jueves, 23 de septiembre de 2010

Venderse al PNV para endeudar a los españoles

Este apaño con el PNV servirá, para más inri, para sacar adelante unos presupuestos que, con toda probabilidad, nos llevarán a un mayor déficit y endeudamiento.

Lejos de buscar apoyos a los Presupuestos Generales del Estado para 2011 mediante propuestas que las demás fuerzas políticas puedan considerar adecuadas para la recuperación económica, el Gobierno de Zapatero ha optado por tirar de chequera cuando ni siquiera ha presentado un esbozo de sus cuentas para el año que viene. Así, el PSOE ya ha cerrado un acuerdo con el PNV por el que, según ha explicado el propio presidente de esta formación separatista, se transferirán 472 millones de euros al País Vasco destinados supuestamente a la gestión de las políticas activas de empleo en las que se incluye bonificaciones a las empresas en sus cuotas a la seguridad social.

Al margen de que la cantidad acordada permitirá al País Vasco, con una de las tasas de paro más bajas de España, contar con un capital muy superior al del resto de autonomías que tienen transferidas las políticas activas de empleo (todas salvo Ceuta y Melilla), este apaño con el PNV servirá, para más inri, para sacar adelante unos presupuestos que, con toda probabilidad, nos llevarán a un mayor déficit y endeudamiento. Y esto es así porque Zapatero ya ha demostrado que no va a recortar más el gasto de la administración central, municipal, ni muy especialmente el de la desbocada administración autonómica. En lugar de ello, el Gobierno pretende equilibrar estérilmente las cuentas con nuevas subidas de impuestos. De hecho, la ministra de Economía acaba de plantear una demagógica y contraproducente subida del IRPF para las rentas superiores a los 120.000 euros que tendrá insignificantes efectos recaudatorios, dado el escaso número de contribuyentes que alcanzan esos niveles. Así, esta demagógica medida fiscal no será más que la antesala de una generalizada subida de impuestos, tal y como ya han advertido las Cajas de Ahorro y tal y como ya ha empezado Zapatero a justificar debido a las "circunstancias".

Y es que cuando un gobierno manirroto no está dispuesto a reducir más los gastos de las distintas administraciones ni tampoco a acometer ninguna reforma estructural, empezando por una auténtica reforma laboral que estimule la creación de empleo, la única salida que tiene para tratar de convencer a propios y extraños de que va a equilibrar sus cuentas es anunciando nuevas subidas de impuestos. Una medida que, además, dado su efecto negativo sobre el crecimiento económico, no minorará el déficit.

Y en estas estamos, con un Gobierno que sigue de la mano de los nacionalistas haciendo transferencias en competencias que debería conservar la administración central para sacar adelante unos presupuestos que abocarán a los españoles a una mayor presión fiscal sin evitarles un mayor endeudamiento. Lo que sea por seguir en el poder.


Libertad Digital - Editorial

El per de la memoria histórica

Indemnizar a las mujeres que demuestren haber sido vejadas por el franquismo reinstala al Gobierno socialista andaluz en los métodos más rancios del caciquismo decimonónico.

LA decisión de la Junta de Andalucía de indemnizar con 1.800 euros a las mujeres que demuestren haber sido vejadas por el franquismo entre 1936 y 1950 trasciende cualquier límite establecido hasta ahora en el debate sobre la memoria histórica y reinstala al Gobierno socialista andaluz en los métodos más rancios del caciquismo decimonónico. A pocos meses de las elecciones municipales y con las encuestas anunciando un vuelco electoral histórico en Andalucía, el Ejecutivo de José Antonio Griñán se lanza por la pendiente de la demagogia y da otro paso más en la manipulación del dolor de las víctimas republicanas de la Guerra Civil. Es, en efecto, una manipulación por el momento político elegido y por el planteamiento puramente económico de la reparación. Además, consciente del destiempo con que se toma esta medida, la Junta prevé que las humillaciones —corte de pelo al cero, exposiciones públicas, ingesta de ricino...— puedan ser probadas, seis o siete décadas después, mediante declaraciones juradas de la víctima, lo que garantiza conflictos legales e incluso fraudes, pese a la existencia de una comisión que se encargará de valorar las peticiones de indemnización.

La Junta ha actuado en este asunto de manera arbitraria, sin apoyarse en una demanda social concreta que lo justifique, ni falta que le hacía ante la motivación oportunista de la medida. Hay ya suficientes normas sobre la reparación de las víctimas como para amparar en ellas esta medida. El problema no es su coste económico ni las controversias legales que puede suscitar, sino la visión que encierra sobre la sociedad andaluza y su relación con el poder político, una relación sustentada por el subsidio, la subvención y, en general, el gasto público que haga falta para alimentar las redes de dependencia clientelar que tanto han hecho por mantener la hegemonía socialista, ahora en peligro ante el avance del Partido Popular. Es lamentable que la respuesta del Ejecutivo socialista de Griñán ante este desafío histórico que le plantean los andaluces con un probable cambio de gobierno —que tendría en las municipales su primer capítulo— consista en reincidir en métodos que explican el estado político de Andalucía. No es un plan de incentivación del empleo, ni de excelencia educativa ni de lucha contra el fraude en el PER. Lo que se le ocurre a la Junta de Andalucía es poner precio al sufrimiento, como antes se ponía precio al hambre.

ABC - Editorial

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Huelga a la huelga. Por José María Carrascal

Impedir el derecho a trabajar viola los derechos individuales de los empleados de los colectivos de la nación.

NO hay mucho ambiente en la calle ante la huelga del día 29. Unos, porque no les parece oportuna, otros, porque no les inspiran confianza los líderes sindicales que la han convocado y no pocos, porque no pueden permitirse perder el salario de ese día, el caso es que el entusiasmo es mínimo. Ni siquiera en las organizaciones sindicales. Ya conocen el comentario de Fernández Toxo: «Una putada». Como se va al dentista, porque no hay otro remedio, tras la putada que les ha hecho el Gobierno con los recortes.

En realidad, estamos ante una huelga que no gusta a nadie. El Gobierno ha tomado las medidas de ajuste porque se las imponía Bruselas. Los sindicatos han convocado la huelga porque tenían que reaccionar para salvar la cara y el público general, por alguna de las tres razones arriba descritas. ¡Con lo bien que vivíamos todos, el Gobierno convencido de que su única tarea era acabar con el PP, los sindicatos conchabados con él y los españoles convencidos de que éramos ricos! Hasta que la puñetera crisis vino a acabar con ese castillo de naipes.


Los sindicatos son los más apurados. De no actuar, y fuerte, quedará al descubierto lo que son: un grupo más de presión, y ni siquiera de la entera clase trabajadora, sino sólo de los trabajadores con empleo fijo, cada vez menos, y de sus dirigentes, arropados por los «liberados» y por cuantos en «cursos de formación» o actividades similares viven del dinero del Estado. De ahí que se la jueguen en esta huelga y hayan puesto a todo vapor su maquinaria para que sea un éxito. Una baja de participación evidenciaría lo poco que pintan.

Y como son conscientes del ambiente que reina en la calle, esto es, de los muchos que están dispuestos a acudir al trabajo, tratan de impedírselo, dejando en la mínima expresión el transporte público, que es el medio usual de desplazamiento para la inmensa mayoría de la población. Es decir, que si muchos no llegan a su trabajo, no es porque no quieran, sino porque no pueden. Lo que nos conduce a un viejo problema no resuelto: el de los servicios mínimos, sobre todo en los transportes públicos. Pues si hay un derecho a la huelga, hay también un derecho a trabajar. Impedir este último viola los derechos individuales de esos trabajadores y los colectivos de la nación. No hay derecho superior en una democracia, donde el bien común prevalece sobre cualquier otro. Pero resulta que la huelga sigue sin regular, siendo fundamental. Más, cuando el derecho a la huelga incluye el derecho a hacer huelga a la huelga. Pero pedir a nuestros políticos que se ocupen de las cosas trascendentales es pedir peras al olmo. Ellos, a lo suyo, las próximas elecciones.


ABC - Opinión

Marruecos. El fotomatón de Zapatero. Por Pablo Molina

Zapatero, Moratinos y el resto de la tropa del Consejo de Ministros con sus mejores galas y posando con su sonrisa más inteligente son el documento histórico que resume el periodo más grotesco de la reciente historia de España. Para ponerle un marco.

Zapatero ha tenido siempre una querencia especial por la instantánea y su reciente escapada a Nueva York nos permite comprobar que el posado fotográfico sigue siendo una de las principales aficiones del presidente, por encima tal vez de la pesca con mosca o la lectura de Suso del Toro.

Todos recordamos con cierta ternura los terribles esfuerzos que tuvo que realizar un sufrido Moratinos para que su jefe se hiciera un retrato con Bush, asaltado con la guardia baja mientras caminaba por un pasillo inhóspito de Bruselas, en el marco de una operación que si no fuera por los personajes que la urdieron podríamos denominar "de inteligencia".

Ahora le ha tocado pasar por el fotomatón de Moratinos a Mohamed VI, ya presente en el álbum privado de Zapatero, aunque el testimonio gráfico de aquella primera toma de contacto, con el mapa de las Canarias, Ceuta y Melilla de color marroquí, no sea como para enseñarlo a las visitas.


Mientras Ceuta y Melilla soportan el acoso del régimen marroquí, los problemas de inmigración ocasionados por los naturales de nuestro vecino del sur se agudizan y la Unión Europea amenaza con firmar un acuerdo comercial abusivo con el sultán que puede llevarse por delante a media industria agrícola del sureste español, Zapatero, con la ayuda inestimable de Moratinos, está centrado en lo único que realmente le importa como presidente del Gobierno del Reino de España, sacarse una foto con el causante de esos problemas como dos turistas japoneses frente a la Giralda.

Cierta prensa alemana acusa de superficiales a nuestras ministras, pero si supieran de la pasión de ZP por el retrato cambiarían el objetivo de sus dardos. Zapatero, Moratinos y el resto de la tropa del Consejo de Ministros con sus mejores galas y posando con su sonrisa más inteligente son el documento histórico que resume el periodo más grotesco de la reciente historia de España. Para ponerle un marco.


Libertad Digital - Opinión

Frases históricas. Por M. Martín Ferrand

El presidente del Gobierno se conforma con el clic de una cámara que le inmortalice para la posteridad.

RICARDO III de Inglaterra, con la ayuda de William Shakespeare, pasó a la Historia por haber gritado, en los campos de Bosworth, en Leicestershire: «¡Mi reino por un caballo!». Le sirvió de poco porque Enrique Tudor recogió del suelo la corona ensangrentada del rey descabalgado y ordenó que echaran su cadáver al río. José Luis Rodríguez Zapatero, también en la escuela de los dichos solemnes y heroicos, y sin la ayuda de nadie, se sentó en la ONU junto al rey de Marruecos, Mohamed VI, después de pronunciar una frase que bien pudiera servirle —ojalá que dentro de muchos años— como epitafio: «La foto es lo más importante». Sabe el presidente del Gobierno que ni los tiempos ni su propia conducta política favorecen la hipótesis de que los poetas épicos del Reino le dediquen sus composiciones y, realista que es el hombre, se conforma con el clic de una cámara digital que le inmortalice para la posteridad.

El seguimiento de la actualidad acuña frases casuales, impensadas, que sirven para medir la hondura de sus protagonistas. Esta es una de ellas. Zapatero se sentó en un escaño del Congreso, como diputado por León, en 1986. Lleva así un cuarto de siglo con la obsesión continua de rellenar su álbum con instantáneas singulares y lo va consiguiendo. Es una colección costosa, especialmente para su partido, que se desdibuja y enflaquece con la jibarización de sus cabezas rectoras, y para España, que vive sumida en el paro, el déficit y la deuda; pero que colma la ilusión de un devoto de lo instantáneo.


Si hubiéramos tenido más suerte en el castingde nuestra vida política, secuestrada por una partitocracia estéril, el presidente de turno, mejor que en Ricardo III, se hubiera fijado en Enrique IV de Francia —para nosotros, Enrique III de Navarra— que, puestos a esculpir frases en la piedra de la Historia, en alarde de pragmático cinismo y consciente de sus propios objetivos, saltó de protestante a católico con solo un dicho sencillo: «París bien vale una misa». Quizá nuestro Felipe II le escribió el guión, pero fue un buen rey para los franceses. Una foto, marcada por la prepotencia de un banderín de sobremesa, marca la distancia entre quien, mejor o peor, sirve los intereses del Estado que encarna y, quien peor o mejor, trata de sobrevivir en un conflicto continuo y pluriforme. Ahora, obsesionado por la inevitable fotografía del 29-S, la de la consumación del potencial matonismo sindical, da palos de ciego en un escenario planetario, su sueño dorado, en el que ofrece lo que no tiene y, además, carece de los debidos poderes parlamentarios para poderlo ofrecer. La foto es lo más importante.

ABC - Opinión

Junta de Andalucía. El PER de la memoria histórica. Por José García Domínguez

Hay que ser muy cínico para pretender que las heridas del alma humana se cicatrizan no ya con dinero, sino con algo de calderilla esparcida en periodo de celo electoral.

Casi perplejo, leo en los papeles que la Junta de Andalucía acaba de instaurar el PER de la memoria histórica con apenas tres décadas y media de retraso sobre el horario previsto. Así, las provectas ancianas que testifiquen haber sido vejadas en su dignidad durante la dictadura recibirán una ofensa añadida con cargo a la democracia: 1.800 euros de propina en concepto de "reparación moral". He ahí la última humillación que el Poder les tenía reservada en vida. Y es que hay que ser muy cínico para pretender que las heridas del alma humana se cicatrizan no ya con dinero, sino con algo de calderilla esparcida en periodo de celo electoral. Quienes inocentes sufrieron la barbarie incivil de aquellas dos Españas atroces, hombres y mujeres, todos, requieren "paz, piedad y perdón", en estremecedor lamento de Azaña, no unas cuantas monedas depositadas encima de alguna mesa electoral bajo la atenta mirada de Griñán y sus capataces.

Por lo demás, sólo tendrán derecho a cobrar esa pedrea las que aseguren haber sido ultrajadas entre 1939 y 1950. Inopinada, sorprendente rehabilitación del gallego, sobre todo, viniendo de donde viene. Pues, según se infiere del dictamen de la Junta, justo a partir de ese año el régimen de Franco nunca más agravió el honor de persona alguna, ni hembra ni varón. Pensar lo contrario nos abocaría sin remedio a una conclusión teñida de muy sórdida bajeza; a saber, que el PSOE ha esperado con paciencia de Job al deceso de las mujeres en verdad llamadas a ingresar el aguinaldo antes de consumar a bombo y platillo su implantación.

¿Y cómo no imaginar en la madre patria del Buscón Don Pablos el mercado negro de póstulas, escapularios y salvoconductos antifranquistas que debe haber irrumpido a estas horas en todas las casas del pueblo de Despeñaperros hacia abajo? Repárese a los efectos esperpénticos de rigor en que bastará con la firma de un Juan Gallo, comisario –o así– para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía , con tal de poder agarrar al vuelo los mil ochocientos. En fin, que ya estoy viendo a María José Campanario con su santa madre disfrazada de Mariana Pineda, haciendo disciplinada cola ante el negociado del tal Gallo. Y si no, al tiempo.


Libertad Digital - Opinión

Política de maniquí. Por Ignacio Camacho

Zapatero tiene tan interiorizada la prioridad de las apariencias que la formula con una naturalidad casi irreverente.

LA política contemporánea se ha vuelto casi completamente bidimensional: huérfana de ideas y a menudo también de principios, en ella sólo importan el alto y el ancho de las imágenes. Los programas se han convertido en spots, los proyectos apenas sirven como soporte de decorados de atrezzo y los discursos han sido sustituidos por fotogramas. No es un problema exclusivo de la escena española, aunque el zapaterismo ha alquitarado esa tendencia de banalidad formalista en la esencia de un estilo de gobernar. La posmodernidad política ha licuado los debates hasta transformarlos en un ejercicio de escaparatismo.

El presidente del Gobierno tiene tan interiorizada esa prioridad aparencial que la formula con una naturalidad irreverente, sin importarle que se le vea el cartón de sus intenciones. Su frase ante Mohamed VI en Nueva York —«lo importante es la foto»— la suscribiría en su fuero íntimo cualquier otro líder posmoderno, desde Obama a Sarkozy, pero sólo a él se le ocurre expresarla con esa espontaneidad demoledora que quintaesencia su manera de entender la política como un permanente posado ante una cámara. No se trata ya de que el medio sea el mensaje, sino de que el mensaje no existe más allá del cartón del photocall. Por eso se le ve tan a gusto en foros como la asamblea de la ONU, donde prevalece una retórica de galería y estupendismo que permite a los próceres del mundo retratarse por su perfil más solemne y favorecido. Naciones Unidas es un teatro de vanidades en el que los gobernantes se hacen a sí mismos un liftingde universalidad sobre las arrugas de desgaste que envejecen la fachada de su política doméstica.


Entre esas candilejas de superficialidad nuestro hombre se mueve con una soltura complaciente; en el escenario reparte sonrisas luminosas y brinda con generosa galantería al sol de la solidaridad internacional, y en los encuentros bilaterales se entrega sin tapujos al arte de la representación iconográfica. Con su técnica de vaporización y reducción al vacío, al modo de los alquimistas de la nueva cocina, Zapatero destila la diplomacia —ya de por sí relacionada con el protocolo— en un alambique de fotogenia donde se depuran los contenidos y hasta las palabras para extraer tan sólo la esencialidad figurativa. Aunque últimamente a su entorno se le escapan los detalles y permite que le madruguen los símbolos; el séquito alauita se adelantó a colocar en primer plano de la instantánea una bandera de Marruecos para marcar el territorio de las prioridades. Puestos a hacer política de maniquíes, Mohamed estuvo más atento a la oportunidad de apropiarse del escaparate.

ABC - Opinión

Una victoria de la mujer

El Congreso aprobó ayer por unanimidad una proposición no de ley en la que se insta al Gobierno a que en un plazo determinado tome las medidas necesarias para que los anuncios de prostitución desaparezcan de los periódicos generalistas. No podemos por menos que felicitarnos de este acuerdo porque, más allá de que LA RAZÓN lo haya lanzado e impulsado desde hace meses, quien verdaderamente sale ganando en esta batalla es la mujer, su dignidad y sus derechos. Es verdad que la proposición parlamentaria podría haber sido más audaz, pero cuenta al menos con el apoyo de todos los grupos políticos y marca claramente el camino a seguir. No ha sido una proposición fácil de sacar adelante. Presentada en solitario por UPN y apoyada por el PP con la intención de que el Gobierno suprimiera la publicidad institucional de aquellos diarios generalistas que publicaran anuncios de contactos, los grupos de izquierda se sumaron a la iniciativa pero poniendo condiciones, entre ellas dejarle al Gobierno las manos libres para elegir la forma de llevarla a cabo. En todo caso, dispone de cuatro meses desde que reciba el dictamen ya solicitado al Consejo de Estado para presentar una propuesta al Congreso, de modo que la voluntad de los parlamentarios no se quede en un brindis al sol o en pura declaración de intenciones. Ésa es también la voluntad del propio presidente Zapatero, que ya en el último Debate sobre el Estado de la Nación se manifestó en la misma línea. Lo deseable sería que fueran los propios medios de comunicación afectados los que tomaran la iniciativa y suprimieran los anuncios que vejan la condición femenina y reducen a la mujer a simple mercancía. Por coherencia editorial y por respeto a los lectores, los periódicos de calidad no pueden permitirse la incongruencia de publicitar en unas páginas lo que se condena en otras. En Europa, el caso español es algo excepcional. Pero si aún así y después de la votación de ayer en el Congreso dichos medios persistieran en su actitud, no se les puede reprochar a los gobernantes que adopten las medidas más adecuadas para cumplir el mandato parlamentario. Nunca es aceptable que los poderes públicos intervengan en los delicados mecanismos de los medios de comunicación y cuanto más alejados estén unos de otros, mayores garantías habrá de libertad e independencia. Pero al igual que desde el Gobierno se promueven de diversas formas, empezando por la económica, aquellas iniciativas de los medios de comunicación tendentes a mejorar la convivencia y el servicio público, también en el caso que nos ocupa es lícito que prime a los periódicos que han erradicado de sus páginas la publicidad de prostitución aun a costa de un sacrificio económico nada desdeñable. Por otro lado, la Administración debe ser imparcial, pero no ciega ni insensible a la hora de programar sus campañas publicitarias. Sería contraproducente, por ejemplo, publicar anuncios en defensa de los derechos de la mujer en las mismas páginas que divulgan contactos de explotación sexual, muchos de ellos insertados y financiados por las mafias de la prostitución y de la trata de blancas, como ha demostrado fehacientemente la Policía.

La Razón - Editorial

Gobernar no es fotografiarse

Nos encontramos una vez más con un "Zapatero en estado puro", con alguien que, más que reconocer la importancia que la imagen tiene en política, ha hecho de la fotografía una forma de gobierno o, más bien, un sustituto de gobierno.

Poco le importará a Zapatero que el balbuceante portavoz socialista en el Congreso no haya sabido qué responder del encuentro entre el presidente del Gobierno y Mohamed VI, del que, por no saber, Alonso no sabía ni siquiera dónde se había celebrado. Al fin y al cabo, ha sido el propio Zapatero el que, al estrechar la mano del monarca alauí, ha destacado que "la foto es lo más importante" del encuentro y el que, en rueda de prensa, no ha informado del mismo salvo con vaguedades.

Nos encontramos una vez más, y tal y como ha denunciado la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, con un "Zapatero en estado puro", con alguien que, más que reconocer la importancia que la imagen tiene en política, ha hecho de la fotografía una forma de gobierno o, más bien, un sustituto de gobierno. Naturalmente lo que busca con ella es dar una imagen engañosa, transmitir la idea de que la realidad se cambia con una instantánea. Pero estas no son más que eso, imágenes efímeras no siempre fieles con la realidad y con las que desde luego ésta no puede modificarse.


El mismo encuentro que, con posterioridad, Zapatero ha mantenido con la elite de Wall Street, un día después de proponer una tasa para las transacciones financieras internacionales, no buscaba más que eso, hacerse la foto; como si la imagen de cordialidad con esos directivos ya consiguiera, por sí sola, hacer realidad que los inversores extranjeros no guardan ya recelo alguno de la economía española.

No es de extrañar en un presidente de Gobierno que durante años aparcó la reforma laboral sin más provecho que hacerse la foto con los agentes sociales que supuestamente la estaban negociando; todo para luego llevar a cabo, tarde y mal, un simulacro de reforma que no goza ni de consenso ni de alcance alguno. De hecho, ya desde los tiempos en los que estaba en la oposición, Zapatero ha entendido la fotografía como una forma de hacer política, no siempre con los resultados esperados. Así, aquella insultante instantánea, en la que aparecía sentado al paso de la bandera americana, con la que Zapatero quiso irresponsablemente mostrar su oposición a la intervención aliada en Irak, fue sustituida, una vez en el Gobierno, por un denodado esfuerzo para tratar de hacerse, como sea, una foto con el ex presidente norteamericano que transmitiera la idea de que las relaciones con Estados Unidos eran, pese a todo, muy cordiales.

Eso, por no recordar aquella foto con la que, siendo líder de la oposición y en plena tensión con Marruecos, Zapatero quiso transmitir sus buenas relaciones con Rabat con una foto junto con Mohamed VI en el que aparecían en un mapa Ceuta, Melilla y las Canarias como territorio marroquí. Aquella foto, tanto como la de ahora en Nueva York, expresan cuál es la supuesta "cordialidad" y "respeto" de los que habla Zapatero: la del que no se hace respetar y del que cree que los problemas se solucionan echando mano de una cámara fotográfica. Mas, como bien ha advertido Soraya Sáenz de Santamaría, la "fotogenia" no crea empleo, no resuelve los problemas económicos de España y no sirve para defender los intereses de los españoles ante cualquier Estado vecino.


Libertad Digital - Editorial

Pesimismo judicial

Puede que el propósito de fondo que anima al Gobierno sea una justicia débil, fragmentada y sin instituciones fuertes, pero el resultado es un deterioro inaceptable del sistema judicial.

LA apertura del año judicial estuvo ayer protagonizada por las críticas unánimes de jueces y fiscales a la política del Gobierno sobre el Poder Judicial, aunque la Asociación Profesional de la Magistratura prefirió responsablemente no implicar el acto solemne presidido por Su Majestad el Rey con la reivindicaciones de las demás asociaciones. En todo caso, se trata de una unanimidad sin antecedentes que pone de manifiesto el descontento general entre los profesionales de la Justicia. Razones no les faltan porque la Justicia ha sido para el Gobierno socialista, ante todo, un campo de batalla política, desde el Tribunal Constitucional al Tribunal Supremo, pasando por las elecciones a las Salas de Gobierno de los órganos colegiados o al Consejo Fiscal, sin olvidar las presiones al Consejo General del Poder Judicial. Transcurridos más de seis años de mandato socialista, la reforma legal de la Justicia sólo se apunta el asalto al CGPJ en diciembre de 2004 para cambiar las reglas de nombramiento de magistrados del Supremo y la nueva oficina judicial, en 2009, cuya implantación, a día de hoy, es valorada negativamente. Por otro lado, el impacto de la crisis económica ha hecho mella en la justicia civil, mercantil y laboral, con un incremento de asuntos ingresados y pendientes que habría requerido medidas de choque, y no sólo nuevos proyectos de ley, a plazo indefinido, sobre mediación o arbitraje.

En este contexto de críticas justificadas de jueces y fiscales, el Gobierno sigue su agenda y ha lanzado dos objetivos claramente políticos para la Justicia: traspasar a los fiscales la instrucción de los procesos penales y buscar sucedáneos legales al Estatuto de Cataluña, después de que el TC eliminara gran parte del proyecto de segregación judicial que se encerraba en esa norma estatutaria. Ni el desapoderamiento de los jueces de instrucción ni la creación de Consejos autonómicos de Justicia que compitan con el CGPJ son necesidades urgentes ni estructurales de la Administración de Justicia en España. Incluso son contraproducentes y, en el caso de los Consejos autonómicos, tienen un claro riesgo de inconstitucionalidad. Más urgente es estabilizar la oficina judicial con plantillas profesionalizadas, desarrollar procedimientos de trabajo que agilicen la burocracia judicial y atender, en la medida que permita el ajuste del gasto público, sus demandas profesionales. Puede que el propósito de fondo que anima al Gobierno sea una justicia débil, fragmentada y sin instituciones centrales fuertes, pero el resultado es un deterioro inaceptable del sistema judicial.

ABC - Editorial

martes, 21 de septiembre de 2010

Las ‘muñequitas de ZP’ y el cargo de conciencia progre. Por Federico Quevedo

Como en este país la religión de Estado, es decir, el Dogma de la Igualdad, nos tiene a todos acongojados no vaya a ser que te excomulguen y te condenen al destierro por discrepar del Pensamiento Único, ha tenido que ser un periódico alemán el que venga a poner los puntos sobre la íes y a decir lo que todos pensamos y casi nadie se atreve a poner negro sobre blanco: que las ministras de Rodríguez son unas pijo-progres más preocupadas por la moda que por el interés general y las cuestiones propias de su cargo.

Ya en su día al portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, le montaron la de San Quintín porque se le ocurrió criticar a la vice De la Vega por dedicarse a la danza tribal africana disfrazada de tutsi, o de hitu, o algo así. Y cuando la primera remesa de ministras-florero apareció en la portada de Vogue y algunos levantamos la voz sobre lo poco coherente del asunto en un Gobierno de izquierdas que además presumía –y presume- de serlo, nos pusieron de vuelta y media por machistas y misóginos. Pues miren ustedes, ya está bien de tonterías, a ver si no vamos a tener derecho a decir lo que pensamos sobre la manera en que la cuota paritaria del Ejecutivo de Rodríguez se comporta y atiende sus deberes, y eso incluye también la atención que ponen o dejan de poner a su atuendo, sobre todo cuando ésta se manifiesta en exceso.


Hace ya tiempo que critiqué, y lo he repetido alguna vez más, lo que me parece un exagerado fondo de armario acumulado por la vicepresidenta De la Vega, que cada día que pasa nos sorprende con un modelito pret a porter de los mejores diseñadores. Pero como en éste país hay que guardar las apariencias y la corrección política impera hasta el punto de la exageración, nadie se ha atrevido a preguntarle en el Congreso de los Diputados de donde sale tanto modelito, si se los regalan o los paga con su sueldo, y en cualquiera de los dos casos que explique si la naturaleza de su cargo implica necesariamente una atención por la moda fuera de lo normal para el común de los mortales.

Miren, ahora en serio, la cuestión no es si se visten de una u otra manera, que lógicamente nos debe dar igual. La cuestión es que tratándose de un Gobierno que presume de socialista, de ‘rojo’, de estar al lado de los más humildes y que aparentemente rechaza y descalifica todo lo que suene, entre comillas, a ‘derecha capitalista’, sorprende que al mismo tiempo su parte femenina manifieste una obsesión casi enfermiza por el estilismo y por la moda, por las portadas de las revistas, y por lo glamuroso y lo fashion. ¿Qué ocurre? Que cuando alguien, en este caso un periódico alemán, destapa las vergüenzas o, dicho de otro modo, resalta esa contradicción, entonces salta como impulsada por un resorte lenguaviperinadelavega a insultar y decir que eso es machismo, conservadurismo y no se cuantas cosas más.

Pero, en el fondo, lo que ocurre es que se sienten molestas, incomodas en lo más profundo de su conciencia ‘progre’, porque se haya descubierto la farsa que tienen montada, la carga de demagogia y de cinismo con la que este Gobierno impregna todo lo que hace y todo lo que dice. Y es que, además, incluso habiendo traicionado su propia ideología y la demagogia barata de la que han hecho gala durante todo este tiempo, sería perdonable si por encima de su comportamiento inadecuadamente progresista pudiéramos poner el resultado de una gestión eficaz.

Pero es que ni siquiera eso. El problema es que las cosas son como parecen, es decir, que nuestras ministras están más preocupadas por su estilismo –no todas, tengo que decir- que por el interés general y las cuestiones propias de sus cargos. ¿Decir eso es machista? Pues bien, que me llamen lo que quieran, pero lo cierto es que el periódico alemán ha dado en el clavo señalando a esas ministras que no pasarán a la historia por su gestión, y sí por los modelitos que atesoran. ¿O es que no podría dedicar De la Vega un poco más de tiempo, por ejemplo, a preparar sus respuestas parlamentarias para no decir todas las semanas lo mismo, que a elegir el modelo que va estrenar cada mañana de entre todos los que le llevan a la puerta de su casa? Ahora, con casi cinco millones de parados y cientos de miles de familias que no llegan a fin de mes, les molesta que alguien les recuerde cómo viven ellas y su obsesión por la moda, pero está bien que a mucha gente se le caiga la venda de los ojos y sepa de que pasta está hecho este Gobierno.


El Confidencial - Opinión

Estado de Derecho. El proyecto "rubalcaamaño". Por Guillermo Dupuy

Aquí no nos jugamos ya que Humpty Dumpty Zapatero nos diga que tenemos que entender con la palabra "guerra" o "paz", "empleado" o "parado". Nos jugamos que sea el Gobierno, y solo él, el que pueda determinar lo que es "delito".

Aunque no sea nuevo el desprecio de los socialistas hacia las bases del Estado de Derecho, pocas veces se ha lanzado un ataque tan directo, grave e indisimulado contra la división de poderes como el que pretende llevar a cabo este Gobierno mediante lo que me he permitido denominar como el proyecto Rubalcaamaño, y que consiste, en última instancia, en que sea el Gobierno el que controle las investigaciones en las que estén implicados cargos políticos, por un lado, y que sea también el Ejecutivo, a través de su dependiente Fiscalía, el que tenga el monopolio de poder someter a instancia judicial la comisión de un posible delito penal.

De lo primero ya hemos tenido –y seguiremos teniendo– una elocuente muestra con esa bochornosa cacería política contra el principal partido de la oposición que conocemos como "caso Gürtel", y a la que muchos le han hecho el juego desde los sitios más insospechados.


A este respecto no sabemos que hará el diario El Mundo cuando vengan nuevas y sesgadas filtraciones del caso, después de ser este diario el que haya descubierto ahora, de forma mucho más concreta, la intención del ministro Rubalcaba, posiblemente ya consumada, de designar a un comisario de su máxima confianza –el mismo que coordinó las pesquisas en el caso Gürtel y que acompañaba a Garzón y Bermejo en sus actividades cinegéticas– para que controle todas aquellas investigaciones que afecten a cargos públicos o personas de relevancia. Como prueba de ello, este diario hace referencia a la circular que ha dirigido este comisario general de la policía judicial a todos los jefes superiores de policía, en las que les exige que le informen de todas estas investigaciones, al tiempo que se reserva el derecho de declararlas secretas.

Aunque este último asunto pueda eclipsarla, no menos gravedad tiene la segunda parte del proyecto gubernamental, consistente, por una parte, en suprimir la acusación popular en aquellos delitos que no tengan víctimas concretas, dándole en este terreno el monopolio a la Fiscalía, como, por otra, delegar también a los fiscales la instrucción de todo proceso penal, que hasta la fecha estaba en manos de los magistrados.

Con lo primero, el Gobierno no pretende más que extender el bochornoso monopolio que actualmente concede la ley de partidos a la Fiscalía General del Estado para que sea la única que pueda denunciar –o no– sus posibles vulneraciones a todo posible delito que no tenga víctimas concretas, tal y como ocurre también, por ejemplo, en el caso de la corrupción de un político o en la prevaricación que hubiese podido cometer un juez.

Asimismo, y aunque permanezca la figura de la acusación particular para aquellos delitos con víctimas concretas, la intención gubernamental de que sean los fiscales, y no los magistrados, los que instruyan la causa, extiende también el poder de influencia del Gobierno a la hora de perseguir –o no– este tipo de delitos. Y eso es así porque a diferencia de la teórica imparcialidad e independencia que gozan los magistrados, especialmente en instancias inferiores, la Fiscalía esta sujeta siempre a la jerarquía y a las órdenes de sus superiores.

A diferencia de la primera, esta segunda parte del proyecto no se desprende de ninguna circular interna, sino que se evidencia sin tapujos en la nueva ley de enjuciamiento criminal que ya ha recibido tan numerosas como silenciadas criticas provenientes de organizaciones judiciales.

Dada la clamorosa inconstitucionalidad de todo el proyecto, bien está que Cospedal haya comparecido en rueda de prensa para exigir inmediatas explicaciones en el Congreso, tanto a Rubalcaba como a Caamaño. De hecho, creo que debía haberlo hecho el propio Rajoy. Aquí no nos jugamos ya que Humpty Dumpty Zapatero nos diga que tenemos que entender con la palabra "guerra" o "paz", "empleado" o "parado". Nos jugamos que sea el Gobierno, y solo él, el que, para satisfacción de propios y temor de extraños, pueda determinar lo que es "delito".


Libertad Digital - Opinión

¡Fíense ustedes!. Por Hermann Tertsch

No sabemos cuántos son los españoles que alguna vez han pensado que Rubalcaba no es de fiar. Pero sí sería muy interesante preguntarles.

LA secretaria general del Partido Popular, María Dolores De Cospedal, está preocupada porque no parece fiarse del todo del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Parece tratarse de una cuestión personal. Todo hace suponer que tampoco se fiaría de él si fuera director general de Transporte Marítimo o subsecretario de Deportes. No es muy original la dirigente del PP con esta desconfianza. No sabemos cuántos son los españoles que alguna vez han pensado que Rubalcaba no es de fiar. Pero sí sería muy interesante preguntarles. Más interesante aún sería hacer esta encuesta durante una sesión del Consejo de Ministros o en una reunión de la Ejecutiva socialista en Ferraz. En todo caso la falta de confianza de De Cospedal, que le preocupa a ella y a nosotros, sí se debe a que además de otras muchas cosas es el ministro del Interior, el Gran jefe de la Policía. Nuestro Fouché-para-todo es tremendo. Sirve para detener a etarras y para negociar con ellos, para hacer las dos cosas simultáneamente, para erigirse en superministro de Hacienda cuando hay que apañar los presupuestos con el PNV y para transformarse en megaministro de Asuntos Exteriores cuando hay que recomponer las por lo demás siempre idílicas relaciones con el Sultán de Marruecos. Además mantiene firmes a todos en el partido menos a don Tomás, que ya rima con «te acordarás». Y además le da tiempo para ir al fútbol y recibir un día sí y otro también a sus periodistas de cámara. Pero lo enumerado no sería alarmante si no fuera por es lo que es: ministro del Interior. Hay quien dice que ni siquiera eso le es necesario, porque hubo momentos en los que, sin serlo, estaba mejor informado sobre lo que cocían comisarías y servicios de información que el pobre ministro en ejercicio. En todo caso lo es y, lo dicho, manda mucho.

A De Cospedal le preocupa que Rubalcaba haya nombrado al comisario socialista Juan Antonio González como controlador de todas las investigaciones que afecten a cargos públicos, políticos y personas de relevancia. Este comisario, el amigo de caza del aún juez Garzón y del entonces ministro Bermejo, es lo que se llama un policía político pura raza. Muy policía y muy político. Y él sí se fía de Rubalcaba y Rubalcaba de él, que es lo que importa. El policía amigo ya ha comunicado a la Jefaturas Superiores que quiere saber todo lo que se cocina en España susceptible de aderezarse. Pero hay más, el Gobierno quiere que sean los fiscales, bajo órdenes de Conde Pumpido, los que instruyan en vez de los jueces. Le parece más moderno. Así no hay que irse ni siquiera a cazar muflones. Que Rubalcaba es poco de campo. Así las cosas casi no importa si estamos o no en un estado policial incipiente como sugiere De Cospedal. Porque como no nos fiamos, el miedo es el mismo y el resultado otro tanto.

ABC - Opinión

La pradera. Por Alfonso Ussía

Juan Carlos Rodríguez Ibarra me cae bien. Sirva esa caricia en el preludio. Pero es peligroso con un micrófono delante de sus barbas. Dice mucho y hace poco. Al menos cuando gobernaba Extremadura, dónde fue motejado de «Bellotakari» por sus salidas de tono. Por lo demás, es una persona cordial, amable y sectaria. Lo primero y lo segundo le viene de cuna, y lo tercero, del socialismo. Me recuerda un poco, no en su físico, a Solís Ruiz, el ministro sempiterno de Franco. «Al Caudillo, con mano izquierda, hay que pararle los pies», le confesó a Emilio Romero en plena conspiración sucesoria. «Tu tienes mano izquierda», le respondió Romero. «Pero no cojones», remachó Solís poniendo punto final a la brevísima charla discordante. Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha sido mucho más de decir que de hacer, más bravucón que arrojado, siempre original, pero de cuento archiconocido.

Ahora se ha envalentonado en Madrid para apoyar a Gómez. Pero no ha apoyado a Gómez, al que apenas ha mencionado. Su obsesión es Esperanza Aguirre, y ese «Madrid cañí y cutre que va a la pradera de San Isidro», que según el peculiar extremeño es el que vota a Esperanza Aguirre. Recurro a los números y no me encaja la realidad. Si a Esperanza Aguirre le votan los que van a la pradera de San Isidro a festejar el día de nuestro patrono, Esperanza no obtendría ni un escaño, a no ser que la pradera tuviera la extensión de Cáceres, Badajoz, Mérida, Almendralejo y Villanueva de la Serena en ella reunida. Lo cutre y paleto consiste en establecer diferencias insalvables entre la tradición y la modernidad. Madrid no es más moderno por darle la espalda a la pradera de San Isidro. Él mismo reconoce su error y se contradice cuando afirma: «Barcelona parece, pero Madrid es. El crecimiento de Madrid va más lejos». ¿Y quiénes son los mayores responsables de ese crecimiento? Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, que también se asoma por la pradera algún 15 de mayo.

Gómez y Trini, para su desgracia, poco tienen que ver en ello. Y además, que si en Madrid resulta cutre, antiguo, cañí y de derechas acudir a la pradera, en Barcelona bailan la sardana en las Fiestas de la Mercé, que manda narices. Y en Cáceres y Badajoz, ni les cuento.

Además, y lo siento por Rodríguez Ibarra, su crítica denota áspera incultura y muy descriptible sensibilidad, además de escaso conocimiento de los madrileños. Nací en Madrid y llevo sesenta y dos años viviendo en Madrid. Jamás he ido a la pradera de San Isidro. ¿Soy por ello un madrileño moderno que se propone votar a Gómez o a Trini? Ni por todo el oro del mundo.

Y la incultura áspera se ubica en su desprecio a Goya. Es pradera cutre, cañí, antigua y merecedora de la distancia, esa pradera tan desafecta a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, fue inspiración y culminación de una de las pinturas más prodigiosas de don Francisco de Goya y Lucientes, y el señor Rodríguez Ibarra tiene ocasión, cuando a Madrid viene, de contemplar la maravilla en el Museo del Prado. Pero claro, no se lo han contado, y el hombre dice lo que dice.


La Razón - Opinión

El incierto futuro del PSOE. Por M. Martín Ferrand

Rubalcaba y Blanco corren que se las pelan tratando de anticiparse al futuro y a una sorpresa electoral.

A la vista del vestuario que utiliza Angela Merkel no es raro que el Frankfurter Allgemeine, el diario más serio de Alemania, se sorprenda y escandalice con el atuendo que lucen «las muñequitas de Zapatero», las miembras de su Gobierno que, de María Teresa Fernández de la Vega hacia abajo, parecen más inquietas por su glamour personal que por los muchos problemas que afectan a la Nación y comprometen su futuro. Quizá para compensar, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco, ignoro quién en la condición de galgo y cuál en la de conejo, corren que se las pelan tratando de anticiparse al futuro y, en lo posible, a una sorpresa electoral. Saben que la Huelga General les dejará dañados y no ignoran que las autonómicas catalanas, con la que hoy parece inevitable caída de José Montilla y merma del PSC en el Parlament, también afectarán a la imagen del PSOE.

En ese entendimiento resultaría lógico, incluso exigible, que quienes, en el partido del Gobierno y en el Gobierno mismo, mantienen la cabeza fría y no han perdido el oremus, estudien las opciones que puedan aliviar los daños predecibles y, en lo posible, invertir las tendencias que apuntan al PP como inevitable relevo del PSOE en las próximas legislativas. En realidad el PSOE solo tiene una vía que, con el riesgo de reducir en un año el tiempo de mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, puede minimizar los daños: hacer coincidir en mayo de 2011 las elecciones municipales con las autonómicas —excepto en Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, que juegan con otros calendarios— y las legislativas.

En el peor de los casos, susurran los estrategas socialistas, el PP tendrá que tragar el final de la crisis, enfrentarse a ella y perder el beneficio que, de cara al calendario previsto —2012— podría aportarles la continuidad del desgaste socialista. A la vista de la posición excéntrica que lucen los antes citados Rubalcaba y Blanco, cabe preguntarse: ¿con Zapatero o sin él? Cualquier respuesta sería prematura, que será mucho el peso de la huelga y el lastre de las catalanas; pero no es un asunto que pueda descartarse sin más, sin tener en cuenta el distanciamiento de las viejas glorias socialistas y el desgaste que, dentro de unos días, puede producirle al todavía líder socialista el resultado de las primarias en el PSM. Los grandes males exigen remedios inmensos. Lo normal es que, en esas circunstancias, los pastores se coman un cordero, pero también pudiera ser en este caso que los (supuestos) corderos se zampen a su (teórico) pastor. «Las muñequitas», como las llama el Frankfurter, estarán vestidas para la ocasión, sea cual fuere.


ABC - Opinión

Cospedal. Fashion victims. Por José García Domínguez

Que un periódico extranjero glose en tono jocoso la misma escena que aquí llamó al sarcasmo general en su día, al parecer, supone un inadmisible agravio a la nación, una afrenta intolerable contra nuestra dignidad colectiva.

Sólo una tara vergonzante de la mentalidad española, el íntimo sentimiento de inferioridad ante el resto de Europa, puede explicar ese iracundo arrebato patriotero de, entre otros, la señora Cospedal, a cuenta de un artículo humorístico de cierto diario alemán. Así, que un periódico extranjero glose en tono jocoso la misma escena que aquí llamó al sarcasmo general en su día, al parecer, supone un inadmisible agravio a la nación, una afrenta intolerable contra nuestra dignidad colectiva, poco menos que un supuesto tipificado de casus belli. Al punto de que la señora Cospedal hasta se ha olvidado ya de que vivimos bajo un temible "Estado policíaco", la antesala misma del Gulag. Y todo con tal de amparar en su maternal regazo a las pobres fashion victims del Gobierno y su muy notoria querencia por los trapitos. ¡Válgame un santo de palo!, que clamaría el maestro Valle.

Al respecto, y contra lo que sostiene alguna derecha tremendista, el único proyecto de ingeniería social surgido de la cabeza de Zapatero fue su cambio de peinado justo tras recalar en La Moncloa. Una genuina obra maestra de la arquitectura capilar masculina, procede conceder. No por casualidad cuando los contenidos se desvanecen, las formas siempre se aprestan a monopolizar el escenario social. Es lo que le ha ocurrido a la socialdemocracia flácida con mucho rimel, más carmín y ninguna idea que gastan en Ferraz. De ahí, por cierto, la fulminante eclosión de las y los horteras, inevitable correlato plástico del ocaso de las ideología, en el actual PSOE.

Recuérdese al respecto que el vocablo "hortera" se acuñó en el Madrid de principios del siglo XX, respondiendo a la necesidad de designar a los mancebos de botica recién llegados de provincias que trataban de imitaban los modos de su adinerada clientela. Desde entonces, hortera es aquél –y aquélla– que concentra sus energías todas en mimetizar las maneras del grupo que considera superior, y en el que sueña ser aceptado. Sin embargo, fracasar constituye el sino fatal del y la hortera. Forzada hasta el linde de la comicidad, la sobreactuación en la impostura siempre los delata. Razón primera y última de que la Cospedal nunca haya de correr en auxilio de Angela Merkel para salvarla de algún ridículo ecuménico. Por ejemplo.


Libertad Digital - Opinión

Postzapaterismo (y III): los candidatos. Por Ignacio Camacho

Después de Zapatero, probablemente, un Zapaterito… o una Zapaterita. Alguien clonado.

EN medio del indisimulado ruido que agita el debate socialista sobre el posible relevo del presidente, la identidad de los aspirantes permanece como un tema tabú a la espera de que el proceso se decante. Lógico: los primeros que asomen la cabeza con pretensiones sucesorias serán los candidatos preferentes a la decapitación. Pero estar están, y soñar sueñan.

—Oiga, déjese ya de rodeos. Lleva usted tres días hablando del postzapaterismo y todavía no nos ha dicho lo esencial. Después de Zapatero, ¿qué? ¿O quién? Mójese.

—Pues después de Zapatero, probablemente, un Zapaterito… o una Zapaterita. Un dirigente de nueva hornada clonado a imagen y semejanza de su liderazgo, que es el biotipo dominante en la dirigencia actual del PSOE. La vieja guardia ya está en minoría.


—¿Un ni-nicomo los de Griñán, sin estudios ni trabajos conocidos fuera de la política?

—No exactamente. Eso puede llegar, pero aún es pronto. Pensaba más bien en alguien de la actual nomenclatura dirigente, y con muchas posibilidades de que se trate de una mujer. ¿Leire, Bibiana? No, alguien más bien del corte de Carme Chacón o Trinidad Jiménez… si no pierde las primarias de Madrid. Pero eso podría ocurrir en caso de que el relevo se produjera tras una derrota electoral, con el actual mandato agotado, cuando el partido se plantease una renovación a cuatro años vista. Si el presidente no se presenta el abanico se abriría.

—Y entonces tendríamos a Blanco y Rubalcaba en danza.

—Es muy verosímil. Resulta evidente que ellos están trabajando pensando en esa hipótesis, quizá no tanto en ser ellos mismos los elegidos como en la de controlar los mecanismos de elección. Si el PSOE tiene que elegir un nuevo candidato para 2012 la figura de Rubalcaba ganaría muchos enteros. Sin descartar a Blanco, por supuesto… ni a Patxi López. Bono quizá quisiera estar, pero no tiene la avenencia del partido.

—¿Y algún otro barón autonómico?

—Salvo López, que es un valor creciente y seguro, no hay mucho donde elegir. Acaso Fernández Vara, en un escenario ya de franco big-bang, pero aun así tiene que ganar antes en Extremadura, y no le va a ser fácil. El big-bang, el proceso a tumba abierta, sería más probable tras una victoria del PP en las generales y entonces podría pasar cualquier cosa, como ocurrió en 2000 con el propio Zapatero.
Pero si es él el que pilota el proceso, los datos de su propia lógica apuntan hacia una mujer, un reflejo femenino y posmoderno del zapaterato, con buena imagen y experiencia en la política gestual. Claro, en el caso de que con un hombre tan poco previsible como Zapatero exista una cierta lógica…


ABC - Opinión

Debate por la dignidad

El Congreso de los Diputados debate hoy martes una proposición no de ley de UPN en la que se insta al Gobierno a eliminar toda publicidad dependiente de la Administración General del Estado en los medios de comunicación generalistas que incluyan publicidad de contactos. Las pruebas policiales han confirmado lo que desde hace tiempo viene denunciando LA RAZÓN, que gran parte de los anuncios de prostitución que se publican a diario en la Prensa forman parte de un gran negocio controlado por mafias que se dedican a la trata y explotación sexual de mujeres y hombres. No es de recibo que se justifiquen los anuncios de prostitución como si fueran una actividad mercantil más entre personas iguales y libres. No nos podemos acostumbrar a leer acertados editoriales y trabajos de investigación sobre las actividades de las mafias de la prostitución para, varias páginas más atrás, toparnos con esas mismas mafias que anuncian sus «mercancías». La credibilidad de la Prensa se ve dañada cuando permite estas contradicciones que afectan a la libertad y dignidad de las personas.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, defendió, a principios del verano en el Debate del Estado de la Nación, que los «anuncios de publicidad de prostitución» debían eliminarse, porque, mientras existan, «se estará contribuyendo a la normalización de esta actividad». Desde LA RAZÓN celebramos aquel espaldarazo político a una lucha por la dignidad de las personas que siempre hemos animado en este periódico. Sin embargo, a pesar de que la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y el Plan Integral de Lucha contra la Trata han reseñado la necesidad de eliminar este tipo de publicidad, la actividad del Gobierno no ha producido los efectos deseados de renuncia a este tipo de publicidad. Hoy el Congreso de los Diputados tiene ocasión de dar un impulso definitivo para respaldar la dignidad de la mujer. El grupo socialista no puede quedarse sólo –como parece su intención– en apostar por la «autoregulación» de los medios. Debe ir más allá. Las administraciones públicas deben establecer las medidas oportunas para «animar» a esos periódicos a cumplir con lo que se decide en sede parlamentaria. La Prensa internacional de mayor prestigio no alberga entre sus páginas estos anuncios mafiosos; de la misma manera, no es de recibo argumentar que los editores de esos diarios, en los actuales tiempos de crisis, necesitan el dinero de esa publicidad. Esas cabeceras no pueden ser cómplices de un sórdido mundo de explotación sexual, abuso y mafias.

Sería deseable además que el cálculo político no animara a los distintos grupos parlamentarios, ya que nos encontramos ante un asunto que afecta, con claridad meridiana, a la dignidad de las personas, esa misma dignidad por la que muchos afirman trabajar. El Gobierno y los grupos parlamentarios tienen hoy oportunidad de mostrar determinación en un asunto en el que la razón moral está de su parte. No caben soluciones de compromiso ni medias tintas.


La Razón - Editorial

Suecia, modelo en crisis

El nuevo triunfo conservador, la caída socialista y la pujanza ultra abren un nuevo escenario.

La reelección en Suecia del centro-derecha, votado de nuevo tras cuatro años en el poder, aunque esta vez sin mayoría, confirma un giro copernicano en la evolucion política de un país que durante tres cuartos de siglo pareció indisolublemente anclado en la socialdemocracia. Un idilio este, desde los años treinta del siglo pasado, que hizo de rigor el modelo sueco, el de un país envidiable que combinaba altísimos niveles de vida con elevadísimos impuestos pero que no cometía los errores nacionalizadores de otros.

Mucho parece haber cambiado con la repetida victoria de la coalición centroderechista encabezada por el Partido Moderado del primer ministro Fredrik Reinfeldt. Y contra pronóstico, porque cuando la crisis económica estalló en 2008 en toda su magnitud, nadie daba un céntimo por la supervivencia del Gobierno; asumiendo equivocadamente, como en otros muchos lugares, que la crisis serviría para afianzar a la izquierda, supuesto refugio de los excesos del neoliberalismo económico. Si Reinfeldt repite es porque su Gobierno ha dado muestra en estos cuatro años de competencia suficiente y ha conseguido sacar al país de la recesión y lanzarlo hasta el mayor crecimiento en Europa occidental en 2010. Los suecos han primado la eficacia sobre la ideología al aprobar de nuevo en las urnas las correcciones del que pareció inmutable modelo socialdemócrata.


La abultada derrota del centroizquierda, la peor desde hace casi un siglo, viene a confirmar el declive de los partidos socialistas en la mayor parte de Europa, sobrepasados por un acelerado cambio social, la crisis y la emergencia de nuevas agendas políticas y tecnológicas. Como en Suecia, en Francia, Alemania, Holanda o Dinamarca, los partidos de este signo han perdido votos en todas direcciones, incluida la derecha extrema.

También en este aspecto las elecciones suecas marcan un hito. En un país considerado el paraíso de la tolerancia, la emergencia parlamentaria de la extrema derecha ha privado al ganador de la mayoría absoluta. Precisamente en la semana en que los temas de inmigración y xenofobia han ocupado el centro del debate político en Europa, Suecia se suma a la larga lista de naciones progresivas en las que una formación hostil al islam y a la inmigración se convierte en fuerza política relevante. Por más que ninguno de los grandes partidos esté dispuesto a contemporizar, resulta evidente que los 20 escaños de los xenófobos Demócratas les otorgan vara alta en la gobernación.

El escenario sueco no es el ideal, con un Gobierno sin mayoría, una socialdemocracia en ruinas y un partido ultra como árbitro. Es más que probable que si el primer ministro Reinfeldt no consigue sacar a los Verdes de la alianza opositora para integrarlos en su proyecto, el próximo Ejecutivo gobierne en minoría. Pero no debería ser un gran obstáculo en un país que, como otros nórdicos, ha utilizado esa fórmula durante muchos años.


El País - Editorial

El comisario total de Rubalcaba

La amenaza que se cierne sobre las libertades y, especialmente, sobre el principal partido de la oposición es de tal calibre que cualquier movimiento en esa dirección debe de ser denunciado en el acto y en sede parlamentaria a ser posible.

Que las elecciones se acercan es algo puramente atado al calendario. Que estas elecciones –las municipales y autonómicas de 2011–, van a ser una prueba de fuego para el peor PSOE en muchos años, es algo que desde el Gobierno se encargan de recordarnos a diario. La última ocurrencia del ministro Rubalcaba es la creación de un comisariado especial, dependiente exclusivamente de él, que atienda casos de corrupción que afecten a cargos públicos y personas de relevancia política.

La idea, que no por perversa deja de estar bien pensada dentro de la lógica maquiavélica, consiste en que el ministro a través de su hombre de confianza monopolice toda la información y toda la capacidad de actuación procesal relativa a la corrupción dentro de la política. Desde el punto de vista estrictamente jurídico es un disparate con mayúsculas: implicaría que fuesen los fiscales y no los magistrados los encargados de instruir las causas o que la siempre obediente Fiscalía General del Estado sería la única facultada para emprender acciones legales contra todo indicio de delito en el que no existan víctimas con nombres y apellidos.


El Gobierno se quedaría de este modo con la exclusiva procesal y llevaría la iniciativa siempre, ya fuese por acción o por omisión. Teniendo en cuenta que este comisario es un cargo político de confianza, no es muy difícil imaginarse por dónde irán los tiros, las demandas y, sobre todo, las portadas de los periódicos, que, en última instancia, es lo que el Gobierno quiere controlar mediante esta reorganización abiertamente inconstitucional. Como muestra, un botón. El hombre que vendría a ocupar ese cargo de nueva creación, el comisario total al servicio de Rubalcaba, sería Juan Antonio González, un viejo conocido en la prensa tras su aparición estelar en la cacería de Bermejo y sus continuas maniobras durante la operación Gürtel.

De alguien como González sólo cabe esperar que sea, cuando menos, muy "casero" en sus pesquisas. Es decir, que se cebe con los casos que, hipotéticamente, podrían aparecer en el entorno del Partido Popular y silencie los que lo hagan en el del PSOE. Asistiríamos a renovadas entregas de Gürtel y los bochornosos espectáculos televisivos como los que ciertas filtraciones hicieron posible. Del otro lado no habría nada que temer, ya que el comisario sería total pero perfectamente parcial en sus líneas de investigación y sus averiguaciones.

Habida cuenta de la afición que se le ha tomado a hacer desfilar concejales del PP delante de las cámaras debidamente esposados entrando en un coche patrulla, todo lo que podemos pronosticar es que la labor principal de este comisariado será evitar que el caudal de detenciones se seque, o que, al menos, dure hasta pasadas las elecciones del mes de mayo. Estaríamos, por lo tanto, ante lo más parecido a un Estado policial en toda regla. Una situación anómala e indeseable en la que, como ha recordado María Dolores de Cospedal, la policía judicial trabaje al servicio de los intereses del Gobierno.

La amenaza que se cierne sobre las libertades y, especialmente, sobre el principal partido de la oposición es de tal calibre que cualquier movimiento en esa dirección debe de ser denunciado en el acto y en sede parlamentaria a ser posible. Para luchar contra la corrupción política no es necesario un comisario total que filtre información y dirija los esfuerzos judiciales, sino la llana aplicación de una ley que es para todos igual.


Libertad Digital - Editorial

Suecia como síntoma

A pesar de la crisis financiera, los votantes han dado claramente la espalda a la socialdemocracia, que recibe un castigo aún mayor que en las pasadas elecciones.

A pesar de no haber obtenido una mayoría absoluta, la segunda victoria electoral del líder conservador sueco Fredrik Reinfeldt puede considerarse como un resultado histórico, teniendo en cuenta la tradicional hegemonía socialdemócrata en este país. La gestión de la coalición de centro-derecha está liberando a la sociedad sueca de más de medio siglo de lastre acumulado por el Estado, y ese es el rumbo que una mayoría de electores ha ratificado. A pesar de la crisis financiera, los votantes han dado claramente la espalda a la socialdemocracia, que recibe un castigo aún mayor que en las pasadas elecciones. Sin embargo, la entrada en el Parlamento del Partido de los Demócratas Suecos (SD) constituye un elemento preocupante tanto por algunos de los fundamentos xenófobos de la política que defiende como por confirmar una tendencia que se refleja en muchos países de Europa. La clave del éxito del SD —su propuesta de limitar la llegada de inmigrantes, y específicamente de musulmanes— puede analizarse de varias maneras, pero después de lo ocurrido en Francia con el polémico caso de los gitanos rumanos, no debería seguir siendo ignorado. Los electores que en Suecia o en otros lugares de la UE escuchan los cantos de sirena de los extremistas lo hacen porque los partidos tradicionales no son capaces de salir del espeso campo de lo políticamente correcto y se niegan a plantear un análisis serio de los problemas que genera una sociedad en la que una parte relevante no logra integrarse. Muchos se extrañarán de que también en la tolerante Suecia haya hecho su aparición una fuerza política de estas características, pero lo cierto es que si eso sucede es porque, hasta ahora, otras fuerzas se han negado a afrontar el problema con el necesario realismo.

ABC - Editorial

lunes, 20 de septiembre de 2010

PSOE. Los despojos de Zapatero. Por Agapito Maestre

Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios.

¿Conseguirá Zapatero detener el deterioro de su imagen en el interior de su partido? Imposible. Zapatero es ya un cadáver político. Los despojos del líder socialista se lo están repartiendo entre los buitres de las agrupaciones más importantes de su partido. Blanco y Pérez Rubalcaba están muy entretenidos en el reparto del botín. Pero, antes de contar lo que viene, levantemos acta de lo que hay, de la rabiosa actualidad, porque es más rica que nuestra propia imaginación. En otras palabras, la muerte política de Zapatero se puede contar de muchas maneras, pero ninguna contemplará su resurrección. Así es de cruel y terrible la "política", o mejor, el tipo de política que ha creado alguien que ha despreciado a millones de ciudadanos sin importarle su nación.

Hay dos formas de contar su muerte, que tienen, aquí y ahora, una fuerte presencia en los medios de comunicación. Unos, sus más tiernos amiguitos, cuentan el triste final del Maquiavelo vallisoletano cual plañideras contratadas para el evento; lloran, lloran y lloran sin ver salida alguna "a la cosa" después del sepelio. Otros, más realistas y previsores, repiten con frialdad de sondeo electoral el siguiente diagnóstico: Zapatero, sí, está muerto; pero, y aquí viene el pronóstico, además puede conseguir que el PSOE pierda todo su poder territorial; exigen cambios rápidos, limpios y volver a empezar, pero también dudan de cómo hacerlo y a quién recurrir.


En cualquier caso, basta que Zapatero esté dispuesto a aguantar hasta el final, o sea, hasta pudrirse en La Moncloa durante otros casi dos largos años, para que el debate del postzapeterismo pase a llamarse "cómo reconstruir el socialismo en las autonomías". Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios. El poszapaterismo socialista se nutre de esas mesnadas regionales anti ZP. El caso más relevante, y acaso modélico para sustituir a Zapatero, ha sido el ofrecido por Tomás Gómez en Madrid.

Independientemente de que gane o no el rollo ese de las primarias, que seguramente las ganará, Tomás Gómez ha demostrado a todo el PSOE que Zapatero está más que débil, yace en su catafalco monclovita, y puede que su putrefacción infecte a todo el cuerpo socialista. A cualquier jefe con un poco de poder en el PSOE, excepto Zapatero, le hubiera bastado con nombrar una comisión gestora en Madrid para acabar con cualquier atisbo de "rebelión" de un absoluto desconocido, como Gómez, ante el jefe. He ahí la prueba de que en la sala de máquinas del PSOE ya no se discute sobre el poszapaterismo, sino sobre el daño menor que puede causar un cuerpo muerto en La Moncloa.

En esta situación, por qué no decirlo, cuánto se echa de menos una oposición con un poco más de coraje moral y diligencia democrática.


Libertad Digital - Opinión

Deuda con la Guardia Civil. Por José María Carrascal

Justicia para la Guardia Civil, y que Méndez, Toxo y Lara se queden en su manifestación, rodeados de sus «liberados».

POCOS abucheos más merecidos que el que recibieron los dirigentes de CCOO, UGT e IU al incorporarse a la manifestación de los guardias civiles reclamando sus derechos laborales. Merecida, primero, porque las suspicacias de nuestra izquierda hacia la Guardia Civil viene de lejos. Segundo, porque nunca se ha preocupado de sus reivindicaciones y, tercero, porque asomar en esa manifestación pocos días antes de su huelga general es un acto de oportunismo tan grosero que repugna. Podrían haberse ocupado hace muchos años de la discriminación que sufren los miembros del Instituto Armado y sus familias, en vez de aparecer ahora que necesitan su apoyo. Menos mal que no dejaron hablar a Toxo ni a Méndez como intentaban. Pero tampoco debe extrañarnos, conociendo los sindicatos que tenemos, «de clase», pero de clase privilegiada, sobre todo en sus dirigentes, y una izquierda que hace mucho tiempo perdió el contacto con el mundo en que vivimos.

Dicho esto, tengo que añadir algo que he dicho tantas veces y seguiré diciendo hasta que no vea respuesta: que es una vergüenza que un guardia civil gane menos que un guardia urbano, que un policía nacional y no digamos ya de un mosso d'escuadra o un ertzaina, corriendo infinitamente más riesgo en su labor, trabajando mucho más, siendo mucho más eficaz y viviendo en condiciones mucho más humildes en sus casas-cuartel. Últimamente, incluso se les despacha a misiones militares en el exterior, como Afganistán, donde ya han muerto varios de ellos. ¿Cuándo van a equipararse, por lo menos, a las policías autonómicas? ¿No le da vergüenza al ministro de Interior tenerles en estas condiciones? Ya sé que corren tiempos de apretarse el cinturón y de reducir gastos. Pero hay montones de partidas en el presupuesto donde puede recortarse sin mayores daños excepto a los directamente afectados, mientras en otras se impone establecer la paridad, y no sólo por justicia, sino también por interés nacional. Estando la Guardia Civil a la cabeza de ellas.

La desvergüenza llega a su límite cuando se quiere utilizar el carácter militar del Instituto Armado para impedir que exponga públicamente sus reivindicaciones. ¿No era la izquierda la primera en pedir se quitase esa característica al Cuerpo? ¿O va a resultar que el gobierno Zapatero no es de izquierdas? Pero noto que me estoy metiendo en terrenos escabrosos: el de fijar la naturaleza política de nuestro gobierno, algo que trae de cabeza a los politicólogos. Así que vamos a dejarlo en lo dicho: justicia para la Guardia Civil, y que Méndez, Toxo y Lara se queden en su manifestación, rodeados de sus «liberados» del tajo, más que suficientes para llenar las calles.


ABC - Opinión

ZP se hunde, el país amenaza ruina y el Rey, ¿dónde está el Rey?. Por Federico Quevedo

Miércoles, primera hora de la mañana. En los pasillos de un concido centro comercial me encuentro con el director gerente del mismo que me saluda afectuoso. Tras las cuatro frases de rigor -el verano, el tiempo, etc-, le entro sin compasión: “¿Cómo va la vuelta de las vacaciones?”. Y él responde sin dudar: “Horrible, peor que nunca. El consumo se ha hundido. La gente solo compra productos básicos, y a ser posible marcas blancas. No habíamos tenido un mes de septiembre peor que éste, ni siquiera en lo que llevamos de crisis, y nuestros competidores están todavía peor que nosotros”. Me deja de piedra, porque le veo realmente preocupado.

Si uno hace caso -yo hace tiempo que me de di de baja- de lo que dice el Gobierno, aparentemente las cosas habrían empezado a mejorar. Pero la realidad es justo la contraria y nos estamos enfrentando a lo que probablemente sea algo más que una simple recaída, como quieren hacernos ver las estadísticas oficiales, algo parecido a lo que ya les anuncié una vez, no recuerdo cuando: hemos atravesado el ojo del huracán, un espacio de calma, incluso de cierta recuperación, y ahora viene lo peor de la tormenta, lo peor porque, además, ha cogido fuerza y nos embiste con una virulencia desconocida. No lo digo yo, son, no diré muchos pero si unos cuantos, expertos que analizan los indicadores y, sobre todo, hacen un trabajo de prospectiva, los que se están asustando por la intensidad de la crisis que se nos viene encima.


De hecho, se están empezando a producir situaciones propias de un estado de conflicto o catástrofe, es decir, gente que acude a las grandes superficies a hacer acopio de productos básicos no perecederos y guardarlos, no por que nadie piense que vaya a haber escasez de los mismos, sino porque lo que teme quien lo hace es quedarse sin trabajo y no disponer de dinero para alimentar a su familia. Si les digo que la situación está empezando a ser dramática, no les exagero nada. No voy a negar que, aparentemente, hemos conseguido superar la fase de desconfianza hacia nuestra deuda, pero también es cierto que eso ha sido posible gracias a que la UE y el FMI han cuantificado en más de 700.000 millones de euros el fondo de rescate que estarían dispuestos a aportar si España quiebra.

«La gente no llega a fin de mes, no puede pagar los colegios, y el malestar social empieza a ser muy preocupante»

Mientras exista ese aval los mercados van a seguir estando encantados comprando deuda del Reino de España a unos tipos de interés de lo más suculentos. Y nadie nos asegura que el riesgo de quiebra haya desaparecido, entre otras cosas porque existe una sospecha cada vez más creciente de que el Ejecutivo está maquillando las cifras de déficit, es decir, cayendo en el mismo error en el que cayó Grecia. Pero volvamos a la economía real, la de la calle: el grifo de los bancos está más cerrado que nunca, al tiempo que la morosidad crece como la espuma. La gente no llega a fin de mes, no puede pagar los colegios -las bajas en centros privados derivadas a concertados y públicos ha batido records este curso-, y el malestar social empieza a ser muy preocupante.

Pruebas de esto la estamos teniendo en cada una de las concentraciones con las que las centrales sindicales calientan la jornada de huelga general del próximo día 29. A Méndez y Toxo se les ha ido de las manos, y lo que iba a ser una huelga general de compromiso, medio pactada con el Gobierno, se está convirtiendo en una expresión del cabreo colectivo. “¡Zapatero, dimisión!” es el grito más coreado, y con una intensidad desconocida hasta ahora por la rabia que acumulan las gargantas que lo gritan. Rodríguez se hunde en las encuestas, su popularidad está bajo mínimos y ya son mayoría en los sondeos los que quieren elecciones anticipadas y que este presidente se largue de una vez. La huelga general puede acabar siendo lo que nadie, ni Gobierno ni sindicatos, querían que fuera: una manifestación multitudinaria de malestar y cabreo contra Rodríguez e, incluso, contra quienes han convocado la misma por su compadreo hasta hace dos días con él. La situación es tan grave que la amenaza de conflictividad social empieza a ser cierta y, me consta, que el Ejecutivo lo sabe y está sometiendo a una vigilancia muy estrecha las zonas menos favorecidas, los casi guetos de las grandes ciudades para evitar reacciones violentas. ¿A dónde nos conduce todo esto? ¿A dónde nos ha llevado Rodríguez?

El país amenaza ruina. Y no solo económica, ya lo saben ustedes. Todo está en entredicho, no hay ni una sola institución del Estado que se salve de la sospecha de corrupción o de sometimiento al poder Ejecutivo. El edificio que levantamos en la Transición se desmorona como si un terremoto hubiera sacudido sus cimientos, los cimientos del consenso, la concordia, el esfuerzo, la fe en nosotros mismos y en la Nación, y la Monarquía. Sí, la Monarquía es, probablemente, la institución que estos días acumula más ansiedad y mayores sospechas. Nadie sabe qué se piensa en la Casa real de lo que ocurre en este país, entre otras cosas porque desde hace días nadie sabe donde está el Rey, y cual es el verdadero alcance de la situación personal que lo mantiene alejado de la actividad pública, aunque hay bastantes sospechas, yo diría que certezas, de que se trata de algo grave. Se diga lo que se diga, e independientemente de las ideologías de unos y de otros y del aprecio o no que se le tenga a la Monarquía, hay un hecho evidente y es que, hasta ahora, ha actuado de nexo de unión para todos y es el único asidero que nos queda si queremos mantener vivo el espíritu de la Transición. Ahora bien, ¿es posible que la Monarquía siga ejerciendo ese papel más allá de Don Juan Carlos? Ahí es donde surgen las dudas, y esa es una de las razones que hacen de este momento uno de los más graves de nuestra historia reciente, y que al mismo tiempo exige mayores dosis de responsabilidad y sentido común. Dos virtudes de las que carece, sin lugar a dudas, Rodríguez Zapatero, razón por la que se hace imprescindible su salida del Gobierno para poder afrontar con el acuerdo de todos el camino que, inevitablemente, ya hemos iniciado hacia una II Transición.


El Confidencial - Opinión