martes, 10 de agosto de 2010

Hospitalidad gusanera. Por Hermann Tertsch

Es un escándalo mayúsculo el trato dispensado a unos hombres que han estado en prisiones de espanto por defender los derechos de su pueblo y su dignidad.

EN esta época del año, ya saben, es difícil localizar a la gente. Nuestros políticos, incluso los que han jurado que este año se embarcan en el verano estajanovista del esfuerzo permanente por la ciudadanía, son difíciles de ubicar. Sólo sabemos a ciencia cierta dónde están Trini y Tomi. Pero tranquilos todos, que no les daré la murga con Jiménez y Gómez. Hablemos del ministro Moratinos. Debe de andar por alguna de esas maravillosas esquinas francesas, cultas, frescas y umbrosas, por las que tanto le gusta perderse. Tanto debe de estar gozando este ministro de Asuntos Exteriores de Cuba —perdón, de España— que no ha debido de enterarse de que la policía castrista está otra vez en plena campaña de detenciones e intimidación. Son decenas los opositores detenidos y puestos en libertad después de ser amenazados con represalias peores. El régimen deja claro que puede llenar sus cárceles cuando le venga en gana. Tiene relevo para los presos desterrados a España. Y para quienes debieran estar libres ya y siguen en la cárcel porque se niegan a abandonar su patria. Lo que no extraña visto cómo les va en nuestro país.

Las relaciones de los gobiernos de Zapatero con la dictadura son en sí una vergüenza nacional. Ahora con náusea añadida. Porque es un escándalo mayúsculo el trato dispensado a unos hombres que han pasado los últimos siete años en prisiones de espanto por defender los derechos de su pueblo y su dignidad. Aquí los tenemos, acogidos en un hostal en un polígono industrial, en condiciones quizás impropias para jóvenes inmigrantes ilegales del Tercer Mundo, pero inaceptables para unos profesionales en edades avanzadas, víctimas de una dictadura cuya estancia en Madrid en condiciones dignas era garantizada por el Estado español. Además se les ha negado el estatuto de refugiado político e intentado convencer de que son «inmigrantes». Para no herir la susceptibilidad de Fidel y Raúl. Y se anuncia su dispersión por España, no vaya a ser insuficiente para hacerles callar ese destierro añadido lejos del centro de la capital.

Quienes nada de dignidad saben no entienden que quienes han ido a la cárcel en Cuba precisamente por dignidad no va a callar aquí si ésta se les cuestiona. Pero se intenta. Y se lanza a tristes personajes a difamarlos ante la opinión pública española, a acusarlos de «quejarse de vicio». ¿Cómo es posible semejante infamia? Es explicable. Nuestro Gobierno tiene una alianza sentimental y política con el castrismo. Intenta evitarle a éste las consecuencias peores de sus «errores», pero se nutre de sus mensajes. Para el castrismo los compatriotas en el exilio son «gusanos» que «se quejan de vicio». Para la izquierda española, también. Imagínense el recibimiento que habrían otorgado a unos presos sacados directamente de la cárcel en una dictadura de derechas. Coros, danzas y programas especiales en las televisiones propias o amigas. E ingresos mil. Pena que no existan ya dictaduras de derechas y cada vez más de izquierdas. Y que éstas las tengan que buscar en el pasado.


ABC - Opinión

Blanco y el pulpo «á feira». Por M.Martín Ferrand

Anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias, se abre el melón de la crisis.

BUENA parte del pulpo que comemos en España, incluso el que los gallegos consumen en sus fiestas, procede de las costas de Mauritania. El pulpo local, como tantas otras buenas cosas, se extingue. Entre que se reproduce poco, como ajustándose a las costumbres de quienes han de comérselo, y se pesca en demasía no faltará ya mucho para que desaparezca de las barras de los bares buenos y de las pescaderías solventes. En Carballino, Orense, para demostrar que el pulpo, más que marinero, es un producto de interior y de feria, el segundo domingo de agosto se celebra, desde siempre, una fiesta consagrada a tan sabroso octópodo. Ya no es necesario apalearle, y con saña, antes de su cocción porque los congeladores rompen su fibra y le dan ternura con menos esfuerzo del que antes aportaban las paisanas. Lo que se conserva es la costumbre de hervirlos en ollas de cobre y tras una de ellas se fotografió el domingo José Blanco y pudimos verle ayer los lectores de todos los periódicos de España.

Blanco es, entre los de su partido, quien mejor utiliza los argumentos y gestos de naturaleza antropológica para la acción propagandística y, llegado el caso, para el disimulo y el escondite. Aun siendo el número dos del PSOE ha sabido zafarse del desgaste que afecta a Tomás Gómez, alcanza a su jefe y compromete a su compañera de Gobierno, Trinidad Jiménez, con el gesto nimio, pero oportuno, de enseñar un pulpo ya cocido en el momento de salir del fuego y trasladarse a los platos de madera en los que, cortado en rodajas de un centímetro y cubierto de aceite, sal y pimentón consumirán á feira quienes, sabios ellos, llevan la cuenta de los pulpos dominicales que marcan las fiestas del verano en toda Galicia. Lo folclórico no fracasa entre nosotros y Leire Pajín, pardilla con pretensiones cosmopolitas, pagará la cuenta del desafecto de la vieja federación de Madrid.

Póngansele o no cachelos al pulpo que luce Blanco, la suerte está echada. Quiero decir que, anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias socialistas para las autonómicas de Madrid, se abre el melón de la crisis. En ello debe estar ya el presidente del Gobierno, que, antes mártir que confesor, no debe ignorar la liviandad dolosa de muchos de los miembros y miembras que le acompañan. El relevo de Jiménez es un buen pretexto para recolocar las piezas en el tablero monclovita y, si encuentra voluntarios para ello cuando queda poco más de año y medio para cumplir la legislatura, incorporar al Gabinete personalidades de mayor talla y enjundia que la de muchos de los enanitos que hoy se integran en él.


ABC - Opinión

Gómez vs. Jiménez. Zapatero apuesta por Esperanza. Por Humberto Vadillo

Un Tomás Gómez crítico con el zapaterismo podría encontrarse en inmejorable situación para cuando se produzca el "hecho sucesorio": joven, aseado y libre de las servidumbres de Zapatero. El PSOE no puede aspirar a más.

La mayoría de los análisis sobre la pospuesta defenestración de Tomás Gómez parten del error fundamental de asumir que Zapatero quiere ganar las elecciones en Madrid. De hecho, lo que pretende Zapatero es justamente perder las elecciones en Madrid, de ahí que quiera presentar a la Alcaldía a uno de los más grises covachuelistas de Moncloa y a la Comunidad a una persona cuyo único mérito es que ya perdió, con cierto estrépito, unas elecciones en Madrid y ya abandonó, presurosa, la labor de oposición.

Pese a lo bravo del gesto poco es lo que le cabe esperar de las primarias a Tomás Gómez, aparte de encontrarse, pour encourager les autres, vendados los ojos ante un pelotón de ejecución en el que coincidirán la abismal ambición de Blanco y los viles vasallajes de Zapatero. Un peligroso cruce de caminos del que Gómez saldrá, con suerte, rumbo a una Jefatura de Negociado en la Embajada Española ante el Principado de Sealand.


Zapatero ni necesita ganar en Madrid ni puede permitirse que el PSOE gane en Madrid. Una victoria de Tomás Gómez o incluso una digna derrota consolidaría el liderazgo de éste sobre el PSOE madrileño y seguida de una mínimamente eficaz labor de oposición desde la Asamblea en lugar de las habituales espantadas de los cabezas de listas del PSOE reviviría a la tradicionalmente díscola Federación Socialista Madrileña, con un líder legitimado por las urnas, que además habría llegado a este puesto enfrentándose con Zapatero.

Zapatero prefiere, y con mucho, que gane Esperanza Aguirre.

El Zapatero del "aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña" basa su poder político no en los votos madrileños sino en los votos catalanes y lo último que necesita en estas sus horas bajas es la aparición de un PSOE madrileño fuerte que pueda galvanizar las tímidas quejas que contra el líder máximo han comenzado a oírse desde Castilla-La Mancha, Extremadura o Andalucía.

Súmesele a esto que un Tomás Gómez crítico con el zapaterismo podría encontrarse en inmejorable situación para cuando se produzca el "hecho sucesorio": joven, aseado y libre de las servidumbres de Zapatero. El PSOE no puede aspirar a más. Gómez ya ha insultado gravemente la omnisciencia todopoderosa del líder máximo. De aquí a las primarias deberá además enfrentarse a Trinidad Jiménez, guardarse las espaldas de Blanco, temer a la policía de Rubalcaba, desafiar las esperanzas que PRISA tiene permanentemente depositadas en Trini y en Rubalcaba. Muchas bofetadas parecen para Kriptonita Gómez.


Libertad Digital - Opinión

El padrino. Por Eduardo San Martín

Hace bien Tomás Gómez en no fiarse del ojo de Rodríguez Zapatero para escoger candidatos, ni de las encuestas de Ferraz

Hace bien Tomás Gómez en no fiarse del ojo de Rodríguez Zapatero para escoger candidatos, ni de las encuestas de Ferraz. Septiembre de 2006. Unos periodistas desayunábamos en La Moncloa con el presidente. El PSOE seguía sin candidato para la alcaldía de Madrid. Fernández de la Vega había dicho nones y Solana debió haberse partido de la risa. Qué importaba. Zapatero estaba seguro, así se lo decían sus encuestas, de que «ganaremos en Madrid, pongamos el candidato que pongamos», porque, también según esos sondeos, las obras de la M-30 iban a acabar con Ruiz-Gallardón. El elegido para recoger las cenizas del alcalde del PP fue finalmente Miguel Sebastián.

En el resto de la historia debe haber pensado mucho Gómez estos días: la deserción de Sebastián después de una derrota cantada le fue recompensada con una cartera ministerial mientras que él, Gómez, fue llamado para enderezar un partido hecho añicos, entre otras razones, por las intromisiones de la dirección federal. Y ahora le piden que deje paso a una nueva ungida que le aventaja, según esas encuestas que fallan más que la escopeta de El Gañote, unos cuántos puntos en las preferencias de los votantes socialistas. La recompensa a Gómez por haber cumplido más o menos bien con su trabajo es la puerta. Así es Rodríguez Zapatero.

En el PSOE alardean de primarias pero nadie las quiere. Y hacen lo imposible por evitarlas, como se ha visto. Pero, como en El Padrino, un líder autoritario no se puede permitir un no por respuesta: está en juego el meollo mismo de su liderazgo. Con Gómez, Zapatero erró el cálculo y es ahora él, y no Jiménez, otra desertora premiada con un ministerio, quien se faja en la primarias. Y cualquier resultado será malo: si gana, lo habrá hecho con ventaja; y si no, habrá perdido mucho más que un candidato.


ABC - Opinión

¿Lealtad u obediencia?. Por Andrés Aberasturi

Dice Trinidad Jiménez que no es la candidata de ZP en las primarias de Madrid. Dice que si se presenta es porque ella así lo ha decidido después de una larga y profunda reflexión. Dice que siente un gran respeto por Tomás Gómez. Dice de él que ahora es el candidato al que las encuestas dan como vencedor. Dice y dice Trinidad Jiménez porque tiene que quedar bien con todos y eso, naturalmente, es imposible. No sé muy bien si ha sido la lealtad (esa cosa tan casi siempre mal entendida) al líder lo la ciega obediencia la que ha llevado a "Trini" a aceptar semejante marrón.

Quizás me equivoque y de verdad la aún ministra de Sanidad quiera ser presidenta de la Comunidad, pero se me hace duro aceptarlo. No es normal que después de haber fracasado como candidata a la alcaldía, quiera ahora -ella, personalmente- repetir la experiencia frente a Aguirre. No es normal que después de ocupar plaza en la mesa del Consejo de Ministros, donde aun tiene su sitio, y tener su puesto en la banco azul de las Congreso, le entre este arrebato de madrileñismo que resulta casi evangélico: deja todo cuanto tienes, ven y arriésgate o bien a perder frente a Gómez o bien a perder frente a Aguirre. Demasiadas apuestas y demasiado arriesgadas para una ministra bien valorada por la gente pero que se las va a tener que ver, en primer lugar, con sus propios compañeros.


Porque eso pueda que sea lo más duro. Leire Pajín, en su dulce inocencia, aseguraba el otro día que el PSOE siempre había salido fortalecido de las primarias. Que se lo pregunten a Borrell. De las primarias siempre se sale mal, el partido pierde y los candidatos también. Pierde el partido porque hay que hacer campaña y todos sabemos que las cosas que se pueden decir en una pugna electoral. Cuando de quien se dicen es del otro partido, del PP en este caso, ningún problema; lo malo es cuando Gómez y Jiménez se tenga que tirar los trastos a la cabeza por mucho respeto y cariño que se tengan. Todo eso desprestigia al partido y muy especialmente cuando, como en este caso, hay un candidato natural que es Gómez y una impuesta -diga lo que diga- por los mandamases de Ferraz/Moncloa que en este PSOE tanto da.

El partido queda mal, da muestras públicas de sus cuitas y a la luz del ciudadano solo permanece la sensación de que cada uno tira por su lado y lo que todos quieren es poder (que, por otra parte, es la gran verdad). Y si acercamos un poco la lente, veremos que ZP corre también el peligro del fracaso porque su nombre va unido al de su ministra y si fracasa en la primarias Trinidad Jiménez, fracasará con ella ZP al menos en el socialismo madrileño que no es moco de pavo.

Pero el riesgo de fracaso de los candidatos también es evidente y más aun después de todo lo ocurrido estos últimos días. Si gana Gómez ¿que va a ser de Jiménez? No parece fácil su vuelta al Gobierno y hasta resultará complicado buscarla un acomodo fuera del banco azul. Uno o una es minisitro/a y después sólo queda la empresa privada o puestos honoríficos. Pero el panorama de doña Trinidad es aun más complicado porque si gana las primarias a Gómez pero pierde frente a Aguirre, ya habrá acumulado dos fracasos en elecciones que dejan muy difícil su continuidad en política. La decisión que le han tomado a Trinidad Jiménez no tiene mas provenir que ganar, si o si, las dos pruebas.

Para Gómez, un poco de lo mismo. Su obligación ahora es mantener su independencia frente al aparato de Ferraz y ganar el pulso de la primarias porque de otra forma, su carrera habrá terminado antes de empezar. Pero para ganar hay que enfrentarse al gran paquidermo que es el Partido y su diabólica trama de intereses. Tiene razones sobradas para sentirse dolido sino traicionado y sólo le queda encomendarse a los socialistas madrileños que siempre fueron muy suyos y que un desplante como el de ZP puede despertarles de ese letargo dialéctico al que nos tenían acostumbrados en tiempos sin duda más felices por más libres. En ellos está el futuro y los decidirán. Pero que quede claro que una cosa es la lealtad y otra bien distinta la obediencia ciega. Y creo, sinceramente, que Trinidad se ha equivocado.


Periodista Digital - Opinión

ETA. Savater y la confianza en Rubalcaba. Por Guillermo Dupuy

Yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza".

El filósofo Fernando Savater pidió la semana pasada un "margen de confianza" para el ministro del Interior y para su "eficaz" política de acercamientos de presos etarras que, supuestamente, se desmarcan de la banda terrorista a cárceles próximas al País Vasco. No obstante, también ha demandado "transparencia y explicaciones" para que los ciudadanos puedan entender el porqué de todos estos movimientos "para evitar malentendidos y manipulaciones".

Vaya por delante que las aproximaciones de etarras a cárceles del País Vasco que se están llevando a cabo ahora no me parecerían, en principio, menos criticables que los acercamientos que llevó a cabo Aznar –por presión del PSOE de Almunia– durante el también mal llamado, aunque mucho menos infame, "proceso de paz".

Aunque lo que haya demostrado su eficacia sea la política de dispersión, si verdaderamente se ha conseguido con ella que algunos etarras rompan de verdad con la banda, pidan de verdad perdón a sus víctimas y presten su colaboración a una política auténticamente antiterrorista, no tengo objeción a que cumplan íntegramente el resto de su condena en el País Vasco. En este sentido, he de decir que estoy mucho más conforme con que la política de aproximación de los presos –no digamos ya nada de las medidas de reinserción que desgraciadamente contempla la ley– se aplique en función de la evolución individual del preso que no en función de lo que hagan o dejen de hacer en forma de tregua los terroristas que aun siguen en libertad. El problema, sin embargo, es que ni los ciudadanos ni las víctimas tenemos constancia de que esa plausible evolución de los presos se haya producido en esos términos y que tenemos todo el derecho a sospechar en que estamos ante una contraproducente política de gestos que ponen nuevamente en duda la certeza del cumplimiento de la pena y nos ponen en la antesala de la oferta de impunidad.


Es por ello por lo que yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza". De hecho, considero que Rubalcaba debía haber cesado hace tiempo como responsable político del chivatazo policial al aparato de extorsión a ETA, o estar procesado penalmente, en el caso de haber sido él quien dio o transmitió la orden de cometer semejante delito de colaboración con banda armada. Esa desconfianza la hago extensiva a todo gobierno que presida José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que prenegoció una tregua con ETA, adquiriendo con la banda terrorista una serie de compromisos políticos y penitenciarios; el mismo que prolongó dicha negociación con la banda aun después del atentado de Barajas; el mismo que, hace unos días, aun tenía la desfachatez de alabar la negociación con ETA al afirmar que "el proceso de paz fue un instrumento que aceleró las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia, debilitando de una manera clara a ETA".

Aunque Savater reconozca "estar un poco 'quemao' con las cosas que han pasado otros años", el caso es que vuelve a pedir un margen de confianza para un Gobierno que ya la traicionó clamorosamente en el pasado. Así, recordemos que este filósofo ya concedió en mayo de 2005 un ya entonces inmerecido voto de confianza a Zapatero al negarse a secundar una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo que empezaba a movilizarse contra las apenas veladas intenciones del gobierno de dialogar con ETA. Savater trató entonces de justificar su postura contraria a esta manifestación asegurando que en "casa de unos amigos comunes", el presidente del Gobierno le había asegurado unos días antes que había recibido una oferta de ETA para dejar las armas "sin letra pequeña y sin contrapartidas políticas, con la única condición de que se dé salida a los terroristas presos".

Puesto que por aquel entonces Zapatero negaba haber mantenido contacto alguno con la banda, el filósofo se vio en la necesidad de puntualizar sus embarazosas declaraciones, también para evitar "manipulaciones y malentendidos". Así quiso "dejar claro que en ningún momento el presidente del Gobierno se refirió a la existencia de una carta u oferta concreta, sino que hizo referencia a los diversos mensajes que por distintos conductos proceden del entorno etarra". Con esta "aclaración", Savater aun dejó en peor lugar a Zapatero y a sí mismo, puesto que, si el presidente no le estaba hablando de ninguna oferta concreta y confidencial de la banda terrorista, los conocidos mensajes que desde hacía más de un año procedían del entorno etarra decían otra cosa. Tanto en zutabes como en documentación incautada a ETA, así como en las propias declaraciones de los proetarras, de lo que se hablaba es de la resolución de un "conflicto político" cuya "solución exige medidas políticas". Vamos, igual que ahora.

Espero que a estas alturas Savater no considere aun que "dar salida a los presos" puede ser considerado una "solución" ética y eficaz, o que, en sí misma, no conlleve una contrapartida política tan esencial como es el derecho a la Justicia. Así lo han considerado, desgraciadamente, por no tener mayor "contrapartida política", nuestras elites políticas y mediáticas desde la transición. Sé que desde entonces Savater ha aprendido muy sabiamente de muchos de sus errores, en lo que a nacionalismo y política antiterrorista se refiere. Lo que lamento es que aun pida confianza para un Gobierno que ha demostrado –más que ninguno– que no se la merece.


Libertad Digital - Opinión

Primarias para todos. Por Ignacio Camacho

Si las primarias son buenas, han de serlo en todas partes. No vale organizarlas en Madrid y prohibirlas en Andalucía.

PRIMARIAS debería haber en todas partes y en todos los partidos, porque representan la forma más democrática de elegir candidatos y la más respetuosa con la participación ciudadana. El carácter simbólico de Madrid otorga especial relevancia a las que van a disputar los socialistas por más que Zapatero haya intentado evitarlas, o precisamente por eso; fracasada su intentona de calzar a Trinidad Jiménez mediante un gesto cesáreo, el presidente no va a tener más remedio que someterse a reválida a través de persona interpuesta. Otra cosa es que para imponer su capricho haya tenido que violentar dos voluntades: la del irreductible Tomás Gómez, decidido a hacerse valer en su autonomía, y la de la propia Trini, claramente forzada a dar un paso que no le hace maldita la gracia. Ser amigo del líder —como Caldera, López Aguilar o Jordi Sevilla— y contar con su confianza parece la forma más rápida de deshacer en el PSOE una brillante carrera política.

Pero si las primarias son buenas, y lo son, han de serlo en todas partes. No vale organizarlas en Madrid y prohibirlas en Andalucía, como ha hecho Griñán en Málaga, Cádiz, Granada y hasta en Lepe, para imponer candidatos y candidatas de su gusto a despecho de que también lo sean de la militancia. El duelo madrileño ha dejado al presidente andaluz a contrapié: el liderazgo no se impone con gestos autoritarios cuando se puede demostrar con procedimientos participativos. Y si el propio Zapatero ha tenido que avenirse al mandato estatutario nadie tiene ya en el partido coartada para saltarse una norma que es intrínsecamente virtuosa por mucho que los jerarcas del aparato le profesen una aversión desconfiada. O acaso con más razón por ello.

En cuanto al tal Tomás Gómez, inesperado y correoso paladín de la rebeldía orgánica, hay que reconocerle unos bemoles infrecuentes en una nomenclatura pública dominada por el sometimiento mediocre y la obediencia debida. Débil opositor frente a Esperanza Aguirre, se ha crecido cuando los suyos le han querido apartar a empujones y mandarlo a Parla, pese a que su horizonte político se ha vuelto oscuro como la tumba en que yacía el amigo de Malcolm Lowry: o lo liquida Trinidad Jiménez o, si sale vivo del envite, le da la puntilla Aguirre. Más le vale contar con alguna salida profesional digna porque en ninguno de los dos casos puede esperar clemencia de una jerarquía a la que ha desafiado; el presidente del Gobierno es un asesino frío que te ejecuta con la mejor de sus sonrisas y una proclama de buen talante en los labios. Pero al menos si mantiene el órdago se va a poder mirar con dignidad en el espejo de su orgullo, lo que quizá no puedan hacer muchos de sus compañeros. Y aunque hasta ahora se haya mostrado francamente endeble como adversario, quién sabe si no acaba pasando a la Historia como el primero que le ganó unas elecciones a Zapatero.


ABC - Opinión

En defensa de Tomás Gómez. Por Gregorio Peces-Barba

Parece que no existe acuerdo sobre el candidato a la presidencia para las elecciones en la Comunidad de Madrid. Se trata de que la presidenta Aguirre pierda al menos la mayoría absoluta, lo que no parece imposible. Perdimos una gran ocasión cuando se produjo el llamado tamayazo, por la traición de dos diputados que habían sido elegidos en las listas socialistas. El secretario general, compañero Rodríguez Zapatero, vino a Ribadesella a ofrecerme la candidatura y acepté. Sin embargo, los compañeros que entonces dirigían Madrid rechazaron la propuesta y el secretario general no se atrevió a mantener su oferta. Perdimos las elecciones con Simancas de candidato y desde entonces la señora Aguirre ha ido aumentando la diferencia a su favor en sucesivas elecciones. Después de aquella ocasión perdida, la presidenta reconoció que conmigo de candidato ella no hubiera ganado.

Ahora parece posible, aunque no seguro, que pueda perder esa mayoría absoluta. Escribí hace ya varios días al presidente del Gobierno y secretario general expresándole mi opinión para que Tomás Gómez fuese el candidato y que no hubiera más desembarcos de otros terceros. Me consta que otros compañeros le comunicaron que eran de la misma opinión. No tuve ni siquiera acuse de recibo y hemos sabido por la prensa que tiene la pretensión de presentar a la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, que ya fue candidata a la alcaldía de Madrid frente a Ruiz- Gallardón, desgraciadamente sin éxito.


Conozco desde hace muchos años a Trini y a su familia, la admiro y creo que es una excelente ministra. De casta le viene al galgo porque su padre ha sido un magnífico magistrado del Tribunal Supremo, honra de su importante profesión. Sin embargo, no soy partidario de aterrizajes que han sido siempre infructuosos en Madrid. Por otra parte Tomás Gómez ha reconstruido la unidad del PSOE y ha realizado una muy buena labor después de haber sido quizás el mejor y más votado alcalde de Parla. Creo que merece ser candidato y quiere serlo, como ha manifestado al compañero Rodríguez Zapatero. No merece la desconsideración de proponer una candidata alternativa, pero el presidente sigue en su empeño y Tomás Gómez no desiste. Creo que tiene razón el secretario general de Madrid, apoyado por la gran mayoría de las agrupaciones y también por muchos alcaldes como Enrique Cascallana, el buen alcalde de Alcorcón, aunque algún otro ha dicho una cosa y su contraria con pocas horas de diferencia. Al final, la solución mejor ante la tozudez del presidente son las elecciones primarias, si Trinidad Jiménez o cualquier otro compañero o compañera presentan su candidatura aparte de la de Tomás Gómez. Estoy seguro de que, como siempre en el partido, será una competición limpia y no se presionará desde el aparato de Ferraz. Por mi parte, sabe Tomás Gómez que cuenta con mi apoyo en lo que pueda valer y estoy seguro de que también cuenta con la mayoría de los militantes de nuestra querida comunidad.

El País - Tribuna

Peces Barba y el compañero Zapatero. Por Carlos Carnicero

El artículo de Gregorio Peces Barba que publicó ayer el diario El País no tiene desperdicio: con la elegancia y educación que caracteriza a la categoría del ex presidente del Congreso de los Diputados, el secretario general del PSOE queda retratado en la imagen que tienen de él ya muchos militantes y dirigentes socialistas de todas las épocas: Zapatero es un líder amortizado.

Empecemos por la "tozudez", que es la conceptualización que hace Peces Barba de la conducta del secretario general del PSOE y presidente de Gobierno, que ni siquiera acusa recibo de una carta enviada por una personalidad como la del catedrático de la Universidad Carlos III, y uno de tantos valores desaprovechados del viejo socialismo que tanto inquieta al presidente de Gobierno.

Sigamos por el apoyo que brinda Peces Barba al secretario general de los socialistas madrileños en las elecciones primarias en la que la candidata Trinidad Jiménez, perdedora por goleada de la alcaldía de Madrid, se ha embarcado empujada sobre la ola del aparato del PSOE y del presidente de Gobierno. Muchos socialistas van a aprovechar estas primarias para reafirmar la voluntad de devolver al partido un tinte de democracia interna que en la era de Zapatero se ha volatilizado.


Sigamos por una pregunta inquietante: ¿por qué no se aplica Zapatero su propia medicina? ¿Por qué no encarga una encuesta de opinión en la que se valore los resultados que obtendría Alfredo Pérez Rubalcaba, Carme Chacón, Fernando Griñán o Patxi López en unas elecciones generales en las que el actual presidente del Gobierno roza lo metafísicamente imposible para poder ganarlas?

¿Que es un partido: un club de fútbol cuyo presidente ficha las estrellas que le pueden asegurar la liga? ¿Estaría a lo mejor Cristiano Ronaldo disponible para ser cabeza de lista al ayuntamiento de Madrid o quizá Iker Casillas de todavía mejor perfil que Trinidad Jiménez?

El presidente de Gobierno no se cansa de acertar y promete llevar al PSOE a una travesía del desierto en la oposición de la que tardará años en recuperarse porque ha sido siempre incapaz de aprender de sus propios errores y se cree ungido de un don especial para tener razón siempre. Y considera que quien pone en cuestión esa autoridad absoluta es sencillamente quien le falta al respeto? No aprenderá nunca, aunque quien le de la lección sea Gregorio Peces Barba.


Periodista Digital - Opinión

Las primarias de Zapatero

El PSOE lo tenía difícil en Madrid, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, pero la batalla por la candidatura entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez lo hace imposible. No importa quién sea el ganador de las primarias, porque saldrá debilitado. Es cierto que las urnas tendrán la última palabra, pero a priori se puede afirmar que la estrategia de la confrontación y división interna es la peor para ganar unas elecciones. Zapatero quería apartar a Gómez y esperaba que se plegara dócilmente ante su deseo, pero se ha encontrado con que el líder de los socialistas madrileños prefiere presentar batalla sin importarle las consecuencias personales. El problema es que ha dejado de ser un conflicto en clave autonómica para transformarse en un indicador sobre el liderazgo de Zapatero como secretario general del PSOE. Ahora son unas primarias que no se puede permitir el lujo de perder. Una victoria de Gómez sería tan incómoda como negativa para el presidente del Gobierno. Este pulso se produce en un momento en que las encuestas le son desfavorables y algunos líderes autonómicos socialistas temen que esta situación les perjudique en las elecciones de 2011. Por tanto, las primarias serán una confrontación entre la candidata de Zapatero, Trinidad Jiménez, y un «barón» díscolo que le echa un pulso, Tomás Gómez. El ganador se enfrentará a Esperanza Aguirre, que goza de una enorme popularidad entre los madrileños y cuyas gestión es muy bien valorada. La dirección nacional del PSOE sólo tiene una encuesta, algo muy frágil para justificar esta batalla cainita, que augura un mejor resultado si se presenta Jiménez en lugar de Gómez. Pero no hay que olvidar que la actual ministra de Sanidad cosechó una contundente derrota frente a Gallardón en las municipales de 2003. Su gestión al frente del Ministerio se ha caracterizado por una gran habilidad propagandística a la hora de proyectar su imagen. Es indudable que ha jugado con acierto a la proximidad con los medios de comunicación y derrochando simpatía al frente de un departamento que tiene muy pocas competencias, ya que hay que tener en cuenta que éstas están transferidas a las comunidades autónomas. Esta habilidad le permitió superar con éxito el fracaso en la gestión de la gripe A, donde se perdieron decenas de millones de euros en vacunas que no se necesitaron. Con la excusa de la alarma creada por la OMS, su prestigio quedó incólume. El mayor mérito que le reconocen todos, incluso sus críticos, es esa capacidad de comunicación que la ha convertido en la ministra más simpática del Gobierno. A esto hay que añadir su conocida fidelidad personal a Zapatero. Eso explica su disposición, en primer tiempo de saludo, a la hora de asumir una candidatura que, en el mejor de los casos, la conducirá a una derrota frente a Aguirre y, en el peor, ante Gómez. Por su parte, el líder de los socialistas madrileños tiene ahora una gran oportunidad para mejorar su imagen, ya que su pulso es con Zapatero y si lo gana saldrá reforzado. Le beneficia incluso si consigue ser el candidato frente a Aguirre, porque habrá conseguido una proyección que no tenía.

La Razón - Editorial

Los derechos humanos y el idioma

No existe el derecho a "vivir en catalán", como tampoco el de "vivir en castellano". La lengua que empleamos en nuestras relaciones con los demás es o debería ser una elección individual.

El establishment político y mediático en algunas regiones de España ha establecido como un tabú intocable la dictadura lingüística que ejercen sus gobiernos autonómicos. Cualquier argumento en contra de la imposición se toma una muestra evidente de nacionalismo español, cuando no de fascismo, expulsando del discurso político aceptable a quienes se limitan a recordar los derechos individuales de quienes viven en Cataluña, Galicia, País Vasco, Valencia o Baleares; esos que los hacen ciudadanos y no meros súbditos.

De ahí que venga bien que un país como Estados Unidos incluya en su informe sobre España algunas de las denuncias contra los derechos lingüísticos de los ciudadanos españoles. Aunque se limite a un par de casos de los muchos que podrían denunciarse en nuestro país, no cabe duda de que sus redactores no tienen un interés político propio en el asunto. Tampoco es el primer año que se incluyen estos casos, lo que provocó que asociaciones nacionalistas protestaran y exigieran que el Departamento de Estado de EEUU denunciara también la imposibilidad de vivir en Cataluña sólo en catalán. Petición que, como es lógico, no ha atendido.


No existe el derecho a "vivir en catalán", como tampoco el de "vivir en castellano". La lengua que empleamos en nuestras relaciones con los demás es o debería ser una elección individual: pretender que se garantice el "derecho" de que a lo largo del día utilicemos sólo una supone imponer una obligación a los demás de emplear un idioma concreto. El mal llamado derecho a vivir en catalán no es más que una forma más agradable de presentar en sociedad el proyecto totalitario de prohibir hablar en castellano.

Ese falso derecho está imponiéndose poco a poco. La manifestación más antigua son las desgraciadamente famosas multas impuestas por quienes en su propiedad deciden atender a sus clientes sólo en castellano: si eso les hace perder clientes catalanoparlantes, es cosa suya; ningún Gobierno tiene derecho a imponerles cómo llevar su negocio. Como si desean hacerlo sólo en chino. Recientemente, el Parlamento catalán ha decidido obligar a las productoras a doblar sus productos al catalán; una normativa que tiene como antecedente directo la orden ministerial de la España franquista que obligaba al doblaje en castellano de todas las películas.

Otra cosa distinta es el ámbito público, que todos pagamos y que debe servir a todos. Los distintos gobiernos no deberían discriminar, como hacen, a miles de ciudadanos a la hora de elegir la lengua en la que educan a sus hijos, ni a quienes osan dirigirse a la Administración autonómica de turno en la lengua común, entre otros muchos atropellos.

Los idiomas no tienen derechos: los tienen las personas. Y sólo podemos llamar derecho a aquello que no atropella la libertad de los demás. No existe, por tanto, el derecho a vivir en una lengua determinada, pero sí a que la Administración pública no discrimine por razón de idioma. En España los derechos de millones de ciudadanos son conculcados sistemáticamente, y denunciarlo supone enfrentarse a una etiqueta de anticatalán o antigallego a quien se atreva a cometer la felonía de defender la libertad. Bien está que se enteren en Estados Unidos, pero lo realmente importante es que muchos ignorantes voluntarios se enteraran aquí en España.


Libertad Digital - Editorial

La candidata del presidente

El episodio de ayer cierra de forma provisional una secuencia que no ha servido sino para debilitar la figura de Zapatero y, de forma paradójica, fortalecer a Esperanza Aguirre.

FORZADA por la negativa de Tomás Gómez a aceptar la voluntad de Rodríguez Zapatero, Trinidad Jiménez compareció ayer para presentar, ya de forma oficial, su candidatura para encabezar la lista socialista a la Comunidad de Madrid y batallar en unas primarias que van a poner en juego mucho más que la capacidad de la todavía ministra de Sanidad para seducir a los militantes del PSM. Ignorando de forma premeditada, y a estas alturas inútil, el reciente y conocido ciclo de desencuentros entre el secretario general del PSOE y el líder de su filial madrileña —un Tomás Gómez cuyo desafío público a Zapatero ha puesto de manifiesto la debilidad interna del presidente del Gobierno, incapaz de imponer su voluntad en sus propias filas—, Trinidad Jiménez intentó vender su candidatura como «fruto de una profunda reflexión» personal, y no de una maniobra encabezada por la dirección socialista para dejar fuera de juego a Gómez en la carrera por la presidencia de la Comunidad de Madrid. El episodio de ayer abre las puertas a una crisis de Gobierno para la que ya ha comenzado la cuenta atrás y cierra de forma provisional una secuencia que no ha servido sino para debilitar la figura de Rodríguez Zapatero y, de forma paradójica, fortalecer a quien era su verdadera rival en esta singular partida de damas, una Esperanza Aguirre contra la que el presidente del Gobierno, muy corto ya de fuerzas, ha tenido que bajar a la arena para desgastarse.

Aunque Trinidad Jiménez se empeñe en repetir que su candidatura es el resultado de una decisión personal, no es otro que el secretario general socialista y presidente del Gobierno quien compite de forma velada en las primarias del PSM. Primero los militantes del PSM y, en caso de victoria, los electores madrileños van a someter a juicio una oferta que, encarnada circunstancialmente por Trinidad Jiménez, representa la voluntad y el criterio de Rodríguez Zapatero. Muy tocado en las encuestas de intención de voto y responsable de una gestión que de forma mayoritaria y según los más recientes informes del CIS se traduce en una alarmante desconfianza social, el jefe del Ejecutivo se pone a prueba justo cuando más le interesaba reservar fuerzas y evitar reveses. No han sido, sin embargo, el ímpetu y el liderazgo de quien dirige el PSOE los resortes que han activado la candidatura de Trinidad Jiménez, en todo caso legítima, sino su evidente incapacidad para controlar su propio partido y, aún peor, mostrar ante la opinión pública la autoridad que exige el momento actual.

ABC - Editorial

lunes, 9 de agosto de 2010

La primera derrota. Por José María Carrascal

Zapatero, en otra de sus ventoleras, se ha enfrentado con sus bases madrileñas. Y las bases han resistido, lo que advierte que incluso los suyos empiezan a dudar de él.

LE quedan muy pocas cosas que destrozar a José Luis Rodríguez Zapatero, entre ellas, su partido. Pero si le dan tiempo, lo destrozará también. Ha destrozado la nación española, ha destrozado nuestra economía, nuestro prestigio exterior y ha empezado a destrozar el PSOE, con una grieta grande en Cataluña y otra potencialmente mayor en Madrid. Es la consecuencia de sus tres principales características: la carencia de preparación, el exceso de arrogancia y la falta de principios. Zapatero llegó a la Moncloa por la carambola que supuso la crisis interna del PSOE tras la salida de González y la crisis del PP tras los atentados del 11-M. Sin haber sido ni siquiera concejal, su único mérito era ser una página totalmente en blanco, pues ni en su expediente académico ni en su experiencia política había nada relevante, limitándose en el Congreso a votar lo que le mandaban. Pero este historial impoluto resultaba refrescante para un PSOE lleno de borrones y un PP prácticamente K.O.

Pronto se vio, sin embargo, que los planes del nuevo presidente eran tan ambiciosos como radicales. Alfonso Guerra había dicho que querían dejar España que no la reconociese ni la madre que la parió. Zapatero quiso dejarla en que ni siquiera pareciese España. Se puso a negociar con ETA, ofreciéndola casi todo lo que pedía, y prometió a los nacionalistas catalanes todo lo que pidiesen. Puso en entredicho la Transición y a cuantos la habían hecho, socialistas incluidos, abrió fosas de la guerra civil y no contento con ello, quiso dar la vuelta al pasado de éste viejo país con una Ley de Memoria Histórica. En el plano social, fue mucho más allá del consenso ciudadano sobre materias como el aborto y la homosexualidad, y en el político, intento meter en un lazareto al principal partido de la oposición. Mesianismo puro, rodeado de un círculo de incondicionales que excluía a los expertos, para fiarse sólo de su intuición. Como todo aquel que no ha trabajado en serio en su vida, despreció la economía, hasta que se le vino encima, y ha tenido que empezar a hacer cosas que ni en sus peores pesadillas hubiera soñado.

No le quedaba ya mucho por deshacer, pero el partido venía apoyándole por esa suicida solidaridad ideológica que caracteriza a los españoles. Ahora, sin embargo, ha sido él quien, en otra de sus ventoleras, se ha enfrentado con sus bases madrileñas. Y las bases, ¡oh milagro!, han resistido, lo que advierte que incluso los suyos empiezan a dudar de él. La batalla de Madrid no va a ser entre el PP y el PSOE, sino dentro del PSOE. El primer asalto lo ha perdido el presidente. Su primera derrota de verdad.

Más le hubiese valido irse de vacaciones a Doñana.


ABC - Opinión

El mirlo. Por Félix Madero

Gómez ha parado la embestida de Zapatero, la está templando, y le queda lo más difícil, que es mandar.

COMO bien sabe Juan Barranco —más ex alcalde de Madrid que diputado—, el mirlo blanco es un pájaro raro raro, tanto que muchos no lo han visto en su vida. En origen, el macho, más vistoso que la hembra, es enteramente negro y luce un hermoso pico amarillo. Barranco suele decir lo que cree, lo que resulta meritorio y valiente. Pero, ¿desde cuándo decir lo que se piensa es un acto de valentía? Pues desde que está Zapatero al frente del PSOE, mire usted por dónde. El poder en este socialismo tan singular es sinónimo de encuesta. Es demoscopia, sociología caprichosa que el líder esboza cuando le viene en gana. Tomás Gómez es bueno, pero Trinidad Jiménez es buenísima. Fue decir esto y ya está la oficialidad colocándose junto al jefe. Pero el jefe no ofrece razones, sólo encuestas que, por cierto, no enseña.

Lo de Gómez es meritorio. Dejemos las siglas, hablemos de democracia. Este David del PSOE ha tenido los redaños de decirle no a Zapatero, de contradecirle y de luchar por lo que cree. Este impulso, que en política debería ser definitivo, es hoy una antigualla. No sé si le han engañado, aunque resulta inquietante que el alcalde más votado de España —lo fue Gómez en Parla—, ahora sea un retal que debe ceder su puesto a quien ya fracasó. De Trinidad recordamos su chupa de cuero negra, pero no dejó ni una sola idea para los madrileños. Fue perder las elecciones y el mirlo levantó el vuelo. Luego vino Miguel Sebastián, al que Gallardón destrozó. Y el mirlo también voló. Pero mirlay mirlo terminaron ministra y ministro, mientras el PSOE cuenta 21 años en la oposición municipal y 15 en la autonómica.


A Tomás Gómez le dicen que, si se retira, la dirección —o sea, Zapatero— le garantiza que estará al frente del PSOE en Madrid. Esto se llama democracia: los militantes pueden decir, los votantes pueden votar, pero a los jefes se les elige desde arriba. Los mirlos —loros más bien— se van tras perder, y es cuando llaman a gente como Tomás Gómez, al que obligaron a dejar la alcaldía para que sacara lustre a un partido cada vez menos presente en Madrid.

Gómez debe saber dónde está el límite, pero hay que agradecerle el cuajo que le echa. La democracia no está exenta de riesgos, y hay algunos que no tienen miedo. Aplique las reglas de la tauromaquia y saldrá bien del lance: ha parado la embestida de Zapatero, la está templando, y le queda lo más difícil, que es mandar. Tiene todo en contra. Sólo unos cuantos hombres buenos le acompañan. Destaquemos a Juan Barranco, que apoyará al díscolo haga lo que haga. Está por ver lo que hará el dedo perezoso de Zapatero cuando dicte la lista al Congreso por Madrid. No sé, pero creo que Barranco ya ha empezado a buscar trabajo. Mejor terminar así que tragar con esta democracia caprichosa, fofa y blandiblú.


ABC - Opinión

Ideología. El poderoso atractivo del marxismo. Por José Carlos Rodríguez

El marxismo es una secta religiosa. Se disfraza de ciencia y materialismo, pero es un milenarismo que si apela a la ciencia es por puro odio hacia ella.

Estos días, en que las noticias también se van de vacaciones y huyen de los periódicos, se puede mirar a lo que acaece con cierta perspectiva, si logramos que el aire acondicionado evite que el verano nos reblandezca el cerebro. Pío Moa nos propone el atractivo del marxismo, su poder de encantamiento, que ha devorado a una porción importante la sociedad en sucesivas generaciones. Él da su respuesta. Yo no puedo hablar desde la experiencia personal, porque como mucho llegué a ser comunista a los 13 años sin pasar por Marx, para descubrir, a los 14, que la filosofía que defiende la libertad no es esa, sino el liberalismo, del que no me he movido. Pero siempre me ha intrigado la razón de que el marxismo tenga ese poder de persuasión. Más, cuanto más he sabido sobre él y más claro se me hacía que era un error. Un inmenso error.

Nada acontece sin razón suficiente. O, al menos, eso creía Leibniz. El marxismo puede ser tan falso como la teoría del flogisto, pero algo debe tener que lo conecte con la experiencia humana, o con sus entresijos más permanentes y atávicos, para que incluso las almas más despiertas y avisadas caigan embobadas ante sus encantos. La principal razón, o una de las primeras, es que apela a la verdadera justicia, en su concepción más burguesa, como diría despectivamente el propio Marx, y que queda eficazmente acuñada en el dictum de Ulpiano: "Dar a cada uno lo suyo". Marx construye un relato en el que el empresario roba al trabajador.


Ese relato puede ser falso, pero la restitución de lo robado es una exigencia de la justicia en la que creen incluso los ladrones. Y la gran mayoría se identifica con la categoría de los explotados. Además, otorga una explicación para todo. Por un lado, tan sencilla que cualquier iletrado puede quedarse con su mensaje esencial después de escuchar dos o tres frases, y por otro tan compleja y omnicomprensiva que puede satisfacer las inquietudes de cualquier intelectual.

El hecho de que el marxismo sea incoherente y rebatible casi a cada paso, que no se compadezca con la realidad y que su intento de mejorarla haya resultado en océanos de miseria impuestos por las mayores organizaciones criminales jamás creadas por el hombre puede considerarse una gran dificultad para que la doctrina de Marx resulte atractiva, pero, y esto es precisamente lo que produce perplejidad, no ha impedido a millones de personas aferrarse a ella. Si ni la razón ni los hechos le acompañan, ¿qué explica, entonces, ese atractivo?

El marxismo es una secta religiosa. Se disfraza de ciencia y materialismo, pero es un milenarismo que si apela a la ciencia es por puro odio hacia ella. Se saca a sí mismo del debate científico por el sucio truco de decir que la lógica contraria no vale por estar inspirada por la clase social burguesa. Sociología del conocimiento se le llamó luego a ese expediente, que ha tenido un éxito, la verdad, sorprendente. Esta filosofía, protegida así frente a cualquier crítica, se vale del descontento generalizado sobre la sociedad, característico de los dos últimos siglos, pero libera a sus creyentes del sentimiento de culpa propio del cristianismo, como señala el propio Moa. Les pone al paraíso futuro al alcance de su mano y les otorga una misión, transformar el mundo, demasiado importante como para detenerse ante nada. Y les da la oportunidad de sentirse infinitamente justos. Ante esa visión, los críticos deben de parecer espectros reemergidos desde el infierno.


Libertad Digital - Opinión

El perdedor es Zapatero. Por César Alonso de los Ríos

El problema del PSM es Zapatero, su plan confederal, el puzle en que pretende convertir a España.

El problema que tienen los socialistas madrileños no es Tomás Gómez, ni es Trinidad Jiménez, ni lo es la celebración de unas primarias que es un recurso democrático y eficaz…El problema del PSM es Zapatero, su plan confederal, el puzle en que pretende convertir a España. Y Madrid no pasa por ello.

De hecho todo le iba cuadrando a Zapatero. En Cataluña con Montilla. En el País Vasco con Patxi López. En estas regiones los socialistas han conseguido gobernar gracias a ERC en Cataluña y al PP en el País Vasco, y es posible que mañana tengan que entenderse con CiU y con el PNV. Pero esto no funciona en Madrid. ¿Y por qué? Porque en Madrid no hay nacionalistas sino españolistas, quiero decir ciudadanos que ven su realización y la de Madrid en el mantenimiento de la idea de España, no en una agregación de piezas basada en las tensiones y en el ventajismo sino en eso que ha sido siempre la Nación. Porque Madrid es la capital de la Nación y los madrileños, en su inmensa mayoría se sienten bien políticamente cuando comprueban que su misión y la de su ciudad/región está al servicio de la idea española.


En Madrid el Estatuto ideal es la Constitución. A ser posible con otra ley electoral. A ser posible con la corrección de ese título que ha permitido soñar con un Estado propio a las llamadas nacionalidades, esto es, a la dispersión o a la ruptura encubierta. No se trata de que el enfrentamiento que suponen siempre las primarias vaya a desgarrar al partido o hacerle perder credibilidad. Lo que pone al partido socialista de Madrid en condiciones de inferioridad en relación con el PP es que la mayoría de los madrileños tienen una idea de España muy alejada de la que tiene Zapatero y que así como en Cataluña, País Vasco y Galicia los socialistas salen ventajosos de ese puzle confederal que se ha inventado Zapatero, en Madrid Gómez o Jiménez quedan en desventaja. Es Zapatero el perdedor, no ellos.

ABC - Opinión

PSOE. Gómez, a los leones. Por Emilio Campmany

Si logra proclamarse candidato con la patente oposición de Zapatero, habrá abierto una herida por la que el secretario general perderá a borbotones la mucha autoridad que todavía atesora.

Al fin, una buena noticia. Parecía que no era posible hallar en el PSOE nadie con redaños para oponerse a Zapatero y de repente aparece Gómez. Jamás hubiera apostado por que él sería el primero en hacerlo sabiendo como sabe que se arriesga a perder el lujoso aventino que le tuvieran preparado. Y, sin embargo, parece decidido a resistir la voluntad del capo y forzar unas primarias que, si Ferraz no se emplea a fondo, podría ganar el revoltoso.

Puede que Gómez posea un sentido de la decencia muy superior al resto de los políticos. Aceptó abandonar su cortijo de Parla, donde podría seguir siendo alcalde por muchos años, para batirse con la invencible Esperanza Aguirre y ahora que llega el día del duelo no está dispuesto a retirarse se lo pida quien se lo pida. Su actitud se percibe como muy meritoria cuando se cae en la cuenta de que hoy por hoy no tiene posibilidad alguna de ganar y que su objetivo para estas elecciones se limita a salir de ellas como cabeza de la oposición para desde la Asamblea moldearse a sí mismo como un candidato con posibilidades en 2015.


No obstante, también podría ser que Tomás Gómez fuera el primer socialista en percibir que Zapatero ha dejado de ser un ganador y que ya no podrá cumplir nada de lo que prometa a cambio de plegarse a sus deseos, de forma que no merece la pena obedecer. Pero, sea cual sea la explicación a su tozuda resistencia, el caso es que, si logra proclamarse candidato con la patente oposición de Zapatero, habrá abierto una herida por la que el secretario general perderá a borbotones la mucha autoridad que todavía atesora.

En una organización como el PSOE no es la lealtad, ni la admiración ni la reverencia lo que garantiza la obediencia del aparato al líder. Lo que lo hace es el miedo. El miedo a perder el cargo y sobre todo a perder el chollo que el jefe reserva a sus leales cuando les toca abandonarlo por orden suya porque hay que premiar a otro con la butaca que hasta ese momento uno calentaba. Si el miedo desaparece porque hay uno que demuestra que es posible oponerse a él y conservar el puesto que se le exige que abandone, todos los que ostentan uno seguirán el ejemplo. El proceso es el de un motín. Todos obedecen al odiado capitán hasta que un oficial se enfrenta a él y demuestra que es posible contradecir su voluntad. La marinería entonces caerá inclemente sobre él y en un instante habrá perdido todo el poder.

Por eso Zapatero no puede arrugarse y pedirle a Trinidad Jiménez que dé un paso atrás. Está obligado a aguantar. Habrá primarias y Ferraz recurrirá a todo con tal de ganar. Mientras, la militancia asistirá atenta al espectáculo que se viva en la arena. Si Gómez finalmente vence a los muchos leones que desde el hipogeo irán saliendo con la aviesa intención de devorar al díscolo, la plebe se rebelará y ya nadie obedecerá al emperador. Si por el contrario Zapatero logra la muerte de Gómez bajo las garras de una fiera o por la lanza de un pretoriano, su autoridad se habrá restablecido y todos seguirán obedeciendo sus caprichos. No perdamos pues ripio de lo que suceda en la arena y en el palco, que en los dos sitios habrá con qué entretenerse.


Libertad Digital - Opinión

El final del destierro

El miedo ha sido el gran aliado de los nacionalistas: el miedo a exhibir la bandera, el miedo a llevar a la selección nacional, incluso el miedo a aplicar la ley.

LA selección española de baloncesto ha vuelto a jugar en el País Vasco, después de veintidós años de ausencia. Durante el fin de semana, el equipo nacional de baloncesto ha participado en un triangular con sede en Vitoria. La profunda anormalidad que ha caracterizado la situación social y política del País Vasco ha convertido en noticia la presencia de la selección en una ciudad vasca. No es para menos, porque el veto a los combinados nacionales para jugar en esta comunidad autónoma ha sido una más de las expresiones de claudicación ante el ideario nacionalista. El problema nunca fue este prejuicio nacionalista —uno más de los que adornan la doctrina excluyente del PNV—, sino la sumisa actitud con que los gobiernos centrales y las federaciones deportivas lo aceptaron. El cambio de Gobierno en el País Vasco —que ha propiciado también un cambio de régimen: del nacionalista asfixiante a uno plenamente democrático— ha sido decisivo para normalizar la presencia del deporte español en esta comunidad. La Vuelta a España —escenario, en su día, de crímenes de ETA— también pasará por territorio vasco y, antes o después, el equipo de Vicente del Bosque jugará un partido internacional en Bilbao, San Sebastián o Vitoria. Para muchos ciudadanos es posible que todo esto sea anecdótico, pero las reacciones nacionalistas demuestran que no lo es. El portavoz del PNV en el Parlamento de Vitoria, Joseba Egibar, se lamentaba de que la presencia de la selección española de baloncesto en la capital vasca diera a entender que el País Vasco es España. Carod-Rovira también se quejó amargamente de que en Barcelona se exhibieran banderas españolas tras la victoria en el Mundial de Sudáfrica. Los nacionalismos siempre han entendido correctamente la eficacia simbólica y política que tiene el deporte para las aspiraciones soberanistas, y por eso, piden tener selecciones propias con empeño similar al que aplican para desterrar a los combinados españoles.

En Vitoria, la selección de baloncesto llenó el pabellón que lleva el nombre de una víctima de ETA, Fernando Buesa. Fuera, unos pocos cientos de independentistas gritaban contra la bandera española y pedían selecciones vascas. Éste es un pulso que, como tantos otros, se gana siempre que se acepte con convicción y determinación. El miedo ha sido el gran aliado de los nacionalistas. El miedo a exhibir la bandera, el miedo a llevar a la selección nacional, incluso el miedo a aplicar la ley. Cada vez que algo de esto se hace, no sólo no suceden las catástrofes anunciadas por los agoreros, sino que mejora la calidad política, social y democrática del País Vasco.

ABC - Editorial

Una visita muy positiva

Es difícil, por no decir imposible, encontrar algún aspecto criticable en la visita privada de Michelle Obama y su hija Sasha a España. Ha sido muy cariñosa con nuestro país y deferente con todos aquellos que la han tratado. A pesar de ello, han surgido críticas aisladas en algunos medios de comunicación que resultan incomprensibles. Los comentarios de algún articulista tan sólo pueden responder a un estéril deseo de hacerse notar ejerciendo una excentricidad tan pueril como inconsistente. Los españoles deberíamos sentirnos muy satisfechos porque la esposa del presidente de Estados Unidos haya decidido pasar unos días de vacaciones en España. Al margen del indudable beneficio que ha tenido para la imagen de nuestro turismo y especialmente para Marbella, lo razonable sería mostrar nuestra satisfacción, así como el agradecimiento por la proyección que nos ha dado durante su estancia entre nosotros. No se trata, por supuesto, de caer en un absurdo servilismo o rememorar la extraordinaria película «Bienvenido Mister Marshall», pero tampoco realizar críticas cuyo objetivo tan sólo puede ser esa búsqueda de notoriedad que sólo sirve para complacer el ego de sus promotores. España es una potencia turística y la aportación de este sector a nuestra economía es determinante. Es un país tan amable en su gente como agradable de vivir. Contamos con una oferta de ocio cultural extraordinaria que se complementa con el sol y playa que nos hizo famosos en todo el mundo. Nuestro futuro pasa, precisamente, por profundizar en ese campo y realizar grandes inversiones para seguir siendo uno de los destinos más atractivos del planeta. En este sentido, es fundamental que personalidades de todos los ámbitos nos elijan para pasar sus vacaciones. Es cierto que hay que potenciar otros sectores de la actividad económica e invertir más en educación y en la industria de la ciencia, es decir, la investigación y el desarrollo, pero esto es compatible con no descuidar una de las grandes industrias nacionales como es el turismo. Michelle Obama regresa a su país con una excelente imagen del nuestro. Es muy positivo. No hay que olvidar que es la esposa del jefe del Estado de la primera potencia mundial. Esto nos beneficia en todos los terrenos y, por tanto, hay que felicitarse por su elección. Su estancia tuvo como punto culminante su encuentro con los Reyes y la Princesa de Asturias. Don Juan Carlos es el mejor embajador que tiene España y ha mantenido unas relaciones tan estrechas como cordiales con los inquilinos de la Casa Blanca. Es una persona muy querida en Estados Unidos. Nadie puede ser más eficaz en la proyección internacional de nuestro país, algo que han tenido muy claro todos los presidentes del Gobierno y lo han aprovechado. Una vez que ha concluido su estancia sólo cabe esperar que regrese pronto. Es cierto que han surgido críticas interesadas en Estados Unidos en clave de política interna, pero tenemos que esperar que no tengan ningún efecto para que nos vuelva a visitar. Y con ella, cuantos más famosos mejor, porque será muy positivo para la imagen de España como uno de los destinos turísticos mundiales más atractivos.

La Razón - Editorial

¿Dónde quedó aquello de la democracia interna de los partidos?

La postura de Gallardón supone todo un insulto contra el militante y simpatizante medio de su partido, pese a lo cual el alcalde de Madrid tiene su sillón perfectamente asegurado gracias a la ausencia de primarias internas y de listas abiertas.

Se escandaliza Gregorio Peces Barba de que Zapatero pretenda reemplazar a Tomás Gómez por Trinidad Jiménez como candidato a la Comunidad de Madrid. Pareciera como si el ponente constitucional no conociera el texto de la Carta Magna que él mismo ayudó a redactar, pues el escándalo no está en que Zapatero proponga a su ministra de Sanidad en perjuicio del ex alcalde de Parla, sino en que ninguno de los dos se haya sometido a un procedimiento democrático para reclamar la posición que ambos consideran como propia.

Dice el artículo 6 de la Constitución que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos "deberá ser democrático". Pero salvo excepciones puntuales, ningún partido en España lo es. Sólo hace falta comparar la viveza con la que se eligen a los candidatos en Estados Unidos (o incluso en otros países de nuestro entorno, como Inglaterra o Francia) para comprender la anomalía que representa la democracia española.


Las cúpulas políticas confeccionan "a dedo" unas listas electorales que para más inri son cerradas para los electores. De ellas salen los congresistas nacionales y autonómicos, los senadores, los concejales, el presidente del Gobierno y los presidentes autonómicos, el presidente del Congreso y del Senado, los alcaldes y concejales y, de manera derivada, todos los ministros, consejeros y subalternos, los miembros del Consejo General del Poder Judicial, los del Tribunal Constitucional y los del Tribunal Supremo (por nombrar sólo algunos de los cargos con mayor relevancia). En el fondo, pues, el poder reside, no en el pueblo, sino en los comités centrales de los partidos y, más aún, en sus líderes máximos. No está dividido, sino concentrado en muy pocas manos. No está controlado, sino que se ha convertido en controlador.

En la práctica totalidad de las situaciones, existe un universo de distancia entre la voluntad de los militantes y electores de los partidos y la configuración final de los órganos de poder. El caso del posible desembarco de Trinidad Jiménez y de Jaime Lissavetzky –o el mantenimiento de Tomás Gómez– como cabezas de carteles del Partido Socialista de Madrid es sólo un ejemplo más de cómo las bases son por completo ignoradas.

Otro, tan o más llamativo, podría ser el de Alberto Ruiz Gallardón. Con el paso de los años, el perfil socialista y populista del alcalde de Madrid no ha dejado de acentuarse, hasta el punto de insultar –a través de su correveidile– a compañeros de su partido y alabar a los de la formación presuntamente opuesta. Ayer, sin ir más lejos, se posicionó al lado de Rubalcaba y en contra de Jaime Mayor Oreja; posiblemente las personificaciones más claras de dos maneras de entender la política y la lucha antiterrorista: las intrigas y maniobras permanentes contra la ciudadanía y la democracia, la cesión ante el terrorismo y la negociación como moneda de cambio, frente al servicio del interés público y la lucha sin cuartel, dentro de la legalidad, contra ETA.

No hace falta ser un reputado analista político para darse cuenta de que la postura de Gallardón supone todo un insulto contra el militante y simpatizante medio de su partido, pese a lo cual el alcalde de Madrid tiene su sillón perfectamente asegurado gracias a la ausencia de primarias internas y de listas abiertas. El votante del PP se ve siempre obligado a ponderar entre el rechazo que le genera Gallardón y el apego que siente hacia su partido, balanza que suele inclinarse hacia la fidelidad partidista.

En caso de que tuviéramos una verdadera democracia, habría que ver dónde terminarían personajes tan mediocres, e incluso siniestros en algunos casos, como Zapatero, Rubalcaba, Tomás Gómez, Trinidad Jiménez, Lissavetzky o Gallardón. Aun siendo conscientes de que la mayor garantía para nuestras libertades es limitar el poder tanto como sea posible, es importante también fragmentar y dividir ese poder. No es una garantía de que, como temía Hayek, los peores no sigan llegando al poder, pero al menos sería un freno adicional a la tremenda arbitrariedad política y al desprecio hacia sus bases de muchos.


Libertad Digtal - Editorial