lunes, 10 de enero de 2011

Intervención. Ni cenamos ni se muere padre. Por Emilio Campmany

Puesto que es inevitable que tengamos que ser intervenidos, cuanto antes mejor. A ver si, entre tanto sacrificio como habrá que asumir, esa catarsis sirve para impulsar las reformas políticas que es necesario hacer y que nadie quiere acometer.

Desde mayo, estamos al borde del precipicio, apoyados con la punta de un pie en una piedra resbaladiza, sin terminar de caernos, pero sin acertar tampoco a recuperar el equilibrio apoyando las dos piernas en tierra firme. Parece que vamos finalmente a caer, pero da la impresión de que hasta en esto hay un orden que no puede alterarse y cada cual tiene que esperar su turno. Primero fue Grecia. Luego, Irlanda. Ahora, toca Portugal. Tras él, llegará la hora de España. Y el fin de fiesta está reservado para Italia.

Nos dicen nuestros economistas que vernos en la tesitura de tener que ser rescatados tendría consecuencias terribles. Sin embargo, el rescate parece inevitable. Lo sé por lo que están haciendo los socialistas en todos los sitios donde gobiernan. Están a toda prisa convirtiendo en funcionarios a todos los que tienen colocados a dedo. Son decenas de miles de empleados públicos de las administraciones locales y autonómicas. Naturalmente, temen que lo primero que hagan los interventores cuando se hagan cargo del puente de mando sea ordenar que sean despedidos los empleados que puedan serlo y arreglárselas con los funcionarios, que no pueden ser echados.


De modo que, mientras la intervención llega, la gente del PSOE con mando en plaza no para de cargar los presupuestos de todas las administraciones con gravámenes en beneficio de amigos y correligionarios que los interventores no puedan legalmente remover. Así las cosas, cuanto más tarde el rescate, más cargado estará el presupuesto y mayores serán los sacrificios a imponer subiendo impuestos, bajando sueldos de funcionarios, abaratando el despido y bajando pensiones, que es lo que básicamente supondrá el rescate.

Corre la especie de que Zapatero no dimite ni convoca elecciones porque quiere ser él quien adopte las duras reformas que hay que hacer para que quien le suceda no tenga que quemarse tomándolas y pueda dirigir al país sin hipotecas de descrédito popular. Mentira y gorda. Se supone que el habitante de La Moncloa vio la luz en mayo. ¿Qué ha hecho desde entonces? Suprimir los dispendios disparatados que él mismo había aprobado (con la anuencia del PP), como la subvención a los parados de larga duración y el cheque bebé; hacer una reforma laboral de la señorita Pepis; incrementar el IVA un poco y reducir el salario de los funcionarios otro tanto; y amagar con las pensiones sin terminar de dar. Mientras, las administraciones públicas siguen despilfarrando y apenas nada se ha hecho en el mercado financiero, en el energético y en los múltiples negocios subvencionados que en España campean. Sólo está ganando tiempo.

Zapatero no va a hacer lo que hay que hacer y nadie del PSOE ni del PP tiene prisa en sucederle porque entonces tendría que hacerlo él. Entretanto, Moncloa, ministros y secretarios de Estado, presidentes autonómicos, consejeros y ministrines, alcaldes y concejales "a gastar y a gastar, antes de que a España vengan a rescatar". Y, mientras, ni cenamos ni se muere padre.

Así que, puesto que es inevitable que tengamos que ser intervenidos, cuanto antes mejor. A ver si, entre tanto sacrificio como habrá que asumir, esa catarsis sirve para impulsar las reformas políticas que es necesario hacer y que nadie quiere acometer. Y de paso, a ver si el ciclón barre a esta repulsiva clase política que padecemos y nos trae otra que sea capaz de levantar un nuevo consenso nacional alrededor de unos intereses comunes que todos los españoles podamos compartir.


Libertad Digital - Opinión

La transición del PSOE. Por Ignacio Camacho

Un descalabro catastrófico podría empujar al PSOE hacia un liderazgo más radicalizado aún que el de Zapatero.

SI la caída del zapaterismo se consuma en los términos que predicen las encuestas no sólo va a provocar un destrozo grave en el Partido Socialista sino que puede causar una seria avería en el entramado institucional español, que necesita un referente de izquierda sensato y solvente. Un descalabro electoral de proporciones catastróficas podría empujar a la socialdemocracia hacia un liderazgo más radicalizado aún que el de Zapatero. Existe una tendencia general en la opinión pública a pensar que la salida del presidente reconduciría al PSOE por el camino de la moderación y el pragmatismo, pero no tiene por qué resultar así; su tejido dirigente actual, su aparato orgánico, está trufado de zapateritos/as surgidos a imagen y semejanza del líder, con idéntica inmadurez intelectual y la misma inclinación aventurerista, y no es descartable que en caso de big-bang interno se produjera una catarsis capaz de impulsar al partido hacia una renovación imprevisible. La transición del postzapaterismo va a ser uno de los procesos cruciales para el futuro de nuestra democracia.

Por paradójico que resulte, corresponde a Mariano Rajoy como previsible sucesor en la Presidencia del Gobierno una cierta responsabilidad en la estabilización política de su adversario. El PP va a heredar si llega al poder una situación muy delicada que necesitará de una oposición juiciosa con la que establecer acuerdos para las imprescindibles reformas que pongan al día las desgastadas estructuras de un Estado en quiebra. La tarea, de trazo constituyente o al menos de vocación refundadora, exigirá acuerdos de amplio espectro que rebasen incluso el ámbito de una eventual mayoría absoluta, y que de algún modo han de empezar a fraguarse desde ahora mismo, cuando el desplome zapaterista parece irreversible. La fórmula más aconsejable consiste en ir tejiendo ya una serie de pactos estratégicos que de algún modo obliguen al legatario de Zapatero y lo embarquen en un compromiso regeneracionista. Eso implica una modulación del desconfiado clima político inmediato que se antoja francamente difícil, pero nadie ha dicho que aspirar a la gobernación de un país en cuesta abajo represente un negocio sencillo.

Acaso el propio Rajoy, tan proclive a procrastinar sus deberes, sea consciente de esa necesidad a medio plazo. De hecho ya se ha producido alguna reunión discreta con Zapatero para discutir la agenda del último tramo de la legislatura, y hay gente estudiando cómo darle al futuro expresidente un papel que mejore su deslucida actuación gubernamental. Pero no va a bastar con eso; es menester ir dibujando desde ya la bitácora política del próximo mandato. Aunque el trabajo de ganar no esté terminado y bastante trabajo suponga para el líder del PP concluirlo con éxito, ha de hacerlo pensando en que sus futuras responsabilidades de Estado incluirán también la de ser el presidente de los que pierdan.


ABC - Opinión

El Tea Party no disparó a Gabrielle Giffords

Lo único que le ha importado a una parte de la izquierda –que en nuestro país incluye a la práctica totalidad de los medios de comunicación– ha sido crear un muñeco de paja a raíz de un drama humano para poderlo instrumentar políticamente.

Como en tantas otras ocasiones, Jean-François Revel dio en el clavo cuando en La obsesión antiamericana dijo aquello de que "la certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental: ser, en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano". Nuestros socialistas de todos los partidos odian a Estados Unidos por todo lo que esa gran nación representa: libertad, propiedad privada, valores morales, sociedad civil, democracia con auténtica separación de poderes y valentía para no ser erradicados por sus enemigos.

Siendo así, a nadie le extrañará que la izquierda europea, y en especial la española, guarde especial inquina hacia aquellos que, dentro de Estados Unidos, mejor encarnan sus esencias y que no están dispuestos a que el socialismo y la ideología de lo políticamente correcto acabe arruinando su próspero sistema: el Tea Party. Durante la campaña electoral de las últimas elecciones de mitad de mandato ya pudimos escuchar todo tipo de exabruptos y mentiras contra este movimiento –éste sí– espontáneo. Se les acusó de extrema derecha y de racistas, cuando su punto de partida era la limitación del poder del Estado y cuando entre sus integrantes convivían personas de todas las razas y culturas, tal como sucede en ese exitoso melting pot que es su país.


El triunfo del Tea Party en noviembre cayó como un jarro de agua fría en nuestra intelectualidad y también en la mayor parte de nuestra derecha: a la postre, venían a demostrar que la defensa sin complejos de los valores liberal-conservadores podía derrotar al que en Europa se consideraba el mejor y más popular presidente que ha tenido Estados Unidos en toda su historia. En parte los insultos de la izquierda continuaron, pero la victoria electoral de estos activistas hizo aconsejable ocultar tácticamente el rostro despótico y contrario a la soberanía popular del socialismo.

Sin embargo, ha bastado con que un desequilibrado disparase a la congresista demócrata Gabrielle Giffords y a la multitud que la rodeaba para que el griterío histérico de la izquierda occidental –cada vez más parecida en Estados Unidos y en Europa– se haya vuelto a escuchar con fuerza. Así, en pocas horas, cuando apenas existía información fidedigna de lo ocurrido, se construyó la delirante teoría de que el criminal, Jared Loughner, era un fanático seguidor del Tea Party y, muy en especial, de Sarah Palin, autora intelectual última del atentado.

Poco ha importado que Loughner tuviera entre sus libros de cabecera el Mein Kampf y el Manifiesto Comunista –escasamente favorables a los principios de libre mercado que propugna el Tea Party–, que sus compañeros de instituto lo calificaran como persona de izquierdas, que su odio declarado hacia Giffords se remontase a 2007, cuando ni el Tea Party existía ni Palin gozaba de relevancia alguna, o que el ala más radical del Partido Demócrata estuviera muy enfadada con Giffords por no haber votado por Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes.

Lo único que ha movido a una parte de la izquierda –que en nuestro país incluye a la práctica totalidad de los medios de comunicación– ha sido crear un muñeco de paja a raíz de un drama humano para poderlo instrumentar políticamente. No es que en España no hayamos padecido execrables maniobras parecidas, pero no convendría olvidar lo poco que algunos valoran su integridad en la arena ideológica.


Libertad Digital - Opinión

Confusión socialista en 2011

El Gobierno es considerado por los encuestados como el tercer problema del país, por detrás del paro y de la situación económica.

LA segunda entrega del barómetro político de diciembre de 2010, realizado por DYM para ABC, muestra el contexto en el que la opinión pública española ha asumido la necesidad de un cambio en el gobierno de la Nación. Por lo pronto, el Gobierno socialista es considerado el tercer problema del país, por detrás del paro y de la situación económica, lo que explica la falta de confianza de los ciudadanos en la evolución de los acontecimientos. Si el Gobierno no es percibido como una parte de la solución a la crisis, se convierte en una causa principal de la crisis misma. Los encuestados lo expresan con rotundidad: el 72 por ciento creen que la situación económica es mala o muy mala; el 24 por ciento, que es regular; y solo el 3 por ciento que es buena. Los resultados sobre la situación política son similares, y las previsiones a un año no son mejores. La suma de estas percepciones de los entrevistados es una asociación clara del Gobierno socialista con la crisis política y económica. Por esto mismo, la convocatoria de elecciones anticipadas cuenta con un apoyo mayoritario, el 55 por ciento frente al 41, con la significativa oposición del 70 por ciento de los votantes socialistas, que son plenamente conscientes de que unos comicios generales adelantados serían catastróficos para el PSOE. Pero, por otro lado, la evidente debilidad del Gobierno confunde a los votantes socialistas, que solo concedían a Rodríguez Zapatero una nota de 4,8, mientras que Rajoy supera el aprobado (5,4) entre los suyos.

Tampoco son ajenos los encuestados a la incertidumbre sobre la candidatura de Zapatero a la presidencia de Gobierno en las próximas elecciones generales de 2012. Una clara mayoría considera que el presidente del Gobierno ha cedido gran parte de poder a Pérez Rubalcaba, y la opinión más extendida es que será este el candidato socialista a La Moncloa. Por tanto, el debate sucesorio está claramente instalado en la opinión pública y, especialmente, en los votantes socialistas, cuyo rechazo a una anticipación de elecciones generales se explica por la ansiedad de ganar tiempo para que el PSOE encuentre un revulsivo electoral, que ya no es Zapatero, al menos, para una buena del electorado socialista. El acceso de Pérez Rubalcaba al primer plano del Gobierno, aunque sea el único de sus miembros que aprueba, no ha servido para mejorar la imagen del Ejecutivo ante los ciudadanos, porque lo perciben como un escenario de tensión, incertidumbres y confusión.

MEDIO - FORMATO

domingo, 9 de enero de 2011

El año del cambio. Por M. Martín Ferrand

Dado que los ciudadanos tenemos mala memoria, los políticos tienden a decir lo que se les viene a la boca.

DICE Mariano Rajoy, quien nunca deja claro lo que verdaderamente quiere decir, que el PP, sus alcaldes y líderes autonómicos deben «apretarse el cinturón sin dejar de prestar ningún servicio». Eso es instalarse en Mayo del 68, para lo que ya no tiene edad, y gritar a pleno pulmón: «¡Sé realista, exige lo imposible!». Es imprescindible apretarse el cinturón, qué duda cabe; pero sin llegar a comprometer la respiración y el tracto intestinal de los ciudadanos. En esa dirección resulta más sencillo y eficaz, mejor que la apretura heroica, la supresión de los servicios y prestaciones inútiles o superfluos que, hoy por hoy, las administraciones —todas ellas— le brindan al ciudadano. Por el camino del Estado de Bienestar, una hermosa formulación teórica que esconde el fomento de la holganza y la irresponsabilidad, terminaremos por crear un cuerpo de asistentes sociales que nos visite, antes de dormir, para arroparnos en la cama y, después de hacernos beber un vaso de leche templada, besarnos la frente. A tales disparates estamos llegando, por la derecha y la izquierda, que nuestros próceres pueden terminar por inventar la madre o, cuando menos, su figura sustitutiva.

Dado que las palabras son gratis y los ciudadanos tenemos mala memoria, los políticos tienden a decir lo que se les viene a la boca. Muchos repiten, por hablar y sin mayores fundamentos, que 2011 será «el año del cambio». La primera vez que escuché anunciar «el año del cambio» fue a Alberto Ullastres cuando, al final de los cincuenta, arrancaba con Mariano Navarro Rubio el Plan de Estabilización en el que se cimentó, después, el de Desarrollo. Javier Arenas es quien más insiste ahora en «el año del cambio». Para él, posiblemente, lo será porque el PSOE andaluz, como el capitán Cortés en Santa María de la Cabeza, anda escaso de futuro. Arenas será presidente de Andalucía; pero no, precisamente, por decir cosas tan mostrencas como ésta: «El felipismo nos dejó como nos dejó y el zapaterismo nos va a dejar como nos va a dejar». Quizás la elocuencia de Pero Grullo cotice en el Sur; pero, aún así, debiera esforzarse más quien es mucho en el PP y aspira a serlo todo en Andalucía.

El único que se expresa con la claridad y la precisión debidas es Felipe González que, libre como un pájaro, ha dicho, con la vista puesta en el futuro de su enclaustrado sucesor en el PSOE: «Uno tiene libertad para decir no, pero no tiene libertad para decir sí con todas las consecuencias». Oportuna matización para quien, en ignorancia de la Nación y olvido de su propio partido, asume, sin saber francés, el pensamiento de Luis XIV.


ABC - Opinión

La crisis como lección. Por Andrés Aberasturi

Es fácil entender que la movida de Cascos da mucho juego; lo mismo que la subida en las tarifas eléctricas o las elecciones de mayo o el comienzo de la liga. Pero de esta crisis tendría que salir algo más que la discusión, o el pacto puntual. No sé qué organismo o institución se atrevería de una vez a afrontar el futuro ni sé si debería ser nacional, europeo o internacional. Pero hay algo claro: esto -o sea, todo- así, ya no se sostiene ni se va a poder sostener. Nadie ha querido ver en la irrupción de las nuevas tecnologías un cambio tan radical como fue en su momento la revolución industrial y menos aun han reflexionado sobre que la caída del muro de Berlín significó solamente el fracaso del modelo socialista y no la santificación del capitalismo.

De esta crisis global, aunque yo quisiera referirme a España solamente, no podemos salir, cuando salgamos, para volver a lo de siempre. Alguien deberá replantearse dos grandes temas: si el estado de las autonomías -tal y como está- es viable y si el estado del bienestar -tal y como está- es sostenible. Comprendo que no es un tema para despacharlo en treinta líneas, pero me parece lo suficientemente importante como para pararse un momento y empezar a reflexionar sobre qué futuro debemos diseñar. Ahora que está tan de moda lo de la "transversalidad", yo encerraría a economistas, sociólogos, filósofos y un largo etcétera de eso que hemos dado en llamar intelectuales, tan solo para que marcaran unas líneas maestras sobre las que asentar el futuro. Naturalmente los gobiernos y las oposiciones tendrían que hacer luego algo de caso y pactar de una puñetera vez cosas tan elementales como la educación, la sanidad, las relaciones laborales, un sistema fiscal sin privilegios o la separación real de los tres poderes.


Lo que no vale ya es seguir echando remiendos y deshaciendo lo que el otro hizo. No vale porque se ha demostrado que así no se va sino al caos y al fracaso. ¿Qué estado de las autonomías nos podemos permitir? ¿Cómo lograr que sobreviva -a qué coste- el estado del bienestar? Naturalmente que van a pesar, en esa utópica reunión, las ideologías, pero la realidad se impone como bien ha visto, demasiado tarde, este Gobierno. El objetivo sería llegar a principios claros y asumibles por todos sabiendo que todos tendrán que renunciar a algo; pero esto no es nuevo: así fueron los pactos de la Moncloa y la cosa no salió mal. En aquella ocasión nos jugábamos la libertad y merecieron la pena los sacrificios que cada uno hizo. Hoy está en juego el futuro y habrá que encararlo desde el realismo aunque las recetas que de allí salieran fueran duras.

Las preguntas que uno se hace son varias: ¿Hay alguien dispuesto a llevar esa iniciativa? ¿Es posible a estas alturas dar marcha atrás en algunas concesiones a las autonomías? ¿Les interesa a los dos grandes partidos compartir esta responsabilidad histórica? ¿Sabremos aprovechar la crisis como una lección? No soy muy dado al optimismo, pero si superamos la crisis arrastrados solamente por la marea del tiempo y sin que nos sirva de nada el sacrifico de tanta gente, habremos perdido una oportunidad y más pronto que tarde, el castillo se volverá a derrumbar o, en el mejor de los casos, nunca llegará a construirse realmente.


Periodista Digital - Opinión

De mal en peor. Por José María Carrascal

Los mercados quieren hechos, y hechos son precisamente los que no acaban de llegar de España.

El balón de oxígeno chino le ha durado al Gobierno exactamente 24 horas. Bastó que Portugal se tambalease para que las dudas se trasladasen a España, cuya prima de riesgo volvió a alcanzar los 260 puntos. ¿A cuánto va a ponerse cuando tengamos que lanzar los nuevos títulos de deuda las próximas semanas? ¿Cuál va a ser nuestro próximo «salvador»? ¿Corea del Sur? ¿Los ayuntamientos, con ese «plan de empleo» que nos anuncian, copia de aquel que arregló las aceras y se quedó en otro «brote verde»? Son capaces, pese a estar archidemostrado el dicho norteamericano «puedes engañar a uno una vez, pero no a todos siempre». Y a los mercados, nunca. Los mercados no se contentan con «fotos», que es lo único que interesa a nuestro presidente y, al parecer, lo único que domina. Los mercados quieren hechos, y hechos son precisamente los que no acaban de llegar de España. Al revés, lo que de ahí llega son contra-hechos, contradicciones. Ahí tienen a un Gobierno tratando de posponer la jubilación a los 67 años al tiempo que se ve obligado a jubilar anticipadamente a miles de empleados de las Cajas de Ahorro para que puedan consolidarse Pues si no los jubila, no habrá consolidación sino liquidación de las mismas, tras el desastroso manejo que los políticos han hecho de ellas. Es así como se está haciendo el ajuste que nos piden nuestros socios: desnudando a un santo para vestir a otro. Con lo que, a la postre, todos pueden quedar desnudos. Perdón, podemos, pues del ajuste no nos libra nadie.

Mientras Felipe González clama: «las malditas reformas necesarias se deberían de haber hecho hace diez años» ¿Por qué no hace quince? Pues porque él gobernaba, y no las hizo. Así da gusto. El marrón, que se lo coman otros. Que es lo que está haciendo Zapatero, pidiendo ayuda a todos, incluido al nefasto PP, para salir del pozo en que nos ha metido. Presentándose, además, como un héroe, como un mártir. Pero en España no sólo todo es posible, sino que da lo mismo, como demuestra que el ex presidente también haya dicho que igual le da que gane la derecha o la izquierda, lo que le quita el sueño es que «no sepan qué hacer con España». Los españoles lo sabemos perfectamente porque lo estamos viendo y sufriendo: la están deshaciendo. ¿Cómo no va a saberlo Felipe González? ¿Por qué no lo dice claro y en voz alta? ¿Por qué se limita a insinuarlo, al advertir que si depende de Zapatero el no presentarse a la reelección, el presentarse depende del partido? ¿Se atrevería él a encabezar una delegación del PSOE para pedir a Zapatero que dimita o anuncie que no se presentará, como hizo Goldwater tras el Watergate, para exigir a Nixon que abandonase la presidencia para evitar mayores daños a la nación?
Me temo que no. Aquí todos somos expertos en sacudirnos las responsabilidades y en tirar la piedra y esconder la mano.


ABC - Opinión

El enigma Cascos. Por Rafael Torres

Seamos serios y empecemos por el principio: ¿Es posible que Francisco Alvarez Cascos pueda gustarle a alguien? Sólo una vez despejada positivamente (positivamente para Cascos, se entiende) esa cuestión preliminar, podríamos avanzar en el enigma encarnado en ese señor al que Natura o el Altísimo, a elegir, no dotaron de ninguna de las cualidades que se necesitan en política, bien que probablemente en compensación de otras que le concedieron con longanimidad, aunque no sabemos cuales. Si se tratara de un tío simpático, culto, bienhumorado, comprensivo, dialogante o flexible, o si tuviera un pico de oro, o mano izquierda, o una visión original de las cosas, podríamos entender la alta idea que tiene de sí mismo, o incluso, respecto a la que los demás tenemos de él, podría desvanecerse de la memoria, con el tiempo, el recuerdo de su "ostentórea" boda cordobesa o el de su gestión, llamémosla así, del AVE a Lleida, aquella sucesión de improvisaciones, socavones y sistemas de seguridad completamente inútiles, pero siendo Cascos quien es, y perseverando tozudamente en ello, no cabe en la cabeza que nadie pueda suponer que Asturias podría ser más próspera o más feliz con esa criatura mandándola.

El caso Cascos sólo tiene, en puridad, una lectura seria; las demás lecturas son todas de coña. La seria alude al sentido patrimonialista de los políticos españoles: el oso es de uno, propiedad de uno, aunque haya que pasar el enojoso trámite de cazarlo, o sea, de postularse electoralmente para cobrar su piel. Las lecturas de coña son todas las demás: que si el espectro de la vieja guardia, que si Rajoy, que si el alcalde de Oviedo, que si fue, que si vino. Asuntos, como se ve, meramente pandillares y de poder patromonial, como el que enfrenta, también en el seno del PP, a Gallardón y a Aguirre en Madrid.

Pero el enigma Cascos, sea cual fuere la lectura que se haga, resulta particularmente espeso. ¿A quién puede gustar, fuera de su radio íntimo, ese hombre?


Periodista Digital - Opinión

El caso Álvarez-Cascos. Por Germán Yanke

Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya.

Como todo tiene un lado divertido, el del «caso Cascos» es el modo en que explicaron algunos portavoces del PP la patada en el trasero a su antiguo secretario general. Mientras unos se preparaban para el cotillón de Nochevieja, el Comité Electoral decidió dejar en la cuneta a Francisco Álvarez-Cascos, como si no quiere la cosa, «para no dividir al partido». No deja de resultar gracioso que luego el candidato a candidato se dé de baja, anuncie la posibilidad de presentarse por su cuenta, algunos militantes le sigan, otros se enfaden, el nerviosismo aflore, se repita la murga en las sedes del partido de que siempre hacen mal las cosas y se ponga en duda que la derecha pueda gobernar en Asturias tras las elecciones autonómicas. Para lograr la paz no está mal, incluida la gracia de que sea Gallardón, que amagó con lo mismo, el que pida a Cascos que se quede en casa, que ya le buscarán un hueco, que el partido es lo fundamental y la salvación.

Mi ingenuidad no alcanza a pensar que a los dirigentes del PP les haya cogido por sorpresa la tormenta aunque sí habría esperado que, siendo quien es el descartado, Rajoy hubiera hablado antes con él. Y no para explicarle qué significa eso de no dividir al partido porque el asunto tiene mala explicación sin esas dosis de cinismo que no casan bien con tanto pasado compartido. No dividir al partido, con el modo en que se gobierna la organización, es no molestar a la secretaria general y sus aliados. El poder del aparato queda bien dibujado con este episodio: Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya. Hay que estar en el meollo de las cosas para poder tener dos cargos en el partido, dos actas parlamentarias, presentarse a las elecciones con familia y equipo propios y hasta con candidato en Asturias para el futuro de Caja Castilla-La Mancha. Hay que estar en el aparato para que nadie te tosa. Cascos debía la inutilidad metafísica de ser solo militante.


ABC - Opinión

Caso Cascos, Asturias, dedazo y democratización del PP. Por Miguel Cancio

El Partido Popular, en el corazón de las Navidades del 2010, por iniciativa de su presidente Rajoy y su secretaria general Cospedal, después de que el alcalde de Oviedo —de Lorenzo— junto a otros dirigentes del PP asturiano, como Ovidio Sánchez, y sin convocar los órganos directivos del PP, dieran un golpe de mano y ante el gran éxito de la propuesta de que Cascos fuese candidato por el PP a la presidencia de la autonomía asturiana con grandes posibilidades de éxito y un gran apoyo de la mayoría de alcaldes asturianos del PP, de los miembros del PP y mas aún de sus simpatizantes y votantes; el Partido Popular bajo la responsabilidad de Rajoy y Cospedal, en lugar de tratar de que el PP asturiano, por medio de un congreso extraordinario o, al no haber un consenso en la dirección del PP sobre quien debería ser el candidato del PP en Asturias, por medio de una consulta a sus miembros, eligiese a quien debería ser el candidato a la presidencia asturiana por dicho partido; el PP de Rajoy y Cospedal por medio de Dedazo ha propuesto a la candidata propuesta por Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, a Isabel Pérez Espinosa como candidata por el PP a la presidencia de la autonomía asturiana y que es una completa desconocida.

Para colmo, la candidata rechazada por la mayoría de los miembros del PP y mas aún por sus simpatizantes y votantes, Isabel Pérez Espinosa declara, en los medios gubernamentales Radio Nacional de España y en la cadena de radio SER, que ella tiene el mismo programa para Asturias que Cascos, que Cascos es un referencia fundamental para ella, etc., pero, sin embargo, es Cascos el mas conocido y valorado para ganar en Asturias, con mucha diferencia de cualquier otro candidato del PP asturiano, mientras ella es una absoluta desconocida en Asturias y España, y esta ahí como candidata, no por méritos propios conocidos, sino por el Dedazo del todopoderoso en el PP asturiano Gabino de Lorenzo y que ha secundado el dedazo de Rajoy y Cospedal, que, por lo que se ve, quieren un partido del Dedazo, de fieles escuderos, donde los miembros, los militantes cuentan muy poco y los simpatizantes y votantes nada, y no un partido democrático en su estructura, organización, funcionamiento, dirección y representación (como dice la constitución española en su articulo 6), abierto, de juego limpio, que, de forma justa y transparente, en una competencia en buena lid, seleccione, promocione y controle a los mejores y que, por tanto, donde todos sus miembros (en otros países como los Estados Unidos, el partido republicano, pero también el partido demócrata, eligen a sus candidatos por medio de la votación no solo de los miembros de dichos partidos sino también de sus votantes y simpatizantes y que participan abiertamente en el amplio debate que se abre para la elección en el interior de cada partido de los mejores candidatos y al margen de cualquier tipo de dedazos como muy triste y lamentablemente sigue sucediendo en el PP español y que se dice liberal, reformista, moderno, abierto, participativo y democrático) sean los que de forma democrática y con garantías, cuando no hay consenso, cuando surgen serios problemas, elijan, mediante un debate responsable sobre sus propuestas, a los principales candidatos y dirigentes del PP a escala local, provincial, autonómica, nacional e internacional, y participen activamente en la elaboración y aplicación de su política, y no solo de pascuas en ramos y por llamadas de teléfono o e-mails, de forma vertical, señoritil, familiar, amiguista, clientelar, sin ningún tipo de debate democrático, abierto, participativo, enriquecedor.

¿Pero porqué el PP le tiene tanto miedo a la participación activa de sus miembros, simpatizantes y votantes en la vida, en la política de su partido, en la elección democrática, mediante el voto y un debate honrado y responsable, de sus principales dirigentes y candidatos?

Esto es lo que se hace, y desde hace tiempo, en los partidos de centro-derecha mas prestigiosos a escala internacional en Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, Noruega, etc.

El PP español de Rajoy y Cospedal, al secundar el golpe de mano de Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, que vienen perdiendo año tras año en Asturias, que solo han sido capaces de hacerse con 12 alcaldías de 78 ayuntamientos asturianos y de los cuales 9 apoyan a Cascos, que mantienen un partido cerrado, verticalista, del dedazo, señoritil, amiguista, muy poco presente y activo cerca de la ciudadanía de todos los municipios asturianos, en el tejido social, en la sociedad civil asturiana, que no tiene ninguna presencia ni influencia en España desde hace tiempo lo que si ha tenido y tiene Cascos y que con el presidente Aznar como ministro de Fomento hizo un gran plan de infraestructuras para Asturias, para España, que han apoyado y distinguido con importantes distinciones, como en el caso de Gabino de Lorenzo como alcalde de Oviedo o de varios concejales de Gijón, etc., a gentes tan impresentables, partidistas y sectarios como el vicepresidente de la tiranía comunista totalitaria cubana José Ramón Fernández Alvarez El Gallego, uno de los últimos dirigentes que se entrevistó en Irak con el socio, aliado de la Cuba comunista, con el tirano terrorista Sadam Husseim (Gabino de Lorenzo como alcalde de Oviedo organizó, además, viajes de la ciudad de Oviedo a la Cuba comunista y que le sirvieron a la misma, como se ha podido verificar en sus medios y comunicados, para hacer propaganda y para legitimarse cuando estaba maltratando, deteniendo, torturando y liquidando a disidentes cubanos, a presos políticos como Zapata, las Madres de Blanco, el gran Fariñas, el gran Biscet y otros que piden el cumplimiento en Cuba de los mas elementales derechos humanos, la libertad incondicional de todos los presos políticos cubanos y libertades democráticas para Cuba ya. Disidentes cubanos se me han quejado del apoyo dado por Gabino de Lorenzo, etc. a la Cuba comunista) o como el impresentable, partidista y sectario político comunista-socialista Santiago Carrillo y que ahora, en plan neoleninista, estalinista, esta atacando la transición que defendió (porque él y otros como él, después de liquidar a Semprun, Claudin, etc., pensaron que se harían con gran número de escaños y que serían el partido mas votado de la oposición. Cuando vieron que no fue así rompieron la baraja y han vuelto al peor leninismo, al peor gerracivilismo, anticlericalismo cristiano) y vuelve a las andadas guerracivilistas y en las que él con relación a la Guerra Civil española tiene gravisimas responsabilidades (Paracuellos, etc.).

Todos los militantes, miembros, simpatizantes y votantes del PP asturiano, del resto de la nación española y de otros países deben de oponerse al Dedazo de Rajoy y Cospedal que secunda el Dedazo, el golpe de mano en el PP asturiano de Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez y su gente, y deben de movilizarse a todos los niveles para exigir la democratización real del PP (y del resto de los partidos y fuerzas políticas, sindicales, empresariales, etc. españolas, europeas, etc.) a escala local, provincial, autonómica, nacional e internacional, que se cuente realmente y democráticamente con los miembros, simpatizantes y votantes del PP como sucede en los mejores partidos de centro-derecha occidentales y que, por tanto, se seleccione, promocione y controle, de forma justa, rigurosa y transparente, a los principales dirigentes y candidatos del PP por medio de la participación real, del voto y de un debate honrado, responsable y riguroso si no hay un amplio consenso, de los miembros, simpatizantes y votantes del PP para elegir (promocionar y controlar) a los mejores, es decir, a los mas honrados, competentes, humildes, trabajadores, creativos y profundamente humanos.

Es lo que algunos definimos como un Liberalismo Humanista de Juego Limpio, Creativo, Critico y Profundamente Solidario-Humanitario-de Justicia Justa (donde los valores del humanismo cristiano junto a otros humanismo creyentes y no creyentes ocupan un lugar muy importante y no solo de boquilla, en la ideología, doctrina proclamada, sino en la practica real).

Rajoy y Cospedal de sabios es rectificar y tanto ellos, como todos los dirigentes y miembros del PP asturiano y español pero también sus simpatizantes y votantes, los ciudadanos que quieren lo mejor para Asturias y España, deben de hacer todo lo posible por la real y efectiva democratización en la practica real de los partidos políticos españoles establecida en la Constitución española y que dé lugar a la selección, promoción y control, de forma justa y en lo público, privado y eclesial, de los mejores. Lo que, sin lugar a dudas, redundará en el bien de Asturias y de España, en su regeneración, en su mejor desarrollo, en el desarrollo honrado, responsable y de juego limpio, creativo, critico, competitivo y cooperativo, que debe servir, a escala local, nacional e internacional, para enriquecernos, no solo socioeconómica y medioambientalmente de forma justa, sino también humana y espiritualmente.


Miguel Cancio, economista y sociólogo, profesor de Sociología, Sociología de la Empresa y Socioeconomía del Desarrollo y los Movimientos Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Santiago de Compostela.

Periodista Digital - Opinión

Retrato de una hecatombe. Por Ignacio Camacho

El segundo paso de un vuelco político es la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones.

SI el primer paso de un vuelco político es la continuada tendencia del desplome del Gobierno entre la opinión pública durante un lapso significativo de tiempo, el segundo lo constituye la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones. Consumada desde hace casi un año la caída vertical del zapaterismo, en las encuestas aparece ya con nitidez la aceptación general, incluso entre muchos votantes socialistas, de la próxima victoria de Rajoy. La que hoy publica ABC incluye además dos datos demoledores para el presidente: por un lado aparece por primera vez peor valorado que el líder de la oposición, lo que derrumba la última de sus expectativas; por otro, sólo el 53 por ciento de quienes le apoyaron en 2008 creen aún que es mejor gobernante que su adversario. Eso ya no es sólo la fotografía de un relevo inminente: es el retrato de una debâcle.

Hasta ahora, Zapatero ha venido sosteniendo que el escaso entusiasmo que despierta Rajoy constituía su mejor activo incluso en los peores momentos de popularidad, pero esa coartada también se ha acabado. Es más: se ha invertido. A día de hoy, el jefe del Gobierno representa la mejor baza para su rival, el factor principal de la enorme brecha que separa al Partido Popular del PSOE y le conduce hacia una mayoría absoluta. Aunque el trasvase de voto entre los dos grandes partidos sigue siendo relativamente escaso —una constante sociológica en España—, más de la mitad de los votantes socialistas se sienten indecisos o inclinados a huir hacia la abstención como consecuencia de su desencanto respecto al presidente, valorado mucho peor que la mitad de sus ministros. Teniendo en cuenta el nivel objetivo de competencia del Gabinete, se trata de una apreciación devastadora. En este estado de cosas, Rajoy debería incluso modular su estrategia para darle un cierto respiro a quien le garantiza la victoria.

Enfrente, el desgastadísimo Gobierno tiene a un partido sólido —el PP mantiene el 84 por 100 de su respaldo y crece en estimación nueva—con un líder que supera ya a Zapatero aunque su valoración global no sea para tirar cohetes. Y se ha extendido la aceptación del relevo con un carácter casi inevitable. La distancia se estrechará al final con toda probabilidad, pero perder 18 puntos de ventaja en quince meses sería un desastre político superior incluso al brusco descenso del británico Cameron. Improbable hasta para un líder tan gélido como el del PP.

Claro que la patente aceptación de Rubalcaba podría originar en el electorado cambios de percepción relevantes. Si el candidato socialista no fuese Zapatero —incluso aunque tampoco lo fuese su valido— estas encuestas podrían no servir para nada. Pero si ese relevo se demora, ningún otro dirigente socialista podrá hacer otra cosa que minimizar la derrota. Y en ese caso lo que no serviría para nada sería la operación de recambio.


ABC - Opinión

Pasos atrás contra ETA

La lucha antiterrorista se encuentra en una compleja encrucijada a la espera del famoso comunicado de ETA, en el que presumiblemente los terroristas anunciarán una tregua unilateral, indefinida y verificable por instancias internacionales, pero también que no renunciarán al terrorismo ni se disolverán ni entregarán las armas. Más allá de filtraciones más o menos interesadas y de movimientos tácticos del mundo proetarra, el balance de la situación dista de ser esperanzador. La realidad es que, después del alto el fuego de septiembre, se han dado pasos atrás que han alimentado la confusión y el escepticismo en una sociedad que no quiere suposiciones y elucubraciones, sino certezas. La manifestación de ayer en Bilbao a favor de los reclusos terroristas es el último de esos actos desconcertantes para un Estado de Derecho. Que la Justicia, con el visto bueno de la Fiscalía dependiente del Gobierno, permitiera la marcha convocada y organizada por reconocidos simpatizantes y ex candidatos de organizaciones del entramado de ETA, con informes contrarios de la Guardia Civil y de la Ertzaintza, es algo incomprensible, que alimenta toda clase de interpretaciones, equivocadas o no, sobre la trastienda de la política antiterrorista. Con poco que se conozca la realidad del País Vasco, los antecedentes o los colectivos como el de los familiares de los presos de ETA, es imposible sostener con razones fundadas que un acto como el de ayer en Bilbao no supone una exaltación de las actividades criminales desarrolladas por los terroristas. Harían bien la Justicia y el Ministerio Público en explicar a la sociedad por qué las manifestaciones en favor de los presos en 2007, 2008 y 2010 fueron prohibidas si sus connotaciones y características eran prácticamente iguales a la de este año. En una democracia nadie debería poder salir a la calle a apoyar a los delincuentes, sean terroristas, maltratadores o violadores.

Pero hay más. También inquietan situaciones inasumibles como la libertad de Díez Usabiaga, una auténtica burla, o los experimentos políticos que el Ejecutivo lleva a cabo en las cárceles con los etarras supuestamente arrepentidos. Cuesta asumir que terroristas con sangre en sus manos salgan de permiso con el frágil argumento de que han renegado de ETA, cuando ni siquiera han pedido perdón a sus víctimas ni han resarcido a la sociedad ni han cumplido la mayor parte de su pena. Y cuesta todavía más entender estos movimientos confusos mientras los terroristas roban vehículos, extorsionan a los empresarios, modernizan y fortalecen su aparato de falsificaciones y recopilan informaciones.

Las víctimas del terrorismo han sido siempre, y deben seguir siéndolo, un termómetro moral y político, y una conciencia social. Si el colectivo se siente humillado, como lo manifiestan sus representantes, algo está fallando y alguien ha tomado un atajo equivocado. El discurso oficial y público del Gobierno, con el que coincide el PP, es de firmeza máxima y de perseverar en el acoso policial y el rigor judicial. Ésa es la fórmula hasta la derrota final de ETA. El Gobierno será el responsable de que no exista desviación alguna en esa hoja de ruta y de que los terroristas y sus acólitos no puedan presentarse a las elecciones.


La Razón - Editorial

Lodo en las togas de la Audiencia Nacional

Si es cierto que estamos más cerca que nunca del final de la banda, y todo parece indicar que así es, es ahora precisamente cuando más firme ha de ser el estado de derecho para aniquilar las distintas cabezas de la hidra terrorista y no al contrario.

Es necesario ser muy ingenuo para no ver al brazo político de la ETA, cuando no a la misma banda terrorista, detrás de una manifestación convocada para denunciar la supuesta vulneración de derechos humanos de que son objeto los asesinos de esta organización, encarcelados en virtud de las condenas previstas en nuestro Estado de Derecho.

El juez Pedraz, al que no cabe acusar de bisoñez en cuestiones relacionadas con el terrorismo y sus distintas ramificaciones, ha autorizado la manifestación convocada por representantes del mundo batasuno a pesar de las peticiones formuladas por las asociaciones de víctimas del terrorismo y los informes de la Guardia Civil en contrario. El requerimiento a la policía vasca de que vigile el desarrollo de la manifestación por si se produjera algún delito durante la misma, cláusula habitual en las autorizaciones de este tipo emitidas por la Audiencia Nacional, no deja de tener un cierto toque de sarcasmo, no por reiterativo menos doloroso para las víctimas de los que aparecen revindicados con estos actos.

Y es que desde la personalidad de los convocantes hasta los lemas coreados, pasando por las declaraciones de todo tipo vertidas para dar notoriedad al acto público, asistimos a una sucesión de hechos que necesariamente han de constituir en su conjunto una humillación para los familiares de los asesinados por la banda terrorista.


La asistencia en número importante a esta última manifestación exigiendo el acercamiento de los presos etarras al País Vasco no otorga legitimidad a esta pretensión, por más que el mundo nacionalista pretenda hacer ver lo contrario. La dispersión de los terroristas encarcelados, acordada por las autoridades penitenciarias en función de las disposiciones legales vigentes, ha sido y es una herramienta importante en la lucha antiterrorista a pesar de que Rubalcaba la esté haciendo saltar también por los aires, como ha hecho con otros elementos también decisivos a este respecto.

Tampoco debería la sociedad civil española pasar por alto el hecho de que una entidad tan popular como el club de fútbol de la Real Sociedad de San Sebastián, figure como uno de los apoyos más destacados a esta marcha gracias a la colaboración de una parte de su plantilla. Ni siquiera cabe alegar la famosa e inicua equidistancia para disculpar la afrenta de esta entidad deportiva puesto que, como es conocido, jamás en el País Vasco se ha producido un gesto de cercanía por parte de esa institución u otras similares hacia las víctimas de esos a los que ahora arropan con el escudo de su club.

No estaría mal que el mundo del fútbol español, tan dispuesto a movilizarse por otras causas menos significativas, tuviera un gesto de respeto a las víctimas del terrorismo y de reproche hacia estos colegas que jalean a los victimarios.

Si es cierto que estamos más cerca que nunca del final de la banda, y todo parece indicar que así es, es ahora precisamente cuando más firme ha de ser el Estado de Derecho para aniquilar las distintas cabezas de la hidra terrorista y no al contrario. La anulación de los consistorios controlados por organizaciones colaboradoras del terrorismo, la eliminación de cualquier posibilidad de que vuelvan a entrar en la política municipal o la prohibición de cualquier algarada que otorgue visibilidad al entorno terrorista para lanzar sus consignas falaces, han de ser la prioridad del gobierno de un país que, como España, ha sufrido durante demasiado tiempo el azote terrorista.

Por desgracia el Gobierno parece opinar lo contrario y algunos jueces, tal vez partidarios de la infausta metáfora de un lamentable fiscal general del Estado, favorecen esta tesis con sus decisiones a pesar del cerco de lodo que, inevitablemente, acabará depositándose en los bajos de sus togas.


Libertad Digital - Opinión

La mayoría más absoluta

La opinión pública ha interiorizado que el Gobierno es parte del problema y que el cambio político resulta indispensable.

EL barómetro político realizado por DYM para ABC refleja una contundente ventaja electoral del PP, que supera en 18,5 puntos porcentuales al PSOE. En concreto, los populares obtendrían el 49,3 por ciento de los votos estimados, frente al 30,8 que recibirían los socialistas. Más revelador es el dato de la intención directa de voto, que da al PP el 28,8 por ciento, y a los socialistas, el 14,7. Esta fortaleza del PP se explica por la fidelidad de la mayoría de sus votantes, que lo respaldan en un 84 por ciento. Zapatero solo consigue el apoyo del 44 por ciento de los suyos. Las valoraciones personales también se decantan de forma general, por vez primera, a favor de Rajoy, a quien el 35 por ciento consideraría mejor presidente, frente al 25 por ciento que lo cree de Zapatero. También es mejor la valoración que recibe Rajoy (3,6 por ciento) frente a Zapatero (3,1); y la que recibe el PP (3,4 por ciento), frente al Gobierno (3,0). En definitiva, la encuesta expone la consolidación de una tendencia que comenzó en noviembre de 2008, cuando el barómetro político dio al PP un exigua ventaja de tres décimas frente al PSOE. Es una tendencia creciente en la opinión pública, que ha pasado de una respuesta impulsiva ante la crisis a la interiorización definitiva de que el cambio político es necesario. Incluso esta percepción pasa por encima de la escasa valoración que aún conceden los encuestados a Rajoy, quien, no obstante, recibe de los votantes del PP un respaldo mucho mayor que el que consigue Zapatero de los suyos.

Esta encuesta demuestra también que Zapatero ha quemado su arsenal político sin rentabilidad alguna. La remodelación del Ejecutivo, que concentró todo el poder en Rubalcaba, ha tenido un efecto cero en la confianza ciudadana, porque el problema no era lo mal que se comunicaban a la opinión pública las decisiones tomadas por el Gobierno, sino el Gobierno mismo. El estado de opinión general, cuajado con las medidas de recorte social, las subidas de precios, el descrédito internacional y la tasa de paro más alta de Europa, está sentenciado a poco menos de cinco meses para las elecciones municipales y autonómicas. El desafío de Zapatero no es tanto aguantar el envite electoral de la oposición en esos comicios como controlar una reacción interna del PSOE ante una derrota que puede tener dimensiones históricas. Con los resultados del sondeo que hoy publicamos, Zapatero tiene motivos para preocuparse más de sus compañeros de partido que del PP.

ABC - Opinión

sábado, 8 de enero de 2011

El que rompe paga. Por M. Martín Ferrand

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos.

LAS leyes que se tejen en el Parlamento tienden a vaporosas. Su incumplimiento y escasa aplicación son parte del folclore nacional y, si alguna llegara a ser invocada para su aplicación, ya se encargarán los tribunales de aplazar su cumplimiento o retorcer su espíritu con el mecanismo procesal con el que, como gran sustituto de la Justicia verdadera, nos vamos apañando en esta democracia paródica en la que dos hombres, solo dos —José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy—, tienen potestad, salvo en Cataluña y el País Vasco, para decidir quién es el alcalde de cada municipio, el presidente de cada autonomía, los representantes parlamentarios de cada circunscripción y los nombres máximos del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Eso es algo tan representativo como queramos admitirlo y da paso a un juego parlamentario distinto del que describen los manuales de la ciencia política y los usos en las naciones de acreditados modos democráticos.

Aquí resulta más eficaz invocar la ley de la taberna: el que rompe paga y se lleva los vidrios rotos. Si esa fuera nuestra manera de enfrentarnos al problema financiero, uno de los más perturbadores y graves entre los asuntos pendientes en la vida nacional, estaríamos a salvo; pero, desgraciadamente, aceptamos el proceloso caldo en el que se entremezclan los intereses de unos, las debilidades de otros, la inconsecuencia del sistema y la conveniencia de los renovados caciques regionales y tenemos a la vista una realidad tan indeseable como inútil para el conveniente desarrollo de la economía y el progreso de las personas.

El hecho de que los contribuyentes, siempre sufridos y amedrentados, paguemos con nuestro dinero el fracaso de las instituciones financieras es moralmente reprobable; políticamente, descalificador del Legislativo y del Ejecutivo y, económicamente, la cimentación de nuevas y mayores catástrofes. El método, auspiciado por el Gobierno, bendecido por el Banco de España y tolerado por el BCE, con el que se están fusionando —amancebando para ocultar responsabilidades— muchas de nuestras Cajas de Ahorro clama al cielo. No solo se mantienen, acumulando la perversiones; sino que se confirman en sus cargos de administración y dirección a quiénes han sido responsables de la situación. Si se les aplicara la Ley de la taberna, su suerte sería muy distinta. También el futuro del sector financiero, la potencialidad del progreso español y, sobre todo, la confianza de los ciudadanos, ahítos de tanto encubrimiento y mandanga como propician los dos monopolistas, uno por la izquierda y otro por la derecha, del poder en la vida española.


ABC - Opinión

La bella Isabel. Por Alfonso Ussía

ENCABEZAMIENTO

He leído en «El Mundo» unas declaraciones de Isabel Pérez-Espinosa más que preocupantes. Esta señora es la candidata del Partido Popular para presidir el Principado de Asturias. En las fotografías aparece guapa, pero dura. Se advierte su enfado por la encuesta reciente de Sigma-Dos, según la cual Álvarez-Cascos ganaría las elecciones asturianas con nueve escaños de ventaja sobre el Partido Popular. Pero intuitivamente intento ir más allá en el análisis de sus palabras. Dice que Cascos le causa tristeza «porque fabula y tiene tremendas lagunas mentales». Para mí, que la bella Isabel habla con despecho, como una novia abandonada, con el amor convertido en odio irrefrenable. Me recuerda un poco a Scarlett O’Hara en sus peores momentos con Rhett Butler en «Lo que el viento se llevó». Me aseguran, y no alcanzo a comprender tanta hostilidad, que Isabel Pérez-Espinosa fue impulsada y apoyada por Álvarez-Cascos en sus inicios políticos. La vida da muchas vueltas. Katharine Hepburn pasó del amor más profundo con Spencer Tracy a decir de él que lo más divertido que podía pasar con Tracy en la cama es que se cayera al suelo el edredón.

Decir que Cascos fabula, para quien escribe no resulta irrespetuoso. La fabulación es consecuencia de la imaginación y la fantasía, y los dos espacios me parecen atractivos. Una persona que no fabula es lo más parecido a un berberecho. Pero el arrebato de odio se deja ver cuando la bella Isabel revela que Francisco Álvarez-Cascos tiene tremendas lagunas mentales. Ahí hay un enigma oscuro, no desvelado, pendiente de percibir la luz. La excesiva crueldad del mensaje no se corresponde con una simple rivalidad política. He conocido a personas con suaves y tremendas lagunas mentales y no acierto a colocar a Cascos en esa relación. Las lagunas mentales son fruto, en ocasiones, de los nervios. Un pariente del firmante, muy buena persona amén de devotísima, fue rechazado por las autoridades eclesiásticas para hacer la Primera Comunión. Después de una larga preparación para ello, cuando le preguntó el señor Obispo Auxiliar de la Diócesis de Madrid «hijo, ¿cuántos Dioses hay?», mi pariente, atacado por los nervios, nubló su mente y respondió: «Siete con Pinocho». A eso es lo que yo he llamado siempre una tremenda laguna mental. Y el embajador Villacieros, un gran señor, jefe de Protocolo del anterior Jefe del Estado, en una audiencia concedida por Franco a Jaime Campmany cuando era el director de «Arriba», lo anunció como «don Emilio Romero» a causa de una suave y pasajera laguna mental.

No puede considerarse elegante ir por el mundo humillando a los adversarios atribuyéndoles tremendas lagunas mentales, es decir, señalándolos de chochos, gagás, deslucidos, dementes o blandos de meninges. Las lagunas mentales pasajeras son posibles en las más brillantes mentes. El Papa Juan XXIII tuvo una laguna mental muy celebrada. Estaba preocupado por una cuestión que afectaba a la Iglesia y se dijo a sí mismo. «De mañana no pasa que le haga llegar al Papa mi inquietud». Y en efecto se la hizo llegar, entre otras razones, porque el Papa era él. Se lo contó divertido a sus cardenales más allegados, pero ninguno de ellos acudió a la prensa para chismorrear que Su Santidad experimentaba tremendas lagunas mentales.

No he tratado mucho a Francisco Álvarez-Cascos, pero mi memoria no coincide con la revelación de la bella Isabel Pérez-Espinosa. No lo sé, pero algo hay en el páncreas de esa atractiva y decidida mujer asturiana que le incita a humillar al político disidente. La vida es una caja de sorpresas.


La Razón - Opinión

Inmorales y paletos. Por Hermann Tertsch

Nos descubren el milagro chino y nos dicen que en el abrazo con la mayor dictadura del mundo están nuestro pan y salvación.

Nada les importa que no les reporte inmediato beneficio. Y todo lo que descubren lo consideran nuevo en la tierra. Creímos que el adanismo del Gobierno era una impronta transmitida por la osadía ignara del presidente Zapatero. De su vacuidad pretenciosa. Pero ya no. Cumpliendo con su fama tóxica de contagiar todos sus defectos a su entorno, Zapatero consigue que todos los que se le acercan acaben mariposeando en su misma cursi inanidad. Ahí tienen a aquel personaje llamado Pedro Solbes, que lograron presentar a los españoles como un político creíble y pasará a la triste historia del zapaterismo como el rostro tuerto de la mentira sobre la crisis. Se nos ha enamorado de China. Y habla del padre benefactor de Pekín como si le hubieran nombrado princesa en una ópera china. Cuando sólo le han dado a presidir el Foro China-España, hoy quizás la poltrona más lucrativa de las que aún puede repartir el presidente de la agonía. Nos descubren el milagro chino y nos dicen que en el abrazo con la mayor dictadura del mundo están nuestro pan y salvación. Nos dicen que somos poco menos que afortunados de tener una deuda que puedan comprar nuestros chinos que no saben qué hacer con la pasta. La inmoralidad de todos estos nuevos adalides de la dictadura solvente ya no puede sorprender. Jamás les ha importado un preso político si no le sirve para la política cainita en España. Como la libertad no les es nada, no perciben que la mayor plusvalía que tiene Europa en sus relaciones con China radica precisamente en la libertad. Y que aunque sólo fuera por razones de equilibrio, para no dejarse invadir ni avasallar, hay que tenerla siempre presente. Los jerarcas chinos sólo son omnipotentes si no se les menciona a Liu Xiaobo. Pero esta tropa no sólo es inane e inmoral. Es terriblemente paleta.

ABC - Opinión

Las primarias de Zapatero. Por Edurne Uriarte

Zapatero es una prueba de cómo usar las primarias como método propagandístico para envolver decisiones autocráticas.

No sabemos si Cascos acabará pactando con el PSOE en Asturias, más que nada porque aún no existe el partido de Cascos. Pero, de momento, se ha producido una insólita convergencia entre Cascos y Zapatero que ha debido de provocar un sobresalto al propio Cascos, cuando el presidente ha considerado su defenestración una muestra de la falta de democracia interna del PP.

Lo que nos da una idea de la cantidad de incongruencias que son capaces de soltar algunos líderes políticos cuando de presumir de democracia interna se trata. Que era, obviamente, el objetivo de Zapatero. Ensalzar las virtudes democráticas de su partido frente a las carencias de los demás. Y lo hacía el martes, en entrevista con Carlos Herrera, un día antes de que el PSOE suspendiera de militancia a Antoni Asunción por denunciar irregularidades en las primarias valencianas. O, en otras palabras, que la falta de primarias del PP sirve para que algunos militantes, Cascos, se vayan, y las primarias del PSOE sirven para que a algunos militantes, Asunción, los echen.


O, en el caso de la propia sucesión de Zapatero, para hacer propaganda electoral con ellas, «soy partidario de las primarias», mientras que el propagandista se aplica el método más puramente autocrático a si mismo. Es decir, que lo suyo lo decide él. Y es que Zapatero también afirmó en la misma entrevista que su candidatura a las generales depende de las convicciones. De las suyas. Y que ya las contará cuando le parezca oportuno. Olvidando el pequeño detalle, se lo recordó ayer González, de que su partido algo tendrá que opinar también al respecto.

Lo que nos demuestra que las primarias como método expeditivo para ahogar diferencias, que se lo pregunten a Borrell, parecen ser mucho más eficaces. Y como método propagandístico para envolver decisiones autocráticas, Zapatero es una prueba, también.


ABC - Opinión

Cataluña. Enmascarador. Por Maite Nolla

CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas y más independentistas aún.

Con el asunto de la operación "Galgo" una se entera de que, como es obvio por otra parte, lo importante en la cosa del doping es que el día de la competición no te quede rastro. Y para ello o se elimina la sustancia, utilizándola solo para entrenar, o se usan los enmascaradores, que es un nuevo vocablo que ustedes habrán podido leer estos días, y que sirven para eso, para que no se detecte el veneno.

Salvando las distancias, con Artur Mas pasa lo mismo. Se puede hacer el análisis de brocha gorda y decir que ha vuelto el nacionalismo de CiU en su pujolidad máxima, con Prenafeta desfilando por la alfombra roja del Palau de la Generalitat, o se puede afinar un poco y ver que la estrategia de Mas no deja de tener cierta astucia. Para empezar, reconociendo que la crisis y el tripartit colaboraron de forma decisiva en la victoria de Mas, lo cierto es que no necesitó ir al notario para ganar; es más, se dio cuenta de que es posible que actuando de ese modo hace cuatro años, poniéndole flores a Guifré el Pilós, ahuyentara al personal más moderado. Y con la victoria, la investidura y la presidencia publicada en el BOE, Mas quiere recuperar el pujolismo, es cierto, pero en la parte integradora, que algunos pueden pensar que es la parte de engaño. Mas no va a dejar de ser nacionalista, ni de actuar como tal, pero para hacer nacionalismo hay que ganar las elecciones y para eso hay que dar otra apariencia.

Aguantando incluso ciertas tensiones con los funcionarios del partido que esperaban más recompensa después de siete años de sacrificios, Mas va a llevar el principio de la llamada "Casa Gran" a su Gobierno. ¿Y eso qué es lo qué es?, dirán ustedes. Pues que CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas como Mascarell, más independentistas aún como la que se encargaba de las embajadas de Carod, moderados, técnicos y enmascaradores. Porque así se pueden calificar algunos fichajes como el de la nueva consejera de Justicia, que no tiene nada de nacionalista. Es cierto que se gana con el tiempo y con el cambio, pero la función de la señora Fernández Bozal será la que llevó a cabo durante años el insigne y agraciado militante de CiU Justo Molinero y su Radio Tele-taxi: Pujol representaba la integración. Mas también quiere eso para él. Y si le nombran "español del año", mejor aún.


Libertad Digital - Opinión

La cuesta es el año entero. Por Ignacio Camacho

Lo que ven los mercados es una política incapaz de dar estabilidad. La clase de lío en que no conviene invertir.

NO deje que le engañen los discursos oficiales: España está en riesgo de quiebra. En un ámbito tan sensible como el de los mercados financieros, la estabilidad de un país no la mide el modo en que éste se ve a sí mismo, sino el criterio con que lo ven desde fuera. Y la cuestión es que los acreedores no se fían, que no consideran suficientes las reformas adoptadas y los anuncios de otras nuevas, que no contemplan solidez en la escena institucional española y que no encuentran garantías para seguir comprando deuda. Como además en el mundo de las inversiones bursátiles existe un fuerte componente de volatilidad psicológica, si cae Portugal va a ser muy difícil contener la histeria.

La cuesta de enero va a durar todo el año. La primavera se perfila como un momento de delicadeza crucial… si no hay novedades desagradables antes de tiempo. En esos meses España va a tener que pedir fondos para consumar el proceso de saneamiento de unas cajas atragantadas de pasivo inmobiliario. Una especie de segundo FROB, digamos que de quince, veinte, acaso treinta mil millones… que no tenemos. Como inversión puede ser una buena idea porque ese dinero consolidaría nuestro sistema financiero —«el más sólido del mundo», ¿se acuerdan?—, pero no está claro que los prestamistas lo vean así, incluido el Banco Central Europeo. Si no lo dan, malo, pésimo, porque el mentado sistema se puede ir al garete y llevarse por delante, como en Irlanda, al país entero. Y si lo dan, van a exigir medidas cautelares en forma de ajuste (más) duro. Es decir, un rescate o su equivalente político.


Ayer se volvió a disparar la prima de riesgo, a cuenta de la zozobra portuguesa, y los sobresaltos van a aumentar. La enorme cantidad de dinero que necesita el Estado para hacer frente a los gastos de la crisis y a su propia incapacidad para autorreducirse ha puesto de hecho la política española en manos de los inversores externos. Ha desnacionalizado la soberanía. Pero es lo que hay. Lo que el Gobierno ha querido que haya. Y ahora Zapatero va a tener que subir una cuesta cuya pendiente aún no asimila y es difícil que pueda contar para ello con la ayuda de un PP encastillado en la tesis de que el propio presidente es el primer problema. Ambos se equivocan; el uno porque minusvalora las dificultades o sobrevalora su capacidad, y el otro porque el problema no es sólo la identidad del líder, sino una crisis institucional y política que se percibe con mucha más claridad desde el exterior. Lo que están viendo ahí fuera es una clase dirigente incapaz de establecer consensos, de adelgazar una estructura pública desmesurada y de dar estabilidad a la nación. Es decir, la clase de lío en el que conviene hacer cualquier cosa menos invertir dinero.

La pregunta que los ciudadanos debemos hacernos es si le concederíamos un préstamo a estos políticos. Y ésa es exactamente la que se están haciendo los mercados de deuda.


ABC - Opinión

Ley de Trato con truco

El primer Consejo de Ministros del año ha impulsado otra de esas leyes llamadas de «ingeniería social» mediante las cuales el Gobierno pretende acomodar al ideario socialista aspectos centrales de la convivencia, como la legalización del aborto libre, la equiparación del matrimonio homosexual, la asignatura Educación para la Ciudadanía, la Igualdad de Género, etc. En este caso, se trata de una Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, elaborada por el Ministerio que dirige Leire Pajín. De la información aportada ayer por Moncloa apenas si se aprecia el esqueleto de la ley y poco más de sustancia. Tampoco aclara nada la ampulosa retórica de la ministra, que abunda en conceptos mayúsculos como «construir una sociedad que no humille a nadie y que no permita que nadie sea humillado, una sociedad en la que sentirse seguro», pues lo mismo sirve para esta ley como para cualquier otra. Por una elemental razón de prudencia, por tanto, habrá que suspender un juicio más fundado en tanto el Gobierno no dé a conocer el articulado completo y se desvele qué se esconde detrás de una ley que hasta el momento sólo ha sido ardorosamente jaleada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. De entrada, sin embargo, ya existen aspectos e indicios que justifican una reflexión crítica. Es bastante discutible, por ejemplo, que esta ley sea estrictamente necesaria o que la legislación española sobre derechos fundamentales no persiga los actos de discriminación. Hay infinidad de normas, desde las laborales y educativas hasta las sanitarias y de inmigración, que ya protegen adecuadamente a las personas frente a conductas discriminatorias. ¿Qué ventajas añadidas y reales puede aportar una ley específica? Seguramente ninguna, salvo que se utilice la iniciativa como excusa para colar otros objetivos relacionados con la llamada «ideología de género». Llama la atención, por ejemplo, que a la lista de conductas discriminatorias fijada por la UE (por nacimiento, origen racial o étnico, sexo, religión, convicción u opinión, edad y discapacidad) Leire Pajín añada la de «orientación sexual», que a primera vista podría parecer reiterativa. Si esta atípica novedad se pone en conexión con otros aspectos de la ley, como que los acusados de discriminar deben probar su inocencia, no hay que ser un lince para aventurar el salto cualitativo que pueden experimentar las acusaciones de «homofobia», tan manoseadas por la izquierda para atacar a los dirigentes del PP y a cuantos no comulgan con el credo gay, ya sean empresarios, educadores o instituciones sociales. Ha asegurado la ministra Pajín que procurará rodear a la ley del mayor consenso y acuerdo parlamentario. Loable propósito, pero no pasará de ahí si antes no desbroza y aquilata la norma para que no resulte un truco legal con el que imponer la ideología de género a base de denuncias (¿también delaciones?) y de persecuciones arbitrarias. En este punto, el PP tiene el deber de exigir mayor transparencia y rigor para evitar que el sectarismo ideológico del PSOE imponga otra ley más al conjunto de los ciudadanos.

La Razón - Editorial

El nuevo juguete liberticida de Pajín

Que nos veamos censurados y reprimidos por hacer un uso legítimo y pacífico de nuestra libertad dependerá de la discrecionalidad del burócrata de turno, de su buena o mala voluntad y de sus prejuicios ideológicos.

Se ha extendido la opinión de que el Gobierno de Zapatero es un gabinete oportunista e incompetente que carece de dirección y rumbo. Sin embargo, lo cierto es que el PSOE zapaterista sí posee un marcado objetivo ideológico que sólo el intenso desgaste de la crisis económica ha logrado frenar parcialmente.

Desde un comienzo, los socialistas han tenido muy claro que su propósito era el de debilitar los vínculos de carácter privado que unen a la sociedad para sustituirlos por otros de carácter estatal que pudieran manejar y someter más fácilmente. Así, se ha atacado a instituciones tradicionales como la familia, el Ejército, la Iglesia o la idea misma de nación y se ha buscado el enfrentamiento y la división entre los ciudadanos (la última vez hace pocos días a cuenta de la exhortación a la delación de los fumadores).

El resultado de tales intervenciones ha sido una sociedad civil debilitada cuyas libertades pueden ser violentadas y cercenadas sin apenas oposición popular. Es en este contexto de una nueva vuelta de tuerca de planificación social liberticida en el que se inserta la Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación que presentó ayer Leire Pajín. Sería un error pensar que este tipo de iniciativas cumplen la función de una cortina de humo ante la crisis, pues, como decimos, no son la anécdota, sino la categoría de la acción de gobierno del PSOE.


La propia ministra de Sanidad ha reconocido que la finalidad de esta ley es "construir una sociedad que no humille a nadie". Sencilla fórmula en la que se reconocen dos rasgos propios de todo abuso estatista del poder: el colectivismo y el constructivismo. Lo primero porque presupone falsamente que es 'la' sociedad la que humilla a alguien, y lo segundo porque el acto de humillar podrá parecernos reprobable desde un punto de vista moral, pero no debería ser materia de sanción o regulación, salvo cuando esa discriminación vaya acompañada de violencia o incitación a la misma (esto es, por genuinas violaciones de derechos humanos).

Y si el hecho de que el Estado se ponga a perseguir actitudes que, en su caso, sólo deberían ser censuradas en el ámbito privado ya resulta una agresión a la libertad, tanto más lo es cuando los medios empleados para implementarlo también violan derechos tan básicos como la tutela judicial o la presunción de inocencia. Así, con tal de facilitar que cualquier sentimiento, fundado o no, de discriminación sea objeto de fiscalización, Pajín, por un lado, ha instaurado la prueba diabólica –la presunción de culpabilidad– propia de la Inquisición: es decir, la carga de la prueba recaerá sobre cualquier persona que sea acusada de haber discriminado a otra. Se asume, por tanto, que lo natural es que cualquier individuo discrimine y que tenga que ser castigado y "reeducado" por el Estado.

Por otro, la ley extiende y generaliza de tal manera las causas de discriminación –discriminación por asociación, error, múltiple, acaso discriminatorio...–, como para que casi cualquier comportamiento pueda ser sospechoso de discriminación. Es decir, no sólo se presume la discriminación allí donde ésta se denuncia, sino que se presume para casi cualquier comportamiento es discriminador.

Al final, que nos veamos censurados y reprimidos por hacer un uso legítimo y pacífico de nuestra libertad dependerá de la discrecionalidad del burócrata de turno, de su buena o mala voluntad y de sus prejuicios ideológicos. Un adoquín más en este edificio de inflación legislativa que confunde derechos con servidumbres y que coloca a toda la sociedad dentro del molde ingenieril y visionario de la izquierda autoritaria y antiliberal.


Libertad Digital - Opinión

Simulando consensos

La imagen del Ejecutivo es la de un desorden absoluto, que priva a España de una agenda económica realista y planificada.

AUNQUE el Gobierno anunció ayer a través de su portavoz y vicepresidente primero, Pérez-Rubalcaba, que «va a pelear» por un acuerdo sobre la reforma de las pensiones, lo cierto es que el Ejecutivo ya tiene decidido y proclamado lo que va a hacer y cuándo. Además, buena parte de esta información la ha facilitado el propio presidente del Gobierno al concretar que la nueva edad de jubilación se ampliará a los 67 años. También ha anunciado el Gobierno que ampliará el periodo de vida laboral necesario para percibir una pensión y que la decisión final será tomada por el Consejo de Ministros el 28 de este mes. Fijados el calendario y el contenido de la reforma, el Gobierno pierde el tiempo simulando voluntad de consenso con las fuerzas sindicales, con las que ayer comenzó una ronda de reuniones, porque, además de estar vinculado a los anuncios hechos por Rodríguez Zapatero, ni las grandes economías europeas ni los mercados financieros van a permitirle más amagos o aplazamientos. Para muestra, el comienzo del año 2011, que está siendo muy preocupante para la deuda española. El problema de nuestra economía sigue siendo que no está respaldada por una dirección política fiable.

La reforma de las pensiones tiene una oposición casi total de los sindicatos, que ya han anunciado que la aprobación de los planes del Gobierno justificará una nueva huelga general, con visos de tener mayor respaldo social que la primera. El acuerdo con los sindicatos se presenta prácticamente imposible, salvo que el Gobierno esté poniendo el listón de la negociación muy alto para luego rebajarlo y vender el consenso como un éxito de su política social. Estos experimentos con la situación económica del país no son aconsejables, porque el consenso que se obtenga con los sindicatos puede tener un alto coste en la respuesta de los organismos internacionales y de los mercados. El Gobierno está inmerso en una crisis de identidad, obligado a renunciar desde el 12 de mayo de 2010 a todos los principios económicos de su ortodoxia ideológica, con importantes componentes de deserción de ideales en política internacional, como se ha visto en la relación con Marruecos o en la reciente visita del viceprimer ministro chino. La imagen del Ejecutivo es la de un desorden absoluto, que priva a España de una agenda económica realista y planificada, capaz de generar confianza en el exterior y esperanza en el interior.

ABC - Opinión