues, es sencilla: la derecha defiende la los ricos y la izquierda, a los trabajadores. Mensaje ramplón pero de gran calado. El PP debería reaccionar con contundencia. Basta con alegar que los socialistas prometen castigar a los ricos en campaña, pero cuando gobiernan, como hizo Zapatero, quitan el Impuesto del Patrimonio y se abrazan con los banqueros. Y que los socialistas empiezan poniendo el impuesto de patrimonio y luego suben el IVA, el IRPF y lo que se tercie. Porque, por definición, la izquierda es intervencionista. Y visto lo visto, derrochadora. Una cosa es mantener el Estado del Bienestar, para primar la Educación y la Sanidad, y otra son los planes E, para trasladar la tapia de un parque 20 metros más allá de donde estaba.

Así estamos. Frente a un Rajoy cada vez más en su papel de presidente, tendremos a un Rubalcaba que puede seguir prometiendo porque sabe que no lo será. Sobre el Impuesto de Patrimonio el Gobierno no tiene competencias y sin embargo, el Consejo de Ministros de ayer aprobaba su reimplantación. Nos queda por ver otra catarata de propuestas, todas sociales, sobre becas, dependencia para mayores, pensiones, cheques para bebés, subsidios para parados, limosnas para autónomos, subvenciones a las PYMES, contribuciones a las mujeres. Aunque esta vez nada de inmigrantes. Tema tabú, para un ex ministro del Interior. Discurso muuuuuy social, explicado en pequeños actos de partido porque no son tiempos de llenar plazas de toros, ni de debates en televisión, no sea que Rajoy, en cada respuesta, saque a relucir los cinco millones de parados. Y muuuuucho ataque a los ricos. Todo los días, durante dos meses.


La Razón – Opinión

Boicot. El Festival. Por Maite Nolla

Con el festival de cine de San Sebastián supongo que hay que encontrar el equilibrio entre no ser injustos y no hacer como si las cosas que pasan no pasaran.

Siempre he pensado que los boicots a bulto son muy injustos. Me refiero a que en San Sebastián tienen culpa de que el alcalde sea de Bildu los que le han votado y los que le han dejado gobernar en minoría. El resto soporta la vergüenza del enjuague de Zapatero, Rubalcaba y los magistrados del Constitucional encabezados por Pascual Sala. Vamos, que aunque sea un hecho objetivo que, catorce años después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, en San Sebastián gobierna la cara política de ETA –según dice la Policía, la Guardia Civil, la mayoría de magistrados del Supremo y la minoría del Constitucional–, de eso, más de la mitad de los que pueden votar en San Sebastián no tiene ninguna culpa. Ya sé que la comparación igual no está muy bien traída, pero ahora que cada vez más gente dice que entregaría la independencia a Cataluña con un lazo, los que vivimos y votamos aquí y no estamos por la cosa secesionista nos acordamos de los familiares y amigos de los que han estado treinta años considerando a Pujol un gran hombre de Estado. Porque, como dice Boadella, los mayores defensores del nacionalismo catalán están en Madrid. Aunque sean cuestiones distintas, el sentimiento debe ser parecido al que parte de la población debe tener en San Sebastián con Pascual Sala.

Por eso, con el festival de cine de San Sebastián supongo que hay que encontrar el equilibrio entre no ser injustos y no hacer como si las cosas que pasan no pasaran. Me refiero a que difícilmente veremos a una directora pidiendo no hacerse la foto con el alcalde por sus declaraciones o a la ministra de Cultura negándole el saludo. Y como no hay que ser injustos hay que recordar que al alcalde de Valladolid lo trataron como si fuera un criminal de guerra o un maltratador por su comentario grosero sobre Leire Pajín. Grosero y de mal gusto, aunque no lo era menos que el de Elena Valenciano cuando dijo que el obispo de San Sebastián tenía un "aspecto físico desagradable". La diferencia es que a la número dos de Rubalcaba no le montaron una concentración de teresianas en Ferraz. El caso es que por lo de los "morritos", Antonio Banderas e Icíar Bollaín, entre otros, se hicieron los muy ofendidos. El equipo entero de También la lluvia no quiso salir en la foto con León de la Riva, y, como culminación de aquella charlotada, la señora Sinde se negó a saludar al alcalde de Valladolid, en un acto de valentía sin precedentes, cuyo vídeo se encargaron de pasar una y otra vez en sus canales habituales. Iba a hacer una comparación bien traída, pero mejor no sigo.

Libertad Digital – Opinión

Una explicación heterodoxa del colapso financiero. Por Magdalena del Amo

A pesar de estar tan negro el panorama financiero, desde hace unos días empecé a sentir una especie de tranquilidad irracional –o más bien intuitiva—con respecto a la crisis. Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, España son las economías en la cuerda floja, con el agua al cuello, algunas haciendo glu, glu, y otras buceando ya en las profundidades. Pero hace unos días se empezó a hablar de Alemania. La poderosa Alemania con cara de Merkel, que toca diana y nos pone firmes mientras nos tortura apretándonos el cinturón, lo mismo que su compañera de “eje”, la gran Francia por los siglos de los siglos, también podrían verse salpicadas por el tsunami que originó la quiebra del Lehman Brothers. Y qué decir de Estados Unidos. El dólar en caída libre al ritmo que cae el presidente “Yes we can Obama”.

Ver en peligro a los colosos me hizo vislumbrar esa luz ya tan manida al final del túnel, al hacer el siguiente razonamiento: “Si todos están mal, hay que arreglar la cosa, porque esto no puede hundirse del todo”, máxime cuando sabemos que los “ceros” del dinero son virtuales y que si quieren, pueden arreglarlo con el dedo meñique. Otra cosa es el fin último que persiguen y cuánto les interesa prolongar la agonía.

Andaba en estas reflexiones cuando de manera casi simultánea aparecen los países emergentes China, India, Rusia y Brasil, dispuestos a salvarnos –para salvarse ellos, claro—y así evitar que sus economías se hundan, dado que somos sus clientes. (Dios mío, economías emergentes sí, pero hay que ver en qué situación de desamparo y penuria viven sus habitantes). Y como corolario, como por arte de magia, un día después aparece la FED dispuesta a inyectar millones de dólares –tenemos problemas para financiarnos en la divisa norteamericana—, y evitar el colapso de la banca europea. Así, en una acción conjunta entre la FED, el BCE y los bancos de Inglaterra, Japón y Suiza deciden acordar tres nuevas subastas y amainar los rumores sobre las dificultades económicas de Europa. (La Reserva Federal de Estados Unidos es una suerte de banco nacional que no pertenece al Estado sino a una élite constituida por un grupo de banqueros multimillonarios –hasta ahora han dirigido la partida—que imprimen dólares cuando les da la gana. Así como suena. Son tan poderosos que nunca han permitido una auditoría ni que el Gobierno les controle. Algún presidente –Kennedy—ha querido poner fin a estos contubernios financieros, sin éxito).


La reacción fue instantánea y las bolsas acusaron la noticia. ¿Se imaginan a unos cuantos sesudos señores sentados en una mesa ante el tablero del Monopoly jugándose el dominio del mundo? Pues eso ocurre en realidad, pero sería demasiado farragoso desarrollarlo en unas cuantas líneas.

Es paradójico que los causantes de la crisis sean los mismos que vienen ahora en nuestra ayuda. Eso me hizo recordar la vieja copla, tan sugerente:


Con caridad sin igual
don Federico de Robres
hizo su gran hospital
mas primero hizo los pobres.

Sobran explicaciones.

Éstas sí harían falta para entender el origen y posterior efecto dominó de la crisis actual. Reconocidos economistas y Premios Nobel están completamente perdidos. Nadie entiende nada. Todo ello me ha hecho acudir a Los protocolos, un polémico documento de principios del siglo pasado, que marca una serie de estrategias para controlar a la humanidad bajo un solo gobierno, verbalizado por primera vez ante la prensa durante el encuentro Reagan-Gorbachov en la cumbre de Moscú en 1988, como New World Order, el Nuevo Orden Mundial del que tanto se habla en los últimos tiempos. El documento lo tenía dormido en uno de los anaqueles, pero la nueva situación político-social-financiera, y la falta de respuestas lógicas me hicieron releerlo y reconsiderarlo.

No entro ni salgo en análisis sobre su autenticidad. No piensa lo mismo Guillermo Buhigas, que tomando el documento por bueno, le dedica una trilogía –Los Protocolos, memoria histórica—donde analiza a la luz de los acontecimientos del último siglo, el futuro de la humanidad. En el documento se señalan las estrategias que debe seguir la jerarquía iluminista que gobierna el mundo tras bambalinas y se estipulan los diferentes medios para conseguir el dominio. Así, el protocolo III dice: “Cuando hayamos creado, por todos los medios ocultos que nos facilita el oro que tenemos por entero en nuestras manos, una crisis económica general, lanzaremos a la calle, simultáneamente en todos los países de Europa, muchedumbres de obreros”. Esto se está cumpliendo hoy. Difícilmente lo hubiéramos imaginado hace diez o quince años. En el protocolo IV leemos: “La lucha encarnizada por la supremacía y los enfrentamientos de intereses especulativos de la vida económica crearán, de hecho ya han creado, sociedades desengañadas, frías y sin corazón para la lucha, carentes de sentimientos. Estas sociedades tendrán absoluta repugnancia hacia la política superior y la religión”. Un retrato de la tendencia de la sociedad actual: fría, desencantada, sin ánimo de lucha y rechazo hacia la religión y la política.

El periodista francés Jean-Luc Chaumeil, dice a propósito de uno de los protocolos, donde hace alusión a la moneda única: “Las naciones no serían nada más que provincias y sus líderes meros procónsules al servicio de un gobierno mundial oculto constituido por una élite”.

En los últimos meses el mundo ha sufrido cambios espectaculares y radicales a los que nos hemos ido acostumbrando en un tiempo récord. Nuestros políticos electos han cedido el poder a los mercados que son quienes determinan en este momento de incertidumbre las políticas económicas y sociales.

En los protocolos se habla de cómo dirigir la prensa, la televisión o la educación.
No importa si el documento es auténtico o no, o si fueron redactados por una élite para dibujar el futuro. La clave es que los postulados de hace más de un siglo se están cumpliendo en toda su extensión.


Periodista Digital – Opinión

¡Ay, las nubes! Por Alfonso Ussía

«El mejor destino es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca y mirando al cielo». No sabía el gran Ramón que su greguería se haría miel en todas las bocas, medio siglo más tarde, gracias a un Presidente del Gobierno en trance de retiro. Mucho han criticado ese paso hacia la indolencia de Zapatero, y no comparto el berrinche. Pasa con los políticos. Se humanizan cuando su horizonte se aleja del poder. Transcribo a Lamartine: «Cada ciudadano aborda a otro con inquietud. Todo el mundo tiene una nube sobre la frente. Es de esas nubes de donde salen los relámpagos para los hombres de Estado, y algunas veces también, las tempestades». No otra cosa pretende Zapatero que ver pasar cúmulos, cirros y estratos y alejar la niebla de la nube baja que le ha acompañado ocho años sobre su frente. «Las nubes del relámpago, el anuncio del infierno», según Whalen. Ha estrenado Gustavo Pérez Puig una comedia atípica de Jardiel, «Las cinco advertencias de Satanás». Para Jardiel Poncela, «lo peor del infierno son los primeros tres días», es decir, hasta que uno se acostumbra. En cambio, la supervisión de los azules y el camino de las nubes no precisa de un proceso de adaptación. Es siempre un hermoso y dulce trabajo, al que me sumaría de poder conseguirlo. Mientras se alcanza la consecución, bueno es dejárselo a Zapatero, en tumbona o hamaca, encontrando metáforas y figuras de poeta, como las del cursi de Arrieta: «Pequeña nave blanca/ de ebúrneas velas y argentina proa,/todo grácil, traslúcida, y suspensa/ en un sueño de mago». De vivir entre nosotros en la actualidad, habría que meter a Arrieta en la cárcel durante algunos meses, y prohibirle la contemplación de las nubes. Claro, que don Gustavo Adolfo no se queda atrás. «Nubes de tempestad que rompe el rayo/ y en fuego ornáis las desprendidas orlas». Me pregunto: ¿Alguien con dos dedos de frente y alta sensibilidad ha visto en alguna ocasión que tras el lineal estallido del rayo el fuego haya adornado las orlas desprendidas? Don Gustavo Adolfo, con Arrieta a la trena.

Castilla la alta, León inmersa en ella, ofrece la más extensa variación de cielos y de nubes, de tonos y de vientos, de calmas y relámpagos. Buena es la hamaca para supervisar sus cambios y sus caprichos. Se me antoja dignísima la pretensión de Zapatero. De Presidente del Gobierno a Supervisor de nubes. ¿Por qué lo atacan? Lástima que no eligiera a su debido tiempo la segunda actividad en perjuicio de la primera. Pero el ser humano tiene que ser respetado cuando encuentra su sitio, ese rincón, esa esquina tan difícil de hallar a lo largo de la vida. Si el sitio es una hamaca para observar el cielo, respetado sea. Vamos a llenar de poetas nuestras prisiones imaginarias. A Bécquer y Arrieta se une Villaespesa, con probado delito literario:

«Contemplando las nubes me dijiste:/ -Son vírgenes que van/ a llenar de amargura sus ánforas/en las aguas azules de la mar». En esas andará Zapatero durante su merecido descanso. Algo habrá escrito el buen poeta Gamoneda de las nubes. Encuentre tumbado la figura y la metáfora. Pero no caiga en el intento de descifrarlas. Larga distancia media entre supervisar y descifrar. Se lo advierte Cela, el inolvidado don Camilo: «Las nubes, hijo mío, con sus blandas cárcavas y sus cimientos móviles, guardan indescifrables teoremas, cuyo planteamiento no es sano para los hombres». Feliz futuro.


La Razón – Opinión

Patrimonio. Son ricos, no imbéciles. Por Pablo Molina

Siempre que gobiernan los socialistas los verdaderamente ricos preservan sus emporios con un tratamiento fiscal bastante benévolo que, en todo caso, todos ellos tienen la capacidad de sortear para que el gobierno no les toque ni un solo euro.

La reimplantación del impuesto de patrimonio, exigida por Rubalcaba y concedida alegremente por el cesante y sus colegas del Consejo de Ministros, es tan sólo un componente más de la papilla demagógica servida a los simpatizantes de la izquierda más radical, esos que aplauden cualquier subida de la presión fiscal porque ni pagan impuestos ni tienen pensado contribuir a las arcas del estado en toda su vida.

Puesto que tanto los promotores de la idea como sus votantes tienen más que asumido que esta decisión no tiene nada que ver con la racionalidad en la gestión de las cuentas públicas, cualquier esfuerzo en explicar la injusticia y la inutilidad de un impuesto confiscatorio como el de patrimonio ha de resultar forzosamente en balde. La izquierda es refractaria al análisis desapasionado y lo único que pretende es transmitir un dogma, así que ningún razonamiento cartesiano va a hacer que sus votantes perciban que les están tomando el pelo. Allá ellos.


Siempre que gobiernan los socialistas los verdaderamente ricos preservan sus emporios con un tratamiento fiscal bastante benévolo que, en todo caso, todos ellos tienen la capacidad de sortear para que el gobierno no les toque ni un solo euro. Por supuesto, el que los ricos intenten conservar sus bienes es encomiable, y muy cretinos serían si permitieran que una pandilla de iletrados los despojaran de la riqueza honradamente adquirida. El problema es que con esos mismos socialistas, la clase media es ultrajada y los trabajadores enviados al paro a sobrevivir con un subsidio de risa.

Los ricos no pagan impuestos, ni aquí ni en ningún otro lugar del mundo. En todo caso toleran declarar parte de sus riquezas siempre que el tratamiento fiscal no sea demasiado agresivo. En caso contrario se las llevan a otro lugar.

Si Rubalcaba quisiera de verdad hacer pagar a los ricos gravaría severamente el invento de las Sociedades de Inversión de Capital Variable, las famosas SICAVS, instrumento de ahorro colectivo que en realidad es un instrumento financiero personal con un tratamiento fiscal extraordinariamente ventajoso respecto a las fórmulas de ahorro tradicional. Es cierto que cada SICAV tiene que contar con al menos 100 participantes, como también lo es que, en el caso de los verdaderamente ricos, uno sólo es propietario del 99,99% de la sociedad, y el 0,01 restante está distribuido entre otros noventa y nueve "mariachis", generalmente familiares, empleados y amigos.

¿Por qué no propone Rubalcaba una tasa patrimonial para las SICAVS o su homologación con el tipo general del impuesto de sociedades? Pues, en primer lugar, porque el día antes de entrar en vigor ese decreto todas emigrarían fuera del ámbito fiscal español y, en segundo término, y esto quizá es más relevante, porque muchos de los palmeros del PSOE utilizan ese medio para mantener su dinero a salvo de la redistribución socialista y ningún dirigente del PSOE va a perjudicar a los que les hacen ganar las elecciones. Con el mal humor que se gasta últimamente, como para tocarle un euro a "nuestro director de cine más internacional".


Libertad Digital – Opinión

Justicia contra ETA

Que un terrorista sea condenado por un tribunal tras un proceso con todas las garantías es siempre una victoria del Estado de Derecho y una derrota de los enemigos de la democracia y de la libertad. Por esa razón es tan positiva la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el «caso Bateragune». El fallo ha sentenciado a sendas penas de diez años de prisión al ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi y al ex secretario general del sindicato proetarra LAB Rafael Díez Usabiaga por un delito de integración en organización terrorista en grado de dirigentes y por haber intentado reconstruir la ilegalizada Batasuna a las órdenes de ETA. Los jueces han considerado probado que los condenados estaban «integrados» en la banda y actuaban «en plena connivencia con ella» para «planificar y gestionar la nueva estrategia de acumulación de fuerzas soberanistas, en aras de la culminación del proceso independentista». La sentencia ha recordado además una circunstancia esencial para quienes defienden hoy que Otegi es un hombre de paz, que se ha distanciado de las consignas y la disciplina de ETA y que representa algo así como la única esperanza de un tiempo sin violencia terrorista en el País Vasco. Efectivamente, se cometería un gravísimo error si no se tuviera en cuenta, como refiere el auto, que Otegi nunca condenó la violencia terrorista en su etapa como miembro de la comisión de coordinación designada por ETA para controlar Bateragune y que sigue sin pedir la desaparición de la banda.

La exacerbada reacción del nacionalismo vasco, con Bildu y el PNV a la cabeza, demuestra no sólo su escaso o nulo respeto por las resoluciones judiciales y su escasa convicción democrática, sino que también prueba que aguardaban un fallo político en la línea con la legalización de Bildu en el Tribunal Constitucional. Por el contrario, es una satisfacción para quienes creemos en el Estado de Derecho una sentencia dictada por magistrados profesionales que se han guiado por el principio de legalidad en la valoración de las pruebas. Habría que recordar a aquellos que criminalizaron ayer al tribunal, que el mismo Otegi fue absuelto en otros dos procesos. Siempre es una garantía que la Justicia no actúe al dictado de nadie. Cuando no es así, cuando algunos se manchan las togas con el polvo del camino, se hace un flaco favor al Estado de Derecho.

La condena a Otegi y Díez Usabiaga ha llegado en un momento delicado para la lucha contra ETA y la convivencia en el País Vasco, con Bildu en las instituciones y Sortu en camino del Constitucional. Las soflamas nacionalistas y la amenaza de las movilizaciones por parte de Bildu no son más que manifestaciones que avalan la tesis de que todo es ETA y que, por tanto, habría que actuar contra aquellos que participan del proyecto totalitario y liberticida. Hay que recordar hoy que Díez Usabiaga, dirigente de ETA, fue mentor público de Sortu y Bildu. Sacar a los voceros de los terroristas de las instituciones debe ser un objetivo prioritario de la nueva etapa política tras las elecciones generales. Sería una temeridad olvidar que, como recordó la Fiscalía esta semana, ETA mantiene operativa toda su estructura con comandos en España y Francia y que la condena a Otegi, como adelanta hoy LA RAZÓN, ha frustrado la estrategia diseñada por la banda.


La Razón – Editorial

¿Habría salido Otegi?

Si ETA se hubiera disuelto, o Batasuna se lo hubiera exigido, su situación penal sería otra.

La Audiencia Nacional condenó ayer a Otegi a 10 años de prisión por considerarle "miembro de ETA en grado de dirigente". La lógica penal no siempre coincide con la política, pero si ETA hubiera anunciado su disolución es casi seguro que Otegi estaría hoy en la calle; también es probable que lo estuviera si la izquierda abertzale (o el propio Otegi y sus compañeros de banquillo) hubiera exigido de manera creíble la desaparición de ETA y condenado su recurso a la estrategia terrorista.

La sentencia que les condena a tan fuertes penas de prisión constata que "en las fechas de los hechos juzgados" era palmaria la ausencia en los procesados de cualquier actitud que denotara un real distanciamiento de las tesis de la banda. ¿Significa esa referencia temporal que más tarde sí ha habido síntomas de distanciamiento que no han sido considerados? Podría ser, porque en los tres documentos de la ex-Batasuna que analiza, redactados entre octubre de 2009 y febrero de 2010, se reconoce que hay una evolución en esa dirección.


Sin embargo, hay algo que se mantiene en todos los textos y declaraciones: el rechazo a condenar la trayectoria de ETA y el papel central otorgado a la negociación, que no es algo coyuntural sino una "herramienta" a utilizar hasta alcanzar los objetivos finales, según el primero de los tres textos analizados. Ambas cosas están seguramente relacionadas. No condenan a ETA porque justifican el cambio de estrategia con el argumento de que la lucha armada ha impedido la consolidación de la autonomía, lo que hace posible negociar hoy un cambio de marco político a cambio de la retirada definitiva de la banda.

La sentencia es recurrible ante el Supremo, pero juega en contra de que prospere que sus argumentos para no legalizar a Bildu fueron similares a los que ahora emplea la Audiencia: que hay un diseño de ETA tras el giro táctico de la izquierda abertzale; y que el paso de la violencia a segundo plano no implica renuncia a utilizar la existencia de la banda como amenaza latente que condicione la negociación.

A favor de una revisión de la condena jugaría que 10 son muchos años y que considerar sin más que Otegi es y sigue siendo dirigente de ETA resulta bastante increíble e incluso contradictorio. Ha dicho y hecho cosas que no han podido agradar a ETA; aunque es verdad que sus compañeros de partido han dejado de hacerlas y decirlas en cuanto se han visto legalizados y ocupando cargos institucionales.


El País – Editorial

Hacen falta políticos que recorten

Décadas de propaganda machacando con la idea de que todo servicio público, sea el que sea, mejora cuanto más dinero pones en él han logrado convencer a muchos, pese a claros contraejemplos como el de la educación.

Lo que es virtud en el hogar: gastar menos de lo que se ingresa, hacer más con menos, parece ser el peor de los pecados en la administración pública. Décadas de propaganda machacando con la idea de que todo servicio público, sea el que sea, mejora cuanto más dinero pones en él han logrado convencer a muchos, pese a claros contraejemplos como el de la educación, en la que un constante incremento en el gasto por alumno ha ido acompañado de un generalizado descenso en su calidad, gracias en buena medida a la LOGSE del candidato Rubalcaba.

Pero por más que se empeñen, el gasto público siempre tiene un gran porcentaje de derroche. Ya lo dejó claro Milton Friedman cuando explicó que de todas las formas de gasto, la peor es aquella en que para sufragar algo que no disfrutaremos nosotros tampoco gastamos nuestro propio dinero: ni cuidamos que la adquisición sea satisfactoria ni que sea al mejor precio posible. Lo vemos, por ejemplo, en el conflicto de los profesores de la enseñanza pública en Madrid: dan menos horas de clase que sus colegas de la concertada, cobrando más y con peores resultados. Y hacen huelga cuando se les incrementa una hora y media a la semana.

Poco a poco, algunos de los políticos salidos de las urnas del 22 de mayo, aun por necesidad, están empezando a sacar la tijera. Bauzá, Monago, Cospedal o Aguirre están tomando medidas imprescindibles para que España no se convierta en una segunda Grecia. Acostumbrados a que se nos digan cosas como "el dinero público no es de nadie" o "yo soy presidente autonómico, no un contable", es de agradecer que haya quien se tome su trabajo en serio.

España está en una situación límite, y sólo hemos empezado con los recortes. Serán necesarios políticos capaces de tomar decisiones difíciles, y que sean capaces de mantenerse firme en ellas pese a las protestas. Lo que ha sucedido hasta ahora no es más que un aperitivo de lo que pasará si Rajoy gana las elecciones y tiene que acometer las nunca especificadas reformas estructurales. Si ahora cualquier gobernante del PP se echa para atrás, podemos temer lo peor para nuestro futuro.


Libertad Digital – Editorial

viernes, 16 de septiembre de 2011

Rubalcabin Hood. Por Agustín de Grado

Intenta Rubalcaba engañar a los españoles con un debate dirigido a las vísceras. Obtendrá, dice, 1.000 millones de los ricos con el impuesto que su Gobierno retiró para proteger a las clases medias y destinará la recaudación a crear empleo juvenil. Dos son las falacias de este viejo socialismo a lo Robin Hood. La primera, su eficacia: la recaudación prevista apenas cubrirá el 2 por ciento del déficit del Estado en 2011. Aunque entenderán mejor la maniobra propagandística con este otro dato: casi la mitad de lo que Rubalcaba aspira a sustraer de los codiciosos potentados se lo han gastado sus colegas socialistas de Castilla-La Mancha en repartir subvenciones sin dotación presupuestaria, pueden imaginarse entre quienes. Segunda falacia: la promesa de crear empleo. Este es el fracaso histórico del socialismo. El empleo lo crea la gente que arriesga en proyectos orientados al lucro personal, no los Gobiernos. «No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés» sentenció Adam Smith. El mundo no funciona de otra manera. Ni la prosperidad llega por otro camino. Bastante hacen los Gobiernos con no poner trabas al espíritu emprendedor. Cuando se dedican a crear trabajo llenan la administración de funcionarios innecesarios, cargos prescindibles, asesores fantasma y parásitos agradecidos. España tiene un problema de gasto, no de ingresos. Lo tenía incluso cuando la recaudación fiscal colmaba las arcas públicas en época de bonanza económica. También entonces los gastos superaban a los ingresos y acudíamos a la deuda para financiar nuestro dispendio bajo la coartada de garantizar el denominado Estado del Bienestar. La solución no pasa ahora por más impuestos. Necesitamos menos gastos.

La Razón – Opinión

Patrimonio. El impuesto de la demagogia. Por Emilio J. González

El impuesto sobre el patrimonio es una figura tributaria de muy escaso poder recaudatorio. Volver a imponerlo ahora no va a resolver, ni de lejos, los serios problemas presupuestarios que tiene este país.

Los socialistas quieren aprobar este viernes la reinstauración del impuesto sobre el patrimonio. Pero no se equivoquen. Esto no va de política económica, ni bien ni mal entendida. Esto va de electoralismo puro y duro.

El impuesto sobre el patrimonio es una figura tributaria de muy escaso poder recaudatorio, que en su momento se retiró porque iba en detrimento del ahorro. Volver a imponerlo ahora, por tanto, no va a resolver, ni de lejos, los muy serios problemas presupuestarios que tiene este país, por mucho que los socialistas quieran dar a entender lo contrario. Aquí de lo que se trata es de la más pura y simple demagogia electoralista dirigida a la izquierda más recalcitrante de este país. Básicamente, en lo que consiste esta propuesta es en decir, bien, aquí hay mucha gente que está sufriendo bastante a causa de la crisis mientras otros siguen disfrutando de la vida gracias a sus riquezas; pongámosles entonces un impuesto para que ellos también compartan los sinsabores de los tiempos difíciles que nos ha tocado vivir porque qué es eso de que unos tengan tanto y no compartan mientras otros las pasan canutas. La lógica es así de simple y con ello los socialistas nos demuestran varias cosas.


En primer lugar, hoy por hoy en el PSOE no tienen el menor interés en resolver la crisis económica. A ellos lo que les preocupa es resolver la que se les viene encima si el día de las elecciones se cumplen los nefastos presagios que las encuestas les auguran. Lo que tratan de verdad es de minimizar, en la medida de lo posible, el batacazo electoral mediante la radicalización de sus postulados, tratando de esa forma de cosechar votos entre los caladeros de Izquierda Unida y entre los antisistema. En segundo término, como su preocupación no es más que de naturaleza electoral, carecen de un verdadero programa por si ocurriera el milagro de que, después del 20-N, pudieran seguir gobernando, solos o con CiU. Los que acusan al PP de no proponer medida alguna para salir de la crisis ahora resulta que no tienen nada que decir al respecto, entre otras cosas porque si consiguen que los de Rajoy no gobiernen, el programa económico que tendrán que asumir será el que les impongan sus aliados parlamentarios de Convergencia i Uniò, les guste o no.

Así las cosas, el PSOE sigue empeñado en la estrategia equivocada, que no es otra que la de la demagogia, la del resentimiento social y la de seguir demonizando a la figura del empresario cuando lo que necesita este país es convertir al empresario en un héroe y facilitar al máximo su labor porque ella es la que genera empleo y bienestar. El impuesto sobre el patrimonio va justo en la dirección contraria. ¿Lo suprimirá Rajoy si llega a La Moncloa?


Libertad Digital – Opinión

Los planes de Zapatero. Por Fermín Bocos

Gane quien gane las elecciones -al decir de las encuestas será el Partido Popular-, antes de Navidad, Rodríguez Zapatero dejará La Moncloa para trasladar su residencia a León. Se despide con más pena que gloria, dejando al PSOE en la peor situación política desde que se restauró la democracia .

Se irá, pero no abandonará la política. Aunque desde el punto de vista de la militancia socialista está amortizado, formalmente sigue siendo el secretario general del partido y -según cuentan las fuentes monclovitas- no tiene intención de resignar el cargo hasta la celebración del próximo congreso; cónclave que si depende de su voluntad, no se anticipará ni tendrá carácter extraordinario. Es una forma de estar en un puesto que, contando con el auxilio de Pepe Blanco, le permitiría controlar la crítica y, en consecuencia, los daños.

Todo dependerá del resultado de las elecciones del 20-N porque quien manda hoy en el PSOE es Alfredo Pérez Rubalcaba, el candidato que se auto proclamó líder del partido y que ejerce como tal dando pie a una situación de bicefalia que no tiene precedentes en el seno de la organización. Dado que la tradición del PSOE es ajena a usos como los del PNV donde el líder del partido no es el candidato a "lehendakari" (provocando conflictos como el que en sus día enfrentó a Garaicoetxea con Arzallus), está por ver que Zapatero pueda prolongar por mucho tiempo la situación de bicefalia que pretende. Dependerá, como digo, del resultado de las elecciones de noviembre y del calado de la derrota que anuncian todas los sondeos.

Si Rubalcaba es capaz de contener la hemorragia de votos que pronostican las encuestas y el PSOE no baja de los 120-125 escaños, entonces tardará poco en reclamar el liderazgo formal para cohonestarlo con el liderazgo político que ya ostenta. En resumen: así que pasen unos meses, a Rodríguez Zapatero se le verá más por la madrileña calle Mayor (sede del Consejo de Estado) que por la calle Ferraz (sede del PSOE), en donde, por cierto, a diferencia de lo que ocurre con Felipe González, no deja club de fans.


Periodista Digital – Opinión

Pánico sin esperanza. Por Joaquín Marco

La población europea –salvo excepciones– se despierta cada día en un pánico sin esperanza, tejido y ampliado por las reiteradas malas noticias económicas. Estamos añorando, incluso, la situación en la que nos encontrábamos hace tan sólo un año: más pobres, con más parados, menos honrados, aunque con algún brote verde a lo lejos. En el día de hoy ni están ni se los espera. El nuevo milenio nos ha conducido a otro escenario donde todo puede ir, de un día para otro, algo peor. Ni los asustados políticos ni los desconcertados economistas saben muy bien cómo atajar una hemorragia que desangra en parte aquel cómodo consumismo en el que estuvimos. Ya se están recortando camas de hospital y maestros y profesores en colegios y universidades. Ya casi nadie alude al paro creciente, porque se da por supuesto. Si necesitáramos un millón de emprendedores nuevos para paliarlo, vamos listos. Se decía antes que la Banca estadounidense concedía, sin avales, créditos a quienes proponían un proyecto que pareciera viable. Y se oponía esta actitud a la española, reacia a conceder créditos, salvo a los empresarios inmobiliarios que respondían con sus propios bienes, sus empresas y hasta sus jubilaciones. Pero los tópicos no son ciertos. Las entidades estadounidenses inventaron las hipotecas subprime y los productos derivados e iniciaron un descalabro que ahora Obama intenta penalizar, porque de todo aquel zafarrancho tan sólo ingresó en la cárcel una única cabeza y no de turco. Aquí, por ahora, los dirigentes bancarios se han ido con excelentes indemnizaciones y planes de pensiones.

Pero aquel inicio de la crisis, de hace cuatro años, se observa ya como idílico. Lo que parece que podría hundirse en el abismo, al que alude Felipe González, alcanza no sólo a la eurozona o al territorio universal del dólar, sino a una forma de vida, aunque no la de todos. En el mundo globalizado se da la paradoja de que algunos países emergentes pueden acudir a salvar a quienes, más ricos, están a punto de ahogarse, aunque bajo condiciones. China prometió comprar deuda española, como hizo con la estadounidense, pero ahora puede hacerse con la de buena parte de la de los países de la zona euro, porque hasta el bono alemán de referencia ha dejado de parecer sólido refugio, pese a oponerse Alemania a la idea del eurobono y Austria y Finlandia hasta al rescate acordado. Lo que se promete es más sangre, sudor y lágrimas: sin el recurso de una victoria. Estamos a un paso de unas elecciones generales, pero ¿alguien atiende a los tímidos mensajes de los candidatos?¿Nos importará más o menos la gestión de la pobreza hacia la que nos encaminamos que algún signo de esperanza? Economistas se preguntan si lo que se pretende es descubrir hasta dónde está dispuesta a resistir una población que ha de olvidarse ya del bienestar.

Grecia se ha convertido en símbolo y su población, de huelga en huelga, con cierre de comercios y escasos recursos para seguir con el festival del consumo, anda más que desorientada. Los más pesimistas le recuerdan el corralito argentino; otros, la salida inmediata del euro, aunque lo nieguen, a dúo, Sarkozy y Merkel; los alemanes les reprochan ayudas que antes les concedieron sin reparos y los bancos franceses tiemblan por su exposición a la deuda. Pero los intereses de la misma a cinco años alcanzan ya el 25%. El problema, de resolverse a trío en el interior de la Unión, reaparecerá, porque sabemos que el abismo no es la deuda griega. Les han apretado las tuercas a los helenos, como a los italianos, en algaradas, y a los españoles, portugueses e irlandeses. Tiemblan los belgas. Recortó Francia en menor medida que Gran Bretaña, fuera del euro, con huelga general anunciada. El dinero incoloro domina la política y se sirve de la economía. No somos más sabios que en 1929, aunque disponemos de fórmulas más complejas. La solución no está en el hombre fuerte que pegue el puñetazo sobre la mesa y ordene y mande.

Alemania se convirtió en gran potencia en tiempos de Hitler. El pasado no parece servir para apuntalar el porvenir. Pero las guerras de hoy acaban con imperios, como ayer. La de Afganistán le está costando a los EEUU más dinero que la II Guerra Mundial y, con la de Irak, ha debilitado su poder. Habrá que descubrir una esperanza a corto plazo en la utópica colaboración entre naciones que han de renunciar a partes de su soberanía. Estamos en una transición a lo desconocido. No todas las formas democráticas resultarán equivalentes, pero esto ya sería harina de otro costal.


La Razón – Opinión

Cataluña. Fraude, cobardía y nacionalistas. Por Agapito Maestre

Si España es un país lleno de cobardes, cosa que está a la vista, me parece que en Cataluña se llevan la palma. A pesar de que quedan héroes-ciudadanos, la ciudadanía en esa zona de España desapareció hace tiempo.

En Cataluña dominan los amos y los súbditos. Los ciudadanos están perseguidos. Los amos de Cataluña son los nacionalistas y los socialistas, que una vez más le han retorcido el brazo a los ropones del TSJC. Normal. La justicia en Cataluña está al servicio del mesogobierno de CiU. No hay ni poca ni mucha justicia, sencillamente, no existe, porque no son independientes. Los jueces en Cataluña están a las órdenes de los nacionalistas y socialistas. El resto son bobadas.

Nunca me hice ilusiones por la sentencia del TSJC sobre la situación del español en Cataluña. Nunca se ejecutará... ¿Cómo van a permitir los amos que se ejecute una sentencia que cuestiona el centro de su poder?, ¿cómo van a permitir que los niños de Cataluña estudien en la lengua oficial de España? Hoy, los jueces del TSJC, sin duda alguna, al servicio directo del gobierno regional de Cataluña, dicen que de momento no se ejecutará la sentencia; la añagaza argumental es, sencillamente, un fraude procesal. Pero, ese fraude, por desgracia, será un juego cuando mañana, es decir, dentro de un año o más, monten otro aquelarre "político-procesal", si es que no cambian antes la sentencia, para que los niños catalanes no estudien jamás en el idioma oficial de España.


Los nacionalistas y los separatistas de Cataluña tienen un poder absoluto sobre sus súbditos. Nadie se engañe. Vivan la realidad y no de ilusiones. No preveo rebelión alguna en Cataluña contra esta panda de amos sin escrúpulos. Si España es un país lleno de cobardes, cosa que está a la vista, me parece que en Cataluña se llevan la palma. A pesar de que quedan héroes-ciudadanos, la ciudadanía en esa zona de España desapareció hace tiempo; aunque es menester reconocer que, en los últimos siete años, Rodríguez Zapatero le dio un golpe casi definitivo al ciudadano español. El TSJC no se salva de ese diagnóstico, pero, con un agravante, a los jueces les va más la marcha del vasallaje. Estos siervos quieren seguir siendo siervos. No hablamos de esclavitud sino de servidumbre voluntaria; es el fundamento de las sociedades cerradas y totalitarias.

A los jueces del TSJC, dicho llanamente, les gusta vivir arrastrándose ante los nuevos amos. ¿Por qué iba a ser esta gente menos que Rodríguez Zapatero? Los nacionalistas y los socialistas catalanes actúan, desde hace tiempo, como si Cataluña fuera un estado independiente, y para ello han contado con la colaboración imprescindible de Rodríguez Zapatero, ¿por qué no justificar que el TSJC promociona no sólo el desacato de la Generalidad sino la independencia de Cataluña? El TSJC, en fin, con esta suspensión de ejecución de sentencia se pone al servicio de los nacionalistas e impide que se satisfaga la demanda de los ciudadanos de escolarizar a sus hijos en castellano o español.


Libertad Digital – Opinión

Demasiado tarde. Por Victoria Lafora

Cuando estamos al borde del precipicio, cuando la bolsa lleva semanas despeñándose, la prima de riesgo bordea los cuatrocientos puntos y la palabra intervención ha dejado de ser un susurro, el PP empieza a votar con el Gobierno.

En el fondo son temas que, tan seguros como están de ganar las elecciones de noviembre y por mayoría absoluta, les dejan la tarea hecha. Pero hace unos meses, y teniendo la misma urgencia, la respuesta fue "ni agua". Sólo hay un asunto en el que, por no asustar a los suyos, se hacen los remilgados y se oponen con grandes cabezazos: el impuesto sobre el patrimonio. Nadie cree que si el Gobierno Zapatero, en ese baile de adelante, atrás, adelante, tan característico de su legislatura, lo recupera, las comunidades autónomas del PP se van a hacer las exquisitas y no lo van a aplicar con las estrecheces que están pasando. Eso lo dicen ahora, para apoyar a Rajoy en su campaña hacia la Moncloa en la que no se puede cometer ni un error.


Sí han apoyado, por el contrario, una reforma que no gusta nada a los precarios. Es aquella que suspende por dos años el límite de encadenamiento de contratos temporales. Otra vez, la administración Zapatero contradiciéndose en sus decisiones porque fue una norma de 2006 la que obligaba a hacer fijos a los trabajadores después de cuatro contratos. En el PP deben pensar que ese no es su semillero de votos. Además, no es que hayan votado a favor, se han abstenido para que pudiera salir adelante.

Aún así, y para salvar la cara, su portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, explicó que les parecía un pésimo decreto que llevaba a una precarización en el empleo (no vaya a ser que algún votante del PP se vea en tan triste situación y les castigue en las urnas) pero nada dijo de mejorarlo cuando llegaran al poder. De lo que se deduce que seguirá en su actual redacción por mucho tiempo, tanto como dure la crisis, que va para largo.

Porque esto está muy mal y parece que Mariano Rajoy y los suyos están empezando a darse cuenta de que, por mucho empeño que le pongan, la crisis no se soluciona en tres meses como prometían. Mala cosa cuando ahora advierte que no es posible hacer milagros.

Y es que estos pactos, acuerdos, apoyos de última hora llegan demasiado tarde, cuando los ciudadanos, las empresas y el Estado han perdido el ahorro de muchos años porque los inversores no han tenido confianza en un país en el que su clase política andaba a la gresca permanente.


Periodista Digital – Opinión

Menos euforia. Por José Antonio Vera

Percibo con sorpresa el ambiente de placidez en que se mueven algunos dirigentes del PP, como pensando que las elecciones están ganadas y que lo que vendrá después es poco menos que coser y cantar. Desde el 28-M no paramos de ver fotografías de líderes peperos desbordantes de felicidad, cuando resulta que la situación no es para tanto. Estuvo bien que se celebrara adecuadamente la victoria aquel día, pero a partir de ahí hay que dejar de retratarse y sentarse más en el despacho a trabajar. La verdad es que así lo hace la mayoría, particularmente Rajoy y Soraya, y dirigentes regionales como Feijóo y Bouzá, y por supuesto Aguirre y Cospedal. Aunque echar horas tampoco garantiza el acierto. Veo estos días a jefes de gabinete que actúan como si fueran auténticos ministros, y consejeros haciendo el chorra al decir lo que no deben. Una de las pocas cosas buenas que hizo José Montilla fue transmitirle a sus «consellers» que «no es necesario hablar todos los días, ni tan siquiera todas las semanas». Algunos le hicieron caso y otros no, pero el principal líder del Partido Popular habría de extender una consigna parecida entre su tropa periférica, pues algunos hablan sólo por salir en la tele y al final acaban asustando a la gente. Dado que no hay tiempo en dos meses para que se vea el resultado de la gestión y los recortes en curso, el esfuerzo de todos debería centrarse fundamentalmente en ganar las elecciones. Porque si no se ganan, de nada sirve lo anterior.

Y las elecciones no están todavía ganadas. Las encuestas de LA RAZÓN, y todas las demás, dan una holgada diferencia de dos dígitos al PP con relación al PSOE, que se hundiría hasta en su feudo andaluz. Pero Alfredo Pérez Rubalcaba no es ningún tonto y no se va a sentar en una hamaca, como Zapatero, para ver cómo pasan las nubes. A Rubalcaba le llamaban el malvado porque en realidad lo es. Y decían que tenía un «Comando» porque en verdad lo tiene. Y con su maldad y su Comando va a llenar las calles protestando contra los recortes de las autonomías del PP, trasladando al personal el mensaje de que el Partido Popular no paga, suprime prestaciones, cierra empresas, aumenta el paro, liquidará la Sanidad y privatizará la educación. Mentira evidente, pero ya sabemos que cuando se calumnia «siempre algo queda». Y a eso se están dedicando con ahínco los liberados, los indignados y el clan de la ceja en general. Saben que no hay otra. O crispan la calle y polarizan la situación para aglutinar en torno a Rubalcaba el voto de la izquierda, o se estancan por debajo de los cien escaños, algo inaudito.

De manera que sí, está bien esta felicidad que lleva a la familia pepera a retratarse cada día como si ya hubiesen ganado las elecciones, pero no estaría de más que empezaran a templar la euforia. Aunque se gane por mayoría absoluta, levantar el país no va a ser tarea fácil. Y que se hiciera una vez no garantiza que se pueda hacer siempre.


La Razón – Opinión

Gobierno. Cerrado por defunción. Por Emilio Campmany

Esta especie de latigazo calvinista que sacude nuestras católicas conciencias se ha extendido también al Gobierno. A ver si este PSOE de Zapatero, creyéndose anticlerical, va a resultar que no pasa de protestante.

En este mundo que entre todos hemos levantado, es de mal gusto morirse. Irse para el otro barrio es algo tan feo y zafio que hay que esconderlo, no mentarlo y, en última instancia, hacer como si no hubiera ocurrido. Si lo piensan, hasta cierto punto la ley de eutanasia tiene como principal finalidad esa, la de facilitar a los familiares el disimulo del óbito a través del piadoso recurso de adelantarlo. Por eso ya no se ve en las puertas de nuestras tiendas, por muy familiarmente que estén gestionadas, aquel “cerrado por defunción” que en mi infancia me sobrecogía. Ahora, se muera quien se muera, la tienda tiene que seguir abierta cueste lo que cueste.

Esta especie de latigazo calvinista que sacude nuestras católicas conciencias se ha extendido también al Gobierno. A ver si este PSOE de Zapatero, creyéndose anticlerical, va a resultar que no pasa de protestante. El caso es que, a pesar de haber finado el máximo responsable del tenderete gubernamental, allí nadie pone el “cerrado por defunción”. Y así pasa que no paran de cambiar el escaparate, adquirir nuevo género y rebajar el viejo, y no se sabe quién es el responsable, si el factor, el contable o el mancebo.


La ministra de Economía, sin ir más lejos, se ha acostumbrado tanto a estar y no ser que el gesto de la cara se le ha transformado en una mueca permanente mitad fúnebre mitad cínica que recuerda a las de las estatuas de cera. Unas veces contesta una cosa y otras, otra, pero siempre con la misma cara de transida por el placer de verse ministra de lo que sea. El caso es que la buena señora está como esos prolijos escritores que no tienen tiempo de leer lo que les redactan sus negros y se sorprenden gratamente de ver lo mucho que saben cuando se asoman a lo que se supone que un día escribieron. Sólo que a ella eso le pasa con las medidas que toma, que el lunes niega que vaya a hacer nada, el miércoles reconoce que no sabe lo que hará y el viernes, tras el Consejo de Ministros, se congratula y felicita de haberlas tomado.

Pero el caso es que alguien en La Moncloa, no sabemos quién, acaba mandando al BOE las medidas y allí terminan por publicarlas. La mano que mece la cuna no puede ser la del muerto. Podría ser la del heredero, pero bastante tiene con conservar la legítima. Quizá sea el albacea, pero ése sabe que, hecha la partición, allí no pintará nada. Algún legatario podría estarse entrometiendo, pero vaya usted a saber quién. Lo seguro es que, sea quien sea, es el más alocado y farfullero de los gobernantes, que ni él mismo sabe la dirección en la que va. Como Zapatero, pero en anónimo. Con llegar al 20 de noviembre sin haber tenido que vender la tienda, me doy con un canto en los dientes.


Libertad Digital – Opinión

Rajoy se estrena en Twitter y calienta la precampaña. Por Federico Quevedo

El líder del PP, Mariano Rajoy, se estrenó ayer en la red social Twitter. Lo hizo en el AVE, camino de Barcelona, y solo colgó un tweet que dice así: “En el AVE llegando a Barcelona. A pesar de mi inexperiencia estreno con ilusión mi Twitter en el que cuento con todos. MR”. Fue suficiente. En una hora sumó más de 10.000 followers, lo que da una idea de la expectación que despierta a estas alturas el líder del PP, cuando ya todo el mundo da por hecho que va a ser el próximo presidente del Gobierno de España. De ahí, también, la expectación que levantó su aparición en Barcelona, una vez más, para hablar ante un nutrido grupo de empresarios a los que expuso las líneas maestras del que va a ser su programa electoral en materia económica y lo primero que hay que agradecerle al líder del PP es su sinceridad a la hora de afrontar el problema del paro y reconocer que es un asunto que va a tardar en solucionarse.

Y es que lo más importante, sin duda alguna, en este momento es reconocer el verdadero alcance de la gravedad de la situación que atraviesa este país y no solo este país. No me cansaré de repetir que vivimos una época de cambios que en algunos casos van a ser muy traumáticos, y es necesario acompasar esos cambio con reformas que va ser trascendentales en el corto y medio plazo, algunas de las cuales van a afectar, por ejemplo, a nuestro modelo territorial… Pero de esto, ya se lo adelanto, les hablaré mañana porque la ‘cuestión nacional’ merece un capítulo aparte, aunque ya les advierto que en el discurso de Rajoy de ayer al respecto me interesa mucha más que lo que dijo, lo que no dijo. Dicho eso, y volviendo al asunto que nos ocupa, fue interesante ayer ver a un Mariano Rajoy desgranando un programa político consistente, el mismo día en que la ministra Salgado, voz templada del candidato Rubalcaba, anunciaba la vuelta al ruedo tributario del Impuesto del Patrimonio, todo un ejercicio de demagogia populista dirigido a captar el voto de la izquierda más radical y con el que, definitivamente, el PSOE abandona cualquier posibilidad de recuperar votos por el centro e, incluso, el centro-izquierda, entregando al PP la representación de la inmensa mayoría natural del país.


¿Y que propuso Rajoy? Pues, básicamente, cerrar el mapa financiero, una remodelación profunda de las Administraciones Públicas, la recuperación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, una reforma tributaria en condiciones y un plan para los pequeños y medianos empresarios y autónomos, así como beneficios fiscales a la reinversión de beneficios. De hecho, frente a la demagogia de un impuesto que no va a servir más que para alimentar el fraude fiscal, lo que propone Rajoy son medidas fiscales que diferencien entre los beneficios reinvertidos y los beneficios repartidos, dicho de otro modo, gravas los dividendos y bonificar la inversión. El planteamiento de Mariano Rajoy es de actuar con urgencia en asuntos en los que el Gobierno ha estado mareando la perdiz durante todo este tiempo, como por ejemplo en la nueva reordenación del sistema financiero, y lo va a hacer además con un planteamiento más próximo a lo que reclaman los ciudadanos, es decir, primando la transparencia y el saneamiento sobre la recapitalización.

¿Saben cual es la diferencia entre @marianorajoy y @conRubalcaba? El segundo tiene que cargar con la herencia de un Gobierno del que él ha formado parte y que ha conducido al país a una de las peores crisis de su historia, y ahora no tiene prácticamente margen para ofrecer ninguna idea ni propuesta mínimamente creíble a los ciudadanos porque durante todo este tiempo se han dedicado a contemplar la situación creyendo que algún día amainaría el temporal y al PSOE le daría tiempo de recomponer sus naves, y no han tenido en cuenta que el país requería altura de miras y un liderazgo verdaderamente reformista. El primero, sin embargo, es verdad que va a ganar las elecciones y se va a encontrar con la peor situación que haya heredado jamás un presidente del Gobierno del Gobierno saliente –la del 96 era un paraíso comparado con esta-, y que va a tener que afrontar reformas dolorosas en medio de una notable contestación social orquestada por la izquierda que ya se está preparando para ello…

Pero también es cierto que probablemente el único político capaz de actuar con mano firme y, al mismo tiempo, con el talante necesario para ocuparse de semejante escenario, sea un Mariano Rajoy que ayer demostró una vez más que sabe por donde tiene que enfocar los problemas del país: “En estos momentos, no sería bueno para España que no hubiera un gobierno fuerte, pero tampoco sería bueno que un gobierno fuerte se creyera que, por el hecho de ser gobierno, pudiera hacer lo que estimara oportuno y conveniente. Creo que eso se puede conciliar”. Esa es la diferencia fundamental entre @marianorajoy y @conRubalcaba.


El Confidencial – Opinión

Zapatero, ¿ser humano?. Por Rafael Torres

En la que fue última sesión de control en el Senado para José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, celebrada el martes, se produjo un fenómeno casi sobrenatural: que Pío García, el portavoz del Partido Popular, no le mirara como si le debiera dinero. Zapatero ya no era, súbitamente, el íncubo rojo y judeomasónico que tanto había afligido a la España nacional con sus leyes de la Memoria y sus matrimonios homosexuales, sino un interlocutor educado, respetuoso y atento -cosas que había sido siempre- porque venía a despedirse. La mayoría de los portavoces de los diferentes grupos le desearon lo mejor para su vida futura, e incluso el del BNG habló bien de él y le describió como un político trabajador, dialogante y honesto, pero llegado el turno de Pío García Escudero, que llevaba años atizándole con furia, confundiendo la persona con el cargo, hasta en el carnet de identidad, se hizo el silencio: Pío clavaba en el presidente la misma mirada terrible de siempre, y su expresión gestual parecía, también, la misma agresiva y retadora de tantas otras veces. Sin embargo, cuando rompió a hablar, acción que le costó un poco más que de ordinario, no brotó de sus labios una descalificación ni un insulto, sino el deseo de que, cuando deje el gobierno, le vaya bien en la vida.

Para García Escudero, Zapatero dejará en breve de ser su enemigo, lo que ya el pasado martes le convertía por anticipado en persona, en ser humano, en criatura respetable. Pero eso es terrible: la incapacidad tan pepera, pero no sólo pepera, de percibir al adversario político como eso mismo, como un simple adversario, como un antagonista político necesario, imprescindible. Lamentablemente, en España, donde tan escasa tradición democrática hay, se confunde el radicalismo (radical, de raíz) con la ferocidad, la oposición con el aborrecimiento y al adversario con el enemigo. De esto ha dado en los últimos años todo un recital Pío García Escudero, exigiéndose a sí mismo más acíbar y más intemperancia de la que seguramente le apetecía o era capaz. Hasta el martes, cuando recordó que la cortesía y la educación son grandes activos de los hombres, y vio que ese ciudadano, Zapatero, no le había hecho nada. Antes al contrario, y contraviniendo los usos de los presidentes de Gobierno, quiso restaurar con su frecuente presencia la dignidad del Senado, donde Pío García Escudero y tantos otros hacían, apartadamente, su vida.

Periodista Digital – Opinión

Al revés. Por Alfonso Ussía

Mientras en la navarra Alsasua, en la falda del puerto de Echegárate, los de Bildu vejaban al Rey, a la Bandera, a la Guardia Civil, a la Legión y al Cristo de Mena –lo que correrían los de Bildu si vieran a dos legionarios entrar en el pueblo–, la ministra Carmen Chacón, que da una de cal y otra de arena, respondía con moderada firmeza al alcalde bilduetarra de San Sebastián, que le había pedido por escrito la retirada y desmantelamiento de los acuartelamientos militares donostiarras, Loyola y «Lore-Toki».

La ministra le ha recordado al mustélido que las Fuerzas Armadas están para servir a todos los españoles, vascos incluidos, y que debe recordar a los pescadores guipuzcoanos y vizcaínos que hoy viven con sus familias gracias a los marinos de la Armada, que los rescataron de los piratas somalíes. Y ha terminado la ministra informando a Izaguirre de que no abandonará San Sebastián ni un sólo efectivo de nuestro Ejército.


La ministra ha respondido bien y con acierto, pero podía haberse ahorrado la misiva. Hay cartas que no se responden, ni se archivan ni se terminan de leer. Se hace con ellas una bolita y se introducen en una papelera. Una respuesta adecuada hubiera sido la de contenido contrario. Es decir, comunicar al logomorfo que no sólo no se iba a retirar un solo efectivo militar de San Sebastián, sino que aprovechando las formidables instalaciones que el Ejército allí tiene, se estaba estudiando la posibilidad de incrementarlos. Esta gente de Bildu, como sus compañeros de Alsasua, ante la presencia de un batallón desarmado de la Legión, son carne de fuga por las cloacas. Nunca he entendido la medida y prudencia que los diferentes ministros de Defensa, centristas, socialistas y populares, han tenido con la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en las Vascongadas. San Sebastián es como Sevilla, Bilbao como Cádiz y Pasajes como Cartagena.

Igual de españolas. A nadie hay que darle explicaciones si se decide incrementar la presencia de nuestras Fuerzas Armadas –sus Fuerzas Armadas–, en los territorios vascos. Si se envían los caballos purasangre de «Lore-Toki» a la montañesa Ibio, en aquel extenso establecimiento cabe a la perfección una brigada de Caballería acorazada. Y en Loyola, se puede sacar más juego del espacio disponible. Si al alcalde bilduetarra de San Sebastián le molesta la presencia de nuestros soldados en la capital guipuzcoana, se le envía una cajita con sobrecitos de tila. Y cuando se le terminen, otro.

Los contribuyentes estamos hasta el gorro de pagar con nuestro dinero los dispendios y subvenciones de este Gobierno, pero a los sobres de tila, me apunto de inmediato.
Dando por hecho que la independencia de Vasconia y de Cataluña son empresas románticas, utópicas e imposibles, el ministerio de Defensa debe actuar con la misma naturalidad y normalidad que lo hace en el resto de España. El clima de San Sebastián es más saludable que el de Ronda para adiestrar e instruir a los nuevos legionarios. Una temperatura siempre agradable ayuda al esfuerzo de la instrucción. Y nada más sugerente para un legionario que un buen chapuzón en Ondarreta después de cumplir con su deber.


La Razón – Opinión

Patrimonio. Evitar el siniestro total. Por Cristina Losada

El “impuesto a los ricos”, que así y no por azar se presenta en sociedad, quiere instalar el discurso en los tópicos que gustan a la izquierda. Que le gustan aunque nada tengan que ver con la realidad ni con su realidad.

El candidato ha ganado, como no podía ser de otra manera, y el Gobierno se dispone a recuperar el Impuesto sobre el Patrimonio en un intento a la desesperada. Y no por equilibrar las cuentas públicas, sino por restaurar una alianza fracturada. La alianza tácita que ha unido al PSOE y al conjunto de la izquierda en los pasados años. El logro del fenecido presidente, quizás el único, consistió en aglutinar en torno suyo a esa comunidad sentimental y concentrar su voto. Pero la izquierda es más amplia que sus partidos, no siempre acepta al PSOE como pastor del rebaño, y ahora se considera traicionada. El hechizo se ha roto. La economía, lo real, ha podido con la ficción tras larga y cruenta batalla. Pero los socialistas entienden que sólo lo ficticio les permitirá recuperar el favor de los desencantados.

El "impuesto a los ricos", que así y no por azar se presenta en sociedad, quiere instalar el discurso en los tópicos que gustan a la izquierda. Que le gustan aunque nada tengan que ver con la realidad ni con su realidad, es decir, con la izquierda tal como es realmente. Pero quienes ya no llevan un mapa del mundo en el bolsillo, cifran sus aspiraciones en el ámbito simbólico. Y, cuidado, que no es poco. La retórica importa. Así, resulta indiferente que el tributo vaya a recaudar poco y que las grandes fortunas continúen disponiendo de vías para pagar menos, alguna de ellas ingeniada en tiempos de González. Importa que se proclame que los ricos van a pagar más. Eso es todo. No cuenta la racionalidad económica de la medida, sino su capacidad para satisfacer sentimientos.

El efecto electoral de esta representación que ha dirigido el candidato, tras echar de un codazo a quien nominalmente aún conserva la batuta, parece incierto. Lo cierto es que Rubalcaba recurre a las mismas armas que Zapatero, pero sin ser él y una vez que la demagogia, ese rancho para un público infantilizado, se ha desgastado por exceso de uso. Agrupar otra vez a la izquierda no va ser cosa de un impuesto ni de dos. Incluso el sector propenso a salir a la calle contra el PP por una u otra causa, carece de fuelle y se desvanece esa traca final del infantilismo que fueron los indignantes. Sí, puede resucitar, pero será después. Entretanto, alguien tiene que pagar para que el Skoda del PSOE evite el siniestro total.


Libertad Digital – Opinión

Un rumbo y el contrario

La reforma laboral y el impuesto de patrimonio son vaivenes que dañan a los socialistas.

El Congreso de los Diputados convalidó ayer el decreto de reforma del mercado laboral aprobado por el Gobierno el 26 de agosto. La abstención del Partido Popular permitió al grupo socialista rechazar la condición de los nacionalistas catalanes de CiU, quienes exigían a cambio de su voto favorable una reforma de la regulación de la negociación colectiva para que prevalecieran los convenios autonómicos. Sorprende que CiU pasara con tanta rapidez del agravio homérico en unos asuntos al rasante chalaneo político en otros.

El decreto ahora convalidado supone la rectificación de una decisión adoptada por el propio Gobierno en 2006, por la que se fijó un plazo máximo de dos años para encadenar contratos temporales. El argumento empleado entonces fue la necesidad de combatir la precariedad; el esgrimido ahora es la de reducir el desempleo. Y aunque el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, insistió en distinguir la temporalidad de la precariedad, lo cierto es que, con la convalidación del decreto, el Gobierno ha hecho un viaje de ida y vuelta que pone una vez más en cuestión su capacidad para gestionar la crisis.


No es la única materia en la que el Gobierno da muestras de mantenerse resignadamente a la espera, ensayando con desgana un rumbo cualquiera y el contrario, como con la reforma laboral. No es difícil asumir que España necesita cuadrar las cuentas, y que en un mundo en crisis y por razones de equidad evidentes resulta conveniente que contribuyan más los que más tienen. Pero la reactivación del impuesto sobre el patrimonio se ha convertido esta semana en una sucesión de mensajes distintos e imprecisos, cuando no contradictorios, entre distintos miembros del Gobierno y del equipo del candidato socialista. Como en el caso de la contratación temporal, el mismo Gobierno que anuncia una cosa un día, la modifica al siguiente. Más que mejorar las expectativas del Partido Socialista, estos vaivenes solo contribuyen a desmoralizar aún más a sus potenciales votantes.

No iba a resultar fácil en ningún caso gestionar una sucesión como la que diseñó Rodríguez Zapatero. Pero a las dificultades intrínsecas del plan se está sumando una creciente torpeza en su ejecución. Los traspiés de esta semana no contribuyen al objetivo inicial del candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, de potenciar su credibilidad impulsando la recuperación del impuesto de patrimonio.


El País – Editorial