miércoles, 8 de julio de 2009

Prohibir los enlaces para salvar los periódicos. Por Daniel Rodríguez Herrera

Lo malo es que todas estas medidas son un ataque a derechos fundamentales, para cuya violación las conveniencias económicas no deberían ser razón suficiente. Y perder eso de vista parece ser desgraciadamente habitual para demasiados de los Chicago Boys.

La industria discográfica no es la única que se está muriendo por no saber encarar una difícil transición. Los grandes periódicos de papel también están sufriendo lo suyo. Sin embargo, y al contrario que otros afectados por internet, lo cierto es que no pueden culpar a la piratería de sus problemas. Tampoco es que los otros sí puedan, pero al menos es una excusa plausible. En cambio, los diarios se enfrentan a un cambio de hábitos, que ha sustituido el papel por la pantalla, y el notable incremento de competencia que ese mínimo cambio ha traído consigo.


El problema para los diarios no es el cambio de soporte. Al fin y al cabo, cuando bajamos al quiosco pagamos sólo una parte del coste de escribir, maquetar, imprimir y distribuir esos cachos de papel; el resto lo sufraga la publicidad. En internet los costes de impresión y distribución se reducen a la mínima expresión, de modo que los anuncios podrían seguir pagando lo que cuestan los contenidos. Pero claro, al haber desaparecido esos costes, las barreras de entrada a la cosa periodística son ahora ridículas y los periódicos se enfrentan a la competencia de, entre otros, ¡sus propios lectores!

Como siempre que sucede un cambio fundamental, una "destrucción creativa" de esas, las alternativas se reducen a dos grandes grupos: adaptarse o morir. Curiosamente la prensa, mayoritariamente progresista en todo Occidente, parece haber optado por olvidarse de Darwin y hacerse creacionista, con lo que se ríen de los yanquis por eso. Así, en todo el mundo se suceden demandas contra Google News por el pecado de poner a disposición de los usuarios los titulares de las principales noticias y ofrecer enlaces para leerlas en los medios que las publicaron. ¿La razón? Que Google gana dinero y "utiliza nuestros contenidos", según los editores de prensa. Sin embargo, el gigante californiano no hace nada que no hagan los propios periódicos, que se hacen eco (o deberían) de las noticias de sus competidores. Simplemente lo hace de forma automática.

En éstas estábamos cuando Richard Posner entró en juego. Para quienes no lo conozcan, que serán muchos, Posner es un jurista norteamericano de reconocido prestigio (pero de verdad, no al Bacigalupo modo) que al contrario que muchos de sus colegas algo sabe de economía, lo que por otra parte probablemente le haya cerrado las puertas del Supremo. Es un "Chicago boy", con todas las virtudes y los defectos que esa etiqueta conlleva. Tiene un blog que escribe a medias con el Nobel de Economía Gary Becker, en el que ambos exponen semanalmente su visión sobre un asunto. ¿Y cuál fue el de la semana pasada? La muerte de los periódicos.

Mientras Gary Becker lamentaba, básicamente por motivos sentimentales, la suerte funesta de la letra impresa, pero admitía que no había riesgos de muerte de la prensa dada la vitalidad que ofrecía internet, Posner parecía no creer que pudiera existir forma alguna de que pudiéramos tener periodismo sin periódicos. Convencido de que hacerse eco y enlazar a las noticias de otro medio es pernicioso para esos grandes diarios que son los únicos que crean contenidos relevantes, exponía dos soluciones, que mostraban su ignorancia del negocio: prohibir el enlace y la cita a los diarios o prohibir el acceso a contenidos protegidos por derechos de autor sin permiso de eso, del autor.

Seamos serios, todos los medios en internet quieren que la gente los enlace, porque es la manera de que se los lea más y, por tanto, ganar más dinero con la publicidad y tener suficiente para crear esos "contenidos diferenciales" que tanto le preocupan a Posner. Además, ya está prohibido acceder a las noticias que los medios quieran proteger, como demuestra el Wall Street Journal; otra cosa es que quieran, porque el diario neoyorquino es el único que ha tenido cierto éxito cobrando por parte de sus contenidos.

Pero el problema de Posner es algo más profundo. Al fin y al cabo, podría haber propuesto la obligatoriedad de enlazar con la fuente del contenido, que sería una medida más razonable dentro del entorno de la web, y que podría evitar casos de vampirismo que todos conocemos. Lo malo es que todas estas medidas son un ataque a derechos fundamentales, para cuya violación las conveniencias económicas no deberían ser razón suficiente. Y perder eso de vista parece ser desgraciadamente habitual para demasiados de los Chicago Boys. Es lo que tiene ser "experto" y "tecnócrata", que a veces se pierde de vista lo más importante.

Libertad Digital - Opinión

El listón. Por Ignacio Camacho

SERÍA estupendo que de la noche a la mañana España se hubiese convertido en una democracia escrupulosa llena de celo por los valores formales. Que este régimen subvertido por el caciquismo, la demagogia, el sectarismo y la corrupción descubriese de pronto el valor pedagógico de la ejemplaridad y la decencia. Y que no resultase insólito, desproporcionado y hasta ridículo que a un presidente autonómico le pueda costar el cargo su falta de perspicacia al dejarse regalar cuatro trajes.

Es que en el caso de Camps no se trata de eso. Se trata de que mintió cuando le dijo a Ángel Expósito, y le repitió al juez, que los trajes se los pagaba él.


¿Ah, sí? Pues que yo sepa a Camps no lo han procesado por mentir; eso sólo sucede en Estados Unidos, e insisto en que ojalá empezase a pasar pronto aquí. Y además, como se tenga que ir a su casa todo dirigente español que mienta ya podemos ir preparando para la política a nuestros hijos, porque de la actual generación iban a quedar en activo muy poquitos...

Vamos a dejar clara una cosa: el presidente valenciano se ha equivocado de manera flagrante en todo este asunto. Ha cometido dos errores garrafales, en el supuesto de que sea el juez Flors el que está en lo cierto. Uno, permitir que le regalasen la ropa; incluso en el caso de que la pagase él, fue como mínimo descuidado en el modo en que se dejó trajinar por los amigotes. Y dos, negarse a dar explicaciones y limitarse a decir genéricamente que pagó sin poder demostrarlo. Pero, vamos, que eso acabe resultando letal para su carrera en un país en que la clase dirigente, cuando no roba directamente comete toda clase de abusos con el dinero público, es de risa. De traca. Sin ir más lejos, por el mismo criterio el instructor inicial del caso, el juez Garzón, cometería cohecho impropio cada vez que asiste de gañote a esas cacerías a las que no lo invitan precisamente por su puntería legendaria. Pero es que todos conocemos altos cargos que reciben regalos costosos de bancos y de constructoras, que se suben a los yates y los aviones de los magnates... ¿por qué no le pregunta un juez al Pocero, por ejemplo, sobre sus huéspedes de verano?

A Camps, simplemente, le ha tocado. Una serie de factores desgraciados -y no todos casuales: ha sido sometido a un escrutinio casi indecente, además de a un acoso mediático que ha creado presión en el sistema judicial- le ha colocado en el eje de una encrucijada siniestra. Él ha colaborado con su atontamiento inicial, su posterior soberbia y su tendencia final a engañarse a sí mismo pensando que el sumario acabaría en carpetazo. Y puede que todo eso le cueste el puesto. En realidad, así debería ser siempre en una ética social rigurosa. Pero en nuestro cenagal político resulta una paradoja amarga, un sarcasmo tragicómico. Como se generalice ese listón pronto vamos a ver un carnaval en los banquillos.

ABC - Opinión

Las consecuencias de no decir la verdad. Por Pablo Molina

España sigue siendo diferente. Si te regalan cuatro trajes vas a juicio, en cambio si regalas tú una televisión en abierto a los amigos o diez millonazos a la empresa de tu hija ganas las elecciones.

Si todos los altos cargos que han aceptado alguna vez un regalo dimitieran nos quedábamos sin clase política, algo muy higiénico por otra parte dada la calidad de nuestros profesionales de la cosa pública. Pero no serviría de mucho, porque es dudoso que los sustitutos rompieran con la más arraigada tradición de nuestra democracia, en la que la única forma de hacer negocios con la administración es "llevarse bien" con el poderoso.


Lo que llama la atención en el caso de Francisco Camps es que haya sido tan ingenuo como para provocar él mismo la decisión del tribunal de llevarlo ante un jurado popular. El presidente de la Generalidad Valenciana no dijo la verdad cuando fue interrogado por la autoridad judicial, y ningún juez acepta de buen grado que le mientan a la cara. Camps ha sostenido todo este tiempo que él personalmente pagó los famosos trajes de corte italiano, pero hasta la fecha no ha podido demostrarlo. Al contrario, las evidencias recogidas en el sumario indican que jamás lo hizo. Si le hubiera dicho al juez "mire, Señoría, estos trajes me los regalaron, sí, pero esta mañana los he pagado (aquí tiene el recibo) y he ordenado al comercio que devuelva el importe a quien fuera que los pagase, que por cierto no sé quién pudo ser". Todo se hubiera saldado con una multa y Camps se habría dado un baño de multitudes a las puertas del juzgado, con miles de votantes emocionados y agradecidos al primer político de la Historia de España que reconoce un trinque y, además, lo devuelve. Coste económico siete mil euros incluyendo la multa; coste político cero.

Pero como ningún partido político admite que en sus filas haya personajes "regalados", es difícil que el PP, en última instancia una maquinaria de votos como el resto de formaciones, le hubiera permitido semejante acto de honestidad que hubiera evitado el pequeño calvario al que ahora se enfrenta su líder valenciano. Y además con estas temperaturas, bajo las cuales ni la más fina seda italiana te evita el sofocón.

En todo caso, lo más interesante de este asunto es que no se ha producido un trato de favor a cambio del regalo, como el mismo juez reconoce en el auto, por lo que no ha habido cohecho activo ni, en consecuencia, perjuicio para los contribuyentes. Por eso sorprende que en otros casos en los que las arcas públicas sí han sido saqueadas, las fiscalías sean tan remolonas y los jueces tan pacatos. España sigue siendo diferente. Si te regalan cuatro trajes vas a juicio, en cambio si regalas tú una televisión en abierto a los amigos o diez millonazos a la empresa de tu hija ganas las elecciones. Cosas de nuestro hecho diferencial, qué le vamos a hacer.

Libertad digital - Opinión

Represión intolerable

EL país de la «sociedad armoniosa» tiene problemas graves. El estallido de la violencia en la región china de Xinjiang representa un síntoma muy preocupante de la incapacidad de las autoridades del régimen dictatorial de Pekin para afrontar el desafío de una sociedad diversa, con diferentes aspiraciones individuales y colectivas. Ni en el Tíbet, ni mucho menos en esta región musulmana, donde pueden llegarse a implantar peligrosas corrientes extremistas, han sabido dar una respuesta adecuada a los problemas. Al contrario, el régimen de monopolio del Partido Comunista ha intentado desde su origen modelar distintos tipos de súbdito, desde la enloquecida Revolución Cultural a su entusiasta conversión al capitalismo de Estado, pero siempre ha imaginado a los ciudadanos chinos bajo un solo uniforme: mil quinientos millones de personas obligadas a ceñirse a un modelo predeterminado, en ocasiones uniformados hasta en el vestir.

Los gobiernos occidentales han expresado tímidamente su preocupación por lo que está sucediendo en Xinjiang, pero raramente se han producido las condenas que merecería semejante exhibición de violencia por parte de un régimen que está lejos de ser una democracia. Ahora China es lo suficientemente fuerte e influyente para intimidar a las capitales más importantes del mundo, y las condenas que se lanzan implacables contra la diminuta Honduras se vuelven mudas hipócritamente ante el cortejo de víctimas de la represión y del odio intercomunitario en China.
Han pasado veinte años de la matanza de la plaza de Tiananmen, China ha cambiado sustancialmente y, sin embargo, el Gobierno de Pekín sigue utilizando los mismos métodos contra los disidentes. Ahora podemos ver que un mayor énfasis en la defensa y promoción de la democracia en China no sólo hubiera sido bueno para Occidente, sino, sobre todo, para la misma China, que está construyendo una sociedad cargada de tensiones y basada en el mantenimiento de una inmensa mayoría de la población en un estado de semiesclavitud. No sabemos cuánto tardará en producirse, pero es evidente que sólo la verdadera democracia -adaptada a las características específicas de China, pero democracia- puede salvar a ese inmenso país. Ayudar en este propósito puede hacerse a través de las denuncias de los abusos para que el régimen chino aprenda cuáles son las fronteras de lo admisible.

ABC - Editorial

El mal paso de Camps. Por José Luis González Quirós

Historiadores, filósofos y biógrafos nos advierten de que algunas decisiones, aparentemente irrelevantes, llegan a tener consecuencias imprevisibles. Pienso en esto a propósito del lío en que está envuelto Francisco Camps. No tengo ni idea de cuál pueda ser la verdad del caso, pero sí creo que, independientemente de lo que resulte, se puede extraer alguna moraleja sobre el particular.

Supongamos que Camps fuese inocente por completo. Aunque su actuación, a primera vista, pueda considerarse enteramente lógica, ha obtenido unos resultados pésimos para su imagen, además de exponerse a una condena judicial. Puede verse fuera de la política por su forma imprudente de actuar, dando por sentado que su inocencia podría ser verificada sin duda alguna por el universo mundo. Esa conducta hubiera sido la lógica en caso de poseer los correspondientes justificantes de pago, pero, puesto que Camps no los tenía, como parece ser el caso, su conducta dejó de ser razonable para pasar a ser extremadamente arriesgada.


Camps dio un mal paso al no saber valorar adecuadamente el problema al que se enfrentaba, y escogió una estrategia de máximo beneficio considerando que su posición era inatacable, lo que, como claramente se ha visto, ha constituido un grueso error de consecuencias incontrolables, para él y para quienes le han avalado. Dado que no podría probar el pago de las prendas supuestamente adquiridas, y ya que se había hecho pública, en forma risible, por otra parte, su amistad personal con uno de los implicados, seguramente hubiese sido más inteligente admitir que se trataba de un regalo, y centrarse en mostrar que el obsequio no había tenido especial transcendencia, puesto que, efectivamente no parecería razonable que la tuviera, ni por su importe ni por sus efectos.

En ese caso, Camps habría mostrado una debilidad, habría admitido la comisión de una falta o de un delito leve, pero no se hubiera expuesto a una imputación muchísimo más grave como la que ahora le amenaza: la de haberse dejado corromper por una ridiculez de trajes, pero, sobre todo, la de mentir, la de tratar de imponer su prestigio, su poder y la fortaleza de sus apoyos populares a la marcha implacable de una maquinaria, que por más que pueda considerarse arbitraria en su origen e inspiración, ha de tratar de actuar con un criterio de igualdad implacable, aún cuando resulte evidente que en muchas y notorias ocasiones no la haya hecho.

El verdadero mal paso de Camps ha consistido, por tanto, no en la ligereza de aceptar un regalo comprometedor de parte de personas que debiera haber considerado poco recomendables, sino en suponer que su poder pudiera protegerle de la aplicación de las normas ordinarias de la justicia, en actuar como pudiera hacerlo, por poner un ejemplo cualquiera, un González, un Polanco, un Alberto o un Botín.

Camps ha cometido un error político muy grave al sobreestimar su poder, y al subestimar a sus enemigos. Sea cual fuere su íntima convicción, debiera haber considerado que el terreno de juego está marcado por unas reglas que son enteramente ciegas a lo que pueda haber en el santuario de su conciencia. Ha cometido otro error al no saber valorar el juicio popular.

El público perdona con facilidad al que comete un desliz, quizá sin llegar a los límites de los italianos con su presidente, porque sabe que la impecabilidad es siempre fantástica, puesto que todo el mundo comete en alguna ocasión una falta o un descuido de ese tipo. Una estrategia equivocada le ha colocado a los pies de los caballos y, con él, corre un alto riesgo la honorabilidad del partido que le defiende de manera tan berroqueña como equívoca.

Es evidente que Camps ha podido dar un mal paso, pero más grave es que no haya sabido cómo evitar las consecuencias una vez que se ha visto acusado. La acusación de corrupción se ha convertido en un virus, en algo que ataca de manera impensada y, en cualquier caso, sin ninguna atención a principios de proporcionalidad, equidad, gravedad o evidencia. Los que ejercen un cargo político deben de pisar con pies de plomo y, si se manchan impensadamente, deberían aprender a ser humildes y a pedir disculpas, a no tratar de convencer a todo el mundo de que son impecables, incluso aunque lo fuesen. Son las reglas del oficio que han escogido y no pueden decir que no les gustan. Respecto a la corrupción deberían de pensar lo que Gracián decía de los tontos, “que lo son todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen”.

Más allá de una peripecia llena de enseñanzas, es seguro que no escapará a los electores que alguien maneja los hilos de la Justicia de manera escasamente equitativa y virtuosa. Precisamente por eso, creo que los daños para el PP serán menores, en especial si sus dirigentes aprenden de una vez dos enseñanzas básicas: la nula tolerancia con gentes equívocas, y una buena estrategia para minimizar los costes cuando se pita un penalti injusto, como pudiera ser el caso.

el confidencial - Opinión

China no puede dar carta blanca a la barbarie

Los episodios de Xinjiang muestran las contradicciones del régimen chino, que pretende ser una potencia del siglo XXI pero con viejos parámetros autoritarios.

LOS MÁS de un centenar y medio de muertos, el millar de heridos y los 1.400 detenidos en tres días en la región de Xinjiang son cifras que hablan por sí solas de la magnitud de unos disturbios que vuelven a poner a China en el punto de mira por su falta de respeto a los derechos humanos. Aunque por su gravedad se ha equiparado ya esta revuelta de Xinjiang con la protesta de Tiananmen, de la que se acaban de cumplir dos décadas, la naturaleza de lo ocurrido obliga a comparar estos hechos con el conflicto que vive el Tíbet.


La provincia de Xinjiang, la más occidental de China y la de mayor extensión, es un foco de conflictos desde que Pekín decidió asimilarla a la fuerza con migraciones masivas de individuos de etnia han, la más numerosa del país. El territorio está habitado mayoritariamente por uigures, de religión musulmana y lengua de origen turco, que han visto en las últimas décadas cómo se les marginaba socialmente en beneficio de los han a la vez que se atacaba su identidad, en una política que las organizaciones humanitarias describen como «genocidio silencioso». En Urumqi, la capital de la provincia, la población original es hoy una minoría debido al efecto de la migración.

La política de sometimiento impuesta por el régimen chino en Xinjiang, que tanto recuerda a la del Tíbet, ha ido larvando un conflicto interétnico que estalló el domingo en Urumqi. Los uigures salieron a la calle en protesta por el linchamiento de dos de sus miembros acusados de haber violado a una mujer han. Lo que debía ser una marcha silenciosa se convirtió en un baño de sangre, con graves enfrentamientos entre la población y las fuerzas de seguridad, a la que los civiles acusan de haber empleado una violencia injustificable.

Se calcula que el régimen ha desplazado a la región a unos 20.000 soldados y policías, lo que no ha impedido el cese de la violencia ni que ayer se dieran imágenes como las que hoy describe nuestro enviado especial de ciudadanos han armados con palos y cuchillos saliendo a la caza de los musulmanes, en una escalada de absoluta barbarie. Una de dos: o hay una flagrante connivencia de las autoridades con los agresores o se les ha ido el conflicto de las manos.

Como ocurre sistemáticamente cada vez que se producen disturbios en China, el régimen ha tratado de forzar el apagón informativo. Internet dejó de funcionar ayer en la región y las comunicaciones se vuelven cada día más difíciles, de tal forma que es complicado conocer qué está ocurriendo en puntos alejados de Urumqi.

Los episodios de Xinjiang vuelven a poner encima de la mesa las contradicciones del régimen chino, que trata de dirigir una superpotencia en pleno siglo XXI con viejos parámetros autoritarios. Los límites a los derechos básicos en China, las detenciones sin garantías judiciales y la constante presión de las fuerzas del orden son un anacronismo. La realidad es que, todavía hoy, hay ciudadanos presos por haber participado en las protestas de 1989, y ni siquiera se ha ofrecido una cifra pública de los muertos y detenidos, lo que revela una voluntad de no rectificar y de mantener la política de puño de hierro.

La revuelta de Xinjiang ha llevado a la ONU a pedir una vez más a Pekín que respete los derechos democráticos. China, que se ha convertido por derecho en uno de los ejes sobre los que gira la economía mundial, y que ha sido capaz de mostrar su pujanza y su voluntad de equipararse al resto de potencias con la organización el año pasado de los mejores Juegos Olímpicos de la historia, no puede pretender entrar en la modernidad y ser aceptada plenamente por la comunidad internacional mientras siga actuando como una dictadura.

El Mundo - Editorial

Tras el español, prohibirán los toros. Por José García Domínguez

Como es fama, quienes festejan el Correbou de Cardona, al igual que cuantos participan en esos dos centenares largos de encierros que al año se celebran en Cataluña, todos, sin excepción, resultan ser oriundos de Australia.

Resulta que la secular querencia taurina de Cataluña ha dado en salir del armario a borbotones al socaire de ese cóctel de esnobismo populista y devoción laica que en todas partes suscita José Tomás. De ahí, sin duda, la irritada diligencia con que el Parlament tramita la ley que prevé expulsar a la Fiesta Nacional de la nació por las bravas. Total, si ya han prohibido la lengua impropia ¿por qué no eliminar de paso la tradición impropia, ese bárbaroinjertoimpuesto por Madrit que responde por tauromaquia?


Sin ir más lejos, es decir no yendo muy allá, eso predica la independentista Pilar Rahola, inopinada musa de los nacional-taurófobos domésticos. Así, al ignaro modo, un desencuentro ético a cuenta de humanos y otras bestias ha acabado transmutarse en falsa querella identitaria, otra más. Pues, como es fama, quienes festejan el Correbou de Cardona, al igual que cuantos participan en esos dos centenares largos de encierros que al año se celebran en Cataluña, todos, sin excepción, resultan ser oriundos de Australia. Y es que, desde tiempo inmemorial, los hereus y pubilles autóctonos aprovechan esas fiestas locales para recogerse en sus hogares y profundizar en el estudio de Kant y Schopenhauer en discretos seminarios privados.

Compréndase, pues, la atónita perplejidad que asaltó a nuestra activista ante lo nunca visto: nada menos que una corrida de toros en La Monumental. Llegado "con aires de conquista", "decidido a plantar la bandera de una fiesta cruel y obsoleta", presto a lanzar "un reto a la sociedad catalana", hubo de clamar contra José Tomás la airada republicana desde La Vanguardia del Grande de España. Y pensar que tan pronto como el 25 de julio de 1835 se celebró la corrida más esperada de aquella temporada en Barcelona. Que el festejo resultó un fraude para la afición (los toros, muy flojitos, se caían). Que cientos de catalanes, irritados por la falta de trapío de aquel ganado, se dirigieron entonces al centro de la ciudad y quemaron la iglesia de La Merced, el convento de San José, el de los Carmelitas Descalzos, el de los Dominicos y el de los Agustinos. Que el día acabó con dieciséis curas asesinados... Y que la Rahola aún no se ha enterado.

Libertad Digital - Opinión

Camps y la proporcionalidad penal

AL margen del impacto mediático y la desmesura partidista, la situación procesal de Francisco Camps exige una reflexión sobre los fundamentos materiales del derecho penal y su aplicación práctica. A partir del respeto absoluto a la presunción de inocencia y de la probabilidad de que el presidente de la Generalitat valenciana obtenga el archivo de la causa en instancias sucesivas, la realidad es que -a día de hoy- Camps afronta un posible juicio con jurado por un hecho sancionado penalmente con multa de 2.500 euros. El supuesto delito cometido está tipificado como «cohecho pasivo impropio» en el artículo 426 del Código Penal, un precepto de escasa aplicación y con muy pocos precedentes en la jurisprudencia. El principio de proporcionalidad es un elemento esencial del Derecho sancionador moderno, a partir de la famosa obra de Cesare Beccaria «De los delitos y de las penas», que data nada menos que de 1776. Falta la proporción cuando el castigo resulta notablemente excesivo de acuerdo con el daño causado y la circunstancia personal del autor (presunto, por supuesto, en el caso actual). En términos sociales y políticos, la «pena de banquillo» a la que puede verse sometido el presidente de la Comunidad Valenciana excede con mucho la eventual responsabilidad en que podría haber incurrido, si es que tal cosa llega a establecerse por una sentencia. En la democracia mediática de nuestro tiempo, un líder político de tanta relevancia sometido a juicio con intervención de un jurado popular puede sufrir un deterioro irreparable para su imagen pública, aunque luego resulte absuelto. Debe tenerse presente también que no existe pena de inhabilitación para cargo público en el delito que se le imputa, lo cual refleja claramente la medida muy concreta del reproche penal que el Código atribuye a este tipo de conductas.

En nuestro ordenamiento jurídico, las normas deben ser interpretadas -entre otros criterios- de acuerdo con la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas. Camps sufre ya desde hace meses una fuerte presión que convierte sus apariciones públicas en actos de apoyo -con mucha frecuencia- o bien en oportunidades para ser preguntado una y otra vez sobre el tema recurrente. La carrera política de un líder acreditado por el éxito reiterado en las urnas es un factor que merece protección en términos de proporcionalidad, evitando un juicio paralelo sin garantías y sin defensa posible que se transforma de hecho en un verdadero acoso al personaje público. El presidente de la Generalitat tiene ahora una nueva oportunidad procesal para que se acepte, si así procede en Derecho, su petición de archivo por la sala competente del TSJ de la Comunidad Valenciana. Goza, como es natural, de todas las garantías jurídicas que son consustanciales al Estado de Derecho. En el plano político, habría que preguntarse cuántos altos cargos o incluso funcionarios públicos de menor relevancia podrían verse afectados por el artículo 426 del Código Penal si hubieran recibido hipotéticamente regalos de la misma cuantía. El PSOE persiste en el empeño de utilizar las reglas del proceso penal al servicio de sus conveniencias partidistas, y por ello es muy grave que los intereses coyunturales pongan en riesgo el principio de proporcionalidad que caracteriza al Derecho Penal contemporáneo.

ABC - Opinión

La torpeza de Camps y las anchoas de Zapatero. Por Antonio Casado

Tiene razón Camps cuando califica la situación que le pone al borde del banquillo de “absurda” y “estrafalaria”. Con su decisiva colaboración. Ha gestionado el culebrón de los trajes con inexplicable torpeza y ahí están los resultados. Tiene todas las papeletas para comparecer ante un jurado popular por un asunto de menor cuantía, gracias a su rara habilidad para darse tiros en el pie: negar las evidencias, fustigar al mensajero, buscar la exculpación en las urnas y remitirse permanentemente a los jueces.

“Solo hablaré ante los jueces”, decía. Ya ha hablado ante los jueces y lo volverá a hacer el próximo día 15. Pero no se apea de su irresistible inclinación a dispararse en el pie. Ahora dice estar a dos o tres escaloncitos de la verdad, en la cuenta atrás hacia el final de la pesadilla. Otro mal paso de Camps. En vez de anunciar el desenlace debería limitarse a reclamar respetuosamente el archivo de la causa a través del recurso de sus abogados contra el auto del magistrado Flors. Sin embargo, se empeña en sugerir la inminencia de su exculpación.

Una forma de tocarle las narices al Tribunal Superior de Justicia de Valencia. Digo yo que está sugiriendo el inmediato archivo de la causa, pues de otro modo no hablaría de los dos o tres escaloncitos que faltan para dejar el asunto en el baúl de los recuerdos. Bonita manera de expresar su respeto por el trabajo de los jueces y la independencia de la justicia ¿O más bien se trataba de impugnar el auto del instructor, cuando Camps hizo estas innecesarias declaraciones ayer, en Algemesí?

Aunque tuviera razón, el presidente valenciano no se hace un favor al criticar, siquiera veladamente, la “estrafalaria” situación creada con las resoluciones del magistrado: imputación por cohecho pasivo y juicio con jurado popular. Eso es cosa de sus abogados. O de los periodistas, que tenemos la obligación de analizar el auto, donde se reconoce que no hay cohecho propiamente dicho (regalos a cambio de concesiones), aunque el juez se siente obligado a salvaguardar los valores sociales. Por ejemplo el deber de un gobernante de ser honorable y de parecerlo.

Es como si el magistrado-instructor, José Flors, hubiera dicho, o pensado: no hay cohecho en su versión más reprobable pero como la Justicia también ha de fomentar los valores públicos, voy a empapelar a Camps, por no haber sido ejemplar en su comportamiento, a la luz de esa figura, “cohecho pasivo”, cuyo reproche penal no va más allá de una multa de 2.500 euros. Según el auto conocido el lunes, no es ejemplar quien se deja obsequiar en razón de su cargo, aunque los obsequios no tiendan a obtener una determinada prestación. Así lo reconoce expresamente en el auto.

En resumen, si el recurso de Camps no prospera, las consecuencias serán mínimas en lo penal y máximas en lo político. La imagen del presidente de una Comunidad sentado en el banquillo no es lo mejor para su carrera personal ni para la causa del PP. Además, la imagen de un gobernante mentiroso. Eso es peor que dejarse regalar un par de trajes y, desde el punto de vista político, casi tan malo como gestionar el culebrón de forma tan torpe como lo ha gestionado Camps.

Lo que le faltaba era la singular aportación de Rita Barberá, que ayer comparó los trajes de Camps con las anchoas que Revilla, el presidente cántabro, le regala a Zapatero. La diferencia, entre otras, es que Zapatero jamás ha dicho que se pagase él las anchoas, mientras que Camps sí ha dicho que se pagaba los trajes ¿O no era verdad que se los pagase?

el confidencial - Opinión

Masiva. Por Alfonso Ussía

Se va a enterar el embajador de China en España cuando abra las ventanas de su residencia y se tope con toda la «cultura» llamándole «asesino»

No alberguen los lectores la menor duda. Dudar equivale a insultar a los grandes defensores de los débiles. No duden que en estos momentos todos los miembros del Sindicato de la Ceja se hallan reunidos en la casa de Pilar Bardem redactando un enérgico manifiesto de protesta por el asesinato de doscientos musulmanes a manos del régimen comunista chino. Casi doscientos muertos y más de mil heridos. Están consternados, y que nadie dude que en los próximos días, todos ellos, sin excepción, se citarán ante la embajada de China en Madrid con toda suerte de pancartas y pegatinas con el fin de exigir a la tiranía comunista el respeto a las minorías y los derechos humanos. Manifestación masiva del mundo de la «cultura» contra los desafueros y crímenes del régimen de Pekín.


Los muy mal pensados afirman que restarán callados aprovechando el calor y la llegada de las vacaciones. No conocen a los miembros del sindicato cejero. Son extraordinariamente justos y valientes. Muchos de ellos, durante años, se han puesto la pegatina con un visible «No a la ETA» en el Festival de Cine de San Sebastián. El problema es que se lo pusieron en la habitación del hotel, y el pegamento no era el adecuado. Por mucho que presionaran la pegatina sobre sus solapas o sus vestidos de noche, el pegamento se diluía a causa de la humedad, y la protesta contra el terrorismo etarra quedaba tendida sobre la alfombra de la «suite» del Hotel María Cristina, inmediato al Urumea y la playa de Gros. A todos les sucedía lo mismo, y lo primero que hicieron los del sindicato de la Ceja fue protestar a la imprenta encargada de confeccionar las pegatinas con el «No a la ETA» para exigirle un pegamento más seguro. Me informan que la imprenta les ha garantizado que en el año 2020 podrán los de la Ceja lucir la leyenda «No a la ETA» sin problemas de súbito desprendimiento hotelero. Por lógica, se deduce que este verano tampoco podrán lucirlas, a pesar de la indignación que sienten por el crimen de Eduardo Puelles. No lo duden. Están todos, si no en casa de la Bardem, en algún chalé con amplio jardín y piscina, redactando entre chapuzón y chapuzón su comunicado de firme repulsa. Aunque el régimen chino sea comunista, ellos no se callan. Tampoco han callado con los asesinatos, encarcelaciones y torturas del castrismo en Cuba. Son ejemplares. Y se va a enterar el embajador de China en España cuando abra las ventanas de su residencia y se tope con toda la «cultura» llamándole «asesino» y exigiéndole responsabilidades por la matanza de musulmanes iugures. Los de la Ceja no se casan con nadie, faltaría más. Y no quedarían mal los de Izquierda Unida y aledaños sumándose a la protesta. Y quizá el Gobierno de España, llamando a su embajador en Pekín para recabar información de lo acaecido en Xinjiang. Es lo menos que puede esperarse de esta gente tan buenísima. Pero lo fundamental es que los de la Ceja están abrumados por la muerte de doscientos islamistas chinos y se van a enterar los comunistas de Pekín de su carácter y su sentido de la independencia y la libertad. Masiva concentración ante la embajada de China. Y las pegatinas en Madrid no se caen como en San Sebastián. Son de otra imprenta.

La Razón - Opinión

A todos nos duele nuestra lengua. Por Angel López García-Molins

La cuestión lingüística no va bien; ahí está la última polémica sobre la ley catalana. En España, todo el mundo piensa que su idioma materno es maltratado. Lo primero sería cambiar la actitud de los ciudadanos.

A los españoles de hace un siglo, al menos a algunos de ellos, les dolía España. A los de ahora lo que nos duele, sobre todo, es la lengua. Integrados en Europa, con un régimen democrático y con una economía que, pese a la crisis, sigue siendo del primer mundo, ningún ciudadano debería sensatamente tener motivos para el desánimo. Y, sin embargo, los herederos de Miguel de Unamuno y de María Zambrano, de Salvador Espriu y de Alfonso Rodríguez Castelao, tenemos razones más que suficientes para estar preocupados.

La cuestión lingüística en España no va bien; de hecho, va tan mal que ha llegado a poner en cuestión la existencia misma del país en una sucesión de acciones y reacciones, a cual más desgraciada, en la que las culpas se hallan bastante repartidas. No pasa día sin que los medios den noticia de protestas, manifiestos o declaraciones que están continuamente arrojando leña a una hoguera ya crecida de por sí.


Ahora mismo estamos embarcados en la polémica de la llamada ley del catalán, aprobada por el Parlament de Cataluña, lo que, sorprendentemente, no basta para zanjar la cuestión. Hay quienes se obstinan en mirar para otro lado y se niegan a reconocer que el rey está desnudo. Es una suprema irresponsabilidad política: se quiera o no, casi no existe ningún ciudadano español que esté contento con el trato que le están dando actualmente a su lengua. Si esto se aplicase a su cuenta corriente, a su familia o a su lugar de residencia, estaríamos en puertas de una revolución. Y, sin embargo, la lengua nos constituye sentimental y humanamente mucho más que aquellos factores: uno puede cambiar de ciudad, está continuamente alterando su estado financiero y, si se empeña, hasta puede cambiar de familia, pero nunca perderá su lengua.

Una precisión importante: lo que a los ciudadanos les duele en cada caso no es la lengua por antonomasia, de aquí o de allá, es su lengua.

En España, el 40% de la población vive en comunidades bilingües, de forma que a una mayoría le duele el español, pero a una minoría muy relevante le duelen el catalán/valenciano, el gallego o el vasco. Pasa con esto como con las guerras: los políticos y los estados mayores juegan a destrozarse mutuamente, pero lo hacen por persona interpuesta, de forma que las víctimas siempre son soldados y civiles que lo han perdido todo, sin que su condición doliente permita distinguir a los de un bando de los del otro.

¿Existen ciudadanos de las comunidades bilingües que se sienten vejados por lo que denuncian como excesos de la aplicación de las leyes de normalización lingüística, lo cual encorajina de paso a muchos habitantes de las monolingües? Sí, es evidente. ¿Existen ciudadanos de las comunidades bilingües que sienten que en España -un país que sólo reconoce sus lenguas en el ámbito regional (y además recientemente)- no dejan de estar de visita? Igual de evidente.

No sé a qué conduce mirar para otro lado y hacer de avestruz en este tema tan delicado. Si queremos seguir viviendo juntos, porque nos interesa mutuamente y fuera hace mucho frío, habrá que resolver esta contradicción alguna vez. Y entiéndase que no estoy propugnando ninguna forma de organización política concreta para España. A mí, como iberista convencido, lo que me gustaría es que la dualidad estatal vigente en la península Ibérica se superase con alguna fórmula viable y aceptada por todos, pero éste es otro debate ajeno a la cuestión que nos ocupa aquí.

Lo que sí propugno es la necesidad de replantear radicalmente la cuestión lingüística.

Dicen que este asunto está muy politizado. Desde luego: por acción o por omisión, abierta o larvadamente, los políticos de uno y otro signo no han hecho más que tensar la cuerda en beneficio propio sin sacar al náufrago ni un milímetro de la ciénaga que lo está tragando. Entiendo que lo más importante es cambiar la actitud de los ciudadanos y que sólo cuando haya cambiado será posible plantear medidas efectivas concretas porque ellos mismos las habrán demandado. Lo contrario sería empezar la casa por el tejado.

En el momento presente lo que predomina es una actitud avasalladora que impone en cada caso la lengua dominante con exclusión de las demás. De un lado está la idea de que el español es la única lengua del país (lo que gustan llamar "lengua nacional"), siendo así que no sólo no es el idioma materno de muchas personas, a las que habría que agradecer permanentemente su esfuerzo al usarlo, sino que, además, el catalán/valenciano, el gallego y el vasco han sido igualmente lenguas generales de España desde hace muchos siglos y por razones de las que no me puedo ocupar aquí. De otro lado está la idea de que estos tres idiomas (que gustan llamar "propios") sólo podrán sobrevivir si sus defensores calcan miméticamente la ignorancia y el menosprecio del otro que han caracterizado a los que sólo están interesados en la defensa del español.

En otras palabras: a lo que se aspira, como mal menor es a que las lenguas coexistan, pero sin propiciar su convivencia, es decir, su vivencia compartida. Es lo que en el antiguo régimen se preconizaba para las clases sociales y para los sexos: coexistencia inevitable, sí, convivencia fecunda, no. Mas si algo caracteriza a nuestra época es la superación de estas desigualdades: la de clase, la de sexo, la de religión... todas, menos la de lengua. Y esto constituye una tragedia, y no sólo hoy, en España viene siendo así desde el siglo XVIII.

¿Tan difícil es hacer posible que en el Parlamento, en los medios de comunicación y en la vida diaria de toda España uno pueda expresarse en cualquiera de los tres romances sin que se le insulte, a pesar de que le comprenden perfectamente con un mínimo de práctica?

¿Tan pernicioso resultaría para la vida social de las comunidades bilingües que los hispanohablantes, que de todas maneras conservarán el español en este mundo de la aldea global, no lo retengan sólo como una variedad oral más o menos vergonzante? Dicho brevemente: ¿acaso no vamos a ser capaces de cimentar la vida de los ciudadanos españoles sobre la convivencia lingüística?

Todo lo que acabo de decir son obviedades, pero soy consciente de que muchas personas lo acogerán con reticencia. Por eso me guardaré muy mucho de proponer que las cuatro lenguas de España sean declaradas oficiales en todo el Estado o que la oficialidad legal de la lengua propia y del español se aplique equilibradamente en las comunidades autónomas bilingües.

Las medidas legales efectivas son las que consolidan un estado de opinión mayoritario -la ley de dependencia, la de igualdad de género-, nunca las que aspiran a crearlo de la nada al estilo de la ley antialcohólica de Estados Unidos en los años veinte. Antes de legislar hay que ganar la batalla de la opinión y de las actitudes.

El tiempo apremia: la herida sigue abierta, y las posibilidades de que se gangrene crecen de día en día. Necesitamos cauterizarla con un gran pacto de Estado: nos va en ello la paz social.

Angel López García-Molins es catedrático de Teoría de los Lenguajes de la Universidad de Valencia.

El País - Opinión

Menores, criminales e impunes

«Un adolescente puede no ser del todo consciente de las gravísimas consecuencias que pueden tener ciertos comportamientos temerarios. Apalear y degollar a una chica no es uno de esos casos.»

En el Juzgado de Menores número 3 de Barcelona ha comenzado este martes uno de esos juicios que ponen en evidencia la necesidad de acometer una profunda reforma de la Ley de Menor que erradique la práctica impunidad de la que gozan los menores de edad por graves y horrendos que sean sus crímenes. Se trata del juicio por el apaleamiento y degollamiento de Maores, una joven de catorce años asesinada el pasado mes de noviembre en Ripollet a manos de Sergio y Luis, dos compañeros de instituto de 15 y 14 años respectivamente. Por lo visto, la joven estaba enamorada de Sergio y había hecho pública su relación con él en internet. Sergio, sin embargo, mantenía otra relación paralelamente, por lo que, según los investigadores, fue con Luis a buscar a la víctima a su domicilio y la llamaron por el interfono en el piso donde vivía con su madre, su padrastro y su hermano, y del que bajó en ropa de estar por casa. La llevaron hasta un descampado donde la chica fue golpeada con un bastón hasta que éste se rompió. Entonces, el autor material pidió a su compañero que le diera uno de los trozos rotos que estaba en el suelo y éste, según el primer joven, le obedeció. Finalmente, la adolescente fue degollada.


Por mucho que el presunto autor material se haya negado ahora a declarar, lo cierto es que ya se había declarado previamente culpable, escudándose en que "oía voces" que le decían que debía matar a la víctima. Así mismo, y por mucho que el otro joven haya declarado que se limitó a acompañar a la pareja pero que luego se alejó sin saber las intenciones criminales de su compañero, lo cierto es que la policía tiene constancia de dos mensajes que ambos se intercambiaron por el "Messenger" antes y después del crimen: en el primero de ellos Sergio decía a su amigo que tenía que matar a Maores y en el segundo, al día siguiente del asesinato, le indica que si la chica no estaba muerta, la próxima vez emplearía "una barra de hierro".

Ante esta frialdad y deliberada voluntad de asesinar, resulta escandaloso que el Ministerio Público pida sólo cinco años de internamiento en un centro juvenil y tres de libertad vigilada para ambos. Esa es, sin embargo, la pena máxima de privación de libertad que contempla la Ley del Menor para los menores de 16 años. Y es que la "reforma" de enero de 2006 apenas modificó los presupuestos de una ley que prácticamente considera irresponsables a unos criminales por el hecho de ser adolescentes. La adolescencia, sin embargo, ni es una enfermedad ni un impedimento para distinguir el bien del mal, más aun en casos tan evidentes y sangrantes como el que nos ocupa. Un adolescente puede no ser del todo consciente de las gravísimas consecuencias que pueden tener ciertos comportamientos temerarios. Apalear y degollar a una chica no es uno de esos casos. Una cosa es que, dada su edad, los adolescentes no estén internados junto a los demás reclusos; otra cosa muy distinta, que sus crímenes se paguen con sólo cinco años de internamiento. Un criminal no se "resocializa" porque deje de ser adolescente o porque se le ponga a los dos días de patitas en la calle.

Ya dijimos en su momento que la Ley del Menor requería una reforma mucho mayor. Hace unos dias, el presidente Zapatero valoraba la posibilidad de una "pequeña modificación" de esta norma para facilitar el traslado de los menores inmigrantes desde Canarias a la Península. Esperemos que el Gobierno no espere a que se produzcan nuevos crímenes como el de Maores para que la reforma sea de mucha mayor envergadura.

Libertad Digital - Editorial

Decencia, please. Por Hermann Tertsch

Llevo unos días esperando a que nuestro presidente del Gobierno le indique a nuestro ministro de Asuntos Exteriores que sería conveniente llamar al embajador español en China a consultas. Como al de Tegucigalpa. Nos hemos enfadado mucho con unas instituciones hondureñas que, de forma muy desagradable y condenable, han derrocado a un golpista amigo del milico Chaves, del pederasta Ortega y del dictador Castro. Y que pretendía seguir los mismos planes que sus amiguetes. Nos hemos enfadado con razón, señor ministro. Esto se lo aplaudo más que su tutela permanente de criminales como Castro y su dictadura. A la gentuza, si ha sido electa como el presidente hondureño hay que quitarle el poder por medios constitucionales. Sacar a los soldados para llevarse al presidente en pijama a un avión no es nada elegante. «Quite unpolite» que diría Chesterton. Aunque sea él el mayor golpista del país. Las botas militares no pintan nada en el debate político. Ni en Honduras ni en Venezuela ni en Cuba. ¿Estamos de acuerdo? Pero llevamos varias jornadas de escabechina en Xingjian, en el oeste de China y nuestro embajador en Pekín se siente tan feliz y cómodo como si estuviera en La Habana. Aquí la vida sigue igual, por Ustedes designada. Pasan los días, cierran las empresas y cada vez más gente honrada se ve obligada a robar en los supermercados. Pero en Xingjan están peor. Allí los soldados chinos están matando a los niños musulmanes a culatazos. Convendría que al menos dijeran Ustedes algo. Por decencia. ¿O es pedir demasiado?

ABC - Opinión

martes, 7 de julio de 2009

Benamejí, Iznájar y el Estatuto de Cataluña que viene. Por Yauma

Mi vecino del cuarto primera, el señor José, es natural de Benamejí pueblo cordobés cercano a Iznájar , lugar de nacimiento de nuestro amado president Montilla. Ambos pueblos están bañados por el río Genil y comparten en muchos aspectos el famoso pantano del sur peninsular. El señor José, mi vecino del cuarto primera, me habla a menudo de su pueblo de origen. Está jubilado y cuando me engancha en la escalera, en el portal o en el kiosco donde ambos compramos el periódico, aprovecha para pegar la hebra y explicarme vivencias lejanas de sus primeras correrías por tierras cordobesas. Dejó Benamejí a los doce años, nació en 1944 por lo que lleva viviendo en Cataluña 53 años, casi toda una vida. El señor José raro es el año que no visita su pueblo, tiene familiares cercanos allí y el hombre, con la excusa de verles, siempre está a punto para darse una vuelta por el terruño. Ahora con la jubilación se está planteando volver definitivamente al lugar que le vio nacer. No obstante ese proyecto lo contempla poco realizable, la mujer y los hijos han nacido en Cataluña y ello le ata definitivamente a esta tierra.

Según mi vecino José, Benamejí es un pueblo con señorío, desde que allá por 1549 Don Diego de Bernuy eligiese este espectacular enclave natural, ante disfrutado por romanos y árabes, y se trajese al mejor arquitecto, Hernan Ruiz II, para que hiciera el magnífico puente Renacentista sobre el río Genil.
Benamejí es literatura de Calderón con la Niña de Gómez Arias, de Lorca con su Romancero Gitano, y de los Machado con La Duquesa de Benamejí (de nobles y bandoleros 1932 Manuel y Antonio Machado). Ruta del Tempranillo, pueblo bandolero.
La literatura histórica sobre bandolerismo ha utilizado a Benamejí como un punto importante de actuación en el siglo XIX. El paso por el puente para vadear el río, en el camino de Córdoba a Málaga, y su entorno entre colinas facilitaban las cosas para tender emboscadas. En la guerra de la independencia contra los franceses numerosas cuadrillas operaron por los contornos de Benamejí. Son históricos los nombres de Pedro Pena, apodado el Sotana, Juan de Campo, Pedro Alcal Heredia y Francisco Lozano el Bolsero. Entre otros.

El Estatut pasa por Aragón (tranquilo Six se trata de otro Aragón). Con este titular aparecía la Vanguardia el 22 de Junio pasado. “La mayoría a favor del texto es ahora de seis votos contra cuatro, un apoyo en el que está siendo clave la postura del catedrático de Derecho Constitucional Manuel Aragón Reyes”
“El catedrático de Derecho Constitucional está teniendo un papel fundamental en la deliberación de la sentencia sobre el Estatut, que ha entrado en su fase final. La resolución que está elaborando el TC es el resultado de un complejo sistema de equilibrios, al que Aragón ha hecho algunas aportaciones decisivas, después de una etapa de fuertes tensiones internas en la que la precaria mayoría favorable a la reforma estatuaria catalana estuvo a punto de venirse abajo.”
Parece ser que la actuación de Aragón hará posible una estrategia con la que se conseguirá una mayoría favorable al Estatut por seis votos a cuatro.
Este Magistrado del Tribunal Constitucional fue nombrado por el gobierno de Zapatero el 4 de junio de 2004, junto a Pablo Peréz Tremps, en sustitución de Manuel Jiménez de Parga y Tomás Vives, es de los considerados progresistas, línea zapateril, dentro del alto tribunal.
Manuel Aragón Reyes fue director del Centro de Estudios Constitucionales y miembro del Consejo de Estado. Presidente del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid, Discípulo de Francisco Rubio Llorente, es heredero de esa escuela de constitucionalistas. Participó activamente en la formación académica del príncipe Felipe de quien fue preceptor cuando este estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid.
Manuel Aragón Reyes Nació en Benamejí en el año 1944

Comento la noticia periodística con mi vecino del cuarto primera el señor José, él también nació en ese pueblo de Córdoba en el mismo año y parece que en idéntico mes que Aragón. ¡Caray, Caray! Con Manolito fue lo primero que me comentó? Quién lo iba a decir? Después me explicó que Aragón Reyes Procedía de una familia adinerada del pueblo, cuando José era un niño poseían fabrica de harina, diversas fincas rusticas y casas varias. Recuerda con simpatía a un tío por vía materna de Manuel Aragón, Pepe Reyes, dueño de un importante comercio de ultramarinos situado en la calle José Marrón, donde la familia Aragón Reyes tenía parte de sus negocios.
Que de alguna manera había compartido juegos infantiles con el Magistrado, “Manolito”, dentro de un orden, ya se sabe las clases sociales en un pueblo de unos escasos 5000 habitantes estaban muy bien definidas y claras en esos tiempos. A partir de aquí poco más le pude sacar a mi vecino del cuarto primera el señor José. Él es muy despierto y se daba cuenta que yo buscaba que se mojara y opinara claramente sobre la actuación de sus dos celebres paisanos, Montilla y Aragón en el asunto del Estatut de Cataluña. Pero no hubo manera.

Pues bien, yo sí, voy a opinar. Curioso mundo político el nuestro. El Estatuto que viene, que se nos echa encima, sobre todo a muchos de nosotros que padeceremos su aplicación con puntos y comas, tiene sus principales impulsores en dos personas originarias de Córdoba, de dos pueblos vecinos de Córdoba, un hijo del proletariado emigrado a Barcelona y otro hijo de la burguesía franquista andaluza con tintes de progresista.
El señor José, mi vecino del cuarto primera, subió hacia su casa pensativo y concentrado, algo le estaba carcomiendo por dentro que le tenía preocupado. Nuestras pequeñas terrazas son contiguas y separadas en la galería por un simple cristal opaco, estas colmenas del extrarradio son como cajas de cerillas y en días calurosos el pequeño balcón o galería es un refugio ventilado y agradecido. El señor José, mi vecino del cuarto primera, me lo imagino sentado en su galería, yo por educación desde la mía, contigua, no moví ni un musculo para observarle, empezó a pensar, hablar, en voz alta y si la memoria no me hace ninguna mala pasada esto es lo que pude oírle:
“Manolito cabroncete, menuda putada nos estás haciendo a muchos de tus paisanos, tú no lo necesitas como es el caso de Montilla, tú eres un profesional brillante y de categoría, no como el sin oficio del mudito, tu no vives aquí y no tienes que congraciarte con ningún fanático cuatribarrado. Recuerdo ,cuando niños, tu bicicleta orbea envidia de todos los desarrapados hijos de jornaleros que te mirábamos embelesados, así como los juguetes de niño rico que con frecuencia mostrabas. Te acuerdas de Rosario aquella morenita trigueña de pechos pujantes que me pisaste por el sólo merito de ser rico, muchas mujeres desde niñas sienten una atracción irresistible ante el poder, y Rosario cumplía esa regla, no sé qué habrá sido de ella. Yo tuve que abandonar nuestro pueblo a los doce años por pura supervivencia, parte de culpa atribuible a familias como la tuya, también por culpa nuestra evidentemente por no habernos espabilado suficientemente, yo no creo en máximas como “Quien nace pobre en la periferia de Barcelona tiene muchas probabilidades de serlo toda su vida y de que lo sea su descendencia”. Hay que espabilarse, por ese motivo nos vinimos para aquí. Pero a lo que vamos, Manolito por tus muertos, que están enterrados cerca de los míos, no le pongas fácil al imbécil de la Moncloa tema tan importante como la inconstitucionalidad del Estatut. Y sobre todo Manolito ¡Coño! No nos jodas”.

En honor de mi vecino del cuarto primera, el señor José, un detalle que le gustará:

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde lun luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

Con un clavel grana temblando en la boca, con una varita de mimbre en la mano, por una "verea" que llega hasta el río, iba Antonio Vargas Heredia el gitano. Entre los naranjos la Luna lunera, ponía en su frente la luz de azahar. Y cuando apuntaban las claras del día, llevaba reflejos del verde olivar, del verde olivar. Antonio Vargas Heredia, flor de la raza calé. Cayó el mimbre de tu mano y de la boca, el clavel, y de la boca, el clavel. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. Las mocitas de Sierra Morena se mueren de pena llorando por ti. Antonio Vargas Heredia, se mueren de pena llorando por ti. Era Antonio Vargas Heredia el gitano, el más arrogante y el mejor plantao. Y por los contornos de Sierra Morena no lo hubo más bueno, más guapo, ni "honrao". Pero por "curpita" de una hembra gitana, su faca en el pecho de un hombre se hundió. Los celos malditos nublaron sus ojos y preso en la trena, de rabia lloró, de rabia lloró. Antonio Vargas Heredia, flor de la raza calé. Cayó el mimbre de tu mano y de la boca, el clavel, y de la boca, el clavel. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí. Las mocitas de Sierra Morena se mueren de pena llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia, se mueren de pena llorando por ti.

El blog de Yauma

El cedro del faraón. Por M. Martín Ferrand

JAIME Vera, uno de los padres fundadores del PSOE, murió hace cerca de noventa años después de haberse consagrado como psiquiatra y de alcanzar el respeto de los intelectuales de su época. Ahora le presta su nombre a una fundación que, con sede en Galapagar, sirve de escenario a las escuelas de verano en las que los notables del socialismo se enfrentan a sus bases y sus alevines. José Luis Rodríguez Zapatero es un habitual de esos encuentros. A diferencia con Vera no es un nombre destacado en el ejercicio de ninguna profesión, no habla en latín con sus amigos y/o antagonistas del clero ni escribe en El Socialista algunos de los más sesudos artículos que conservan las páginas del órgano del partido. Zapatero es, sencillamente, la encarnación del poder y, en tiempos de sequía intelectual, esa es condición suficiente para llamar la atención y fijar el interés, especialmente de quienes prefieren medrar que saber y conocer.

Los diarios han difundido una fotografía de Zapatero impartiendo doctrina a la sombra de un cedro. Ignoro hasta dónde llega la riqueza botánica de los jardines de la Fundación Vera; pero, si había donde elegir, el cedro señala la vocación faraónica del líder. La madera de cedro -del Líbano, del Himalaya o del Atlas- es quebradiza y de escaso valor, pero no se pudre nunca. Por eso, en Egipto, la utilizaban para fabricar sarcófagos y otras piezas funerarias. Con todo, a pesar de que todas las variedades de tan hermosa conífera tienden a centenarias, yo no le aconsejaría al presidente insistir en el uso de tan hermoso palio para sus sermones veraniegos. Su piña es de buen tamaño y la inesperada, pero posible, caída de una de ellas sobre su cabeza, en plena disertación magistral, podría hacerle perder la compostura y el respeto de quienes mañana, o pasado mañana si el zapaterismo se perpetúa, serán sus sucesores en la cúspide del partido.

En esta ocasión, a la sombra de un cedro, el marco resulta coincidente con el cuadro. Quien está imbuido de que es la ley, y no la ciencia y la técnica, lo que debe determinar la vida útil de una central nuclear es, como los faraones, dueño de la verdad y la vida. Por ello mismo insiste en que España «puede ser líder en energías renovables». ¿No sería más provechoso tratar de ser autosuficientes en las energías que nos podamos permitir? Lo eólico y lo fotovoltaico pueden arruinarnos.

ABC - Opinión

Zapatero, un liberal de cintura. Por Cristina Losada

«Cuando se premia la irresponsabilidad, sucede que aumentan las conductas irresponsables. En lo sexual, lo educativo, lo económico y lo demás. Pero tal es el mensaje liberal de Zapatero: sed irresponsables, que os cubrimos.»

El presidente fue a impartir magisterio a una escuela de verano, pero sus enseñanzas indican que en la de invierno hizo pellas (no peyas, como se leía en una pancarta del Orgullo Gay). O eso, o en sintonía con el carnaval del Día en cuestión, quería demostrar que le pone el travestismo. Pues para pasmo de extraños, que los propios reciben sus lecciones con la debida reverencia, proclamó que el PSOE es el gran partido liberal de España. ¿Sabrá Zapatero del imperio de la ley? ¿De la ausencia de coacción? ¿Del respeto a la libertad individual? Ni papa. En su escuela no se aprenden tales conceptos, sino los contrarios. Y en eso hay que reconocer que salió bien enseñado.


El misterio del nuevo ¿neo? liberalismo de Zapatero se agranda al recordar que hace nada señalaba a los liberales como causantes del hundimiento de la economía planetaria, que diría Pajín, ahora liberalísima. Y que la derecha neoliberal fue el coco de su campaña en las elecciones europeas, que fracasó, dicho sea de paso. Pero el enigma de la empanada ideológica del presidente –de izquierdas, rojo, socialdemócrata y liberal al mismo tiempo– se empequeñece al considerar a qué se refería el hombre. Más que empequeñecer, desciende. Zapatero peroraba sobre el aborto cuando se puso la vitola liberal. Será, como en el chiste, un liberal de cintura para abajo y ni un centímetro más arriba. Imposible tomar en serio a quien carece de todo rigor en su pensamiento.

Zapatero achacó la oposición a su ley del aborto a una derecha retrasada en valores y al tiempo que politizaba así la cuestión, reclamó que no se politizara. Solemne. Dijo que la legislación que prepara es normal en Europa desde hace décadas, pero no explicó por qué extraño motivo entonces, si los países europeos gozan de normas tan liberales, venían desde allí a abortar a clínicas radicadas en España. Culpó de la alta tasa de embarazos no deseados a un tabú histórico sobre la educación sexual, cuando la historia incluye el póntelo, pónselo y el corona el rollo con coco, que no han servido –ni servirán– para nada. Pruebe ZP a visionar series de televisión y cine español para enterarse de cómo está el tabú. A estas alturas, no hay sobre el sexo una falta de información. Hay una oceánica falta de formación.

Cuando se premia la irresponsabilidad, sucede que aumentan las conductas irresponsables. En lo sexual, lo educativo, lo económico y lo demás. Pero tal es el mensaje liberal de Zapatero: sed irresponsables, que os cubrimos. En definitiva, una libertad entendida como haz lo que quieras sin pensar en las consecuencias, vinculada a la dependencia del Estado que te sacará las castañas del fuego. Los padres sobran en ese esquema.

Libertad Digital - Opinión

Un juez ‘acojonado’ por el Imperio Prisa. Por Federico Quevedo

El juez instructor del Tribunal Superior de Justicia de Valencia José Flors ha dictado un auto por el que se rechaza el sobreseimiento de la causa abierta contra Francisco Camps y otros en lo que se ha dado a conocer como "la trama valenciana del Caso Gürtel". Líbreme Dios de cuestionar la decisión del juez porque, entre otras cosas, él tiene más datos que yo, y por supuesto unos conocimientos jurídicos a los que ni me asomo, para adoptar con fundamento sus decisiones.

Pero dicho esto, no deja de ser sorprendente este auto a la vista de los hechos que en el mismo se relatan, ya que lo único que pone en duda a lo largo de 18 páginas es que Francisco Camps pagara sus trajes en la medida en que éste afirma haberlo hecho en metálico y esas entregas no parecen figurar como tales en los libros de contabilidad de las empresas afectadas. En ningún momento dice que Camps aceptara regalos a cambio de contratos para Orange Market, ni siquiera plantea la posibilidad de que este pueda ser un hecho probable, y sin embargo sí que obvia, no sé si voluntariamente, el hecho de que Camps y el tal Álvaro Pérez eran amigos.


Es decir, que lo que hace el juez es poner la lupa de la Justicia sobre un hecho difícilmente comprobable: el llamado cohecho impropio, la percepción de regalos que se hacen en función del cargo público que ostenta el homenajeado.

Bien. Es cierto que esa figura ‘penal’ existe. También lo es que, de ser un delito, lo es en un grado menor, es decir, no pasa de falta castigada con una multa, más o menos como saltarse un semáforo en rojo. No es, en ningún caso, razón suficiente para inhabilitar a un político. Pero es que, además, hay que demostrarlo, y de la lectura del auto no se aprecian vínculos lo suficientemente fuertes como para poder afirmar que tales trajes le fueron regalados por su condición de Presidente de la Generalitat, entre otras cosas porque si bien es verdad que el auto parece incidir en el hecho de que las cuantías de esos trajes corresponden a pagos efectuados por empresas de la trama de Correa a las sastrerías, también lo es –y eso también lo obvia el auto- que sobre esas empresas de la trama de Correa pesa una investigación de Hacienda por blanqueo de capitales y facturas falsas que, curiosamente, corresponden también con las facturas supuestamente pagadas por estas a las sastrerías.

Todo esto, obviamente, se dilucidará en el juicio si es que llega a haberlo, pero todo hace pensar que la presión ejercida sobre el juez por parte de los más interesados en que todo esto siga adelante, es decir, el Gobierno y el Grupo Prisa, va a conducir a sentar a Camps en el banquillo en un juicio que nace viciado de origen por tratarse de un juicio político.

Desde el mismo momento en que se supo que Flors iba a ser el magistrado instructor de la causa, el diario El País se puso manos a la obra para sacarle lo colores y demostrarle hasta dónde podían llegar si se lo proponían, vinculándole, incluso, con uno de los imputados, Álvaro Pérez alías El Bigotes, a través del marido de la abogada que representó a éste ante el Juez Garzón, ya que Flors es director de la Revista Jurídica de la Comunidad Valenciana editada por éste personaje. De Flors ha dicho a El País que es un conservador, que como tal accedió al TSJV -es decir, en representación del PP-, y que es amigo de los jueces ‘amigos’ de Camps, Juan Luis de la Rúa –su ‘jefe’ en el TSJV- y Francisco de Rosa –miembro del CGPJ-. En fin, demasiado para un juez poco acostumbrado a salir en los papeles.

¿Y cómo ha respondido Flors? Con un auto que lleva a cabo una de las mayores tropelías jurídicas que puedan imaginarse. A nadie se le escapa que este es un juicio político, porque es un político el que se sentará en el banquillo, después de una campaña de acoso y persecución propia de un régimen y no de un sistema democrático.

Pues bien, siendo un juicio político, no cabe en la cabeza que ya en el auto proponga una vista con jurado. Que van a hacer, ¿preguntar a cada uno de ellos a qué partido vota? Es inevitable, porque todos somos seres humanos –a pesar de Bibiana Aído- que los miembros del jurado tengan preferencias políticas, a favor o en contra, y en cualquiera de los dos casos aunque cada uno de los miembros del jurado actuara de buena fe, su decisión estaría siempre bajo sospecha.

Pero esta es la justicia que tenemos, una justicia que actúa no por motivos profesionales, sino por miedo o adscripción a los brazos armados mediáticos, que no es independiente, y que lejos de actuar sobre la base de la presunción de inocencia y con el máximo respeto a los derechos de las personas, lo hace desde la presunción de culpabilidad y sin ningún respeto a las garantías constitucionales de los presuntos acusados cuando estos son políticos y, sobre todo, cuando son políticos del PP.

el confidencial - Opinión

Camps se acerca al juez

Rajoy sigue mirando hacia otro lado mientras avanza la incriminación del presidente valenciano.

El Tribunal Superior de Justicia de Valencia estima que existen suficientes indicios racionales para pensar que el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, pudo haber cometido un delito de cohecho al aceptar regalos de la trama corrupta dirigida por Francisco Correa y Álvaro Pérez, los dos principales encausados en el caso Gürtel que comenzó investigando el juez Garzón desde la Audiencia Nacional. En un nuevo capítulo del procedimiento judicial, Camps deberá comparecer el próximo 15 de julio como imputado ante el instructor José Flors para recibir comunicación de los cargos que pesan contra él. Otros dirigentes del Partido Popular en Valencia, entre los que se encuentra su número dos, Ricardo Costa, también han sido citados.


En contra de lo que habían solicitado las defensas y de lo que esperaba la dirección nacional del PP, no ha habido sobreseimiento ni tampoco archivo de las diversas causas en las que se ha transformado el caso Gürtel, y que se instruyen en los Tribunales Superiores de Valencia y Madrid y en el Supremo. En el punto en el que se encuentran los sumarios, la estrategia de esconder la cabeza bajo el ala adoptada por Rajoy ya no resulta tolerable: no es la imagen del PP lo que está en juego, sino el correcto funcionamiento del Estado de derecho y la salud del sistema democrático. No exigir responsabilidades a Camps y al resto de los imputados cuando el instructor ha apreciado sólidos indicios de delito y, en consecuencia, ha activado los mecanismos para juzgarlos, es tanto como poner en duda la competencia técnica del tribunal, cuando no su imparcialidad. Y, por descontado, Camps no es una marioneta sin voluntad, sino un cargo electo que, por respeto a quienes le votaron y a quienes representa, debería interrogarse sobre su continuidad al frente de la Generalitat.

La dirección nacional del PP parece convencida de que sus consignas en defensa de los dirigentes encausados valen tanto, si no más, que una instrucción judicial que ha transitado por las máximas instancias de la justicia y siempre con igual resultado incriminatorio. Además de un error político, que desacredita al principal partido de la oposición, se trata de un intolerable desafío al funcionamiento de las instituciones. Ninguna excusa es ya bastante para que el PP siga reiterando la letanía del apoyo a Camps cuando se está acercando el día en que tendrá que responder ante la justicia por los delitos de los que se le acusa, y que son suficientes para inhabilitarlo como presidente del Gobierno de una de las mayores autonomías españolas.

La decisión sobre la culpabilidad de Camps y el resto de los dirigentes populares estará en breve en manos de los jueces. En las del PP sólo está el que Camps y los demás sigan siendo o no miembros del partido cuando se sienten en el banquillo. Por simple indecisión, si no por algo más grave, el PP parece resignado a no desmarcarse de estos presuntos delincuentes.

El País - Editorial

Atrapado en una absurda ratonera

La causa abierta por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia contra Francisco Camps coloca al presidente de la comunidad valenciana en el abismo político.

LA CAUSA abierta por el Tribunal Superior de Justicia de Valencia contra Francisco Camps dio ayer un importante salto cualitativo. El juez que instruye el caso dictó un auto en el que considera que existen serios indicios del llamado cohecho impropio y que, por ello, debe celebrarse una vista previa el próximo día 15 de julio para decidir si Camps y el resto de los imputados tienen que sentarse en el banquillo.

Ello coloca a Camps al borde del abismo político, ya que se vería abocado al penoso calvario de someterse a un juicio con jurado popular si, como es muy probable, el instructor decide seguir adelante con el proceso. Algo muy difícilmente compatible con el cargo público que ocupa. No resulta extraño, pues, que Camps se sienta atrapado en una absurda ratonera, como el roedor que mira en la fotografía que publicamos en nuestra portada.


El juez explica en el auto que todo apunta a que Camps no pagó cuatro trajes y unos zapatos, pero subraya también que no hay ningún indicio de que el presidente de la Generalitat Valenciana favoreciera a Orange Market, la empresa de Álvaro Pérez. Por tanto, acusa a Camps de haber vulnerado el artículo 426 del Código Penal, que tipifica el cohecho impropio, que consiste en «aceptar regalos en función del cargo para la consecución de un acto no prohibido legalmente».

El delito de cohecho impropio está castigado con una multa de tres a seis meses -unos dos o tres mil euros, según se calcula-, una de las sanciones más benévolas del Código Penal. Y, además, se da la paradoja de que sólo considera delictiva la conducta del funcionario que acepta el regalo pero no la del particular que lo entrega. Por ello, el juez instructor no ha imputado a Álvaro Pérez y su socio Pablo Crespo, que ordenaron el pago de esas prendas, según el auto.

Ello plantea la cuestión de si tiene sentido este artículo del Código Penal que exime de responsabilidad al que busca un trato de favor de la Administración y castiga al funcionario aunque no exista ese trato de favor. La redacción del artículo 426 roza lo surrealista, pero nada cabe reprocharle al juez que se ha limitado en este caso a aplicar la norma vigente, por absurda que pueda parecer.

A este respecto, el instructor señala en su auto que «no es posible llegar a la conclusión de que los hechos no hayan existido» y que la acusación encierra «una verosimilitud» que le impide archivar la causa.

Este párrafo sugiere que el juez cree que Camps no ha pagado los trajes. Y de hecho esa es la tesis que sustenta en base a la documentación incautada, a los testimonios que obran en el sumario y a los tickets de caja del establecimiento. Camps estaba convencido de que el juez archivaría la causa tras escuchar su versión, pero ha sucedido lo contrario. Ello le coloca en una difícil situación, ya que empeñó además su palabra públicamente en que había pagado sus trajes. Le queda, sin embargo, el recurso ante la Sala de lo Penal, que podría archivar la causa si Camps logra desmontar la tesis acusatoria. No es imposible, por lo que conviene aplazar cualquier valoración a ese desenlace.

Dolores de Cospedal y otros dirigentes del PP insistieron ayer en la presunción de inocencia de Camps, pero el asunto se les ha escapado de las manos, ya que si no gana ese recurso, el presidente de una institución como el Gobierno valenciano tendrá que sentarse seguramente en el banquillo y ser juzgado por los ciudadanos. ¿Cómo va a reclutar el tribunal esos nueve hombres justos y sin prejuicios que van a decidir sobre el futuro de quien lidera el principal partido de la Comunidad?

A Camps no se le acusa de corrupción, pero sí de un comportamiento impropio, más censurable probablemente desde el punto de vista ético que jurídico. Pero hoy por hoy se trata de un delito y, por kafkiana que parezca su situación, a nadie se le escapa la erosión que para el prestigio de la clase política supondría ver al presidente de la Generalitat juzgado por sus conciudadanos a cuenta de si pagó o no los trajes.

Camps siempre ha demostrado su sentido institucional, por lo que estamos convencidos de que renunciaría al cargo si los jueces decidieran que tiene que afrontar una vista oral de esas características.

El Mundo - Editorial

Francisco Camps. Por José García Domínguez

«Apelando a la inocencia presunta, el setenta por ciento de los presos encerrados en las cárceles patrias, reclusos preventivos todos ellos, ergo presuntos inocentes, debieran reclamar un puesto de honor en las listas electorales del PP.»

Del difunto Francisco Camps cabría suscribir dos certezas sin mayor riesgo de errar en la disección moral del personaje, a saber, que no pasará a la Historia por haber sido el político más corrupto de España, ni tampoco, ¡ay!, por revelarse el de mente más despejada. Y es que la suya fue una tragedia volumétrica, un drama diríase que arquitectónico, un eterno calvario siempre marcado por fatales asimetrías espaciales. Así, igual que todos los trajes le quedaban un poco anchos, tampoco hubo manera de conseguir que el cargo dejara de venirle algo grande.


Por eso, como Oscar Wilde en la más atinada de sus boutades, también Camps podría haber hecho mutis por el foro, sentenciando ufano: "Muero como he vivido, por encima de mis posibilidades". Al tiempo, merced a una aciaga mata de tomates de invernadero y cuatro inoportunos cachelos de Orense, acaba de caer el jefe supremo de los anacletos con grande alborozo de Rajoy y sus palmeros. El mismo Rajoy que semeja dispuesto a llevarse por delante, enterita, la huerta de Valencia antes que administrar cristiana extremaunción al cadáver insepulto de los siete trajes de baratillo con ajustador. Cosas veredes, amigo José Mari.

¿O acaso ya nadie recuerda qué se hizo de un tal Gabriel Cañellas, de profesión sus túneles, cuando la incierta sombra de Sóller dio en proyectarse sobre las portadas de la prensa nacional? El todopoderoso muñidor Cañellas, que ni siquiera estaba enfilado por la justicia cuando, fulminante, la conciencia ética que por entonces regía en Génova dio con sus forrados huesos en el ostracismo. Qué tiempos aquellos: aún se percibía, inequívoca, la olvidada línea que un día marcó la frontera entre el territorio moral del PSOE felipista y el de la decencia.

Imposible imaginar por aquel entonces a la Cospedal de turno aferrándose, patética, falaz, risible, a la presunción de inocencia del cuate encausado. Glorioso razonamiento, por lo demás. Tal que así, apelando a esa mera garantía procesal, la inocencia presunta, el setenta por ciento de los presos encerrados en las cárceles patrias, reclusos preventivos todos ellos, ergo presuntos inocentes, debieran reclamar un puesto de honor en las listas electorales del PP tanto en las del Congreso como en las del Senado. Qué lejos, aquellos tiempos.

Libertad Digital - Opinión

Honorable en aprietos. Por Ignacio camacho

UN político delante de un jurado es carne de cañón. Para bien o para mal, quedará a merced de inevitables prejuicios de convicción o de emotividad que van adheridos como una piel inmaterial al ser humano. Si está acusado de corrupción, difícilmente podrá aspirar a que los integrantes del tribunal popular lo juzguen en la estricta individualidad de su caso, al margen de las simpatías o enojos que su ideología les suscite y de los criterios que cada uno de ellos albergue sobre la honestidad genérica de la clase dirigente. Quizá por eso hasta ahora ningún gobernante ha pasado por ese trance que incluso para los delitos más comunes sigue bajo debate en España, donde el juradismo dista mucho de alcanzar el consenso jurídico necesario para consagrarse en el ordenamiento penal.

Dada su negativa experiencia ante los magistrados del sumario Gürtel y su paralelo éxito político en los avatares electorales, quizá Francisco Camps albergue alguna esperanza de salir indemne si es un grupo de ciudadanos el que acaba examinando los motivos de su imputación por cohecho (pasivo, precisa el auto), pero tanto si beneficia su situación como si la agrava -y precisamente por esa doble posibilidad- no parece la fórmula más idónea, ni siquiera la procesalmente correcta, para decidir un caso en el que además concurre su condición de aforado. En el recorrido judicial de la trama de Correa, el Bigotes y demás «selectos espíritus de esta época», que decía el Marco Antonio de Shakespeare, han abundado actuaciones prejuiciosas de los togados, pero el magistrado Flors parece venir actuando con una escrupulosidad refractaria al ruido político y mediático. Su extraño quiebro tendente a pasar el expediente a un jurado equivaldría a contaminarlo de más apriorismos, y eso es exactamente lo que ha sobrado hasta ahora en este embrollo.

Claro que los problemas del presidente valenciano no vienen de la índole de sus juzgadores, sino de la de algunas de sus amistades. A día de hoy sigo creyendo que el Molt Honorable Camps no sólo no es hombre propicio a corromperse por unos trajes, sino que posee en efecto una honradez acrisolada, y es a los acusadores a quienes corresponde demostrar lo contrario. Pero llegados a este punto del sumario también él va a tener que poner algo de su parte para dar las explicaciones que políticamente le obligaban y que ha preferido obviar para centrarse en la defensa procesal. Es una opción, pero tiene sus costes y le pone en aprietos, le guste o no admitirlo. Porque hasta el momento presente no se ha cumplido ninguno de los pronósticos que sus arúspices aventaban al pronosticar en cada fase sumarial un archivo inmediato. Y la cuestión está llegando a la temperatura de fusión de los materiales. Ese momento en que sólo la honorabilidad completa resiste la prueba de la combustión extrema... que también va a acreditar a los que pongan la mano en el fuego.

ABC - Opinión

La miseria avanza. Por Hermann Tertsch

ERA inevitable que llegáramos a ello. En algunos países con un poquito más de memoria y de vergüenza que el nuestro algunos agitadores antisemitas y odiadores profesionales de la Iglesia u otras organizaciones comunitarias habrían ido ya varias veces al banquillo de los acusados. Yo eso no se lo deseo a nadie. Pero tampoco deseo que cierta basura se publique impunemente en periódicos y revistas que se pretenden ya no serias sino mínimamente decentes. Está claro que hay derivas que una vez comenzadas y toleradas cuando no auspiciadas se convierten primero en una bola de nieve sucia y después en un alud de basura. Cuando surgen grupúsculos pequeños como los neonazis de CEDADE u otras organizaciones paracriminales de extrema izquierda o extrema derecha es muy grave y hay que levantar de inmediato la guardia. Cuando la basura publicada llega de periódicos semioficiales o habituales portavoces del poder hay que dar la voz de alarma. Y la subcultura de la descalificación bajo esta nueva generación del sectarismo izquierdista que hoy parece manejar las riendas está llegando en España a unos niveles de vómito. Aquí ya no se debate nada que no quiera el poder. Aquí se difama directamente ya al discrepante y después es éste quien tiene que demostrar que no es lo que el poder y sus palanganeros pretenden. Dice el embajador israelí que las caricaturas antisemitas que publica el diario El País no le habrían sorprendido en un órgano neonazi. Pero no dice el embajador que esas caricaturas publicadas en un órgano neonazi hubieran tenido serias consecuencias para los responsables de la publicación en la mayoría de los países de nuestro entorno.

Pese a todas las esperanzas de los buenistas buenos, de los indolentes y de los pardillos, está claro que existe la voluntad organizada de liquidar política o socialmente al que se oponga al tsunami de mentiras cotidianas del poder. Y que te convierten en fascista o franquista en cuanto les dices que sus mentiras nada tienen que ver con la realidad. Antes eran unos cuantos sectarios perdidos por las páginas del izquierdismo más o menos civilizado. Hoy son una secta muy organizada que crea realidades paralelas desde el poder y sus aledaños. Si se rezuma tanto odio ideológico y se exhibe tanta falta de sofisticación para entender el mundo, la historia y las relaciones humanas, tarde o temprano, el poder mediocre, acosado por su incompetencias y las fatales consecuencias de la misma acaba recurriendo siempre a los mismos recursos de autodefensa. Porque el poder mediocre siempre está compuesto por malas personas y cuando se adhieren al mismo personas honestas dejan pronto de serlo si no huyen del mismo. Para distraer de la hecatombe de puestos de trabajo, la pira en la que arden la seguridad, el bienestar y la ilusión de millones de españoles, de toda España puede decirse, han surgido, procaz, el dedo acusador de un poder que no se hace responsable de nada, nunca y siempre tiene chivos expiatorios entre sus enemigos. Son los ricos o los judíos, los americanos o los fascistas que al parecer se ocultan en la oposición. El embajador israelí en España hace bien en levantar la voz, pero mientras no quiebre la indolencia en este país y se levanten las voces de la gente decente, la miseria seguirá avanzando.

ABC - Opinión

Quien mal anda.... Por Josefina Albert Galera

El libro titulado La lengua del tercer Reich,que tengo delante, me ha recordado un artículo que apareció en septiembre del 2007 en Siglo XXI,reproducido en otros medios, en el que yo misma establecía el paralelismo entre el lenguaje de Hitler y el de los nacionalistas. Es sabido que la apropiación de la lengua desempeñó un papel fundamental en la configuración del pensamiento nazi y en el nacionalsocialismo.

De la manipulación de las palabras se encargó, mediante la comunicación social y política, Goebbels, designado por el propio Führer para llevar a cabo tal función. El ministro de Propaganda del Tercer Reich actuaba por delegación de Hitler, pero en el caso de los políticos, que ayer aprobaron en el Parlament de Catalunya la exclusión definitiva del castellano en la enseñanza, han actuado por su cuenta, con una prepotencia que no les corresponde, al imponer a todos los ciudadanos de Catalunya sus reglas particulares, vulnerando así derechos fundamentales.

Pero lo asombroso del caso es que el presidente del Gobierno de España, nación a la que pertenece Catalunya, apruebe, y hasta justifique en cierta manera, el resultado de la votación en el Parlamento catalán. Resulta inaudito y hasta escandaloso que el señor Rodríguez, al referirse a ello, hable de "amplio respaldo" y de dos "grandes partidos", que a mi juicio han perpetrado, es decir, han cometido un delito, al aprobar esa ley de educación. Habrá que recordarle al señor presidente que también Hitler contó con un amplio respaldo en el plebiscito en 1933, lo que le permitió acceder al poder como líder supremo y pasar a la historia como un monstruo. La palabra Sprachregelung (uso del idioma para fines del régimen), inventada por los nazis, cumplía la misma función que el nacionalismo catalán pretende al prohibir el castellano. Cada vez más estos se parecen a aquellos. Acabarán fundiéndose en una sola cosa, porque, como se dice, "quien mal anda mal acaba".

Josefina Albert Galera, Doctora en Filología Románica

La Vanguardia