lunes, 6 de septiembre de 2010

ETA. Proceso democrático. Por Emilio Campmany

Sólo nos queda por ver si lo que la ETA está haciendo es una mera pantomima y, una vez que se le haya permitido participar en las elecciones municipales, volverá a las andadas.

Uno de los logros de la era Zapatero ha sido el de dividir a la sociedad española respecto al terrorismo. Mientras el votante del PSOE cree en la salida pactada como la única posible, el votante del PP reniega de ella porque piensa que implica la postración del Estado. Los primeros creen que la mera existencia de la ETA prueba la de un conflicto previo que hay que resolver mediante una paz negociada. Los segundos están convencidos de que los terroristas no son más que criminales que no merecen un trato distinto del que se da a otros delincuentes.

Ambos se equivocan. Es verdad que la ETA es "algo más" que una banda de delincuentes. Lo demuestra el hecho de que sus organizaciones políticas, cuando se les ha permitido presentarse a las elecciones, han obtenido un respaldo de entre un diez y un quince por ciento del electorado del País Vasco. Pero también es cierto que un conflicto de esta naturaleza no tiene por qué acabar con una negociación. En Gran Bretaña recurrieron a este expediente con el IRA, pero Italia y Alemania supieron liquidar sus Brigadas Rojas y su Baader Meinhof sin tener que pactar nada.


En cualquier caso, los españoles, a través de sus gobernantes, intentamos una salida negociada durante la Transición dando por hecho que el conflicto que provocó el nacimiento de la ETA lo era entre el nacionalismo vasco y el régimen de Franco, lo que permitía, una vez desaparecido éste, intentar una paz negociada. Rechazada esta solución por parte de la ETA, los españoles decidimos que la democracia y la autonomía recién implantadas privaban a la ETA de toda legitimidad y correspondía tratar a sus militares como vulgares criminales.

Después de cuarenta años de asesinatos, esta estrategia estaba en 2004 a punto de dar el beneficio deseado, la total desarticulación de la banda sin haber concedido más de lo que se concedió durante la Transición. Pero llegó Zapatero y decidió que ese final sería tanto como atribuirle el éxito del fin de ETA a Aznar y eso no podía ser. Entonces se abrió una negociación absurda donde una ETA más debilitada que nunca prometía dejar de hacer lo que ya casi no era capaz de hacer a cambio de que el Estado le concediera lo que hasta entonces jamás había estado dispuesto a conceder. Hasta tal punto se ve que el Gobierno controla la situación que el propio Rubalcaba le ha quitado la escolta a personas amenazadas por ETA justo unas horas antes de que ETA declarara la tregua.

La verdad es que no importa mucho que a Aznar le roben el éxito de haber acabado con la banda con medios exclusivamente democráticos. Lo que importa es que España se habrá plegado a parte de las exigencias de los terroristas innecesariamente. Sólo nos queda por ver si lo que la ETA está haciendo es una mera pantomima y, una vez que se le haya permitido participar en las elecciones municipales, volverá a las andadas o si es verdad que está tan debilitada que firmará poco antes de las elecciones de 2012 el fin definitivo de su acción violenta a cambio de lo que ellos llaman "proceso democrático" y que vaya usted a saber qué concesiones implica. Si finalmente es así, lo hará por estar tan débil que ya veremos si no tiene Rubalcaba que llevarle la mano a los terroristas por no tener ya éstos ni fuerza para firmar un papel. Pasados los años de luto, nos toca vivir los de la ignominia.


Libertad Digital - Opinión

Halloween en la BBC. Por José María Carrascal

Estamos ante un documento que muestra lo lejos que se halla ETA de la realidad y lo difícil que es hacerla cambiar.

QUIENES tendrían que estar más desencantados con el comunicado de ETA, tendrían que ser sus amigos, la izquierda abertzale que le venía pidiendo casi de rodillas una tregua verificable para poder presentarse a las próximas elecciones, y se ha encontrado con un anuncio por la BBC a lo Halloween, con el tradicional «trick or treat», «trato o truco», que invocan los niños norteamericanos en esa fiesta para obtener golosinas. Ni siquiera es un simple alto el fuego. Es un «alto el fuego de las acciones armadas ofensivas», o sea que se reserva el derecho a las acciones armadas defensivas, que pueden ser todas las que a ella le de la gana, pues ETA se considera dueña y señora del territorio vasco y sus habitantes, no la tregua indefinida y verificable que le pedían sus conmilitones, por no hablar ya de la entrega de armas, que es lo mínimo exigible a quienes llevan décadas asesinando, secuestrando, extorsionando y amedrentando a la ciudadanía no sólo vasca sino también española y aún francesa. En resumen, que más que un paso adelante, estamos ante un documento que muestra, primero, lo lejos que se halla ETA de la realidad y, segundo, lo difícil, por no decir imposible, que es hacerla cambiar.

Que se encuentra en un atolladero no cabe la menor duda. En otro caso, ni siquiera hubiera emitido ese comunicado, ya que su forma habitual de hablar es con pistolas y bombas. Pero que ni aún contra las cuerdas es capaz de dejarlas resulta también incuestionable. No es la primera vez que, acosada, anuncia una tregua-trampa para recuperar fuerzas y volver a matar. Pero esperemos que entre las fuerzas democráticas, nadie vuelva a caer en esa trampa, como cayó el gobierno Zapatero cuando, contra la opinión de todos los expertos, inició una negociación a todo trapo con ella, de la que salió, no la paz prometida, sino una docena de muertos.

En cuanto a la izquierda abertzale, tiene ante sí la oportunidad ideal para liberarse y lavar su cara. Sólo tiene que anunciar públicamente que rompe con una banda de asesinos que se arroga la representatividad del pueblo vasco sin tenerla, una vez que ni siquiera acepta lo que ella le pedía, que tampoco era tanto: que en democracia, no cabe otro comportamiento que el respeto a las vidas, bienes e ideas de los demás, ni otros privilegios que los establecidos por las leyes para todos los ciudadanos. ¿Qué espera esa autodenominada izquierda para demostrarnos que nada tiene que ver con esos criminales, secuestradores y extorsionistas?

Mucho me temo, sin embargo, que no lo hará. Y no por miedo, sino por algo mucho más profundo, poderoso y sutil: por una afinidad colectiva con ellos.


ABC - Opinión

ETA. Que pierdan toda esperanza. Por José García Domínguez

¿Existirá bajo el manto de las estrellas del universo un ser capaz de tropezar dos veces seguidas con varias toneladas de escombros en la T-4?

Salvo que los estragos de la Logse también han alcanzado a la dirección de ETA poco más cabe inferir de ese comunicado-kleenex que ha concedido propalar la BBC, siempre presta a satisfacer los anhelos del crimen organizado. Así, tan solemne como ignara, la gudari encargada de leer el papel insistiría una y otra vez en llamar "ciudadanos", esto es, individuos depositarios de la soberanía en una nación libre, a los vascos –y las vascas– pretendidamente sojuzgados por la opresión colonial española. Por lo demás, una vez constatado que estamos en guerra con el fracaso escolar, la gran novedad es que no hay novedad alguna.

Al cabo, ya suman once las proclamas de reposos tácticos que la facción armada del nacionalismo vasco ha anunciado urbi et orbe desde 1981. Y la única incógnita que abre ésta corresponde más al orden antropológico que al político. ¿Existirá bajo el manto de las estrellas del universo un ser capaz de tropezar dos veces seguidas con varias toneladas de escombros en la T-4? He ahí el misterio, el único: discernir si, por fin, el Adolescente ha concedido transitar al mundo de los adultos. O no. Pues que los llamados a agitar el árbol –Arzalluz dixit– proclamen que quieren hacer lo que tienen que hacer, nada nuevo revela, ni bueno ni malo.

Los pirómanos que ahora se esconden bajo las respetables faldas de la derecha abertzale saben que para incendiar de nuevo el País Vasco desde los despachos alfombrados, habrán de tomarse unos meses sabáticos. El tiempo justo hasta que Eusko Alkartasuna les franquee las puertas de ayuntamientos y diputaciones. Eso es todo. Por algo ese folio emborronado con rancia retórica huera ni siquiera se compadece con las condiciones dizque mínimas vindicadas por Batasuna. A fin de cuentas, son los cuates de Otegi quienes establecen como premisa previa a cualquier proceso de paz un alto el fuego "verificable".

Enunciado, ése, que no tolera más significado posible en idioma castellano que la entrega de las armas. En cuanto a los civilizados, sería éste el momento de que recordásemos cierto aserto contenido en aquella resolución de las Cortes en 2005, cuando la penúltima tregua-trampa. El que rezaba tal que así: "La política puede y debe contribuir al fin de la violencia". Puede y debe, en efecto. De ahí que ahora mismo, sin demora, se imponga otro pronunciamiento formal de las Cortes advirtiendo a los etarras, como en el infierno de Dante, que pierdan toda esperanza. Si el niño ha crecido, claro.


Libertad Digital - Opinión

Pantomima. Por Ignacio Camacho

Quedan cuatro monos y de los cuatro dos son infiltrados de la Guardia Civil… ¿a quién quieren engañar?

NI alto el fuego ni gaitas. A estas alturas lo único que se espera ya de ETA es un arriba las manos y un abajo las armas. Quedan cuatro monos y de los cuatro dos son infiltrados de la Guardia Civil… ¿a quién quieren engañar? Si pretenden dejarlo por dosis, poquito a poco, ya deberían saber que nadie tiene interés por otra dosis que no sea la última. Y si tratan de abrir camino electoral a sus cómplices batasunos, no es creíble que sean tan ingenuos de creer que va a bastar con un gesto así. Eso ya no vale ni para «consumo interno», como decía Rubalcaba cuando trataba de justificar el visible rearme de la última tregua. Esta pantomima ya no se la cree ni Zapatero, que lleva meses —años, en realidad— soñando con lo que aún constituye su gran esperanza.

Nunca un anuncio de tregua etarra había despertado menos expectativas ni más escepticismo. Hasta los más benévolos con su causa se sienten decepcionados por la cicatería de la concesión. La llamada izquierda abertzale —es decir, el brazo político de ETA según la doctrina del Supremo… y del juez Garzón antes de que se desmintiese a sí mismo— necesita una manifestación más contundente para siquiera plantear —que no para obtener, eso es otro cantar— su eventual legalización antes de las elecciones locales que tanto le interesan. Ellos, los batasunos, deben ser los más decepcionados por este comunicado paupérrimo en el que los terroristas persisten en mantener su pantomima militar. No les vale ni para aliviar la presión, y eso que hay quien está loco por encontrar un pretexto para aliviársela.


Por mucha escenografía siniestra que exhiba, por mucha boina y verduguillo —qué palabra tan exacta— con que se disfracen sus escasos cabecillas, ETA está exánime, arrinconada, agujereada, huérfana de apoyo político y en clara extinción. Sigue teniendo capacidad de hacer daño porque nada hay más fácil que matar sin motivos a un hombre desprevenido, pero aun así le cuesta ya trabajo organizar un atentado con posibilidades de escapatoria. No le queda más salida que la rendición, y cuanto más tarde peor será el horizonte que espere a sus últimos irreductibles. El tiempo juega en su contra y esta estrategia de cuentagotas está muy vista y resulta de lo más aburrido.

De todos modos, el mensajillo de los encapuchados viene a ser una lección para los que tienen demasiada prisa. Prisa por presentarse a las elecciones y prisa por encontrar una baza política para tratar de salvar el mandato. Hay mucha gente y muchos vendedores de humo enredando bajo cuerda en un toma y daca que si no es una negociación se parece mucho, y aquí ya no queda por negociar más que el día y la hora de la entrega de armas sin contrapartidas previas. Todo lo demás, como en Hamlet, es silencio. Silencio y firmeza, porque si a uno le engañan una vez es culpa del engañador, pero si le engañan dos veces es culpa suya.


ABC - Opinión

El peligro no se llama ahora ETA, sino izquierda abertzale. Por Jesús Cacho

“Lo importante no es el comunicado de ayer de ETA, con serlo mucho, sino el movimiento político que desde hace meses viene desarrollándose en el seno de la izquierda abertzale y que está pasando bastante desapercibido para el gran público”. La frase fue pronunciada ayer por uno de los más conspicuos –siempre alejado de los focos- conocedores de lo que ocurre en las profundidades de la izquierda independentista vasca. Una auténtica revolución, producto del convencimiento al que han llegado los Oteguis, Usabiagas y demás familia abertzale, alimentada por la tesis según la cual la vía política en la lucha por la independencia es mucho más rentable que la de la violencia, y de que por esa vía Batasuna puede llegar a hacerse con el 20% del voto vasco, convirtiéndose así en elemento decisorio dentro del Parlamento de Euzkadi, en una pesadilla para el PNV y en un auténtico quebradero de cabeza para el Gobierno de Madrid. En esta tesitura, ¿dónde encaja ETA? ¿Qué puede hacer ETA? La respuesta parece obvia: a ETA no le queda más remedio que subirse al carro de Batasuna.

El gurú que está detrás de esta “revolución en la revolución” vasca es el sudafricano Brian Curry, el mediador preferido de la referida izquierda abertzale, que empezó a trabajar en el conflicto vasco tras una larga experiencia similar en Irlanda y después de que su nombre fuera sugerido por el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela a los dirigentes batasunos que hace tres años viajaron a Sudáfrica en busca de apoyo internacional. Es Curry quien ha convencido a los batasunos de que el poder de los votos de la izquierda independentista unida bajo una misma sigla electoral es infinitamente superior y hace más daño al “opresor español” que todas las pistolas que pueda manejar ETA. Los Oteguis han terminado por metabolizar esa tesis y la han hecho suya. El problema de los últimos meses ha consistido en convencer a la banda terrorista para que se suba a ese tren y abandone la violencia. De ambas posturas enfrentadas han saltado chispas que, a lo largo del año en curso, han llenado las páginas de la prensa vasca y del resto de España.

Porque, tras 50 años de estrecha comunión con el coche bomba y el tiro en la nuca, a la banda le produce vértigo, auténtico pánico, reconocer que la sangre tan brutalmente derramada lo ha sido en vano y no ha servido más que para provocar sufrimiento, de modo que al final del camino no queda más alternativa, con los cuerpos y fuerzas de seguridad cazándolos como conejos en cuanto salen de la madriguera, que reconocer que se han equivocado. Pero, ¿cómo presentarse en las cárceles antes sus presos y decirles que ha llegado la hora de aceptar la derrota? El argumento explica sobradamente el por qué ETA está condenada a ir a remolque de ese movimiento político puesto en marcha por los batasunos de siempre, aunque al final no le quedará más remedio que subirse a ese carro. En esta tesitura, en el País Vasco era un secreto a voces que la banda estaba obligada a fijar posición de inmediato ante el arrojo mostrado por una izquierda abertzale aparentemente decidida y dispuesta a caminar por la vía política descrita incluso al margen de la propia ETA, situación inimaginable hace apenas un par de años.

El comunicado de la banda al respecto era esperado para este mismo mes, incluso con el anuncio de una nueva tregua. Una filtración periodística interesada, como casi todas las filtraciones, ha alterado el curso de los acontecimientos. Ha sido la aparición en prensa del documento político que la coalición abertzale iba a hacer público el próximo 27 de septiembre con motivo de la celebración de un tal Gudari Eguna, en el cual se iban a reiterar las líneas maestras de la operación arriba descrita muy grosso modo y a reclamar a ETA un posicionamiento al respecto. Haberlo hecho así hubiera supuesto para el brazo armado del independentismo vasco el reconocimiento público de ir a remolque de su antaño siamesa rama política. La banda ha sorteado esa trampa irrumpiendo ayer en escena antes de que tal documento sea firme y antes, también, de lo esperado.

Declaración ni decisoria ni definitiva

Texto ciertamente light, que en muy poco compromete a los de las pistolas. Y es que, en opinión de los expertos, es inimaginable que tres señores, por muy importantes que sean dentro del organigrama de ETA, puedan adoptar por su cuenta una decisión tan trascendental como el abandono definitivo de las armas sin antes haber puesto en marcha y culminado el oportuno proceso asambleario que reclama la liturgia de la violencia etarra, con consultas a las bases en Venezuela, Cuba, México, Bélgica y un montón de países más, además, naturalmente, de a la militancia en España y Francia. Declaración, pues, la de ayer que no es ni decisoria ni definitiva y que permite, en cambio, a la banda ganar al menos 6 preciosos meses, tiempo durante el cual analizar y adoptar una decisión en firme frente a la osadía que viene mostrando, al margen de la propia ETA, la campaña de movilización política de esa izquierda abertzale.

Pero si el anuncio de ETA, con ser importante, no es ni mucho menos decisivo, sí lo es, en cambio, el proceso abierto por los batasunos. Otegui y su orquesta están convencidos de que en dos años pueden hacerse con el 20% del voto vasco, sobre la base de agrupar en unas mismas siglas electorales al informe magma que se mueve dentro de las tesis del independentismo radical, partidos, partidillos, movimientos, asociaciones, coaliciones y escisiones varias. Y ello sobre la base de que si ETA deja de matar, como por fortuna lleva ocurriendo en el último año y pico, no habrá fuerza humana capaz de impedir el paso de la coalición a las instituciones vascas, con el demoledor efecto que el peso de ese 20% tendría sobre el pretendido papel hegemónico del PNV en la sociedad vasca, sobre la política en Euzkadi y sobre su continuidad en el marco constitucional español. Un problema de aúpa, que remite al instante al que ahora mismo cursa en Cataluña.

Se entiende el escaso entusiasmo mostrado ayer por el Gobierno Zapatero ante la declaración etarra. El genio de León andaba ilusionado con la posibilidad de una rendición unilateral de ETA, consecuencia de la presión policial, con entrega de las armas incluida, “victoria” que había imaginado como carta imbatible a la hora de volver a presentarse a las próximas generales. No habrá tal regalo, al menos de momento. La verdadera preocupación ahora de Alfredo Pérez Rubalcaba, nuestro inabarcable Fouché, no es tanto ETA como esa izquierda abertzale y su imparable apuesta por la vía política. Porque esa izquierda en busca de músculo social pasa ampliamente de Madrid y su Gobierno. Repite el experto: “El movimiento que encabezan los Oteguis es para Madrid mucho más preocupante que la existencia de una ETA policialmente manejada por control remoto, capaz incluso de poner alguna bombita de vez en cuando”. Y si no lo ven así, es que están locos.


El Confidencial - Opinión

Tregua-trampa. ETA siempre me decepciona. Por Teresa Jiménez Becerril

Declaran que van a parar de matarnos el tiempo que les convenga y nosotros tendremos que darles a cambio todo lo que nos pidan, empezando por la libertad para los asesinos y terminando por la independencia.

Los ridículos encapuchados de siempre no consiguen que yo me alegre de este décimo intento de engañar a los españoles. A pesar de que su comunicado va dirigido exclusivamente "al pueblo vasco", es España entera la que se pega al televisor para descubrir que no hay nada nuevo bajo el sol. Con la soberbia de siempre nos dejan estas perlas que cito, donde el arrepentimiento por el dolor causado a sus víctimas brilla por su ausencia:

"Cientos de hombres y mujeres han traído a esta organización su ilusión, su pasión y lo mejor de ellos mismos". (No se qué hubiera sido de nosotros si hubieran traído lo peor de ellos mismos, quizás en vez de mil muertos habrían sido muchos mas).

"Actuamos con humildad, responsabilidad y ambición de ganar". (De ganar este pulso que nos llevan echando demasiados años y el que es muy posible que los españoles lleguemos a perder).

"Sin confrontación y con colaboración la mano de ETA siempre ha estado tendida". (Tendida sí, pero sosteniendo firmemente una pistola con la que siempre nos apuntaba mientra nos otorgaba como ahora su interesada colaboración).

"Si el Gobierno de España está dispuesto, ETA está dispuesta, Hoy igual que ayer". (Esperemos que no sea igual que ayer, porque ayer ETA engañó no solo al Gobierno de Rodríguez Zapatero sino a un buen número de españoles que creyeron en su falso proceso de paz).

"Llamamos a la comunidad internacional para que se implique en este proceso democrático". (Todos sabemos que el terrorismo y en concreto el de corte independentista siempre ha encontrado incomprensiblemente apoyo en el exterior).

"Es el momento de dar la palabra al pueblo". (Lo que yo traduzco por "Batasuna tiene que volver a los ayuntamientos").

"Hasta que los derechos del pueblo vasco no sean garantizados no se abrirá la puerta a la verdadera solución del conflicto". (Que es lo mismo que decir "cuando nos deis la independencia, abriremos esa puerta, veremos si entregamos las armas, y quizás entonces hablaremos seriamente").

"Cada uno con su nivel de compromiso". (De tú a tú. Víctimas y verdugos, todos en el mismo saco. Ellos declaran que van a parar de matarnos el tiempo que les convenga y nosotros tendremos que darles a cambio todo lo que nos pidan, empezando por la libertad para los asesinos y terminando por la independencia. Buen trato para ellos y nefasto para España).

Teresa Jiménez Becerril es eurodiputada por el PP y hermana de Alberto Jiménez Becerril, asesinado junto a su esposa Ascensión García Ortiz por la banda terrorista ETA


Libertad Digital - Opinión

El Gobierno no entra al trapo del último guiño de ETA. Por Antonio Casado

Las mejores noticias sobre ETA nos las venían dando la Guardia Civil, la Policía Nacional, el CNI y la Gendarmería francesa. Excelentes, por cierto, y conformes a la doctrina del pájaro en mano. Espero y deseo que el comunicado de la banda difundido ayer por la BBC y más debido a la necesidad que a la virtud, no resucite la doctrina del ciento volando. De momento, celebremos la coincidencia del Gobierno y el PP en calificarlo de “insuficiente” y en no hacer el juego a ETA hasta el anuncio de su desaparición definitiva.

El consejero de Interior del Gobierno Vasco, Rodolfo Ares, fue ayer bastante contundente respecto a la continuidad del acoso policial y judicial a la banda terrorista y sus amigos políticos. “Las Fuerzas de Seguridad del Estado no están en tregua”, dijo. La línea oficial del Gobierno se mantiene inalterable desde el atentado a la T-4 del 30 de diciembre de 2006. A ETA se le han terminado todas las oportunidades. Solo le queda anunciar su disolución. Y el único proceso de “negociación y diálogo” posible sería aquel que se ocupase del cuándo, dónde y cómo se llevaría a cabo la entrega de las armas.


Más de lo mismo en el cansino discurso de una banda terrorista en fase terminal. Hasta las mismas palabras en combinaciones diferentes para dar apariencia de novedad al enésimo alto el fuego con emplazamiento negociador al “Gobierno de España” y guiño a la “comunidad internacional”. De la hoja de reclamaciones se cae Navarra. Lo demás, viejo como la orilla del río, aunque con otro envase semántico. A saber: derecho de autodeterminación y cambio de marco político.

Puesto que la “decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas” no es definitiva ni irreversible, porque si lo fuera lo hubieran precisado los responsables de la banda, resulta descarado su carácter instrumental. Básicamente, facilitar la participación de sus amigos políticos en las elecciones territoriales de 2011. Por lo demás, el discurso etarra es el de siempre. Tan “ambiguo” y tan “fraudulento” –así lo calificó Javier Ares-, como todos los demás. Lo que pasa es que ahora estamos todos ya muy toreados como para volver a entrar al trapo.

En cuanto al alto el fuego anunciado, apenas si se percibe como una noticia. Ni buena ni mala. El permanente acoso policial, las caídas de las sucesivas direcciones etarras y el encarcelamiento de sus amigos políticos, han derivado en una clamorosa debilidad operativa de la banda.

Así que su patética pretensión de perdonarnos la vida ya no es creíble. La opinión pública sabe que hoy por hoy la vida de un guardia civil está más amenazada por los talibanes de Afganistán que por los etarras de Euskadi. Y para constatarlo no necesitamos a Desmond Tutu o Willem de Klerk.


El Confidencial - Opinión

El comunicado de ETA: Reedición y autoplagio. Por Jon Juaristi

«De ETA es vano esperar nada. Lo más recomendable ante comunicados como el presente es no hacerles el menor caso. El único género de comunicado atendible sería el que anunciase el fin definitivo de la banda, su disolución».

ANTE todo, creo que no sería honesto por mi parte ocultar que lo que ETA diga o deje de decir me parece irrelevante para la erradicación del terrorismo nacionalista, un fenómeno que está en clara recesión desde hace varios años, a través de los cuales ha quedado suficientemente demostrado que los únicos medios para terminar con semejante lacra son la acción policial y la de los tribunales de justicia, ajustadas ambas a las leyes del Estado de Derecho. Como la propia banda afirma en su comunicado, no hay atajos practicables. Es obvio que ETA entiende esta expresión en los términos de su propio delirio congénito, que la hace creerse un Estado virtual, pero cabe esperar que el Gobierno la interprete a partir de la funesta serie de experiencias acumuladas por el socialismo español en su tratamiento del problema terrorista desde la primera legislatura de Felipe González a la primera de Rodríguez Zapatero. Es decir, lo que nos debería preocupar no es si ETA tiene esta vez una intención sincera de renunciar a la violencia, sino si el PSOE posee una memoria y es capaz de extraer de la misma consecuencias prácticas.

El comunicado de ETA no presenta la mínima novedad respecto a los que anunciaron las mal llamadas «treguas» en anteriores ocasiones, si prescindimos del indecente detalle de felicitarse a sí misma por su quincuagésimo cumpleaños. Dudo de que a estas alturas sea motivo de celebración incluso para muchos de los partidarios de la izquierda abertzale, que no podrá regresar a la política sin manifestar antes, de un modo explícito e inequívoco, su condena de la banda. El resto de los vascos no tiene de qué alegrarse. Ha sido medio siglo de sufrimiento y brutalidad, del que la recuperación apenas ha empezado. Por lo demás, el comunicado insiste en lo de siempre: la disposición de ETA a optar por nuevas vías si desde el Gobierno se levantara el bloqueo político que impide alcanzar la independencia y el socialismo mediante procedimientos democráticos.

¿Cómo hay que entender esta cháchara? ¿Está reclamando ETA la legalización de sus apéndices políticos —Batasuna, PCTV, ANV, etcétera— o quizá, directamente, un referéndum de autodeterminación? Nada de eso. Como de costumbre, los terroristas recurren a la vaguedad y a la imprecisión como método. Una oferta de cese permanente de la violencia a cambio de la legalización de la izquierda abertzale y de una amnistía para los etarras presos sería, por supuesto, inaceptable, pero supondría algo concreto. Sería inaceptable, aclaro, porque cualquier Gobierno que se aviniera a negociar en tales términos se haría directamente responsable de la más que segura reanudación de los atentados al día siguiente de poner en la calle al último preso de ETA. Sin violencia, el nacionalsocialismo de la sopa de siglas de la izquierda abertzale no alcanzaría representación parlamentaria alguna. Tienen razón los que, como Joseba Arregui, sostienen que el independentismo se ha deslegitimado tras cincuenta años de violencia terrorista, pero habría que añadir que, sin la presión del terrorismo, las opciones políticas independentistas se disolverían rápidamente. Solo una ínfima minoría de la población vasca votaría por la barbarie cultural, la zozobra civil y la ruina económica inevitable —y mucho más en una época de crisis global— sin la amenaza de las pistolas o de los cócteles molotov, y eso lo saben no solamente los nacionalistas radicales, sino todos los nacionalistas, sean del PNV o de Eusko Alkartasuna, aunque a estos se les llene la boca al hablar del futuro glorioso que depararía al nacionalismo la desaparición de ETA. Lo hacen desde la íntima convicción de que la banda, de un modo u otro, no dejará de hipotecar la política vasca, y de que la primera consecuencia del desvanecimiento del terrorismo sería el hundimiento político de los secesionismos en todas sus formas.

DE ETA es vano esperar nada. Lo más recomendable ante comunicados como el presente es no hacerles el menor caso. El único género de comunicado atendible sería el que anunciase el fin definitivo de la banda, su disolución, pero está claro que no caerá esa breva. Al menos, de momento. No se dan las condiciones. La izquierda abertzale, que sobrevive en una curiosa ilegalidad no clandestina y que cuenta aún con un número significativo de alcaldes y concejales, no es el Sinn Fein, nunca lo ha sido y nunca lo será. La dirección política de ETA está en ETA, no fuera de ella. Tendría algún sentido presionar al nacionalismo radical para que rompa con la banda —aunque el resultado parece más que dudoso—, pero sería un error hacerle cualquier tipo de concesión en la confianza de que impondrá a ETA el fin de la violencia. Esto es sencillamente inimaginable, aun con un recambio de líderes. La única disyuntiva razonable que cabe presentar a la izquierda abertzale es la ruptura sin paliativos con ETA y el consiguiente retorno a la legalidad, o su marginación absoluta del sistema democrático. No cabe otra, y sería del todo inadmisible que cualquier charlatán inédito en comisión de servicios de la banda, como lo fue en su momento Arnaldo Otegui, volviera a suscitar esperanzas en el Gobierno y se granjease de su presidente el marbete de «hombre de paz» sin coste alguno.

¿QUÉ pretende entonces ETA con el último comunicado de «alto el fuego»? Lo de siempre. No ofrece nada concreto, salvo la tregua, que le permite asumir, con el pretexto de su voluntad de diálogo, la apariencia de un interlocutor benevolente, a la espera de que el Gobierno haga el primer movimiento. Y en esto no conviene engañarse. Cualquier respuesta a dicho comunicado que denote, aunque sea mínimamente, que se concede a ETA algún grado de credibilidad será rentabilizado de inmediato por la banda como una victoria moral y deslegitimará no solamente al Gobierno, sino al Estado mismo. Los casos precedentes en que la banda consiguió minar a este, gracias a la estupidez y al oportunismo de los dirigentes socialistas, son como para tenerse en cuenta. Por supuesto, sería terrible enterarse de que, como insinuaba hace algunos meses Jaime Mayor Oreja, el Gobierno o el partido que lo mantiene han sostenido negociaciones secretas con la izquierda abertzale con vistas a un cambalache que despeje los obstáculos legales para la participación de la misma en las elecciones locales a cambio de este miserable anuncio de tregua. Espero sinceramente que no sea así, porque, de lo contrario, estaríamos ante la prueba definitiva de que el socialismo español solo sirve para socavar la legalidad democrática. En lo personal, representaría una decepción insuperable, porque el propio pacto de gobierno en el País Vasco entre el PSE y el PP se revelaría como una maniobra socialista para encubrir una operación partidista y, además, lo que es peor, absurda y nociva. Mis esperanzas de que en mi tierra natal existan aún fuerzas capaces de restaurar una auténtica democracia se derrumbarían, así que prefiero no pensarlo mientras, como ETA, me mantengo a la expectativa de la reacción del Gobierno, haciendo votos para que esta llegue en el sentido diametralmente opuesto al previsto por los terroristas.


ABC - Opinión

Escepticismo y prudencia

Hace meses que se especulaba con el anuncio de una tregua por parte de ETA. La sorpresa ha sido que estamos ante un anuncio claramente insuficiente. Una vez más, la banda ha defraudado las expectativas, algo que no sorprende a nadie, con un comunicado lleno de la retórica habitual, donde no precisa ni la duración ni el alcance de la decisión de «no llevar a cabo acciones armadas ofensivas». No estamos ante un anuncio que muestre la voluntad de acabar con la sinrazón del terrorismo. No hay que olvidar que ETA no es sólo una organización terrorista, sino un proyecto político que busca la destrucción de España y la implantación en el País Vasco, incluida Navarra y los territorios franceses, de un socialismo autogestionario que nos retrotrae a las peores pesadillas de los años de la Guerra Fría. La propia declaración que la banda dio a conocer ayer, por medio de un vídeo remitido a la BBC, refleja que no es más un estertor de los movimientos terroristas que surgieron en Europa hace medio siglo y que han ido desapareciendo uno tras otro. El comunicado confirma que ETA quiere ganar tiempo, en un momento en que se encuentra muy débil y con escasa capacidad organizativa. Cabe recordar que matar siempre es fácil y que el fin sólo se producirá cuando el último de los terroristas responda ante la Justicia por los delitos cometidos. La reacción de los grandes partidos y del Gobierno fue ayer ejemplar. Su escepticismo es el resultado de la experiencia tras muchos años esperando que la banda criminal ponga punto final al despropósito de sus actos. No hay ningún atajo posible para acabar con ETA y todos coinciden en que lo único que tiene que anunciar es el abandono de las armas. Por ello, la duda que plantea la declaración de la banda es que no sabemos si estamos ante un camino que conduzca a su rendición final o es, como ha sucedido en anteriores ocasiones, una vía para tratar de rearmarse y organizarse para continuar con sus acciones criminales. Es evidente que la sociedad española espera lo primero. El único marco aceptable es que los terroristas abandonen las armas, asuman sus responsabilidades ante la Justicia y disuelvan la banda. En este sentido, es inaceptable que Gerry Adams, el antiguo terrorista del IRA y dirigente del Sinn Fein, pida que el Gobierno abra inmediatamente una negociación con ETA. Zapatero tiene muy claro que no hay ninguna negociación posible, ya que cuenta con la experiencia de la anterior tregua donde la banda acabó con las esperanzas generadas por medio del atentado en la T-4, donde murieron dos personas. La historia de ETA deja poco margen a la esperanza, aunque ésta sea lo último que se deba perder, y mucho para la convicción de que no se puede confiar en ese grupo de criminales sin escrúpulos. La banda ha rechazado numerosas oportunidades para acabar con sus actividades, ha asesinado a 829 personas y herido a centenares, y se ha dedicado a la extorsión y al tráfico de drogas. Es un grupo de delincuentes que se ha acostumbrado a vivir con y por las armas. El Gobierno debe seguir con la estrategia actual de presión sobre ETA, basada en la acción policial y judicial, y esperar los acontecimientos.

La Razón - Editorial

ETA en su callejón

La banda trata de sondear con una declaración ambigua la posibilidad de una negociación política.

"ETA hace saber que ya hace algunos meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas", dice la declaración difundida ayer por la banda. No dice que declara una tregua, pero se supone que si está en ella hace meses, seguirá estándolo hasta nuevo aviso. Por tanto, hay tregua, aunque tampoco dice que sea permanente, como sí dijo (y no cumplió) en la de 2006, o indefinida, como en la de Lizarra. Y limita el alto el fuego a acciones "ofensivas", una cautela que otras veces ha significado que se reserva el derecho a realizar acciones "defensivas" (como asesinar a un gendarme en el curso de un atraco a mano armada).

El anuncio de alto el fuego figura inmediatamente detrás de un párrafo en el que ETA muestra su disponibilidad para "acordar" con el Gobierno "los mínimos democráticos para emprender el proceso democrático". Esa expresión, proceso democrático, es la que viene utilizando ETA desde finales de los ochenta como contraposición a la de "proceso de paz". Y su significado es, según explicaba en su boletín Zutabe número 110, el de un "tránsito" del actual marco político "impuesto" a uno "basado en la autodeterminación y la territorialidad": los dos ejes de su programa. ETA plantea, por tanto, que el Gobierno negocie y acuerde con ella las reivindicaciones en nombre de las cuales ha asesinado a 828 personas.


También Batasuna habla de proceso democrático como alternativo a proceso de paz. Pero así como los de Otegi han acabado sosteniendo que el primer paso tiene que ser la tregua permanente y verificable de ETA, como les ha aconsejado el mediador Brian Currin, la banda evita cualquier compromiso temporal y condiciona la aceptación de la verificación internacional a la apertura de una negociación con el Gobierno central, según fuentes nacionalistas.

Que ETA acceda a hablar de alto el fuego es, con todo, una muestra de que sus jefes son sensibles a las presiones de los de Batasuna y los mediadores internacionales en favor de un cese de la violencia que les permita participar en las elecciones. Con su ambigua declaración, ETA pretende seguramente sondear la capacidad de resistencia del Gobierno, los partidos y la opinión pública. Si percibe alguna disponibilidad a ceder o al menos a negociar, o síntomas de división al respecto, considerará ganada la partida. Se demostrará la utilidad política de la lucha armada, y hará ver a Otegi y compañía quién manda en la izquierda abertzale.

La contradicción entre el interés de Batasuna en participar en las elecciones y el de ETA en que sigan mandando las pistolas, latente ya en el momento de ruptura de la tregua, ha aflorado tiempo después por las siguientes razones: la firmeza judicial contra el brazo político, avalada en términos inequívocos por Estrasburgo; la eficacia policial contra ETA; la negativa a negociar compartida por Gobierno y oposición; la desconfianza hacia ese mundo de un PNV escarmentado.

Los de Otegi saben que sin retirada de ETA seguirán marginados de la vida política institucional, y los de ETA que sin brazo político se quedarán sin pueblo al que salvar. Resta hacer comprender a Batasuna que en ningún caso, diga lo que diga ETA, va a haber un final con negociación de contrapartidas políticas. Si ETA no ha atentado en España en un año no es principalmente por sus debilidades organizativas, sino por esa posibilidad de ruptura. Pero si Rubalcaba hubiera oído los cantos de sirena de quienes le invitaban a reanudar la negociación cuanto antes, no se hubiera producido esa evolución de los jefes de Batasuna. Razón de más para que el Gobierno no modifique su estrategia.


El País - Editorial

Una tregua para salvar a Zapatero y liquidar el Estado de Derecho

Nunca antes el Gobierno encargado de combatir a ETA se había encontrado en una posición de debilidad tal que creyera que sus únicas opciones de supervivencia pasaban por arrojarse a los brazos de la banda terrorista.

Como ya viene siendo tradición en nuestra democracia, ETA ha vuelto a declarar una tregua-trampa al estar atravesando unos momentos de extrema debilidad en los que necesita tomar oxígeno y reorganizarse. No debería de extrañar a nadie, pues para nuestra desgracia hemos podido aprender durante más de medio siglo cómo combatir eficazmente a ETA y qué respuesta dar a sus taimadas propuestas de negociación: seguir persiguiéndola sin cuartel justo ahora cuando nos está indicando que se encuentra asfixiada.

Sin embargo, en el caso de la actual tregua-trampa existe una novedad frente a las anteriores que puede marcar de manera negativa su desarrollo: nunca antes el Gobierno encargado de combatir a ETA se había encontrado en una posición de debilidad tal que creyera que sus únicas opciones de supervivencia pasaban por arrojarse a los brazos de la banda terrorista. No es que en el anterior "proceso de paz" Zapatero no estuviera dispuesto a llegar hasta el final para demostrar que la solución policial preconizada por Aznar –la única válida y eficaz, la de la supremacía del Estado de Derecho– era errónea y que el "conflicto vasco" debía resolverse vía negociación (entiéndase cesión); pero, aún así, el futuro político de Zapatero no dependía de que ETA dejara las armas. En aquel momento se trataba de un capricho del presidente –y por eso fue posible que la rebelión cívica lo abortara–, ahora, en cambio, se ha convertido en una necesidad existencial.


La apuesta del Gobierno es arriesgada, pero sabe que no tiene nada que perder y piensa que sí tiene algo que ganar: si es capaz de presentar ante los españoles un principio de acuerdo de paz con ETA, tal vez los ciudadanos olviden su desastrosa gestión económica y le premien en las urnas.

Las exigencias de los terroristas no han variado ni un ápice desde su creación: de entrada, cese de las operaciones policiales contra la banda, nuevos beneficios penitenciarios para sus presos y sobre todo el regreso de su entramado político a las instituciones públicas; y una vez asegurada su supervivencia organizativa y económica, la independencia de facto del País Vasco con la anexión de Navarra. Las mismas razones por las que hemos rechazado siempre cada uno de estos puntos nos sirven para seguir rechazándolos a día de hoy.

Su aceptación no sólo sería una rendición de la democracia ante el terrorismo, sino todo un insulto a sus víctimas, que ya temen con razón que al final su impagable sacrificio en defensa de nuestro Estado de Derecho resulte inútil; inútil porque Zapatero está dispuesto a servirles la Nación en bandeja de plata a los terroristas con tal de mantenerse en el poder al frente de lo que quede de España en 2012.

ETA sabe que Zapatero es preso de su pliego de condiciones y por eso ni siquiera han intentado aparentar en su comunicado que tengan la más mínima predisposición a facilitar su desaparición: declaran el alto el fuego de las "acciones armadas ofensivas", cuando la propia ETA siempre ha justificado los atentados, dentro de su delirante jerga, como acciones defensivas frente a la opresión del Estado español.

Ni siquiera intentan aparentar buena voluntad porque son conscientes de que no tienen ninguna necesidad de hacerlo. La banda se encuentra débil, pero el Gobierno lo está mucho más. De hecho, a estas alturas es muy posible que los acuerdos con el Ejecutivo ya estén más que cocinados, pues la propia ETA reconoce en su comunicado que tomó la decisión de declarar la tregua-trampa hace meses, justo cuando Mayor Oreja denunció, entre ignominiosos insultos del PSOE e intestino desdén del PP, que el "diálogo" se habían reanudado.

De ser esto cierto, ahora sólo restaría vender con éxito a la opinión pública el resultado de este soterrado proceso de negociación; una empresa que, por desgracia, le puede resultar al PSOE más fácil de lograr que en 2006, pues desde entonces el Gobierno ha logrado desactivar la oposición de las asociaciones de víctimas del terrorismo, la de los principales medios de comunicación e incluso la del Partido Popular de Rajoy.

Zapatero está desesperado por cerrar, aunque sea en falso, esta ronda de negociaciones y para ello contará con la colaboración activa de la parte más servil de la sociedad española. Nosotros, como no podría ser de otro modo, nos mantendremos firmes donde siempre hemos estado: defendiendo el Estado de Derecho, la Constitución, la libertad y la dignidad de las víctimas del terrorismo. Si ellos siguen repitiendo sus mentiras, nosotros continuaremos informando sobre la verdad.


Libertad Digital - Editorial

Solo la rendición

Cuando ETA quiera dejar la violencia no tendrá más que entregar sus arsenales, desmantelar su red de «zulos», devolver el dinero de la extorsión y, sobre todo, pedir perdón a las víctimas y entregarse a la Justicia.

EN su boletín interno («Zutabe») de abril de 2003, la organización terrorista ETA describía sus decisiones de alto el fuego como «instrumento político y militar para utilizar a su antojo». Estos rasgos han sido los decisivos de todas las treguas anunciadas por ETA, confirmándose por la experiencia histórica que los ceses temporales o indefinidos de la violencia siempre los han puesto los terroristas al servicio de sus objetivos estratégicos. Así sucedió en las dos últimas treguas, con las que ETA pretendía respaldar proyectos políticos que la legitimaban como interlocutor institucional. El primero fue el Pacto de Estella, con el Partido Nacionalista Vasco, en 1998. El segundo, la negociación política con el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, pactada clandestinamente por los socialistas con el entramado ilegalizado de Batasuna, primero, y con ETA de forma directa, después.

ETA anunció ayer que «hace algunos meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas», lo que algunos podrían interpretar como un alto el fuego que vendría a ser la respuesta a la petición que, en tal sentido, le han venido haciendo la izquierda «abertzale» y, más recientemente, el nuevo polo soberanista formado por Eusko Alkartasuna y Batasuna en un documento sobre condiciones para un proceso de pacificación. La contundencia de los golpes policiales recibidos en los últimos meses y la proximidad de las elecciones municipales y forales en el País Vasco podrían ser los argumentos de fondo de ETA para plantear ahora este cese difuso de la violencia. Pero no hay que ver espejismos en el documento etarra: sigue diciendo lo mismo que en los últimos cuarenta años, porque vincula su violencia a la supuesta negación de derechos al pueblo vasco; y, a la inversa, condiciona la paz a la autodeterminación. Necesitada de un margen de recuperación y con una base social confundida sobre estrategias y objetivos, ETA retoma la vieja fórmula de trasladar al Estado la carga del alto el fuego, mientras busca en el extranjero una caja de resonancia para sus pretensiones. Paralelamente, ETA es consciente de que su definitiva expulsión de las Diputaciones Forales y Ayuntamientos del País Vasco y de Navarra taponaría una vía de penetración y propaganda en la sociedad vasca.


Los terroristas contaron ayer una historia que ya conoce bien la sociedad española. El verdadero problema es que tras ese comunicado haya algo oculto, como en el período 2005-2007. Una vez más, lo que realmente importa no es tanto lo que haga ETA sino la respuesta que dé el Gobierno. Respuesta que debe comenzar por dejar claro que no hay posibilidad alguna de negociar ni de dialogar con ETA. Respuesta que debe incluir el compromiso de la Fiscalía General del Estado con el principio de legalidad, y no la conveniencia política. Es más, si Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba son coherentes con sus palabras, la mejor reacción del Gobierno sería la negación absoluta de cualquier valor político a este nuevo anuncio de ETA. Una recaída en el error de la negociación política con ETA pondría al Gobierno en una posición de ruptura definitiva con la sociedad española y con el Partido Popular. No ha perdido vigencia el aviso que hizo Mariano Rajoy en 2006 de que nunca aceptaría los acuerdos que el Gobierno socialista alcanzase con los terroristas. Es mejor pensar que ETA se ha movido por directrices propias, acuciada por el advenimiento de la derrota, sin el estímulo de otra mesa negociadora con el Gobierno para retomar donde quedó la de 2007, en los acuerdos de Loyola. Es mejor pensar que ETA no ha lanzado esta tregua tramposa porque crea que España tiene un Gobierno que siempre negocia, que siempre paga rescates, que siempre cede.

Este es el momento de acabar definitivamente con ETA por medios policiales y judiciales, los únicos que son legítimos en un Estado de Derecho. No caben más «tomas de temperatura» con los terroristas ni más contemplaciones con mediadores internacionales que confunden el terrorismo de ETA con un conflicto balcánico. Ni siquiera sería admisible una actitud «expectante» del Gobierno ante la evolución de la tregua. Cuando ETA quiera dejar definitivamente la violencia no tendrá más que entregar sus arsenales, desmantelar su red de «zulos» y pisos, revelar su entramado de empresas tapaderas, entregar el dinero de la extorsión y, sobre todo, pedir perdón a las víctimas y entregarse a la Justicia. Cualquier otra opción es inútil, y el Gobierno debe rechazarla. De una vez por todas hay que aprender del pasado. ETA busca ahora dividir a la clase política entre los que saben que esta tregua es una nueva trampa y los que se reblandecen al oír la campana de un alto el fuego. La terminación de la violencia terrorista es un fin que no justifica todos los medios. No justificó la guerra sucia ni justifica la negociación política. El Gobierno ya sabe a qué atenerse con los terroristas y con una opinión pública nada dispuesta a secundar nuevos procesos de diálogo con una organización criminal que ha matado a más 800 personas y herido a miles. Solo vale la rendición de ETA.


ABC - Editorial

domingo, 5 de septiembre de 2010

La estrategia del PP. Por Germán Yanke

Si se diera crédito a lo que se cuenta por aquí y por allá sobre la estrategia del PP para este nuevo curso, uno tendría que concluir que sus dirigentes están un poco alterados. Resulta más conveniente atenerse a lo que dicen y a lo que callan en un momento en el que parecen convencidos de que, tras las próximas elecciones, van a gobernar. Lo que dicen es que Zapatero no tiene ni recorrido ni futuro, ni en lo político ni en lo económico. Se trata de señalar con el dedo y esperar el triunfo, vamos, el fracaso del PSOE.

El poder es una droga y por permanecer en él se hacen estupideces que se vuelven contra uno mismo. Nuestro Gobierno es un ejemplo paradigmático. Pero la oposición también puede ser un estupefaciente y lleva consigo el riesgo de meter la pata. Pedir al PP que actúe ahora no sólo como el partido que espera sino como el que va a gobernar parece un imposible porque es evidente que sus estrategas, a veces disimulando en algunos asuntos, no consideran conveniente concretar la alternativa y el programa. Se teme meter la pata, entendida como enfadar a alguien, tener que colocarse en el lugar del que da explicaciones en vez de exigirlas.

Veremos en qué se concretan las 50 iniciativas parlamentarias anunciadas, que ya tienen el tufillo sospechoso del número redondo, pero el PP, quizá, debería reflexionar en estos meses de esperanza partidaria que la oposición no conlleva necesariamente a la inanidad del «son ellos los que gobiernan, no nos corresponde hacerlo a nosotros». De un lado, gobierna en muchas comunidades autonómas y, mal que les pese, no ha servido para que se visualice un modo distinto de hacer las cosas. Por otra parte, tiene a su disposición todo el terreno de lo simbólico, que no es precisamente el de la retórica sino el de la ejemplaridad y el de las ideas y los ideales movilizadores de una sociedad desconcertada y en buena medida angustiada. Un exceso de prudente silencio se opone más a la movilización del electorado que al intento de evitar errores.


ABC - Opinión

Disimulo para un fracaso. Por M. Martín Ferrand

Que estemos pendientes del futuro de Corbacho es otro éxito de Zapatero. Un genio del disimulo.

ÁNGELES González-Sinde, Beatriz Corredor y Bibiana Aído —«Las tres Gracias» que alegran el museo ministerial de Zapatero—, las miembras peor valoradas del Gobierno, pueden, por contraste, convertir en excelente el trabajo de Celestino Corbacho al frente de Trabajo; pero, si buscamos valores absolutos y rotundos, puede afirmarse que el ex alcalde de Hospitales de Llobregat y próximo candidato en las autonómicas catalanas no ha sido un buen ministro. Ignoro si su próximo e inevitable relevo es consecuencia de una fuga o un despido; pero su función, continuadora de la de Jesús Caldera, es la encarnación del gran fracaso de la política económica y social de José Luis Rodríguez Zapatero, el líder planetario que, sin verlas venir, nos tiene instalados en una tasa de paro superior al 20 por ciento de la población activa, el doble que la media en la UE.

Ya nos explicarán los hermeneutas del socialismo catalán, el único de cercanías que queda en Europa, si la inclusión de Corbacho en la lista autonómica del PSC por Barcelona es un castigo o un refuerzo a José Montilla; pero, fuera como fuese, son pocos los titulares de Trabajo que resisten una huelga general como la que le espera al Gobierno antes de fin de mes. La que le organizaron a José María Aznar en 2002 —y seguimos sin conocer las razones de fondo para su convocatoria— les costó el puesto a dos ministros. Al de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, y al Portavoz, Pío Cabanillas. Zapatero, fantasmal como acostumbra, ha convertido en sede vacante la de Trabajo para dificultar la puntería de los enrabietados y voraces sindicatos antes del parto. Un gasto político menos.


La recalcitrante María Teresa Fernández de la Vega niega apasionadamente que la salida del Gobierno de Corbacho, ya segura, y la posible de Trinidad Jiménez, no constituyen materia para una crisis y así será si ella lo dice; pero, ¿se limitará el presidente, abrumado por las circunstancias y en el fragor electoral sucesivo que nos espera, al puro relevo en Trabajo y Sanidad? Por el momento este raro vodevil en el que unos dicen salir y no salen, otros no salen aunque ya no están y no entra nadie en escena le funciona al presidente del Gobierno. Mientras hablamos de estas cuestiones menores y fulanistas, bien dosificadas por las máquinas propagandísticas de Ferraz y La Moncloa, no le prestamos la atención debida a lo fundamental. Nuestros problemas políticos, lejos de aliviarse, se encanallan y los económicos engordan en los números del paro, la deuda y el déficit. Que estemos pendientes del futuro de Corbacho es otro éxito de Zapatero. Un genio del disimulo.

ABC - Opinión

A punto de llanto. Por Alfonso Ussía

Desde niño me atormenta una debilidad. Soy en exceso emotivo. Me emociono cuando veo a otros conmovidos. Lloro con facilidad con los finales felices de las películas que cuentan historias tristes. La lágrima fácil, a punto de cauce, ha sido y es una constante compañera de mi vida. Mientras escribo este artículo, me hallo al borde del llanto. La expresión de emoción incontenida, de conmoción vibrada, y hasta me atrevería a escribir de amor entregado de Leire Pajín y Elena Valenciano cuando saludaban a Raúl Castro, me ha dejado para el arrastre. Me alegra no ser un cantaor de flamenco porque, de serlo, estaría emitiendo jipidos entrecortados. Despliego mi pañuelo y aprecio en su superficie un alto porcentaje de humedad. De tener rascacielos, mi pañuelo sería como Benidorm el 8 de agosto.

Lo que se ha demostrado es que Leire Pajín y Elena Valenciano son buenas personas. Se emocionan a las primeras de cambio y harta sencillez. Si miran, hablan y sonríen de ese modo ante la presencia de un asesino, qué no harán cuando se enfrenten a la mirada de un ser humano normal. Entra dentro de lo posible que no hayan sido informadas previamente. De haber sabido quién es Raúl Castro, probablemente no aparecerían tan contentas y enternecidas. Raúl Castro, el hombre a quien sus ojos se comían, es junto a su hermano Fidel un dictador asesino. Muchos corazones han dejado de latir gracias a la interpretación revolucionaria de Raúl y de Fidel. Y muchas miradas no han visto otra cosa que mugre, barrotes y muerte durante décadas gracias a quien acariciaba la mano de Leire Pajín y hacía reír abiertamente a Elena Valenciano. Cincuenta años al frente de una dictadura comunista dan para mucho. Pero ni a Leire ni a Elena se lo han contado, y así estaban de felices y cómodas con el compañero Raúl.


Se sabe que un despacho forrado de madera de caoba ayuda a la relajación y el sosiego. Moratinos conoce muy bien ese despacho. Las estancias cercanas y mugrientas de las cárceles cubanas no son tanto de su interés. Los Castro son simpáticos. Caribe puro. Cuentan las cosas con gracejo y espontaneidad. Y se nota ese gracejo en las sonrisas de las dos chicas del socialismo español, que ríen las ocurrencias de su ídolo. Una lástima que no estuviera presente Fidel. Los cuatro podrían haber protagonizado una velada inolvidable de risas, chistes y romántica madrugada, aunque ni Fidel ni Raúl estén para muchos trotes. Pero Fidel se hallaba dando el coñazo a los mismos universitarios que un día, y no lo deseo, intentarán hacer con él y con Raúl lo que los rumanos con Ceaucescu. Los jóvenes son así y no cambiarán nunca.

Leire y Elena –o Elena y Leire– ya estarán de vuelta. Le van a contar a Zapatero que Cuba vive feliz y en orden. Que han visto la televisión y han leído los periódicos y han llegado a la conclusión de que todo lo que se dice de Cuba en el exterior son patrañas. Los cubanos viven felices y tienen de todo, hasta ollas a presión para mejorar la condimentación de los frijoles, como explicó Fidel antes de sufrir el tantarantán. –No hemos visto ni disidentes, ni descontentos, ni presos políticos, José Luis. Lo que cuentan por aquí es mentira–.

Son chicas emotivas, tiernas y socialistas. Mujeres buenas y comprometidas. La Habana les habrá asombrado por su belleza y por lo lentamente que se está desmoronando. La Revolución resiste, y esa resistencia emociona a quienes toleran y aplauden sus métodos para resistir. De ahí la ternura que mostraron ante Raúl. Y consecuencia de esa emoción, las lágrimas a punto de cauce que han dificultado en extremo la creación de este artículo. Me seco los ojos, y lo envío.


La Razón - Opinión

Las primarias de Humpty Dumpty. Por Ignacio Camacho

¿Y si una encuesta, o varias, cuestionasen a Zapatero como candidato idóneo y dijesen que Patxi Puede o Bono Puede?

UNA de las características más clásicas del zapaterismo —iba a decir más constantes, pero los términos zapaterismo y constancia forman un oxímoron— es la retórica de Humpty Dumpty, esto es, aquella en la que las palabras significan lo que Zapatero desea en cada momento que signifiquen. Conceptos gaseosos para una política líquida que en realidad se basa en la voluntad omnímoda del líder: una curiosa modalidad de autoritarismo fluido que el presidente y la dirección socialista acaban de aplicar a las primarias: buenas para Madrid, donde el Gobierno tiene un candidato alternativo —ellos dicen «mejor»—, e incluso para Valencia, y malas para Andalucía, donde el partido se siente débil y no quiere cuestionamientos. Prohibir las primarias andaluzas es una muestra de «consenso» y promover las madrileñas supone un fortalecimiento de la democracia interna. Para justificar la incongruencia, Humpty Dumpty dice tener una encuesta en la que Trinidad Jiménez ofrece más posibilidades que Tomás Gómez como rival de Esperanza Aguirre. Trini Puede.

—Oiga, ¿y si hubiese una encuesta, o varias, que cuestionasen a Zapatero como candidato idóneo? Una que dijese Blanco Puede, o Solana Puede, o Alfredo Puede, o Patxi Puede, o incluso Bono Puede… ¿Se sometería Zapatero a unas primarias?

—Esa encuesta no existe.

—No existe… todavía. Nadie lo ha preguntado. Pero existe una sensación clamorosa en el partido de que el presidente está quemado como candidato. Los barones territoriales no lo quieren ni ver por sus dominios. Y a medida que se acerquen las elecciones ese estado de opinión puede ir creciendo hasta convertirse en una exigencia. A ver qué pasa cuando los periódicos comiencen a preguntar por otros líderes en sus sondeos.

—Las únicas encuestas que sirven al respecto son las del partido y las del Gobierno. Y la voluntad de Humpty Dumpty sólo somete a discusión las opciones que no le gustan.

—Ya, pero... ¿y si algún militante se mostrase dispuesto a disputar la candidatura a la Presidencia del Gobierno? Antoni Asunción ya lo ha sugerido.

—Asunción es un outsider. Nadie serio, nadie con peso en la nomenclatura va a desafiar al presidente. Pero es que, además, el candidato que ya está en el poder no tiene que someterse a primarias. Tiene preferencia.

—Sí, la preferencia de Humpty Dumpty. Las palabras, y los conceptos, al servicio de la política. Pero si Tomás Gómez puede… ¿quién sería capaz de impedir que alguien dijese en voz alta que Zapatero no puede?...

—Esa decisión sólo la va a tomar el propio Zapatero. Y si decidiese en algún momento retirarse no convocaría primarias, sino un congreso extraordinario, y probablemente propondría un candidato. O candidata.

—Es decir, que la Presidencia es un asunto demasiado importante para confiarlo a unas primarias…


ABC - Opinión

Zapatero. ¿Quién es Miguelín?. Por José T. Raga

Señor presidente, como español que pago mis impuestos le suplico –si fuera de izquierdas le diría que le exijo– que cuando vaya a salir al exterior y, sobre todo si lo va a hacer para hablar de España, se lo piense dos veces y no salga.

Yo la verdad es que no lo sé, aunque sinceramente tampoco me importa pues, al fin y a la postre, si de muñeco se trata, prefiero el clásico nenuco que siempre me pareció más simpático y que me evoca el recuerdo de mi hija jugando y sintiéndose satisfecha con su maternidad. Por otro lado, a este bebé esperpéntico, cuyo color y sonrisa dan dentera siquiera verlos de pasada, le ha salido un mentor que en nada colabora a su mejor posición social. No sé si al señor presidente se le ha agotado el rendimiento de la copa del mundo y ahora, tras haber promulgado una ley en la que los abortos se practicarán sin apenas restricción, tiene que glorificar a un bebé, como nuevo becerro de oro al que sacarle provecho. Comprenderán ustedes que en eso, yo personalmente, ni entro ni salgo; allá él.

Como español de a pie, sin embargo, me siento insultado por la frivolidad del señor presidente para referirse a los grandes temas que atormentan a la sociedad española; al menos, en lo que conozco, los referidos a las condiciones en las que se desenvuelve nuestra economía. Es un atentado al pudor y al respeto que merece un pueblo, que con una sonrisa hiriente, sí, como la de Miguelín, utilice al muñeco como instrumento y refugio para, con irresponsabilidad inexplicable, eludir menciones a nuestra economía, que pondrían la gestión del Gobierno español en el lugar que realmente le corresponde.


Si esperpéntico es el muñeco, más lo es la manifestación pública del señor presidente de que la economía española es tan grande como ese tal Miguelín. Hubiera podido decir que tan vacía como el muñeco y tan falsa como su sonrisa, lo cual habría estado más cerca de la realidad, pero no, la idea transmitida era la de potencia, la de fortaleza, en definitiva, la de grandeza. Esto, cuando al día siguiente de semejante boutade presidencial, Eurostat –la oficina estadística de las Comunidades Europeas, pues la estadística del ministro Corbacho ya no la cree nadie– alumbraba la grandeza de nuestra economía en desempleo, situándose en el 20,3%, y con ello ganando el campeonato de entre los veintisiete países de la Unión.

Hemos conseguido sobrepasar en tasa de paro a las economías en transición –tales como Letonia, Estonia, Lituania, etc.–, más que doblamos la media de la zona euro (10%) y con mayor diferencia la media de la Unión Europea (9,6%). No quiero pensar, para evitar la envidia, en países con nulas concesiones a la demagogia pero con gran eficacia de gobierno, como Austria (3,8%), Países Bajos (4,4%), Luxemburgo (5,3%) o la larga lista de los otros veintitrés países que, con nosotros, formamos la Europa de los veintisiete. Eso sí, Austria, Países Bajos y otros tantos, sin embargo, no tienen un Miguelín al que emular ni en el que refugiarse, seguramente porque no lo necesitan.

Pero, señor presidente, a ese 20,3% de parados que ha conseguido usted con su gestión económica, con su elusión para hacer frente a los problemas económicos de máxima gravedad, que está sufriendo nuestra economía, no creo que les solucione nada el que Miguelín esté representando a España en Shanghai, ni creo que les satisfaga que el dichoso muñeco sea su referencia pública, como exponente más clarificador del estado en el que se encuentra nuestra economía. Sí que tengo que reconocer, que sigue usted siendo inasequible al desaliento. Como están las cosas, y usted sigue sonriendo, como si nada pasara, como Miguelín, y, con aplomo increíble, sigue diciendo cosas, tan alejadas de la realidad, que sólo una voluntad torticera de engañar puede ser la artífice de semejantes discursos.

Invadido por el sentido de grandeza de Miguelín, explica usted al primer ministro chino que España es un país exportador, a lo que la cortesía oriental responde con su disposición a importar nuestros productos. Digo que la respuesta es el resultado de esa diplomacia oriental, porque si me lo hubiera dicho a mí, que no lo soy, le habría pedido que me explicase cómo siendo un país exportador se tiene un déficit tan abultado en la balanza por cuenta corriente, que llegó a ser en el año 2007 –recuerde que era el tercero de su primer mandato– el más alto de los países desarrollados, superando el diez por ciento de nuestro Producto Interior Bruto.

Así que, país exportador... Las cifras, y cualquiera que las analice o simplemente las conozca, concluirá en que, de ser algo, lo que España es, es un país importador, así que, con toda probabilidad, el premier chino, que tampoco se creyó lo que usted le decía, ya está pensando en qué nos puede vender para desplazar a otros en nuestras importaciones, y no tanto en qué nos puede comprar, porque si los demás no nos compran, será por algo que los chinos descubrirán inmediatamente.

Señor presidente, como español que pago mis impuestos le suplico –si fuera de izquierdas le diría que le exijo– que cuando vaya a salir al exterior y, sobre todo si lo va a hacer para hablar de España, se lo piense dos veces y no salga. Recuerde aquel dicho que como en casa en ninguna parte. Además, para qué cansarse, cuando a usted siempre le ha gustado descansar. Si así lo hace, muchos le estaremos agradecidos y algunos hasta posiblemente le voten.


Libertad Digital - Opinión

España, a juicio

DESPUÉS de años de ejercer de gendarme de la legalidad internacional y de someter a fiscalización el funcionamiento jurisdiccional y la historia de otros Estados, ahora es España, en concreto su Transición y algunas de sus leyes democráticas, la que está en puertas de ser sometida a juicio por un Estado extranjero. No es cierto, sin embargo, que un tribunal de apelación de Buenos Aires haya reabierto un proceso penal al franquismo. Lo único que ha acordado ha sido pedir al Gobierno español que informe de si «se está investigando la existencia de un plan sistemático, generalizado y deliberado de aterrorizar a los españoles de la forma representativa de gobierno, a través de su eliminación física, llevado a cabo en el período comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977». Tan aparatosa formulación —susceptible de interpretaciones divergentes, porque incluiría los asesinatos de demócratas a manos de las milicias republicanas— puede ser fácilmente respondida por el Gobierno español y su Fiscalía General: el juez Garzón tuvo abierta durante 23 meses una causa penal por crímenes contra la Humanidad a la que dio carpetazo el 18 de noviembre de 2008, declarando extinguida por fallecimiento la responsabilidad penal de la jerarquía franquista. Por tanto, sí ha habido investigación, al menos nominalmente, y esta fue clausurada por Garzón y sucesivamente por los diversos jueces de instrucción en los que recayó el sumario por los desaparecidos del franquismo. Además, puede ilustrar el Gobierno español a los jueces argentinos con el dato de que en 1977 las Cortes democráticas, sin tutelas militares, aprobaron, a instancia de la izquierda española, una ley de Amnistía para todos, sin excepción. De esta manera, por la doble vía de la amnistía y de la cosa juzgada, la gran aportación del juez Garzón, es improcedente que la justicia argentina investigue lo sucedido en España

ABC - Editorial

Freno al radicalismo islámico

«Defender a Israel para defendernos a nosotros mismos». El título de la conferencia pronunciada por el presidente de FAES ante el Congreso Mundial Judío, esta misma semana, resume a la perfección el desafío al que se enfrenta Occidente. Las palabras de Aznar, en las que subraya que defender al Estado de Israel es sinónimo de defender nuestros valores democráticos y liberales, frente a los intentos del islamismo radical por imponer sus principios teocráticos, han tenido un gran eco internacional. Ayer mismo, el ex primer ministro británico Tony Blair, que acaba de publicar un libro de memorias, insistió, en este mismo sentido, en que el radicalismo islámico es la mayor amenaza que afronta el mundo y apuntó a que Irán es el país que más apoya ese radicalismo. El extremismo islámico es tan profundo, y sus métodos tan fanáticos, que no se puede combatir con conversaciones sin fin y concesiones. Los integristas deben ser conscientes de que se enfrentan a una civilización, la occidental, con una determinación y una voluntad mayor que la de ellos. Tras los atentados del islamismo radical que llevaron la desolación a Europa y Estados Unidos, algunos, los menos, entre los que se encontraba el Gobierno de España, apostaron por una política de acercamiento al islam. Sin embargo, esta idea, que eclosionó en la Alianza de Civilizaciones no ha logrado su objetivo, más allá de tender puentes culturales y de amistad. Y no ha logrado su objetivo pues confundía el interlocutor. El islam moderado no es la amenaza, sino el radicalismo que se abre paso en Afganistán y Pakistán, se asienta en Irán y en Gaza de la mano de Hamas e intenta crecer en el norte de África. No es posible el diálogo ni el respeto a prácticas como la lapidación, los asesinatos por honor o las condenas a muerte por ser homosexual. No hay nada que negociar. De la misma manera que nada se puede hablar con los que utilizan el secuestro y la extorsión a ciudadanos occidentales como fuente de ingresos para abordar atentados a mayor escala contra esos mismos países occidentales. Las recientes conversaciones de paz iniciadas por Israel y la Autoridad Nacional Palestina, bajo los auspicios del Gobierno Obama son, sin duda, una esperanza, aunque débil. No es posible ser optimista, albergar grandes expectativas sobre este diálogo a la vista de los resultados cosechados hasta ahora. Como recordó Aznar en su intervención, la última reunión de paz sobre Oriente Medio llevó a la segunda Intifada, más letal aún que la primera. El extremismo islamista, como manifestación de un fanatismo religioso, es una amenaza, no sólo para la civilización occidental sino también para las sociedades musulmanas moderadas. Y lo que resulta obvio es que, en Oriente Medio, ningún proceso de paz tendrá valor mientras persista la situación actual de ausencia de seguridad para el Estadode Israel. Un futuro Estado Palestino sólo alcanzará legitimidad ante los ojos de la comunidad internacional si los propios líderes y pueblo palestinos desarrollan un papel activo contra la locura terrorista y se sitúan, de manera clara, en el lado de las libertades y contra ese radicalismo islámico del que son las primeras víctimas.

La Razón - Editorial

Rajoy opta por Camps

Sigue sin reaccionar ante la acumulación de indicios de financiación ilegal del PP en Valencia.

La acreditada tendencia de Francisco Camps, presidente autonómico valenciano, a rechazar con el mayor aplomo las evidencias que van apareciendo sobre la financiación ilegal del PP, está encontrando un imitador en Mariano Rajoy. "Creo que Camps debe ser el candidato en las próximas elecciones autonómicas", zanjó el presidente del PP tras la reunión de inicio de curso mantenida por la plana mayor de su partido en Toledo; lo hizo ignorando olímpicamente los nuevos y más contundentes indicios delictivos conocidos, que según la Fiscalía Anticorrupción "no dejan dudas sobre la existencia de irregularidades" en la contratación por el Gobierno de Camps con empresas de la trama Gürtel.

El nuevo informe policial, aportado al sumario sobre esa trama que instruye el juez Pedreira en Madrid, acredita nuevos casos de financiación ilegal del PP valenciano en el marco de los enjuagues a tres bandas entre la Administración autónoma, la sucursal del tinglado de Francisco Correa en Valencia, comandada por Álvaro Pérez, El Bigotes, y diversos empresarios de la zona, con la adjudicación de contratas públicas al fondo.


La lógica que viene aplicando el PP en el caso Gürtel desde la primeras diligencias del juez Garzón desafía la del común de los mortales. Esa lógica, difícilmente encajable en las reglas de los comportamientos democráticos, conduce a que aumente la intensidad de los apoyos políticos a un dirigente en la misma proporción en que se acrecientan los indicios delictivos que se ciernen sobre él y la organización que dirige. Con ello aumenta y se asume el nivel de riesgo de que un presidente de la Generalitat en ejercicio termine sentado en el banquillo de los acusados, situación nada aconsejable, aunque solo sea por la presión que supondría para la Administración de justicia.

El informe policial que documenta nuevos pagos ilegales a favor del PP valenciano por valor de 845.000 euros no ha sido elaborado a instancias de Rubalcaba, como dejan caer algunos demagogos, sino del juez instructor del caso Gürtel en Madrid. Hablar de manipulación política supone poner en entredicho a la justicia, lo que no es nuevo en la estrategia procesal del PP en este caso: desacreditar la investigación judicial, cuestionar a los jueces que la llevan e intentar que la corrupción política que esconde el caso Gürtel quede penalmente impune y sin coste político.

Contraponer el veredicto de las urnas al de un tribunal de justicia respecto de una conducta delictiva, como ha hecho Camps, supone llevar esa estrategia de descrédito de la justicia al límite. No importa que ese discurso antidemocrático no haya podido cambiar su condición de imputado por cohecho pasivo impropio, un delito de corrupción política menos grave que otros pero igualmente tipificado en el Código Penal. Es a un imputado por un delito relacionado con su cargo de presidente de la Generalitat a quien Rajoy ha decidido apoyar para su reelección.


El País - Editorial

Un Obama vergonzante

Ningún presidente norteamericano hubiera negado a sus soldados el honor de reconocerles su victoria. Obama sí, porque de alguna forma tiene que pagar un cierto peaje a los sectores más radicales que colaboraron en su victoria electoral.

El discurso de Obama desde el despacho oval anunciando el fin de las operaciones de combate en Irak siguió al pie de la letra las pautas de hipocresía y ambigüedad a que tan acostumbrada está la opinión pública europea cuando le hablan sus políticos. El problema para Obama es que los estadounidenses difícilmente aceptan ese lenguaje.

Sorprende que siendo un éxito la campaña de Irak, al contrario de lo que presagiaron la izquierda política y los medios mayoritarios, el presidente del país responsable de que los iraquíes disfruten hoy de un sistema democrático y un régimen de libertades similar al de Occidente (y pese al terrorismo islamista), no hiciera ninguna mención al hecho evidente de que la guerra se ha saldado con la victoria de la coalición que encabezaron las fuerzas armadas de las que él es comandante en jefe. Ningún presidente norteamericano hubiera negado a sus soldados el honor de reconocerles su victoria, especialmente cuando ha sido obtenida a un precio tan alto en vidas humanas. Obama sí, porque de alguna forma tiene que pagar un cierto peaje a los sectores más radicales que colaboraron en su victoria electoral, aunque para ello tenga que ofender innecesariamente a unos soldados a los que sólo cabe rendir honores en nombre de la libertad.


En todo caso, el anuncio de Obama no es una decisión personal del presidente, aunque las circunstancias escénicas de su discurso puedan hacer pensar lo contrario. Haciendo de la necesidad virtud, Obama no ha hecho más que cumplir los plazos fijados por su antecesor en el cargo, un George W. Bush que antes de dejar la Casa Blanca en 2008 ya anunció que la fase de combate finalizaría en estas fechas.

A mayor abundamiento, el presidente que encandiló a los partidarios de la rendición incondicional, como nuestro Zapatero, pensando que actuaría de modo similar no va a retirar sus tropas de Irak, que con cincuenta mil efectivos en el país van a seguir colaborando con las autoridades nacionales en el hostigamiento a los terroristas islamistas.

Obama sigue manteniendo abierta la base de Guantánamo, cumple los plazos previstos por Bush en Irak y ha aumentado los esfuerzos bélicos en Afganistán con el objetivo de exterminar la amenaza de los talibán. No debería tener de qué avergonzarse, porque es exactamente lo que se espera del presidente de la primera potencia del mundo libre. Pero para muchos, la victoria de la libertad y de la democracia sobre el terrorismo sigue siendo motivo de humillación. Allá ellos.


Libertad Digital - Editorial

Retrato de fin de ciclo

La caída en las encuestas ya no es una opinión pasajera, sino un diagnóstico formado por la falta absoluta de un proyecto para España, no solo en lo económico.

A medida que pasan las semanas se acumulan los datos sobre el debilitamiento del Gobierno y la falta de interés de su presidente en preservar la integridad política de su equipo ejecutivo. La negativa a una crisis inmediata no está produciendo el efecto de estabilizar el ruinoso estado del Gobierno, sino el de agravar la amortización de algunos de sus miembros, hasta el extremo de ignorar pautas elementales de dirección política. No tiene sentido que en un país con más de cuatro millones de parados y con la mayor tasa de desempleo en Europa el Ejecutivo tenga un ministro de Trabajo dimisionario al que se sostiene sólo para que aguante el chaparrón de la huelga general del próximo día 29. Esta falta de lógica en la conducción del Gobierno tiene su explicación, no menos grave que los efectos que provoca, en que actualmente solo hay una prioridad, que es la operación de supervivencia centrada en el apoyo del Partido Nacionalista Vasco a los presupuestos de 2011, condición imprescindible para la continuidad de Rodríguez Zapatero. Todo lo demás es secundario, incluso el cuidado de una mínima apariencia de colegialidad en el Ejecutivo socialista.

El nuevo curso político viene con una agenda elaborada con las prioridades y urgencias electorales del PSOE, que ha renunciado a plantear nuevos enfoques a la crisis económica —ahora que vuelven a empeorar los datos del paro y del consumo— o nuevos planes políticos sobre justicia, territorio, educación... No hay ninguna oferta revestida de novedad o apariencia de alternativa, aplicándose tanto el PSOE como el Gobierno a suplantar la acción directiva sobre un país en crisis por la gestión de sus problemas internos —primarias en Madrid— y de su falta de estabilidad.

A estas alturas de 2010, según los reiterados pronósticos gubernamentales, deberíamos estar notando la recuperación económica. En esto confiaban los socialistas para revertir las tendencias de las encuestas, como un velo sobre los clamorosos fallos de su gestión. Pero la caída en las encuestas ya no es una opinión pasajera, sino un diagnóstico formado por la falta absoluta de un proyecto para España, no solo en lo económico. Falta también en el plano internacional, donde los incidentes de Melilla han sido un reactivo de la debilidad diplomática del Gobierno; o en el ámbito institucional, dominado por la inefable insistencia del Gobierno en timar al Tribunal Constitucional con reformas legales que burlen su sentencia sobre el Estatuto. Y otro tanto cabría decir de la educación o el Poder Judicial. El PSOE solo ha tenido éxito en sus políticas divisoras, pero ha sido incapaz de ejecutar una sola reforma constructiva.


ABC - Editorial