lunes, 9 de agosto de 2010

La primera derrota. Por José María Carrascal

Zapatero, en otra de sus ventoleras, se ha enfrentado con sus bases madrileñas. Y las bases han resistido, lo que advierte que incluso los suyos empiezan a dudar de él.

LE quedan muy pocas cosas que destrozar a José Luis Rodríguez Zapatero, entre ellas, su partido. Pero si le dan tiempo, lo destrozará también. Ha destrozado la nación española, ha destrozado nuestra economía, nuestro prestigio exterior y ha empezado a destrozar el PSOE, con una grieta grande en Cataluña y otra potencialmente mayor en Madrid. Es la consecuencia de sus tres principales características: la carencia de preparación, el exceso de arrogancia y la falta de principios. Zapatero llegó a la Moncloa por la carambola que supuso la crisis interna del PSOE tras la salida de González y la crisis del PP tras los atentados del 11-M. Sin haber sido ni siquiera concejal, su único mérito era ser una página totalmente en blanco, pues ni en su expediente académico ni en su experiencia política había nada relevante, limitándose en el Congreso a votar lo que le mandaban. Pero este historial impoluto resultaba refrescante para un PSOE lleno de borrones y un PP prácticamente K.O.

Pronto se vio, sin embargo, que los planes del nuevo presidente eran tan ambiciosos como radicales. Alfonso Guerra había dicho que querían dejar España que no la reconociese ni la madre que la parió. Zapatero quiso dejarla en que ni siquiera pareciese España. Se puso a negociar con ETA, ofreciéndola casi todo lo que pedía, y prometió a los nacionalistas catalanes todo lo que pidiesen. Puso en entredicho la Transición y a cuantos la habían hecho, socialistas incluidos, abrió fosas de la guerra civil y no contento con ello, quiso dar la vuelta al pasado de éste viejo país con una Ley de Memoria Histórica. En el plano social, fue mucho más allá del consenso ciudadano sobre materias como el aborto y la homosexualidad, y en el político, intento meter en un lazareto al principal partido de la oposición. Mesianismo puro, rodeado de un círculo de incondicionales que excluía a los expertos, para fiarse sólo de su intuición. Como todo aquel que no ha trabajado en serio en su vida, despreció la economía, hasta que se le vino encima, y ha tenido que empezar a hacer cosas que ni en sus peores pesadillas hubiera soñado.

No le quedaba ya mucho por deshacer, pero el partido venía apoyándole por esa suicida solidaridad ideológica que caracteriza a los españoles. Ahora, sin embargo, ha sido él quien, en otra de sus ventoleras, se ha enfrentado con sus bases madrileñas. Y las bases, ¡oh milagro!, han resistido, lo que advierte que incluso los suyos empiezan a dudar de él. La batalla de Madrid no va a ser entre el PP y el PSOE, sino dentro del PSOE. El primer asalto lo ha perdido el presidente. Su primera derrota de verdad.

Más le hubiese valido irse de vacaciones a Doñana.


ABC - Opinión

El mirlo. Por Félix Madero

Gómez ha parado la embestida de Zapatero, la está templando, y le queda lo más difícil, que es mandar.

COMO bien sabe Juan Barranco —más ex alcalde de Madrid que diputado—, el mirlo blanco es un pájaro raro raro, tanto que muchos no lo han visto en su vida. En origen, el macho, más vistoso que la hembra, es enteramente negro y luce un hermoso pico amarillo. Barranco suele decir lo que cree, lo que resulta meritorio y valiente. Pero, ¿desde cuándo decir lo que se piensa es un acto de valentía? Pues desde que está Zapatero al frente del PSOE, mire usted por dónde. El poder en este socialismo tan singular es sinónimo de encuesta. Es demoscopia, sociología caprichosa que el líder esboza cuando le viene en gana. Tomás Gómez es bueno, pero Trinidad Jiménez es buenísima. Fue decir esto y ya está la oficialidad colocándose junto al jefe. Pero el jefe no ofrece razones, sólo encuestas que, por cierto, no enseña.

Lo de Gómez es meritorio. Dejemos las siglas, hablemos de democracia. Este David del PSOE ha tenido los redaños de decirle no a Zapatero, de contradecirle y de luchar por lo que cree. Este impulso, que en política debería ser definitivo, es hoy una antigualla. No sé si le han engañado, aunque resulta inquietante que el alcalde más votado de España —lo fue Gómez en Parla—, ahora sea un retal que debe ceder su puesto a quien ya fracasó. De Trinidad recordamos su chupa de cuero negra, pero no dejó ni una sola idea para los madrileños. Fue perder las elecciones y el mirlo levantó el vuelo. Luego vino Miguel Sebastián, al que Gallardón destrozó. Y el mirlo también voló. Pero mirlay mirlo terminaron ministra y ministro, mientras el PSOE cuenta 21 años en la oposición municipal y 15 en la autonómica.


A Tomás Gómez le dicen que, si se retira, la dirección —o sea, Zapatero— le garantiza que estará al frente del PSOE en Madrid. Esto se llama democracia: los militantes pueden decir, los votantes pueden votar, pero a los jefes se les elige desde arriba. Los mirlos —loros más bien— se van tras perder, y es cuando llaman a gente como Tomás Gómez, al que obligaron a dejar la alcaldía para que sacara lustre a un partido cada vez menos presente en Madrid.

Gómez debe saber dónde está el límite, pero hay que agradecerle el cuajo que le echa. La democracia no está exenta de riesgos, y hay algunos que no tienen miedo. Aplique las reglas de la tauromaquia y saldrá bien del lance: ha parado la embestida de Zapatero, la está templando, y le queda lo más difícil, que es mandar. Tiene todo en contra. Sólo unos cuantos hombres buenos le acompañan. Destaquemos a Juan Barranco, que apoyará al díscolo haga lo que haga. Está por ver lo que hará el dedo perezoso de Zapatero cuando dicte la lista al Congreso por Madrid. No sé, pero creo que Barranco ya ha empezado a buscar trabajo. Mejor terminar así que tragar con esta democracia caprichosa, fofa y blandiblú.


ABC - Opinión

Ideología. El poderoso atractivo del marxismo. Por José Carlos Rodríguez

El marxismo es una secta religiosa. Se disfraza de ciencia y materialismo, pero es un milenarismo que si apela a la ciencia es por puro odio hacia ella.

Estos días, en que las noticias también se van de vacaciones y huyen de los periódicos, se puede mirar a lo que acaece con cierta perspectiva, si logramos que el aire acondicionado evite que el verano nos reblandezca el cerebro. Pío Moa nos propone el atractivo del marxismo, su poder de encantamiento, que ha devorado a una porción importante la sociedad en sucesivas generaciones. Él da su respuesta. Yo no puedo hablar desde la experiencia personal, porque como mucho llegué a ser comunista a los 13 años sin pasar por Marx, para descubrir, a los 14, que la filosofía que defiende la libertad no es esa, sino el liberalismo, del que no me he movido. Pero siempre me ha intrigado la razón de que el marxismo tenga ese poder de persuasión. Más, cuanto más he sabido sobre él y más claro se me hacía que era un error. Un inmenso error.

Nada acontece sin razón suficiente. O, al menos, eso creía Leibniz. El marxismo puede ser tan falso como la teoría del flogisto, pero algo debe tener que lo conecte con la experiencia humana, o con sus entresijos más permanentes y atávicos, para que incluso las almas más despiertas y avisadas caigan embobadas ante sus encantos. La principal razón, o una de las primeras, es que apela a la verdadera justicia, en su concepción más burguesa, como diría despectivamente el propio Marx, y que queda eficazmente acuñada en el dictum de Ulpiano: "Dar a cada uno lo suyo". Marx construye un relato en el que el empresario roba al trabajador.


Ese relato puede ser falso, pero la restitución de lo robado es una exigencia de la justicia en la que creen incluso los ladrones. Y la gran mayoría se identifica con la categoría de los explotados. Además, otorga una explicación para todo. Por un lado, tan sencilla que cualquier iletrado puede quedarse con su mensaje esencial después de escuchar dos o tres frases, y por otro tan compleja y omnicomprensiva que puede satisfacer las inquietudes de cualquier intelectual.

El hecho de que el marxismo sea incoherente y rebatible casi a cada paso, que no se compadezca con la realidad y que su intento de mejorarla haya resultado en océanos de miseria impuestos por las mayores organizaciones criminales jamás creadas por el hombre puede considerarse una gran dificultad para que la doctrina de Marx resulte atractiva, pero, y esto es precisamente lo que produce perplejidad, no ha impedido a millones de personas aferrarse a ella. Si ni la razón ni los hechos le acompañan, ¿qué explica, entonces, ese atractivo?

El marxismo es una secta religiosa. Se disfraza de ciencia y materialismo, pero es un milenarismo que si apela a la ciencia es por puro odio hacia ella. Se saca a sí mismo del debate científico por el sucio truco de decir que la lógica contraria no vale por estar inspirada por la clase social burguesa. Sociología del conocimiento se le llamó luego a ese expediente, que ha tenido un éxito, la verdad, sorprendente. Esta filosofía, protegida así frente a cualquier crítica, se vale del descontento generalizado sobre la sociedad, característico de los dos últimos siglos, pero libera a sus creyentes del sentimiento de culpa propio del cristianismo, como señala el propio Moa. Les pone al paraíso futuro al alcance de su mano y les otorga una misión, transformar el mundo, demasiado importante como para detenerse ante nada. Y les da la oportunidad de sentirse infinitamente justos. Ante esa visión, los críticos deben de parecer espectros reemergidos desde el infierno.


Libertad Digital - Opinión

El perdedor es Zapatero. Por César Alonso de los Ríos

El problema del PSM es Zapatero, su plan confederal, el puzle en que pretende convertir a España.

El problema que tienen los socialistas madrileños no es Tomás Gómez, ni es Trinidad Jiménez, ni lo es la celebración de unas primarias que es un recurso democrático y eficaz…El problema del PSM es Zapatero, su plan confederal, el puzle en que pretende convertir a España. Y Madrid no pasa por ello.

De hecho todo le iba cuadrando a Zapatero. En Cataluña con Montilla. En el País Vasco con Patxi López. En estas regiones los socialistas han conseguido gobernar gracias a ERC en Cataluña y al PP en el País Vasco, y es posible que mañana tengan que entenderse con CiU y con el PNV. Pero esto no funciona en Madrid. ¿Y por qué? Porque en Madrid no hay nacionalistas sino españolistas, quiero decir ciudadanos que ven su realización y la de Madrid en el mantenimiento de la idea de España, no en una agregación de piezas basada en las tensiones y en el ventajismo sino en eso que ha sido siempre la Nación. Porque Madrid es la capital de la Nación y los madrileños, en su inmensa mayoría se sienten bien políticamente cuando comprueban que su misión y la de su ciudad/región está al servicio de la idea española.


En Madrid el Estatuto ideal es la Constitución. A ser posible con otra ley electoral. A ser posible con la corrección de ese título que ha permitido soñar con un Estado propio a las llamadas nacionalidades, esto es, a la dispersión o a la ruptura encubierta. No se trata de que el enfrentamiento que suponen siempre las primarias vaya a desgarrar al partido o hacerle perder credibilidad. Lo que pone al partido socialista de Madrid en condiciones de inferioridad en relación con el PP es que la mayoría de los madrileños tienen una idea de España muy alejada de la que tiene Zapatero y que así como en Cataluña, País Vasco y Galicia los socialistas salen ventajosos de ese puzle confederal que se ha inventado Zapatero, en Madrid Gómez o Jiménez quedan en desventaja. Es Zapatero el perdedor, no ellos.

ABC - Opinión

PSOE. Gómez, a los leones. Por Emilio Campmany

Si logra proclamarse candidato con la patente oposición de Zapatero, habrá abierto una herida por la que el secretario general perderá a borbotones la mucha autoridad que todavía atesora.

Al fin, una buena noticia. Parecía que no era posible hallar en el PSOE nadie con redaños para oponerse a Zapatero y de repente aparece Gómez. Jamás hubiera apostado por que él sería el primero en hacerlo sabiendo como sabe que se arriesga a perder el lujoso aventino que le tuvieran preparado. Y, sin embargo, parece decidido a resistir la voluntad del capo y forzar unas primarias que, si Ferraz no se emplea a fondo, podría ganar el revoltoso.

Puede que Gómez posea un sentido de la decencia muy superior al resto de los políticos. Aceptó abandonar su cortijo de Parla, donde podría seguir siendo alcalde por muchos años, para batirse con la invencible Esperanza Aguirre y ahora que llega el día del duelo no está dispuesto a retirarse se lo pida quien se lo pida. Su actitud se percibe como muy meritoria cuando se cae en la cuenta de que hoy por hoy no tiene posibilidad alguna de ganar y que su objetivo para estas elecciones se limita a salir de ellas como cabeza de la oposición para desde la Asamblea moldearse a sí mismo como un candidato con posibilidades en 2015.


No obstante, también podría ser que Tomás Gómez fuera el primer socialista en percibir que Zapatero ha dejado de ser un ganador y que ya no podrá cumplir nada de lo que prometa a cambio de plegarse a sus deseos, de forma que no merece la pena obedecer. Pero, sea cual sea la explicación a su tozuda resistencia, el caso es que, si logra proclamarse candidato con la patente oposición de Zapatero, habrá abierto una herida por la que el secretario general perderá a borbotones la mucha autoridad que todavía atesora.

En una organización como el PSOE no es la lealtad, ni la admiración ni la reverencia lo que garantiza la obediencia del aparato al líder. Lo que lo hace es el miedo. El miedo a perder el cargo y sobre todo a perder el chollo que el jefe reserva a sus leales cuando les toca abandonarlo por orden suya porque hay que premiar a otro con la butaca que hasta ese momento uno calentaba. Si el miedo desaparece porque hay uno que demuestra que es posible oponerse a él y conservar el puesto que se le exige que abandone, todos los que ostentan uno seguirán el ejemplo. El proceso es el de un motín. Todos obedecen al odiado capitán hasta que un oficial se enfrenta a él y demuestra que es posible contradecir su voluntad. La marinería entonces caerá inclemente sobre él y en un instante habrá perdido todo el poder.

Por eso Zapatero no puede arrugarse y pedirle a Trinidad Jiménez que dé un paso atrás. Está obligado a aguantar. Habrá primarias y Ferraz recurrirá a todo con tal de ganar. Mientras, la militancia asistirá atenta al espectáculo que se viva en la arena. Si Gómez finalmente vence a los muchos leones que desde el hipogeo irán saliendo con la aviesa intención de devorar al díscolo, la plebe se rebelará y ya nadie obedecerá al emperador. Si por el contrario Zapatero logra la muerte de Gómez bajo las garras de una fiera o por la lanza de un pretoriano, su autoridad se habrá restablecido y todos seguirán obedeciendo sus caprichos. No perdamos pues ripio de lo que suceda en la arena y en el palco, que en los dos sitios habrá con qué entretenerse.


Libertad Digital - Opinión

El final del destierro

El miedo ha sido el gran aliado de los nacionalistas: el miedo a exhibir la bandera, el miedo a llevar a la selección nacional, incluso el miedo a aplicar la ley.

LA selección española de baloncesto ha vuelto a jugar en el País Vasco, después de veintidós años de ausencia. Durante el fin de semana, el equipo nacional de baloncesto ha participado en un triangular con sede en Vitoria. La profunda anormalidad que ha caracterizado la situación social y política del País Vasco ha convertido en noticia la presencia de la selección en una ciudad vasca. No es para menos, porque el veto a los combinados nacionales para jugar en esta comunidad autónoma ha sido una más de las expresiones de claudicación ante el ideario nacionalista. El problema nunca fue este prejuicio nacionalista —uno más de los que adornan la doctrina excluyente del PNV—, sino la sumisa actitud con que los gobiernos centrales y las federaciones deportivas lo aceptaron. El cambio de Gobierno en el País Vasco —que ha propiciado también un cambio de régimen: del nacionalista asfixiante a uno plenamente democrático— ha sido decisivo para normalizar la presencia del deporte español en esta comunidad. La Vuelta a España —escenario, en su día, de crímenes de ETA— también pasará por territorio vasco y, antes o después, el equipo de Vicente del Bosque jugará un partido internacional en Bilbao, San Sebastián o Vitoria. Para muchos ciudadanos es posible que todo esto sea anecdótico, pero las reacciones nacionalistas demuestran que no lo es. El portavoz del PNV en el Parlamento de Vitoria, Joseba Egibar, se lamentaba de que la presencia de la selección española de baloncesto en la capital vasca diera a entender que el País Vasco es España. Carod-Rovira también se quejó amargamente de que en Barcelona se exhibieran banderas españolas tras la victoria en el Mundial de Sudáfrica. Los nacionalismos siempre han entendido correctamente la eficacia simbólica y política que tiene el deporte para las aspiraciones soberanistas, y por eso, piden tener selecciones propias con empeño similar al que aplican para desterrar a los combinados españoles.

En Vitoria, la selección de baloncesto llenó el pabellón que lleva el nombre de una víctima de ETA, Fernando Buesa. Fuera, unos pocos cientos de independentistas gritaban contra la bandera española y pedían selecciones vascas. Éste es un pulso que, como tantos otros, se gana siempre que se acepte con convicción y determinación. El miedo ha sido el gran aliado de los nacionalistas. El miedo a exhibir la bandera, el miedo a llevar a la selección nacional, incluso el miedo a aplicar la ley. Cada vez que algo de esto se hace, no sólo no suceden las catástrofes anunciadas por los agoreros, sino que mejora la calidad política, social y democrática del País Vasco.

ABC - Editorial

Una visita muy positiva

Es difícil, por no decir imposible, encontrar algún aspecto criticable en la visita privada de Michelle Obama y su hija Sasha a España. Ha sido muy cariñosa con nuestro país y deferente con todos aquellos que la han tratado. A pesar de ello, han surgido críticas aisladas en algunos medios de comunicación que resultan incomprensibles. Los comentarios de algún articulista tan sólo pueden responder a un estéril deseo de hacerse notar ejerciendo una excentricidad tan pueril como inconsistente. Los españoles deberíamos sentirnos muy satisfechos porque la esposa del presidente de Estados Unidos haya decidido pasar unos días de vacaciones en España. Al margen del indudable beneficio que ha tenido para la imagen de nuestro turismo y especialmente para Marbella, lo razonable sería mostrar nuestra satisfacción, así como el agradecimiento por la proyección que nos ha dado durante su estancia entre nosotros. No se trata, por supuesto, de caer en un absurdo servilismo o rememorar la extraordinaria película «Bienvenido Mister Marshall», pero tampoco realizar críticas cuyo objetivo tan sólo puede ser esa búsqueda de notoriedad que sólo sirve para complacer el ego de sus promotores. España es una potencia turística y la aportación de este sector a nuestra economía es determinante. Es un país tan amable en su gente como agradable de vivir. Contamos con una oferta de ocio cultural extraordinaria que se complementa con el sol y playa que nos hizo famosos en todo el mundo. Nuestro futuro pasa, precisamente, por profundizar en ese campo y realizar grandes inversiones para seguir siendo uno de los destinos más atractivos del planeta. En este sentido, es fundamental que personalidades de todos los ámbitos nos elijan para pasar sus vacaciones. Es cierto que hay que potenciar otros sectores de la actividad económica e invertir más en educación y en la industria de la ciencia, es decir, la investigación y el desarrollo, pero esto es compatible con no descuidar una de las grandes industrias nacionales como es el turismo. Michelle Obama regresa a su país con una excelente imagen del nuestro. Es muy positivo. No hay que olvidar que es la esposa del jefe del Estado de la primera potencia mundial. Esto nos beneficia en todos los terrenos y, por tanto, hay que felicitarse por su elección. Su estancia tuvo como punto culminante su encuentro con los Reyes y la Princesa de Asturias. Don Juan Carlos es el mejor embajador que tiene España y ha mantenido unas relaciones tan estrechas como cordiales con los inquilinos de la Casa Blanca. Es una persona muy querida en Estados Unidos. Nadie puede ser más eficaz en la proyección internacional de nuestro país, algo que han tenido muy claro todos los presidentes del Gobierno y lo han aprovechado. Una vez que ha concluido su estancia sólo cabe esperar que regrese pronto. Es cierto que han surgido críticas interesadas en Estados Unidos en clave de política interna, pero tenemos que esperar que no tengan ningún efecto para que nos vuelva a visitar. Y con ella, cuantos más famosos mejor, porque será muy positivo para la imagen de España como uno de los destinos turísticos mundiales más atractivos.

La Razón - Editorial

¿Dónde quedó aquello de la democracia interna de los partidos?

La postura de Gallardón supone todo un insulto contra el militante y simpatizante medio de su partido, pese a lo cual el alcalde de Madrid tiene su sillón perfectamente asegurado gracias a la ausencia de primarias internas y de listas abiertas.

Se escandaliza Gregorio Peces Barba de que Zapatero pretenda reemplazar a Tomás Gómez por Trinidad Jiménez como candidato a la Comunidad de Madrid. Pareciera como si el ponente constitucional no conociera el texto de la Carta Magna que él mismo ayudó a redactar, pues el escándalo no está en que Zapatero proponga a su ministra de Sanidad en perjuicio del ex alcalde de Parla, sino en que ninguno de los dos se haya sometido a un procedimiento democrático para reclamar la posición que ambos consideran como propia.

Dice el artículo 6 de la Constitución que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos "deberá ser democrático". Pero salvo excepciones puntuales, ningún partido en España lo es. Sólo hace falta comparar la viveza con la que se eligen a los candidatos en Estados Unidos (o incluso en otros países de nuestro entorno, como Inglaterra o Francia) para comprender la anomalía que representa la democracia española.


Las cúpulas políticas confeccionan "a dedo" unas listas electorales que para más inri son cerradas para los electores. De ellas salen los congresistas nacionales y autonómicos, los senadores, los concejales, el presidente del Gobierno y los presidentes autonómicos, el presidente del Congreso y del Senado, los alcaldes y concejales y, de manera derivada, todos los ministros, consejeros y subalternos, los miembros del Consejo General del Poder Judicial, los del Tribunal Constitucional y los del Tribunal Supremo (por nombrar sólo algunos de los cargos con mayor relevancia). En el fondo, pues, el poder reside, no en el pueblo, sino en los comités centrales de los partidos y, más aún, en sus líderes máximos. No está dividido, sino concentrado en muy pocas manos. No está controlado, sino que se ha convertido en controlador.

En la práctica totalidad de las situaciones, existe un universo de distancia entre la voluntad de los militantes y electores de los partidos y la configuración final de los órganos de poder. El caso del posible desembarco de Trinidad Jiménez y de Jaime Lissavetzky –o el mantenimiento de Tomás Gómez– como cabezas de carteles del Partido Socialista de Madrid es sólo un ejemplo más de cómo las bases son por completo ignoradas.

Otro, tan o más llamativo, podría ser el de Alberto Ruiz Gallardón. Con el paso de los años, el perfil socialista y populista del alcalde de Madrid no ha dejado de acentuarse, hasta el punto de insultar –a través de su correveidile– a compañeros de su partido y alabar a los de la formación presuntamente opuesta. Ayer, sin ir más lejos, se posicionó al lado de Rubalcaba y en contra de Jaime Mayor Oreja; posiblemente las personificaciones más claras de dos maneras de entender la política y la lucha antiterrorista: las intrigas y maniobras permanentes contra la ciudadanía y la democracia, la cesión ante el terrorismo y la negociación como moneda de cambio, frente al servicio del interés público y la lucha sin cuartel, dentro de la legalidad, contra ETA.

No hace falta ser un reputado analista político para darse cuenta de que la postura de Gallardón supone todo un insulto contra el militante y simpatizante medio de su partido, pese a lo cual el alcalde de Madrid tiene su sillón perfectamente asegurado gracias a la ausencia de primarias internas y de listas abiertas. El votante del PP se ve siempre obligado a ponderar entre el rechazo que le genera Gallardón y el apego que siente hacia su partido, balanza que suele inclinarse hacia la fidelidad partidista.

En caso de que tuviéramos una verdadera democracia, habría que ver dónde terminarían personajes tan mediocres, e incluso siniestros en algunos casos, como Zapatero, Rubalcaba, Tomás Gómez, Trinidad Jiménez, Lissavetzky o Gallardón. Aun siendo conscientes de que la mayor garantía para nuestras libertades es limitar el poder tanto como sea posible, es importante también fragmentar y dividir ese poder. No es una garantía de que, como temía Hayek, los peores no sigan llegando al poder, pero al menos sería un freno adicional a la tremenda arbitrariedad política y al desprecio hacia sus bases de muchos.


Libertad Digtal - Editorial

Crimen al por menor

LA lucha contra la delincuencia organizada es un elemento sustancial para una política eficaz de seguridad pública.

LA lucha contra la delincuencia organizada es un elemento sustancial para una política eficaz de seguridad pública. Como es lógico, los robos en cajeros, los hurtos en lugares públicos o los asaltos a domicilios generan una fuerte alarma social y su importancia no se debe minimizar. Sorprende por ello que el ministro del Interior haya ofrecido recientemente una imagen triunfalista de la actuación contra las bandas organizadas, con una peculiar presentación de los datos que minimiza el hecho de que la mitad de los delincuentes que operan en este ámbito sean extranjeros. Ello explica también que la población reclusa en determinadas instituciones penitenciarias alcance hasta el 60 por ciento de nacionales de otros países. Es preocupante el dato de que el número de nuevas bandas organizadas siga en aumento, siempre según los datos aportados por Pérez Rubalcaba.

Hacen falta nuevos instrumentos penales y policiales para la persecución eficaz de unos delincuentes que actúan con frecuencia agrupados bajo el control de individuos sin escrúpulos. En este sentido, la entrada en vigor dentro de unos meses de la reforma del Código Penal permitirá una tipificación más adecuada de las «organizaciones y grupos criminales» que no encajan en el modelo actual de la «asociación ilícita». Es necesario que los jueces se impliquen a fondo en la lucha contra unos actos punibles que, según el nuevo texto legal, «atentan contra la base misma de la democracia». Sería oportuno, asimismo, introducir en la ley de Enjuiciamiento Criminal un refuerzo para la posición del «confidente», una figura imprescindible para facilitar la acción policial. La opinión pública exige a Interior que actúe con realismo y eficacia frente a un problema cada día más grave.

ABC - Editorial

domingo, 8 de agosto de 2010

Sainete madrileño. Por José María Carrascal

Zapatero ha armado un buen lío en Madrid, del que veremos cómo sale. Porque no puede echar la culpa al PP.

SUELE definirse a Zapatero como el hombre que crea problemas para intentar después resolverlos. Pocas veces habrá estado más en ese papel como en el sainete de la candidatura a la presidencia de la Comunidad madrileña que estamos presenciando. Porque fue él quien creó el jaleo, al preferir a Trinidad Jiménez sobre Tomás Gómez, que lleva años dando el callo al frente de la oposición socialista en la Comunidad. Nada de extraño su gran predicamento entre sus compañeros, que desconfían de Trinidad, por dejarles plantados tras perder las últimas elecciones municipales. Pero el presidente, fiándose de unas encuestas que nadie ha visto, ha decidido que la candidata debe ser su ministra de Sanidad e incluso citó a Gómez en la Moncloa, para «torcerle el brazo», como llaman los anglosajones a obligar a alguien a hacer lo que no quiere. Al correr la voz, tuvo que anular la entrevista, hasta que Gómez «esté maduro», según fuentes gubernamentales. Esto es, hasta que los pesos pesados socialistas le convenzan de la retirada. Bonita manera de practicar la democracia, pero es la que se estila en los partidos políticos españoles: los candidatos los eligen los gerifaltes, no los afiliados. Está por ver si Gómez resiste las presiones a las que va a ser sometido, pero queda ya claro que las bases cuentan muy poco en el PSOE. Como en el PP, dicho sea de paso.

Aunque más claro aún queda el perfil de Zapatero como gobernante voluble, epitélico, desleal con los demás, convencido de sí mismo, que lo fía todo a la intuición y no reconoce equivocaciones, lo que le lleva a dedicar la mayor parte del tiempo a intentar reparar los errores cometidos y a mentir sin parar. Le ocurrió con la negociación con ETA, con el Estatuto catalán y con la crisis económica, que se negó a admitir. Ahora ha armado un buen lío en Madrid, del que veremos cómo sale. Porque no puede echar la culpa al PP. Aunque es capaz.

Lo más chusco de todo es que ni Tomás Gómez ni Trinidad Jiménez tienen muchas posibilidades frente a una Esperanza Aguirre, con críticos dentro de la Comunidad, pero también con amplio apoyo entre los madrileños por su casticismo. Ante tales perspectivas, cabe preguntarse cómo se ha metido este hombre en tal jaleo, metiendo de paso al partido. ¿Es que quiere hacer un favor a Trinidad Jíménez o es que quiere mandarla al degolladero, por causas que desconocemos? ¿Le cae tan mal Tomás Gómez, un hombre gris, trabajador y de palabra, esto es, lo contrario que él, o quiere convertirlo en un mártir, en un héroe, para ver si a la próxima va la vencida? Con los Maquiavelos de León nunca se sabe. Aunque tampoco nos extrañaría que no lo supiese él mismo.


ABC - Opinión

El primo y la prima. Por M. Martín Ferrand

Gallardón es uno de los muchos nombres que, si el PP decidiera pasar a la acción, podría ganar batallas.

ALBERTO Ruiz-Gallardón es uno de los titanes de la derecha española. Le sobran complejos frente a la izquierda y le falta la audacia que sirve de pedestal a los grandes líderes; pero, visto el patio de la política nacional, es un gigante. Ahora, entregado a la prudencia para no desentonar de su jefe de fila, Mariano Rajoy, sestea al frente del municipio más endeudado de España y es uno de los muchos nombres que, si el PP decidiera pasar a la acción, podría ganar batallas. A Gallardón le sobran fuerzas y malas compañías y, para compensar, anda cortito del garbo que requieren los madriles, una difícil asignatura social y urbana que convierte a la capital de España en algo de difícil inteligencia para quienes proceden, bien sea de Pontevedra o de León, de otros lugares del país.

Cuando el poder del Estado, con riesgos para la Nación, lo ocupa un partido en el que es número uno José Luis Rodríguez Zapatero; número dos, José Blanco y número tres, Leire Pajín —¡tres currículos livianos!— , no deja de constituir despilfarro que un personaje como Gallardón sea poco menos que un estorbo en el partido alternativo; pero eso son los efectos, colaterales y malignos, de una democracia con listas cerradas y bloqueadas que no se perfecciona con la práctica real de la democracia interna en los partidos en presencia. Quizá por eso, entumecido de tanto permanecer agachado, Gallardón nos sorprende de vez en cuando con salidas y gestos que toman razón del Pepito Grillo de Walt Disney y del Repelente niño Vicente de Rafael Azcona.


Ahora, cuando su prima y, tiempo atrás, competidora en la lucha por el Ayuntamiento de Madrid, Trinidad Jiménez, tiene, como La Lirio de Rafael de León, las sienes moraítas de martirio, va el alcalde y rompe un largo silencio para pedirle a los suyos que no ataquen ni ofendan a la ministra de Sanidad que, para bien o para mal, Zapatero quiere quitarse de encima en perjuicio de Tomás Gómez y de las apariencias democráticas del socialismo madrileño.

Del mismo modo que nuestra gran política carece de programas, la pequeña política de lo cotidiano carece de elegancia. Todo en ella son gestos para perjudicar a alguien en función de razones que pocas veces alcanzamos los ciudadanos. ¿Por qué, cuando el PSOE vive uno de sus alborotos familiares, Gallardón rompe su bolígrafo —algo más que una lanza— para proteger a la prima que no quiso seguir frente a él en los plenos municipales? Podría ser que se tratara de darle un pellizco monjil a Esperanza Aguirre; pero eso es poco retorcido, muy elemental, para una cabeza tan compleja como la de Gallardón.


ABC - Opinión

Zapatero en el túnel. Por Germán Yanke

Lo que hunde a Zapatero es su propio demérito, no el mérito de quien podría tomar la iniciativa.

Hace bien el presidente en olvidarse este año de Lanzarote, no sólo por la austeridad esgrimida sino también porque, si quiere sobrevivir, es mejor no relajarse. Ha comenzado las vacaciones con una encuesta del CIS que aleja aún más al PSOE del PP y con una aceptación ciudadana que le coloca por debajo de la que tuvo Aznar en el momento crítico de la guerra de Irak. Pasará unos días en Quintos de Mora, una ironía si se tiene en cuenta que, mientras Obama se suma a la lista de los que exigen a Zapatero más y más reformas, la finca toledana fue el lugar en el que su antecesor sedujo a Bush hasta el punto de ofrecerse a mediar con Putin.

Nadie a estas alturas le pide una «hazaña» similar pero tampoco va a bastarle con preparar las cuentas de 2011. De nada le sirven ya los datos coyunturales de un incipiente crecimiento y un leve descenso del paro. El problema del presidente no se arregla con cifras: si la angustia deja de incrementarse quedan la mala imagen que se ha granjeado por cómo ha encarado la crisis y la desconfianza acumulada. Está en sus horas más bajas y hasta los más partidarios se duelen de una falta de discurso que es gravísima. Gravísima pero no letal, que parece que en política no hay nada tan definitivo.


Por eso, y por el tiempo que media hasta las elecciones, tampoco el PP debería tomarse unas vacaciones largas. Lo que hunde a Zapatero es su propio demérito, no el mérito de quien podría tomar la iniciativa y asentar el hoy previsible triunfo electoral en algo distinto de la pésima percepción del adversario. Se trataría de mostrar el rumbo de que debe tener el túnel para que, al final, se haga la luz y de hacerlo antes de que, por imponderables de la política, que se agrandan cuando el optimismo es tan pasivo como el del PP, los ciudadanos no sepan distinguir si lo que se ve en el túnel es la luz de la salida o el tren que va a terminar por arrollarles.

ABC - Opinión

Cinismo necio. Por Alfonso Ussía

«No queremos una derrota policial de la ETA». Lo dijo Arzallus, el mismo que afirmó en la época más sangrienta del terrorismo vasco que «los de ETA no son criminales, sino gudaris». En la última década anterior a su derrota electoral, con el Gobierno del PNV y el apoyito del comunista Madrazo, la «Ertzaintza» se dedicaba a poner multas, pero no a detener terroristas. Órdenes del siniestro Balza, consejero del Interior. Se escribe con mucho cuidado y temor de la actuación del PNV respecto a la ETA. «Tibieza», «excesiva prudencia», y todas esas tonterías que nacen de los complejos. El PNV ha sido durante décadas el aliado con corbata de los terroristas. Sin los asesinos, el PNV se convertiría –y se convertirá–, en una reunión divertida de falsificadores de la Historia, pero nada más. El informe publicado por el Departamento de Estado de EEUU, en el que se valora y se elogia la eficacia de la lucha antiterrorista del nuevo Gobierno vasco, ha molestado sobremanera a los nacionalistas del PNV. Ha dicho Eguíbar que no sabe en qué se basa dicho Departamento para afirmar tal cosa. Pues en él y en sus palabras y hechos de veinte años hacia acá, entre otras evidencias. Eguíbar, mano derecha de Arzallus, sabe perfectamente en qué se basa el Departamento de Estado de EEUU para emitir su informe favorable. El PNV ha sido la vergüenza de nuestra libertad, porque ha hecho pleno uso y abuso de ella y no la ha permitido en el territorio que gobernaba. Y no hay duda de que los terroristas han sido más libres en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava que los ciudadanos decentes y pacíficos.

El PNV es un partido tronado de nacimiento. Lo parió un tonto. Antonio Burgos escribiría que un tonto con balcones a la calle, y Jaime Campmany que un tonto de la higa. El fundador fue un tonto chocholo, un elemental. Sus «pensamientos» producen risas y carcajadas, y sus hazañas bélicas inventadas carecen de interés literario. El desinterés histórico se da por descontado. El PNV tiene una historia plagada de vilezas y traiciones. Cuando la situación en la Guerra Civil se puso fea, el «Lendakari» Aguirre mantuvo a los «gudaris» en el frente mientras él negociaba la rendición. Unos morían y otros acumulaban fortunas mientras huían al sur de Francia o Inglaterra. Los del fusil luchaban por una Patria Vasca que no había existido jamás, y los de la corbata se alojaban en el «Hotel du Palais», o junto al golf de Chantako. Una guerra durísima para ellos. De los miles de millones de dólares y pesetas que desaparecieron en las provincias vascas nada les llegó a los soldados derrotados y rendidos. Y con esos millones vivieron un exilio dorado algunos, y un retorno a España esplendoroso otros. «Euskadi», como se inventó Arana, se convirtió en su finca. Y con la democracia, el complejo de inferioridad de UCD y la estúpida colaboración del PSOE, fueron fundamentales para que el PNV estableciera un sistema diferente al que la Constitución dotaba a las autonomías. Libertad antes que las ideologías, el PP y el PSE se unieron para quitar del poder a los nacionalistas. Y los resultados, unos años más tarde, no pueden ser más brillantes. El Gobierno de Pachi López lo hace para todos los vascos, no sólo para los suyos. Las víctimas del terrorismo han sido reconocidas y tratadas como merecen. Las ayudas a las familias de los criminales han desaparecido. Y la «Ertzaintza» se ha convertido, al fin, en una fuerza que persigue a los criminales y los detiene. No obstante, Eguíbar no sabe en qué se basan los americanos para decir que en las Vascongadas se ha iniciado el camino de la normalidad. Sólo el principio, pero ya es mucho. Son necios hasta vestidos de cínicos.

La Razón - Opinión

Pobreza encubierta. Por Ignacio Camacho

La soledad urbana del verano les ofrece protección para el pudor social de admitir su desamparo sobrevenido.

EN la ciudad desierta por las vacaciones se les ve acudir a las parroquias, a los centros de Cáritas, a las terminales de esa red de asistencia que ofrece ayuda sin pedírsela al Estado. Visten con decoro pero sus ropas modestas están algo gastadas y sus camisas raídas por los puños o el cuello. La soledad urbana del verano les ofrece una cierta protección para su pudor social, para el desasosiego moral que les supone admitir su desamparo sobrevenido por el desempleo y la crisis. Hombres maduros de pelo canoso que ya no valen una oportunidad en el escaso mercado de trabajo; mujeres casi ancianas que viven solas y a las que ya no alcanza la exigua pensión; matrimonios mayores que vivían del socorro de unos hijos que ahora no pueden detraer dinero de unos ingresos que no cubren la cuarta semana del mes. Buscan discretamente un auxilio económico para pagar la hipoteca, para evitar el embargo, para saldar las deudas con la frutería o el supermercado. Les llaman pobres encubiertos; personas a las que la recesión y el paro han expulsado del bienestar o de la estabilidad laboral y que, sin formar parte de la sociedad excluida ni traspasar el umbral de la pobreza severa, se han quedado sin recursos para sostener una vida digna y cubrir las necesidades a las que en tiempos de prosperidad accedieron a base de un trabajo y un crédito con los que ahora no pueden contar.

Están ahí, camuflados en los eufemismos de las estadísticas, asomando su drama humano por el pico de la EPA, buscando en las organizaciones de caridad la mano que ya no alcanza a ofrecerles el subsidio menguante del Gobierno. Carne de cañón de una crisis cuyas repercusiones financieras a gran escala ocultan millones de dramas individuales: despidos, divorcios, abandonos, quiebras. No hace demasiado tiempo ellos también salían de vacaciones a algún apartamento de la costa; en las rebajas se les veía en los grandes almacenes y los fines de semana llenaban el carrito del híper con bienes de consumo a los que ahora no pueden llegar más que con el apoyo de las redes asistenciales. En invierno merodean con discreción los comedores sociales y entran en ellos cabizbajos junto a inmigrantes sin papeles y mendigos habituales procurando conservar un atisbo de dignidad. Pero en verano se quedan al albur de las ciudades semiabandonadas, sin dinero para encender siquiera el aire acondicionado de sus casas, a merced de una orfandad social más aguda cuanto mayor ha sido su caída por la escalera resbaladiza del confort perdido. En las iglesias les alcanzan de vez en cuando un sobre que cogen con gesto como distraído, tratando de negarse a sí mismos la aceptación del fracaso, y musitan junto a las gracias la vaga expresión de una expectativa de mejora o de suerte. Pero quizá algunos, o muchos de los veraneantes de ahora mismo tengan el próximo estío que llamar a esas mismas puertas de la esperanza.

ABC - Opinión

El legado de Uribe

El presidente colombiano cede el poder tras una gran victoria sobre la guerrilla.

No todos los mandatarios, aunque dispongan de dos periodos consecutivos pueden presumir de que dejan un legado. Álvaro Uribe, sin embargo, sí es uno de ellos. La Colombia que ayer entregó a su sucesor, Juan Manuel Santos, no solo no es la de 2002, sino un país infinitamente mejor en muchos aspectos, seguro de sí mismo, y sólidamente instalado entre las naciones de Occidente. Pero no todo ha sido un éxito. Hay luces, pero también sombras.

Uribe prometió hacer la guerra para asegurar la paz. Se negó a admitir que hubiera negociación política posible con las FARC y, granjeándose el apoyo material de Estados Unidos, le devolvió la capacidad de combate y especialmente el arma de la inteligencia al Ejército nacional. La guerrilla aún es capaz de provocar graves atentados terroristas, pero debe refugiarse en el matorral cuando hace una década asediaba ciudades y ocupaba pueblos. El Estado es de nuevo soberano en su propio país. Un segundo mérito es la desmovilización de 30.000 paramilitares, tan asesinos como los anteriores, pero supuestamente auxiliares en la lucha antiguerrillera. Y aunque su licenciamiento fue algo positivo, también hay que atribuirle el repunte de la violencia por la reconversión de millares de reinsertados en facinerosos de guayabera y no uniforme.


Esa Colombia renovada ha crecido macroeconómicamente, gracias a una intensa captación de inversión exterior, pero sigue estando entre los países de mayor desigualdad de América Latina. Lo verdaderamente grave ha sido la serie de escándalos que han jalonado la presidencia. La lista incluye enfrentamientos con el poder judicial, docenas de legisladores uribistas encausados y una treintena en la cárcel, y, especialmente, los falsos positivos: dos millares de campesinos asesinados por militares que, haciéndolos pasar por guerrilleros, obtenían recompensas y ascensos. Uribe tampoco ha conseguido la paz con sus vecinos. Su último acto fue demandar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ante la Corte Penal Internacional por la presunta ayuda venezolana a las FARC.

Un presidente que ha buscado, insaciable, un tercer mandato, de estilo autoritario y populista, que no siempre ha favorecido la institucionalidad con su pasión por hablar a la opinión por encima de los partidos y cuerpos de la sociedad, ha desbaratado un sistema político, hoy en urgente necesidad de recomposición. Pero, con sus claroscuros, marca un camino a seguir.


El País - Editorial

Crisis. De ficción no se vive. Por José T. Raga

¿Hasta cuándo? Hasta que se acabe todo lo ficticio, hasta que se termine esta farsa en la que vivimos o, lo que es peor, hasta que nos acabemos nosotros, que ya falta poco.

O al menos no se vive mucho tiempo. Aunque algunos prefieran ignorarlo, el engaño, la ficción, siempre acaba pasando su factura: la factura de la dura realidad. Es más, me atrevo a decir que, tras la ficción, el desastre es mayor y el sufrimiento más cruel, que el que se habría producido si, a su tiempo, se hubiera reconocido la realidad y las personas afectadas por ella, habrían tomado las medidas necesarias para aliviar o incluso superar la dificultad que se avecinaba.

Recuerdo como todos ustedes que los miembros del Gobierno de nuestra nación, especialmente el señor ministro de Industria, anunciaban a los cuatro vientos cómo la crisis estaba cediendo y dejando paso a la recuperación, porque un índice significativo –la venta de automóviles– se estaba recuperando de forma muy acelerada. No era mi tradicional escepticismo, sino el análisis más simplista de la realidad el que me llevaba a afirmar lo contrario.


La razón de la llamada recuperación de la demanda de automóviles no era otra que, de un lado, las ayudas del presupuesto público a la compra de vehículos y, de otro, la entrada en vigor del incremento en el tipo tributario del IVA, pasando del 16% al 18%. Dos puntos, que en términos porcentuales supone una subida del impuesto del 12,50%, lo que en el bolsillo, y para determinados precios de vehículos, ya se nota.

Ha terminado julio y, con él, el primer mes de realidad, enterrada ya la ficción, porque, por una parte no queda dinero para las ayudas –es esa maldita consecuencia que se produce en las huchas cuando sacas y no metes– y, por otro lado, el Gobierno de la Nación anda buscando un euro por donde quiera que esté; algo así como Diógenes, desnudo y buscando al hombre. Conclusión que si nos fijamos en las ventas de turismos, por ejemplo, la caída de julio de 2010 sobre las ventas de julio de 2009, se sitúa en algo más del 27%. Algunas marcas, pero no podemos entrar en detalles, han caído más del 50%. ¿Ven lo que ocurre cuando no se quiere reconocer la realidad?

De no haber construido una ficción en la que desde luego estaba interesado el Gobierno para que no se notara lo mal que iba la cosa, el mercado por sí mismo se habría deslizado por una pendiente suave que habría impulsado ajustes no dramáticos, tanto por parte de la producción –sector empresarial– como por parte del trabajo, con salida del sector según las oportunidades. Ahora, la caída es sin paracaídas, de golpe, y lo que antes no se quiso reconocer poco a poco se tendrá que reconocer ahora sin remedios paliativos, a no ser que siga triunfando el síndrome de locura, a lo que Gobierno y pueblo estamos muy acostumbrado.

Y es que esta gente de la izquierda es siempre así. Están empeñados en definir una realidad inexistente por medio de un decreto, cuando una disposición de ese género, o reconoce lo que está pasando realmente –para lo cual no hace falta la disposición– o simplemente produce el caos, distorsionando las preferencias de los sujetos económicos y destrozando la propia estructura de los mercados que, por falsa, deja de cumplir su tarea de asignar los bienes con máxima eficiencia.

Algún día, si es que llegamos a verlo, convencidos de que hay ministerios de reciente creación y vicepresidencias con la misma antigüedad que no sirven para nada, salvo para molestar a los ciudadanos mandándoles lo que deben hacer y prohibiéndoles lo que no deben hacer, quizá un político iluminado dé el cerrojazo a tanto gasto inútil, y veremos plañideras por las calles clamando por el volumen de paro que se ha generado por semejante decisión. A lo mejor estoy pensando en un mundo paradisíaco, que desde luego no es el del señor Rodríguez Zapatero, pero si eso ocurriera, respondan a las llorosas mujeres que el paro no ha incrementado por el cierre ministerial, porque todos aquellos que se resguardaban en los ministerios y vicepresidencias mencionadas, ya estaban parados, pues nada productivo hacían; lo único es que se les engañaba y se nos engañaba, tratando de mostrar que eran personas activas, tan activas como el médico en el quirófano, o el juez dictando sentencias, o el guardia ordenando el tráfico o persiguiendo delincuentes.

¿Recuerdan ustedes la autoproclamada segunda potencia mundial de los años setenta y ochenta? Eran los mejores, se decían a sí mismos, y lo mismo decía la abobada izquierda española, siempre tan democrática y abierta. Iban y venían a la luna, como quien coge el autobús para el más próximo destino. Bien es verdad que, junto a esos viajes espaciales, no eran capaces de fabricar un automóvil que funcionase con normalidad y precisaron una licencia Fiat para fabricar el Lada; y cuidado que tiene pocas pretensiones. Dirán, los que siguen sin reconocer la realidad, que eso era porque se trataba de bienes de lujo, típicamente capitalistas, pero se les olvida, que tampoco sabían como fabricar maquinaria de obras públicas, tan ligada al rudo trabajo, gloria de las repúblicas socialistas y populares, teniendo que confiárselo a ese símbolo del capitalismo que es Caterpillar.

Desde mediados los setenta y las décadas siguientes, visité con frecuencia la Unión Soviética y concluí que todo aquello era una farsa. Ellos seguro que lo sabían, pero había que engañar, pues en el engaño está, por lo visto, la razón del triunfo, cuando se cuenta con gente decidida a no pensar. Después vendría la Pepsi-Cola, porque la Coca-Cola era demasiado signo imperialista americano y, eso, no se podía tolerar. ¿Argumentos infantiles? Para mí, sí, pero ya he dicho que hay gente que no está dispuesta a pensar y, por infantil que sea lo que le ofrecen, se lo toma como si de un medicamento se tratase.

Pues ahí estamos. Construcciones ficticias que un día despertarán al estruendo del derrumbe. Ya lo fue la construcción, ahora los automóviles, les llegará a las energías renovables, cuando se acaben los euros para la subvención –aquí le llaman primas, cuando los primos somos realmente nosotros, que somos los que pagamos. ¿Y hasta cuándo? Hasta que se acabe todo lo ficticio, hasta que se termine esta farsa en la que vivimos o, lo que es peor, hasta que nos acabemos nosotros, que ya falta poco.


Libertad Digital - Opinión

El adiós de Uribe

Santos ha reconocido que el grueso de su programa será seguir las líneas de su predecesor, como le encargaron los electores.

POCAS veces se retira un presidente con un índice de popularidad cercano a la unanimidad. El colombiano Álvaro Uribe deja su cargo después de dos mandatos en los que ha derrotado prácticamente a la narcoguerrilla de las FARC —que desde hace medio siglo hipotecaba como una pesada rémora el desarrollo de su país— y ha evitado verse envuelto por las maniobras de la vocación hegemónica de su vecino Hugo Chávez. El último gesto de denunciar formalmente y en su nombre al caudillo venezolano ante distintas instancias internacionales se puede interpretar como una especie de desahogo después de tantos años de contención, obligada por el pragmatismo, porque Chávez ha hecho todo lo posible por ayudar a la guerrilla colombiana y Uribe ha tenido que pasar por alto muchas cosas para evitar males mayores. Sus enemigos hablarán de las zonas de sombra de su herencia, como los lamentables casos de los sindicalistas, pero es indudable que la situación de la Colombia que Uribe deja a su sucesor Juan Manuel Santos es mucho mejor que la que recibió.

Precisamente por ello, el propio Santos ha reconocido que el grueso de su programa será seguir las líneas maestras de su predecesor, como le encargaron claramente unos electores que le dieron la victoria como apoyo a una nueva fase en la que los ciudadanos puedan beneficiarse más directamente del progreso del país. La Unión Europea tiene pendiente la firma del acuerdo de asociación con Colombia, que algunos sectores prochavistas han logrado paralizar. Es el momento de darle a Santos una oportunidad y lanzar el mensaje de que, de la misma forma que ha hecho Estados Unidos, Europa valora el papel fundamental que juega Colombia en América.

ABC - Opinión

Relaciones complicadas

Las relaciones entre España y Marruecos siempre han sido muy complejas. No es algo reciente, sino que hunde sus raíces en unos conflictos que tuvieron su eclosión en los años del Protectorado. España es la puerta de entrada a Europa. Lo fue de forma violenta hace siglos, y lo sigue siendo ahora pacíficamente con los importantes flujos migratorios y comerciales que atraviesan el Estrecho permanentemente. Una parte importante de la población marroquí trabaja en países de la UE, fundamentalmente en España y Francia, y las remesas de dinero que recibe son fundamentales para el desarrollo de su economía. Como lo son, también, las importantes inversiones que recibe anualmente y que han permitido que sea un relevante centro manufacturero que nutre a sus vecinos europeos gracias a la relación privilegiada que tiene con la UE. No hay que olvidar que el rey de Marruecos, al igual que su padre y su abuelo, es un fiel aliado de Occidente. Durante décadas se ha tolerado la sistemática vulneración de los derechos humanos a cambio de la estabilidad marroquí como bastión frente a cualquier riesgo de radicalización islamista. El enorme poder ejecutivo que goza el monarca le ha permitido gobernar el país con mano firme y bajo la apariencia de una democracia que, por supuesto, no es equiparable a las que existen en la UE. Mientras que las relaciones entre España y Marruecos son complicadas, no sucede lo mismo con Francia, la otra antigua potencia colonial. Mohamed VI mantiene la tradicional reivindicación sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, que forman parte de nuestra unidad nacional desde hace más de quinientos años y que, por supuesto, son algo previo a la existencia del propio Marruecos o la llegada a ese territorio de la dinastía alauí. El otro conflicto está en el lamentable proceso de descolonización del Sahara Occidental, que fue ilegalmente ocupado por nuestros vecinos. Mohamed, al igual que su padre, maneja los conflictos con España en clave, sobre todo, interna. Aunque sabe que Ceuta y Melilla son españolas y no dejarán de serlo, en el caso del Sahara lo ocupa militarmente y considera que el tiempo juega a su favor. Nunca cederá. En los últimos días se han producido varios incidentes menores, pero que han servido para que el Gobierno marroquí tense la cuerda con España. Al igual que sucedió con los gobiernos de Aznar, González o Suárez, es un «juego» para que ver qué puede obtener. Lo que no se atrevería a hacer con Francia lo hace habitualmente con España. No es nuevo, sino que forma parte de esa estrategia que le permitió avanzar a su padre en la dirección que más le convenía. Unas veces era con la vista puesta en las aguas territoriales y los tratados de pesca, otras por la inmigración o las relaciones con la UE, pero en casi todas existía una clave de estabilidad interna para ofrecer patriotismo a la población. Nada más eficaz que esgrimir un enemigo externo y unas reivindicaciones inalcanzables para hacer que los marroquíes olviden la corrupción del régimen o ignoren las tentaciones del islamismo radical. La única respuesta posible del Gobierno de España es la firmeza de sus antecesores.

La Razón - Editorial

A primarias en Madrid

La negativa de Tomás Gómez a renunciar abre en el PSOE un proceso lleno de incertidumbre.

La candidatura socialista para las elecciones autonómicas de 2011 se decidirá, finalmente, en primarias. Este es el desafío que José Luis Rodríguez Zapatero, secretario general del PSOE, y Tomás Gómez, líder de los socialistas madrileños, sellaron ayer tras una tensa reunión en la que el presidente del Gobierno fue incapaz de convencer a su interlocutor de las bondades de la ministra Trinidad Jiménez para plantar cara a Esperanza Aguirre. Gómez no dio su brazo a torcer y, como mucho, ofreció una candidatura conjunta en la que él iría de número uno y Jiménez, de número dos. Zapatero rechazó de plano esta posibilidad. Las primarias son un procedimiento democrático que el PSOE ha utilizado en el pasado. Sin embargo, no es menos cierto que una batalla interna de meses, con el consiguiente desgaste para el partido y sus líderes, no parece la mejor manera de definir una alternativa en una comunidad tan importante y difícil para los socialistas como es Madrid. Un candidato sólido, con auténticas opciones y apoyado por todos los sectores del partido habría sido el mejor camino para una empresa muy complicada: volver al poder en Madrid tras lustros en la oposición.

Es evidente que lo sucedido estos días -la escalada de declaraciones, la suspensión de la primera entrevista prevista en La Moncloa, entre otras circunstancias- no ha ayudado a la imagen del partido, al margen del coste que para la autoridad de Zapatero supone la negativa de un líder regional que él mismo aupó. Sin duda, el presidente apelará a que su partido es, ante todo, un colectivo que respeta los procedimientos internos, pero es evidente que lo sucedido no le deja en buen lugar ni habla bien de cómo se ha gestionado este asunto por ambos bandos.

Fue Zapatero quien, tras la derrota repetida de Rafael Simancas frente a Aguirre, señaló al entonces alcalde de Parla, Tomás Gómez, como nuevo mirlo blanco capaz de capitanear al socialismo madrileño. Lo hizo por razones estrictamente electorales: Gómez había sido en dos elecciones consecutivas el alcalde más votado de España. Además, ha conseguido en estos tres años mantener el partido bastante cohesionado, superando las taifas tradicionales de la antigua FSM (ahora PSM). La paradoja de este embrollo es que el principal argumento contra él, que era poco conocido, ha quedado superado: su resistencia le ha convertido en un personaje famoso.

El PSOE quería que las elecciones en Madrid atrajeran el foco de las próximas autonómicas por dos razones. La primera, porque las encuestas internas del partido, con Jiménez al frente, mostraban alguna posibilidad de éxito. La segunda, porque los líderes del partido preferían centrar en la capital la atención antes que en otras comunidades en las que las posibilidades de éxito se ven muy mermadas por las pésimas expectativas electorales del PSOE, las peores desde que Zapatero accedió al poder. El foco ya lo han conseguido. Está por ver que el camino ahora elegido sea el mejor.


El País - Editorial

Uribe, un ejemplo hasta el último día

Hasta las postrimerías de su mandato, de hecho hasta su último día en el cargo, Alvaro Uribe ha hecho honor a su prestigio bien ganado como el político que ha tenido siempre como objetivo prioritario devolver la dignidad al castigado pueblo colombiano.

Juan Manuel Santos es ya Presidente de la República de Colombia. Alvaro Uribe, con seguridad el mejor gobernante de Hispanoamérica en las últimas décadas, le ha cedido el testigo con la seguridad de que el nuevo mandatario comparte con él los principios innegociables que exige un país sometido a la amenaza terrorista de las FARC, el grupo más activo del continente gracias a la financiación y otras ayudas recibidas de regímenes totalitarios como Cuba y, especialmente, la Venezuela de Chávez.

Hasta las postrimerías de su mandato, de hecho hasta su último día en el cargo, Alvaro Uribe ha hecho honor a su prestigio bien ganado como el político que ha tenido siempre como objetivo prioritario devolver la dignidad al castigado pueblo colombiano, azotado por décadas de terrorismo marxista, ante el que sus sucesores se confesaron derrotados con iniciativas que sólo debilitaron al Estado de Derecho y sus Fuerzas Armadas frente a un ejército irregular de asesinos totalitarios.


Uribe deja su mandato no sin antes presentar varias demandas en distintas cortes internacionales contra el régimen de Hugo Chávez, cuyos vínculos con las FARC han quedado sobradamente documentados en los informes que acompañan las reclamaciones presentadas por la república de Colombia. Si el tirano de Caracas pensaba que la retirada de Uribe iba a proporcionarle un respiro en su abochornante imagen internacional, ahora ya sabe que tendrá que hacer frente a las acusaciones fundadas que los tribunales competentes van a formular en su contra. De un alocado socialista como Chávez no cabe esperar el menor acto de contrición, pero al menos estará obligado a dar la cara ante la justicia internacional para responder de sus mentiras y explicar por qué y en nombre de quién, un país soberano financia y da cobijo a una organización terrorista reconocida como tal por todos los organismos del mundo civilizado.

En el último mensaje a sus compatriotas, y tras pedir la colaboración de todos con el nuevo Gobierno, la policía y las Fuerzas Armadas, el ya ex presidente Uribe afirmó que "las buenas semillas las han sembrado las Fuerzas Armadas y mis colaboradores, los errores son míos", al tiempo que pidió "perdón a la nación entera por los errores cometidos y por lo que no se hubiera podido hacer".

Uribe, como cualquier ser humano, ha cometido errores a lo largo de sus ocho años de ejercicio del poder, pero si en algo no ha errado ha sido en la firmeza desplegada para acabar de raíz con el grupo terrorista que amenaza desde hace décadas la seguridad y la libertad de su pueblo. No es extraño que, a diferencia de lo que es usual en un político, termine su mandato con unas cifras de apoyo popular que ya quisieran muchos otros gobernantes en el ecuador de sus mandatos. Y es que, en contra de la basura esparcida por los chavistas de todo pelaje, la libertad sigue concitando adhesiones. También en Hispanoamérica.


Libertad Digital - Editorial