miércoles, 12 de mayo de 2010

Gorrones del presupuesto. Por Ignacio Camacho

CUALQUIER becario recién licenciado en administración de empresas podría indicarle al Gobierno cómo recortar cinco mil millones de euros en una Administración agigantada hasta la elefantiasis, sin tocar un céntimo de las prestaciones sociales.

Cándido Méndez, sin embargo, esa minerva de la economía de Estado que pasa por ser el cuarto vicepresidente de facto, se apresuró ayer a sugerir una subida de impuestos para cumplir con el liviano ajuste suplementario impuesto por Bruselas como contrapartida de su plan de rescate financiero. Por fortuna, aunque el presidente suele mostrarse muy receptivo a los consejos de Méndez, es poco probable que se atreva a seguirlos esta vez, habida cuenta de que tanto como la paz laboral necesita la complicidad electoral, últimamente muy comprometida pese a los brotes verdes aparecidos en la cocina del CIS. Pero el argumento de la presión fiscal ya ha empezado a circular entre los gorrones del presupuesto, reticentes a cualquier clase de recorte que pueda mermar los privilegios y prebendas de una casta empotrada en el aparato del poder y sus hipertrofiados mecanismos de gasto. El sofisma consiste en contraponer prestaciones sociales a reducción del déficit, como si no fuese posible podar el dispendio administrativo sin necesidad de suprimir las coberturas asistenciales.

Para aligerar la carga financiera del Estado no es menester siquiera revisar las subvenciones a los sindicatos, que tampoco estaría de más. Bastaría con suspender la mitad de la financiación adicional -1.700 millones- entregada hace pocos meses a las autonomías para sufragar su voracidad sin fondo. O eliminar una pequeña parte de las 2.000 empresas públicas que eluden en todas las administraciones el control de los interventores de cuentas. O disminuir el ritmo de crecimiento de la plantilla funcionarial, incrementada en 100.000 efectivos en los últimos años. O prescindir de las legiones de asesores y adjuntos que en cualquier gobiernillo uniprovincial rodean a su también superflua pléyade de altos cargos. O renunciar a caprichos faraónicos de palacios presidenciales y otras sedes representativas. Por no hablar de las embajadas autonómicas, eventos institucionales o estrafalarios convenios de cooperación que cada semana aparecen en los boletines oficiales. En todo ese entramado de intereses se derrama un enorme fluido dinerario por el sumidero de un Estado que no se debería permitir tal derroche de nuevo rico ni siquiera en tiempos de bonanza económica, pero que en circunstancias de apuro tiene el imperativo social y moral de adelgazarse a sí mismo. Lo que sucede es que al pairo de la prosperidad hemos construido una sociedad clientelar acostumbrada a vivir de la malversación presupuestaria. Y a los beneficiarios de esa red se les hace ahora un mundo cumplir con la exigencia de austeridad y renuncia que cualquier familia o empresa privada lleva al menos dos años aplicándose sin alharaca.

ABC - Opinión

Garzón, antes huido que suspendido

No dejaría de ser paradójico que el CGPJ hiciera innecesaria la suspensión de Garzón satisfaciendo sus pretensiones de convertirse en La Haya en justiciero de todo tiempo y lugar, pretensiones que aquí le ha llevado, presuntamente, a prevaricar.

Desde que el magistrado del Tribunal Supremo, Luciano Varela, emitió el auto en el que rechazaba archivar la querella contra Garzón al considerar que sí existían indicios claros de que el magistrado de la Audiencia Nacional podía haber perpetrado un delito de prevaricación en su pretensión de enjuiciar penalmente al franquismo, la primera decisión referida al "juez estrella" que tendrían que haber adoptado los miembros del CGPJ debía ser, siguiendo los artículos 383 y 384 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, la de dictar su suspensión cautelar. Garzón aspira, sin embargo, a que los miembros del CGPJ atiendan antes una solicitud que ayer mismo les notificaba como es la de concederle un permiso de servicios especiales por siete meses –en principio, prorrogables– para irse como asesor externo a la Corte Penal Internacional de La Haya.

Es evidente que la concesión por parte del CGPJ de este permiso a Garzón tendría, durante el tiempo que dure dicho permiso, los mismos efectos prácticos que persigue la suspensión cautelar de jueces y magistrados que recoge la LOPJ, que no es otra que la de apartarlos de su función jurisdiccional durante el tiempo que dure su enjuiciamiento. No es menos cierto, sin embargo, que si el CGPJ se pronunciara antes sobre la suspensión cautelar de Garzón, tampoco nada impediría a este marchar a La Haya y contribuir con su presencia al ya de por sí desacreditado prestigio del Tribunal Penal Internacional.


Naturalmente, lo que pretende Garzón es irse antes de que le echen. La concesión de este permiso en nada alteraría su situación procesal en las tres causas penales que tiene pendientes ante el Alto Tribunal por los casos del franquismo, de las escuchas a los imputados de Gürtel y los cobros por los cursos en Nueva York. Lo único que lograría el juez estrella es sustituir el estigma de juez suspendido por su imputación en un delito de prevaricación, por el de un juez que solicita una baja voluntaria para ejercer de experto en un Tribunal Internacional.

Dice el refrán que a "enemigo que huye, puente de plata"; sin embargo, no dejaría de ser paradójico que el CGPJ hiciera innecesaria la suspensión de Garzón satisfaciendo sus pretensiones de convertirse en La Haya en justiciero de todo tiempo y lugar, pretensiones que le han llevado en España a perpetrar, presuntamente, un delito de prevaricación. Con todo, lo decisivo, a nuestro entender, es que un juez que ha llevado una actuación tan escandalosa abandone de una vez la carrera judicial, aunque lo haga a través de una puerta supuestamente más honrosa que la que debería atravesar. Lo importante, también, es que Garzón, por mucho que logre retrasar la suspensión, no conseguirá retrasar su paso por el banquillo, aunque tenga que acudir –eso sí– desde La Haya o desde algún país africano donde la Corte Internacional tiene causas pendientes.

De hecho, el verdadero perjudicado de esta operación, en caso de que el CGPJ le de su visto bueno, va a ser el ya de por sí menguado prestigio de esa Corte Internacional. No contento este Tribunal con depender en la práctica de Estados cuyos dirigentes violan a diario los derechos humanos, ahora contrata como experto a quien está imputado por delitos de prevaricación y cohecho.


Libertad Digital - Editorial

Operación de imagen de Garzón

LA última novedad del juez Baltasar Garzón no debería sorprender especialmente, porque a lo largo de su carrera profesional ha alternado su actividad jurisdiccional con tareas de otra naturaleza, gracias a las cuales también ha podido labrarse la fama que tan explícita se está haciendo ahora con motivo de sus imputaciones ante la sala Segunda del Tribunal Supremo.

La marcha de Garzón como «asesor externo» del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el argentino Luis Moreno Ocampo, no va a alterar la situación de ninguna de las tres causas que están abiertas por el Supremo, porque tal traslado no exige el abandono de la carrera judicial. Además, aunque le fueran aplicables los privilegios de inmunidad que se prevén para jueces y fiscales de esta Corte, no le eximirían de responder ante la Justicia española por hechos cometidos con anterioridad a su traslado.

Cabría entonces preguntarse por la razón de esta decisión, que en un primer momento transmite la imagen de un juez que se retira antes de ser suspendido por el Consejo General del Poder Judicial, una suspensión que no debería verse afectada por esta marcha de Garzón, porque seguirá siendo juez con posibilidad de volver en cualquier momento a la jurisdicción activa, incluso antes de que agote los siete meses previstos de destino en la CPI. No suspenderlo por este motivo sería un fraude de ley.

No hay que ignorar el apego de Garzón por los golpes de efecto ante la opinión pública, y éste último es uno de ellos. Yéndose a la CPI, Garzón amplifica su fama de juez global y aumenta el victimismo frente a la «persecución» a la que se ve sometido por el Supremo. Como asesor de Ocampo, si finalmente el CGPJ le autoriza a desempeñar esta función, Garzón se moverá en el terreno que le es más favorable, el de la Justicia universal, donde encontrará buenos caladeros de imágenes prestigiosas, visitando los países en los que la Corte tiene causas abiertas por crímenes de lesa humanidad. A su vez, los magistrados del Supremo se verán probablemente aún más denigrados por imputar a un juez tan mundialmente comprometido con la Justicia y los Derechos Humanos. Y especialmente arreciará la campaña contra el probable juicio oral que abrirá la sala Segunda por la prevaricación imputada a Garzón en el sumario de la «memoria histórica». La operación de imagen está así bien diseñada porque reproduce los tópicos de efectismo y fama que han jalonado la vida profesional del magistrado Baltasar Garzón, pero que, pese a los denodados intentos de sus seguidores, no lo han convertido ante el Tribunal Supremo en un ciudadano con patente de corso.


ABC - Editorial

martes, 11 de mayo de 2010

El rebote y el rebotado. Por Tomás Cuesta

SI el rebote que experimentó la Bolsa ayer fue de los que hacen época, tengan por cierto que el que se cogió el señor Rajoy con la encuesta del CIS no le anduvo a la zaga.

Mientras los especuladores fundían el parqué (porque, salvo mejor criterio de la señora De la Vega, no se trataba de frailes mercedarios) el líder de la oposición recibía un recado tan frío como un «uppercut» en el primer segundo del primer asalto. Con la que está cayendo (y con lo que está callando) no sólo no consigue descolgar a Zapatero sino que le tiene ahí mismo, a punto y medio, a una insignificancia que se enjuga con tres telediarios y unas pocas portadas. De nada sirve denunciar al cocinero o poner en cuestión el recetario porque ni el propio Ferrán Adrià con sus inextricables mañas es capaz de aliñar tal estropicio sin que se le claree el pucherazo. Otra cosa es concluir que la realidad difícilmente puede tabularse y que una alternativa no se construye a cala y cata. ¿O si? Pues, entonces, ajo y agua.

Según Sartori, la sondeo-dependencia consiste en conceder credibilidad a un método que es falso pero también, y ahí está el busilis, confortable. Es la muleta con la que se sostienen las formaciones cojitrancas que fían a los augurios demoscópicos lo que no quieren confiar a su ideario. Así que la sacrosanta opinión pública -que, a tenor de cómo se le pregunte y cuándo, opina una cosa o la contraria- es la que da y quita razones, la que reparte los dulces y los sapos. O sea que, siguiendo a pie juntillas el dictamen del oráculo, parece razonable suponer que el Gobierno ha pasado a la ofensiva y pretende contribuir a la animación bursátil y a la fantasmagórica salida de la recesión (un ínfimo repunte provocado por las compras de quienes no quieren que el IVA les coja inconfesados) con un rearme espiritual de su líder y de sus parroquianos. Más razonable aún es pensar que sólo un riguroso control europeo de nuestra economía, con lo que ello implica de pérdida de nuestra soberanía, puede salvar a España de la hecatombe, lo cual, salvo imponderable mayúsculo, tiene que pasar factura a Zapatero y dar la victoria electoral al PP, aunque sea a la manera tory. O no.

La política no debería ser un juego, mientras que los sondeos se fundan en relaciones matemáticas presentes en actividades como las apuestas y los naipes. Lo primero que haría cualquier moralista que se tuviera por tal en tiempos de crisis sería eliminar el CIS en lugar de cepillarse la dirección general de la Biblioteca Nacional. Eso sólo ya da fe del sentido socialista del poder, palurdo pero práctico. En cambio el equipo de Rajoy propende a pisar todos los charcos, incluido el de firmar recibo de un sondeo en el que Rubalcaba es el ministro mejor valorado y Duran el político con más nota. Apabullante. Como para pedir asilo en Italia, cuyo clima político al lado de semejante panorama resulta el colmo de lo chic y sofisticado, velinas incluidas.

Zapatero, que el domingo era casi un apestado que tenía que viajar en la clandestinidad a Barcelona para ver al Rey (una hora sin piedad) emerge hoy como el último gigante del socialismo europeo, un peñasco, un peñón, un hórrido peñazo, que ha vuelto a tomar aire cuando el espectro de la bancarrota le tenía en sus garras y nos tenía, ay, acogotados. Merkel y Sarkozy pagan los platos ratos y Rajoy, a este paso, quizás acabe pagando el pato.


ABC - Opinión

Tarjeta amarilla para ZP. Por Emilio J. González

A Zapatero no le queda más remedio que olvidarse de sus planes de compra de votos y hacer los deberes de una vez porque el castigo que le espera a España si no cumple es perder la ayuda y forzar su salida del euro.

Como a los futbolistas marrulleros, Alemania acaba de sacar tarjeta amarilla a ZP. Con la aprobación el pasado domingo del fondo de rescate de la Unión Europea, los germanos dan una nueva oportunidad a España y Portugal, a cuyos gobiernos culpan de manirrotos, de seguir en la primera división europea, esto es, en el euro, pero les han dado a ambos países un claro aviso: o se comportan como deben en términos presupuestarios o se van a la calle. Y para ello, como los árbitros escamados con la actitud de un jugador, van a estar vigilando permanente sus movimientos y, a la menor que hagan, les sacan tarjeta roja. ¿Qué quiere decir todo esto para ZP?

Lo primero que implica el aviso que ha dado la canciller Angela Merkel es que el ajuste presupuestario anunciado este fin de semana por la vicepresidenta económica, Elena Salgado, es insuficiente. Ya que van a pagar las facturas de los platos rotos por otros, los alemanes quieren que el Gobierno se deje en paz de tonterías y que añada bastante más al medio punto adicional de recorte en el déficit público para este año y al punto extra en 2011. Cosa lógica, por otra parte, ya que esos nuevos objetivos son una nadería. España puede y debe ser más ambiciosa en su estrategia de reducción del desequilibrio en las cuentas públicas.


Zapatero, sin embargo, no quería ir más allá por dos razones fundamentales. La primera de ellas es que como el PP y casi todos los analistas le han dicho que profundice en el recorte del gasto, él, por sistema, porque es así, se ha negado. La segunda obedece a motivaciones políticas. No hay que olvidar que, en 2011, se van a celebrar en nuestro país elecciones municipales y autonómicas cuyo resultado va a condicionar las elecciones generales de 2012. En esos comicios, el PSOE parte como perdedor, según las encuestas de intención de voto que se van publicando. Sin embargo, Zapatero no está por la labor de aceptar una derrota y, mucho menos, de que los del PP puedan desalojarse de ese poder que tanto le gusta. Por ello quiso limitar los objetivos de recorte del déficit para este año y el próximo ya que ello le permitiría desplegar sus ya más que conocidas políticas de compra de votos con cargo a los presupuestos del Estado. Sin embargo, su estrategia ahora se le puede ir al garete.

A Merkel, que no profesa adoración por ZP precisamente, los problemas electorales del presidente del Gobierno le traen al fresco. Es más, seguro que se alegraría de presenciar su caída en las urnas después de todos los feos y desplantes que Zapatero ha tenido para con ella. Por este motivo, y porque Merkel se debe a sus electores, no le va a pasar ni una. Así es que a Zapatero no le queda más remedio que olvidarse de sus planes de compra de votos y hacer los deberes de una vez porque el castigo que le espera a nuestro país si no cumple con lo que le exijan nuestros socios europeos para evitar la suspensión de pagos es dejar de ayudarle y forzar su salida del euro. Si ZP ya lo tiene difícil para revalidar su mandato en las urnas, mucho más lo tendrá con la crisis económica y social a que daría lugar la suspensión de pagos de nuestro país y la salida del euro. Así es que, le guste o no, o hace lo que tiene que hacer, o a Zapatero le van a condenar los líderes europeos a los infiernos. Por desgracia, a España también.

En consecuencia, Zapatero y su Gobierno van a tener que demostrar a partir de ahora más ambición en el ajuste presupuestario. La cuestión es cómo lo va a hacer. De entrada, eso va contra su forma de pensar. Además, sus amigos los sindicatos ya se han manifestado en contra de recortar el gasto público e, incluso, de la Unión Europea si exige reducciones drásticas que, sin duda, les van a afectar porque supone acabar con las dádivas y mercedes multimillonarias que les ha otorgado ZP. Y después está la cuestión de las autonomías. Para cumplir con las exigencias que nos vengan de Europa, el Gobierno no va a tener más remedio que apretar el cinturón a todas y cada una de ellas, lo cual no le va a resultar fácil y menos aún en el caso de Catalunya, en donde al problema de la sentencia del Estatut se tendrá –o tendría, porque con ZP nunca se sabe– que sumar un recorte importante del dinero que recibe del Estado, una cuestión que puede ser poco menos que ‘casus beli’, entre Moncloa y la Generalitat y entre el PSOE y los partidos catalanes. Todo lo cual parece demasiada tarea para un presidente tan desgastado políticamente como el nuestro y que, además, está amenazado de tarjeta roja si no se comporta como debe. ¿Solución? Que opinen los españoles a través de las urnas.


Libertad Digital - Opinión

Se acabó la fiesta, Timonel. Por Hermann Tertsch

NO hay mejor afición -y más barata- que gastar el dinero de los demás. Y si se puede, a espuertas y comprando favores y sumisión.

Así se hicieron imperios de todo tipo. De naciones, de compañías multinacionales y de chiringuitos más o menos cutres. Porque el dinero, en sí siempre anónimo, da mucho de sí. Aquí, en este nuestro maltratado país, alguna ministra dijo en un arranque de sinceridad inusual que el dinero público no era de nadie. Pero en realidad lo que pensaba es lo que todos sus correligionarios socialistas. Piensan que es suyo. Así lo tratan y gastan al menos. Ahora les ha pasado algo inesperado. Les ha sucedido algo que en su semicultura plenianalfabeta y dehesa, monolingüe, provinciana y primitiva, no se le había pasado por la cabeza. Estaban convencidos nuestros muchachos y muchachas en el Gobierno que fuera se piensa igual que en esta anomalía en que han convertido de nuevo a España. Pues va a ser que no. En otros países, donde aÚn existe una cultura del rigor y la probidad, no se pueden hacer cosas que aquí son impunes. Creo que la presidencia española, de la que tanto se prometía nuestro presidente, no para hacer nada sino humo para su electorado, ha generado por el contrario muchísima claridad. Al menos fuera de nuestras fronteras. Que aquí el CIS nos cuenta que la diferencia entre socialistas y la única oposición, por llamarla de alguna manera, haya caído a 1,5 puntos puede ser mentira como tantas cosas. O verdad, porque donde no hay no hay, y las luchas no están para ser dirigidas por indolentes.

El hecho es que en otros países en los que la democracia y la sociedad civil existen realmente y desde hace mucho tiempo, los contribuyentes -auténticos ciudadanos conocedores de sus derechos y menos fáciles de intoxicar con basura mediática gubernamental- piensan y saben que tener una moneda común con países como Grecia o la España de Zapatero es una insensatez. Y reclaman sensatez a sus Gobiernos. Los resultados de las elecciones en el estado de Renania Westfalia, donde una canciller Angela Merkel -cuya política no tiene alternativa en su país- ha perdido diez puntos de su partido democristiano (CDU) por ayudar a financiar una vía de salvación para un país de finanzas-basura y gestión inepta y corrupta como Grecia, son un toque de aviso. Para navegantes y peregrinos. Se acabó la fiesta. Los alemanes -no sólo ellos- están ya hartos de pagar aventuras irresponsables como la griega de treinta años y la española de los últimos seis. Ayer, después del batacazo electoral en Renania Westfalia, el mayor estado federado de Alemania, Merkel dejó claro que se han acabado las bromas. Y que España y Portugal no pueden jugar con la moneda común como juegan con sus finanzas, con su déficit y sus electores. Hasta hace muy poco era impensable que algún país fuera expulsado de la zona de la moneda común del euro. Hoy tampoco es probable, por complicado. Pero ya es en Berlín o París, asumible, llegado el caso. Lenin, ese héroe de la libertad del gurú de los derechos humanos que es para nuestro Gobierno Santiago Carrillo, hubiera dicho ¿Sto dielat? (¿Qué hacer? en ruso). Pues aquí nadie tiene respuesta a Lenin. Ni sus amigos que lucharon por la libertad en aquella supuesta idílica república democrática y humanista, casi siempre en la retaguardia. No en trincheras en el frente, sino en sacas de presos y creación de fosas comunes. Hemos vuelto a donde quería el abuelo inventado. A hablar del pasado mientras Merkel y Sarkozy buscan fórmulas para neutralizar el peligro que representamos no ya para nosotros, sino para su propia seguridad y bienestar. En fin, hablamos demasiado del pasado, vive Dios. En el presente acabamos de tener otras elecciones además de las de Renania Westfalia. Gran Bretaña tiene que formar Gobierno. Tres partidos sin mayoría han de buscarlo. Lo que está claro es que ninguno quiere compartir destino con nosotros. En el Reino Unido, nadie. En Alemania y Francia son cada vez menos. Mala señal. Para nosotros por supuesto.

ABC - Opinión

Zapatero resiste. Por Cristina Losada

Es sabido que los últimos marxistas están en la derecha: creen que se vota con el bolsillo. El caso es que el bolsillo está vacío y Zapatero resiste.

Como para fastidiar a aquellos que, como Cospedal, reclaman estos días que Zapatero se vaya a su casa, el último barómetro del CIS ha reducido a casi nada la diferencia de intención de voto entre el PP y el PSOE. La opinión pública es, dentro de un orden, una criatura contradictoria y voluble. De ahí que, pese a la sospecha de que el CIS barre para casa, no resulte del todo extraño que entre enero y abril los socialistas hayan recuperado votantes. Ello, incluso, cuando la mayoría desconfía del presidente del Gobierno. Pues el orden, ése que el PP no quiere arriesgarse a modificar y acepta como natural o inmanente, consiste en que España es de izquierdas, aunque le pese.

Los populares achacan el feo resultado al hecho de que las encuestas se realizaran los días en que se levantó el secreto del sumario de la trama Gürtel. Cierto que los sondeados consideran que el PP es el partido más manchado por la corrupción. Pero, ¿no dijeron en Génova que la publicación del sumario no desvelaba nada nuevo y que ya no tendría efecto alguno? Ahora, han cambiado de parecer. Tarde.


Se confirma, una vez más, que las preocupaciones de los españoles son de índole económica. En teoría, la situación ideal para el PP, que ha apostado por hacer una oposición centrada en la crisis y puede presentar un historial de gestión brillante. Sin embargo, el partido de "los problemas que preocupan a la gente" no acaba de conectar con la gente. La inquietud por la marcha de la economía no provoca una modificación sustancial de las preferencias políticas. El PP ha acentuado su perfil tecnocrático y apolítico, frente a un PSOE que hace lo contrario. Y lleva las de ganar este último, que sobrevive sin sufrir grandes daños. Pero es sabido que los últimos marxistas están en la derecha: creen que se vota con el bolsillo. El caso es que el bolsillo está vacío y Zapatero resiste.

Entretanto, el PP deshoja la margarita preguntándose si debe de tomar alguna iniciativa política de gran calibre. Rajoy nada descarta. Y para no descartar nada, se abstiene. A fin de mantener abiertas todas las opciones, no elige ninguna. Ante todo, mucha calma.


Libertad Digital - Opinión

El cambiante Zapatero. Por M. Martín Ferrand

SE equivoca Rigoletto cuando asegura que la donna _ mobile. ¿Hay alguien más mobile, más cambiante e indeciso, que José Luis Rodríguez Zapatero?

Hace sólo unos días le negó a Mariano Rajoy el ajuste del gasto público que, con buen sentido, le reclamaba el líder de la oposición. Incluso tuvimos que soportarle una explicación cantinflesca sobre la inconveniencia de un recorte presupuestario en razón de sus indeseables efectos sociales; pero ha bastado una insinuación europea, sólo un susurro, para que lo que ayer era dogma de la fe política socialista sea hoy un principio de sabiduría económica. Recortaremos el gasto. ¿Cómo? A juzgar por sus antecedentes de sumisa debilidad, el presidente tendrá que consultarlo con los «agentes sociales», esa mandanga que utiliza -unas veces como burladero y otras como ariete- para no encarar la responsabilidad que le compete. Ya veremos lo que dice Cándido Méndez, vicepresidente fáctico, asesor económico y director espiritual del líder socialista.

Es Zapatero quien muta d´accento e di pensier. Lo hace a la menor provocación que venga de fuera, que para algo está señalado como «líder planetario» y, aunque su dimensión sea de cercanías, no renuncia a las largas distancias. En esta su segunda legislatura, tan previsiblemente calamitosa, no ha perdido ninguna oportunidad para cambiar de opinión y defender hoy lo que ayer denostaba. O viceversa. Eso, supongo que suponen sus setecientos asesores monclovitas y todos los sabios externos que le iluminan, debe de ser electoralmente útil; pero, en lo que afecta al rigor y la relevancia exigibles a un jefe de Gobierno, es tan descalificador como ridículo. Más lo segundo que lo primero.

En su empecinado afán de hacer la tortilla sin romper huevos, el socialista pretende reducir el déficit sin subir los impuestos ni tocar el sueldo -menos aún el número- de los funcionarios. Busca la piedra filosofal y, aunque los brujos y los alquimistas ya no son lo que eran, eso podría llevarle a la hoguera o, peor aún en el terreno de lo risible, llegar a tropezar con su propia piedra mientras el país -materialmente- se arruina económica y moralmente. No hay prozac en todo el mundo para atajar la depresión que afecta a los cuatro millones y medio de parados; doce, si contamos a sus familiares y treinta si consideramos también a sus vecinos. De hecho, a cuantos no son funcionarios o jubilados.


ABC - Opinión

Con el rabo entre las piernas. Por Andrés Aberasturi

Si al menos se reconocieran con cierta humildad que tal y como están las cosas nada de lo que se diga hoy es necesariamente válido para mañana, los ciudadanos agradeceríamos la verdad y hasta es posible que eso nos animara a hacer lo posible para salvar la situación.

Pero no. Se empecinan una y otra vez en ser categóricos creyendo que nos convencen con las palabras, los reproches, las apariencias. Y tiene que llegar la señora Merkel en particular y Bruselas en general para sacarnos los colores y hacer que el Gobierno -otra vez- diga dije donde dijo diego.

Hace apenas horas de dos declaraciones contundentes; la primera de la vicepresidenta económica, Elena Salgado, asegurando que no había previstas nuevas medidas y la segunda del mismísimo presidente que respondía a Rajoy con estas palabras: "*por tanto, reducción del déficit, si; drástica, no". Pues ahí lo tienen; un fin de semana en Bruselas y volvemos con el rabo entre la piernas anunciando un recorte adicional del déficit de 5.000 millones (0,5% del PIB) este año hasta situarlo en el 9,3% del PIB y 10.000 millones más de lo previsto en 2011 hasta llegar al 6,3%. Habrá que improvisar nuevas medidas y la reducción será drástica.


Lo curioso, lo que no resulta fácil de entender, es por qué el empecinamiento del Gobierno en contagiarnos su eterno "aquí no pasa nada" a la hora de tomar medidas. Aquí han estado pasado muchas cosas y más que pueden pasar. Aquí se les ha estado reclamando desde todos los ámbitos técnicos -no hablo sólo de partidos- que con los planes previstos ni de broma se podría cumplir con los compromisos europeos y que después de lo de Grecia, el horno no estaba para experimentos ni probaturas. Pues no. El ejecutivo con sus más de cuatro millones y medio de parados, con su endeudamiento galopante, sus hoy disparatados planes de financiación autonómicos, se preocupaba más de los problemas en la Audiencia o el Supremo que de corregir este descalzaperros económico. ¿Y la oposición? Pues combatiendo con la mano derecha al Gobierno y con la izquierda golpeándose a si misma y llamando a los cerrajeros para abrir despachos de Génova. Un número.

Pero hay dos preguntas claves. ¿De dónde va a ahorrar el Gobierno? La respuesta el próximo miércoles si es que les da tiempo a pensarlo, pero más pronto que tarde, desengáñense, de nuestros impuestos. Y la otra pregunta: ¿tan mal lo esta haciendo ZP? Y con la mano en la sinceridad y la vista en las encuestas, la respuesta es "no". Por lo visto al personal le va esta marcha y no sólo no baja la intención de voto desde el último barómetro de CIS sino que recorta la distancia al PP y reduce a un mínimo 1,5% su desventaja. Esto no debería consolarles porque el problema, aquí y ahora, es que los españoles no creemos en ellos, ni en unos ni en otros. Yo no quiero líderes carismáticos sino gentes que sean capaces de administrar con honradez y prudencia los recursos de todos. Pues unos por unas cosas y otros por otras, nos han dejado helados y se han convertido en nuestra principal preocupación. Porque la clase política no es realmente el tercer problema de los españoles sino el primero teniendo en cuenta que el que ocupa ese primer lugar es el paro y el segundo la situación económica, es decir, dos realidades que dependen absolutamente de esa casta cada vez mas rancia a la que llamamos política.


Periodista Digital - Opinión

Moción de censura. Por José García Domínguez

De ahí que presos, tantos años después, entre la España que duerme y la otra que bosteza, una moción de censura se imponga como única terapia capaz de curar la narcolepsia crónica del de Pontevedra.

Deja entrever esa parsimonia de casino de capital de provincia, faria y resopón, la que retrata el liderazgo de Rajoy, un rasgo siempre caro a la derecha española: su muy marcada querencia por que el trabajo lo hagan otros. Como si su libro de cabecera fuese El derecho a la pereza del gran Paul Lafargue, con administrativa indolencia ansían que el poder les sea entregado en bandeja de plata, sin mayor molestia ni trámite que la preceptiva visita a Palacio. Consecuentes, cuando no creen inexcusable obligación de los sindicatos promover una huelga general a su justa medida, pretenden que el PSOE les destituya a Zapatero. Y eso si no dan en reclamar al réprobo mismo que ceda gustoso mover la convocatoria electoral a la fecha que oportunamente se le indique. Todo, mientras los señores echan una partidita de mus en la rebotica de Génova.

Así, hasta que, llegado el punto en que los mercados internacionales optan por ocupar el escaño del jefe de la oposición, aturdidos, despiertan en apariencia de su dulce letargo para, como es norma, nada hacer, siempre a la espera de no se sabe qué Godot. Al tiempo, en fin, nadie ignora que el presidente del Gobierno ya es un ser inhabilitado con tal de mantener comercio alguno, ni el más mínimo, con la realidad de los hechos. Razón de que la urgencia histórica de instalar a un adulto en la Moncloa constituya hoy el imperativo categórico de la fracción del país que aún conserva dos dedos de frente.

De ahí que presos, tantos años después, entre la España que duerme y la otra que bosteza, una moción de censura se imponga como única terapia capaz de curar la narcolepsia crónica del de Pontevedra. Y es que ha llegado el momento procesal de averiguar si tras la hojarasca retórica del PP hay algo parecido a un plan de ajuste alternativo; otro modelo, distinto y distante, de reforma laboral, fiscalidad, pensiones, sanidad, plantillas públicas, sistema educativo... O no. De rehusarla por medroso tacticismo, pánico escénico o simple abulia, dentro de dos años, nadie podrá hurtar a Rajoy su personal cuota de responsabilidad en el desastre. Porque se está agotando el tiempo, sí, y muy deprisa. Pero no sólo el del Encantado.


Libertad Digital - Opinión

Crisis de nihilismo. Por Ignacio Camacho

ESTE clima de desaliento sociológico, este cansancio popular ante los reflejos autocomplacientes de la dirigencia, está incubando una rebelión nihilista contra la clase política. Entre un Gobierno incompetente y una oposición inapetente, la gente se ha entregado a un escepticismo amargo y derrotista que se parece mucho a una dimisión colectiva.

Después, cuando llegue el momento de ir a las urnas, no se consumará la defección porque si hay una pulsión que nos puede es el sectarismo, y los españoles acudirán a las urnas motivados, a falta de mejor aliciente, por la muy cainita pasión de evitar el triunfo del adversario. Pero en las encuestas hay un retrato preocupante de una sociedad desmoralizada por falta de liderazgos.


En Grecia, en los recientes días airados de la rabia y el fuego en las calles, los ciudadanos en estado de cólera arrancaron los adoquines de la plaza Syntagma y los lanzaron contra las fachadas del Parlamento, institución a la que en su arrebato de furia calificaban a gritos de burdel. No había en la zozobra popular helénica un solo matiz de diferencia moral entre inocentes y culpables, ni un ápice de conmiseración por los probables justos de la Sodoma dirigente; aquello era una brutal impugnación de la política como responsable genérica de los males del pueblo. Y había empezado, como aquí, con esa crecida constante de la descreencia y el correlato irresponsable de unos partidos enfrascados en su autocomplaciente batalla por un poder que la gente no sabe para qué sirve porque desde luego no le sirve a ella.

Lo que, cocina de más o de menos, llevan tiempo proclamando los estudios de opinión pública es que la caída de popularidad y confianza de un Gobierno incapaz y de un presidente desacreditado no se corresponde con el presumible avance de una alternativa seductora. Se han roto los vasos comunicantes que suelen hacer funcionar los mecanismos de alternancia. Un retrato social tan persistente no puede ser una fabricación de ingeniería electoral, ni una percepción deformada; en todo caso, es el fruto de un esfuerzo insuficiente por la convicción de la política como servicio público. Y refleja una grave crisis de valores democráticos, en la medida en que da cuenta de un profundo abatimiento popular, de un verdadero déficit de esperanza. Más allá del jolgorio que puede producir al zapaterismo el estancamiento de la oposición -estancamiento relativo, porque al fin y al cabo le va ganando lentamente el pulso-, y por encima de la frustración que pueda causar a los populares la escasa rentabilidad de su esfuerzo, lo que queda patente es la postración ciudadana ante un desafío estéril. Cuando nadie cree en soluciones, las soluciones mismas dejan de existir, y sobreviene un vacío que se parece al caos. Y eso es lo que está ocurriendo en las tripas del cuerpo social español mientras los líderes políticos se enfrascan en una estéril y endogámica pugna sin eco.


ABC - Opinión

Un euro gobernado

La tregua de los mercados tendrá que ratificarse con duros ajustes en los países con más déficit

El mecanismo de asistencia financiera para evitar la quiebra de los países de la zona euro, dotado con 750.000 millones de euros, ha conjurado la amenaza que pesaba sobre el euro y el descalabro general de la deuda europea. No fue sólo el salvavidas lanzado por los países del euro en una decisión histórica lo que disparó ayer los mercados. El Banco Central Europeo (BCE) ha comenzado a comprar deuda y todo apunta a operaciones concertadas entre los bancos centrales de Estados Unidos, Japón, Suiza, Reino Unido y Canadá para inyectar dólares en el mercado interbancario y acabar con las tensiones de liquidez. Será en su conjunto una intervención financiera pública sin precedentes para salvar el euro.

Los máximos responsables de la política económica europea han ofrecido así la imagen de un área euro que se gobierna a sí misma por primera vez. Haciendo de la necesidad virtud, los países agrupados en el euro están empezando a resolver ahora, acuciados por la crisis, los déficits de gobernanza económica que se arrastraban desde la creación de la moneda única. Se trata, se quiera admitir o no, de un salto adelantes sin precedentes hacia un Gobierno económico común de la zona euro.


El acuerdo in extremis, después de una semana tenebrosa para los mercados, ha causado un movimiento pendular contrario: una euforia incontenible en los parqués (el Ibex 35 llegó ayer a ganar el 14,4%, récord de las subidas bursátiles en España) y un reflujo general de las presiones sobre el diferencial de deuda (el del bono español con la deuda alemana bajó desde 140 puntos básicos a 97).

Pero el éxito del fin de semana no es garantía de éxitos futuros. Hay que proseguir en este camino. La decisión europea, de una contundencia excepcional, equivale a comprar tiempo para que los países afectados por las dudas de los inversores puedan ejecutar los planes de ajuste. La volatilidad de los mercados indica que cualquier incumplimiento puede desatar un nuevo espasmo depresivo. No basta con anunciar ajustes; tienen que ser creíbles y hay que aplicarlos.

El Gobierno español es uno de los destinatarios de este mensaje. La vicepresidenta Salgado anunció el domingo un recorte adicional del déficit del 0,5% del PIB este año y de un 1% más en 2011, aunque no sabemos todavía cómo se conseguirán esos ahorros. Los inversores, las agencias de rating y los analistas aplauden el esfuerzo, pero tienen escasa confianza en la capacidad del Gobierno para cumplir con los ajustes. El equipo económico ha repetido que no recortará los gastos sociales; tampoco parece dispuesto a reducir el coste de la Administración; y el recorte de la inversión pública produciría un daño considerable a la recuperación (bastante más que la subida del IVA).

La política económica que tiene que ejecutar el Gobierno es más difícil que anunciar sucesivos recortes del déficit. Las promesas sirven de poco si no se explican las medidas que harán posible su cumplimiento. Si esas medidas no se anuncian con rapidez, la deuda española volverá a perder credibilidad. Cuando se esfume la euforia por el acuerdo europeo, los escrutadores de los mercados volverán a vigilar las decisiones; los anuncios ya están descontados.


El País - Editorial

La bolsa huye espantada de Zapatero

Los inversores no estaban contra Zapatero el viernes y a favor suyo el lunes. Lo que ha cambiado es la garantía de esos títulos. Hace cuatro días sólo los respaldaba la pésima gestión económica de Zapatero, hoy los sostiene el gigante alemán.

La montaña rusa en la que se ha convertido la bolsa española durante las últimas semanas es la demostración palpable de que nadie confía en que el Gobierno de Zapatero pueda encauzar el torcido rumbo de la economía española. La semana pasada el IBEX se derrumbó en una semana catastrófica que puso al borde del abismo al parqué madrileño arrastrando en su caída a todas las bolsas europeas. La razón la tratamos ampliamente en esta misma tribuna el pasado jueves: el mercado internacional no se fía de nuestro presidente del Gobierno y, hasta el acuerdo del domingo, descontaba una más que posible suspensión de pagos estatal en fechas no muy lejanas.

Esta desoladora perspectiva sumada al precedente griego llevó a los tenedores de deuda española a deshacerse precipitadamente de ella. Al fin y al cabo, una bancarrota significa que quien la declara deja de atender a la totalidad de sus deudas. Por tenedores de deuda no hay que entender, –como propagaron Zapatero y sus satélites mediáticos la semana pasada–, a un grupo organizado de usureros que conspiran en la oscuridad contra un Gobierno de izquierdas, sino a miles de inversores desorganizados que buscan un legítimo beneficio comprando los títulos de deuda soberana que emite el Gobierno español, los mismos que Salgado vendía en Londres hace no mucho con el lema “In Spain we trust” como eslogan publicitario.

Si los compradores sospechan que el colateral de la deuda, es decir, la economía española en su conjunto, está muy deteriorado, o que el emisor no es de fiar, huyen despavoridos recuperando lo que puedan en el camino. Así actuaría cualquiera por mucho que Zapatero se empeñe en ver “criminales económicos” o malvados especuladores que aspiran a derribar su Gobierno. El mercado es tremendamente frío y racional. Ni quita ni pone, básicamente porque, dada su complejidad y lo descentralizado de sus decisiones, un cometido como ese se escapa a su radio de acción. En suma, los inversores quieren ganar dinero, no intervenir en la política española que es quien, todo sea dicho, ha recurrido a ellos para financiar sus cuantiosos gastos.

Este lunes las tornas han cambiado. Y no porque la economía española –el colateral de la deuda– haya mejorado o porque de repente los "criminales económicos" hayan pasado a confiar en Zapatero, sino porque unas horas antes de abrirse las bolsas, los líderes europeos acordaron garantizar la hipotética quiebra del Estado español. De esta manera, nuestra deuda está reasegurada, el que la tiene la conserva y el que no la tiene quiere adquirirla a los bajos precios que descontaban una posible suspensión de pagos. Resultado: los valores españoles (nuestra deuda y nuestras acciones) se disparan en señal. La deuda española pasa de este modo a formar parte del pasivo del Estado alemán y de la economía alemana, cuyo crédito en los mercados es muy superior al nuestro.

La gran farsa que Moncloa y sus medios adictos escenificaron la semana pasada ha quedado desmontada en una sola jornada bursátil. Los inversores no estaban contra Zapatero el viernes y a favor suyo el lunes. Nada de eso, estaban con el valor de sus títulos el viernes y siguen estándolo ahora. Lo que ha cambiado es la garantía de esos títulos. Hace cuatro días sólo los respaldaba la pésima gestión económica de Zapatero, hoy los sostiene el gigante alemán. Podría afirmarse en consecuencia que la bolsa ha subido a pesar de Zapatero o, mejor dicho, que la bolsa sube cuando Zapatero ve disminuida, aun temporalmente, su nefasta influencia sobre la economía española.

Los agentes que la han hecho subir siguen siendo eso mismo, inversores bursátiles sin más que persiguen tanto hoy como el martes pasado su beneficio o el de sus clientes, y no “especuladores” o criminales económicos, epítetos aplicados a toda prisa hace una semana a todo el que osase vender un bono español. En estas pequeñas alteraciones del lenguaje es donde el zapaterismo rampante muestra su verdadera cara. No importa la realidad, ni el sentido común, sólo importa el poder. Si las decisiones de esos agentes son propicias a Zapatero serán considerados honrados inversores, si no lo son, malvados especuladores. Nada nuevo bajo el sol.


Libertad Digital - Editorial

El balón de oxígeno de la UE obliga a Zapatero a rendir cuentas

CON la vista puesta en Portugal y sobre todo en España, la intervención de la Unión Europea y del BCE ha supuesto un alivio, recibido con desbordada alegría por los mercados, ya que el riesgo de una crisis de liquidez inminente amenazaba con una crisis de solvencia a largo plazo.

La confianza de los inversores en España estaba deteriorándose a un ritmo alarmante y la respuesta de la UE ha servido, veremos por cuánto tiempo, para frenar el deterioro que amenazaba con arrastrarnos a una situación similar a la griega, Nuestra deuda bruta -tanto pública como privada, casi tres veces el valor del PIB- precisa de ser renovada periódicamente por parte de unos inversores extranjeros de cuya confianza dependemos y a quienes debemos ofrecer garantías suficientes. Esa confianza se estaba perdiendo a marchas forzadas, acentuándose a la par que el Gobierno se perdía en largas disquisiciones sobre la naturaleza de la crisis sin abordar medidas de calado, como la reforma del mercado laboral, uno de los más injustos e ineficientes entre los de las economías desarrolladas.

Tras lo ocurrido este fin de semana, y la inicial reacción de los mercados, el Gobierno no podrá seguir escondiéndose. Puede volver a caer en la tentación de culpar a los mercados financieros, pero ahora ya no sólo rinde cuentas ante las urnas, sino que ha de hacerlo ante sus socios en Europa, a los que habrá de convencer de que España merece el crédito perdido en las últimas semanas. En lugar de excusarse tras las medidas europeas, la responsabilidad del Gobierno le exige ahora más transparencia que nunca, porque los ojos de los socios comunitarios estarán puestos en España, tal como afirmó ayer la canciller alemana, dispuesta a vigilar que Zapatero cumple con su compromiso de reducir el déficit público. Tras la ayuda de la UE, el Gobierno debería aprovechar esta última oportunidad para reconducir la situación de la economía española. Si no lo hace, será la Unión Europea quien exhiba públicamente las miserias de un Ejecutivo preso de su propia necedad e impericia.

ABC - Editorial

La UE dictamina que el canon digital que se aplica en España es ilegal

El canon digital sólo puede gravar los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital que presumiblemente se utilicen para realizar copias privadas, y no puede aplicarse indiscriminadamente a empresas o profesionales que los utilicen claramente para otras finalidades.

Así se pronunció hoy la abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) en unas conclusiones sobre el caso que enfrenta a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la compañía española de soportes audiovisuales Padawan, S.L., que se niega a pagar el canon compensatorio -recaudado a favor de autores, artistas y productores- por copia privada.

La abogada recordó que la directiva europea sobre derechos de autor de 2001 señala que el derecho de reproducción del material sonoro, visual y audiovisual corresponde a los autores, intérpretes y productores.


No obstante, señaló que la directiva consiente que los estados miembros permitan la realización de copias privadas, siempre y cuando velen porque los titulares de derechos reciban una "compensación equitativa" que les retribuya "adecuadamente" por el referido uso de sus obras y prestaciones protegidas.
Así, España optó por permitir la reproducción para uso privado, sin autorización del autor, de obras ya divulgadas, y estableció una retribución "a tanto alzado" a favor de los titulares de derechos, a cuyos efectos gravó los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital indiscriminadamente con un canon por copia privada.

Los fabricantes, importadores o distribuidores han de abonar dicho canon a las entidades de gestión de los derechos de propiedad intelectual. En este caso, la SGAE reclama a Padawan -que comercializa aparatos como CD, DVD o MP3-, el pago de una compensación a tanto alzado por copia privada por importe de 16.759,25 euros correspondiente a los dispositivos vendidos entre septiembre de 2002 y septiembre de 2004.

La compensación de la SGAE

La Audiencia Provincial de Barcelona, preguntó al Tribunal europeo si el sistema de gravamen español es conforme con la directiva, y si la SGAE puede reclamar la compensación por todos los dispositivos comercializados o sólo por los destinados a la copia privada.

En opinión de la abogada general, la directiva reconoce a los estados miembros un "amplio margen de actuación" a la hora de establecer sus respectivos sistemas nacionales de compensación, siempre y cuando se respete un "justo equilibrio entre los afectados" (los titulares de los derechos de autor y los obligados directa o indirectamente al pago).

La jurista cree que ha de existir una relación suficientemente estrecha entre el uso del derecho y la correspondiente compensación económica por copia privada.
En ese sentido, si un país opta por un mecanismo como el canon digital, "sólo" puede considerarse un sistema de compensación por copia privada conforme con la directiva en el supuesto de que los equipos, aparatos y materiales vayan a destinarse presumiblemente a la realización de copias privadas.

De esa forma, la asignación de una retribución a los titulares de los derechos como consecuencia de la aplicación indiscriminada a empresas y profesionales que, "según muestra la práctica", adquieren los aparatos y soportes de reproducción digital para fines ajenos a la copia privada, no constituye una "compensación equitativa", concluye.


La Razón

Leer la notícia en otros medios:

Libertad Digital: El canon digital que se aplica en España es ilegal

El País: La abogada del Tribunal de la UE ve "indiscriminado" el canon digital

ABC: El canon digital aplicado indiscriminadamente es ilegal

El País: El canon digital es ilegal, según la abogada del Tribunal Europeo de Justicia

El Mundo: La abogada general de la UE afirma que el canon no se puede aplicar indiscriminadamente

lunes, 10 de mayo de 2010

Un buen gestor del odio. Por Gabriel Albiac

¿QUÉ es un profesional de la política? Un buen gestor del odio.

Madrid, 12 de octubre. 2003. Tan trivial era el gesto que ningún asistente se había apercibido. Tan insignificante era también su autor. Ya a media tarde, hubo de ser él mismo quien telefoneara a las redacciones: «¿Qué? ¿Qué os ha parecido lo que he hecho...?» Y, ¿qué diablos es lo que podría haber hecho aquel pesado don nadie?, se preguntaron, tras colgar, los requeridos. Repaso de las fotos, por si acaso. Nadie que no sea del gremio puede imaginar la cifra de las que se hacen en el curso de un desfile. Al fin, en una de esas que los fotógrafos tiran al azar de la ráfaga, aparece la tontada: el chico que sustituyó a Borrell tras levantarle la merienda a Bono, está sentado con cara de mala leche; todos, a su alrededor, de pie. ¡Bingo! Hay quien cambia la «primera», a toda prisa: ahí va la foto. Más por irrisión que por otra cosa. Un cateto, tenso en su silla mientras las tropas de un aliado pasan, no deja de ser un espectáculo. Y José Luis Rodríguez Zapatero -que hasta ese día se llamaba Nadie- inicia su leyenda.

Madrid, 2010. 8 de mayo. Joe Biden ha pedido visitar el acuartelamiento de la Bripac, para «rendir tributo a los verdaderos guerreros» que van a combatir -a combatir- junto a los soldados estadounidenses en Afganistán. «Nuestros soldados en el campo de batalla, cuando pueden elegir quién les acompaña, lo hacen a favor de que sean unidades valientes como éstas». Nada demasiado extraordinario: un vicepresidente americano, cuyo hijo ha combatido en Irak, arenga a soldados que combatirán al mismo enemigo en otro frente. El presidente español habla luego: no a soldados; sí a imaginarios enfermeros y asistentes sociales que nadie ve por ninguna parte. El espectáculo podría ser regocijante. No tanto, si uno recuerda la reacción de ese presidente cada vez que un camarada de estos a los cuales tiene ante sí ha caído en el campo de batalla: ausencia. Regocijante, no. Electoral, sí. Y mucho.

Quienes reímos del infantilismo necio de aquel cateto que, en 2003, llamaba a media tarde a los periódicos para mendigar su foto de adolescente descortés en la primera página del día siguiente, nos equivocábamos. No porque el de la suplicada foto fuera menos infantil o cateto de lo que parecía. Nos equivocábamos en lo esencial: no entendimos que infantilismo y catetez, sumadas a una impecable carencia de escrúpulos morales, son arma eficacísima en las manos de un frío profesional de la política; esto es, de un tipo que jamás se ha ganado ni se ganará la vida de otro modo que no sea engañando al contribuyente, ese pobre animal que vota, calla y paga.

No había sectarismo ideológico en el maleducado gesto de entonces. Como no hubo delirio -no sólo- en el discurso del sábado ante el vicepresidente Biden. Había -y hay- cálculo electoral. Bien medido. La más irracional pulsión -y la más eficiente- del inconsciente político español es el antiamericanismo. Arranca del trauma que liga el ascenso estadounidense al naufragio de la última migaja del imperio español en 1898. Y trasciende a ideologías: igual de antiestadounidense es, en España, la izquierda comunista que el franquismo. La retórica de un Girón de Velasco y la de un Santiago Carrillo son, en eso -no sólo en eso-, intercambiables. Que los Estados Unidos salvaran a Europa del irreversible reparto entre Hitler y Stalin, sólo refuerza ese odio.

Da votos. El rencor, digo. Puede que, de verdad, sea lo único que da votos en España. Y hasta un necio puede entender eso. Un necio sin escrúpulos. Que apueste por administrar en su provecho el odio.


ABC - Opinión

Los especuladores tenían razón: España será rescatada. Por Juan Ramón Rallo

El plan de rescate supone el punto final al sueño de la Unión Monetaria. Podrá reconocerse o no, pero si sólo existen dos formas –inflación o rescates costeados por Alemania– de que el euro sobreviva, es que el euro está muerto.

Quizá alguien se pregunte de dónde sale la cifra de 750.000 millones de euros que los ministros de Economía de la Unión Europea acaban de acordar para, según dicen, proteger al euro y combatir a la "manada de lobos" de los especuladores. Algunos pensarán que es una manera de rescatar por completo a Grecia y despejar las dudas sobre el repago de su deuda. Pero no se dejen engañar, porque al menos los números no dejan lugar a dudas.

La deuda total de Grecia se espera que ascienda a finales de este año a 330.000 millones de euros y la de Portugal se cree que llegará a 140.000. La diferencia entre 470.000 millones y 750.000 son 280.000 millones. ¿Les suena de algo esta cifra? Sí, justamente es la cantidad que la semana pasada se rumoreó que España iba a solicitar al FMI para poder refinanciar los vencimientos de la deuda de este año.


Lo cual, al margen de los diversos encajes numéricos posibles, significa dos cosas: una, que Zapatero volvió a mentir como un bellaco cuando dijo que era "absolutamente falso" que nuestro país necesitara y estuviera negociando un préstamo extraordinario; dos, que los especuladores acertaron de lleno. Si alguien quiso meter en la cárcel a quienes difundían rumores falsos, ahora debería estar reclamando el aprisionamiento de la plana mayor del socialismo nacional.

Por supuesto, la excusa oficial para aprobar este megaplan de rescate para Grecia, Portugal y España no ha pasado por reconocer que estos dos últimos países se encuentran realmente en una situación análoga a la helena, sino por denunciar que los especuladores han desestabilizado tanto los mercados que ya no les resulta posible a las economías más débiles encontrar crédito lo suficientemente barato. Ha sido, dicen y repetirán, una "profecía autocumplida": tanto se rumoreó que hacía falta un rescate que al final ha habido que crearlo.

Pero, de nuevo, no se crean estos camelos. Un plan de rescate de 750.000 millones de euros no se crea porque a España se le haya encarecido durante unos días la deuda 100 puntos básicos. No, el plan se crea bajo la certidumbre de que la economía española, como le sucedió a la griega y le iba a suceder a la lusa, tendrá serios problemas para encontrar toda la financiación que va a necesitar este año, con o sin especuladores.

Eso sí, habrá que reconocerles a los gobiernos europeos una maquiavélica inteligencia a la hora de filtrar rumores sobre lo que piensan hacer, crear con ello el pánico en los mercados, proclamar que ese pánico se debe a rumores falsos y finalmente hacer lo que pretendían hacer desde un principio pero justificándolo en la necesidad de tranquilizar a unos mercados revueltos por especulaciones sin fundamento.

Pero por maquiavélicos que sean, para Europa este plan de rescate supone el punto final al sueño de la Unión Monetaria. Podrá reconocerse o no, pero si sólo existen dos formas –inflación o rescates costeados por Alemania– de que el euro sobreviva a los políticos griegos y españoles, es que el euro está muerto y que no conviene a las sociedades que se preocupan más de su futuro que de vivir por encima de sus posibilidades a cuenta de los vecinos.

Para España, el rescate supondrá un alivio a corto plazo. Nunca nadie se ha empobrecido de la noche a la mañana por el hecho de que le regalen dinero; aunque no diría lo mismo con respecto al largo plazo: si la UE pretende regalarle tiempo a Zapatero para que continúe gastando impunemente, mal negocio haremos. Si la única consecuencia del plan es que Zapatero podrá endeudarnos todavía más, desde luego habrá sido tremendamente contraproducente incluso para los supuestos beneficiarios del mismo.

Por ello, los españoles no deberían dormirse sobre los inexistentes brotes verdes que pregona el Gobierno. Si no entendemos exactamente qué nos ha pasado, si no somos conscientes de que si España no ha quebrado ha sido por obra y gracia de Bruselas, si no reconocemos que padecemos a un Gobierno populista que está dispuesto a emplear el poder punitivo del Estado en sus campañas propagandísticas, si no asumimos la absoluta incapacidad de este Ejecutivo en todo aquello que no sea mentir, si no comprendemos que esta lamentable situación no es culpa de ningún especulador que no sea José Luis Rodríguez Zapatero y que, en definitiva, no saldremos de ella mientras esta calamidad humana continúe en el poder, entonces ningún rescate presente o futuro podrá salvarnos. Al fin y al cabo, el crédito que nos entreguen Francia y Alemania habrá que devolverlo en algún momento, pero ¿podremos hacerlo con un Gobierno que, si Europa no lo remedia, aprovechará el apoyo de Bruselas para seguir gastando a manos llenas?

Si la irresponsabilidad de los socialistas va acompañada de una mayoría ciudadana que también se siente irresponsable por haber aupado y por mantener en el poder a un Gobierno que la ha llevado a la quiebra, entonces esa parte de la sociedad se merecerá cada una de las miserias futuras que inexorablemente le tocará padecer. Por desgracia, también quienes llevamos años alertando contra este proceso de expolio nacional deberemos pagar entonces los platos rotos. Es lo que tiene el socialismo.


Libertad Digital - Opinión

Un país de arrebatacapas. Por José María Carrascal

POR muy desconsolado que esté el ministro Gabilondo por no haber logrado un pacto educativo, mi desconsuelo es mayor. Y es mayor porque teniendo bastante más años que él, conforme avanzo en edad me doy cuenta de que las naciones se forjan en la escuela, en los institutos, en las universidades, y que su futuro depende del nivel educativo de sus ciudadanos. No me refiero sólo al futuro económico, sino también al político, al social, al de convivencia interior y de prestigio exterior. En una palabra: de la educación depende que un país esté en la primera liga de naciones o en la segunda.

Todas las estadísticas arrojan que la educación en España se ha deteriorado hasta extremos vergonzosos. La agenda de todos los gobiernos ha sobrevaluado la política e infravalorado la educación, convirtiéndola en criada de sus intereses, atentos a la cantidad no a la calidad y primando la holgazanería sobre el esfuerzo. Se acusó el régimen de Franco de dejar la educación en manos de la Iglesia. La democracia la ha dejado en manos de cualquiera: los políticos, los padres, los propios alumnos. Así está ella, con las peores notas según el informe Pisa.

Ángel Gabilondo ha hecho un esfuerzo ímprobo para corregirlo, pero, tal vez por su formación teológica, olvidó lo fundamental: que la educación se funda en las matemáticas y la lengua. En el lenguaje de los números y en el lenguaje de las palabras. Un chico o chica que domine números y palabras está preparado para dominar cualquier disciplina y afrontar cualquier tipo de problema. De ahí que el PP acertase al exigir que todo pacto educativo tenía que empezar por restablecer el español como asignatura básica, y el ministro se equivocase al no aceptarlo por razones políticas, pues quiero creer que en su fuero interno coincida con mi tesis y no con las que dicen que «el español ya se aprende en la calle». Lo que nos ha traído generaciones incapaces de expresarse, escribir, aprender e incluso razonar correctamente. Lo peor que puede ocurrir en nuestro mundo del conocimiento.

Junto a ello, no conviene olvidar que la educación empieza por la formación de un buen profesorado. Que el bachillerato -al coincidir con la adolescencia- es la clave humana y cultural de los niveles educativos. Que la formación profesional es tan importante como cualquiera de los demás. Y que dejar a la educación en manos de los políticos es casi tan destructivo como dejarles la justicia.

Claro que para lograrlo, antes habrá que desterrar algo más dañino del alma española: que para la promoción social vale más la recomendación o la política, el famoso «enchufe», que la formación que se tenga. Mientras eso no llega, la educación será un factor secundario en la vida española, y España, un país de arrebatacapas, en el pelotón de los torpes, nunca mejor dicho, europeo.


ABC - Opinión

Las derechas invertebradas. Por José García Domínguez

Que el parche de Gabilondo tampoco garantice el uso del español como lengua docente, lejos de enfrentarlos, es capítulo en el que tanto PSOE como el PP con mando en plaza comparten feliz acuerdo.

Basta con ojear la célebre lista de los diez libros más vendidos en España para hacerse una idea, siquiera aproximada, del cataclismo sufrido por nuestro sistema de instrucción pública desde la implantación de la LOGSE y la pareja eclosión de la dictadura de los pedagogos en escuelas e institutos. Al punto de que ya han devenido lugar común las jeremiadas a cuenta de los informes Pisa; la miseria léxica y gramática de los jóvenes licenciados; o el definitivo divorcio entre la Universidad, apenas mero apéndice del colegio, y la alta cultura. Tan sabido y manido resulta el asunto que hasta el PSOE viene amagando con un pacto de Estado con tal de desfacer su propio entuerto. Aunque sólo un poquito.

Así, al modo del Príncipe de Lampedusa, ese flamante heredero de aquel olvidado Pettit, les urge ahora que todo cambie a fin de que todo siga igual. También, claro, en la educación. Nada cabría objetar, entonces, al rechazo del partido de las derechas a legitimar ese leve apaño cosmético; nada, salvo la premisa mayor expuesta aquí mismo por Cospedal. Y es que ha dado en apelar la secretaria general de la formación de Alberto Núñez Feijóo, Francisco Camps y Manuel Fraga, entre otros muchos, demasiados, a "la imagen de España invertebrada que luce en el frontispicio del actual Consejo de Ministros"; o sea, al mismo paisaje acotado, parcelado, privatizado, amurallado y subtitulado que, a día de hoy, igual se refleja en las relucientes vidrieras de Génova 13.

Pues que el parche de Gabilondo tampoco garantice el uso del español como lengua docente, lejos de enfrentarlos, es capítulo en el que tanto PSOE como el PP con mando en plaza comparten feliz acuerdo. ¿A qué recordar, por lo demás, que todo cuanto el filósofo madrileño repudiara en su España invertebrada supone precisamente lo que con más afán celebran y cultivan los barones –y, ¡ay!, las baronesas– de las derechas confederadas? Así la celosa endogamia particularista de las distintas facciones enrocadas en sus feudos inexpugnables. Por algo, constata ahí Ortega: "La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás". Hágame caso, Cospedal, relea el libro con urgencia, pero ante un espejo. Cóncavo, a ser posible.


Libertad Digital - Opinión

Alemania y Europa

LA crisis económica está erosionando las posiciones de todos los gobiernos, incluyendo las de aquellos que están gestionándola con éxito, como es el caso de la canciller alemana Angela Merkel.

Su derrota en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia es una señal de descontento que se refiere no tanto a la situación en Alemania, sino a cierta sensación de hartazgo de los electores alemanes ante el estado de cosas en Europa. Lo peor de estas elecciones es que demuestran, por primera vez tan claramente, que el país más importante de la Unión empieza a ser invadido también por el pernicioso ambiente de euroescepticismo, lo cual es una mala noticia para todos.

La canciller alemana ha sido acusada de haber retrasado las principales decisiones para afrontar la crisis de Grecia, para tratar de minimizar las pérdidas en estas elecciones. Es evidente que se equivocó, porque con sus reticencias ha contribuido a dar tiempo a los especuladores en los mercados internacionales que han empeorado la situación, mientras que no ha podido convencer tampoco a sus compatriotas de que lo mejor para Alemania es contribuir a la supervivencia del euro salvando a Grecia.


El euro se encuentra en grave peligro, por primera vez las tesis que dan por hecho su desaparición ya no son tomadas a la ligera y el papel de Alemania es en estos momentos más crucial que nunca para el futuro de Europa. Angela Merkel ha sido con su liderazgo hasta ahora una brillante impulsora del proyecto europeo, pero la imagen que se transmite dentro y fuera de Alemania es que su único papel es el de pagar los desaguisados de otros gobiernos y las ocurrencias de Bruselas. Es evidente que eso no es justo. Alemania es la principal contribuyente porque es el país más rico y más poblado de la Unión Europea, pero también es uno de los mayores exportadores del mundo, hasta el punto de que puede haber quien crea que tiene capacidad para contemplar su proyección estratégica hacia el mundo en solitario. A pesar de esta derrota, la canciller democristiana debe mantener a Alemania anclada en una Europa donde pese a todo tiene sus principales intereses presentes y futuros.

ABC - Editorial

Blindar el euro

La UE y el FMI acuerdan un fondo masivo y sin precedentes para proteger a los países del euro

Los ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) acordaron la pasada madrugada, justo antes de que abrieran los mercados financieros, un fondo de rescate multimillonario y sin precedentes para garantizar el restablecimiento de la estabilidad financiera en la zona euro. Las dificultades que atraviesa Grecia, y las amenazas que se ciernen sobre otros países, como España, requerían medidas rotundas y resortes institucionales permanentes para afrontar crisis de tanta envergadura como la actual. La constitución de un fondo de emergencia que, entre lo que aporten la UE y el Fondo Monetario Internacional, alcanzará los 750.000 millones de euros a través de créditos y avales es una buena muestra del reto que afronta la economía europea, cuyas dificultades amenazan con contagiar al mundo entero.

Están por ver los resultados de la histórica decisión adoptada ayer en Bruselas y si se articula con eficiencia y agilidad en la siempre complicada burocracia europea, pero sin duda marca un antes y un después en la historia de la Unión. Es, sin lugar a dudas, un golpe de acción contundente para transmitir serenidad a los mercados y, con ello, sentar las bases para reducir la explícita asimetría entre una completa unión monetaria y una integración política inexistente. La otra señal que salió de la reunión de ayer es el propósito de enmienda adicional de las autoridades españolas para dar una vuelta de tuerca que refuerce la reducción del déficit público en los dos próximos años.

Aunque esta no es una crisis originalmente europea, su contagio ha hecho de la UE la región más dañada. Grecia fue la primera, pero la semana pasada hemos tenido evidencias suficientes de la facilidad con que se convierte en sistémica esta crisis, azuzada por los ataques de quienes el Ecofin ha tildado de "manada de lobos". Estos males estuvieron precedidos por las arbitrariedades de las agencias de calificación crediticia, tras los errores mayúsculos previos a la crisis. Si a esto se añaden las poco ortodoxas maneras de bancos de inversión como Goldman Sachs o Lehman Brothers, es lógico que los contribuyentes reclamen a los Gobiernos actuaciones firmes como la adoptada esta madrugada. La moneda única europea está siendo más cuestionada que nunca. Es hora de decisiones como las aprobadas por el Ecofin. Y esto incluye al BCE, empeñado demasiadas veces en dar la impresión de que va por detrás de la realidad.

Junto a las actuaciones reguladoras y de mayor supervisión sobre quienes han motivado la crisis, Gobiernos como el español tendrán que aplicar decisiones impopulares de reducción del gasto público. Si las intenciones de austeridad han de ser inequívocas, tal como promete el Gobierno español con reducciones adicionales de gasto público tras los encuentros de Zapatero con los líderes europeos, conviene que se asienten en hipótesis macroeconómicas creíbles a medio y largo plazo. Para ello es fundamental llegar a acuerdos con los demás partidos, especialmente con el PP.


El País - Editorial

El rescate preventivo de España

España debería ser consciente de que con Zapatero en el poder sólo le espera una bancarrota a la que probablemente habríamos llegado en poco tiempo de no haber sido por la UE y el FMI.

La semana pasada se extendió el rumor de que España iba a solicitar un préstamo de 280.000 millones al FMI ante la imposibilidad de hacer frente a la refinanciación de su deuda. Tal circunstancia encendió todas las luces de alarma en torno a nuestra economía, hasta el punto de que el diferencial de la deuda española con la deuda alemana aumentó a 160 puntos básicos y la bolsa se desplomó alrededor de un 15%.

El Gobierno socialista, lejos de entonar el mea culpa por su manirrota gestión durante esta crisis, prefirió echar balones fuera y culpar a los especuladores de estar difundiendo falacias que promovían los ataques contra intereses españoles. Algunos socialistas incluso hablaron de la necesidad de meter en la cárcel a estos especuladores y, de hecho, el fiscal general del Estado no tardó en referirse a la "criminalidad económica" para perseguir a estos enemigos de la patria. El presidente del Gobierno, tratando de tranquilizar a los mercados y aprovechando para cargar contra los especuladores, calificó de "absolutamente falso" ese rumor y volvió a insistir en que "no daba crédito" al escuchar las comparaciones entre Grecia y España.


Sin embargo, de la reunión del Ecofin de este domingo, que se extendió hasta altas horas de la madrugada del lunes, ha salido aprobado un plan de ayuda para los países de la zona del euro dotado de 750.000 millones de euros. Mucho más, por supuesto, de lo que se prevé que pueda llegar a necesitar alguna vez Grecia, cuya deuda total ascienda a 300.000 millones. Mucho más también de lo que puede necesitar Portugal, cuya deuda pública se sitúa en 150.000 millones. Sólo cabe explicar el monto de la operación (superior en 300.000 millones a las necesidades absolutas de Grecia y Portugal) por tener otro destinatario: España.

Al final, pues, los rumores "absolutamente falsos" no han hecho más que confirmarse y la UE y el FMI han creado un fondo para refinanciar la deuda de España. Los especuladores estaban en lo cierto y los ataques del presidente del Gobierno, de la vicepresidenta y del fiscal general no eran más que una nueva mascarada con la que ocultar su responsabilidad en todo este desbarajuste.

Tal es la incapacidad de este Gobierno para hacer frente a la crisis, que sin llegar a una suspensión de pagos oficial, ha tenido que ser rescatado preventivamente por la Unión Europea. Y, pese a ello, pese a sumir al país en una situación de ruina casi total, el único compromiso al que se atreve a llegar es al de reducir para este año medio punto más de lo previsto el déficit público (hasta el 9,3%).

Lo cual, por cierto, sólo es un nuevo engaño de Zapatero, pues las cifras de déficit público registradas hasta marzo de este año no indican precisamente que el país vaya a lograr reducir el déficit un 12%, como prometió en febrero, o un 17% como prometió ayer domingo, sino que por el contrario lo está incrementando a un ritmo del 18% interanual.

España debería ser consciente de que con Zapatero en el poder sólo le espera una bancarrota a la que probablemente habríamos llegado en poco tiempo de no haber sido por la UE y el FMI. Pero Europa también debería tener presente que con Zapatero no se puede ir a ningún lado y que todo compromiso que haya podido adquirir sólo podrá ser incumplido. La palabra de nuestro presidente no les debería resulta suficiente para regalarle cientos de miles de millones.

A Europa y a España se les acaba el tiempo. Zapatero se ha convertido en un problema para todos.


Libertad Digital - Editorial

El horizonte de las cajas

LA reunión entre el presidente del Gobierno y Mariano Rajoy parece haber desbloqueado la reestructuración de las cajas de ahorros.

Esperemos que sea así, porque los problemas de esa parte del sistema financiero y la aparente incapacidad política para resolverlos han contribuido mucho estos días a aumentar la percepción de riesgo España. El acuerdo promete agilizar las fusiones y acabar con el veto autonómico. Lo que supone considerar que los problemas de liquidez y eventual solvencia de una parte de las cajas de ahorros nacen de su pequeño tamaño y de la injerencia política. Lo primero no es del todo cierto, porque una caja grande no es necesariamente más solvente que dos medianas y algunas de las fusiones intrarregionales que se están planteando apuntan en esa dirección. Lo que invita al escepticismo sobre la voluntad de resolver el segundo problema, la injerencia política. Todo se complica porque una vez ratificado en Cataluña el principio de que los trapos sucios se lavan en casa, no hay argumentos para negar su aplicación en otras Comunidades. Lo peor de ese apaño no es sólo que no garantiza la solvencia de las entidades resultantes, sino que hace aún más difícil su despolitización.

Los problemas de liquidez de las entidades financieras van a continuar. La situación de incertidumbre en el área euro sólo los empeora. Todo acuerdo que aspire a funcionar ha de contemplar la necesidad de recapitalizar un buen número de cajas de ahorros y de aumentar el capital de todas ellas, por prudencia y por exigencia regulatoria como consecuencia de la aplicación de Basilea III. Las cuentas de resultados de las cajas no van a generar un flujo de beneficios suficiente y pueden lastrar aun más la recuperación del crédito al sector privado. Es pues necesario atraer capital externo y ese sólo puede venir de particulares o del Gobierno mediante las cuotas participativas. Cambiar la ley de órganos rectores, algo sin duda deseable, puede esperar. Es más urgente, y más eficaz, utilizar ya las cuotas participativas con derechos políticos tal y como prevé el FROB. Forzar la emisión de estas cuotas; testar primero si hay capital privado interesado y si no que sean adquiridas temporalmente por el Banco de España; utilizar luego los poderes políticos que confieren para proceder a la reestructuración, fusión, venta, o liquidación de las entidades. Ese y no créditos para que los actuales propietarios y gestores sigan mareando la perdiz ha de ser el destino del FROB. No se quiso o no se pudo reformar las cajas en tiempos de bonanza. El ajuste habrá de ser ahora, en plena crisis de confianza, más duro y radical.

ABC - Editorial