viernes, 13 de agosto de 2010

Marruecos. ¡Más Alianza de Civilizaciones!. Por Emilio Campmany

¿Cómo podemos esperar que se alíe con nosotros la civilización islámica si enviamos mujeres a pedir los pasaportes de musulmanes varones hechos y derechos?

Hay que ver lo bien que nos llevamos con Marruecos desde que nos gobierna Zapatero. Es que el bestia de Aznar no sabía tratarlos. A los españoles, que abominamos de toda violencia que no sea la que consista en asediar las sedes del PP, lo de Perejil nos pareció fatal. Según nosotros, los soldados españoles están para repartir bocadillos y demás ayuda humanitaria y no para recuperar la soberanía (¿la sobera... qué?) de un pedrusco en mitad del mar.

Pues ahora resulta que entre los mandos de las Fuerzas de Orden Público todavía no hay suficientes progresistas y alguno ha tenido la ocurrencia de enviar a la frontera de Melilla a mujeres policía. Y encima, sin velo. Tan sólo tocadas con una gorra. Desde que se murió Franco, está pendiente de hacerse entre los jefes de las fuerzas del orden una limpieza a fondo que garantice su lealtad al régimen. Ya dice la ministra Chacón que nuestros soldados tienen que aprender Alianza de Civilizaciones. Pues eso mismo es lo que tienen que estudiar los policías. Si sus mandos hubieran sabido suficiente Alianza de Civilizaciones, jamás se les habría ocurrido enviar a pedir la documentación y registrar el equipaje de mahometanos de sexo masculino a policías de sexo femenino. ¿Era necesaria esta humillación? ¿No podían esas señoras haberse ocupado de cualquier otra cosa, como la limpieza de las comisarías? ¿Cómo podemos esperar que se alíe con nosotros la civilización islámica si enviamos mujeres a pedir los pasaportes de musulmanes varones hechos y derechos?


Naturalmente, el incidente no es comparable a los que provocó la tosca política exterior de Aznar, pero habrá que reconocer que las autoridades policiales no han estado en este asunto a la altura de la política progresista de Zapatero.

Lo peor es que va y viene la Brunete mediática y enseguida aprovecha el asunto para meterse con los socialistas y su política cuando el problema es que los funcionarios no saben desarrollar esa política y siguen actuando como si todavía mandara Aznar, que es lo que ha provocado el incidente. El problema no es la Alianza de Civilizaciones, sino que no se aplica con la suficiente extensión. Lo primero que enseña ésta es que hay que esforzarse por que los musulmanes que por cualquier causa estén entre nosotros se encuentren como en casa. Eso incluye que tengan una mezquita a mano, cuanto más grande, mejor, y puedan expresar sus creencias y sentimientos religiosos en público sin importar la ocasional violación de esta o aquella norma, que tampoco va a pasar nada porque se salten alguna ley, que nosotros también lo hacemos. Pero también debiera incluir el que los hijos de Alá no se vean obligados a obedecer a ninguna mujer porque se van a sentir ofendidos y con razón.

Total, que no ha habido más remedio que pedir al Rey que interceda y menos mal que lo ha hecho. Si no llega a ser por él, en vez de ver hoy como se impide el acceso a Melilla de los camiones de suministro de víveres, a lo mejor teníamos que hacer frente a la airada protesta de Mohamed VI en las Naciones Unidas, que es algo muchísimo peor.

Cada vez está más claro que necesitamos por lo menos treinta años más de socialismo para llegar a ser el estado verdaderamente moderno con el que sueña Zapatero.


Libertad Digital

Economía vigilada

ESPAÑA está bajo vigilancia. Inversores, mercados y organismos internacionales miran todo con lupa.

ESPAÑA está bajo vigilancia. Inversores, mercados y organismos internacionales no sólo miran con lupa todas y cada una de las medidas que adopta o anuncia el Gobierno español, sino que analizan cualquier declaración o incluso detalle que pueda interpretarse como una relajación en el ajuste fiscal prometido.

La publicación de las pruebas de solvencia, de la que las entidades financieras españolas salieron bien paradas, habían proporcionado en las últimas semanas cierta tranquilidad a los mercados y mejorado la percepción sobre la solvencia de la economía española. Pero un solo gesto del presidente ha bastado para que la confianza en la deuda soberana se haya derrumbado como un castillo de naipes.

Fue suficiente que Zapatero anunciara un inconcreto «alivio en el recorte de la obra pública» para que se disparara la prima de riesgo. El equipo económico se ha empleado a fondo en los últimos días en convencer a los mercados de que reducir el déficit sigue siendo el objetivo primordial. Incluso ayer, advirtió que se tomarán todas las medidas adicionales de ajuste que sean necesarias. Pero el daño ya está hecho, y una vez más costará recuperar la credibilidad.

El Gobierno debe aprender la lección y cuidar al máximo sus gestos porque la recuperación económica es aún muy débil y son muchos los que incluso vaticinan una recaída en el segundo semestre. En este entorno, la confianza en la economía española está aún bajo mínimos y el presidente y todos los miembros de su Ejecutivo deben ahorrarse cualquier gesto o tentación electoralista, que le podría ganar simpatías dentro de nuestras fronteras, pero que le puede costar muy caro a una economía vigilada.


ABC - Editorial

Las trampas de ETA

La única salida que tiene la banda terrorista ETA es la rendición incondicional, la entrega de las armas y que sus miembros asuman la responsabilidad por los actos cometidos. Ni hay ni puede haber otro camino. No existen atajos que les puedan permitir soslayar la legalidad vigente. Nunca los ha habido, aunque algunos políticos nacionalistas hayan creído que podía existir un proceso de paz que de facto convirtiera en papel mojado la Constitución y el Código Penal. No se puede negociar con delincuentes que quieren conseguir por medio del terror aquello que les niegan las urnas. Ninguna democracia lo haría. Una vez más hay que insistir en que no existe un conflicto político, sino una minoría criminal cuya catadura moral es equiparable al peor de los delincuentes. Al igual que nadie plantearía negociar con la mafia, con un asesino en serie o un pederasta hay que recordarles a los nacionalistas que defienden esa vía que no es posible hacerlo con los terroristas. No sería acertado minimizar la amenaza que representa ETA, creer que está acabada o permitir que vuelvan a las instituciones con otra tregua trampa. Por ello, la posición del Gobierno, con la inestimable colaboración del PP, es acertada porque rechaza cualquier vía de negociación y existe el claro compromiso de impedir que Batasuna, sea con el nombre o la fórmula que busque, regrese a las instituciones. Cualquier otra opción sería vulnerar la Constitución, atentaría contra la dignidad de España y comportaría olvidar a los centenares de muertos y heridos como consecuencia de los actos terroristas. Zapatero y Rubalcaba han sido muy claros en esta materia, por lo que no sólo no hay que tener ningún atisbo de duda, algo que les gustaría a los radicales, sino apoyarles firmemente en la lucha contra ETA y su aparato político. Es un grave error dar carta de naturaleza a rumores o comentarios interesados de quienes sólo buscan erosionar la convivencia y subvertir el ordenamiento legal. Al igual que el aparato político de ETA se quedó fuera del Parlamento vasco y no pasó nada; dentro de unos meses, en las elecciones municipales, la aplicación de la Ley permitirá acabar con la anomalía, como hemos venido denunciando, de que actualmente mantenga su presencia en algunos municipios. No pasará nada. La estrategia de la banda, similar a ocasiones anteriores, sería otra tregua trampa que justificara la presentación de listas presuntamente blancas pero que en realidad no son más que títeres suyos. Los vascos que se quieran presentar a unas elecciones tienen que condenar, clara y contundentemente, el terrorismo. La democracia comporta unas reglas de juego y cualquier idea se puede defender siempre que sea en ausencia de violencia y desde el respeto a los derechos humanos y las libertades públicas. Es algo tan evidente que no merece recordarlo, porque hay formaciones que defienden la independencia de sus comunidades pero lo hacen desde la aceptación de esas reglas democráticas. El problema es que ETA es un grupo criminal que ni acepta ni cree en la democracia. Es un vestigio de unas ideas totalitarias que eran características de los años de la Guerra Fría.

La Razón - Editorial

Cuando Zapatero habla sube el pan

Es inútil reprochar a Zapatero que saque la chequera a la mínima, por más que desde Libertad Digital volvamos a hacerlo una vez más y todas las que sea preciso. Es su naturaleza. La única salida para España es que salga del Gobierno. Lo antes posible.

Las declaraciones del presidente del Gobierno el pasado martes, cuando afirmó que se habían pasado en el recorte del déficit y que iban a incrementar el gasto, han provocado la reacción natural: una desconfianza absoluta en España y quien la dirige. Para entenderlo hay que recordar siempre que eso que se ha dado en llamar "los mercados" –cuando no "los especuladores"– no es más que un conjunto de personas y entidades que se dedican a invertir dinero, el propio y, sobre todo, el de otros: fondos de pensiones, de inversión, etc. Como cualquiera en su situación, evalúan tanto el riesgo de perder el capital como la rentabilidad que esperan obtener. De modo que cuanto más miedo tengan a un impago del Reino de España, más rentable tendrá que ser la inversión en deuda pública de nuestro país para que estén dispuestos a asumir el riesgo.

En sólo dos días, las palabras de Zapatero han provocado que en su conjunto los inversores estimen que hace falta que se les pague un 18% más para que les merezca la pena el riesgo. Es decir, que todos los españoles tendrán que pagar un 18% más de intereses para que José Blanco pueda sonreír satisfecho ante la perspectiva de poder reanudar varias obras públicas situadas todas ellas, oh sorpresa inesperada, en reconocidos feudos socialistas. Es decir

Sin duda, es cierto que el gasto en obra pública suele ser más productivo que en las miríadas de subvenciones, sueldos y derroches varios a los que nos tienen acostumbrados los socialistas de todos los partidos. También lo es que ésta no es una regla general, pues en tal caso bastaría gastarse el dinero de los impuestos en abrir zanjas para después cubrirlas para atraer una infinita prosperidad. No hay más que ver la cantidad de obras inútiles con las que se ha derrochado en multitud de municipios españoles el dinero de los planes E. Pero aún así podríamos llegar a estar de acuerdo con que no es el peor destino que podría darse a los impuestos.

Sin embargo, estamos en la situación lamentable en la que estamos por habernos excedido más de lo normal en gastar lo que no tenemos. No estamos en una situación de equilibrio presupuestario o de cierto superávit, sino ante un enorme déficit que las medidas del Ejecutivo sólo han paliado levemente. Y pese a ello, en cuanto Zapatero se ha sentido mínimamente libre de la presión de los inversores ha decidido tirar de chequera, con las consecuencias que cabía esperar.

Es inútil reprochárselo, por más que desde Libertad Digital volvamos a hacerlo una vez más y todas las que sea preciso. Es su naturaleza. La única salida para España es que salga del Gobierno. Lo antes posible.


Libertad Digital - Editorial

La ofensiva de Marruecos

Zapatero ha utilizado ya la intervención de Su Majestad el Rey, la herramienta de mayor calibre de la que dispone, y no ha logrado calmar las aguas en la frontera de Melilla.

EL objetivo estratégico esencial de la política internacional del Gobierno ha de ser la defensa de los intereses españoles, para lo cual las buenas relaciones con Marruecos pueden ser un elemento importante, pero no al revés. No es razonable supeditar una buena parte de la acción exterior española al objetivo de complacer al régimen marroquí, pero el Gobierno quiso convertir en prioridad el mantenimiento de una relación fluida con Rabat y ahora se encuentra en medio de una difusa crisis diplomática mientras que desde Melilla le reprochan —con razón— que ha perdido de vista los intereses españoles y la utilidad de algunos de los instrumentos para defenderlos. Rodríguez Zapatero ha utilizado ya la intervención de Su Majestad el Rey, la herramienta de mayor calibre de la que dispone, y todavía no ha logrado calmar las aguas en la frontera de Melilla y, lo que es peor, ni siquiera está claro cuáles son las verdaderas razones por las que se está produciendo una efervescencia en estas fechas del comienzo del mes del Ramadán, un momento tan significativo para los musulmanes.

Marruecos es un país con el que nos unen muchas cosas, pero otras muy importantes nos separan. La primera de ellas es que la española es una sociedad democrática, cimentada en el imperio de la ley, y a Marruecos le falta mucho para poder decir lo mismo. Cuando Mohamed VI toma una decisión no tiene que rendir cuentas a nadie, lo que hace muy complicadas las equivalencias con la capacidad de maniobra de un Gobierno democrático y un Monarca sin facultades ejecutivas. Este tipo de situaciones serían impensables si se dieran con un país democrático, pero el Gobierno actúa como si ignorase deliberadamente esta circunstancia, mientras que el régimen marroquí tiene muy claros cuáles son sus intereses y no abandona ni disminuye sus aspiraciones territoriales sobre las ciudades autónomas.

La presión sobre la frontera española en Melilla —y en el Mediterráneo, a través de la llegada de pateras— es algo que depende directamente de la voluntad del Gobierno marroquí, y se trata de un factor que será utilizado para presionar a las autoridades españolas. El Ejecutivo de Zapatero puede seguir pensando que lo prioritario es calmar la irritación de los marroquíes, con lo cual les estará dando razones para que sigan azuzando las protestas y debilitando la autoridad de la Policía española en la frontera, o ponerse de una vez y de forma incondicional del lado de los intereses españoles.


ABC - Editorial

jueves, 12 de agosto de 2010

El cinismo de las primarias. Por Edurne Uriarte

Sobre el odio y las maniobras de destrucción mutua, las primarias no inventan nada que no exista en un partido político.

No hay seguramente un proceso en el que los políticos mientan tanto como en unas primarias. En el que presionen y coaccionen con tal entusiasmo para lograr un voto. En el que eleven las cotas de odio internas hasta niveles inigualables. Por eso asombra que aún queden entusiastas partidarios de las primarias, sobre todo fuera de la militancia de los partidos, claro está.

El proceso autodestructivo sigue habitualmente las mismas pautas que las de Gómez y Jiménez en Madrid. La cosa empieza inevitablemente con una crisis de partido, o, lo que es lo mismo, con la desesperación por los años fuera del poder y las escasas perspectivas de recuperarlo. Y sigue con la impotencia del líder supremo que ni tiene ideas brillantes para salir del marasmo ni para imponer su candidato.

Todo lo anterior es «celebrado» por los protagonistas de la crisis con solemnes declaraciones sobre las virtudes de la democracia interna. «Es un éxito de la democracia», le ha llamado Gómez a la pelea de los socialistas en Madrid. O «se me ha ocurrido a mi solita presentarme», ha resumido Jiménez la orden de Zapatero de enfrentarse a Gómez. A lo que seguirán más celebraciones sobre la democracia que viene a continuación y que consiste en las presiones más navajeras que quepa imaginar para ganar la partida. En una batalla en la que los líderes dirigirán el proceso exactamente igual que en el resto de la vida partidaria, pero con más horas de móvil y de agrupación.

Sobre el odio y las maniobras de destrucción mutua, las primarias no inventan nada que no exista en un partido político. Pero ayudan a que se fortalezcan y se exhiban públicamente. «Después de ver lo que ha hecho Ferraz, me he hecho entusiasta de Gómez», que ha dicho Matilde Fernández en la versión apta para todos los públicos.

Y ni así, me atrevo a augurar, se acabará el arraigado mito de las primarias en España.


ABC - Opinión

No pasa nada en Melilla. Por Hermann Tertsch

El presidente nos comunicó que nos llevamos estupendamente con nuestro vecino. Es decir, no pasa nada.

EL martes les informaba de la evidencia de que nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, estaba de vacaciones. Hoy les confirmo que el ministro sigue de vacaciones. Se supone que en Francia, país vecino. Si hubiera tenido más sentido de la oportunidad y la energía para resistir la fuerza de las costumbres, Moratinos estaría hoy en otro país vecino nuestro, Marruecos. Porque parece muy urgente aclarar una serie de cuestiones con el régimen del Rey Mohamed, decidido a demostrarnos una vez más la capacidad que tiene para fabricar conflictos con España y, ante todo, para acosar a la ciudad española de Melilla. La escalada de la tensión es continua en los últimos días y las amenazas de bloqueo del comercio terrestre con Melilla se multiplican. La situación es lo suficientemente grave como para que ayer el Rey Juan Carlos considerara oportuno llamar a su amigo el Rey marroquí. Y lo que quizá sea más importante, que nuestro Jefe de Estado creyera necesario hacer público el hecho de la llamada. Hace muy bien el Rey en preocuparse y en utilizar esa conexión directa con el Monarca alauí, que solo él tiene. Quizás así España disponga al menos de alguna información sobre lo que pretende el régimen marroquí con esta nueva campaña contra intereses españoles.

Porque si la ciudadanía española —especialmente la melillense— espera algún tipo de ayuda o explicaciones de nuestro Gobierno, demuestra de nuevo una ingenuidad conmovedora. Porque este Gobierno, que anunció su renuncia al descanso estival para estar plenamente concentrado en los avatares de la crisis y sus efectos, está de vacaciones. Si no se lo creen, echen una ojeada a la agenda del Gobierno que publica La Moncloa y reproduce estos días ABC. El lunes la única actividad gubernamental fue la firma de un convenio municipal en Ibiza por parte de la ministra de Vivienda. El martes, la única cita oficial de todo el Gobierno registrada en la agenda fue el encuentro de Zapatero con el Rey. Un auténtico frenesí. Preguntado Zapatero tras el encuentro con el Rey por la referida escalada de la tensión en la frontera marroquí de Melilla, el presidente nos comunicó que nos llevamos estupendamente con nuestro vecino. Es decir, no pasa nada. Otra vez prevalecen la ocultación, la mentira y el desprecio a los intereses españoles y la simulación grotesca de un idilio inexistente. Mientras el Gobierno marroquí, hiperactivo, coordina el hostigamiento a nuestra frontera, nuestro Gobierno dice apostar por «el diálogo y la información». Ya dirán lo mucho que sirve esa postura angelical, que en realidad no es nada y ninguna, cuando las organizaciones marroquíes, que no mueven un dedo sin permiso del régimen, colapsan el comercio de nuestros conciudadanos melillenses. Y vuelven a ensayar el asedio a la ciudad española. Porque no se trata de otra cosa.

ABC - Opinión

La obsesión por Madrid. Por M. Martín Ferrand

Lo de Lissavetzky parece desesperado y extremo. No se ajusta al casting que requieren las circunstancias.

UNA ciudad, como Madrid, que baila el chotis —schottisch, en sus orígenes— puede permitirse el lujo de tener un alcalde que se apellide Lissavetzky. Otra cosa será averiguar si al actual secretario de Estado para el Deporte sirve para chulapo, si le sienta bien lo que los castizos llaman parpusa, la gorra de cuadros blancos y negros con visera que se inventó Carlos Arniches para dotar a la capital de España de un casticismo del que andaba escasa. Jaime Lissavetzky anunciará hoy su propósito de presentarse a las elecciones municipales para Madrid como cabeza de lista por el PSOE y sospecho el rictus de comprensión condescendiente que se habrá dibujado en la sonrisa de Juan Barranco, heredero de Enrique Tierno Galván y último alcalde socialista, destituido en una moción de censura, que tuvieron los madriles.

Mucho le obsesionan a José Luis Rodríguez Zapatero la Comunidad y el Ayuntamiento madrileños. Es natural. Las previsiones legislativas le flaquean en tres de sus manantiales históricos, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña, y, a la vista de la inexpugnabilidad de la Comunidad Valenciana, solo Madrid puede aportarle los votos y escaños suficientes para que el PSOE permanezca en La Moncloa. Con todo, lo de Lissavetzky parece desesperado y extremo. No se ajusta al castingque requieren las circunstancias. Tierno, que era un personaje grande y resultó ser un alcalde pequeño, ofrecía progresismo, diferenciación, algarabía y movida; pero, ¿qué puede ofrecernos este madrileño de nacimiento, con cara de espía alemán en una película de serie B, y que, impulsado por su formación científica, lleva seis años en su cargo más atento al pis que a las marcas de los deportistas de su jurisdicción?

Durante los últimos veinte años el centro derecha se ha sucedido en capacidades y brillos al frente del Ayuntamiento capitalino. Agustín Rodríguez Sahagún, a quien la enfermedad le limitó el mandato, fue un gran alcalde y José María Álvarez del Manzano le devolvió a la Villa el sosiego y la cordialidad que le habían quitado la movida y otras zafiedades socialdemócratas. Ahora, Alberto Ruiz-Gallardon ha transformado la ciudad y, aun endeudándola en demasía, merece generalizados aplausos. Ha difuminado con los hechos a la oposición socialista municipal y tiene que llegar un paracaidista para cumplir el trámite de un adversario electoral. Solo cabe esperar que, cuando se cuenten los votos y resulte ser el jefe de la oposición, Lissavetzky sea más fiel a sus votantes de lo que lo fueron Trinidad Jiménez y Miguel Sebastián, dos desertores que se dieron a la fuga del Concejo.


ABC - Opinión

Izquierda y franquismo. La rebelión de las mascotas. Por Alberto Gómez Corona

La sociedad estaba tan permeada por la propaganda de izquierdas y sus instituciones tan dominadas por ésta que, aun derrotada ideológicamente, la izquierda sobrevive de la reverberación de esa propaganda, sin necesidad de una gran teoría que la sostenga.

Nunca una tragicomedia televisiva me ha hecho reír y llorar tanto como el otro día. En un par de horas, vi desfilar en la televisión el enésimo entierro del sentido común, un catálogo de consecuencias y su restitución cómica, grotesca, vergonzante. Zapeando un par de canales progres, primero vi un programa de "noticias" antifranquistas cuestionando la autoridad. Luego, noticias de ataques terroristas islamistas, después grupos de adolescentes que siembran el terror por las piscinas. A continuación, utilizando métodos autoritarios, vi a un señor que se dedica a enderezar niños conflictivos que tienen a sus padres contra las cuerdas y, de corrido, a un entrenador de mascotas salvajes que tienen a sus dueños esclavizados.

Una cultura se renueva a si misma mediante la recitación y representación simbólica de la historia sagrada de su fundación. Un principio que se aplica tanto a las sociedades míticas primitivas como a nuestra sociedad moderna, progresista y "científica". La España de la post-transición se fundamenta en la convicción, compartida, de la culpabilidad del franquismo y en general de la derecha. Todo lo demás fluye de esto. La sociedad progresista requiere para su continua vitalidad el periódico ensayo y recuerdo del franquismo, que convierte en representación del mal a toda nuestra historia y a los españoles no-izquierdistas que la representan, y como representación del bien este régimen y los izquierdistas de todos los partidos.

Este rechazo radical del pasado no es una peculiaridad española. No es por la dictadura. Ni siquiera es una peculiaridad europea. De hecho el párrafo anterior lo he parafraseado de una página web norteamericana, cambiando EEUU por España y "racismo" por "franquismo". Hubiera sido idéntico utilizando el colonialismo y cualquier otro país europeo. Si no existiera la excusa de la dictadura posterior al golpe socialista, entonces la izquierda en España esgrimiría nuestro pasado colonial. La sociedad, antes de la caída del Muro, estaba tan permeada por la propaganda de izquierdas y sus instituciones tan dominadas por ésta que, aun derrotada ideológicamente, la izquierda sobrevive de la reverberación de esa propaganda, sin necesidad de una gran teoría que la sostenga. En realidad la ideología sobra cuando se tiene la religión y los ritos.

Los que han soportado la parte final de los telediarios de la primera, con su sección fija dedicada a la maldad del franquismo y en general de la derecha, saben que estamos hablando de actos de afirmación religiosa mucho más vivos que la programación de los domingos por la mañana. De esa demonización sacralizada del pasado se puede extraer una filosofía de vida completa. Por ejemplo, si históricamente se valoraban la autoridad, el valor, la lealtad y la educación, se concluye por un silogismo implacable que todas esas cosas son malas o despreciables. No es extraño que los terroristas vayan ganando la guerra y hasta las mascotas manden a sus anchas por las casas.


Libertad Digital - Opinión

Clientelismo sin clientela. Por Ignacio Camacho

La vigilancia de los mercados ha levantado una sombra implacable sobre las tentaciones clientelistas del Gobierno.

EL clientelismo es una estrategia política muy rentable siempre que existan fondos públicos para complacer a la clientela. El problema surge cuando faltan recursos con los que sostener un sistema que se basa en el reparto de ayudas, subvenciones y contratos; la gente se acostumbra a recibir y tiende a cabrearse si merman las dádivas y beneficios. Donde no hay harina todo es mohína. Al convertirse en un régimen clientelar, asentado durante el felipismo y sólidamente establecido en comunidades como Andalucía, Castilla-La Mancha o Extremadura, la socialdemocracia española ha vinculado su hegemonía a la disponibilidad presupuestaria, que la crisis ha cercenado de una manera descarnada tras dos años de alegre despilfarro zapaterista. El principal enemigo actual del clientelismo lo constituye un sujeto sin rostro al que se ha dado en llamar «los mercados»; inversores anónimos que sostienen la deuda pública y también son, a su manera, clientes del Estado. Clientes que quieren cobrar sus préstamos y exigen garantías financieras con crudeza y sin remilgos.

La vigilancia de los mercados ha levantado sobre el Gobierno una sombra implacable e incómoda. El nuevo avatar reformista de Zapatero les complace en tanto se muestre fiel al mandato explícito del ajuste, pero el presidente necesita hacer guiños a su parroquia política si quiere recoger algún rédito electoral. Los recortes forzosos le han dejado telarañas en la chequera y en las autonomías y ayuntamientos crece un clamor urgente y pesaroso de necesidades de gasto ante las elecciones de 2011. Como dicen algunos dirigentes del PSOE andaluz —un partido que ha construido una red clientelar de asombrosa urdimbre social—, «tenemos que darles cositas a los nuestros». El problema es que esas cositas cuestan un dinero que el Estado ya no puede obtener ni a crédito.

El martes, Zapatero amagó en Mallorca con un alivio de las restricciones inversoras de Fomento —«reprogramación» es el eufemismo de la simple cancelación de proyectos o de su dilación sine die— para darle aire a la demanda de gasto y los mercados reaccionaron con una crueldad fulminante y despiadada: aumentaron nueve puntos la prima de riesgo española y volvieron a incrementar el spread, el diferencial con el bono alemán cuya estabilidad tortura al presidente desde que se ha enterado de su existencia. Esta gente del dinero es muy quisquillosa y no toma vacaciones. Su respuesta rápida e inclemente sitúa al Ejecutivo socialista bajo la presión de una doble tenaza: de un lado los prestamistas internacionales y de otro los electores de tierra adentro. Entre ambas clientelas bascula el estrecho margen de decisión de un Gobierno cuyas opciones se reducen ya a elegir a quién defrauda. Si desengaña a los votantes perderá las elecciones; si enfada a los mercados arruinará al país y, al final, acabará perdiendo también el poder.


ABC - Opinión

La diplomacia del Rey

No es necesario glosar la inestimable aportación de Don Juan Carlos a la historia reciente de España. Desde que asumió la Corona ha prestado tantos y tan relevantes servicios que ha hecho que no exista ningún debate alrededor de la Monarquía. No hay una institución más querida y respetada por los españoles. Y lo es, además, a enorme distancia de cualquier otra. Desde 1975 hasta hoy, ha cumplido ejemplarmente con el papel moderador de la jefatura del Estado y ha mostrado la extraordinaria eficacia de la institución, no sólo en momentos difíciles sino en su actividad cotidiana. Uno de los aspectos más relevantes del rey es su papel como «embajador» de España en el mundo. Es una faceta fundamental de su servicio y entrega a la Nación, donde puede aprovechar, además, el prestigio que ha conseguido durante estas décadas que ha estado al frente de la Jefatura del Estado. Don Juan Carlos es el español más universal de su tiempo. La credibilidad con que cuenta entre los máximos responsables de otros países es una baza fundamental en nuestra política exterior, al margen de quién sea el titular de la presidencia del Gobierno. Un ejemplo de esta eficacia y utilidad se pudo comprobar ayer con la conversación telefónica que mantuvo con el rey de Marruecos. Don Juan Carlos y Mohamed VI quisieron evitar los malentendidos o pequeños problemas que han surgido en la frontera entre España y Marruecos en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Desde hace una semana se ha ido generando un conflicto tan absurdo como inconsistente sustentado en unos incidentes fronterizos menores. Las acusaciones marroquíes contra la Guardia Civil y la Policía no tienen ningún fundamento, pero hubieran podido comportar una escalada de confrontación muy perjudicial para ambos países. La frontera española con Marruecos es un lugar tan complicado en su gestión como sensible políticamente. Por ello, es fundamental que nada pueda perturbar las buenas relaciones bilaterales en las que, cabe recordar, el beneficio es recíproco. Más allá de algunas salidas de tono de algunos dirigentes marroquíes, muchas de ellas en clave de política interna, lo único importante es profundizar en los muchos aspectos que nos unen y superar los pocos que nos separan. Don Juan Carlos representa la continuidad en la máxima institución del Estado y su prestigio se debe a que está al margen de las luchas o las discrepancias entre partidos. La conversación con Mohamed VI se sustenta en la confianza entre ambos soberanos tras años de conocimiento mutuo. El soberano alauita sabe que ningún otro interés que el servicio a España mueve a Don Juan Carlos y que es compatible con el profundo afecto y respeto que siente por Marruecos. La misma confianza que tuvo con su padre, en tiempos muy complicados, la tiene ahora con el hijo. El Gobierno tiene que aprovechar lo sucedido para seguir fortaleciendo las relaciones con el país vecino y ayudarle, con prudencia y eficacia, en su proceso de democratización y en un desarrollo económico que lo acerque a los parámetros de la UE. España necesita un Marruecos estable, democrático y desarrollado.

La Razón - Editorial

La negociación encubierta

Lo que nos ocupa en estos momentos es el reconocimiento de la existencia misma de un proceso de negociación con ETA que, con mediadores o sin mediadores internacionales, el Gobierno ha venido negando de manera sistemática.

Las reiteradas advertencias que Mayor Oreja viene haciendo desde hace tiempo sobre la persistencia de una negociación encubierta entre el Gobierno de Zapatero y ETA han sido claramente reforzadas por las declaraciones que este miércoles ha hecho a Europa Press el mediador profesional y asesor del entorno proetarra Brian Currin. El abogado sudafricano considera que la política de acercamientos de presos etarras a cárceles del País Vasco "puede ser un factor importante que puede contribuir a ayudar a avanzar el proceso". Según Currin, "la situación está en un punto muy delicado, pero estoy confiado en que se están haciendo progresos. No puedo decir más al respecto".

La verdad es que no hace falta que Currin diga, por ahora, nada más al respecto, puesto que lo que nos ocupa en estos momentos es el reconocimiento de la existencia misma de un proceso de negociación que, con mediadores o sin mediadores internacionales, el Gobierno ha venido negando de manera sistemática.


Algunos podrían pensar que este abogado no es más que un negociador todavía en busca de una negociación, de un oportunista con afán de notoriedad. Pero lo cierto es que el Gobierno ha tenido mucho tiempo para aclararlo –y no lo ha hecho– desde que el pasado mes de marzo Currin impulsara, con el apoyo de buena parte de los mediadores-facilitadores de la primera fase del proceso de paz, la llamada Declaración de Bruselas. Esa apuesta por una segunda negociación fue apoyada, entre otros, por la Fundación Nelson Mandela; los premios Nobel de la Paz Frederik Willem de Klerk, Desmond Tutu, John Hume y Betty Williams; y antiguas personalidades políticas como Mary Robinson, Albert Reynolds o Jonathan Powell. Es evidente que todo ello no se habría podido llevar a cabo sin la condescendencia del Gobierno español, cuyo presidente, lejos de repudiarlo, afirmaba hace tan sólo unas semanas que "el proceso de paz fue un instrumento que aceleró las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia, debilitando de una manera clara a ETA".

Por otra parte, si el acercamiento de los presos de ETA no está inmerso en un proceso de diálogo, ya sea directo o indirecto, con la propia banda, ¿por qué esa falta de transparencia? Si estos acercamientos de presos no forman parte de una estrategia de apaciguamiento por la vía de la concesión, ¿por qué ocultar a las víctimas el supuesto arrepentimiento de sus verdugos?

Téngase en cuenta además que las declaraciones del mediador sudafricano y la relajación de la política penitenciaria no son las únicas que avalan la existencia de una negociación encubierta. Ahí están las no muy lejanas declaraciones del propio dirigente del PSE, Jesús Eguiguren, en las que afirmaba que "después del verano" se verá que "Batasuna vive un nuevo ciclo en el que apuesta por las vías pacíficas exclusivamente". Pero si no mantiene contacto, ¿cómo lo sabe Eguiguren? ¿Por ciencia infusa?

Eso, por no hablar de dirigentes del PNV, como Urkullo y Eguibar, que desde hace tiempo, lejos de desmentir a Mayor Oreja en este punto, han mostrado su convicción de que los socialistas siguen buscando lo que llaman "vías de pacificación extramuros del parlamento". Claro que no hace falta salirse del parlamento. Basta recordar la declaración que se aprobó en el Congreso y en la que se apuesta por el "fin dialogado de la violencia". Lejos de derogarla, todo indica que el Gobierno de Zapatero sigue ejercitándola.


Libertad Digital - Editorial

El recurso a la diplomacia real

Si la causa del malestar en Rabat era la supuesta frialdad con la que España había despachado sus quejas, con la intervención de Don Juan Carlos deberían darse por satisfechos.

LAS relaciones normales entre dos países vecinos pueden estar salpicadas de momentos de malestar, pero resulta muy complicado tratar de poner remedio a uno de esos episodios cuando, al dispararse la tensión diplomática, Marruecos no aclara bien cuáles son las causas últimas que lo han provocado. Conociendo la larga e intensa historia de las relaciones hispano-marroquíes, no es fácil creer que unas supuestas actitudes irrespetuosas por parte de los agentes de Policía españoles destinados en las instalaciones fronterizas de Melilla puedan ser la causa de una situación que ha requerido nada menos que la intervención directa de Su Majestad el Rey. De ser cierto que tales circunstancias se han producido en la frontera, el caso no debería haber pasado de un intercambio de cartas entre instancias administrativas, pero, por razones todavía ocultas, Rabat ha preferido elevarlo al rango de grave incidente diplomático. La gran influencia de Don Juan Carlos en las relaciones con nuestro vecino del sur es indudable y, como era de esperar, su conversación telefónica con Mohamed VI de Marruecos ha servido para calmar las aguas, de forma que ha quedado claro que las buenas relaciones entre los dos países siguen siendo un objetivo prioritario para ambos. Si la causa del malestar en Rabat era la frialdad con la que consideran que España se había ocupado de sus quejas, hay que decir que con la intervención de Don Juan Carlos deberían considerarse más que satisfechos. Pero si, como temen otros, hay asuntos velados más graves en el fondo del caso, ¿a qué instancias se podría acudir para hacer frente a la tensión con Marruecos?

Algunos aspectos centrales de la política exterior del Gobierno socialista, como las relaciones con Marruecos, han estado desenfocados desde un principio. Por el paso fronterizo de Melilla entran y salen de España cada día más de 30.000 personas, y no es conveniente desautorizar a los funcionarios que con gran esfuerzo y profesionalidad tratan de mantener el orden en esas circunstancias, sino reforzar la presencia policial para evitar tensiones en una frontera cuyos antecedentes son de sobra conocidos. Si esa era la fuente del malestar de Marruecos, de este modo debería darse por superada. En el caso de que Rabat tuviese otros reproches que hacerle a España, debería decirlos más leal y claramente y el Gobierno, escucharlos, pero sin perder de vista que hay cosas más importantes para España que resolver los problemas de imagen de su vecino.

ABC - Editorial

miércoles, 11 de agosto de 2010

Zapatero en descomposición. Por Edurne Uriarte

La supina torpeza cometida por Zapatero con Tomás Gómez es propia de un liderazgo en descomposición, el de Zapatero.

La supina torpeza cometida por Zapatero con Tomás Gómez es propia de un liderazgo en descomposición, el de Zapatero. Descomposición que, como en otros casos antes que el suyo, tiene como primer rasgo que el último en enterarse del mismo es el propio líder. Incapaz de entender, primer elemento de su torpeza, que él ya no está para imponer candidatos en ningún sitio. Por la sencilla razón de que la gente tiende a rebelarse contra los jefes sentenciados a un próximo e inevitable final político, que ni dan miedo ni tienen ya nada con qué recompensar.

Incapaz de entender, segundo elemento de la torpeza, que el nombre del líder, Jiménez o Gómez, influye poco o nada en la dirección del voto en nuestro sistema de partidos. Pues los españoles votan a los partidos y no a los líderes, cosa que un político como Zapatero, pendiente hasta la obsesión de las encuestas, debería saber, sin necesitar dos tardes adicionales de Ciencia Política, además de las de Economía.

Incapaz de entender que la ventaja de imagen de Jiménez en las encuestas no va a producir ninguna alteración en la intención de voto. Sobre todo, porque es la trayectoria del socialismo nacional la que ha dañado irremediablemente las posibilidades del socialismo madrileño, que puede traerse al mismísimo Obama y ni así llega al Gobierno regional.

E incapaz de concluir de todo lo anterior, y este es el tercer y más llamativo elemento de su torpeza, que su capricho de Madrid va a costarle unos cuantos jirones más de su ya maltrecho liderazgo. Entre los militantes, especialmente, que asistirán al navajeo interno propio de unas primarias sin haber entendido para qué hacía falta este destrozo adicional.

Y que pueden concluir, a falta de mejores respuestas, que para el propio ego de Zapatero. Para demostrarse a sí mismo y a los demás que aún puede imponer un candidato y echar al que le ha salido respondón.


ABC - Opinión

De tal palo... Por José María Carrascal

Trinidad Jiménez ha comenzado su campaña electoral con tres mentiras de campeonato.

PRIMERA mentira: «Llevo bastante tiempo pensando en esta decisión que he tomado hoy». Durante las últimas semanas e incluso meses, Trinidad Jiménez no ha dado la menor señal de estar interesada en la presidencia de la Comunidad de Madrid. Al revés, daba muestras de que lo estaba pasando bomba como ministra de Sanidad. Dado su carácter expansivo, resulta impensable tal ocultación.

Segunda mentira: «Me lo han pedido muchos dirigentes y muchos militantes». No existe constancia de que un solo dirigente o militante socialista se lo haya solicitado de forma directa o indirecta. Y miren ustedes que hablan los tíos.
Tercera mentira: «El presidente no me lo ha pedido». Una de dos, o no considera a José Luis Rodríguez Zapatero dirigente o militante del PSOE o no ve la tele, no escucha la radio y no lee los periódicos, pues todos esos medios han dejado constancia de la clara preferencia del presidente por ella, «buenísima», sobre Tomás Gómez, meramente «bueno» para el cargo. ¿Y no se enteró tampoco de que pidió a su rival que se retirase?


Resultado: no sabemos si Trinidad Jiménez es buena, mala, regular o buenísima candidata a la presidencia madrileña, pero sabemos que miente como su jefe, habiendo comenzado su campaña electoral con tres mentiras de campeonato. Siendo de esperar que siga por ese camino, pues mentir, como comer y cantar, todo es empezar. Aparte de que el mentiroso se ve obligado a seguir mintiendo para ocultar sus previas mentiras.

Ya verán ustedes cómo se nos explica que Trinidad cambió los duros bancos de la oposición en el ayuntamiento de la capital tras perder su envite a la alcaldía por los cómodos sillones de la Secretaría de Estado para Iberoamérica y del Ministerio de Sanidad para hacer un favor a los madrileños. Lo que puede ser en el fondo cierto, pues su superficialidad es lo que menos conviene hoy a Madrid y a su partido.

Más me preocupa si esa campaña pro Jiménez viene acompañada de otra anti Gómez, que incluya todo tipo de insidias, para acabar con el candidato natural del partido como sea, golpes bajos incluidos. Pues no es ya Trinidad Jiménez la que se la juega. Es el propio Zapatero quien se juega su autoridad y su prestigio en la apuesta. Una derrota de su candidata sería una derrota suya, por mucho que intente camuflarse, aparte que no puede camuflarlo mucho, ya que tiene que emplearse a fondo para atraer a la mayor cantidad de socialistas madrileños hacia ella. El partido, o más exactamente, la corte de clónicos que le rodea, lo sabe y va a lanzarse sobre el «bueno» de Tomás Gómez como si fuera el mísmísimo Rajoy. Y es que la política hace no sólo extraños compañeros de cama, sino enemigos de lid.


ABC - Opinión

Electoralismo y corrupción. Por M. Martín Ferrand

La situación no es, todavía, desesperada, pero Zapatero puede conseguir, sin esfuerzo, que llegue a serlo.

ACOSTUMBRO desayunarme con una taza de té negro, pan tostado, aceite de oliva y una pizquita de sal; pero, desde ayer, a la vista de la previsiones económicas del BBVA y de los augurios del sabio profesor Juan Velarde, he suprimido la sal y el aceite. Hay que ahorrar y ponerse al pairo, más en la meditación que en el consumo, para prevenir la que se nos viene encima. La situación no es, todavía, desesperada; pero, a juzgar por sus indecisiones y dichos contradictorios, Zapatero puede conseguir, sin esfuerzo, que llegue a serlo. Según el servicio de estudios del banco que preside Francisco González, sería imprescindible, para que la realidad se acercara a las previsiones de crecimiento que maneja el Ejecutivo, una más rigurosa consolidación del sector financiero, profundizar en la reforma laboral, la drástica reforma de las pensiones, recortar el gasto corriente en las Administraciones, disminuir los impuestos directos, subir los indirectos y reducir el déficit energético. Pregunto: ¿alguien es capaz de imaginar a José Luis Rodríguez Zapatero al frente de un programa como el que reclaman los estudiosos bancarios? Vuelvo a preguntar para que no broten falsas esperanzas: ¿se atrevería Mariano Rajoy con un plan que, a cambio de la salud económica nacional, requiera el suicidio político de quien lo promueva y ejecute?

El electoralismo, la peor de las corrupciones de la democracia en tanto que antepone el interés particular de los partidos al general de la Nación, tiende a impedir que las grandes soluciones remedien los problemas grandes. Quizá por eso, Velarde, en quien se juntan el conocimiento profundo y la experiencia larga, anuncia que nuestra crisis puede convertirse en decadencia «si no se toman medidas más enérgicas» y no descarta, «a la vuelta de la esquina», un corralito como el que, ya va para veinte años, instauró en Argentina el Gobierno de Fernando de la Rúa. Entre otras restricciones institucionales y ciudadanas, los particulares no podían retirar de sus cuentas bancarias más de 250 dólares semanales.

Lejos de abundar en estas cuestiones, en las que nos va el pan de cada día, el Gobierno se entrega a unas raras maniobras electorales en Madrid y la Oposición, a opinar sobre ellas. Más parece que ambos estén entregados a la defensa y conservación de su propio empleo que a la búsqueda de remedios útiles. Algo exigible, pero incompatible con la realidad partitocrática en la que nos hemos instalado. Trinidad Jiménez es muy maja; Tomás Gómez, muy valiente; Esteban González Pons, muy ingenioso; pero, ¿hay alguien dispuesto a concentrarse en lo fundamental?


ABC - Opinión

Coche eléctrico. Zapatero S.A.. Por Manuel Llamas

En el mercado libre cuando un empresario fracasa es únicamente su capital el que se resiente. Zapatero es un nefasto empresario, pero sus proyectos perduran en el tiempo porque preside una S.A. muy especial llamada Estado.

¿Se imaginan a Zapatero dirigiendo una empresa? Pese a tratarse de una utopía, la verdad es que los ejemplos sobre la valía emprendedora del presidente no faltan. De hecho, abundan por doquier. Si algo caracteriza a un empresario de éxito es, sin duda, su capacidad para descubrir una oportunidad de ganancia mediante la satisfacción de las necesidades del consumidor. Para ello ha de prever parcialmente el futuro, ya que arriesgará su capital para producir un bien o servicio con la expectativa de que éste sea demandado a un precio siempre superior al de su coste de producción.

Bajo esta premisa, Zapatero no tiene precio como empresario por ser éste, simplemente, nulo. Sus iniciativas emprendedoras han obtenido un rotundo fracaso. Y no me estoy refiriendo al desastroso conglomerado de empresas públicas (estatales, autonómicas y locales) que arrojan pérdidas mil millonarias año tras año a costa del sufrido contribuyente sino a la innata capacidad del presidente para orientar, a golpe de talonario público, la producción de determinados sectores hacia proyectos ruinosos.


Por poner tres ejemplos, cabe destacar el fiasco de las energías renovables, el desastre de la vivienda pública (VPO) y el ridículo del coche eléctrico. La política energética verde impulsada por el Gobierno supone más de 6.000 millones de euros anuales en subvenciones y ha terminado por configurar un sistema eléctrico enormemente costoso, caro e improductivo. No obstante, el déficit tarifario sigue creciendo al tiempo que la factura que paga la industria española es un 17% superior a la media europea. Hasta el ministro de Industria entona ya el mea culpa. El problema es que el daño ya está hecho y se materializará en nuevas subidas de luz e impuestos.

Por otro lado, el Ejecutivo insiste en invertir dinero público en la construcción y alquiler de viviendas en un momento en el que España cuenta con cerca de 1,5 millones de pisos nuevos a la venta. Lejos de dar marcha atrás, la ministra del ramo, Beatriz Corredor, señala que "ahora el Ministerio de Vivienda tiene más sentido que nunca". El Estado sigue destinando miles de millones a levantar pisos y a financiar promotores, es decir, a despilfarrar los escasos recursos de los españoles. Además, Corredor afirma que "la Sociedad Pública de Alquiler (SPA) ofrece un servicio único". ¡Y tan único! El Gobierno mantiene en pie una inmobiliaria técnicamente quebrada desde 2008.

Pero algunos no aprenden. El coche eléctrico es la última gran visión de Zapatero. El Gobierno prevé la matriculación de 250.000 vehículos de este tipo hasta 2014. Mucho van a tener que crecer las ventas, ya que en lo que va de año apenas se han cerrado 16. ¿El coste para el contribuyente? 8.400 euros por unidad.

Todo ello pone en evidencia la nula visión emprendedora de Zapatero. El Gobierno invierte cantidades ingentes de dinero público en proyectos empresariales (energéticos, inmobiliarios, automovilísticos y un largo etcétera) que el mercado o bien no demanda o bien no está dispuesto a asumir a ese precio. Estas particulares empresas no existirían sin la inyección de dinero público, muestra inequívoca de que no son necesarias. Lo grave, sin embargo, es que siguen en marcha, ya que su éxito o fracaso no depende, en última instancia, de la soberana voluntad del consumidor sino del político de turno.

Y ello gracias a que el coste de sus errores lo asume íntegramente el contribuyente (con su dinero) y el consumidor (con un servicio deficiente y un precio elevado). En el mercado libre sucede justo lo contrario: cuando un empresario fracasa es únicamente su capital el que se resiente. Zapatero es un nefasto empresario, pero sus proyectos perduran en el tiempo porque preside una S.A. muy especial llamada Estado, en la que todos los que pagan impuestos son accionistas de forma obligatoria y coactiva.


Libertad Digital - Opinión

Superbibiana. Por Ignacio Camacho

Cuadra con el principio de Peter que rige en el Gobierno. Y con el modo que ZP tiene de salir de sus propios líos.

«DIME que no es verdad lo de Bibiana. Lo del superministerio de Sanidad, Igualdad y Trabajo. Dime que no es verdad, que os lo habéis inventado. Dime que es una maldad conspirativa de Madrid. Dime que es un bulo para perjudicarnos».

Mi amigo no ha perdido tiempo ni en saludarme, apenas un gesto en el ala de su sombrero panamá. Ha sido encontrarnos en la calle, bajo la canícula, y dispararse como una ametralladora desde varios pasos de distancia. Como siempre que lo veo, le pregunto si sigue siendo socialista.

—Yo seré socialista hasta que me muera, lo que con noticias como ésta puede sucederme pronto. Lo que no soy es gilipollas, como algunos y algunas, que se dice ahora. Ni pienso perder mi capacidad de asombro.


—¿Entonces no te gusta la idea que Bibiana sea superministra?

—No me pinches. Sería una estupenda concejala de cultura en su pueblo. Supongo que ese asunto será una especulación capitalina, pero lo peor es que cuadra con todo lo que está pasando.

—¿?

—Sí, el principio de Peter que rige en este Gobierno. Todo el mundo en su máximo nivel de incompetencia. Y cuadra también con el modo enrevesado que Zapatero tiene de salir de los líos que él mismo monta. Lo de Madrid acabará en una crisis de Gobierno, ya lo verás.

—Eso se dice. Con Blanco o Rubalcaba de vicepresidente primero y Chacón de vice tercera, para manejar las relaciones con Cataluña. Y con Chaves jubilado.

—Si fuese así habría algo de sensatez. Temo cosas peores. Temo ver a Leire con una cartera. Y si yo fuese Griñán temería también que me acabasen sustituyendo por Mar Moreno como candidata en 2012. Aunque esto quizá se lo esté ganando a pulso él solito…

—¿Y lo de las primarias de Madrid cómo lo ves?

—A mí me gustan las primarias, como a ti, pero todo el mundo sabe que Zapatero no las quería. De momento ya ha fracasado al no lograr que Tomás Gómez se retire; ahora tiene que ganar Trini sí o sí. Después de haberse implicado, el presidente no puede perder ante un segundón: lo tienen que arrasar. Si ganase Gómez algunos barones no tardarían un minuto en plantear el relevo al máximo nivel. Pero no, no sueñes, no será Gómez el que acabe con el zapaterismo. Mi teoría es que si tiene posibilidades de vencer no llegará vivo a las primarias. Si no lo pueden comprar lo tumbarán como a Borrell. Si se llega a votar es porque esté derrotado de antemano.

—Lo podrían hacer ministro…

—Quizá debían de haber empezado por ahí. O lo han intentado y él no ha tragado el anzuelo. Pero mira, quizá fuese mejor ministro que la mitad de los que están. Por lo menos de sanidad entiende algo… y es socialista, ¿sabes? A lo mejor hacía falta en el Gobierno alguna gente que sepa relacionarse con la calle, que haya pisado un poco las agrupaciones…como antes.

—Un nostálgico, es lo que eres.

—Sí, un nostálgico de cuando hacíamos las cosas bien…


ABC - Opinión

Pinocha. Por Alfonso Ussía

Me cae bien, hasta simpática, Trinidad Jiménez. Es lista y trabajadora. Aunque sea socialista, se mueve fuera de los tópicos y los lugares comunes de esa estimada menestra de verduras. En muy contadas ocasiones hemos coincidido, y nuestro mutuo trato ha sobrevolado al correcto y protocolario. Su mayor defecto no es suyo propio. Es sobrina de Jiménez Villarejo. Yo también lo soy y lo he sido de algunos majaderos, y he superado la desagradable situación. Por todo ello, no siento alegría por su mal principio en la nueva aventura que le ha inventado Zapatero. Siempre se puede mentir, pero no tan pronto. Trinidad ha dicho que ella no es la candidata de Zapatero a la Comunidad de Madrid y que el presidente no le ha pedido nada. Se trata de una mentira tan gorda como innecesaria. Es la candidata de Zapatero y el presidente se lo ha pedido en público y en privado. Nariz larga y aguileña que le ha crecido. Y está quedando mal para perder. No escribo que contra Esperanza Aguirre en las próximas elecciones, sino frente a Tomás Gómez en las primarias del Partido Socialista de Madrid. Y una gran mentira siempre viene de la mano de otra. Ha declarado la actual ministra de Sanidad que ella no es de las que se van. Tururú. Tararí que te vi. Es de las que se van. Años atrás, su lejano pariente Alberto Ruiz-Gallardón le dio un repaso electoral de padre y muy señor mío. Trinidad no aguantó ni dos meses al frente de la Oposición, que fue el lugar que eligieron para ella los ciudadanos y la libertad de voto. Le inventaron un chiringuito en Exteriores y dejó a los suyos en lamentable situación de calzonas rajadas. Estas mentiras de Trinidad Jiménez nada dicen a su favor. Antaño no las hubiera emitido. Sucede que es ministra del Gobierno presidido por el político más mentiroso y frívolo de nuestra Historia, y todo se contagia.

Madrid y Valencia son las obsesiones socialistas. Son plazas fundamentales que ellos perdieron, y en cada cita electoral, la distancia para recuperarlas se agiganta. Esperanza Aguirre es un hueso dificilísimo de roer, entre otros motivos, porque lo ha hecho y lo está haciendo muy bien. Es intocable, a pesar de la poca simpatía que siente por ella el máximo dirigente del Partido Popular. No me refiero a Mariano Rajoy, sino a Pedro Arriola, el marido de Celia Villalobos. La verdad es que, durante un tiempo, Rafael Simancas nos inspiró a más de uno la risa, pero la lección del calendario nos obliga a reconocerlo como el más digno y directo competidor socialista contra el muro de Esperanza Aguirre. Un candidato no se inventa de la noche a la mañana, y Trinidad es un nuevo y torpe invento del perenne alucinado. Aquí el único que ha ganado ha sido Gómez, que al fin se ha dado a conocer. Ya lo conocen más de cuatro. Me parece que el diálogo es de Tono: –Si eso sucede, se van a enfadar más de cuatro–; –¿Y para usted que son más de cuatro?–; –para mí, son cinco–.

Cuando Zapatero se pone a inventar el lío está asegurado. Le ha salido mal lo de Trinidad Jiménez, y bien haría esta simpática y atractiva mujer en no empecinarse. No está mal quedarse como ministra de Sanidad mientras dure el empleo. Una ministra puede mentir, porque de ser descubierta, le endosa la mentira a cualquiera de sus más allegados colaboradores, que para eso cobran. Pero en una precandidata, las mentiras son de ella, y ya le han pillado en dos. Mal principio. No se puede caer en la elementalidad primaria de Pinocho. Esas cosas no se perdonan en las urnas aunque diviertan a la ciudadanía. Trini, quédate en donde estás, que no es moco de pavo ni cuesco de colibrí.


La Razón - Opinión

Aído. Porque ella lo vale. Por Pablo Molina

Es el momento de los niños de papá criados a los pechos del partido que no conocen otra realidad fuera de sus estructuras.

Todo es susceptible de empeorar. Con Zapatero, además, la simple posibilidad se convierte en un imperativo, porque el vallisoletano criado en León no ha llegado a la política para gestionar eficazmente los asuntos públicos aplicando la técnica administrativa, sino para llevar a la práctica una revolución social que perdure a lo largo de varias generaciones.

Él mismo lo ha dicho. A diferencia del guerrista, el socialismo de ZP no aspira sólo a dejar España irreconocible para su progenitor B. Su objetivo es convertir al país en un centro experimental del "progresismo" aunque la factura de su empeño perdure en el tiempo con consecuencias irremediables. Zapatero quiere poner en práctica un orden social que, hasta que llegó al poder, sólo figuraba en las páginas de los experimentos fracasados de la Historia, pero a él le da exactamente igual. Como buen adolescente intelectual, las consecuencias de sus acciones le traen sin cuidado.


Su decisión de sustituir a Trinidad Jiménez por Bibiana Aído (Aídolf, según los lectores de este periódico, siempre tan incisivos), cediéndole la parte mollar de las competencias del llamado "estado del bienestar", sólo se explica en función de criterios ideológicos y, en esa tesitura, la elección de la ex directora de la oficina andaluza de flamenco es plenamente consecuente.

Zapatero no quiere a su lado gestores eficientes sino fanáticos ideológicos y Bibiana Aídolf es el ser vivo que mejor se amolda a las exigencias presidenciales. Sin la menor idea de cuáles son las instituciones espontáneas que permiten a las sociedades avanzar en el proceso interminable de la civilización, Aídolf es la elección perfecta para el plan de Zapatero. Si hay alguien capaz de convertir a los españoles en votantes mayoritarios de un extremista como su jefe, esa es Bibiana.

Bibiana Aídolf no podría ser ministra de ningún país medianamente serio, pero es la superministra perfecta para la España de Zapatero. Ella, como su jefe, asume toda la basura doctrinal emergente tras la caída del muro de Berlín, en la convicción de que es la mejor manera de que el socialismo siga dirigiendo la existencia del mayor número posible de víctimas potenciales.

Su tarjeta de presentación, a estos efectos, es difícilmente mejorable, porque convertir un delito con atenuantes como el aborto en un derecho "humano" no está al alcance de cualquiera. Aídolf lo ha conseguido, y de ahí a perfeccionar la técnica del doctor Montes para convertir la eutanasia en una obligación respecto a los octogenarios con problemas de próstata sólo hay un paso que la chiquilla es muy capaz de recorrer.

Si Zapatero lleva a cabo la remodelación ministerial con que amenazan los fontaneros de Moncloa habrá hecho una elección inmejorable. Bibiana es una creyente practicante de la ortodoxia zapateril y, en tiempos difíciles, los líderes tienen que rodearse de servidores tan fanáticos como ellos mismos. Es el momento de los niños de papá criados a los pechos del partido que no conocen otra realidad fuera de sus estructuras. Como Bibiana Aído o Aídolf. Porque ella lo vale. Vaya que sí.


Libertad Digital - Opinión

Cielos despejados

SE despejó la incógnita: no habrá huelga de controladores aéreos ya que —en el último momento— el sentido de la responsabilidad se ha impuesto sobre las posturas radicales que tenían en jaque al sector turístico y a miles de ciudadanos, no sólo españoles. El sindicato de controladores ha mantenido un pulso con AENA y, en último término, con el ministro de Fomento, a quien atribuye todas las culpas de una confrontación que tenía en vilo a miles de pasajeros y que ha causado ya un grave perjuicio a la economía. En efecto, las reservas de hotel anuladas o los planes familiares alterados no podrán ser compensados, aunque haya que alabar el gesto de cordura que supone la renuncia a la huelga por parte de un colectivo que, al apostar por la amenaza, no ha sabido transmitir las razones de su postura a la opinión pública. Nadie pone en duda el derecho de estos profesionales a defender sus reivindicaciones, pero en esta crisis se han superado con demasiada frecuencia los límites que imponen el sentido común y la solidaridad en tiempos de dificultad.

Los controladores aéreos no tenían derecho a convertir a los ciudadanos en rehenes de un chantaje que, una vez concluido, debería llevar a AENA a completar un acuerdo que hace unos días estaba prácticamente cerrado. José Blanco, por su parte, no debería tomar el asunto como una operación de imagen política si no quiere malgastar el apoyo que le ha brindado la opinión pública por su firmeza en esta crisis. Una vez alejado el fantasma de la huelga, llega la hora de celebrar nuevas reuniones en busca de acuerdos, siempre en el marco de la ley y al margen, en todo caso, de personalismos y posturas de fuerzas. El precio a pagar por la huelga fantasma de los controladores ha sido ya demasiado elevado.

ABC - Editorial

La hora de la negociación

La sociedad española ha estado en vilo ante la convocatoria o no de la huelga de los controladores aéreos. El comité ejecutivo de Usca decidió no convocarla en agosto, aunque deja en el aire que pueda ser en septiembre, y ha interpretado acertadamente que las palabras de Zapatero eran una garantía de que Aena se sentará en la mesa de negociaciones. Es difícil encontrar una huelga que hubiera sido más impopular e inoportuna. En primer lugar porque la percepción generalizada es que era una medida de fuerza de un colectivo minoritario que defiende unos privilegios desmesurados que resultan, además, muy ofensivos en estos tiempos de crisis. A esto hay que añadir que las fechas eran demoledoras para los usuarios, el sector turístico y las líneas aéreas. Era posible que coincidiera con el regreso de las vacaciones. El coste para el sector era inconmensurable y hubiera significado un enorme perjuicio para la imagen de España. Es cierto que una huelga de los controladores es siempre negativa, pero hay fechas que la hacen todavía más dañina. Una vez concluida esta incertidumbre, que angustiaba a los afectados por una paralización del espacio aéreo, ha llegado la hora de una negociación seria y responsable. Es cierto que el aspecto más llamativo se centra en los sueldos que han estado recibiendo los controladores gracias a las horas extras, pero no es el único punto de una negociación que es muy importante para la economía española. Unas cuestiones están en manos del Ministerio de Fomento y el organismo público Aena, en otras corresponde ceder a los controladores y, finalmente, está ese gran objetivo colectivo que es conseguir un auténtico cielo único europeo. La diversidad de la Unión Europea, que es muy positiva en el terreno cultural, es un desastre en otras materias. En Estados Unidos, que es la primera potencia mundial y tiene un espacio territorial similar al europeo, no hay tantos controladores y cobran menos. La razón es la eficacia de controlar un espacio aéreo sin tantos países en su interior. A partir de ahora corresponde acabar con la incertidumbre de una huelga y hacerlo en la mesa de negociación para alcanzar un acuerdo que sea justo y razonable. Los controladores tienen que equiparse a lo que sucede en el resto de países, tanto en salarios como en sus condiciones laborales y en su número. Cualquier otra salida sería inaceptable. Por tanto, resulta imprescindible convocar plazas de controladores, aunque esto signifique que los actuales deberán cobrar menos al restringirse las horas extra. Sus horarios deberían ajustarse a unas jornadas razonables que les permitan conciliar la vida laboral y familiar. Este aspecto es impecable y sin lugar a dudas será asumido por ambas partes, ya que el Gobierno ha hecho siempre bandera de la necesidad de conciliar. Es cierto que la posible privatización de Aena es un tema fundamental. Los responsables del Ministerio de Fomento son los primeros interesados en ampliar las plantillas, hasta el número que nos equipare con Europa, y esto nada tiene que ver o influir en la posible privatización. Por tanto, es fundamental acabar con este conflicto y la clave será la capacidad de diálogo de las partes.

La Razón - Editorial

No habrá huelga

El temor a la irritación de los usuarios ha neutralizado la presión de los controladores

Los controladores aéreos no irán a la huelga, según decidió ayer el comité ejecutivo de su sindicato. Nadie renuncia a sus privilegios, si puede evitarlo, y el dilema de los controladores era de qué forma podían mantener los suyos. Que no lo lograrían haciendo una huelga en agosto y en una situación económica como la actual era algo que ya sabían, pero ciertas inercias de la negociación llevaron a sus representantes a aprobar hace una semana, como elemento de presión, la convocatoria de un paro. Lo hicieron con la cautela de no cortarse la retirada: delegando en la dirección de su sindicato la fijación de la fecha, lo que en la práctica equivalía a aplazarla indefinidamente mientras seguían las negociaciones.

Era evidente que AENA no quería asumir la responsabilidad de la ruptura, pero mucho menos lo deseaban los controladores, que han negado haber sido ellos quienes se levantaron de la mesa el viernes pasado. Alegan que propusieron seguir negociando durante el fin de semana, pero AENA ponía como condición la retirada de la amenaza de huelga, a lo que no accedieron. Sin embargo, sí aceptaron luego adelantar en dos días la reunión en la que debía tomarse la decisión, en respuesta a las demandas del sector turístico que ha venido argumentando que la incertidumbre sobre la fecha de la huelga estaba provocando un aumento de las cancelaciones preventivas para todos los últimos días del mes; no solo de viajes sino de reservas hoteleras.


Finalmente, ha sido ese el argumento esgrimido para cancelar la convocatoria: no perjudicar al turismo. Ha sido una decisión inteligente. La capacidad intimidatoria de un sector formado por poco más de 2.000 personas pero capaz de condicionar la de millones de viajeros ha sido determinante en las concesiones que han ido arrancando durante años; pero esa capacidad se ve ahora neutralizada por la irritación de la opinión pública que, con más de cuatro millones de parados, no toleraría que la Administración pública de la que finalmente dependen los aeropuertos volviera a ceder para evitar la huelga.

En una situación menos aguda seguramente también habría habido irritación ante una o dos jornadas de huelga, pero es posible que a la tercera aparecieran voces de usuarios (y políticos) reclamando al Gobierno que solucionase el problema "como sea"; es decir, cediendo. El ministro de Fomento ha hecho bien en mantener su postura ante el conflicto, pero también en dejar abierta la posibilidad de un arbitraje laboral para zanjar los puntos de la tabla de 12 reivindicaciones sobre los que no ha habido acuerdo en la mesa.

Los controladores rechazaron el viernes pasado esa posibilidad con argumentos confusos, como que de nada serviría cuando lo que el Gobierno pretende es privatizar los aeropuertos. No consta, pero si así fuera, un argumento poderoso a favor sería la dinámica impuesta por esos empleados privilegiados que han convertido a España en el país con más altos costes laborales en tráfico aéreo. También por eso ha sido inteligente su decisión.


El País - Editorial

A Zapatero le crecen los enanos

Estas primarias no obedecen a lo que debería ser el normal funcionamiento democrático de los partidos, sino a algo tan excepcional como que un político con muy relativo peso específico no ha querido doblegarse al dedazo del máximo dirigente de su partido.

Nada menos que 106 responsables y secretarios generales del Partido Socialista Madrileño –un 73% del total– ya han firmado un manifiesto en el que muestran su apoyo a Tomás Gómez de cara a las elecciones primarias, que se celebrarán en octubre y dirimirán quien será el candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Es evidente que el objetivo de este manifiesto no es otro que mostrar el amplio apoyo con el Gómez cuenta en el seno del PSOE en Madrid frente a las maniobras con las que la dirección nacional del partido, con Zapatero a la cabeza, ha tratado de vetar las legítimas aspiraciones del ex alcalde de Parla y colocar en su lugar a la actual ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez.


El hecho de que Gómez no haya querido doblegarse servilmente a las imposiciones de Zapatero ya es síntoma de la pérdida de peso y liderazgo del actual presidente del Gobierno, que aun podría quedar más de manifiesto si Gómez sale vencedor de estas primarias. Precisamente para evitar ese riesgo de que estas elecciones internas se conviertan en un termómetro para medir el liderazgo de Zapatero, lo primero que la ministra de Sanidad ha querido dejar de manifiesto tras anunciar su candidatura es que esta no obedece a ninguna petición del presidente del Gobierno. La ministra arranca así su carrera como candidata faltando a la verdad, pues de todos es sabido que hasta la fecha no había mostrado el más mínimo deseo o intención de ser cabeza de lista en las autonómicas, ni siquiera durante las últimas semanas en las que se desató la polémica sobre la conveniencia de Gómez como rival de Esperanza Aguirre.

Aunque el pulso entre Zapatero y Gómez haya tenido como resultado algo tan positivo como la celebración de unas elecciones primarias, en las que las bases podrán elegir democráticamente a su candidato, que nadie se llame a engaño: estas primarias no obedecen a lo que debería ser el normal funcionamiento interno de los partidos políticos para designar a sus representantes, tal y como dictamina nuestra Constitución. Obedece, por el contrario, a algo tan excepcional como que un político con un muy relativo peso específico –dicho sea con el máximo respeto– no ha querido doblegarse al dedazo que pretendía llevar a cabo el máximo dirigente de su partido. Por mucho que ahora Zapatero sea capaz de hacer de la necesidad virtud, este saludable ejercicio de democracia interna no ha venido para quedarse. Claro que aún es más patética su nula presencia en el resto de los partidos.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es que Zapatero se juega mucho en estas primarias, por mucho que Jiménez lo haya dejado al margen de su subordinada decisión de presentarse.


Libertad Digital - Editorial

Las pistas falsas del gobierno

Rodríguez Zapatero perdió ayer otra oportunidad de ganarse la confianza de quienes consideran ya sus palabras como un síntoma más de la crisis que tratan de conjurar.

TRAS despachar con Su Majestad el Rey en el palacio de Marivent, el presidente del Gobierno compareció ayer ante los medios para celebrar el tímido signo positivo de unos indicadores económicos que en los últimos días han coincidido en avanzar —al menos de forma superficial, si no provisional— el comienzo de la recuperación económica. Rodríguez Zapatero volvió por sus fueros en una lectura muy personal e interesada de las grandes variables analizadas por el Banco de España y, por otra parte, registradas por los servicios públicos de empleo, sobre los que sostuvo un discurso engañoso y de nuevo interesado. El ligero repunte del PIB durante el segundo trimestre quizá sea una realidad, pero también las contundentes advertencias del Banco de España sobre una recaída en el último tramo de 2010 y las aún peores previsiones del BBVA, publicadas el pasado lunes y que sitúan en el 0,6 por ciento el hundimiento de la economía española a lo largo de este ejercicio. De igual manera, y sin abandonar el tono triunfalista que desde hace años utiliza para rechazar el impacto de la crisis o darla por zanjada, Rodríguez Zapatero se hizo eco del descenso del desempleo en julio, pero sin reconocer que el 93 por ciento de los nuevos contratos firmados es de carácter temporal.

Cogido con alfileres y construido con el fin de hacer públicas las presuntas virtudes de su tímido y errático programa de reformas y recortes, el discurso del presidente del Gobierno representa la enésima huida de la realidad de quien ha hecho de la impostura, cada vez más evidente y contraproducente, la primera seña de identidad de su irresponsable gestión en materia económica. La alarmante falta de confianza de la sociedad española hacia Rodríguez Zapatero, del que casi un 80 por ciento de los encuestados en el último barómetro del CIS aseguraba desconfiar en mayor o menor medida, está en la base de la parálisis económica de un país que necesita rigor y al que le sobran anuncios ya inverosímiles sobre la recuperación. Aunque más moderado en sus previsiones que de costumbre, quizá serenado por el carácter institucional de su encuentro con el Rey, el presidente del Gobierno perdió ayer otra oportunidad de ganarse la complicidad de quienes consideran ya sus palabras como un síntoma más de la misma crisis que tratan de conjurar. La salida del bache económico es tarea de todos, pero quien está obligado a marcar el camino no puede seguir dando pistas falsas sobre la distancia restante, los accidentes del terreno y la dirección a tomar. La confianza es clave.

ABC - Editorial