jueves, 29 de abril de 2010

La magia del Gran Timonel. Por Hermann Tertsch

AQUÍ lo tienen. Es pura magia. España no es Grecia, dicen.

Por supuesto que no. España es un problema mucho más grave y desestabilizador que no va a permitir generosidades como, si Angela Merkel quiere, recibirá Grecia. España es la pera, nos dicen los nuevos patriotas que llevan seis años fraccionando las instituciones de este país. Ayer nos contaba el presidente del Gobierno, nuestro Gran Timonel, Rodríguez Zapatero, que la recesión se ha acabado. ¡Hala! Se acabó y estamos ya a punto de crear empleo. La economía nuestra está en alza. ¡Yupi y estupendo! El desprecio a la inteligencia de los españoles no parece tener límite en este Gobierno tan acostumbrado a ganar mintiendo, falsificando el presente, el pasado y el futuro con una indecencia que asombra, pero que por desgracia le ha resultado enormemente efectiva.

El problema está en que, horas después, la agencia de calificación crediticia Standard and Poor´s nos rebaja la nota de deuda porque no se fía del crédito de nuestro país. Discrepan del Gran Timonel. Piensan que sus inversores deberían pensárselo siete veces antes de comprar deuda española porque consideran muy plausible que nuestro país pronto esté en una situación que les hace imposible devolver los créditos. Nos bajaron en su día de la AAA a la AA+, y ahora nos quitan el plus y puede que muy pronto nos quiten otra A. Nos vamos con Grecia, pero también con Zimbabue. Lo que llamaba nuestro Gran Timonel del izquierdismo revanchista, prometedor del pleno empleo, la Champions League. Este Gobierno socialista, cuyo presidente presumía de tener asustados a Sarkozy en Francia y a Berlusconi en Italia porque iba a superar su Producto Interior Bruto. Aquí le tienen. Diciendo ante el Parlamento que vamos bien. Ahí estamos, junto a Haití, sumidos en el crecimiento, negativo, del Tercer Mundo, según los datos del FMI.

A ver quién es el macho que compra deuda de España a partir de ahora. El dinero huye de este país como alma que caza el diablo. El dinero es por definición oportunista. No conoce lealtades y no se deja ideologizar. El dinero se mueve y se va de los páramos hacia zonas prometedoras. Y le va a faltar muy pronto a toda esta tropa para alimentar a sus sindicatos y a su gente, a un sector público cada vez mayor, unos palanganeros insaciables y unos subsidiados crónicos. Ahora nos podrán engañar un poco más desde el Gobierno, diciendo, como el inefable ministro Corbacho ayer nos anunciaba, que el balance del empleo es mejor que el que han filtrado sin darse cuenta por su incompetencia sistemática e informática. Será porque la maquinaria de falsificación estadística se ha puesto en plena marcha para paliar el daño de la veracidad involuntaria de un error informático.

La verdad es que estamos en la puerta del corralito argentino y no hay guerra civil, fascismo, histeria revanchista ni niño muerto con los que despistar. Y que si nuestra oposición fuera menos vaga e incompetente en su política de comunicación, este Gobierno tenía que caer ya porque no hay país que resista esto sin hundirse para tiempo indefinido, pero siempre largo. Yo les confieso que tenía la certeza de que esto llegaría precisamente a esto. Y por supuesto lo lamento tanto como el último trabajador que se ha quedado en paro por la ineptitud y las mentiras de este Gobierno. Aquí nadie se alegra de las desgracias. Porque nos afectan a todos. Eso es una calumnia más. Otra infamia del poder a las que ya tan acostumbrados estamos. Todos tenemos a alguien cercano que sufre, si no es que sufrimos nosotros por el drama de nuestra patria. Pero hay que relatar las desgracias y describirlas. Porque si no, no tienen remedio. El atentado contra nuestro bienestar y nuestra convivencia se va consumando. Tiempo tendremos para lamentar estos siete años de langostas intoxicadas por su ideología sectaria vestidas de gobernantes.


ABC - Opinión

Sin Franco no son nada. Por César Vidal

Es triste decirlo, pero la verdad es que la izquierda española es de las más indigentes intelectualmente hablando de la Historia universal.

Repásese su breve andadura histórica y no se descubrirá un solo aporte doctrinal serio o sólido a diferencia de lo que encontramos en Alemania, Gran Bretaña o Francia. ¡Hombre, si el texto más importante de izquierdas que se ha publicado en los últimos cuarenta años es el libro ecologista de Juan Costa! Algo más han dejado en el terreno de las artes, tampoco mucho, pero como ya sabían los griegos, éstas no son suficientes para gobernar medianamente bien una nación. Durante los primeros años de la democracia semejante raquitismo quedó oculto, en parte, por el pendulazo posterior al franquismo y, en parte, porque, huérfanos de mitos, muchos españoles necesitaban creer en uno nuevo. Sólo que como de donde no hay no se puede sacar, el tinglado de la antigua farsa se desplomó pronto. El PSOE de Felipe González sólo tenía para ofrecer el continuar lo que había hecho la derecha franquista y de la UCD, es decir, la integración en Europa y la modernización. Hasta eso lo hizo mal y llegó a tener casi un 25% de parados y un grado de corrupción incomparable. Para colmo, el muro de Berlín se desplomó dejando al descubierto las vergüenzas del socialismo y el PP ganó dos elecciones seguidas, una de ellas con mayoría absoluta.

De esa manera, cuando el 11-M catapultó a ZP a La Moncloa, España se vio condenada a perder en unos años lo que había costado lograr décadas porque la izquierda ni se había renovado, ni había mejorado y da la sensación de que tampoco había leído. Acabada la demagogia de los matrimonios homosexuales y los feminismos desorejados, sólo tenía –y tiene– para ofrecer más corrupción y más miseria en todos los sentidos del término. ¿Y entonces? Entonces, enfrentada con su paupérrima realidad, la izquierda –como los nacionalismos– ha descubierto que no puede vivir sin Franco. Desde luego es para reflexionar que el SDP alemán haya sobrevivido décadas sin tener que agitar el espectro de Hitler y aquí la izquierda no pueda dar un paso sin rememorar a un general que falleció hace más de tres décadas y a cuyas órdenes sirvieron no pocos de los padres de los progres actuales. Decía José Sacristán en una de las películas de José Luis Garci que compusieron el Tríptico de la Transición aquello de «no podemos pasarnos otros cuarenta años hablando de los cuarenta años». La frase era de una enorme sensatez, pero, por lo visto, ni siquiera José Sacristán –al que el franquismo oprimió obligándole a intervenir en docenas de películas que lo convirtieron en popular– parece haber aprendido aquella lección. No pueden vivir sin Franco de la misma manera que los adultos inmaduros que siguen echando la culpa a sus padres de que sus relaciones de pareja no van bien o que los alumnos vagos que atribuyen sus suspensos a que el profesor les tiene manía. En buena medida es lógico porque las izquierdas españolas, para nuestra desgracia, son seniles sin haber salido de la adolescencia; son ignorantes y ayunas de lecturas, y son vagas e incompetentes. Semejantes circunstancias quizá podríamos contemplarlas con indulgencia si se dieran en el hijo tonto de un buen amigo, pero al frente de la nación sólo pueden inspirar desazón. Y es que, en su indescriptible y autosatisfecha inanidad, sin Franco no son nada.

La Razón - Opinión

El Senado de Babel. Por José García Domínguez

Tratan de tapar con esa vana estadística, la de los cinco millones menos un cuarto de hora, el angustioso drama fonético padecido en la Cámara Alta por baturrofalantes, bablófonos, valencianos, vizcaitarras, catalanes, gallegos y silbogomeristas.

Por fatua vanidad intelectual tendemos a despreciar la teoría conspirativa de la historia, al cabo la única capaz de explicar el desvarío particular y colectivo que da forma al guión de la vida, ese cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada, según memorable arbitrio de cierto Macbeth. De ahí que pocos hayan comprendido la intención última del Gobierno al filtrar el verídico censo del paro. A saber, ocultarle a la opinión pública el atropello gramático que vienen sufriendo las delicadas laringes periféricas en el Senado. Tratan de tapar con esa vana estadística, la de los cinco millones menos un cuarto de hora, el angustioso drama fonético padecido en la Cámara Alta por baturrofalantes, bablófonos, valencianos, vizcaitarras, catalanes, gallegos y silbogomeristas, que igual les dicen así a los del silbo gomero.

Una sangrante tragedia nacional que, al parecer, la señorita Pajín ansía corregir por la vía de urgencia. Pues su recto entender le dicta que "la ciudadanía usa todas las lenguas de forma natural, e igual debe ocurrir en el Senado". Gran verdad, sí señor. Sin ir más lejos, uno mismo suele dirigirse al quiosquero en eusquera o aranés, dependiendo del día y el humor. Por su parte, él acostumbra a responder en asturiano. Aunque, a veces, en medio del diálogo opta sin previo aviso por canalizar el resto de su discurso en mallorquín. Circunstancia que procuro aprovechar para pasarme a la variante lusitanista del gallego académico. Y tal que así con la demás ciudadanía toda del barrio. ¿Por qué no habría, entonces, de reproducirse idéntica normalidad cotidiana en el hemiciclo?

La postura de Pajín peca, sin embargo, de indisimulado centralismo uniformista, amén de una catalanofobia apenas velada. Y es que, de prosperar su ocurrencia, los senadores catalanes deberán soportar al estoico modo que el contenido de los discursos en valenciano les sea descifrado en español, y no vertiéndolos a la lengua de Pompeu Fabra como sería lo normal y lógico. De idéntico modo, el PSOE también pretende escatimar la creación del perentorio cuerpo de traductores del vascuence al gallego, y todas las permutaciones posibles de funcionarios, cabinas de doblaje, micrófonos, cascos y pinganillos que exigiría el cabal respeto a las "lenguas oficiales", que predica Leire...¡País!


Libertad Digital - Opinión

Sensaciones. Por Ignacio Camacho

HAY una «cierta sensación», como diría Zapatero, de que el Gobierno no puede con esto. De que está desbordado por las circunstancias y va a remolque de los acontecimientos.

De que la crisis se le ha ido de las manos y todo lo que puede ir mal va mal. Quizá se trate sólo de una sensación, pero una sensación creciente en intensidad emocional y profundidad sociológica. Aunque las sensaciones son siempre subjetivas, pueden volverse subjetivamente generalizadas. Una multitud de subjetividades en la misma sintonía constituye un estado de opinión, y entonces la «cierta sensación» se convierte en sensación cierta.

Al presidente le han dicho sus economistas de cabecera que hay indicios objetivos de recuperación económica -las ventas de coches o de pisos, el leve repunte del consumo y la publicidad- y en su optimismo patológico se agarra a ellos para situarse a contracorriente de la pujante impresión colectiva de desastre.


Su problema consiste en que nadie le cree porque decía lo mismo cuando la realidad lo desmentía con una terca evidencia. Ocurre, además, que sólo contempla lo que desea ver, una actitud profundamente subjetiva. No acepta que sus políticas de gasto sostenido han comprometido la deuda y multiplicado el déficit, creando un problema añadido a la muy objetiva existencia de una recesión que también se empeñó en negar desde su particular subjetivismo. Es posible que incluso tenga «una cierta sensación» de mantener el control, percepción contradictoria con la extendida creencia de que el país carece de mando, liderazgo y gobernanza.

En todo caso, las sensaciones van por barrios. Las agencias internacionales de calificación, por ejemplo, sospechan que España ha dejado de ofrecer garantías de pago de su deuda. En consecuencia, han rebajado nuestra solvencia a la segunda división, esa inquietante categoría en la que un país desarrollado empieza a parecerse a Grecia. Esto es otra sensación, por supuesto, con un importante margen discrecional, pero las Bolsas y los mercados son muy sensibles a según qué efectos, y la gente que presta el dinero -esos tipos llamados despectivamente especuladores que compran los bonos para obtener beneficios a su vencimiento- se pone muy quisquillosa cuando tiene dudas sobre la posibilidad de recuperarlo. Las tasas reales de paro, productividad o déficit, que provienen de modelos de medición efectuados con una objetividad razonable, no avalan percepciones optimistas ni dan lugar a corazonadas emocionales.

De modo que hay una cierta sensación, en efecto, de que las cosas van muy mal y nos estamos viniendo abajo. No la comparten, desde luego, los sindicatos y el círculo pretoriano de Zapatero, pero en la socialdemocracia ilustrada hay serias grietas de confianza. Muchos militantes, dirigentes, votantes y simpatizantes de izquierda empiezan a tener también la cierta sensación de que sus expectativas de poder necesitan un recambio.


ABC - Opinión

3.000 parados cada día. Por Carmen Tomás

Cada día de los meses de enero, febrero y marzo, 3.000 españoles perdieron su puesto de trabajo.

Los datos de la EPA revelados por el diario ABC aseguran que la tasa de paro ya supera el 20 por ciento y que 4,6 millones largos de españoles no tienen trabajo. Son cifras alarmantes, absolutamente históricas y que deberían haber hecho reflexionar al Gobierno. Bien, pues lejos de provocar una reacción en Zapatero y sus ministros, todos han salido con el cuento de que ya el paro ha tocado techo en España. Incluso zapatero ha ido más lejos al asegurar que ya se ve la recuperación y que en cuanto el crecimiento coja ritmo se crearán puestos de trabajo.

El gobierno sigue instalado en la mentira y en la inacción. No sólo los datos de la EPA del primer trimestre, que oficialmente se conocerán este viernes, son escalofriantes. En los años que Zapatero lleva gobernando se ha doblado la tasa de paro y sólo en el primer trimestre de este año casi 300.000 personas perdieron su empleo. Además la crisis griega está penalizando a España, porque los mercados descuentan que por nuestra situación podemos ser los siguientes con problemas graves. Así se ha reflejado en el diferencial de la deuda española con el bono alemán a 10 años que ha sobrepasado los 130 puntos, lo cual es un récord histórico. También la bolsa está acusando esta grave falta de desconfianza en las posibilidades de la economía española. La inversión extranjera ha caído un 60 por ciento y hemos abandonado la lista de los diez países más fiables para invertir.

La irresponsabilidad de Zapatero que sigue perdiendo el tiempo, esperando el santo advenimiento, es total. No hay plan A, ni B, ni C. El diálogo social no avanza por la radicalidad de los sindicatos que siguen empeñados en más gasto público, cuando se ha visto el fracaso absoluto al que nos ha llevado esa política. Tampoco hay avances en el recorte del gasto público. Sigue sin haber ingresos por la depresión de la actividad económica y no se actúa por el lado de los gastos, así que la brecha del déficit de las cuentas públicas sigue avanzando. Lo vamos a pasar muy mal y el gobierno sigue atrincherado y engañando a los ciudadanos. Quizás tendrá que acabar viniendo el FMI a salvarnos, ese que dice que hasta 2016 no veremos la creación de empleo neto.


Periodista Digital - Opinión

Especulación y credibilidad

Sin caer en alarmismos ni exageraciones hiperbólicas, el hecho de que Standard&Poor’s haya rebajado un grado la solvencia de España hay que tomarlo con cierta cautela, pues ni esta agencia de calificación anda sobrada de fiabilidad tras el fiasco de Lehman Brothers, ni nuestro país está peor valorado que Italia o Bélgica.

Tal vez lo más negativo sean las consecuencias psicológicas del mensaje, que golpean directamente la credibilidad de nuestras finanzas en los mercados internacionales. Con unos circuitos financieros fuertemente recalentados y en el clima de crispación que viven los países comunitarios a cuenta de la hecatombe griega, que nuestro país pierda solvencia excita el apetito de los especuladores, pese a los esfuerzos realizados por el Gobierno para marcar distancias con respecto a Grecia y Portugal. Dicho de otro modo, a España se le terminó el periodo de gracia que la vicepresidenta Salgado y su número dos, José Manuel Campa, lograron con la gira internacional realizada en febrero por varios países europeos y Estados Unidos, incluyendo varios medios de comunicación. Parece que tampoco la activa presencia del presidente del Gobierno en los grandes diarios internacionales ha surtido el efecto deseado. En este sentido, la pérdida de «rating» supone un portillo abierto a los especuladores, verdaderos especialistas en detectar las debilidades de empresas o países en dificultades y en obtener a su costa cuatiosos beneficios inmediatos.

La crisis griega no se explica cabalmente sin las maniobras de esos tiburones financieros. Pero, ojo, ningún predador ataca a quien considera fuerte o inexpugnable. En este sentido, que se hayan fijado en España es un toque de atención al Gobierno y a la gestión de Elena Salgado, pues lejos de retener la confianza de los inversores internacionales con medidas y disposiciones eficientes, no ha sido capaz de cortar la hemorragia de los malos indicadores, entre ellos la duplicación del déficit en el primer trimestre del año, el constante aumento de la deuda y el récord histórico de la tasa de paro, que ha superado el 20%. Conviene distinguir, sin embargo, entre lo que es gestión del Gobierno y la musculatura de nuestra economía para salir de la recesión. Tiene razón Zapatero cuando afirma, como hizo ayer en el Congreso, que hay signos claros de reactivación económica, como el aumento de las exportaciones o el consumo de energía. Ciertamente, el tejido empresarial español da leves muestras de revitalización, aunque aún deba restañar muchos costurones. Pero no se puede decir lo mismo de la política de Salgado ni de su plan de estabilidad financiera, cuyas idas y venidas, enmiendas y remiendos lo han dejado sin credibilidad ni consistencia. Por tanto, o la vicepresidenta económica recupera la fiabilidad en las cuentas del Estado y leva a la práctica un recorte drástico del gasto no productivo, de manera que se cumplan las previsiones enviadas a Bruselas sobre el déficit, o los especuladores redoblarán sus ataques en las próximas semanas, con las indeseables consecuencias de todos conocidas. El mejor modo de ahuyentar a los tiburones es no darles carnaza ni cometer errores.

La Razón - Editorial

Zapatero desafía a Zapatero. Por Cristina Losada

En la urgencia, quieren cosas contradictorias, como los niños: cambiar a unos magistrados por otros, pero que no se pronuncien sobre el texto sagrado ni los antiguos ni los nuevos.

En política no hay ideas lógicas, escribió Zapatero en el prólogo a un libro de Jordi Sevilla. Como para corroborar el aserto del presidente, su hombre en Barcelona, José Montilla, y Artur Mas, su hombre en Madrid por una noche, han pergeñado una resolución que ha de aprobarse en el parlamento de la autonomía catalana. Su punto número dos exige la urgente renovación del Tribunal Constitucional. Su punto número tres sostiene que el Tribunal debe declararse "incompetente". ¿Para qué renovarlo, entonces? Si el TC no puede pronunciarse sobre el Estatuto de Cataluña, lo único que han de reclamar es que se disuelva. Así, se ahorrarían un atentado a la lógica y una ofensa a la inteligencia.

Con el concurso de CiU y otros primos, el PSOE intenta esconder lo ocurrido en el TC y conducir el esperpento hacia el callejón del Gato. Pues ha sucedido que la mayoría del Tribunal considera que hay más de una quincena de artículos del Estatuto que son inconstitucionales. Ni limpio como una patena ni cepillado. Salvo accidente imprevisible, el Estatuto está cadáver, por mucho que aplacen su entierro. Un momento fúnebre que la presidenta del TC ha venido posponiendo durante cuatro años con el apoyo de los de Mas, que dieron el placet a la enmienda que prorrogó su mandato. Es ahora, en vista de que la cocina de Casas no puede sacar el pastel tal cual entró en el office, con meros retoques decorativos y acaso unas velas de cumpleaños, que les ha sobrevenido la urgencia por renovar.

En la urgencia, quieren cosas contradictorias, como los niños: cambiar a unos magistrados por otros, pero que no se pronuncien sobre el texto sagrado ni los antiguos ni los nuevos. Y es que a ninguno de los mentados conviene que se airee la muerte del Estatuto, mientras que a todos les va bien atizar la rebelión contra la legalidad constitucional, que es lo suyo y es también la esencia del Estatuto. Se dice en un periódico que con esa resolución "Montilla culmina el desafío a Zapatero". Nada culminará, a menos que lleve a Madrid ese pintoresco documento y haga que los diputados del PSC voten a su favor en el Congreso. Y no lo verán nuestros ojos. El hiriente y lesivo espectáculo al que asistimos es el de Zapatero desafiando a Zapatero. Ni una idea lógica.


Libertad Digital - Opinión

Un Gobierno insolvente

STANDARD and Poor´s bajó ayer la calificación de la deuda española y la puso en perspectiva negativa, episodio ante el que el Ejecutivo socialista no puede alegar sorpresa o desconocimiento, ni traspasar su responsabilidad.

Como presidencia europea de turno, ha fallado estrepitosamente en prevenir la crisis y en coordinar una respuesta eficaz; como Gobierno español, ha vuelto a errar en el diagnóstico, se ha visto totalmente superado por los acontecimientos y ha carecido de la más mínima capacidad de reacción. No se podía esperar otra cosa de un equipo dirigido por un presidente que desprecia las leyes económicas y una vicepresidenta que desconoce los fundamentos de su ministerio. Rodríguez Zapatero sigue en su mundo virtual, jugando a la economía de la décima, como si algo fuese a cambiar porque el INE registre un crecimiento de esa magnitud en el primer trimestre o el paro de abril caiga en esa cantidad. Salgado -sin ninguna experiencia previa por decisión explícita del presidente, que no quería más expertos pesimistas- pierde el tiempo identificando molinos de viento, como la oposición, los especuladores, las agencias de rating, en vez de preparar una respuesta coherente y creíble. Esta crisis se podía haber evitado perfectamente si el Gobierno tuviera un plan B y hubiera escuchado los múltiples avisos que le han llegado desde todo tipo de instituciones nacionales e internacionales, incluidos la oposición, el Banco de España y el Ministerio de Economía.

Lo ha resumido dramáticamente el director ejecutivo del FMI. Los escépticos tenían razón y el diseño de la Unión Monetaria estaba incompleto, lo que quiere decir que está en cuestión la viabilidad de España en el euro. Ya no es un problema de deuda, sino de confianza en que este «Gobierno de España» entienda que el euro comporta obligaciones y no sólo derechos. Escribirlo no es catastrofismo, sino condición necesaria para entender lo que está pasando y lo que continuará pasando si se mantiene el tancredismo presidencial. Las reformas necesarias son conocidas y Zapatero debería conocerlas ya de memoria de tanto negarlas: recorte de gasto público, reforma laboral, reestructuración bancaria y mejoras de competitividad. Hoy tendrán que ser más duras que hace un año. La cuestión se resume en si este presidente tendrá la voluntad y el coraje necesarios para desdecirse a sí mismo y enfrentarse a la realidad. Los inversores necesitan comprobar que la España de Zapatero no es la Argentina de Alfonsín.

ABC - Editorial

Salir del estupor

La rebaja de la calidad crediticia obliga al Gobierno a concretar sus medidas de ajuste

Paso a paso, los mercados financieros (es decir, los inversores europeos y mundiales) están castigando la política económica española por la falta de claridad en aplicar las medidas anunciadas para corregir el voluminoso déficit público generado durante la crisis. En un clima de inquietud general, causado por el crash de Grecia y el deterioro galopante de la solvencia de Portugal, la agencia de rating Standard & Poor's rebajó la calificación de la deuda española desde AA+ a AA y deja abierta la posibilidad de nuevas degradaciones. La decisión acentuó la convulsión de la Bolsa española, que ayer perdió el 2,99%, mucho más profunda que Londres, París o Francfort.

Aunque se puede argumentar que el rigor de las agencias de calificación merece ser cuestionado, sobre todo por su incapacidad para calibrar el alcance de la crisis financiera (S&P tenía muy bien calificado a Lehman Brothers cuando quebró), y que otras agencias mantienen su confianza en las cuentas españolas, lo sustancial es que la decisión refleja las dudas de muchas instituciones financieras o políticas ante los problemas del Gobierno para aplicar un plan de ajuste de sus gastos públicos, un programa de rescate de las entidades financieras y una reforma del mercado de trabajo.

La solvencia financiera de España se aproxima a territorios peligrosos no sólo por el contagio de Grecia o por la presión de los especuladores, sino por la incapacidad del Ejecutivo para concretar el plan económico que diseñó, correcto en sus líneas generales, pero que está perdido en el limbo de negociaciones diferidas, pactos nebulosos y descoordinación entre ministerios. España ha dilapidado un tiempo precioso, el que concedieron los inversores cuando el Gobierno explicó las líneas generales de su plan de ajuste en Londres.

La degradación crediticia tendrá consecuencias. Encarecerá el coste de la deuda y dificultará la financiación de las entidades bancarias. No hay que descartar que la pérdida de calidad precipite la crisis de alguna caja o banco. Y deteriorará la imagen de los grandes bancos (menos afectados inicialmente por la crisis financiera) y las empresas españolas.

Resulta imperativo que el Gobierno salga de su estupor, porque cada minuto que pasa sin decisiones efectivas encarece el coste de restaurar la confianza en la solvencia española. Después de la pérdida de calidad crediticia, ya no bastará con una moderación salarial en el sector público para convencer a los mercados de que España puede reducir el déficit al 3% en 2013; será necesario aplicar un plan de congelación de los sueldos públicos y una poda administrativa. Tampoco será suficiente con el tibio enjuague de fusiones consentidas entre cajas de ahorros de la misma autonomía; habrá que ir a recapitalizaciones forzosas e intervenciones de la autoridad bancaria. El Gobierno tendrá que presentar además ajustes de los costes sociales. La resistencia a tomar decisiones por miedo a las reacciones políticas o sociales siempre se paga.


El País - Editorial

Márchese, señor Zapatero

Ante esta crisis económica, que se suma a una crisis nacional e institucional también sin precedentes, ya va siendo hora de que alguien le espete al presidente un "márchese señor Zapatero". España no se merece un Gobierno que la arruine y que le mienta.

La decisión de la agencia de calificación crediticia Standard & Poor´s de rebajar nuevamente la nota de la deuda española a largo plazo, no por previsible resulta menos dramática para la economía española. El bono español ya cotizaba más de 100 puntos básicos por encima del alemán, lo que quiere decir que al Tesoro español ya le cuesta endeudarse mucho más que al germano, tendencia esta que la decisión de la agencia de calificación va a intensificar todavía más.

Con un Gobierno que se opone a reducir el gasto público, que se opone a cualquier reforma liberalizadora que reactive nuestra economía y que no contempla otra forma de aumentar los ingresos que no sea a través de una esterilizante subida de impuestos, estamos abocados a un déficit y un endeudamiento galopante que, para colmo, va a ser cada día más caro de financiar.


Por mucho que el Gobierno quiera desacreditar a esta agencia de calificación crediticia, por mucho que vuelva a apelar a un patriotismo mal entendido y por mucho que nos vuelva a hablar de una conspiración internacional contra España, la realidad y los mercados no van a dejar de imponerse.

Si Standard & Poors y demás agencias de calificación han fallado en el pasado, lo han hecho siempre pecando de optimismo, por lo que más le valdría al Gobierno no utilizar ese argumento como excusa. En cuanto al "patriotismo" de este Ejecutivo, aliado de formaciones secesionistas, más le valdría saber que el patriotismo en estos asuntos pasa por reconocer la realidad tal y como es y tener el valor de llevar a cabo las medidas necesarias para cambiarla. Justo lo que Zapatero se niega a hacer.

En lugar de ello, lo que hace Zapatero, y cada día con más intensidad, es recurrir al uso sistemático de la mentira, tal y como ha repetido este miércoles en sede parlamentaria, y tal y como, sólo en parte, ha dejado en evidencia Mariano Rajoy.

Así, decir como ha dicho Zapatero que las afiliaciones a la Seguridad Social subieron en 22.000 personas, cuando en realidad cayeron en 34.600 cotizantes, es una mentira tan grosera como la de afirmar que los ingresos del Estado crecieron un 0,8 por ciento, cuando la realidad es que la recaudación descendió un 1,9 por ciento en el primer trimestre.

Zapatero ha tenido también la desfachatez de afirmar en el Congreso que existe una "mejora" del déficit, cuando lo cierto es que ha experimentado un aumento del 17,5% internanual. Eso, por no hablar de su patética apelación al incremento de las ventas de automóviles, ventas que, en realidad, se están financiando con el dinero del forzado contribuyente.

Ante este generalizado desastre, que la vicepresidenta Fernandez de la Vega tambien ha tenido la caradura de presentar como muestra de que "el Gobierno sabe hacer los deberes y los está haciendo bien", no hay que extrañarse de que los inversores, tanto nacionales como extranjeros, hayan perdido la poca confianza que les quedaba en este Ejecutivo, sin que medie en ello conspiración internacional alguna.

Así las cosas, el principal obstáculo para la recuperación se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Ya nadie puede albergar esperanza alguna de que el presidente de este Gobierno acometa lo que se ha negado a emprender durante todos estos años. De él sólo cabe esperar más y más mentiras.

Ante la mayor crisis económica que ha padecido España en su historia reciente, y ante una crisis nacional e institucional también sin precedentes, ya va siendo hora de que alguien le espete al presidente un "márchese señor Zapatero". España no se merece un Gobierno que la arruine y que le mienta.


Libertad Digital - Editorial

Un «Tinell» contra el TC

LA clase dirigente catalana ha vuelto a ponerse de acuerdo en un nuevo gesto frentista que recuerda al «Pacto del Tinell» que llevó en 2003 a los socialistas al poder autonómico de la mano de la extrema izquierda y los independentistas, agrupados en torno al derrocamiento de CiU y, a escala nacional, a la política de exclusión del PP. Tampoco faltaron los convergentes a aquella subasta de excesos con la tristemente famosa firma de Artur Mas ante notario para exhibir su repudio a los populares. Ahora, la víctima de esta concertación social-nacionalista es el TC, contra el que el Parlamento catalán aprobará hoy una resolución que pide mucho más que una obvia renovación. El tripartito y CiU buscan formalizar el proceso de deslegitimación del TC para privar de cualquier valor político -porque el jurídico será incuestionable- la sentencia que se pronuncie sobre la inconstitucionalidad del Estatuto catalán. El desmarque de ERC resulta irrelevante: aunque no suscriba el documento, porque se le queda corto, lo respalda inequívocamente.

La resolución del frente social-nacionalista catalán se introduce en el absurdo al reclamar del TC que se declare incompetente para resolver los recursos de inconstitucionalidad contra el Estatuto. La negación de esta competencia básica del TC es una manera nada sutil de defender la intangibilidad del Estatuto y su condición igualitaria a la de la propia Constitución. En definitiva, para el tripartito y CiU el Estatuto es una expresión de soberanía de Cataluña que ningún órgano del Estado puede revisar. Este planteamiento es inaceptable, y debería ser el Gobierno la primera voz en denunciar la estrategia desleal de los promotores de esta resolución. Por eso también ha sido muy desafortunado el apoyo dado por Patxi López a su colega Montilla. Si alguien debería estar interesado en la fortaleza de las instituciones del Estado frente a los embates del nacionalismo soberanista es el lendakari socialista, cuyo acceso al poder autonómico gracias al PP se produjo como reacción frente a la deriva ultramontana del PNV. La papeleta de Rodríguez Zapatero no es fácil, pero es la que se ha buscado por querer jugar simultáneamente a agitador del nacionalismo y a jefe del Gobierno de la Nación. En Las Cortes, donde Montilla le va a plantar la resolución contra el TC, Zapatero tendrá que retratarse y elegir qué papel quiere asumir.

ABC - Editorial

miércoles, 28 de abril de 2010

Franquismo hasta en la sopa. Por José María Carrascal

EL franquismo se ha convertido en la última trinchera de la izquierda.

¡Quién iba a decírselo a él y a ella! Pero es la única bala que le queda a un gobierno desbordado por todas partes, sin salirle ninguna cuenta. Ni las económicas, ni las del estatuto catalán, ni las de la presidencia europea, que está resultando un auténtico gatillazo. Así que se ha puesto a buscar franquistas hasta debajo de las piedras.

Vamos a ayudarle en su labor. No hace falta buscar mucho. La España actual está llena de franquismo más o menos disimulado. Tenemos partidos políticos, sí, pero todos funcionan como el antiguo «movimiento». El que se mueve, no sale en la foto. Allí no se mueve nadie. Y el que se mueve, a la calle de donde vino.


¿Y el Congreso? ¿Han visto ustedes a algún congresista votar contra lo que le ha ordenado su jefe de filas? Los únicos que lo han hecho fue por haberse equivocado. Los demás, a apretar el botón correspondiente. ¿Qué representación ciudadana es ésa en la que los ciudadanos ni siquiera sabemos el nombre del que supuestamente nos representa?

Del poder judicial ¿qué voy a decirles si la progresía es la primera que está acusándole de ser un nido de franquistas, los Tribunales Supremo y el Constitucional a la cabeza? Cuando han sido los partidos políticos quienes nombraron a sus miembros. Aunque la mejor prueba es que si uno de los jueces que ellos nombraron se atreve a actuar por su cuenta, ponen el grito en el cielo. ¡Menuda independencia judicial es ésa! Por no hablar ya del Fiscal General del Estado, al que tienen al pobre de asistente a sus órdenes. Y esto vale tanto para el PP como para el PSOE, para pequeños como para grandes, para nacionalistas como para constitucionalistas. Los sindicatos, tres cuartos de lo mismo. Por lo pronto, son mantenidos por el presupuesto estatal y son tan «verticales» como los anteriores, con «liberados» del tajo en vez de aquellos «enlaces sindicales». Aparte de estar más entregados a la agitación ideológica que a la laboral, a movilizarse a favor de un juez que contra el paro.

Podría seguir poniendo ejemplos de que el franquismo sigue vivo y coleando en la España democrática, pero el espacio se me agota y temo no decir lo más importante: que eso que llamamos franquismo posiblemente sea españolismo. Mejor dicho: los eternos vicios españoles. Que aquí, de democracia, en la izquierda y la derecha, poco. Que de responsabilidad, menos. Que si el juez sentencia a nuestro favor, es bueno, y si sentencia en contra, es malo. Que de los partidos esperamos que nos coloquen a nuestro hijo tonto, porque el listo ya se las arreglará por su cuenta. La consigna es: yo agarro lo que puedo y el que venga detrás, que arree.

(Con mis excusas a los que se encuentran en medio del fuego cruzado de ambas partes)


ABC - Opinión

Grecia quebrada, ¿siguiente?. Por Manuel Llamas

Poniéndolo en perspectiva, si Grecia es Bear Stearns (primer banco de inversión quebrado con las subprime), España es Lehman Brothers. Aún estamos a tiempo de evitarlo pero, en caso contrario, prepárense para el desembarco del FMI.

Nueva jornada negra en la bolsa, tanto española (-4,2%) como europea (-3,6%). ¿Qué ha sucedido? Imagínese por un momento que usted vive en un bloque de viviendas en el que cada propietario (Estado), como es lógico, ha de hacer frente mes a mes al pago de sus facturas (deuda). Los vecinos de las plantas superiores (Alemania) son trabajadores responsables, con un buen empleo, un elevado salario y un cierto colchón financiero gracias a que no han despilfarrado su dinero. Pese a que tienen deudas, gozan de solvencia suficiente para cumplir sus compromisos.

En las plantas inferiores, sin embargo, los vecinos (Grecia, Portugal, España, Italia e Irlanda) se han quedado en el paro (recesión), por lo que sus ingresos se han desplomado (recaudación fiscal) y, pese a su delicada situación financiera (déficit), siguen saliendo de copas y no se privan de ningún lujo (gasto público) a base de tirar de tarjeta de crédito (más deuda). Como resultado, su deuda se dispara, y puesto que siguen siendo unos irresponsables que se niegan a encauzar su situación (drástico recorte presupuestario), algunos bancos cancelan sus cuentas y otros comienzan a exigirles un tipo de interés muy superior (prima de riesgo) al de sus vecinos solventes.

Mientras, las facturas siguen llegando, pero puesto que ya no hay un duro y la vía de acudir al crédito se ha cerrado, el de la planta baja (Grecia) solicita un préstamo al del ático (Alemania) con la simple promesa de que se lo devolverá en tres años. ¿Le prestaría usted el dinero sabiendo que es el propietario más escandaloso y gamberro de toda la comunidad? Pues Merkel está en ésas y, de momento, da largas, consciente de que es muy posible que dicho sujeto incumpla su promesa de devolución. De hecho, en el seno de su coalición se aboga ya por idear un plan de reestructuración de deuda para que Grecia pueda retrasar sus pagos.

La siguiente factura helena vence en mayo y el mercado (inversores) mucho se teme que no va a poder pagar, por lo que han encarecido aún más el crédito ante el elevado riesgo existente. Este fenómeno afecta a las bolsas de forma directa, ya que Atenas debe mucho dinero (unos 200.000 millones) a sus acreedores (tenedores de bonos), sobre todo, bancos europeos (franceses, suizos y alemanes). Esto es, de forma muy general y muy simple, lo que está aconteciendo en el seno de la zona euro (nuestra particular comunidad monetaria).

Este martes, la agencia de calificación Standard & Poor's ha rebajado la calidad crediticia del Gobierno griego al nivel del bono basura (alta probabilidad de impago) porque, en esencia, dudan de la capacidad del país heleno para aplicar un histórico plan de austeridad, debido a la oposición interna y a las débiles perspectivas económicas.

Pero no es el único. Si Grecia no cumple, ¿qué impide que suceda lo mismo con los otros vecinos díscolos? Ante esta perspectiva, S&P también ha recortado el rating de la deuda de Portugal (de "A+" a "A-"), con lo que se sitúa al borde de la segunda división. La debilidad estructural de la economía lusa se debe al fuerte deterioro de sus finanzas públicas y las escasas perspectivas de crecimiento.

A España le sucede más de lo mismo. Pese a que su deuda no ha sido degradada (que lo será), el mercado exige un tipo de interés más elevado para seguir prestando. Así, el diferencial de la deuda pública española y la alemana, la de referencia en Europa, registró un nuevo máximo (110 puntos básicos). El interés de los bonos españoles a 10 años se situó en el 4,032% frente al 2,9% del bund alemán. Además, el riesgo de quiebra escaló hasta rozar los 200 puntos, nuevo máximo histórico, según el mercado de CDS (seguros de impago). Es decir, para asegurar 10 millones de dólares en bonos españoles hay que pagar 197.545 dólares anuales.

Grecia está quebrada. Ha llegado a un punto de no retorno y todo indica que acabará negociando un plan de reestructuración con sus acreedores para demorar los pagos, y aplicar una quita de deuda de entre el 50% y 70%, con todo lo que ello supone en cuanto a pérdidas. Sin embargo, su economía es muy pequeña.

La verdadera pesadilla dentro de esta crisis de deuda pública que ha estallado en el seno de la Unión no es Atenas sino España. Si el Gobierno no hace los deberes y recompone de forma urgente, sólida y creíble su deteriorada posición fiscal, sin duda, iremos detrás. Y será entonces, y sólo entonces, cuando asistiremos a una verdadera situación de pánico en la que, a modo de fichas de dominó, la incertidumbre de insolvencia se extendería a las economías más grandes, desde Reino Unido a Japón (Estados Unidos sería la última). Poniéndolo en perspectiva, si Grecia es Bear Stearns (primer banco de inversión quebrado con las subprime), España es Lehman Brothers. Aún estamos a tiempo de evitarlo pero, en caso contrario, prepárense para el desembarco del FMI.


Libertad Digital - Opinión

Doña Emilia y las dos naciones. Por Gabriel Albiac

ANTES que el respeto al Tribunal Constitucional, exigido por doña María Emilia Casas, está el respeto a la Constitución. Y, antes que ambos, está el respeto a la lógica. Sin la cual, un humano no es mucho más que una bestia. Con frecuencia, menos.

El Título Preliminar de la Constitución española del año 1978 (artículo 1.2) pone su sujeto constituyente en el pueblo español: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». El Preámbulo del recurrido Estatuto de Autonomía de Cataluña del año 2006, lo fija en la nación catalana: «El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación». La Constitución de 1978 y el Estatuto de 2006 son incompatibles. En la literalidad del sujeto sobre cuya identidad se constituyen. Las normas prolijas, a través de las cuales el articulado de ambas Cartas Magnas codifique esa incompatibilidad fundacional, son irrelevantes para la fundación misma. A un Tribunal Constitucional debiera haber atañido tan sólo la constatación básica: dos sujetos constituyentes definen -desde que Siey_s, en 1789, fija el léxico- dos Constituciones. Dos naciones, por tanto. Sólo queda poner ante el Estado la seca alternativa lógica: o nulidad de un texto ante el de rango superior, o inicio de los trámites que regulen la mutua independencia de las naciones que ambos textos definen.



Nada ganamos con hacer de esa disyunción un drama. Cualquiera de ambas opciones es viable. Legalmente viable. Como lo es el tránsito, no necesariamente golpista, de una a otra.

La anticonstitucionalidad del Estatuto es un dato. De hecho. Que no requiere, para ser constatado, condición de jurista (por cierto, no exigida para ser miembro del Constitucional, que, como todo el mundo sabe, nada tiene que ver con poder judicial alguno). Sólo saber leer: algo menos frecuente que poseer un título de licenciado en Derecho. A y no-A se excluyen: así de duras son las cosas del lenguaje; y de la lógica; desde Parménides. Dos sujetos constituyentes no pueden coexistir en una sola nación. La nulidad de un Estatuto redactado en contradicción con una norma más alta es, en automatismo lógico, inevitable. Que lo sea en automatismo político es ya otra cosa: tal, la tragedia de una España en la cual política y lógica van cada una por su lado, y en la cual la primera dispone de todas las potestades para aniquilar a la segunda.

Pero el tránsito legal es posible. Siempre lo es, en un texto constitucional que merezca tal nombre, el fin de una nación y el paso a otra. En la Constitución española de 1978, está con claridad codificado, mediante la aplicación del artículo 168: «1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al capítulo II, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. 2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. 3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación».

Al final de ese proceso, la independencia catalana puede consumarse en la más exquisita legalidad. Y se acabó. Puede no ser agradable; tampoco es que lo sea mucho esto de ahora. Pero nada tiene de hecatombe. Violar la Constitución para alzar la ficción de un Estado con dos Constituciones, sí lo es.


ABC - Opinión

Zapatero, ideología y el desempleo. Por Agapito Maestre

El problema no es Zapatero, sino los cientos de estultos y cínicos analistas "políticos" que no levantan acta de su maldad. ¡En el pecado, sin duda alguna, llevan su penitencia!

Mientras el Gobierno ejerce el poder con contundencia y precisión, los medios de comunicación producen ruidos y más ruidos. Nada. En efecto, hay ruido, mucho ruido, y poca crítica política. Quiero decir que resulta extremadamente grave que los grandes medios de comunicación se presenten únicamente como "medios", barreras, para ocultar las trampas de los poderosos. Del poder. Empieza a ser terriblemente ridículo, incluso patético, que los periódicos nacionales oculten, o mejor, no se tomen en serio leyes y acciones del Gobierno de Zapatero que ponen, precisamente, en cuestión su propio capital intelectual, a saber, actuar como críticos del poder.

Mal análisis político es aquel que confunde las causas con los efectos. El periodista que demanda de Zapatero unas palabras, un discurso, en fin, algo que oriente a los españoles contra la crisis institucional y las tensiones ideológicas provocadas, según estos "finos" analistas, por la extrema izquierda, en mi opinión no se ha enterado de lo que está pasando en España o, peor aún, simulan su estulticia. Estultos o cínicos, faltos de capacidades intelectuales o sobrados de inteligencia, los periodistas que exijan ahora, a mitad de esta dramática legislatura, un discurso a Zapatero para probar su liderazgo democrático, es decir, un programa para sacarnos de la crisis económica, social y moral de España, estarán actuando como un auténtico valladar del poder, o sea, como alguien que está defendiendo al poderoso.


Nadie con un poco de cordura puede pedirle al presidente de Gobierno que nos salve del infierno ideológico que el mismo Zapatero, desde el año 2004, ha diseñado y construido con precisión socialista. Totalitaria. No ha dejado nada para la improvisación. Ha legislado hasta cómo hay que poner las losas en los cementerios. El ataque a las instituciones del sistema político, la movilización ideológica contra la Transición, el resucitar del guerracivilismo, el fomento del odio entre españoles, el obligarnos a construir nuestra propia memoria de acuerdo con los dictados del Estado, etcétera, etcétera, no son cosas de grupos de "extrema izquierda". Son las grandes "creaciones" políticas de Zapatero. Son las bases para ganar las próximas elecciones. Son las columnas sobre las que sustentar un régimen con una oposición ficticia. Un simulacro de democracia.

Sin embargo, cientos de periodistas se engañan. Tigres de papel. Estultos y cínicos siguen coreando que esas acciones y leyes de Zapatero son meramente ruidos. Columnas de humo simuladas. Nada sin importancia. Más aún, gruñen estos grandes imbéciles o trincones de la prensa esas leyes, esos jueguecitos de Zapatero, sólo sirven para que éste oculte la crisis económica. Imbéciles y cínicos enteraros de un puñetera vez que "eso" que llamáis ruido es la columna vertebral de los políticos sin escrúpulos. La ideología es el fuego. Es un terrible incendio que comienza a extenderse por todas partes. Pronto, más pronto de lo que algunos imaginan, a este país ya no lo reconocerá ni la madre que lo parió. Volvemos, sin que nadie lo remedie, al salvajismo de los años treinta. Vale.

Esperar, pues, de Zapatero unas palabras de alivio, como algunos le pedían de su comparecencia en el Senado para contestar la pregunta de Pío García Escudero sobre qué hará el Gobierno para frenar el paro, era una quimera. Otro autoengaño. Nadie cuerdo puede pedirle a Zapatero que tome medidas serias de carácter estructural contra la crisis económica, pues que, desde el año 2008, este político sólo ha pretendido mantenerse en el poder con el populismo, o sea, no remediando el desempleo sino subsidiando, dándoles un trozo de pan, a los parados. Ha vuelto a repetirlo en el Senado: "Yo seguiré subsidiando a los parados". Zapatero, sí, es el "modelo" de gobernante, o mejor, de político dispuesto a sacrificar a su país con tal de mantenerse en el poder. Por un puñado de votos este tipo es capaz de cualquier cosa.

El problema no es, sin embargo, Zapatero, sino los cientos de estultos y cínicos analistas "políticos" que no levantan acta de su maldad. ¡En el pecado, sin duda alguna, llevan su penitencia! En verdad, quien demande a estas alturas de la legislatura que Zapatero tome medidas para enfrentase a la crisis económica, o que defienda las instituciones políticas del ataque al que están siendo sometidas por los protectores de Garzón y compañía, está cayendo en algo peor que la ingenuidad. Está protegiendo al presidente del Gobierno para que siga haciendo barbaridades.


Libertad Digital - Opinión

La crisis institucional. Por M. Martín Ferrand

LOS naturales de Monforte de Lemos, como lo es la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, suelen ser gente muy suya. Recia y firme.

En lo que es hoy Parador de Turismo de la villa lucense, con anterioridad Monasterio de San Vicente del Pino, se conserva la tumba de quien fue su abad, Diego García. Cuenta la leyenda, y no desmiente la Historia, que, en plena Edad Media, el abad benedictino utilizaba un pasadizo secreto entre su convento y el Palacio del Conde de Lemos para, en ausencia del señor, entenderse con la señora. Enterose el conde, invitó a cenar al pecador a quien, llegados los postres, coronó con un aro de hierro incandescente que le condujo, directamente y sin escalas, a la tumba que evoco más arriba y que está próxima a la pila bautismal, que también se conserva.

En parecida exhibición de carácter, y más respetuosa con la ley que con la oportunidad, la presidenta del TC acudió al Club Siglo XXI para presentar una conferencia de Jerónimo Saavedra. No se limitó la brava monfortina a glosar la grandeza y los méritos de su presentado -hoy alcalde de Las Palmas y varias veces ministro y presidente de Canarias- y aprovechó el viaje y el momento para cantar las glorias de la institución que preside, permisible y vanidosa licencia, y protestar por la «desproporcionada e intolerable campaña de desprestigio» que afecta al TC. Padecemos, dijo, una crisis institucional que alcanza al ámbito de su presidencia.


La notable monfortina siguió el camino, el pasadizo secreto, que en su día enfrentó al duque y al abad. Todos somos hijos de nuestra memoria y en ella entran hasta las leyendas de nuestros orígenes más remotos. A la presidenta del TC se le puede reprochar la inoportunidad, en espacio y tiempo, de su mensaje, pero no su contenido. La crisis institucional, forzada por las deslealtades a la Constitución de algunas Autonomías y por la irresponsabilidad provocadora de José Luis Rodríguez Zapatero, es un hecho palpable. El disparate del nou Estatut, de Parlament a Parlamento, no es más que la razón por la que el TC trata de echarle un zurcido desde hace casi cuatro años para salvar, al menos, las apariencias. No sería justo convertir en autor al corrector de pruebas y, quizá por eso, la polémica presidenta armó la tremolina en un club castizo del viejo Madrid, de cuando el centralismo administrativo todavía no era pecado.

ABC - Opinión

Escuchemos al experto. Por Pablo Molina

Avales no le faltan, porque si algún partido asesinó con especial saña fue el comunista, en cuya cúspide orgánica figuraba nuestro joven valor socialdemócrata hasta que decidió huir al exilio dejando a sus conmilitones a merced de los nacionales.

A Santiago Carrillo le hubiera gustado probablemente pasar desapercibido los últimos años de su vida, reflexionando sobre su pasado, escribiendo algunas cartas dirigidas a los hijos de ciertos compañeros suyos de partido que, fatalmente, acabaron liquidados por una sesión de "autocrítica" de las que tantas protagonizó el PCE bajo su mandato y cuidando camelias en un jardín alejado del ruido urbano. Sucede que la izquierda necesita tanto su presencia mediática para suprimir la verdad histórica que constantemente le animan a que imparta lecciones de moral pública, situación con que sueña cualquier abuelete cebolleta que frise su edad. Ahí es nada, contar a todo el mundo cómo sucedió lo que no ocurrió nunca y que encima te hagan la ola.

El ex líder de los comunistas era un personaje amortizado por sus propios compañeros de viaje hasta que Zapatero llegó al poder. El hombre recibía algún homenaje, balbuceaba con su habitual tono alegre los dogmas más rancios de la ortodoxia leninista en la radio, de vez en cuando desprestigiaba alguna que otra universidad pública aceptando un honoris causa y poco más.

Pero Zapatero, el renovador de la socialdemocracia española, el líder moderno de la izquierda del siglo XXI, el que prometió, en fin, transformar los viejos arcaísmos del socialismo español, difícilmente equiparable a sus homólogos europeos, ha decidido que esta joven promesa asturiana de la política tiene mucho que decir en el concierto de las ideas progresistas.

Y ahí le tenemos, lanzado como un alocado ancianito a los mandos de un deportivo de alta gama y embistiendo a todo lo que se le pone por delante sin el menor sentido del ridículo. No había tocado todavía el asunto de los crímenes durante la Guerra Civil, pero las iniciativas del Gobierno y sus adláteres en ese terreno están ya tan desbocadas, subversión constitucional incluida, que hasta se permite el lujo de impartir doctrina también en ese terreno. En cierto modo avales no le faltan, porque si algún partido asesinó con especial saña y meticulosidad fue el comunista, en cuya cúspide orgánica figuraba nuestro joven valor socialdemócrata hasta que decidió huir al exilio dejando a sus conmilitones a merced de los nacionales. Ya que Zapatero y sus cejateros no piensan realizar esa obra de caridad, que algún alma caritativa le indique el camino al museo. De los horrores.


Libertad Digital - Opinión

Las verdaderas dos Españas. Por Ignacio Camacho

VEINTE por ciento de desempleo. Ésa es la terca realidad que late por debajo de las polémicas estériles y del humo de las hogueras aventadas por una clase dirigente autista.

Ése es el retrato fidedigno de esta España a la que algunos tratan de presentar como una nación atribulada por la falsa resurrección de los fantasmas del pasado: cuatro millones seiscientos mil españoles malviviendo sin trabajo en una economía estancada. Casi un millón de ellos no recibe prestación, y otros tantos -en muchos casos se trata de las mismas personas- tienen más de 45 años y nulas expectativas de salir del paro. Pero a los sindicatos autodenominados «de clase» sólo parece preocuparles el empleo de un ciudadano, que además es funcionario público. Se llama Baltasar Garzón Real.

Ésas sí son las verdaderas dos Españas. El país real, devastado por una crisis apenas acolchada por los subsidios, diezmado en su tejido productivo, bloqueado de crédito y de expectativas, y el país virtual, dibujado por una dirigencia enfrascada en el mantenimiento de sus privilegios de poder. Con su demoledora irrupción en el horizonte de la opinión pública, la Encuesta de Población Activa -conocida antes de tiempo por un error informático; quizá la estaban peinando para tratar de restarle una décima al guarismo fatídico del veinte por ciento- ha desnudado la falacia de los debates artificiales con que se entretiene nuestra nomenclatura política. Todo el delirio de la resurrección tardofranquista, toda la faramalla propagandística contra el Supremo y el Constitucional, toda la agitación callejera en supuesta defensa del juez Garzón, todo el especulativo manoseo en torno al Estatuto de Cataluña, toda la agenda onírica consignada por el zapaterismo para contrarrestar la evidencia de sus incapacidades ha quedado demolida de un golpe por la contundencia de unos datos estremecedores. Veinte por ciento de paro -el doble que la Grecia en quiebra-, un Gobierno inerte y unos sindicatos mudos, absortos en la fantasmagoría de la memoria histórica para eludir la responsabilidad de su papel en este presente despiadado.

En un panorama de gravedad tan crítica, la actitud de la clase dirigente -incluida una oposición contemplativa o narcotizada- resulta una auténtica anomalía democrática. Ajena a la parálisis socioeconómica, ensimismada en la fabricación de polémicas-señuelo, entregada a un absurdo revisionismo de las pautas de convivencia y a la pugna clientelar por cuotas de mercado electoral. Cataléptica, colapsada, en estado de bloqueo funcional. Absorta en una extraña pasividad autocomplaciente, poseída por una frivolidad irresponsable. Un día, en el futuro, alguien estudiará este fenómeno y se hará preguntas: cómo pudo suceder que la prosperidad de un país se desangrase mientras sus dirigentes rebuscaban entre tumbas de una guerra remota las huellas de su propio fracaso.


ABC - Opinión

Garzón y los cinco millones de parados. Por Jesús Cacho

«Un país desarrollado cuya tasa de desempleo dobla la media de la UE es un país enfermo»

La portada de este diario era ayer un poema o un relato de terror sobre las miserias de la situación española: “El desempleo supera la barrera del 20% y afecta ya a 4.612.700 personas”. “El dinero huye de la Bolsa española (-4,19%); “Algunas cajas fusionadas no podrán pagar el FROB y habrá que intervenirlas”; “Un anuncio tardío: las renovables pierden 2.670 millones en Bolsa”… Como las casualidades no existen y menos en política, habrá que concluir que un probo funcionario del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha querido dar a conocer las cifras reales de la EPA antes de que el amanuense de turno, al servicio del Ejecutivo, las cocine para aliviar la brutalidad del dato: más del 20% de la población activa española ya está en paro. Querido José Luis [Rodríguez Zapatero]: vas a tener que convocar más, y más numerosas, manifestaciones de apoyo al juez Garzón para enmascarar la realidad de la situación española.

Hay quien sostiene que la cifra, con ser terrible, no recoge en torno a un millón de personas más que deberían engrosar aquel guarismo, y no lo hacen por trucos metodológicos o de otro orden. Me refiero a aquellos que durante la semana anterior a la realización de la Encuesta no pudieron demostrar haber hecho esfuerzos constatables para encontrar empleo (en torno al medio millón de personas), y a los empleados a tiempo parcial, contabilizados como parados antes del 2004 y que ahora no lo son (en torno a 600.000). Millón arriba o abajo, un país desarrollado cuya tasa de desempleo dobla la media de la UE es un país enfermo, aquejado por graves problemas estructurales y obligado a movilizarse para hacer frente a una situación que cualquier sociedad libre y no alienada calificaría de emergencia nacional. El Ejecutivo socialista, sin embargo, se dedica a movilizar a sus Coros y Danzas para cargar contra el Tribunal Constitucional, el Supremo, y la Iglesia católica. Querido José Luis [Rodríguez Zapatero]: vas a tener que convocar más, y más numerosas, manifestaciones de apoyo al juez Garzón para enmascarar la realidad de la situación española.

Esto va a explotar antes del verano

Vamos de forma inexorable camino de los cinco millones de parados, porque el balance de los datos macro que se van conociendo correspondientes al primer trimestre del año hablan de un estancamiento, cuando no franco retroceso, de la situación con respecto al último trimestre del año anterior. Seguimos cayendo, en el peor de los casos, o francamente parados, en el mejor, condenados a años de estancamiento (hasta el 2016, ha dicho el Fondo Monetario Internacional) económico y elevadas cifras de paro, una situación con un coste social inasumible incluso para una sociedad tan anestesiada como la española. Con todo, los nervios a flor de piel que ayer exhibían tantos españoles (gente muy caliente, muy cabreada, incluso en el PSOE) tienen más que ver con la sensación de que, si con 4,6 millones de parados podemos seguir tirando mal que bien, esto no va a aguantar, esto va a explotar antes del verano por la conjunción de crisis financiera (sector privado) más crisis de deuda (sector público). El fantasma de Grecia parece cada día más cerca. Mientras tanto, el Gobierno se dedica a calentar el ambiente con los problemas personales de un juez con más cara que espalda. Querido José Luis [Rodríguez Zapatero]: vas a tener que convocar más, y más numerosas, manifestaciones de apoyo al juez Garzón para enmascarar la realidad de la situación española.

«Zapatero nos ha metido en una crisis económica y en un lío institucional de tan alto coste como difícil remedio.»

La mala suerte colectiva de España con su clase dirigente, de que hablaron nuestros clásicos. Problema viejo. Drama perennemente renovado por los petimetres a quienes elegimos para gobernar, dispuestos, además, a jugar alegremente a la confrontación entre españoles. Se ha escrito muchas veces y es hora hoy de reiterarlo: España tardará tiempo en recuperarse de los efectos de los ocho años de presidencia de Zapatero. El personaje nos ha metido en una crisis económica y en un lío institucional de tan alto coste como difícil remedio. La suma de ambos factores conduce al empobrecimiento colectivo y a riesgos hoy difícilmente cuantificables para la convivencia y la libertad. Zapatero ha dado la espalda a la reforma del sistema financiero (cajas a punto de estallar); no ha hecho ni hará el imprescindible ajuste fiscal, y tampoco acometerá la necesaria reforma laboral. Tiene bastante con sacar a sus masas a la calle para seguir entreteniendo al personal con la revisión de la España de 1936 y las tribulaciones de su juez de guardia. Me temo, querido José Luis [Rodríguez Zapatero], que vas a tener que convocar más, y más numerosas, manifestaciones de apoyo al juez Garzón para enmascarar la realidad de la situación española.


El Confidencial - Opinión

El Montesquieu de Cornellà. Por José García Domínguez)

Desconcertante el paralelismo entre esa troupe de tercera regional que ahora mismo manda en Cataluña y aquella cuerda de iluminados que con su demencia atizó las ascuas de la Guerra Civil hace setenta y seis años.

Al socaire de la enésima espantá del Constitucional, los líderes catalanistas todos han sabido lucir a la altura de su genuina talla. El primero, el presidente de la Generalidad, conduciéndose como un caudillo peronista de los arrabales de Buenos Aires tan ignorante como ajeno al muy elemental principio democrático de la división de poderes. Así, tras saber de la votación, el Montesquieu de Cornellà acertaría a cavilar que "los jueces conservadores (sic) son más fieles, lo tienen más claro, son más obedientes al partido que los propuso". Pues entiende el Muy Honorable que a los magistrados de la máxima instancia arbitral de la Nación procede suponerles idéntica calidad moral que a un ñoqui cualquiera de la UGT.

Por su parte, el siempre engolado Mas ha optado por competir en histrionismo apocalíptico y demagogia de frasco con los charlatanes de la Esquerra. Un empeño en verdad difícil, aunque no imposible. De ahí el generoso surtido de barbaridades jurídicas, necedades políticas y astracanadas retóricas que viene regalándonos en las últimas horas. Y es que también él necesita sobreactuar, convencido como está de que sólo un clímax de emotividad irracional habrá de salvarlos del ridículo. Al cabo, siete años perdidos con la estomagante monserga del Estatut pueden ser demasiado hasta para un electorado tan adocenado y pastueño como el catalán. De nuevo se impone, pues, la ópera bufa.

Desconcertante, por lo demás, el paralelismo entre esa troupe de tercera regional que ahora mismo manda en Cataluña y aquella cuerda de iluminados que con su demencia atizó las ascuas de la Guerra Civil hace setenta y seis años. Recuérdese a Macià, descrito de la siguiente guisa por su amigo de juventud Amadeo Hurtado, el jurista que representó a la administración autonómica en el contencioso agrario que desencadenaría la asonada separatista del treinta y cuatro: "No sabía nada de nada y daba miedo escucharle hablar de los problemas de gobierno porque no tenía ni la más elemental noción; pero el arte de hacer agitación y de amenazar hasta el límite justo para poder retroceder a tiempo, lo conocía tan bien como Cambó". O a su igual Companys, aquel diletante ciclotímico sobre el que Prieto confesaría a Azaña: "Companys está loco, pero loco de encerrar en un manicomio". De tal palo, en fin, tal astilla.


Libertad Digital - Opinión

Falsa igualdad

EL Ministerio de Igualdad es una apuesta de Rodríguez Zapatero cuyas ocurrencias sin sentido salen muy caras al Tesoro Público en esta época de crisis.

La última singularidad de Bibiana Aído consiste en imponer a las empresas privadas una especie de «comisarios» de igualdad, encargados de velar porque se acabe la «brecha de género» que impide a las mujeres desarrollar su vida en plenitud. Bajo esta retórica vacía de contenido se ocultan una serie de puestos de trabajo cubiertos en buena parte por mujeres afiliadas al feminismo radical y, por supuesto, afines al PSOE y a la izquierda en general. Así pues, «agentes» y «promotores» de la igualdad de oportunidades verán reforzadas sus competencias, incluyendo a la profesión en el catálogo nacional de ocupaciones y buscando un espacio propio en el sector privado al que -de momento- apenas tienen acceso. Al margen de lo anecdótico, estamos en presencia de una nueva muestra de que este Gobierno malgasta su tiempo en ocurrencias menores y busca alguna actividad para los amigos, sin provecho alguno para el conjunto de la sociedad.

Lo último que les faltaba a las empresas en la situación actual es la imposición de un control a cargo de estos comisarios dispuestos a denunciar cualquier discriminación real o imaginaria. La igualdad del varón y la mujer es un objetivo irrenunciable en una sociedad madura y desarrollada, pero las vías para alcanzar ese objetivo son la educación, el talento y el reconocimiento del mérito y la capacidad, muy lejos de las cuotas, las coacciones o los dogmatismos ideológicos.

Rodríguez Zapatero prefiere hacer guiños al feminismo más tópico y anticuado en lugar de impulsar planes de recuperación económica para fomentar el empleo, que beneficiarían tanto a hombres como a mujeres. Por esta vía, lo único que consigue es dar satisfacción a unos pocos e irritar al conjunto de la sociedad, que sufre las consecuencias de la crisis sin distinción de sexo o de cualquier otra condición personal. El Ministerio que dirige Bibiana Aído demuestra una vez más que es absurdo, caro y perfectamente inútil.


ABC - Editorial

Los parados, sin techo

En plena marea de datos negativos para la economía española, procedentes tanto del mercado laboral como del financiero, se aguardaba con cierto interés la intervención del presidente del Gobierno en el Senado, tras el largo silencio que ha observado durante los últimos días. Sin embargo, no puede afirmarse que el discurso de Zapatero haya aportado novedad alguna o que haya contribuido a recuperar la confianza del ciudadano en su política económica. Expresiones como «ya hemos tocado techo» o «a partir de ahora descenderá la tasa de paro» están tan manoseadas y han sido utilizadas tantas veces por los portavoces del Gobierno, que las palabras de ayer del presidente sonaron a la enésima reedición de un discurso ante el cual los ciudadanos están ya inmunizados. Lo cierto es que la tasa de paro supera, por primera vez desde que González fue derrotado por Aznar, el 20% de la población activa, lo que equivale a más de 4,6 millones de trabajadores. Se esperaba también con gran interés que los líderes sindicales, que ayer presentaron las manifestaciones del 1 de mayo, agarraran por los cuernos estas cifras sin precedente de desempleo.

Sin embargo, tanto Méndez como Toxo se limitaron a glosarlas de mala gana y a exigir que el Gobierno no sólo no toque las prestaciones, sino que las incremente. Ni que decir tiene que no hubo una sola crítica para la política económica socialista, aun teniendo en cuenta que en el primer semestre del año se han superado las previsiones de paro de todo 2010. También causa estupor que los eslóganes sindicales para la fiesta del sábado sean una advertencia a los empresarios, a los que se acusa de querer recortar los derechos de los trabajadores. Mientras sindicatos y Gobierno van de la mano y se protegen mutuamente, casi todos los indicadores económicos siguen arrojando datos negativos, como que el déficit en el primer trimestre se ha duplicado con respecto al mismo periodo del año anterior, pasando de 4.803 a 8.908 millones de euros; y eso a pesar de la supresión de la ayuda general de 400 euros. Si a esto se añade que en los mercados financieros el coste de la deuda se ha duplicado con respecto a la última emisión de las mismas características, es evidente que los próximos meses serán mucho más delicados en un entorno internacional altamente volátil debido a la tragedia griega. No debería minusvalorarse la advertencia del Banco Central Europeo, cuyo vicepresidente puso ayer a España como ejemplo de deterioro fiscal junto a Grecia e Irlanda. Es cierto que la economía española y el volumen de su deuda no son comparables a las de Atenas, como suele predicar Salgado en los foros internacionales; pero también es verdad que el paro en España es muy superior, lo que condiciona y ralentiza la recuperación sostenida de nuestra economía y le resta credibilidad. Que frente a este inquietante horizonte el presidente del Gobierno se despache con acartonados mensajes de optimismo, lejos de tranquilizar al ciudadano, le produce desasosiego y pesimismo. Y que los sindicatos sigan en la ficción de culpar a los empresarios frustra e indigna a millones de parados.

La Razón - Editorial

Paro: el sello del socialismo

Dicen que Nerón, ante el incendio que él mismo había provocado en Roma, se limitaba a ver el terrible espectáculo tocando la lira. El inmovilismo de Zapatero no es mucho mejor, por más que no acompañe con instrumentos musicales su recital de mentiras.

Zapatero no ha podido sino confirmar el dato que, gracias a una confusión informática del INE, se ha podido conocer antes del viernes, día en que el Gobierno tenía previsto hacerlo público: la tasa de paro en el primer trimestre del año ha superado el 20% y el número de personas sin trabajo ha sobrepasado el listón de los 4 millones y medio.

No vamos a recordar ahora las innumerables veces en las que el Gobierno, no ya desmentía, sino incluso insultaba a quienes pronosticábamos que, dada la desastrosa política económica del Ejecutivo socialista, la tasa de paro iba a superar ese psicológico umbral del 20%, sólo alcanzando bajo los gobiernos de Felipe González. Lo único que podemos constatar es que Zapatero ha confirmando el dato asegurando, tal y como viene haciendo desde hace años, que el paro ha "tocado techo" y augurando un descenso del mismo ya para el próximo trimestre. El presidente se escuda así, tal y como ya hizo en abril del año pasado, en el repunte estacional del empleo que suele darse en el segundo trimestre de año, cara al verano, para hacernos creer que estamos ante un definitivo punto de inflexión, consecuencia de una auténtica y consolidada recuperación económica.

Al margen de que no hay un solo dato objetivo para el "optimismo" de Zapatero, el presidente del Gobierno ignora que ya desde hace tiempo le sucede aquello de "que viene el lobo", sólo que al revés: que de tantas veces que ha dicho que la recuperación está a la vuelta de la esquina, la gente ha terminado por no creerle. Más aun si sus increíbles y refutados augurios los entrevera con falsedades tan constatables como la de decir que "siempre hemos tenido en la democracia el doble de paro de la media europea", afirmación que sólo es cierta si limitamos la democracia española a las etapas en las que han gobernado los socialistas. Y es que el verdadero sello del socialismo, en general, y del español muy en particular, es ése: un debilitamiento de nuestra economía y elevadisimos niveles de paro que en nuestro pais se suma a una crisis institucional y nacional sin precedentes.

La realidad del paro en España –con un desempleo juvenil que supera el 40 por ciento y con más de un millón de parados mayores de 45 años– ya es lo suficientemente dramática como para que encima Zapatero reincida ofensivamente en el engaño. Si de verdad quiere recuperar algo de credibilidad, en lugar de ejercer ese engañoso "inmovilismo locuaz", en acertada expresión de Pío Garcia Escudero, lo que debería hacer Zapatero es justo lo contrario de lo que ha venido haciendo hasta ahora: acometer una drástica reducción del gasto público y llevar acabo inmediatas, profundas y generalizadas reformas liberalizadoras en nuestra economía, empezando por la de nuestro rígido mercado laboral.

Esta visto, sin embargo, que el inmovilismo de Zapatero no se perturba ni siquiera ante las evidencias del abismo al que estamos abocados: al incremento del paro y al desplome de la bolsa –la segunda peor caída del año–, hay que sumar el hecho de que la deuda pública española a diez años se ha pagado al 4,032%, 110 puntos básicos por encima de la alemana. Como remate, el Banco Central Europeo ha puesto este martes a España como ejemplo de deterioro fiscal junto con Grecia.

Dicen que Nerón, ante el incendio que asolaba Roma y que él mismo había provocado, se limitaba a ver el terrible espectáculo tocando la lira. El inmovilismo de Zapatero no es mucho mejor, por más que no acompañe con instrumentos musicales su recital de mentiras.


Libertad Digital - Editorial

España, la tormenta perfecta

LA revelación hecha ayer por ABC de los datos de la Encuesta de Población Activa muestran una cifra de paro histórica, que supera los 4.600.000 desempleados, desbordando esa tasa del 20 por ciento que el Gobierno descartó que se alcanzara.

Este dato es la demolición del poco crédito que le quedaba al Ejecutivo socialista para liderar la recuperación económica de España, una cifra de la que sólo cabe extraer una consecuencia lógica, que es la necesidad de un adelanto electoral que permita a la democracia funcionar como catarsis de una nación azotada por las peores crisis posibles.

El Gobierno ha tocado fondo y, lo que es peor, parece dispuesto a quedarse ahí, arrastrando consigo el futuro de España. Porque, sin dramatizar, España está en el umbral de una decadencia que trasciende la crisis económica -ayer escenificada con toda crudeza en la Bolsa, con una caída del 4,19 por ciento en el Ibex- y con consecuencias más graves que las que muestran las estadísticas oficiales. Esta crisis económica está siendo especialmente cruel con España porque ha hecho aflorar las carencias de un Gobierno elegido en tiempo de bonanza y acostumbrado a administrar la riqueza que heredó de ocho años de buen gobierno. En cuanto ha sido puesto a prueba por la crisis, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero se ha manifestado como un equipo débil y desorientado. Además, su crisis política es evidente, porque el Gobierno no tiene confianza en sí mismo. Le falta liderazgo y está en manos ajenas. El balance de la presidencia europea es el fiel retrato del vacío de ideas y de proyectos del equipo socialista. Seis años después de llegar al poder, sus apuestas se cuentan por fracasos, como la vuelta «al corazón de Europa», el final dialogado de ETA, la paz autonómica o la diplomacia buenista.

Por si fuera poco, se añade una crisis de los principios imprescindibles para toda nación que precise autoestima y fortaleza frente a la adversidad. La concordia nacional está en riesgo por un revisionismo histórico temerario. El sistema educativo -el escolar y el de los valores- es víctima de esa planificada mediocridad con la que la izquierda intenta atraerse a la juventud. Y la Justicia, clave del entramado de libertades y derechos, está maltratada por la falta de respeto endémica de la izquierda hacia la independencia judicial. Sin educación y sin justicia no es posible avanzar con confianza.

El cuadro de situación pudiera parecer catastrofista, pero hace pocos meses se llamaba catastrofista al que predecía un 20 por ciento de paro. El presidente del Gobierno, por dignidad y patriotismo, debe convocar elecciones.


ABC - Editorial