sábado, 31 de julio de 2010

Un baño de realidad

La subida del paro en el segundo trimestre rompe las expectativas de crear empleo neto en 2010.

La Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre ha derribado las expectativas del Gobierno sobre una pronta estabilización del mercado laboral. El paro ha aumentado en 32.800 personas entre abril y junio, estropeando así los descensos en el desempleo que registraron las oficinas del Ministerio de Trabajo durante los meses de mayo y junio; la tasa de paro ha crecido en cuatro centésimas, hasta el 20,09%; es necesario recalcar que la ocupación ha crecido (por primera vez desde 2008) en 82.700 personas, pero el aumento de la población activa en 115.000 ha extinguido cualquier posibilidad de crear empleo neto durante el periodo. Además, la buena noticia del aumento de la ocupación pierde fuerza si se advierte que se ha basado en la contratación temporal. El balance es malo; hay ya 4.645.000 parados en España y no se aprecia pulso laboral para crear empleo a corto plazo.

Es difícil templar la decepción que ha supuesto esta EPA. No solo el Gobierno, también los analistas económicos y laborales confiaban en que el segundo trimestre, con el viento de la temporalidad en la popa, registrara una caída del paro y algún signo, siquiera débil, de creación suficiente de puestos de trabajo como para reducir significativamente la tasa de desempleo.


La evolución del paro registrado en mayo y junio alimentaba esa esperanza, ya frustrada. Es un ejercicio inútil excusarse en el aumento de la población activa, porque ya se sabe que conforme vaya mejorando la percepción de la actividad económica, cederá el efecto desánimo y cada vez más personas querrán trabajar. El problema real no es estadístico sino económico. Por más voluntarismo con que se pretenda adornar el tímido crecimiento económico intertrimestral, es insuficiente para activar el mercado de trabajo. Y así se vuelve al diagnóstico enunciado con mucha antelación: la economía española tendrá que convivir con tasas muy elevadas de desempleo (en todo caso, superiores al 17%) al menos hasta el último trimestre de 2011.

Porque los perfiles del tercer y cuarto trimestre de 2010 son peores. Entre julio y diciembre se habrá perdido el impulso de la estacionalidad, los planes públicos de estímulo ya no existen y, lo que es peor, empezarán a sentirse los efectos de los ajustes del gasto público decididos por el Gobierno. Las empresas de construcción han sufrido el primer impacto del ajuste, y están cerrando obras (por tanto, también empleo) a gran velocidad. El hecho de que el 92% de la ocupación creada en el trimestre sea temporal hace temer que se destruirá fácilmente en el tercer y cuarto trimestre. Todo lo que queda de 2010 será malo en este terreno y no se puede confiar ya en que este año se cree empleo neto y baje significativamente el paro.

El presidente del Gobierno declaró ayer que una tasa tan elevada de paro es inasumible. Desgraciadamente, habrá que asumirla; la realidad no se niega con palabras, como ya debería saber. El primer paso para aceptarla sería reconocer que la reforma laboral en curso no tiene calado suficiente para favorecer la creación de puestos de trabajo y difícilmente evitará que haya más despidos. La única esperanza es que la reforma financiera permita que cajas y bancos restauren el caudal del crédito (para las empresas viables y solventes, desde luego) a muy corto plazo. Al Gobierno le queda todavía en la manga un as importante: modificar la negociación colectiva en el sentido de que las empresas, en caso de dificultad evidente y demostrable, puedan negociar directamente con sus trabajadores el cambio de empleo por salarios, sin los corsés de los convenios sectoriales y territoriales. A la vista del empeoramiento del mercado laboral, el presidente haría bien en mostrar la carta con cierta rapidez.


El País - Editorial

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