martes, 12 de enero de 2010

Una presidencia elocuente y liberadora. Por Hermann Tertsch

CREO que entre tanto despropósito como hemos sufrido en los últimos cinco años triunfales del vallisolateno leonés, mitad nieto franquista, mitad nieto Lozano -aquel militar fusilable a ambos lados de la trinchera-, bueno con infinito merengue retórico en sus intenciones, desastrosamente ruín, vago y calamitoso en sus resultados, nos tiene ya a muchos españoles muy agotados. Tanto que hasta sus periódicos de cabecera y masaje dicen que no quieren votarle la próxima vez ni los suyos. Comienza a surgir la elocuencia como las hiedras se abren paso por las grietas de un búnker abandonado, dedicado a la defensa a ultranza de la mediocridad prepotente e implacable. Zapatero emprendió con tanto entusiasmo el descubrimiento de una nueva realidad que sólo existía en su muy modesta cabecita para acometer la mayor destrucción habida en España en tiempos de paz, en todos los órdenes, desde la economía a las instituciones. Casi lo ha conseguido. Era cuestión de justicia que tarde o temprano -ha sido bastante tarde- acabara autodestruyéndose él con su mezcla de violenta arrogancia, desequilibrio general y desorden total en su propia melopea de ideas improvisadas. Ya sólo le quedaría la opción de ser malo con efectividad y optar seriamente por la represión de todo lo que no le convenga. Sería demasiada. Matar políticamente no le es ajeno, vive Dios, y lo hace con mucha parsimonia y eficacia. Toda su biografía política está sembrada de cadáveres. Muchos de los cuales, por cierto y gracias a Dios, gozan de excelente salud al haberse escapado al entorno tóxico y políticamente perverso del gran Timonel, polito excelso de la mentira. Pero aplastar ya a todos los que le votaron en su día y de paso a quienes jamás lo votarían es una operación que le viene grande a nuestro chico que combina la moda yeyé exclusiva de su Sonsoles, con sus trajes cortados por el sastre albanés de Enver Hoxha, siempre deseoso de que las manos incontrolables revelaran el auténtico talante de la percha. Venganza postrera.

Pero lo mejor que realmente nos ha pasado a los españoles en los últimos años del Señor es que finalmente llegara esta presidencia europea. Así todas las víctimas y los espantados por la tropa zapateril conseguirán finalmente la comprensión de todos los europeos ante la tragedia que se nos echó encima con la llegada al poder del Gran Maestre de la Mentira y su ejército de sicarios de la secta. En quince días tan sólo de presidencia, las cancillerías de toda Europa están alarmadas. Como si se les hubiera metido un freaky en la cabina de mandos. Los alemanes, con una señora Merkel tan cabal, ya han calificado de «absurdas» e «insensatas» las propuestas de Zapatero -precisamente de Zapatero- de sancionar a quienes no cumplan con lo que él considera las medidas económicas necesarias. Otros países no hacen siquiera comentarios porque no tienen la mínima intención de hacer el menor caso a las manifestaciones del fracasado y patéticamente solemne, que ya hace pasar unas terroríficas situaciones de vergüenza ajena al auténtico presidente de la UE, Herman van Rampoy. Este es un líder discreto, pero preparado y con la experiencia que le lleva a ver al señor Zapatero como un auténtico marciano salido de un programa de televisión de reality show. Y Van Rampoy, que no es un hombre de bromas, ni llega tarde a los actos institucionales, ni el hace el ridículo con la fraseología de la nada de nuestro Timonel de tierra adentro, ya ha dejado claro que él no hará el imbécil por la triste casualidad de coincidir en la entrada de su mandato con la elocuencia vacua del nieto Lozano. Hace cinco años, todo el pijerío izquierdista europeo estaba medio enamorado de Zapatero o de Zerolo. Hoy Europa está perfectamente hastiada de las ridiculeces y naderías del presidente español. Es una pena que los electores españoles no fueran tan rápidos en su perspicacia como lo están siendo los líderes europeos. Pero nos viene bien a todos. Esta presidencia puede dejar al gran líder izquierdista leonés o vallisoletano -orwhoknowswhat- en esa basura de la historia de la que jamás debió salir.

ABC - Opinión

El PP contra la sociedad civil. Por Cristina Losada

Si linda con el fanatismo reclamar que los padres elijan el idioma de todas las asignaturas troncales, explique Feijóo por qué se comprometió a ello. O confiese el Feijóo presidente que el Feijóo preelectoral incurrió en nefasto extremismo.

Núñez Feijóo ha venido a tildar de "extremistas" a todos los que critican su borrador de decreto lingüístico. Así, de un plumazo, mete en el mismo fétido saco a quienes quieren desterrar el idioma español y a quienes no desean excluir a ninguna de las lenguas cooficiales. El juego, siempre sucio, se llama equidistancia. O también: ni con unos ni con otros. Es una geometría tosca para intentar colocarse en ese centro tan codiciado como misterioso. El artificio requiere convertir dos posiciones de naturaleza distinta –una respetuosa con el bilingüismo, otra contraria a él– en polos similares pero opuestos, para después ubicarse, con gran superioridad moral, en el justo medio.


Gloria Lago, presidenta de Galicia Bilingüe, ha denunciado la maniobra de Feijóo para equipararlos con los partidarios de erradicar la lengua común. La Xunta, alerta Lago, ha puesto en marcha la maquinaria para "machacar" a su asociación, que rechaza el decreto propuesto por incumplir las promesas del ahora equidistante. Y ahí llega la parte ridícula. Si linda con el fanatismo reclamar que los padres elijan el idioma de todas las asignaturas troncales, explique Feijóo por qué se comprometió a ello. O confiese el Feijóo presidente que el Feijóo preelectoral incurrió en nefasto extremismo. Confesión pública que también deberían realizar su mano derecha, Alfonso Rueda, y Ana Pastor. Pues ambos acudieron a la manifestación de Galicia Bilingüe que pedía lo antedicho y Pastor concitaba aplausos en los mítines cuando elogiaba a la asociación.

Cuánta miseria. Los partidos políticos establecidos sólo conciben un tipo de relación con la sociedad civil organizada: la dependencia. Unos la infiltran, la fagocitan, la manipulan y, si es preciso, la fabrican. Es el estilo del PSOE. El Partido Popular no se inmiscuye, pero la vigila con suspicacia, recelo y mucho miedo. Teme más a los grupos independientes que a los tinglados del nacionalismo y la izquierda. Si logran respaldo social, los apoya de aquella manera, pero si no se subordinan, si osan discrepar, suelta los perros. Y ése es el tenor de la fazaña que Feijóo y los suyos preparan contra uno de los escasos productos genuinos de la sociedad civil gallega. Vaya tropa.


Libertad Digital - Opinión

Algo se mueve en el PSOE. Por M. Martín Ferrand

EL decadente José Luis Rodríguez Zapatero confiaba en que su semestre al frente de la UE elevara la altura de su pedestal político; pero, recién comenzados los festejos, los diarios más solventes del Continente han subrayado su vaciedad y ridiculizado su actitud prepotente. Al líder socialista le ha salido el tiro por la culata y debe de tener herida su propia estimación y, en lo posible, disminuida su patológica manía de grandeza, la que le lleva de desoír todas las voces que no canten su gloria, ensalcen su talante y aplaudan su estática conducta. A mayor abundamiento, cuatro notables premios Nobel de Economía, escandalizados ante la hipótesis de una Europa liderada por Zapatero, se han apresurado a destacar los puntos flacos de la política económica que se deduce de las escasas medidas correctoras que anuncia el Gobierno.

Los hermeneutas del socialismo español, la mayoría de ellos encuadrados en la familia felipista, dan muestras de inquietud. Pudiera ser por razones patrióticas; pero, seguramente, se trata de algo de menos vuelos y mayor practicidad: el miedo a perder el poder y el propio empleo. La encuesta que el domingo publicaba El País, más cerca del pasado que del futuro, era la confirmación sociométrica de la decadencia de Zapatero y, aún con ventaja electoral del PP, también la de Mariano Rajoy. Sin embargo, ya se reflejaban en ella los primeros rayos de una nueva estrategia de un PSOE que, siempre más diligente que los amigos de la gaviota, parecen aprestarse por si vinieran mal dadas, a una drástica sustitución del líder actual con vistas a las legislativas de 2012.

José Blanco, sin venir a cuento, dice y repite que los socialistas españoles no contemplan otra hipótesis electoral que la de Zapatero como cabeza de lista en Madrid y, sólo con eso, ya hay razones para la sospecha. Los acontecimientos, la demoscopia y el admirable sentido grupal del socialismo han contribuido en los últimos días al lanzamiento de la figura del actual ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, como posible sucesor de Zapatero en las aspiraciones del PSOE para el mantenimiento del contrato de inquilinato de La Moncloa. Sin duda Rubalcaba es un personaje de mayor estatura personal, mejor experiencia política y prestigio público que Zapatero; pero, ¿a qué vienen esas prisas por recordarlo precisamente ahora? Algo se mueve en el PSOE y lo mueven los viejos felipistas.


ABC - Opinión

"España es de izquierdas". Por José García Domínguez

Ya que no puede restaurarse el Fuero del Trabajo, aquella gran conquista de la Falange que inundó los andenes de media Europa de emigrantes patrios, al menos, barruntan, que se eternice un régimen de castas laborales único en la Unión.

Entre los muchos y muy asentados prejuicios, tópicos y lugares comunes a cuenta de nuestra identidad colectiva, el más peregrino de todos ordena que éste sería un país visceral, genética, ontológica, irreductiblemente de izquierdas. Es ésa una especie tan extendida que incluso los publicistas conservadores han terminado creyéndosela. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad, como bien pudo comprobar el general Franco durante sus plácidos treinta y seis años de dictadura.

Lo que se compadece con la verdad no es que España fuese coto vedado de la izquierda sino que nuestra izquierda, por paradójico que suene, ha devenido en extremo castiza, si no en la forma sí en el fondo. He ahí la razón última del malentendido antropológico. Así, a pesar de su patriotismo discutido y discutible, es decir, a pesar de sí mismo, el PSOE y su medroso proceder económico entroncan con los atavismos carpetovetónicos más arraigados en la mentalidad peninsular. Desengáñese quien crea a Zapatero el problema, o a "los políticos" como prescribe la demagogia canónica al uso. Al contrario, es el pueblo soberano quien encarna la tara, tanto los que comulgan en el altar laico de la socialdemocracia como quienes se dicen en las antípodas.


De ahí, deprimentes, los resultados del último sondeo a propósito de la imposible reforma laboral "¿Estaría usted de acuerdo con que se abaratara el despido si ello estimulara a los empresarios a crear más empleo?", se preguntó a padres, madres y demás parentela de ese cuarenta por ciento largo de jóvenes condenados en sentencia firme al paro crónico. "No", fue la respuesta casi unánime de los mismos que hubiesen gritado "¡Vivan las caenas!" al paso triunfal de Fernando VII. Transversal y ecuménica, esa miseria corporativista tan cara a la sociedad española es quien en verdad determina la parálisis de Gobierno y oposición ante la crisis.

Y es que, por encima de cualquier otra premisa, los electores exigen de sus legítimos representantes que les garanticen la desigualdad de los españoles ante la ley. Ya que no puede restaurarse el Fuero del Trabajo, aquella gran conquista de la Falange que inundó los andenes de media Europa de emigrantes patrios, al menos, barruntan, que se eternice un régimen de castas laborales único en la Unión. "¡A igual trabajo, distintos derechos!", claman. Y a eso llaman izquierda.


Libertad Digital - Opinión

Zapatero como problema. Por Ignacio Camacho

Ningún secreto es a estas alturas que varios millones de españoles consideran a Zapatero un problema para España, pero sí resulta novedad que no pocos socialistas empiecen a verlo como un inconveniente para su propio partido. Al conocido recelo de los tardofelipistas, a la contrariedad de los socialdemócratas moderados y a la sofisticada distancia moral y política de Bono se está uniendo la suspicacia de bastantes dirigentes territoriales y locales que temen que la influencia de la mala imagen del presidente les complique la renovación electoral de sus cargos. El retroceso de los sondeos está haciendo estragos en la confianza sobre su liderazgo, de tal modo que numerosos zapateristas sobrevenidos, que abandonaron sus dudas iniciales ante su vitola de ganador, han vuelto al estado de alarma al comprobar el impacto negativo de su pésima gestión de la crisis económica. El debate sobre la tercera candidatura presidencial no es un rumor superficial ni una serpiente de invierno; está ahí, larvado y en voz baja, como un runrún perentorio a la vista de un desplome que hoy por hoy convierte su continuidad en un regalo para el PP.


Otra cosa es que la retirada pueda plantearse en una organización dominada por una generación a la medida del zapaterismo. La mayoría de los críticos carecen de fuerza interna salvo una improbable coalición catalanoandaluza que acabaría desestabilizando a la propia marca electoral socialista. La intención de los disidentes pasaría por la creación de un estado progresivo de opinión que empujase al propio líder a poner en marcha su sucesión en el último tramo -2011- de la legislatura. Pero para que esa corriente renovadora cuaje con masa crítica suficiente es necesario que la brecha con el PP sea más profunda, por encima del máximo de cinco puntos que hasta ahora registran las encuestas más negativas para el PSOE. Con seis o siete puntos de distancia consolidada no habrá quien pare la emergencia de un clamor de cambio.

Es pronto para eso. Zapatero confía en remontar su descrédito a través del protagonismo de la presidencia europea y de la propia evolución de la recesión socioeconómica, que aunque no sabe combatir puede ir remontando lentamente sola, a base de estímulos externos. Si las diferencias se recortan durante este año, el presidente se sentirá en condiciones de decidir sin influencias.

Claro que él mismo nunca se ha pronunciado sobre la propia duración de su poder. Algunos zapaterólogos sostienen que puede tener pensado apartarse como una última finta, tan propia de su arriesgado talante de jugador de fortuna. Lo que probablemente no esperaba es que incluso esa voluntaria pirueta final pueda tener que abordarla desde una situación de desgaste forzoso. No es lo mismo irse en triunfo que salir empujado por la necesidad de evitar una debâcle. Digamos que existe una cierta diferencia para la autoestima.


ABC - Opinión

lunes, 11 de enero de 2010

El diario El País, gratis en Internet debido al temporal

Debido a las dificultades para adquirir la edición de este lunes de El País en los kioskos, por el temporal de nieve, el diario invita a sus lectores desde su portal a descargarse un archivo PDF de 12,5 Mb de forma gratuita.

El País

El descrédito. Por José Carlos Rodríguez

El crédito internacional de nuestro Gobierno y el de España no ha dejado de caer. Los medios foráneos llevan años dándole una estopa que está sólo un cuerpo por detrás de la que recibe Berlusconi.

El semanario The Economist vino a decir recientemente que a España, en los seis meses de presidencia europea que le quedan, le falta algo fundamental para impulsar las reformas necesarias para mejorar la respuesta europea a la crisis: credibilidad. Se lo hacía ver una periodista al preguntarle cómo podía liderar la recuperación un país que dobla la media europea en paro. The Financial Times ha dicho que "una España torpe guiará a Europa".


El crédito internacional de nuestro Gobierno y el de España no ha dejado de caer. Zapatero tuvo una buena acogida en los medios foráneos, y en ocasiones le han prestado atenciones inmerecidas. Pero llevan años dándole una estopa que está sólo un cuerpo por detrás de la que recibe Berlusconi.

Desde que el Wall Street Journal le considerara un "presidente por accidente", le han caído a Zapatero tortas de todos lados. Le han llamado "populista", "provinciano", "sectario", le han puesto como un cobarde o un mentiroso, como un tramposo. Y ven en él un personaje ideologizado, que vive al margen de la realidad, y que ha pasado de ella con graves consecuencias para los españoles. Gracias a Zapatero, España es ahora "irrelevante".

No le doy a la prensa extranjera el crédito que le conceden habitualmente los medios y el público. Suele mirar a España con un desenfoque notable, especialmente en la cuestión nacional y la incidencia del terrorismo. Pero las críticas de la prensa de fuera al Gobierno y, por extensión, a nuestro país (le hemos elegido dos veces, al fin y al cabo) son importantes por dos razones.

Primero porque degradan la imagen exterior de nuestro país y, especialmente, de nuestra economía, que es donde nos las están dando (casi) todas. Y segundo, porque la prensa extranjera no está atada a los intereses políticos nacionales y por tanto resulta inmune ante la sucesión de consignas enlatadas en que consiste el discurso de Zapatero. Fuera se han dado cuenta de que es un hombre risible.


Libertad Digital - Opinión

La Nación en nuestra Constitución. Por Manuel Jiménez de Parga

Desde el día en el que se afirmó, desde una tribuna oficial, que la Nación era algo cuestionado y cuestionable, han proliferado los debates políticos en torno a ese elemento básico de nuestro ordenamiento constitucional. ¿Qué es una Nación? ¿Qué valor tiene la Nación en la arquitectura jurídico-política diseñada para España en 1978?

Si queremos responder a esas preguntas debemos recordar que la cuna del nacionalismo español se encuentra en las Cortes Generales y Extraordinarias que se reunieron, primero en la asediada Isla de León, el 24 de septiembre de 1810, y se trasladaron luego, el 24 de febrero de 1811, a Cádiz, en cuyo templo de San Felipe Neri terminaron de elaborar la Constitución que lleva fecha 19 de marzo de 1812, festividad de San José.

La España que vivimos arranca en Cádiz, donde el Pueblo se hizo Nación y soberano, y la Monarquía dejó de ser absoluta para, siendo ya constitucional, terminar en el siglo XX siendo parlamentaria. De las Cortes de Cádiz surge una nueva idea de España, que será la continuación de las nociones previas, acompasadas ya al nuevo ritmo de la Historia. La singularidad del episodio gaditano, lo que hace de él algo tan distinto frente a otros procesos de redefinición de la idea de España en el pasado, es que aquél fue un proceso que consta en acta. Un proceso parlamentario en el que se discutió -y se discutió de raíz- sobre el ser de España y su mejor gobierno, concurriendo en el debate toda suerte de opiniones e ideologías. El resultado fue un proyecto de Estado y de Nación del que todavía somos tributarios.


Fue en el Cádiz de las Cortes, además, donde el patriotismo brota y se convierte, como dijera el poeta Quintana, en «una fuente eterna de heroísmo y prodigios políticos». «Patria» y «amor a la patria» eran vocablos que venían de la Antigüedad clásica, pero «patriotismo», novedad del siglo XVIII, hacía referencia a la predisposición para sacrificarse por la colectividad. El patriotismo, así entendido, recibe un impulso decisivo de los constitucionalistas gaditanos.

En Cádiz se forja una idea de España, pero en la fragua se fundieron las ideas precedentes, dándose así continuidad a un proceso que todavía no ha podido detenerse. En aquellos debates parlamentarios confluyeron -dije antes- sensibilidades muy diversas, que es costumbre agrupar alrededor de las distintas filiaciones ideológicas de los Diputados: realistas, americanos y liberales. Sería esta última la orientación ideológica dominante en nuestro primer texto constitucional, pero son evidentes los vestigios debidos a quienes no lograron imponer sus planteamientos. Y, por encima de todo, es llamativa la terca voluntad liberal en presentar como simple actualización de la tradición y de la Historia lo que constituían verdaderas innovaciones revolucionarias. Hasta tal punto se era consciente de que no se trabajaba sobre el vacío o desde la nada, sino a partir de una entidad histórica que reclamaba una nueva formulación política.

Y tal sería la Constitución de 1812. Un texto constitucional, el primero auténticamente español, de tantos méritos como trágico destino. Su vigencia fue en verdad pequeña, pero su influjo se ha hecho notar hasta nuestros días, y desde el principio disfrutó del mejor predicamento más allá de nuestras fronteras. Se inserta, sin duda, en la escogida tradición de las Constituciones que han marcado la senda del constitucionalismo universal, que arranca con la de los Estados Unidos y, pasando por Cádiz, recorre México y continúa por Weimar y Bonn, trazando un mapa constitucional que tiene aquí en España una de sus capitales. Para nosotros, particularmente, supuso el inicio de la modernidad, el nacimiento de la España que conocemos. Una España cuyos contornos enseguida hubo que revisar a raíz de la emancipación americana, pero que en lo sustantivo se ha demostrado capaz de llegar a los doscientos años.

Se crea así una España que es Estado; y Estado constitucional, unitario, descentralizado y liberal. En verdad sólo puede hablarse del proyecto de una España así definida, pues en Cádiz apenas se inició un proceso que, en esa línea, tardaría muchos años en realizarse. Quizás tantos como los que median hasta la Constitución que nos dimos en 1978. Pero el proyecto ya estaba entonces trazado y los primeros pasos pudieron comenzar a andarse.

El punto de partida fue la soberanía de la Nación española, fundamento primero de un Estado que trae causa de la voluntad soberana formalizada en la Constitución. El arranque no podía ser más radical ni, tampoco, más extemporáneo, demasiado adelantado en el contexto de una Europa de Cartas otorgadas que se movía al ritmo desacompasado del Congreso de Viena. De allí la causa de su perdición a manos de los Hijos de San Luis. Tardaría en recuperarse aquel axioma, pero ya era un dogma irrenunciable de nuestra incipiente tradición constitucional. Soberanía de la Nación, del Pueblo, concebido como sujeto unitario al que no cabe oponer otros sujetos de su misma calidad. Se admitirían, a lo sumo, unos sujetos subordinados y constitutivos de la Nación, a los que no puede corresponder otra cosa que una autonomía que, por definición, no es soberanía.

Preguntarse por la idea de España en la Constitución de Cádiz es hacerlo por la España que hoy vivimos. No es, por supuesto, la definitiva. Si algún día alcanzáramos una España perfectamente acabada habríamos dado con una España moribunda, desprovista del genio que ha hecho posible su continuada reinvención, necesaria para su acomodamiento en cada tiempo histórico. Pasados ya casi doscientos años cabría preguntarse si el modelo gaditano muestra ya signos de agotamiento; si, como sus predecesores, ha cumplido un ciclo y se impone volver a comenzar. No lo creo.

La España de principios del siglo XXI apenas recuerda en lo económico, social y jurídico a la España de 1812, pero la abrumadora distancia que media entre una y otra se ha recorrido con el Estado nacional inaugurado en Cádiz y sucesivamente perfilado en las Constituciones que jalonan nuestra accidentada tradición constitucional.

El viaje ha sido difícil, demasiadas veces penoso y hasta trágico, pero la nave botada en San Fernando no ha hecho agua y mantiene el rumbo de la singladura que entonces emprendimos y que en la Historia cuenta los días por centurias.

Quizás Europa, se dirá, acabe siendo el trance histórico que imponga una nueva idea de España. Acaso así ocurra, pero no debe olvidarse que la construcción europea es obra, ante todo, de los Estados y España es uno de los más antiguos y de mayor peso histórico. En la futura organización de Europa la realidad profunda de España encontrará, sin duda, la manera de traducirse en una idea acompasada con esa nueva organización. Casi dos mil años son prueba fehaciente de que en esta Península hay una Nación que pugna por manifestarse como una unidad protagonista de la Historia.

Como afirmara Muñoz Torrero en las Cortes Generales y Extraordinarias, y consta en la página 1745 del Diario, «yo quiero que nos acordemos que formamos una sola Nación, y no un agregado de varias Naciones».

Así se dijo, así se sintió en aquel templo del constitucionalismo mejor: «Una Nación verdaderamente una; donde todos sean iguales en derechos y obligaciones, iguales en cargas». «Aquí no hay provincia, aquí no hay más que la Nación, no hay más que España», leemos en el Diario de las Cortes.

Manuel Jiménez de Parga de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas


ABC - Opinión

La presidencia europea. Por José Cavero

Una periodista preguntó en los estrenos de la presidencia europea de España si Zapatero se siente con la autoridad moral suficiente para presidir la Unión teniendo en cuenta los últimos datos publicados por la oficina Eurostat, según los cuales, junto a Letonia, el nuestro es el país con más paro de la Unión y el que parece que va a tardar más en salir de la recesión. A Zapatero, la pregunta le pareció insólita, viniendo sobre todo de una periodista española. Quizá si hablara con la BBC, o con "The Economist", -que ayer se volvía a sumar a los ataques y proclamaba que Europa se burla de sus consejos-, el Presidente se hubiera mostrado más amable, porque éstos, al fin y al cabo, son británicos, y arremeten a diario con la mala situación económica española, y pretenden entender que no habrá buena presidencia mientras dure la crisis económica española. Que es, precisamente, lo que Zapatero se va a esforzar en desmentir en este medio año que tiene por delante. Muy al contrario, Zapatero ve este semestre como su gran oportunidad para demostrar unas dotes y capacidades que incluso muchos de sus propios compatriotas -basta comprobar las voces de la oposición, de muchos medios informativos hostiles por principio y a ultranza-, tampoco admiten ni están dispuestos a reconocer. De manera que pudo advertirse una cierta irritación en la actitud del jefe del Gobierno, cuando afirmó de manera rotunda que es absolutamente insólito que se cuestionen los treinta años acumulados de "milagro económico español".

Por todo lo cual, bien puede garantizarse que, aunque su presidencia haya arrancado "a la defensiva", y con unos cuantos datos muy desfavorables -recesión y número de parados, esencialmente-, y con una tercera situación y condición desfavorable, la de compartir la presidencia con Van Rompuy, Zapatero se está esforzando, y lo hará durante estos seis meses, para que esta presidencia no sólo no pase inadvertida, sino que llegue a ser considerada modélica y útil. Desde luego, la agenda de tareas es importante, y las prioridades han quedado establecidas, de modo que resultará fácil comprobar si se cumplen en su totalidad o sólo en una mínima proporción: Servicio europeo de acción exterior, iniciativa legislativa popular, más parlamentarios europeos, plan de acción de justicia electrónica, creación de una fiscalía europea, política común de seguridad y defensa, regulación y supervisión financiera, gestión conjunta de la crisis, coordinación de políticas de crecimiento, lucha contra la evasión fiscal, comité de cooperación antiterrorista, mejor inserción laboral de los jóvenes. Desde luego, una relación impresionante de tareas para que la Europa Unida avance. Siempre que exista voluntad de hacerlo en 27 estados soberanos.

Periodista Digital

El académico avinagrado. Por Emilio Campmany

Es una pena que Cebrián no nos regale más a menudo su literatura, porque se haría con más frecuencia patente la poca con la que Dios ha dotado al académico.

Cuando Juan Luis Cebrián ingresó en la Academia de la Lengua, muchos fueron los sorprendidos. Luis María Anson les explicó que para que un periodista merezca ingresar en el ilustre instituto, no se necesita tanto que escriba bien como que dirija medios con brillantez, que es lo que, al parecer, Cebrián sabe hacer.


El maestro Anson tendrá toda la razón del mundo, pero digo yo que, aparte de dirigir periódicos con maestría, o de dominar el arte de criar reses bravas, si es que también esto fuera necesario, para ingresar a la Academia habrá que escribir el castellano con alguna gracia. Y en eso, es una pena que Cebrián no nos regale más a menudo su literatura, porque se haría con más frecuencia patente la poca con la que Dios ha dotado al académico.

Últimamente, al hombre se le ha avinagrado el carácter para que le haga juego con la cara, siempre vestida con gesto de estar oliendo mal. Y la ha tomado con los jueces que no le hacen caso. Un día se mete con el que le archiva una querella y al otro con quien le condena a unos periodistas de la SER. Sin embargo, lo peor de lo que escribe no es su ignorancia jurídica, ni la pobre argumentación, mucho más notable cuando en el caso de los periodistas de la SER alguna razón podría asistirle. Lo peor es cómo lo escribe.

A Cebrián le parece que la sentencia que condena a sus periodistas no se entiende bien. Y es probable que tenga razón porque la jerga leguleya es cada día más críptica y obtusa. Pero hay que ver cómo se explica él, que es académico: "la argumentación jurídica [de la sentencia está] revestida de la oscura dignidad de un lenguaje incomprensible". Jamás se me habría ocurrido que el ser incomprensible pueda revestir al lenguaje de alguna dignidad. Pero lo que nadie puede imaginar, académico o no, es que la dignidad pueda ser oscura. Quizá quiso decir que la oscuridad del lenguaje lo reviste de una falsa dignidad, pero eso sólo él lo sabe.

Anson no aclara si para ser académico hay que saber algo de Historia Antigua. Seguramente no. Cebrián no sabe quién fue Pirro, rey del Epiro. El maestro de periodistas califica de "pírrico" el triunfo de Esperanza Aguirre tras el tamayazo. Un triunfo es pírrico cuando su coste equivale al de una derrota. En ese sentido, más pírrica fue la victoria de Simancas en la "primera vuelta", que la de Aguirre en la segunda, pues Simancas se volatizó y la presidenta de la Comunidad de Madrid no ha dejado de ganar elecciones desde entonces.

Ahora, lo que peor hace Cebrián es aquello en lo que más docto se cree, insultar. A Güemes se le podrá injuriar de muchas maneras, pero decirle que su brillo parlamentario emana más que nada de su afición al fijador es del todo improcedente. Comprendo que le venga bien lo del fijador para meterse con el supuestamente escaso brillo parlamentario de Güemes. Pero eso tendría alguna gracia si Güemes fuera un asiduo del fijador. Dado que no lo es, el insulto carece de eficacia y encima suena un pelín rancio. El maestro tendría que saber que cuando a alguien se le quiere llamar idiota, decirle que no tiene un pelo de tonto sólo tiene gracia si es calvo.


Libertad Digital - Opinión

Las dudas hamletianas del TC. Por José María Carrascal

COMO un Hamlet con toga, el Tribunal Constitucional lleva tres años sumido en la duda de si aprueba o no el nuevo estatuto catalán. En realidad, es una duda sobre sí mismo, sobre su naturaleza y papel en el ordenamiento democrático español, sobre sus deberes y derechos, funciones y responsabilidades. En otras palabras: sobre el espacio a que pertenece, el político o el jurídico. Los otros tribunales lo tienen muy claro, aunque no lo practiquen siempre: forman parte del tercer poder del Estado, independiente de los otros dos.

El Constitucional, en cambio, se mueve en esa zona fronteriza donde confluyen política y judicatura, los imperativos del hoy con los de siempre, nunca fáciles de encajar, y en ocasiones, imposible. Por ejemplo: hacer constitucional lo que no lo es. Durante tres años, la presidenta del tribunal, doña María Antonia Casas, con la ponente del caso, doña Elisa Pérez Vera, vienen tratando de resolver esa cuadratura del círculo. Creyeron encontrarla en una sentencia «abierta», es decir que pudiera interpretarse tanto en un sentido como en otro. Pero pronto se encontraron con el muro de la realidad, contra el que no hay interpretación que valga. Si la soberanía nacional reside «en el pueblo español» (Art. 1), no puede haber soberanías de una parte de ese pueblo. Si la Constitución se funda en «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles» (Art. 2), no puede haber otras naciones en España. Si el castellano es «la lengua oficial del Estado, que todos los españoles tienen el deber de conocer y el derecho a usar» (Art. 3), no puede ser desplazada en ninguna comunidad. «Lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible». Creíamos que esta máxima del torero había sido adoptada por el TC, al emerger allí una mayoría dispuesta a atenerse más a los principios que a las circunstancias, y que esta semana tendríamos sentencia.

Pero parece que las dos señoras siguen dispuestas a encontrar una salida más acorde con las circunstancias políticas, y habrá que seguir esperando. Como se retrasen un poco más, se nos echan encima las elecciones catalanas, y entonces sí que sería cuestión de no mezclar el fuego con la gasolina. Aunque puestos ya a esperar, ¿por qué no dejarlo para 2013, tras las próximas elecciones generales? ¿ O «ad kalendas graecas»? A fin de cuentas, ¿qué necesidad hay de ese fallo? El nuevo estatuto catalán ya se está desarrollando y aplicando sin que nadie se alarme ni se ofenda. Y si se ofende, que se aguante. Claro que alguien podría también preguntarse: ¿para qué necesitamos entonces el Tribunal Constitucional? ¿Para que se aplique la Constitución o para impedir que se aplique?

En tales condiciones, tan malas o peores que las meteorológicas, sólo nos queda esperar lo mejor y estar preparados para lo peor.


ABC - Opinión

El 'chivatazo' de Rubalcaba y cuatro más al 'trullo'. Por Antonio Casado

Más que un aviso era un chivatazo. El ministro del Interior fue el chivato que desnudó en vísperas de las Navidades las malas intenciones de ETA al anunciar la posibilidad de un atentado inminente. No quiero saber si ese chivatazo de Rubalcaba creó tanta confusión entre los terroristas como para hacerles cometer los errores de libro que han dado lugar a las cuatro detenciones de este fin de semana. Pero sí estoy seguro de que, una vez más, los españoles de bien se alegran de que cuatro etarras más hayan confirmado que el final de su aventura y el de quienes eligen “bombas” y no “votos” siempre será la cárcel.

Bombas había en la furgoneta interceptada en las tierras de Viriato (Bermillo de Sayazo, Zamora). Diez kilos de pentrita, además de bidones para guardar armas y explosivos, componentes para su fabricación, un revólver y un arma larga. El ministro del Interior no quiso relacionar ayer el contenido de la furgoneta con la posibilidad de un atentado inminente. Sin embargo, no parece que en el actual debate interno de la llamada izquierda abertzale, los García Arrieta, Yáñez, Irribarren y Uruburu, que ya están en el trullo, sean de los que optan por los votos de cara a las elecciones municipales del año que viene.

Eran de los más buscados. Dos en Francia, dos en Portugal. Véase la información de El Confidencial sobre los cuatro detenidos como resultado de un paciente seguimiento policial planificado sobre el trabajo previo de los servicios de información de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el CNI. Por supuesto, con guión político del ministro Rubalcaba, al que los terroristas no dejan de ver como el gran chivato de sus siniestros movimientos: “Ya sabemos en lo que ETA está, pero ETA también sabe en lo que estamos nosotros”, dijo ayer. Dosis de recuerdo para que los etarras sigan sintiendo el aliento policial en la nuca.

“Cuando vayan a un zulo se encontrarán con las Fuerzas de Seguridad y cuando vayan por carretera, las Fuerzas de Seguridad también les estarán esperando. Así hasta que esto se acabe”, explicó en rueda de prensa. Declaración de principios que debería contar con la anuencia expresa del PP, como principal partido de la oposición, en nombre de las buenas prácticas políticas. Como ya hizo hace unos días, cuando el chivatazo de Rubalcaba alertó a la sociedad de que ETA pensaba perpetrar una acción “llamativa”, por ejemplo, el secuestro de una figura “con gran repercusión mediática”. Las primeras reticencias, expresadas por el portavoz del PP, González Pons, quedaron aparcadas después de la conversación del ministro con Federico Trillo, su interlocutor habitual en asuntos de terrorismo.

Trillo tomó nota y dio por buenas las razones de Rubalcaba, frente a quienes las habían reprobado inicialmente –sindicatos policiales y un sector mediático, sobre todo- por considerarlas “inoportunas”, porque daban publicidad a ETA, porque creaban “alarma social”, porque estaban inspiradas más por la política que por la seguridad, etc. Desactivados todos esos argumentos, se abrió paso el que asocia el chivatazo a la opinión pública con un doble mensaje. Por un lado, impedir que se baje la guardia en el conjunto de la sociedad. Por otro, sembrar la confusión en las filas de Eta y desestabilizar aún más el convulso mundo de la llamada izquierda abertzale. Las detenciones del fin de semana indican que esa estrategia funciona.


El confidencial

Cuba. Por Charo Zarzalejos

La querencia española hacia Cuba y los cubanos está más que justificada. Son lazos diversos, auténticos y antiguos los que no unen con la isla caribeña, último reducto de un régimen atrapado en si mismo, carente de toda inteligencia y desvergonzado con sus ciudadanos . La desvergüenza se aplica a los extranjeros bajo el criterio de la sospecha. Muestra reciente de ello ha sido la inaceptable actitud del régimen cubano con el eurodiputado socialista Luis Yañez. Ver y escuchar a un digno ciudadano español que lo que quería era un viaje privado, que no había llamado a nadie, que lo suyo era de descanso como si tuviera que dar explicaciones de cómo utiliza su derecho a la libre circulación no puede por menor que llenar de indignación. ¿Y si quería ir a visitar a sus amigos?. ¿Y si se hubiera tratado de un viaje para visitar una biblioteca concreta?. Resulta inaceptable desde cualquier punto de vista que Cuba se permita semejantes desmanes, máxime con un ciudadano español. Ahora ha sido Luis Yañez, pero antes fue Jorge Moragas y un diputado de CiU.

La reacción del Gobierno español ha sido la mínima. Pedir explicaciones al embajador. Cuatro palabras propias de la dialéctica diplomática y aquí paz y después gloria. Es obvio que la política de embargos o la de la hostilidad pura y dura no conducen a ningún sitio pero, a la vista está, que las buenas intenciones del Gobierno de Rodríguez Zapatero no han sido interpretadas y valoradas como debiera por el régimen cubano del que no cabe esperar nada más que su propia extinción. No se merecen los Castro que España haga esfuerzo alguno ante Europa para modificar la que viene siendo una relación conjunta marcada por la frialdad y la desconfianza.

El Gobierno, mucho más enfadado de lo que ha dado a entender, ha tomado nota y, afortunadamente, ha rectificado sus entusiasmos iniciales de manera que en los seis meses de presidencia española Cuba no se va a ser un asunto preferente. Ni el régimen de Castro se lo merece ni España se puede permitir el lujo de meterse en charcos en lo que, al final, iba a chapotear en solitario. Ni Alemania, ni Italia y ni mucho menos Francia están dispuestos a perder un segundo en mecer la cuna de una dictadura refractaria a cualquier gesto de buena voluntad.

La expulsión de Luis Yañez ha sido una de las circunstancias que ha marcado el estreno de la presidencia de turno española, recibida en buena parte de la prensa extranjera con comentarios que no hacen fáciles los inicios de estos seis meses en los que lo ideal sería combinar el entusiasmo sin caer en la ampulosidad. Renunciar a plantar cara por Cuba ha sido una decisión acertada por realista. Rebajar algunos objetivos, utilizar con cuidado algunos adjetivos y medir bien el terreno pueden ser pequeñas normas que ayuden al éxito. Hay que tener cuidado con los entusiasmo porque suele ocurrir que entre lo sublime y lo ridículo la raya puede ser tan fina que se caiga en el ridículo creyéndose sublime. Con Cuba, afortunadamente, el Gobierno acierta sorteando el ridículo.


Periodista Digital - Opinión

El éxito de la guardia civil no exculpa a Rubalcaba

Lo responsable frente a ETA habría sido combatirla sin circos mediáticos que buscaban ocultar episodios mucho más deplorables en los que a los asesinos no se los perseguía con la acción policial sino que se les protegía de la misma.

Una vez más, es necesario felicitar a la guardia civil por su impagable labor en la lucha contra el terrorismo etarra. Con la detención de cuatro terroristas y la interceptación de una furgoneta cargada de material explosivo diverso se han evitado numerosos atentados que sin duda la banda habría intentado cometer.


No es una novedad que ETA sigue plenamente operativa y que sus objetivos continúan siendo los mismos de siempre: causar el máximo terror posible en la sociedad civil con tal de doblegar la voluntad de las instituciones políticas nacionales. Precisamente por esto último, el mal llamado proceso de negociación con la banda que llevó a cabo de manera declarada el Ejecutivo de Zapatero durante su primera legislatura sirvió para oxigenar a la organización en un momento en el que se encontraba política, policial y económicamente acorralada. ETA recuperó la esperanza de que podía obtener un precio político por dejar de asesinar y desde entonces no ha cejado en el intento.

Tras la operación de la guardia civil, el PSOE no ha tardado un instante en utilizarla para lavar la imagen del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como es sabido, Rubalcaba anunció que ETA estaba preparando un "espectacular" atentado poco después de que conociéramos por las actas de la banda que un agente del Gobierno y hombre de la plena confianza de Rubalcaba, José Manuel Gómez Benítez, había empleado en las negociaciones con ETA el caso del chivatazo como una señal de buena voluntad del Ejecutivo hacia los terroristas.

Una vez la Asociación Española de Escoltas reconociera que Rubalcaba no les había informado sobre las intenciones de la banda hasta que las hizo públicas al conjunto de los ciudadanos, quedó patente que el ministro del Interior estaba creando una cortina de humo para encubrir su responsabilidad y la del Ejecutivo del que forma parte en el caso del chivatazo.

Poco importaba a ese respecto que el ministro del Interior estuviera empleando información auténtica procedente de la lucha antiterrorista o que se la estuviera inventando. La cortina de humo se extendió desde el mismo momento en que se efectuó todo un despliegue mediático para dar a conocer a la ciudadanía una información que no necesitaba poseer. Todos los españoles sabían en "qué estaba ETA" con anterioridad a este operación: que la banda quiere atentar siempre que puede y hacer el mayor daño posible es una terrible realidad que hemos constatado los españoles desde hace 40 años.

En este sentido, tampoco debería sorprendernos que ETA haya cumplido con unos pronósticos que, fundados o no, ha venido verificando a lo largo de toda su existencia. No se trata, pues, ni de que Rubalcaba actuara responsablemente ni de que el peligro anunciado estuviese basado sobre datos reales: el dato sobre la pervivencia de ETA nadie lo puso en duda y la actuación responsable frente a esta realidad habría sido la de combatirla sin circos mediáticos que buscaban ocultar episodios mucho más deplorables en los que a los asesinos no se los perseguía con la acción policial sino que se les protegía de la misma.

El uso político del éxito de la guardia civil que ha realizado el PSOE no debería hacernos olvidar que el caso del chivatazo sigue sin aclararse y que mientras no se resuelva, no podrá articularse una política antiterrorista integral que sea capaz de combatir a ETA con credibilidad y eficacia.


Libertad Digital - Editorial

Una pregunta molesta. Por Félix Madero

SI Zapatero conociera los fundamentos de la lidia sabría que la suerte de varas es definitiva por premonitoria. Si supiera que en el varilarguero están la medida del toro, su fuerza, nobleza y bravura; si supiera que es ahí donde se le descubre, pero también la que le permite irse arriba, la que le desnuda como manso, despistado, confundido y sin ganas de pelea; si supiera esto, hubiera tomado la pregunta de la periodista, que tanto le molestó el viernes pasado, como una vara que le daba la oportunidad de crecerse y mostrar que más allá del trapío que dan los buenos gestos y un traje bien cortado hay algo más que palabras.

Al presidente le incomoda que se cuestione que un país de parados reparta recetas para la recuperación de Europa, incluidas Francia y Alemania. Le fastidia que sea una periodista española la que pregunte delante de los presidentes Van Rompuy y Durao Barroso. Y en vez de explicar por qué dice lo que dice, se asusta y se va del peto del caballo camino de la querencia, allí donde van los mansos que sólo ofrecen peligro al defenderse. Fraga hubiera dicho eso de «usted pregunte lo que quiera que yo responderé lo que me dé la gana». En La Moncloa, rodeado de funcionarios y asesores serviles, el presidente no entiende cómo se le pueden hacer estas preguntas. Todavía estamos así, avanzando lenta e inadecuadamente.

El presidente y los que aspiran a serlo no saben que la compañera hizo algo que se hace cada vez menos: preguntar con fundamento. Recordó que el periodismo existe para eso, para preguntar, que este oficio es hacer preguntas, cuanto más incómodas, mejor. Sí molestamos; sí tenemos el acierto de poner nervioso al que manda que se aguante, llámese Zapatero, Rajoy o Rouco Varela. En realidad, la periodista le dio a Zapatero una oportunidad que no supo aprovechar. Faltaron casta, bravura, nobleza, y sobró trapío. Lo de siempre, mucha fachada: toros comerciales para toreros de salón. El ruedo ibérico de siempre.

Hartos de ruedas de prensas que son purita propaganda, de respuestas absurdas y huecas. Aburridos de dirigentes sin discurso, que leen las respuestas porque saben las preguntas. Mosqueados con compañeros que se prestan a la pregunta inducida por una asesor y que el político espera. En fin, algo que debería ser normal entre nosotros hizo grande el oficio de periodista. Si Zapatero se cabreó por la pregunta, díganme dónde hay que firmar. Que alguien le explique que no hay preguntas indiscretas; las respuestas lo son. Que le recuerden que los animales son buenos amigos del hombre porque no hacen preguntas. Y, por favor, que le digan que sigue sin responder cómo un país con cuatro millones de parados enseñará a los demás el camino de la recuperación. ¡Coño con la preguntita!


ABC - Opinión

domingo, 10 de enero de 2010

La estratosfera por la que andamos. Por Fernando Jáuregui

Alfonso Guerra es, y quien lo dude se equivoca, un gran político. Otra cosa es la valoración que cada cual pueda hacer acerca de cómo aplica sus capacidades. Pero tiene veteranía y la ambición, desde que Zapatero le negó ser presidente del Congreso, controlada. El cupo de importancia lo tiene ya cubierto; por eso, sus declaraciones han de tomarse con una dosis considerable de respeto, por mucho que el histrionismo del personaje, hoy matizado, a veces altere el porcentaje de equilibrio de sus palabras. Dice de la política catalana en general, y me parece que del president Montilla en particular, que está(n) "en la estratosfera" por sus ataques a la aún nonnata sentencia del Constitucional sobre el Estatut. Yo creo que tiene razón el ex "número dos" de Felipe González y actual presidente de la Comisión Constitucional de la Cámara Baja: el president de la Generalitat es una de esas figuras políticas increíbles, cuyo vuelo rasante hace bueno aquel remontarse excesivamente alto de su predecesor, Pasqual Maragall. Montilla nunca incurrirá en una "maragallada", pero jamás albergará en su alma una grandeza. Me parece, como lo fue Maragall, una desgracia para Cataluña, como me temo que se comprobará algún día. Y sospecho que perderá el sillón en las próximas elecciones, porque su tripartito es, desde hace tiempo, inviable. Y su liderazgo político, imposible.

Montilla -y lo que es más lamentable, personajes políticos tan importantes y solventes como el "conseller" de Economía, Antoni Castells_ está poniendo en un riesgo, como jamás ocurriera con Jordi Pujol, la cohesión del Estado. Y todo por su pugnacidad en defender la literalidad de un Estatut que a nadie le preocupa: el texto está en vigor desde hace tiempo, se aplica con mayor o menor normalidad y soportará que el Tribunal Constitucional, en la sentencia más esperada de la Historia, diga que Cataluña no puede ser definida como nación, sino como nacionalidad. O precisiones similares, que, en el fondo, a nadie quitan el sueño y en nada van a variar la realidad de las cosas.

Montilla -y, lo que es más triste, otros personajes políticos del futuro, no del pasado_ cree que el Estatut hace ganar o perder votos en Cataluña y que, por tanto, hay que defender la literalidad de su texto a capa y espada. Como si, a estas alturas, la sentencia del Constitucional fuese a cambiar el estado -lamentable_ de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Sí, están en la estratosfera, como dice Guerra. No solamente Montilla, o Castells, o Artur Mas, o Puigcercós, sino buena parte de la sociedad civil catalana, que se ha dejado arrastrar por esta torrentera. ¿Y el PP? El PP catalán, está claro, no conecta con la mayoría de la población ni con sus aspiraciones nacionalistas, pero eso siempre ha sido así. Cataluña, me lo advertía, poco antes de morar, aquel inmenso político que era Francisco Fernández Ordóñez, quien me parece que contagió su idea a Adolfo Suárez, no es lo mismo que el País Vasco. En Cataluña casi todos son más o menos nacionalistas, quizá un poco independentistas si las cosas no se hacen como es debido. El gran riesgo para España como Estado reside en Cataluña, me decía el inolvidable "Paco". NO en Euskadi.

Montilla -y, lo que es más preocupante, la mayor parte de la clase política catalana_ no hace las cosas como es debido. Carece de la lealtad constitucional que reclama el respeto a las sentencias del Tribunal Constitucional, por muy devaluado que haya quedado el dichoso Tribunal. Y así andan todos, en pos de la entelequia, jorobando al personal y empozoñando la ética y la estética política.

En lo que Guerra se equivoca es en limitar el pensamiento estratosférico a Montilla, a su Govern o a la clase política catalana en general. La estratosfera, o Babia, se extiende como un magma insoslayable por buena parte de la carcundia política nacional a la que damos, los leales y bienpensantes ciudadanos, el pan y la sal. No se entienden, si no, esos fastos europeístas tan alejados de la Europa de los ciudadanos y tan cercanos a la Europa de los prebostes; ni el combate que el Gobierno ha iniciado, en defensa de la Sociedad de Autores, contra los usuarios de Internet. No se entiende, si no, la mayor parte de los titulares de las portadas de los periódicos, que hablan de una clase política instalada en la irrealidad: ahí tiene usted esa polémica entre diversas autonomías acerca del tamaño de los ordenadores que se entregan a nuestros escolares. Si eso no es andar, como Arsmtrong, por la luna, entonces, ¿qué es? Pues eso: en la estratosfera es donde estamos. A Guerra, que tanto sabe de estas cuestiones, tenemos que agradecerle el diagnóstico. Aunque se haya quedado corto.


Periodista Digital - Opinión

La prohibición del burka

EL debate iniciado por presidente francés Nicolás Sarkozy sobre la creciente presencia en las sociedades europeas de musulmanas que, casi siempre obligadas por sus familiares, se visten con burkas o nijabs, de modo que todo su cuerpo queda oculto tras el ropaje, está destinado a marcar una tendencia en un problema que tarde o temprano puede ser de actualidad en toda Europa. El burka es una indumentaria degradante que manifiesta un sometimiento injusto de la mujer, y es normal que su proliferación en calles y plazas haya causado un efecto inquietante, más aún en pleno debate sobre la definición de la nacionaliad francesa.

El burka se considera erróneamente como una expresión puramente religiosa, en cuyo caso podría merecer respeto como una íntima opción confesional. Sin embargo, tiene sobre todo una dimensión exterior, destinada a la sociedad ante la que esa vestimenta se exhibe y que manifiesta un afán de distancia o incluso de rechazo hacia los usos habituales de la colectividad de acogida. Un burka es una expresión pública del apego -en cierto modo fanático- a la tradición cultural o religiosa de la que estos ciudadanos provienen y de resistencia activa a formar parte de la secularizada sociedad europea.

Algunos creen que no se necesita una ley específica que lo prohíba, dado que ya existen normas ordinarias que impiden a los ciudadanos ocultar completamente su rostro. En todo caso, si se considera que es legítimo defender el uso de determinada vestimenta a pesar de la conflictividad social que pueda acarrear, más legítimo debería ser que el Estado proteja aquellas actitudes que promueven la integración de las distintas colectividades y defienden la dignidad de la mujer frente a actitudes degradantes. Francia prohibió en su día el pañuelo con el que muchas musulmanas se cubren el pelo, precisamente para no entintar el concepto de la laicidad del Estado en la conciencia de los escolares. Ahora se trata de mujeres mayores de edad y del espacio público, algo mucho más delicado desde el punto de vista de las libertades individuales. Pero este no es en ningún caso un problema de libertad religiosa. Lo que está en juego es algo muy distinto.


ABC - Opinión

La década perdida. Por Jesús Cacho

Como es norma cuando de calificar periodos de estancamiento económico se trata, también en España se empieza a hablar de los primeros 10 años de este siglo como de la “década perdida”. En voz baja, no vaya a ser que se enfade quien desde el BOE reparte las subvenciones, y echando la culpa al empedrado, es decir, a Madoff y compañía. Lo ocurrido aquí, sin embargo, es bien conocido y sus responsables tienen nombres y apellidos. Frente a la herencia económica recibida en marzo de 2004, las dos legislaturas del PSOE han devenido en la peor crisis económica registrada desde 1947, traducida en la pérdida de todas las ganancias de convergencia real –renta, riqueza y empleo- cosechadas desde el inicio del ciclo expansivo 1996-2007. Y lo peor es que esto no ha terminado. El perfil cíclico de la economía española es en L no en V, lo que equivale a decir que la recesión en curso vendrá seguida de un periodo de estancamiento con tasas de crecimiento entre el 1% y el 1,5% durante toda una serie de años y mucho paro.

Ello porque España combina dos graves desequilibrios: un alto endeudamiento de familias y empresas con un descomunal déficit público, algo que, en un marco de recesión primero y de bajo crecimiento después, genera un escenario explosivo que alienta la sospecha de que la economía española va a encontrar serias dificultades para atender sus compromisos de pago. Las razones son claras: la interacción entre los desequilibrios macro y micros acumulados durante la fase expansiva del ciclo, la profundidad de la recesión con su impacto sobre renta y riqueza de familias y empresas y sobre el sistema financiero, se retroalimenta y conduce a un círculo recesivo de dimensiones inéditas en lo que a intensidad y duración se refiere.

Desde esta perspectiva, nuestra economía está abocada a un escenario mucho más parecido al de una depresión que al de una recesión. De hecho, y a pesar de la fuerte corrección a la baja experimentada en 2008 por las principales variables macro, España no está ni a mitad de camino del proceso de saneamiento que haría posible pensar en un suelo para la dinámica de ajuste en curso. Ni la economía real ni el sistema financiero han absorbido en su totalidad el impacto de la recesión. Así pues, será imposible volver a tasas de crecimiento del 3% en esta legislatura y, en consecuencia, resultará inevitable alcanzar cifras de paro muy elevadas. El resultado final devendrá en un empobrecimiento sustancial de las familias, particularmente las clases medias, que, en promedio, perderán la mitad de su riqueza en el próximo bienio. La crisis no ha tocado fondo. Se halla en sus inicios y lo peor está todavía por llegar.

Embebido en el engaño de un Gobierno que no tiene otro programa que no sea enmascarar la realidad, los españoles siguen sin ser conscientes de las consecuencias que sobre su nivel de vida va a tener, está teniendo ya, la recesión en curso, engaño que contribuyen a mantener los grandes beneficiarios del Régimen, un grupo de millonarios apalancados en la subvención, los nada Cándidos sindicatos, y los dueños del agit-prop mediático. La realidad, sin embargo, es que restaurar la competitividad perdida por la acumulación de un diferencial de inflación y de costes laborales unitarios respecto a nuestros socios comerciales reclama un ajuste brutal y general de precios y salarios, algo que está ocurriendo por el lado del IPC, pero no, desde luego, de los costes laborales, que deberían caer en torno a un 20% para recuperar competitividad. En una economía rígida como la española, eso es imposible: es casi un axioma que en España los salarios solo pueden crecer. De hecho, lo están haciendo a causa de la caída del nivel general de precios, lo cual fortalece las tensiones recesivas y potencia el impacto destructor de empleo de la recesión. La consecuencia es que el ajuste se está haciendo vía destrucción de puestos de trabajo y de cierre de empresas, proceso imparable en una unión monetaria en la que es imposible mover el tipo de cambio.

Un retroceso material que es también cultural

El deterioro de las expectativas económicas, el aumento del paro, la erosión de la riqueza y de los ingresos del trabajo, y la contracción del crédito, hace insostenible el endeudamiento de las familias. Según datos del Banco de España, entre 2006 y 2008 la deuda de los hogares ha crecido casi un 24%, mientras su riqueza ha descendido en más de un 22%. Lo cual conduce a una caída muy potente del consumo familiar y a crecientes dificultades para afrontar el pago de sus deudas. Lo mismo ocurre con las empresas, obligadas a una liquidación masiva de activos a valor de mercado, o lisa y llanamente a la quiebra o suspensión de pagos por falta de crédito. Y es que el ciclo recesivo retroalimenta los problemas de bancos y cajas, deteriorando su capacidad para intermediar los flujos financieros y facilitar la salida de la recesión. El corolario es que el PIB crecerá en el entorno del 1% en lo que resta de legislatura, una tasa incompatible con la reducción del paro y la creación de empleo.

Con el riesgo añadido de default para el año que ahora comienza, consecuencia del elevado déficit público provocado por los planes de estímulo presupuestario, los costes del salvamento de cajas y bancos y, sobre todo, el colapso de los ingresos causado por la recesión. El sumatorio va a crear graves tensiones de financiación a unas Administraciones Públicas que, aunque dispuestas a pagar el diferencial que sea necesario para obtener recursos, van a ser observadas con lupa: los mercados, muy capaces de sumar deuda pública y privada, podrían llegar a preguntarse sobre la capacidad de pago de una economía muy endeudada, con una recesión aguda y sin perspectiva de salir de ella en el corto y medio plazo.

Preguntado una vez en Montevideo por el significado real de la palabra default, el economista argentino Ricardo López Murphy respondió que equivalía no solo a una pérdida de nivel de vida, sino también a “un retroceso cultural” que implicaba, que implica aquí y ahora, retroceder 20 años en el desarrollo, aceptar que somos un 30% más pobres, que no podremos pagarnos muchos de los grandes o pequeños caprichos de antaño, que habrá menos viajes, menos veraneo, menos restaurantes, menos ropa nueva, menos coches alemanes, peores servicios públicos, más hijos obligados a buscar en el extranjero las oportunidades que no encuentran en España, más agricultores abandonando el campo, más industrias quebradas, más comercios cerrados, menos movimientos comerciales y financieros… Más pobreza.

Zapatero o la socialización postmoderna de la teoría de las elites

Hace justamente un año titulé esta crónica con un explícito “España, camino de perdición”. Los temores de entonces se van cumpliendo con precisión matemática. Es ya un lugar común afirmar que la recesión de caballo que padecemos nos ha llegado en el peor momento posible, en una fase de profundo agotamiento del Sistema salido de la transición y con la clase política más mediocre de las últimas décadas. Las consecuencias de los atentados del 11 de marzo de 2004 adquieren cada día mayor relevancia, porque, inducidos por aquella tragedia, una mayoría de españoles decidió poner el Gobierno de la nación en manos de un individuo claramente incapacitado para la importancia del reto. El resultado de aquel error, reiterado cuatro años más tarde, está llamado a tener consecuencias muy dolorosas para el nivel de vida de los españoles y para la propia idea de España como nación. No solo es la pérdida de imagen sufrida por la marca España en el exterior; es que esa carencia de sustancia retroalimente en el interior las pulsiones de quienes ambicionan corralito propio, como demuestra lo que está ocurriendo en Cataluña.

Rodríguez Zapatero es una desgracia para España, como lo sería para cualquier país desarrollado del mundo occidental. Según las tesis de Martin Heidegger, el filósofo simpatizante del partido nazi, un pueblo logra su identidad solo a través de sus Gobiernos, de la misma forma que llega a su cénit únicamente en las personas de sus dirigentes. Con una consecuencia dual: la miseria o la gloria. Pero, ¿es ZP la medida de la conciencia intelectual y moral del pueblo español? ¿Se merecen los españoles a Zapatero? Estamos ante la famosa “teoría de las elites”, pero al revés. En la socialización postmoderna de las tesis de Pareto, Mosca, Michels y demás familia, según las cuales la tarea de Gobierno pertenece a minorías dirigentes, elites supuestamente mejor preparadas, que se alternan en el uso y abuso del Poder. El propio ZP se encargó el viernes de recordárnoslo: “España puede hablar de economía y presidir la UE. Todos podemos participar y liderar”. Él es la prueba irrefutable del aserto.

Y algo deberán hacer los españoles –desde luego también los italianos y europeos en general- para impedir que personas sin una solida formación académica, sin la menor experiencia gerencial, sin un contrastado código de valores democráticos, sin idiomas, sin viajes, sin sentido del ridículo, puedan llegar a la presidencia del Gobierno. De momento, toca esperar. Dos años por delante para completar el daño de dos legislaturas que van a retrotraer a España a niveles de bienestar y riqueza de hace décadas. La presidencia española de la UE será, por eso, una desgracia añadida más. La tentación de entregarse a la orgia de fastos, gestos y gastos, con olvido de los problemas internos, resultará de todo punto imposible de resistir para un tipo que solo sabe de operaciones de imagen montadas sobre el embeleco colectivo. Y que no falte el humor: ¡Zapatero quiere arreglar la crisis económica europea…! ¿Saldremos de esta? Dijo el célebre J. J. Rousseau, padre putativo de toda revolución que se precie, que “el destino de los pueblos que carecen de libertad es llegar a ser gobernados un día por niños, por monstruos o por imbéciles”. Los españoles hemos conocido reyes capaces de reunir en su sola persona esa triple condición. Durante 40 años sufrimos también a un monstruo. ¿Ha llegado el momento de la tercera especie?


El confidencial - Opinión

La conjunción (a Leire Pajín con cariño). Por Andrés Aberasturi

En realidad esto no ha hecho más que empezar, así que tranquila Leire, llevamos apenas unas horas y el futuro nos aguarda para entrar en la Historia de la humanidad. Ya he leído lo del Financial Times y otros comentarios del mismo estilo, pero ya se sabe que nos tienen manía y envidia, así que ni caso. Lo importante es que tu vaticinio ha echado a andar hace unas horas y la Galaxia toda espera grandes cosas de esa conjunción Zapatero-Obama.



Lo del Teatro Real estuvo bien; debió costar una pasta, pero merecía la pena por dos cosas: la primera para borrar esa gamberrada impresentable de Mr. Bean suplantando al gran líder en página web (que costó otra pasta) y la segunda -y esta es la más importante, compañera- porque un acto tan significativo estuvo de par en par abierto al pueblo; no es que el pueblo tuviera acceso al Teatro Real, claro, pero se le dio la oportunidad de seguirlo en grandes pantallas a unos cuantos grados bajo cero. Si la respuesta no fue masiva, a nadie se le puede culpar sino a este maldito frío que no deja títere con cabeza ni parado en la Puerta del Sol contemplando a Tamara Rojo. El Poder, arropado en el teatro Real, se acordó una vez mas de los menos favorecidos y les puso las pantallas para que lo vieran mientras se trajelaban un bocata de chope y es que los españoles todos sabemos mucho más que el Financial ese y somos conscientes -gracias a ti- de la gran oportunidad que para la Galaxia supone la presidencia de España de la UE.

¿Que Obama no ha cerrado Guantánamo, sigue con la guerra en Irak y manda más tropas a Afganistán? Normal; tampoco se le puede pedir que cambie el mundo en seis días. Nosotros por el contrario vamos a toda velocidad aunque no sepamos muy bien hacia dónde. La formidable Ley de Economía Sostenible se ha puesto en marcha y los cuatro millones de parados ven con alivio y esperanza que lo primero, lo más urgente al parecer, es cerrar las páginas web donde el personal se descarga por la cara lo último de la Pantoja. Y así no se hace país.

Tú tranquila, Leire; si ladran es que cabalgamos y si cabalgamos a alguna parte llegaremos. Además jugamos con ventaje: como estamos los últimos de la tabla europea en crecimiento y paro, lo único que podemos es mejorar y si pese a la puesta en marcha de esa increíble genialidad que es la ley de Economía Sostenible, aun vamos a peor, ya se sabe: recordar que los últimos serán los primeros y si alguien pregunta en qué, se le llama poco patriota y punto.

El mundo, como tú anunciaste, está a punto de cambiar y resulta increíble que la gente se entregue a las rebajas en lugar de sentarse a contemplar el milagro. Por cierto y hablando de milagros: que lo de tu madre y sus amigos de Benidorm es magnífico, todo un ejemplo de fe y de principios: dados de baja del PSOE, siguen contribuyendo de corazón con 130 euros cada uno para la buena marcha del partido al que ya no pertenecen. Creemos en ti Leire, en ti y en el Gobierno del Gran Líder y no nos van a engañar desde fuera y desde dentro (el enemigo está en todas partes) con esos datos de deuda externa, bajo consumo, aumento del paro etc. Esperamos el milagro de la conjunción. Yo cada noche me asomo a la ventana y miro al cielo para ver la señal. Por ahora sólo nieva y hace mucho frío.


Periodista Digital - Opinión

¿Cerrará Zapatero Google, Yahoo o Elpais.com?

La disposición “antidescargas” de internet, incluida en el anteproyecto de ley de economía sostenible, es innecesaria, extemporánea y de más que dudosa constitucionalidad por cuanto afecta a un derecho fundamental como el de transmitir y recibir información libremente lo que, por su propia naturaleza, ha de ser regulado forzosamente mediante una Ley Orgánica aprobada en el parlamento por mayoría cualificada.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se dispone, una vez más, a menoscabar la libertad de los ciudadanos mediante una ley absolutamente disparatada. Salvo los grupos de presión de la izquierda española, no existe la menor “demanda social” que exija al Gobierno tomar cartas en este asunto. Zapatero utiliza el poder coactivo del Estado para beneficiar a aquellos que más se han significado en los ataques a su rival político y que, de esa forma, contribuyeron a llevarle a La Moncloa. No ha tenido ni el detalle siquiera de tener en cuenta la opinión de los expertos, basada en abundantísima jurisprudencia, según la cual no existe el menor delito en intercambiar archivos sin ánimo de lucro utilizando las nuevas tecnologías.

El Gobierno se retrata, además, utilizando una novedosa fórmula procesal para cerrar o cancelar páginas webs en el plazo récord de cuatro días, mientras que en asuntos que sí afectan realmente a los derechos de los ciudadanos la Justicia languidece convirtiendo en irreparables los daños provocados por delincuentes perfectamente identificados. Es fácil suponer la perplejidad que esta medida de Zapatero habrá causado, por ejemplo, en las familias que han visto sus viviendas asaltadas por ocupas y siguen tras largos meses impedidos de hacer uso de su propiedad sin que la administración de justicia sea capaz de restituirles en sus derechos legítimos. En la España de Zapatero se puede asaltar la propiedad ajena mediante la violencia y usarla al antojo durante meses, mientras que si se intercambia un fichero de mutuo acuerdo y sin que medie afán de lucro la Audiencia Nacional impondrá una dura sanción en menos de una semana.

La oposición, mientras tanto, se deja engatusar nuevamente en la vieja táctica socialista, consistente en poner sobre la mesa una barbaridad mayúscula, como la ocurrencia de la pobre ministra de Cultura de permitir a un órgano administrativo ordenar el cierre de una página de internet, para acto seguido atenuar el revuelo provocado suavizando los perfiles más escandalosos y dando una imagen de falsa moderación que el PP saluda como un triunfo de la sensatez. Lo que sucede, en última instancia, es que los aspectos sustantivos de la política de Zapatero permanecen inalterables, que es precisamente lo que un partido serio con aspiraciones de gobernar debiera impugnar por todos los medios a su alcance, en lugar de jugar a la abstención para intentar pasar desapercibido en la batalla.

Y como en la España actual cualquier coacción totalitaria tiene perfecto acomodo, es más que previsible que este ataque a los derechos fundamentales de los ciudadanos adquiera finalmente carta de naturaleza aunque para ello resulte necesario modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial, de forma que el órgano encargado de perseguir el terrorismo y el narcotráfico tenga como competencia añadida la defensa de los intereses de Teddy Bautista y la banda de la ceja.

Por nuestra parte seguiremos muy atentos el desarrollo de esta normativa y los primeros casos de su aplicación práctica, entre otras cosas porque en los medios de comunicación distinguidos por su filiación de izquierdas se practica habitualmente la actividad que Zapatero y su recusada ministra de cultura se han propuesto prohibir. Es el caso de la web del diario El País, cobijo de un blog excelente que facilita los medios para localizar los sitios desde los que se pueden descargar las películas y series sobre las que sus autores realizan críticas cinematográficas.

Si es cierto que Zapatero quiere prohibir las descargas de internet de forma indiscriminada esperamos que comience por los medios más cercanos, pero no antes de ordenar el cierre inmediato de Google o Yahoo, a través de cuyos sistemas de búsqueda se pueden localizar con suma facilidad los enlaces para descargar todo tipo de archivos en la web.

A ver si el juez Garzón resuelve pronto los problemas judiciales en los que está inmerso por sus actividades privadas y nos brinda el espectáculo de ver a la justicia española intentando cancelar la página web más visitada del planeta. Será otro jalón excelente en las credenciales de Zapatero para presidir este semestre la Unión Europea


Libertad Digital - Editorial

De Potemkin a Zapatero. Por José María Carrascal

¡QUÉ oportunidad hemos perdido de dar una lección a los europeos, de demostrarles que no somos torpes ni ridículos, sino tan realistas como ellos, y reaccionamos mejor que ellos cuando las circunstancias aprietan!

¡Y con lo fácil que hubiera sido! Hubiese bastado que la ceremonia de trasmisión de poderes en la presidencia europea se hubiera limitado a un escueto protocolo de gestos y mensajes, acordes con la situación y prueba de que estamos de verdad dispuestos a liderar la salida de la crisis.

Pero no. Una vez más, nos ha salido el español arrogante y ostentoso, imprevisor y exagerado, más preocupado por la apariencia que por la substancia, capaz de gastarse el sueldo en deslumbrar al vecino, aunque no le quede para acabar el mes.


Los tiempos que corren aconsejan modestia y ahorro, sobriedad y comedimiento. Pero la forma como el Gobierno español está celebrando la presidencia europea -una presidencia efímera, además de compartida, que ni siquiera es la primera ni será la última- es todo menos austera. La recepción inaugural más parecía una feria gastronómica que un acto político: 1.500 invitados, todas las variedades de la cocina española, todos los quesos, embutidos, vinos, tartas y tortas de nuestra geografía, espectáculo final por todo lo alto. Algo que no encaja con el déficit galopante y con los cuatro millones de parados, para los que incluso puede ser una ofensa. A lo que seguirán 350 encuentros, entre ellos ocho «cumbres», lo que ya está levantando problemas de competencia con Van Rompuy, según el «New York Times»...

Aunque, se veía venir. Desde el primer día, Zapatero ha hecho de su presidencia de turno europea una gran plataforma de autobombo. Once millones de euros para la página web, cien mil en corbatas y pañuelos, recepciones multitudinarias y faustos por doquier. En Bruselas se va a comer más jamón en los próximos seis meses que en España y la Comunidad Europea no va a conocer presidencia más rumbosa que la nuestra. Todo, para demostrar a los europeos lo bien que está llevada España. Cuando demuestra justo lo contrario: que seguimos tirando la casa por la ventana.

Desde aquel Grigori Alexandrovich Potemkin, el favorito de Catalina de Rusia que hacía transportar las bambalinas de pueblos impecables por donde pasaba la zarina, para que los tomase por verdaderos, no se había conocido en Europa tramoya semejante. Puede incluso que en vez de los «poblados Potemkín» empiece a hablarse de «presidencias Zapatero», como sinónimo de política ficción.

¿Cree que podrá engañar a los europeos como a los españoles? Al parecer, sí. En otro caso, los hubiera despachado en su toma de posesión con un frugal: «Señores, en tiempo de crisis, recepciones de cuaresma». Una copa de vino español, y al despacho. Con lo que se hubiera acabado lo de Mr. Bean.


ABC - Opinión

El síndrome del Coronel Tapioca. Por Arturo Pérez Reverte

Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.


XL - Semanal