jueves, 26 de mayo de 2011

Chacón. Lo peor del futuro. Por Cristina Losada

Chacón, una criatura del zapaterismo, en cualquier caso, y la heredera intelectual de esa corrosiva inconsistencia. Su elección significaría la continuidad de la política de Zapatero. Es su sucesora natural. En suma, lo peor del futuro.

El filósofo William James, tras pasar una semana con un grupo de metodistas, dijo que echaba de menos "el destello de una pistola, una daga o una mirada diabólica". Se divertiría, entonces, con el drama de capa y espada que se vivirá en los inminentes sanedrines socialistas, donde no ha de faltar de nada, salvo, quizás, el arma reglamentaria para el haraquiri. Con razón, la razón emanada de las urnas, los defenestrados quieren sacar los puñales y proceder al ajuste de cuentas. Pues hecho el recuento de cadáveres, lo suyo, en cualquier partido y en toda democracia, es arrojar al vertedero al responsable. Aunque aquí conviene el plural. No en vano los socialistas han marchado al albañal sin rechistar ni una vez por el camino. Cuanto Zapatero ha hecho y ha deshecho gozó de su asentimiento y de su aplauso. ¡A buenas horas! Pero igual que cuando un régimen totalitario cae, sus secuaces eran disidentes, ahora va a resultar que la cúpula del PSOE era antizapatero avant la lettre.

La dimisión en bloque y la designación de una gestora, sería la decisión justa y necesaria, junto a la convocatoria de elecciones generales. Pero el mundo partidario gira únicamente sobre la sucesión y ésta condiciona el proceso mismo de liquidación del líder. Porque, según vaticinan, si la operación se hace mediante un congreso, el sucesor sale con barba, pero si va por primarias, sale con melenita. De manera que la elección está entre lo peor del pasado y lo peor del futuro, que eso representan los dos candidatos en competencia abierta. Claro que Rubalcaba no es sólo el pasado ni mera reliquia del felipismo. Se ha sentado, como el que más, a la vera del zar y ha sido su brazo ejecutivo y ejecutor. Piensan en él como tapón para la hemorragia, como el veterano capaz de conducir a la manada de vuelta a los corrales, pero se halla tan indisolublemente unido a los años de Zapatero como a la turbiedad de los anteriores.

En los viejos buenos tiempos circulaba, como elogio, que el presidente había feminizado la política. Pues si él es su lado femenino, tal vez Chacón sea su lado masculino. Una criatura del zapaterismo, en cualquier caso, y la heredera intelectual de esa corrosiva inconsistencia. Su elección significaría la continuidad de la política de Zapatero. Es su sucesora natural. En suma, lo peor del futuro.


Libertad Digital - Opinión

La piedra filosofal. Por M. Martín Ferrand

Carme Chacón tiene la entereza de la calcita, que se erosiona con una simple moneda de cobre.

DEL mismo modo que Friedrich Mohs, hace cerca de doscientos años, estableció una escala con la que seguimos midiendo la dureza de los minerales, desde la blandura del talco a la firmeza del diamante, alguien debiera abordar hoy, por ver si conseguimos entendernos, la escala de la enjundia de los líderes socialistas en presencia. Si Felipe González estuviera en activo, que no lo está, a él le correspondería el lugar que Mohs le atribuye al diamante, algo tan duro que solo puede ser rayado por otro de su misma condición. Posiblemente, otro cesante —aunque instalado en el balneario de la Carrera de San Jerónimo—, Alfonso Guerra, sería el corindón, al que solo le hacen mella las herramientas templadas con carburo de silicio.

De lo que ahora se trata, cuando José Luis Rodríguez Zapatero, no contento con haber destrozado una Nación se dispone a intentar la demolición del partido que —¡todavía!— le sostiene y obedece, es de afinar los puestos más mórbidos de esa tabla. Colocando al todavía presidente del Gobierno en el lugar geológico del cuarzo, algo capaz de rayar el vidrio, puede aceptarse, sin forzar el entendimiento, que Alfredo Pérez Rubalcaba está un poco más arriba que su líder y un poco más abajo de quien también fue vicepresidente del Gobierno, en donde el topacio más o menos. Los demás posibles, o pretendientes, sustitutos de Zapatero como próximo candidato socialista a la presidencia del Gobierno son, en más o en menos, auténticos zorollos. Son, de más a menos blanduchos, el talco, el yeso, la calcita o la fluorita de la tabla mejor memorizada, supongo, de las que, cuando cotizaba la memoria como valor, se estudiaban en el bachillerato. Entre los más duros y los más blandos, como marca su talante y justifica su carrera, está José Bono, el apatito que se puede rayar con una navaja de Albacete.

Lo verdaderamente singular, lo nunca visto y al margen de otros nombres que puedan brotar antes de que suene el pistoletazo inaugural de las primarias, es que la candidata más cantada, Carme Chacón, tiene, en atención especial a los méritos de su marido, guionista, promotor y estratega, Miguel Barroso, la entereza de la calcita, que, según los manuales, se erosiona con una simple moneda de cobre. Quien ha consagrado a la vida partidaria veintidós de los cuarenta años que tiene y quien ya lució su escasez como titular de Vivienda no ha abordado en su biografía labores de mayor provecho y puede optar al éxito sucesorio para demostrar que la imagen mediática y los muñidores propagandísticos pueden transformar la nada en apariencia. Lo que pretendían en la Edad Media con la piedra filosofal.


ABC - Opinión

Reproche a Zapatero: “Presidente, nos has llevado a la ruina”. Por Federico Quevedo

Fue en el Comité Ejecutivo del lunes por la tarde, según me cuentan. Entre todas las voces que se levantaron para hacer una reflexión de lo ocurrido el domingo 22, una se dirigió directamente al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y en voz alta expresó lo que casi todos pensaban y no se atrevían a manifestar: “Presidente, nos has llevado a la ruina”.

La herencia que Rodríguez Zapatero va a dejar tras su paso por la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del Gobierno no puede ser peor: un partido que va a ver reducido prácticamente a cenizas su poder municipal-autonómico-nacional y que va a quedar roto por sus cuatro costado y necesitado de respiración asistida ideológica, y un país que cuando Rodríguez Zapatero se vaya seguirá sumido en la peor crisis económica-política-social-institucional que hayamos podido imaginar. Ese es el panorama, la herencia de Rodríguez Zapatero a los socialistas y a los españoles, y razones hay para que los socialistas, por una parte, y los españoles, por otra, no quieran verle ni en pintura.


Y es que, si todo se produce según parece que se va a producir, el PSOE no va a conservar más allá de diez capitales de provincia, y eso después de tener que pactar con partidos nacionalistas y regionalistas. Y si llega a diez. Pero peor es el descalabro autonómico, porque si finalmente pierde Extremadura –que puede ser posible-, y en las próximas autonómicas andaluzas también gana el PP, los socialistas sólo mantendrán viva la llama del País Vasco, y todo apunta que por muy poco tiempo. Nunca antes se había producido una pérdida semejante de poder, porque incluso en 1983 cuando el PSOE obtuvo el mayor resultado de su historia en municipales y autonómicas, la derecha –entonces AP- conseguía mantenerse fuerte en algunas comunidades
«Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país.»
Es lógico, por tanto, que en el Partido Socialista no quieran ver a Zapatero ni en pintura, aunque tendrán que aguantarle hasta el último día, como el resto de los españoles. Unos españoles a los que Zapatero ha sumido en una crisis profunda y de difícil salida, una crisis que va más allá de lo económico y que como estos días se ha puesto de manifiesto afecta a las raíces mismas del sistema.
Ahora el PSOE se ha enzarzado en un debate interno, que si Congreso, que si Primarias, que si antes de las elecciones, que si después… Pero, a los españoles, ¿qué nos importa eso? Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país, sin visos reales de que algo vaya a cambiar a mejor en el medio plazo, por mucho que Zapatero siga intentando vendernos la burra de que va a ser así.

Los organismos internacionales ya han empezado a corregir a peor sus previsiones para 2012 en España, porque es tan evidente que la crisis sigue instalada en nuestro país que sólo un ciego como el propio Zapatero no puede verlo. Pero esa es la prioridad, no puede haber otra, y si Zapatero no es capaz de ponerse manos a la obra porque su Gobierno ha perdido ya definitivamente toda credibilidad y cualquier posibilidad de transmitir una imagen de estabilidad al exterior, lo que debe hacer es convocar elecciones anticipadas y dejar que sean otros, en este caso el PP, los que asuman el reto de las reformas que este país necesita y que, sin lugar a dudas, van a ser duras y difíciles.

De verdad, hace falta que venga alguien que nos diga lo que Zapatero nos oculta: que para salir de esta situación va a ser necesario “sangre, sudor y lágrimas” como decía Churchill, pero Zapatero sigue empeñado en hacernos creer en ese fantasma que el llama “lo mejor está por llegar”. Es comprensible que el PSOE se haya metido de lleno en su debate interno, después de lo que ha pasado tiene que hacer ese partido una profunda reflexión de hacia donde les ha llevado Zapatero y por qué, y si de verdad le ha servido de algo al Partido Socialista esa estrategia constante de la radicalización y el enfrentamiento en la que Zapatero ha basado toda su política durante estos años.

Pero antes de empezar a dar respuesta a sus propios problemas, lo que debería hacer el Partido Socialista, si de verdad tiene el más mínimo sentido de Estado, es buscar la respuesta a los problemas de los ciudadanos, y eso hoy solo cabe hacerlo con una convocatoria anticipada de elecciones porque el PSOE ya no puede dar esa respuesta por sí mismo. Decía Patxi López el martes que no se trata del “quién”, sino del “qué”, y no le falta razón, pero antes de volver a reinventarse el PSOE debería hacer un servicio a este país apartándose definitivamente y dejando que sean otros los que pongan en orden el caos que nos ha dejado como herencia Rodríguez Zapatero.


El Confidencial - Opinión

Rajoy. Censura. Por José García Domínguez

Si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción.

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.


Libertad Digital - Opinión

La segunda catarsis. Por Ignacio Camacho

Frenesí conspirativo en el PSOE. Entre ataques de cuernos y ajustes de cuentas se fragua una asonada de coroneles.

Era de esperar: tras la catarsis de los ciudadanos, al zapaterismo le toca ahora sufrir la del partido. El fracaso en las urnas ha evaporado el liderazgo y plantea con toda su crudeza la lucha por el poder interno, que tal vez pronto sea casi el único que les quede a los socialistas. Tras el desalojo de las autonomías y los grandes municipios el horizonte perfila una nueva derrota y el Gobierno no sirve de mucho consuelo porque es un barco a la deriva con un timonel fantasma, al que algunos están pensando ya en tirar por la borda. Zapatero es como un personaje de «Los otros»: está políticamente muerto pero aún no lo sabe porque nunca ha sido un intérprete atinado de la realidad. Para hacérselo ver, y por si acaso al zombi le queda alguna capacidad ejecutiva, se está formando una cola de gente dispuesta a rematarlo.

Lo de la refundación programática e ideológica es un rollo macabeo; eso se dice siempre en todos los partidos cuando sufren un varapalo. A la nomenclatura socialista le importa ahora sobre todo el control de la operación sucesoria y consideran que el presidente, por mucho que se encastille en su mando nominal, ya no está legitimado para dirigir la hoja de ruta. El cainismo se ha apoderado del ambiente y planea sobre la organización como una ola de ceniza volcánica. Los barones autonómicos y la vieja guardia recelan de las primarias porque saben que, tras un descalabro como el sufrido, el estado de ánimo de la militancia es propicio para cualquier sorpresa. Rubalcaba teme que sean el instrumento de una maniobra contra él, y harto de evasivas empieza a sospechar que Zapatero quiere jugársela después de haberlo utilizado para apuntalarse. Entre ataques de cuernos y de nervios, rencores cruzados y amagos de ajustes de cuentas está creciendo la idea de que la candidata real del líder es Carmen Chacón, y hay prisa por cerrarle el paso. Pero la petición de un congreso no es solamente una cuestión de procedimiento: implica la renuncia de la dirección actual, la liquidación efectiva del zapaterato. Si eso ocurre equivaldría a una suerte de pustchpor cooptación, a una asonada de coroneles.

El problema consiste en que si el presidente no es capaz de sostener su posición en el partido no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir al frente del Gobierno, y su deseo de culminar mandato quedaría sepultado por la afrenta de una destitución interna. Estos días hay un frenesí de llamadas y reuniones, un trajín conspirativo que mueve el propósito de llegar al comité federal en posición de ventaja. En esa reunión va a haber tantas navajas que los asistentes deberían pasar bajo el arco de metales. Pero algunos son capaces hasta de apuñalar al líder con un abrecartas. De cartas de dimisión, claro.


ABC - Opinión

Crónica del tiempo convulso que está viviendo el PSOE. Por Antonio Casado

Zapatero lo dejó claro ayer en los pasillos del Congreso. Habrá primarias internas. Conviene añadir: siempre que Chacón dé un paso adelante y Rubalcaba no dé un paso atrás. No parece. Las dos incógnitas se despejarán este fin de semana. Sin descartar que haya otros candidatos, por supuesto, y descartando la celebración de un congreso extraordinario expresamente convocado para la elección de una nueva Ejecutiva Federal, como propone el líder socialista vasco, Patxi López.

Podría repetir mi comentario del martes sin quitar una coma (“Ruido de primarias en un PSOE noqueado en las urnas”) sobre las voces más o menos desorientadas que especularon respecto a la posibilidad de celebrar un congreso federal antes de las elecciones generales, un cierre de filas en torno a Rubalcaba o un pacto de éste con Carmen Chacón que evitase las primarias en momentos de tribulación interna.


Tres días después del batacazo electoral de los socialistas, éstos proyectan la imagen de un partido en descomposición. Con valiosas aportaciones de sus propios dirigentes. Empezando por la ministra Carme Chacón, que aprovechó la Ejecutiva del lunes pasado para presentar de hecho su candidatura a las primarias con una intervención escasamente zapaterista. Y siguiendo por quien le afeó la conducta desde los medios de comunicación, la también ministra Trinidad Jiménez.
«Las elecciones primarias se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato.»
Menciones especiales para los barones regionales. Desde José Luis Barreda (su desmarque preventivo de Zapatero no le sirvió de nada en Castilla-La Mancha pero le retrató), a Patxi López (el más razonable, a mi juicio, en la formulación de su propuesta), pasando por Fernández Vara (su imposible tándem Rubalcaba-Chacón) y su inefable antecesor, Rodríguez Ibarra, que se mofa del eventual careo político entre el “ministro de los guardias” y la “ministra de los soldados” como vía más adecuada para despertar a los militantes y frenar a Mariano Rajoy.

Adecuada o no, el responsable será un Zapatero en retirada. Me explico. Las elecciones primarias que se convocarán en el Comité Federal del PSOE de pasado mañana, de las que saldrá el o la cabeza de lista para las elecciones de 2012, se han convertido en un empeño personal de Rodríguez Zapatero. Así que se recordarán como la última decisión relevante tomada con el viento en contra por un secretario general en el tramo final de su mandato. Para bien o para mal.

En su no resignada condición de secretario general, Zapatero será el culpable ideal en el que los demás descarguen los reproches si el proceso de primarias acaba generando males mayores. Nadie lo descarta en las actuales circunstancias. Males mayores, se entiende, que los que podría generar la celebración de un congreso donde se visualizase la asunción de responsabilidad política por el batacazo del 22-M. Pero esa va a ser la opción perdedora en el debate interno del sábado que viene (salvo que Patxi López movilizara a la mitad más uno de los militantes), previo paso de los barones, mañana por la tarde, por el confesionario del todavía líder del PSOE.


El Confidencial - Opinión

Guerra civil en el PSOE

La digestión de una derrota electoral como la del 22 de mayo nunca es sencilla ni rápida. Las complicaciones pueden ser tantas que conduzcan a un desenlace fatal, a una crisis de liderazgo y de proyecto que desemboque en una contienda fratricida por el poder de la que cuesta recuperarse varios procesos electorales. El partido de la democracia interna, de las elecciones primarias, se enfrenta estos días a sus fantasmas familiares, porque el PSOE no se ha especializado precisamente en tránsitos maduros y templados entre liderazgos. Hoy, la organización se encuentra atascada, perdida en disputas y sumida en un enredo de empujones y zancadillas para tomar posiciones ante la lucha por el poder que recorre sus pasillos y estancias. Cuando Zapatero anunció su retirada trazó una hoja de ruta que ha sido arrollada por la contundencia de los acontecimientos. Apenas tres días después de que el PSOE perdiera prácticamente todo su poder autonómico y la mayoría del local, el partido aparece fraccionado al menos en dos bloques: los que apuestan por las primarias y el guión establecido por la dirección federal, y aquellos que prefieren un congreso extraordinario para acabar con la era Zapatero y elegir al nuevo líder y candidato a la presidencia del Gobierno en 2012. Patxi López ha puesto cara y voz a los barones que apuestan por el cónclave extraordinario y por pasar la página del zapaterismo con rapidez. No parece que vaya a prosperar la tesis del congreso, que sería una auténtica moción de censura interna al secretario general, pero su sola formulación indica el grado de división y despiste que reina. En esa pugna, en la que el vicepresidente parece contar con un respaldo mayoritario incluso para salir ungido en el próximo comité federal como candidato, Zapatero irrumpió ayer en favor de las primarias y ha emplazado a los barones territoriales a una reunión el viernes para evitar sospresas. En el fondo, la cuestión reside en que Rubalcaba no parece dispuesto a participar en un concurso de méritos con Chacón, pues ni su currículum ni su paciencia se lo permiten. No será fácil que el proceso sea incruento y que no deje cicatrices; ni siquiera que no se cierre en falso o que una tercera opción irrumpa por sorpresa, como Zapatero en su día. Porque no se puede pasar por alto que los aspirantes a la sucesión son copartícipes de una política censurada por los ciudadanos y representan un pasado que los españoles quieren dejar atrás. Demasiadas aristas e incertidumbres. Y mientras el PSOE se desgasta en luchas internas, ¿quién presta atención a los problemas reales de los españoles? Ayer, los socialistas debatían entre congreso y primarias al mismo tiempo que la OCDE empeoraba sus previsiones para España en crecimiento y desempleo y la prima de riesgo estaba en los 250 puntos básicos. El país necesita que se culmine el proceso de reformas y ajustes para dinamizar la recuperación económica, y está demostrado que los dirigentes socialistas, enzarzados en poner orden en su casa, no están en condiciones de acometer esa exigente tarea . Sólo el PP, claro vencedor del 22-M, está capacitado y legitimado para ello.

La Razón - Editorial

Primarias o congreso

El PSOE debe cerrar con el menor coste para el país la recomposición de su discutido liderazgo.

La crisis interna desencadenada en el Partido Socialista por la severa derrota en las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo no es la de una fuerza política cualquiera; es la del partido que sustenta al Gobierno en uno de los momentos económicos más difíciles por los que ha pasado España. Las decisiones que adopten sus dirigentes para resolver su principal problema, que no es tanto la elección de un candidato para las elecciones generales como la recomposición de un liderazgo en entredicho, afecta, por eso, a la totalidad del país y a su inmediato futuro. Un paso en falso y no solo perderán unas elecciones que ya parecen perdidas, sino que pueden arrastrar mucho más en su desplome.

En estos momentos, no es la presidencia del Gobierno lo que está en discusión. Por adversos que hayan sido los resultados del domingo, y por mucho que quepa interpretarlos como un signo político de desaprobación ciudadana, los socialistas siguen siendo el grupo mayoritario en la Cámara y, en la lógica parlamentaria, esa es la única condición para que un Gobierno siga ejerciendo sus funciones. Si faltase a ellas, bien porque no logre conformar una mayoría para aprobar sus iniciativas, bien porque se enroque en la inmovilidad para continuar en el poder, habrá sonado la hora de reclamar al presidente un adelanto electoral, que es de su exclusiva competencia. Ninguna de estas circunstancias se ha producido hasta ahora.


Nadie ajeno al PSOE está legítimamente autorizado para interferir en la elección de sus cargos de responsabilidad. Otra cosa es el marco interno en el que debe realizarse esa elección, puesto que la adopción de uno u otro puede afectar a la gobernabilidad del país en circunstancias graves y, también, a la tarea de oposición que, previsiblemente, aguarda al PSOE. El secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, ha avanzado una propuesta para celebrar un congreso en lugar de unas primarias. Esta es una buena fórmula para responder a la demanda de un debate de fondo sobre los resultados electorales y para la reformulación de un proyecto agotado por la crisis económica, aunque no está exenta de riesgos. Los dirigentes que aspiren a competir en unas primarias también podrían hacerlo en un congreso, aunque finalmente el mejor método será el que permita cerrar con el menor coste para el país la recomposición del liderazgo que necesita el socialismo.

Quedarse en la mera selección de un candidato para unas elecciones generales que parecen perdidas conduce al Partido Socialista a regresar al mismo punto que hoy, solo que con una nueva derrota a sus espaldas y sin esfuerzo alguno de renovación ideológica por medio. La persona que quede al frente del partido tiene como principal misión, salvo muy improbables sorpresas, disponer las cosas para una travesía del desierto. Está en juego el futuro y el peso del principal partido de la izquierda, pero también que el próximo Gobierno cuente con suficientes contrapesos.


El País - Editorial

Un partido en crisis al frente de un país en crisis

Si hasta las elecciones del pasado domingo estábamos gobernados por un partido de incompetentes, desde ahora y hasta que se celebren las generales vamos a estar gobernados por un partido de incompetentes furibundamente enfrentados entre sí.

Si hasta las elecciones del pasado domingo estábamos gobernados por un partido de incompetentes, desde ahora y hasta que se celebren las elecciones generales parece que vamos a estar gobernados por un partido de incompetentes furibundamente enfrentados entre sí. El debate abierto en el PSOE entre los partidarios de unas primarias donde se elija nuevo candidato a la presidencia del Gobierno y los que prefieren la celebración de un congreso que designe una nueva cúpula del partido (incluido un nuevo secretario general que haría las veces de candidato a la presidencia) está dejando en evidencia que los socialistas siguen dando prioridad a sus propios intereses antes que a la grave situación por la que atraviesa España.

El adelanto electoral que pedían y piden a gritos tanto la crisis que padecemos como el duro castigo electoral sufrido por el PSOE ha quedado en un segundo plano, tanto por la bochornosa determinación de Zapatero de agotar la legislatura, como por el hecho, ya conocido, de que el PSOE no tiene designado sustituto, algo que no puede hacerse de la noche a la mañana. Si a eso le sumamos el hecho de que las elecciones generales no están previstas para dentro de dos o tres años sino para dentro de nueve meses, poco margen queda para adelantar nada. Y es que, por mucho que cada día que pase de más Zapatero en el Gobierno sea un día perdido para nuestras posibilidades de recuperación, no merece la pena insistir en algo que ya sabíamos: el presidente del Gobierno y su partido anteponen sus intereses a los de España.


Teniendo, pues, que afrontar y valorar el dilema entre un congreso o unas primarias al que nos aboca el enfrentamiento interno que está sufriendo el PSOE, hemos de empezar señalando que ambas supuestas alternativas pueden ser tanto una solución como una farsa de cara al cambio que requiere el PSOE por el bien de España.

Ya hemos dicho que el PSOE necesita no sólo un cambio de líder sino una auténtica transformación que le haga un auténtico partido nacional asimilable a lo que son los partidos socialdemócratas europeos. Desde este punto de vista, el PSOE necesita un congreso que le sirva de catarsis; lo cual no significa, evidentemente, que tenga que celebrarlo mientras siga gobernando. Menos aún significa un respaldo a un congreso que meramente sea una forma de evitar la competencia a Alfredo Pérez Rubalcaba como "nuevo" líder del PSOE, tal y como parece que pretenden algunos barones territoriales, con un insistente Patxi López a la cabeza.

Por su parte, las primarias son, naturalmente, un proceso de selección mucho más democrático y más permeable a que se cuelen corrientes regeneracionistas ajenas al actual aparato del partido. Sin embargo, también serían una farsa si en esas primarias sólo compiten irrelevantes variantes de lo que ha significado el zapaterismo, tal y como son el propio Rubalcaba o la ministra Chacón.

Sea como fuere la fórmula que termine imponiéndose, lo que parece evidente es que, hasta en la forma de marcharse, Zapatero está brindando un pésimo servicio a España.


Libertad Digital

Octubre en el horizonte

La situación ha llegado a un punto de no retorno que va más allá de la alternancia política. Está en juego España como proyecto de futuro.

LAS diferencias entre los dirigentes socialistas sobre si la crisis poselectoral del 22-M debe empezar por un congreso o por un proceso de primarias no es solo una cuestión de táctica o de oportunidad. Supone directamente el cuestionamiento de la trayectoria del PSOE en los últimos años y la constatación de la vulnerabilidad de Zapatero como secretario general. Esta diversidad de enfoques explica el grado de confrontación existente en el seno del partido y la urgencia con que el lendakari Patxi López ha lanzado, e insistido en ella, la idea de un congreso. El PSOE se enfrenta a decisiones de las que depende mucho más que prepararse para una derrota digerible. Realmente el PSOE está ante la encrucijada de desprenderse de la herencia del zapaterismo, para lo que es imprescindible que encuentre una solución, porque su inestabilidad política provoca inestabilidad económica y sitúa a nuestro país en un endiablado cruce de caminos. Sea cual sea la fórmula elegida —primarias o congreso—, España y sus intereses no pueden depender de la estrategia de un partido obligado a una profunda reforma de sus estructuras. En este escenario son cada vez más las voces que coinciden en dar por hecho que las urnas se abrirán en octubre como fecha tope, porque la situación ha llegado a un punto de no retorno en el que está en juego mucho más que la alternancia política: España como proyecto de futuro. La situación de guerra abierta en el PSOE no es tampoco fruto solo del 22-M. Los socialistas estaban avisados de su debacle, pero se fiaron de Zapatero.

Sus opciones ahora son solo de carácter interno, únicamente partidistas —congreso, primarias—, porque el Gobierno carece ya de recursos políticos para invertir la dinámica que apunta a una nueva derrota. No hubo «efecto Rubalcaba» ni hubo remontada por la renuncia de Zapatero a ser candidato. Perdido el poder autonómico y municipal, los socialistas están privados de acción política inmediata sobre los ciudadanos y sometidos a las consecuencias que este desalojo institucional supone para miles de militantes y dirigentes, sin más opción laboral que los presupuestos públicos. El PSOE se encuentra en la situación de tener que elegir cómo vive su fin de ciclo. La dimensión de la derrota electoral es tan grande que no cabe en los protocolos habituales de los partidos. La convocatoria anticipada de elecciones y la salida del PSOE del Gobierno acabarán siendo la quiebra inevitable de esta situación.

ABC - Editorial

miércoles, 25 de mayo de 2011

Sucesión. Elogio de Rubalcaba. Por José García Domínguez

El prejubilado Rubalcaba es a Zapatero lo que en tiempos fuera Almunia a González: un mero regente sin aspiraciones al trono; el paréntesis institucional llamado a garantizar la sucesión efectiva una vez llegado el momento procesal oportuno.

Uno de los padres del socialismo utópico, Charles Fourier (no confundir con Fournier, el de los naipes) postulaba muy en serio que el avance irrefrenable del Progreso llevaría a lograr que algún día el agua del mar supiese a limonada. Zapaterismo, y en estado puro, avant la lettre. Nada nuevo bajo el sol, pues. Ahora, sus huérfanos, igual los de José Luis que los de Charles, deberán decidir si la derrota de 2012 tendrá sabor a Fanta o a ácido úrico; esto es, a Chacón o a Rubalcaba. Marx, que era demasiado burgués como para no desdeñar a los idealistas, dejaría escrito aquello tan manido de que la Historia solo se repite bajo el manto de la farsa. Sin embargo, también en eso se equivocó. Porque la Historia gusta de volver sobre sí misma por pura rutina.

Al respecto, el prejubilado Rubalcaba es a Zapatero lo que en tiempos fuera Almunia a González: un mero regente sin aspiraciones al trono; el paréntesis institucional llamado a garantizar la sucesión efectiva una vez llegado el momento procesal oportuno, ni un segundo antes. Don Alfredo, y con él el aparato de Ferraz, encarna al reo que se sabe condenado en sentencia firme y reclama como última voluntad designar a sus sepultureros. Apenas eso. Nada más. A alguien le tengo leído –quizá a Espada– que para Rubalcaba ya es muy tarde y para Chacón, muy pronto. Aunque en el jardín de infancia de Twitter y la TDT nunca es demasiado pronto para vender limonadas.

Pensamiento, abstracción analítica o ideas, naturalmente, no. Pero limonada... De ahí que se equivoque la fiel infantería de la derecha apuntando el trabuco contra el valido. No reparan en que se trata de una rémora del viejo paradigma; un superviviente de la era de Gutenberg, anacronismo por completo ajeno a las coordenadas telegénicas que rigen la política posideológica. No así Chacón, una maestra en orillar la capacidad de raciocinio en pos de las emociones, pericia suprema de su mentor, el difunto Zapatero. La ningunean porque no tiene nada en la cabeza, al cabo su más preciado atributo, el que habrá de llevarla a la cúspide del PSOE. Esa gran fuerza nacional que controla el Ayuntamiento de Vigo y la Diputación de Ciudad Real.


Libertad Digital - Opinión

La resaca. Por José María Carrascal

Pasó el tiempo del chantaje de los pequeños, una de las causas de la calamitosa situación en que nos encontramos.

SIEMPRE es mejor la resaca de una victoria que la de una derrota, pero hay que tener cuidado con las victorias pues se suben a la cabeza más que el alcohol y es tras ellas cuando se hacen las mayores tonterías. Más, cuando el vencedor se encuentra con un país aturdido, unas arcas vacías y unos mercados al acecho, como va a encontrarse un PP «gubernamental» pero aún sin gobierno. ¿Qué debe hacer en estas circunstancias? Pues muy sencillo: lo contrario que hizo Zapatero. Presume éste de «saber perder como supo ganar». Otra de sus mentiras: ni supo perder, al atribuir su derrota a la crisis olvidando sus culpas —la primera, negarla— y supo aún menos ganar, al concentrar sus esfuerzos en desterrar al principal partido de la oposición, mientras negociaba con quienes no se sienten españoles, Eta incluida. Por eso digo que, a falta de un pacto de Estado con el PSOE —algo imposible con Zapatero, que no tiene idea de Estado ni de nación—, el PP tiene que hacer lo contrario que él: advertir a los españoles de que la crisis es mucho más grave de lo que se nos ha venido diciendo, tomar las medidas oportunas frente a ella y pensar en España como un todo, no como una serie de territorios de intereses enfrentados. No están los tiempos para pensar en las próximas elecciones ni en las pequeñas intrigas. Si queremos salvarnos, esto es, unirnos a los países que están saliendo de la crisis en vez de a los que se hunden con ella, el próximo gobierno tendrá que pensar en grande, en duro y en serio, después de una etapa de pequeñeces, autocomplacencias y frivolidades. El PP de Rajoy no debe nada a nadie ni tiene que venderse barato, como sería el plato de lentejas de una alcaldía o la presidencia de una comunidad. Debe de mostrarse dispuesto a colaborar con todos en la tarea de sacar España del foso en que se encuentra, sin concesiones en lo fundamental. Si los demás quieren colaborar, bien. Si no, que se entiendan entre ellos, y los votantes les pasarán factura en las próximas elecciones, como se la han pasado al PSOE de Zapatero.

Mucho cuidado, pues, con los pactos que van a ofrecerle y con las ambiciones personales. No puede haber pactos con aquéllos que buscan sólo el beneficio de una parte de España a costa del todo y menos, con los que ni siquiera se sienten españoles. Pasó el tiempo del chantaje de los pequeños, una de las principales causas de la calamitosa situación en que nos encontramos. Su «bluff» ha quedado al descubierto: regionalistas y nacionalistas, cántabros, asturianos, canarios, aragoneses, navarros, vascos, catalanes necesitan a España más que España les necesita a ellos por ser parte de ella. Este PP «presidenciable» está en condiciones de demostrárselo, como ha demostrado al PSOE que Zapatero le llevaría a la ruina.


ABC - Opinión

Frases históricas. Por Alfonso Ussía

La abrumadora y demoledora derrota electoral del socialismo ha llevado a sus principales dirigentes a pronunciar frases de relevancia histórica. Han perdido el poder pero han ganado en literatura. No alcanzan la cota de las sentencias de Churchill, Metternich, Fouché o Silvela, pero por algo se empieza. La de José Blanco, uno de los diseñadores de la campaña electoral, me ha impresionado sobremanera. «Nos damos por enterados de la seria advertencia de nuestros votantes». Muy inteligente y serena conclusión. El jinete alemán Hans Winkler, que fue campeón del mundo de hípica en varias ocasiones, participó en la Olimpiada de Roma de 1960. Era el favorito. Pero ante un obstáculo desagradable para el caballo, éste rehusó y Winkler superó sin dificultad la valla, pero sin caballo debajo. Voló con extrema elegancia. Y cayó de culo. Un periodista alemán le formuló una pregunta capciosa: –¿Qué se siente en estos momentos?–. Y Winkler respondió: –Se siente que me duele el culo–. Sentido común. Como el de José Blanco cuando afirma que se han dado por enterados de la advertencia de sus votantes. Reunión de lógica y belleza lingüística. Podría haber dicho «nos sentimos literalmente jodidos», pero esa frase, que aprobarían Quevedo, Góngora, Pérez-Galdós, Manuel del Palacio y don Camilo José, habría resultado excesivamente sincera en quien tiene a la sinceridad castigada en el rincón desde que se adentró en los espacios de la política. Y la de Antich, el derrotado socialista pancatalanista de Baleares. «No me esperaba un resultado así». Este pensamiento en voz alta conlleva el emotivo mensaje de la decepción. Antich, que con sus gobiernos compartidos por las fuerzas políticas más exóticas de las islas, a las que ha dejado hechas unos zorros, no se espere un resultado así dice mucho de su sagaz inteligencia y su sentido de la previsión. También Zapatero se ha unido al desparpajo de las sentencias históricas. «No podemos negar que hemos sufrido un retroceso». Califica de retroceso a lo que ha sido una demolición en toda la regla. Pero hay placer literario en la oración. Y como siempre, la palma se la lleva Tomás Gómez: «Es el momento de abrir una reflexión colectiva». Usa de la metáfora. Abrir reflexiones. Gómez considera que la reflexión es como una puerta. Y colectiva. Desea que todos sus compañeros compartan la derrota humillante de «Invictus». Simancas, con mejores resultados, dimitió la misma noche de las elecciones. Y Almunia, en las elecciones generales del año 2000 que ganó el PP de Aznar con mayoría absoluta, en su primera aparición ante la Prensa adelantó su dimisión. Gómez, que ha batido el récord del ridículo, se propone «abrir reflexiones colectivas» en lugar de irse a su casa de Carranque. Como siempre, sólo José María Barreda y José Bono, los dirigentes más cercanos a la moderna socialdemocracia que impera en Europa, se han dejado de frases históricas y han asumido el batacazo con absoluta naturalidad: «Una derrota del PSOE en toda regla», ha dicho Barreda, poco amigo de los disfraces, las metáforas y las cursilerías como «abrir reflexiones colectivas». Y ahora, ¿qué? ¿Van a apoyar a Zapatero para que culmine su legal e ilegítimo ciclo? ¿Se van a tirar los trastos a la cabeza? ¿Van a entronizar a Rubalcaba? ¿Permanecerá quieto Barroso? ¿Harán oídos sordos a las directas e indirectas que están recibiendo de todos los agentes sociales –sindicatos y cejeros excluidos–? En pocos días tendremos la solución. Mientras llega, sigamos disfrutando de las frases históricas de tan agudos mártires incomprendidos. Más no se puede pedir.

La Razón - Opinión

Bildu. Repugnante. Por Regina Otaola

Todos han querido que la zorra estuviera presente y ahora se escandalizan o hacen que se escandalizan porque se va a comer a las gallinas. Repugnante.

En primer lugar y antes de entrar en harina quiero dar mi enhorabuena al PP por los resultados obtenidos en prácticamente toda España. Dicho lo cual, me voy a centrar en los resultados municipales de la comunidad autónoma vasca.

Lo primero que debo decir es que siento una gran repugnancia por los resultados que ha obtenido Bildu. Porque estos resultados no han llovido del cielo –mejor dicho, del infierno–, sino que se deben a la acción de personas de carne y hueso que han depositado su voto conscientes de lo que hacían. En otras palabras, sabemos fehacientemente que una parte considerable de esta sociedad considera que es bueno premiar al que ha apoyado el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión y el chantaje. Y que no digan lo contrario: Permach celebró el triunfo de y con Bildu al grito de "independencia" y "presos a casa". Son los mismos con distinto nombre. Y una gran parte de esta sociedad los apoya. Esa parte que va de "buenista" por la vida y a la que le dan pavor los enfrentamientos verbales entre los representantes de los partidos. Esa parte de la sociedad que considera que hacer política consiste en ir todos de la mano sin saber a dónde pero, eso sí, de la mano. Todos al precipicio de la mano. La argumentación y el debate estremecen y cansan a estos buenistas. La comodidad y el pacifismo de pacotilla es lo que les gusta.

Siento también repugnancia por un Gobierno que ha permitido que Bildu esté en las instituciones y por unos miembros del Tribunal Constitucional que han seguido las órdenes dadas por un Ejecutivo que es una vergüenza nacional. Un Gobierno que, paradojas de la vida, está a favor del aborto, de la eutanasia y sin embargo reanima y da oxígeno a una banda de terroristas, porque eso significa el hecho de abrir las puertas a una coalición con "independientes" dependientes de las órdenes que dictan los de siempre, los de las pistolas.


Todos –el PSE, el PNV, Aralar, EB– han defendido la legalización de Bildu, incluso con chantajes al Gobierno en caso de que el Tribunal Constitucional no diera el visto bueno. Todos han querido que la zorra estuviera presente y ahora se escandalizan o hacen que se escandalizan porque se va a comer a las gallinas. También es repugnante.

El panorama es desolador se mire por donde se mire. Política, social y económicamente. Empresarios, comerciantes, autónomos y demás emprendedores están aterrorizados porque lo anunciado por esta coalición es que quiere subir el impuesto de sociedades, el de la renta, rescatar el impuesto de Patrimonio y gobernar al son de la txalaparta y el que no esté conforme u ose protestar, que se ande con ojo. Tienen un programa muy conciso: freír a impuestos a quien crea riqueza, repartir la pobreza entre todos y a por la "independentzia" cueste lo que cueste.

¿Ahora qué va a hacer el PNV? Se ha quedado prácticamente como único opositor independentista frente a Bildu. Aralar ha pasado a ser una anécdota y EA-Alternatiba terminarán o ya han terminado por desaparecer fagocitados por los "independientes" que luego, si el TC lo permite también, pasarán a militar en Sortu. ¿Puede el PNV colaborar con los proetarras? ¿Van a permitir los nacionalistas "moderados" que gobiernen la Diputación de Guipúzcoa llevándonos a todos al caos más absoluto? ¿Se va a atrever a desbancar a Bildu y pactar con el PSE, o con el PSE y el PP? En principio parece que toca de nuevo el PNV pragmático. Ya veremos si es así y a cambio de qué. El PNV jamás da nada a cambio de nada.

El futuro es incierto y nada esperanzador para quien no sea nacionalista. ETA ni se ha rendido, ni ha entregado las armas. Por perdonarnos la vida un ratito está recibiendo una gran cantidad de regalos envueltos en papel negociador. Los presos a la calle, Bildu a las instituciones y los ciudadanos ofrecidos como víctimas propiciatorias en pos de una claudicación disfrazada de paz; pero, eso sí, todos de la mano al son de la txalaparta.

Los que no estemos de acuerdo con ese futuro deberemos trabajar para que dure lo menos posible. Para ello es necesario un Gobierno central con una idea clara: al terrorismo no se le convence, se le vence. El PP tiene que ser ese Gobierno. Economía, sí; derrotar a ETA, también.


Libertad Digital - Opinión

Censuras. Por Ignacio Camacho

La moción de censura ya tuvo lugar el domingo, tan clara que al presidente lo van a acabar echando los suyos.

TODO es pura cháchara, retórica de tira y afloja, palabrería poselectoral: no habrá moción de confianza ni de censura. Zapatero no puede pedir confianza a nadie, aunque es lo que corresponde tras un varapalo como el que acaba de sufrir, porque ha quedado claro que eso es precisamente, la confianza del pueblo, lo que ha perdido. Los ciudadanos se la han retirado de golpe y con estrépito y ya empieza a faltarle incluso la de sus propias filas, que se remueven inquietas por la comezón de la toma de posiciones sucesorias. Rajoy no presentará una censura por dos razones: primero porque carece de apoyos para ganarla y segundo, aunque más importante, porque si lo hiciese tendría que colocar su programa en el centro del debate, permitiendo que el Gobierno aliviase la presión tras el contundente castigo electoral. Si el presidente pretende seguir agarrado a su cada vez más precario sillón es lógico y consecuente que se enfrente al desgaste de esa resistencia; para su adversario, sin embargo, resultaría suicida entrometerse a cambio de nada. Lo único que podría sacar de esa maniobra es convertirse en la diana de un fuego cruzado. El PP no necesita siquiera apretar las tuercas; la situación gubernamental se va a volver insostenible por sí sola y desde dentro. La verdadera moción de censura se sometió a votación popular el domingo y tuvo un veredicto implacable.

Pero como Zapatero no se quiere dar por enterado no habrá más remedio que esperar a que se decanten las evidencias. Hay una solución de emergencia que consistiría en una moción de censura pactada con un único punto: la convocatoria inmediata de elecciones. Demasiado complejo y arriesgado. Rajoy no la podría encabezar y sería necesario acudir a los límites de la Constitución para encontrar un mirlo blanco, prestigioso y neutral. Es una fórmula de excepción para un escenario excepcional —una quiebra y/o un rescate financiero, y aún así con muchas dudas— que no se ha producido todavía. Por desgracia, los gobiernos incompetentes no son excepcionales en España, pero el país los resiste con estoica resignación o admirable fortaleza. No queda otra salida, pues, que el tiempo y la paciencia. El PSOE, que está en situación crítica, se va a meter en un embrollo fenomenal para tratar de escapar del zapaterismo, y en medio de ese lío le resultará imposible gobernar. Después de la hecatombe electoral al presidente lo van a acabar echando los suyos o las circunstancias; su empeño por salir sin oprobio está condenado también al fracaso.

Es cierto que el país va a perder un tiempo precioso en medio de una inestabilidad turbulenta y con un Gobierno provisional de facto. Pero el único que puede cambiar las cosas no quiere hacerlo. Abocado a un final poco honorable, parece dispuesto a concluir su borrosa hoja de servicios derramando sobre ella el tintero.


ABC - Opinión

Cuestión de confianza

El Gobierno manifestó, desde el mismo instante de conocer la debacle electoral, que su intención era agotar la Legislatura. Para los dirigentes socialistas, el contundente veredicto del 22 de mayo no conlleva obligatoriamente el adelanto de las elecciones generales porque cuentan con los apoyos parlamentarios suficientes para aprobar los próximos Presupuestos y llegar a marzo de 2012. El reto lanzado ayer por el portavoz socialista en el Congreso al PP de que plantee una moción de censura es elocuente del enrocamiento en que se ha refugiado el PSOE tras la debacle. Desde el Partido Popular se reclama la convocatoria de elecciones generales porque entiende que el Gobierno ha sido censurado por la mayoría de los españoles. Sus argumentos son comprensibles y están fundamentados, de ahí que Soraya Sáenz de Santamaría reclamara ayer con acierto que el Ejecutivo se someta a una cuestión de confianza y verifique los apoyos parlamentarios con los que cuenta para terminarla Legislatura. Nada más congruente porque un Gobierno censurado en las urnas no es el más adecuado para devolver la confianza a los inversores, reactivar la economía y alejar las amenazas que se ciernen insistentemente sobre nuestra deuda soberana. Desde hace ya meses, venimos defendiendo la necesidad de un adelanto electoral, pues estamos persuadidos de que sólo un cambio radical de gestores permitirá abordar con garantías las reformas económicas, dinamizar el crecimiento y rescatar el prestigio internacional. Hoy esa certeza es aún más fuerte, porque nada es tan lesivo para el interés general que esa sensación de interinidad que vive el país. Si a ello sumamos que el PSOE se enfrenta a una guerra intestina de incierto desenlace, parece claro que lo más conveniente es el adelanto electoral y que el PP se encargue de la ingente tarea de reconstruir la economía, como ya hizo a finales de los años 90. El gran éxito electoral cosechado por el partido de Mariano Rajoy le faculta y le legitima para asumir sin demora la responsabilidad de gobernar la nación. Pero si el Gobierno socialista se encastilla ante la evidencia, está obligado a seguir cumplir sus responsabilidades inaplazables. Hay diez meses vitales por delante que pueden ayudar a sentar las bases de la recuperación o complicarla todavía más. Los socialistas no pueden ni deben equivocarse porque hay demasiado en juego. Si pretenden permanecer al frente de la gestión, su única prioridad debe ser la culminación del proceso de reformas en la línea de lo planteado por nuestros socios comunitarios. Con cinco millones de parados, un tímido e insuficiente crecimiento, el frenazo del crédito y el estancamiento en el consumo, lo inaplazable es acelerar y culminar las medidas estructurales pendientes, que son la mayoría, y actuar con decisión y profundidad sobre el mercado laboral y el sistema financiero. España no puede perder diez meses, ni siquiera uno, y ello está únicamente en manos del Gobierno socialista, de su capacidad para primar de forma exclusiva el interés general y olvidarse del partidista. No se entendería que malgastara un año, y que, en vez de consolidar las reformas que necesitamos, utilizara el poder para ponerlo al servicio del partido y promocionar su nueva cabeza de cartel.

La Razón - Editorial

El PSOE necesita algo más que un cambio de líder

Será difícil que el PSOE, al margen de su nuevo director de orquesta, vaya a encontrar algo mucho más importante: una nueva partitura.

Aunque Zapatero y la actual dirección del PSOE parecen decididos a agotar la legislatura haciendo caso omiso a la demanda de cambio que reclaman tanto las urnas como la crítica situación del país, lo cierto es que cada vez son más numerosas y más altas las voces que piden desde dentro del Partido Socialista la urgente celebración de unas primarias o de un congreso que designe cuanto antes a su nuevo líder.

Aunque algunos diputados socialistas no se atrevan a salir de su anonimato para pedir a Zapatero "que se vaya de una puta vez", lo cierto es que desde dentro del PSOE crece el malestar contra la actual dirección que sigue autista ante el varapalo electoral. La muestra más clara del malestar y de las prisas por darle el finiquito a Zapatero la ha protagonizado el lehendakari Patxi López, quien, en nombre del PSE, ha reclamado la celebración de un congreso que exigiría la dimisión de toda la actual dirección socialista. De celebrarse este cónclave socialista, se aparcaría también el proceso de primarias, pues lo lógico es que quien salga elegido secretario general del PSOE sea también su candidato a la Presidencia del Gobierno.


En cualquier caso, no le falta razón a López cuando señala que "la respuesta a lo sucedido este domingo no pueden ser sólo unas primarias sin proyecto. Lo primero que hay que decidir es qué queremos ofrecer y luego decir quién abandera el proyecto". Ciertamente, el PSOE necesita algo mucho más prioritario e importante que un cambio de líder, como también lo necesita España. El PSOE debe abandonar el radicalismo ideológico y la deriva nacionalista de la era Zapatero. Debe volver a ser un partido auténticamente nacional, con sentido del Estado y para el que la nación no sea un "concepto discutido y discutible"; un partido que abandone su sectarismo y su guerracivilismo para ser capaz de llegar a acuerdos con el otro gran partido nacional para hacer frente a la crisis económica y al nuevo envite nacionalista que se nos viene encima en el País Vasco. Ni Carme Chacón, que no deja de ser una inconsistente criatura de Zapatero, ni Rubalcaba, que aúna en él lo peor del felipismo y del zapaterismo, son ejemplos de la profunda transformación que requiere el PSOE por su propio bien y por el de España.

Será difícil que los socialistas, al margen del nuevo director de orquesta, vayan a encontrar algo mucho más importante: una nueva partitura. Pero, desde luego, si de algún modo no lo van a encontrar es haciendo como si aquí no hubiera sucedido ni siguiera sucediendo nada.


Libertad Digital - Editorial

El PSOE se rompe

La sucesión de Zapatero se va a convertir en un proceso acelerado de defenestración del actual secretario general del PSOE.

A medida que pasan los días, el PSOE va midiendo con precisión el alcance de su derrota electoral y, al mismo tiempo, se va inhabilitando para mantener el Gobierno de la nación. Las tensiones internas se manifestan de manera creciente y notoria, principalmente porque no hay un liderazgo que las controle. De la misma manera que España no tiene un gobierno real, el PSOE tampoco tiene líder. Por eso, la sucesión de Zapatero se va a convertir en un proceso acelerado de defenestración del actual secretario general del PSOE. Nadie en el PSOE tiene ahora mismo autoridad suficiente para silenciar los reproches internos por la derrota, ni para imponer el nombramiento a dedo de un único candidato, ni para condicionar la celebración de primarias. Ni siquiera para evitar que abiertamente se hable, como hizo ayer mismo Patxi López, de la celebración de un congreso. Es evidente que la convivencia de Zapatero, como secretario general, y un nuevo candidato para 2012 sería una fuente de problemas para el PSOE, porque Zapatero no inspira los valores de confianza y autoridad necesarios para tutelar un proceso de sucesión pacífica. Ningún candidato socialista a la Moncloa, con un mínimo de autoestima, soportaría la carga de Rodríguez Zapatero al frente del PSOE, porque sería una forma de arruinar definitivamente sus opciones en 2012.

Un partido en estas condiciones es un partido incapaz de gobernar, y su propia crisis lo mantendrá en un estado de confusión, que se suma al que sufre el propio Gobierno. Las reglas democráticas ofrecen soluciones para estas situaciones de bloqueo, como la moción de confianza pedida ayer por el Partido Popular, a la que Zapatero debería someterse si fuera consciente de que la derrota del 22-M lo ha desahuciado como gobernante. La soberbia con la que los socialistas se aferran al poder se hace hiriente cuando se justifican apelando a los ciudadanos y a las reformas pendientes. Si de reformas se trata, poco puede ya influir Zapatero en los agentes sociales para que pacten la negociación colectiva; con poco margen podrá presentarse ante los mercados internacionales y los socios europeos como interlocutor fiable; con escasa autoridad política podrá encabezar la negociación con las comunidades autónomas para reducir el déficit público. Unas elecciones generales anticipadas no suponen, tal y como está el grado de deterioro de nuestra economía, un perjuicio añadido. Mucho peor que un adelanto electoral es tener un Gobierno en quiebra y apoyado por un partido abierto en canal.

ABC - Editorial

Historia del 15M

Líderes del ‘mayo español’ recuerdan que las primeras llamadas a la movilización se hicieron en Alerta Digital.

Protagonistas de las movilizaciones que tienen lugar estos días en diversas capitales españoles han agradecido a AD el hecho de haber sido el primer medio español que informó de las movilizaciones en ciernes ya desde principios de 2011, así como de los objetivos y reivindicaciones de los convocantes. Concretamente, el 15 de enero nos hacíamos eco por primera vez del descontento en algunas organizaciones juveniles y que han desembocado estos días en las movilizaciones de protesta en toda España. Ese día, AD ofreció a sus lectores la primera referencia del movimiento preparatorio de las actuales movilizaciones.

El hasta entonces desconocido grupo ‘Jóvenes Contra la Hipocresía’ convocaba a los ciudadanos a una concentración frente a la sede nacional socialista, ese mismo día. “España, situación límite: Miles de jóvenes se manifiestan hoy ante la sede nacional del PSOE para pedir la disolución del Gobierno”, fue el titular empleado por AD para ilustrar la noticia.
España, situación límite: Miles de jóvenes se manifiestan hoy ante la sede nacional del PSOE para pedir la disolución del Gobierno

El 17 de enero nos hacíamos eco de una nota remitida por la Asociación Catalana de Padres Separados (ACAPASE), donde expresaba su apoyo a los jóvenes y se adhería a sus iniciativas futuras.

Durante la concentración frente a la sede socialista, que concentró a varios cientos de jóvenes pese al silencio de los medios informativos, la Policía practicó numerosas identificaciones y cacheos, en contraste con la actitud pasiva de la Policía durante las concentraciones frente a la sede del PP el 13 de marzo de 2004.

También la plataforma ‘ZP VETE YA’ ha destacado hoy las primeras informaciones aparecidas en AD sobre un movimiento que abre los informativos de medio mundo. El día 10 de febrero, AD ofrecía a sus lectores la primera referencia de este movimiento, con el título: “Jóvenes españoles salen de la masa aborregada y crean la plataforma ‘ZP VETE YA’ para “promover la lucha pacífica contra el Gobierno”. Jóvenes españoles salen de la masa aborregada y crean la plataforma ‘ZP VETE YA’ para “promover la lucha pacífica contra el Gobierno” socialista

La plataforma ‘ZP VETE YA’ se presentaba entonces como una entidad civil, “totalmente particular e independiente”, cuyo objetivo era promover “la lucha pacífica contra el actual gobierno de España, incapaz, débil, mentiroso e ineficiente, para superar la crisis económica con sus constantes mentiras, negaciones y maniobras”.

Se informaba asimismo de otro de los objetivos capitales de la plataforma: “Matricular” a todos los ciudadanos descontentos con los engaños, mentiras, falsedades, manipulaciones y una larga lista de despropósitos del actual presidente del Gobierno de España”. Nuestras fuentes informativas decían ya “estar hartas” de la situación económica y de la tasa de paro más elevada de todos los tiempos” y apelaban ya a las primeras protestas en la calle contra ese estado de cosas.

Por otra parte, el 15 de abril, AD reprodujo la carta enviada a su editor por el presidente de la Asociación Jóvenes contra la Hipocresía, Juan Escolar Lozano, bajo el titular: “Jóvenes contra la Hipocresía llama a tomar pacíficamente las calles españolas el 15 de mayo contra la partitocracia corrupta”. Jóvenes contra la Hipocresía llama a tomar pacíficamente las calles españolas el 15 de mayo contra la partitocracia corrupta
Era esta la primera vez en la que se explicitaba en un medio de comunicación la jornada del 15 de mayo como antesala de lo que hoy es un clamor en las principales ciudades españolas y que tuvo en AD uno de sus más remotos prólogos.

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Los jóvenes españoles creen que sus condiciones de vida serán peores que las de sus padres
España, situación límite: Miles de jóvenes se manifiestan hoy ante la sede nacional del PSOE para pedir la disolución del Gobierno

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Alerta Digital

martes, 24 de mayo de 2011

Efectos deseables. Por M. Martín Ferrand

El PSOE, como partido más que centenario, no debiera consentir la continuidad de tan nocivo secretario general.

ESPAÑA, en donde tiene más prestigio el sable que el florete, el resultado de cualquier confrontación tiende a contemplarse con más gusto en perjuicio del perdedor que a mayor gloria del vencedor. La mayoría de los analistas, al margen de sus respectivos puntos de partida, hablan y escriben de cómo el PP aplastó, arrasó, machacó, noqueó o descalabró al PSOE en la doble ocasión, municipal y autonómica, del 22-M. En puridad habría que matizar que la incuestionable victoria del partido de Mariano Rajoy se debe, en un cuarto, a los méritos y el trabajo propios y, en sus otras tres cuartas partes, al desplome de José Luis Rodríguez Zapatero, sus rencores y revisionismos históricos y su equipo de Gobierno de gentes de menor cuantía y mérito desconocido. Ahora, tras el 22-M conviene sacar algunas lecciones que nos brindan los acontecimientos:

—Los acampados del 15-M no deben seguir ocupando la vía pública un minuto más.

—Zapatero ha llevado España a la ruina y a su partido a la debacle. Debe retirarse cuanto antes de ambas responsabilidades.

—El PSOE, como partido más que centenario, no debiera consentir la continuidad de tan nocivo secretario general, ni el Grupo Parlamentario Socialista seguir respaldando su condición presidencial.

—El Gobierno actual, adelántase o no las elecciones, habría de acometer, en función de la responsabilidad contraída, las reformas económicas anunciadas y no ejecutadas y las ni tan siquiera aprobadas.

—Los medios afines al socialismo tienen responsabilidad en el juego democrático. A ellos corresponde la severa exigencia en el mutis del presidente.

—El caso protagonizado por Francisco Álvarez Cascos en Asturias evidencia que, sin televisión y sin medios, un candidato sólido pude dejar en la cuneta a las figuritas de barro cocido con urgencia y desatino en los hornos de Génova.

—La irrupción de UPyD en las tablas representativas, especialmente en Madrid, agrietan los cimientos del bipartidismo con el que, con la anacrónica postura de IU, venimos apañándonoslas.

—Es el momento de la regeneración democrática pendiente desde que la ofreciera, en 1993, el PP. Urge y no debiera ser excluida de la cabecera del programa de Rajoy para las legislativas.

—La reforma electoral, entre otras, no es aplazable por mucho que disguste a los dos grandes y limite el hoy omnímodo poder de sus nomenclaturas. Debemos elegir un presidente del Gobierno, de la Autonomía o del Consistorio. Una sigla no basta.

Asegura Zapatero que él y su partido saben perder. Eso es algo menos que nada si tal sabiduría no va acompañada de dimisiones y conductas muy concretas. Aún arrasados, están ahí.


ABC - Opinión