miércoles, 16 de marzo de 2011

Cómo se afronta la desgracia. Por José María Carrascal

No hay gritos ni llantos. Sólo los ojos delatan el dolor, no es menos intenso por contenido. Nadie maldice al destino.

LO más asombroso del tsunami japonés no es su magnitud destructora, que sobrepasa lo límites de la imaginación, convirtiéndolo en una película de horror. Lo más asombroso es estoicismo de la población, su capacidad de aguante, su dignidad ante la tragedia. Se habrán fijado que apenas hay lágrimas, y si las hay, son furtivas. Como no hay gritos ni llantos plañideros. Sólo los ojos delatan el dolor, no es menos intenso por contenido. Nadie maldice al destino. Se busca entre los escombros lo que puede haber quedado de los enseres familiares y se alejan sin decir palabra. Porque el dolor verdadero es así, sobrio y callado, mientras el dolor falso es declamatorio y vociferante. ¿Se imaginan ustedes la que se habría armado en otros lugares ante una tragedia de esta magnitud? Los gritos se escucharían a cientos de kilómetros, las imprecaciones no perdonarían a nadie y el caos sería aún peor que la tragedia en sí. ¿Se imaginan, sobre todo, las voces pidiendo responsabilidades, exigiendo ayudas, subvenciones, indemnizaciones? Claro que se lo imaginan porque lo hemos visto y oído montones de veces ante desgracias considerablemente inferiores.

Los japoneses prefieren afrontar la suya con un mínimo de autocomplacencia y un máximo de responsabilidad, como si reservasen todas sus fuerzas para superar el formidable trabajo que tienen ante ellos. Es aquel un pueblo frugal, duro, tenaz, resistente, forjado en la lucha diaria por la subsistencia. Baltasar Gracián los llamó «esos españoles de Asia». Tal vez lo fuéramos un día. Hoy, sin embargo, nos quedan pocas de esas cualidades, reemplazadas por la irresponsabilidad y el victimismo tanto a nivel personal como nacional.

Es por lo que Japón saldrá de esta tragedia y dudo que nosotros seamos capaces de superar el tsunami que representa la crisis económica y un gobierno que no la previó, tomó las medidas falsas contra ella y está tomando las correctas tarde y a medias. A Japón no le ha favorecido ni la geografía —está situado al lado mismo de una falla tectónica— ni la historia —tiene enfrente a dos gigantes, China y Rusía, con los Estados Unidos a la espalda—, lo que ha condicionado su destino. Ni siquiera posee riquezas naturales, lo que le ha obligado a depender de su laboriosidad y resistencia. Al día siguiente de que la tierra dejara de temblar, ya estaban todos los que podían en sus fábricas u oficinas, por saber que tienen que valerse por sus propios medios, para continuar siendo lo que han llegado a ser: una de las primeras potencias mundiales.

Lo han logrado por tener lo más importante: sentirse un pueblo y compartir venturas y calamidades. Así han vencido todo tipo de desgracias propias y ajenas. Porque no lloran, trabajan, que no es una maldición, sino lo que nos diferencia de las demás especies.


ABC - Opinión

Tsunami en Japón. Vivir en peligro. Por Agapito Maestre

Ante la tragedia de Japón es menester volver a reconocer que la civilización entera es dependiente de la ciencia y de la técnica.

Ante la triple catástrofe –terremoto, tsunami y fuga de un reactor nuclear– de Japón, es difícil no sentir vértigo. Un malestar ciudadano que nos exhorta a pensar sobre qué sea vivir en sociedad. Aparte de la lección de ciudadanía que están dando al mundo los japoneses, creo que es menester hacer un esfuerzo de pensamiento. De matización. Creo que ni todo está resuelto con un modelo tecnócratico de política, que termina arruinado la propia esencia de la política, ni todo está dicho descalificando a los ecologistas, cualquiera que fuera su signo, llamándoles críticos románticos de la ciencia en lo que se refiere al debate aquí y ahora sobre la energía nuclear. Es necesario circunstanciar. No es el debate de las centrales nucleares hoy igual que ayer. Tanto las posiciones críticas como las de sus defensores han cambiado.

En todo caso, tendremos que reconocer varios cambios radicales en los modelos de sociedad de las democracias occidentales para abrir un debate limpio. Para empezar unos y otros reconocen que, desde hace décadas, los procesos formales de racionalización de la vida pública en las sociedades democráticas fueron puestos en evidencia tanto por la opinión pública-política como por las ciencias sociales que estudiaban esos procesos. Desde los límites de la organización de los tiempos de trabajo hasta la compatibilización de la vida profesional y la familiar, pasando por la moralización pública de los modelos de desarrollo científico-técnico, eran y son cuestiones que, en buena medida, han logrado frenar el llamado proceso de racionalización instrumental de la modernidad, preocupada únicamente por medios y no por fines, de las sociedades contemporáneas.


En esa circunstancia que señalaba, sin duda alguna, un cambio de valores que pasaba de una visión homogénea y, hasta cierto punto, romántica de un mundo absolutamente administrado, a una visión civilizadora permanentemente cambiante e imaginativa de la sociedad, apareció un debate importante en la década de los setenta y ochenta: el movimiento ecologista. Éste tuvo cierto éxito, entre otras razones, porque puso en evidencia que la racionalidad instrumental tenía límites, o sea, consiguió un desencantamiento de aquello que pretendía desencantarnos. En otras palabras, nos percatamos de que el origen de los peligros de la civilización no sólo proceden de la imprevisible y caótica naturaleza, sino que están en los riesgos no previstos y las consecuencias paralelas del propio mundo científico-técnico. ¡Cómo no reconocer la contribución del ecologismo a la civilización actual!

Pero de ahí, de un ecologismo más o menos crítico con el modelo tecnocrático, se pasó a un ecologismo fundamentalista que reivindicaba unas construcciones "mitológicas", por ejemplo, un supuesto "derecho" premoderno de la naturaleza cuando no un "iusnaturalismo" irracional, por encima del humanismo moderno basado en el modelo de una racionalidad científica. Por desgracia, gran parte del ideario de los "ecólatras" ha pasado a las elites políticas europeas, que lejos de tomarse en serio los límites de la ciencia, se entregan a esas mitologías. Del modelo tecnocrático, o sea, se hará lo que diga la ciencia, se habría pasado, casi siempre por oportunismo electoral, al modelo romántico, es decir, se hará lo que diga el ecologista por imbécil que sea.

Ante la tragedia de Japón es menester volver a reconocer que la civilización entera es dependiente de la ciencia y de la técnica. Los fundamentos materiales y espirituales de nuestra civilización son incompresibles sin el paradigma de la racionalidad moderna que no es otro que el llamado "modelo científico". Pero ese reconocimiento, a todas luces ilustrado, no significa en modo alguno que no prestemos atención a los límites del propio proceso científíco- técnico. El movimiento ecologista de la década de los setenta y ochenta puso en evidencia esos límites; incluso el propio desarrollo científico ha hecho de la autocrítica y evaluación normativa de la misma ciencia el eje fundamental de su desarrollo actual, pero es menester parar en algún momento esa "crítica" si no queremos caer en la histeria contrailustrada y romántica.

En fin, creo que es plausible un punto intermedio en el asunto de la energía nuclear entre el vivir sin peligro, felices como estultos, al que aspiran los ecologistas ecólatras y la irresponsabilidad organizada de los Gobiernos europeos ante los efectos colaterales de los riesgos no previstos por la ciencia contemporánea.


Libertad Digital - Opinión

Jaque en el Golfo. Por Gabriel Albiac

Irán y Arabia Saudí han movido sus primeros peones. La partida ha comenzado.

BAHRÉIN es un pequeño archipiélago de treinta y tres islas, algo menos de setecientos kilómetros cuadrados, unos setecientos mil habitantes (casi la mitad de ellos, trabajadores inmigrados), flotando sobre una enorme bolsa de gas natural y de petróleo. Nada demasiado original en un Golfo hecho de anacronía y dinero. Importa más, para entender lo que allí pasa, su ubicación estratégica: entre la cercana costa de la Arabia Saudí sunnita, a la cual lo une una imponente autopista colgante, y la no lejana costa oeste del Irán chiíta. Lo cual es saberse instalado entre dos trincheras. Aunque sea con opulencia. Nadie en ese pequeño reino feudal, que desde hace tres siglos pastorea monolíticamente el clan de los Al-Khalifah, ignora la cínica respuesta con que los saudíes acogieron en su día la hipótesis iraní de fabricar armas nucleares: «ellos pueden tardar un decenio en construir la bomba; nosotros, una semana en comprarla». Y todos saben que, en ese inevitable choque entre iraníes y saudíes, no quedará espacio alguno para la neutralidad en el Golfo Pérsico.

Quienes han querido jugar al confortable angelismo de los buenos sentimientos ante la matemática coordinación de los golpes de Estado, victoriosos (Egipto, para quedarse como estaba, pero con otro hombre más duro al frente) o bien de destino incierto (Libia, para quedarse como estaba, con el mismo caudillo delirante al mando), en el petrificado mundo político árabe, deberían reflexionar ahora sobre las dos únicas novedades que, de momento, han resultado tras esa confusa sacudida del tablero. Irán empezó moviendo ficha. Por primera vez desde la revolución islámica, su flota de guerra tiene paso expedito al Mediterráneo por Suez. Arabia Saudí respondió anteayer, instalando a su ejército y policía en el reino de Bahréin. En medio de la conmoción mundial que el cataclismo de Japón ha desencadenado, puede que ese despliegue militar haya pasado desapercibido al gran público. Es crítico, sin embargo. Porque, no sólo en Bahréin la popularidad del chiísmo amenaza seriamente a la casta política sunnita, reflejando así en su propio tablero la partida entre iraníes y saudíes; en Bahréin, sobre todo, está ubicado el comando central de la Quinta Flota de los Estados Unidos, esto es, el epicentro militar de una de las zonas más inestables del planeta.

La gran falla a punto de quebrarse en el Golfo Pérsico se llama Arabia Saudí. Mitológica tierra del Profeta, vetada a cualquier penetración no musulmana, que es allí, en rigor, un sacrilegio. Regida por una de las castas más corruptas e incompetentes que haya conocido la política moderna. Inerte en esa obscena amalgama de opulencia petrolera y sacralidad feudal que veta obstinadamente su acceso normal a la historia. Habrá quienes se sigan empeñando en no querer abrir los ojos; habrá quienes quieran atribuir a súbita inspiración democrática, o aun libertaria, el rítmico derrumbe del castillo de naipes norteafricano; quienes prefieran la lírica humanitaria al frío análisis de las determinaciones geográficas, políticas, religiosas. Pero la voluntad de ceguera ni un átomo cambia en los hechos. Irán y Arabia Saudí han movido sus primeros peones. La partida ha comenzado.


ABC - Opinión

Reunión con Zapatero. ¿Para qué van a ir las grandes empresas a Moncloa?. Por Emilio J. González

¿Qué es, entonces, lo que busca Zapatero? Evidentemente, una nueva fotografía, pero probablemente también algo más.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha convocado a un grupo de grandes empresas y entidades financieras españolas para el próximo 26 de marzo, el día siguiente a la cumbre europea en la que se aprobará el Plan Euro. El objetivo teórico de la reunión es tratar con los asistentes las medidas a adoptar, en especial en materia laboral, a partir de lo aprobado en el Consejo Europeo. En circunstancias normales, uno entendería la lógica de esta convocatoria. En la España de Zapatero, por el contrario, hay que sospechar acerca de las verdaderas intenciones del presidente del Gobierno.

Uno de los puntos que, sin duda, estará encima de la mesa, será la vinculación del crecimiento de los salarios con la evolución de la productividad, en lugar de hacerlo con la evolución de la inflación. Para esto, sin embargo, no hace falta convocar a las empresas porque todas ellas estarán de acuerdo con ello, ya que dicha ligazón se corresponde plenamente con la lógica de la evolución de los costes empresariales para poder recuperar competitividad, y más en unos momentos en los que la factura energética de las compañías es de las más elevadas de Europa y, por tanto, del mundo desarrollado. Por ello, no entiendo cuál es la razón de convocar a las empresas porque, en mi modesto entender, con quien tiene que tratar este asunto el Gobierno es con los sindicatos, con el fin de que adapten sus demandas salariales a lo que son, en estos momentos, las necesidades reales de la economía española. Los sindicatos, sin embargo, ni están convocados a la reunión ni, por ahora, ZP ha avanzado la menor intención de llamarles a Moncloa para tratar de este asunto.

Lo mismo cabe decir con otro punto que, muy posiblemente, estará encima de la mesa y no es otro que la descentralización de la negociación colectiva. El Gobierno aún no se ha manifestado con claridad respecto a este asunto, pero la vicepresidenta económica, Elena Salgado, sí que ha avanzado ya el compromiso del Ejecutivo para llevar a cabo una reforma laboral en línea con lo que está pidiendo la Unión Europea a España para no dejarla caer. Por ello entiendo aún menos si cabe por qué no se ha convocado a los sindicatos a Moncloa para tratar de estos temas y, sin embargo, se llama a las grandes empresas y a la CEOE, mientras se deja fuera a Cepyme, la patronal de las pequeñas y medianas. Parece que el Gobierno solo quiere tratar con los grandes, y no con los pequeños, pese a que la pyme supone el 90% del tejido empresarial del país y más del 80% del empleo.

¿Qué es, entonces, lo que busca Zapatero? Evidentemente, una nueva fotografía, pero probablemente también algo más. Conociéndole como ya le conocemos los españoles, no me extrañaría que de lo que se tratara fuera de tratar de imponer a las grandes empresas una reducción de la retribución que perciben sus ejecutivos, como tampoco me extrañaría que tratara de sugerirles también una reducción de sus beneficios para apoyar vete tú a saber qué política social.

Quizá, en estos momentos en que se necesita moderación salarial, los altos directivos deberían empezar por dar ejemplo. Pero eso no exime al Gobierno de hacer lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que agarrar el toro por los cuernos y convocar a los sindicatos para exponerles sus planes y sus objetivos. Y si las centrales no están de acuerdo, como es más que probable que así sea, entonces lo que tiene que hacer el Ejecutivo es legislar. Lo que no puede ser es que este país siga sin acometer las medidas que tiene que tomar para salir de la crisis por temor a la reacción sindical, porque un Gobierno está para gobernar y así se lo reconoce la Constitución. Y más aún cuando la situación actual implica que en España hay casi cinco millones de personas en paro, muchas de las cuales ya no perciben ni tan siquiera la prestación por desempleo y otras muchas van a perderla en los próximos meses.


Libertad Digital - Opinión

Metafísico Zapatero. Por M. Martín Ferrand

El mensaje de Juan Roig es la síntesis de la realidad, aunque resulte incomprensible para un líder en las nubes.

MUY bien pudiera ser que cuando Arthur Schopenhauer definió al ser humano como «animal metafísico» estuviera intuyendo —viéndole venir— a José Luis Rodríguez Zapatero. Las relaciones que con la realidad mantiene el jefe del Gobierno de España son, cuando menos, extrañas. Se apartan de los cauces tradicionales y lo mismo puede no advertir que nos llega una crisis tan demoledora como un tsunami que dar por resueltos problemas que ni tan siquiera han sido formulados. Ahora, en vísperas de la trascendente —para nosotros, crucial— reunión del Consejo Europeo prevista para los próximos días 24 y 25, el líder socialista se muestra especialmente inquieto. De momento, ha convocado para el día siguiente a tan singular reunión de rabadanes continentales a los grandes pastores de las empresas españolas y a quienes, sin serlo, suelen asimilarse como tales.

A quien debiera ser presidente del Gobierno de todos los españoles; pero suele encastillarse en el rencoroso desprecio que siente, y no disimula, frente a la derecha, le gusta codearse con empresarios. Antes de la Navidad ya se reunió con una cuarentena de ellos y salvo que, después de veinte siglos de no observancia, el secreto haya tomado en España carta de naturaleza, aquella reunión no tuvo más finalidad que recibir la pleitesía de los emprendedores que, por cuenta ajena o propia, impulsan la economía del país y crean el empleo que destruyen otras circunstancias y poderes. Los empresarios, mejores o peores son, aunque solo fuere por deformación profesional, referentes de la realidad y, a pesar de ello, Zapatero, una abstracción, reincide en convocarles a su vera. Eso debe tener truco.

Juan Roig, patrón de Mercadona y equivalente en la distribución a lo que es en el textil Amancio Ortega, no acudió a la convocatoria monclovita de noviembre a pesar de que era uno de los invitados. De entonces aquí ha dicho que «la crisis no ha acabado, lo peor está por llegar». Ignoro si Roig, que ha vuelto a ser citado por el presidente, acudirá a la convocatoria del día 26; pero su mensaje debiera estar presente en el orden del día. Es la síntesis de la realidad, aunque resulte incomprensible para un líder en las nubes. Es más, la única razón de tan singular asamblea sería que los convocados inquieran al convocante sobre sus intenciones de futuro. Por mucho que se proclame, ese no es un asunto de la privacidad presidencial. Nos afecta a todos y no en razón de la curiosidad, sino en la de la planificación y el interés. La metafísica no es prudente, ni conveniente, cuando van para cinco millones de parados tangibles y concretos, nada nebulosos.


ABC - Opinión

El patriota. Por Alfonso Ussía

Lo ha dicho Jesús Eguiguren, el presidente del PSE. Cuando habla Jesús Eguiguren a servidor se le taponan las cocochas. Nos ha hablado de patriotismo. Eguiguren es el mismo que ha reconocido lo bien que se lo pasa y la buena sintonía que mantiene con Otegui o «Ternera» cuando comparten unos potes y recuerdan anécdotas de su juventud. Entre las anécdotas más significativas de la juventud de «Josu Ternera» destaca la de ordenar la comisión del atentado con coche-bomba junto al cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. Doce muertos, entre ellos, cinco niñas, hijas de guardias civiles, que se disponían a ir al colegio. Anécdotas, sucedidos, camaradería.

Jesús Eguiguren nos ha querido dar una lección de patriotismo. Lo que no sabemos es a qué Patria se refiere. Ha dicho que todos aquellos que entorpezcan la legalización de «Sortu» son antipatriotas. Me han llamado de todo en esta vida pero me faltaba este insulto. Soy un profundo antipatriota. No sólo no deseo la legalización de «Sortu» sino que aspiro a que el peso de la ley caiga sobre muchos de sus dirigentes. No se pasa de proetarra a bondadoso y pacífico ciudadano en apenas dos meses. Eguiguren ha establecido que son antipatriotas muchos millones de españoles. Para Eguiguren, hay en España muchos más antipatriotas que patriotas como él, defensor de una Patria que aún no está del todo definida. Y siguiendo el extraño giro de su partido –el PSOE en versión vasca–, se ha sumado a una patriótica solicitud. Que las víctimas del terrorismo sean generosas con «Sortu» y su buena predisposición. Curiosa petición patriótica. Las víctimas del terrorismo de la ETA no han podido ser más generosas de lo que han demostrado ser. Justicia y no venganza. Eso es generosidad y civismo. Pero el patriota quiere más. Quizá que el hijo de un inocente asesinado por la ETA se abrace públicamente con Rufino Echevarría, o Tasio Esquicia, o Usabiaga, el cuidador de madres, o el mismo «Ternera». En ese caso, el hijo del asesinado se convertiría inmediatamente en un patriota como Eguiguren.

Jamás he llegado a ubicar correctamente en el mapa la Patria de estos socialistas vascos. Sí la de Nicolás Redondo, o Buesa, e incluso creía haber encontrado la Patria de Pachi López, pero sus últimas declaraciones me indican que puedo estar equivocado. Pero nunca he encontrado en mapa alguno la Patria de Jesús Eguiguren, que por desgracia, no es la misma que la mía y la de una apabullante mayoría de españoles. Si oponerse a la legalización de un partido político estrechamente ligado con la ETA representa una postura antipatriótica, que venga Eguiguren y nos ofrezca su versión del patriotismo. No queremos en nuestras instituciones democráticas a cómplices de asesinos. No queremos en nuestras instituciones democráticas a terroristas. No queremos en nuestras instituciones democráticas a quienes aún no han pedido perdón por ensangrentar España durante cuarenta años. No queremos creernos el súbito cambio de actitud de esa pandilla de indeseables, incapaces de condenar los crímenes de mil inocentes y las ruinas morales y anímicas de sus familias. Tiene que pasar mucho tiempo para que las cloacas del entorno del terrorismo puedan ver la luz. Mucho tiempo sin la ETA, sin Batasuna y sin «Sortu». Algunas generaciones. Los antipatriotas, según Eguiguren, somos muchos millones de españoles que tenemos una Patria, un Estado de Derecho y una Constitución que nos garantiza la libertad. Se llama España. Si Eguiguren es de otra Patria, que se la busque por donde le apetezca, y si la encuentra, que la disfrute. Sin insultar.


La Razón - Opinión

Fukushima. O nuclear o miseria. Por José Antonio Martínez-Abarca

Se le está dando el mismo tratamiento global a lo de la central de Fukushima que a aquella epidemia de "gripe A" por la que íbamos a morir todos. Va a ser complicado que en Europa, no digamos en España, vuelva el estricto realismo.

Yo siempre traté de aprender de los mayores. Es decir, antes de Schopenhauer, que fue adulto toda su vida, que de la adolescencia perenne de Zapatero. Aquel viejo de nacimiento mantenía, me creo que pensando expresamente en lo que iba a pasar dos siglos más tarde con el terremoto jurásico, posterior maremoto cretácico y noticiada fuga radioactiva de Japón (como diría Groucho Marx, en Japón sólo ha faltado que encima llueva), que los humanos, para llevar una existencia razonable, no debíamos tener presentes en el día a día las desgracias que seguro van a ocurrir, como nuestro próximo fallecimiento. Y que no debíamos angustiarnos por desgracias teóricamente posibles pero que probablemente no ocurrirán. Como que a nosotros nos pase igual que ahora a Japón.

No podemos estar pensando que nos vamos a levantar la mañana en que un "agujero negro" engullirá a la Tierra y que por causa de esto habrá algún fallo de seguridad en alguna central nuclear. Desgracias imprevisibles que lo más seguro es que no pasen. La seguridad completa no existe, y debemos aprender a poner orden en nuestros asuntos de la forma más inteligente posible. La energía nuclear es una de las formas de poner en orden los asuntos más inteligentes que se han inventado.


Por eso mismo tal vez no tenga gran porvenir, en el estado de histeria pública y privada en que vive Occidente. Una gran lección de vida, aquella de Schopenhauer, que nadie en la decadente Europa actual ha comprendido (en cambio, las célebres clases magistrales de Zapatero se entienden mucho mejor). Corren ahora los dirigentes europeos, al frente de la opinión pública, a cerrar la única fuente energética que asegura la supervivencia de sus países, no vaya a ser que la constelación de Andrómeda se precipite un día contra Bruselas y la central nuclear más próxima cause un disgusto. Y mientras estamos entretenidos con estos temores, otras cosas nos matan.

Los monstruos, nucleares o no, no es que no existan. Es que existen poco. Y no pueden mediatizarnos la vida. El mediático miedo occidental a la palabra "isótopo", que no nos deja vivir estos días, hace que no tengamos presente el terror seguro que deberíamos sentir hacia la palabra "miseria". Porque, cuando no haya petróleo, o nuclear o miseria. Así estarán las cosas mientras alguien no idee la forma de mover el mundo a pedales. Cambiamos con alivio una muerte improbable por una muerte de asco cierta. Justo lo que nos aconsejaba Schopenhauer.

Con el crudo acaparado por países golfos o países barbudos, con el gas suministrado a España por países barbudos o países golfos, con la fotovoltaica aromando a gasoil de noche, con los molinillos dedicándose a despedazar pájaros como misión principal, la única alternativa al colapso occidental venidero era la energía nuclear, a la que los dirigentes y los medios, siempre tan entusiastas cuando se trata de debilitarnos, ya han cavado la tumba. Ahora habrá, me temo, poco que hacer ya. Se le está dando el mismo tratamiento global a lo de la central de Fukushima que a aquella epidemia de "gripe A" por la que íbamos a morir todos. Va a ser complicado que en Europa, no digamos en España, vuelva el estricto realismo. Lo de Japón hará que triunfen mentes como la de Zapatero y no como la de Schopenhauer. Una apuesta segura. Directos hacia la miseria.


Libertad Digital - Opinión

Un circo prescindible. Por Ignacio Camacho

Los mítines sólo sirven para lanzar soflamas televisadas en una escenografía postiza de militantes acarreados.

QUIZÁ ni el propio interesado se haya dado cuenta, pero al suprimir el mitin de Vista Alegre, forzado por la necesidad de esconder o disimular la impopularidad de Zapatero, José Blanco ha pulsado involuntariamente la tecla clave de un interesante debate que convendría profundizar hasta las últimas consecuencias: el del modelo trasnochado y carísimo de las campañas electorales, causa primera de la bancarrota de los partidos y origen remoto de numerosos casos de financiación ilegal. ¿Para qué sirven los mítines en la sociedad de la comunicación? Sí, ya, para transmitir mensajes… en la televisión, ante una escenografía calenturienta de militantes acarreados en autobuses y utilizados como coartada de proclamas sectarias que resultarían vergonzantes en cualquier contexto menos exaltado. Es decir, que se trata de una parafernalia de atrezzo destinada a envolver postizas consignas de brocha gorda; un mero pretexto para la soflama con que los candidatos apelan al voto emocional. ¿Programas, medidas, propuestas? ¿Qué es eso ante un buen eslogan, una frase de laboratorio, contundente y biselada, capaz de sacudir los instintos de antagonismo que caracterizan a un electorado acostumbrado a votar contra alguien?

Si los partidos estuviesen realmente dispuestos a someterse a un ajuste financiero como el que sufren los ciudadanos —y si tuviesen que pagar sus gastos con el dinero que fueran capaces de recaudar de sus simpatizantes—, las campañas electorales tendrían un carácter mucho más moderado, cercano y constructivo. Los candidatos se verían obligados a hacer discursos serios, a afrontar el contacto directo con la gente en la calle, a exponer sus programas en encuentros sectoriales y a debatir en las mil y una televisiones autonómicas y locales que hay diseminadas por España sin función alguna de servicio público. Los actos de masas quedarían reducidos a dos o tres citas puntuales y se ahorrarían los desplazamientos en aviones privados —u oficiales, que es peor—, los costes de grandes escenarios y de la movilización de asistentes, las huecas arengas de encendida retórica maniquea. En una palabra, disminuiría el tono circense y el insostenible despilfarro de marketing en beneficio de un debate que devolviese la política a su sentido de ejercicio de persuasión y convicción frente a la condición trivial de un puro espectáculo.

Eso no sucederá, claro. Primero porque los ciudadanos seguiremos financiando a los aparatos partidistas según la única ley en la que son capaces de ponerse de unánime acuerdo. Y segundo porque ese prescindible tingladillo de barraca permite a la nomenclatura dirigente banalizar sus mensajes y tomar a los electores por menores de edad. Pero algo positivo apunta cuando un táctico tan perspicaz como Blanco atisba que ciertos montajes ortopédicos pueden resultar contraproducentes ante una opinión pública cansada de frivolidades.


ABC - Opinión

Encrucijada nuclear

La catástrofe causada por un terremoto y un tsunami devastadores ha empujado a Japón a una alerta nuclear de incierto desenlace. Su Gobierno parece desbordado por lo acontecido en la central de Fukushima, hasta tal punto que cualquier escenario es posible. De hecho, Bruselas habló ayer con cierto alarmismo de «apocalipsis» ante una situación confunsa y sin control, agravada por las frecuentes réplicas del gran terremoto del viernes. En una secuencia de acción y reacción, casi un automatismo, se ha disparado el debate sobre la seguridad nuclear. Parece lógico que las alarmas hayan saltado y que la opinión pública se inquiete por el presente y el futuro de la que estaba considerada como una fuente de energía solvente hasta esta suerte de tormenta perfecta que ha estallado en Japón. Cualquier mandatario responsable está obligado a analizar un accidente de estas dimensiones para extraer las consecuencias. Algunos gobiernos occidentales han entrado, sin embargo, en una espiral de confusión y precipitación muy alejada de la templanza que cabe esperar ante crisis que se desarrollan a miles de kilómetros y bajo circunstancias casi irrepetibles en el viejo continente. Da la impresión de que la decisión de Angela Merkel de paralizar las siete plantas atómicas más antiguas del país mientras dure la moratoria de tres meses para verificar la seguridad de las centrales nucleares tiene más que ver con sus preocupaciones electorales que con una actitud preventiva proporcionada. En este punto, hay que ponderar la posición de nuestro Gobierno. Su mensaje ha huido de un exagerado alarmismo y ha defendido con argumentos la seguridad de nuestras instalaciones atómicas. La prudencia del ministro Miguel Sebastián ha sido razonable, sin que esa actitud sea óbice para que no se sigan con atención los sucesos de Japón y se adopten las medidas precisas. Iniciativas como, por ejemplo, las pruebas de esfuerzo de las centrales europeas para evaluar su respuesta frente al tipo de riesgos que han sufrido las de Japón, anunciadas por la UE, y que debe aportar información y tranquilidad. Como era de esperar, los prejuicios de la izquierda trasnochada contra las centrales han aparecido para agitar su eterna campaña y pescar en río revuelto. Las ventajas de la energía atómica son hoy las mismas que hasta hace una semana, aunque sus inconvenientes deban ser revisados tras el accidente de Fukushima. Negar hoy que es barata, limpia y fiable sólo podría hacerse desde posiciones sectarias y demagógicas, pero nunca sustentadas en criterios técnicos y en la experiencia, que es lo que debería prevalecer. Para España, como para el resto del mundo, es fundamental, no sólo porque aporta un 18% al mix energético, sino porque es la mejor opción para aligerar nuestra dependencia y reducir una costosa factura. Existe una tragedia en marcha, sí, pero ha sido necesaria la peor catástrofe natural de la historia de Japón para resquebrajar la seguridad de unas instalaciones antiguas. La prioridad ahora es afrontar la emergencia y socorrer a los afectados. Después habrá tiempo para una discusión con argumentos, responsable y sin demagogia.

La Razón - Editorial

Conmoción nuclear

Los daños de Fukushima exigen prudencia y decisiones meditadas sobre el futuro energético.

La situación en las centrales nucleares de Japón afectadas por el terrible seísmo, de grado 9, del pasado 11 de marzo y el tsunami subsiguiente, evoluciona rápidamente y obliga a cambiar perspectivas y previsiones sobre los daños potenciales a las personas y sobre el futuro de la tecnología nuclear. Si hasta anteayer habían sido dos los reactores más afectados, el 1 y el 3, ayer se produjo una nueva explosión en un tercer reactor, el 2, con posibles efectos sobre la integridad del confinamiento o recinto de contención donde se halla el núcleo del reactor, y otra más en el 4, hasta el momento en parada segura, que se produjo en la piscina del combustible usado aunque, de nuevo con muchas dudas, sin afectar a su núcleo. Estas dos últimas explosiones diseminaron material radiactivo al exterior en una nube que fue detectada en Tokio y en lugares todavía más alejados del continente asiático.

La gravedad de estos sucesos dependerá de que la liberación al ambiente de contaminantes radiactivos haya sido meramente puntual o pasajera, de forma que los niveles de radiación disminuyan rápidamente conforme la nube expulsada se disperse, o bien se trate de una liberación continuada, por el momento no confirmada, en cuyo caso los efectos sobre la salud de los ciudadanos sería grave.


A falta de informaciones más precisas, que se echan de menos por parte de las autoridades japonesas, cabe decir que las plantas nucleares de Fukushima han sufrido un considerable daño debido a la violencia inusitada del terremoto y a la destrucción provocada por el tsunami, junto con la devastación total de todo el entorno, incluyendo suministro eléctrico, accesos y facilidades de transporte, pero se mantienen por el momento con el grueso de su material radiactivo confinado en los recintos de contención, aunque seguramente con una parte de las barras de combustible fundidas o deterioradas.

Los efectos sobre el futuro de la energía nuclear son, por ahora, difíciles de predecir y dependerán del desarrollo de los acontecimientos, pero ya se puede afirmar que se están produciendo en el sentido de frenar el incipiente debate sobre su conveniencia en un marco de dificultades energéticas y medioambientales derivadas de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, y podrían llegar a bloquear su utilización como ocurrió tras el accidente de Chernóbil. Las iniciativas de Alemania, paralizando temporalmente el proceso de alargamiento de sus plantas nucleares, y las que se están produciendo en la Unión Europea, van en este sentido.

En todo caso, no sería prudente tomar decisiones irreversibles o que marcaran el futuro por décadas en una situación de conmoción, con grandes incertidumbres sobre lo que en realidad ha pasado en Japón. Habría que tomar decisiones de forma meditada sobre las modificaciones que se imponen tanto en la seguridad de las instalaciones como en las ubicaciones idóneas, así como sobre la propia supervivencia de esta tecnología energética.


El País - Editorial

Caamaño se lía con Sortu y el 'mediador'

Hasta Jesús Eguiguren parece admitir que Batasuna es ETA, por lo que no hay que ser precisamente un lince para concluir que si Batasuna es ETA y Sortu es Batasuna, todos forman parte de la misma empresa.

El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, compareció ayer junto al vocal del CGPJ José Manuel Gómez Benítez en una insólita rueda de prensa en Moncloa cuya única justificación es la necesidad imperiosa de lanzar un doble mensaje. Sólo así se puede entender que el titular de Justicia se haga acompañar por uno de los mediadores del actual Gobierno con ETA, el citado Gómez Benítez, abogado para más señas de Baltasar Garzón, a fin y efecto de negar que Sortu sea ETA (como afirmó un día antes) porque si fuera ETA sus miembros deberían estar en la cárcel y que a quien se parece en realidad el nuevo brazo político de la banda es a... Batasuna.

Después de muchos años y no pocos consensos, hasta Jesús Eguiguren parece admitir que Batasuna es ETA, por lo que no hay que ser precisamente un lince para concluir que si Batasuna es ETA y Sortu es Batasuna, todos ellos forman parte de una misma empresa. En esas, Caamaño pretende rectificar y lo único que consigue es crear más dudas respecto a la posición del Gobierno sobre la penúltima trampa del grupo terrorista.


Pocas horas después de que aparecieran ante la prensa Caamaño y Gómez Benítez –cuyo nombre aparece en las actas incautadas a ETA como el encargado de trasladar a los terroristas los desvelos gubernativos en torno al bar Faisán y a Jarrai–, Sortu acusaba recibo y prometía el fin de ETA si se legalizaban las nuevas siglas. Ese es en síntesis el contenido de sus alegaciones ante el Tribunal Supremo, que suponen todo un reconocimiento de la esencia y sustancia de Sortu. Según el escrito de los como mínimo proetarras, la legalización supondría la "estrangulación definitiva de cualquier espacio social y político para que quienes practican la violencia puedan continuar con su actividad", actividad que consiste en el asesinato, la extorsión y el chantaje, que no otra cosa es la promesa de cese de los atentados a cambio de legalización e impunidad.

Debe prestarse atención al hecho de que la comparecencia de Caamaño y de tan connotado vocal del CGPJ se produjo tras una reunión de los citados con Zapatero y el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar. Supuestamente se abordó "la agilización de la justicia", pero tras el encuentro sólo se habló de Sortu, ETA y Batasuna. Todo ello en medio de una escalada verbal a favor de los intereses de ese entramado criminal protagonizada por el citado Eguiguren –con artículo en El País incluido–, el lendakari López y el propio Caamaño. Negar o dudar en este contexto de la existencia de negociaciones con ETA, con Sortu o con como quiera que se llamen, es tanto como mentir, cambiar de nombre a las cosas o, como es el caso del PP, estar en un clamoroso fuera de juego.


Libertad Digital - Editorial

Japón pone al mundo en vilo

Los europeos aparentan estar más alarmados que los propios japoneses, con mensajes que contribuyen poco a serenar el ánimo.

EL mundo vive en vilo los acontecimientos en la central japonesa de Fukushima, donde el terremoto y el posterior tsunamihan ocasionado daños que ponen a Japón al borde un situación aún más catastrófica que la vivida en los últimos días. Las informaciones sobre el estado real de los reactores nucleares no son coincidentes. Mientras el comisario europeo de Energía hablaba de «apocalipsis» y de situación «fuera de control» para calificar el actual de estado de cosas, la Agencia Internacional de la Agencia Atómica descartaba que Fukushima vaya a ser un nuevo Chernóbil. Lo único cierto es que el Gobierno japonés ha evacuado a la mayoría de los trabajadores de la central y ha decretado un perímetro de seguridad de treinta kilómetros alrededor de ella. Las emisiones al exterior están confirmadas, así como los daños a la vasija de uno de los reactores. Las líneas aéreas evitan la zona y ya ha empezado el desabastecimiento. Además, está previsto que los vientos lleven hoy hasta Tokyo la contaminación radiactiva, aunque las autoridades aseguran que los niveles no serán perjudiciales.

La falta de información contrastada y la inseguridad sobre la evolución de la crisis de Fukushima deben llevar a la prudencia y a la contención en los juicios. En este sentido, los europeos aparentan estar más alarmados que los propios japoneses, con decisiones y mensajes que contribuyen poco a serenar el ánimo de la opinión pública. Lo que importa es lo que ha sucedido, sin añadiduras alarmistas, y esto es suficiente para asumir que no solo Japón, sino el planeta entero, se enfrenta a una crisis desconocida, que puede resolverse favorablemente si en los próximos días los técnicos consiguen enfriar los reactores y evitar la fusión de sus núcleos, o desembocar en una verdadera catástrofe nuclear que ponga a Japón en el umbral de su desaparición como la tercera economía mundial, además del número ingente de víctimas que puede producirse.

El mundo industrializado no puede sostenerse sin energía nuclear, pase lo que pase en Japón. Pero sin el Japón que conocemos tampoco podrá mantenerse el actual orden económico, incluso internacional. La posibilidad de ese «apocalipsis» nuclear en Japón, que ayer proclamó el Comisario europeo de Energía, supondría abrir una nueva etapa en la historia económica y política del mundo, que quizás, en todo caso, esté abriéndose ya.


ABC - Editorial

martes, 15 de marzo de 2011

El ecologista ecologizado. Por Arturo Pérez-Reverte

Hace tiempo hablé aquí de mi amigo neoyorkino Daniel Sherr, que aparte ser un magnífico intérprete profesional que habla todas las lenguas de Babel, es judío, alérgico, vegetariano y una de las mejores personas que conozco. Su única pega es ser uno de esos ecologistas pelmazos que, según los días, llegan a romperte los huevos. Por la calle dirige miradas furiosas no ya a los fumadores, sino a quienes sospecha puedan serlo; y cuando viaja mete en la maleta cuanta botella se cruza en su camino, para reciclarlas al regreso, pues no se fía del personal de los hoteles. Carga con bolsas con arroz hervido, como los vietcong, y fruta para consumo propio; y se niega a pasar los plátanos por el control de viajeros en los aeropuertos porque, afirma, los detectores los contaminan con sus rayos radioactivos y malignos. Imagínense el cuadro, e imagínenme caminando lo más lejos posible de él, poniendo cara de que a ese tipo estrafalario al que cachean los guardias, o se llevan aparte para interrogarlo en privado, ni lo conozco ni lo he visto en mi puta vida.

Ése es mi amigo Dani, al que quiero muchísimo. Por eso vivo informado de sus peripecias. La última es tan deliciosa que no me resisto a contarla. Más que nada porque, aunque parece delirante, es un augurio siniestro de lo que nos espera en España. De lo que traerá, de forma irremediable, tanta peligrosa combinación de mansedumbre ciudadana y prepotente imbecilidad oficial. El caso, absolutamente real, es ejemplo de hasta qué punto esos Estados Unidos que para nuestra babeante Europa son referencia ideal de lo socialmente correcto, nos llevarán al absoluto disparate. De hasta dónde puede llegar la descarada injerencia estatal en lo más íntimo de nuestras palabras, nuestras casas y nuestras vidas.

Dani tiene un piso en Nueva York, en un edificio de seis plantas donde viven unos cuarenta inquilinos. Fiel a sus principios ecologistas, llevaba años dando la murga para que la comunidad de vecinos aceptase una auditoría energética, a fin de evitar derroche, contaminación y cosas así. El trámite, le dijeron, pasaba por una visita previa del administrador de la finca. Se presentó éste en casa de Dani, y dijo que lo de la auditoría energética estaba divino de la muerte y era una propuesta interesante a más no poder. Que estaba entusiasmado con la idea hasta el punto de aplaudir, plas, plas, plas. Pero antes había un requisito: comprobar que el apartamento del reclamante se ajustaba a las ordenanzas de Nueva York sobre viviendas libres de toda sospecha. Luego señaló con dedo acusador los libros, periódicos y documentos profesionales que mi amigo tenía en su casa por todas partes. Según la disposición cuarenta y siete barra ochenta, indicó, o una de ésas, los libros apilados en el suelo podían obstaculizar el paso de los bomberos en caso de incendio. Sin contar con el peligro de tener tanto papel -material inflamable- en un edificio de apartamentos. Y mientras Dani, boquiabierto, intentaba deglutir aquello, el otro se asomó a la cocina y dijo literalmente: ajá, qué es lo que veo, tres granos de arroz integral sueltos sobre una mesa. Eso puede atraer cucarachas, e incumple la disposición sanitaria treinta y cuatro barra seis. O algo así. Dani, que viajaba a España dos días más tarde, dijo que sí a todo, acojonado, creyendo que poner tierra de por medio bastaría para que se olvidara el asunto. Pero al regreso encontró una carta preguntándole si había «abordado» lo de subsanar las deficiencias señaladas. Respondió que sí -abordar, pensó con lógica, no significa eliminar ni resolver- y consultó mientras tanto con un abogado la manera de que se olvidaran de él, de la auditoría energética y de la madre que lo parió. Pero el asesor legal dijo que verdes las había segado. Que, según las ordenanzas neoyorkinas, podía ser denunciado por violar los códigos de vivienda, de incendios y de salud. El consejo era que tragara.

El siguiente paso de Dani, que a esas alturas ya era presa del pánico y renegaba hasta de las energías alternativas, fue tirar cuantos papeles pudo, y esconder otros. Tuvo a una señora de la limpieza tres días en casa, buscando hasta el último grano de arroz escondido. Al cabo, el administrador regresó con sonrisa de zorro entrando en gallinero. Mucho mejor, dijo. Casi al noventa y nueve por ciento. Aunque lo ideal según las ordenanzas municipales, añadió con recochineo, es que no queden a la vista papeles en absoluto. En todo caso, no debe haber ni un solo papel ni libro en el suelo, ni tampoco sobresalir de las mesas ni estantes. Los bomberos, ya sabe. La normativa y todo eso. Haré otra inspección en tres meses; y por supuesto, espero que sea la última. En cuanto a lo de la auditoría energética que usted reclamaba para el edificio, desde luego, no hay ningún problema. Aquí somos tan ecológicos como el que más. ¿No le parece? Así que cuando quiera me llama, oiga. Y discutimos el asunto.


XL Semanal

El político ciego. Por Edurne Uriarte

El político ciego se hace peligroso porque apenas admite la crítica.

UN poco antes de que José García Abad publicara su agudo retrato de Zapatero, El Maquiavelo de León, un político francés, Édouard Balladur, publicó otro excelente libro sobre el maquiavelismo de los líderes políticos, de los franceses, de los de todos los lugares, Maquiavelo en democracia. El libro de Balladur es un brillante tratado de psicología política del liderazgo que debería figurar como lectura obligatoria para los estudiantes de Políticas. Y antes de eso, como lectura imprescindible para la comprensión de la degradación del liderazgo de Zapatero. Pues todas las claves de esa degradación se hallan en ese libro, a partir de unas sobresalientes dotes de disección psicológica del comportamiento de los líderes afinadas por Balladur en su observación, no de Zapatero, sino de otros líderes que mostraron las mismas patologías antes que él.

Tres patologías en particular que resumen el momento político de una sociedad española atrapada en la ambición descontrolada de un solo hombre por mantener su poder. La megalomanía y el desprecio a los demás, en primer lugar, que son, escribe Balladur, la contrapartida ordinaria de un poder demasiado grande, ejercido por hombres demasiado poco escrupulosos. El político ciego, en segundo lugar, que se hace peligroso porque apenas admite la crítica, la verdad ya no es sino lo que le conviene y el poder le alimenta un sentimiento de superioridad al que todo parece estarle permitido.


Y la intoxicación de los ánimos, en tercer lugar, la creación de lo irreversible, de la centralidad del propio líder, a través de los sobreentendidos, de las noticias falsas, de las manipulaciones de la prensa, de la eliminación de los rivales, sistemáticamente burlados, despreciados y aniquilados. La «estrategia» de la que alardeaba hace unos días José Blanco tras la suspensión de Vistalegre consiste sustancialmente en lo anterior. En la estrategia para la supervivencia política de Zapatero que es, a su vez, la de él mismo, la de Blanco. Con la repetición como candidato si el milagro en forma de buenos resultados electorales en mayo o de potentes signos de recuperación económica se produce. O con el control sobre la sucesión, si tal milagro no tiene lugar.

Lo más penoso es que la manipulación anterior se lleva a cabo sin que el PSOE sea capaz de contrarrestarlo, a pesar del convencimiento de que su problema central para la recuperación política es Zapatero. Una impotencia que es responsabilidad de los propios socialistas por haber puesto en manos de su líder más mediocre en mucho tiempo un hiperliderazgo que le ha llevado a, otra expresión de Balladur, la embriaguez de la omnipotencia.


ABC - Opinión

Una imputación judicial recalienta el caso de los ERE's. Por Antonio Casado

Se anima la pugna de los dos grandes partidos por ver quién mea más alto, o más bajo, según se mire desde una orilla u otra, en materia de corrupción. En la cuenta particular de gurteles valencianos frente a ERE's andaluces, el borrón se lo apuntó ayer el PSOE. El ex consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Antonio Fernández, ya está imputado por el fraude de los famosos Expedientes de Regulación de Empleo aprobados y financiados por la Junta de Andalucía.

El asunto de los ERE's fraudulentos es una más de las numerosas formas de malversación del dinero público que hemos ido conociendo a lo largo de los años. Por mejor decir, es una forma de malversación de un objetivo tan decente como minimizar los daños por pérdida de puestos de trabajo en empresas fallidas. Discutible en una concepción estrictamente liberal del sistema, de acuerdo, pero decente, siempre que las malas prácticas no lo contaminen a favor del amiguete, el familiar, el vecino o el compañero de partido.


Lo de Mercasevilla, detectado por la Intervención General de Hacienda en 2005, no se quedó ahí. Se hincha, como dice el cuento. El citado ex consejero de Empleo (2004-2010) recibió ayer una comunicación de la jueza que lleva el caso, Mercedes Alaya (Juzgado número 6 de Sevilla), anunciándole que será llamado a declarar como imputado en la causa. Con procurador y letrado, Fernández deberá explicar en sede judicial cómo se gestionaron los 650 millones destinados por los poderes públicos a la reestructuración de empresas en crisis.
«Patinaron los dirigentes socialistas andaluces al anunciar que el escándalo no rebasaría el ámbito de competencias del director general.»
Ese era el objetivo decente. Del uso que se pudo hacer de esos dineros de todos los ciudadanos ya nos dio una pista el ex director general de Trabajo de la Junta, Francisco Javier Guerrero, cuando lo calificó con descaro de “fondo de reptiles”. Y del rigor con el que fueron administrados nos hacemos una idea a la vista del propio expediente personal de Antonio Fernández (sí, sí, el ex consejero ahora imputado) como prejubilado de la empresa González Byass en el año 1981. Pero, ojo al dato, la fecha de antigüedad en la empresa obrante en el expediente -ya corregido, al parecer- era la de su nacimiento.

La derivada política es imparable. Y va a más. Patinaron los dirigentes socialistas andaluces al anunciar que el escándalo no rebasaría el ámbito de competencias del director general. La imputación del consejero deja el listón indagatorio de la jueza a los pies del ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, hoy vicepresidente del Gobierno central, y del actual presidente de la Junta, José Antonio Griñán, pues ambos tuvieron bajo su autoridad política e institucional al ex consejero Fernández, un histórico dirigente local del PSOE gaditano.

Griñán y Chaves tienen la obligación de construir un relato convincente que acredite lo que el portavoz socialista en el Parlamento andaluz, Mario Jiménez, atribuyó a “una cuadrilla de cuatro sinvergüenzas que aprovecharon su posición al frente de algunas empresas ajenas a la Administración autonómica” ¿Sin colaboradores necesarios de cierto nivel dentro de la Junta? No parece creíble. Y si lo es, el presidente andaluz no debería desaprovechar la ocasión de cargarse de razón ante una comisión parlamentaria, donde deben ventilarse las responsabilidades políticas mientras el procedimiento judicial sigue su camino.


El Confidencial - Opinión

Tsunamis diversos. Por Hermann Tertsch

Tsumamis en Japón, en Libia y en Occidente. De bombas y ejecuciones, de cobardía y debilidad de criterio.

NO sabemos cuántas víctimas mortales causará finalmente el inconcebible terremoto del viernes en Japón que casi se nos sale de la escala Richter y adquirió dimensiones bíblicas. Ni cuántas causó directamente su primera réplica monstruosa que fue el tsunami que devastó las zonas costeras del noreste. Ni todas las réplicas registradas después, muchas de ellas más fuertes que terremotos que en otros rincones del mundo causaron en su día centenares de miles de muertos. Lo que no se ha producido aún es esa catástrofe nuclear que tanto se anuncia desde el primer momento y que algunos parecen añorar con fruición digna de mejor causa. Nadie puede excluir esta terrible desgracia del peor accidente nuclear imaginable, pero resulta escalofriante comprobar la falta de piedad con que algunos parecen esperarla, como la definitiva ratificación de sus tesis. Desde el sábado, algunos sectores de eso que más que izquierda ecopacifista es tribu ecoguerrillera y banda talibán, están literalmente impacientes en su angustiosa esperanza de que se funda algún reactor nuclear en Japón y se cumplan sus peores augurios de cataclismo. Para cargar de razón sus tesis que proclaman la energía nuclear como el mal absoluto. Con sus titulares y su desinformación llevan días dedicados a la danza que invoca a su dios implacable que, con un terrible castigo a los japoneses, logre de una vez por todas que hasta los más descreídos y herejes, aquí y allí, nos arrodillemos ante Él. Y nos convirtamos todos a su nueva religión antinuclear y antitecnológica, expiemos nuestros pecados, fruto ponzoñoso de la falta de fe y del siempre dañino raciocinio y sentido común. Alguna emisora patria tenía tantas ganas de informar sobre la fusión de un reactor que lo hizo. Sin reparar en el detalle de que no se había producido. Como todas las religiones que se precien, ésta tiene su día de redención. Aunque todo puede pasar, da la impresión de que por esta vez se han equivocado de fecha. Lo que no nos eximirá de sufrir el tsunami ideológico que ya está en marcha. Y ante el que se inclinan, temerosos por las angustias de sus electorados, los gobiernos y las oposiciones en Occidente, con una falta de criterio y personalidad, que despiertan vergüenza. Tsumamis en Japón, en Libia y en Occidente. De agua monstruosas, de bombas y ejecuciones, de cobardía, oportunismo y debilidad de criterio.

Los que si van a morir bajo el tsunami sin siquiera mojarse son muchos miles de libios que aún luchan desesperadamente contra el rodillo militar de Gadafi. Con las manos libres, una superioridad abrumadora en armamento y su aviación bombardeando sin cesar al pueblo en armas, el «sátrapa payaso» avanza hacia el control total del territorio. Ya han caído todas las ciudades costeras y es una cuestión de días el comienzo del cerco a Bengasi. En su retaguardia ya ha impuesto a sangre y fuego su orden. Y cumple su amenaza de liquidar a los que se han significado en los levantamientos contra su poder. Con la comunidad internacional volcada en el drama japonés y los Gobiernos occidentales compitiendo en la escalada de histeria colectiva, está claro que son los libios y no los japoneses los que van a morir en masa. Gadafi será dentro de días otra vez el amo absoluto de Libia y de las vidas de sus súbditos. Mejor no imaginarse sus represalias cuando controle el país. Allí están los muertos que no ha habido en Japón. Aún están vivos, pero su grito desesperado no se oye entre el guirigay de la histeria de los gobernantes occidentales y los aullidos del talibanismo que festeja la catástrofe nuclear no habida.

ABC - Opinión

Un bledo. Por Alfonso Ussía

O un rábano, si lo prefieren. No pienso perder ni un minuto más dedicando mi atención a quién será o no será el sucesor de Zapatero en el PSOE. Que si Rubalcaba, que si Chacón, que si Blanco, que si Bono, que si Solana, que si Leire Pajín… Bueno, tengo que reconocer que de darse la última de las opciones me bailarían las pupilas de júbilo, pero no va a ser.

Pero lo malo no es mi desinterés, una elección anímica individual. Lo malo para el PSOE es que también están desinteresados todos los posibles sucesores anteriormente citados. A nadie le gusta perder, y sea quien sea el que sustituya a Zapatero, con Congreso o sin Congreso, será el protagonista de un desastre electoral. De ahí mi humilde petición. Si la derrota es segura, ¿por qué no designan a Leire Pajín, que al menos nos hace bailar las pupilas de júbilo?

El PSOE siempre ha sido magistral en el dominio del despiste. No se habla en la calle de lo fundamental, sino de lo accesorio. «Gómez pinta sus autobuses de blanco». ¿Y qué? Pero se dedican páginas y toda suerte de comentarios a tan elemental nadería. Entonces se desvía la atención por los ERE de la Junta de Andalucía, que hasta el momento no han alarmado a la Fiscalía, tan caprichosa y amable cuando los que se lo llevan caliente son los socialistas. No obstante, me creo con el suficiente apoyo moral para reprender cariñosamente a muchos socialistas zapaterones.


Una cosa es que se hayan dado cuenta con siete años de retraso de que su Rodríguez es una burla. Y otra muy diferente que lo abandonen como están haciendo desde unos meses atrás. La dignidad obliga a hundirse con lo que queda de la nave. Tengo un amigo que, en su casa, luce un cartel de grandes dimensiones con la leyenda «sigo siendo de Zapatero». Me gusta su coherencia ideológica. Un socialista honrado y un votante con oro en su papeleta. Soporta a diario los comentarios irónicos y displicentes de su mujer y sus hijos, que han abandonado la nave como ratas. Cuando le pregunto a quién prefiere para suceder a su Zapatero del alma, me responde con seca contundencia: «A Zapatero». Pero no todo son desgracias en su ánimo. Ha heredado un piso en el Paseo de La Habana y lo ofrece en alquiler. Tiene dos ofertas. La de una viuda procedente de Málaga y la de un inmigrante marroquí que encontró provecho y fortuna en España. Y el muy bribón se lo ha alquilado a la viuda de Málaga, porque a pesar de su moderno socialismo, no se fía de los moros. Con la nueva ley que está ultimando Leire Pajín, estaría obligado a alquilárselo al honesto magrebí, porque doña Leire desea prohibirnos a los españoles la elección de uso sobre nuestros bienes, y esto no le termina de convencer a mi amigo el consecuente, que también es fumador y se sube por las paredes, porque su mujer, la que ha cambiado de bando, ha amenazado con denunciarlo por fumar en casa. No obstante, seguirá siendo de Zapatero, porque como dice y repite, «también los genios se equivocan eligiendo a la gente».

Y es posible que tenga razón con la sucesión de Zapatero. Un Zapatero sucedido por un Zapatero emergente. Faltan los brotes verdes, pero se pintan. Y nadie considera a Trini en la quiniela. Cuidado con Trini. Es a la única a la que no le importaría perder las elecciones porque no ha ganado ninguna. Y cada derrota le ha servido de trampolín. Jamás será presidenta del Gobierno, pero un batacazo ante Rajoy le puede llevar a la Secretaría General de la ONU. En fin, que me importa un bledo quién va a suceder a Zapatero, pero si no es Zapatero, apuesto por Trini. Bono, Solana, Rubalcaba y Chacón son demasiado listos para aceptar el mando de un chinchorro.


La Razón - Opinión

Alarmismo nuclear. ¡Marchando un Chernóbil!. Por Cristina Losada

Se han puesto a temblar, no ante una posible fuga radiactiva en Japón sino ante una posible fuga de votos en su territorio. Pues una cosa es anunciar que se aprenderá de la experiencia japonesa a fin de mejorar la seguridad de las centrales y otra distinta, suspender los programas nucleares en curso

El sensacionalismo de la prensa, que no es lo mismo que la prensa sensacionalista, sirve estos días un inminente Chernóbil del desayuno a la cena. Sus motivos tendrá. El pánico a un accidente nuclear sobrepasa con mucho el miedo a un terremoto y un tsunami. Además, los efectos de la catástrofe natural ya sólo pueden suscitar compasión, mientras que el temor mantiene en vilo. Así, la devastación que ha sufrido Japón, esto es, aquello que ha sucedido, pasa a un segundo plano desplazado por aquello que podría suceder.

Que podría suceder si la central nuclear de Fukushima fuera la central nuclear de Chernóbil. No es el caso, pero el agit-prop de quiosco no se distingue por prestar atención a la letra pequeña. Ni a la suya siquiera. De modo que cuelan analogías como la que presenta un tabloide español, según el cual, únicamenteun cofre de hormigón diferencia a la planta nuclear de un país como Japón de aquella que explotó, hace 25 años, en un país como la Unión Soviética. Entre una economía avanzada y otra en escombros, sólo una capa de cemento, ¿el Muro?


Previsible esa labor informativa, al igual que la explotación del incidente por los nuevos profetas del cambiante Apocalipsis, quedaba por ver cómo reaccionarían los gobiernos. Y algunos lo han hecho espantándose. Se han puesto a temblar, no ante una posible fuga radiactiva en Japón sino ante una posible fuga de votos en su territorio. Pues una cosa es anunciar que se aprenderá de la experiencia japonesa a fin de mejorar la seguridad de las centrales y otra distinta, suspender los programas nucleares en curso. Esa decisión de Alemania y Suiza –¿puede haber un tsunami en los lagos? – huele de lejos a decisión política oportunista. Más grave aún, equivale a reconocer que habían aprobado esos planes desde el desconocimiento o la infravaloración de los riesgos. ¿Cómo es que han tenido que esperar a las explosiones en Fukushima para abrir los ojos? Se trata de una confesión involuntaria de irresponsabilidad e incompetencia.

Tales suspensiones preventivas pretenden aplacar a una población alarmada y, sin embargo, excitan el alarmismo. Nada ayudan, desde luego, a proveer a la opinión pública de una adecuada visión de los riegos reales de la energía nuclear, como tampoco contribuyen a esa tarea desmitificadora quienes los minimizan. No existe el riesgo cero, pero frente a esta evidencia se levanta la paradoja actual: aceptarlo resulta más difícil cuanto mayor es el progreso material y tecnológico.


Libertad Digital - Opinión

Cataplasmas para la crisis. Por M. Martín Ferrand

De espaldas a la realidad, sufriremos menos sin ver llegar la pared contra la que nos vamos a estrellar.

ASEGURAN los italianos del Centro Nacional de Geofísica, gente sabia, que el terremoto que sacudió Japón ha desplazado en casi diez centímetros el eje de la tierra, la línea imaginaria que une el Polo Norte con el Sur. También podría ser al revés. Un desplazamiento del eje es la causa del terremoto y toma razón, a ojos ecologistas, del calentamiento de la tierra y la deforestación de la Amazonia o, en interpretación fatalista, nos anuncia la proximidad del fin del mundo. Es decir, que el Apocalipsis de san Juan se nos convierte en crónica de actualidad y pronto veremos «subir del mar una bestia con diez cuernos y siete cabezas, con una diadema en cada cuerno y un título blasfemo por corona». Aunque muchos, seguimos siendo pequeños, enanos, para interpretar las fuerzas de la Naturaleza y, más todavía, para dominarlas.

Nuestro tsunami particular, lo que nos arrolla y destroza aquí y ahora, es una creciente y, de momento, imparable crisis que cuenta por millones el número de parados y por miles de millones la deuda y el déficit públicos. Algo también apocalíptico que el ahora decaído José Luis Rodríguez Zapatero no quiso ver venir cuando estaba pletórico —el sabrá por qué— y ahora no sabe cómo atajar y contener en sus funestos efectos sociales y económicos que, a mayor abundamiento, como si en Miyagi quisieran, en este instante, acometer una reforma agraria, coincide con una crisis política que, reactivada por Artur Mas, supuesto hombre de orden, compromete la forma y la estructura, incluso el territorio, del Estado.

La patronal enteléquica y los sindicatos anacrónicos, bendecidos por el fantasma gubernamental, llevan tres meses de diálogo para perfilar una reforma laboral, negociación de convenios incluida, que, antes de que llegue San José, sirva para racionalizar y potenciar nuestros mecanismos productivos e incrementar el nivel de competitividad de la Nación. Han descubierto la cataplasma. Ignorantes de los avances clínicos, farmacológicos y quirúrgicos, quienes dicen representar a los empresarios y a los trabajadores —¿a quiénes representarán los diputados de la docena y media de Parlamentos en uso?—, vuelven a los modos de nuestros abuelos. Cataplasmas para la enfermedad por grave que esta sea. No quieren romper lo establecido e insisten en los convenios nacionales con referencia al IPC y, en general, con supuestos contrarios a las recomendaciones que vienen haciendo, desde dentro, el Banco de España y, desde el exterior, la Unión Europea, la OCDE y el FMI. Así, de espaldas a la realidad, sufriremos menos sin ver llegar la pared contra la que nos vamos a estrellar.


ABC - Opinión

Fukushima como excusa ‘progre’ para reabrir el debate nuclear. Por Federico Quevedo

A la hora de escribir estas líneas, los técnicos de la central nuclear de Fukushima parecían conseguir recuperar refrigerante en la central y alejar el riesgo de una fusión y la posterior catástrofe. No sé, porque no tengo una bola de cristal, lo que estará pasando cuando ustedes lean estas líneas, pero es evidente que se trata del gran tema, del asunto que moviliza los debates sociales y políticos en el mundo occidental desde que el pasado viernes un terrible terremoto de nueve grados en la escala Richter, y el posterior tsunami de una fuerza devastadora, asolaran Japón.

Ayer, en la encuesta de urgencia llevada a cabo por este periódico, más del 80% de sus lectores consideraba que el debate abierto sobre la seguridad en las centrales nucleares atufa a demagogia, y yo me alineo con la mayoría, sin lugar a dudas, aunque supongo que en el foro los del Pensamiento Único se harán notar, como siempre.


Si algo parece haber quedado bastante claro cuatro días después del terremoto, es que las centrales nucleares soportaron sin problemas el movimiento brutal de la tierra. Hoy sabemos que lo que ha provocado la crisis nuclear fue algo con lo que, probablemente, los expertos no contaban: la fuerza devastadora del mar. De hecho, fue el tsunami el que provocó que la central quedara aislada desde el punto de vista energético, impidiendo la acción de sus mecanismos de refrigeración. La estructura de la central había aguantado la embestida de la tierra y del agua, pero lo que no aguantó fue la ausencia de energía. Esta puede ser, sin duda, una lección de cara al futuro, y eso es lo que dicen los expertos que ahora hay que poner sobre la mesa: el riesgo de que un ‘apagón’ pueda provocar algo similar en las centrales que ahora mismo abastecen de energía a la mayoría de los países del mundo. De hecho, de ese asunto se va a hablar en los próximos días en las reuniones de expertos convocadas en el marco de la Unión Europea.
«Hoy, sin duda, estamos pagando los excesos de un Gobierno que ha hecho del ecologismo radical una religión y ha traducido sus dogmas en una apuesta sobredimensionada por las energías renovables, encareciendo hasta lo insoportable el coste de la energía en los hogares.»
Pero la izquierda ya ha aprovechado este debate para volver a plantear las dudas sobre la energía nuclear y la seguridad de las centrales. El argumento más repetido ayer en los foros de Internet era el de que basta con que exista el riesgo de un solo accidente nuclear para decir que no a este tipo de energía. Un argumento muy convincente, pero terriblemente demagógico, porque realmente si la humanidad hubiese hecho caso de quienes lo esgrimen, hoy todavía estaríamos viviendo en las cavernas y no habríamos evolucionado nada.

Lo cierto es que la humanidad ha progresado a fuerza de asumir riesgos, y a fuerza de accidentes inevitables unas veces, evitables otras, provocados o fortuitos. Si reflexionáramos de verdad, con sentido común, sobre el accidente de la central de Fukushima, a lo que debería de conducirnos es a una constatación de la seguridad con la que se construyen estas centrales, y eso que de la que hablamos procede de la década de los setenta, hasta el punto de soportar un terremoto de nueve grados en la escala Richter.

Eso es lo que debería de llamar nuestra atención porque, ¿cuántas veces más se van a producir terremotos de esa magnitud? ¿Cuántas catástrofes más como la vivida por Japón creemos que pueden sucederse en países como el nuestro? ¿Qué probabilidades hay de que el Mediterráneo sufra un terremoto de ese calibre, y su costa sea devorada por un tsunami que provoque un accidente nuclear en la central de Vandellós? Lo digo por simular una situación parecida a la de Japón. Ni siquiera en el caso de Garoña es posible la comparación, a pesar de que la central data de la misma fecha que la de Fukushima… Más bien al contrario, a lo que debería de llevarnos es a la tranquilidad de saber que estas centrales, incuso las más antiguas, tienen unos niveles de seguridad muy elevados incluso en situaciones extremas como la vivida por Japón. ¿Eso significa que no puede ocurrir un accidente? En absoluto. Esa posibilidad siempre va a estar ahí, pero como lo está en todas y cada una de las acciones que el hombre lleva a cabo en beneficio de su propio desarrollo y progreso.

Hacer demagogia sobre el accidente de Fukushima es fácil y recurrente. Cada vez que ocurre una catástrofe de estas características el fundamentalismo ecológico sale a la luz, pero lo cierto es que negar hoy las ventajas de la energía nuclear es una auténtica barbaridad. Un país como el nuestro no tiene otra manera de reducir su dependencia energética no siendo la de incrementar la producción propia por esa vía, porque cualquier otra implica unos costes finalistas que los usuarios no van a poder seguir soportando y menos en tiempos de crisis como los actuales. Hoy, sin duda, estamos pagando los excesos de un Gobierno que ha hecho del ecologismo radical una religión y ha traducido sus dogmas en una apuesta sobredimensionada por las energías renovables, encareciendo hasta lo insoportable el coste de la energía en los hogares. Nadie dice que no deba haber una contribución importante de la producción energética procedente de las centrales eólicas, fotovoltaicas, etc, pero sin duda la energía nuclear -más limpia, más barata, más duradera- debe tener un papel importante en nuestro mix energético futuro, incluso más importante que el de las renovables.


El Confidencial - Opinión